Abate de Brispot, La vida de Nuestro Señor Jesucristo
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CAPÍTULO XXX
Continúa Jesús enseñando en el templo.-Absuelve el Señor a la mujer adúltera que le trajeron los Escribas y los Phariséos.-Declara que es Hijo de Dios, y anuncia que deberá su muerte a los Judíos.-Les dice que no son ya los hijos de Abrahám, sino los esclavos del demonio.

[1] Y otro día de mañana volvió al templo, y vino a él todo el pueblo, y sentado los enseñaba.

[2] Y los Escribas y los Phariséos le trajeron una mujer escondida en adulterio: y la pusieron en medio,

[3] Y le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido ahora sorprendida en adulterio.

[4] Y Moisés nos mandó en la ley apedrear a estas tales. Pues tú ¿qué dices?

[5] Y esto lo decían tentándole, para poderle acusar374. Más Jesús inclinado hacia abajo, escribía con el dedo en tierra.

[6] Y como porfiasen en preguntarle, se enderezó, y les dijo: El que entre vosotros esté sin pecado, tire con ella la piedra el primero375.

[7] E inclinándose de nuevo, continuaba escribiendo en tierra.

[8] Ellos cuando esto oyeron, se salieron los unos en pos de los otros, y los más ancianos los primeros: y quedó Jesús solo, y la mujer que estaba en pie en medio376.

[9] Y enderezándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿en dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te ha condenado?

[10] Dijo ella: Ninguno, Señor. Y dijo Jesús: Ni yo tampoco te condenaré. Vete, y no peques ya más377.

[11] Y otra vez les habló Jesús, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no anda en tinieblas, más tendrá la lumbre de la vida.

[12] Y los Phariséos le dijeron: tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no es verdadero.

[13] Jesús les respondió, y dijo: Aunque yo de mí mismo doy testimonio, verdadero es mi testimonio: porque sé de donde vine, y adonde voy378: más vosotros no sabéis de donde vengo, ni adonde voy.

[14] Vosotros juzgáis según la carne: más yo no juzgo a ninguno379:

[15] Y si juzgo yo, mi juicio es verdadero, porque no soy yo solo: más yo el Padre, que me envió.

[16] Y en vuestra ley está escrito, que el testimonio de dos hombres es verdadero.*

[17] Yo soy e que doy testimonio de mí mismo: y testimonio da de mí el Padre, que me envió.

[18] Y le decían: ¿En dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni me conocéis a mí, ni a mi Padre: si me conocieseis a mí, en verdad conocierais también a mi Padre.

[19] Estas palabras dijo Jesús en el gazofilacio380, enseñando en el templo: y ninguno le echó mano, porque no había venido aún su hora.

[20] Y en otra ocasión les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscareis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis venir.

[21] Y decían los Judíos: ¿Por ventura se matará a sí mismo, pues ha dicho: Adonde yo voy, vosotros no podéis venir?

[22] Y les decía: Vosotros sois de abajo: yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

[23] Por eso os dije, que moriréis en vuestros pecados: porque si no creyereis que yo soy, moriréis en vuestro pecado381.

[24] Y le decían: Tú, ¿quién eres? Jesús les dijo: El Principio, el mismo que os hablo.

[25] Muchas cosas tengo que decir de vosotros, y que juzgar. Más el que me envió, es verdadero: y yo, lo que oí de él, eso hablo en el mundo.

[26] Y no entendieron, que a su Padre llamaba Dios.

[27] Jesús pues le dijo: cuando alzareis al Hijo del hombre382, entonces entenderéis, que yo soy, y que nada hago de mí mismo: más como mi Padre me mostró, esto hablo:

[28] Y el que me envió, conmigo está, y no me ha dejado solo: porque yo hago siempre lo que a él agrada.

[29] Diciendo él esas cosas, creyeron muchos en él.

[30] Y decía Jesús a los Judíos, que en él habían creído: Sí vosotros perseverareis en mi palabra; verdaderamente seréis mis discípulos:

[31] Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

[32] Le respondieron: Linaje somos de Abrahám, y nunca servimos a ninguno383: ¿pues cómo dices tú: Seréis libres?

[33] Jesús les respondió: en verdad, en verdad os digo: que todo aquel que hace pecados, esclavo es del pecado.

[34] Y el esclavo no queda en casa para siempre: más el hijo queda para siempre.

[35] Pues si el hijo os hiciere libres, verdaderamente seréis libres.

[36] Yo sé, que sois hijos de Abrahám: más me queréis matar, porque mi palabra no cabe en vosotros.

[37] Yo digo lo que en mi Padre: y vosotros hacéis lo que visteis en vuestro padre.

[38] Respondieron, y le dijeron: Nuestro padre es Abrahám. Jesús les dijo: Si sois hijos de Abrahám, haced las obras de Abrahám.

[39] Más ahora me queréis matar, siendo hombre, que os he dicho la verdad, que oí de Dios: Abrahám no hizo esto.

[40] Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Y ellos le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación: un padre tenemos, que es Dios.

[41] Y Jesús les dijo: Si Dios fue vuestro Padre, ciertamente me amaríais. Porque yo de Dios salí, y vine: y no de mí mismo, más él me envió.

[42] ¿Porqué no enredéis este mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra.

[43] Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre: él fue homicida desde el principio384: y no permaneció en la verdad: porque no hay verdad en él: cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso, y padre de la mentira.

[44] Más aunque yo os diga la verdad, no me creéis.

CAPÍTULO XXXI
Jesucristo continúa enseñando en el templo; los judíos le llaman Samaritano y quieren apedrearle.-Habiendo salido del templo da vista a un ciego de nacimiento. Los judíos niegan la gloria de este milagro, y quedan confundidos.-El ciego reconoce a Jesús en el templo, y le adora.

[1] ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado385? Si os digo verdad, ¿porqué no me creéis?

[2] El que es Dios, oye las palabras de Dios. Por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios.

[3] Los Judíos respondieron, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y que tienes demonio?

[4] Jesús respondió: Yo no tengo demonio: más honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado.

[5] Y yo no busco mi gloria: hay quien la busque, y juzgue386.

[6] En verdad, en verdad os digo: Que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre.

[7] Los Judíos le dijeron: ahora conocemos, que tienes demonio. Abrahám murió y los profetas: y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre.

[8] ¿Por ventura eres tú mayor, que nuestro padre Abrahám, el cual murió, y los profetas, que también murieron? ¿Quién te haces a ti mismo?

[9] Jesús les respondió: si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es387: mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís, que es vuestro Dios.

[10] Y no le conocéis: más y le conozco: Y si dijere, que no le conozco, seré mentiroso como vosotros. Más le conozco, y guardo su palabra.

[11] Abrahám vuestro padre deseó con ansia ver mi día: le vio, y se gozó388.

[12] Y los Judíos le dijeron: ¿Aún no tienes cincuenta años, y has visto a Abrahám?

[13] Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo, que antes que Abrahám fuese, yo soy.

[14] Tomaron entonces piedras para tirárselas. Más Jesús se escondió, y salió del templo.

[15] Y al pasar Jesús, vio un hombre ciego de nacimiento:

[16] Y le preguntaron sus discípulos: Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, por haber nacido ciego389?

[17] Respondió Jesús: Ni este pecó, ni sus padres: más para que las obras de dios se manifiesten en él.

[18] Es necesario que yo obre las obras de aquel que me envió, mientras que es de día: vendrá la noche, cuando nadie podrá obrar390.

[19] Mientras que estoy en el mundo, luz soy del mundo.

[20] Cuando esto hubo dicho, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y ungió con el lodo sobre los ojos del ciego,

[21] Y le dijo: Ve, lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir Enviado391) Se fue pues, se lavó, y volvió con vista.

[22] Los vecinos, y los que le habían visto antes pedir limosna, decían: ¿No es este el que estaba sentado, y pedía limosa? Los unos decían: Este es.

[23] Y los otros: No es ese, sino que se le parece. Más él decía: Yo soy.

[24] Y le decían: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

[25] Respondió él: Aquel hombre, que se llama Jesús, hizo lodo: y ungió mis ojos, y me dijo: Ve a la piscina de Siloé, y lávate. Y fui, me lavé, y veo.

[26] Y le dijeron: ¿En dónde está aquel? Respondió él: No sé.

[27] Llevaron a los Phariséos al que había sido ciego.

[28] Y era sábado, cuando hizo Jesús el lodo, y le abrió los ojos.

[29] Y de nuevo le preguntaban los Phariséos, como había recibido la vista. Y él les dijo: Lodo puso sobre mis ojos, y me lavé. y veo.

[30] Y decían algunos de los Phariséos: Este hombre no es de Dios, pues que no guarda el sábado. Y otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estos milagros? Y había disensión entre ellos.

[31] Y vuelven a decir al ciego: Y tú, ¿qué dices de aquel que abrió tus ojos? Y él dijo: Que es profeta.

[32] Más los Judíos no creyeron de él, que hubiese sido ciego, y que hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista:

[33] Y les preguntaron, y dijeron: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís, que nació ciego? ¿Pues cómo ve ahora?

[34] Sus padres les respondieron, y dijeron: Sabemos, que este es nuestro hijo, y que nació ciego:

[35] Más no sabemos como ahora tenga vista: o quien le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos: preguntadlo a é: edad tiene, que hable él pro sí mismo.

[36] Esto dijeron los padres del ciego, porque temían a los Judíos: porque ya habían acordado los Judíos, que si alguno confesase a Jesús por Cristo, fuese echado de la Sinagoga.

[37] Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadlo a él.

[38] Volvieron pues a llamar al hombre, que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que es hombre es pecador.

[39] Él les dijo: Si es pecador, no lo é: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

[40] Y ellos le dijeron: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

[41] Les respondió: Ya os lo he dicho, y lo habéis oído: ¿porqué lo queréis oír otra vez? ¿por ventura queréis vosotros también haceros sus discípulos?

[42] Y le maldijeron y dijeron: Tú seas su discípulo: que nosotros somos discípulos de Moisés.

[43] Nosotros sabemos que habló Dios a Moisés: más este no sabemos de donde sea.

[44] Aquel hombre les respondió, y dijo: Cierto que es esta cosa maravillosa, que vosotros no sabéis de donde es, y abrió mis ojos.

[45] Y sabemos que Dios no oye a los pecadores: más si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a este oye392.

[46] Nunca fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.

[47] Si este no fuese de Dios, no pudiera hacer cosas alguna.

[48] Respondieron, y le dijeron: ¿En pecado eres nacido todo, y tú nos enseñas393? Y le echaron fuera.

[49] Oyó Jesús, que le habían echado fuera: y cuando le halló, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

[50] Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

[51] Y Jesús le dijo: Y lo has visto, y el que habla contigo, ese mismo es.

[52] Y él dijo: Creo, Señor. Y postrándose le adoró.

[53] Y dijo Jesús. Yo vine a este mundo para juicio: para que vean los que no ven, y los que ven sean hechos ciegos394.

[54] Y lo oyeron algunos de los Phariséos, que estaban con él, y le dijeron: ¿Pues qué nosotros somos también ciegos?

[55] Jesús les dijo: Si fuéseis ciegos, no tendriais pecado: mas ahora porque decis: Vemos Por eso permanece vuestro pecado395.

CAPÍTULO XXXII
Jesús hablando otra vez a los judíos en el templo, se llama a sí mismo el buen Pastor que da su vida por sus ovejas.-Retirase al monte del Olivar, de donde envía setenta y dos discípulos, a predicar en diferentes puntos.-Vuelta de los discípulos.-Declara el Señor lo que es preciso hacer para obtener la vida eterna.

[1] En verdad, en verdad os digo: Que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, más sube por otra parte, aquel es ladrón y salteador.
Más el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas.

[2] A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y a las ovejas propias llama por su nombre, y las saca.

[3] A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y las ovejas propias llama por su nombre, y las saca.

[4] Y cuando ha sacado fuera sus ovejas, va delante de ellas: y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

[5] Más al extraño no le siguen, antes huyen de él: porque no conocen la voz de los extraños396.

[6] Este proverbio les dijo Jesús. Más ellos no entendieron lo que les decía.

[7] Y Jesús les dijo otra vez: En verdad, en verdad os digo, que yo soy la puerta de las ovejas.

[8] Todos cuantos vinieron397, ladrones son y salteadores, y no los oyeron las ovejas.

[9] Yo soy la puerta. Quien por mí entrare, será salvo: y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

[10] El ladrón no viene, sino para hurtar, y para matar, y para destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en más abundancia.

[11] Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por sus ovejas.

[12] Más el asalariado, y que o es el pastor, del que no son propias las ovejas, ve venir al lobo, y deja las ovejas, y huye: y el lobo arrebata, y esparce las ovejas:

[13] Y el asalariado huye, porque es asalariado, y porque no tiene parte en las ovejas.

[14] Yo soy el buen Pastor: y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.

[15] Como el Padre me conoce, así conozco yo al Padre: y pongo mi alma por mis ovejas.

[16] Tengo también otras ovejas, que no son de este aprisco398: es necesario que yo las traiga, y oirán mi voz, y será hecho un solo aprisco, y un pastor.

[17] Por eso me ama el Padre: porque yo pongo mi alma para volverla a tomar.

[18] No me la quita ninguna: más yo la pongo por mí mismo: poder tengo para ponerla: y poder tengo para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi padre.

[19] Y hubo nuevamente disensión entre los Judíos por estas palabras.

[20] Y decían muchos de ellos: Demonio tiene, está fuera de sí: ¿porqué le escucháis?

[21] Otros decían: Estas palabras no son de endemoniado: ¿por ventura puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?

[22] Y después de esto señalo el Señor también otro setenta y dos399. Y los envió de dos en dos delante de sí a cada ciudad y lugar, adonde él había de venir

[23] Y les decía: La mies ciertamente es mucha, más los trabajadores pocos. Rogad pues al Señor de la mies, que envié trabajadores a su mies.

[24] Id: He aquí que yo os envío, como corderos en medio de lobos.

[25] No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado400 ni saludéis a ninguno por el camino401.

[26] En cualquiera casa que entrareis, primeramente decid: Paz sea a esta casa:

[27] Y si hubiere allí hijo de paz, reposará sobre él vuestra paz: y si no, se volverá a vosotros.

[28] Y permanecí en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que ellos tengan: porque el trabajador digno es de su salario: No paséis de casa en casa.

[29] Y en cualquiera ciudad en que entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante:

[30] Y curad a los enfermos, que en ella hubiere, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de dios

[31] Más si en la ciudad en que entrareis, no os recibieron, saliendo por sus plazas, decid:

[32] Aún el polvo, que se nos ha pegado de vuestra ciudad, sacudimos contra vosotros: sabed no obstante, que se ha acercado el reino de Dios.

[33] Os digo, que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma, que para aquella ciudad.

[34] ¿Ay de ti, Corozain! ¡ay de ti, Bethsaida! que sin en Tyro, y en Sidón se hubieran hecho los milagros, que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentados en cilicio y en ceniza, vieran hecho penitencia.

[35] En verdad para Tyro, y Sidón habrá en el juicio menos rigor, que para vosotras.

[36] Y tú Capharnaum, ensalzada hasta el cielo, hasta el infierno serás sumergida.

[37] Quien a vosotros oye, a mí me oye: y quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia. Y el que a mí me desprecia, desprecia a aquel que me envió.

[38] Y volvieron los setenta y dos con gozo402, diciendo: Señor, aún los demonios se nos sujetan en tu nombre.

[39] Y les dijo: Veía a Satanás como un relámpago, que caía del cielo403.

[40] Veis, que os he dado potestad de pisar sobre serpientes, y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo: y nada os dañará.

[41] Más en esto no os gocéis, porque los espíritus os están sujetos: antes gozaos, de que vuestros nombre están escritos en los cielos.

