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Horacio Bojorge, S.J., En mi sed me dieron vinagre. La civilizaci贸n de la acedia
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4.) LA CIVILIZACION DE LA ACEDIA

Despu茅s de habernos referido a las ense帽anzas sobre la acedia que se desprenden de la Sagrada Escritura y de la experiencia del martirio, corresponde ahora describir diversas formas de este mal espiritual, tal como se ha dado y se da en nuestro tiempo y entre nosotros. Ya tuvimos ocasi贸n antes, a prop贸sito de algunos pasajes b铆blicos 鈥� como por ejemplo el de Mikal en la traslaci贸n del Arca 鈥� de referirnos, por adelantado, a fen贸menos de acedia tomados de nuestra actual experiencia.

4.1.) El Abandono del Fervor Religioso

Dijimos c贸mo la dulzura del amor a Dios puede agriarse y el fervor enfriarse.

Esto es algo que sabemos, tanto en teor铆a como por experiencia, sobre todo los religiosos. Y digo sobre todo nosotros, porque es sobre todo a nosotros que se nos ha advertido de ese peligro ya desde el noviciado, cuando por lo com煤n nos parec铆a una posibilidad m谩s bien te贸rica; pero tambi茅n, porque es sobre todo a nosotros que nos pasa el enfriarnos, y agri谩rsenos el vino de la caridad, a pesar de todas las advertencias. A Santa Teresa le pas贸; y en sus escritos se puede ir a ver la descripci贸n de su crisis espiritual, que fue una crisis de acedia74.

Sin saber c贸mo ni por qu茅 鈥� esto es cosa que vamos a tratar de comprender y explicar en el cap铆tulo s茅ptimo 鈥� por una lenta e insensible transformaci贸n espiritual, lo que un d铆a resultaba dulce y fuente de dulzura, lo que encend铆a en calor de devoci贸n, lo que hac铆a f谩cil pagar los costos de vivir seg煤n Dios, termina haci茅ndose tedioso, insoportable. Entonces, si no se supera la prueba, perseverando en la noche, se puede involucionar y regresar del esp铆ritu a la carne.

Entonces se descalifica lo vivido para justificar lo que se vive. Se justifica 鈥� racionaliz谩ndola 鈥� la ruptura de la conciencia con su historia anterior75.

Junto con lo vivido se descalifica a los autores, libros y maestros espirituales, que iluminaron y nutrieron un d铆a el fuego de los entusiasmos y los fervores de la conversi贸n. Se queman, real o figuradamente, libros, notas y diarios espirituales; algunas veces con asco, y en ocasiones hasta con sa帽a; otras veces con verg眉enza por aquel tiempo en que sinceramente se buscaba a Dios; a menudo por simple p茅rdida del inter茅s y deslizamiento en la indiferencia.

La vida sacramental, que fue fuerza y alimento para andar alegres por el camino de Dios y los rumbos de sus promesas, se convierte en una obligaci贸n y una carga. Cuando se puede, como es el caso de los laicos, se la abandona. Cuando no se puede, como suele ser el caso de los religiosos, por lo general m谩s atados por compromisos institucionales, se la mantiene formalmente: "este pueblo me honra con los labios pero su coraz贸n est谩 lejos de m铆" (Isa铆as 29,13). O refunfu帽ando, como murmuraban los israelitas en el desierto: "estamos hartos de este manjar miserable" (N煤meros 21,5).

A semejanza del pueblo de Israel que "se impacient贸 por el camino" (N煤meros 21,4), se abandona el de las virtudes teologales y se rumbea por otros, de vuelta a Egipto y a los consuelos que dan las creaturas.

Este fen贸meno no es exclusivo de la vida religiosa76. Se da en todos los 谩mbitos de la vida eclesial, en todos los cuales, sin excepci贸n, es dable observar procesos de regresi贸n espiritual, en sentido contrario al de la conversi贸n.

Despu茅s de haberse convertido de la embriaguez de las creaturas y del mundo y haberse vuelto hacia Dios, se retorna de Dios hacia la mundanidad. Como lo lamentaba ya el ap贸stol en la comunidad primitiva:

"M谩s les valiera no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido,volverse atr谩s del santo precepto que les fue trasmitido. Les ha sucedido lo de aquel Proverbio (26,11) tan cierto: `el perro vuelve a su v贸mito' y `la puerca lavada, a revolcarse en el barro'" (2陋 Pedro 2,22).

El retorno al mundo y la apostas铆a son a veces claros y ruidosos. Otras veces, en cambio, lo mundano se reencuentra y se instala dentro del 谩mbito eclesial o congregacional, y es ahora all铆 donde se busca el vano honor, el poder y hasta el lucro. En estos casos, la apostas铆a puede seguir recubri茅ndose con las formas de la religiosidad.

En ese mundo de apariencia intraeclesi谩stica, donde las etiquetas de la piedad siguen us谩ndose para encubrir la b煤squeda de s铆 mismos y los negociados de los propios intereses en vez de los de Cristo, se ha perdido el gozo de la gracia. Por eso prospera all铆 la acedia de quienes se ensombrecen ante los gozos aut茅nticos de la caridad, como ante un reproche a su fals铆a. En lugar del gozo de la gracia puede encontrarse entonces, como suced谩neos, unos fervores y unos entusiasmos pelagianos, en la realizaci贸n de los propios planes y prop贸sitos.

Y cuando se extinguen hasta estos fuegos fatuos de fervores humanos

entre las 煤ltimas cenizas del amor divino que ya no quema el coraz贸n, y dado que 茅ste necesita alg煤n calor, se le proporciona el de las emociones 鈥� que ojal谩 sean siempre inocentes 鈥� de la industria del entretenimiento. Da pena ver a religiosos 鈥� y porqu茅 no, tambi茅n a los cristianos, destinados por vocaci贸n bautismal a fermentar el mundo 鈥� en contemplaci贸n ante la televisi贸n como ante un sagrario77.

4.2.) La Honorable Apostas铆a

"No se trata de apostas铆as alocadas" dec铆a Dimas Antu帽a, describiendo el abandono o el descuido pr谩ctico de las virtudes teologales en la vida de muchos "buenos cristianos". A veces la acedia es una melanc贸lica renuncia a los gozos de la caridad, para refugiarse, quiz谩s con desesperanzadas o desesperadas a帽oranzas, en la pr谩ctica honrada de las virtudes morales y humanas. Para eso 鈥� observaba agudamente Antu帽a 鈥� no se necesita el Bautismo, y los paganos supieron escalar dignamente, sin 茅l, altas cumbres morales78.

Cuando se ha agriado el mosto de las virtudes teologales, hay una forma de compensar el desconsuelo y la desesperanza resultantes del alejamiento de lo divino, que consiste en volcarse a la b煤squeda de la grandeza de lo humano.

La acedia es tristeza opuesta al gozo de la caridad, pero no se opone a otros gozos. Antes al contrario, impulsa a volverse, por compensaci贸n, hacia otros; como son la afabilidad, la elevaci贸n y la nobleza del trato, la generosidad, el culto de las amistades, de los v铆nculos familiares o sociales, la beneficencia, las actividades generosas y altruistas, la cultura literaria y art铆stica, el culto del trabajo o de la profesi贸n.

Cuando se cultiva las virtudes humanas en lugar de las teologales, volcando en ellas todas las energ铆as del alma, hasta parece que se las hace florecer m谩s que entre los creyentes. Y, si se hace de ellas motivo de gloria, se las cultiva con fervor religioso.

Pero no hay que dejarse deslumbrar incautamente por el brillo de las virtudes humanas cuando 茅stas se nutren de la savia restada a las teologales79.

Cuando el hombre ha perdido de vista la bondad de Dios y busca consuelo en la contemplaci贸n de su propia bondad, lograr谩 quiz谩s extremarse en el cultivo y el logro de metas morales, aventajando en apariencia en eso incluso a muchos creyentes, pero su esfuerzo moral est谩 secretamente viciado en su ra铆z por la autocomplacencia y, no raras veces, por el menosprecio hacia la fe de los creyentes. No estamos lejos de la autojustificaci贸n por las obras de la ley, contra la que Pablo luch贸 siempre tan ardientemente y que vuelve a introducirse por la puerta de atr谩s.

4.3.) De la Tristeza a la Aversi贸n

La acedia va animada por la doble din谩mica que define al pecado: Aversio a Deo et conversio ad creaturas: apartarse de Dios y volverse a las cosas80.

Fuerza Te贸fuga y Cos铆peta

Hay que reconocer, con todo, que ir a refugiarse en el consuelo de las virtudes morales y humanas cuando se han abandonado las teologales, no es la peor forma de fuga hacia las cosas. Dice Santo Tom谩s, citando a Arist贸teles: "nadie puede permanecer largo tiempo en la tristeza, sin delectaci贸n". Y comentando estas palabras del Fil贸sofo, contin煤a: "es necesario que de la tristeza se origine alguna otra cosa. Y esto puede suceder de dos maneras: la primera, alej谩ndose el hombre de las cosas que lo contristan [llam茅mosle la fuerza te贸fuga de la acedia], y la otra, pasando a otras cosas en las que se deleita [llam茅mosle la fuerza cos铆peta de la acedia]. Como es el caso de aquellos que no pueden gozarse en las delectaciones espirituales y por eso se entregan a las corporales"81.

Por una l贸gica interna, la p茅rdida del gozo de Dios, que tiene su fuente en la fe, tiende a dejar al hombre a merced de los apetitos y placeres naturales. En la "rodada cuesta abajo" que origina la fuerza cos铆peta de la acedia, hay muchos niveles y escalones. Y el que nos ha ocupado no es el m谩s bajo.

En cuanto a la fuerza te贸fuga, tiende, como vimos, a convertirse en te贸foba. Es decir, a convertirse de tristeza en odio a Dios. Santo Tom谩s, sobre las huellas de Arist贸teles, explica convincentemente la mec谩nica de dichas pasiones en estos t茅rminos: "as铆 como de la delectaci贸n se origina el amor, as铆 de la tristeza el odio. Porque as铆 como somos movidos a amar lo que nos deleita, en cuanto que por eso mismo lo consideramos bajo la raz贸n de bien, igualmente nos inclinamos a odiar las cosas que nos contristan, en cuanto por este concepto las consideramos malas"82.

Siendo la acedia tristeza por el bien de Dios, y por todos los bienes espirituales derivados y conexos con dicho bien, esos bienes, en cuanto que entristecen, terminan por hacerse odiosos como veremos comprobado por m煤ltiples hechos de experiencia.

4.4.) El Combate de la Filantrop铆a contra la Caridad

Del odio contra Dios y contra el nombre cat贸lico naci贸 la impugnaci贸n de la Caridad en nombre de la Filantrop铆a.

La reducci贸n de las Virtudes Teologales a su versi贸n secularizada, operada por la Ilustraci贸n racionalista, apuntaba a "aplastar a la infame", o sea a la Iglesia Cat贸lica. La acedia alcanzaba as铆 鈥� en ese movimiento hist贸rico, primero religioso (la Reforma), luego cultural (la Ilustraci贸n racionalista) y por fin pol铆tico (la Revoluci贸n Francesa y el Terror) 鈥� su culminaci贸n l贸gica en el odio. Por odio se pretendi贸 la sustituci贸n de todo lo cat贸lico, la ruptura con el pasado y la Tradici贸n, la aniquilaci贸n de la Iglesia, sin retroceder ante la eliminaci贸n selectiva de cabezas o el etnocidio. Se sustituy贸 el almanaque y el culto; la fe por la raz贸n, la caridad por la fraternidad, la esperanza por las utop铆as sociales y se intent贸 terminar con la era cristiana.

Los mitos dieciochescos reaparecieron en el siglo diecinueve con ligeras variantes. A la Fraternidad como suced谩neo de la Caridad vino a sustituirse la Filantrop铆a.

La fuga desde Dios hacia la humano se convirti贸 en dogma y en sistema de racionalistas y librepensadores, herederos de la sa帽a anticat贸lica de ra铆z protestante y tronco jansenista.

El mito del Progreso legitim贸 el etnocidio de las poblaciones cat贸licas, consideradas b谩rbaras y atrasadas83.

El catolicismo y el clero fueron considerados como causas del retraso y la barbarie de esos pueblos. Con estos esquemas dogm谩ticos pensaron en el R铆o de la Plata un Domingo Sarmiento y un Jos茅 Pedro Varela, voceros de una clase de doctores, sacerdotes y levitas de la nueva religi贸n del Progreso. Fue Raz贸n contra Fe, Filantrop铆a contra Caridad, Progreso contra Esperanza84.

La sustituci贸n de la trilog铆a de las virtudes teologales por una trilog铆a de virtudes humanas, cambi贸 al Dios Trino y Uno de la Revelaci贸n, primero por el Dios de la Raz贸n de铆sta y luego, desembozadamente, por los naturalismos crasos, los pante铆smos, los materialismos. Era a la cultura entera, a la civilizaci贸n de Occidente, a la que se pretend铆a 鈥� y se logr贸 en gran medida 鈥� apartar de Dios y reconducir a las cosas. Siglo tras siglo, desde el XVIII hasta el nuestro, la acedia no cej贸 de corroer los bienes de que se goza la caridad, con una constancia sobrehumana y por lo tanto no f谩cilmente explicable por factores puramente intrahist贸ricos.

Se ha de ponderar que cuando decimos: "bienes de los que goza la caridad" no se trata de abstracciones. Esos bienes, no fueron simplemente ideas, ni siquiera instituciones eclesi谩sticas. Fueron personas: hombres, familias, pueblos cat贸licos, naciones cat贸licas, portadoras de un modo de ver la vida, de una cultura, de una fe, de convicciones propias, y de un modo propio de concebir la existencia. El martirio alcanz贸 as铆, durante esos siglos, dimensiones de etnocidio.

Los Siglos de la Acedia. La Civilizaci贸n de la Acedia.

Ser铆an nombres adecuados para darle a esa 茅poca, que habitualmente llamamos edad Moderna, en una Historia de la Virtudes Teologales que todav铆a est谩 por hacerse.

No se entender谩 cabalmente nuestro presente y las formas an贸nimas de que se reviste actualmente la acedia, a menos de examinar lo sucedido realmente en la historia con las virtudes teologales, y en particular con el gozo cat贸lico de la Caridad.

Romano Guardini ha diagnosticado sagazmente la actitud hip贸crita que 茅l llama el fraude de la Edad Moderna: "aquella doblez, que consisti贸 en negar de una parte la doctrina y el orden cristiano de la vida, mientras se reivindicaba de la otra para s铆 la paternidad de los resultados humano-culturales de esa doctrina y de ese orden. Esto hizo que el cristiano se sintiera inseguro en sus relaciones con la Edad Moderna: por todas partes encontraba en ellas ideas y valores cuyo abolengo cristiano era manifiesto, y que, sin embargo, eran presentadas como pertenecientes al patrimonio com煤n. En todas partes tropezaba con elementos del patrimonio cristiano, que, sin embargo, eran esgrimidos contra 茅l"85.

El nombre de la Edad Moderna parece denotar esa condici贸n modal de oponerse al catolicismo, que la caracteriza. El anticatolicismo moderno imita los modos cristianos para combatir lo cristiano; desde la Reforma protestante misma, invoc贸 principios de cu帽o cristiano e introdujo modalidades cristianas para oponerse a lo cristiano y abolirlo. Fue, como lo se帽ala Guardini, una 茅poca que se opuso al cristianismo por impostura86.

Ante esta hipocres铆a de la Edad Moderna, Guardini reclama: "Es preciso que el incr茅dulo salga de la niebla de la secularizaci贸n, que renuncie al beneficio abusivo de negar la Revelaci贸n, apropi谩ndose sin embargo de los valores y energ铆as desarrolladas por ella; es preciso que ponga en pr谩ctica seriamente la existencia sin Cristo y sin el Dios revelado por El, y que tenga la experiencia de lo que eso significa"87.

Nosotros agregar铆amos que ser铆a conveniente y quiz谩s necesario para que se pudieran abrir los ojos de algunos, que los gobernantes ateos de pueblos creyentes hiciesen de una buena vez la experiencia de tener que gobernar masas totalmente descristianizadas. Pues hist贸ricamente les fue f谩cil imponerse desp贸ticamente a poblaciones cat贸licas d贸ciles, acostumbradas a respetar la autoridad, lo que les permiti贸 aprovecharse de sus reservas morales al mismo tiempo que hac铆an todo lo posible para destruir las fuentes y las ra铆ces de esas reservas. Les fue muy f谩cil deshumanizar a la vez que se apoyaban en las reservas de humanidad acumuladas por siglos de fe. Guardini previno que "se va a desarrollar un nuevo paganismo, pero de naturaleza distinta que el primero" (....) "si el hombre actual se hace pagano, lo ser谩 en un sentido totalmente diferente al del hombre del tiempo anterior a Cristo". Asistiremos entonces a "una tentativa no s贸lo de colocar la existencia en contradicci贸n con la Revelaci贸n Cristiana, sino de basarla en fundamentos independientes de la misma y totalmente secularizados (...) La edad futura tomar谩 en serio aquellos aspectos en que se opone al Cristianismo. Har谩 ver que los valores cristianos secularizados no son sino sentimentalismos, y el ambiente ser谩 transparente: lleno de hostilidad y peligro, pero puro y sincero"88.

Ser铆a necesario 鈥� como lo ha hecho Guardini con 茅ste 鈥攁dvertir y reparar tambi茅n en otros hechos hist贸ricos silenciados y tenazmente ignorados, a pesar de que rompen los ojos, para comprender que la acedia, la aversi贸n y finalmente el odio, fueron el resorte de movimientos religiosos, culturales y pol铆ticos, cuyas consecuencias contin煤an haci茅ndose sentir en nuestros d铆as. Debido a la tiran铆a del pensamiento que instaur贸 la Civilizaci贸n de la acedia, hasta la misma memoria hist贸rica ha quedado distorsionada y cercenada. Hay hechos que no se considera de buen gusto recordar y que s贸lo es posible volver a traer a la memoria a riesgo de ser descalificado. Hay tambi茅n evaluaciones que est谩n proscritas. Hay, por fin, una historia oficial contada por la acedia.

