[1] Y estando Pedro abajo en el atrio sentado a la lumbre en medio de ellos666, llegó la criada portera del sumo sacerdote:
[2] Y cuando vio a Pedro, que se calentaba, clavando en él los ojos, le dijo:
[3] Tú también estabas con Jesús el Galileo: ¿No eres tú también de sus discÃpulos?
[4] Mas él lo negó delante de todos, diciendo: Mujer, no le conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera delante del atrio, y cantó el gallo667.
[5] Y saliendo él a la puerta, le vio otra criada, y dijo a los que estaban allÃ: Este estaba también con Jesús Nazareno.
[6] Y un poco después, viéndole otro, y la criada, le dijeron: ¿No eres tú también de los discÃpulos de ese hombre?
[7] Y negó otra vez con juramento, diciendo: Hombre, no soy: no conozco tal hombre.
[8] Y aquellos, que tenÃan a Jesús, le escupieron en la cara, y le maltrataron a puñadas.
[9] Y le vendaron los ojos, y le dieron bofetadas en el rostro, y le preguntaban, y decÃan: AdivÃnanos, Cristo, ¿quién es el que te ha herido668?
[10] Y decÃan otras muchas cosas blasfemando contra él.
[11] Y pasada como una hora, los que allà estaban, decÃan a Pedro: Seguramente tú también eres de ellos: porque eres también galileo, y porque aun tu habla te da bien a conocer.
[12] DÃcele uno de los criados del pontÃfice, pariente de aquel, a quien Pedro habÃa cortado la oreja: ¿No te vi yo a ti en el huerto con él?
[13] Y él comenzó a maldecirse, y a hacer imprecaciones, y a jurar: No conozco a ese hombre, que decÃs.
[14] Y en el mismo instante, cuando él estaba aun hablando, cantó el gallo.
[15] Y volviéndose el Señor, miró a Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le habÃa dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces:
[16] Y saliendo Pedro fuera, lloró amargamente.
[17] Y venida la mañana, todos los prÃncipes de los sacerdotes con los ancianos del pueblo, y los Escribas, entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a la muerte669, y lo llevaron a su concilio, y le dijeron: Si tú eres el Cristo, dÃnoslo.
[18] Y les dijo: Si os lo dijere, no me creeréis:
[19] Y también si os preguntare670, no me responderéis, ni me dejaréis.
[20] Mas desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la diestra de la virtud de Dios.
[21] Dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? El dijo: Vosotros decÃs, que yo lo soy.
[22] Y ellos dijeron: ¿Qué necesitamos mas testimonio? pues nosotros mismos lo habemos oÃdo de su boca.
[23] Y se levantó toda aquella multitud, y haciendo atar a Jesús, le llevaron desde casa de Caiphás, y lo entregaron al presidente Poncio Pilato.
[24] Entonces Judas, que le habÃa entregado, cuando vio que habÃa sido condenado; movido de arrepentimiento, volvió las treinta monedas de plata a los prÃncipes de los sacerdotes, y a los ancianos,
[25] Diciendo: He pecado, entregando la sangre inocente671. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? viéraslo tú.
[26] Y arrojando las monedas de plata en el templo, se retiró, y fue, y se ahorcó con un lazo.
[27] Y los prÃncipes de los sacerdotes tomando las monedas de plata, dijeron: No es lÃcito meterlas en el tesoro, porque es precio de sangre.
[28] Y habiendo deliberado sobre ello, compraron con ellas el campo de un alfarero, para sepultura de los extranjeros.
[29] Por lo cual fue llamado aquel campo, Haceldama, esto es, campo de sangre, hasta el dÃa de hoy.
[30] Entonces se cumplió lo que fue dicho por JeremÃas el profeta, que dijo: Y tomaron las treinta monedas de plata, precio del apreciado, al cual apreciaron de los hijos de Israel:
[31] Y las dieron por el campo del alfarero, asà como me lo ordenó el Señor.
[32] Y Jesús fue presentado ante el presidente: y ellos672 no entraron en el pretorio, por no contaminarse, y por poder comer la Pascua.
[33] Pilato pues salió fuera a ellos, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
[34] Respondieron, y le dijeron: Si este no fuera malhechor, no te lo hubiéramos entregado.
[35] Pilato les dijo entonces: Tomadle allá vosotros, y juzgadle según vuestra ley673. Y los judÃos le dijeron: No nos es lÃcito a nosotros matar a alguno674.
[36] Para que se cumpliese la palabra, que Jesús habÃa dicho, señalando de qué muerte habÃa de morir.
[37] Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado pervirtiendo a nuestra nación, y vedando dar tributo a César, y diciendo, que él es el Cristo rey.
[38] Volvió pues a entrar Pilato en el pretorio, y llamó a Jesús, y le dijo: ¿Eres tú el rey de los JudÃos?
[39] Respondió Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de m�
[40] Respondió Pilato: ¿Soy acaso yo judÃo? Tu nación, y los pontÃfices te han puesto en mis manos: ¿qué has hecho?
[41] Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, mis ministros sin duda pelearÃan, para que yo no fuera entregado a los JudÃos: mas ahora mi reino no es de aquÃ.
[42] Entonces Pilato le dijo: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto nacÃ, y para esto vine al mundo, para dar testimonio a la verdad: todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz.
[43] Pilato le dice: ¿Qué cosa es verdad? Y cuando esto hubo dicho, salió otra vez a los JudÃos, y les dijo: Yo no hallo en él ninguna causa.
[44] Y como le acusasen los prÃncipes de los sacerdotes, y los ancianos, nada respondió.
