Jesucristo:
1. Hijo, Yo soy el Señor, que conforto en los momentos difÃciles.
Ven a MÃ cuando no te encuentres bien.
Lo que principalmente impide mi visita
es tu tardanza en volver a la oración.
Porque antes de rogar con atención
buscas satisfacciones ajenas y te recreas en lo exterior.
De ahà viene que todo te aproveche poco
hasta que adviertas que Yo soy quien libro a los que esperan por MÃ;
fuera de Mà no hay auxilio que valga, ni consejo útil, ni remedio duradero.
Pero ahora, con el espÃritu recobrado después de la tempestad
debes rehacerte a la luz de mi misericordia
porque Yo estoy cerca para restaurar todas las cosas no sólo Ãntegramente sino abundante y sobradamente.
2. ¿Acaso hay algo difÃcil para MÃ
o voy a ser como los que dicen y no hacen?
¿Dónde está tu fe?
Manténte firme y perseverante.
Sé animoso y valiente
que llegará a su tiempo la consolación.
Espérame, espera que venga y te curaré (Mt 8,7).
Es una prueba la que te atormenta
y un miedo sin base el que te aterroriza.
¿Qué importa la preocupación sobre situaciones futuras
sino para tener tristeza sobre tristeza?
Bástale a cada dÃa su propia molestia (Mt 6,34).
Es vano e inútil desconcertarse o alegrarse por el futuro que quizás nunca llegue.
3. Pero es propio del ser humano
dejarse engañar por la imaginación
y es signo de pusilanimidad
dejarse llevar tan fácilmente por las sugestiones del enemigo.
El no se cuida de que sea verdadero o falso
lo que utiliza para engañarnos o distraernos
y si nos derriba con el amor a lo inmediato o el temor al futuro.
No vaya a confundirse tu corazón, ni se atemorice,
cree en MÃ y confÃa en mi misericordia.
Cuando piensas que estás lejos de mÃ,
con frecuencia estoy más cercano.
Cuando consideras que casi todo está perdido
entonces, muchas veces, se hace más presente la ganancia.
No todo está perdido
cuanto te sucede alguna cosa contraria.
No debes juzgar según la impresión del momento
ni dejarte molestar o angustiar con cualquier contrariedad que te venga
como si se hubiera eliminado toda esperanza de surgir.
4. No pienses que has sido abandonado del todo
aunque a veces te envÃe una aflicción
o también te sustraiga el consuelo deseado;
asà se camina al Reino de Dios.
Y sin duda te conviene más a ti y a todos mis servidores
ejercitarse en las adversidades que si todo sucediera a su gusto.
Yo conozco el secreto,
y sé que conviene mucho para tu aprovechamiento que a veces te quedes desconsolado para que no te envanezcas en la prosperidad
ni quieras complacerte en ti mismo por lo que no eres.
Lo que te di, te lo puedo quitar
y restituÃrtelo cuando me agrade.
5. Cuando te lo dé, es mÃo:
cuando te lo quite, no te quito lo tuyo
porque es mÃo todo bien que se otorga y todo don perfecto (Stgo 1,17).
Si te envÃo pesadumbre o cualquier contrariedad,
no te indignes ni decaiga tu corazón.
Yo pronto puedo levantarlo
y convertir cualquier carga en gozo.
Sin embargo, siempre soy justo y digno de reconocimiento cuando actúo asà contigo.
6. Si entiendes bien y lo miras a la luz de la verdad
nunca te debes entristecer ni decaer tanto por las adversidades sino más bien alegrarte y agradecer considerando como único motivo de gozo que afligiéndote con dolores, no te perdono(***).
Como me amó mi Padre, asà los amo a ustedes (Jn 15,9)
dije a mis queridos discÃpulos:
a los que, por supuesto, no los envié a gozar del mundo sino a grandes combates;
no a ser reconocidos sino despreciados;
no a la ociosidad sino al trabajo;
no al descanso sino a cosechar mucho fruto de paciencia.
Acuérdate, hijo mÃo, de estas palabras.
DiscÃpulo:
1. Señor, de veras necesito todavÃa mayor gracia
si debo llegar a donde nada ni nadie me pueda detener.
Porque, mientras alguna cosa me retenga
no puedo libremente volar a Ti.
QuerÃa libremente volar el que decÃa:
¿Quién me dará alas como de paloma para que vuele y repose? (Sal 55,7)
¿Qué hay más quieto que la recta intención?
¿Quién más libre que el que nada desea en el mundo?
Conviene, pues, transitar a través de lo creado
y olvidarse completamente de sà mismo,
y elevarse mentalmente por encima de todo
para verte a Ti, Creador de todo, que eres diferente de las criaturas.
Y si alguien no se despega de todas las criaturas,
no podrá libremente dirigirse a lo divino.
Por eso se encuentran pocas personas contemplativas
porque son raros los que saben separarse plenamente de lo perecedero y de las criaturas.
2. Para esto se requiere mucha gracia
que levante el espÃritu y lo eleve sobre sà mismo.
Pero si no eleva espiritualmente a la persona
y la libera de todo lo creado, uniéndola Ãntegramente a Dios,
es de poca estima todo lo que sabe o tiene.
Mucho tiempo será insignificante y caÃdo
quien mucho estima algo distinto al Único inmenso y eterno Bien.
Y lo que no es Dios, nada es, y asà debe considerarse.
Existe una gran diferencia
entre la sabidurÃa de una persona inspirada y devota
y los conocimientos librescos de los estudiosos.
Mucho más noble es la doctrina que viene de lo alto por influencia divina
que la adquirida trabajosamente con el ingenio humano.
3. Se encuentra a muchos que desean la contemplación
pero no se esfuerzan por practicar lo que conduce a ella.
Es gran impedimento fijarse en señales y cosas sensibles
y descuidar la perfecta mortificación.
No sé qué será, qué espÃritu nos conduce y qué pretendemos
quienes somos considerados como personas espirituales
que tanto trabajo y tan amplia dedicación ponemos en obtener cosas transitorias y rastreras
y apenas rara vez nos recogemos en nosotros mismos para pensar en nuestro interior.
4. ¡Qué lástima!
Inmediatamente después de un módico recogimiento salimos fuera
de nosotros
sin haber examinado nuestras acciones rigurosamente.
No miramos dónde tenemos puestos nuestros afectos
ni deploramos lo contaminados que están.
Todo ser viviente habÃa corrompido su camino (Gn 6,12)
y por eso sobrevino el gran diluvio.
Como nuestros afectos están muy corrompidos
es lógico que las actividades, carentes de vigor interior, también se corrompan.
Del corazón puro procede el fruto de la vida santa.
5. Se examina cuánto hace cada uno
pero no se piensa cuidadosamente de cuánta virtud procede.
Se investiga si alguno es vigoroso, rico, hermoso, hábil, o buen escritor, buen cantor, buen investigador
pero no se habla de muchos que son pobres de espÃritu, pacientes y buenos, devotos y atentos a la vida interior.
La naturaleza mira el exterior de las personas
la gracia se ocupa del interior;
la naturaleza con frecuencia se equivoca;
la gracia espera en Dios, para no ser engañada.
Jesucristo:
1. Hijo no puedes poseer perfecta libertad
si no tienes total abnegación.
Encarcelado están todos los poseedores y amantes
de sà mismos, codiciosos, noveleros e inestables
que siempre buscan su comodidad y no a Jesucristo, sino que siempre fingen y organizan lo que no durará.
Se perderá, pues todo lo que no proviene de Dios.
Retén esta frase breve y exacta:
Déjalo todo y lo encontrarás todo
abandona los malos deseos y encontrarás la calma.
Reflexiona en esto
y cuando lo practiques entenderás todas las cosas.
DiscÃpulo:
Señor, éste no es trabajo de un solo dÃa ni juego de niños
antes en esto tan breve se encuentra incluida
toda la perfección religiosa.
Jesucristo:
2. Hijo, no debes apartarte ni decaer tan pronto
al conocer el camino de los perfectos
sino más bien animarte a lo más alto
o al menos, aspirar a ello en tus deseos.
Ojalá te suceda asÃ
y llegues a no ser más amante de ti mismo.
Si estuvieras dispuesto siempre a cumplir mi voluntad
y la del superior que te he dado
entonces me agradarÃas mucho
y toda tu vida transcurrirÃa con alegrÃa y paz.
TodavÃa te queda mucho por dejar
que si no abandonas Ãntegramente por MÃ
no obtendrás lo que pides.
Te persuado a que me compres oro puro
para que seas rico (Ap 3,18).
Apártate de la sabidurÃa meramente humana
y de toda natural y propia complacencia.
Yo te he dicho que es necesario adquirir
las cosas más despreciables según el parecer humano,
con las que se consideran valiosas y excelentes porque muy despreciable y pequeña
parece la verdadera sabidurÃa celestial;
no se cree gran cosa ni busca que la alaben los demás;
está en los labios de muchos pero apartada de sus vidas siendo una perla preciosa escondida para muchos.
Jesucristo:
1. Hijo; no le creas al deseo que ahora tienes,
muy pronto se cambiará en otro.
Mientras vivas
estarás sujeto al cambio aunque no quieras;
porque a veces te encontrarás alegre, a veces triste,
unas veces tranquilo, otras perturbado,
unas veces devoto, otras sin devoción,
a veces atento, a veces descuidado,
a veces pesado, a veces liviano.
Pero la persona sabia y bien instruida en el espÃritu
se mantiene firme por encima de todo lo cambiante.
No atiende a lo que siente dentro de sÃ
o de qué parte sopla el viento de la inestabilidad
sino a dirigir toda la intención de su mente
hacia el debido y deseado fin.
Porque asà puede uno permanecer siempre el mismo
e ileso en medio de tan diversos sucesos
dirigiendo a MÃ sin cesar,
la mirada de su incontaminada intención.
2. Mientras más pura sea su intención
más constante irá entre tantas tempestades.
En muchas cosas se oscurece la mirada de la pura intención
porque se observa fácilmente lo que se presenta como agradable
y asà es raro quien se encuentra libre de la mancha de su propio interés.
Asà los judÃos en otro tiempo, fueron a Betania
donde Marta y MarÃa
no solamente por Jesús
sino más bien para ver a Lázaro (Jn 12,9).
DiscÃpulo:
1. ¡Aquà está mi Dios y mi Todo!
¿Qué más quiero
y qué mayor felicidad puedo desear?
Frase excelente y agradable
para quienes aman al Señor
no al mundo ni a lo que hay en el mundo.
¡Dios mÃo Tú eres todo para mÃ!
A quien entiende le basta lo dicho
y repetirlo muchas veces es un gusto para los que aman.
Porque cuando Tú estás presente, todo es agradable
cuando Tú estás ausente todo causa fastidio.