De poco ha valido que los grandes mitos modernos 鈥� del Progreso, de la Filantrop铆a, del Hombre naturalmente bueno, del Estado bienhechor, de la Libertad de Pensamiento, Prensa y Comercio, de la Sociedad justa, libre y sin clases, de las Leyes del Mercado89 鈥� hayan ido siendo desmentidos sarc谩sticamente y de manera cruel por las guerras mundiales calientes o fr铆as, la ruina social de los pueblos colonizados, los totalitarismos de estado m谩s brutales y embrutecedores de las sojuzgadas naciones, las persecuciones religiosas m谩s sangrientas o taimadas y tenaces90.

De poco ha valido, ante la fragilidad de la memoria de muchos y ante la penetraci贸n de la acedia en las academias hist贸ricas, que los horrores vistos en los 煤ltimos siglos, dieran el ment铆s m谩s formal al optimismo antirreligioso y a las ideolog铆as del progreso nacidas de la acedia y del odio a Dios. A煤n no se han reconocido las verdaderas ra铆ces del fen贸meno que ha sumido a Occidente, y desde 茅l al mundo, en una lluvia 谩cida: una lluvia de acedia.

Ser铆a tarea y misi贸n de alg煤n historiador creyente ofrecernos una comprensi贸n prof茅tica del rol que la acedia jug贸 como motor de la historia en los siglos de la Modernidad hasta nuestro d铆as. Quedar铆a en evidencia lo que hemos tratado de esbozar aqu铆: que la acedia no es s贸lo una fuerza negativa en el 谩mbito individual, del alma del hombre frente a Dios, sino un esp铆ritu que se ha mostrado hist贸ricamente como generador de filosof铆as, pol铆ticas, legislaciones, revoluciones, culturas y conductas; y que lamentablemente ha inspirado persecuciones a las poblaciones cat贸licas, con guerras, deportaciones, liquidaciones, empobrecimiento y extinci贸n por medios socio econ贸micos, como son las medidas de pol铆tica habitacional y demogr谩fica. Un conato de etnocidio semejante al sufrido en Egipto por Israel, que 鈥� por lo visto 鈥� era prefiguraci贸n del que hab铆a de padecer la Iglesia.

Acedia y Apostas铆a

Consecuencia de los factores metahist贸ricos que han dominado estos 煤ltimos siglos del segundo milenio, ha sido la gran Apostas铆a.

Las persecuciones siempre produjeron apostas铆as. Y la persecuci贸n en gran escala la produjo en gran escala. Es dentro de esa gran apostas铆a hist贸rica donde han de enmarcarse las apostas铆as individuales para poder comprenderlas en vistas a encararlas pastoralmente. Y es 鈥� pienso 鈥� en ese marco, en que ser谩n sopesadas por el Se帽or en el Juicio.

A menos de integrar entre los instrumentos intelectuales de comprensi贸n de la historia las categor铆as teol贸gicas 鈥� acedia, persecuci贸n, apostas铆a 鈥� las interpretaciones hist贸ricas de los creyentes, y muy particularmente las de los te贸logos, seguir谩n girando en c铆rculos, o resbalando por la superficie, sin encontrar rumbo cierto; sin penetrar en la comprensi贸n espiritual de fen贸menos que, sin embargo, rompen los ojos91.

Pongamos por ejemplo la tirria inexplicable de estados y gobiernos contra sus propias naciones cat贸licas; la tristeza, verg眉enza o fastidio de los gobernantes por el catolicismo de sus gobernados; los ingentes esfuerzos por combatir la fe cat贸lica de los pueblos, como si la fe fuera fuente de todos los males y atrasos; o la indiferencia y la abstenci贸n de todo est铆mulo o protecci贸n jur铆dica de este bien de la Humanidad92.

Esas indiferencias o tristezas por bienes que deber铆an alegrar, son acedia. Espont谩neamente acude a la memoria el ejemplo de los diarios de viajeros protestantes a trav茅s de pa铆ses cat贸licos, como Espa帽a o Am茅rica espa帽ola, que miraron a estos pueblos desde afuera y fustigaron sus costumbres desde sus prejuicios anticat贸licos. Si en ellos esos prejuicios son comprensibles, lo son menos en gobernantes que mamaron en pechos de piadosas criollas cat贸licas. Sin el conocimiento de la acedia y de la lluvia 谩cida, nos hubiera resultado del todo incomprensible la verdadera entidad espiritual y religiosa de estos hechos.

4.5.) Los Empachados de Cristo

Como me los defini贸 con frase certera una religiosa,son otro tipo humano que padece de acedia.

Son con frecuencia exalumnos de colegios cat贸licos. Provienen a menudo de familias se帽aladas en la piedad. Suelen excusarse de no practicar ni ir a Misa los domingos, con el slogan: "ya me obligaron a ir a Misa para el resto de mi vida".

Puede decirse a veces, en su descargo, que son fruto de una cierta forma de violencia religiosa, por imposici贸n de las formas exteriores de la piedad, desentendi茅ndose de la motivaci贸n interior. Pero el fen贸meno merece atenci贸n y an谩lisis, para comprender que se trata de acedia.

No pecaron de acedia cuando se los obligaba, pero s铆 ahora. En efecto, como nota Santo Tom谩s: "si uno se entristece de que alguien le obligue a hacer obras de virtud a las que no est谩 obligado [por ejemplo asistir a la misa diaria del colegio], no peca de acedia", pero s铆 "cuando se contrista de las que debe hacer por Dios", como es ir a alegrarse con los dem谩s cristianos "de la Resurrecci贸n de su Salvador y de los dem谩s bienes de la salvaci贸n"93.

Como incapacidad de alegrarse en, con y por Dios, la acedia es la causa de que no se le vea sentido a la pr谩ctica dominical. Santo Tom谩s observa que: "La acedia contrar铆a el precepto de la santificaci贸n del Domingo, en el cual, en cuanto es precepto moral, se manda el descanso de la mente en Dios, y a la cual santificaci贸n del Domingo se opone la tristeza de la mente acerca del bien divino"94.

Los cat贸licos que no van a Misa por acedia 鈥� porque no es la acedia el 煤nico motivo de la inasistencia 鈥� son creyentes tristes o tristes creyentes, en cuanto est谩n privados del gozo de la caridad. Lo cual no significa negar que puedan ser gente muy sana y divertida por otros motivos y en otros sentidos.

La inasistencia dominical de los cat贸licos es un problema pastoral de primera magnitud, y la acedia que la causa es de larga data. Me ha tocado conocer catequistas que no iban a Misa los domingos y p谩rrocos que los consideraban buenos catequistas. Nadie ignora que durante mucho tiempo se les dijo a los j贸venes que s贸lo hab铆a obligaci贸n de ir a Misa "si uno lo sent铆a". Pero no se les ense帽aba 鈥� posiblemente por crasa ignorancia o crasa inadvertencia 鈥� que "no sentirlo" pudiese ser acedia, una tentaci贸n que aparta del amor a Dios. Ni se les ense帽aba tampoco, que consentir la tentaci贸n de acedia, pudiese ser un pecado contra el amor a Dios. No se les ense帽aba, en suma, a cumplir el primero y tercero de los mandamientos. Lo cual no es friolera.

Hay que reconocer 鈥� es verdad 鈥� que las Misas dominicales no siempre ni en todas partes relucen con el brillo festivo del gozo de la Caridad. A veces una predicaci贸n algo 鈥� o muy 鈥� jansenista, un moralismo y legalismo que culpabiliza a los asistentes, descargando sobre ellos el reproche que merecen los ausentes o los que nunca vienen, ensombrecen "la fiesta de Dios". Otras veces, como si no le bastara a la fiesta con ser fiesta y manifestar el gozo, se instrumenta la Eucarist铆a para otros fines, como busc谩ndole sentido y justificaci贸n en alguna utilidad. Hay que reconocer tambi茅n, que algunas manifestaciones de gozo 鈥� gritonas, estent贸reas, grandilocuentes o declamatorias, echando mano a m煤sicas profanas con letra religiosa, o a instrumentos que hablan m谩s a la sensibilidad que al esp铆ritu 鈥� manifiestan un tipo de gozo que no es exactamente aqu茅l que nace de las virtudes teologales, sino m谩s bien una cierta excitaci贸n, entre ext谩tica y orgi谩stica, parecida a las que provocan las sectas, con sus manipulaciones y extorsiones deshonestas del sentimiento religioso.

Gozo y Consolaci贸n

La Liturgia cat贸lica ense帽a a distinguir entre gozo espiritual y consolaci贸n sensible. La consolaci贸n sensible brota del gozo, pero no necesariamente. Ni es misi贸n de la ceremonia lit煤rgica mover a consolaci贸n sensible de los fieles ni procurarla. En la celebraci贸n lit煤rgica puede 鈥� y debe poder 鈥� expresarse la multitud creyente en la unidad de la fe y la caridad, pero en la multiplicidad de situaciones existenciales: espirituales, an铆micas y emocionales. De ah铆 鈥� como ense帽aba Romano Guardini en su "Esp铆ritu de la Liturgia" 鈥� la necesidad, sabiamente reconocida y acatada por el rito romano, de mantener una gran sobriedad emotiva, y expresar, sin notable conmoci贸n, las verdades capaces de conmover a quien se abra y las acoja.

En efecto, el conmoverse corre por cuenta del fiel, y de la acci贸n del Esp铆ritu Santo en cada alma. Ser铆a injusto imponerle a la liturgia 鈥� ni pre ni postconciliar 鈥� la misi贸n, ni cargarla con la responsabilidad o con la culpa, del entristecimiento o avinagramiento de la Caridad en amplios sectores del pueblo cat贸lico. Pero su inasistencia a Misa arguye de la pujanza del mal de acedia.

Habr谩 que reconocer deficiencias en el nivel festivo de las celebraciones dominicales; habr谩 que reconocer quiz谩s su mayor o menor extensi贸n y generalizaci贸n; se podr谩 reconocer la parte que en la acedia del pueblo pueda haber tenido la acedia intracultual, o sea: la de la comunidad cultual y la del mismo celebrante. Pero lo que nos interesaba aqu铆, era diagnosticar como mal de acedia una de las principales causas, ya que no la 煤nica, del conocido s铆ndrome de abstencionismo dominical o "apostas铆a del domingo".

Hechos los descargos y los descuentos, dadas muchas posibles explicaciones, el hecho pastoral est谩 ah铆. Y sin diagn贸stico no hay tratamiento. Reconocerlo como acedia, permite orientarse en la elecci贸n de los remedios95.

Algunos ap贸statas del domingo, ampar谩ndose en una alegada probidad moral, de cuya carencia acusan a los que van a Misa, no sin cierta autosatisfacci贸n y autocomplacencia soberbiona, se muestran agriados y desconformes con todo lo que tiene que ver con la misa dominical: liturgia, cantos, predicaci贸n, y con el mismo pueblo fiel, al que miran con un cierto asco y al que f谩cilmente descalifican moralmente, o motejan. Falsas razones, que esconden, o no les permiten ver incluso a ellos mismos, sus verdaderos motivos. Mejor dicho, los verdaderos impedimentos, para encontrarse, no con la misa, sino con el gozo del amor de Dios, que habita, mal que les pese, entre esos fieles a los que no logran abrazar gozosamente en su coraz贸n con caridad de hermanos. San Pablo era muy clarividente respecto de las limitaciones de los miembros de la Iglesia, pero no se entristec铆a 谩cidamente, sino que se alegraba de que Dios hubiera elegido lo que no era nada a los ojos del mundo y de que brillase la gracia de la divina elecci贸n sobre tanta humana fragilidad.

4.6.) Las Campanas del Domingo

Las campanas han sido secularmente medio de expresi贸n de los gozos y de los duelos de la comunidad creyente. Que es tanto como decir los gozos y las tristezas de la caridad.

No es de asombrarse que al acedioso, que se rehusa precisamente al gozo y al llanto de la Iglesia, le moleste el toque de las campanas del templo vecino. Lo que hay detr谩s de sus reclamos, no es molestia por un ruido, sino por la manifestaci贸n de los sentimientos de la fe. No se molestar谩 ni promover谩 quejas o denuncias, por escapes libres, motos, buses, jets, altoparlantes ni discotecas.

Lo asombroso es que a algunos les haya bastado el reclamo de esas almas agrias para que, sin discernir los verdaderos motivos espirituales de la protesta, y con tanta facilidad que raya en ligereza, hayan reducido a silencio las campanas.

Han dado satisfacci贸n a la acedia, pensando quiz谩s que era un deber de buena vecindad o hasta un asunto de derechos humanos. Pero lo han hecho a costa de los derechos de los fieles, y sin reparar en sus sentimientos. Esta insensibilidad no s贸lo no excusa de culpa, la agrava. Porque esa ceguera para el bien de los fieles 驴no arguye un cierto grado de indiferencia y de complicidad con los motivos de la acedia? En efecto, los derechos de los fieles que han sido pasados por alto y postergados, son los de la Iglesia, y en 煤ltimo t茅rmino los de Dios. La equidad exigir铆a dar a cada uno lo suyo con igual sensibilidad para las razones de la acedia que para las de la caridad. Y no parece que el silencio de las campanas, donde se ha impuesto, haya resultado de un juicio ecu谩nime.

Hablando de los malvados, enemigos de los justos, dice el libro de la Sabidur铆a: "ellos eran insoportables para s铆 mismos...todo los aterrorizaba y los helaba de espanto..hasta el silbido del viento y el canto de los pajaritos en la enramada" (Sabidur铆a 17,17-20)

Ser铆a triste que el terror de los malvados impusiera silencio a los pajaritos. Y m谩s triste que los pajaritos se aviniesen a quedarse callados por ceder al capricho tir谩nico de los avinagrados y a sus falsas razones. Como le pas贸 al zorzalito de la f谩bula de Castellani, ante la cr铆tica del gorri贸n.

4.7.) Alrededor del Corpus y otras Procesiones

"Yo me acuerdo y se me derrama el alma por dentro, c贸mo iba entre los gritos de j煤bilo y alabanza de la muchedumbre festiva" (Salmo 42,5)

Me digo lo del salmo, recordando las procesiones del Corpus Christi en mi juventud, cuando pas谩bamos alegres por la avenida l8 de Julio, la arteria principal de Montevideo. Una procesi贸n que en tiempos heroicos hab铆a salido a la calle desafiando los gritos y las pedradas de los enemigos de la fe cat贸lica. En mis a帽os mozos, todav铆a se dejaban ver algunos signos de aquella violencia.

Al llegar a l8 y Yaguar贸n, pas谩bamos cantando ante los postigos cerrados del diario El D铆a. Por supuesto, el diario no pod铆a enterarse as铆 de nuestro paso. Al d铆a siguiente no lo mencionaba en su edici贸n. A pesar de su deber profesional de informar, sus periodistas ignoraban una muchedumbre de miles de personas, donde desfilaban con sus estandartes todas las parroquias y organizaciones parroquiales, sus cofrad铆as, los colegios cat贸licos, algunos de ellos con sus bandas, la escuela de enfermeras cat贸licas, los scouts, formados detr谩s del clero y de los religiosos, encabezados todos por el obispo, revestido de pluvial y humeral suntuos铆simo, bajo el palio que llevaban los venerables prohombres del catolicismo uruguayo, miembros de la Archicofrad铆a del Sant铆simo Sacramento, quienes lo escoltaban como un grupo de Ap贸stoles. Entre una nube de incienso, el obispo avanzaba, abrazado al Sant铆simo contra su pecho96.

Ese d铆a, cada a帽o, intencionada coincidencia, ten铆a lugar el cl谩sico de f煤tbol en el estadio Centenario. Y naturalmente tanto El Diario de esa tarde, como El D铆a, al d铆a siguiente, se ocupaban del estadio e ignoraban la procesi贸n. El cl谩sico de f煤tbol serv铆a de coartada para que los diarios pudiesen hablar de otra cosa. Eramos la mayor铆a ignorada.

驴No es 茅ste un fen贸meno verdaderamente extra帽o y asombroso? 驴A qui茅n pod铆a asustar o molestar aquella multitud pac铆fica y gozosa? 驴Qu茅 oscuras tristezas 鈥� o terrores 鈥� remov铆a su paso en aquellos corazones enfermos que se asustaban de los himnos cristianos como del canto de los pajaritos en la enramada? 驴Nos ignoraban o se escond铆an de nosotros?

Hoy y Aqu铆 en Luj谩n

Nos ignoraban de la misma manera que se quiere ignorar hoy, por citar un ejemplo actual, al mill贸n de j贸venes que peregrina a pie a Luj谩n. Alguien hay que organiza, a煤n hoy, porque eso no se organiza solo ni casualmente, la venida de Madonna y de Michel Jackson para ese mismo 8 de Octubre, como pude observar, estando en Argentina, en l993. Alguien dirige a煤n hoy, el manejo minimizante y superficial de la cobertura informativa sobre ese acontecimiento, a trav茅s de los medios de comunicaci贸n. Un mill贸n de j贸venes a pie, caminando decenas de kil贸metros, no se puede pasar a la p谩gina cincuenta y tres del tabloide, como estilan hacerlo, si no hay alg煤n pretexto; algo con qu茅 ocupar la primera p谩gina y las p谩ginas centrales.

Adem谩s de arrumbada en las p谩ginas de trastienda del tabloide, la noticia resbala por encima del significado, lo trivializa. Ciego para el acontecimiento espiritual, el periodista parliparla sobre los puestos sanitarios y las ampollas en los pies de los peregrinos. De modo que a煤n ocup谩ndose del hecho, lo ignora con una mirada profana, no quiere verlo y oculta o descuenta su verdadera entidad. Mira desde afuera y sin ver, sin querer ver, como Mikal desde su ventana. Y al no contar lo que es, cuenta lo que no es.

Los Exploradores Eucar铆sticos

Hemos recordado en su lugar lo sucedido en el desierto con la recusaci贸n del testimonio de los exploradores, y lo vimos repetirse en el rechazo del testimonio de Jes煤s. Esos episodios son arquet铆picos de la acedia de todos los siglos. Sirven para entender lo que sigue ocurriendo con las obras del Resucitado en su Iglesia y a trav茅s de su Iglesia; en sus fieles y por el ministerio de sus fieles.

