Abate de Brispot, La vida de Nuestro Señor Jesucristo
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CAPITULO XLV
Jesús, tres días antes de su Pasión, continúa enseñando al pueblo.- Confunde a los Phariseos sobre el tributo que debía pagarse a César, a los Saduceos acerca de la resurrección de los muertos.- De los dos grandes mandamientos.- Jesús reduce a los Phariseos al silencio, y descubre su hipocresía.

[1] Entonces los Phariseos se fueron, y consultaron entre sí, como le sorprenderían en lo que hablase.

[2] Y acechándole enviaron sus discípulos juntamente con los Herodianos547, que se fingiesen justos, para sorprenderle en alguna palabra, y entregarle a la jurisdicción, y potestad del presidente.

[3] Ellos viniendo, le dicen: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que enseñas el camino de Dios en verdad, y que no te cuidas de cosa alguna: porque no miras a la persona de los hombres:

[4] Dinos pues, ¿qué te parece, es lícito dar tributo al César, o no548?

[5] Mas Jesús, conociendo la malicia y superchería de ellos, dijo: ¿Por qué me tentais, hipócritas?

[6] Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

[7] Y Jesús les dijo: ¿Cuya es esta figura, e inscripción?

[8] Dícenle: Del César. Entonces les dijo: Pues dad al César, lo que es del César: y a Dios, lo que es de Dios.

[9] Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta callaron, y dejándole, se retiraron.

[10] En aquel día se llegaron a él los Saduceos, que dicen no haber resurrección: y le preguntaron, diciendo:

[11] Maestro, Moisés nos dejó escrito, que si muriere el hermano de alguno, y dejare mujer, y no tuviere hijos, que tome su hermano la mujer de él, y que levante linaje a su hermano.

[12] Pues había entre nosotros siete hermanos: y habiéndose casado el primero, murió: y por no haber tenido sucesión, dejó su mujer a su hermano.

[13] Y la tomó el segundo, y murió también sin hijo.

[14] Y la tomó el tercero. Y así sucesivamente todos siete, los cuales murieron sin dejar sucesión.

[15] Y a la postre de todos murió también la mujer.

[16] ¿Pues en la resurrección de cuál de los siete será mujer? porque todos la tuvieron549.

[17] Y respondiendo Jesús, les dijo: Errais, no sabiendo las Escrituras, ni el poder de Dios.

[18] Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:

[19] Mas los que serán juzgados dignos de aquel siglo, y de la resurrección de los muertos, ni se casarán, ni serán dados en casamiento:

[20] Porque no podrán ya más morir: por cuanto son iguales a los Angeles en el cielo, e hijos son de Dios, cuando son hijos de la resurrección.

[21] Y que los muertos hayan de resucitar lo mostró también Moisés: ¿no habéis leído een el libro de Moisés, las palabras, que Dios os dice cuando le habló sobre la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?

[22] Y no es Dios de muertos, sino de vivos: porque todos viven a él. Y así vosotros errais mucho.

[23] Y respondiendo algunos de los Escribas, le dijeron: Maestro, bien has dicho550.

[24] Y oyendo esto las gentes, se maravillaban de su doctrina.

[25] Mas los Phariseos, cuando oyeron que había hecho callar a los Saduceos, se juntaron a consejo:

[26] Y uno de ellos, doctor de la ley, que los había oído disputar, y viendo que les había respondido bien, le preguntó, tentándole:

[27] Maestro, ¿Cuál es el grande mandamiento en la ley?

[28] Y Jesús, le respondió: Escucha, Israel, el Señor tu Dios, un solo Dios es: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu entendimiento, y de todas tus fuerzas.

[29] Este es el mayor, y el primer mandamiento.

[30] Y el segundo semejante es a este: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo551. No hay otro mandamiento mayor que estos.

[31] De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas.

[32] Y le dijo el Escriba: Maestro, en verdad has dicho bien, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él.

[33] Y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todo poder: y amar al prójimo como a sí mismo, es más que todos los holocaustos, y sacrificios.

[34] Jesús, cuando vio que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios.

[35] Y estando juntos los Phariseos, les preguntó Jesús, enseñando en el templo,

[36] Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿De quién es hijo? Dícenle: De David.

[37] Y respondiendo Jesús decía: ¿Cómo dicen los Escribas, que el Cristo es hijo de David?

[38] Porque el mismo David por Espíritu Santo lo llama Señor, diciendo en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,

[39] Hasta que ponga a tus enemigos, por peana de tus pies.

[40] Pues si David le llama Señor, ¿de dónde pues, y cómo es su hijo552?

[41] Y nadie le podía responder palabra: ni alguno desde aquel día fue osado mas a preguntarle.

[42] Entonces Jesús habló a la multitud, y a sus discípulos,

[43] Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los Escribas y los Phariseos.

[44] Guardad pues, y haced todo lo que os dijeren: mas no hagáis según las obras de ellos: porque dicen, y no hacen.

[45] Pues atan cargas pesadas, e insoportables, y las ponen sobre los hombros de los hombres: mas ni aun con su dedo las quieren mover.

[46] Y hacen todas sus obras, por ser vistos de los hombres: y así ensanchan sus filacterias553, y extienden sus franjas554, que gustan de andar con ropas largas.

[47] Y aman los primeros lugares en las cenas, y las primeras sillas en las Sinagogas,

[48] Y ser saludados en la plaza, y que los hombres los llamen Rabbí.

[49] Mas vosotros no queráis ser llamados Rabbí: porque uno solo es vuestro Maestro, y vosotros todos sois hermanos.

[50] Y a nadie llaméis padre vuestro sobre la tierra: porque uno es vuestro Padre, que está en los cielos555.

[51] Ni os llaméis maestros: porque uno es vuestro Maestro el Cristo.

[52] El que es mayor entre vosotros, será vuestro siervo.

[53] Porque el que se ensalzare, será humillado: y el que se humillare, será ensalzado.

CAPITULO XLVI
Jesús continúa enseñando en el templo, tres días antes de su Pasión.- Echa el Señor en cara a los Phariseos y doctores de la ley su hipocresía, y deplora la ceguedad de Jerusalém.- La viuda que ofreció dos pequeñas monedas.- Anuncia Jesús en el monte del Olivar, la ruina y la destrucción del templo.- De las señales precursoras de la cólera divina.

[1] ¡Mas ay de vosotros, Escribas y Phariseos hipócritas! que cerráis el reino de los cielos, delante de los hombres. Pues no vosotros entráis, ni a los que entrarían, dejáis entrar.

[2] ¡Ay de vosotros, Escribas y Phariseos hipócritas! que devorais las casas de las viudas, haciendo largas oraciones: por esto llevaréis un juicio más riguroso.

[3] ¡Ay de vosotros, Escribas y Phariseos hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra, por hacer un prosélito556: y después de haberle hecho, le hacéis dos veces más digno del infierno que vosotros557.

[4] ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: Todo el que jurare por el templo, nada es: mas el que jurare por el oro del templo, deudor es!

[5] ¡Necios y ciegos! ¿Qué es mayor, el oro, o el templo, que santifica al oro?

[6] Y todo el que jurare por el altar, nada es558: mas cualquiera, que jurare por la ofrenda, que está sobre él, deudor es.

[7] ¡Ciegos! ¿Cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda559?

[8] Aquel pues que jura por el altar, jura por él, y por todo cuanto sobre él está.

[9] Y todo el que jura por el templo, jura por él, y por el que mora en él.

[10] Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado sobre él.

[11] ¡Ay de vosotros, Escribas y Phariseos hipócritas! que diezmáis la yerba buena, y el eneldo, y el comino, y habéis dejado las cosas, que son más importantes de la ley, la justicia, y la misericordia, y la fe. Esto era menester hacer, y no dejar lo otro.

[12] Guías ciegos, que coláis el mosquito, y os tragáis el camello.

[13] ¡Ay de vosotros, Escribas y Phariseos hipócritas! que limpiáis lo de fuera del vaso y del plato: y por dentro estáis llenos de rapiña, y de inmundicia.

[14] Phariseo ciego, limpia primero lo interior del vaso, y del plato, para que sea limpio lo que está fuera.

[15] ¡Ay de vosotros, Escribas y Phariseos hipócritas, que sois semejantes a los sepulcros blanqueados, que parecen de fuera hermosos a los hombres, y dentro están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad!

[16] Así también vosotros, de fuera os mostráis en verdad justos a los hombres: mas de dentro estais llenos de hipocresía, y de iniquidad.

[17] ¡Ay de vosotros, Escribas y Phariseos hipócritas, que edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos560,

[18] Y decís: Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas.

[19] Y así dais testimonio a vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos, que mataron a los profetas.

[20] Y llenad vosotros la medida de vuestros padres.

[21] Serpientes, raza de víboras, ¿cómo huiréis del juicio de la gehenna?

[22] Por esto he aquí yo envío a vosotros profetas, y sabios, y doctores, y de ellos mataréis, y crucificaréis, y de ellos azotaréis en vuestras Sinagogas, y los perseguiréis de ciudad en ciudad:

[23] Para que venga sobre vosotros toda la sangre inocente, que se ha vertido sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacharías, hijo de Barachías, al cual matásteis entre el templo y el altar561.

[24] En verdad os digo, que todas estas cosas vendrán sobre esta generación.

[25] Jerusalém, Jerusalém, que matas los profetas, y apedreas a aquellos que a ti son enviados, ¿cuántas veces quise allegar tus hijos, como la gallina allega sus pollos debajo de las alas, y no quisiste?

[26] He aquí, que os quedará desierta vuestra casa.

[27] Porque os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor562.

[28] Y estando Jesús sentado de frente al arca de las ofrendas, estaba mirando como echaban las gentes el dinero en el arca: y muchos ricos echaban mucho.

[29] Y vino una pobre viuda, y echó dos pequeñas piezas del valor de un cuadrante563.

[30] Y llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo, que mas echó esta pobre viuda, que todos los otros que echaron en el arca.