Tú das tranquilidad al corazón, gran paz y alegre festejo.
Tú haces sentir bien de todos y alabarte por todos;
nada puede causar placer sin Ti.
Pero si debe agradecerse y sentirse bien
es imprescindible que tu gracia esté presente
y se sazone con tu propio sabor.
A quien Tú agradas ¿qué no le sabrá bien?
y a quien no siente tu sabor ¿qué le podrá agradar?
Pero los sabios de este mundo y los que saborean los bajos placeres
se pierden en tu sabidurÃa
porque en eso hay un gran vacÃo y allà se encuentra la muerte.
En cambio quienes te siguen, despreciando lo mundano
y dominando sus instintos,
son reconocidos como auténticos sabios
porque pasan de la vanidad a la verdad
y de lo material a lo espiritual.
Estos aprecian a Dios
y cualquier cosa buena que encuentran en la Creación toda la orientan en alabanza a su Creador.
Sin embargo es diferente y muy diferente el sabor del Creador y de lo creado
de la Eternidad y del tiempo limitado
de la Luz no creada y de la luz reflejada.
3. ¡Luz perpetua que supera a todas las luces creadas envÃa desde lo alto el resplandor que penetre hasta lo más Ãntimo de mi corazón!
Purifica, alegra, ilumina y vivifica mi espÃritu con todas mis facultades para que me una contigo con el máximo júbilo.
¿Cuándo llegará este bendito y deseado momento
en que me sacie tu presencia
y seas todo para mÃ?
Mientras esto no suceda
no tendré felicidad completa.
¡Qué pena! TodavÃa vive en mà el hombre viejo
no está del todo crucificado, no ha muerto definitivamente,
todavÃa tiene fuertes deseos contrarios al espÃritu,
todavÃa pelea internamente
y no soporta que esté en paz el gobierno del alma.
4. Pero Tú, que puedes dominar el mar
y calmar el movimiento de sus olas
dispersa a la gente que quiere la guerra,
doblégala con tu poder,
manifiesta tus maravillas
para que tu Mano sea glorificada
porque no hay otra esperanza ni refugio para mÃ
sino en Ti, Señor Dios mÃo.
Jesucristo:
1. Hijo, nunca te sientas seguro en esta vida
porque mientras vivas
necesitas siempre armas espirituales.
Estás entre enemigos
y te atacan a derecha e izquierda.
Si no utilizas por todas partes el escudo de la paciencia
y no fijas tu corazón en MÃ
con la voluntad dispuesta a padecer todo por MÃ
no podrás soportar este fuego ni obtener el premio de los Santos.
Te conviene pues, atravesar todo valientemente
y luchar con energÃa contra lo que se te oponga.
Porque al vencedor se le dará el maná (Ap 2,17)
y al flojo le quedará mucha miseria.
2. Si buscas descanso en esta vida,
¿cómo llegarás entonces al descanso eterno?
No te prepares a mucha tranquilidad
sino a gran paciencia.
Busca la auténtica paz en el Cielo, no en la Tierra,
no en los seres humanos ni en las demás criaturas
sino en Dios sólo.
Por amor a Dios debes sobrellevar todo de buena gana,
las pesadumbres y los dolores
las tentaciones, ofensas, ansiedades, necesidades,
enfermedades, injurias, murmuraciones,
represensiones, humillaciones, equÃvocos, correcciones y menosprecios.
Estas cosas ayudan a la virtud,
prueban al soldado de Cristo
y confeccionan la corona del Cielo.
Yo otorgaré favores eternos por un pequeño trabajo
y gloria infinita por un desconcierto pasajero.
3. ¿Piensas acaso que siempre tendrás consolaciones espirituales según tu voluntad?
Mis santos no las tuvieron siempre
sino más bien muchas pesadumbres,
variadas tentaciones y gran desolación.
Pero las soportaron todas con paciencia
y confiaron más en Dios que en sà mismos
conocedores de que no son proporcionales los padecimientospresentes a la futura gloria prometida.
¿Pretendes tú tener al instante
lo que muchos después de muchas lágrimas y grandes esfuerzos apenas consiguieron?
Espera en el Señor, trabaja vigorosamente
y serás reconfortado; no desconfÃes, no huyas sino ofrécete constantemente en cuerpo y alma por la gloria de Dios.
Yo te recompensaré completamente;
Yo estaré contigo en cualquier dificultad (Sal 91,15).
Jesucristo:
1. Hijo, arroja fuertemente tu corazón en el Señor
y no temas los juicios humanos
cuando la conciencia te declare bueno y sin falta.
Es aceptable y bendito padecer estas cosas
y no es intolerable al corazón humilde
que confÃa más en Dios que en sà mismo.
Muchos hablan demasiado
y por eso se les debe creer poco;
porque satisfacer a todo el mundo no es posible.
Aunque San Pablo se esforzó por satisfacer a todos en el Señor,
y se hizo todo para todos,
sin embargo no dio la menor importancia al ser juzgado por ellos.
Hizo cuanto estaba de su parte y podÃa por la edificación y la salvación ajena,
pero no pudo librarse de ser juzgado
o despreciado algunas veces.
Por eso todo lo encomendó a Dios,
que lo conoce todo y se defendió con paciencia
y humildad de los que hablaban mal de él y
le dirigÃan pensamientos infundados y mentirosos de la manera que querÃan.
No obstante, respondió algunas veces
para evitar que los débiles se escandalizaran de su silencio.
2. ¿Por qué les temes a seres mortales?
Hoy están, y mañana no aparecen.
Teme a Dios
y no te espantarás de los hombres.
¿Qué te pueden hacer con palabras e insultos?
A ellos les hace más daño que a ti
porque, sean quienes sean, no podrán escaparse del juicio de Dios.
Tú, ten a Dios presente
y no combatas contra las palabras quejosas.
Si ahora parece que sucumbes
y padeces la humillación que no merecÃas
no te indignes por eso
no sea que por tu impaciencia disminuyas tu premio; mÃrame bien a MÃ en el Cielo
porque tengo poder para liberarte de toda confusión y ofensa
y dar a cada uno según sus obras (Rm 2,3).
Jesucristo:
1. Hijo, déjate a ti
y me encontrarás a MÃ.
Vive sin escoger y apropiarte de las cosas
y ganarás siempre.
Porque se te adjudicará gracia más amplia
en cuanto te entregues y no te retraigas.
DiscÃpulo:
2. Señor, ¿cuantas veces me entregaré?
¿en qué deberé abandonarme?
Jesucristo:
3. Siempre y a toda hora.
Igual en lo poco que en lo mucho.
Sin exceptuar nada,
porque en todo te quiero encontrar libre.
De otro modo ¿cómo podrás ser todo mÃo y Yo tuyo
si no se te quita la propia voluntad, interna y externamente?
Cuanto antes hagas esto, tanto mejor te irá,
y cuanto más completa y sinceramente,
tanto más me agradarás y más ampliamente ganarás.
Hay quien se entrega
pero con alguna excepción:
no confÃa pues plenamente en Dios
y trabaja en proveerse a sà mismo.
Hay quien primero se ofrece totalmente
pero después, presionado por la tentación,
regresa a sus propios intereses
y progresa poquÃsimo en la virtud.
Estos nunca arribarán
a la verdadera libertad del corazón puro
ni a la feliz compañÃa de mi gracia
si no vuelven a la total entrega
y cotidiana inmolación que prometieron primero
sin lo cual no pueden gozar ni gozarán de la unión conmigo.
4. MuchÃsimas veces te dije, y ahora te repito:
Entrégate, abandónate
y gozarás de gran paz interior.
Dalo todo por el Todo:
nada busques, nada exijas
estabilÃzate simplemente y sin dudar en MÃ
y me tendrás.
Serás libre de corazón
y la oscuridad no te ofuscará.
A esto dirige tus esfuerzos, por esto reza, esto desea:
poder verte libre de toda propiedad
y desnudo seguir a Jesús desnudo,
morir a ti mismo
para vivir eternamente para MÃ.
Entonces se desvanecerán todas las vacÃas imaginaciones,
las perturbaciones inicuas y los cuidados superfluos.
Entonces también desaparecerá el temor exagerado
y morirá el amor desordenado.
Jesucristo:
1. Hijo, en cualquier parte
y en toda actividad u ocupación externa,
debes procurar con ahÃnco
ser libre interiormente y dueño de ti mismo
y que todas las cosas estén sometidas a ti, y no tú bajo ellas;
para que seas señor y director de todas ellas,
no esclavo ni vendido
sino más bien como los liberados y verdaderos hebreos
que pasan a la condición de hijos de Dios;
que están por encima de las realidades presentes y esperan las futuras;
que miran despectivamente las cosas transitorias
y con interés las del cielo,
que no se dejan dominar por las presentes
sino que más bien ellos las atraen para utilizarlas con provecho
porque están orientadas a Dios
e instituidas por el supremo ArtÃfice
que no dejó nada sin objetivo en la creación.
2. Si estás firme en todo acontecimiento
y no juzgas de él según la apariencia externa
ni consideras sin fe lo que ves u oyes
sino que en cualquier situación
entras, como Moisés, en el tabernáculo, para consultar al Señor,
oirás a veces la divina respuesta
y regresarás instruido sobre muchas cosas presentes y futuras.
Siempre pues recurrió Moisés al tabernáculo
en dudas y problemas
y acudió al auxilio de la oración
para sustraerse de los peligros y las maldades de las personas.
AsÃ, tú debes penetrar en lo más secreto de tu corazón
implorando intensamente la ayuda de Dios.
Por eso se lee que Josué y los hijos de Israel
fueron engañados por los gabaonitas
porque no consultaron primero con Dios
sino que, demasiado crédulos de palabras suaves
fueron embaucados por falsa piedad.
Jesucristo:
1. Hijo, encomiéndame siempre tus asuntos:
Yo los arreglaré bien y oportunamente.
Espera lo que yo disponga
y sentirás que es para tu provecho.
DiscÃpulo:
2. Señor, con mucho gusto te encomiendo todo lo mÃo
porque de poco sirve mi cuidado.
¡Ojalá que no me preocupen demasiado los futuros sucesos, sino que me ofrezca sin demora a tu voluntad!
Jesucristo:
3. Hijo, muchas veces el hombre busca con vehemencia lo que desea,
pero cuando lo consigue,
comienza a pensar distinto, porque las aficiones a las mismas cosas no son duraderas sino que nos llevan de una a otra.
4. El verdadero provecho de la persona
consiste en el renunciamiento de sà mismo
y quien es abnegado
tiene gran libertad y seguridad.
Pero el antiguo enemigo y adversario de todos los buenos
no cesa de tentar
sino que de dÃa y de noche trama graves insidias
para hacer caer en el lazo a los incautos, si pudiese.