Sin fe es imposible ver las obras del Resucitado y alegrarse de su acci贸n. Peor a煤n: sin fe, es posible permanecer insensible o llegar hasta a empe帽arse en combatir, como si fueran males, los bienes de la gracia, los carismas y los dones del Esp铆ritu; oponerse a las obras de Dios; ponerse a pedir signos sin ver los que rompen los ojos y decir NO a las fiestas de Dios.

Y quiero dar un ejemplo concreto. Recuerdo el tiempo de mi adolescencia, por all谩 por el final de la d茅cada de los 40 y comienzos de los 50. En esos a帽os de mi conversi贸n, los fieles cat贸licos, durante la Misa, y sobre todo despu茅s de la Comuni贸n, se sum铆an, arrodillados y con el rostro entre las manos, en una fervorosa y profunda acci贸n de gracias. Todo su porte daba testimonio. Desde que volv铆an de la barandilla del comulgatorio, con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza baja, o con las manos juntas delante del rostro inclinado; hasta que se hincaban en el reclinatorio o en el piso, en alg煤n rinc贸n del templo. Eran testimonios vivientes de un 铆ntimo di谩logo de fe y de oraci贸n con el Se帽or. Era posible "ver" al Se帽or hablando con ellos. Durante unos minutos se transfiguraban, convertidos en verdaderos ostensorios vivientes. Templos. Testigos mudos de su gloria interior. En ellos se hac铆a visible la comuni贸n del cielo y de la tierra, del hombre y Dios97.

Considero hoy, que aqu茅l era un verdadero y aut茅ntico "pentecostalismo" cat贸lico avant la lettre. En aquellos cen谩culos, yo ve铆a arder las llamas del amor divino, en los rostros iluminados y encendidos por el fervor, sobre las cabezas inclinadas de la asamblea eucar铆stica, silenciosa y orante, a la vez reverente y recatada. Pienso que el movimiento pentecostal que vino despu茅s, naci贸 de la nostalgia de aquel perdido camino del fervor. Y a煤n hoy no comprendo por qu茅 ni c贸mo se pudo, y a煤n se puede, acusar de "sacramentalismo" a ese rico pasado eucar铆stico.

En los a帽os durante los cuales se extingui贸 aquel fen贸meno, yo ya no estaba entre los fieles del templo. Hab铆a ingresado en la vida religiosa y mi formaci贸n me llev贸 de un pa铆s a otro. No pude por lo tanto presenciar ni observar directamente el proceso de cambio. Tampoco comprend铆a lo que iba sucediendo, porque yo mismo estaba envuelto en las marejadas y los cambios. Fue s贸lo a帽os despu茅s de la instalaci贸n del fr铆o y de la creciente p茅rdida de la reverencia, que por obra de la misericordia, se me abrieron los ojos y comenc茅 a preguntarme acerca del hecho y de sus causas.

La abolici贸n de los reclinatorios en algunos templos y otros lugares, a veces contrariando los h谩bitos de oraci贸n que estaban a煤n extendidos entre muchos fieles, me han puesto a pensar. He encontrado sacerdotes 鈥� me viene a la memoria entre varios un afable p谩rroco holand茅s 鈥� de trato amable y hasta exquisito, humanamente acogedores, cuya 煤nica arista dura, y a veces acerada, daba contra los fervores de los humildes. 驴Acaso el celo por retirar los reclinatorios viene de un secreto temor de que puedan volver aquellos extinguidos ext谩ticos eucar铆sticos?

Considero que aquellos eran, sin embargo, nuestros exploradores eucar铆sticos. Exploradores de la gloria de la Presencia oculta bajo las especies.

Con su porte exterior, por m谩s chocante que hoy resulte a los que llevamos el alma calada hasta los tu茅tanos por la llovizna cultural de la acedia, mostraban el Bien de la Tierra Interior, el Bien celestial, en el que entran y pueden contemplar los nacidos de lo alto. En ellos resonaba la voz del viento del Esp铆ritu, que es audible, pero no se sabe de d贸nde viene ni a d贸nde va.

Me pregunto, no sin cierto temor, si a nuestra "generaci贸n", en sentido hist贸rico y teol贸gico, no se le aplicar谩 tambi茅n el reproche del Salmo 鈥� no s贸lo por 茅ste, sino por tantos otros pecados de acedia 鈥�: "Despreciaron una tierra envidiable" (Salmo 105(106),24). "Vosotros no recibisteis el testimonio acerca de m铆 que daban mis exploradores eucar铆sticos, embriagados con el vino de Eshkol".

Hoy no s贸lo se han perdido formas del fervor sino tambi茅n de la reverencia. Alguien podr铆a pensar que se trate de una mayor confianza, cercan铆a y familiaridad con Dios y por lo tanto de un progreso. Pero la cercan铆a de Dios no se experimenta a costa de su distancia y su grandeza. La familiaridad verdadera tutela el respeto; y la comuni贸n se espanta de la profanaci贸n. Es un real problema pastoral ese deslizamiento insensible que conduce a muchos a tomar en vano, ya no s贸lo el Santo Nombre, sino tambi茅n el Santo Cuerpo y Sangre: "menospreciaron una tierra envidiable".

Me ha tocado observar recientemente, desde un confesonario, el retorno de los fieles a sus lugares despu茅s de la comuni贸n. Y como no quiero juzgar que se haya extinguido en tantos el fuego de anta帽o, pienso que hoy, para adorar, bajan a su coraz贸n como a una catacumba, mientras su porte exterior da cobertura a la obligada clandestinidad de Dios en esta cultura de la lluvia 谩cida, que gotea ya hasta dentro de nuestros templos.

La aversi贸n hacia las muestras exteriores y sensibles de la devoci贸n, de la consolaci贸n y del fervor, es una de las formas actuales de la acedia sociocultural, instalada incluso entre muchos dentro de la Iglesia. Se siente rechazo por las manifestaciones exteriores de la virtud de religi贸n, por las exteriorizaciones del fervor o la devoci贸n: en el rostro, en la voz, en la actitud o postura corporal, en el tono del predicador, en el velo de la mujer suprimido a pesar de la autoridad paulina y dos mil a帽os de uso98.

Hay en muchos ambientes cat贸licos un embargo social para las manifestaciones exteriores, sensibles y emocionales de la fe. Y en cuanto esto significa un rechazo de la manifestaci贸n testimonial de una experiencia no s贸lo interior, sino "total" y que quiere expresarse en "todo el hombre", la considero en estrecho paralelo religioso con el descr茅dito de los exploradores de la tierra prometida, y del testimonio de Jesucristo acerca de "las cosas del cielo" (Juan 3,12-13).

Se desestima y descalifica esas manifestaciones de fervor. Sin embargo, ellas son "signos" de Dios que no se quiere ver, al mismo tiempo que se pide otros signos, all铆 donde uno caprichosamente desear铆a verlos (Marcos 8,11-15). Hoy se exige de Dios otros signos y de los fieles otros testimonios.

Y en esto, no en otra cosa, radica el fen贸meno de la secularizaci贸n.

4.8.) Acedia y Persecuci贸n

驴Tambi茅n es acedia esta tristeza o indignaci贸n viendo al pueblo de Dios? Claro que s铆. El bien espiritual de que se entristece la acedia, es Dios mismo, pero tambi茅n las personas que le est谩n de cualquier manera relacionadas, puesto que lo visibilizan.

Tales son por ejemplo las personas creyentes, piadosas o religiosas. Tales los predicadores, que inducen con su predicaci贸n o con su ejemplo (como es el caso precisamente del humilde pueblo fiel), a los bienes espirituales99.

El pueblo cat贸lico es el portador de las gracias de Dios, de los dones del Esp铆ritu Santo y de las Virtudes teologales y cristianas. En cuanto obra de Dios, la Iglesia, pueblo de Dios, es signo al que se contradice. Su imagen p煤blica muchas veces se presenta enturbiada, intencionalmente deformada.

Acedia e Imaginario Cat贸lico

Existe una correlaci贸n muy estrecha entre la secularizaci贸n y determinada imagen del mundo (o Weltbild), en oposici贸n a otras im谩genes del mundo posibles, entre ellas la cat贸lica, cuyo arte sacro, al igual que todas las dem谩s dimensiones de su Mundo Imaginario, vienen a quedar expuestas eo ipso al cicl贸n de la confrontaci贸n cultural100.

En el proceso de secularizaci贸n convergen, en su oposici贸n al imaginario cat贸lico, corrientes aparentemente tan dispares y opuestas como el materialismo antite铆sta y el extremo trascendentalismo espiritual te铆sta. El proyecto de desmitologizaci贸n, tan af铆n al nuevo Weltbild secularista, es de ra铆z protestante. Bultman emprende precisamente su proyecto de desmitologizaci贸n con el af谩n pastoral de compatibilizar el Weltbild creyente con el del Hombre de Hoy101.

Dado que las im谩genes sagradas102 reflejan concretamente el imaginario creyente, ambos corren pareja suerte. Movidos e inspirados por el Esp铆ritu Santo, estimulados por el magisterio, confirmados por el am茅n de los fieles; incomprendidos por los de afuera, acusados de idolatr铆a, sometidos a detorsiones que los profanan o ridiculizan; considerados abusivamente como del dominio p煤blico y desprotegidos de los m谩s m铆nimos amparos legales de que disfruta cualquier propiedad intelectual, son llevados y tra铆dos por todas las corrientes e intereses no eclesiales o antieclesiales, con todos los fines, desde los comerciales a los antirreligiosos; simplemente torpes, o bien mal茅volos y hostiles103 Agresiones semejantes se contienen en otros films como "El P谩jaro canta hasta morir" que se aplica a demoler la imagen del sacerdote, el obispo y el cardenal, contamin谩ndola en la imaginaci贸n. . La ingenier铆a de la imagen los une, mediante asociaciones negativas, al terror en los thrillers, o a lo sat谩nico en algunos conjuntos de rock, o a la perversi贸n sexual y el impudor. La imagen sagrada y su imaginario quedan as铆 expuestos a quedar apretados en la pinza de la agresi贸n y el menosprecio por un lado, y la verg眉enza y la autocensura por el otro.

Estos hechos sociales y culturales muestran que las im谩genes y el imaginario creyente son tambi茅n, como bienes de los que se goza la caridad, objeto de la acedia y blanco de la persecuci贸n proveniente del proyecto secularizador104 Soneira reafirma lo dicho con la siguiente cita: "Los estudios de Martin, Fenn, mis colegas y yo, claramente demuestran que la laicizaci贸n no es un proceso mec谩nico imputable a fuerzas impersonales y abstractas. Es, por un lado, llevada a cabo por gente y por grupos que manifiestan que quieren laicizar la sociedad y sus subestructuras. Pero por otro lado, estudios sobre profesionalizaci贸n del bloque cat贸lico de la Iglesia en B茅lgica y Holanda, dejan en claro que ciertas categor铆as (sociales) tambi茅n, si no de manera expl铆cita, est谩n secularizando (laicizing) a los bloques cat贸licos y cristianos. Una vez que aceptamos que la secularizaci贸n, como un proceso de laicizaci贸n, es el resultado de grupos opuestos de intereses, entonces el resultado es claramente un proceso no lineal." (K. DOBBELAERE "Secularization: A Multi-dimensional Concept" en Current Sociology, 29(l981)2, pp. 68-69). Soneira concluye: "O sea que el proceso de seuclarizaci贸n no es un proceso necesario y lineal, sino m谩s bien dial茅ctico, producto de actores, personas y grupos, con intereses concretos contradictorios. Por lo tanto, procesos de desecularizaci贸n y resecularizaci贸n son tambi茅n concebibles" (L.cit.). .

4.9.) Acedia y Mass Media

Los medios de comunicaci贸n de masas, que ignoran y menosprecian habitual y notoriamente al pueblo creyente, portador de la cultura del amor, y destinado a ser el protagonista en la construcci贸n de la civilizaci贸n del amor, son a menudo agentes de una anticultura del amor. Y en la misma medida en que hay en ellos tristeza por el bien de Dios, o por las obras de Dios, hay en ellos acedia y obran movidos por ella.

Pero no s贸lo padecen de acedia sino que adem谩s la siembran. 驴C贸mo? De muchas maneras. Ante todo provocando a verg眉enza a los "peque帽os que creen en m铆"105. Alejando adem谩s, a muchos, de la Iglesia, porque les siembran de prejuicios el camino hacia ella.

Este es el g茅nero de esc谩ndalos (= piedras de tropiezo) que ponen en el camino del seguimiento de Jes煤s, los que, seg煤n 茅l mismo declara, merecen, por eso mismo, ser arrojados al fondo del mar, con una piedra de molino atada al cuello106.

Los Mass Media, no s贸lo ignoran por lo general el bien all铆 donde est谩, no s贸lo impiden reconocerlo, sino que contribuyen a oscurecer el juicio sobre el bien y el mal (Isa铆as 5,20).

Esto lo producen magnificando el espect谩culo del mal en el mundo, abrumando el coraz贸n de los peque帽os y de los d茅biles y provocando en ellos la tristeza y la desesperanza.

No s贸lo no se interesan por la virtud, ni la destacan: a menudo la declaran positivamente aburrida y no interesante. Con sus sensacionalismos y sus preferencias, magnifican la calamidad natural, el crimen nefando o macabro. Silencian el bien y gritan el mal. En las telenovelas, seriales y videos, se glorifica los siete pecados capitales, haciendo de ellos un espect谩culo deleitable. Pero no se hace lo mismo con la verdadera hermosura moral de las virtudes. No digamos ya de las virtudes teologales, pero ni de las morales y humanas, que constituyen la verdadera hermosura y dignidad de la persona, seg煤n la simple y recta norma de una raz贸n natural.

No son f谩cilmente excusables quienes son profesionales y conocen bien lo que es la psicopol铆tica y la psicolog铆a social.

Lluvia 谩cida

El inerme consumidor de los Mass Media, recibe as铆 una visi贸n distorsionada y a veces pervertida, de la realidad del mundo. Los Medios que lo informan, escamote谩ndole la visi贸n del bien, le confiscan a menudo su capacidad de observaci贸n y de juicio, le enjuagan la memoria con un torrente de informaci贸n. El hombre est谩 cada vez m谩s sobreinformado y cada vez menos enterado.

Por otro lado, la industria del entretenimiento le ofrece la posibilidad de la distracci贸n perpetua, con perpetuo olvido de los sentidos 煤ltimos y de sus responsabilidades inmediatas. La acedia escamotea el recuerdo de Dios, fin 煤ltimo del hombre, as铆 como la conciencia de que la dignidad del hombre reposa en, y dimana de, su condici贸n de creatura, y que por lo mismo se realiza en su relaci贸n con su Creador, y en el asumir sus responsabilidades respecto de las dem谩s creaturas107 Pero no s贸lo la prensa invade el tiempo dominical. Las ofertas de la industria del espect谩culo, que es superfluo elencar, rivalizan ese d铆a en conquistar el tiempo de grandes y chicos. .

Los grandes ocultadores actuales del bien verdadero, los grandes propagadores de acedia, son comparables por eso a una lluvia 谩cida que se precipita permanentemente sobre la Humanidad.

Pero no se ha de extra帽ar, si se tiene en cuenta que el Dios que se revela en Cristo, ha elegido revelarse de tal modo que contrar铆e la soberbia del hombre, y consiguientemente lo entristezca, ya que los signos y los bienes que le ofrece, contrar铆an o no satisfacen sus apetitos.

Una pastoral de la acedia no puede excusarse de un enfrentamiento con los Mass Media y con los h谩bitos de consumo de prensa y radiotelevisi贸n de fieles y no creyentes.

4.10. "No te Averg眉ences del Evangelio"

Como se desprende de lo que venimos dibujando a grandes rasgos, la acedia reviste en nuestros d铆as dimensiones culturales y puede llamarse en cierto sentido mal du si猫cle, o puesto que abarca ya varios siglos de historia, mal des si猫cles.

Ella est谩 implicada en el fen贸meno de la persecuci贸n, que Jesucristo anunciaba como infaltable a su Iglesia y que toma en cada 茅poca formas propias. En la nuestra, la persecuci贸n toma formas que venimos tratando de se帽alar, muy propias y particulares.

En otros tiempos "cuando se atacaba la religi贸n se la atacaba como una cosa seria. Pero el siglo XVIII la atac贸 con la risa. La risa pas贸 de los fil贸sofos a los cortesanos; de las academias a los salones; subi贸 las gradas del trono; y se la vio en los labios del sacerdote; tom贸 asiento en el santuario del hogar dom茅stico, entre la madre y los hijos. 隆Y de qu茅, pues, gran Dios! 驴de qu茅 se re铆an todos? 隆Se re铆an de Jesucristo y del Evangelio!"108.

4.10.1 Burla y Menosprecio

La burla y el menosprecio 鈥� que como se ve no son de ahora 鈥� logran confundir a algunas conciencias creyentes, inquiet谩ndolas, como si aquello que en ellos es gracia y don de Dios, como por ejemplo su pertenencia eclesial, sus actos exteriores de piedad, de oraci贸n y de culto, fuesen algo torpe, malo o deshonroso de lo que debieran ruborizarse109 "En otros tiempos el mundo se escandalizaba del cristianismo 鈥� 隆cosa que tiene sentido! 鈥� pero ahora que al mundo se le ha metido en la cabeza que es cristiano y que se ha apropiado del cristianismo, sin notar para nada la posibilidad del esc谩ndalo, ahora, naturalmente, el mundo se escandaliza del verdadero cristiano. No cabe duda que ser谩 muy dif铆cil salir de semejante enga帽o. (...) El mundo sigue escandaliz谩ndose del cristiano verdadero, s贸lo que ahora, generalmente, la pasi贸n del esc谩ndalo ya no es tan desenfrenada que pretenda exterminar al cristiano verdadero. [Perm铆tasenos advertir aqu铆, que Kierkegaard se refiere al exterminio al modo del Imperio romano. Porque hoy, como hemos dicho, existen otras formas taimadas y ocultas de etnocidio que apuntan igualmente al exterminio por medios de pol铆ticas econ贸micas y culturales]. Esta es una cosa bien explicable. En aquellos tiempos en que el mundo estaba convencido de que no era cristiano, hab铆a algo por qu茅 luchar, algo en que jug谩rselo todo, a vida o muerte. Pero ahora que el mundo, de forma engre铆da y tranquilona, est谩 convencido de que es cristiano, ahora, naturalmente, la exageraci贸n del cristiano verdadero, s贸lo es algo para tomarlo a la risa. La confusi贸n, evidentemente es mucho m谩s terrible que en los primeros tiempos del cristianismo. Desde luego, entonces era terrible, pero hab铆a sentido en que el mundo luchase a vida o muerte contra el cristianismo. En cambio ahora 驴no es algo lindante con la insensatez, esa sonrisa levemente sarc谩stica que tiene que soportar el verdadero cristiano de parte del actual irenismo superior de nuestro mundo convencidamente cristiano?" S. Kierkegaard, Las Obras del Amor, I, p. 336-337. .