[42] En aquella misma hora se regocijó en el Espíritu Santo, y dijo: Doy a ti, loor, Padre, Señor del cielo y de la tierra; porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeñitos. Así es, Padre: porque así ha sido de tu agrado.

[43] Todas las cosas me son entregadas de mi Padre. Y nadie sabe, quién es el Hijo, sino el Padre, ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel, a quien lo quisiere revelar el Hijo.

[44] Venid a mi todos los que estáis trabajados, y cargados404, y yo os aliviaré.

[45] Traed mi yugo sobre vosotros405, y aprended de mí, que manso soy, y humilde de corazón.

[46] Y volviéndose hacia sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos, que ven lo que vosotros veis.

[47] Porque os digo, que muchos profetas, y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron: y oír lo que oís, y no lo oyeron406.

[48] Y se levantó un doctor de la ley, y le dijo por tentarle: Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

[49] Y él le dijo: En la ley ¿qué hay escrito? ¿cómo lees?

[50] Él respondiendo dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento: y a tu prójimo como a ti mismo.

[51] Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.

[52] Más él queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

[53] Y Jesús tomando la palabra, dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén á Jerichó, y dió en manos de unos ladrones, los cuales le despojaron: y despues de haberle herido, le dejaron medio muerto, y se fueron.

[54] Aconteció pues, que pasaba por el mismo camino un sacerdote: y cuando le vió, pasó de largo.

[55] Y así mismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó tambien de largo.

[56] Mas un Samaritano que iba su camino, se llegó cerca de él: y cuando le vió, se movió á compasion.

[57] Y acercándose, le vendó las heridas, hechando en ellas aceite y vino: y poniendolo sobre su bestia, lo llevó a una venta, y tuvo cuidado de él.

[58] Y otro dia sacó dos denarios, y los dió al mesonero, y le dijo: cuídamele y cuanto gastares de mas, yo te lo daré cuando vuelva407.

[59] ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que dió en manos de los ladrones?

[60] Aquel respondió el doctor, que usó con él de misericordia. Pues vé le dijo entonces Jesús, y has tú lo mismo.

CAPÍTULO XXXIII
Hallándose Jesús en Bethania comió con sus discípulos en casa de Martha y María.-Se retira a Bethabara en los confines de la Judéa; milagros y predicaciones.-Enseña a orar a sus discípulos; eficacia de la oración.-Imprecaciones contra los Phariséos.-Temer a Dios es poner en él toda su confianza.-La avaricia es locura vana.

[1] Y aconteció, que como fuesen de camino, entró Jesús en una aldea: y una mujer que se llamaba Martha, lo recibió en su casa408,

[2] Y esta tenía una hermana, llamada María, la cual también sentada409 a los pies del Señor, oía su palabra.

[3] Pero Martha estaba afanada de continuo en las haciendas de la casa: la cual se presentó, y dijo: Señor, ¿no ves, como mi hermana me ha dejado sola para servir? dile pues que me ayude.

[4] Y el Señor le respondió, y dijo: Martha, Martha, muy cuidadosa estás, y en muchas cosas te fatigas.

[5] En verdad una sola es necesaria410, María ha escogido la mejor parte, que le será quitada411.

[6] Y partiéndose de allí se fue a los términos de la Judea de la otra parte del Jordán412: y volvieron las gentes a juntarse a él: y los sanó allí413: y de nuevo los enseñaba como solía414.

[7] Y aconteció que estando orando en cierto lugar, cuando acabó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos415,

[8] Y les dijo: cuando orareis, decid: Padre, santificado sea él tu nombre: Venga él tu reino416.

[9] Danos hoy el pan nuestro de cada día.

[10] Y perdónanos nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a todo el que nos debe. Y no nos dejes caer en la tentación.

[11] Les dijo también: Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá él a media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes.

[12] Porque acaba de llegar de viaje un amigo mío, y no tengo que ponerle delante.

[13] Y el otro respondiese de dentro, diciendo: No me seas molesto, ya está cerrada la puerta, y mis criados están también como yo en la cama, no me puedo levantar a dártelos.

[14] Y si el otro perseverare llamando a la puerta: os digo, que ya que no se lenvatase a dárselos por ser su amigo, cierto pro su importunidad se levantaría, y le daría cuantos panes hubiese menester.

[15] Y yo digo a vosotros: Pedid, y se os dará: buscad, y hallaréis: llamad, y se os abrirá.

[16] Porque todo aquel que pide, recibe: y el que busca, halla: y al que llama, se le abrirá.

[17] Y si alguno de vosotros pidiere pan a su padre, ¿le dará él una piedra? O si un pez, ¿por ventura le dará una serpiente en lugar del pez?

[18] O si le pidiere un huevo; ¿por ventura le alargará un escorpión?

[19] Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos: ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará espíritu bueno a los que se lo pidieren?

[20] Y cuando estaba hablando, le rogó un Phariséo, que fuese a comer con él. Y habiendo entrado, se sentó a la mesa.

[21] Y el Phariséo comenzó a pensar, y decir dentro de sí, porqué no se habría lavado antes de comer417.

[22] Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Phariséos limpiáis lo de fuera del vaso, y del plato: más vuestro interior está lleno de rapiña, y de maldad.

[23] Necios, el que hizo lo que está de fuera, ¿no hizo también lo que está de dentro?

[24] Esto no obstante, lo que resta, dad limosna418: y todas las cosas os son limpias.

[25] ¡Más ay de vosotros, Phariséos, que diezmáis la hierba buena, y la ruda, y toda hortaliza, y traspasáis la justicia, y el amor de Dios! Pues era necesario hacer otras cosas, y no dejar aquellas.

[26] ¡Ay de vosotros, Phariséos, que amáis los primeros asientos en las Sinagogas, y ser saludados en las plazas!

[27] ¡Ay de vosotros, que sois como los sepulcros, que no parecen, y no lo saben los hombres, que andan por encima!

[28] Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dijo: Maestro, diciendo estas cosas, nos afrentas también a nosotros.

[29] Y él dijo: ¡Y ay de vosotros, doctores de la ley: que cargáis los hombres de cargas, que no pueden llevar, y vosotros ni aún con uno de vuestros dedos tocáis las cargas!

[30] ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas: y vuestros padres los mataron!

[31] Verdaderamente dais a entender, que consentís en las obras de vuestros padres: porque ellos en verdad los mataron, más vosotros edificáis sus sepulcros.

[32] Por eso419 dijo también la sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos matarán, y perseguirán:

[33] Para que sea pedida a esta generación la sangre de todos los profetas, que fue derramada desde el principio del mundo.

[34] Desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacharías, que pereció entre el altar, y el templo. Así os digo que pedida será a esta generación420.

[35] ¡Ay de vosotros, doctores de la ley, que os alzasteis con la llave de la ciencia! vosotros no entrasteis, y habéis prohibido a los que entraban.

[36] Y diciéndoles estas cosas los Phariséos, y los doctores de la ley comenzaron a instar porfiadamente, y a importunarle con muchas preguntas,

[37] Armándole lazos, y procurando cazar de su boca alguna cosa, para poderle acusar.

[38] Y como se hubiesen juntado alrededor de Jesús muchas gentes, de modo que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos: Guardaos de la levadura de los Phariséos, que es hipocresía421.

[39] No hay cosa encubierta, que no se haya de descubrir: ni cosa escondida, que no se haya de saber.

[40] Porque las cosas que dijisteis en las tinieblas, a la luz serán dichas: y lo que hablasteis a la oreja en los aposentos, será pregonado sobre los tejidos.

[41] A vosotros pues amigos míos os digo: Que no os espantéis de aquellos, que matan el cuerpo, y después de esto no tiene más que hacer.

[42] Más yo os mostraré a quien habéis de temer: temed a aquel, que después de haber quitado la vida, tiene poder de arrojar al infierno. Así os dio, a este temed.

[43] ¿No se venden cinco pajarillos, por dos cuartos, y ni uno de ellos está en olvido delante de Dios?

[44] Y aún los cabellos de vuestra cabeza todos están contados. Pues no temáis: porque de más estima sois vosotros, que muchos pajarillos.

[45] Y también os digo: Que todo aquel que me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre lo confesará también a él delante de los Ángeles de Dios:

[46] Mas el que me negare delante de los hombres, negado será delante de los ángeles de Dios.

[47] Y todo el que profiere una palabra contra el Hijo del hombre, perdonado le será: mas á aquel que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado422.

[48] Y cuando os llevaren á las Sinagogas, y á los magistrados, y á las potestades, no andeis cuidadosos, cómo, ó que habeis de responder, ó decir.

[49] Porque el Espíritu-Santo os mostrará en aquella hora lo que convendrá decir.

[50] Y uno del pueblo dijo: Maestro, di á mi hermano, que parta conmigo la herencia.

[51] Mas él le respondió: Hombre ¿quién me ha puesto por juez, ó repartidor entre vosotros423?

[52] Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia: porque la vida de cada uno no está en la abundancia de las cosas, que posee.

[53] Y les contó una parábola diciendo: el campo de un hombre rico había llevado abundantes frutos:

[54] Y él pensaba entre sí mismo, y decía: ¿qué haré porque no tengo en donde encerrar mis frutos?

[55] Y dijo: esto haré: derribaré mis graneros, y los haré mayores: y allí recogeré todos mis frutos, y mis bienes,

[56] Y diré a mi alma: Alma muchos bienes tienes allegados para muchísimos años: descansa, come, bebe, ten banquetes.

[57] Mas Dios le dijo: Necio, esta noche te vuelven á pedir el alma: lo que has allegado ¿para quién será?

[58] Así es el que atesora para sí, y no es rico en Dios.

CAPÍTULO XXXIV
Jesús continúa instruyendo a sus discípulos y a la muchedumbre en Bethabara a la otra parte del Jordán, diciéndoles que confíen enteramente en la Providencia, y los exhorta a estar en continua vela.-Parábola del siervo malo.-Jesús anuncia que su doctrina irritará a los malvados. Nazarenos condenados a muerde por Pilato.-Parábola de la higuera estéril.

[1] Y dijo a sus discípulos: Por tanto os digo: No andéis solícitos para vuestra alma, que comeréis, ni para el cuerpo, que vestiréis424.

[2] Más es el alma, que la comida, y el cuerpo más que el vestido.

[3] Mirad los cuervos, que no siembran, ni siegan, ni tiene despensa, ni granero, y Dios nos alimenta. ¿Pues cuánto más valéis vosotros que ellos?

[4] ¿Y quién de vosotros, por mucho que lo piense, puede añadir a su estatura un codo?

[5] Pues si lo que es menos no podéis, ¿porqué andáis afanados por las otras cosas?

[6] Mirad los lirios como crecen: que ni trabajan, ni hilan: pues os digo, que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de estos.

[7] Pues si a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana se echa en el horno, Dios viste así: ¿cuánto más a vosotros de poquísima fe?

[8] No andéis pues afanados por lo que habéis de comer, o beber: y no andéis elevados425.

[9] Porque todas estas son cosas, por las que andan afanadas las gentes del mundo. Y vuestro Padre sabe, que de estas tenéis necesidad.

[10] Por tanto, buscad primeramente el reino de dios, y su justicia: y todas estas cosas os serán añadidas.

[11] No temáis, pequeña grey, porque a vuestro Padre plugo daros el reino.

[12] Vended lo que poseéis, y dad limosna. Haceos bolsas, que no se envejecen, tesoro en los cielos que jamás falta: adonde el ladrón no llega, ni roe la polilla.

[13] Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón426.

[14] Tened ceñidos vuestros lomos427, y antorchas encendidas en vuestras manos.

[15] Y sed vosotros semejantes a los hombres, que esperan a su señor, cuando vuelva de las bodas: para que cuando viniere, y llamare a la puerta, luego le abran.

[16] Bienaventurados aquellos siervos, que hallare velando el Señor, cuando viniere. En verdad os digo, que se ceñirá, y los hará sentar a la mesa; y pasando los servirá.

[17] Y si viniere en la segunda vela y si viniere en la tercera vela, y así los hallare, bienaventurados son los tales siervos.

[18] Más esto sabed, que si el padre de familia supiese la hora, en que vendría el ladrón, velaría sin duda, y no dejaría minar su casa.

[19] Vosotros pues estad apercibidos: porque a la hora que no pensáis, vendrá el Hijo del hombre428.

[20] Y Pedro le dijo: ¿Señor, dice esta parábola a nosotros, o también a todos?

[21] Y dijo el Señor: ¿Quién crees, que es el mayordomo fiel y prudente, que puso el señor sobre su familia, para que les dé la medida de trigo en tiempo?

[22] Bienaventurado aquel siervo, que cuando el señor viniere, le hallare así haciendo.

[23] Verdaderamente os digo, que lo pondrá sobre todo cuanto posee.

[24] Más si dijeres el tal siervo en su corazón: Se tarda mi señor de venir, y comenzare a maltratar a los siervos, y a las criadas, y a comer, y a beber, y a embriagarse:

[25] Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y a la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los desleales.

[26] Porque aquel siervo, que supo la voluntad de su señor, y no apercibió, y no hizo conforme a su voluntad, será muy bien azotado:

[27] Más el que no la supo, y hizo cosas dignas de castigo, poco será azotado. Porque a todo aquel, a quien mucho fue dado, mucho le será demandado: y al que mucho encomendaron, más le pedirán.

[28] Fuego vine a poner en la tierra: ¿Y qué quiero, sino que arda429?

[29] Con bautismo es menester que yo sea bautizado: ¿y cómo me angustio, hasta que se cumpla?

[30] ¿Pensáis, que soy venido a poner paz en la tierra? Os digo, que no, sino división430.

[31] Porque de aquí adelante estarán cinco en una casa divididos, los tres estarán contra los dos, y los dos contra los tres.

[32] Estarán divididos: el padre contra el hijo, y el hijo contra su padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

[33] Y decía también al pueblo: Cuando veis asomar la nube de parte del poniente, luego decís: Tempestad viene: y así sucede.

[34] Y cuando sopla el austro, decís: Calor hará, y es así.

[35] Hipócritas, sabéis distinguir los aspectos de cielo y de la tierra: ¿pues como son sabéis reconocer el tiempo presente431?

[36] ¿Y porqué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

[37] Cuando vas con tu contrario al príncipe, haz lo posible por librarte de él en el camino432, porque no te lleve al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

[38] Te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último maravedí.

[39] Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le decían nuevas de los Galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios de ellos433.

[40] Y Jesús les respondió diciendo: ¿Pensáis, que aquellos Galileos fueron más pecadores que todos los otros, por haber padecido tales cosas?

[41] Os digo, que no: Más si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera.

[42] Así como también aquellos dieciocho hombres, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató: ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres, que moraban en Jerusalén?

[43] Os digo, que no: más si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera.

[44] Y decía también esta semejanza: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no le halló.

[45] Y dijo al que laboraba la viña: Mira, tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo: córtala pues: ¿para qué ha de ocupar aún la tierra?

[46] Más él respondió, y le dijo: Señor, déjala aún este año, y la cavaré alrededor, y le echaré estiércol.

[47] Y sin con esto diere fruto434: y si no, la cortarás después435.

CAPÍTULO XXXV
Jesús sana a una mujer en Bethabara a la otra parte del Jordán; murmuraciones de los Phariséos. Parábolas del grano de mostaza y de la levadura.-Jesús se dirige de nuevo a Jerusalén, cuya ceguedad deplora. Cura a un hidrópico en sábado. Exhortación a la modestia y a la humildad. Parábola de los convidados a la cena que se excusaron.

[1] Y estaba enseñando en la Sinagoga de ellos los sábados.

