Tomás Hermerken de Kempis, Imitación de Cristo
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Capítulo: XXX
PETICIÓN DE AYUDA A DIOS Y CONFIANZA EN RECUPERAR SU GRACIA

Jesucristo:

1. Hijo, Yo soy el Señor, que conforto en los momentos difíciles.

Ven a Mí cuando no te encuentres bien.

Lo que principalmente impide mi visita

es tu tardanza en volver a la oración.

Porque antes de rogar con atención

buscas satisfacciones ajenas y te recreas en lo exterior.

De ahí viene que todo te aproveche poco

hasta que adviertas que Yo soy quien libro a los que esperan por Mí;

fuera de Mí no hay auxilio que valga, ni consejo útil, ni remedio duradero.

Pero ahora, con el espíritu recobrado después de la tempestad

debes rehacerte a la luz de mi misericordia

porque Yo estoy cerca para restaurar todas las cosas no sólo íntegramente sino abundante y sobradamente.

2. ¿Acaso hay algo difícil para Mí

o voy a ser como los que dicen y no hacen?

¿Dónde está tu fe?

Manténte firme y perseverante.

Sé animoso y valiente

que llegará a su tiempo la consolación.

Espérame, espera que venga y te curaré (Mt 8,7).

Es una prueba la que te atormenta

y un miedo sin base el que te aterroriza.

¿Qué importa la preocupación sobre situaciones futuras

sino para tener tristeza sobre tristeza?

Bástale a cada día su propia molestia (Mt 6,34).

Es vano e inútil desconcertarse o alegrarse por el futuro que quizás nunca llegue.

3. Pero es propio del ser humano

dejarse engañar por la imaginación

y es signo de pusilanimidad

dejarse llevar tan fácilmente por las sugestiones del enemigo.

El no se cuida de que sea verdadero o falso

lo que utiliza para engañarnos o distraernos

y si nos derriba con el amor a lo inmediato o el temor al futuro.

No vaya a confundirse tu corazón, ni se atemorice,

cree en Mí y confía en mi misericordia.

Cuando piensas que estás lejos de mí,

con frecuencia estoy más cercano.

Cuando consideras que casi todo está perdido

entonces, muchas veces, se hace más presente la ganancia.

No todo está perdido

cuanto te sucede alguna cosa contraria.

No debes juzgar según la impresión del momento

ni dejarte molestar o angustiar con cualquier contrariedad que te venga

como si se hubiera eliminado toda esperanza de surgir.

4. No pienses que has sido abandonado del todo

aunque a veces te envíe una aflicción

o también te sustraiga el consuelo deseado;

así se camina al Reino de Dios.

Y sin duda te conviene más a ti y a todos mis servidores

ejercitarse en las adversidades que si todo sucediera a su gusto.

Yo conozco el secreto,

y sé que conviene mucho para tu aprovechamiento que a veces te quedes desconsolado para que no te envanezcas en la prosperidad

ni quieras complacerte en ti mismo por lo que no eres.

Lo que te di, te lo puedo quitar

y restituírtelo cuando me agrade.

5. Cuando te lo dé, es mío:

cuando te lo quite, no te quito lo tuyo

porque es mío todo bien que se otorga y todo don perfecto (Stgo 1,17).

Si te envío pesadumbre o cualquier contrariedad,

no te indignes ni decaiga tu corazón.

Yo pronto puedo levantarlo

y convertir cualquier carga en gozo.

Sin embargo, siempre soy justo y digno de reconocimiento cuando actúo así contigo.

6. Si entiendes bien y lo miras a la luz de la verdad

nunca te debes entristecer ni decaer tanto por las adversidades sino más bien alegrarte y agradecer considerando como único motivo de gozo que afligiéndote con dolores, no te perdono(***).

Como me amó mi Padre, así los amo a ustedes (Jn 15,9)

dije a mis queridos discípulos:

a los que, por supuesto, no los envié a gozar del mundo sino a grandes combates;

no a ser reconocidos sino despreciados;

no a la ociosidad sino al trabajo;

no al descanso sino a cosechar mucho fruto de paciencia.

Acuérdate, hijo mío, de estas palabras.

Capítulo: XXXI
EVITAR EL IMPEDIMENTO DE LO CREADO PARA ENCONTRAR AL CREADOR

Discípulo:

1. Señor, de veras necesito todavía mayor gracia

si debo llegar a donde nada ni nadie me pueda detener.

Porque, mientras alguna cosa me retenga

no puedo libremente volar a Ti.