[31] Porque todos han echado de aquello que les sobraba: mas esta de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

[32] Y habiendo salido Jesús del templo, se retiraba. Y se llegaron a él sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo.

[33] Y uno le dijo: Maestro, mira qué piedras, y qué fábrica.

[34] Y dijo a algunos, que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras, y de dones564:

[35] En verdad os digo, estas cosas que veis, vendrán días, cuando no quedará piedra sobre piedra, que no sea demolida.

[36] Y estando sentado él en el monte del Olivar de cara al templo, le preguntaban aparte Pedro, y Santiago, y Juan, y Andrés:

[37] Maestro, dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá, cuando todas estas cosas comenzarán a cumplirse? ¿y qué señal habrá de tu venida, y de la consumación del siglo?

[38] Y respondiéndoles Jesús, comenzó a decirles: Guardaos, que nadie os engañe: porque muchos vendrán en mi nombre, y dirán: Yo soy el Cristo565: y el tiempo está cercano: y engañarán a muchos: guardaos pues de ir en pos de ellos.

[39] Y cuando oyéreis guerras y sediciones, no os espantéis, no os turbéis, no temáis: porque es necesario, que esto acontezca primero, mas no será luego el fin.

[40] Entonces les decía: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino.

[41] Y habrá grandes terremotos por los lugares, y pestilencias, y hambres, y habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo.

[42] Y todas estas cosas principios son de dolores.

CAPITULO XLVII
Jesús continúa enseñando a sus discípulos en el monte del Olivar en la noche del martes al miércoles.- Les anuncia las persecuciones y aflicciones que tendrán que sufrir: herejías predichas: sitio de Jerusalém y señal de la huida.- De las señales precursoras del fin del mundo.

[1] Mas antes de todo esto, os prenderán, y perseguirán: os entregarán en los concilios, y seréis azotados en las Sinagogas, y os llevarán a las cárceles, y a los reyes, y a los gobernadores, por mi nombre:

[2] Y esto os acontecerá en testimonio a ellos566.

[3] Y ante todas cosas conviene, que sea predicado el Evangelio a todas las gentes567.

[4] Tened pues fijo en vuestros corazones de no pensar antes cómo habéis de responder, cuando os llevaren para entregaros: mas decid lo que os fuere dado en aquella hora: porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu Santo.

[5] Porque yo os daré boca y saber, al que no podrán resistir, ni contradecir todos vuestros adversarios.

[6] Y seréis entregados de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos, y harán morir a algunos de vosotros:

[7] Y el hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo: y los hijos se levantarán contra los padres, y los matarán.

[8] Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán: y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

[9] Mas no perecerá un cabello de vuestra cabeza.

[10] Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.

[11] Y muchos entonces serán escandalizados, y se entregarán unos a otros, y se aborrecerán entre sí.

[12] Y se levantarán muchos falsos profetas, y engañarán a muchos.

[13] Y porque se multiplicará la iniquidad, se resfriará la caridad de muchos.

[14] Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo.

[15] Y será predicado este Evangelio del reino por todo el mundo, en testimonio a todas las gentes: y entonces vendrá el fin568.

[16] Pues cuando viéreis a Jerusalém cercada de un ejército, entonces sabed que su desolación está cerca.

[17] Por tanto, cuando viéreis que la abominación de la desolación, que fue dicha por el profeta Daniel569, está en el lugar santo, el que lee entienda:

[18] Entonces los que estén en la Judea, huyan a los montes570: y los que en medio de ella, sálganse: y los que en los campos, no entren en ella.

[19] Y el que esté sobre el tejado, no descienda a la casa, ni entre dentro para tomar alguna cosa de su casa571:

[20] Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás para tomar su vestido.

[21] Porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas, que están escritas.

[22] ¡Mas ay de las preñadas y de las que dan de mamar en aquellos días! Porque habrá grande apretura sobre la tierra, e ira para este pueblo.

[23] Y caerán a filo de espada: y serán llevados en cautiverio a todas las naciones, y Jerusalém será hollada de los gentiles: hasta que se cumplan los tiempos de las naciones.

[24] Rogad pues, que vuestra huida no suceda en invierno, o en sábado.

[25] Porque habrá entonces grande tribulación, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será.

[26] Y si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva: mas por los escogidos aquellos días serán abreviados.

[27] Entonces si alguno os dijere: Mirad, el Cristo está aquí o allí: no le creais.

[28] Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas: y darán grandes señales, y prodigios, de modo (que si puede ser) caigan en error aun los escogidos572.

[29] Estad pues vosotros sobre aviso: ved que os lo he dicho de antemano.

[30] Por lo cual si os dijeren: He aquí está el Cristo en el desierto, no salgáis: mirad que está en lo más retirado de la casa, no lo creáis.

[31] Porque como el relámpago sale del Oriente, y se deja ver hasta el Occidente: así será también la venida del Hijo del hombre.

[32] Donde quiera que estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.

[33] Y habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas: y en la tierra consternación de las gentes por la confusión que causará el ruido del mar, y de sus ondas.

[34] Quedando los hombres yertos por el temor y recelo de las cosas, que sobrevendrán a todo el universo.

[35] Y luego después de la tribulación de aquellos días el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo573, y las virtudes del cielo serán conmovidas574:

[36] Y entonces parecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo575: y entonces plañirán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá en las nubes del cielo con grande poder y majestad.

[37] Y enviará sus Angeles con trompetas, y con grande voz: y allegarán sus escogidos de los cuatro vientos, desde lo sumo de los cielos hasta los términos de ellos.

[38] Cuando comenzaren pues a cumplirse estas cosas, mirad, y levantad vuestras cabezas: porque cerca está vuestra redención.

[39] Y les dijo una semejanza: Mirad la higuera, y todos los árboles: cuando sus ramos están ya tiernos, y las hojas nacidas; cuando ya producen de sí el fruto, entendéis que está cerca el estío:

[40] Pues así también cuando viéreis, que acontecen estas cosas, sabed, que el reino de Dios, está cerca a las puertas.

[41] En verdad os digo, que no pasará esta generación, hasta que todas estas cosas sean hechas576.

[42] El cielo y la tierra pasarán: mas mis palabras no pasarán.

[43] Mas de aquel día, y de aquella hora nadie sabe, ni los Angeles de los cielos, ni el Hijo577, sino sólo el Padre.

[44] Mirad pues por vosotros, no sea que vuestros corazones se carguen de glotonería y de embriaguez, y de los afanes de esta vida: y que venga de repente sobre vosotros aquel día:

[45] Porque así como un lazo vendrá sobre todos los que están sobre la haz de toda la tierra.

[46] Y así como en los días de Noé, así será también la venida del Hijo del hombre.

[47] Porque así como en los días antes del diluvio se estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca,,

[48] Y no lo entendieron hasta que vino el diluvio, y los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.

[49] Entonces estarán dos en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado578.

[50] Dos mujeres molerán en un molino: la una será tomada, y la otra dejada.

CAPITULO XLVIII
Jesús sigue enseñando a sus discípulos en el monte del Olivar en la noche del martes al miércoles antes de su Pasión, y encomienda a todos la vigilancia.- Parábolas del siervo malo, de las vírgenes locas y prudentes, y de los diez mil talentos.- Descripción del juicio final.

[1] Estad sobre aviso, velad, y orad: porque no sabéis, cuando será el tiempo.

[2] Así como un hombre, que partiéndose lejos, dejó su casa, y encargó a cada uno de sus siervos todo lo que debía hacer, y mandó al portero, que velase.

[3] Velad pues (porque no sabéis, cuando vendrá el dueño de la casa: si de tarde, o a media noche, o al canto del gallo, o a la mañana).

[4] No sea que cuando viniere de repente, os halle durmiendo.

[5] Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.

[6] Mas sabed, que si el padre de familias supiese a qué hora había de venir el ladrón, velaría sin duda, y no dejaría minar su casa.

[7] Por tanto estad apercibidos también vosotros: porque a la hora que menos pensáis, ha de venir el Hijo del hombre.

[8] Velad pues orando en todo tiempo, para que seáis dignos de evitar todas estas cosas, que han de ser, y de estar en pie579 delante del Hijo del hombre.

[9] ¿Quién, creéis, que es el siervo fiel, y prudente, a quien su señor puso sobre su familia, para que les de de comer a tiempo580?

[10] Bienaventurado aquel siervo, a quien hallare su señor así haciendo, cuando viniere.

[11] En verdad os digo, que le pondrá sobre todos sus bienes.

[12] Mas si dijere aquel siervo malo en su corazón: Se tarda mi señor en venir:

[13] Y comenzáre a maltratar a sus compañeros, y a comer, y beber con los que se embriagan:

[14] Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y a la hora que no sabe:

[15] Y lo separará, y pondrá su parte con los hipócritas. Allí será el llorar, y el crujir de dientes.

[16] Entonces será semejante el reino de los cielos a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo y a la esposa581.

[17] Mas las cinco de ellas eran fatuas, y las cinco prudentes:

[18] Y las cinco fatuas, habiendo tomado sus lámparas, no llevaron consigo aceite582.

[19] Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas juntamente con las lámparas.

[20] Y tardándose el esposo, comenzaron a cabecear, y se durmieron todas.

[21] Cuando a la media noche se oyó gritar: Mirad que viene el esposo, salid a recibirle.

[22] Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes, y aderezaron sus lámparas.

[23] Y dijeron las fatuas a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.

[24] Respondieron las prudentes, diciendo: Porque tal vez no alcance para nosotras y para vosotras, id antes a los que lo venden, y comprad para vosotras.

[25] Y mientras que ellas fueron a comprarlo583, vino el esposo: y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas, y fue cerrada la puerta.

[26] Al fin vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.

[27] Mas él respondió, y dijo: En verdad os digo, que no os conozco584.

[28] Velad, pues, porque no sabéis el día, ni la hora.

[29] Porque así es, como un hombre, que al partirse lejos, llamó a sus siervos, y les entregó sus bienes585:

[30] Y dio al uno cinco talentos, y al otro dos, y al otro dio uno, a cada uno según su capacidad586, y se partió luego.