[2] Y he aquí una mujer, que tenía espíritu de enfermedad436 diez y ocho años había: y estaba tan encorvada437, que no podía mirar hacia arriba.

[3] Cuando la vio Jesús, la llamó a sí, y le dijo: Mujer, libre estás de tu enfermedad.

[4] Y puso sobre ella las manos, y en el punto se enderezó, y daba gloria a Dios.

[5] Y tomando la palabra el príncipe de la Sinagoga, indignado porque Jesús había curado en el sábado, dijo al pueblo: Seis días hay, en que se puede trabajar: en estos pues venid, y que os cure, y no en sábado.

[6] Y respondiéndole el Señor dijo: ¿Hipócritas, cada uno de vosotros no desata en sábado su buey, o su asno del pesebre, y lo lleva a abrevar?

[7] Y esta hija de Abraham, a quien tuvo ligada Satanás diez y ocho años, ¿no convino desatarla de este lazo en día de sábado?

[8] Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos su adversarios: más se gozaba todo el pueblo de todas las cosas, que él hacia gloriosamente.

[9] Decía pues: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y a qué lo compararé?

[10] Semejante es el grano de la mostaza, que lo tomó un hombre, y lo sembró en su huerto, y creció, y se hizo grande árbol: y las aves del cielo reposaron en sus ramas.

[11] Y dijo otra vez: ¿A qué diré, que el reino de dios es semejante?

[12] Semejante es a la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedase fermentado.

[13] E iba por las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando hacia Jerusalén438.

[14] Y le dijo un hombre: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

[15] Porfiad a entrar por la puerta angosta: porque os digo, que muchos procurarán entrar, no podrán.

[16] Y cuando el padre de familias hubiere entrado, y cerrado la puerta, vosotros estaréis fuera, y comenzareis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, ábrenos: y él os responderá diciendo: No sé, de donde sois vosotros:

[17] Entonces comenzareis a decir: Delante de ti cominos y bebimos, y en nuestras plazas enseñaste.

[18] Y os dirá: No sé, de donde sois vosotros: apartaos de mí todos los obradores de la iniquidad.

[19] Allí será el llorar, y el crujir de dientes: cuando viereis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y que vosotros sois arrojados fuera.

[20] Y vendrán de Oriente, y de Occidente, y de Aquilón, y de Austro, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

[21] Y he aquí que son postreros, los que serán primeros, y que son primeros, los que serán postreros439.

[22] Este mismo día se llegaron a él ciertos Phariséos, y le dijeron: Sal de aquí, y vete: porque Herodes te quiere matar440.

[23] Y les dijo: id, y decid a aquella raposa441, que yo lanzo demonios, y doy perfectas sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado442.

[24] Pero es necesario que yo ande hoy, y mañana, y otro día: porque no cabe, que un profeta muera fuera de Jerusalén443.

[25] Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti, ¿cuántas veces quise juntar tus hijos como el ave su nido debajo de sus alas, y no quisiste?

[26] He aquí que os será dejada desierta vuestra casa. Y os digo, que no me veréis, hasta que venga tiempo, cuando digáis: Bendito, el que viene en el nombre del Señor444.

[27] Y aconteció, que entrando Jesús un sábado en casa de uno de los principales Phariséos a comer pan445, ellos le estaban acechando.

[28] Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de él.

[29] Y Jesús dirigiendo su palabra a los doctores de la ley, y a los Phariséos, les dijo: ¿Si es lícito curar en sábado?

[30] Más ellos callaron. Él entonces le tomó, le sanó, y le despidió.

[31] Y les respondió, y dijo: ¿Quién hay de vosotros, que viendo su asno, o su buey caído en un pozo, no lo saque luego en día de sábado?

[32] Y no le podían replicar a estas cosas.

[33] Y observando también, como los convidados escogían los primeros asientos en la mesa, les propuso una parábola, y dijo:

[34] Cuando fueres convidado a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que haya allí otro convidado más honrado que tú,

[35] Y que venga aquel, que te convidó a ti y a él, y te diga: Da el lugar este: y que entonces tengas que tomar el último lugar con vergüenza.

[36] Más cuando fueres llamado, y ve, y siéntate en el último puesto: para que cuando venga el que te convido, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces serás honrado delante de los que estuvieren contigo a la mesa:

[37] Porque todo aquel, que se ensalza, humillado será: y el que se humilla, será ensalzado.

[38] Y decía también al que le había convidado: Cuando das una comida, o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que te vuelvan ellos a convidar, y te lo paguen.

[39] Más cuando haces convite, llama a los pobres, lisiados, cojos y ciegos.

[40] Y será bienaventurado, porque no tiene con que corresponderte: más se te galardonará en la resurrección de los justos.

[41] Cuando uno de los que comían a la mesa oyó esto, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de dios.

[42] Y él446 le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convidó a muchos447.

[43] Y cuando fue la hora de la cena, envió uno de sus siervos a decir a los convidados, que viniesen, porque todo estaba aparejado.

[44] Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una granja, y necesito ir a verla: te ruego que me tengas por excusado.

[45] Y dijo otro: He comprado cinco yuntas de bueyes, y quiero ir a probarlas: te ruego que me tengas por excusado.

[46] Y dijo otro: He tomado mujer y por eso no puedo ir allá.

[47] Y volviendo el siervo, dio cuenta a su señor de todo esto. Entonces airado el padre de familias, dijo a su siervo: Sal luego a las plazas, y á las calles de la ciudad: y tráeme acá cuantos pobres, y lisiados, y ciegos, y cojos hallares.

[48] Y dijo el siervo: Señor, hecho está, como lo mandaste, y aun hay lugar.

[49] Y dijo el Señor al siervo: sal a los caminos, y a los cercados: y fuerzalos á entrar448, para que se llene mi casa .

[50] Mas os digo, que ninguno de aquellos hombres, que fueron llamados, gustará mi cena.

CAPÍTULO XXXVI
Jesús, en el templo de Jerusalén, da sus milagros a los Judíos como pruebas de su divinidad, y los Judíos quieren apedrearle de nuevo porque se llama Hijo de Dios.-Jesús volviéndose a la otra parte del Jordán, continúa instruyendo a sus discípulos y a la muchedumbre.-El que ha de seguir a Cristo debe renunciarlo todo tomando su cruz.-En Bethabara hace comprender a los Phariséos que ha venido a buscar lo que estaba perdido.-Propone tres parábolas, la de la oveja descarriada, la de la dracma pérdida y la del hijo pródigo.

[1] Y se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación449: y era invierno.

[2] Y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

[3] Y los Judíos le cercaron, y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos acabas el alma? si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

[4] Jesús les respondió: os lo digo, y no me creéis. Las obras que yo hago en nombre de ni Padre, estas dan testimonio de mí.

[5] Más vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas.

[6] Mis ovejas oyen mi voz: y yo las conozco, y me siguen:

[7] Y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y ninguno las arrebatará de mi mano.

[8] Lo que me dio mi Padre, es sobre toas las cosas: y nadie lo puede arrebatar de la mano de mi Padre.

[9] Yo y el Padre somos una cosa450.

[10] Entonces los Judíos tomaron piedras para apedrearle.

[11] Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de ellas me apedreáis?

[12] Los Judíos le respondieron: No te apedreamos por la buena obra, sino por la blasfemia: y porque tú, siendo hombre, te haces Dios a ti mismo.

[13] Jesús le respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?

[14] Pues si llamo dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y la Escritura no puede faltar:

[15] A mí, que el Padre santificó, y envió al mundo, vosotros decís: ¿Qué blasfemas: porque he dicho, soy Hijo de Dios?

[16] Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.

[17] Más si las hago: aunque a mí no me queráis creer, creed a las obras, para que conozcáis, y creáis que el Padre está en mí, yo en el Padre.

[18] Y ellos querían prenderle: más se salió de entre sus manos.

[19] Y se fue otra vez a la otra ribera del Jordán, a aquel lugar, en donde primero estaba bautizando Juan: y se estuvo allí.

[20] Y vinieron a él muchos, y decían: Juan en verdad no hizo ningún milagro.

[21] Más todas las cosas que Juan dijo de este, eran verdaderas. Y muchos creyeron en él.

[22] Y muchas gentes iban con él: y volviéndose, les dijo:

[23] Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aún también su vida, no puede ser mi discípulo451.

[24] Y el que no lleva su cruz a cuestas, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

[25] Porque ¿quién de vosotros queriendo edificar una torre, no cuenta primero de asiento los gastos, que son necesarios, viendo si tiene para acabarla?

[26] No sea que después que hubiere puesto el cimiento, y no la pudiere acabar, todos los que lo vean, comiencen a hacer burla de él.

[27] Diciendo: ¿Este hombre comenzó a edificar, y no ha podido acabar?

[28] O ¿qué rey queriendo salir a pelear contra otro rey, no considera antes de asiento, si podrá salir con diez mil hombres a hacer frente al que viene contra él con veinte mil?

[29] De otra manera, aún cuando el otro está lejos, envía su embajada, pidiéndole tratados de paz452.

[30] Pues así cualquiera de vosotros, que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo

[31] Buena es la sal453. Más si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será sazonada?

[32] No es buena, ni para la tierra, ni para el muladar, más la echarán fuera. Quien tiene orejas de oír, oiga.

[33] Y se acercaban a él los Publicanos, y pecadores, para oírle.

[34] Y los Phariséos, y los Escribas murmuraban, diciendo: Este recibe pecadores, y come con ellos.

[35] Y les propuso esta parábola, diciendo:

[36] ¿Quién de vosotros es el hombre, que tiene cien ovejas, y si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se había perdido, hasta que la halle?

[37] Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros gozoso:

[38] Y viniendo a casa, llama a sus amigos, y vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja, que se había perdido.

[39] Os digo, que así habrá más gozo en el cielo sobre un pecador que hiciere penitencia, que sobre noventa y nueves justos, que no han menester penitencia.

[40] O ¿qué mujer que tiene diez dracmas454, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y la busca con cuidado hasta hallarla?

[41] Y después que la ha hallado, junta a las amigas, y vecinas, y dice: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma, que había perdido.

[42] Así os digo, que habrá gozo delante de los Ángeles de Dios por un pecador que hace penitencia.

[43] Más dijo: Un hombre tuvo dos hijos455:

[44] Y dijo el menor de ellos a su padre: Padre, dame la parte de la hacienda, que me toca. Y él les repartió la hacienda.

[45] Y no muchos días después, juntando todo lo suyo el hijo menor, se fue lejos a un país muy distante456 y allí malroto todo su haber, viviendo disolutamente.

[46] Y cuando todo lo hubo gastado, vino una grande hambre en aquella tierra, y él comenzó a padecer necesidad.

[47] Y fue, y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra. El cual lo envió a su cortijo a guardar puercos.

[48] Y deseaba henchir su vientre de las mondaduras, que los puercos comían: y ninguno se las daba.

[49] Más volviendo sobre sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tiene el pan de sobra, y no me estoy aquí muriendo de hambre!

[50] Me levantaré, e iré a mi padre, y le diré: Padre, peque contra el cielo, y delante de ti457.

[51] Ya no soy, digno de ser llamado hijo tuyo: hazme como a uno de tus jornaleros.

[52] Y levantándose se fue para su padre. Y como aún estuviese lejos, le vio su padre, y se movió a misericordia: y corriendo a él, le echó los brazos al cuello, y le besó458.

[53] Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y delante de ti: ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.

[54] Más el padre dijo a sus criados: Traed aquí prontamente la ropa más preciosa, y vestidle, y ponedle anillo en su mano, y calzado en sus pies459

[55] Y traed un ternero cebado, y matadlo, y comamos, y celebremos un banquete:

[56] Porque este mi hijo era muerto, y ha revivido: se había perdido, y ha sido hallado, Y comenzaron a celebrar el banquete.

[57] Y su hijo el mayor estaba en el campo, y cuando vino, y se acercó a la casa, oyó la sinfonía, y el coro:

[58] Y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

[59] Y este le dijo: Tu hermano ha venido, y tu padre ha hecho matar un ternero cebado, porque le ha recobrado salvo.

[60] Él entonces se indignó, y no quería entrar460: más saliendo el padre, comenzó a rogarle:

[61] Y él respondió a su padre, y dijo: He aquí tantos años ha que te sirvo, y nunca he traspasado tus mandamientos, y nunca me has dado un cabrito para comerle alegremente con mis amigos:

[62] Más cuando vino este tu hijo, que ha gastado su haciendo con rameras, les has hecho matar un ternero cebado.

[63] Entonces el padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todos mis bienes son tuyos:

[64] Pero razón era celebrar un banquete, y regocijarnos, porque este tu hermano era muero, y revivió: se había perdido, y ha sido hallado.

CAPÍTULO XXXVII
Continúa Jesús instruyendo al pueblo y a sus discípulos en Bathabara a la otra parte del Jordán.-Parábola del mayordomo injusto.-No se puede servir a dos amos al mismo tiempo.-No debe repudiarse una mujer par tomar.-Del rico avariento y de Lázaro el mendigo.

[1] Y decía también a sus discípulos: Había un hombre rico, que tenía un mayordomo: y este fue acusado delante de él, como disipador de sus bienes.

[2] Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto, que oigo decir de ti? Da cuenta de tu mayordomía: porque ya no podrá ser mi mayordomo.

[3] Entonces el mayordomo dijo entre sí: ¿Qué haré, porque mi señor me quita la mayordomía? Cavar no puedo, de mendigar tengo vergüenza.

[4] Yo sé lo que he de hacer, para que cuando fuere removido de la mayordomía, me reciban en sus casas.

[5] Llamó pues a cada uno de los deudores de su señor, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mí señor?

[6] Y este le respondió: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu escritura: y siéntate luego, y escribe cincuenta.

[7] Después dijo a otro: ¿Y tú cuánto debes? Y él respondió: Cien coros de trigo. Él le dijo: Toma tu vale, y escribe ochenta.

[8] Y loo el Señor al mayordomo infiel, porque lo hizo cuerdamente461: porque los hijos de este siglo más sabios son en su generación, que los hijos de la luz462.

[9] Y yo os digo: Que os ganes amigos de las riquezas de iniquidad463, para que cuando falleciereis, os reciban en las eternas moradas.

[10] El que es fiel en lo menor, también lo es en lo mayor: y el que es injusto en lo poco, también es injusto en lo mucho.

[11] Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles: ¿quién os fiará lo que es verdadero?

[12] Y si fuisteis fieles en los ajeno: lo que es vuestro, ¿quién os lo dará?

[13] Ningún siervo puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno, y amará al otro: o al uno se llegará, y al otro despreciará: no podéis servir a Dios, y a las riquezas.

[14] Más los Phariséos, que eran avaros, oían todas estas cosas: y le escarnecían.

[15] Y les dijo: Vosotros sois los que os vendéis por justos delante de los hombres: más Dios conoce vuestros corazones: porque lo que los hombres tienen por sublime, abominación es delante de Dios.

[16] La ley, y los profetas hasta Juan: desde entonces es anunciado el reino de dios, y todos hacen fuerza contra él.

[17] Y más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que caer un solo tilde de la ley.

[18] Y se llegaron a él los Phariséos tentándole, y diciendo: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquiera causa?

[19] Más él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?

[20] Ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar.

[21] Él respondió, y les dijo: ¿No habéis leído que el que hizo al hombre desde el principio, macho y hembra los hizo? y dijo:

[22] Por esta dejará el hombre padre, y madre, y se ayuntará a su mujer, y serán dos en una carne.

[23] Así que ya no son dos, sino una carne. Por tanto lo que Dios juntó, el hombre no lo separe.

[24] Dicenle: ¿Pues porqué mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?

[25] Les dijo: Porque Moisés por la dureza de vuestros corazones os permitió repudiar a vuestras mujeres: más el principio no fue así.

