Horacio Bojorge, S.J., Mujer: ¿Por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia
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1.FORMAS ECLESIALES DE ACEDIA

1. "No atreverse a creer en las obras de Dios"

Poco antes de ser promovido al cardenalato, el arzobispo de Viena Mons. Christoph Schönborn, uno de los supervisores del Catecismo de la Iglesia Católica, predicó los Ejercicios en el Vaticano al Papa y colaboradores en el gobierno de la Iglesia. En esos Ejercicios se refirió a la acedia en la Iglesia actual en estos términos que merecen ser atentamente meditados y sopesados:

"Me parece que la crisis más profunda que hay en la Iglesia consiste en que no nos atrevemos ya a creer en las cosas buenas que Dios obra por medio de quienes le aman (Cf. Rom 8,28). A esa poca fe intelectual y espiritual, la tradición de los maestros de la vida espiritual la llaman acedia, hastío espiritual, un 'edema del alma' -como lo llama Evagrio - que sumerge al mundo y a la propia vida en un lúgubre aburrimiento y que priva de todo sabor y esplendor a las cosas. Esa tristeza, que hoy día corre tanto por la Iglesia, procede principalmente de que no accedemos con generosidad de corazón a lo que Dios nos pide y no queremos que se nos utilice como colaboradores de Dios (1 Cor 3,9). No existe mayor autorrealización de la creatura que ese hecho de estar siendo utilizada enteramente" 12 .

1.1 Acedia por los Movimientos

¿En qué fenómenos concretos piensa Mons. Schönborn cuando habla de esa 'tristeza que hoy día corre tanto por la Iglesia' y en la que él ve 'la crisis más profunda'? No parece casual que poco después de estos ejercicios, en un artículo suyo en el Osservatore Romano 13 describa una de las formas al parecer más evidentes de acedia eclesial contemporánea: la acedia ante los Movimientos eclesiales.

Al mismo tiempo que se oye a algunos lamentarse y mostrarse alarmados por el auge de la New Age, las sectas y otras supersticiones, se los ve ciegos, incapaces de alegrarse o hasta entristecidos, por lo que el Papa acaba de encomiar, ante 300.000 fieles de 56 movimientos reunidos en Roma, en Pentecostés de 1998, como 'un nuevo Pentecostés', y 'la primavera de la Iglesia anunciada por el Concilio’: "Representan - afirmó el Papa - uno de los frutos más significativos de la primavera de la Iglesia que anunció el Concilio Vaticano II, pero que, desgraciadamente, a menudo se ve entorpecida por el creciente proceso de secularización. Su presencia es alentadora porque muestra que esta primavera avanza, manifestando la lozanía de la experiencia cristiana fundada en el encuentro personal con Cristo" 14 .

Saliendo al cruce de las acusaciones contra los Movimientos, dice el Papa: "En varias ocasiones he subrayado que no existe contraste o contraposición en la Iglesia entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la que los movimientos son una expresión significativa. Ambas son igualmente esenciales para la constitución divina de la Iglesia fundada por Jesús, porque contribuyen a hacer presente el misterio de Cristo y su obra salvífica en el mundo. Unidas, también, tienden a renovar, según sus modos propios, la autoconciencia de la Iglesia que, en cierto sentido, puede definirse como 'movimiento', pues es la realización ene el tiempo y en el espacio de la misión del Hijo por obra del Padre con la fuerza del Espíritu Santo" 15 .

En agosto de 1997 Mons. Schönborn se había adelantado a salir en defensa, desde el referido artículo del Osservatore Romano, de los grupos eclesiales aprobados por la autoridad eclesiástica y que, a pesar de ello, son acusados de ser sectas por otros católicos, -incluso por parte de sacerdotes, teólogos y hasta de algún obispo -, y desde algunos medios de comunicación social. Esa parece ser una forma intraeclesial muy actual de la acedia como 'ceguera para el bien que Dios obra en su Iglesia': "Hoy, en varios países del mundo, - observa Mons. Schönborn - está apareciendo un nuevo deseo de vivir más resueltamente el mensaje de Cristo, a pesar de todas las debilidades humanas; de servir a la Iglesia en comunión con el Santo Padre y los Obispos. Muchos ven en los nuevos carismas un signo de esperanza. Otros los consideran realidades extrañas, y otros como un desafío o incluso como una acusación contra la que se defienden, a veces hasta con reproches. Algunos promueven un humanismo que se aparta cada vez más de sus raíces cristianas" 16 . "No se puede tachar de sectas a los grupos y movimientos reconocidos por la Iglesia, pues la aprobación eclesiástica atestigua su arraigo en la Iglesia. A veces son muchas las críticas que se lanzan contra los nuevos carismas, a pesar de su reconocimiento por parte de la Iglesia. A este respecto es preciso tener presente que se debe distinguir entre la doctrina y la actividad de estas comunidades reconocidas por la Iglesia como carismas y las debilidades de algunas personas [...] Algunas críticas que se han hecho son: lavado de cerebro, aislamiento y separación del mundo, alejamiento de la familia, dependencia de personalidades carismáticas, creación de estructuras intraeclesiales propias, violación de los derechos humanos, problemas de los ex miembros" 17 . A todas estas críticas responde Mons. Schönborn en la segunda parte de su artículo y concluye que no sólo los movimientos sino también los que los critican deben evitar las actitudes sectarias e intolerantes, según alertaba ya un informe del Vaticano en 1986 18 .