Quería libremente volar el que decía:

¿Quién me dará alas como de paloma para que vuele y repose? (Sal 55,7)

¿Qué hay más quieto que la recta intención?

¿Quién más libre que el que nada desea en el mundo?

Conviene, pues, transitar a través de lo creado

y olvidarse completamente de sí mismo,

y elevarse mentalmente por encima de todo

para verte a Ti, Creador de todo, que eres diferente de las criaturas.

Y si alguien no se despega de todas las criaturas,

no podrá libremente dirigirse a lo divino.

Por eso se encuentran pocas personas contemplativas

porque son raros los que saben separarse plenamente de lo perecedero y de las criaturas.

2. Para esto se requiere mucha gracia

que levante el espíritu y lo eleve sobre sí mismo.

Pero si no eleva espiritualmente a la persona

y la libera de todo lo creado, uniéndola íntegramente a Dios,

es de poca estima todo lo que sabe o tiene.

Mucho tiempo será insignificante y caído

quien mucho estima algo distinto al Único inmenso y eterno Bien.

Y lo que no es Dios, nada es, y así debe considerarse.

Existe una gran diferencia

entre la sabiduría de una persona inspirada y devota

y los conocimientos librescos de los estudiosos.

Mucho más noble es la doctrina que viene de lo alto por influencia divina

que la adquirida trabajosamente con el ingenio humano.

3. Se encuentra a muchos que desean la contemplación

pero no se esfuerzan por practicar lo que conduce a ella.

Es gran impedimento fijarse en señales y cosas sensibles

y descuidar la perfecta mortificación.

No sé qué será, qué espíritu nos conduce y qué pretendemos

quienes somos considerados como personas espirituales

que tanto trabajo y tan amplia dedicación ponemos en obtener cosas transitorias y rastreras

y apenas rara vez nos recogemos en nosotros mismos para pensar en nuestro interior.

4. ¡Qué lástima!

Inmediatamente después de un módico recogimiento salimos fuera

de nosotros

sin haber examinado nuestras acciones rigurosamente.

No miramos dónde tenemos puestos nuestros afectos

ni deploramos lo contaminados que están.

Todo ser viviente había corrompido su camino (Gn 6,12)

y por eso sobrevino el gran diluvio.

Como nuestros afectos están muy corrompidos

es lógico que las actividades, carentes de vigor interior, también se corrompan.

Del corazón puro procede el fruto de la vida santa.

5. Se examina cuánto hace cada uno

pero no se piensa cuidadosamente de cuánta virtud procede.

Se investiga si alguno es vigoroso, rico, hermoso, hábil, o buen escritor, buen cantor, buen investigador

pero no se habla de muchos que son pobres de espíritu, pacientes y buenos, devotos y atentos a la vida interior.

La naturaleza mira el exterior de las personas

la gracia se ocupa del interior;

la naturaleza con frecuencia se equivoca;

la gracia espera en Dios, para no ser engañada.

Capítulo: XXXII
ABNEGACIÓN DE Sà MISMO Y RECHAZO DE TODO MAL DESEO

Jesucristo:

1. Hijo no puedes poseer perfecta libertad

si no tienes total abnegación.

Encarcelado están todos los poseedores y amantes

de sí mismos, codiciosos, noveleros e inestables

que siempre buscan su comodidad y no a Jesucristo, sino que siempre fingen y organizan lo que no durará.

Se perderá, pues todo lo que no proviene de Dios.

Retén esta frase breve y exacta:

Déjalo todo y lo encontrarás todo

abandona los malos deseos y encontrarás la calma.

Reflexiona en esto

y cuando lo practiques entenderás todas las cosas.

Discípulo:

Señor, éste no es trabajo de un solo día ni juego de niños

antes en esto tan breve se encuentra incluida

toda la perfección religiosa.

Jesucristo:

2. Hijo, no debes apartarte ni decaer tan pronto

al conocer el camino de los perfectos

sino más bien animarte a lo más alto

o al menos, aspirar a ello en tus deseos.

Ojalá te suceda así

y llegues a no ser más amante de ti mismo.

Si estuvieras dispuesto siempre a cumplir mi voluntad

y la del superior que te he dado

entonces me agradarías mucho

y toda tu vida transcurriría con alegría y paz.

Todavía te queda mucho por dejar

que si no abandonas íntegramente por Mí

no obtendrás lo que pides.

Te persuado a que me compres oro puro

para que seas rico (Ap 3,18).