[26] Y digoos, que todo aquel que repudiare a su mujer, sino por la fornicación, y tomare otra, comete adulterio: y el que se casare con la que otro repudió, comete adulterio464.

[27] Y volvieron a preguntarle sus discípulos en casa sobre lo mismo.

[28] Y les dijo: Cualquiera que repudiare a su mujer, y se casare con otra, adulterio comete contra aquella.

[29] Y si la mujer repudiare a su marido, se casare con otro, comete adulterio.

[30] Sus discípulos le dijeron: si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.

[31] Él les dijo: No todos son capaces de esto, sino aquellos a quienes es dado.

[32] Porque hay castrados, que así nacieron del vientre de su madre: y has castrado, que lo fueron por los hombres: y hay castrados, que a sí mismos se castraron por amor del reino de los cielos465. El que puede ser capaz, séalo.

[33] Había un hombre rico, que se vestía de púrpura, y de lino finísimo: y cada día tenía convites espléndidos.

[34] Y había allí un mendigo llamado Lázaro466. que yacía a la puerta del rico, lleno de llagas,

[35] Deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico, y ninguno se las daba: más venían los perros, y le lamían las llagas467.

[36] Y aconteció, que cuando murió aquel pobre, lo llevaron. Y murió también el rico, y fue sepultado en el infierno.

[37] Y alzando los ojos, cuando estaba en los tormentos, vio de lejos a Abrahám, y a Lázaro en su seno:

[38] Y él levantando el grito, dijo: Padre Abrahám, compadécete de mí, y envía a Lázaro, que moje la extremidad de su dedo en agua, para refrescar mi lengua, porque soy atormentado en esta llama.

[39] Y Abrahám le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tú bienes en tu vida468, y Lázaro también males: pues ahora es él aquí consolado, y tú atormentado.

[40] Fuera de que hay una sima impenetrable entre vosotros y vosotros; de manera que los quisiesen pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de ahí pasar acá.

[41] Y dijo: Pues te ruego, padre, que lo envíes a casa de mi padre:

[42] Porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, no sea que vengan ellos también a este lugar de tormentos.

[43] Y Abrahám le dijo: Tienen a Moisés, y a los profetas: óiganlos.

[44] Más él dijo: No, padre Abrahám: más si alguno de los muertos fuere a ellos, harán penitencia.

[45] Y Abrahám le dijo: Si no oyen a Moisés, y a los profetas: tampoco creerán, aún cuando alguno de los muertos resucitare469.

LA VIDA DE N. S. JESUCRISTO

ESCRITA POR LOS CUATRO EVANGELISTAS EXPLICADA Y ACLARADA POR LOS SS. PADRES Y LOS HOMBRES MAS CELEBRES QUE HAN EXISTIDO DESDE LOS TIEMPOS APOSTOLICOS HASTA NUESTROS DIAS OBRA INTERESANTISIMA TANTO PARA LOS HOMBRES DOCTOS COMO PARA LAS ALMAS PIADOSAS Y CONTEMPLATIVAS POR EL SEÑOR ABATE BRISPOT

TRADUCIDA AL CASTELLANO POR DON M. URRABIETA Y DON V. G. DE LA LLANA

APROBADA POR EL ILLMO. SEÑOR ARZOBISPO DE PARIS, POR S. E. EL CARDENAL ARZOBISPO DE BURDEOS Y OTROS VARIOS ILUSTRES PRELADOS, TANTO DE FRANCIA COMO DE OTROS PAISES.

Y AUMENTADA POR LOS TRADUCTORES CON NOTAS Y COMENTARIOS DE CÉLEBRES ESCRITORES ESPAÑOLES QUE NO EXISTÍAN EN EL FRANCÉS

TOMO SEGUNDO

CAPITULO XXXVIII
Martha y María envían a decir a Jesús a Bethabara que su hermano estaba enfermo.- Jesús pasa a Bethania, cerca de Jerusalém, y resucita a Lázaro.- La muerte de Jesús profetizada por Caiphás y resuelta por el concilio de los judíos.- Jesús se retira a la ciudad de Ephrem.

[1] Y había un enfermo llamado Lázaro de Bethania, aldea de María y de Martha su hermana.

[2] (Y María era la que había ungido al Señor con ungüento, y limpiado sus pies con sus cabellos470: cuyo hermano Lázaro estaba enfermo).

[3] Enviaron pues sus hermanas a decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.

[4] Y cuando lo oyó Jesús, les dijo: Esta enfermedad no es para muerte471, sino para gloria de Dios, para que sea glorificado el Hijo de Dios por ella.

[5] Y amaba Jesús a Martha, y a María su hermana, y a Lázaro472.

[6] Y cuando oyó que estaba enfermo, se detuvo aun dos días en aquel lugar.

[7] Y pasados estos dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea.

[8] Los discípulos le dijeron: ¿Maestro, ahora querían apedrearte los Judíos, y vas allá otra vez?

[9] Jesús respondió: ¿Por ventura no son doce las horas del día473? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo474:

[10] Mas si anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.

[11] Esto dijo, y después les dijo: Lázaro, nuestro amigo duerme475: mas voy a despertarle del sueño.

[12] Y dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, será sano.

[13] Mas Jesús había hablado de su muerte: y ellos entendieron que decía del dormir de sueño.

[14] Entonces Jesús les dijo abiertamente: Lázaro es muerto:

[15] Y me huelgo por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Mas vamos a él.

[16] Dijo entonces Thomás, llamado Didymo, a los otros condiscípulos. Vamos también nosotros, y muramos con él.

[17] Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro.

[18] Y Bethania distaba de Jerusalém como unos quince estadios476.

[19] (Y muchos Judíos habían venido a Martha y a María, para consolarlas de su hermano).

[20] Martha pues cuando oyó que venía Jesús, le salió a recibir: mas María se quedó en casa.

[21] Y María dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.

[22] Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres a Dios, te lo otorgará Dios.

[23] Jesús le dijo: Resucitará tu hermano.

[24] Martha le dice: Bien sé que resucitará en la resurrección en el último día.

[25] Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí477, aunque hubiere muerto, vivirá:

[26] Y todo aquel, que vive, y cree en mí478, no morirá jamás479. ¿Crees esto?

[27] Ella le dijo: Sí Señor, yo he creído, que tú eres el Cristo el Hijo de Dios vivo, que has venido a este mundo.

[28] Y dicho esto, fue, y llamó en secreto a María su hermana, y dijo: El Maestro está aquí, y te llama.

[29] Ella cuando lo oyó, se levantó luego, y fue a él.

[30] Porque Jesús aún no había llegado a la aldea: sino que se estaba en aquel lugar, en donde Martha había salido a recibirle.

[31] Los Judíos pues, que estaban en la casa con ella, y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado apresurada, y había salido, la siguieron, diciendo: Al sepulcro va a llorar allí.

[32] Y María cuando llegó adonde Jesús estaba, luego que le vio, se postró a sus pies, y le dice: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.

[33] Jesús cuando la vio llorando, y que también lloraban los Judíos que habían venido con ella, gimió en su ánimo, y se turbó a sí mismo,

[34] Y dijo: ¿En dónde le pusisteis? Le dicen: Ven, Señor, y lo verás.

[35] Y lloró Jesús.

[36] Y dijeron entonces los Judíos: Ved como le amaba.

[37] Y algunos de ellos dijeron: Pues este, que abrió los ojos del que nació ciego, ¿no pudiera hacer que este no muriese?

[38] Mas Jesús gimiendo otra vez en sí mismo, fue al sepulcro. Era una gruta: y habían puesto una losa sobre ella.

[39] Dijo Jesús: Quitad la losa. Martha, que era hermana del difunto, le dice: Señor, ya hiede, porque es muerto de cuatro días.

[40] Jesús le dijo: ¿No te he dicho, que si creyeres, verás la gloria de Dios480?

[41] Quitaron pues la losa: y Jesús alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy porque me has oído.

[42] Yo bien sabía que siempre me oyes: mas por el pueblo, que está alrededor, lo dije: para que crean que tú me has enviado.

[43] Y habiendo dicho esto, gritó en alta voz, diciendo: Lázaro, ven fuera481.

[44] Y en el mismo punto salió el que había estado muerto, atados los pies y las manos con vendas, y cubierto el rostro con un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

[45] Muchos pues de los Judíos, que habían venido a ver a María y a Martha, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.

[46] Mas algunos de ellos se fueron a los Phariseos, y les dijeron lo que había hecho Jesús.

[47] Y los príncipes de los sacerdotes, y los Phariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos, porque este hombre hace muchos milagros482?

[48] Si lo dejamos así, creerán todos en él: y vendrán los Romanos, y arruinarán nuestra ciudad y nación.

[49] Mas uno de ellos, llamado Caiphás, que era el sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada,

[50] Ni pensáis que os conviene, que muera un hombre por el pueblo, y no que toda la nación perezca.

[51] Mas esto no lo dijo de sí mismo: sino que siendo sumo pontífice aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación,

[52] Y no solamente por la nación, mas también para juntar en uno los hijos de Dios, que estaban dispersos.

[53] Y así desde aquel día pensaron como le darían la muerte.

[54] Por lo cual no se mostraba ya Jesús en público entre los Judíos, sino que se retiró a un territorio cerca del desierto, a una ciudad, llamada Ephrem: y allí moraba con sus discípulos.

CAPITULO XXXIX
Jesús continúa instruyendo en Ephrem a sus discípulos y al pueblo. Del escándalo, del perdón de las injurias, y de la eficacia de la fe.- Jesús pasa de Ephrem a la Galilea, y se dirige hacia Jerusalém.- Sana el Señor a diez leprosos.- De la segunda venida del Señor.- Parábola del juez injusto.

[1] Y dijo a sus discípulos: Imposible es, que no vengan escándalos483: ¡Mas ay de aquel, por quien vienen!

[2] Mas le valdría, que le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos484.

[3] Mirad por vosotros: Si pecare tu hermano contra ti, corrígele: y si se arrepintiere, perdónale485.

[4] Y si pecare contra ti siete veces al día, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Me pesa: perdónale.

[5] Y dijeron los Apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

[6] Y dijo el Señor: Si tuviéreis fe, como un grano de mostaza, diréis a este moral: Arráncate de raíz, y trasplántate en el mar: y os obedecerá.

[7] ¿Y quién de vosotros teniendo un siervo, que ara, o guarda el ganado, cuando vuelve del campo, le dice: Pasa luego, siéntate a la mesa:

[8] Y no le dice antes: Disponme de cenar, y ponte a servirme, mientras que como, y bebo, que después comerás tú y beberás?

[9] ¿Por ventura debe agradecimiento a aquel siervo, porqu ehizo lo que este le mandó?

[10] Pienso que no. Así también vosotros, cuando hiciéreis todas las cosas, que os son mandadas, decid: Siervos inútiles somos: lo que debíamos hacer, hicimos.

[11] Y aconteció, que yendo él a Jerusalém486, pasaba por medio de Samaria, y de Galilea.

[12] Y entrando en una aldea, salieron a él diez hombres leprosos, que se pararon de lejos.

[13] Y alzaron la voz, diciendo: Jesús maestro, ten misericordia de nosotros.

[14] El cuando los vio, dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció, que mientras iban, quedaron limpios.

[15] Y uno de ellos, cuando vio, que había quedado limpio, volvió glorificando a Dios a grandes voces,

[16] Y se postró en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias: y este era Samaritano.

[17] Y respondió Jesús, y dijo: ¿Por ventura no son diez los que fueron limpios? y los nueve ¿dónde están487?

[18] No hubo quien volviese, y diese gloria a Dios, sino este extranjero.

[19] Y le dijo: Levántate, vete, que tu fe te ha hecho salvo.

[20] Y preguntándole los Phariseos: ¿Cuándo vendrá el reino de Dios488? les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá con muestra exterior489:

[21] Ni dirán: Helo aquí, o helo allí. Porque el reino de Dios está dentro de vosotros.

[22] Y dijo a sus discípulos: Vendrán días, cuando desearéis ver un día del Hijo del hombre, y no lo veréis490.

[23] Y os dirán: Vedle aquí, o vedle allí. No queráis ir, ni le sigáis.

[24] Porque como el relámpago, que relumbrando en la región inferior del cielo, resplandece desde la una hasta la otra parte: así también será el Hijo del hombre en su día491.

[25] Mas primero es menester, que él padezca mucho, y que sea reprobado de esta generación.

[26] Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre.

[27] Comían, y bebían: los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos hasta el día en que entró Noé en el arca: y vino el diluvio, y acabó con todos.

[28] Asimismo como fue en los días de Lot: Comían, y bebían: compraban, y vendían: plantaban, y hacían casas:

[29] Y el día que salió Lot de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo, y los mató a todos:

[30] De esta manera será el día, en que se manifestará el Hijo del hombre.

[31] En aquella hora el que estuviere en el tejado, y tuviere sus alhajas dentro de la casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no torne atrás.

[32] Acordaos de la mujer de Lot492.

[33] Todo aquel que procurare salvar su vida, la perderá: y quien la perdiere, la vivificará.

[34] Os digo: que en aquella noche dos estarán en un lecho: el uno será tomado, y el otro dejado.

[35] Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada: dos en el campo: el uno será tomado, y el otro dejado.

[36] Respondieron, y le dijeron: ¿En dónde Señor?

[37] Y él les dijo: Do quiera que estuviere el cuerpo, allí también se congregarán las águilas493.

[38] Y les decía también esta parábola, que es menester orar siempre, y no desfallecer,

[39] Diciendo: Había un juez en cierta ciudad, que no temía a Dios, ni respetaba a hombre alguno.

[40] Y había en la misma ciudad una viuda, que venía a él, y le decía: Hazme justicia de mi contrario.

[41] Y él por mucho tiempo no quiso. Pero después de esto dijo entre sí: Aunque ni temo a Dios, ni a hombre tengo respeto:

[42] Todavía, porque me es importuna esta viuda, le haré justicia, porque no venga tantas veces, que al fin me muela.

[43] Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el injusto juez.

[44] ¿Pues Dios no hará venganza de sus escogidos, que claman a él día y noche, y tendrá paciencia en ellos?

[45] Os digo, que presto los vengará. Mas cuando viniere el Hijo del hombre, ¿pensáis que hallará fe en la tierra?

CAPITULO XL
Jesús continúa instruyendo a sus discípulos y al pueblo yendo de la Galilea hacia Jerusalém para la última pascua.- Parábola del Phariseo y del publicano.- Enseña cual es el camino de la perfección y del cielo, y cuán grande impedimento son las riquezas para lo uno y para lo otro. Concluye diciendo el premio incomparable que tendrán los que por su nombre dejaron todas las cosas.- Parábola de los trabajadores enviados a la viña.

[1] Y dijo también esta parábola a unos que fiaban en sí mismos, como si fuesen justos, y despreciaban a los otros:

[2] Dos hombres subieron al templo a orar: el uno Phariseo, y el otro publicano.

[3] El Phariseo estando en pie, oraba en su interior de esta manera: Dios, gracias te doy porque no soy como los otros hombres, robadores, injustos, adúlteros: así como este publicano.

[4] Ayuno dos veces en la semana: doy diezmos de todo lo que poseo.

[5] Mas el publicano, estando lejos, no osaba ni aun alzar los ojos al cielo: sino que hería su pecho, diciendo: Dios, muéstrate propicio a mí pecador.

[6] Os digo, que este, y no aquel, descendió justificado a su casa: porque todo hombre, que se ensalza, será humillado: y el que se humilla, será ensalzado.

[7] Entonces le presentaron unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y los tocase: mas los discípulos reñían a los que los presentaban.

[8] Y cuando los vio Jesús, lo llevó muy a mal, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo estorbéis: porque de los tales es el reino de Dios.