[45] Y Pilato le preguntó otra vez, diciendo: ¿No respondes nada? Mira, de cuantas cosas te acusan.
[46] Mas Jesús ni aun con eso respondió, de modo que se maravillaba Pilato.
[47] Mas ellos insistÃan, diciendo: Tiene alborotado el pueblo con la doctrina, que esparce por toda la Judea, comenzando desde la Galilea hasta aquÃ.
[48] Pilato, que oyó decir Galilea, preguntó si era de Galilea.
[49] Y cuando entendió, que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, el cual a la sazón se hallaba también en Jerusalém675.
[50] Y Herodes, cuando vio a Jesús se holgó mucho. Porque de largo tiempo le habÃa deseado ver, por haber oÃdo decir de él muchas cosas, y esperaba verle hacer algún milagro.
[51] Le hizo pues muchas preguntas. Mas él nada le respondÃa676.
[52] Y estaban los prÃncipes de los sacerdotes, y los Escribas acusándole con grande instancia.
[53] Y Herodes con sus soldados le despreció: y escarneciéndole, le hizo vestir de una ropa blanca, y le volvió a enviar a Pilato.
[54] Y aquel dÃa quedaron amigos Herodes y Pilato: porque antes eran enemigos entre sÃ677.
[1] Pilato pues llamó a los prÃncipes de los sacerdotes, y a los magistrados, y al pueblo,
[2] Y les dijo: Me habéis presentado este hombre, como pervertidor del pueblo, y ved que preguntándole yo delante de vosotros, no hallé en este hombre culpa alguna de aquellas, de que le acusáis,
[3] Ni Herodes tampoco: porque os remità a él, y he aquà que nada se ha probado, que merezca muerte.
[4] Y asà le soltaré después de haberlo castigado.
[5] Pero acostumbraba el presidente en el dÃa de la fiesta dar libertad a uno de los presos, cualquiera que ellos pidiesen.
[6] Y como concurriese el pueblo, comenzó a pedirle la gracia que siempre les hacÃa.
[7] Y a la sazón tenÃa un ladrón muy famoso llamado Barrabás, que estaba preso con otros sediciosos, por haber hecho una muerte en una revuelta.
[8] Y habiéndose ellos juntado, les dijo Pilato:
[9] Costumbre tenéis vosotros que os suelte uno en la Pascua: ¿queréis pues que os suelte al rey de los JudÃos?
[10] ¿A quién queréis que os entregue libre? ¿a Barrabás, o por ventura a Jesús, que es llamado el Cristo?
[11] Porque sabÃa, que por envidia lo habÃan entregado los prÃncipes de los sacerdotes.
[12] Y estando él sentado en su tribunal, le envió a decir su mujer: Nada tengas tú con aquel justo. Porque muchas cosas he padecido hoy en visión por causa de él.
[13] Mas los prÃncipes de los sacerdotes, y los ancianos incitaron y persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás, y que hiciese morir a Jesús.
[14] Y el presidente respondió, y dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os entregue libre? Y dijeron todos: No a este, sino a Barrabás.
[15] Pilato les dice: ¿Pues qué haré de Jesús, que es llamado el Cristo?
[16] Dicen todos: Sea crucificado. El presidente les dice: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos levantaban más el grito, diciendo: Sea crucificado.
[17] Y Pilato les habló de nuevo, queriendo soltar a Jesús.
[18] Mas ellos volvÃan a dar voces, diciendo: CrucifÃcale, crucifÃcale.
[19] Y él tercera vez les dijo: ¿Pues qué mal ha hecho este? Yo no hallo en él ninguna causa de muerte: le castigaré pues, y lo soltaré.
[20] Mas ellos insistÃan pidiendo a grandes voces, que fuese crucificado: y crecÃan más sus voces.
[21] Pilato pues tomó entonces a Jesús, y azotóle678.
[22] Y los soldados le llevaron al atrio del pretorio, y convocaron toda la cohorte.
[23] Y desnudándole, le vistieron un manto de púrpura.
[24] Y tejiendo una corona de espinas679, se la pusieron sobre su cabeza, y una caña en su mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, le escarnecÃan, diciendo: Dios te salve, rey de los JudÃos.
[25] Y le herÃan en la cabeza con una caña, y le escupÃan.
[26] Y le daban de bofetadas, e hincando las rodillas, le adoraban.
[27] Pilato pues salió otra vez fuera, y les dijo: Ved que os le saco fuera, para que sepáis que no hallo en él causa alguna.
[28] (Y salió Jesús llevando una corona de espinas, y el manto de púrpura). Y Pilato les dijo: Ved aquà el hombre.
[29] Y cuando le vieron los pontÃfices, y los ministros daban voces diciendo: CrucifÃcale, crucifÃcale. Pilato les dice: Tomadle allá vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él causa.
[30] Los JudÃos le respondieron: Nosotros tenemos ley, y según la ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios680.
[31] Cuando Pilato oyó estas palabras, temió más.
[32] Y volvió a entrar en el pretorio: y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
[33] Y Pilato le dice: ¿A mà no me hablas? ¿no sabes que tengo poder para crucificarte, y que tengo poder para soltarte?
[34] Respondió Jesús: No tendrÃas poder alguno sobre mÃ, si no te hubiera sido dado de arriba. Por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
[35] Y desde entonces procuraba Pilato soltarle. Mas los JudÃos gritaban diciendo: Si a este sueltas, no eres amigo de César. Porque todo aquel que se hace rey, contradice a César.