Esas burlas apuntan a provocar la verg眉enza y el rubor acerca de aquello por lo que precisamente merecer铆an ser honrados y respetados, porque constituye en ellos la fuente de su dignidad y de su grandeza: su elecci贸n divina, su vocaci贸n, y su misi贸n.

Debido a esas burlas y menosprecios, manifestados en forma de fr铆a indiferencia, de afectada ignorancia, o de positivo escarnio, derisi贸n o contumelia, se enturbia en algunos cat贸licos la gloria de la propia pertenencia. Hasta el punto de que algunos pueden sentir la tentaci贸n de negar, disimular o hasta abandonar una pertenencia eclesial que es fuente de bochorno. La burla alcanza de este modo su objetivo, provocando un grav铆simo da帽o. Hace tropezar a los peque帽os en el seguimiento del camino de Cristo. Los aparta del pueblo de reyes, prof茅tico y sacerdotal, con menosprecio de la propia elecci贸n, vocaci贸n y misi贸n divina.

Este crimen lo llam贸 Jes煤s: "escandalizar a los peque帽os que creen en m铆" (Marcos 9,42 y paralelos), y lo juzg贸 digno 鈥� como hemos dicho 鈥� de un dur铆simo castigo. Pablo tuvo que exhortar a Timoteo 鈥� nada menos 鈥� a no avergonzarse del evangelio, ni de las cadenas de San Pablo (2 Timoteo 1,8.12). Avergonzarse, o lo que se conoce como "respeto humano"110, es un t茅rmino t茅cnico de la teolog铆a cristiana del martirio, casi sin贸nimo de apostatar. El Evangelio lo remonta a la ense帽anza de Jes煤s:

"El que se averg眉ence de m铆 y de mis palabras, en esta generaci贸n ad煤ltera y pecadora, tambi茅n el Hijo del Hombre se avergonzar谩 de 茅l cuando venga en la gloria de su Padre con los santos 谩ngeles" (Marcos 8,38)

La persecuci贸n, en cualquiera de sus m煤ltiples formas, ha sido siempre causa de apostas铆a; tambi茅n lo ha sido en sus formas de irrisi贸n, de burla, de menosprecio o de ignorancia afectada. M谩s todav铆a cuando esas burlas son tenaces, generalizadas, sistem谩ticas, y continuas, como sucede con las que se convierten en h谩bitos culturales y cristalizan en costumbres y tradiciones sociales111. Ante ellas la protesta cristiana, digna y mansa, pero infatigable, firme y clarividente, es un deber indeclinable.

4.10.2. La burla como persecuci贸n

La burla, como dijimos antes112, sigue acompa帽ando hoy a la Iglesia como bienaventuranza dolorosa y como forma de persecuci贸n.

Pensamos en el manoseo irreverente del h谩bito religioso por parte de agencias de publicidad en sus avisos publicitarios; en la distorsi贸n de la imagen sacerdotal o de las religiosas en telenovelas que la manosean y ensucian, en shows o videoclips blasfemos que hacen de la profanaci贸n una industria y de la ofensa de la sensibilidad de los creyentes un negocio.

Af铆n a este mismo fen贸meno espiritual, por otro extremo que s贸lo en apariencia le es opuesto, est谩n las asociaciones negativas de los s铆mbolos, objetos y personas sagradas en espect谩culos del g茅nero de terror.

Esta industria no se detiene ni siquiera ante la profanaci贸n pornogr谩fica y perversa. Detr谩s de esa manipulaci贸n destructora del imaginario creyente, a la que nos hemos referido (ver 3.7.), est谩n la acedia y el odio: primero la tristeza y luego la bronca contra Dios, contra los creyentes y lo que ellos aman y consideran sagrado.

Como escal贸n previo al odio, la acedia prepara la persecuci贸n sangrienta. En efecto: la burla y el menosprecio, como descalificaci贸n social, son precursores de la sangre y son verdadera persecuci贸n.

Entre todas las formas de persecuci贸n, quiz谩s sea la burla la m谩s cobarde e innoble. Sin embargo, desde el Viernes Santo hasta el fin de los tiempos acompa帽a y rodea a la Cruz, al Crucificado y a su Iglesia: "peregrina entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios"113.

4.10.3. La Irrisi贸n se Opone a la Justicia

La justicia es dar a cada uno lo que le es debido. A cada uno se le debe un cierto grado o forma de respeto, honor y consideraci贸n, tanto en el trato interpersonal como en el social. El respeto y el honor debidos, son asunto de justicia.

En justicia, debemos los creyentes, la alabanza, la adoraci贸n y la glorificaci贸n al Dios creador y salvador. En justicia se debe a los progenitores el respeto y la honra. A todo ser humano se le debe el respeto que merece su condici贸n humana, independientemente de sus m茅ritos o dem茅ritos personales. Respeto merecen el padre por ser padre, la madre por ser madre. Y respeto merece la virtud, y a煤n simplemente las canas. Respeto se debe a las autoridades, y tambi茅n merecen el suyo los m谩s humildes y desamparados. Cada uno merece honor y respeto, aunque todos en diversa forma, pues a cada uno se le debe el propio.

A cualquiera de ellos que se les escamotee el honor y el respeto debidos, se le infiere injuria, es decir: se le hace injusticia. La irrisi贸n y toda otra manera de escamotear el debido honor y respeto, son pues actos contrarios a la justicia. Son pecados contra la justicia.

Se debe respeto al Pueblo de Dios. Por muchos motivos. El primero y principal, por ser obra de Dios mismo. Por eso, toda burla, ignorancia afectada o cualquier otra forma de discriminaci贸n que le escamotea el debido reconocimiento, es injusticia que se le hace. Tanto m谩s grave injuria cuanto mayor es el respeto que se le debe y el escarnio que se le infiere. Pero es tambi茅n injuria que se hace al mismo Se帽or ignorando y escarneciendo su obra.

Pero a煤n quien no crea y por lo tanto no reconozca el car谩cter divino de su dignidad, le debe por lo menos el mismo respeto que a cualquier otra convicci贸n religiosa. Y parecer铆a que es justamente con los cat贸licos con los que hay patente de libre corso para la irrisi贸n.

En este tiempo en que tanto se habla de los derechos humanos y de la justicia, parece olvidado el derecho al honor y al respeto, y parece perdida la conciencia moral en lo que toca al pecado de derisi贸n y contumelia114.

Pi茅nsese en el manoseo del h谩bito de la religiosa y de su imagen, entra帽able para los fieles creyentes, de virgen consagrada a Cristo, en telenovelas como "La extra帽a dama" o "Con pecado concebida", o en Videos como "Cambio de h谩bitos", imitado luego por la publicidad de un producto cosm茅tico. La empresa Benetton, por ejemplo, mostr贸 en inmensos affiches la imagen de un joven sacerdote de sotana negra bes谩ndose con una monja de h谩bito blanco. Y pod铆a verlas el Papa en alguna de sus visitas, desde el emplazamiento del altar. M谩s recientemente a煤n, la empresa Volkswagen ha abusado del cuadro de la Ultima Cena de Leonardo da Vinci para promocionar una marca de autor. Bajo la imagen, se le hace decir a Nuestro Se帽or: 'Amigos m铆os, regocij茅monos, pues ha nacido un nuevo Golf'. Felizmente, esta vez, el Episcopado de Francia ha reaccionado en defensa de la sensibilidad de los fieles. Los obispos desean que se abra de una vez por todas un debate p煤blico para establecer que no es adecuado el uso de temas religiosos con fines puramente comerciales y lucrativos. Los responsables de la agencia publicitaria DDB, Andr茅 Bouchard y Jean-Denis Pallain, admitieron que al idear la campa帽a eran conscientes de que los avisos pod铆an resultar chocantes para los creyentes, pero quisieron apelar igualmente al sentido del humor de la gente. El portavoz del Episcopado franc茅s replic贸 que con esta campa帽a, los responsables 'se apropian de un ppatrimonio simb贸lico que hace a la esencia m谩s 铆ntima de millones de creyentes. Es inadmisible, sostuvo, que la empresa lo haga 'no con un inter茅s art铆stico sino con fines puramente comerciales'115. Nosotros anhelamos que se reserven los s铆mbolos religiosos exclusivamente a sus fines espec铆ficamente religiosos y se los considere propiedad religiosa, es decir sagrada, de los creyentes.

4.10.4 El que a Vosotros Desprecia a M铆 me Desprecia

En el juicio final de las naciones paganas (Mateo 25, 31-46), se dice que 茅stas ser谩n juzgadas por su actitud misericorde o inmisericorde respecto de los "hermanitos m铆os m谩s peque帽os".

Se trata de los disc铆pulos de Jes煤s.

Ser铆a innecesario tener que decirlo y menos a煤n tener que argumentarlo y probarlo con textos, si la ex茅gesis racionalista y kantiana, no hubiera reinterpretado filantr贸picamente este texto, escamoteando as铆 su naturaleza cristoc茅ntrica y eclesiol贸gica; y si esta interpretaci贸n no se hubiese divulgado despu茅s 鈥� por desgracia 鈥� hasta hacerse predominante, y hasta ser recibida incluso entre los predicadores y hasta entre algunos exegetas y te贸logos cat贸licos.

Son numerosos los textos evang茅licos que ense帽an esta ley de solidaridad e identificaci贸n entre Jes煤s y los que creen en El. En ellos Jes煤s se refiere a sus disc铆pulos con el t铆tulo de "peque帽os". He aqu铆 algunos tomados del mismo Mateo:

"Quien a vosotros recibe a m铆 me recibe, y quien me recibe a m铆, recibe a Aqu茅l que me ha enviado...y todo aqu茅l que d茅 de beber tan s贸lo un vaso de agua fresca a uno de estos peque帽os por ser disc铆pulo, os aseguro que no perder谩 su recompensa" (Mateo 10,40.42).

"Yo os aseguro: si no cambi谩is y os hac茅is como los ni帽os, no entrar茅is en el Reino de los Cielos (...) quien se haga peque帽o como este ni帽o, 茅se es el mayor en el Reino de los Cielos (...) y el que reciba a un ni帽o como 茅ste en mi nombre, a m铆 me recibe. Pero el que escandalice a uno de estos peque帽os que creen en m铆 (...) guardaos de menospreciar a uno de estos peque帽os (...) no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos peque帽os" (Mateo 18, 3-6.10.14).

Esta ley de identificaci贸n nos ense帽a acerca del misterio de la acedia y de c贸mo, lo que se hace contra los amados de Dios, va dirigido contra Dios. "Las afrentas con que te afrentan caen sobre m铆" confesaba el salmista (Salmo 68,10). Los enemigos de Dios dicen del justo: "su sola presencia nos es insufrible" (Sabidur铆a 2,14).

La acedia tiene por objeto a Dios y a todo lo que tiene relaci贸n con El, los hombres con 茅l vinculados, su lenguaje, los signos, s铆mbolos y acciones simb贸licas que expresan esa relaci贸n.

Por el contrario, la Caridad honra a Dios en sus creaturas, especialmente en sus amigos: "Tus amigos son por m铆 muy honrados, Se帽or" (Salmo 138,17)

4.11.) Acedia Jur铆dica

La indiferencia por el bien ha invadido tambi茅n la 贸rbita jur铆dica de nuestra cultura. El derecho es celoso en amparar los bienes econ贸micos como si fueran sagrados. Pero no toma en cuenta para ampararlos, los bienes sagrados. Parece que en estos asuntos el derecho se lava las manos como Pilatos.

Los hombres, pero particularmente los cat贸licos, est谩n hoy desamparados jur铆dicamente ante el abuso de sus s铆mbolos sagrados, los cuales pueden ser escarnecidos, burlados, profanados p煤blicamente con total impunidad. Pueden usarse en publicidad o en la industria del espect谩culo como si fueran cosas del dominio p煤blico.

El orden legal vigente ampara la propiedad intelectual y las marcas comerciales. No hace mucho, la Compa帽铆a Walt Disney demand贸 a los organizadores del Oscar porque usaron la figura de Blanca Nieves sin su autorizaci贸n. El personaje creado por Walt Disney es propiedad de la Compa帽铆a y su uso le pertenece. Es un derecho en el que lo protege la ley.

Pues bien, Blanca Nieves goza de mayor protecci贸n legal que un Crucifijo o que las personas mismas de Cristo y de Mar铆a116. Las im谩genes sagradas de los cat贸licos no est谩n protegidas, no ya contra su uso, sino contra cualquier abuso. Se puede abusar de ellas para todos los fines imaginables y los cat贸licos no tienen ninguna forma de oponerse y reclamar por caminos legales.

Se puede abusar del nombre de la Virgen como nombre de artista de una Vedette porno. Se puede hacer propaganda de un fiambre, presentando risible y burlescamente el sacramento y al ministro de la penitencia. Se puede presentar una marca de reloj con una parodia de la resurrecci贸n. Se puede presentar un cosm茅tico usurpando el h谩bito de las religiosas. La figura misma del sacerdote y de la religiosa son llevadas y tra铆das, manoseando esas im谩genes en telenovelas irreverentes. Con los nombres de nuestros dogmas de fe y los art铆culos del Credo se hace lo mismo117. Habitualmente los s铆mbolos sagrados cat贸licos se asocian con im谩genes terror铆ficas en el g茅nero de terror.

No hay amparo legal para este grupo humano cuyas im谩genes son as铆 manipuladas y destru铆das por la m谩s moderna y sofisticada ingenier铆a de la imagen, puesta al servicio de la acedia. No hay amparo legal para los sentimientos de los fieles as铆 agredidos en su imaginario creyente. Y no estamos hablando de pa铆ses musulmanes sino de pa铆ses como Italia, Espa帽a y Argentina, donde hay mayor铆as cat贸licas ultrajadas por minor铆as desp贸ticas.

El Envilecimiento de la Conciencia

Esta impunidad para el manoseo y para el insulto, trae como consecuencia lamentable, el acostumbramiento de un pueblo entero a ser objeto de persecuci贸n burlesca. La irreverencia cr贸nica, el no ser respetado perpetuamente, el no ser considerado ni tenido en cuenta, introyectado y convertido en h谩bito, acaba embotando el sentido del propio respeto y dignidad. El pueblo termina por considerarse en verdad inferior y rid铆culo, en verdad indigno y nulo.

En esa situaci贸n, que es la actual, hay muchos fieles que, habituados al escarnio, habiendo perdido adem谩s el sentido de la sacralidad de sus s铆mbolos y de la reverencia que ellos y los dem谩s les deben, v铆ctimas de estas acciones psicopol铆ticas, han perdido tambi茅n la autoestima. Ya no son capaces de estremecerse con las profanaciones. Peor a煤n, llegan a celebrar, tambi茅n ellos, los inventos blasfemos del corro de los burlones; festejan las humoradas que se hacen a su propia costa; a costa del pueblo santo y de su Dios.

Esa p茅rdida de la autoestima y del sentido de la propia dignidad, es ya una forma de la p茅rdida de la fe, del debilitamiento de su sentido de pertenencia eclesial. Es insensibilidad para un mal, y por lo tanto, como toda forma de apercepci贸n del bien, como toda forma de dispercepci贸n, tiene algo de acedia y es incoaci贸n de la apostas铆a.

En efecto: algunos creyentes, imaginando que as铆 lograr谩n evitar las burlas de la acedia, toman distancia de la Iglesia y se suman al coro del mundo hostil. Asumen la autodenigraci贸n como forma de elegancia, de distinci贸n; como sello o blas贸n de libertad de esp铆ritu.

La lucha por el reconocimiento de los derechos de Dios es irrenunciable. Y tambi茅n lo es la lucha por el reconocimiento de los derechos de la conciencia creyente a la propiedad de sus s铆mbolos, de sus signos, de sus cantos y melod铆as118, de sus im谩genes sagradas, de su mundo imaginario. Y consiguientemente a la protecci贸n legal de esos bienes contra los abusos de la industria de la persecuci贸n.

Los s铆mbolos religiosos cristianos pertenecen al pueblo de Dios, a la Iglesia, porque los ha producido. Y el pueblo creyente tiene derecho a ser amparado en el respeto a su propiedad espiritual, que es de orden muy superior a la intelectual y a la econ贸mica.

El orden jur铆dico y legal vigente desconoce el derecho del creyente a ser respetado en esa esfera religiosa. Es esta una laguna lamentable 鈥� por otra parte m谩s artificial que natural 鈥� de la actual situaci贸n jur铆dica, que lo deja inerme ante las mencionadas formas de agresi贸n. A esta situaci贸n de desamparo que acabamos de describir, y que es otra faceta m谩s de la cultura y de la civilizaci贸n de la acedia, creo que puede llam谩rsela con justicia: acedia jur铆dica.

4.12.) Adiestramiento para la Acedia

En nuestros tiempos muchos creyentes han tenido poderosos motivos para lamentar serlo. Los poderes de este mundo no le han hecho f谩cil la vida.

El comunismo sovi茅tico emple贸 el conductismo de Pavlof para cambiar el modo de pensar y la conducta de los creyentes, e invertir su apreciaci贸n del bien y el mal.

En los procesos que en los reg铆menes comunistas llevaban a cabo los tribunales del pueblo, se procuraba arrancar la autoacusaci贸n mediante halagos o amenazas. En cuanto apuntaban a arrancar la confesi贸n de que hab铆a sido malo todo cuanto el creyente antes reputara bueno, estos procesos procuraban inducir la acedia y provocar la apostas铆a. El solo hecho de estar en la mira del aparato polic铆aco comunista y de sus crueles m茅todos disuasorios, eran motivos suficientes para que m谩s de un creyente estuviera tentado de lamentarse de su fe.