Estén despiertos y oren, dice el Señor,
para que no caigan en la tentación (Mt 26,41).
DiscÃpulo:
1. Señor ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
o el hijo del hombre para que lo visites? (Sal 8,5).
¿Qué ha merecido el hombre
para que le des tu gracia?
Señor ¿de qué me puedo quejar si me dejas?
o ¿qué puedo exigir con justicia, si no haces lo que pido?
De hecho, sólo puedo pensar y decir de verdad lo siguiente:
Señor, nada soy, nada tengo, nada bueno hago,
sino que fallo en todo y siempre tiendo a la nada.
Y, si no soy ayudado e interiormente orientado por Ti,
me convierto totalmente en tibio y descuidado.
2. Tú, Señor, en cambio, eres siempre el mismo
y eternamente permaneces siempre bueno, justo y santo;
bien, justa y santamente realizas todo
y lo dispones con sabidurÃa.
Pero yo, que soy más proclive a lo defectuoso que a lo perfecto
no puedo permanecer siempre estable
y cambio siete veces cada dÃa.
Pero después me va mejor, cuando a Ti te parece
y me ofreces tu mano para ayudarme
porque Tú solo, sin solicitud humana, puedes auxiliarme
y reforzarme para que no vaya mi atención a uno y otro lado si no que a Ti solo se convierta mi corazón y descanse.
3. Por lo cual, si yo supiera desechar bien toda satisfacción
humana ya sea por la expectativa de la devoción
o por la necesidad que me impulsa a buscarte
porque no hay ser humano que me consuele
entonces, con razón, podrÃa esperar tu gracia
y alegrarme por el don de tu nueva visita.
4. Gracias a Ti, de quien todo viene
cada vez que algo bueno me sucede.
Yo soy vacÃo y nada ante Ti,
soy persona inconstante y débil.
¿De qué puedo alabarme
o por qué deseo ser reconocido?
¿Acaso por nada?
Esto es de los más inútil.
Verdaderamente, el prestigio infundado es una mala peste,
vanidad máxima que nos aparta de la verdadera gloria
y nos despoja de la gracia celestial.
Cuando alguno se agrada a sà mismo,
desagrada a Dios;
cuando aspira a las alabanzas humanas,
se priva de la verdadera virtud.
5. La verdadera gloria y alegrÃa santa
consiste en gloriarse en Ti y no en sà mismo
gozarse en Tu Nombre, no en la propia virtud
y no deleitarse en lo creado si no es por Ti.
Alabanza a tu Nombre, no al mÃo;
engrandecidas tus obras, no las mÃas;
bendición a tu santo Nombre
y que no se me atribuyan las alabanzas humanas.
Tú eres mi gloria y la alegrÃa de mi corazón
en Ti me gloriaré y me alegraré todos los dÃas
porque de mi parte no hay de qué, sino de mis debilidades (2Co 12,5).
Busquen los hombres el reconocimiento que se dan mutuamente.
Yo buscaré solamente el reconocimiento que viene de Dios.
Todo prestigio humano, todo honor pasajero,
toda exaltación mundana,
comparada con tu eterna gloria es vanidad y necedad.
¡Verdad mÃa y misericordia mÃa, Dios mÃo, Santa Trinidad,
sólo a Ti la alabanza, el honor, el poder y la gloria por los infinitos siglos de los siglos!
Jesucristo:
1. Hijo, no te deprimas
si ves rendir homenaje y promover a otros
mientras a ti te desprecian y humillan.
Eleva tu corazón hacia Mà en el Cielo
y no te entristezca el desprecio de los hombres de la Tierra.
DiscÃpulo:
Señor, estamos ciegos y pronto nos dejamos seducir por la vanidad.
Si me miro con sinceridad
nunca he recibido una ofensa de alguna criatura
por la que pueda en justicia quejarme de Ti.
Pero ya que he pecado contra Ti tan frecuente y gravemente
es razonable que se armen contra mà todas las criaturas.
Por tanto, merezco justamente vergüenza y desprecio
y Tú, en cambio, alabanza, honor y gloria.
Y si no me preparo a recibir con gusto
desprecio y postergaciones por parte de los demás
y a que no me consideren
no podré pacificarme y estabilizarme internamente ni recibir la luz espiritual ni unirme plenamente contigo.
Jesucristo:
1. Hijo, si pones tu paz en otra persona según tu parecer y conveniencia
serás inestable y dependiente.
Pero si recurres a la Verdad siempre viva y abundante
no te entristecerás por el amigo que te abandona o desaparece.
En MÃ debes amar a quien te parezca bueno y muy estimado en esta vida.
Debes estar como muerto a los afectos exclusivistas de los seres más queridos
y en cuanto de ti depende, vivir libre de todo.
Se acerca uno más a Dios
en la medida en que se retira lejos de las satisfacciones presentes.
Se eleva uno más alto hacia Dios
mientras más profundamente desciende dentro de sÃ
y más limitado se considera.
2. Quien se atribuye a sà mismo algo bueno
impide la venida de la gracia de Dios
porque la gracia del EspÃritu Santo
siempre busca el corazón humilde.
Si supieras reconocer perfectamente tu profunda ineptitud
y vaciarte de todo amor egoÃsta
entonces yo te llenarÃa con abundantes gracias.
Cuando Tú miras a lo creado
desaparece de tu vista el Creador.
Aprende a vencer en todo por el Creador
para que seas capaz de alcanzar el conocimiento divino.
Asà sea muy pequeño
lo que amas y consideras inconvenientemente
te retrasa de lo Supremo y te daña.
Jesucristo:
1. Hijo, no te dejes influenciar
por las bellas y sutiles frases de las personas.
El Reino de Dios no consiste en palabras sino en virtudes (1Co 4,20)
Atiende más bien a mis palabras
que encienden los corazones e iluminan las mentes,
conducen al arrepentimiento que lleva a la conversión y proporcionan muchas consolaciones.
Nunca leas cosas para aparentar erudición o sabidurÃa.
Estudia cómo mortificar los vicios
porque esto te será de mayor provecho
que el conocimiento de muchas cuestiones difÃciles.
2. Cuando hayas terminado de leer y conocer muchas cosas
conviene siempre que regreses al principio:
Soy Yo quien enseñó la verdadera ciencia a los hombres
y doy más clara inteligencia a los pequeños que cualquier persona pueda enseñar.
A quien Yo le hablo, pronto será sabio
y aprovechará mucho espiritualmente.
¡Mal para los que inquieren muchas curiosidades
y se ocupan poco del camino de servirme a MÃ!
Llegará el tiempo cuando aparecerá Cristo, Maestro de todos los maestros, y Señor de los ángeles, a oÃr las lecciones de todos, es decir, a tomar examen a las conciencias,
entonces, escudriñará a Jerusalén con linternas,
se descubrirán los secretos de las tinieblas
y callarán los argumentos verbales.
3. Yo soy quien elevo en un instante la mente humilde
para que capte más razones de la verdad eterna
que si hubiera estudiado diez años en centros docentes.
Yo enseño sin estrépito de palabras,
sin divergencia de opiniones, sin lucimientos personales,
sin confrontación de argumentos.
Yo soy quien enseño a despreciar lo contingente,
a buscar lo eterno, a saborear lo eterno,
a huir de los honores, a soportar los tropiezos,
a poner toda la confianza en MÃ, a nada desear
fuera de MÃ, y amarme ardorosamente sobre todo.
4. Y asÃ, amándome uno Ãntimamente,
aprendió cosas divinas y narraba maravillas.
Se aprovecha más dejando todas las cosas
que estudiando sutilezas.
Pero a algunos les hablo de cosas comunes, a otros especiales;
a algunos aparezco dulcemente en señales e imágenes,
a otros les revelo los misterios en medio de gran luz.
Una cosa dicen los libres, pero no enseñan a todos por igual
porque interiormente, yo soy el Maestro de la verdad,
Escudriñador del corazón, Conocedor de los pensamientos,
Promotor de las acciones,
distribuyendo a cada uno según juzgo conveniente.
Jesucristo:
1. Hijo, te conviene ser ignorante en muchas cosas
y considerarte como muerto en la Tierra,
para quien todo el mundo está crucificado.
Te conviene también hacerte el sordo en muchas cosas
y pensar más lo que conviene para tu paz.
Es más útil apartar la vista de lo que te desagrada
y dejar a cada uno con su parecer
que ocuparse en discutir.
Si estás bien con Dios y miras su juicio
fácilmente de darás por vencido.
DiscÃpulo:
2. ¡Señor, a qué hemos llegado!
Nos lamentamos por los perjuicios temporales,
por una pequeña ganancia trabajamos y corremos
pero transcurre olvidado el daño espiritual
y apenas rara vez vuelve a la memoria.
Se presta atención a lo que poco o nada aprovecha
y se posterga con negligencia lo que es sumamente necesario
porque todo el hombre se derrama al exterior
y si no recapacita pronto,
con gusto se arroja fuera de sÃ.
DiscÃpulo:
1. ¡Ayúdame, Señor, en la dificultad
porque es nula la ayuda de los hombres!
¡Con qué frecuencia no encontré fidelidad
donde supuse que habÃa!
Porque es inconsistente la esperanza en los hombres
ya que la salvación de los santos está sólo en Ti Dios mÃo.
Te bendigo, Señor Dios mÃo
en todo lo que nos acontece.
Somos débiles e inestables
pronto nos engañamos y cambiamos.
2. ¿Quién hay que con cautela y circunspección
pueda cuidarse en todo
sin llegar a caer alguna vez en algún engaño o desconcierto?
Pero quien confÃa en Ti, Señor,
y te busca con sinceridad de corazón
no caerá tan fácilmente.
Y si cayera en alguna tribulación
de cualquier modo que estuviera implicado en ella
pronto serÃa liberado o consolado por Ti
porque Tú no abandonas
a quienes confÃan en Ti hasta el fin.
Raro es el amigo fiel
que persevera en todas las dificultades del amigo.
Tú solo Señor, Tú solo eres fidelÃsimo en todo
y fuera de Ti no hay nadie igual.
3. ¡Qué bien lo sabÃa el santo que dijo:
Mi alma está asegurada y cimentada en Cristo!
Si yo fuera asÃ,
no me angustiarÃa tanto el temor natural
ni me chocarÃan las palabras ofensivas.
¿Quién puede preverlo todo?
¿Quién es capaz de precaver los males posibles?
Si lo que hemos previsto nos daña muchas veces,
¿qué hará lo imprevisto sino dañarnos seriamente?
Pero ¿por qué no me preparé mejor?
¿Por qué les creà a otros tan fácilmente?
En fin, somos humanos, igual de débiles que los demás
aunque muchos nos digan y consideren como ángeles.
¿A quién creeré, Señor?