[36] Pilato pues cuando oyó estas palabras, sacó fuera a Jesús, y se sentó en su tribunal, en el lugar que se llama Lithóstrotos, y en el hebreo Gabbatha.
[37] Y era el dÃa de la preparación de la Pascua, y como la hora de sexta681, y dice a los JudÃos: Ved aquà vuestro rey.
[38] Y ellos gritaban: Quita, quita, crucifÃcale. Les dice Pilato: ¿A vuestro rey he de crucificar? Respondieron los pontÃfices: No tenemos rey, sino a César.
[39] Y viendo Pilatos que nada adelantaba, sino que crecÃa más el alboroto, tomando agua, se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: allá os lo veais vosotros.
[40] Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Sobre nosotros, y sobre nuestros hijos682 sea su sangre.
[41] Y Pilato, queriendo contentar al pueblo, juzgó que se hiciera lo que ellos pedÃan, y les soltó al que por sedición, y homicidio habÃa sido puesto en la cárcel, a Barrabás, al cual habÃan pedido:
[42] Y entregó a Jesús a la voluntad de ellos, para que lo crucificasen683.
[43] Y después de haberle escarnecido, le desnudaron de la púrpura, y le vistieron sus ropas: y le sacan fuera para crucificarle.
[44] Y llevando su cruz a cuestas, salió para aquel lugar, que se llama Calvario, y en hebreo Gólgotha.
[45] Y llevaban también con él otros dos, que eran malhechores, para hacerlos morir.
[46] Y al salir fuera, compelieron a uno que pasaba, Simón Cyrenéo, que venÃa de una granja, padre de Alejandro y de Rufo, a que cargase con la cruz, para que la llevase en pos de Jesús.
[47] Y le seguÃa una grande multitud de pueblo, y de mujeres: las cuales lo plañÃan, y lloraban.
[48] Mas Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalém, no lloréis sobre mÃ: antes llorad sobre vosotras mismas, y sobre vuestros hijos.
[49] Porque vendrán dÃas684, en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no dieron de mamar.
[50] Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros: y a los collados: Cubridnos.
[51] Porque si en el árbol verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?
[1] Y cuando llegaron al lugar, llamado Gólgotha, le dieron a beber vino mezclado con mirra y con hiel685. Y habiéndolo probado, no lo quiso beber686. Era pues la hora de tercia.
[2] Y allà lo crucificaron, y con él a los dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda, y a Jesús en medio.
[3] Y se cumplió la Escritura, que dice: Y fue contado con los malos.
[4] Mas Jesús decÃa: Padre, perdónalos: porque no saben lo que hacen687.
[5] Los soldados, después de haber crucificado a Jesús, tomaron sus vestiduras, (y las hicieron cuatro partes, para cada soldado su parte) y la túnica. Mas la túnica no tenÃa cestura, sino que era toda tejida desde arriba.
[6] Y dijeron unos a otros: No la partamos, mas echemos suertes sobre ella, cuya será: para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron mis vestidos entre sÃ: y echaron suerte sobre mi vestidura. Y los soldados ciertamente hicieron esto688.
[7] Y sentados le hacÃan la guardia.
[8] Y Pilato escribió también el tÃtulo de su causa: y lo puso sobre la cruz. Y lo escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.
[9] Y muchos de los JudÃos leyeron este tÃtulo: porque estaba cerca de la ciudad el lugar en donde crucificaron a Jesús. Y estaba escrito en hebreo, en griego, y en latÃn.
[10] Y decÃan a Pilato los pontÃfices de los JudÃos: No escribas rey de los JudÃos: sino que él dijo: Rey soy de los JudÃos.
[11] Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito689.
[12] Y el pueblo estaba mirando, y le denostaban.
[13] Y los que pasaban le blasfemaban moviendo sus cabezas,
[14] Y diciendo: Ha, tú el que destruyes el templo de Dios, y lo reedificas en tres dÃas, sálvate a ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
[15] Asimismo insultándole también los prÃncipes de los sacerdotes con los Escribas, y ancianos, decÃan:
[16] A otros salvó, y a sà mismo no puede salvar: si es el rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y le creemos:
[17] Confió en Dios: lÃbrelo ahora, si le ama: pues dijo: Hijo soy de Dios.
[18] Le escarnecÃan también los soldados, diciendo: Si tú eres el rey de los JudÃos, sálvate a ti mismo.
[19] Y los ladrones que estaban crucificados con él, le improperaban.
[20] Y uno de aquellos ladrones, que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo, y a nosotros.
[21] Mas el otro respondiendo, le reprendió690, diciendo: Ni aun tú temes a Dios, estando en el mismo suplicio.
[22] Y nosotros en verdad por nuestra culpa, porque recibimos lo que merecen nuestras obras: mas este ningún mal ha hecho.
[23] Y decÃa a Jesús: Señor, acuérdate de mÃ, cuando vinieres a tu reino.
[24] Y Jesús le dijo: En verdad te digo: Que hoy serás conmigo en el paraÃso.
[25] Y estaban junto a la cruz de Jesús su Madre, y la hermana de su Madre MarÃa de Cleophás, y MarÃa Magdalena.
[26] Y como vio Jesús a su Madre, y al discÃpulo que amaba, que estaba allÃ, dijo a su Madre: Mujer, he ahà tu hijo.
[27] Después dijo al discÃpulo: He ahà tu Madre. Y desde aquella hora el discÃpulo la recibió por suya.
[28] Y era ya casi la hora de sexta.
[29] Mas desde la hora de sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de nona.