Con el fin de lograr el "arrepentimiento" (una verdadera y propia re-conversi贸n o apostas铆a), se aplicaron los lavados de cerebro, basados en los reflejos condicionados, como modificadores de la conducta. Dicho prontamente, se castigaba al creyente hasta disuadirlo, o se lo mandaba a morir al Archipi茅lago Gulag, como lo bautiz贸 A. Soljenitsin. Se re-adiestraba al creyente, para recuperarlo y convertirlo en un buen ciudadano sovi茅tico.

No a todos era necesario enviarlos a prisi贸n. Porque no todos eran pertinaces y recalcitrantes. Los procesos del tribunal del pueblo eran p煤blicos porque ten铆an una finalidad de disuasi贸n colectiva. Eran una amenaza para todo buen entendedor. No importa qu茅 lejos estuviese el creyente medroso, as铆 estuviese m谩s all谩 de los mares, igualmente se lo intimidaba. Los procesos, locales, ten铆an efectos mundiales. Como sucediera otrora con la guillotina, hasta donde llegaba la noticia se expand铆a el terror.

Los est铆mulos condicionantes empleados por la ciencia del lavado de cerebros, se fueron sofisticando y se hicieron m谩s universales y de amplio espectro. Se comenz贸 a usar est铆mulos menos violentos que los procesos y las prisiones.

La aprobaci贸n o la desaprobaci贸n, el halago cultural o editorial para el escritor que empleaba el discurso conveniente, o el silenciamiento. Se premiaba la autocr铆tica "espont谩nea" de los cat贸licos, hasta que se fue convirtiendo en moda aplaudida y premiada, prestigiante, el decir todo mal de s铆 mismos.

Grandes editoriales, semanarios, peri贸dicos, libros, sirvieron a la finalidad de un gigantesco operativo de brain-washing, para modificar la opini贸n p煤blica cat贸lica, e imponer a los cat贸licos una conciencia culpable; para lograr la confesi贸n y autoacusaci贸n en gran escala; para que deploraran lo que hab铆an sido y declararan que su pasado hab铆a sido global y radicalmente malo; para que rompieran con ese pasado, lo cual equival铆a a romper con la obra de Dios en dos mil a帽os de Iglesia.

Se induc铆a as铆 una declaraci贸n de acedia y menosprecio no ya individual y privada, sino que afectaba la conciencia colectiva de la Iglesia119 suceda los que est谩n empe帽ados en acusarla, y al acecho de sus confesiones para usarlas en su contra. Esas torcidas espectativas y esas manipulaciones, no crean precisamente las condiciones de libertad y dignidad que exige la confesi贸n. Condiciones y espacios que s铆 se aseguran, dentro de la Iglesia, a los arrepentidos, de cuya confesi贸n de culpa 茅sta no saca ninguna ventaja, de ninguna 铆ndole..

En otros tiempos, relativamente m谩s felices, ocurr铆a que alg煤n que otro creyente envidiara, m谩s o menos ocultamente, la suerte de los infieles, porque 鈥� por ejemplo 鈥� no ten铆an que guardar los mandamientos y dem谩s obligaciones de la vida cristiana. Claro acto de acedia, o sea de tristeza por el bien propio; y, en este caso, por el bien de ese camino de sabidur铆a que son las Diez Palabras. Pero en comparaci贸n con eso, la calamidad que descarg贸 en este siglo sobre los cat贸licos, los presion贸 a maldecir de s铆 mismos y los acus贸 de grav铆simos cargos, como enemigos de la Humanidad y del bien com煤n, s贸lo parece comparable a la acusaci贸n neroniana. Aunque por lo masivo y artero de sus m茅todos, quiz谩s no tenga igual en el pasado.

Tatiana Goricheva experiment贸 en carne propia lo que puso por t铆tulo a uno de sus libros "Hablar de Dios resulta peligroso". Bien pudo decir, sencillamente, que era peligroso el mero hecho de creer en Dios120.

La peligrosidad de la condici贸n creyente, no la disimul贸 Jes煤s a sus disc铆pulos, y ha de ser siempre parte esencial de la instrucci贸n catequ铆stica. De lo contrario, la persecuci贸n, tomando impreparados, desprevenidos e ignorantes a los fieles, los precipita m谩s f谩cilmente en el esc谩ndalo de verse rechazados de una manera inexplicable; rechazo cuya significaci贸n espiritual 鈥� faltos de la debida instrucci贸n 鈥� no pueden comprender. Por los caminos de ese esc谩ndalo de la cruz, dan, sin capacidad de resistencia, en una f谩cil apostas铆a. Tanto m谩s f谩cil, cuanto que no se los ha instru铆do tampoco sobre la gravedad de este pecado contra la fe121. Quiz谩s la generalizaci贸n de la apostas铆a que presenciamos en nuestros d铆as122 Es a esos fen贸menos, a los que tradicionalmente se los denomin贸, en el lenguaje de la fe, con el nombre de apostas铆a. Y en ese sentido tradicional usamos la palabra, conscientes de que existe alrededor de ella, como de otras tantas del vocabulario creyente, un tab煤 que inhibe de utilizarla. , se deba a esas lagunas en nuestros programas de instrucci贸n catequ铆stica. Toda catequesis deber铆a recalcar e insistir en que seguir a Cristo es algo peligroso: "隆Ten cuidado de no empezar en seguida lo que has o铆do, a no ser que verdaderamente tu seriedad estribe en querer de veras negarte a ti mismo!"123.

Si advertir estas cosas no es tan necesario en reg铆menes totalitarios anticristianos, donde al catec煤meno le resulta obvio y archiconocido, lo es ciertamente en las enga帽osas situaciones del mundo occidental, al que todav铆a, de vez en cuando, aunque hoy con menos frecuencia que en otros tiempos, le da por llamarse cristiano.

Versi贸n Occidental

En la prosecuci贸n de los mismos fines, aunque con medios m谩s refinados, la impiedad occidental, no le fue en zaga a la oriental, la cual no era, al fin y al cabo, sino una hija suya de car谩cter m谩s cruento.

A este prop贸sito, hablando en Harvard, A. Soljenitsin describ铆a en estos t茅rminos la artera versi贸n occidental de la censura sovi茅tica:

"El Occidente, que no posee censura, opera sin embargo una selecci贸n puntillosa al separar las ideas de moda de las que no lo son: y a煤n cuando estas 煤ltimas no se apagan por la fuerza de una prohibici贸n, no pueden expresarse verdaderamente ni en la prensa peri贸dica, ni en el libro, ni por la ense帽anza universitaria. El esp铆ritu de vuestros investigadores es libre jur铆dicamente, pero est谩 investido por todas partes por la moda"

Este r茅gimen de censura por silenciamiento y publicidad dirigida, promueve desde afuera pero en forma que se hace sentir tambi茅n 鈥� 隆y c贸mo! 鈥� dentro de la Iglesia, mediante los medios e instituciones culturales de los que se vale el stablishment, la versi贸n occidental de la autoacusaci贸n cat贸lica.

As铆 se puso de moda, predominantemente entre los cuadros intelectualizados del catolicismo, la autocr铆tica a ultranza, autodenigradora y autodemoledora. La meta de esta autocr铆tica es selectiva. No se trata, como en el mundo comunista, de liquidar, sino de reorientar, "purificando" a la Iglesia de lo que se considera "incompatible con el mundo de hoy"; o en lenguaje bultmanniano "incompatible con la moderna Weltanschauung".

Pero en el fondo se trata de lo mismo. En ambos mundos, cada uno con sus m茅todos propios, lo que se busca es la "reeducaci贸n", o sea una cierta domesticaci贸n de la Iglesia. Se trata s贸lo de versiones diferentes de un mismo sue帽o. La versi贸n occidental del sue帽o marxista que aspira a las Iglesias cat贸licas nacionales, domesticadas por el C茅sar, es una Iglesia "del mundo", d贸cil a los poderes pol铆ticos mundiales.

La nueva actitud, complaciente con el C茅sar y dura con el Papa, se ha extendido dentro de la Iglesia. He aqu铆 c贸mo la ha descrito el Cardenal Ratzinger:

"A este autoan谩lisis flagelador, practicado por muchos contra la propia Iglesia cat贸lica, se un铆a una disposici贸n poco menos que angustiosa a aceptar con absoluta seriedad todo el arsenal de las acusaciones contra la Iglesia, sin excluir una sola. Y esto significaba, al mismo tiempo, un cuidadoso esfuerzo por no volver a incurrir en nuevas culpas ante los otros, por aprender de ellos, y hasta donde ello fuere posible, por no buscar ni ver en ellos sino los aspectos positivos. Esta radicalizaci贸n de la fundamental exigencia b铆blica de la conversi贸n y del amor al pr贸jimo, desemboc贸 en la inseguridad de la propia identidad, que se estaba cuestionando por doquier, pero sobre todo, en la profunda ruptura respecto de la propia historia, cuyas p谩ginas se antojaban totalmente salpicadas de suciedad, de suerte que se hac铆a de todo punto impresincible un comienzo radicalmente nuevo"

Las palabras del Card. Ratzinger, describen una actitud de acedia: una disposici贸n a dar por malos, indiscriminadamente, todos los bienes propios, y a declarar bueno todo lo ajeno.

Falsa e indiscreta humildad. Si bien la consideraci贸n de los propios defectos ayuda para evitar el engreimiento y dispone a la humildad, el despreciar los dones de Dios que uno posee, el ignorarlos o negarlos, el avergonzarse de ellos ante los hombres como si fuesen males, el ocultarlos por evitar ser motejados de arrogantes...todo eso no es humildad, sino falsa humildad, ingratitud y acedia124.

A tan deplorable situaci贸n llegan algunos creyentes por no tener bien claro que 鈥� como ya lo preven铆a Jes煤s mismo 鈥� "no se puede servir a dos se帽ores". No es posible tener contentos a Dios y al Mundo.

Al cristiano que vive en el mundo occidental hay que desenga帽arlo con palabras como las de Kierkegaard: "Cuando en este mundo un hombre se decida a cumplir, aunque fuera del modo m谩s modesto, el deber de permanecer en deuda de mutua caridad, tendr谩 que enfrentarse irremediablemente con la dificultad definitiva y entrar en combate con la oposici贸n mundana (...) 隆Ah, el mundo piensa muy poco o nada en Dios! A esto se debe el que no pueda por menos de interpretar al rev茅s toda forma de vida cuyo pensamiento m谩s esencial y constante sea cabalmente el pensamiento de Dios"125. Leo Moulin, un ateo y agn贸stico, insospechable de parcialidad procat贸lica, dice en este mismo sentido, con la autoridad que le da su condici贸n de catedr谩tico de historia: "Haced caso a este viejo incr茅dulo que sabe lo que dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los cat贸licos, una mala conciencia, infundi茅ndoles la inquietud, cuando no la verg眉enza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros d铆as, han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos o casi todos los males del mundo. Os han paralizado en la autocr铆tica masoquista para neutralizar la cr铆tica de lo que ha ocupado vuestro lugar.

"Feministas, homosexuales, tercermundialistas y tercermundistas, pacifistas, representantes de todas las minor铆as, contestatarios y descontentos de cualquier ralea, cient铆ficos, humanistas, fil贸sofos, ecologistas, defensores de los animales, moralistas laicos: Hab茅is permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas, sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento hist贸rico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, hab茅is acabado por creerlo, hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo (agn贸stico, pero tambi茅n un historiador que trata de ser objetivo) os digo que deb茅is reaccionar en nombre de la verdad. De hecho, a menudo es cierto. Pero si en alg煤n caso lo es, tambi茅n es cierto que, tras un balance de veinte siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas. Luego, 驴por qu茅 no ped铆s cuentas a quienes os las piden a vosotros? 驴Acaso han sido mejores los resultados de los que han venido despu茅s? 驴Desde qu茅 p煤lpitos escuch谩is contritos ciertos sermones?"126.

Se ha de observar, por fin, que dado que en el ensa帽amiento autoflagelador y en la autoacusaci贸n sistem谩tica ante los tribunales del mundo, hay una conducta de acedia, negadora del bien divino y de sus bienes derivados, el concepto de acedia es fundamental para encarar la cura pastoral de estas conductas compulsivas de autodenigraci贸n. Y debido a que son inducidas mediante manipulaciones y est铆mulos propagand铆sticos ocultos 鈥� se los ha llamado Hidden Persuaders: Persuasores Ocultos 鈥� de los cuales las v铆ctimas no son del todo conscientes, se ha de ser cautos en pronunciarse precipitadamente sobre el grado de reponsabilidad moral de los que han sido sometidos a tales lavados de cerebro culturales. Pero no se debe subvalorar el da帽o objetivo que infieren y se infieren.

4.13.) Las "Broncas" en la Iglesia

El tema de las compulsiones autoflageladoras, inducidas desde afuera de la Iglesia por los poderes de este mundo, nos lleva como de la mano a ciertas formas de acedia intraeclesiales.

Se hace dif铆cil elencar exhaustivamente la variedad de formas en que existe la acedia de unos fieles contra otros fieles; es decir entre fieles, dentro mismo de la Iglesia.

El mal es tan antiguo como la Iglesia misma. Pero no se lo reconoce ni se lo diagnostica, en nuestros d铆as, con la misma sagaz clarividencia pastoral de un Clemente romano :

"Di贸seos toda gloria y dilataci贸n y vino a cumplirse lo que est谩 escrito: 'Comi贸 y bebi贸 y se dilat贸 y engord贸 y recalcitr贸 el amado' (Deuteronomio 32,15). De ah铆 nacieron emulaciones y envidia, contienda y partidos, persecuci贸n y desorden, guerra y cautividad. As铆 se levantaron los "sin honor contra los honrados", los sin gloria contra los gloriosos, los insensatos contra los sensatos, los j贸venes contra los ancianos. La justicia y la paz huyeron lejos de vosotros, por haber abandonado cada uno el temor de Dios y dejar que se debilitaran los ojos de la fe en El. Ya no camin谩bais seg煤n las ordenaciones de sus mandamientos ni llev谩bais una conducta conforme a Cristo, sino que cada cual se extravi贸 por las sendas de las pasiones de su coraz贸n malvado, habiendo concebido dentro de vosotros una acedia injusta e imp铆a"127.

Tampoco hoy, es oro todo lo que reluce, en lo que alguno, desprevenidamente, pudiera tomar como correcci贸n fraterna, o como "cr铆tica que viene del amor", o alg煤n otro, dolosamente, pretendiera hacer pasar por tales. A煤n en los casos en que los fieles se se帽alan, unos a otros, defectos reales e indiscutibles, hay a menudo, de contrabando, una secreta alegr铆a de tener algo qu茅 se帽alar, o una intenci贸n descalificadora en el hecho de buscarlos y se帽alarlos.

Otras veces, en el corregir al otro, hay un t谩cito alegato en pro de la propia justicia. Consciente o inconscientemente se descalifica al otro para calificarse a s铆 mismo. Ya sea ante los propios ojos, ya sea, con mayor frecuencia, ante la mirada del mundo, al que se mira de reojo, esperando su aprobaci贸n.

El modo de corregir de San Clemente no es 茅ste. En su sabidur铆a y caridad pastoral, San Clemente no se coloca a s铆 mismo fuera de los males que corrige. Por eso es digno de ser tomado como maestro en su modo de corregir: "Todo esto, car铆simos, os lo escribimos no s贸lo para amonestaros a vosotros, sino tambi茅n para record谩rnoslo a nosotros mismos, pues hemos bajado a la arena y tenemos delante el mismo combate"128.

驴D贸nde est谩n hoy 鈥� en cambio 鈥� los elogios al ser creyente? 驴D贸nde los elogios al pueblo cat贸lico? La misma palabra cat贸lico va en camino de convertirse en nombre que averg眉enza.

Se enciende f谩cilmente dentro, azuzado alegremente desde afuera, con la misma le帽a de la autoflagelaci贸n, un "todo contra todos" intraeclesial. La autoacusaci贸n no es acusaci贸n de s铆 mismo, sino de los dem谩s cat贸licos. La declaraci贸n de las culpas "propias" es en realidad a veces acusaci贸n de culpas ajenas. Se hace examen repartiendo culpas y golpeando pechos ajenos. Se "eval煤a", pero a los dem谩s: los fieles a sus sacerdotes, los sacerdotes a sus fieles, el obispo a todos y todos al obispo. Los reproches suben y bajan y se entrecruzan en todas direcciones, sin respetar ni al Papa. La acusaci贸n, la irritaci贸n, la burla, la verg眉enza, la malquerencia, la descalificaci贸n. Y, si es posible, todo ventilado en p煤blico y agitado golosamente por la Prensa y los Medios.

Lo que dec铆a ya San Pablo a sus G谩latas sigue teniendo hoy particular vigencia: "Si os mord茅is y os devor谩is mutuamente, 隆mirad no vay谩is mutuamente a destruiros!" (G谩latas 5,15). Cuando se deja de mirar el bien que Dios obra y de gozarse en 茅l, la acedia abre la puerta a la autocontemplaci贸n, a la necesidad de autojustificarse por las propias obras, a la discusi贸n por el bien a realizar, o por el bien no realizado129.

El Partido del Mundo

La persecuci贸n que viene desde fuera de la Iglesia, siempre agrav贸 las divisiones intraeclesiales. As铆 lo ense帽a la experiencia hist贸rica bimilenaria de la Iglesia. La persecuci贸n, no s贸lo produjo m谩rtires, tambi茅n produjo ap贸statas. No s贸lo produjo solidaridad y consolidaci贸n de la comuni贸n, tambi茅n produjo desentendimientos, divisiones y partidos. No s贸lo fue ocasi贸n de que brillara la caridad de unos, fue tambi茅n causa del enfriamiento de la caridad de otros. No s贸lo aliment贸 fidelidades, tambi茅n indujo a traiciones.

Pablo, en sus Cartas Pastorales, escritas cuando ya se hab铆a desatado la persecuci贸n por parte del Imperio romano, advierte contra: "La enfermedad de las disputas y contiendas de palabras, de donde proceden las envidias, discordias, maledicencias, sospechas malignas, discusiones sin fin" (1 Timoteo 6,4-5) "Discusiones necias y est煤pidas que engendran altercados" (2 Timoteo 2,23; ver Tito 3,9-11). Por lo visto, la persecuci贸n no suscitaba en todos la solidaridad y la cohesi贸n, sino todo lo contrario en muchos.

