Abate de Brispot, La vida de Nuestro Señor Jesucristo
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CAPITULO LV
Mientras que Jesús recibe toda clase de ultrajes en el vestíbulo del pretorio, San Pedro le niega tres veces. Mirada de Jesús, y arrepentimiento de San Pedro.- Jesús se presenta de nuevo ante el Concilio de los Judíos: luego le llevan a casa de Pilato, que se le envía a Herodes, y este se le devuelve a Pilato.

[1] Y estando Pedro abajo en el atrio sentado a la lumbre en medio de ellos666, llegó la criada portera del sumo sacerdote:

[2] Y cuando vio a Pedro, que se calentaba, clavando en él los ojos, le dijo:

[3] Tú también estabas con Jesús el Galileo: ¿No eres tú también de sus discípulos?

[4] Mas él lo negó delante de todos, diciendo: Mujer, no le conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera delante del atrio, y cantó el gallo667.

[5] Y saliendo él a la puerta, le vio otra criada, y dijo a los que estaban allí: Este estaba también con Jesús Nazareno.

[6] Y un poco después, viéndole otro, y la criada, le dijeron: ¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?

[7] Y negó otra vez con juramento, diciendo: Hombre, no soy: no conozco tal hombre.

[8] Y aquellos, que tenían a Jesús, le escupieron en la cara, y le maltrataron a puñadas.

[9] Y le vendaron los ojos, y le dieron bofetadas en el rostro, y le preguntaban, y decían: Adivínanos, Cristo, ¿quién es el que te ha herido668?

[10] Y decían otras muchas cosas blasfemando contra él.

[11] Y pasada como una hora, los que allí estaban, decían a Pedro: Seguramente tú también eres de ellos: porque eres también galileo, y porque aun tu habla te da bien a conocer.

[12] Dícele uno de los criados del pontífice, pariente de aquel, a quien Pedro había cortado la oreja: ¿No te vi yo a ti en el huerto con él?

[13] Y él comenzó a maldecirse, y a hacer imprecaciones, y a jurar: No conozco a ese hombre, que decís.

[14] Y en el mismo instante, cuando él estaba aun hablando, cantó el gallo.

[15] Y volviéndose el Señor, miró a Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces:

[16] Y saliendo Pedro fuera, lloró amargamente.

[17] Y venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes con los ancianos del pueblo, y los Escribas, entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a la muerte669, y lo llevaron a su concilio, y le dijeron: Si tú eres el Cristo, dínoslo.

[18] Y les dijo: Si os lo dijere, no me creeréis:

[19] Y también si os preguntare670, no me responderéis, ni me dejaréis.

[20] Mas desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la diestra de la virtud de Dios.

[21] Dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? El dijo: Vosotros decís, que yo lo soy.

[22] Y ellos dijeron: ¿Qué necesitamos mas testimonio? pues nosotros mismos lo habemos oído de su boca.

[23] Y se levantó toda aquella multitud, y haciendo atar a Jesús, le llevaron desde casa de Caiphás, y lo entregaron al presidente Poncio Pilato.

[24] Entonces Judas, que le había entregado, cuando vio que había sido condenado; movido de arrepentimiento, volvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes, y a los ancianos,

[25] Diciendo: He pecado, entregando la sangre inocente671. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? viéraslo tú.

[26] Y arrojando las monedas de plata en el templo, se retiró, y fue, y se ahorcó con un lazo.

[27] Y los príncipes de los sacerdotes tomando las monedas de plata, dijeron: No es lícito meterlas en el tesoro, porque es precio de sangre.

[28] Y habiendo deliberado sobre ello, compraron con ellas el campo de un alfarero, para sepultura de los extranjeros.

[29] Por lo cual fue llamado aquel campo, Haceldama, esto es, campo de sangre, hasta el día de hoy.

[30] Entonces se cumplió lo que fue dicho por Jeremías el profeta, que dijo: Y tomaron las treinta monedas de plata, precio del apreciado, al cual apreciaron de los hijos de Israel:

[31] Y las dieron por el campo del alfarero, así como me lo ordenó el Señor.

[32] Y Jesús fue presentado ante el presidente: y ellos672 no entraron en el pretorio, por no contaminarse, y por poder comer la Pascua.

[33] Pilato pues salió fuera a ellos, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?

[34] Respondieron, y le dijeron: Si este no fuera malhechor, no te lo hubiéramos entregado.

[35] Pilato les dijo entonces: Tomadle allá vosotros, y juzgadle según vuestra ley673. Y los judíos le dijeron: No nos es lícito a nosotros matar a alguno674.

[36] Para que se cumpliese la palabra, que Jesús había dicho, señalando de qué muerte había de morir.

[37] Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado pervirtiendo a nuestra nación, y vedando dar tributo a César, y diciendo, que él es el Cristo rey.

[38] Volvió pues a entrar Pilato en el pretorio, y llamó a Jesús, y le dijo: ¿Eres tú el rey de los Judíos?

[39] Respondió Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?

[40] Respondió Pilato: ¿Soy acaso yo judío? Tu nación, y los pontífices te han puesto en mis manos: ¿qué has hecho?

[41] Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, mis ministros sin duda pelearían, para que yo no fuera entregado a los Judíos: mas ahora mi reino no es de aquí.

[42] Entonces Pilato le dijo: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio a la verdad: todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz.

[43] Pilato le dice: ¿Qué cosa es verdad? Y cuando esto hubo dicho, salió otra vez a los Judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ninguna causa.

[44] Y como le acusasen los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, nada respondió.

[45] Y Pilato le preguntó otra vez, diciendo: ¿No respondes nada? Mira, de cuantas cosas te acusan.

[46] Mas Jesús ni aun con eso respondió, de modo que se maravillaba Pilato.

[47] Mas ellos insistían, diciendo: Tiene alborotado el pueblo con la doctrina, que esparce por toda la Judea, comenzando desde la Galilea hasta aquí.

[48] Pilato, que oyó decir Galilea, preguntó si era de Galilea.

[49] Y cuando entendió, que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, el cual a la sazón se hallaba también en Jerusalém675.

[50] Y Herodes, cuando vio a Jesús se holgó mucho. Porque de largo tiempo le había deseado ver, por haber oído decir de él muchas cosas, y esperaba verle hacer algún milagro.

[51] Le hizo pues muchas preguntas. Mas él nada le respondía676.

[52] Y estaban los príncipes de los sacerdotes, y los Escribas acusándole con grande instancia.

[53] Y Herodes con sus soldados le despreció: y escarneciéndole, le hizo vestir de una ropa blanca, y le volvió a enviar a Pilato.

[54] Y aquel día quedaron amigos Herodes y Pilato: porque antes eran enemigos entre sí677.

CAPITULO LVI
Pilato procura de nuevo libertar a Jesús, pero inútilmente. El pueblo prefiere a Barrabás.- Azotes y ultrajes infinitos.- El hombre de dolor presentado a la muchedumbre sedienta de su sangre; imprecaciones de los Judíos.- Jesús abandonado al furor de sus enemigos, sale del pretorio cargado con su cruz, y toma el camino del Calvario.

[1] Pilato pues llamó a los príncipes de los sacerdotes, y a los magistrados, y al pueblo,

[2] Y les dijo: Me habéis presentado este hombre, como pervertidor del pueblo, y ved que preguntándole yo delante de vosotros, no hallé en este hombre culpa alguna de aquellas, de que le acusáis,

[3] Ni Herodes tampoco: porque os remití a él, y he aquí que nada se ha probado, que merezca muerte.