[31] El que había recibido los cinco talentos, se fue a negociar con ellos, y ganó otros cinco.

[32] Asimismo el que había recibido dos, ganó otros dos.

[33] Mas el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió allí el dinero de su señor.

[34] Después de largo tiempo vino el señor de aquellos siervos, y los llamó a cuentas.

[35] Y llegando el que había recibido los cinco talentos, presentó otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste, he aquí otros cinco he ganado de más.

[36] Su señor le dijo: Muy bien, siervo bueno y fiel: porque fuiste fiel en lo poco, te pondré sobre lo mucho, entra en el gozo de tu señor.

[37] Y se llegó también el que había recibido los dos talentos: y dijo: Señor, dos talentos me entregaste, aquí tienes otros dos que he ganado.

[38] Su señor le dijo: Bien está, siervo bueno y fiel; porque fuiste fiel sobre lo poco, te pondré sobre lo mucho, entra en el gozo de tu señor.

[39] Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, sé que eres un hombre de recia condición, siegas en donde no sembraste, y allegas en donde no esparciste:

[40] Y temiendo, me fui, y escondí tu talento en tierra: he aquí tienes lo que es tuyo587.

[41] Y respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y perezoso, sabías que siego en donde no siembro, y que allego en donde no he esparcido:

[42] Pues debiste haber dado mi dinero a los banqueros, y viniendo yo hubiera recibido ciertamente con usura, lo que era mío588.

[43] Quitadle pues el talento, y dádselo al que tiene diez talentos:

[44] Porque será dado a todo el que tuviere, y tendrá más: mas al que no tuviere, le será quitado aún lo que parece que tiene589.

[45] Y al siervo inútil echadlo en las tinieblas exteriores: allí será el llorar, y el crujir de dientes.

[46] Y cuando viniere el Hijo del hombre en su majestad, y todos los Angeles con él, se sentará entonces sobre el trono de su majestad:

[47] Y serán todas las gentes ayuntadas ante él, y apartará los unos de los otros, como el pastor aparta las ovejas de los cabritos:

[48] Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.

[49] Entonces dirá el rey a los que estarán a su derecha: Venid benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde el establecimiento del mundo:

[50] Porque tuve hambre, y me disteis de comer: tuve sed, y me disteis de beber: era huésped, y me hospedásteis:

[51] Desnudo, y me cubrísteis: enfermo, y me visitásteis: estaba en la cárcel, y me vinisteis a ver.

[52] Entonces le responderán los justos, y dirán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer: o sediento, y te dimos de beber?

[53] ¿Y cuándo te vimos huésped, y te hospedamos: o desnudo, y te vestimos?

[54] ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te fuimos a ver?

[55] Y respondiendo el rey, les dirá: En verdad os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis590.

[56] Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí malditos al fuego eterno, que está aparejado para el diablo y para sus ángeles.

[57] Porque tuve hambre, y no me disteis de comer: tuve sed, y no me disteis de beber:

[58] Era huésped, y no me hospedásteis: desnudo, y no me cubrísteis: enfermo, y en la cárcel, y no me visitásteis.

[59] Entonces ellos también le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediente, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?

[60] Entonces les responderá, diciendo: En verdad os digo: que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicísteis.

[61] E irán estos al suplicio eterno; y los justos a la vida eterna.

CAPITULO XLIX
Comida de Jesús en Bethania en casa de Simón el leproso: bálsamo derramado sobre su cabeza: nuevas murmuraciones de Judas y algunos de los discípulos.- Pacto de Judas con los príncipes de los sacerdotes.- Jesús envía dos de sus Apóstoles a Jerusalém a preparar la Pascua, y va aquella misma noche con los doce.- Después de la cena, el Señor lava los pies a los discípulos.

[1] Y estaba ya cerca la fiesta de los Azimos, que es llamada Pascua.

[2] Y aconteció que cuando hubo Jesús acabado todos estos razonamientos, dijo a sus discípulos:

[3] Sabéis que de aquí a dos días será la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado.

[4] Entonces se juntaron los príncipes de los sacerdotes591, y los magistrados del pueblo en el atrio del príncipe de los sacerdotes, que se llamaba Caiphás:

[5] Y tuvieron consejo para prender a Jesús con engaño, y hacerle morir.

[6] Mas decían: No en el día de la fiesta, porque no se moviese alboroto en el pueblo592.

[7] Y estando Jesús en Bethania en casa de Simón el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer, que traía un vaso de alabastro de ungüento muy precioso de nardo espique, y quebrando el vaso, derramó el bálsamo sobre su cabeza593.

[8] Y cuando lo vieron sus discípulos, se indignaron entre sí mismos, diciendo: ¿A qué fin es este desperdicio de ungüento?

[9] Pues pudiera venderse este ungüento por más de trescientos denarios, y darse a los pobres. Y bramaban contra ella.

[10] Mas entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué sois molestos a esta mujer? Dejadla, pues ha hecho conmigo una buena obra.

[11] Porque siempre tenéis pobres con vosotros: y cuando quisiéreis, les podéis hacer bien: mas a mí no siempre me tenéis.

[12] Hizo esta lo que puso: se adelantó a ungir mi cuerpo para la sepultura.

[13] En verdad os digo, que en todo lugar, donde fuere predicado este Evangelio en todo el mundo, se contará también lo que esta ha hecho, para memoria de ella594.

[14] Y Satanás entró en Judas, que tenía por sobrenombre Iscariotes, uno de los doce.

[15] Y fue, y trató con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados595 de cómo se lo entregarían, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?

[16] Ellos, cuando le oyeron, se holgaron: y le señalaron treinta monedas de plata.

[17] Y quedó con ellos de acuerdo. Y buscaba ocasión oportuna para entregarlo sin concurso de gentes.

[18] Y el primer día de los Azimos596, cuando sacrificaban la Pascua597, se llegaron los discípulos a Jesús, y le dijeron: ¿En dónde quieres, que dispongamos para que comas la Pascua?

[19] Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id a la ciudad, y encontraréis un hombre, que lleva un cántaro de agua, seguidle hasta la casa en donde entrare,

[20] Y decid al padre de familias de la casa: El Maestro te dice: Mi tiempo está cerca598, en tu casa hago la Pascua: ¿dónde está el aposento, en dónde he de comer la Pascua con mis discípulos?

[21] Y él os mostrará un cenáculo grande, aderezado: disponed allí para nosotros.

[22] Y partieron los discípulos, y fueron a la ciudad: y lo hallaron, como les había dicho, y prepararon la Pascua.

[23] Y llegada la tarde, fue con los doce.

[24] Antes del día de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que era venida su hora de pasar de este mundo al Padre: habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

[25] Y cuando fue hora599, se sentó a la mesa, y los doce apóstoles con él.

[26] Y les dijo600: Con deseo he deseado comer con vosotros esta Pascua, antes que padezca601.

[27] Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta que sea cumplida en el reino de Dios.

[28] Y tomando el cáliz, dio gracias, y dijo: Tomad, y distribuidlo entre vosotros602:

[29] Porque os digo, que no beberé más de fruto de vid, hasta que venga el reino de Dios.

[30] Y acabada la cena603, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que de Dios había salido, y a Dios iba:

[31] Se levanta de la cena, y se quita sus vestiduras604: y tomando una toalla, se la ciñó.

[32] Echó después agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla, con que estaba ceñido.

[33] Vino pues a Simón Pedro. Y Pedro le dice: Señor, ¿tú me lavas a mi los pies?

[34] Respondió Jesús, y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora, mas lo sabrás después.

[35] Pedro le dice: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

[36] Simón Pedro le dice: Señor, no solamente mis pies, mas las manos también y la cabeza.

[37] Jesús le dice: El que está lavado, no necesita sino lavar los pies, pues está todo limpio. Y vosotros limpios estáis, mas no todos.

[38] Porque sabía quién era el que le había de entregar: por esto dijo: No todos estáis limpios.

[39] Y después que les hubo lavado los pies, y hubo tomado su ropa, volviéndose a sentar a la mesa, les dijo: ¿Sabéis lo que he hecho con vosotros?

[40] Vosotros me llamáis Maestro, y Señor: y bien decís: porque lo soy.

[41] Pues si yo, el Señor, y el Maestro, os he lavado los pies: vosotros también debéis lavar los pies los unos a los otros.

[42] Porque ejemplo os he dado, para que como yo he hecho a vosotros, vosotros también hagáis.

[43] En verdad, en verdad os digo: El siervo no es mayor que su señor: ni el enviado es mayor, que aquel que le envió.

[44] Si esto sabéis, bienaventurados seréis si lo hiciéreis.

[45] No hablo de todos vosotros: yo sé los que escogí: mas para que se cumpla la Escritura: El que come el pan conmigo, levantará contra mi su calcañar605.

[46] Desde ahora os lo digo, antes que sea: para que cuando fuere hecho, creáis que yo soy.

CAPITULO L
Jesús, en el cenáculo de Jerusalém, y durante la cena que siguió a la Pascua legal, continúa instruyendo a sus discípulos, y anuncia de nuevo la traición de Judas.- Instituye el sacramento de la Eucaristía.- Vuelve a hablar de la traición que tienen tramada contra él.- Recomienda a todos la humildad, la obligación de amar a sus hermanos, y anuncia que Pedro le negará tres veces.

[1] En verdad, en verdad os digo: El que recibe al que yo enviare, a mí me recibe: y quien me recibe a mí, recibe a aquel que me envió.

[2] Cuando esto hubo dicho Jesús, se turbó en el espíritu: y cuando ellos estaban sentados, y comiendo a la mesa, protestó606, y les dijo: En verdad os digo, que uno de vosotros que come conmigo, me entregará.

[3] El Hijo del hombre va ciertamente607, como está escrito de él: pero ay de aquel hombre por quien será entregado el Hijo del hombre: mas le valiera a aquel hombre no haber nacido.

[4] Y los discípulos se miraban los unos a los otros, dudando de quién decía.