¿A quién, sino a Ti?
Eres la Verdad que no engaña ni puede engañar.
Al contrario, todo hombre es mentiroso
débil, inestable y se cae, sobre todo cuando habla
de modo que no se debe aceptar de inmediato
lo que parece a primera vista.
¡Qué acertadamente nos recomendaste cuidarnos de las personas
porque los enemigos del hombre son sus propios allegados, ni debe creerse si alguien dice:
Cristo está aquÃ, o está allÃ!
He aprendido con mi propio daño,
y ojalá que me sirva para mayor cautela y no descuido.
Ten cuidado, me dice alguien, ten cuidado
mantén en secreto lo que te digo.
Y mientras yo me callo, y creo que está oculto
él no pudo guardar el secreto
sino que de inmediato me descubrió a mà y a él,
y se fue.
Protégeme Señor de estas falsedades
y de la indiscreción de las personas
para que no caiga en sus manos
ni cometa semejantes desatinos.
Palabras verdaderas y firmes pon en mis labios
y desvÃa lejos de mà las lenguas maliciosas.
4. ¡Qué bueno y pacÃfico es no hablar de los demás
ni creerlo todo fácilmente, ni hablar después irreflexivamente,
revelar pocas cosas de sà mismo, buscarte siempre a Ti que miras el corazón,
no dejarse llevar por cualquier viento de palabras,
para que todas las cosas, internas y externas,
se realicen plenamente según tu voluntad!
¡Qué seguro para conservar la gracia divina
es huir de las apariencias
y no desear lo que externamente causa admiración
sino seguir con el mayor cuidado
lo que promueve y favorece la corrección de la vida!
¡A cuántos ha hecho daño la virtud descubierta y alabada antes de tiempo!
¡Qué provechoso fue siempre
mantener en secreto la gracia durante esta vida
llena de tentaciones y lucha!
Jesucristo:
1. Hijo, manténte firme y confÃa en MÃ.
¿Qué son las palabras sino palabras?
Vuelan por el aire pero no rajan una piedra.
Si eres culpable
piensa que con gusto quieres corregirte.
Si nada malo hay en ti
piensa que con gusto quieres soportarlo por Dios.
Es poca cosa que soportes alguna vez palabras ofensivas
ya que todavÃa no tienes capacidad para soportar grandes golpes.
¿Por qué será que tan pequeños asuntos te lleguen al corazón,
sino porque todavÃa no te has superado
y prestas a las personas más atención de la que conviene?
Porque temes que te desprecien
no quieres que te reprendan por tus errores
y buscas la sombra de las excusas.
2. Pero mÃrate mejor y reconocerás que todavÃa vive
en ti la mentalidad mundana y el deseo inconsistente de quedar bien con los demás.
Porque al huir de ser abatido y menospreciado por tus defectos
se manifiesta que ni eres verdaderamente humilde
ni está en realidad muerto el mundo y crucificado para ti.
Pero atiende a mis palabras
y no te preocuparán diez mil palabras humanas.
Mira: si dijeran contra ti
todo lo que muy maliciosamente pudieran inventar ¿qué daño te causarÃa si lo dejas pasar y no lo consideras más que una brizna?
¿Acaso te puede arrancar un solo cabello?
3. El que no está dentro de su corazón
ni me tiene a MÃ ante sus ojos
fácilmente se conmueve por las palabras hirientes.
En cambio el que confÃa en mÃ
y no sigue su propio parecer
vivirá sin temores.
Yo, pues, soy juez y el conocedor de todos los secretos.
Yo sé bien como son las cosas.
Yo conozco al que ofende y también al que soporta.
De mà salen esas palabras, yo permito que esto suceda
para que se revelen los pensamientos de muchos corazones.
Yo juzgo al culpable y al inocente
pero quise probar antes a ambos con oculto juicio.
4. Los testimonios humanos con frecuencia son falsos
mi juicio es veraz, consistente e invariable;
muchas veces está escondido y no es evidente a todos
pero nunca yerra ni puede errar
aunque a los ojos de los necios no parezca correcto.
A MÃ, pues, hay que recurrir en todo juicio
y no confiar en el propio criterio.
Porque el santo no sufrirá turbación por lo que le ocurra de parte de Dios.
Y no se preocupará mayormente
incluso cuando se diga algo injusto contra él.
Ni tampoco se engreirá
si es defendido por otros con razón.
Porque reconoce que yo soy el examinador de lo más Ãntimo,
que no juzgo según la cara o la apariencia humana.
Muchas veces es culpable ante mis ojos
el que según el juicio humano se considera ejemplar.
DiscÃpulo:
5. Señor, Dios mÃo, Juez justo
enérgico y paciente que has conocido la fragilidad y la perversidad humana,
sé Tú mi fortaleza y toda mi confianza
porque no me basta mi sola conciencia.
Tú sabÃas lo que yo ignoraba
y por eso debo aceptar toda represión y conformarme.
Perdóname también piadosamente
todas las veces que no lo hice asÃ
y otórgame mayor gracia de resistencia para otra vez.
Mejor es pues para mÃ
tu abundante misericordia para obtener el perdón
que mi pretendida justicia para defender
lo que tengo oculto en la conciencia.
Porque aunque ella de nada me acuse
no por eso me puedo considerar santo
porque sin tu misericordia
no será justificado en tu presencia ningún ser vivo.
Jesucristo:
1. Hijo, no te vayan a quebrantar los trabajos que asumiste por MÃ,
ni te derriben del todo las dificultades
sino que en toda ocasión te robustezcan y consuelen mis promesas.
Yo soy suficiente para recompensarte
más allá de toda forma y medida.
No trabajarás aquà mucho tiempo
ni siempre estarás sujeto a los dolores.
Espera un poquito
y verás que pronto se acaban los males.
Llegará el momento
cuando cesará todo trabajo e inquietud.
Poco y breve
es todo lo que pasa con el tiempo.
2. Haz lo que debas hacer,
labora con fidelidad en mi viña.
Yo seré tu premio.
Escribe, lee, canta, sufre, cállate, reza
soporta valerosamente las adversidades;
la vida eterna es digna de esta y mayores peleas.
Llegará la paz un dÃa que el Señor lo sabe,
un dÃa sin noche, no como los demás dÃas,
sino con luz permanente, claridad sin lÃmite,
paz firme y descanso seguro.
No dirás entonces: ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? (Rm 7,24), ni exclamarás: ¡Pobre de mÃ, porque mi destierro se prolonga! (Sal 120,5)
porque la muerte quedará destruida,
la salud será completa,
nula la ansiedad,
santa la alegrÃa
y la sociedad dulce y hermosa.
3. Si vieses las coronas de los santos en el cielo,
y cómo gozan ahora los que antes fueron despreciados en este mundo y se pensaba que eran indignos de vivir,
de inmediato te humillarÃas hasta el suelo
y preferirÃas estar sometido a todos
antes que mandar a uno solo;
no desearÃas los dÃas felices de esta vida
sino más bien te alegrarÃas de sufrir por Dios
y considerarÃas la mayor ganancia ser tenido en nada por los hombres.
4. Si apreciaras estas cosas y las hicieras penetrar en lo profundo de tu corazón
¿cómo te atreverÃas a quejarte ni siquiera una sola vez?
¿Acaso no debe soportarse hasta lo más difÃcil
por la vida eterna?
No es de poca importancia
lo que pueda ganar o perder el Reino de Dios.
Levanta tu mirada hacia el Cielo;
mÃrame a Mà y a todos los santos que están conmigo quienes en éste mundo tuvieron grandes combates.
Ahora gozan, ahora están satisfechos
ahora están seguros, ahora descansan
y permanecen conmigo en el Reino de mi Padre para siempre.
DiscÃpulo:
1. ¡Feliz residencia en la Ciudad del Cielo!
¡DÃa luminoso de la eternidad que la noche no oscurece
sino que siempre brilla con la suprema Verdad;
dÃa siempre alegre,
siempre seguro que jamás cambia!
¡Ojalá amaneciera pronto ese dÃa
y empezara el fin de estos tiempos!
Alumbra a los santos con su espléndida claridad permanente
pero sólo a lo lejos y como señal a los que peregrinan en la Tierra.
2. Saben bien los habitantes del Cielo qué feliz es ese dÃa; sufren los desterrados hijos de Eva
al constatar la amargura y tedio del presente.
Los dÃas de este tiempo son pocos y malos
llenos de dolores y angustias,
en los que el hombre se mancha con muchos pecados,
se enreda en muchas pasiones
se angustia por muchos temores,
se llena de preocupaciones,
se distrae con muchas curiosidades,
se implica en muchas frivolidades,
se envuelve mucho en desaciertos,
se desgasta en muchos trabajos,
está acosado por las tentaciones,
debilitado por los placeres
y atormentado por la indigencia.
3. ¿Cuándo se acabarán todos estos males?
¿Cuándo me libraré de la miserable esclavitud de los vicios?
¿Cuándo me acordaré, Señor, sólo de Ti?
¿Cuándo me alegraré Ãntegramente en Ti?
¿Cuándo estaré sin ningún impedimento, en verdadera libertad,
sin la menor molestia de alma y cuerpo?
¿Cuándo habrá paz estable, paz imperturbable y segura
paz por dentro y por fuera,
paz del todo firme?
Buen Jesús:
¿Cuándo estaré listo para verte?
¿Cuándo contemplaré el esplendor de tu Reino?
¿Cuándo serás para mà Todo en todas las cosas?
¿Cuándo estaré contigo en tu Reino
que desde toda la eternidad preparaste para tus elegidos?
Me he quedado acá, pobre y abandonado, en tierra hostil,
donde hay pena cotidiana y máximos infortunios.
4. Consuela mi exilio,
mitiga mi dolor,
porque a Ti te anhela todo mi deseo.
Porque es un peso para mÃ
todo lo que este mundo ofrece para la satisfacción.
Deseo gozar Ãntimamente de Ti
pero no logro conseguirlo.
Quiero adherirme a las cosas celestiales
pero me abaten las cosas pasajeras y las pasiones descontroladas.
Procuro elevarme con la mente sobre las cosas creadas
pero la naturaleza me obliga a estar debajo de ellas.
Asà yo, hombre infeliz,
peleo conmigo mismo y me hago pesado a mà mismo
porque el espÃritu busca lo de arriba
y la naturaleza lo de abajo.
¡Cuánto sufro internamente,
cuando mi mente medita las cosas del cielo
y se me presenta de improviso
una turba de pensamientos lujuriosos!
5. ¡Dios mÃo no te apartes de mÃ
ni te desvÃes con ira de tu servidor!
Haz fulgurar tu caridad y desvanece las tinieblas, envÃa tus dardos
para que se confundan todas las asechanzas de los enemigos.