[4] Y así le soltaré después de haberlo castigado.

[5] Pero acostumbraba el presidente en el día de la fiesta dar libertad a uno de los presos, cualquiera que ellos pidiesen.

[6] Y como concurriese el pueblo, comenzó a pedirle la gracia que siempre les hacía.

[7] Y a la sazón tenía un ladrón muy famoso llamado Barrabás, que estaba preso con otros sediciosos, por haber hecho una muerte en una revuelta.

[8] Y habiéndose ellos juntado, les dijo Pilato:

[9] Costumbre tenéis vosotros que os suelte uno en la Pascua: ¿queréis pues que os suelte al rey de los Judíos?

[10] ¿A quién queréis que os entregue libre? ¿a Barrabás, o por ventura a Jesús, que es llamado el Cristo?

[11] Porque sabía, que por envidia lo habían entregado los príncipes de los sacerdotes.

[12] Y estando él sentado en su tribunal, le envió a decir su mujer: Nada tengas tú con aquel justo. Porque muchas cosas he padecido hoy en visión por causa de él.

[13] Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos incitaron y persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás, y que hiciese morir a Jesús.

[14] Y el presidente respondió, y dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os entregue libre? Y dijeron todos: No a este, sino a Barrabás.

[15] Pilato les dice: ¿Pues qué haré de Jesús, que es llamado el Cristo?

[16] Dicen todos: Sea crucificado. El presidente les dice: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos levantaban más el grito, diciendo: Sea crucificado.

[17] Y Pilato les habló de nuevo, queriendo soltar a Jesús.

[18] Mas ellos volvían a dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale.

[19] Y él tercera vez les dijo: ¿Pues qué mal ha hecho este? Yo no hallo en él ninguna causa de muerte: le castigaré pues, y lo soltaré.

[20] Mas ellos insistían pidiendo a grandes voces, que fuese crucificado: y crecían más sus voces.

[21] Pilato pues tomó entonces a Jesús, y azotóle678.

[22] Y los soldados le llevaron al atrio del pretorio, y convocaron toda la cohorte.

[23] Y desnudándole, le vistieron un manto de púrpura.

[24] Y tejiendo una corona de espinas679, se la pusieron sobre su cabeza, y una caña en su mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, le escarnecían, diciendo: Dios te salve, rey de los Judíos.

[25] Y le herían en la cabeza con una caña, y le escupían.

[26] Y le daban de bofetadas, e hincando las rodillas, le adoraban.

[27] Pilato pues salió otra vez fuera, y les dijo: Ved que os le saco fuera, para que sepáis que no hallo en él causa alguna.

[28] (Y salió Jesús llevando una corona de espinas, y el manto de púrpura). Y Pilato les dijo: Ved aquí el hombre.

[29] Y cuando le vieron los pontífices, y los ministros daban voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Pilato les dice: Tomadle allá vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él causa.

[30] Los Judíos le respondieron: Nosotros tenemos ley, y según la ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios680.

[31] Cuando Pilato oyó estas palabras, temió más.

[32] Y volvió a entrar en el pretorio: y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.

[33] Y Pilato le dice: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo poder para crucificarte, y que tengo poder para soltarte?

[34] Respondió Jesús: No tendrías poder alguno sobre mí, si no te hubiera sido dado de arriba. Por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

[35] Y desde entonces procuraba Pilato soltarle. Mas los Judíos gritaban diciendo: Si a este sueltas, no eres amigo de César. Porque todo aquel que se hace rey, contradice a César.

[36] Pilato pues cuando oyó estas palabras, sacó fuera a Jesús, y se sentó en su tribunal, en el lugar que se llama Lithóstrotos, y en el hebreo Gabbatha.

[37] Y era el día de la preparación de la Pascua, y como la hora de sexta681, y dice a los Judíos: Ved aquí vuestro rey.

[38] Y ellos gritaban: Quita, quita, crucifícale. Les dice Pilato: ¿A vuestro rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey, sino a César.

[39] Y viendo Pilatos que nada adelantaba, sino que crecía más el alboroto, tomando agua, se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: allá os lo veais vosotros.

[40] Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Sobre nosotros, y sobre nuestros hijos682 sea su sangre.

[41] Y Pilato, queriendo contentar al pueblo, juzgó que se hiciera lo que ellos pedían, y les soltó al que por sedición, y homicidio había sido puesto en la cárcel, a Barrabás, al cual habían pedido:

[42] Y entregó a Jesús a la voluntad de ellos, para que lo crucificasen683.

[43] Y después de haberle escarnecido, le desnudaron de la púrpura, y le vistieron sus ropas: y le sacan fuera para crucificarle.

[44] Y llevando su cruz a cuestas, salió para aquel lugar, que se llama Calvario, y en hebreo Gólgotha.

[45] Y llevaban también con él otros dos, que eran malhechores, para hacerlos morir.

[46] Y al salir fuera, compelieron a uno que pasaba, Simón Cyrenéo, que venía de una granja, padre de Alejandro y de Rufo, a que cargase con la cruz, para que la llevase en pos de Jesús.

[47] Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres: las cuales lo plañían, y lloraban.

[48] Mas Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalém, no lloréis sobre mí: antes llorad sobre vosotras mismas, y sobre vuestros hijos.

[49] Porque vendrán días684, en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no dieron de mamar.

[50] Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros: y a los collados: Cubridnos.

[51] Porque si en el árbol verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?

CAPITULO LVII
Después de haber subido Jesús penosamente al monte del Calvario, es crucificado entre dos ladrones.- Pilato pone el título sobre la cruz.- Los soldados reparten entre sí los vestidos del Señor, y echan suertes sobre su túnica.- Tinieblas milagrosas.- Jesús entrega su espíritu. En su muerte se obscurece el sol, la tierra tiembla, resucitan los muertos, y se ven inauditos prodigios.

[1] Y cuando llegaron al lugar, llamado Gólgotha, le dieron a beber vino mezclado con mirra y con hiel685. Y habiéndolo probado, no lo quiso beber686. Era pues la hora de tercia.

[2] Y allí lo crucificaron, y con él a los dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda, y a Jesús en medio.

[3] Y se cumplió la Escritura, que dice: Y fue contado con los malos.

[4] Mas Jesús decía: Padre, perdónalos: porque no saben lo que hacen687.

[5] Los soldados, después de haber crucificado a Jesús, tomaron sus vestiduras, (y las hicieron cuatro partes, para cada soldado su parte) y la túnica. Mas la túnica no tenía cestura, sino que era toda tejida desde arriba.

[6] Y dijeron unos a otros: No la partamos, mas echemos suertes sobre ella, cuya será: para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron mis vestidos entre sí: y echaron suerte sobre mi vestidura. Y los soldados ciertamente hicieron esto688.

[7] Y sentados le hacían la guardia.

[8] Y Pilato escribió también el título de su causa: y lo puso sobre la cruz. Y lo escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.

[9] Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque estaba cerca de la ciudad el lugar en donde crucificaron a Jesús. Y estaba escrito en hebreo, en griego, y en latín.

[10] Y decían a Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas rey de los Judíos: sino que él dijo: Rey soy de los Judíos.

[11] Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito689.

[12] Y el pueblo estaba mirando, y le denostaban.