Apártate de la sabiduría meramente humana

y de toda natural y propia complacencia.

Yo te he dicho que es necesario adquirir

las cosas más despreciables según el parecer humano,

con las que se consideran valiosas y excelentes porque muy despreciable y pequeña

parece la verdadera sabiduría celestial;

no se cree gran cosa ni busca que la alaben los demás;

está en los labios de muchos pero apartada de sus vidas siendo una perla preciosa escondida para muchos.

Capítulo: XXXIII
LA INESTABILIDAD DEL CORAZÓN Y LA NECESIDAD DE DIRIGIR LA INTENCIÓN FINALMENTE A DIOS

Jesucristo:

1. Hijo; no le creas al deseo que ahora tienes,

muy pronto se cambiará en otro.

Mientras vivas

estarás sujeto al cambio aunque no quieras;

porque a veces te encontrarás alegre, a veces triste,

unas veces tranquilo, otras perturbado,

unas veces devoto, otras sin devoción,

a veces atento, a veces descuidado,

a veces pesado, a veces liviano.

Pero la persona sabia y bien instruida en el espíritu

se mantiene firme por encima de todo lo cambiante.

No atiende a lo que siente dentro de sí

o de qué parte sopla el viento de la inestabilidad

sino a dirigir toda la intención de su mente

hacia el debido y deseado fin.

Porque así puede uno permanecer siempre el mismo

e ileso en medio de tan diversos sucesos

dirigiendo a Mí sin cesar,

la mirada de su incontaminada intención.

2. Mientras más pura sea su intención

más constante irá entre tantas tempestades.

En muchas cosas se oscurece la mirada de la pura intención

porque se observa fácilmente lo que se presenta como agradable

y así es raro quien se encuentra libre de la mancha de su propio interés.

Así los judíos en otro tiempo, fueron a Betania

donde Marta y María

no solamente por Jesús

sino más bien para ver a Lázaro (Jn 12,9).

Capítulo: XXXIV
DIOS ES LO MEJOR DE TODO PARA QUIEN LO AMA

Discípulo:

1. ¡Aquí está mi Dios y mi Todo!

¿Qué más quiero

y qué mayor felicidad puedo desear?

Frase excelente y agradable

para quienes aman al Señor

no al mundo ni a lo que hay en el mundo.

¡Dios mío Tú eres todo para mí!

A quien entiende le basta lo dicho

y repetirlo muchas veces es un gusto para los que aman.

Porque cuando Tú estás presente, todo es agradable

cuando Tú estás ausente todo causa fastidio.

Tú das tranquilidad al corazón, gran paz y alegre festejo.

Tú haces sentir bien de todos y alabarte por todos;

nada puede causar placer sin Ti.

Pero si debe agradecerse y sentirse bien

es imprescindible que tu gracia esté presente

y se sazone con tu propio sabor.

A quien Tú agradas ¿qué no le sabrá bien?

y a quien no siente tu sabor ¿qué le podrá agradar?

Pero los sabios de este mundo y los que saborean los bajos placeres

se pierden en tu sabiduría

porque en eso hay un gran vacío y allí se encuentra la muerte.

En cambio quienes te siguen, despreciando lo mundano

y dominando sus instintos,

son reconocidos como auténticos sabios

porque pasan de la vanidad a la verdad

y de lo material a lo espiritual.

Estos aprecian a Dios

y cualquier cosa buena que encuentran en la Creación toda la orientan en alabanza a su Creador.

Sin embargo es diferente y muy diferente el sabor del Creador y de lo creado

de la Eternidad y del tiempo limitado

de la Luz no creada y de la luz reflejada.

3. ¡Luz perpetua que supera a todas las luces creadas envía desde lo alto el resplandor que penetre hasta lo más íntimo de mi corazón!

Purifica, alegra, ilumina y vivifica mi espíritu con todas mis facultades para que me una contigo con el máximo júbilo.

¿Cuándo llegará este bendito y deseado momento

en que me sacie tu presencia

y seas todo para mí?

Mientras esto no suceda

no tendré felicidad completa.

¡Qué pena! Todavía vive en mí el hombre viejo

no está del todo crucificado, no ha muerto definitivamente,

todavía tiene fuertes deseos contrarios al espíritu,

todavía pelea internamente

y no soporta que esté en paz el gobierno del alma.

4. Pero Tú, que puedes dominar el mar

y calmar el movimiento de sus olas

dispersa a la gente que quiere la guerra,

doblégala con tu poder,

manifiesta tus maravillas

para que tu Mano sea glorificada

porque no hay otra esperanza ni refugio para mí

sino en Ti, Señor Dios mío.