Recoge todas mis facultades en Ti,
hazme olvidar todo lo mundano,
concédeme desechar y despreciar hasta la apariencia de los vicios.
Ayúdame, Verdad eterna
y que ninguna vanidad me conmueva.
Ven, Suavidad celestial
y que huya en tu presencia toda impureza.
Perdóname también y considérame misericordiosamente
cada vez que pienso en la oración algo fuera de Ti,
ya que confieso sinceramente
que acostumbro a estar muy distraÃdo.
Porque con frecuencia no estoy donde me encuentro fÃsicamente,
sino más bien estoy
donde me llevan mis pensamientos.
Allà estoy, donde está mi pensamiento,
allà está más frecuentemente mi pensamiento
donde está lo que amo.
Pronto me sobreviene
lo que naturalmente deleita o agrada por costumbre.
6. Por eso Tú, que eres la Verdad, dijiste claramente:
Donde está tu tesoro
allà está tu corazón (Mt 6,21).
Si amo al Cielo
con gusto pienso en lo de arriba.
Si amo al mundo
me alegro de sus éxitos
y me entristezco de sus adversidades.
Si amo la lujuria
con frecuencia tengo pensamientos lujuriosos
porque de todo lo que amo hablo
y escucho con gusto y llevo conmigo a mi casa su imagen.
Pero feliz la persona que por Ti Señor,
permite a las criaturas apartarse de ella,
que domina su naturaleza,
crucifica sus bajas tendencias con el fervor del espÃritu para ofrecerte una oración pura con la conciencia serena y ser digna de integrar el coro de los ángeles, excluidas interna y externamente todas las cosas creadas.
Jesucristo:
1. Hijo, cuando sientes que te viene algún deseo de la eterna felicidad,
y anhelas salir de la habitación de tu cuerpo para
poder contemplar mi claridad sin sombra de cambio,
abre tu corazón y recibe con todo amor esta santa inspiración.
Agradece ampliamente a la Suprema Bondad
que se ha dignado actuar asà contigo,
visitarte con clemencia, estimularte con calor,
levantarte vigorosamente para que no caigas a tierra por tu propio peso.
Porque no recibes esto porque se te ocurre o por tu propio esfuerzo
sino únicamente por la voluntad de la Gracia superior y el agrado divino,
para que progreses en las virtudes y en mayor
humildad te prepares a los futuros combates,
te unas a Mà de todo corazón por el afecto
y con ardorosa voluntad te dediques a servirme.
2. Hijo, muchas veces arde el fuego
pero no sube la llama sin humo.
AsÃ, los deseos de algunos se encienden por las cosas del Cielo
y sin embargo no están del todo libres de la tentación del afecto humano.
Y por eso no actúan exclusivamente por el honor de Dios,
aunque lo piden tan insistentemente.
Asà suele ser con frecuencia tu deseo
que quizás insinuaste tan importunamente.
No es, pues, puro y perfecto
lo que está penetrado por la propia conveniencia.
3. Pide, no lo que es para ti agradable y conveniente
sino lo que es para MÃ aceptable y honorÃfico
porque si juzgas rectamente
debes preferir mi voluntad a tu deseo y todo lo deseado.
Conozco tus deseos
y escucho tus frecuentes quejidos.
Ya quieres estar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
Ya te deleita la Casa eterna y la Patria del cielo plena de alegrÃa
pero todavÃa no ha llegado la oportunidad;
aún falta otro tiempo,
tiempo de pena, tiempo de trabajo y de prueba.
Deseas alcanzar el máximo Bien
pero por ahora no puedes conseguirlo.
Yo soy, dice el Señor;
espérame hasta que venga el Reino de Dios.
4. TodavÃa debes ser puesto a prueba en la Tierra y ejercitado en muchas cosas.
De vez en cuando se te otorgará el consuelo
pero no se te dará la total satisfacción.
AnÃmate, pues, y esfuérzate
tanto en hacer como en sufrir lo que contradice a tu naturaleza.
Conviene que te vistas del hombre nuevo
y te conviertas en otra persona.
Te conviene hacer frecuentemente lo que no quieres
y lo que quieres, conviene abandonar.
Lo que a otros gusta, progresará;
lo que a ti te gusta, no se realizará.
Lo que otros dicen, se escuchará;
lo que tú dices no valdrá nada.
Otros pedirán y recibirán;
tú pedirás y no conseguirás.
Se hablará maravillas de los demás
de ti, en cambio, se callará.
A otros se les encargará una u otra cosa,
pero tú serás considerado como inútil.
Por todo esto, a veces la naturaleza se deprime
y será gran cosa si lo soportas en silencio.
5. En estas situaciones y otras similares
se pone a prueba al servidor de Dios
para verificar de qué manera sabe negarse
y renunciar a todo.
Apenas existe algo en lo que tanto necesites morir
como ver y soportar lo que contradice a tu voluntad principalmente cuando se te manda lo que parece ser inconveniente o menos útil.
Y porque tú, siendo inferior,
no te atreves a oponerte a la voluntad de tu superior,
por eso te parece duro andar pendiente de otro y desechar tu propio parecer.
6. Pero piensa, hijo, en el resultado de tus esfuerzos,
su fin inminente y premio grandÃsimo
y no tendrás más pesadumbre
sino mucho consuelo por tu paciencia.
Porque por un poco de voluntad propia que ahora dejas con gusto,
poseerás siempre tu voluntad en el Cielo.
AllÃ, pues, encontrarás todo lo que quieras,
todo lo que pudieras desear.
Allà tendrás en tu poder todo el bien,
sin temor de perderlo.
Allà tu voluntad, unida conmigo para siempre,
nada deseará que sea extraño o propio.
Allà nadie te contrariará,
nadie se quejará de ti,
nadie te molestará, nada te estorbará
sino que gozarás a la vez de todas las cosas que desees
y todas tus necesidades quedarán satisfechas.
Allà te otorgaré honores por los atropellos sufridos,
indumentaria excelente por la aflicción,
y por el último lugar, asiento de rey para siempre.
Allà se verá el fruto de la obediencia,
aparecerá muy alegre el esfuerzo del arrepentimiento y se coronarábrillantemente la humilde sumisión.
7. Por eso, pues, inclÃnate humildemente ante toda autoridad legÃtima
y no te preocupes de quien lo dijo o lo mandó;
y sea viejo, o joven, o igual el que algo te exige o te insinúa
procura con el mayor cuidado recibirlo todo bien
y esforzarte por cumplirlo con sincera voluntad.
Cada uno que busque lo que quiera,
que se ufane de esto o de lo otro
y se engrÃa millones de veces;
tú, en cambio, ni en una cosa ni en la otra
sino alégrate en el reconocimiento de tus limitaciones y en mi exclusiva voluntad y honor.
Debes desear que tanto en la vida como en la muerte
Dios sea siempre glorificado en ti.
DiscÃpulo:
1. Señor Dios, Padre Santo
bendito seas ahora y siempre
porque como quieres se hace
y todo lo que haces es bueno.
Se alegra en Ti tu servidor
no en sà mismo ni en algún otro
porque sólo Tú eres alegrÃa verdadera,
Tú eres mi esperanza y mi premio
Tú Señor eres mi gozo y mi honor.
¿Qué tiene tu servidor
que no lo haya recibido de Ti
incluso sin mérito suyo?
Tuyo es todo lo que das y lo que haces
soy pobre y lleno de fatigas desde mi juventud (Sal 88,16)
me entristezco algunas veces hasta llorar,
y otras veces me altero por las pasiones que me acosan.
2. Deseo disfrutar de paz,
imploro la paz de tus hijos
que son pacificados por Ti con la luz del consuelo.
Si me das paz, si derramas en mà el santo gozo
está tu servidor lleno de armonÃa
y dispuesto para alabarte.
Pero si te retiras, como sucede con frecuencia,
no podré reconocer el camino de tus mandamientos.
Sino más bien caeré de rodillas golpeándome el pecho porque no me va como anteriormente cuando brillaba tu resplandor sobre mi cabeza y bajo la sombra de tus alas me protegÃas de las tentaciones impetuosas.
3. Padre justo y siempre alabado
llega el momento de la prueba para tu servidor.
Padre querido
es necesario que en esta hora padezca algo tu servidor por Ti.
Padre perpetuamente venerado
llega la hora que habÃas previsto desde la eternidad
en la que tu servidor estará abatido por fuera corto tiempo para que viva siempre interiormente contigo;
ofendido un poco,
humillado y menospreciado por los demás,
consumido por pasiones y enfermedades
para que vuelva a resurgir contigo en la luz de un nuevo amanecer
y sea glorificado en el cielo.
Padre Santo, asà lo mandaste Tú, asà lo quisiste
y todo se ha realizado tal como lo decidiste.
4. Este es el favor para tu amigo:
padecer y angustiarse en el mundo por tu amor,
por cualquiera y cuantas veces lo permitas.
Sin tu parecer y providencia, y sin causa,
nada sucede en la Tierra.
Es bueno para mÃ, Señor, que me hayas humillado para que acepte tus mandamientos (Sal 119,17)
y destierre de mi corazón toda sobrevaloración y presunción.
Es útil para mÃ, que la vergüenza cubra mi rostro
para que requiera tu consuelo, y no el de los hombres.
Aprendà también de esto, a temer tu inescrutable juicio con el que afliges tanto al santo como al impÃo pero siempre con equidad y justicia.
5. Te doy gracias
porque no me evitaste los males
sino que me golpeaste con amargos latigazos,
me infligiste dolores y me enviaste angustias
interiores y exteriores.
No hay quien me consuele
entre todos los que están bajo el cielo
sino Tú, Señor y Dios mÃo, celestial médico de las almas que hieres y sanas
dejas morir y resucitas,
Tu rigor me protege
y tu mismo látigo me enseña.
6. Mira, Padre querido que estoy en tus manos
y me inclino ante tu corrección
golpea mi espalda y mi cuello
para que se someta a tu voluntad mi tortuosidad.
Conviérteme en piadoso y humilde discÃpulo
como acostumbras hacerlo
para que camine siempre pendiente de tu voluntad.
Me encomiendo a tu corrección junto con todas mis cosas.
Porque mejor es que me corrijas ahora que después.
Tú conoces todas y cada una de las cosas
y nada en la conciencia humana está oculto para Ti.
Antes que suceda, sabes lo que va a pasar
y no hay necesidad que alguno te enseñe o avise
de lo que se hace en la Tierra.
Tú sabes lo que conviene para mi provecho
y qué útil resulta el sufrimiento
para limpiar la herrumbre de los vicios.
Haz conmigo tu deseo y tu gusto
y no deseches mi vida defectuosa
para nadie mejor ni más claramente conocida que para Ti.