[13] Y los que pasaban le blasfemaban moviendo sus cabezas,

[14] Y diciendo: Ha, tú el que destruyes el templo de Dios, y lo reedificas en tres días, sálvate a ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

[15] Asimismo insultándole también los príncipes de los sacerdotes con los Escribas, y ancianos, decían:

[16] A otros salvó, y a sí mismo no puede salvar: si es el rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y le creemos:

[17] Confió en Dios: líbrelo ahora, si le ama: pues dijo: Hijo soy de Dios.

[18] Le escarnecían también los soldados, diciendo: Si tú eres el rey de los Judíos, sálvate a ti mismo.

[19] Y los ladrones que estaban crucificados con él, le improperaban.

[20] Y uno de aquellos ladrones, que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo, y a nosotros.

[21] Mas el otro respondiendo, le reprendió690, diciendo: Ni aun tú temes a Dios, estando en el mismo suplicio.

[22] Y nosotros en verdad por nuestra culpa, porque recibimos lo que merecen nuestras obras: mas este ningún mal ha hecho.

[23] Y decía a Jesús: Señor, acuérdate de mí, cuando vinieres a tu reino.

[24] Y Jesús le dijo: En verdad te digo: Que hoy serás conmigo en el paraíso.

[25] Y estaban junto a la cruz de Jesús su Madre, y la hermana de su Madre María de Cleophás, y María Magdalena.

[26] Y como vio Jesús a su Madre, y al discípulo que amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: Mujer, he ahí tu hijo.

[27] Después dijo al discípulo: He ahí tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió por suya.

[28] Y era ya casi la hora de sexta.

[29] Mas desde la hora de sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de nona.

[30] Y se obscureció el sol. Y cerca de la hora de nona clamó Jesús con grande voz, diciendo: ELI, ELI, LAMMA SABACTHANI? esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

[31] Algunos pues de los que allí estaban, cuando esto oyeron, decían: A Elías llama este691.

[32] Después de esto sabiendo Jesús, que todas las cosas eran ya cumplidas, para que se cumpliese la Escritura, dijo: Sed tengo.

[33] Había allí un vaso lleno de vinagre,

[34] Y luego corriendo uno de ellos, toma una esponja, y la empapó en vinagre, y atándola en una caña, le daba a beber.

[35] Y los otros decían: Dejad, veamos si viene Elías a librarlo.

[36] Y luego que Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es.

[37] Mas Jesús clamando segunda vez con grande voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto, e inclinando la cabeza, expiró.

[38] Y he aquí se rasgó el velo692 del templo en dos partes de alto a bajo, y tembló la tierra, y se hendieron las piedras,

[39] Y se abrieron los sepulcros693: y muchos cuerpos de santos, que habían muerto, resucitaron.

[40] Y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

[41] Y cuando el Centurión, que estaba en frente, vio lo que había acontecido, y que así clamando había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era justo: verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

[42] Y los que con él estaban guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que pasaban, tuvieron grande miedo, y decían: Verdaderamente Hijo de Dios era este.

[43] Y todo el gentío, que asistía a este espectáculo, y veía lo que pasaba, se volvía, dándose golpes en los pechos.

[44] Y todos los conocidos de Jesús, estaban de lejos mirando estas cosas.

[45] Y había también allí unas mujeres mirándole de lejos, que habían seguido a Jesús desde Galilea: entre las cuales estaba María Magdalena, y María madre de Santiago el menor, y de Joseph, y Salomé madre de los hijos del Zebedeo:

[46] Las cuales, cuando estaba en Galilea, le seguían, y le servían: y otras muchas, que juntamente con él habían subido a Jerusalém.

CAPITULO LVIII
Un soldado abre el costado de Jesús con una lanza, y sale de él agua y sangre.- Joseph de Arimathea pide su cuerpo, y le da honrosa sepultura.- Los príncipes de los sacerdotes, para asegurar el sepulcro, sellan la piedra y ponen guardias.

[1] Y los Judíos (porque era la Parasceve694, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel era el grande día de sábado695) rogaron a Pilato, que les quebrasen las piernas, y que fuesen quitados.

[2] Vinieron pues los soldados: y quebraron las piernas al primero, y al otro, que fue crucificado con él.

[3] Mas cuando vinieron a Jesús, viéndole ya muerto, no le quebrantaron las piernas:

[4] Mas uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y salió luego sangre y agua696.

[5] Y el que lo vio, dio testimonio: y verdadero es el testimonio de él. Y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.

[6] Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura: No desmenuzaréis hueso de él.

[7] Y también dice otra Escritura: Verán en el que traspasaron.

[8] Y cuando fue tarde, he aquí un varón llamado Joseph, el cual era senador, varón bueno y justo:

[9] Que no había consentido en el consejo, ni en los hechos de ellos, de Arimathéa, ciudad de la Judea, el cual esperaba también el reino de Dios,

[10] Y que era discípulo de Jesús, aunque oculto por miedo de los Judíos, entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

[11] Y Pilato se maravillaba de que tan pronto hubiese muerto. Y llamando al Centurión, le preguntó, si era ya muerto.

[12] Y después que lo supo del Centurión, dio el cuerpo a Joseph.

[13] Y Joseph compró una sábana: y vino, y quitó el cuerpo de Jesús.

[14] Y Nicodemo, el que había ido primeramente de noche a Jesús, vino también, trayendo una confección como de cien libras, de mirra, y de aloé.

[15] Y tomaron el cuerpo de Jesús, y lo ataron en lienzos con aromas, así como los Judíos acostumbran sepultar.

[16] Y en aquel lugar, en donde fue crucificado, había un huerto: y en el huerto, un sepulcro nuevo, en el que aún no había sido puesto alguno.

[17] Allí pues por causa de la Parasceve de los Judíos, porque estaba cerca el sepulcro, pusieron a Jesús: Joseph arrimó una grande losa a la boca del sepulcro, y se fue, y ya rayaba el sábado.

[18] Y María Magdalena, y la otra María697 estaban allí sentadas en frente del sepulcro, y miraban donde le ponían, y como fue depositado su cuerpo.

[19] Y volviéndose, reposaron el sábado conforme al mandamiento.

[20] Y otro día, que es el que se sigue al de la Parasceve, los príncipes de los sacerdotes y los Phariseos acudieron juntos a Pilato,

[21] Diciendo: Señor, nos acordamos, que dijo aquel impostor, cuando todavía estaba en vida: Después de tres días resucitaré.

[22] Manda pues que se guarde el sepulcro hasta el tercero día: no sea que vengan sus discípulos, y lo hurten, y digan a la plebe: Resucitó de entre los muertos: y será el postrer error peor que el primero.

[23] Pilatos les dijo: Guardas tenéis, id, y guardadlo como sabéis.

[24] Ellos pues fueron, y para asegurar el sepulcro sellaron la piedra698, y pusieron guardas699.

CAPITULO LIX
Las santas mujeres preparan aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús. Cuando iban al sepulcro, la tierra tiembla, y un ángel baja de los cielos.- Resurrección gloriosa de Jesucristo, que aparece a la Magdalena, la que corre a advertir a Simón Pedro, y luego a las demás mujeres.- Fábula inventada por los príncipes de los sacerdotes.

[1] Mas en la tarde del sábado, al amanecer el primer día de la semana700, María Magdalena, y María madre de Santiago, y Salomé, y Juana, y las demás, que estaban con ellas, compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.

[2] Y muy de mañana, cuando aún era obscuro, fueron al sepulcro, llevando los aromas, que habían preparado.