Capítulo: XXXV
EN LA VIDA NO HAY SEGURIDAD DE QUE FALTEN TENTACIONES

Jesucristo:

1. Hijo, nunca te sientas seguro en esta vida

porque mientras vivas

necesitas siempre armas espirituales.

Estás entre enemigos

y te atacan a derecha e izquierda.

Si no utilizas por todas partes el escudo de la paciencia

y no fijas tu corazón en Mí

con la voluntad dispuesta a padecer todo por Mí

no podrás soportar este fuego ni obtener el premio de los Santos.

Te conviene pues, atravesar todo valientemente

y luchar con energía contra lo que se te oponga.

Porque al vencedor se le dará el maná (Ap 2,17)

y al flojo le quedará mucha miseria.

2. Si buscas descanso en esta vida,

¿cómo llegarás entonces al descanso eterno?

No te prepares a mucha tranquilidad

sino a gran paciencia.

Busca la auténtica paz en el Cielo, no en la Tierra,

no en los seres humanos ni en las demás criaturas

sino en Dios sólo.

Por amor a Dios debes sobrellevar todo de buena gana,

las pesadumbres y los dolores

las tentaciones, ofensas, ansiedades, necesidades,

enfermedades, injurias, murmuraciones,

represensiones, humillaciones, equívocos, correcciones y menosprecios.

Estas cosas ayudan a la virtud,

prueban al soldado de Cristo

y confeccionan la corona del Cielo.

Yo otorgaré favores eternos por un pequeño trabajo

y gloria infinita por un desconcierto pasajero.

3. ¿Piensas acaso que siempre tendrás consolaciones espirituales según tu voluntad?

Mis santos no las tuvieron siempre

sino más bien muchas pesadumbres,

variadas tentaciones y gran desolación.

Pero las soportaron todas con paciencia

y confiaron más en Dios que en sí mismos

conocedores de que no son proporcionales los padecimientospresentes a la futura gloria prometida.

¿Pretendes tú tener al instante

lo que muchos después de muchas lágrimas y grandes esfuerzos apenas consiguieron?

Espera en el Señor, trabaja vigorosamente

y serás reconfortado; no desconfíes, no huyas sino ofrécete constantemente en cuerpo y alma por la gloria de Dios.

Yo te recompensaré completamente;

Yo estaré contigo en cualquier dificultad (Sal 91,15).

Capítulo: XXXVI
LOS JUICIOS SIN VALOR DE LAS PERSONAS

Jesucristo:

1. Hijo, arroja fuertemente tu corazón en el Señor

y no temas los juicios humanos

cuando la conciencia te declare bueno y sin falta.

Es aceptable y bendito padecer estas cosas

y no es intolerable al corazón humilde

que confía más en Dios que en sí mismo.

Muchos hablan demasiado

y por eso se les debe creer poco;

porque satisfacer a todo el mundo no es posible.

Aunque San Pablo se esforzó por satisfacer a todos en el Señor,

y se hizo todo para todos,

sin embargo no dio la menor importancia al ser juzgado por ellos.

Hizo cuanto estaba de su parte y podía por la edificación y la salvación ajena,

pero no pudo librarse de ser juzgado

o despreciado algunas veces.

Por eso todo lo encomendó a Dios,

que lo conoce todo y se defendió con paciencia

y humildad de los que hablaban mal de él y

le dirigían pensamientos infundados y mentirosos de la manera que querían.

No obstante, respondió algunas veces

para evitar que los débiles se escandalizaran de su silencio.

2. ¿Por qué les temes a seres mortales?

Hoy están, y mañana no aparecen.

Teme a Dios

y no te espantarás de los hombres.

¿Qué te pueden hacer con palabras e insultos?

A ellos les hace más daño que a ti

porque, sean quienes sean, no podrán escaparse del juicio de Dios.

Tú, ten a Dios presente

y no combatas contra las palabras quejosas.

Si ahora parece que sucumbes

y padeces la humillación que no merecías

no te indignes por eso

no sea que por tu impaciencia disminuyas tu premio; mírame bien a Mí en el Cielo

porque tengo poder para liberarte de toda confusión y ofensa

y dar a cada uno según sus obras (Rm 2,3).

Capítulo: XXXVII
PURA E ÃNTEGRA ENTREGA PARA OBTENER LA LIBERTAD DE CORAZÓN

Jesucristo:

1. Hijo, déjate a ti

y me encontrarás a Mí.