[9] En verdad os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como niño, no entrará en él494.

[10] Y abrazándolos, y poniendo sobre ellos las manos, los bendecía.

[11] Y cuando salió para ponerse en camino, corrió a él un hombre principal, e hincándosele de rodillas, le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para conseguir la vida eterna?

[12] Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno, sino sólo Dios495. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

[13] El le dijo: ¿Cuáles?

[14] Y Jesús le dijo: Bien sabes los mandamientos: No hagas adulterio: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio: No hagas engaño: Honra a tu padre y a tu madre: Y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

[15] El mancebo le dice: Maestro, yo he guardado todo eso desde mi juventud, ¿qué me falta aún?

[16] Cuando esto oyó Jesús, poniendo en él los ojos, le mostró agrado, y le dijo: Aun te falta una cosa: Si quieres ser perfecto, anda, vende cuanto tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo: y ven, sígueme.

[17] Y cuando oyó el mancebo estas palabras, se retiró triste: porque tenía muchas posesiones.

[18] Y Jesús, cuando le vio triste, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Con cuánta dificultad entrarán en el reino de Dios, los que tienen riquezas!

[19] En verdad os digo, que con dificultad entrará un rico en el reino de los cielos.

[20] Y los discípulos se asombraban de sus palabras. Mas Jesús les respondió otra vez diciendo: Hijitos, ¡cuán difícil cosa es entrar en el reino de Dios los que confían en las riquezas!

[21] Mas fácil cosa es pasar un camello por el ojo de una aguja496, que entrar el rico en el reino de Dios.

[22] Ellos se maravillaban más, y se decían unos a otros: ¿Y quién podrá salvarse?

[23] Y mirándolas Jesús, les dijo: Esto es imposible para los hombres: mas para Dios todo es posible.

[24] Entonces tomando Pedro la palabra, le dijo: He aquí, que nosotros todo lo hemos dejado, y te habemos seguido: ¿qué es pues, lo que tendremos?

[25] Y Jesús les dijo: En verdad os digo, que vosotros, que me habéis seguido, cuando en la regeneración se sentará el Hijo del hombre en el trono de su majestad, os sentaréis también vosotros sobre doce sillas, para juzgar a las doce tribus de Israel.

[26] Y cualquiera que dejare casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras por mi nombre, por el reino de Dios, y por el Evangelio497, recibirá ciento por uno, ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras498, con persecuciones, y en el siglo venidero, poseerá la vida eterna.

[27] Mas muchos primeros, serán postreros, y postreros, primeros.

[28] Semejante es el reino de los cielos a un hombre padre de familias, que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña.

[29] Y habiendo concertado con los trabajadores darles un denario por día, los envió a su viña.

[30] Y saliendo cerca de la hora de tercia499, vio otros en la plaza, que estaban ociosos,

[31] Y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo.

[32] Y ellos fueron. Volvió a salir cerca de la hora de sexta y de nona, e hizo lo mismo.

[33] Y salió cerca de la hora de vísperas, y halló otros, que se estaban allí, y les dijo: ¿Qué hacéis aquí todo el día ociosos?

[34] Y ellos le respondieron: Porque ninguno nos ha llamado a jornal. Díceles: Id también vosotros a mi viña.

[35] Y al venir la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los trabajadores, y págales su jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.

[36] Cuando vinieron los que habían ido cerca de la hora de vísperas, recibió cada uno su denario.

[37] Y cuando llegaron los primeros, creyeron, que les darían más: pero no recibió sino un denario cada uno.

[38] Y tomándole murmuraban contra el padre de familias.

[39] Diciendo: Estos postreros sólo una hora han trabajado, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado el peso del día, y del calor.

[40] Mas él respondió a uno de ellos, y le dijo: Amigo, no te hago agravio: ¿no te concertaste conmigo por un denario?

[41] Toma lo que es tuyo, y vete: pues yo quiero dar a este postrero tanto como a ti.

[42] ¿No me es lícito hacer lo que quiero? ¿Acaso tu ojo es malo, porque yo soy bueno500?

[43] Así serán los postreros, primeros; y los primeros, postreros501. Porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos.

CAPITULO XLI
Jesús continuando el camino hacia Jerusalém para la última pascua, predice nuevamente su Pasión.- Ambiciosa pretensión de los hijos del Zebedeo.- Cura a un ciego.- Llega a Jerichó, y entra en casa de un publicano llamado Zacheo.- Parábola de las diez minas.

[1] Y estaban en el camino para subir a Jerusalém: y Jesús iba delante de ellos, y se maravillaban: y le seguían con miedo502.

[2] Y tomó Jesús aparte a los doce discípulos, y comenzó a decirles las cosas, que habían de venir sobre él: y les dijo:

[3] Ved que subimos a Jerusalém, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y a los ancianos, y le condenarán a muerte,

[4] Y serán cumplidas todas las cosas, que escribieron los profetas del Hijo del hombre.

[5] Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y azotado, y escupido.

[6] Y después que le azotaren le quitarán la vida, mas al tercero día resucitará.

[7] Mas ellos no entendieron nada de esto, y esta palabra les era escondida, y no entendían lo que les decía503.

[8] Entonces se acercó a él la madre de los hijos del Zebedeo con sus hijos, adorándole, y pidiéndole alguna cosa.

[9] El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que estos mis dos hijos se sienten en tu reino, el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

[10] Entonces se llegaron a él Santiago, y Juan hijos de Zebedeo, y le dijeron: Maestro, queremos que nos concedas todo lo que te pidiéremos.

[11] Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?

[12] Y dijeron: Concédenos, que nos sentemos en tu gloria, el uno a tu diestra y el otro a tu siniestra.

[13] Mas Jesús les dijo: No sabéis lo que os pedis: ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo: o ser bautizados con el bautismo, con que yo soy bautizado504?

[14] Y ellos le dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: Vosotros en verdad beberéis el cáliz, que yo bebo: y seréis bautizados con el bautismo, con que yo soy bautizado505:

[15] Mas el estar sentados a mi derecha o a mi izquierda, no me pertenece a mí darlo a vosotros506, sino a los que está preparado por mi Padre.

[16] Y cuando los diez oyeron esto, se indignaron contra los dos hermanos Santiago y Juan.

[17] Mas Jesús los llamó a sí, y les dijo: ¿Sabéis que los príncipes de las gentes avasallan a sus pueblos, y que los que son mayores ejercen potestad sobre ellos?

[18] No será así entre vosotros: antes el que quisiere ser el mayor, será vuestro criado:

[19] Y el que quisiere ser el primero entre vosotros, será siervo de todos.

[20] Así como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en redención por muchos507.

[21] Y aconteció, que acercándose a Jerichó, estaba un ciego sentado cerca del camino, pidiendo limosna.

[22] Y cuando oyó el tropel de la gente que pasaba, preguntó, qué era aquello.

[23] Y le dijeron, que pasaba Jesús Nazareno.

[24] Y dijo a voces: Jesús hijo de David, ten misericordia de mí.

[25] Y los que iban delante le reñían, para que callase. Mas él gritaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.

[26] Y Jesús parándose, mandó que se le trajesen. Y cuando estuvo cerca, le preguntó,

[27] Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él respondió: Señor, que vea508.

[28] Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.

[29] Y luego vio, y le seguía glorificando a Dios. Y cuando vio esto todo el pueblo, dio loor a Dios.

[30] Y habiendo entrado Jesús, pasaba por Jerichó.

[31] Y he aquí un hombre llamado Zacheo: y este era uno de los principales entre los publicanos, y rico:

[32] Y procuraba ver a Jesús, quien fuese: y no podía por la mucha gente, porque era pequeño de estatura.

[33] Y corriendo delante, se subió en un árbol cabrahigo para verle: porque por allí había de pasar.

[34] Y cuando llegó Jesús a aquel lugar, alzando los ojos, le vio, y le dijo: Zacheo, desciende presto, porque es menester hoy hospedarme en tu casa.

[35] Y él descendió apresurado, y le recibió gozoso:

[36] Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo: Que había ido a posar a casa de un pecador.

[37] Mas Zacheo, presentándose al Señor, le dijo: Señor, la mitad de cuanto tengo doy a los pobres: y si en algo he defraudado a alguno, le vuelvo cuatro tantos más.

[38] Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salud a esta casa: porque él también es hijo de Abraham.

[39] Pues el Hijo del hombre vino a buscar, y a salvar lo que había perecido.

[40] Oyendo ellos esto, prosiguió diciéndoles una parábola, con ocasión de estar cerca de Jerusalém: y porque pensaban que luego se manifestaría el reino de Dios509.

[41] Dijo pues: Un hombre noble fue a una tierra distante para recibir allí un reino, y después volverse510.

[42] Y habiendo llamado a diez de sus siervos, les dio diez minas511, y les dijo: Traficad entre tanto que vengo.

[43] Mas los de su ciudad le aborrecían: y enviando en pos de él una embajada, le dijeron: No queremos que reine este sobre nosobros512.

[44] Y cuando volvió, después de haber recibido el reino: mandó llamar a aquellos siervos, a quienes había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

[45] Llegó pues el primero, y dijo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.

[46] Y le dijo: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.

[47] Y vino otro, y dijo: Señor, tu mina ha ganado cinco minas.

[48] Y dijo a este: Tú tenla sobre cinco ciudades.

[49] Y vino el tercero, y dijo: Señor, aquí tienes tu mina, la cual he tenido guardada en un lienzo:

[50] Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio de condición: llevas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

[51] Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te condeno: sabías que yo era hombre recio de condición, que llevo lo que no puse, y siego lo que no sembré:

[52] ¿Pues por qué no diste mi dinero al banco, para que cuando volviese lo tomara con las ganancias?

[53] Y dijo a los que estaban allí: Quitadle la mina, y dádsela al que tiene las diez minas.

[54] Y ellos le dijeron: Señor, que tiene diez minas.

[55] Pues yo os digo, que a todo aquel que tuviere, se le dará, y tendrá más: mas al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene513.

[56] Y en cuanto a aquellos mis enemigos, que no quisieron que yo reinase sobre ellos, traédmelos acá, y matadlos delante de mí514.

[57] Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalém.

CAPITULO XLII
Jesús restituye la vista a otro ciego al salir de Jerichó.- Mientras le espera el pueblo en Jerusalém, baja a casa de Martha y María: Martha le sirve: María le unge con ungüento muy precioso.- Le sigue una grande muchedumbre de gento.- Entra en triunfo en Jerusalém, llora sobre ella y anuncia su ruina y desolación.

[1] Y al salir de Jerichó él y sus discípulos y muchas gentes con ellos, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna515.

[2] Y cuando oyó, que era Jesús Nazareno, comenzó a dar voces, y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.

[3] Y le reñían muchos para que callase. Mas él gritaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.

[4] Y se paró Jesús, y le mandó llamar. Llaman pues al ciego, y le dicen: Ten buen ánimo: levántate, que te llama.

[5] El arrojó su capa, y saltando se fue a él.

[6] Y tomando Jesús la palabra le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que vea.

[7] Y Jesús compadecido le dijo: Anda, tu fe te ha sanado: y luego vio, y le seguía por el camino.

[8] Y estaba ya cerca la Pascua de los Judíos: y muchos de aquella tierra subieron a Jerusalém antes de la Pascua, para purificarse.

[9] Y buscaban a Jesús: y se decían unos a otros, estando en el templo: ¿Qué os parece, de que no haya venido a la fiesta? Y los príncipes de los sacerdotes, y los Phariseos habían dado mandamiento, que si alguno sabía en donde estaba, lo manifestase, para prenderle.

[10] Jesús pues seis días antes de la Pascua vino a Bethania, en donde había muerto Lázaro al que Jesús resucitó.

[11] Y le dieron allí una cena: y Martha servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados con él a la mesa516.

[12] Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo puro de gran precio, y ungió los pies de Jesús, y le enjugó los pies con sus cabellos517: y se llenó la casa del olor del ungüento518.

[13] Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariotes, el que le había de entregar:

[14] ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos denarios, y se ha dado a pobres?

[15] Y dijo esto, no porque él cuidase de los pobres: sino porque era ladrón, y teniendo sus bolsillos, traía lo que se echaba en ellos.

[16] Y dijo Jesús: Dejadla que lo guarde para el día de mi entierro.

[17] Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros: mas a mí no siempre me tenéis.

[18] Entendió pues un crecido número de Judíos, que Jesús estaba allí: y vinieron no solamente por causa de él, sino también por ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.

[19] Y los príncipes de los sacerdotes pensaron matar también a Lázaro519.

[20] Porque muchos por él se separaban de los Judíos, y creían en Jesús.

[21] Y el día siguiente520 una grande muchedumbre de gente, que había venido a la fiesta, cuando oyeron que venía Jesús a Jerusalém:

[22] Tomaron ramos de palmas, y salieron a recibirle, y clamaban: Hosanna521, bendito el que viene en el nombre del Señor, el rey de Israel.

[23] Y cuando se acercaron a Jerusalém, y llegaron a Bethphage al monte del Olivar: envió entonces Jesús a dos discípulos.

[24] Diciéndoles: Id al lugar que está al frente de vosotros, y luego que entráreis en él, hallareis una asna atada, y un pollino con ella, sobre el que no ha subido aun ningún hombre: desatadla, y traédmelos.

[25] Y si alguno os dijere alguna cosa, respondedle que el Señor los ha menester: y luego los dejará.

[26] Y fueron los discípulos, e hicieron como les había mandado Jesús.

[27] Y hallaron el pollino que estaba como les había dicho, atado a la puerta fuera en la encrucijada.

[28] Y cuando desataban al pollino, le dijeron sus dueños: ¿Por qué desatáis al pollino?

[29] Ellos le respondieron como Jesús les había mandado: Porque el Señor lo ha menester, y se lo dejaron522.

[30] Y trajeron la asna, y el pollino: y pusieron sobre ellos sus vestidos, y le hicieron sentar encima a Jesús523.

[31] Y esto todo fue hecho para que se cumpliese lo que había dicho el profeta, que dice:

[32] Decid a la hija de Sión524: No temas, hija de Sión: he aquí tu rey viene manso para ti, sentado sobre una asna, y un pollino hijo de la que está debajo de yugo.

[33] Esto no entendieron sus discípulos al principio: mas cuando fue glorificado Jesús, entonces se acordaron, que estaban estas cosas escritas de él, y que le hicieron estas cosas.

[34] Y daba testimonio la mucha gente, que estaba con Jesús, de cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de entre los muertos.

[35] Y por esto vinieron a recibirle las gentes: porque habían oído, que él había hecho este milagro:

[36] Y yendo él así, una grande multitud de pueblo tendió también sus ropas por el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino.

[37] Y cuando se acercó a la bajada del monte del Olivar, todos los discípulos en tropas, llenos de gozo comenzaron a alabar a Dios en alta voz por todas las maravillas que habían visto,

[38] Diciendo: Bendito el rey, que viene en el nombre del Señor, paz en el cielo: Hosanna en las alturas.

[39] Y algunos de los Phariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.

[40] El les respondió: Os digo, que si estos callaren, las piedras darán voces.

[41] Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, gritaban, diciendo: Hosanna al Hijo de David: bendito, el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas.

[42] Bendito el reino de nuestro padre David, el cual viene.

[43] Y cuando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo:

[44] ¡Ah si tú reconocieses siquiera en este tu día, lo que puede atraerte la paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.

[45] Porque vendrán días contra ti: en que tus enemigos te cercarán de trincheras, y te pondrán cerco, y te estrecharán por todas partes:

[46] Y te derribarán en tierra, y a tus hijos que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra: por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación525.