[3] Y decían entre sí: ¿Quién nos quitará la losa de la puerta del sepulcro? Porque era muy grande701.

[4] Y había habido un grande terremoto. Porque un Angel del Señor descendió del cielo: y llegando revolvió la piedra, y se sentó sobre ella702:

[5] Y su aspecto era como un relámpago: y su vestidura como la nieve.

[6] Y de temor de él se asombraron los guardas, y quedaron como muertos.

[7] Mas reparando las mujeres, vieron quitada la losa del sepulcro.

[8] Y fue corriendo María Magdalena703 a Simón Pedro, y al otro discípulo, a quien amaba Jesús, y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro, y no sabemos en donde le han puesto.

[9] Y entrando en el sepulcro vieron un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una ropa blanca, y se pasmaron.

[10] Mas el Angel tomando la palabra, dijo a las mujeres: No tengáis miedo vosotras: porque sé, que buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado.

[11] No está aquí: porque ha resucitado, como dijo. Venid, y ved el lugar, donde había sido puesto el Señor.

[12] E id luego, decid a sus discípulos y a Pedro, que ha resucitado: y he aquí va delante de vosotros a Galilea: allí le veréis como os dijo. He aquí os lo he avisado de antemano.

[13] Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

[14] Y aconteció, que estando consternadas por esto, he aquí dos varones, que se pararon junto a ellas con vestiduras resplandecientes.

[15] Y como estuviesen medrosas, y bajasen el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

[16] No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, estando aun en Galilea,

[17] Diciendo: Es menester, que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercero día.

[18] Entonces se acordaron de las palabras de él.

[19] Y ellas704 saliendo huyeron del sepulcro; porque las había tomado temor y espanto: y a nadie dijeron nada705.

[20] Salió pues Pedro, y aquel otro discípulo, y fueron al sepulcro.

[21] Y corrían los dos a la par: mas el otro discípulo se adelantó corriendo más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

[22] Y habiéndose abajado, vio los lienzos puestos706: mas no entró dentro707.

[23] Llegó pues Simón Pedro, que le venía siguiendo, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puesto,

[24] Y el sudario, que había tenido sobre la cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.

[25] Entonces entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro: y vio, y creyó708:

[26] Porque aun no entendían la Escritura, que era menester, que él resucitara de entre los muertos.

[27] Y se volvieron otra vez los discípulos a su casa admirando entre sí lo que había sucedido.

[28] Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro, y estando así llorando, se abajó, y miró hacia el sepulcro:

[29] Y vio dos Angeles vestidos de blanco, sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, en donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

[30] Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado de aquí a mi Señor, y no sé donde le han puesto.

[31] Y cuando esto hubo dicho, se volvió a mirar atrás, y vio a Jesús, que estaba en pie: mas no sabía que era Jesús.

[32] Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella creyendo que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado de aquí, dime en donde lo has puesto: y yo lo llevaré.

[33] Jesús le dice: María. Vuelta ella, le dice: Rabboni (que quiere decir Maestro).

[34] Jesús le dice: No me toques, porque aun no he subido a mi Padre709: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre, y vuestro Padre; a mi Dios, y vuestro Dios.

[35] Y ellas salieron al punto del sepulcro con miedo.

[36] Y he aquí Jesús les salió al encuentro, diciendo: Dios os guarde. Y ellas se llegaron a él, y abrazáronle sus pies, y le adoraron.

[37] Entonces les dijo Jesús: No temáis, id, dad las nuevas a mis hermanos para que vayan a la Galilea, allí me verán710.

[38] Y fueron corriendo con grande gozo a dar las nuevas a sus discípulos.

[39] Y mientras ellas iban, he aquí algunos de los guardas fueron a la ciudad, y dieron aviso a los príncipes de los sacerdotes de todo lo que había pasado.

[40] Y habiéndose juntado con los ancianos, y tomado consejo, dieron una grande suma de dinero a los soldados,

[41] Diciendo: Decid, que vinieron de noche sus discípulos, y lo hurtaron mientras que nosotros estábamos durmiendo711.

[42] Y si llegare esto a oídos del presidente, nosotros se lo haremos creer, y miraremos por vuestra seguridad.

[43] Y ellos tomando el dinero, lo hicieron conforme habían sido instruidos. Y esta voz, que se divulgó entre los judíos, dura hasta hoy día.

CAPITULO LX
De vuelta del sepulcro, las santas mujeres van a anunciar a los once Apóstoles la resurrección de Jesús.- Aparece a los discípulos, que iban a Emmaús, y por la tarde aparece también a diez de los Apóstoles.- Ocho días después aparece de nuevo: Tomás se rinde a la evidencia. Marchan los Apóstoles a Galilea.

[1] Mas habiendo resucitado por la mañana, el primer día de la semana712, apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había lanzado siete demonios.

[2] Ella lo fue a decir a los que habían estado con él, que estaban afligidos, y llorando713.

[3] Y ellos, cuando oyeron que estaba vivo, y que ella le había visto, no lo creyeron.

[4] (Y las otras mujeres) salieron del sepulcro, y fueron a contar todo esto a los once, y a todos los demás714.

[5] Y las que refirieron a los Apóstoles estas cosas eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Santiago, y las demás, que estaban con ellas.

[6] Y ellos tuvieron por un desvarío estas sus palabras: y no las creyeron.

[7] Mas después de esto se mostró en otra forma a dos de ellos.

[8] Y dos de ellos aquel mismo día iban a una aldea llamada Emmaús, que distaba de Jerusalém sesenta estadios715.

[9] Y ellos iban conversando entre sí de todas estas cosas, que habían acaecido.

[10] Y como fuesen hablando y conferenciando el uno con el otro: se llegó a ellos el mismo Jesús, y caminaba en su compañía:

[11] Mas los ojos de ellos estaban detenidos, para que no le conociesen.

[12] Y les dijo: ¿Qué pláticas son esas, que tratáis entre vosotros caminando, y por qué estáis tristes?

[13] Y respondiendo uno de ellos, llamado Cleophas, le dijo: ¿Tú solo eres forastero en Jerusalém, y no sabes lo que allí ha pasado estos días?

[14] El les dijo: ¿Qué cosa? Y respondieron: De Jesús Nazareno, que fue un varón profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo:

[15] Y cómo le entregaron los sumos sacerdotes y nuestros príncipes a condenación de muerte, y le crucificaron:

[16] Mas nosotros esperábamos, que él era el que había de redimir a Israel: y ahora sobre todo esto hoy es el tercer día716, que han acontecido estas cosas.

[17] Aunque también unas mujeres de las nuestras nos han espantado, las cuales antes de amanecer, fueron al sepulcro,

[18] Y no habiendo hallado su cuerpo, volvieron, diciendo que habían visto allí visión de Angeles, los cuales dicen que él vive.

[19] Y algunos de los nuestros fueron al sepulcro: y lo hallaron, así como las mujeres lo habían referido, mas a él no lo hallaron.

[20] Y Jesús les dijo: ¡O necios y tardos de corazón, para creer todo lo que los profetas han dicho!

[21] ¿Pues qué no fue menester, que el Cristo padeciese estas cosas, y que así entrase en su gloria?

[22] Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, se lo declaraba en todas las Escrituras, que hablan de él.

[23] Y se acercaron al castillo, adonde iban: y él dio muestras de ir más lejos.

[24] Mas lo detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y está ya inclinado el día. Y entró con ellos.