[30] Y se obscureció el sol. Y cerca de la hora de nona clamó Jesús con grande voz, diciendo: ELI, ELI, LAMMA SABACTHANI? esto es: Dios mÃo, Dios mÃo, ¿por qué me has desamparado?
[31] Algunos pues de los que allà estaban, cuando esto oyeron, decÃan: A ElÃas llama este691.
[32] Después de esto sabiendo Jesús, que todas las cosas eran ya cumplidas, para que se cumpliese la Escritura, dijo: Sed tengo.
[33] HabÃa allà un vaso lleno de vinagre,
[34] Y luego corriendo uno de ellos, toma una esponja, y la empapó en vinagre, y atándola en una caña, le daba a beber.
[35] Y los otros decÃan: Dejad, veamos si viene ElÃas a librarlo.
[36] Y luego que Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es.
[37] Mas Jesús clamando segunda vez con grande voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espÃritu. Y diciendo esto, e inclinando la cabeza, expiró.
[38] Y he aquà se rasgó el velo692 del templo en dos partes de alto a bajo, y tembló la tierra, y se hendieron las piedras,
[39] Y se abrieron los sepulcros693: y muchos cuerpos de santos, que habÃan muerto, resucitaron.
[40] Y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
[41] Y cuando el Centurión, que estaba en frente, vio lo que habÃa acontecido, y que asà clamando habÃa expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era justo: verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
[42] Y los que con él estaban guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que pasaban, tuvieron grande miedo, y decÃan: Verdaderamente Hijo de Dios era este.
[43] Y todo el gentÃo, que asistÃa a este espectáculo, y veÃa lo que pasaba, se volvÃa, dándose golpes en los pechos.
[44] Y todos los conocidos de Jesús, estaban de lejos mirando estas cosas.
[45] Y habÃa también allà unas mujeres mirándole de lejos, que habÃan seguido a Jesús desde Galilea: entre las cuales estaba MarÃa Magdalena, y MarÃa madre de Santiago el menor, y de Joseph, y Salomé madre de los hijos del Zebedeo:
[46] Las cuales, cuando estaba en Galilea, le seguÃan, y le servÃan: y otras muchas, que juntamente con él habÃan subido a Jerusalém.
[1] Y los JudÃos (porque era la Parasceve694, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel era el grande dÃa de sábado695) rogaron a Pilato, que les quebrasen las piernas, y que fuesen quitados.
[2] Vinieron pues los soldados: y quebraron las piernas al primero, y al otro, que fue crucificado con él.
[3] Mas cuando vinieron a Jesús, viéndole ya muerto, no le quebrantaron las piernas:
[4] Mas uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y salió luego sangre y agua696.
[5] Y el que lo vio, dio testimonio: y verdadero es el testimonio de él. Y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
[6] Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura: No desmenuzaréis hueso de él.
[7] Y también dice otra Escritura: Verán en el que traspasaron.
[8] Y cuando fue tarde, he aquà un varón llamado Joseph, el cual era senador, varón bueno y justo:
[9] Que no habÃa consentido en el consejo, ni en los hechos de ellos, de Arimathéa, ciudad de la Judea, el cual esperaba también el reino de Dios,
[10] Y que era discÃpulo de Jesús, aunque oculto por miedo de los JudÃos, entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
[11] Y Pilato se maravillaba de que tan pronto hubiese muerto. Y llamando al Centurión, le preguntó, si era ya muerto.
[12] Y después que lo supo del Centurión, dio el cuerpo a Joseph.
[13] Y Joseph compró una sábana: y vino, y quitó el cuerpo de Jesús.
[14] Y Nicodemo, el que habÃa ido primeramente de noche a Jesús, vino también, trayendo una confección como de cien libras, de mirra, y de aloé.
[15] Y tomaron el cuerpo de Jesús, y lo ataron en lienzos con aromas, asà como los JudÃos acostumbran sepultar.
[16] Y en aquel lugar, en donde fue crucificado, habÃa un huerto: y en el huerto, un sepulcro nuevo, en el que aún no habÃa sido puesto alguno.
[17] Allà pues por causa de la Parasceve de los JudÃos, porque estaba cerca el sepulcro, pusieron a Jesús: Joseph arrimó una grande losa a la boca del sepulcro, y se fue, y ya rayaba el sábado.
[18] Y MarÃa Magdalena, y la otra MarÃa697 estaban allà sentadas en frente del sepulcro, y miraban donde le ponÃan, y como fue depositado su cuerpo.
[19] Y volviéndose, reposaron el sábado conforme al mandamiento.
[20] Y otro dÃa, que es el que se sigue al de la Parasceve, los prÃncipes de los sacerdotes y los Phariseos acudieron juntos a Pilato,
[21] Diciendo: Señor, nos acordamos, que dijo aquel impostor, cuando todavÃa estaba en vida: Después de tres dÃas resucitaré.
[22] Manda pues que se guarde el sepulcro hasta el tercero dÃa: no sea que vengan sus discÃpulos, y lo hurten, y digan a la plebe: Resucitó de entre los muertos: y será el postrer error peor que el primero.
[23] Pilatos les dijo: Guardas tenéis, id, y guardadlo como sabéis.
[24] Ellos pues fueron, y para asegurar el sepulcro sellaron la piedra698, y pusieron guardas699.
[1] Mas en la tarde del sábado, al amanecer el primer dÃa de la semana700, MarÃa Magdalena, y MarÃa madre de Santiago, y Salomé, y Juana, y las demás, que estaban con ellas, compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.
[2] Y muy de mañana, cuando aún era obscuro, fueron al sepulcro, llevando los aromas, que habÃan preparado.