Se arroja, contra algunos nuevos Movimientos, o simplemente contra comunidades religiosas, parroquiales o diocesanas, la acusación de fundamentalismo, por su adhesión a la fe, a las tradiciones litúrgicas, a la piedad, a los signos exteriores y el cultivo de ciertas formas, por el abordaje de la Escritura más espiritual que histórico-crítico, y por entender que se ha de creer en los milagros de Jesucristo como hechos realmente milagrosos y en sus expulsiones de demonios como reales exorcismos, etc. Basta que se adore el Sacramento, que se use incienso y se cante en latín o un sacerdote quiera usar sotana o amito para que se encienda una luz de alarma y para que se arrojen, con llamativa susceptibilidad e intolerancia, calificativos de pietismo, conservadurismo, tradicionalismo, fundamentalismo, y hasta de lefebrismo. La susceptibilidad es tanto más llamativa cuanto disimétrica respecto de la tolerancia y el laxismo que se estila en asuntos morales y disciplinares de otro tipo. Es un rigorismo de una sola mano.

Mons. Schönborn cita al Cardenal J. Ratzinger, quien ha alertado, en estos términos, acerca de los efectos de ciertos cuestionamientos indiscriminados: "Los teólogos, en vez de referirse con superficialidad a los fundamentalismos cada día más extendidos, deberían detenerse a reflexionar sobre qué parte de culpa pueden tener ellos mismos de que tantas personas huyan hacia otras formas de religiosidad más estricta y a veces, incluso, perjudiciales para el hombre. Si continuamos cuestionándolo todo, sin dar las respuestas positivas a la fe, no podremos evitar una gran huida".

El Card. Ratzinger concede que, a veces, el deseo, denostado por los teólogos y los 'espíritus fuertes', de 'encontrar una fe segura y sencilla', pueda acabar en un puro fanatismo y estrechez de miras o en formas patológicas de religiosidad como la búsqueda de apariciones y de mensajes del más allá. Pero ese "deseo de encontrar una fe segura y sencilla, en sí mismo no es malo; todo lo contrario, porque la fe - como tantas veces se nos repite en el Nuevo Testamento - se dirige a los sencillos, a los pequeños, a los que no son capaces de captar complicadas sutilezas académicas" 19 y debe ser, por eso, no sólo respetado sino apreciado.

1.2 Apariciones y Movimientos

En nuestros tiempos la acedia eclesial se pone de manifiesto también en forma de profecías sombrías acerca del futuro de la fe o de la Iglesia y en una resistencia a creer que puedan venir tiempos mejores, o, que ese tiempo mejor sea la Parusía o manifestación gloriosa del Señor. Pero ni siquiera se cree que sea primavera la que anunciaba el Concilio y que señala el Papa como realizándose, en parte, en pujantes Movimientos. Esos pronósticos sombríos derivan en parte de una ceguera para ver o para reconocer los retoños de la gracia, los cuales son considerados como desviaciones o fenómenos que hay que combatir y sofocar.

René Laurentin, el exegeta de los Evangelios de la Infancia en Lucas, que se hizo conocido por sus crónicas durante el Concilio y luego como mariólogo y por sus estudios sobre Lourdes y sobre las demás apariciones marianas, hace, sin nombrar la acedia, una acertada descripción de algunas de sus actuales formas, en su libro La Iglesia del futuro más allá de sus crisis 20 .