[5] Y ellos comenzaron a preguntarse unos a otros, cuál de ellos sería, el que esto había de hacer.

[6] Y muy llenos de tristeza, cada uno comenzó a decir: ¿Por ventura soy yo, Señor?

[7] Y él respondió, y dijo: El que mete conmigo la mano en el plato, ese es el que me entregará.

[8] Y respondiendo Judas, que lo entregó, dijo: ¿Soy yo por ventura, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho608.

[9] Y estando ellos comiendo, tomó Jesús el pan, dio gracias, y bendiciéndolo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad, y comed: este es mi Cuerpo, que es dado por vosotros: esto haced en memoria de mí.

[10] Y asimismo el cáliz, después de haber cenado, dio gracias, y se les dio, diciendo: Bebed de este todos.

[11] Porque esta es mi sangre609 del Nuevo Testamento610, que será derramada por vosotros, y por muchos, para remisión de pecados611. Haced esto, cuantas veces lo bebiéreis, en memoria de mí612.

[12] Porque cuantas veces comiéreis este pan, y bebiéreis este cáliz: anunciaréis la muerte del Señor, hasta que venga613.

[13] Pero ved ahí que la mano del que me entrega, conmigo está a la mesa.

[14] Y en verdad el Hijo del hombre va, según lo que está decretado: ¡mas ay de aquel hombre, por quien será entregado!

[15] Y uno de sus discípulos, al cual amaba Jesús614, estaba recostado a la mesa en el seno de Jesús615.

[16] A este pues hizo una seña Simón Pedro, y le dijo: ¿Quién es de quien habla?

[17] El entonces recostándose sobre el pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?

[18] Jesús le respondió: Aquel es, a quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariotes.

[19] Y tras el bocado entró en él Satanás. Y Jesús le dijo: Lo que haces, hazlo presto.

[20] Mas ninguno de los que estaban a la mesa supo por qué se lo decía.

[21] Porque algunos pensaron, que por que Judas traía la bolsa, le había dicho Jesús: Compra lo que habemos menester para el día de la fiesta: o que diese algo a los pobres.

[22] Y cuando él hubo tomado el bocado, se salió luego fuera. Y era de noche.

[23] Y como hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre: y Dios es glorificado en él616.

[24] Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará a él en sí mismo: y luego le glorificará.

[25] Y se movió también entre ellos contienda, cuál de ellos parecía ser el mayor.

[26] Mas él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas: y los que tienen poder sobre ellas, son llamados bienhechores617.

[27] Mas vosotros no así618: antes el que es mayor entre vosotros, hágase como el menor: y el que precede, como el que sirve619.

[28] Porque ¿cuál es mayor, el que está sentado a la mesa, o el que sirve? ¿no es mayor el que está sentado a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros, así como el que sirve.

[29] Mas vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones.

[30] Y por esto dispongo yo del reino para vosotros, como mi Padre dispuso de él para mí.

[31] Para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino: y os sentéis sobre tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

[32] Y dijo más el Señor: Simón, Simón, mira, que Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo620:

[33] Mas yo he rogado por ti, que no falte tu fe: y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.

[34] Hijos, aun estoy un poco con vosotros. Me buscaréis, y así como dije a los Judíos: Adonde yo voy, vosotros no podéis venir: lo mismo digo ahora a vosotros.

[35] Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado, para que vosotros os améis también entre vosotros mismos621.

[36] En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviéreis caridad entre vosotros.

[37] Simón Pedro le dijo: Señor, ¿adónde vas? Respondió Jesús: Adonde yo voy, no me puedes ahora seguir: mas me seguirás después.

[38] Pedro le dice: ¿Por qué no te puedo seguir ahora? Aparejado estoy para ir contigo aun a cárcel, y a muerte: mi alma pondré por ti.

[39] Jesús le respondió: ¿Tu alma pondrás por mí? En verdad, en verdad te digo: Que no cantará el gallo622, sin que me hayas negado tres veces. Y les dijo:

[40] Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin calzado, ¿por ventura os faltó alguna cosa?

[41] Y ellos respondieron: Nada. Luego les dijo: Pues ahora quien tiene bolsa, tómela; y también alforja: y el que no la tiene, venda su túnica, y compre espada623.

[42] Porque os digo, que es necesario que se vea cumplido en mí aun esto que está escrito: Y fue contado con los inicuos. Porque las cosas, que miran a mí, tienen su cumplimiento.

[43] Mas ellos respondieron: Señor, he aquí dos espadas624. Y él les dijo: Basta625.

CAPITULO LI
El Señor consuela a sus discípulos en el cenáculo de Jerusalém la víspera de su muerte, y declara que hay muchas moradas para ellos en la casa de su Padre; que tanto él como su Padre nunca los perderán de vista, y que las tres personas divinas estarán siempre con ellos, con tal que permanezcan unidos a su jefe, como el sarmiento está unido a la vid.

[1] No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí.

[2] En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho: Pues voy a aparejaros el lugar.

[3] Y si me fuere, y os aparejare lugar: vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que en donde yo estoy, estéis también vosotros.

[4] También sabéis adonde yo voy, y sabéis el camino.

[5] Thomás le dice: Señor, no sabemos adonde vas: pues ¿cómo podemos saber el camino?

[6] Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida626: Nadie viene al Padre, sino por mí.

[7] Si me conociéseis a mí, ciertamente conociérais también a mi Padre: y desde ahora le conoceréis, y lo habéis visto.

[8] Phelipe le dice: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta.

[9] Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me habéis conocido? Phelipe, el que me ve a mí, ve también al Padre. ¿Cómo pues tú dices: Muéstranos al Padre?

[10] ¿No creéis que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo. Mas el Padre, que está en mí, él hace las obras.

[11] ¿No creéis que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?

[12] Y sino creedlo por las mismas obras. En verdad, en verdad os digo: El que en mí cree, él también hará las obras que yo hago, y mayores que estas hará627: porque o voy al Padre628.

[13] Y todo lo que pidiéreis al Padre en mi nombre, yo lo haré: para que sea el Padre glorificado en el Hijo.

[14] Si algo me pidiéreis en mi nombre, lo haré.

[15] Si me amáis, guardad mis mandamientos.

[16] Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador paa que more siempre con vosotros629,

[17] El espíritu de la verdad, a quien no puede recibir el mundo630, porque ni lo ve, ni lo conoce; mas vosotros lo conoceréis: porque morará con vosotros, y estará en vosotros.

[18] No os dejaré huérfanos: vendré a vosotros.

[19] Todavía un poquito: y el mundo ya no me ve. Mas vosotros me veis: porque yo vivo, y vosotros viviréis.

[20] En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros631.

[21] Quien tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama. Y el que me ama, será amado de mi Padre: y yo le amaré, y me le manifestaré a mí mismo.

[22] Le dice entonces Judas632, no aquel Iscariotes: Señor, ¿qué es la causa, que te has de manifestar a nosotros, y no al mundo?

[23] Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

[24] El que no me ama, no guarda mis palabras. Y la palabra que habéis oído, no es mía: sino del Padre, que me envió.

[25] Estas cosas os he hablado estando con vosotros.

[26] Y el Consolador, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo aquello que yo os hubiere dicho.

[27] La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy yo como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde.

[28] Ya habéis oído que os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amáseis, os gozaríais ciertamente, porque voy al Padre: porque el Padre es mayor que yo633.

[29] Y ahora os lo he dicho antes que sea: para que lo creáis, cuando fuere hecho.

[30] Ya no hablaré con vosotros muchas cosas, porque viene el príncipe de este mundo, y no tiene nada en mí.

[31] Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como me dio el mandamiento el Padre, así hago. Levantaos: y vamos de aquí634.

[32] Yo soy la verdadera vid: y mi Padre es el labrador.

[33] Todo sarmiento que no diere fruto en mí, lo quitará: y todo aquel que diere fruto, lo limpiará, para que de más fruto.

[34] Vosotros ya estáis limpios por la palabra, que os he hablado.

[35] Estad en mí: y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede de sí mismo llevar fruto, si no estuviere en la vid: así ni vosotros, sino estuviéreis en mí.

[36] Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto: porque sin mí no podéis hacer nada.

[37] El que no estuviere en mí será echado fuera, así como el sarmiento, y se secará, y lo cogerán, y lo meterán en el fuego, y arderá.

[38] Si estuviéreis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pediréis cuanto quisiéreis, y os será hecho.

[39] En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y en que seáis mis discípulos635.

[40] Como el Padre me amó, así también yo os he amado. Perseverad en mi amor.

[41] Si guardáreis mis mandamientos, perseveraréis en mi amor, así como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.

[42] Estas cosas os he dicho: para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

[43] Este es mi mandamiento, que os améis los unos a los otros, como yo os amé.

[44] Ninguno tiene mayor amor que este, que es poner su vida por su amigos.

[45] Vosotros sois mis amigos, si hiciéreis las cosas que yo os mando.

[46] No os llamaré ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. Mas a vosotros os he llamado amigos: porque os he hecho conocer todas las cosas, que he oído de mi Padre.

[47] No me elegísteis vosotros a mí: mas yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis, y llevéis fruto: y que permanezca vuestro fruto: para que os de el Padre todo lo que le pidiéreis en mi nombre.

CAPITULO LII
Jesús continúa instruyendo a sus discípulos en el Cenáculo, la víspera de su muerte; les alienta contra el odio del mundo y las persecuciones, anunciándoles que tendrán consigo al Espíritu Consolador; les dice que se separa de ellos, pero para volver; y por último les advierte que no les hablará ya más por parábolas, sino claramente y en lenguaje de amigo.

[1] Esto os mando, que os améis los unos a los otros.

[2] Si el mundo os aborrece: sabed que me aborreció a mí antes que a vosotros636.

[3] Si fuérais del mundo, el mundo amaría lo que era suyo: mas porque no sois del mundo, antes yo os escogí del mundo, por eso os aborrece el mundo.