Las discusiones producen, pues, seg煤n lo muestra tanto la historia como la experiencia, divisi贸n y partidos. Y como consecuencia de la fragmentaci贸n de la comunidad, se disgrega la asamblea. La Carta a los Hebreos atestigua el abandono de la asamblea (Hebreos 10,25), en un contexto de persecuci贸n, apostas铆as y divisiones130. Y la experiencia contempor谩nea del catolicismo, en pa铆ses comunistas como Polonia o China, ilustra y confirma, con ejemplos de historia reciente, las ense帽anzas de la historia antigua.

La deserci贸n de las asambleas lit煤rgicas es otro s铆ntoma del mismo mal. Y puede iluminarnos para comprender mejor las causas del ausentismo dominical: el enfriamiento de la caridad; la p茅rdida del gozo de estar juntos. Es que en tiempos de persecuci贸n parece prudente tomar distancia de los perseguidos.

A nadie le gusta la hostilidad del mundo ni la persecuci贸n. La irritaci贸n del mundo contra los fieles termina causando irritaci贸n entre los fieles. Algunos, queriendo evitarla, piensan equivocadamente que podr谩n bienquistarse al mundo d谩ndole raz贸n y cediendo a los pretextos de los cr铆ticos y de los perseguidores. Surge as铆 un "partido del mundo", que aspira a la asimilaci贸n, y a trav茅s del cual la persecuci贸n se introyecta en la comunidad misma, con formas intraeclesiales de mundanidad mental, con diversidad de criterios y con cr铆ticas a los dem谩s. Cr铆ticas que defienden puntos de vista mundanos con razones cristianas. Por eso, esta tentaci贸n del mundo internalizado, y defendido con etiquetas y argumentaciones "cristianas", es singularmente p茅rfida y enga帽osa.

Almas bienintencionadas, al ver que el mundo se escandaliza de la fe y de la vida creyente, sue帽an con quitar el esc谩ndalo. Y se irritan contra lo que les parece rigidez en los que se apegan a sus fidelidades, como causantes de la persecuci贸n. Sin embargo el esc谩ndalo es inherente a la situaci贸n del cristiano en el mundo131.

Romano Guardini ha captado y descrito, como vimos antes, en su libro El Ocaso de la Edad Moderna, el mecanismo mundano 鈥� pero internalizado por el "catolicismo cr铆tico" 鈥� de oponerse al catolicismo en nombre de alguno de los propios valores cristianos. Jugar el cristianismo contra el catolicismo, contra la Iglesia. Oponer la parte al todo. La raz贸n a la realidad. Mecanismo descalificador que nos hace recordar al que impugnaba la misericordia en nombre de la misericordia.

En este contexto surgen las discusiones nocivas a que alude San Pablo y de las que tenemos huellas en la restante literatura cristiana primitiva. Qu茅 hacer, hasta d贸nde ceder, si readmitir o no a los lapsi (los que hab铆an apostatado en la prueba), bajo qu茅 condiciones. El tratado de San Cipriano sobre la Persecuci贸n es un ejemplo de esta situaci贸n de perplejidad eclesial, en el que la persecuci贸n proyecta sombras de irritaci贸n dentro de la Iglesia y acusaciones mutuas de rigorismo o laxismo.

4.14.) Permanecer en el Amor Fraterno

Verg眉enza por el Propio Pueblo

Las persecuciones del mundo, las burlas y menosprecios, consiguen que algunos creyentes se averg眉encen del pueblo cat贸lico al que pertenecen. Se enfr铆a as铆 el gozo que la caridad encuentra en los hermanos por la misma fe 鈥� alegr铆a que canta el salmista: "Ved qu茅 paz y qu茅 alegr铆a convivir los hermanos unidos" (Salmo 132,1) 鈥� y sobreviene la acedia.

Es algo feo, como avergonzarse de los propios padres. Suele suceder que la fe que se recibi贸 en un ambiente humilde, o de personas muy humildes, ya no prestigia m谩s al promovido intelectual, social y econ贸micamente.

Desde la altura a la que lo catapulta su nueva autoestima mundana, se averg眉enza y reniega de los pobres de Yahv茅 de los que recibi贸 la fe, as铆 como tambi茅n de esa misma fe, que 茅l identifica con su abyecci贸n. Se averg眉enza de la t铆a Mar铆a que le ense帽贸 a persignarse, le explic贸 el crucifijo y le anunci贸, cuando era ni帽o, las creencias que ahora esconde en el desv谩n.

Dado que esos humildes son fieles 鈥� y son capaces de permanecer fieles precisamente porque son humildes 鈥� son conservadores. Fastidiosamente conservadores. Se empe帽an, aferrados a sus fidelidades, en conservar cosas que resultan anticuadas e irritantes a los ojos del mundo del progreso. Cosas que los promovidos piensan que hay que olvidar.

Tratan pues, a veces, de aggiornar, reeducar y promover a los fieles humildes. O, en el mejor de los casos, los explican y justifican como una variante popular de lo cat贸lico: catolicismo o religiosidad popular.

R铆os de tinta "culta" han corrido para tratar de hacer potable y permitir tragar la oblea de lo que se dio en llamar con esos nombres para defenderlo de quienes simple y llanamente quer铆an liquidar el fen贸meno. En ese sentido hay que reconocer m茅rito notorio a los que defendieron desde la teolog铆a pastoral, al pueblo creyente de los santuarios, el agua bendita, las velas, las im谩genes y los sacramentales. Porque donde no existi贸 esa defensa o bien fue d茅bil, la acedia secularista arras贸 sin piedad con todo o casi todo.

En realidad, lo que se ha dado en llamar religiosidad popular o catolicismo popular, no es una forma inferior de catolicismo, sino que es el catolicismo verdadero, tal como lo ha conservado y lo vive el pueblo de Dios que es la Iglesia. Y, por el contrario: lo que s铆 es una subespecie degradada, o una forma algo sincr茅tica de catolicismo, es esa que podr铆a llamarse religiosidad intelectual.

Es esa una forma de catolicismo que, si se analiza atentamente, reedita hoy fen贸menos te帽idos de gnosticismo, manique铆smo, racionalismo, jansenismo y otros prejuicios anticat贸licos, de origen protestante e ilustrado. Una forma de catolicismo en la que se han desdibujado, dilu铆do y perdido, rasgos espec铆ficamente cat贸licos, que s铆 se conservan precisamente entre el humilde pueblo fiel.

El catolicismo intelectualizado es de tendencia iconoclasta, racionalista, enemigo de signos, s铆mbolos y sacramentales, puritano y enemigo del gozo popular. Tiene tintes maniqueos, por su menosprecio de lo sensible, lo corp贸reo y lo material, cuando se trata de fe; ya que fuera del 谩mbito religioso no opone mayores objeciones contra cuerpo, sentidos, dinero y materia.

Abundan en su actitud, en su pensamiento y expresiones, lo que San Ignacio de Loyola llamar铆a "razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias", con las que hielan, en el coraz贸n del pueblo fiel, la alegr铆a y el gozo que viene de Dios.

Creo que lo que sigue ayudar谩 a comprender hasta qu茅 punto se equivocan en su mirada sobre el pueblo creyente.

驴Pueblo Supersticioso o Pueblo Sacerdotal?

El pueblo fiel acude a sus santuarios a pedir bautismo para sus hijos tanto como trabajo, pan, salud, ayuda en situaciones econ贸micas y afectivas, laborales y familiares. Todo, en fin, lo que toca a sus vidas humanas. Viven todo esto religiosamente y creyentemente. Ellos no han tenido que esperar ni al Concilio Vaticano II, ni a la Christifideles Laici, para hacer lo que Dios les manda y la Iglesia les ense帽a: "consagrar las realidades temporales". En eso de tomar amorosa, religiosa y obedientemente la tierra, el trabajo, la mujer y los hijos, son como Abraham.

Sin embargo 驴qui茅n no ha escuchado la acusaci贸n de que la suya es una religiosidad interesada, materialista, comercial, m谩gica, mezclada de supersticiones e impurezas? Y curiosamente, en boca de quienes, por otro lado reclaman la promoci贸n del laicado y reivindican para 茅l la vocaci贸n de consagrar las realidades temporales. Quiz谩s este doble discurso se explique porque, desconformes con el laicado que hay, aspiran a otro que se sue帽an a su imagen y semejanza.

Concediendo que haya impurezas en esta religiosidad de los pobres, no ser谩n ciertamente de origen filos贸fico, ni ilustrado, ni 鈥攎enos que menos 鈥� maniqueas.

Por el contrario, en los altivos y despectivos reproches que se les hacen, s铆 que hay regustos de herej铆as: maniqueo-c谩tara (="la materia es mala"); o luterana (="la naturaleza humana est谩 totalmente corrompida"); o de un espiritualismo desencarnado, muy del gusto de la aristrocracia jansenista (="pureza de 谩ngeles y soberbia de demonios"). En fin, sabores todo menos que cat贸licos.

En el air贸n altivo y la raz贸n aparente, en el dedo acusador contra la plebs sancta, se traiciona un mismo aire de familia con Aqu茅l que "acusa a nuestros hermanos delante de Dios d铆a y noche" (Apocalipsis 12,10). El mismo aire familiar que tiene la antes citada especie de los que fustigan a "esos que van a Misa", como si cualquiera fuera mejor que ellos por el solo hecho de no ir. El mismo aire de los que se tienen o se dan a s铆 mismos por la aristocracia moral autojustificada, y se apartan, para no mancharse, de una comuni贸n con gentes condenables y de nefasta reputaci贸n.

Estos cr铆ticos practican, sin advertirlo, una curiosa forma de autoexcomuni贸n por motivos de virtud. Son ellos mismos quienes se apartan de la comuni贸n y pertenencia: "Salieron de entre nosotros porque no eran de los nuestros, si hubieran sido de los nuestros habr铆an permanecido entre nosotros" (1 Juan 2,19). "Pues este es el mensaje que hab茅is o铆do desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Ca铆n que, siendo del Maligno, mat贸 a su hermano...todo el que aborrece a su hermano es un asesino" (1 Juan 3,11-12.15)

Prohibid铆simo pues, enajenar acediosamente el coraz贸n contra la plebs sancta y aborrecer a los hermanos en la fe. Pues de ellos habla Juan.

Despu茅s han venido los interesados en sacar patente de corso contra los hermanos en la fe, y han embrollado la palabra "hermano" entendi茅ndola 鈥� como hemos visto 鈥� en brumoso sentido filantr贸pico. Pero en esto: "apartan sus o铆dos de la verdad" (2 Timoteo 4,4).

"Con Aspecto de Piedad, Niegan su Eficacia"

En la historia de la Iglesia, los que menospreciaron a los fieles "del com煤n", en nombre de una fe mejor y m谩s ilustrada, se llamaron a s铆 mismos gn贸sticos. Dir铆amos hoy: ilustrados, instruidos, poseedores del conocimiento y la ciencia de Dios.

San Pablo arroja sobre ellos acusaciones graves, afirmando que se mueven por motivos de codicia, que son fautores de desastres en muchas familias, y que van halagando las pasiones de mujerzuelas. Cualidades nada recomendables para reconocerles liderazgo ni magisterio moral o religioso. Pablo pone en guardia a Timoteo contra ellos diciendo: "siendo m谩s amantes de los placeres que de Dios, tendr谩n la apariencia de la piedad, pero desmentir谩n su eficacia" (2 Timoteo 3,5).

He aqu铆, en dos pinceladas, un retrato espiritual que es una radiograf铆a. Estos hombres no aman el gozo de la caridad, el gozo de Dios: son m谩s amantes de los placeres que de Dios. Su piedad, por lo tanto, es fachada. Es s贸lo apariencia hip贸crita, que conviene a sus fines terrenos. Pero de hecho se oponen a los efectos de la verdadera piedad, los descalifican, los desdicen y hacen con ellos todo lo que la acedia les dicta. Porque son, como lo muestra la radiograf铆a paulina, acediosos disfrazados de devoci贸n, capaces de sorprender la buena fe de Timoteo.

La pintura corresponde a los gn贸sticos. Gente a quienes sus conocimientos 鈥� reales o fingidos 鈥� y su labia en temas religiosos, les da apariencia de devoci贸n y de entendidos en las cosas de Dios. Pero ellos llevan el agua espiritual a su molino. El perfil espiritual del gn贸stico es el del "mago" Sim贸n, personaje arquet铆pico que dio nombre al pecado de simon铆a (Hechos 8,9-24). Ellos buscan sus intereses y no los de Cristo (Filipenses 2,21). Anan铆as y Safira, a su manera, inauguran un abuso del mismo estilo, queriendo traer a Dios a sus fines (Hechos 5,1-11). Y esta actitud espiritual es la misma que Jes煤s reprobaba en los escribas, quienes recababan honores y ganancia de su saber religioso (Marcos 12,38-40).

Los gn贸sticos se gloriaban de su ciencia. Pero la suya era una ciencia sin caridad, conocimiento sin amor. En su ejemplo brilla el mecanismo de la acedia: menosprecian a los simples fieles, a quienes consideran ignorantes. Son ciegos para la fidelidad y la caridad que hay en ellos sin tanto alarde de teolog铆as. Gnosis es acedia, es ciencia que extingue el gozo de la caridad. Al estilo de las razones de Judas.

Conocimiento sin amor es el fen贸meno demon铆aco por excelencia. En el Evangelio, los demonios son los primeros en reconocer y proclamar a gritos que Jes煤s es el Hijo de Dios. Pero eso no los alegra, sino que los entristece y los hace temblar (Marcos 1,23; 3,11; 5,7; Santiago 2,19).

4.15.) La Corrosi贸n del Lenguaje Creyente

Es un hecho en que se repara poco, pero al que bien vale la pena atender, para comprender sus causas, entenderlo y ubicarlo.

驴Por qu茅 las palabras m谩s hermosas y dignas del lenguaje creyente, precisamente las que designan las realidades m谩s bellas y santas relativas al amor a Dios y al pr贸jimo, es decir a la Caridad, est谩n como manchadas y profanadas?

Beato y beatitud, devoci贸n y devoto, fervor, gozo, caridad, limosna, misericordia, virtud, tradici贸n, cat贸lico...

Beato. Devoto.

Las palabras beato y devoto, por una asociaci贸n despectiva y descalificadora: "viejas beatas, viejas devotas", se usa justamente para denigrar a un grupo humano digno de todo honor, entre otros motivos porque brilla en 茅l el don y la gracia de la perseverancia en la fe (CIC 162), y de la fidelidad a trav茅s de las pruebas de toda una vida. Y como si eso fuera poco, tienen con frecuencia el carisma de la oraci贸n, el esp铆ritu de intercesi贸n, el don de piedad, la virtud de la religi贸n.

驴D贸nde est谩 el motivo para despreciar esos dones y obras de Dios en sus fieles humildes? 驴Qu茅 importancia tienen estos peque帽os, estos pobres de Yav茅, para que merezcan ser tenidos en cuenta para descalificarlos cuando ser铆a suficiente ignorarlos? 驴Qu茅 motivo sino la acedia puede trastocar as铆 en motivo de desprecio lo que deber铆a ser motivo de aprecio? 驴Qu茅 crimen tan grave puede hallarse en estas almas, para descalificar tan grandes dones del Se帽or? 驴O por qu茅 la falsedad de algunas, puede dar motivo a descalificar a tantas? Por acedia.

La acedia se impone al gozo de la caridad, y hace prevalecer la calumnia y el desdoro sobre esta categor铆a del pueblo fiel.

Hay que advertir, entender y cortar este abuso del lenguaje, con firmeza y justa indignaci贸n.

Fervor, Gozo, Virtud

Tambi茅n se da entre los fieles, y aunque parezca absurdo especialmente entre los religiosos, el desprestigio del fervor, del gozo y de la virtud. El desprestigio tanto de las palabras como de las realidades que ellas nombran. Porque el desprestigio de las palabras proviene del desprecio de las realidades, y no viceversa. Es la mente la que mancha el lenguaje; la acedia la que lo corroe y aherrumbra. Es necesario vigilar y rechazar el uso de las palabras en su falsa y viciosa acepci贸n: virtud por gazmo帽er铆a o tonter铆a. Hay que rechazar su desviaci贸n ir贸nica.

Las palabras santas y nobles, empiezan a usarse en sentido perverso, signific谩ndolo con un sonsonete, y as铆 comienza el proceso de su corrupci贸n. Y lo que inicia la acedia mal茅vola, contin煤a us谩ndolo el desprevenido. Hay, en esto, descuidos culpables. Debemos sabernos y ser, reponsables del uso del idioma. Porque el uso del lenguaje no es neutro sino eficaz. En su uso se realiza la virtud de la veracidad. Y esta virtud aborrece denigrar con los t茅rminos propios de la alabanza.

Aunque la perversi贸n de las palabras provenga de la perversi贸n de los juicios, es verdad que una vez pervertidas las palabras, ellas arrastran y llevan detr谩s de s铆, sembr谩ndola, la perversi贸n de la opini贸n y del juicio. Y de la perversi贸n del juicio es de donde manan, como de mala fuente, todas las injusticias.

Caridad

La palabra Caridad es otra de las v铆ctimas ilustres. Su corrupci贸n tiene su ra铆z en el rechazo acedioso de la Caridad. La acedia se entristece por el orden de la Caridad, que es el recto orden o jerarqu铆a de los amores, y lo rechaza.

La Caridad es "Amor a Dios sobre todas las cosas y de las creaturas por amor a Dios" (CIC 2093).

La acedia propone, por el contrario, que es mejor amar al otro por s铆 mismo que amarlo por Dios. Y el acedioso quiere ser amado por s铆 mismo, no por amor a Dios. Se impugna la Caridad como un amor indirecto, de segunda. Esta impugnaci贸n reposa sobre un gran error o sobre una gran distracci贸n, y en todo caso sobre una gran ignorancia de la Verdad sobre el amor.

Lo que se presenta como una defensa del derecho a ser amado por uno mismo, sin relaci贸n a su Creador o Salvador, es, en realidad, desentenderse del orden de la Creaci贸n y de la Redenci贸n, y por ese camino, desentenderse de un hecho de fe: que el Amor de Dios es fuente y garant铆a de todos los amores, y que, por serlo los fundamenta, los posibilita y los rige.