[25] Y estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, y lo bendijo, y habiéndolo partido, se lo daba.

[26] Y fueron abiertos los ojos de ellos, y lo conocieron: y él entonces se desapareció de su vista.

[27] Y dijeron uno a otro: ¿Por ventura no ardía nuestro corazón dentro de nosotros, cuando en el camino nos hablaba, y nos explicaba las Escrituras?

[28] Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalém: y hallaron congregados a los once, y a los que estaban con ellos,

[29] Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón717.

[30] Y ellos contaban lo que les había acontecido en el camino: y cómo le habían conocido al partir el pan.

[31] Y estos fueron a decirlo a los otros, y tampoco los creyeron.

[32] Y estando hablando estas cosas, en la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas, en donde se hallaban juntos los discípulos por miedo de los Judíos, vino Jesús, se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros: Yo soy, no temáis.

[33] Mas ellos turbados y espantados, pensaban que veían algún espíritu.

[34] Y les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos a vuestros corazones?

[35] Ved mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad y ved: que el espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

[36] Y cuando esto hubo dicho, les mostró las manos, y el costado, y los pies. Y se gozaron los discípulos viendo al Señor.

[37] Mas como aun no lo acabasen de creer, y estuviesen maravillados de gozo, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?

[38] Y ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.

[39] Y habiendo comido delante de ellos, tomó las sobras, y se las dio.

[40] Y otra vez les dijo: Paz a vosotros. Como el Padre me envió, así también yo os envío718:

[41] Y dichas estas palabras sopló sobre ellos: y les dijo: Recibid el Espíritu Santo719:

[42] A los que perdonáreis los pecados, perdonados les son720: y a los que se los retuviéreis, les son retenido721.

[43] Pero Thomás uno de los doce, que se llamaba Didymo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

[44] Y los otros discípulos le dijeron: Hemos visto al Señor. Mas él les dijo: Si no viere en sus manos la hendidura de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no lo creeré.

[45] Y al cabo de ocho días estaban otra vez sus discípulos dentro, y Thomás con ellos: vino Jesús cerradas las puertas, y se puso en medio, y dijo: Paz a vosotros.

[46] Y después dijo a Thomás: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos, y da acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel.

[47] Respondió Thomás, y le dijo: Señor mío, y Dios mío.

[48] Jesús le dijo: Porque me has visto, Thomás, has creído: Bienaventurados los que no vieron y creyeron.

[49] Otros muchos milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro.

[50] Mas estos han sido escritos, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios: y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

[51] Y los once discípulos se fueron a la Galilea722.

CAPITULO LXI
Muéstrase Jesús de nuevo a sus discípulos, cerca de la mar de Galilea estando ellos pescando.- Primacía de San Pedro.- Jesús aparece otra vez; misión de los Apóstoles en el mundo entero.- Jesús confirma su misión apareciendo de nuevo, les promete el Espíritu Santo y se eleva al cielo en su presencia.

[1] Después se mostró Jesús otra vez a sus discípulos en el mar de

Tiberíades. Y se mostró así:

[2] Estando juntos Simón Pedro y Thomás, llamado Didymo, y Nathanaél, que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.

[3] Simón Pedro les dice: Voy a pescar. Le dicen: Vamos también nosotros contigo. Salieron pues, y subieron en un barco: y aquella noche no cogieron nada.

[4] Mas cuando vino la mañana, se puso Jesús a la ribera: pero no conocieron los discípulos que era Jesús.

[5] Y Jesús les dijo: Hijos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.

[6] Les dice: Echad la red a la derecha del barco: y hallaréis. Echaron la red: y ya no la podían sacar por la muchedumbre de los peces.

[7] Dijo entonces a Pedro aquel discípulo a quien amaba Jesús: El Señor es. Y Simón Pedro cuando oyó que era el Señor, se ciñó su túnica (porque estaba desnudo) y se echó en el mar.

[8] Y los otros discípulos vinieron con el barco: (porque no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos) tirando de la red con los peces.

[9] Y luego que saltaron en tierra vieron brasas puestas, y un pez sobre ellas, y pan.

[10] Jesús les dice: Traed acá de los peces, que cogísteis ahora.

[11] Entonces subió Simón Pedro, y trajo la red a tierra llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red723.

[12] Jesús les dice: Venid, comed. Y ninguno de los que comían con él osaba preguntarle: Tú ¿quién eres? sabiendo que era el Señor.

[13] Llega pues Jesús, y tomando el pan se lo da, y asimismo del pez.

[14] Esta fue ya la tercera vez que se manifestó Jesús a sus discípulos724, después que resucitó de entre los muertos.

[15] Y cuando hubieron comido, dice Jesús a Simón Pedro: Simón hijo de Juan, ¿me amas mas que estos? Le responde: Sí Señor, tú sabes que te amo. Le dice: Apacienta mis corderos.

[16] Le dice segunda vez: Simón hijo de Juan, ¿me amas? Le responde: Sí Señor, tú sabes que te amo. Le dice: Apacienta mis corderos.

[17] Le dice tercera vez: Simón hijo de Juan, ¿me amas725? Pedro se entristeció, porque le había dicho la tercera vez: ¿Me amas? y le dijo: Señor, tú sabes todas las cosas: tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis ovejas726.

[18] En verdad, en verdad te digo, que cuando eras mozo, te ceñías, e ibas adonde querías: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde tú no quieras727.

[19] Esto dijo, señalando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y habiendo dicho esto, le dice: Sígueme.

[20] Volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo, a quien amaba Jesús, y que en la cena estuvo recostado sobre su pecho, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te entregará?

[21] Y cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y este qué?

[22] Jesús le dijo: Así quiero que él quede, hasta que yo venga, ¿qué te va a ti? tú sígueme.

[23] Salió pues esta palabra entre los hermanos, que aquel discípulo no muere. Y no le dijo Jesús: No muere, sino: Así quiero que quede hasta que yo venga, ¿a ti que te va?

[24] Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.

[25] Y los once discípulos se fueron a la Galilea al monte, adonde Jesús les había mandado.

[26] Y cuando lo vieron, le adoraron: mas algunos dudaron728.

[27] Y llegando Jesús les habló, diciendo: Se me ha dado toda potestad en el cielo, y en la tierra.

[28] Id pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:

[29] Enseñándolas a observar todas las cosas que os he mandado. Y mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo.

[30] Y se mostró también vivo a sus Apóstoles después de su Pasión con muchas pruebas, apareciéndoseles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios729, y comiendo con ellos.

[31] Finalmente estando sentados a la mesa los once, se les apareció: y les afeó su incredulidad y dureza de corazón: por no haber creído a los que le habían visto resucitado.

[32] Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio730 a toda criatura.

[33] El que creyere, y fuere bautizado, será salvo731: mas el que no creyere, será condenado.

[34] Y estas señales seguirán a los que creyeren: Lanzarán demonios en mi nombre: hablarán nuevas lenguas:

[35] Quitarán serpientes, y si bebieren alguna cosa mortífera, no les dañará: pondrán las manos sobre los enfermos, y sanarán.

[36] Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aun con vosotros, que era necesario, que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, y en los Profetas, y en los Salmos.

[37] Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras.

[38] Y les dijo: Así está escrito, y así era menester, que el Cristo padeciese, y resucitase al tercero día de entre los muertos:

[39] Y que se predicase en su nombre penitencia y remisión de pecados a todas las naciones, comenzando de Jerusalém.

[40] Y vosotros testigos sois de estas cosas.