[4] Acordaos de mi palabra, que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí han perseguido, también os perseguirán a vosotros: si mi palabra han guardado, también guardarán la vuestra.

[5] Mas todas estas cosas os harán por causa de mi nombre: porque no conocen a aquel que me ha enviado.

[6] Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado637: mas ahora no tienen excusa de su pecado.

[7] El que me aborrece, también aborrece a mi Padre.

[8] Si no hubiese hecho entre ellos obras, que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado: mas ahora, y las han visto, y me aborrecen a mí, y a mi Padre.

[9] Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que me aborrecieron de grado.

[10] Pero cuando viniere el Consolador que yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.

[11] Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

[12] Esto os he dicho para que no os escandalicéis638.

[13] Os echarán de las Sinagogas: mas viene la hora en que cualquiera que os mate, pensará que hace servicio a Dios.

[14] Y os harán esto, porque no conocieron al Padre, ni a mí.

[15] Mas esto os he dicho: para que cuando viniere la hora, os acordéis de ello, que yo os lo dije.

[16] No os dije estas cosas al principio, porque estaba con vosotros. Mas ahora voy a aquel que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿adónde vas?

[17] Antes porque os he dicho estas cosas, la tristeza ha ocupado vuestro corazón.

[18] Mas yo os digo la verdad: que conviene a vosotros que yo me vaya: porque si no me fuere, no vendrá a vosotros el Consolador: mas si me fuere, os lo enviaré.

[19] Y cuando él viniere, argüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio.

[20] De pecado ciertamente: porque no han creído en mí.

[21] Y de justicia: porque voy al Padre, y ya no me veréis:

[22] Y de juicio: porque el príncipe de este mundo ya es juzgado639.

[23] Aun tengo que deciros muchas cosas: mas no las podéis llevar ahora.

[24] Mas cuando viniere aquel Espíritu de verdad, os enseñará toda la verdad640. Porque no hablará de sí mismo: mas hablará todo lo que oyere641, y os anunciará las cosas que han de venir.

[25] El me glorificará: porque de lo mío tomará, y lo anunciará a vosotros.

[26] Todas cuantas cosas tiene el Padre, mías son. Por eso os dije: Que de lo mío tomará, y lo anunciará a vosotros.

[27] Un poco, y ya no me veréis: y otro poco, y me veréis: porque voy al Padre.

[28] Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poco, y no me veréis: y otro poco, y me veréis, y porque voy al Padre?

[29] Y decían642: ¿Qué es esto que nos dice, Un poco? no sabemos lo que dice.

[30] Y entendió Jesús que le querían preguntar, y les dijo: Disputáis entre vosotros de esto que dije: Un poco, y no me veréis: y otro poco, y me veréis.

[31] En verdad, en verdad os digo: Que vosotros lloraréis, y gemiréis, mas el mundo se gozará: y vosotros estaréis tristes, mas vuestra tristeza se convertirá en gozo.

[32] La mujer cuando pare está triste, porque viene su hora: mas cuando ha parido un niño, ya no se acuerda del apuro por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.

[33] Pues también vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza, mas otra vez os he de ver, y se gozará vuestro corazón: y ninguno os quitará vuestro gozo.

[34] Y en aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: Que os dará el Padre todo lo que pidiéreis en mi nombre643.

[35] Hasta aquí no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

[36] Estas cosas os he hablado en parábolas. Viene la hora en que ya no os hablaré por parábolas: mas os anunciaré claramente de mi Padre.

[37] En aquel día pediréis en mi nombre: y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros:

[38] Porque el mismo Padre os ama, porque vosotros me amásteis, y habéis creído que yo salí de Dios.

[39] Salí del Padre, y vine al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

[40] Sus discípulos le dicen: He aquí ahora hablas claramente, y no dices ningún proverbio.

[41] Ahora conocemos, que sabes todas las cosas, y que no es menester que nadie te pregunte: en esto creemos, que has salido de Dios.

[42] Jesús les respondió: ¿Ahora creeis?

[43] He aquí viene, y ya es venida la hora, en que seáis esparcidos cada uno por su parte, y que me dejéis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

[44] Esto os he dicho, para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis apretura: mas tened confianza, que yo he vencido al mundo.

CAPITULO LIII
Jesús, en el Cenáculo, la víspera de su Pasión, ruega a su Padre por sus discípulos, y por todos cuantos crean en él.- Dirigiéndose luego al monte del Olivar, anuncia a sus discípulos que dentro de poco le abandonarán todos.- Tristeza y agonía de Jesús en el huerto de Gethsemaní.

[1] Estas cosas dijo Jesús: y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, vino la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti644.

[2] Como le has dado poder sobre toda carne, para que todo lo que le diste a él, les de a ellos vida eterna645.

[3] Y esta es la vida eterna: Que te conozcan a ti solo Dios verdadero, y a Jesucristo a quien enviaste646.

[4] Yo te he glorificado sobre la tierra: he acabado la obra, que me diste a hacer.

[5] Ahora pues, Padre, glorifícame tú en ti mismo con aquella gloria, que tuve en ti, antes que fuese el mundo.

[6] He manifestado tu nombre a los hombres, que me diste del mundo: tuyos eran, y me los diste647 a mí, y guardaron tu palabra.

[7] Ahora han conocido, que todas las cosas, que me diste, de ti son.

[8] Porque les he dado las palabras, que me diste: y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente, que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

[9] Yo ruego por ellos: No ruego por el mundo648, sino por estos, que me diste, porque tuyos son:

[10] Y todas mis cosas son tuyas, y las tuyas son mías: y en ellas he sido clarificado.

[11] Y ya no estoy en el mundo, mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guarda por tu nombre a aquellos, que me diste: para que sean una cosa, como también nosotros649.

[12] Mientras que yo estaba con ellos, los guardaba en tu nombre. Guardé a los que me diste, y no pereció ninguno de ellos, sino el hijo de perdición650, para que se cumpliese la Escritura.

[13] Ma ahora voy a ti, y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

[14] Yo les di tu palabra, y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

[15] No te ruego, que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

[16] No son del mundo, así como tampoco yo soy del mundo.

[17] Santifícalos con tu verdad. Tu palabra es la verdad.

[18] Como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo.

[19] Y por ellos yo me santifico a mí mismo: para que ellos sean también santificados en verdad.

[20] Mas no ruego tan solamente por ellos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos:

[21] Para que sean todos una cosa, así como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que también sean ellos una cosa en nosotros: para que el mundo crea, que tú me enviaste651.

[22] Yo les he dado la gloria, que tú me diste: para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa.

[23] Yo en ellos, y tú en mí: para que sean consumados en una cosa: y que conozca el mundo, que tú me has enviado, y que los has amado, como también me amaste a mí.

[24] Padre, quiero que aquellos, que tú me diste, estén conmigo en donde yo estoy: para que vean mi gloria, que tú me diste: porque me has amado antes del establecimiento del mundo.

[25] Padre justo, el mundo no te ha conocido: mas yo te he conocido: y estos han conocido que tú me enviaste.

[26] Y les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer: para que el amor, con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

[27] Cuando Jesús hubo dicho estas cosas, y dicho el himno652, se fue, como solía, al monte de las Olivas. Y le fueron también siguiendo sus discípulos.

[28] Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros padeceréis escándalo en mí esta noche653. Porque escrito está: Heriré al pastor, y se descarriarán las ovejas del rebaño.

[29] Mas después que resucitare, iré delante de vosotros a la Galilea.

[30] Respondió Pedro, y le dijo: Aunque todos se escandalizaren en ti, yo nunca me escandalizaré.

[31] Y Jesús le dijo: En verdad te digo, que tú, hoy en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.

[32] Pedro le dijo: Aunque sea menester morir yo contigo, no te negaré. Y todos los otros discípulos dijeron lo mismo.

[33] Entonces fue Jesús con ellos a una granja, llamada Gethsemaní, de la otra parte del arroyo de Cedrón, en donde había un huerto, en el cual entró él, y sus discípulos.

[34] Y Judas, que lo entregaba, sabía también aquel lugar: porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos.

[35] Y cuando llegó al lugar, les dijo: Sentaos aquí, mientras que yo voy allí, y hago oración: y haced oración, para que no entréis en tentación.

[36] Y llevó consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan: y comenzó a entristecerse, a atemorizarse, y a angustiarse.

[37] Y les dijo: Mi alma está triste hasta la muerte: esperad aquí, y velad conmigo.

[38] Y se apartó él de ellos, como un tiro de piedra, se postró en tierra: y pedía, que si ser pudiese, pasase de él aquella hora.

[39] Y dijo: Padre mío, todas las cosas te son posibles, traspasa de mí este cáliz: mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.

[40] Y vino a sus discípulos, y los halló dormidos, y dijo a Pedro: ¿Simón, duermes? ¿Así, no habéis podido velar una hora conmigo?

[41] Velad, y orad para que no entréis en tentación. El espíritu en verdad pronto está, mas la carne enferma654.

[42] Se fue de nuevo segunda vez, y oró, diciendo las mismas palabras: Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

[43] Y vino otra vez, y los halló dormidos: (porque sus ojos estaban cargados) y no sabían qué responderle.

[44] Y los dejó, y de nuevo fue a orar tercera vez, diciendo las mismas palabras: Padre, si quieres, traspasa de mí este cáliz: Mas no se haga mi voluntad, sino la tuya.

[45] Y le apareció un Angel del cielo, que le confortaba655. Y puesto en agonía oraba con mayor vehemencia.

[46] Y fue su sudor, como gotas de sangre, que corría hasta la tierra.

[47] Y como se levantó de orar, vino a sus discípulos la tercera vez, y los halló durmiendo de tristeza, y les dijo: Dormid ya, y reposad. Basta656: la hora es llegada: ved que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.

[48] Levantaos, vamos: ved que ha llegado el que me entregará.

CAPITULO LIV
Llegan al huerto de Gethsemaní Judas y los satélites enviados por los príncipes de los sacerdotes: beso del traidor.- Jesús después de haber anonadado a todos con sola una palabra, les ordena que dejen marchar a sus discípulos, y se entrega.- Le conducen a casa de Anás en donde recibe un bofetón, y luego a la del pontífice Caiphás, en donde le juzgan digno de muerte.