Laurentin recuerda - por ejemplo - que a los comienzos de la década de 1980, el Cardenal Renard, poco antes de su muerte, se atrevió a contradecir el generalizado pesimismo de la Conferencia Episcopal francesa reunida en Lourdes. El cardenal se aventuró a opinar, en medio de la discusión acerca de la crisis de vocaciones sacerdotales y religiosas de ese momento: "la recesión no es fatal, somos nosotros los que no sabemos asumir las vocaciones. Existen y son numerosas, especialmente en las comunidades vivas. '¿Dónde?' le preguntó en tono irónico el que dirigía el debate. El cardenal retirado parecía estar pontificando sin conocimiento de las realidades modernas. Los expertos, en cambio, estaban en conocimiento de numerosos factores determinantes de la desertización en la situación que administraban con calma. El cardenal no se desconcertó en lo más mínimo y fue enumerando una larga lista de movimientos y comunidades, al parecer poco conocidas por sus interlocutores, que no insistieron" 21 . Desde entonces, esas comunidades no han dejado de multiplicarse y de crecer en Francia y en todo el mundo, dando la razón al cardenal.

También se había pronosticado que el Concilio sería el final de las peregrinaciones a Lourdes. Todo lo contrario, el número de peregrinos superó los dos millones durante el Concilio, tres millones en 1964, cuatro en 1968, cuatro y medio en 1986. Y otros lugares de peregrinación certifican una expansión análoga. El Santo Cristo de la Quebrada, en San Luis, Argentina, ha pasado, en pocos años, de cuarenta mil a ciento cincuenta mil peregrinos. Y no existe santuario desde Guadalupe hasta San Nicolás, pasando por el Señor de los Milagros o el Señor de Mailín o Nuestra Señora de Itatí, que no pueda decir que el número de peregrinos está en aumento, o se mantiene. Siete millones de peregrinos visitan la tumba del Padre Pío de Pietralcina: la santidad, acreditada por Dios con signos, atrae a los fieles tanto cuanto repele a las mentes modernas.

"A esto se añaden - dice Laurentin - los lugares de nuevas apariciones, a menudo ignoradas, despreciadas o reprimidas, calificándolas de fenómenos marginales o de desviaciones. Y sin embargo suscitan un contingente considerable de conversiones, vocaciones y curaciones sorprendentes. Si un jardinero, descorazonado porque en su jardín no brota nada, viera brotar buenos frutos y legumbres en el barbecho de sus alrededores, ¿dudaría acaso? Iría a cultivar el terreno que produce. Porque es necesario cultivar" 22 .

El gran principio subyacente a esta sabiduría pastoral es: Abusus non tollit usum: El abuso no impide el buen uso. La acedia impide. Impide el hacerse cargo, el asumir y cultivar lo que el Señor suscita en el Pueblo. San Pablo nos da ejemplo. No combate los carismas porque se presten a abusos, produzcan desorden de la asamblea, o sean causa de vanagloria para algunos. No los sofoca, los regula y los encauza; se adelanta y señala el camino mejor que es la caridad.

Así también el Papa. Es consciente de que los Movimientos pueden o bien enquistarse o bien ser aislados por la Iglesia particular. Por eso procura que la institución se abra al cultivo de los carismas y que los Movimientos se mantengan en la comunión, sean acogidos y su contribución reconocida y asumida. "Durante mis visitas pastorales a las parroquias y mis viajes apostólicos, he tenido oportunidad de apreciar los frutos de su difundida y creciente presencia. He constatado con agrado su disponibilidad a poner sus energías al servicio de la Sede de Pedro y de las Iglesias particulares" [...] "He podido señalarlos como una novedad que aún espera ser acogida y valorada adecuadamente. Hoy percibo en ellos una autoconciencia más madura y eso me alegra" 23 . "Merecen la atención por parte de todos los miembros de la comunidad eclesial, empezando por los pastores, a quienes se ha confiado el cuidado de las Iglesias particulares, en comunión con el Vicario de Cristo. Los Movimientos pueden dar, de este modo, una valiosa contribución a la dinámica vital de la única Iglesia" 24 .

"Por ello - por la necesidad de cultivar, prosigue Laurentin - he trabajado en ese sector desprestigiado [de las apariciones y locuciones marianas], que no tenía para mí ningún atractivo especial. Mi fe de teólogo no siente necesidad de apariciones. Sé que tales fenómenos son teóricamente menores y que no son esenciales en la vida de la Iglesia. Pese a lo cual son normales y constantes, desde Abraham a nuestros días. Los frutos me han interpelado, así como el abandono y hasta la contradicción y represión que experimentan los nuevos convertidos de esos lugares de oración. Cuando llegan anunciando la buena nueva de su retorno al redil, a menudo son mal acogidos: 'Aparición no reconocida, dejad eso y entrad en la pastoral de conjunto, que es bien diferente' se les dice a menudo.