CAPITULO XLIII
Hace el Señor su gloriosa entrada en Jerusalém, aclamado por una inmensa muchedumbre; y entrando en el templo, echa fuera de él a los que le profanaban comprando, y vendiendo, y cura allí a cojos y ciegos.- Mientras estaba instruyendo al pueblo, se oye la voz del Padre glorificando a su Hijo.- Al día siguiente, al salir de Bethania, maldice una higuera, y luego va a Jerusalém a instruir al pueblo.

[1] Y cuando entró en Jerusalém, se conmovió toda la ciudad, diciendo: ¿Quién es este?

[2] Y los pueblos decían: Este es Jesús el profeta de Nazareth de Galilea.

[3] Y entró Jesús en el templo de Dios, y echaba fuera todos los que vendían y compraban en el templo526, y trastornó las mesas de los banqueros, y las sillas de los que vendían palomas527.

[4] Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada528: mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

[5] Y vinieron a él ciegos, y cojos en el templo: y los sanó.

[6] Y cuando los príncipes de los sacerdotes, y los Escribas vieron las maravillas que había hecho, y los muchachos en el templo gritando, y diciendo: Hosanna al Hijo de David: se indignaron,

[7] Y le dijeron: ¿Oyes lo que dicen estos? Y Jesús les dijo: Sí. ¿Nunca leísteis que de la boca de los niños, y de los que maman529 sacaste perfecta alabanza? Y dejándolos, se fue.

[8] Mas los Phariseos dijeron unos a otros: ¿No veis, que nada adelantamos? mirad que todo el mundo se va en pos de él.

[9] Y había allí algunos gentiles de aquellos, que habían subido a adorar en el día de la fiesta.

[10] Estos pues se llegaron a Phelipe, que era de Bethsaida de Galilea, y le rogaban, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús.

[11] Vino Phelipe, y lo dijo a Andrés: y Andrés, y Phelipe lo dijeron a Jesús.

[12] Y Jesús les respondió, diciendo: Viene la hora, en que sea glorificado el Hijo del hombre.

[13] En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo, que cae en la tierra, no muriere; él solo queda: mas si muriere, mucho fruto lleva530.

[14] Quien ama su alma, la perderá: y quien aborrece su alma en este mundo, para vida eterna la guarda.

[15] Si alguno me sirve, sígame: y en donde yo estoy, allí también estará mi ministro. Y si alguno me sirviere, le honrará mi Padre.

[16] Ahora mi alma está turbada. ¿Y qué diré? Padre, sálvame de esta hora531. Mas por eso he venido a esta hora.

[17] Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo, que dijo: Ya lo he glorificado, y otra vez lo glorificaré.

[18] Las gentes que estaban allí, cuando oyeron la voz, decían que había sido un trueno. Otros decían: Un Angel le ha hablado.

[19] Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, sino por causa de vosotros.

[20] Ahora es el juicio del mundo: ahora será lanzado fuera el príncipe de este mundo.

[21] Y si yo fuere alzado de la tierra, todo lo atraeré a mí mismo.

[22] (Y decía esto, para mostrar de qué muerte había de morir).

[23] La gente le respondió: Nosotros habemos oído de la ley532, que el Cristo permanece para siempre: ¿pues cómo dices tú, conviene que sea alzado el Hijo del hombre? ¿Quién es este Hijo del hombre?

[24] Jesús les dijo: Aun hay en vosotros un poco de luz. Andad, mientras que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas: y el que anda en tinieblas, no sabe adonde va.

[25] Mientras que tenéis luz, creed en la luz, para que seais hijos de luz. Esto dijo Jesús: y después de haberlo reconocido todo, como fuese ya tarde, se salió a Bethania con los doce: y se estuvo allí.

[26] Y otro día, por la mañana, como salieron de Bethania, tuvo hambre.

[27] Y viendo a lo lejos una higuera que tenía hojas, fue allá por si hallaría alguna cosa en ella533: y cuando llegó a ella, nada halló sino hojas: porque no era tiempo de higos.

[28] Y respondiendo, le dijo: Nunca más coma nadie fruto de ti para siempre: Nunca jamás nazca fruto de ti.

[29] Y lo oyeron sus discípulos: y se secó al punto la higuera.

[30] Vienen pues a Jerusalém. Y habiendo entrado en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo534: y trastornó las mesas de los banqueros, y las sillas de los que vendían palomas.

[31] Y no consentía que alguno transportase mueble alguno por el templo:

[32] Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa, casa de oración será llamada de todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

[33] Y Jesús alzó la voz, y dijo: Quien cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me envió.

[34] Y el que me ve a mí, ve a aquel que me envió.

[35] Yo he venido luz al mundo: para que todo aquel que en mí cree, no permanezca en tinieblas.

[36] Y si alguno oyere mis palabras, y no las guardare: no le juzgo yo. Porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.

[37] El que me desprecia, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrimero.

[38] Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que tengo de decir, y de lo que tengo de hablar.

[39] Y sé, que su mandamiento es la vida eterna535. Pues lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así lo hablo.

[40] Y cuando vino la tarde, se salió de la ciudad.

[41] Mas aunque había hecho a presencia de ellos tantos milagros, no creían en él:

[42] Para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro oído? ¿y a quién ha sido revelado el brazo del Señor?

[43] Por esto no podían creer, porque dijo Isaías en otro lugar:

[44] Les cegó los ojos, y les endureció el corazón: para que no vean de los ojos, ni entiendan de corazón y se conviertan, y los sane.

[45] Esto dijo Isaías, cuando vio su gloria, y habló de él.

[46] Con todo eso aun de los príncipes muchos creyeron en él: mas por causa de los Phariseos no lo manifestaban, por no ser echados de la Sinagoga:

[47] Porque amaron mas la gloria de los hombres, que la gloria de Dios.

[48] Y estaba enseñando de día en el templo: y de noche se salía, y lo pasaba en el monte, llamado del Olivar.

[49] Y todo el pueblo madrugaba, por venir a oirle en el templo.

[50] Mas los príncipes de los sacerdotes, y los Escribas, y los principales del pueblo le querían matar:

[51] Y no sabían, qué hacerse con él. Porque le temían, por cuanto todo el pueblo estaba embelesado, cuando le oía.

CAPITULO XLIV
Jesús se vuelve al templo desde el monte del Olivar.- Se seca una higuera.- Propone el Señor las parábolas de los dos hijos indóciles; la de los malos labradores, y la de las bodas del hijo de un rey.

[1] Y al pasar por la mañana los discípulos, vieron que la higuera se había secado de raíz, y se maravillaron, y decían: ¿Cómo se secó al instante?

[2] Y se acordó Pedro, y le dijo: Maestro, cata ahí la higuera que maldijiste, como se ha secado.

[3] Y respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe de Dios.

[4] En verdad os digo, que si tuviéreis fe, y no dudáreis, no tan solamente haréis esto de la higuera, mas aun si dijéreis a este monte: Quítate, y échate en la mar, será hecho536.

[5] En verdad os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Levántate, y échate en el mar: y no dudare en su corazón, mas creyere que se hará cuanto dijere, todo le será hecho.

[6] Por tanto os digo, que todas las cosas que pidiéreis orando537, creed, que las recibiréis: y os vendrán538.

[7] Y cuando estuviéreis para orar, si tenéis alguna cosa contra alguno, perdonadle: para que vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone también vuestros pecados.

[8] Porque si vosotros no perdonáreis: tampoco vuestro Padre, que está en los cielos, os perdonará vuestros pecados.

[9] Y volvieron otra vez a Jerusalém. Y andando él por el templo, instruyendo al pueblo y evangelizando, se llegaron a él los príncipes de los sacerdotes, y los Escribas, y los ancianos:

[10] Y le dijeron: Dinos ¿con qué autoridad haces estas cosas? o ¿quién es el que te dio esta potestad?

[11] Y Jesús les respondió, y dijo: Yo también os haré una pregunta, y respondedme: y os diré, con qué autoridad hago estas cosas.

[12] El bautismo de Juan ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.

[13] Y ellos estaban entre sí pensando, y decían: Si dijéremos, que del cielo, nos dirá: ¿Por qué no lo creísteis?

[14] Y si dijéremos: De los hombres, nos apedreará todo el pueblo. Porque todos estaban persuadidos, que Juan era verdaderamente profeta.

[15] Y respondieron a Jesús, diciendo: No lo sabemos. Y Jesús les respondió, y dijo: Pues ni yo tampoco os diré, con qué autoridad hago estas cosas.

[16] Y comenzó a decir al pueblo esta parábola:

[17] Mas ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy, y trabaja en mi viña.

[18] Y respondiendo él, le dijo: No quiero. Mas después se arrepintió, y fue.

[19] Y llegando al otro, le dijo del mismo modo: y respondiendo él, dijo: Voy, Señor: mas no fue.

[20] ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero539. Jesús les dice: En verdad os digo, que los publicanos, y las rameras os irán delante al reino de Dios.

[21] Porque vino Juan a vosotros en camino de justicia, y no le creísteis. Y los publicanos y las rameras lo creyeron: y vosotros, viéndolo, ni aun hicisteis penitencia después para creerle.

[22] Escuchad otra parábola: Había un padre de familias, que plantó una viña, y la cercó de un vallado, y cavando hizo en ella un lagar, y edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos de su tierra.

[23] Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió uno de sus siervos a los labradores, para que recibiese de los labradores el fruto de la viña.

[24] Ellos asiendo de él, lo hirieron, y lo enviaron vacío.

[25] Y volvió a enviarles otro siervo: y le hirieron en la cabeza: y le hicieron muchos escarnios, y lo enviaron vacío.

[26] Y volvió a enviar otro tercero: a quien ellos del mismo modo hirieron, y le mataron: y le echaron fuera:

[27] De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros: de los cuales a unos hirieron, y a otros mataron.

[28] Mas como tuviese aun un hijo, a quien amaba tiernamente.

[29] Dijo el señor de la viña: ¿Qué haré? enviaré a mi amado hijo: puede ser, que cuando le vean, le tengan respeto, y se lo envió también el postrero.

[30] Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémosle, y tendremos su herencia.

[31] Y sacándole fuera de la viña, le mataron540. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?

[32] Ellos dijeron: A los malos destruirá malamente, y arrendará su viña a otros labradores, que paguen el fruto a sus tiempos.

[33] Vendrá, y destruirá estos labradores, y dará su viña a otros. Y como ellos541 lo oyeron, le dijeron: Nunca tal sea.

[34] Y él mirándolos, dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fue puesta por cabeza de esquina542? Por el Señor fue esto hecho, y es cosa maravillosa en nuestros ojos:

[35] Por tanto os digo, que quitado os será el reino de Dios, y será dado a un pueblo que haga los frutos de él543.

[36] Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado: y sobre quien ella cayere lo desmenuzará.

[37] Y cuando los príncipes de los sacerdotes, y los Phariseos oyeron sus parábolas, entendieron que de ellos hablaba.

[38] Y queriéndole echar mano, temieron al pueblo: porque le miraban como un profeta.

[39] Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar otra vez en parábolas, diciendo:

[40] Semejante es el reino de los cielos a cierto rey, que hizo bodas a su hijos.

[41] Y envió sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas no quisieron ir.

[42] Envió de nuevo otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí he preparado mi banquete, mis toros, y los animales cebados están ya muertos, todo está pronto: venid a las bodas.

[43] Mas ellos lo despreciaron, y se fueron, el uno a su granja, y el otro a su tráfico:

[44] Y los otros echaron mano de los siervos, y después de haberlos ultrajado, los mataron544.

[45] Y el rey, cuando lo oyó, se irritó: y enviando sus ejércitos, acabó con aquellos homicidas, y puso fuego a su ciudad545.

[46] Entonces dijo a sus siervos: Las bodas ciertamente están aparejadas, mas los que habían sido convidados, no fueron dignos.

[47] Pues id a las salidas de los caminos, y a cuantos halláreis, llamadlos a las bodas.

[48] Y habiendo salido sus siervos a los caminos, congregaron cuantos hallaron, malos y buenos: y se llenaron las bodas de convidados.

[49] Y entró el rey para ver a los que estaban a la mesa, y vio allí un hombre, que no estaba vestido con vestidura de boda546.

[50] Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí no teniendo vestido de boda? Mas él enmudeció.

[51] Entonces el rey dijo a sus ministros: Atado de pies y de manos, arrojadle en las tinieblas exteriores: allí será el llorar y el crujir de dientes:

[52] Porque muchos son los llamados, y pocos los escogidos.


374

Querían tener un pretexto para acusar a Jesucristo; porque si la condenaba a muerte, hubieran dicho ante el pueblo que era un hombre duro o implacable; y sin la condenaba, le acusarían como enemigo de la ley.

375

Jesucristo no quiere decir con esto, que un juez para castigar legítimamente los delitos de los otros, es necesario que esté libre de pecado; su intención es poner de manifiesto lo odioso que es el condenar en otros culpas que uno mismo tiene.

376

Esto es, la miseria más abyecta, en presencia de la más grande misericordia. (San Agustín)

377

No la dice como a ora pecadora, vete en paz; sino vete, a secas, dándola a entender que es preciso que deplore su falta, y que la expíe por medio de la penitencia. En esta obligación quedan todos aquellos que se acercan a Dios con solo con constricción imperfecta.

378

Esto es: Mi testimonio tiene grande autoridad, porque hay en mí más que un hombre, hay una persona cuyo origen ignoráis, pero que no por eso es menos digna de fe.

379

Quiere decir: No ejerzo el poder que hay en mí de juzgaros a todos; antes de citaros ante mi tribunal, he venido a ofreceros la misericordia.

380

A la letra: guarda del tesoro, sacristía*.

381

Cuando me hagáis morir en una cruz, conoceréis que yo soy el que tantas veces os he dicho*.

382

Cuando me hagáis morir en una cruz, canceréis que yo soy el que tantas veces os he dicho*.

383

Aunque el Señor habría podido recordarles la esclavitud en que habían estado en Egipto, en babilonia, etc. quiso evitarles esta humillación, limitándose a indicarles la esclavitud moral, por no esperarlos inútilmente.

384

Introduciendo el pecado en la tierra y la muerte como consecuencia del pecado.

385

Y por consiguiente de impostura.

386

Jesucristo habla aquí de su Padre, que un día le glorificará a los ojos del género humano.

387

Se sobreentiende, según vosotros, puesto que acabáis de decirme, que no basta mi testimonio en lo que me concierne.

388

Abrahan entrevió el día del Mesías, cuando le fue anunciado que serían bendecidas en él todas las naciones de la tierra.

389

Dios castiga a veces el pecado con penas temporales; pero no siempre es el pecado la causa inmediata de los males que padecemos en esta vida, los cuales pueden habernos sido enviados por el Señor para purificar y perfeccionar nuestra virtud.

390

El día es el tiempo, que debía estar en este mundo, y alumbrarle con la luz de su doctrina, y la noche es el tiempo de su muerte, en que cesó de obrar visiblemente*.

391

Hoy la fuente del Mesías: son las aguas de la penitencia sacramental, donde la Iglesia nos manda que vayamos en nombre de Jesucristo, a curarnos de nuestras enfermedades espirituales.

392

Es decir: Dios, que es la suma verdad, no puede acordar a un impostor el poder de autorizar sus mentiras por medio de milagros.

393

Los fariseos despreciaban a los pobres porque les consideraban como de ilegítimos nacimiento, llenos de vicios groseros e incapaces todos de ninguna elevación de espíritu y de ningún sentimiento generoso. ¡Cuántos fariseos nos quedan todavía! ¡Cuándo comprenderán al fin esos orgullosos ciegos, que en el seno de la pobreza y de la miseria, se hallan a veces las más grandes y heroicas virtudes!