[1] Y estando él aun hablando, he aquí llegó Judas uno de los doce, con una cohorte657, y los alguaciles de los pontífices, con linternas y con hachas, y con armas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los Escribas, de los Phariseos y de los ancianos.

[2] Y el traidor les había dado una señal, diciendo: Aquel que yo besare, aquel es: prendedle, y llevadle con cuidado.

[3] Y cuando llegó, se acercó luego a él, y dijo: Maestro, Dios te guarde: y le besó.

[4] Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué has venido? ¿Judas, con beso entregas al Hijo del hombre?

[5] Mas Jesús, sabiendo todas las cosas, que habían de venir sobre él, se adelantó, y les dijo: ¿A quién buscáis?

[6] Le respondieron: A Jesús Nazareno. Jesús les dice: Yo soy.

[7] Luego pues que les dijo: Yo soy: volvieron atrás, y cayeron en tierra.

[8] Mas les volvió a preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno.

[9] Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy: pues si me buscáis a mí, dejad ir a estos658.

[10] Para que se cumpliese la palabra, que dijo: De los que me diste, a ninguno de ellos perdí.

[11] Y cuando vieron los que estaban con él, lo que iba a suceder, le dijeron: Señor, ¿herimos con espada?

[12] Y uno de ellos, Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó: e hirió a un siervo del pontífice: y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malcho.

[13] Mas Jesús, tomando la palabra, dijo: Dejad hasta aquí. Y le tocó la oreja, y le sanó.

[14] Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina: porque todos los que tomaren espada, a espada morirán659.

[15] El cáliz, que me ha dado el Padre, ¿no lo tengo de beber?

[16] ¿Por ventura piensas, que no puedo rogar a mi Padre, y me dará ahora mismo más de doce legiones de Angeles?

[17] ¿Pues cómo se cumplirán las Escrituras, de que así conviene que se haga?

[18] Y dijo Jesús a los príncipes de los sacerdotes, y a los magistrados del templo, y a los ancianos, que habían venido allí: ¿Como a ladrón habéis salido a prenderme con espadas y con palos?

[19] Habiendo estado cada día sentado en el templo con vosotros enseñando, no extendísteis las manos contra mí: mas esta es vuestra hora, y el poder de las tinieblas.

[20] Mas todo esto fue hecho, para que se cumpliesen las Escrituras de los profetas.

[21] La cohorte pues, y el tribuno, y los ministros de los Judíos prendieron a Jesús, y lo ataron.

[22] Entonces desamparándole sus discípulos, huyeron todos.

[23] Y un mancebo iba en pos de él, cubierto de una sábana sobre el cuerpo desnudo660: y le asieron.

[24] Mas él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

[25] Y llevaron a Jesús a casa del sumo sacerdote. Y lo llevaron primero a Anás661, porque era suegro de Caiphás, el cual era pontífice de aquel año.

[26] Simón Pedro, y otro discípulo seguían a Jesús a lo lejos. Y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesús en el atrio del pontífice.

[27] Mas Pedro estaba fuera a la puerta. Y salió el otro discípulo, que era conocido del pontífice, y lo dijo a la portera: e hizo entrar a Pedro.

[28] Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, los criados y los ministros, se calentaban porque hacía frío. Y Pedro estaba también en medio de ellos con los sirvientes, calentándose, para ver el fin.

[29] El pontífice pues preguntó a Jesús sobre sus discípulos, y sobre su doctrina.

[30] Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la Sinagoga, y en el templo, adonde concurren todos los Judíos: y nada he hablado en oculto.

[31] ¿Qué me preguntas a mí? Pregunta a aquellos, que han oído lo que yo les hablé. He aquí estos saben lo que yo he dicho.

[32] Cuando esto hubo dicho, uno de los ministros que estaban allí, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?

[33] Jesús le respondió: Si he hablado mal, da testimonio del mal: mas si bien, ¿por qué me hieres?

[34] Y Anás lo envió atado al pontífice Caiphás.

[35] Y Caiphás era el que había dado el consejo a los Judíos: Que convenía que muriese un hombre por el pueblo.

[36] Mas los que tenían preso a Jesús, le llevaron a casa de Caiphás el príncipe de los sacerdotes, en donde se habían juntado todos los sacerdotes, los Escribas, y los ancianos.

[37] Mas los príncipes de los sacerdotes662, y todo el concilio buscaban algún falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte: y no le hallaban.

[38] Porque muchos decían testimonio falso contra él: mas no concordaban sus testimonios.

[39] Mas por último llegaron dos testigos falsos,

[40] Y dijeron: Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este templo hecho de mano, y en tres días edificaré otro no hecho de mano663.

[41] Y no se concertaba el testimonio de ellos664.

[42] Y levantándose en medio el sumo sacerdote, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes alguna cosa, a lo que estos atestiguan contra ti?

[43] Mas él callaba, y nada respondió. Le volvió a preguntar el sumo sacerdote, y le dijo: Te conjuro por el Dios vivo, que nos digas, si tú eres el Cristo el Hijo de Dios bendito.

[44] Y Jesús le dijo: Yo soy: y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y venir con las nubes del cielo.

[45] Entonces el príncipe de los sacerdotes rasgó sus vestiduras665, y dijo: Ha blasfemado: ¿qué necesidad tenemos ya de testigos?

[46] Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece? Y le condenaron todos ellos a que era reo de muerte.


547

Esto es, personas de la corte de Herodes el tetrarca, príncipe muy adicto a los intereses del emperador romano.

548

El pueblo judío alimentaba el pensamiento de que no podían avasallarle los infieles. Decidiéndose Jesucristo contra el tributo, le entregaban a los magistrados, y si hubiese dicho que no había que pagarle, excitaban el pueblo contra él. (Bossuet)

549

Los saduceos alegan aquí una innoble fábula para argumentar contra uno de los más importantes puntos de la religión. ¡Cuántas veces imitan este triste ejemplo, los herejes, los libertinos, y los que se llaman filósofos!

550

Como los escribas creían la resurrección de los muertos, que el Hijo de Dios acababa de apoyar de una manera tan divina, no podían menos de aprobar su doctrina y respuesta.

551

La obligación de amarse recíprocamente es igual en todos los hombres, y para todos ellos; pero como es imposible servirlos a todos del mismo modo, tenemos necesariamente que limitarnos a servir a aquellos que el tiempo o las circunstancias han hecho que nos toquen más de cerca. (Bossuet)

552

El Cristo era hijo de David, por la naturaleza humana que de él había tomado, pero ante todo, era Hijo de Dios, y Jesucristo desea que no se olvide esto.

553

Llamábanse así las cintas o bandas de pergamino en que tenían escritas algunas sentencias de los libros sagrados, que los israelitas llevaban en forma de corona sobre su frente y alrededor de sus brazos. Los fariseos para parecer más religiosos las llevaban mán anchas.

554

La Ley obligaba a los judíos a llevar en los remates de sus capas unas orlas o franjas de color de jacinto, y los fariseos afectaban llevarlas más largas.

555

Jesucristo no condena los nombres de maestro y de padre, pero prohibe que se den estos títulos a otro que a Dios, en toda la acepción de la palabra.

556

Un prosélito era un pagano que se convertía al judaísmo.

557

Porque dejando a los gentiles convertidos los vicios del paganismo, les comunicaban además sus propios vicios, sus errores y su hipocresía.

558

¡Oh cuántos hay que dicen todavía en su interior: el templo y el altar nada son; la ofrenda es lo que vale, y no sólo debemos tratar de que permanezca ahí siempre, sino que debemos hacer por aumentarla como lo más precioso que tiene la religión! (Bossuet)

559

En la nueva ley, lejos de ser el altar el que santifica a la víctima, es la víctima la que santifica el altar, el templo, y todo cuanto se ofrece en él.(Bossuet)

560

Esto es: Manifestáis mucha veneración por los profetas cuando ya están muertos, y no vienen a reprenderos por vuestras iniquidades; pero cuando están vivos, y os echan en cara vuestra hipocresía, entonces conspiráis contra su vida. (Bossuet)

561

Después de haber leído atentamente un crecido número de disertaciones sobre este pasaje del Evangelio, nos ha parecido conveniente decidirnos por la opinión de Orígenes, en la cual abundan también San Gregorio de Nisa, y Eutimio, diciendo con él que se trata aquí de Zacarías padre de Juan Bautista, cuyo asesinato databa apenas de treinta años. -Filium Barachiae puede significar, el hijo de un hombre bendito de Dios-. En tiempo de Orígenes, se creía, según la tradición, que Zacarías, padre de Juan Bautista, había sido muerto en el espacio que existía entre el templo y el altar de los holocaustos.

562

Esto es: Hasta que me reconozcáis por el Mesías enviado de Dios. Los judíos le reconocerán cuando se acerque el juicio final.

563

El cuadrante era la cuarta parte del as, y así significa el valor de una moneda de cobre, que por pesar tres onzas se llamaba teruntius, que quiere decir un cuarto.

564

Josefo escribe con particularidad la magnificencia y riqueza de los presentes hechos al Señor en el templo de Jerusalén, y que pertenecían a su tesoro.

565

Esta profecía se cumplió a la letra durante todo el tiempo que transcurrió desde la muerte de Jesucristo hasta la ruina de Jerusalén.

566

Para que deis testimonio de mi doctrina delante de ellos.

567

Cuando acaeció la ruina de Jerusalén, ya había sido anunciado el Evangelio, al menos en compendio, en todas las regiones del mundo conocidas entonces, como lo afirma San Pablo en sus Epístolas: por lo que toca al fin del mundo, cuya figura es la ruina de Jerusalén, no llegará hasta que la luz del Evangelio haya alumbrado a toda la tierra.