“Y en tal caso quedan perplejos. Y no comprenden muy bien lo que se les propone, mientras la descalificación de su evidencia íntima los turba. Al reencontrar la gracia de Dios habían pensado que serían bien acogidos, como lo fue el hijo pródigo; pero se los mira como marginados que han cambiado de órbita. Una gracia conmovedora los había devuelto a la Iglesia que habían abandonado, y hete aquí que 'la Iglesia' rehusaba esa gracia y les rogaba que renunciasen a ella [...] ¿se veían forzados a crearse una religión al margen de los sacerdotes que no los comprenden?" 25 .

1.3 La Renovación carismática

Semejante es la actitud de acedia que describe Laurentin respecto de la Renovación carismática: "Uno de los despertares más fructíferos de estas últimas décadas - dice - han sido las comunidades carismáticas, nacidas en 1967, que han reencontrado la oración, la evangelización, el don de sí mismo y la vida comunitaria. Yo me temía que su ímpetu [...] fuese un fervor efímero y frágil [...]. Pues bien, una sola de esas comunidades carismáticas francesas ha desaparecido [...] no sin que hayan faltado factores externos que contribuyeran a ello, y no sin que esa comunidad disuelta haya dejado por doquier cristianos y grupos valiosos madurados por las pruebas. [...] Todas las demás comunidades han crecido y se han multiplicado, frecuentemente a escala internacional" 26 . Laurentin va enumerando: Emmanuel (Paris 1972), Chemin Neuf (Lyon), Puits de Jacob (Estrasburgo), Le Lion de Juda; Théophanie; Pain de Vie... "El punto común de todas esas comunidades es el haber creado por los modos más variados una nueva forma de vida cristiana, comunitaria y consagrada, radicalmente generosa y abierta sin distinción a célibes y a casados. Los matrimonios crían una nueva generación de niños beneficiarios de una educación cristiana integral. Lo cual era una urgencia en esta hora de descristianización acelerada de la juventud. En esas comunidades cada uno hace libremente la elección de matrimonio o de celibato, que se ahonda en una articulación provechosa entre miembros monjes y personas casadas. Las apariciones de Medjugorje han inspirado ya dos fundaciones del mismo género: comunidades mixtas de hombres y mujeres, una de las cuales abierta a los matrimonios" 27 .

Laurentin sigue durante varias páginas enumerando iniciativas de individuos y grupos, grupos de oración carismáticos, no sólo ya en Francia sino en el resto de Europa y Estados Unidos. Y reflexiona: "Esa germinación resulta tanto más difícil de seguir, cuanto que son movimientos en su mayor parte informales, desconocidos de los medios de comunicación y a menudo sin nombre. Además, su aparición fuera de los cuadros previstos desconcierta y a veces irrita a la pastoral oficial; '¿Para qué sirven todos esos movimientos nuevos? ¿Por qué esa gente no se agrega a los grupos que ya existen?' ¡Misterio! Perpetuo e inevitable misterio [...] Esa renovación perpetua obedece a motivaciones múltiples. El mundo cambia. Las motivaciones cambian [...] A eso se suman los brotes inesperados del Espíritu Santo, que inventa las novedades necesarias para el presente y para el porvenir. Esa fecundidad caracteriza siempre las grandes épocas de la vida de la Iglesia [...] La Iglesia es una germinación permanente de primavera en primavera" 28 .

1.4 Otros Movimientos: Communione e Liberazione, Neocatecumenales, Opus Dei...

"Dudo en proseguir por más tiempo una enumeración que no tendría fin, y en la que cada movimiento provocará objeciones e irritaciones. La renovación carismática, pese a sus frutos indiscutibles, sigue siendo la bestia negra para muchos cristianos de derechas y de izquierdas: La Comunidad Saint Jean, Comunión y Liberación, los Neocatecumenales, el Opus Dei..." 29 La acedia se ejercita con todos ellos y con otros parecidos.

“Sin la comprensión y el apoyo del Papa ciertamente que ese movimiento [Communione e Liberazione] habría sucumbido bajo los golpes de sus adversarios†30 . Del Opus Dei dice Laurentin: “¿Hay que mencionar también a este otro movimiento, más antiguo pero en expansión sostenida, no obstante la mitología con que eficazmente ha sido difamado?†31 .