[41] Y yo envío al prometido de mi Padre sobre vosotros732: mas vosotros permaneced aquí en la ciudad, hasta que seáis vestidos de la virtud de lo alto.

[42] Porque Juan en verdad bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo, no mucho después de estos días.

[43] Entonces los que se habían congregado le preguntaban, diciendo: Señor, ¿si restituirás733 en este tiempo el reino a Israel?

[44] Y les dijo: No toca a vosotros saber los tiempos o los momentos, que puso el Padre en su propio poder:

[45] Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalém, y en toda la Judea, y Samaria, y hasta las extremidades de la tierra.

[46] Y los sacó fuera hasta Bethania: y alzando sus manos les bendijo.

[47] Y aconteció, que mientras los bendecía, se partió de ellos, y era elevado al cielo viéndolo ellos.

[48] Y le recibió una nube, que le ocultó a sus ojos, y fue recibido arriba en el cielo, y está sentado a la diestra de Dios734.

[49] Y estando mirando al cielo cuando él se iba, he aquí se pusieron al lado de ellos dos varones con vestiduras blancas735,

[50] Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo736? este Jesús, que de vuestra vista se ha subido al cielo, así vendrá, como le habéis visto ir al cielo737.

[51] Entonces después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalém desde el monte llamado del Olivar, con grande gozo.

[52] Y cuando entraron, subieron al cenáculo, en donde estaban Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Phelipe y Thomás, Bartholomé y Matheo, Santiago de Alphéo, y Simón el Zeloso, y Judas hermano de Santiago.

[53] Todos estos perseveraban unánimes en oración con las mujeres, y con María Madre de Jesús, y con los hermanos de él.

[54] Y estaban siempre en el templo loando y bendiciendo a Dios. Amén.

[55] Otras muchas cosas hay también que hizo Jesús: que si se escribiesen una por una, me parece que ni aun en el mundo cabrían los libros, que se habrían de escribir.

CAPITULO LXII
Discurso de San Pedro en el cenáculo; elección de Mathias para reemplazar a Judas en el apostolado.- Bajada del Espíritu Santo.- Salen los Apóstoles a predicar por toda la tierra el Evangelio738.

[1] En aquellos días levantándose Pedro739 en medio de los hermanos (y eran los que estaban allí juntos como unos ciento y veinte hombres) dijo:

[2] Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura, que predijo el Espíritu Santo por boca de David acerca de Judas, que fue el caudillo de aquellos que prendieron a Jesús:

[3] El que era contado con nosotros, y tenía suerte en este ministerio.

[4] Este pues poseyó un campo del precio de la iniquidad, y colgándose reventó por medio: y se derramaron todas sus entrañas.

[5] Y se hizo notorio a todos los moradores de Jerusalém740, así que fue llamado aquel campo en su propia lengua, Haceldama, que quiere decir, campo de sangre.

[6] Porque escrito está en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta la habitación de ellos, y no haya quien more en ella: y tome otro su obispado.

[7] Conviene pues, que de estos varones, que han estado en nuestra compañía todo el tiempo que entró y salió con nosotros el Señor Jesús,

[8] Comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue tomado arriba de entre nosotros, que uno sea testigo con nosotros de su resurrección.

[9] Y señalaron a dos, a Joseph, que era llamado Barsabas, y tenía por sobrenombre el Justo: y a Mathías.

[10] Y orando dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos de estos dos cuál has escogido,

[11] Para que tome el lugar de este ministerio y apostolado, del cual por su prevaricación cayó Judas para ir a su lugar741.

[12] Y les echaron suertes742, y cayó la suerte sobre Mathías, y fue contado con los once Apóstoles743.

[13] Y cuando se cumplían los días de Pentecostés, estaban todos unánimes en un mismo lugar:

[14] Y vino de repente un estruendo del cielo, como de viento, que soplaba con ímpetu, y llenó toda la casa en donde estaban sentados.

[15] Y se les aparecieron unas lenguas repartidas como de fuego, y reposó sobre cada uno de ellos:

[16] Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en varias lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen.

[17] Y los Apóstoles salieron, y predicaron en todas partes, obrando el Señor con ellos, y confirmando su doctrina con los milagros que la acompañaban.

RESUMEN DE TODA LA OBRA CONTENIDO EN ALGUNAS PALABRAS DE LOS SANTOS APOSTOLES

Habiendo hablado Dios muchas veces, y en muchas maneras, a los Padres en otro tiempo por los profetas: últimamente en estos días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por quien hizo también los siglos: el cual siendo el resplandor de la gloria y la figura de sus sustancia, y sustentándolo todo con la palabra de su virtud, habiendo hecho la purificación de los pecados, está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto más excelente que los Angeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. San Pablo a los Hebreos. I. 1-4.

Y el mismo sentimiento haya en vosotros que hubo también en Jesucristo: que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación el ser él igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho a la semejanza de hombres, y hallado en la condición como hombre. Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo ensalzó, y le dio un nombre, que es sobre todo nombre, para que al nombre de JESUS se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y en los infiernos, y toda lengua confiese, que el SEÑOR JESUCRISTO está en la gloria de Dios Padre. San Pablo a los Philipenses. II. 5-11.

Dios envió palabra a los hijos de Israel, anunciándoles paz por Jesucristo... el cual anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo, porque Dios era con él... al cual ellos mataron colgándole en un leño. A este lo resucitó Dios al tercer día, y quiso que se manifestase... y nos mandó que predicásemos al pueblo, y que diésemos testimonio de que él es el que Dios ha puesto por juez de vivos y de muertos. Hechos de los Apóstoles. X. 36-42. Palabras de San Pedro.

Y a vosotros, que estábais muertos en vuestros pecados, os dio la vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, cancelando la cédula del decreto que había contra nosotros, que nos era contrario; y la quitó de en medio, enclavándola en la cruz. San Pablo a los Colosenses. II. 13-14.

Pues ahora nada de condenación tienen los que están en Jesucristo: los cuales no andan según la carne. San Pablo a los Romanos. VIII. 1.

Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido a este mundo. San Juan. XI. 27.

Digno es el Cordero, que fue muerto, de recibir virtud y divinidad, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y bendición. Apocalipsis. V. 12.

Si alguno no ama a Nuestro Señor Jesucristo, sea excomulgado, perpetuamente execrado. San Pablo a los Corintios. XVI, 22.


666

En medio de los satélites de los judíos.

667

El gallo cantó como acostumbra a hacerlo todas las noches a diferentes horas.

668

Esta horrible escena, principiada en la sala de audiencia de Caifás, a los ojos de los príncipes de los sacerdotes, continuó toda la noche en el atrio donde estaban los soldados y los satélites de los judíos.

669

¡Qué ágiles están para derramar sangre! A la primera hora del día, ya estaban reunidos en Consejo.

670

De modo que os obligue a que confeséis vosotros mismos mi inocencia.

671

Este arrepentimiento no es una penitencia verdadera, son los remordimientos de un criminal, agobiado por su misma culpa. Judas ve su crimen y el suplicio que merece, y se horroriza, se arrepiente, confiesa públicamente su delito, y restituye el dinero que por él le dieron; pero no es un verdadero penitente, porque al arrepentirse, no recurre con humilde confianza a la misericordia divina, y porque no se halla animado del deseo de volver a entrar en el estado de justicia, del que fue precipitado por su crimen.

672

Los judíos.