394

Para hacer brillar este terrible juicio, que los que reconocen su ceguedad, sean alumbrados de la luz divina; y los que confían en sus propias luces, sean castigados por la ceguedad de su corazón.*

395

Esto es: Si fueseis bastante humildes para conocer vuestra ceguedad, podriais tener escusa; pero como estáis infatuados de vuestra suficiencia, por eso permaneceis en la ceguedad de vuestro pecado, sin remisión ni escusa.

396

El aprisco es la Iglesia: las ovejas son los fieles, y particularmente los escogidos: la puerta es Jesucristo. El portero el mismo Dios, que recibe a todos los que entran por Jesucristo; esto es, en su nombre, por su orden y por el movimiento de su Espíritu. El verdadero pastor es el que entra por Jesucristo, que es el Pastor de los pastores: el extraño, y el ladrón es el que no tiene vocación para conducir las ovejas.

397

Y que han osado atribuirse la cualidad de Mesías. Moisés y los verdaderos profetas enseñaron todos en nombre del Mesías venidero, y por consiguiente no cae sobre ellos la condenación pronunciada contra el Hijo de Dios.

398

Estos son los gentiles, que debían creer en Jesucristo, y formar una sola Iglesia con los judíos convertidos.

399

Estos eran de un grado y autoridad inferior a la que tenían los Apóstoles. Por eso toda la antigüedad ha reconocido a los obispos, por sucesores de los Apóstoles; y a los sacerdotes, por sucesores de los discípulos*.

400

Esto es: No hagáis provisiones de ninguna especie y abandonaos enteramente a la Providencia respecto al vestido y al alimento.

401

Lo que quiere decir: No os detengáis en el camino bajo ningún pretexto, por inocente que pueda pareceros. (San Gregorio.)

402

A fines del mismo mes, habiendo durado su misión unos quince días.-Durante este tiempo Jesús fue predicando en las ciudades por donde habían pasado sus discípulos, de modo que toda la parte meridional de la Tierra Santa quedó evangelizada.

403

Como si les dijera: Tened presenta la caída de Satanás y guardaos bien de la vanagloria y soberbia, que en un punto lo derribaron del cielo; y de la mayor felicidad a la mayor miseria. (San Ambrosio.)

404

Del peso de vuestros pecados*.

405

El yugo de mis preceptos y de mi cruz*.

406

Los patriarcas, así como los santos reyes, y los profetas, murieron llevándose al sepulcro el sentimiento de no haber visto al Mesías, ni haber oído sus divinas doctrinas: solo el profeta Simeón tuvo este consuelo antes de su muerte.

407

El hombre que bajaba, que iba de la visión de la paz (Jerusalem Vicio pacis) al pais de la instabilidad (Jerichó luna instabilitas) es el género humano, arrojado del paraiso terrenal, y caminando a traves de las tribulaciones de la vida; los ladrones son los demonios y las pasiones viles que despojaron al hombre de su inocencia, iriendo su alma mortalmente; el sacerdote y el levita son la ley y los antiguos sacrificios que vieron las heridas del género humano, pero sin tener lo que era menester para cuararlas; el Samaritano (adjutor), ese hombre que viaja fuera de su patria, es el Hijo de Dios sobre la tierra, la venta es la Iglesia, adonde Jesucristo confia el pecador a sus ministros , y lo que debe pagar á su vuelta, es la recompensa que acordará, en la época de su segundo advenimiento, á aquellos que hayan curado las heridas del género humano.

408

Marta, María y Lázaro, nos dice el Evangelio, vivían en Bethania, cerca de Jerusalén.

409

Con los discípulos y demás personas que rodeaban a Nuestro Señor Jesucristo.

410

Ocuparse en el principal negocio de la salvación, y escuchar y meditar la palabra de Dios: Ocuparse en el conocimiento del sumo Bien, y de los medios para llegar a él*.

411

El Hijo de dios no condena a Marta porque solo atiende a los cuidados temporales, sino que al contrario, declara que hace bien; pero añade que vale mucho más ocuparse en las cosas de la salvación.

412

En Bethabara, que muchos escritores llaman también Bethania, aunque sin confundirla por eso con la aldea del mismo nombre, que se hallaba junto a Jerusalén.

413

Esto es, los enfermos que había entre ellos*,

414

¡Cuántos más milagros hizo Jesús de los que nos marca el Evangelio!

415

El discípulo que dirigió esta súplica a Jesucristo no había oído sin duda el discurso que el Señor pronunció en el monte. El Hijo de Dios aprovechó esta ocasión para repetir al discípulo y a los que con él estaban, las partes principales del rezo que había enseñado, y otras varias cosas que había dicho relativas a la oración.

416

No separemos al Hijo al invocar al Padre, puesto que el Padre y el Hijo son la misma cosa, ni separemos tampoco al Espíritu Santo que compone un mismo Dios con el Padre y el Hijo: por lo tanto al pronunciar esta oración invocamos a las tres Personas divinas, y además, rendimos homenaje a la Iglesia, puesto que en lo que nos concierne, no puede haber un padre con hijos sin que haya al propio tiempo una madre. (San Cipriano.)

417

Como se acostumbraba.

418

Después dela restitución de vuestras rapiñas, porque debéis restituir ante todo.

419

Esto es, conociendo vuestra perversidad.

420

No quiere decir que recaiga en el hijo la iniquidad del padre; Jesucristo anuncia únicamente, que cansada hace ya hace mucho tiempo la justicia divina, estallará viviendo la generación presente; además, cada cual será castigado según lo mereciere.

421

No les imitéis; no hagáis nada que debáis ocultar.

422

Véase en el capítulo XIX del modo que deben entenderse los pecados contra el Espíritu Santo.

423

El que había bajado del cielo para granjearnos bienes eternos, no se quiso mezclar en cosas, que tocaban á los bienes perecederos del la tierra. (San Ambrosio) Y esta es una lección para los eclesiásticos, que no deben mezclarse en negosios ni ruidos seculares.

424

Nadie debe extrañarse al ver en las exhortaciones de Jesucristo a la otra orilla del Jordán, diferentes cosas que había ya dicho en otras partes. Hablando a gente nueva, teniendo que tocar los mismos puntos, y queriendo además inculcar sus divinas lecciones a discípulos poco entendidos, debió necesariamente repetirse en todo el curso de su vida pública, y no solo una vez sino varias, como sucede a menudo tanto cuando se predica como cuando se enseña.

425

No andéis como suspensos, y dudando de la Providencia; o no hagáis discursos al aire*.

426

Bienaventurados aquellos que depositan su tesoro en Dios; pero ay de los que lo fundan en algo que sea mortal, porque el tesoro se escapa sin cesar, quedándose el corazón de su dueño aniquilado y pobre. (Bossuet.)

427

En un sentido más elevado quiere decir, refrenad vuestras pasiones, como si fueran un vestido que se cae por falta de cinturón. Cuando el alma se entrega a las pasiones, se vuelve cobarde, y se queda sin fuerza, sin orden y sin pudor (Bossuet.)

428

Hay que levantarse al primer golpe, pero todo el mundo se despierta al último, cuando la muerte está ya casi en el corazón, cuando no hay antorcha, ni reflexión, ni atención; cuando todo está apagado ya. (Bossuet.)

429

Por este fuego entienden muchos Padres el Espíritu Santo, o la caridad y el ardor del divino amor. Otros la predicación evangélica. Tertuliano, a quien siguen muchos intérpretes, lo entiende de las persecuciones y aflicciones que habían de padecer los seguidores de Jesucristo, y esta exposición parece más conforme al sentido del versículo siguiente, en que explica el Señor los grandes deseos, que tenía de beber el cáliz de su Pasión, que llama bautismo, para atentar con su ejemplo a todos los cristianos a que padeciesen por su amor*.

430

Las máximas del Evangelio son tan opuestas al espíritu del mundo, que necesariamente deben ser un motivo de disensiones y disputas entre los que quieren practicarlas y aquellos que las consideran como demasiado severas.

431

Los reprende porque no quieren conocer el reino de dios, ni las señales, que lo manifiestan tan evidentemente*.

432

Trata de calmarle por medio de razones justas y leales.

433

Estos eran unos sediciosos de Galilea, que Pilato había hecho morir, mientras estaban sacrificando en Jerusalén, porque este sacrificio era un pretexto que habían tomado para reunirse.

434

Veremos si así da fruto; o si así diere fruto, la podrá dejar; pero sino, etc*.

435

La higuera estéril, es el hombre sin las buenas obras, y el que labraba la viña es Jesucristo que intercede por nosotros con su divino Padre.

436

Una enfermedad extraordinaria e incurable con que el diablo la atormentaba*.

437

Cuántas almas hay encorvadas así hacia las cosas de la tierra, y que bien se les podrá decir, tocándolas con la cruz del Salvador: Almas cristiana, Jesucristo os brinda con bienes superiores a los de la tierra; alzad los ojos, y mirad al cielo: en la casa de Dios hay un morada para vosotras con bienes eternos que preparados os esperan.

438

Para la fiesta de la Dedicación. Se acercaba entonces el quince de diciembre, como después diremos. Jesús queriendo utilizar este viaje a favor de la tribu de Rubén, paso por ella desde Bethabara hasta cerca de Macheronte, en donde vivía Herodes.

439

La nación judía, que fue la primera que se llamó a la luz del Evangelio, no debía entrar en él sino después de todos los demás pueblos.

440

Intérpretes de mucho crédito juzgan que este aviso que dieron a Jesús los fariseos, no era más que una astuta mentira para inducirle a que fuera lo más pronto posible a Jerusalén donde su muerte estaba resuelta.

441

A este príncipe impío, artificioso y cobarde, a quien hace sombra la virtud y fortaleza de los otros*.

442

Entre los Judíos, la palabra día, no significa únicamente la revolución diurna, sino también, un espacio de tiempo más o menos largo. En este sentido hay que entender la respuesta de Jesucristo a los fariseos, que equivale a decir: Me faltan aún tres espacios de tiempo, pasados los cuales consumaré mi sacrificio con la muerte. Y en efecto, tres meses después, comenzaba el Salvador su sacrificio.

443

Esto es: Debo morir muy pronto, pero no a manos de Herodes. Conozco lo que vale vuestra advertencia; sé que debo morir en Jerusalén.

444

Quiere decir: Cuando hayáis colmado la medida de vuestras iniquidades no me volveréis a ver, hasta que se abran vuestros ojos, y se enternezcan vuestros corazones.

445

Expresión familiar a los hebreos, para significar todo lo que sustenta*.

446

Para patentizar la ceguedad e los judíos a quienes tamaña felicidad era ofrecida.

447

Este hombre es el mismo Jesucristo; la cena, ese reino de dios sobre la tierra, es la Iglesia, y los convidados son los judíos. Aquellos que asidos a las cosas de la tierra, cerraron los odios a las voces de la verdad, fueron excluidos; y en su lugar entraron los más sencillos y humildes de los mismos judíos, y los gentiles, a los cuales por la omnipotencia de su palabra, llamó a la eterna felicidad.

448

Aquí se insinúa la dulce violencia que Dios hace a los suyos, solicitándolos a recibir su gracia con los fuertes movimientos internos de su espíritu, y con las eficases instancias de sus palabras.

449

Algunos entienden por esta dedicación, la del templo que fue fabricado por Salomón. Otros la del templo que fue reedificado por Zorobabél después del cautiverio de Babilonia. Y otros la dedicación solemne que mandó celebrar Judas Macabéo por espacio de ocho días, después de haber renovado el altar de los holocaustos profanado por los gentiles. I Machab., IV, 59. Y esto es más conforme a la propiedad del vocablo. Se celebraba en el mes de Casleu, que corresponde al de diciembre: y por esto dice aquí el Evangelista que era invierno*.

450

Jesús declara que es un mismo Dios con su Padre; cuando llegue el día, nos dirá que en Dios existe una tercera persona, y ordenará a sus Apóstoles que bauticen en nombre del Padre, del Hijo del Espíritu Santo.

451

Aborrecer a sus parientes, no quiere decir quererles mal, sino detestar sus máximas y su conducta, cuando son opuestas al Evangelio*.

452

Por estas dos comparaciones nos quiere dar a entender Jesucristo, que antes de empeñarnos en seguirle, como verdaderos discípulos, veamos y consideremos si hay en nosotros disposición para llevar su cruz toda nuestra vida, y para renunciar a todo lo que nos puede detener y servir de impedimento para conseguir la verdadera felicidad: pues de otra manera todos nuestros primeros esfuerzos de nada nos servirán*.

453

Con esta comparación designa el Hijo de Dios a sus ministros.

454

Una dracma ática equivalía al denario romano y casi a dos reales de vellon de nuestra moneda*.

455

Estos dos hijos representan, el uno a los justos que permanecen siempre sometidos a la voluntad de Dios: el otro a los pecadores, que después de haber recibido infinitos dones de la bondad y liberalidad divina, le vuelven las espaldas y sacuden el yugo de su obediencia*.

456

Este país distante es el olvido de Dios. El pecador en este estado disipa los dones de Dios, y cae en una vergonzosa pobreza. Se hace esclavo del demonio, que le induce a los vicios y pasiones más infames, en las que inútilmente busca saciar la cruel hambre que le acaba*.

457

Todo esto representa los diversos grados de la conversión del pecador. Vuelve sobre sí, conoce su miseria, y la grande dicha que hay en servir a Dios a quien mira siempre como a su Padre; le pide, como una singular gracia, que le ponga en la suerte de los últimos de su cada; y por último ejecuta sin dilación lo que ha resuelto.

458

Este es el Padre de todos nosotros, es Dios. Ya estáis viendo cómo recibe a ese hijo culpable, vuelto a la casa paterna más bien por necesidad que por remordimiento de conciencia. Esperarle es poco para el corazón de Dios; es preciso volar a su encuentro, para evitarle al entrar toda la vergüenza. Lejos de ese tierno padre los cálculos de una dignidad que teme comprometerse. El hijo ingrato no ha abierto aún la boca, y ya su padre le ha oído; no ha manifestado todavía su arrepentimiento, y ya está absuelto de toda culpa; debería estar a los pies del autor de sus días y hele ya en sus brazos. (De Boulogne.)

459

Bondad infinita del Señor, que recibe en su gracia al pecador convertido, le adorna de su más precisos dones, y le alimenta de la carne de Jesucristo*.

460

La misericordia de Dios con los pecadores es tan grande, que pudiera dar celos a los mismos justos, si estos fueran capaces de tenerlos*.

461

No alaba su infidelidad, sino su destreza y astucia. Al modo, que cuando oímos alguna acción mala de un hombre, que la ejecutó con ingenio, condenamos la obra y alabamos el talento, doliéndonos de que no lo empleó en cosas buenas*.

462

Jesucristo da a entender a los judíos que no piensan en el terrible porvenir que se preparan, y por consiguiente que nada hacen para evitarle.- Los hijos del siglo son aquellos que pasan el tiempo ocupados únicamente en las cosas de la vida presente, y los hijos de la luz, son los que ven, más allá de los intereses del tiempo, otros intereses más dignos de consideración. Jesucristo no trata de imprudentes a todos los hijos de la luz, sino sólo a una parte de ellos, y sobre todo a los fariseos.

463

No se trata aquí de los bienes que se poseen contra toda ley y justicia, porque estos deben restituirse en su totalidad a sus dueños legítimos, o deben repartirse entre los pobres si la restitución es imposible: sea trata de las riquezas en general, que el Evangelio llama de iniquidad porque con frecuencia son injustas en su origen, o llegan a ser causa de pecado, ya por el orgullo que inspiran, o ya por el mal uso que se hace de ellas.

464

El lazo del matrimonio no puede romperse sino por la muerte: el repudio es permitido cuando hay graves faltas cometidas en el cumplimiento del deber conyugal, pero el lazo del matrimonio continúa existente como antes, aún después de efectuada la mutua separación. Así pues, ninguna ley puede en la tierra autorizar una nueva unión, sin pecar contra la ley divina, y sin abrir la puerta al adulterio y a todos los excesos que le siguen. (San Agustín.)