Vive sin escoger y apropiarte de las cosas

y ganarás siempre.

Porque se te adjudicará gracia más amplia

en cuanto te entregues y no te retraigas.

Discípulo:

2. Señor, ¿cuantas veces me entregaré?

¿en qué deberé abandonarme?

Jesucristo:

3. Siempre y a toda hora.

Igual en lo poco que en lo mucho.

Sin exceptuar nada,

porque en todo te quiero encontrar libre.

De otro modo ¿cómo podrás ser todo mío y Yo tuyo

si no se te quita la propia voluntad, interna y externamente?

Cuanto antes hagas esto, tanto mejor te irá,

y cuanto más completa y sinceramente,

tanto más me agradarás y más ampliamente ganarás.

Hay quien se entrega

pero con alguna excepción:

no confía pues plenamente en Dios

y trabaja en proveerse a sí mismo.

Hay quien primero se ofrece totalmente

pero después, presionado por la tentación,

regresa a sus propios intereses

y progresa poquísimo en la virtud.

Estos nunca arribarán

a la verdadera libertad del corazón puro

ni a la feliz compañía de mi gracia

si no vuelven a la total entrega

y cotidiana inmolación que prometieron primero

sin lo cual no pueden gozar ni gozarán de la unión conmigo.

4. Muchísimas veces te dije, y ahora te repito:

Entrégate, abandónate

y gozarás de gran paz interior.

Dalo todo por el Todo:

nada busques, nada exijas

estabilízate simplemente y sin dudar en Mí

y me tendrás.

Serás libre de corazón

y la oscuridad no te ofuscará.

A esto dirige tus esfuerzos, por esto reza, esto desea:

poder verte libre de toda propiedad

y desnudo seguir a Jesús desnudo,

morir a ti mismo

para vivir eternamente para Mí.

Entonces se desvanecerán todas las vacías imaginaciones,

las perturbaciones inicuas y los cuidados superfluos.

Entonces también desaparecerá el temor exagerado

y morirá el amor desordenado.

Capítulo: XXXVIII
ORGANIZAR BIEN LA PROPIA VIDA Y RECURRIR A DIOS EN LOS PELIGROS

Jesucristo:

1. Hijo, en cualquier parte

y en toda actividad u ocupación externa,

debes procurar con ahínco

ser libre interiormente y dueño de ti mismo

y que todas las cosas estén sometidas a ti, y no tú bajo ellas;

para que seas señor y director de todas ellas,

no esclavo ni vendido

sino más bien como los liberados y verdaderos hebreos

que pasan a la condición de hijos de Dios;

que están por encima de las realidades presentes y esperan las futuras;

que miran despectivamente las cosas transitorias

y con interés las del cielo,

que no se dejan dominar por las presentes

sino que más bien ellos las atraen para utilizarlas con provecho

porque están orientadas a Dios

e instituidas por el supremo Artífice

que no dejó nada sin objetivo en la creación.

2. Si estás firme en todo acontecimiento

y no juzgas de él según la apariencia externa

ni consideras sin fe lo que ves u oyes

sino que en cualquier situación

entras, como Moisés, en el tabernáculo, para consultar al Señor,

oirás a veces la divina respuesta

y regresarás instruido sobre muchas cosas presentes y futuras.

Siempre pues recurrió Moisés al tabernáculo

en dudas y problemas

y acudió al auxilio de la oración

para sustraerse de los peligros y las maldades de las personas.

Así, tú debes penetrar en lo más secreto de tu corazón

implorando intensamente la ayuda de Dios.

Por eso se lee que Josué y los hijos de Israel

fueron engañados por los gabaonitas

porque no consultaron primero con Dios

sino que, demasiado crédulos de palabras suaves

fueron embaucados por falsa piedad.

Capítulo: XXXIX
EVITAR LA IMPERTINENCIA EN LOS PROPIOS ASUNTOS

Jesucristo:

1. Hijo, encomiéndame siempre tus asuntos:

Yo los arreglaré bien y oportunamente.

Espera lo que yo disponga

y sentirás que es para tu provecho.

Discípulo:

2. Señor, con mucho gusto te encomiendo todo lo mío

porque de poco sirve mi cuidado.

¡Ojalá que no me preocupen demasiado los futuros sucesos, sino que me ofrezca sin demora a tu voluntad!

Jesucristo:

3. Hijo, muchas veces el hombre busca con vehemencia lo que desea,

pero cuando lo consigue,

comienza a pensar distinto, porque las aficiones a las mismas cosas no son duraderas sino que nos llevan de una a otra.