7. Concédeme, Señor, saber lo que debe saberse,
amar lo que debe amarse,
alabar lo que es agradable para Ti
y estimar lo que te parece valioso
y aborrecer lo que ofende tu mirada.
No permitas que juzgue conforme con las apariencias
ni que sentencie según escuche de los hombres ignorantes
sino dame tu gracia
para que pueda discernir con verdadero criterio
entre lo material y lo espiritual
buscando siempre sobre todo el cumplimiento de tu voluntad.
8. Muchas veces se equivocan los seres humanos al juzgar
se equivocan los amantes del mundo que sólo aman lo que ven.
¿Acaso es mejor la persona
que los demás consideran más grande?
El mentiroso engaña al mentiroso,
el frÃvolo al frÃvolo, el ciego al ciego;
y realmente más lo confunde cuando lo alaba sin motivo.
Porque cuanto es cada uno de tus ojos
eso es, y nada más, dice el humilde San Francisco.
Jesucristo:
1. Hijo, no eres capaz siempre de permanecer
en el deseo entusiasta por las virtudes
ni perseverar en el más alto grado de la oración
sino que es inevitable, por causa del pecado original, que desciendas alguna vez a cosas bajas y sobrelleves el peso de esta vida que se acaba, aunque te fastidie.
Mientras tengas este cuerpo mortal
sentirás tedio y opresión en el corazón.
Es preciso, pues, mientras vivas esta vida natural
que gimas bajo el peso de tu naturaleza
porque no puedes dedicarte incesantemente
a las actividades espirituales y la divina contemplación.
2. Entonces conviene que te ocupes en obras humildes y exteriores
contentándote con hacer buenas obras;
y mientras esperas mi visita con firme confianza,
debes soportar con paciencia tu destino y la sequedad del espÃritu,
hasta que de nuevo recibas mi visita y seas liberado de todas las angustias.
Porque haré que te olvides de tus sufrimientos
y disfrutes de la paz interior;
extenderé ante Ti los campos de las Escrituras Sagradas para que con gran ánimo
empieces a correr por el camino de mis mandamientos.
Entonces dirás: No son comparables los padecimientos de esta vida, con la Gloria futura que se manifestará en nosotros (Rm 8,18).
DiscÃpulo:
1. Señor, no soy digno de tu consolación
ni de alguna visita espiritual.
Y por eso actúas justamente conmigo
cuando me dejas pobre y desconsolado.
Porque aunque pudiera llenar el mar con mis lágrimas
todavÃa no serÃa digno de tu consuelo.
Merezco ser agredido y castigado
porque seria y frecuentemente te ofendÃ
y en muchas otras cosas delinquÃ.
Asà que, pensándolo bien,
no merezco la mÃnima satisfacción.
Pero Tú, Dios clemente y misericordioso,
que no quieres que se pierdan tus obras
para que se manifiesten las riquezas de tu bondad
en vasos de misericordia,
fuera de todo mérito personal
te dignas consolar a tu servidor de forma sobrenatural.
Porque tus consuelos no son ilusorios como los humanos.
2. ¿Qué he hecho, Señor,
para que me brindes alguna consolación celestial?
No me acuerdo de haber hecho algún bien
sino más bien de estar siempre inclinado a los vicios
y flojo para corregirme.
Esto es cierto
y no puedo negarlo.
Si dijera otra cosa, Tú estarÃas contra mÃ,
y no habrÃa quien me defienda.
¿Qué he merecido por mis maldades
sino el infierno y el fuego eterno?
De veras confieso que soy merecedor
de toda vergüenza y desprecio,
e indigno de ser considerado entre tus discÃpulos.
Y aunque me incomode este lenguaje
no dejaré de acusar mis pecados contra mÃ
en honor a la verdad,
para que más fácilmente merezca alcanzar tu misericordia.
3. ¿Qué podré decir yo, que me siento culpable y lleno de vergüenza?
No encuentro más palabras, salvo las siguientes:
He pecado, Señor, he pecado
compadécete de mi y perdóname.
Dame un poco de tiempo para que llore de pena
antes que vaya a la región tenebrosa y cubierta
por la oscuridad de la muerte.
¿Qué es lo que exiges ante todo al culpable y miserable pecador
sino que se convierta y se humille por sus pecados?
Del verdadero arrepentimiento y humillación del corazón
nace la confianza en el perdón,
se reconcilia la conciencia perturbada,
se rehace la gracia perdida,
se protege el hombre de la ira futura,
y se unen en un beso santo
Dios y la persona convertida.
4. Señor, Tú aceptas el sacrificio del arrepentimiento humilde de los pecadores
que perfuma en tu presencia más suavemente que el incienso.
Este es también el ungüento agradable
que tú permitiste que derramaran sobre tus pies
porque nunca despreciaste un corazón arrepentido y humillado.
Allà está el lugar del refugio
para el que huye de la cólera del enemigo;
allà se corrige y limpia
lo que en otra parte se desvió y manchó.
Jesucristo:
1. Hijo, es muy valiosa mi gracia
y no admite mezcla con elementos extraños
ni con satisfacciones puramente humanas.
Te conviene, por lo tanto, apartar todos los impedimentos de la gracia,
si esperas recibirla sobre ti.
Huye a un lugar secreto,
desea sólo habitar contigo mismo;
no busques las conversaciones
sino más bien dirige con devoción tus ruegos a Dios.
Considera que nada vale el mundo entero
y prefiere dedicarte a Dios y no a las cosas exteriores.
Porque no podrás permanecer conmigo
y disfrutar a la vez de lo transitorio.
Conviene apartarse de conocidos y amigos
y mantener la mente lejos de toda satisfacción natural.
Por eso pide encarecidamente el santo apóstol Pedro
que los seguidores de Cristo se comporten como extranjeros y peregrinos en este mundo (1P 2,11).
2. ¡Cuánta confianza tendrá en el momento de la muerte
quien no está apegado a alguna cosa en el mundo!
Pero tener asà separado el corazón de todo
no lo logra el que tiene todavÃa el espÃritu enfermo,
ni la persona embrutecida
conoce la libertad interior del hombre.
Sin embargo, si quiere ser verdaderamente espiritual
es preciso que renuncie tanto a los extraños como a los próximos
y que de nadie se preocupe tanto como de sà mismo.
Si te vences completamente a ti mismo,
todo lo demás lo dominarás más fácilmente.
La perfecta victoria consiste
en triunfar sobre sà mismo.
Porque quien se tiene controlado a sà mismo
de manera que la sensualidad obedezca a la razón
y la razón en todo me obedezca a MÃ,
es vencedor de sà mismo y dominador del Mundo.
3. Si a esta cumbre deseas ascender,
conviene empezar valerosamente y dirigir el hacha a la raÃz;
para que arranques y destruyas la desordenada y oculta tendencia hacia ti mismo y hacia todo provecho personal y material.
De este vicio, que consiste en el amor desordenado que cada uno tiene por sà mismo,
depende casi todo lo que hay que vencer radicalmente; derrotado y sometido este mal habrá de inmediato gran paz y tranquilidad.
Pero porque son pocos los que trabajan en morir perfectamente a sà mismos,
ni salen completamente de sÃ
por eso se quedan entrampados en sus afectos
y no pueden elevarse espiritualmente sobre ellos mismos.
Quien desea caminar libremente conmigo
necesita eliminar sus depravadas y desordenadas tendencias y no desear adherirse con amor exclusivista a nada creado.
Jesucristo:
1. Hijo, mira con cuidado, los impulsos de la naturaleza y de la gracia
porque son muy diversos y sutiles
y apenas los puede discernir incluso la persona espiritualizada e iluminada interiormente.
Todos desean el bien
y todos pretenden algo bueno en lo que dicen o hacen;
por eso muchos se equivocan por la apariencia del bien.
2. La naturaleza es astuta y atrae a muchos,
los ensalza y engaña,
poniéndose a sà misma como fin;
pero la gracia procede con sinceridad,
se aparta de todo lo malo, no pretende engañar,
y todo lo hace solamente por Dios, en quien descansa finalmente.
3. La naturaleza no acepta de buena gana que la mortifiquen,
no quiere que la presionen ni que la superen,
ni la rebajen o dominen;
pero la gracia procura la propia mortificación,
resiste a la sensualidad, busca estar sometida,
desea que la venzan, no quiere ejercer la propia libertad, ama obedecer y no aspira a mandar a nadie sino vivir, servir y permanecer bajo la mano de Dios, y por Dios, estar preparada para inclinarse humildemente ante cualquier creatura (1P 2,13).
4. La naturaleza trabaja para su propia comodidad
y tiene la mirada puesta en el provecho que le pueda venir de los demás.
La gracia, en cambio, considera,
no lo que pueda ser útil y conveniente para ella
sino lo más provechoso para los demás.
La naturaleza acepta con agrado el homenaje y la reverencia,
la gracia más bien atribuye fielmente a Dios todo honor y gloria.
La naturaleza teme la vergüenza y el desprecio;
la gracia se goza en padecer ofensas
por el nombre de Jesús (Hch 5,41).
La naturaleza ama el ocio y el descanso fÃsico;
la gracia no puede estar ociosa
sino que con gusto se entrega al trabajo.
5. La naturaleza busca tener cosas especiales y hermosas,
aborrece lo vulgar y corriente;
la gracia, en cambio, se deleita con las cosas sencillas y humildes
no deshecha lo menos fino ni rehusa vestirse con ropa usada.
La naturaleza mira lo material, goza del lucro,
se entristece de las pérdidas, se irrita con la menor injuria;
pero la gracia atiende a lo eterno, no se adhiere a lo material; no se desconcierta cuando pierde algo, ni se exaspera por las palabras duras porque puso su tesoro en el Cielo donde nada se pierde.
6. La naturaleza es avara y con más gusto recibe que da,
ama lo propio y exclusivo;
la gracia es piadosa y comparte
porque juzga que hace más feliz dar que recibir (Hch 20,35).
La naturaleza inclina hacia las criaturas,
hacia la propia satisfacción
hacia la vanidad y la conversación insustancial;
pero la gracia nos lleva a Dios y a las virtudes,
renuncia a lo creado, se aparta de lo mundano,
odia los deseos deshonestos, reprime las divagaciones y se avergüenza de aparecer en público.
La naturaleza recibe de buena gana cualquier placer
en que se deleitan los sentidos,
pero la gracia busca satisfacerse solamente en Dios
y deleitarse en el sumo Bien sobre todas las cosas visibles.
7. La naturaleza todo lo hace por lucro y por propia conveniencia,
nada puede hacerlo gratis sino que espera conseguir lo mismo o más,
o si no, alabanza o reconocimiento por el bien que hace
y desea que sus gestos o dones sean bien ponderados
pero la gracia ninguna cosa temporal busca
ni pide otro premio sino sólo a Dios
y sólo quiere de lo material lo que le puede ser necesario para conseguir lo eterno.