[3] Y decÃan entre sÃ: ¿Quién nos quitará la losa de la puerta del sepulcro? Porque era muy grande701.
[4] Y habÃa habido un grande terremoto. Porque un Angel del Señor descendió del cielo: y llegando revolvió la piedra, y se sentó sobre ella702:
[5] Y su aspecto era como un relámpago: y su vestidura como la nieve.
[6] Y de temor de él se asombraron los guardas, y quedaron como muertos.
[7] Mas reparando las mujeres, vieron quitada la losa del sepulcro.
[8] Y fue corriendo MarÃa Magdalena703 a Simón Pedro, y al otro discÃpulo, a quien amaba Jesús, y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro, y no sabemos en donde le han puesto.
[9] Y entrando en el sepulcro vieron un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una ropa blanca, y se pasmaron.
[10] Mas el Angel tomando la palabra, dijo a las mujeres: No tengáis miedo vosotras: porque sé, que buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado.
[11] No está aquÃ: porque ha resucitado, como dijo. Venid, y ved el lugar, donde habÃa sido puesto el Señor.
[12] E id luego, decid a sus discÃpulos y a Pedro, que ha resucitado: y he aquà va delante de vosotros a Galilea: allà le veréis como os dijo. He aquà os lo he avisado de antemano.
[13] Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
[14] Y aconteció, que estando consternadas por esto, he aquà dos varones, que se pararon junto a ellas con vestiduras resplandecientes.
[15] Y como estuviesen medrosas, y bajasen el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
[16] No está aquÃ, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, estando aun en Galilea,
[17] Diciendo: Es menester, que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercero dÃa.
[18] Entonces se acordaron de las palabras de él.
[19] Y ellas704 saliendo huyeron del sepulcro; porque las habÃa tomado temor y espanto: y a nadie dijeron nada705.
[20] Salió pues Pedro, y aquel otro discÃpulo, y fueron al sepulcro.
[21] Y corrÃan los dos a la par: mas el otro discÃpulo se adelantó corriendo más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
[22] Y habiéndose abajado, vio los lienzos puestos706: mas no entró dentro707.
[23] Llegó pues Simón Pedro, que le venÃa siguiendo, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puesto,
[24] Y el sudario, que habÃa tenido sobre la cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.
[25] Entonces entró también el otro discÃpulo, que habÃa llegado primero al sepulcro: y vio, y creyó708:
[26] Porque aun no entendÃan la Escritura, que era menester, que él resucitara de entre los muertos.
[27] Y se volvieron otra vez los discÃpulos a su casa admirando entre sà lo que habÃa sucedido.
[28] Pero MarÃa estaba fuera llorando junto al sepulcro, y estando asà llorando, se abajó, y miró hacia el sepulcro:
[29] Y vio dos Angeles vestidos de blanco, sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, en donde habÃa sido puesto el cuerpo de Jesús.
[30] Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? DÃceles: Porque se han llevado de aquà a mi Señor, y no sé donde le han puesto.
[31] Y cuando esto hubo dicho, se volvió a mirar atrás, y vio a Jesús, que estaba en pie: mas no sabÃa que era Jesús.
[32] Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella creyendo que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado de aquÃ, dime en donde lo has puesto: y yo lo llevaré.
[33] Jesús le dice: MarÃa. Vuelta ella, le dice: Rabboni (que quiere decir Maestro).
[34] Jesús le dice: No me toques, porque aun no he subido a mi Padre709: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre, y vuestro Padre; a mi Dios, y vuestro Dios.
[35] Y ellas salieron al punto del sepulcro con miedo.
[36] Y he aquà Jesús les salió al encuentro, diciendo: Dios os guarde. Y ellas se llegaron a él, y abrazáronle sus pies, y le adoraron.
[37] Entonces les dijo Jesús: No temáis, id, dad las nuevas a mis hermanos para que vayan a la Galilea, allà me verán710.
[38] Y fueron corriendo con grande gozo a dar las nuevas a sus discÃpulos.
[39] Y mientras ellas iban, he aquà algunos de los guardas fueron a la ciudad, y dieron aviso a los prÃncipes de los sacerdotes de todo lo que habÃa pasado.
[40] Y habiéndose juntado con los ancianos, y tomado consejo, dieron una grande suma de dinero a los soldados,
[41] Diciendo: Decid, que vinieron de noche sus discÃpulos, y lo hurtaron mientras que nosotros estábamos durmiendo711.
[42] Y si llegare esto a oÃdos del presidente, nosotros se lo haremos creer, y miraremos por vuestra seguridad.
[43] Y ellos tomando el dinero, lo hicieron conforme habÃan sido instruidos. Y esta voz, que se divulgó entre los judÃos, dura hasta hoy dÃa.
[1] Mas habiendo resucitado por la mañana, el primer dÃa de la semana712, apareció primeramente a MarÃa Magdalena, de la cual habÃa lanzado siete demonios.
[2] Ella lo fue a decir a los que habÃan estado con él, que estaban afligidos, y llorando713.
[3] Y ellos, cuando oyeron que estaba vivo, y que ella le habÃa visto, no lo creyeron.
[4] (Y las otras mujeres) salieron del sepulcro, y fueron a contar todo esto a los once, y a todos los demás714.
[5] Y las que refirieron a los Apóstoles estas cosas eran MarÃa Magdalena, y Juana, y MarÃa madre de Santiago, y las demás, que estaban con ellas.
[6] Y ellos tuvieron por un desvarÃo estas sus palabras: y no las creyeron.
[7] Mas después de esto se mostró en otra forma a dos de ellos.