4. El verdadero provecho de la persona

consiste en el renunciamiento de sí mismo

y quien es abnegado

tiene gran libertad y seguridad.

Pero el antiguo enemigo y adversario de todos los buenos

no cesa de tentar

sino que de día y de noche trama graves insidias

para hacer caer en el lazo a los incautos, si pudiese.

Estén despiertos y oren, dice el Señor,

para que no caigan en la tentación (Mt 26,41).

Capítulo: XL
NADA BUENO TIENE EL SER HUMANO DE LO QUE PUEDA ENALTECERSE

Discípulo:

1. Señor ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,

o el hijo del hombre para que lo visites? (Sal 8,5).

¿Qué ha merecido el hombre

para que le des tu gracia?

Señor ¿de qué me puedo quejar si me dejas?

o ¿qué puedo exigir con justicia, si no haces lo que pido?

De hecho, sólo puedo pensar y decir de verdad lo siguiente:

Señor, nada soy, nada tengo, nada bueno hago,

sino que fallo en todo y siempre tiendo a la nada.

Y, si no soy ayudado e interiormente orientado por Ti,

me convierto totalmente en tibio y descuidado.

2. Tú, Señor, en cambio, eres siempre el mismo

y eternamente permaneces siempre bueno, justo y santo;

bien, justa y santamente realizas todo

y lo dispones con sabiduría.

Pero yo, que soy más proclive a lo defectuoso que a lo perfecto

no puedo permanecer siempre estable

y cambio siete veces cada día.

Pero después me va mejor, cuando a Ti te parece

y me ofreces tu mano para ayudarme

porque Tú solo, sin solicitud humana, puedes auxiliarme

y reforzarme para que no vaya mi atención a uno y otro lado si no que a Ti solo se convierta mi corazón y descanse.

3. Por lo cual, si yo supiera desechar bien toda satisfacción

humana ya sea por la expectativa de la devoción

o por la necesidad que me impulsa a buscarte

porque no hay ser humano que me consuele

entonces, con razón, podría esperar tu gracia

y alegrarme por el don de tu nueva visita.

4. Gracias a Ti, de quien todo viene

cada vez que algo bueno me sucede.

Yo soy vacío y nada ante Ti,

soy persona inconstante y débil.

¿De qué puedo alabarme

o por qué deseo ser reconocido?

¿Acaso por nada?

Esto es de los más inútil.

Verdaderamente, el prestigio infundado es una mala peste,

vanidad máxima que nos aparta de la verdadera gloria

y nos despoja de la gracia celestial.

Cuando alguno se agrada a sí mismo,

desagrada a Dios;

cuando aspira a las alabanzas humanas,

se priva de la verdadera virtud.

5. La verdadera gloria y alegría santa

consiste en gloriarse en Ti y no en sí mismo

gozarse en Tu Nombre, no en la propia virtud

y no deleitarse en lo creado si no es por Ti.

Alabanza a tu Nombre, no al mío;

engrandecidas tus obras, no las mías;

bendición a tu santo Nombre

y que no se me atribuyan las alabanzas humanas.

Tú eres mi gloria y la alegría de mi corazón

en Ti me gloriaré y me alegraré todos los días

porque de mi parte no hay de qué, sino de mis debilidades (2Co 12,5).

Busquen los hombres el reconocimiento que se dan mutuamente.

Yo buscaré solamente el reconocimiento que viene de Dios.

Todo prestigio humano, todo honor pasajero,

toda exaltación mundana,

comparada con tu eterna gloria es vanidad y necedad.

¡Verdad mía y misericordia mía, Dios mío, Santa Trinidad,

sólo a Ti la alabanza, el honor, el poder y la gloria por los infinitos siglos de los siglos!

Capítulo: XLI
MENOSPRECIAR LOS HONORES

Jesucristo:

1. Hijo, no te deprimas

si ves rendir homenaje y promover a otros

mientras a ti te desprecian y humillan.

Eleva tu corazón hacia Mí en el Cielo

y no te entristezca el desprecio de los hombres de la Tierra.

Discípulo:

Señor, estamos ciegos y pronto nos dejamos seducir por la vanidad.

Si me miro con sinceridad

nunca he recibido una ofensa de alguna criatura

por la que pueda en justicia quejarme de Ti.

Pero ya que he pecado contra Ti tan frecuente y gravemente

es razonable que se armen contra mí todas las criaturas.