8. La naturaleza se alegra de la multitud de amigos y allegados,
se ufana del lugar de origen y del linaje,
es obsecuente con los poderosos, adula a los ricos, aplaude a los iguales;
la gracia, en cambio, ama a los enemigos, no se engrÃe por la cantidad de amigos ni considera el lugar o el linaje si en eso no hay mayor virtud;
favorece más a los pobres que a los ricos,
se acomoda más con el inocente que con el poderoso; se congratula con los veraces, no con los mentirosos; anima siempre a los buenos para que compitan por gracias mayores y para que se identifiquen por las virtudes con el Hijo de Dios.
9. La naturaleza pronto se queja
por las carencias y molestias
la gracia sabe sobrellevar la escasez.
La naturaleza todo lo dirige a sà misma
y por sà misma lucha y arguye;
la gracia dirige todas las cosas a Dios
de donde brotan espontáneamente
nada bueno se adscribe ni se atribuye con arrogancia, no compite ni prefiere su parecer al ajeno sino que en todo dictamen y opinión se somete a la sabidurÃa eterna y al divino examen.
La naturaleza apetece saber los secretos y enterarse de novedades,
quiere aparecer en público y experimentar muchas cosas con los sentidos,
desea ser conocida y hacer lo que le produzca felicitaciones y admiración;
pero la gracia no se preocupa de oÃr novedades o curiosidades porque todo esto proviene de la maldad original y no hay nada nuevo ni permanente sobre la Tierra.
10. AsÃ, enseña a controlar los sentidos,
a huir de la inútil complacencia y ostentación,
a esconder con humildad lo que podrÃa ser digno
de alabanza y admiración
y a buscar en todas las cosas y en todos los conocimientos la verdadera utilidad además de la alabanza y el honor de Dios.
No quiere que se hable de ella ni de sus cosas
sino que desea bendecir a Dios por sus dones
que otorga por puro amor.
Esta gracia es luz sobrenatural
y como un especial obsequio de Dios
y propiamente la marca de los elegidos y prenda de la eterna salvación que eleva al ser humano de lo terreno a amar lo superior y de materialista lo hace espiritual.
Asà que mientras más se controla y domina a la naturaleza
tanto mayor gracia se obtiene
y cada dÃa es perfeccionado el ser interno con nuevas visitas según la imagen de Dios.
DiscÃpulo:
1. Señor Dios mÃo,
que me creaste según tu imagen y semejanza, concédeme la gracia
que has mostrado tan grande y necesaria para la salvación;
de vencer a mis pésimos impulsos naturales
que me llevan al pecado y a la perdición,
porque siento en mi ser el poder del pecado que contradice al poder de mi espÃritu (Rm 7,23)
y me conduce cautivo a obedecer a la sensualidad en muchas cosas
y no puedo resistir a sus pasiones sin la ayuda de tu santÃsima gracia
ardientemente derramada en mi corazón.
2. Es necesaria tu gracia,
y gracia muy grande para vencer a la naturaleza
siempre proclive al mal desde su adolescencia (Gn 8,21).
Porque caÃda y viciada por el pecado
a causa de Adán, el primer ser humano,
desciende sobre todos los demás seres humanos
la culpa de esta mancha
de manera que la misma naturaleza, creada por Ti
buena y recta se presenta degenerada por el vicio y la debilidad porque la misma tendencia que le ha quedado la arrastra al mal y a lo inferior.
La pequeña fuerza que aún conserva
es como una chispita oculta en la ceniza;
ésta es la razón natural, rodeada de gran oscuridad
pero capaz todavÃa de juzgar lo bueno y lo malo
y de discernir lo verdadero y lo falso,
pero impotente para realizar lo que aprueba,
carente de la plena luz de la verdad y de sanos afectos.
3. De aquà proviene, Dios mÃo,
que me complazca en tu ley según el hombre interior (Rm 7,25)
sabiendo que tus mandamientos son buenos, justos y santos, y reconociendo también que se debe huir de todo mal y pecado;
pero con mi naturaleza sirvo al poder del pecado obedeciendo más a la sensualidad que a la razón.
De aquà que quiero adherirme al bien
pero no encuentro cómo practicarlo.
De aquà que propongo con frecuencia hacer muchas obras buenas
pero porque me falta la gracia que ayude a mi debilidad retrocedo y caigo por la menor oposición.
De aquà ocurre que conozco el camino de la perfección
y veo muy claramente cómo debo actuar
pero oprimido por el peso de la propia degeneración no me elevo hacia lo más perfecto.
4. ¡Qué enormemente necesaria es para mÃ, Señor, tu gracia;
para comenzar lo bueno, continuarlo y completarlo porque sin Ti, nada puedo hacer
y todo lo puedo en Ti, ayudándome tu gracia! (Flp 4,13).
¡Verdadera gracia del Cielo
sin la que nada son los propios méritos
ni se ha de estimar en algo las facultades naturales!
Nada las habilidades, nada las riquezas, nada la belleza ni el poderÃo,
nada el ingenio ni la elocuencia vale ante Ti, Señor sin la gracia.
Porque las facultades naturales son comunes a los buenos y a los malos
pero la gracia o caridad es don propio de los escogidos con la cual les haces dignos de la Vida Eterna.
Tan excelente es esta gracia
que ni el don de profetizar, ni el de hacer milagros,
ni la más sublime contemplación
puede estimarse en algo sin ella.
Porque ni la fe, ni la esperanza, ni las otras virtudes
son aceptables para Ti sin caridad y gracia.
5. SantÃsima gracia, que al pobre de espÃritu
lo haces rico en virtudes,
y al rico en muchos bienes
lo conviertes en humilde de corazón:
ven, desciende a mÃ, lléname pronto de tu consolación,
no vaya a ser que decaiga mi alma por el cansancio y la aridez de mi mente.
Te imploro, Señor, que me mires con benevolencia
porque a mà me basta tu gracia
aunque no obtenga las demás cosas que desea la naturaleza.
Por más que sea tentado y atormentado por muchas tribulaciones,
no temeré los males
mientras tu gracia está conmigo.
Ella es mi fortaleza,
ella me aconseja y ayuda.
Ella es más poderosa que todos los enemigos
y más sabia que todos los sabios.
6. Es maestra de la verdad, docente de la disciplina,
luz del corazón, consuelo de la aflicción,
espanta la tristeza, quita el temor, alimenta la devoción, produce lágrimas de consolación.
¿Qué soy sin ella sino un tronco seco,
una rama inútil que se deshecha?
Te ruego, Señor, que tu gracia me prevenga y me siga
para que siempre esté dispuesto para las buenas obras por Jesucristo Tu Hijo.Asà sea.
Jesucristo:
1. Hijo, mientras más puedas salir de ti
más podrás pasarte a MÃ.
Como no desear nada exterior produce paz interior
asà abandonarse internamente a Dios.
Quiero que aprendas la perfecta abnegación de ti mismo en mi voluntad,
sin contradicciones ni queja.
SÃgueme a MÃ. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6).
Sin camino no hay por donde ir,
sin verdad no hay conocimiento,
sin vida no se vive.
Yo soy el Camino que debes seguir
la Verdad que debes creer,
la Vida que debes esperar.
Yo soy el Camino que no se interrumpe,
Verdad infalible,
Vida interminable.
Yo soy Camino rectÃsimo,
Verdad suprema,
Vida verdadera, Vida santa, Vida increada.
Si permaneces en mi camino, conocerás la verdad
y la verdad te librará (Jn 8,32)
y conseguirás la Vida Eterna.
2. Si quieres entrar a la vida
obedece mis mandamientos (Mt 19,17)
Si quieres conocer la verdad
cree en MÃ.
Si quieres ser perfecto
vende todo lo que tienes (Mt 19,21).
Si quieres ser mi discÃpulo
renuncia a ti mismo (Mt 16,24).
Si quieres poseer la vida feliz
no des tanto valor a la vida presente.
Si quieres ser elevado en el Cielo
humÃllate en el mundo.
Si quieres reinar Conmigo,
lleva mi cruz.
Únicamente los servidores de la cruz
encontrarán el camino de la felicidad y la verdadera luz.
DiscÃpulo:
3. Señor Jesús, puesto que tu vida fue dura y despreciada en el mundo,
concédeme imitarte en despreciar al mundo.
Porque el servidor no es superior a su Señor,
ni el discÃpulo superior a su maestro (Mt 10,24).
EjercÃtese tu servidor en vivir como Tú
porque en esto está la salvación y la verdadera santidad.
Cualquier cosa que leo o escucho fuera de esto no me alegra ni me gusta completamente.
Jesucristo:
4. Hijo, tú sabes y has leÃdo todas estas cosas,
serás santo si las realizas.
Quien recibe mi mandamientos y los cumple es el que me ama
y Yo lo amaré y me manifestaré Yo mismo a él (Jn 14,21)
y haré que se siente junto a Mà en el reino de mi Padre.
DiscÃpulo:
5. Señor Jesús, como dijiste y prometiste,
asà se haga y que yo lo merezca.
RecibÃ, recibà de tus manos la cruz;
la he llevado y la llevaré hasta la muerte
tal como me la impusiste.
Verdaderamente, la vida del buen religioso es una cruz
pero conduce al ParaÃso.
Hemos empezado, no está permitido retroceder, ni conviene cambiar de dirección.
6. Vamos hermanos, avancemos juntos,
Jesús estará con nosotros.
Por Jesús hemos aceptado esta cruz,
por Jesús perseveremos en ella.
Él nos ayudará porque es nuestro Jefe
y nuestro modelo.
Nuestro Rey camina delante de nosotros
y peleará por nosotros.
Sigámoslo valerosamente, nadie tenga temor,
estemos dispuestos a morir con ánimo en la batalla
y no manchemos nuestro honor con el delito de huir de la cruz.
Jesucristo:
1. Hijo, más me complace
paciencia y humildad en la adversidad
que mucho entusiasmo y devoción en la prosperidad.
¿Por qué te apena una pequeña cosa dicha contra ti?
Aunque fuera mayor,
no deberÃa conmoverte.
Pero ahora, déjala pasar.
No es la primera, ni nueva,
ni será la última mientras vivas.
Eres muy valiente
cuando nada adverso te ocurre.
Aconsejas bien, y sabes alentar a otro con tus palabras
pero cuando llega a tu puerta una repentina dificultad te falta criterio y esfuerzo.
Mira tu gran fragilidad
que experimentas en cada paso en pequeñas circunstancias.
Sin embargo, redunda en tu provecho
cuando suceden estas u otras cosas semejantes.
2. Apártala de tu corazón como mejor sepas
y, si llegó a tocarte,
no permitas que te afecte ni implique por mucho tiempo.