673

Porque sabía Pilato que este era negocio de religión, y no quería mezclarse en él, puesto que el Synedrio o consejo de los judíos era el que entendía en tales negocios.

674

Como si dijeran: El delito de este hombre merece la muerte; mas nosotros no tenemos facultades para castigar delitos de esta especie. El consejo acababa de pronunciar sentencia de muerte contra el Señor, diciendo, que había blasfemado, y podían apedrearle si hubieran querido, como hicieron después con San Esteban; porque esta era la pena con que castigaba la ley a los blasfemos. Mas como el furor de los judíos se extendía no sólo a condenarle a muerte, sino a muerte la más afrentosa, y que se daba solamente a los esclavos: y como por otra parte se debía cumplir lo que el Señor había significado, que moriría en una cruz, por eso le entregaron al magistrado romano, acusándole después de sedicioso, y de reo de Estado, como que a él y no a ellos tocaba conocer, y castigar semejantes delitos: y porque entre los judíos no era usado este género de muerte.

675

Con motivo de celebrarse allí la Pascua.

676

Porque no lo merecía, y porque como dice San Agustín, es tentar a Dios pedir señales y prodigios, no por alguna utilidad, sino por sola curiosidad, como lo hacía entonces Herodes.

677

Aquel día quedaron amigos, pero a costa de Jesucristo. ¡Ah! ¡Cuántos grandes se han ligado del mismo modo y se han convenido entre sí a expensas del pobre y del inocente! (Bourdaloue)

678

Lo mandó azotar.

679

Según la tradición latina de Jerusalén, la corona de Jesucristo fue sacada de la zarza llamada lycium spinossum; pero el entendido botánico Hasselquist, cree que se empleó para hacerla el nabka de los árabes. He aquí lo que dice sobre esto: Es indudable que la corona que pusieron a Nuestro Señor, fue hecha con el nabka, que es sumamente común en Oriente. Y en efecto, no podían haber elegido una planta más propia para este uso, porque toda ella se halla erizada de puntas, sus ramas son delgadas y flexibles, y su hoja es de un verde obscuro como el de la yedra. Acaso los enemigos de Jesús para añadir el insulto al castigo, eligieron también una planta parecida a la que se usaba para coronar a los emperadores y generales. (Chateaubriand)

680

Otra vez cambian de sistema, volviendo a su primera acusación de blasfemia.

681

Cerca de mediodía. Esta es la hora de tercia, Marc., XV, 25, que declinaba a la sexta.

682

¡Terrible imprecación! Su funesto efecto ha sido, es y será siempre bien visible. El estado a que fue reducida la nación de los judíos, llegando a ser el oprobio de todos los pueblos, ha sido el cumplimiento de esta maldición que pronunciaron contra sí; y este mismo cumplimiento debería abrirles al presente los ojos, para que viesen una luz que podía disipar las tinieblas de muerte, en que voluntaria y pertinazmente se hallan sepultados.

683

Se cree que la sentencia de Pilato contra Jesús fue redactada en estos términos: Jesum Nazarenum, subversorem gentis, contemptorem Caesaris, et falsum Messiam, ut majorum suae gentis testimonio probatum est, ducite ad communis suplicii locum, et eum ludibriis regiae majestatis in medio duorum latronum cruci affligite: I, lictor, expedi cruces.

684

Este tiempo es la ruina de Jerusalén, de la que ya hemos hablado en varios lugares.

685

Brebaje que daban a los criminales para amortiguar algún tanto el dolor.

686

Por no amortiguar en él el sentimiento del dolor.

687

Y porque la mayor parte de ellos se hallaban cegados por la pasión.

688

Echaron suertes sobre la túnica de Jesús, probablemente a los ojos de aquella Madre, que se la hizo con sus divinas manos.

689

Lo escrito una vez, escrito quedará. Y con esto sin conocerlo dejó afianzada una de las más importantes verdades de nuestra religión; a la manera que Caifás profetizó sin saberlo.

690

S. Mateo y S. Marcos dicen: que los ladrones, que estaban crucificados con Jesucristo, le escarnecían, etc. Y así pudo suceder, como observa San Ambrosio, que al principio lo hiciesen así como todos los otros; pero el uno de ellos, penetrado después de un poderoso y eficaz auxilio de la gracia, se convirtió, reconoció al Señor, dio testimonio de su inocencia, le pidió perdón, y mereció oír una sentencia tan favorable.

691

Eran sin duda de los soldados romanos, pues no entendían la lengua del país.

692

Orígenes y S. Jerónimo creyeron, que este fue el velo exterior que cubría aquella parte del templo, adonde sólo entraban los sacerdotes; pero otros Padres entienden esto del velo interior, que cubría inmediatamente el santuario. Fuese cualquiera de los dos, se representaba por esto, que por la muerte del Salvador se rasgaba el velo de la antigua alianza, se nos descubrían todos los misterios, cumplidas ya todas las figuras; y que quedaba abierto el camino para entrar en el santuario de la divinidad por el conocimiento de las más grandes verdades, y por la posesión del mismo Dios. S. Crisóstomo. S. Tomás.

693

Los elementos todos rinden homenaje a la divinidad de Jesucristo; la naturaleza entera le reconoce por Criador y dueño; solo el judío se muestra más duro que las piedras, y más sordo y frío que los mismos sepulcros. (San Gregorio el Grande)

694

Víspera del sábado.

695

Este sábado era más solemne que los otros, porque caía en los ocho días que duraba la Pascua.

696

Así pues, la muerte de Jesús, se halla probada de un modo irrecusable; pues además de ser ya para todos un hecho evidente, la barbarie del soldado no dejaría la más ligera duda sobre este punto; la sangre que se descompone, y el agua que salta también de la herida por la lanza, son, como todos confiesan, el infalible indicio de una muerte real y verdadera. Si a esto se añaden las precauciones que toma Pilato antes de dar el cuerpo de Jesús, y la convicción de los hombres que le embalsaman, le amortajan y le depositan sobre la fría piedra en el fondo de un sepulcro, podemos decir que después de tan decisivas pruebas, la duda no podría considerarse como duda, sino como falta de toda razón.

697

Que habían ido en pos de Arimathea.

698

Después de haberse asegurado de la presencia del cuerpo, sin lo cual sería absurdo esta precaución.

699

La ley romana castigaba con pena de muerte al soldado que se dormía estando de guardia.

700

Aquí se cuenta el día natural de veinticuatro horas, desde que el sol sale hasta que otra vez vuelve a salir. Los hebreos lo hacían desde puesto el sol, hasta que al otro día se volvía a poner, y así lo que esto quiere decir es, que se acababa el último día de la semana, y comenzaba el primero de la otra. -Las santas mujeres habiendo observado el descanso del sábado hasta las seis de la tarde, fueron inmediatamente después a comprar perfumes para acabar de embalsamar el santo cuerpo de Jesús; prepararon estos perfumes en la noche, y salieron para ir al sepulcro al rayar el día.

701

Ignoraban que los príncipes de los sacerdotes habían puesto guardas allí, y que la losa estaba sellada con el sello de la nación.

702

Ya había salido Jesús. El Angel revuelve la piedra para que vean que el sepulcro está vacío, y para facilitar la entrada en él a las santas mujeres, y anunciarles la buena nueva.

703

Sin entrar en el sepulcro, y sin haber visto al Angel, pero suponiendo, al ver vuelta la piedra, que el cuerpo de Jesús ya no estaba allí.

704

Las otras mujeres.