Por tanto, merezco justamente vergüenza y desprecio

y Tú, en cambio, alabanza, honor y gloria.

Y si no me preparo a recibir con gusto

desprecio y postergaciones por parte de los demás

y a que no me consideren

no podré pacificarme y estabilizarme internamente ni recibir la luz espiritual ni unirme plenamente contigo.

Capítulo: XLII
LA PAZ NO DEBE SUSTENTARSE EN LAS PERSONAS

Jesucristo:

1. Hijo, si pones tu paz en otra persona según tu parecer y conveniencia

serás inestable y dependiente.

Pero si recurres a la Verdad siempre viva y abundante

no te entristecerás por el amigo que te abandona o desaparece.

En Mí debes amar a quien te parezca bueno y muy estimado en esta vida.

Debes estar como muerto a los afectos exclusivistas de los seres más queridos

y en cuanto de ti depende, vivir libre de todo.

Se acerca uno más a Dios

en la medida en que se retira lejos de las satisfacciones presentes.

Se eleva uno más alto hacia Dios

mientras más profundamente desciende dentro de sí

y más limitado se considera.

2. Quien se atribuye a sí mismo algo bueno

impide la venida de la gracia de Dios

porque la gracia del Espíritu Santo

siempre busca el corazón humilde.

Si supieras reconocer perfectamente tu profunda ineptitud

y vaciarte de todo amor egoísta

entonces yo te llenaría con abundantes gracias.

Cuando Tú miras a lo creado

desaparece de tu vista el Creador.

Aprende a vencer en todo por el Creador

para que seas capaz de alcanzar el conocimiento divino.

Así sea muy pequeño

lo que amas y consideras inconvenientemente

te retrasa de lo Supremo y te daña.

Capítulo: XLIII
LIMITACIÓN DE LA CIENCIA HUMANA

Jesucristo:

1. Hijo, no te dejes influenciar

por las bellas y sutiles frases de las personas.

El Reino de Dios no consiste en palabras sino en virtudes (1Co 4,20)

Atiende más bien a mis palabras

que encienden los corazones e iluminan las mentes,

conducen al arrepentimiento que lleva a la conversión y proporcionan muchas consolaciones.

Nunca leas cosas para aparentar erudición o sabiduría.

Estudia cómo mortificar los vicios

porque esto te será de mayor provecho

que el conocimiento de muchas cuestiones difíciles.

2. Cuando hayas terminado de leer y conocer muchas cosas

conviene siempre que regreses al principio:

Soy Yo quien enseñó la verdadera ciencia a los hombres

y doy más clara inteligencia a los pequeños que cualquier persona pueda enseñar.

A quien Yo le hablo, pronto será sabio

y aprovechará mucho espiritualmente.

¡Mal para los que inquieren muchas curiosidades

y se ocupan poco del camino de servirme a Mí!

Llegará el tiempo cuando aparecerá Cristo, Maestro de todos los maestros, y Señor de los ángeles, a oír las lecciones de todos, es decir, a tomar examen a las conciencias,

entonces, escudriñará a Jerusalén con linternas,

se descubrirán los secretos de las tinieblas

y callarán los argumentos verbales.

3. Yo soy quien elevo en un instante la mente humilde

para que capte más razones de la verdad eterna

que si hubiera estudiado diez años en centros docentes.

Yo enseño sin estrépito de palabras,

sin divergencia de opiniones, sin lucimientos personales,

sin confrontación de argumentos.

Yo soy quien enseño a despreciar lo contingente,

a buscar lo eterno, a saborear lo eterno,

a huir de los honores, a soportar los tropiezos,

a poner toda la confianza en Mí, a nada desear

fuera de Mí, y amarme ardorosamente sobre todo.

4. Y así, amándome uno íntimamente,

aprendió cosas divinas y narraba maravillas.

Se aprovecha más dejando todas las cosas

que estudiando sutilezas.

Pero a algunos les hablo de cosas comunes, a otros especiales;

a algunos aparezco dulcemente en señales e imágenes,

a otros les revelo los misterios en medio de gran luz.

Una cosa dicen los libres, pero no enseñan a todos por igual

porque interiormente, yo soy el Maestro de la verdad,

Escudriñador del corazón, Conocedor de los pensamientos,

Promotor de las acciones,

distribuyendo a cada uno según juzgo conveniente.

Capítulo: XLIV
NO DEJARSE INFLUENCIAR POR LAS COSAS EXTERIORES

Jesucristo:

1. Hijo, te conviene ser ignorante en muchas cosas

y considerarte como muerto en la Tierra,

para quien todo el mundo está crucificado.