La Caridad es el amor a la creatura, m谩s fiel a lo que ella es; es el amor m谩s veraz y fiel a su verdad. Porque la creatura es relaci贸n a su Creador y Salvador. Ignorar esa relaci贸n es ignorar su verdad. La creatura viene de Dios, va a Dios, ha sido comprada y rescatada por la sangre de Cristo. 驴Qui茅n puede pensar que la ama respetando su verdad, si aspira a la vez a ignorar sus relaciones constitutivas con su Creador y Salvador? El que rechaza esas relaciones como motivos de amor, no s贸lo se pone al margen de la caridad, sino que est谩 ya al margen de la fe; no s贸lo est谩 lejos del buen amor, sino lejos de la verdad.

Pretender amar a los dem谩s por s铆 mismos, sin tener en cuenta su verdad de creatura redimida, no s贸lo no es amarlos mejor, sino es, en realidad, odiar lo que son y rechazar su aut茅ntico bien, que es su relaci贸n con Dios.

Ya hemos visto que el descr茅dito y el menosprecio de la Caridad tiene sus ra铆ces culturales. Nos hemos ocupado del combate hist贸rico entre la Caridad y la Filantrop铆a (V茅ase 4.4.). Se quiso oponer a la Caridad la Filantrop铆a, como amor del Hombre al Hombre por s铆 mismo, sin referencia a su relaci贸n con Dios, ignorada o negada en forma m谩s o menos expl铆cita. Pero si amar es querer el bien de alguien: 驴c贸mo se puede pretender que se lo ama si uno se desentiende de su mayor bien que es Dios?

La respuesta a esta pregunta pondr谩 de manifiesto hasta qu茅 punto la oposici贸n a la Caridad en nombre de la Filantrop铆a provino de la acedia, que considera malo al bien de la creatura. El culto de la Filantrop铆a reposa sobre el fundamento de la negaci贸n de Dios como bien del Hombre.

El enturbiamiento y el desprestigio de la palabra Caridad tiene su origen hist贸rico en esas impugnaciones.

Limosna

Una degeneraci贸n semejante ha sufrido el uso de la palabra limosna. Hoy es sin贸nimo de "d谩diva humillante". Pero s贸lo puede llegar a entenderse as铆 esta hermosa palabra, si antes se ha malentendido y malpracticado la hermosa realidad que ella designa seg煤n la tradici贸n.

Limosna, del griego eleemosyne, quiere decir "misericordia". Eleemosyne es la palabra griega con que los Setenta, tradujeron el t茅rmino hebreo Tsedak谩h, que quiere decir justicia. En hebreo no andan lejos los conceptos de justicia y misericordia, como que son atributos divinos.

La limosna cristiana, como misericordia, es fruto de la Caridad. La doctrina tradicional enumera tres frutos de la Caridad: paz, gozo y misericordia. Mal puede dar humillando el que ama y se apiada.

Pero adem谩s, en la misericordia se realiza la plenitud de la justicia, porque en ella da lo que no es debido quien no lo debe, no ya por obligaci贸n, sino por liberalidad amorosa y caritativa. En la caridad se realiza la plenitud de lo debido, como dice Pablo: "con nadie teng谩is otra deuda que la del mutuo amor" (Romanos 13,8).

La limosna es, pues, sin贸nimo de misericordia y por lo tanto abarca el mismo amplio espectro de obras que la misericordia: espirituales y corporales. Un amplio espectro de formas de salir al encuentro de las necesidades del pr贸jimo para auxiliarlo. La Caridad es la que aproxima, aprojima, hace pr贸jimos a los que, si no fuera por consideraci贸n al amor que Dios les tiene, no nos sentir铆amos ni obligados, ni movidos a compadecer ni socorrer.

Hay tantas formas de limosna o misericordia como hay necesidades humanas que socorrer. El Catecismo de la Iglesia Cat贸lica enumera: Instruir, aconsejar, consolar, confortar, perdonar, sufrir con paciencia, dar de comer, dar techo, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y presos, enterrar a los muertos (CIC 2447). En la lista tradicional, tal como se encuentra en la Summa de Santo Tom谩s, se enumeran las corporales: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar al enfermo, redimir al cautivo y enterrar a los muertos; y las espirituales: ense帽ar al que no sabe, dar consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al equivocado, perdonar las injurias, sufrir pacientemente las adversidades y orar por todos132.

La eleemosyne o limosna es, pues, m谩s que una determinada obra, una actitud del coraz贸n ante el pr贸jimo, que no es ciega ni insensible, sino que ve su necesidad y trata de ponerle remedio. Es la perfecci贸n de la justicia cristiana, como lo ense帽a Jesucristo: "Bienaventurados los misericordiosos" (Mateo 5,7), poniendo como ejemplo la conducta misericordiosa del Padre (Lucas 6,36). Y como lo ense帽a tambi茅n Juan Pablo II en su Enc铆clica Dives in Misericordia (=Rico en Misericordia). Se trata nada menos que de la justicia cristiana en cuanto debe exceder a la de los escribas y de los paganos (Mateo 5,20.46-47), incluyendo el amor a los enemigos.

La devaluaci贸n de esta palabra toca por lo tanto al coraz贸n mismo del ser cristiano y priva al lenguaje creyente de un vocablo esencial para expresarse a s铆 mismo en lo que tiene de m谩s propio y diferencial. 驴C贸mo no deplorar esta obra de la acedia que desacredita las virtudes teologales y las hace despreciables y por fin odiosas?

Hay que reconocer que no habr铆a corrupci贸n del lenguaje cristiano si no hubiera corrupci贸n de la vida cristiana. La corrupci贸n del lenguaje es consecuencia del pecado. Ese es un hecho evidente. No es tan sabido en cambio el rol que desempe帽a la acedia en ese deterioro de los instrumentos de expresi贸n.

Cat贸lico, catolicismo

Los t茅rminos 'cat贸lico, catolicismo, Iglesia cat贸lica' tienden cada vez m谩s a evitarse y a ser reemplazadas por 'cristiano' y otras formas m谩s o menos circunlocutorias, a煤n dentro de la Iglesia cat贸lica y por parte de sus l铆deres. Para la ideolog铆a liberal, seg煤n la cual todas las religiones son iguales y con mayor raz贸n son iguales todas las iglesias cristianas, la sustituci贸n de 'cat贸lico' por 'cristiano', fija, en el uso del idioma, la tesis de la indiferencia religiosa, y contribuye a difuminar lo propio y diferencialmente cat贸lico. Lo espec铆fico cat贸lico se reduce por subsumci贸n en lo gen茅rico cristiano. Y si esto se diluye todav铆a en lo 'occidental-cristiano', la muerte o desaparici贸n ling眉铆stica se ha consumado. Pero a esta tendencia ling眉铆stica m谩s propia de las mentalidades y h谩bitos mentales liberales, se suma otra, m谩s propia de la vertiente ideol贸gica de izquierda. Esta, preferencia reservar el uso de los t茅rminos cat贸lico-a, catolicismo, Iglesia cat贸lica, para los caso en que se se帽alan los 'abusos cat贸licos' y todas las leyendas negras de la historia de la Iglesia, como precisamente opuestos a los principios y la conducta cristiana. Por este camino, la palabra 'cat贸lico-a' terminar谩 por irse cargando, en un futuro, como ha ido sucediendo con otros t茅rminos, de connotaciones negativas. El liberalismo practic贸 sobre todo durante el siglo pasado, la sustituci贸n de sentido de lo 'cat贸lico' por lo reaccionario, oscurantista, opuesto a la ciencia y al progreso. Y hoy, los autores 'postmodernos' vuelven a hacerlo.

El desprestigio de este grupo de palabras tiene serias consecuencias para el sentido de identidad de los cat贸licos, porque son los t茅rminos que designan directamente su identidad, su ser diferencial.

Hemos dado una serie de ejemplos, pero uno puede preguntarse: 驴qu茅 palabra hay que no haya sido manchada en el vocabulario de la comunidad creyente? O, como deploraba el Concilio Vaticano I ya en el siglo pasado 驴qu茅 nombre de los venerables misterios de nuestra fe no es profanado con sentidos ajenos y a煤n contrarios al propio?

Resulta que tenemos un lenguaje pero que no podemos usarlo libremente, porque se ha desdorado y manchado tanto, que a menudo nos autocensuramos, apelamos a circunloquios, echamos mano de t茅rminos del lenguaje com煤n ( decimos amor en vez de Caridad, por ejemplo), o tenemos que volver a explicar una y otra vez el sentido y la definici贸n correcta de cada t茅rmino.

Afortunadamente, no faltan nunca en la Iglesia los modelos y ejemplos vivos, que basta se帽alar, para remitir a las acepciones vivientes del lenguaje de la fe. Porque as铆 como la corrupci贸n del lenguaje cristiano es efecto del pecado, su purificaci贸n es obra de la santidad, que nunca falta en la Iglesia. Y el remedio al mal que aqu铆 nos ha ocupado, no es tanto una tarea escolar o acad茅mica, ni siquiera doctrinal y catequ铆stica, cuanto un asunto de santidad.

4.16.) La Corrosi贸n de los Signos

El lenguaje creyente no consta solamente de palabras, sino tambi茅n de signos, s铆mbolos, im谩genes, acciones simb贸licas o ritos, mediante los cuales los fieles se expresan ante Dios y se comunican entre s铆.

La fe, la esperanza y la caridad hacia Dios, se expresan exteriormente en mil formas de adoraci贸n, de alabanza y de acci贸n de gracias. Es l贸gico que la acedia se entristezca tambi茅n con ese tipo de exteriorizaciones del gozo de la Caridad, tradicionales en la Iglesia cat贸lica. Y en efecto ha sucedido as铆 a lo largo de la historia de la Iglesia.

La Reforma Protestante recapitul贸 en gran parte lo que se hab铆a impugnado tantas veces a lo largo de siglos. San Ignacio de Loyola elenca, en sus Reglas para Sentir con la Iglesia133, los bienes impugnados, saliendo al paso de una dolencia 谩cida que ganaba en su 茅poca dimensiones sociales, culturales y pol铆ticas.

En sus reglas, San Ignacio aconseja alabar las pr谩cticas sacramentales, cultuales, rituales y devocionales del pueblo fiel cat贸lico. Son de alabar la confesi贸n y comuni贸n frecuentes, el oir misa a menudo, los cantos, salmos y largas oraciones en los templos y fuera de ellos, los rezos, cantos del Oficio Divino, la vida consagrada en religi贸n con votos de obediencia, castidad y pobreza, la veneraci贸n de reliquias de santos y el invocarlos como intercesores, visitas y estaciones de iglesias, peregrinaciones, indulgencias, candelas encendidas, ayunos y abstinencias, penitencias interiores y exteriores, ornamentos y edificios de iglesias, im谩genes de santos y del Se帽or, preceptos de la Iglesia, etc茅tera.

Lo que la Reforma impugn贸 primero desde dentro y luego desde afuera, lo internalizaron m谩s tarde de nuevo las tendencias jansenistas en la Iglesia, continuando sus impugnaciones desde adentro. De ah铆 que la lista de San Ignacio no haya perdido significaci贸n con el paso del tiempo, porque las mismas cosas siguen siendo impugnadas hoy, y sigue siendo hoy bueno el alabarlas.

Tambi茅n hoy es conveniente y aconsejable alabar im谩genes en los templos; reclinatorios para que puedan arrodillarse los fieles por devoci贸n; agua bendita en las pilas en los templos y en casa de los fieles; alabar el ornato de los templos, el cultivo del sentido de lo sagrado y de su expresi贸n incluso f铆sica; el respeto del silencio dentro de los templos; alabar h谩bitos religiosos y veste clerical, velo de las religiosas y mantillas o velos de las mujeres dentro del templo; alabar m煤sica, cantos e instrumentos sagrados; alabar venerables tradiciones y memoria de los que nos precedieron en la fe, como son monumentos, placas conmemorativas, aniversarios recordatorios, conservaci贸n de sus escritos y documentos, que expresan la caridad con los que fueron y gratitud al Se帽or por ellos. Alabar en fin todo aquello en lo que se goza la Caridad.


74

De la acedia en la vida religiosa y particularmente en la mon谩stica y contemplativa, nos ocuparemos en el cap铆tulo 5. Aqu铆 nos referimos a la acedia entre los religiosos en el contexto amplio, de la acedia en com煤n, entre religiosos o laicos.

75

Esta obturaci贸n y obduraci贸n de la conciencia es un mecanismo que los Padres comparan con lo que hicieron los filisteos rellenando de tierra los pozos que cavara el patriarca Jacob: "Cuando Dios cre贸 al hombre, puso en 茅l un germen divino, una especie de facultad m谩s viva y luminosa que una chispa, para iluminar el alma y permitirle discernir entre el bien y el mal. Es lo que llamamos conciencia, que no es sino la ley natural. Ella est谩 representada - seg煤n los Padres - por los pozos que cav贸 Jacob y que los filisteos llenaron de tierra" (G茅nesis 26,15-18). Doroteo de Gaza, Conferencias,(Ed. Fernando Rivas OSB, Bs.As. Ecuam 1990) 3陋 Conferencia: La Conciencia; p.25.

76

San Bernardo explica que los laicos ni siquiera suelen darse cuenta de este vicio porque est谩n distra铆dos en las cosas del mundo: "Este vicio veja y aflige sobre todo a los religiosos, porque son raros los seglares que se den cuenta si eso es vicio. Puesto que est谩n tan atados al mundo, que apenas pueden comprender el nombre de un vicio espiritual como 茅ste, aunque se cuente entre los siete capitales. Sin embargo es este vicio de acedia el que les causa esa especie de pesadez de alma que hace que les parezcan ins铆pidos y extremadamente aburridos todos los ejercicios espirituales". De Passione Domini sive Vitis mystica, 66, PL. 184, 579 y 674.

77

De la acedia en la vida religiosa activa nos ocupamos en 5.5.

78

"(...) No se trata aqu铆 de apostas铆as alocadas ni de vicios que degraden (...) El que se desentiende as铆 de las virtudes teologales no tiene porqu茅 ceder, por eso, en las virtudes morales y pol铆ticas. Estas virtudes son muchas, y duras, y saben entablar con lucidez su juego sin entra帽as. Formaron el esplendor del mundo antiguo y a煤n pueden poner perfectamente de pie a un hombre en la Historia.(...) 驴Y para esto, Se帽ores, ha muerto Cristo en la Cruz? 驴Para esto el Verbo se hizo carne? (...) 驴Para que despu茅s del bautismo, entre equilibrios y distingos vivamos como paganos, sin fe y sin esperanza, invocando tradiciones de hombres y con una estructura, un vocabulario, una especie de air贸n amenazante y hueco de pretendidas "ideas" cristianas? No nos bastaba caer en el pecado y caemos en las virtudes. No nos bastaba la inmundicia y el desorden, y, para profanar la Encarnaci贸n de Cristo hemos descubierto el orden. Creyentes sin fe, cristianos sin Cristo, Se帽ores, 驴d贸nde est谩 nuestro bautismo?" Dimas ANTU脩A, Discurso en Honor de San Juan de la Cruz en el IV Centenario de su Nacimiento en: El Testimonio, Ed. San Rafael, Bs.As. l945, texto citado, en p.149.

79

Soren Kierkagaard husme贸 ese enrarecimiento de lo cristiano con apariencia cristiana, caracter铆stico de ciertos, as铆 llamados, fil谩ntropos: "El que se ha enga帽ado a s铆 mismo respecto de lo eterno, quiz谩s opine, mediante una extra帽a contradicci贸n, que es compasivo con alguno que otro de los miserablemente enga帽ados. Mas si examinas atentamente sus discursos consoladores y su sabidur铆a pretendidamente salut铆fera, entonces reconocer谩s por sus frutos qu茅 clase de amor es el suyo: en la amarga burla, el cortante racionalismo, el ponzo帽oso esp铆ritu de sospecha, la mordiente frialdad del endurecimiento. Es decir, estos son los frutos que demuestran que all铆 dentro, no hay ninguna caridad" (Soren KIERKEGAARD, La Obras del Amor, Ed. Guadarrama, Madrid l965, Primera Parte p.48).

80

Digo volverse a las cosas y no a las creaturas, para expresar m谩s claramente el apartarse de Dios. Quien se volviese a las creaturas, consider谩ndolas todav铆a creaturas, es decir vinculadas y subordinadas a su Creador, en la medida en que Lo siguiese tomando en cuenta como tal, no se estar铆a apartando de El. La l贸gica cruda y consecuente de la negaci贸n de Dios, reduce las creaturas a cosas, prescindiendo de su relaci贸n creatural constituyente.

81

Summa Theol. II-IIae. Q.35, Art. 4, ad 2m.

82

Summa Theol. II-IIae. Q.34, Art. 6, c.

83

La destrucci贸n de los treinta y cuatro pueblos guaran铆es es quiz谩s uno de los ejemplos m谩s claros de la sa帽a arrasadora de la acedia. Primero entregados a los portugueses y desmantelados por fin, s贸lo la envidia, la tristeza por el bien, puede explicar su ruina, y concomitantemente, la expulsi贸n de los jesuitas y la extinci贸n de la Compa帽铆a de Jes煤s.

84

Vaya un ejemplo: Porque un jesuita predic贸 en un templo que "la filantrop铆a es la moneda falsa de la caridad" fueron expulsados los jesuitas del Uruguay durante la presidencia de Pereyra, a mitad del siglo XIX. La homil铆a del jesuita tuvo lugar en la ceremonia de votos de una religiosa de la Caridad del Huerto, en la Capilla del Hospital de Caridad (hoy Maciel). La expulsi贸n se debi贸 a presiones de grupos que por otra parte se consideraban adalides de la libertad de pensamiento, de expresi贸n y de prensa, los cuales alegaban que la predicaci贸n del jesuita "perturbaba la paz p煤blica".

85

Romano GUARDINI, El Ocaso de la Edad Moderna Ed. Guadarrama, Madrid 1958, p. 138.

86

Esa caracter铆stica recuerda la del Anti-Cristo, ese personaje misterioso, individual y colectivo, que parece designar al mismo tiempo a un tipo de hombre y al l铆der que ese grupo humano suscita, que se opone y combate a Cristo haci茅ndose pasar por 茅l.