Al menos sopórtala pacientemente
si no puedes alegremente.
Y si oyes algo contra tu gusto y sientes indignación,
contrólate,
y no permitas que salgan de tus labios
palabras inconvenientes que escandalicen a los inocentes.
Pronto se serenará tu excitada alteración
y la amargura interna se endulzará
con el retorno de la gracia.
Por mi vida, dice el Señor, estoy listo a ayudarte
y para consolarte más de lo acostumbrado
si confÃas en Mà y me invocas con devoción.
3. AnÃmate, pues,
y prepárate para soportar mayores cosas.
No está todo perdido,
si con frecuencia te sientes angustiado o tentado seriamente.
Eres ser humano, y no Dios.
Tienes naturaleza humana, no de ángel.
¿Cómo puedes permanecer siempre en un mismo estado de virtud
cuando le faltó al ángel en el Cielo y Adán en el paraÃso?
Yo soy quien levanto saludables a los enfermos
y atraigo hacia mi Divinidad
a los que reconocen sus debilidades.
DiscÃpulo:
4. Señor, benditas sean tus palabras
más dulces que la miel y el panal en mi boca (Sal 18,11).
¿Qué harÃa en mis múltiples dificultades y angustias
si Tú no me reconfortaras con tus santas palabras?
Con tal que llegue por fin al puerto de salvación
¿Qué importancia tiene lo que haya padecido?
Dame un buen fin,
dame una feliz salida de este mundo.
Acuérdate de mÃ, Dios mÃo,
y dirÃgime por el camino recto a tu Reino.
Asà sea.
Jesucristo:
1. Hijo, no te atrevas a discutir
de los asuntos superiores y de los ocultos juicios de Dios
porqué uno es desamparado y otro recibe tantas gracias,
porqué este es oprimido y el otro tan prestigiado.
Estas cosas exceden las facultades humanas
y no sirve ningún razonamiento o discusión
para investigar el juicio de Dios.
Cuando te sugiera esto el enemigo
o algunas personas curiosas te preguntan
responde con el Profeta: Eres justo, Señor y es justo tu juicio (Sal 119,137)
y di: Tus juicios son verdaderos, Señor
y justificados en sà mismos, deben ser respetados, no discutidos
porque son incomprensibles para el intelecto humano.
2. No te pongas a inquirir o discutir
sobre los méritos de los santos,
quién es el más santo o quién es superior en el Reino de los Cielos.
Estas cosas generan con frecuencia pugnas y contiendas inútiles
porque alimentan la sobrevaloración y la vanagloria de donde nacen envidias y disensiones cuando uno quiere preferir a un santo y otro a otro santo.
Esforzarse por querer saber estas cosas
no produce ningún bien
sino más bien desagrada a los santos
porque no soy Dios de disensiones sino de paz
que consiste más en la verdadera humildad
que en la propia preponderancia.
3. Algunos, con el Ãmpetu del afecto,
son atraÃdos por unos santos y no por otros,
pero esto es criterio humano y no divino.
Yo soy quien ha hecho a todos los santos.
Yo concedà la gracia;
Yo otorgué la gloria.
Yo supe los méritos de cada uno
y los previne con las bendiciones de mi bondad;
Yo conocà a mis amados antes de todos los siglos
Yo les elegà a ellos del mundo (Jn 15,16), no me eligieron ellos a MÃ.
Yo los llamé por gracia, los atraje por misericordia.
Yo los conduje a ellos a través de diversas tentaciones,
Yo los llené de magnÃficas consolaciones,
Yo les di perseverancia,
Yo premiaré su paciencia.
4. Yo conozco al primero y al último,
Yo abrazo a todos con inestimable amor.
Yo debo ser alabado en todos mis santos,
Yo debo ser bendecido sobre todo y honrado en cada uno,
porque asà los engrandecà y predestiné gloriosamente sin haber precedido algún mérito suyo.
Por eso, quien desprecia a alguno de mis pequeños,
no honra a los grandes
porque yo hice al pequeño y al grande.
Y quien anula a algún santo,
me anula a Mà y a todos los demás en el Reino de los Cielos.
Todos son uno por el vÃnculo de la caridad,
piensan lo mismo, quieren lo mismo
y todos se aman entre sÃ.
5. Y todavÃa más, porque hay mucho más:
me aman a Mà más que a sà mismos y a sus méritos.
Porque, más allá de sà mismo y libres de su propio amor
se pasan del todo al mÃo en el que descansan con gran gusto.
Nada hay que los pueda apartar o deprimir
porque llenos de verdad eterna arden en el fuego
de una inextinguible caridad.
No hablen, pues, las personas sin espÃritu y embrutecidas
ni discutan del estado de los santos
porque lo único que saben es amarse a sà mismas.
Quitan y ponen según sus inclinaciones,
no como agrada a la eterna Verdad.
6. En muchos existe ignorancia;
principalmente en quienes, poco iluminados,
con dificultad saben amar a alguno con perfecto amor espiritual;
mucho los guÃa todavÃa el afecto natural y la amistad humana hacia uno u otro
y como se comportan en las cosas presentes,
imaginan las eternas.
Pero hay una grandÃsima diferencia
entre los que piensan los imperfectos
y lo que saben los iluminados por revelación superior.
7. CuÃdate pues, hijo, de referirte a estas curiosidades que exceden tu capacidad;
más bien esfuérzate y aunque sea,
trata de encontrarte como el menor en el Reino de los Cielos.
Y asà alguien supiera quien es el más santo o el más importante en el Reino de los Cielos
¿de qué le servirÃa saberlo si no se humilla ante Mà por este conocimiento
y no se levanta a alabar con más entusiasmo mi Nombre?
8. Es mucho más agradable para Dios
quien piensa en la enormidad de sus maldades
y la pequeñez de sus virtudes,
y a qué distancia se encuentra de la perfección de los santos
que quien discute cuál es el mayor o menor santo.
Es mejor rogar a los santos con devotas oraciones y lágrimas
e implorar humildemente su gloriosa protección
que escudriñar sus secretos con inútil investigación.
Ellos están completamente satisfechos
si las personas saben contentarse y controlar sus habladurÃas.
No se engrÃen de sus propios méritos
porque no se asignan alguna bondad
sino todo a MÃ
porque Yo les di cuanto tienen con infinita caridad.
Tan llenos están de tanto amor de Dios
y gozo superabundante,
que no les falta nada de gloria
ni pueden desear mayor felicidad.
Todos los santos, cuanto más altos están en la gloria,
más humildes son en sà mismos
y viven más cercanos a MÃ, y más queridos.
Por eso está escrito que depusieron sus coronas ante Dios y cayeron de bruces ante el Cordero
y adoraron al Viviente por los siglos de los siglos (Ap 4,10).
9. Muchos preguntan cuál es el mayor en el Reino de los Cielos
e ignoran si serán dignos de ser contados entre los menores.
Gran cosa es ser en el Cielo siquiera el menor,
donde todos son tan grandes,
porque a todos se les llamará hijos de Dios y lo serán.
El menor será grande entre mil (Is 60,22)
y el pecador de cien años morirá (Is 65,20).
Cuando los discÃpulos preguntaron: “¿quien es el mayor en el Reino de los Cielos?â€,
oyeron esta respuesta:
“Si no se hacen y se convierten como niños
no entrarán en el Reino de los Cielosâ€.
Cualquiera que se humille como este niño
será el mayor en el Reino de los Cielos (Mt 18,3-4).
10. ¡Desgraciados los ricos que tienen aquà sus satisfacciones,
porque cuando entren los pobres en el Reino de los Cielos
ellos se quedarán afuera dando alaridos!
¡Alégrense, sufridos y gócense, pobres,
porque es de ustedes el Reino de Dios
si caminan en la verdad!
DiscÃpulo:
1. Señor, ¿cuál es mi confianza
que tengo en esta vida?
o ¿cuál es mi mayor satisfacción
de todas las que aparecen bajo el cielo?
¿Acaso no eres Tú, Señor y Dios mÃo,
cuya misericordia no tiene fin?
Donde estás Tú, allà está el Cielo.
Prefiero ser pobre por Ti
que rico sin Ti.
Elijo peregrinar contigo por la tierra
que sin Ti poseer el Cielo.
Donde estás Tú, allà está el cielo
y allà está la muerte y el infierno
donde Tú no estás.
Tú eres mi deseo
y por eso no cesaré de gemir, clamar y rogar por Ti.
En nadie finalmente puedo confiar del todo
para que me auxilie en las necesidades oportunamente sino en Ti solo, Dios mÃo.
Tú eres mi esperanza,
Tú eres mi confianza,
Tú eres mi consuelo siempre fiel en todo.
2. Todos buscan su interés (Flp 2,21).
Tú únicamente pretendes mi salvación y mi provecho,
y todas las cosas las conviertes en bien para mÃ.
Y aunque me expongas a diversas tentaciones y adversidades todo lo diriges a mi utilidad
porque acostumbras a probar de mil maneras a tus escogidos.
En esta prueba no debes ser menos querido y alabado
que si me llenaras de consolaciones celestiales.
3. En Ti, pues, Dios mÃo, pongo toda mi esperanza y mi protección;
en Ti dejo toda mi tribulación y angustia,
porque encuentro débil e inestable
todo lo que miro fuera de Ti.
Porque no me servirán muchos amigos,
ni podrán ayudarme defensores poderosos,
ni prudentes consejeros me darán respuestas convenientes,
ni me consolarán los libros de los maestros,
ni me librará alguna valiosa fórmula,
ni me protegerá algún lugar secreto y agradable,
si Tú mismo no me asistes, ayudas, reconfortas, consuelas, instruyes y defiendes.
4. Todas las cosas que parecen conducir a la paz y a la felicidad,
si Tú faltas, nada son,
y de verdad ninguna felicidad producen.
Por tanto, el fin de todos los bienes,
el objetivo de la vida
y la profundidad del conocimiento eres Tú
y esperar en Ti sobre todas las cosas
es el segurÃsimo descanso de tus servidores.
A Ti se dirige mi mirada,
en Ti confÃo, Dios mÃo, Padre de las misericordias.
BendÃceme y santifÃcame con la bendición del Cielo
para que yo sea tu santa habitación
y el trono de tu gloria,
y para que no se encuentre en este templo tuyo
nada que ofenda los ojos de tu Majestad.
Conforme con la magnitud de tu bondad
y la abundancia de tus misericordias,
mÃrame,
y escucha la oración de tu pobre servidor
desterrado lejos en la región oscura de la muerte.
Protégeme y consérvame entre tantos peligros
de ésta vida que se acaba
y acompañado con tu gracia
dirÃgeme por el camino de la Paz a la patria de la Eterna Claridad. Amén.
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