568

Estos últimos versículos son relativos al fin del mundo. Como en toda esta profecía se trata de dos acontecimientos distintos, y sin embargo ligados entre sí, por medio de íntimas relaciones, no se debe extrañar que el Hijo de Dios hable de ellos separadamente, y a veces de los dos juntos.

569

Muchos intérpretes piensan que se alude aquí a las águilas romanas que se consideraban como los genios del imperio, y a las que se rendían un culto supersticioso.

570

Como hicieron los cristianos que huyeron en efecto hacia los montes en la ciudad de Pella, según afirman los historiadores: por esto no se sabe que hayan padecido en Jerusalén, ni que haya habido allí ninguno de ellos durante el sitio puesto por Tito. (Bossuet)

571

Los techos de las casas eran azoteas, que tenían ordinariamente la subida por fuera.

572

Así como aparecieron falsos profetas y falsos Cristos antes de la ruina de Jerusalén, así también se presentarán otros nuevos antes del fin del mundo.

573

Se saldrán de sus puestos, como si cayeran, o desaparecerán como si hubieran caído.

574

La bóveda del cielo, que llamáis firmamento, o la solidez por excelencia, se conmoverá hasta el punto de que los astros tropezarán unos contra otros.

575

Una cruz sangrienta y luminosa aparecerá en el cielo, como para reemplazar a los astros confundidos.

576

Esta palabra se cumplió a la letra en la ruina de Jerusalén, que fue destruida cuarenta años después de la predicción. Es aplicable también al fin del mundo, entendiéndose por esta generación todo el género humano.

577

El Hijo no lo sabe como hombre, porque es un secreto de la Divinidad.

578

El uno será tomado para ir delante del Señor, y para ser elevado al cielo en compañía de los santos; y el otro será dejado y quedará cosido con la tierra, para ser sepultado en los infiernos como réprobo, y para no tener parte en la herencia del Señor.

579

Esto es, comparecer con buen ánimo y buena confianza.

580

¿Quién es el señor y quiénes son los siervos? El señor es el mismo Jesucristo; su familia, es su Iglesia católica, difundida por todo el mundo, y los siervos son principalmente los obispos y los sacerdotes. (San Fulgencio)

581

Era costumbre entre los judíos que el esposo, acompañado de sus amigos, fuese por la noche a buscar a su mujer para llevársela a su casa. Las amigas de la esposa, convidadas a la ceremonia, salían al encuentro del esposo con lámparas o antorchas encendidas y después de introducirle en casa de la esposa, acompañaban a los dos a la casa nupcial, donde participaban del gozo de la fiesta.

582

No son personas viciosas ni insensibles, ni dejan de practicar enteramente las buenas obras, pero principian muchas cosas sin acabar ninguna. ¡Cuántos hay que perecerán de este modo! (Bossuet)

583

Trataron de comprarlo, pero no pudieron por no haberlo hallado; y para volverse después a casa del esposo, tienen que andar a obscuras.

584

Aplicación de la parábola. Las diez vírgenes son todos los cristianos; la lámpara, es la fe; el aceite, es la caridad; la tardanza del esposo, es el tiempo que nos separa del juicio final; el sueño de las vírgenes, es la muerte de los cristianos; los gritos que las despertaron a media noche, es la resurrección general, en cuyo momento cada cual hallara solo en su lámpara el aceite que haya puesto en reserva antes de la muerte: entonces, que nadie trate de comprarlo, pues ya no queda recurso ninguno ni aun en la oración y la penitencia. La sala de las bodas, es el cielo, cuyas puertas quedarán cerradas eternamente para todos aquellos cuya fe y obras no hayan sido acompañadas de la caridad.

585

Jesucristo, estando para subir al cielo, confió a los hombres varios talentos para que sacaran producto de ellos, y varios cargos que ejercer en su Iglesia.

586

La medida de los dones de Dios no es igual para todos; pero todos se hallan obligados a trabajar en su Iglesia, según la medida de los dones que han recibido.

587

Tal es la excusa de los cristianos sin valor, pues siempre creen que el Señor les pide demasiado.

588

Se sobreentiende: como hacen los avaros en cuyo número me cuentas.

589

El cristiano cobarde será despojado de todos los dones que haya recibido de Dios, en tanto que el discípulo ferviente será recompensado de su celo, con un aumento de gracias en esta vida, y una gloria inefable en la otra.

590

Todas las buenas obras de los justos serán recompensadas. Si Jesucristo no habla aquí más que de las obras de misericordia, es porque la misericordia es el medio más fácil de salvación, y porque sin ella no hay que esperar una sentencia favorable en el último día.

591

El griego dice: y los Escribas.

592

La afluencia de gente en Jerusalén durante los días de la Pascua era tan grande, que una manifestación en favor de Jesús habría podido traer fatales consecuencias para los que estaban concertando su muerte.

593

No debe confundirse esta comida en casa de Simón el leproso, en la cual una mujer derramó un bálsamo sobre la cabeza de Jesús, con otra que hizo el Señor en casa de Marta y de María, en la cual le ungieron con bálsamo los pies, uso muy general entre los judíos y otros pueblos del Asia, cuando se trataba de personas de distinción. (San Jerónimo)

594

Quién no ha de admirarse al ver como se ha cumplido esta profecía del Salvador desde hace más de diez y ocho siglos, y al ver un hecho, tan poco importante en apariencia, celebrado por toda la tierra, mientras hay tantos rasgos de heroísmo sumergidos en el olvido más profundo!

595

Estos magistrados eran de los levitas destinados a la custodia del templo y estaban en él de guardia.

596

El jueves. Como Bethania no distaba de Jerusalén más que un cuarto de legua, los dos discípulos tuvieron tiempo para prepararlo todo, y volver adonde Jesús estaba.

597

En la que se debía inmolar el Cordero pascual.

598

El tiempo de mi pasión y de salir yo de este mundo.

599

Esto es, cuando la aparición de las estrellas indicaba que había llegado el viernes.

600

Después de haberse comido el cordero.

601

No era la Pascua legal, que iba a acabarse ya, la que Jesucristo había deseado con tanto ardor comer con sus discípulos, sino la Pascua de la nueva alianza. (Bossuet)

602

Este no es el cáliz que consagró después; porque cuando los judíos celebraban la Pascua, el que hacía de cabeza en la mesa, daba la bendición al primer vaso de vino, y después de haber bebido, lo presentaba a los otros, y bebían de él todos por su orden.

603

Antes de la institución de la Eucaristía. Por lo que aquí se refiere y se lee también en los otros Evangelistas, se ve que el Señor, acabada la cena legal, lavó los pies a sus discípulos, como una señal de la pureza y preparación con que habían de recibir la Eucaristía que instituyó después y les dio.

604

Esto es, el manto o ropa que le podía servir de embarazo para la obra que iba a hacer.

605

Ya en otra ocasión dijo Jesucristo a sus discípulos: ¿No os he escogido a los doce? y sin embargo hay un demonio entre vosotros. En este momento alude también a la traición de Judas.

606

El griego: dijo claramente, aseguró con toda aseveración.

607

Esto es, vuelve a su Padre, y morirá para volver; y esto mas bien por un efecto de su voluntad, que por la violencia de sus enemigos, y de la malicia del que le ha de entregar en cumplimiento de la profecía de Isaías, LIII, 7.

608

Esto es, así es como lo dices. Al principio de este verso se señala Judas, el que le entregó, porque entre los Apóstoles había otro Judas, que tenía el sobrenombre de Tadeo. Es de suponer que el Señor le respondió, sin que los otros discípulos percibiesen lo que le decía.

609

Es decir, lo que hay en este cáliz es mi sangre. Por la virtud omnipotente de la palabra de Jesucristo, lo que era pan se cambia en su propio cuerpo, y lo que era vino, se vuelve la misma sangre que derramó en la cruz.

610

Esto es, por medio de esta sangre queda establecida y confirmada la nueva alianza entre Dios y los hombres, así como lo fue la antigua por la efusión y aspersión de la sangre de los animales. -San Lucas y San Pablo escriben: Este cáliz es el nuevo Testamento en mi sangre, que equivale a decir: Así como el papel en que dejó consignada de propia mano vuestro padre su última voluntad, se llama y es su testamento, así este cáliz sagrado es el testamento de Jesucristo, por su sangre que en él se contiene, y porque esa última disposición debía también quedar escrita. (Bossuet)

611

Jesucristo murió por todos los hombres; pero desgraciadamente, muchos, por culpa propia, no se aprovecharán del fruto de su sacrificio.

612

Jesucristo da a sus Apóstoles y a sus sucesores por medio de estas palabras el poder de consagrar, de ofrecer en sacrificio y de distribuir a los fieles su cuerpo y su sangre.

613

Este versículo y el último periodo del precedente no son del Evangelio, sino de las Epístolas de San Pablo, a quien fueron reveladas estas palabras, y que debe considerarse como Evangelista en este pasaje. (Véase la Epístola de San Pablo a los Corintios: I, XI, 25 y 26).

614

San Juan se designa así varias veces en su Evangelio, por no nombrarse.

615

Los orientales no se sentaban a la mesa, sino que se recostaban sobre camas, en que se acomodaban tres en cada una, y apoyados sobre el codo izquierdo, quedaban en tal disposición, que la cabeza del segundo venía a caer sobre el pecho del primero. Y esta era la situación que tenía Juan respecto de Jesucristo.

616

Dios fue glorificado por la obediencia de Jesucristo y por su sacrificio, el más perfecto que ha podido hacerse, y de infinito mérito; y después de la muerte en la cruz fue glorificado a su vez el Hijo del hombre entrando con su humanidad en la gloria de su Padre.(Bossuet)

617

Bienhechor era un título o sobrenombre que la lisonja solía dar a los reyes.

618

Debemos desterrar de entre nosotros el espíritu de dominación, la altivez, el orgullo y el interés, y pensar en granjearnos los corazones, por medio de la humildad y el amor, y dando siempre buen ejemplo. (Bossuet)

619

¿No se debilitará con esto la autoridad? ¡Ah! siempre habrá entre nosotros bastante autoridad, con tal de que haya suficiente humildad, y en cuanto esta llegase a faltar, la autoridad sería onerosa e insoportable. (Bourdaloue)

620

Esto es, para someteros a una terrible prueba.