87

O.c. p.139.

88

O.c. pp. 139-144. En esto, el pron贸stico de Guardini coincide con el que antes hiciera Kierkegaard.

89

Todo con may煤scula, como corresponde a los nombres de las divinidades del moderno Pante贸n, en los Siglos de las Siglas.

90

A prop贸sito de las frecuentemente olvidadas persecuciones a los cat贸licos: pi茅nsese en la suerte de los campesinados cat贸licos bajo los pr铆ncipes protestantes en Alemania, Inglaterra e Irlanda. Pi茅nsese en la destrucci贸n de las reducciones guaran铆ticas por la corte borb贸nica. Pi茅nsese en la suerte de los cat贸licos en Francia bajo el jansenismo, la Revoluci贸n y el Terror. Pi茅nsese en el L铆bano, en el genocidio armenio, en M茅xico durante las dictaduras anticat贸licas, en Espa帽a, en las largas purgas y persecuciones durante m谩s de medio siglo de Uni贸n Sovi茅tica y en sus sat茅lites, tras la cortina de hierro y tras la cortina de bamb煤.

91

Los ojos de la fe, enti茅ndase bien.

92

Ese fen贸meno ha sido particularmente observable en Am茅rica Latina, donde se ha denominado atinadamente con el nombre de "Ate铆smo Estructural" la imposici贸n de constituciones ateas, de cu帽o liberal o racionalista, sobre naciones cat贸licas. Instituciones, formas pol铆ticas, estructuras y ordenamientos jur铆dicos impuestos a contrapelo del alma de estas naciones y pueblos. En la ra铆z de esa violencia est谩 la incapacidad de ver el bien de que estos pueblos y naciones cat贸licos son portadores; la de potenciarlos, para su ben茅fica expansi贸n y crecimiento; la de ayudar a purificarlos de lo que pueda necesitar de correcci贸n, en vez de tomar de ello pretexto para abolirlo lisa y llanamente.

93

Summa Theol. 2a. 2ae. Q.35, Art.2, ad 2m.

94

Summa Theol. II-IIae. Q.35, Art. 3, Ad 1m.

95

Ya el autor de la Carta a los Hebreos tuvo que enfrentarse con el s铆ndrome del ausentismo de las asambleas y diagnostic贸 las causas del fen贸meno y su naturaleza de pecado contra la comuni贸n: 10,24-25.

96

En aquellos a帽os, la procesi贸n no era tan exigua y deshilachada como ahora. March谩bamos por decenas de cuadras tupidas de fieles y una multitud estaba tambi茅n agolpada en las veredas. Me intriga saber si la acedia, que hoy parece apagada alrededor de nuestro Corpus, no reverdecer铆a si la procesi贸n recobrara su primitivo fervor y vigor. He o铆do descalificar como "triunfalista" a la procesi贸n, al catolicismo de aquellos a帽os, al Himno Christus Vincit, etc. Y este es un ejemplo t铆pico m谩s que se puede ofrecer, de los argumentos que produce la ceguera de la acedia, al mejor estilo de los argumentos de Judas. Confieso que me turbaron el juicio en un tiempo, pero ya no m谩s. Am茅n de que, como lo ha hecho notar agudamente alguien, el Christus Vincit fue sustitu铆do por el Nosotros Venceremos, y de que en las numerosas evaluaciones actuales no faltan aspiraciones triunfalistas, aunque no siempre coronadas por 茅xitos comparables a las obras del Se帽or con nosotros en aquellos tiempos.

97

No recuerdo haber advertido en aquel tiempo que nadie ocultara su fervor, ni se irritara con el fervor ajeno. Aunque no excluyo que en mi admiraci贸n adolescente por aquellos ext谩ticos, fuera ciego para posibles acedias hacia ellos. Yo ten铆a la impresi贸n de que aquello era bien visto y considerado en la Iglesia. Y a煤n sigo creyendo que lo era.

98

Digo "uso" por no decir "de tradici贸n" que es palabra desacreditada tambi茅n por tirrias y abusos.

99

Santo Tom谩s, Summa Theol. II-IIae. Q.35, Art. 4, c.

100

Nos hemos ocupado de la situaci贸n del imaginario creyente en: "El 铆cono y las im谩genes sagradas en la nueva evangelizaci贸n" Stromata 48(l992) pp.183ss. a prop贸sito del libro del P. Alfredo Sa茅nz "El 铆cono. Esplendor de lo Sagrado". Retomamos aqu铆 aspectos de lo all铆 dicho.

101

Sobre la coincidencia de posiciones tan opuestas en apariencia como el espiritualismo barthiano y la secularizaci贸n v茅ase: C谩ndido POZO, "Teolog铆a Humanista y Crisis actual en la Iglesia", en: J. DANI脡LOU - C. POZO, "Iglesia y Secularizaci贸n" (BAC-Minor, Madrid, l971, pp.61-85).

102

Me refiero, cuando digo im谩genes, no s贸lo a las im谩genes destinadas al culto o devocionales, sino como se ve acontinuaci贸n por el contexto, a todas las im谩genes en sentido amplio, abarcando toda la dimensi贸n simb贸lica del imaginario creyente: lenguaje, liturgia, arquitectura, s铆mbolos, personas...

103

Valga un ejemplo: En los films "El Padrino" 1,2 y 3, se barajan en un mismo mazo las fiestas, los signos sagrados y los sacramentos de la Iglesia cat贸lica, con las maquinaciones y cr铆menes mafiosos.
Durante la procesi贸n patronal y aprovechando el ruido de la coheter铆a, el a煤n joven Padrino, comete su primer asesinato contra el extorsionista. En la fiesta del casamiento de su hija se "arreglan" diversos asuntos en el tribunal mafioso. La fiesta del Bautismo del nieto es una secuencia que monta un collage sacr铆lego, del ba帽o de agua bautismal con el ba帽o de sangre de la vendetta mafiosa. Ant铆tesis sacr铆lega entre el sacramento del perd贸n y la consumaci贸n de la venganza. Y as铆, por el estilo, desfilan las menciones de los dem谩s sacramentos, sin que falte uno, contaminados con los cr铆menes de la mafia.
En los tres films se subraya que la familia mafiosa es cat贸lica y queda flotando el equ铆voco o la sugerencia de que la familia cat贸lica es mafiosa, o mafiog茅nica.

104

Es sabido que la secularizaci贸n no es un proceso an贸nimo e ineluctable, sino el resultado de presiones y acciones concretas de personas y grupos. As铆 lo ha mostrado Abelardo Jorge SONEIRA siguiendo a K. DOBBELAERE y otros: "la secularizaci贸n no es producto de fuerzas impersonales y abstractas (por ejemplo la 麓racionalizaci贸n麓, el 麓proceso educativo麓, la 麓industrializaci贸n麓, etc.) sino de individuos y grupos concretos que la promueven" (A.J. SONEIRA, "El Proceso de secularizaci贸n", en Cuadernos del CLAEH, Montevideo, 45-46, 13(l988)1-2, pp. 209-221, cita en p. 220).

105

Marcos 9,42; Mateo 18,6; Lucas 17,1.

106

El fondo del mar, es el lugar b铆blico donde han de ir los enemigos de Dios (G茅nesis 6,5-8.13.17; Exodo 15,3-5; Jon谩s 2; Miqueas 7,19; Marcos 9,42) y a donde efectivamente son arrojados por la oraci贸n confiada de los creyentes (Marcos 11,23).

107

T贸mese por ejemplo en consideraci贸n la prensa dominical. Ese d铆a, todos los diarios sirven un tomo abultado de p谩ginas con innumerables suplementos, cuya lectura insumir铆a f谩cilmente varias horas del domingo, compitiendo con el que se pudiera dedicar ese d铆a a una vivencia cristiana y creyente del domingo, en el reposo y la alegr铆a de la Resurrecci贸n, con la asistencia a Misa, la convivencia familiar, la lectura de la Escritura, la meditaci贸n, la oraci贸n y otras tantas actividades creyentes. Pero no s贸lo eso: esos suplementos son portadores de contenidos mundanos, er贸ticos, econ贸micos, que ti帽en inevitablemente el 谩nimo de sus desprevenidos lectores y los distraen y alejan de las metas espirituales a donde la Iglesia pretende conducir a sus fieles en Domingo.

108

P. Lacordaire, O.P. Serm贸n del 14-02-1841 en la Catedral de N么tre Dame de Paris, con motivo de la restauraci贸n de la Orden de Predicadores en Francia. Y el predicador contin煤a: "驴Qu茅 har谩 Dios? [...] Dios pod铆a dejarla perecer, como dej贸 perecer tantos otros pueblos por las faltas que hab铆an cometido. No quiso hacerlo; y resolvi贸 salvarla por una expiaci贸n tan magn铆fica como grande hab铆a sido su crimen. La dignidad real estaba envilecida: Dios le devolvi贸 su majestad llev谩ndola al cadalso. La nobleza estaba envilecida: Dios le devolvi贸 su dignidad llev谩ndola al destierro. El clero estaba envilecido: Dios le devolvi贸 el respeto y la admiraci贸n de los pueblos, permitiendo que fuese despojado y muriese en la miseria...".

109

Ya Soren Kierkegaard observaba en su tiempo racionalista el fen贸meno de la sorna ante el creyente que se toma su fe en serio. Kierkegaard nos ha dejado un an谩lisis, digno de recordar y de ser meditado, de las causas del fen贸meno. A pesar del tiempo trascurrido y de la diversidad de las circunstancias, algunas reflexiones de este autor nos ayudan a comprender hechos y situaciones que se siguen dando hoy en muchos lugares:

110

Tomo un ejemplo de la vida y escritos de Teresa de los Andes, que muestra hasta qu茅 punto en una sociedad que pod铆a reputarse cristiana y cat贸lica, una joven, cuando pretend铆an tomarse en serio su fe, sent铆a la oposici贸n del mundo y la tentaci贸n del respeto humano. Dice Teresa de los Andes: "Todos los d铆as hago mi meditaci贸n y veo cu谩n grande ayuda es para santificarse. Es el espejo del alma 隆Cu谩nto se conoce en ella a s铆 misma! La dificultad es el respeto humano: que me vean meditando y me digan beata" (Purroy, l982 p.48).

111

Por ejemplo el tenaz prejuicio y oposici贸n a la vida contemplativa y las acerbas cr铆ticas contra ella, aun en medios "cat贸licos". Vaya este otro ejemplo tomado de los escritos de Teresa de los Andes: "Tengo pena, pues siempre que le pido plata a mi pap谩 me dice que no tiene. 驴Qu茅 ir谩 a hacer cuando me tenga que dar la dote para ser carmelita? Creo que no va a querer dejarme ir. Veo tanta hostilidad contra ellas..."(O.c. p.70). "El fin de la carmelita me entusiasma (...) Cu谩ntos tachan su vida de in煤til. (...) as铆 como a Cristo no lo conoci贸 el mundo, a ella tampoco la conoce". (O.c. p.106).

112

V茅ase: 2.4. La Burla: Hija de la Acedia.

113

Cf. Lumen Gentium N潞 8; la Constitucion del Concilio Vat. II, cita aqu铆 a San Agust铆n, La Ciudad de Dios XVIII,52,2.

114

Summa Theol. 2-2, q.72; q. 158, a.7.

115

Diario Clar铆n, Buenos Aires 05-02-1998, p. 29.

116

Recu茅rdense los filmes: Jesucristo Superstar, La 煤ltima tentaci贸n de Cristo, Je vous salue Marie, Jes煤s de Montr茅al. Emmanuelle, un film perverso, inaugur贸 el uso sacr铆lego del nombre mesi谩nico que contin煤a hoy una revista pornogr谩fica.

117

"Con pecado concebida", es el t铆tulo escarnecedor de una telenovela.

118

Las melod铆as gregorianas, por ejemplo, que, olvidadas por muchos creyentes han sido rescatadas por videoclips para profanarlas.

119

La Iglesia no teme confesar sus pecados y sus culpas. Lo hizo en el Vaticano II. Y con motivo del Tercer Milenio cristiano, el Papa nos invita a reconocer las culpas hist贸ricas cometidas por creyentes, para tomar distancia de ellas y evitarlas. Pero ese reconocimiento se emite y se ha de emitir, libremente y sin compulsiones ni manipulaciones ps铆quicas. Y, sobre todo, el acto de emitirlo, no invalida a la Iglesia por una globalizaci贸n del mal y de la culpa, como buscan que

120

Coincidiendo con ella dec铆a Kierkegaard: "El cristianismo es en el sentido divino el bien supremo; y por lo mismo es a la par en el sentido humano un bien extremadamente peligroso" (Las Obras del Amor, I, p. 332). Y no lo dec铆a en la Uni贸n de Rep煤blicas Socialistas Sovi茅ticas, sino en la sociedad luterana dinamarquesa, convencida de ser cristiana.

121

Detr谩s de esta omisi贸n de la catequesis es detectable un debilitamiento general de la conciencia eclesial acerca de estos asuntos. Esa p茅rdida de advertencia, redunda en un cierto descuido no s贸lo en el 谩rea de la catequesis, sino en el de la pastoral y, sobre todo, en el de la disciplina eclesial, sacramental y can贸nica. La pr谩ctica de la disciplina eclesial actual es muy lene, por no decir remisa u omisa, respecto de los cr铆menes de apostas铆a. Los fieles que se van a las sectas son readmitidos con una simple confesi贸n sacramental, sin condiciones de abjuraci贸n p煤blica para un pecado que fue p煤blico y con esc谩ndalo e injuria del Se帽or y de los dem谩s fieles. En esto, la caridad con el penitente, no va acompa帽ada de la necesaria y discreta caridad con la comunidad creyente. En la apostas铆a hay un componente de justicia, en primer lugar con el Se帽or, p煤blicamente ofendido, y luego con su Cuerpo M铆stico. Esa injuria p煤blica exige p煤blica reparaci贸n. Las formas actuales de perd贸n barato merecer铆an alg煤n comentario de San Cipriano, y pienso que no precisamente aprobatorio ni elogioso. Cuando es Dios el ofendido, el perd贸n no se debe regalar sin satisfacci贸n. Eso ser铆a no s贸lo justicia sino tambi茅n misericordia pastoral, pues ayudar铆a a crear conciencia entre los fieles. Y esa conciencia ser铆a a la vez defensiva y difusiva.

122

Hay quien no ve apostas铆a. Sin embargo, vemos salir legiones de alumnos de nuestros colegios y, promoci贸n tras promoci贸n, apartarse de la pr谩ctica sacramental, de las virtudes teologales y de la vida cristiana. Vemos a muchos fieles engrosar las filas de las sectas o promiscuar su pertenencia cat贸lica con pertenencias incompatibles, sin mayores remordimientos ni conciencia de pecado. Vemos sacerdotes abandonar el ministerio y a religiosos ser infieles a sus votos.

123

S. Kierkegaard, Las Obras del Amor, I, p. 330. A este prop贸sito abunda Kierkegaard: "El cristianismo s贸lo se puede ensalzar teniendo mucho cuidado de que en cada afirmaci贸n quede incesantemente se帽alado el peligro que comporta, a saber, c贸mo lo cristiano es locura y esc谩ndalo para la concepci贸n meramente humana (...) Exactamente como Cristo (...) cuando les predec铆a a sus Ap贸stoles a su debido tiempo que ser铆an perseguidos en su nombre y los que los mataran, considerar铆an que con ello prestaban un servicio a Dios" (O.c. p. 333.).

124

Qui茅n no recuerda casos de evangelizadores inhibidos de predicar la Verdad revelada por temor de incurrir en la pretensi贸n de "ser los poseedores de la verdad". Como si fuera m茅rito propio ser depositario de la gracia de la Revelaci贸n. Ya se ve en qu茅 castraci贸n apost贸lica termina una concepci贸n pelagiana de cuyo horizonte desaparece la noci贸n de la gracia.

125

Las Obras del Amor, I, p.337.

126

Vittorio Messori, Leyendas Negras de la Iglesia, Planeta, Barcelona 19974, p.17-18.

127

Carta a los Corintios III,1-4.

128

1陋 Corintios VII,1.

129

Vale la pena detenernos a observar la relaci贸n que existe entre el olvido de la gracia y la reca铆da en la ley, que Pablo le reprocha a los G谩latas, con la proliferaci贸n de la discordia, conflictos y divisiones entre ellos. Donde se atiende a la gracia, la mirada de todos est谩 dirigida a Dios, y a lo que Dios hace con nosotros. Donde se atiende a lo que hemos de hacer los hombres, comienzan las discusiones. La primac铆a de la gracia asegura la concordia. Cuando el primado lo tiene la justificaci贸n que viene de nuestras obras, nos dividimos por el juicio sobre las mismas. La obediencia de todos al proyecto y plan de Dios, une. Los planes y proyectos humanos, a煤n bienintencionados, a煤n tan santos como la ley misma, dividen.

130

L茅ase Hebreos 10,23-39.

131

"Cuando el cristianismo vino al mundo no necesitaba - y sin embargo lo hizo - subrayar que 茅l entra帽aba un esc谩ndalo, pues esto lo vi贸 sin ninguna dificultad aquel mundo escandalizado. En cambio ahora que el mundo se ha hecho cristiano, ahora, sobre todo, es necesario que el mismo cristianismo haga hincapi茅 en el esc谩ndalo. Ahora que el cristianismo ca铆do se ha desposado con la raz贸n humana, ahora que el cristianismo y la raz贸n se tutean, ahora, sobre todo, es necesario que el mismo cristianismo haga hincapi茅 en el esc谩ndalo que representa (...) 隆Ay de aqu茅l que se sinti贸 capaz de comprender el misterio de la Redenci贸n, sin notar para nada la posibilidad del esc谩ndalo! (...) 隆Ay de todos estos mayordomos infieles que se sientan a escribir pruebas falsas y pretenden ganarse as铆 amigos para el cristianismo y para ellos mismos, precisamente tachando del cristianismo la posibilidad del esc谩ndalo y suscribiendo en su nombre insensateces sin cuento! 隆Oh erudici贸n tristemente desperdiciada!" (S. Kierkegaard, Las Obras del Amor, I, pp. 333,334,335).

132

Summa Theol. II-IIae, Q.32, Art.2.

133

Ejercicios Espirituales 352-370.
Consultas

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