705

De los que encontraron por el camino; sino que corrieron a dar aviso a los discípulos de lo que habían visto.

706

Arrimados a un lado.

707

Este es el inconveniente del celo impetuoso: el celo moderado por la experiencia, llega un poco tarde, es verdad, pero penetra mucho más adelante.

708

Quedaron persuadidos, que era cierto lo que la Magdalena les había dicho; esto es, que se habían llevado el cuerpo del Señor. Y así aunque Jesucristo les había dicho diversas veces, que resucitaría al tercero día después de su muerte, no lo entendieron, estando acostumbrados a oírle decir un gran número de parábolas, e imaginándose, que lo que decía de su resurrección, podía también significar figuradamente otra cosa. (San Agustín)

709

Esto es, tendrás tiempo para verme, y para cerciorarte de que soy yo.

710

Quiere decir, llevad a los que creen en mí la noticia de mi resurrección diciéndoles que vayan a la Galilea. Esta orden de marchar inmediatamente para la Galilea, no concernía a los Apóstoles, sino a los setenta y dos discípulos, y a otros muchos hermanos.

711

¿Cómo pueden éstos dar testimonio de lo que pasó, si estaban dormidos? Los dormidos fuisteis vosotros, dice admirablemente San Agustín, enderezando su discurso a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos: porque recurriendo a un artificio tan poco verosimil, descubrísteis vosotros mismos la impostura.

712

Esto es, el día, que entre nosotros por eso se llama domingo.

713

Ya María Magdalena había ido a decir al jefe de los Apóstoles que habían quitado el cuerpo de Jesús porque había visto vuelta la losa del sepulcro; ahora se dirige a los otros Apóstoles para hacerles saber que antes les indujo en error, y que Jesús había resucitado.

714

A los demás que habían recibido la doctrina de Jesús, y ellas sabían que eran sus discípulos.

715

Sesenta estadios equivalen como a dos leguas castellanas. -Había también otro Emmaús cerca del mar de Galilea.

716

Estos discípulos eran aun carnales, y no esperaban de Jesucristo como Mesías, mas que sacudir por su medio el yugo de la dominación romana, y el establecimiento de un reino temporal. Y viendo, que habían pasado tres días, después de su muerte, creían, que no les quedaba ya más que esperar. A esto mira la reprensión, que les hace después el Salvador.

717

San Pablo habla también de esta aparición de Jesucristo al jefe de sus Apóstoles; pero el Evangelio no nos da pormenor ninguno acerca de ella.

718

Para el mismo fin de la salvación de los hombres, y con cierta participación de la misma autoridad para gobernar la Iglesia; con las mismas condiciones de predicar con la palabra y con el ejemplo, y de estar dispuestos a sufrirlo todo por la doctrina, que predicasen, y últimamente con la promesa de la recompensa correspondiente a sus fatigas en el cielo. Estas palabras y las siguientes son encaminadas en persona de los Apóstoles a todos los que debían sucederles en su ministerio por medio de una ordenación legítima.

719

Este soplo es símbolo del Espíritu Santo, que les comunicó para que tuviesen la potestad de absolver y de ligar, instituyendo el sacramento de la Penitencia, y después el día de Pentecostés se les comunicó con mayor plenitud, y también a toda la Iglesia. Conc. Trident. Sess. XIV, cap. I.

720

Dios perdonará los pecados a aquellos, a quienes vosotros se los perdonaréis por medio de la absolución, después que os los hubiesen confesado, y que vosotros os hubieseis asegurado de la sinceridad de su conversión.

721

O bien negándoles la absolución, si perseveran en la voluntad de pecar: o dilatándosela, cuando dudáreis, si se han convertido sinceramente.

722

Donde debían ir todos los demás hermanos, según la orden que habían recibido para ello.

723

En la primera pesca milagrosa la red que se rompió indicaba los cismas y las herejías que, en un principio, debían desgarrar el seno de la Iglesia: aquí la red que no se rompe señala un tiempo en que los elegidos serán glorificados en la eterna bienaventuranza.

724

Esto es, la tercera vez que apareció cuando sus discípulos se hallaban reunidos.

725

Jesucristo exige a su Apóstol tres protestas de amor, para que expiara las tres veces que le había negado.

726

Los corderos, son los fieles, y las ovejas, son los pastores que multiplican el rebaño por medio de la generación espiritual. Así pues la caridad y la vigilancia de Pedro deben extenderse a todos los miembros de la Iglesia, tanto a los que enseñan, como a los que reciben las lecciones.

727

Es decir, otro te ceñirá para llevarte al suplicio de la cruz, y tú no querrás ir. En efecto, San Pedro, cuando le llegó la hora del martirio, quiso huir de Roma; pero bien luego recobrando valor, aceptó la muerte de la cruz, y hasta pidió como una gracia el morir con la cabeza abajo, lo que le fue acordado.

728

No de su resurrección, sino de si era verdaderamente su Señor, el que entonces se les aparecía.

729

Instruyéndolos en todo lo que debían hacer para el establecimiento y gobierno de las Iglesias. Este es el origen de las tradiciones apostólicas. Todo lo que ha sido creído y observado en todos los tiempos, y por todas las Iglesias, y que no está distintamente declarado en las Escrituras, viene de los Apóstoles, y por consiguiente de Jesucristo; porque los Apóstoles no enseñaron ni establecieron unánimemente, sino lo que habían aprendido, y oído de su divino Maestro.

730

El sacerdote no debe abrir la boca sino para hablar el lenguaje de la Escritura. No apruebo a los que declaman localmente sobre todas las cosas; lo que deseo es un intérprete entendido, bien al corriente de la doctrina de la salvación, un hombre consumado en la ciencia de nuestros inmortales misterios. (San Jerónimo)

731

Si cree como es debido, si persevera en sus creencias, si no pone obstáculos a la gracia del bautismo, y si cuida de conservar su virtud.

732

Al Espíritu Santo.

733

Estaban aun llenos de la falsa idea del reino temporal del Mesías, y no la dejaron hasta que el Espíritu Santo vino sobre ellos.

734

No porque diga aquí que el Hijo está a la derecha del Padre, debe entenderse que el Padre está a la izquierda. El Evangelista ha querido indicar con estas palabras, que el Hijo es tan grande como el Padre, y tan digno de las mismas adoraciones.

735

Dos Angeles en traje de hombres.

736

Estas palabras recuerdan a los ministros de Jesucristo que la vida contemplativa no basta para llenar su misión en este mundo, y que a ella debe unirse la vida activa, corriendo, como el buen pastor, en busca de la oveja descarriada. Este es el principal deber del sacerdote que, como dice San Pablo, ha sido hecho para los hombres, a fin de llevarlos a Dios.

737

Esto es, con poder y majestad para juzgar a todos los hombres.

738

Todo este capítulo, excepto el último versículo, está sacado de los Hechos de los Apóstoles; era indispensable colocarle aquí para que viniera a su tiempo, y sin vacío ninguno, el último versículo del Evangelio de San Marcos.

739

En virtud de la primacía de que le había investido Jesucristo.

740

El hecho de la traición de Judas por dinero.

741

Al suplicio que había merecido por su traición y más aún por su suicidio.

742

La Escritura dice que Dios es el árbitro de la suerte: así pues se puede emplear legítimamente este medio en circunstancias graves, es decir, cuando no puede saberse de otro modo la voluntad del cielo.

743

¡Qué miras tan puras en esta elección, y qué desinterés en los candidatos presentes!

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