[8] Y dos de ellos aquel mismo dÃa iban a una aldea llamada Emmaús, que distaba de Jerusalém sesenta estadios715.
[9] Y ellos iban conversando entre sà de todas estas cosas, que habÃan acaecido.
[10] Y como fuesen hablando y conferenciando el uno con el otro: se llegó a ellos el mismo Jesús, y caminaba en su compañÃa:
[11] Mas los ojos de ellos estaban detenidos, para que no le conociesen.
[12] Y les dijo: ¿Qué pláticas son esas, que tratáis entre vosotros caminando, y por qué estáis tristes?
[13] Y respondiendo uno de ellos, llamado Cleophas, le dijo: ¿Tú solo eres forastero en Jerusalém, y no sabes lo que allà ha pasado estos dÃas?
[14] El les dijo: ¿Qué cosa? Y respondieron: De Jesús Nazareno, que fue un varón profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo:
[15] Y cómo le entregaron los sumos sacerdotes y nuestros prÃncipes a condenación de muerte, y le crucificaron:
[16] Mas nosotros esperábamos, que él era el que habÃa de redimir a Israel: y ahora sobre todo esto hoy es el tercer dÃa716, que han acontecido estas cosas.
[17] Aunque también unas mujeres de las nuestras nos han espantado, las cuales antes de amanecer, fueron al sepulcro,
[18] Y no habiendo hallado su cuerpo, volvieron, diciendo que habÃan visto allà visión de Angeles, los cuales dicen que él vive.
[19] Y algunos de los nuestros fueron al sepulcro: y lo hallaron, asà como las mujeres lo habÃan referido, mas a él no lo hallaron.
[20] Y Jesús les dijo: ¡O necios y tardos de corazón, para creer todo lo que los profetas han dicho!
[21] ¿Pues qué no fue menester, que el Cristo padeciese estas cosas, y que asà entrase en su gloria?
[22] Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, se lo declaraba en todas las Escrituras, que hablan de él.
[23] Y se acercaron al castillo, adonde iban: y él dio muestras de ir más lejos.
[24] Mas lo detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y está ya inclinado el dÃa. Y entró con ellos.
[25] Y estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, y lo bendijo, y habiéndolo partido, se lo daba.
[26] Y fueron abiertos los ojos de ellos, y lo conocieron: y él entonces se desapareció de su vista.
[27] Y dijeron uno a otro: ¿Por ventura no ardÃa nuestro corazón dentro de nosotros, cuando en el camino nos hablaba, y nos explicaba las Escrituras?
[28] Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalém: y hallaron congregados a los once, y a los que estaban con ellos,
[29] Que decÃan: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón717.
[30] Y ellos contaban lo que les habÃa acontecido en el camino: y cómo le habÃan conocido al partir el pan.
[31] Y estos fueron a decirlo a los otros, y tampoco los creyeron.
[32] Y estando hablando estas cosas, en la tarde de aquel dÃa, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas, en donde se hallaban juntos los discÃpulos por miedo de los JudÃos, vino Jesús, se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros: Yo soy, no temáis.
[33] Mas ellos turbados y espantados, pensaban que veÃan algún espÃritu.
[34] Y les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos a vuestros corazones?
[35] Ved mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad y ved: que el espÃritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
[36] Y cuando esto hubo dicho, les mostró las manos, y el costado, y los pies. Y se gozaron los discÃpulos viendo al Señor.
[37] Mas como aun no lo acabasen de creer, y estuviesen maravillados de gozo, les dijo: ¿Tenéis aquà algo de comer?
[38] Y ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.
[39] Y habiendo comido delante de ellos, tomó las sobras, y se las dio.
[40] Y otra vez les dijo: Paz a vosotros. Como el Padre me envió, asà también yo os envÃo718:
[41] Y dichas estas palabras sopló sobre ellos: y les dijo: Recibid el EspÃritu Santo719:
[42] A los que perdonáreis los pecados, perdonados les son720: y a los que se los retuviéreis, les son retenido721.
[43] Pero Thomás uno de los doce, que se llamaba Didymo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
[44] Y los otros discÃpulos le dijeron: Hemos visto al Señor. Mas él les dijo: Si no viere en sus manos la hendidura de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no lo creeré.
[45] Y al cabo de ocho dÃas estaban otra vez sus discÃpulos dentro, y Thomás con ellos: vino Jesús cerradas las puertas, y se puso en medio, y dijo: Paz a vosotros.
[46] Y después dijo a Thomás: Mete aquà tu dedo, y mira mis manos, y da acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel.
[47] Respondió Thomás, y le dijo: Señor mÃo, y Dios mÃo.
[48] Jesús le dijo: Porque me has visto, Thomás, has creÃdo: Bienaventurados los que no vieron y creyeron.
[49] Otros muchos milagros hizo también Jesús en presencia de sus discÃpulos, que no están escritos en este libro.
[50] Mas estos han sido escritos, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios: y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
[51] Y los once discÃpulos se fueron a la Galilea722.
[1] Después se mostró Jesús otra vez a sus discÃpulos en el mar de
TiberÃades. Y se mostró asÃ:
[2] Estando juntos Simón Pedro y Thomás, llamado Didymo, y Nathanaél, que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discÃpulos.
[3] Simón Pedro les dice: Voy a pescar. Le dicen: Vamos también nosotros contigo. Salieron pues, y subieron en un barco: y aquella noche no cogieron nada.
[4] Mas cuando vino la mañana, se puso Jesús a la ribera: pero no conocieron los discÃpulos que era Jesús.
[5] Y Jesús les dijo: Hijos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.