465

Estos últimos, son los que queriendo imitar la pureza de los Ángeles, se han castrado a sí mismos de una manera espiritual, no en su cuerpo, sino en la raíz misma de la concupiscencia, que es el corazón*. (San Agustín.)

466

Se sabe el nombre del pobre, y se ignora el del rico, pues toda la opulencia de este último, no ha podido salvar su nombre del olvido. (San Juan Crisóstomo.)

467

Esto es, el mendigo padecía al mismo tiempo los afectos de la dureza del rico que ale abandonaba, y las importunidades de los perros que le mortificaban sin cesar, atraídos por sus llagas.

468

Recibiste en vida la recompensa del poco bien que has podido hacer; y Lázaro padeció, durante la suya, las penas a que ha podido hacerse acreedor por sus faltas.

469

Muchos han considerado este pasaje del Evangelio como la historia de un hecho realmente acaecido; sin embargo, es mucho más probable que es una parábola, pero no por eso deja de ser menos terrible su sentido.

470

Cuando cenó Jesús en Bethania, seis días antes de su Pasión.

471

Para muerte que deba durar hasta la resurrección gneral, como la de los otros hombres; porque debía recobrar la vida poco después. (San Agustín)

472

La enfermedad no es, por lo común, un indicio de la cólera de Dios, puesto que también la envía a aquellos a quienes ama

473

Ya hemos dicho que los judíos dividían el día en doce horas desde que salía el sol hasta que se ponía.

474

Jesucristo compara el tiempo de su vida a un día, cuyas horas están todas contadas, sin que el poder de todos los hombres alcance a poderlas abreviar ni un solo momento.

475

La muerte en la Escritura, principalmente la de los justos, es llamada frecuentemente un sueño: porque en ellos no debe ser mirada como pena, sino más bien como un reposo y cesación de las miserias y trabajos de la vida.

476

Como una media legua.

477

Jesucristo viendo a Marta preocupada únicamente en las cosas de la tierra, la eleva a otros pensamientos más altos, cuales son la resurrección y la vida del alma.

478

Con una fe viva y acompañada de caridad.

479

No morirá para siempre: la muerte será para él un estado transitorio, del que pasará a otro para no morir nunca. (Bossuet)

480

Verás un efecto del poder que tengo como Dios, y que hará que me glorifiquen los hombres.

481

Los profetas resucitaron a algunos muertos; pero nunca hablaron a la muerte de un modo tan imperioso. (Bossuet)

482

La respuesta natural era la siguiente: Hay que creer en él, pero si creemos, ya no seremos nada, y prefieren resistir a Dios antes que renunciar a su imperio. (Bossuet)

483

Este es uno de esos profundos misterios en que los juicios de Dios deben parecernos más impenetrables, porque no podemos alcanzar en qué puede fundarse esta necesidad. La única razón que podemos tener presente para ello, es la iniquidad del mundo, de la cual sabe Dios sacar su gloria cuando le place, pero cuyo curso no tiene por conveniente detener siempre, valiéndose para ello de los medios extraordinarios que su omnipotencia le suministra. (Bourdaloue)

484

Esto es, inducir al pecado, con el ejemplo o de otro modo cualquiera, a aquellos que están poseídos de la inocencia y candor de los niños.

485

Interiormente debemos perdonar en el instante mismo en que se nos ofende, sin esperar a que llegue el arrepentimiento; en la conducta exterior a veces es bueno y legítimo manifestarse severo hasta que el otro se arrepienta, pero en cuanto esto se efectúa, se debe perdonar sin más tardanza.

486

Parece que Jesucristo se volvió otra vez de Efrem a Galilea: el Evangelio no lo dice, pero lo da a entender suficientemente, indicando el itinerario que siguió Jesús para volver a Jerusalén, a mediados del mes de marzo, para la última pascua.

487

La versión siriaca dice así: Y los otros nueve ¿por qué no han venido contigo?

488

Esto es, el reino del Mesías, que los judíos creían vendría acompañado de mucha pompa y magnificencia exterior.

489

Con el aparato temporal que os habéis figurado.

490

Vendrá una época de aflicción y de tinieblas espirituales en la cual desearéis disfrutar, aunque sea por un solo día, de la presencia visible del Hijo del hombre, pero entonces habrá que vivir de la fe y de la privación de esos consuelos exteriores.

491

Por grande que sea la semejanza entre este pasaje de San Lucas y lo que dice San Mateo acerca de la ruina de Jerusalén y del juicio final, no deben reunirse, como se ha hecho, en un solo y único relato: el tiempo, lugar y circunstancias son muy diferentes. En San Mateo, Jesucristo se halla en el monte del Olivar, hablando a algunos de sus discípulos con el fin de que estén alerta: aquí el Hijo de Dios habla a los fariseos en presencia de todos sus discípulos, y les declara que su segunda venida es la que llamará su atención, y no la primera.

492

Acordaos que el Señor la castigó por haberse vuelto a mirar atrás, contra la expresa orden de Dios, a causa de la pena que sentía dejando sus bienes en Sodoma.

493

Así como las águilas saben hallar el cuerpo que debe servirles de alimento, así los escogidos sabrán hallar al que debe darles la vida eterna.

494

El que no reciba las verdades del Evangelio con la sencillez de un niño, no formará parte de la Iglesia.

495

Si me llamas bueno, me reconoces por el Mesías, y que soy Dios y hombre juntamente, porque ninguno hay bueno sino Dios.

496

Locución proverbial para decir que una cosa es naturalmente imposible. Algunos hallando más proporcionada la comparación, entienden por la voz camelus, el cable o maroma, con que se atan las áncoras en los navíos. Otros creen que era un apuerta que había en Jerusalén llamada el agujero de una aguja, por la cual no podía entrar un camello sino es de rodillas, y dejada la carga; y que del mismo modo los ricos no pueden entrar por la puerta estrecha, que conduce a la vida, sino depuesta la carga de las riquezas. Pero la interpretación que damos es la más común, puesto que para Dios nada hay imposible, pudiendo hacer, que los ricos guarden los divinos mandamientos; que den liberalmente y con alegría a los pobres de lo que tienen; que no sean soberbios; y que cuiden de hacerse ricos en toda suerte de buenas obras. D. Paul, I ad Timoth., VI, 17.

497

Con tal que no tenga que llenar indispensables deberes de familia, ni que cumplir con graves y legítimos compromisos.

498

Quiere decir que Dios desde esta vida le colmará de riquezas y consuelos espirituales, que serán para él una superabundante remuneración de las ventajas temporales a que haya renunciado.

499

Véase en el capítulo VI la explicación de las horas entre los hebreos.

500

El padre de familias, es el Padre Eterno; la viña es la religión; la plaza pública es toda la tierra; los trabajadores son los hombres, que todos están obligados a trabajar por la gloria de Dios y en beneficio de su salvación; las diferentes horas del día son las varias épocas en que Dios ha hablado a los hombres: en la primera hora habla a Adán; en la de tercia se dirige a Noé; en la de sexta llama a Abraham; en la de nona, se dirige a Moisés y a los israelitas, y en la de vísperas habla por medio de Jesucristo a todos los pueblos de la tierra. (San Gregorio Papa). La venida de la noche es la consumación de los siglos; el mayordomo es Jesucristo, encargado por su Padre de juzgar a todos los hombres, dándole a cada uno según sus obras, y el denario es la vida eterna que se debe ganar en la vida presente. En las murmuraciones que dejan oír algunos, el Salvador alude a los celos que animaban a la sazón a los judíos, como si les hubiese dicho: Si os irritáis ya porque vengo para llamar a las naciones, ¿qué será cuando veáis que esas naciones idólatras reciben tanto como vosotros, y antes que vosotros? Además, esta parábola se puede aplicar a cada uno de nosotros en particular; la mañana para nosotros, es nuestra infancia; la hora de tercia es la adolescencia; la de sexta es la juventud, que encierra el ardor de la vida en toda su fuerza; la de nona es la edad madura, y la de vísperas, próxima a la llegada de la noche, es la vejez. (San Juan Crisóstomo)

501

Esto es, aquellos que han sido llamados los primeros, no recibirán su recompensa sino después de las naciones paganas convertidas al Evangelio, porque entre la muchedumbre de los primeros llamados, pocos han satisfecho al amo que les empleó: non in pluribus eorum beneplacitum est Deo, como dice San Pablo.

502

Con Jesús iban no solamente los doce Apóstoles, sino también un crecido número de discípulos, así como su Madre y otras santas mujeres, las que sin duda le seguían a cierta distancia, formando un grupo separado, como se practicaba entre los judíos en las peregrinaciones religiosas.

503

Porque estaban llenos de la idea de un reino temporal cuyo jefe sería Jesucristo, y así no podían imaginarse ni tanto oprobio, ni una muerte real y verdadera.

504

Jesús habla del cáliz de sus padecimientos y del bautismo de su sangre.

505

En efecto Santiago murió a manos de Herodes, y San Juan fue desterrado a la isla de Patmos, a causa del nombre de Jesucristo, después de haber sido echado en una caldera de aceite hirviendo delante de una puerta de Roma.

506

En el testo griego falta a vosotros.

507

Aunque Jesucristo murió por todos los hombres, no todos, sin embargo, reciben los beneficios que resultan de su muerte; sólo reciben estos beneficios, aquellos a quienes son aplicables los méritos de su Pasión.

508

Este ciego no pide riquezas, sino luz. Sírvanos su ejemplo para pedir al Señor, no bienes perecederos, sino la luz de la fe, y esa luz inefable a cuyo beneficio los escogidos ven a Dios en toda su gloria. (San Gregorio el Grande)

509

Como habían oído decir a Jesús que había venido a buscar y a salvar lo que había perecido, y como le veían en camino hacia Jerusalén para cumplir allí una misión muy elevada, se figuraban cada vez más que iba a levantar de sus ruinas el reino de Israel.

510

Este hombre noble es el mismo Jesucristo; la tierra distante es la Judea, adonde había bajado, y la cual le dijo: No tenemos más rey que el César.

511

Llamábase mina a una libra ática, que constaba de cien dracmas y estas contenían doce onzas y media, y valían ciento y sesenta dos reales vellón.

512

Con estas palabras da Jesús a entender que no se trata de un reino temporal como muchos se lo figuraban.

513

Dos veces hemos explicado ya el sentido de estas palabras.

514

Así fue ejecutado por las armas de los romanos, que castigaron a los judíos rebeldes delante del altar y del templo. Puede esto entenderse también de la sentencia contra los réprobos, que no han querido someterse al imperio de Jesucristo.

515

San Mateo que no ha hablado nada del ciego que fue curado antes de la entrada de Jesús en Jerichó, reúne en su narración ambos milagros.

516

Así pues Lázaro no había vuelto a la vida en apariencia y por sólo algunos instantes, como algunos filósofos suponen, sino que recobró la vida verdadera, y todos los ejercicios propios de la salud.

517

Los judíos y los pueblos del Asia acostumbraban a ungir así a todos los personajes de distinción. (San Jerónimo)

518

El ejemplo de la piedad de estas santas mujeres ha llenado la Iglesia de su buen olor. (Bossuet)

519

Para obscurecer de este modo el milagro de su resurrección, mostrando al menos que el Salvador no había podido conservarle en vida largo tiempo, como si con esta clase de muerte hubiesen podido atar las manos a Dios. (Bossuet)

520

El domingo, cinco días antes de la Pasión.

521

Hosanna, palabra hebrea, que quiere decir salvad, yo os ruego. Era una fórmula de bendición, que se aplicaba cuando se deseaba bien a alguno.

522

Véanse más adelante las explicaciones de Bossuet sobre este punto.

523

Sobre las ropas o vestidos que habían puesto. Esto era señal de honra y reconocimiento de un nuevo rey. Otros entienden sobre el asna y sobre el pollino; no al mismo tiempo, porque ni esto era posible ni decente, sino sobre uno de ellos y más bien sobre el pollino, como lo creyó San Jerónimo, y como parece inferirse de San Marcos, San Lucas y San Juan que sólo hablan del pollino.

524

Esto es, a la ciudad de Jerusalén.

525

En que has sido visitada: en que Dios se te ha manifestado en mi persona, convidándote con su gracia, y perfecta reconciliación.

526

En el atrio del templo, como ya hemos dicho en los capítulos antecedentes.

527

Véanse en el capítulo VII las reflexiones que hace San Jerónimo sobre esta manifestación del poder del Salvador.

528

Y por consiguiente en ningún caso y bajo ningún pretexto puede transformarse en un lugar de tráfico.

529

Estas palabras se hallan en el salmo VIII, y como los Salmos estaban en uso entre los judíos, la respuesta del Salvador no tenía réplica.

530

El Hijo de Dios indica a sus discípulos por medio de esta parábola, que los gentiles le conocerán después de su muerte: y por lo que sigue inmediatamente insinúa que sus Apóstoles deberán predicarles su palabra, a costa de su sangre y de su vida.

531

Jesucristo indica con esto su Pasión, y se turba con el horror de su suplicio.

532

Por la ley, se deben entender los Profetas y toda la Sagrada Escritura.

533

Ya sabía que no hallaría nada, pero tomaba aquel pretexto para instruir a sus discípulos.

534

Los vendedores, arrojados la víspera, habían vuelto al otro día, instigados sin duda por los príncipes de los sacerdotes y los fariseos.

535

Esto es, que lleva a la vida eterna a aquellos que fielmente se someten a él.

536

Figura que emplea para grabar mejor en el ánimo de sus discípulos, la verdad de que, con la fe, se vencen los obstáculos más difíciles en apariencia.

537

Con tal de que sea legítima nuestra demanda, esto es, que tenga por fin la gloria de Dios, nuestra salvación y el bien de nuestros hermanos.

538

Quiere decir: Cuando oráreis estad bien persuadidos de que Dios puede hacer lo que le pedís, y que su bondad infinita os lo concederá cuando llegue el día.

539

Ni se debe tener una confianza ilimitada en las palabras de los que prometen mucho, ni tampoco se debe desesperar de aquellos que parecen rebeldes a todo. A veces los grandes crímenes están menos lejos de la penitencia, que esa insulsa e ineficaz política, por la cual nos creemos obligados a prometer muchas cosas sin un verdadero deseo de cumplirlas.

540

El padre de familias, es Dios; la viña es la nación judía; la torre con el lagar, es el templo de Jerusalén con los sacrificios que en él se ofrecían; los labradores son los magistrados y los doctores, a quienes había el Señor encomendado el gobierno de la nación; los siervos enviados a los labradores, son los profetas, y le hijo, es Jesucristo, que fue muerto fuera de Jerusalén.

541

Comprendiendo entonces los príncipes de los sacerdotes que le oían, que Jesucristo hablaba de ellos.

542

Jesucristo desechado como una mala piedra por los jefes del pueblo judío encargados de trabajar en el edificio del Señor, se ha vuelto la piedra angular o fundamental del mismo edificio.

543

Se os quitará la verdadera religión, el honor de ser el pueblo de Dios, y será dado a los gentiles.

544

Las bondas son la alianza de Jesucristo, Hijo de Dios, con su Iglesia; los siervos que fueron a buscar a los convidados, son los profetas enviados diferentes veces a los israelitas, quienes se negaron a oírles o los mataron.

545

Los romanos, enviados a la Judea, por la cólera de Dios, mataron allí más de un millón de hombres, hicieron noventa mil prisioneros, quemaron el templo y la ciudad, y dispersaron los restos de esta nación culpable.

546

Esto es, que no había querido, o no se había acordado de ponerse la vestidura de boda que daba el rey a los que se sentaban a su mesa, como era costumbre antigua entre los orientales.

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