621

No es nuevo este mandamiento en cuanto a la obligación de amar al prójimo; pero sí lo es en cuanto al grado de caridad que prescribe con respecto al prójimo.

622

Esto es, no marcarán los gallos con su canto las diferentes horas de la noche, como acostumbran a hacerlo.

623

Como si les dijera: Vosotros vais a entrar en un tiempo de prueba, en que todo os faltará: y todo el mundo os perseguirá: así que si se hubieran de practicar algunas diligencias humanas, deberíais, como se hace en tiempo de guerra, proveeros de dinero y de víveres: y si no tenéis dinero, vender aun vuestros mismos vestidos para comprar armas, y poneros en estado de defensa. El Señor por medio de este lenguaje figurado les anuncia los trabajos y peligros a que se verían expuestos.

624

Las que habían servido sin duda para inmolar el cordero.

625

Los Apóstoles no comprendieron el sentido de las palabras de Jesucristo. Y como no juzgó a propósito explicarse mas por entonces, interrumpió el discurso diciendo: Basta; como si dijera: Dejemos eso, pasemos a otra cosa. Los Apóstoles se quedaron con la idea de armarse, y así sucedió que Simón Pedro sacó una espada en el huerto del Olivar.

626

Jesucristo es el camino del cielo, que está patente a nuestra vista por el ejemplo de su vida, y por sus misterios: es la verdad, que alumbra nuestro espíritu con su palabra, y es la vida, que alienta nuestra voluntad para unirla con Dios por su gracia. (San León)

627

En los Hechos de los Apóstoles vemos que la sombra de San Pedro curaba a los enfermos que le llevaban al santo en sus camas a los sitios públicos para que los sanase, pasando su sombra sobre ellos: Jesucristo convierte a un puñado de judíos, y los Apóstoles convierten al mundo.

628

El Hijo de Dios no debía patentizar su poder por los grandes milagros de sus discípulos, sino después de haber vuelto al seno de su Padre.

629

Jesucristo, como hombre, consolaba a los suyos con su presencia y por el efecto sensible de sus palabras: el Espíritu Santo los consuela por medio de una presencia y una operación invisibles, llenándoles de gozo interior. (San Agustín)

630

En este lugar y en los siguientes la palabra mundo tiene dos sentidos. Se toma primeramente por los judíos, enemigos de la persona y doctrina de Jesucristo, y se toma también en general por todos aquello que viven como viles esclavos, sujetos a sus pasiones. Estos con sus máximas y conducta forman una contradicción a las máximas y ejemplos de Jesucristo, y sus nombres no están escritos en el libro de la vida.

631

Jesucristo está en su Padre por la unidad de una misma naturaleza. Está en nosotros, porque nos comunica su espíritu: y nosotros estamos en él por a fe y la caridad, que nos unen con él como los miembros con su cabeza.

632

Judas, hijo de Alfeo y de una hermana de la Santa Virgen, que no debe confundirse con el traidor Iscariotes.

633

Jesucristo en cuanto hombre es inferior a Dios su Padre, como le es igual en cuanto Dios.

634

Entonces se levantaron de la mesa Jesús y los once discípulos; pero el Salvador pronunció las palabras que siguen antes del himno de acción de gracias.

635

Dios es glorificado con el buen ejemplo que damos a nuestros hermanos; y siguiendo en esto los ejemplos y doctrinas de Jesucristo, mostramos que somos sus discípulos.

636

El fallo del mundo sobre Jesucristo fue tan inicuo como nulo. La doctrina del Salvador que se creyó sepultada en el suplicio de la cruz, se alza más triunfante que nunca; el cielo se declara en su favor, y a falta de los judíos, la reciben los gentiles para componer un nuevo pueblo. Tal fue la obra del Espíritu Santo, que bajando en forma de lenguas, muestra la eficacia de la predicación evangélica. (Bossuet)

637

No habrían pecado oponiéndose a la luz, a la verdad, y a los medios de llegar a la salvación.

638

Por causa de la incredulidad de los judíos, y del odio y furor con que os perseguirán.

639

El Espíritu Santo por la predicación y por los milagros de los Apóstoles convencerá el mundo de pecado, haciendo conocer cuán culpables son aquellos que en lugar de creer en Jesucristo, le han crucificado, y han perseguido a sus discípulos. Convencerá al mundo de la justicia, esto es, de la inocencia del Hijo de Dios, haciendo ver que aquel que entregaron a la muerte, fue el que resucitó, subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre. Ultimamente convencerá al mundo del juicio y sentencia pronunciada contra el demonio, cuando se vea su reino destruido por la predicación del Evangelio.

640

Se entiende esto, por lo que mira a los fieles, de todas las verdades que necesitan saber para salvarse; pero no relativamente a las verdades de este mundo; en cuanto a estas, nos dice la Escritura, el mundo ha sido entregado a las disputas de los hombres, y a ellos les corresponde buscarlas.

641

El Espíritu Santo, que de toda eternidad procede del Padre y del Hijo, recibe del uno y del otro la esencial e infinita sabiduría, cuyas luces comunica a los hombres.

642

En esta cuestión promovida por algunos, llegaron a tomar parte todos.

643

Pedir en nombre de Jesucristo, es pedir los bienes eternos que nos ha merecido con su muerte; es pedir con una entera confianza en solo su mérito, persuadiéndonos por la fe de que Dios no recibe favorablemente nuestras adoraciones, nuestras plegarias y nuestras acciones de gracias, sino cuando le son presentadas por Jesucristo nuestro único mediador.

644

Véanse más adelante las explicaciones que da Bossuet sobre este punto.

645

La misión de Jesucristo no tiende a otra cosa que a la vida eterna. Las promesas temporales se concluyeron ya, y la verdadera tierra por donde corren ríos de leche y de miel, que Jesucristo promete a sus amigos, es la ciudad permanente que él mismo edificó en el cielo, para vivir en ella eternamente. (Bossuet)

646

El medio de llegar a la vida eterna, es conocer a Dios, y a Jesucristo su Hijo con una fe viva, y que obra por la caridad. Los gentiles no conocían al verdadero Dios, ni al Salvador. Los hebreos conocían al verdadero Dios; mas no conocían al Salvador, antes le desecharon: el Señor ruega por los unos y por los otros.

647

Jesucristo no quiere decir: Tuyos eran por su virtud y buena voluntad, al contrario debe entenderse aquí: Tuyos eran, no por su buena voluntad, sino por la tuya; no por su gusto, sino por el tuyo, y no porque ellos eran buenos, sino porque tú lo eres, tú, Padre mío, que los escogiste para dármelos. (Bossuet)

648

Jesucristo no ruega aquí por los impíos incrédulos, y necios amadores del mundo, sino por los que aman al Padre, y pertenecen a su grey. (San Agustín)

649

Que estén unidos entre sí por la caridad tan estrechamente, que esta unión sea una imagen de la unidad substancial, que hay entre el Padre y el Hijo.

650

Judas. No se perdió este, porque la Escritura había anunciado que se perdería, sino que la Escritura lo anunció, porque Judas se había de perder, y porque el Espíritu Santo que hablaba por boca de David, veía el enorme delito de este apóstata. (Santo Tomás)

651

Para que esta unión de los hijos de Dios formada por la fe y la caridad, obligue al mundo, por incrédulo que sea, a confesar, que la religión de Jesucristo es la obra de Dios, y Jesucristo es el Hijo del Eterno Padre.

652

El cántico de acción de gracias.

653

Por estas palabras da el Señor a entender a sus Apóstoles, que serían tan fuertemente tentados, viéndole padecer, que desfallecerían en la fe.

654

Aviso a esos temerarios que se imaginan poder hacer siempre lo que quieren. Así como presumimos de la actividad de nuestro espíritu, así también debemos desconfiarnos de la flaqueza de la carne. (San Jerónimo)

655

Jesucristo no tenía necesidad de este socorro, pero quiso ser consolado y confortado por un ángel, como quiso abandonarse también al temor y a la tristeza, para enseñarnos con su ejemplo a vencer nuestras repugnancias y a esperar de Dios el socorro en nuestras angustias. (San Ambrosio)

656

Con esta palabra corrige las que preceden, que había dicho por ironía.

657

Cuerpo de tropas de quinientos o seiscientos hombres, mandadas por un oficial, qu los romanos llamaban tribuno, como veremos más adelante.

658

Señalando a sus discípulos.

659

Todos los que de propia autoridad derramen la sangre humana, merecerán la muerte.

660

Probablemente un mozo de la granja que, despertado por el ruido, se levantó para ver lo que pasaba.

661

Anás había sido soberano pontífice, y tenía una hija casada con Caifás, que lo era aquel año. Por respeto a sus canas, a las dignidades que había obtenido y a la conexión de parentesco, que tenía con Caifás, fue sin duda porque le presentaron primero a Jesús. O el mismo Caifás por deferencia y obsequio a su suegro, ordenó tal vez al comandante de aquella gavilla, que se lo presentase primeramente.

662

Caifás y Anás: este último después de haber hecho salir a Jesús de su audiencia, se fue inmediatamente al concilio de los judíos reunidos en casa de Caifás.

663

La expresión de Jesucristo había sido: Destruid este templo, y en tres días yo lo reedificaré. Y en estas palabras entendía el templo de su cuerpo, no el material de Jerusalén, como nota San Juan.

664

Otros, no eran bastantes para hacerle reo de muerte.

665

Caifás al desgarrar sus vestiduras se despojó de su dignidad sacerdotal, porque olvidó la orden dada a todo príncipe de los sacerdotes de no quitar la tiara de su cabeza, y de no desgarrar sus vestiduras. De este modo, oh Caifás, fuiste el artífice de tu propia vergüenza, y con ese despojo voluntario, probaste que cesó el antiguo sacerdocio, y con él la antigua ley. (San León)

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