[6] Les dice: Echad la red a la derecha del barco: y hallaréis. Echaron la red: y ya no la podÃan sacar por la muchedumbre de los peces.
[7] Dijo entonces a Pedro aquel discÃpulo a quien amaba Jesús: El Señor es. Y Simón Pedro cuando oyó que era el Señor, se ciñó su túnica (porque estaba desnudo) y se echó en el mar.
[8] Y los otros discÃpulos vinieron con el barco: (porque no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos) tirando de la red con los peces.
[9] Y luego que saltaron en tierra vieron brasas puestas, y un pez sobre ellas, y pan.
[10] Jesús les dice: Traed acá de los peces, que cogÃsteis ahora.
[11] Entonces subió Simón Pedro, y trajo la red a tierra llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red723.
[12] Jesús les dice: Venid, comed. Y ninguno de los que comÃan con él osaba preguntarle: Tú ¿quién eres? sabiendo que era el Señor.
[13] Llega pues Jesús, y tomando el pan se lo da, y asimismo del pez.
[14] Esta fue ya la tercera vez que se manifestó Jesús a sus discÃpulos724, después que resucitó de entre los muertos.
[15] Y cuando hubieron comido, dice Jesús a Simón Pedro: Simón hijo de Juan, ¿me amas mas que estos? Le responde: Sà Señor, tú sabes que te amo. Le dice: Apacienta mis corderos.
[16] Le dice segunda vez: Simón hijo de Juan, ¿me amas? Le responde: Sà Señor, tú sabes que te amo. Le dice: Apacienta mis corderos.
[17] Le dice tercera vez: Simón hijo de Juan, ¿me amas725? Pedro se entristeció, porque le habÃa dicho la tercera vez: ¿Me amas? y le dijo: Señor, tú sabes todas las cosas: tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis ovejas726.
[18] En verdad, en verdad te digo, que cuando eras mozo, te ceñÃas, e ibas adonde querÃas: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde tú no quieras727.
[19] Esto dijo, señalando con qué muerte habÃa de glorificar a Dios. Y habiendo dicho esto, le dice: SÃgueme.
[20] Volviéndose Pedro vio que le seguÃa aquel discÃpulo, a quien amaba Jesús, y que en la cena estuvo recostado sobre su pecho, y le habÃa dicho: Señor, ¿quién es el que te entregará?
[21] Y cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y este qué?
[22] Jesús le dijo: Asà quiero que él quede, hasta que yo venga, ¿qué te va a ti? tú sÃgueme.
[23] Salió pues esta palabra entre los hermanos, que aquel discÃpulo no muere. Y no le dijo Jesús: No muere, sino: Asà quiero que quede hasta que yo venga, ¿a ti que te va?
[24] Este es aquel discÃpulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.
[25] Y los once discÃpulos se fueron a la Galilea al monte, adonde Jesús les habÃa mandado.
[26] Y cuando lo vieron, le adoraron: mas algunos dudaron728.
[27] Y llegando Jesús les habló, diciendo: Se me ha dado toda potestad en el cielo, y en la tierra.
[28] Id pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del EspÃritu Santo:
[29] Enseñándolas a observar todas las cosas que os he mandado. Y mirad que yo estoy con vosotros todos los dÃas hasta la consumación del siglo.
[30] Y se mostró también vivo a sus Apóstoles después de su Pasión con muchas pruebas, apareciéndoseles por cuarenta dÃas, y hablándoles del reino de Dios729, y comiendo con ellos.
[31] Finalmente estando sentados a la mesa los once, se les apareció: y les afeó su incredulidad y dureza de corazón: por no haber creÃdo a los que le habÃan visto resucitado.
[32] Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio730 a toda criatura.
[33] El que creyere, y fuere bautizado, será salvo731: mas el que no creyere, será condenado.
[34] Y estas señales seguirán a los que creyeren: Lanzarán demonios en mi nombre: hablarán nuevas lenguas:
[35] Quitarán serpientes, y si bebieren alguna cosa mortÃfera, no les dañará: pondrán las manos sobre los enfermos, y sanarán.
[36] Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aun con vosotros, que era necesario, que se cumpliese todo lo que está escrito de mà en la ley de Moisés, y en los Profetas, y en los Salmos.
[37] Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras.
[38] Y les dijo: Asà está escrito, y asà era menester, que el Cristo padeciese, y resucitase al tercero dÃa de entre los muertos:
[39] Y que se predicase en su nombre penitencia y remisión de pecados a todas las naciones, comenzando de Jerusalém.
[40] Y vosotros testigos sois de estas cosas.
[41] Y yo envÃo al prometido de mi Padre sobre vosotros732: mas vosotros permaneced aquà en la ciudad, hasta que seáis vestidos de la virtud de lo alto.
[42] Porque Juan en verdad bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados en EspÃritu Santo, no mucho después de estos dÃas.
[43] Entonces los que se habÃan congregado le preguntaban, diciendo: Señor, ¿si restituirás733 en este tiempo el reino a Israel?
[44] Y les dijo: No toca a vosotros saber los tiempos o los momentos, que puso el Padre en su propio poder:
[45] Mas recibiréis la virtud del EspÃritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalém, y en toda la Judea, y Samaria, y hasta las extremidades de la tierra.
[46] Y los sacó fuera hasta Bethania: y alzando sus manos les bendijo.
[47] Y aconteció, que mientras los bendecÃa, se partió de ellos, y era elevado al cielo viéndolo ellos.
[48] Y le recibió una nube, que le ocultó a sus ojos, y fue recibido arriba en el cielo, y está sentado a la diestra de Dios734.