"La tradición cristiana compara la Iglesia con el Arca de Noé. [...] El símbolo supone que en el Arca el León no se comía al Cordero. ¿Por qué tiene que haber tantos poderosos en la Iglesia, que tan severos en palabras y en actos se muestran con los que están bajo su férula, por lo que se refiere a toda iniciativa que no encaja en el marco estricto de su pastoral aséptica y bien pasteurizada?" pregunta Laurentin, y continúa: "Cierto que en la Iglesia se necesita un orden; pero el de una concertación y no el de los sistemas asfixiantes, que tan fácilmente se instalan y emplean todas sus fuerzas en poner en entredicho y en difamar cuanto les rodea. Largo ha sido el lamento contra el poderoso sistema de la curia romana, hoy reformada. Otros sistemas pastorales, surgidos del Concilio, comienzan a revelar inconvenientes análogos según la lógica y las tendencias de todo poder humano [...] El pluralismo no es aceptable, si no es auténticamente cristiano [...] Pero hay que evitar las prevenciones que suscita el otro por ser el otro: un rival, si hay concurrencia de clientela. Y es urgente que el Espíritu Santo nos eleve por encima de semejantes prevenciones [...] Un auténtico pluralismo cristiano no podrá nacer más que del único Espíritu. La Iglesia de Cristo tiene vocación de ser generosa y acogedora. A tal efecto importa juzgar, no a fuerza de etiquetas y según los prejuicios que inspiran las ideologías, sino como lo recomiend Cristo, según el Espíritu" 32 .

Sin nombrarlo, se refiere aquí Laurentin al gozo de la caridad que tiene ojos para ver el bien de los demás y se alegra por él. Y, sin nombrarla, se ha referido, como sin duda habrá ido reconociéndolo el lector, al mal de acedia, de que adolecen muchos en la Iglesia actual, ante las apariciones Marianas y los Movimientos eclesiales, de modo particular los carismáticos.


12

Amar a la Iglesia. Ejercicios espirituales dados en el Vaticano en Presencia de S.S. Juan Pablo II, Ed. BAC (Col. Minor), Madrid 1997, pp. 54-55.

13

Reflexiones de Mons. Christoph Schönborn sobre el Concepto de secta y respuesta a algunas acusaciones dirigidas a grupos católicos: ¿Hay sectas dentro de la Iglesia? No pueden considerarse sectas los grupos aprobados por la autoridad eclesiástica en: Oss. Rom. del 15-08-1997, Nº 33 (1494), pp. 401-402.

14

Mensaje del Papa Juan Pablo II a los participantes en el Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales, Roma 27-05-1998, en: Oss. Rom. (1998) Nº 23, p. 323, Col. 2.

15

Mensaje citado, Col. 4.

16

Art. cit. p.402, Col. 4.

17

Art. cit. p. 401, Col. 4.

18

Informe conjunto de los Secretariados para la Unión de los Cristianos, para los No-Cristianos, para los No-Creyentes y del Consejo Pontificio para la Cultura, El fenómeno de las sectas o nuevos movimientos religiosos. Introducción. Oss. Rom. 25-05-1986 p. 6

19

Card. Joseph Ratzinger, La sal de la Tierra. Cristianismo e Iglesia Católica ante el nuevo milenio. Una conversación con Peter Seewald. Ed. Palabra, Madrid 1997, p. 146.

20

Herder, Barcelona 1991. Original francés: Ed. Desclée, Paris 1989. Para lo que sigue pp. 52ss. Corregimos aspectos de la traducción castellana.

21

R. Laurentin, O.c., p. 52.

22

R. Laurentin, O.c., p.52.

23

¡Alaba las virtudes y las verás florecer!, decía el jesuita belga Pierre Charles.

24

Mensaje del Papa Juan Pablo II a los participantes en el Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales, Roma 27-05-1998, Oss. Rom. (1998) Nº 23, p. 323, Citas en Cols. 2 y 4.

25

R. Laurentin, O.c. pp. 52-53.

26

R. Laurentin, O.c. pp. 53-54.

27

R. Laurentin, O.c. p. 55.

28

R. Laurentin, O.c. p. 59.

29

R. Laurentin, O.c. p. 61.

30

R. Laurentin, O.c. p. 61.

31

R. Laurentin, O.c. p. 61.

32

R. Laurentin, O.c. p. 63.

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