[49] Y estando mirando al cielo cuando él se iba, he aquà se pusieron al lado de ellos dos varones con vestiduras blancas735,
[50] Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo736? este Jesús, que de vuestra vista se ha subido al cielo, asà vendrá, como le habéis visto ir al cielo737.
[51] Entonces después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalém desde el monte llamado del Olivar, con grande gozo.
[52] Y cuando entraron, subieron al cenáculo, en donde estaban Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Phelipe y Thomás, Bartholomé y Matheo, Santiago de Alphéo, y Simón el Zeloso, y Judas hermano de Santiago.
[53] Todos estos perseveraban unánimes en oración con las mujeres, y con MarÃa Madre de Jesús, y con los hermanos de él.
[54] Y estaban siempre en el templo loando y bendiciendo a Dios. Amén.
[55] Otras muchas cosas hay también que hizo Jesús: que si se escribiesen una por una, me parece que ni aun en el mundo cabrÃan los libros, que se habrÃan de escribir.
[1] En aquellos dÃas levantándose Pedro739 en medio de los hermanos (y eran los que estaban allà juntos como unos ciento y veinte hombres) dijo:
[2] Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura, que predijo el EspÃritu Santo por boca de David acerca de Judas, que fue el caudillo de aquellos que prendieron a Jesús:
[3] El que era contado con nosotros, y tenÃa suerte en este ministerio.
[4] Este pues poseyó un campo del precio de la iniquidad, y colgándose reventó por medio: y se derramaron todas sus entrañas.
[5] Y se hizo notorio a todos los moradores de Jerusalém740, asà que fue llamado aquel campo en su propia lengua, Haceldama, que quiere decir, campo de sangre.
[6] Porque escrito está en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta la habitación de ellos, y no haya quien more en ella: y tome otro su obispado.
[7] Conviene pues, que de estos varones, que han estado en nuestra compañÃa todo el tiempo que entró y salió con nosotros el Señor Jesús,
[8] Comenzando desde el bautismo de Juan hasta el dÃa en que fue tomado arriba de entre nosotros, que uno sea testigo con nosotros de su resurrección.
[9] Y señalaron a dos, a Joseph, que era llamado Barsabas, y tenÃa por sobrenombre el Justo: y a MathÃas.
[10] Y orando dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos de estos dos cuál has escogido,
[11] Para que tome el lugar de este ministerio y apostolado, del cual por su prevaricación cayó Judas para ir a su lugar741.
[12] Y les echaron suertes742, y cayó la suerte sobre MathÃas, y fue contado con los once Apóstoles743.
[13] Y cuando se cumplÃan los dÃas de Pentecostés, estaban todos unánimes en un mismo lugar:
[14] Y vino de repente un estruendo del cielo, como de viento, que soplaba con Ãmpetu, y llenó toda la casa en donde estaban sentados.
[15] Y se les aparecieron unas lenguas repartidas como de fuego, y reposó sobre cada uno de ellos:
[16] Y fueron todos llenos de EspÃritu Santo, y comenzaron a hablar en varias lenguas, como el EspÃritu Santo les daba que hablasen.
[17] Y los Apóstoles salieron, y predicaron en todas partes, obrando el Señor con ellos, y confirmando su doctrina con los milagros que la acompañaban.
Habiendo hablado Dios muchas veces, y en muchas maneras, a los Padres en otro tiempo por los profetas: últimamente en estos dÃas nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por quien hizo también los siglos: el cual siendo el resplandor de la gloria y la figura de sus sustancia, y sustentándolo todo con la palabra de su virtud, habiendo hecho la purificación de los pecados, está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto más excelente que los Angeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. San Pablo a los Hebreos. I. 1-4.
Y el mismo sentimiento haya en vosotros que hubo también en Jesucristo: que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación el ser él igual a Dios, sino que se anonadó a sà mismo tomando forma de siervo, hecho a la semejanza de hombres, y hallado en la condición como hombre. Se humilló a sà mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo ensalzó, y le dio un nombre, que es sobre todo nombre, para que al nombre de JESUS se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y en los infiernos, y toda lengua confiese, que el SEÑOR JESUCRISTO está en la gloria de Dios Padre. San Pablo a los Philipenses. II. 5-11.
Dios envió palabra a los hijos de Israel, anunciándoles paz por Jesucristo... el cual anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo, porque Dios era con él... al cual ellos mataron colgándole en un leño. A este lo resucitó Dios al tercer dÃa, y quiso que se manifestase... y nos mandó que predicásemos al pueblo, y que diésemos testimonio de que él es el que Dios ha puesto por juez de vivos y de muertos. Hechos de los Apóstoles. X. 36-42. Palabras de San Pedro.
Y a vosotros, que estábais muertos en vuestros pecados, os dio la vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, cancelando la cédula del decreto que habÃa contra nosotros, que nos era contrario; y la quitó de en medio, enclavándola en la cruz. San Pablo a los Colosenses. II. 13-14.
Pues ahora nada de condenación tienen los que están en Jesucristo: los cuales no andan según la carne. San Pablo a los Romanos. VIII. 1.
SÃ, Señor, yo he creÃdo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido a este mundo. San Juan. XI. 27.
Digno es el Cordero, que fue muerto, de recibir virtud y divinidad, y sabidurÃa, y fortaleza, y honra, y gloria, y bendición. Apocalipsis. V. 12.
Si alguno no ama a Nuestro Señor Jesucristo, sea excomulgado, perpetuamente execrado. San Pablo a los Corintios. XVI, 22.
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