Te conviene también hacerte el sordo en muchas cosas

y pensar más lo que conviene para tu paz.

Es más útil apartar la vista de lo que te desagrada

y dejar a cada uno con su parecer

que ocuparse en discutir.

Si estás bien con Dios y miras su juicio

fácilmente de darás por vencido.

Discípulo:

2. ¡Señor, a qué hemos llegado!

Nos lamentamos por los perjuicios temporales,

por una pequeña ganancia trabajamos y corremos

pero transcurre olvidado el daño espiritual

y apenas rara vez vuelve a la memoria.

Se presta atención a lo que poco o nada aprovecha

y se posterga con negligencia lo que es sumamente necesario

porque todo el hombre se derrama al exterior

y si no recapacita pronto,

con gusto se arroja fuera de sí.

Capítulo: XLV
NO DEBE CREERSE A TODOS PUES CON FACILIDAD SE FALLA EN LAS PALABRAS

Discípulo:

1. ¡Ayúdame, Señor, en la dificultad

porque es nula la ayuda de los hombres!

¡Con qué frecuencia no encontré fidelidad

donde supuse que había!

Porque es inconsistente la esperanza en los hombres

ya que la salvación de los santos está sólo en Ti Dios mío.

Te bendigo, Señor Dios mío

en todo lo que nos acontece.

Somos débiles e inestables

pronto nos engañamos y cambiamos.

2. ¿Quién hay que con cautela y circunspección

pueda cuidarse en todo

sin llegar a caer alguna vez en algún engaño o desconcierto?

Pero quien confía en Ti, Señor,

y te busca con sinceridad de corazón

no caerá tan fácilmente.

Y si cayera en alguna tribulación

de cualquier modo que estuviera implicado en ella

pronto sería liberado o consolado por Ti

porque Tú no abandonas

a quienes confían en Ti hasta el fin.

Raro es el amigo fiel

que persevera en todas las dificultades del amigo.

Tú solo Señor, Tú solo eres fidelísimo en todo

y fuera de Ti no hay nadie igual.

3. ¡Qué bien lo sabía el santo que dijo:

Mi alma está asegurada y cimentada en Cristo!

Si yo fuera así,

no me angustiaría tanto el temor natural

ni me chocarían las palabras ofensivas.

¿Quién puede preverlo todo?

¿Quién es capaz de precaver los males posibles?

Si lo que hemos previsto nos daña muchas veces,

¿qué hará lo imprevisto sino dañarnos seriamente?

Pero ¿por qué no me preparé mejor?

¿Por qué les creí a otros tan fácilmente?

En fin, somos humanos, igual de débiles que los demás

aunque muchos nos digan y consideren como ángeles.

¿A quién creeré, Señor?

¿A quién, sino a Ti?

Eres la Verdad que no engaña ni puede engañar.

Al contrario, todo hombre es mentiroso

débil, inestable y se cae, sobre todo cuando habla

de modo que no se debe aceptar de inmediato

lo que parece a primera vista.

¡Qué acertadamente nos recomendaste cuidarnos de las personas

porque los enemigos del hombre son sus propios allegados, ni debe creerse si alguien dice:

Cristo está aquí, o está allí!

He aprendido con mi propio daño,

y ojalá que me sirva para mayor cautela y no descuido.

Ten cuidado, me dice alguien, ten cuidado

mantén en secreto lo que te digo.

Y mientras yo me callo, y creo que está oculto

él no pudo guardar el secreto

sino que de inmediato me descubrió a mí y a él,

y se fue.

Protégeme Señor de estas falsedades

y de la indiscreción de las personas

para que no caiga en sus manos

ni cometa semejantes desatinos.

Palabras verdaderas y firmes pon en mis labios

y desvía lejos de mí las lenguas maliciosas.

4. ¡Qué bueno y pacífico es no hablar de los demás

ni creerlo todo fácilmente, ni hablar después irreflexivamente,

revelar pocas cosas de sí mismo, buscarte siempre a Ti que miras el corazón,

no dejarse llevar por cualquier viento de palabras,

para que todas las cosas, internas y externas,

se realicen plenamente según tu voluntad!

¡Qué seguro para conservar la gracia divina

es huir de las apariencias

y no desear lo que externamente causa admiración

sino seguir con el mayor cuidado

lo que promueve y favorece la corrección de la vida!

¡A cuántos ha hecho daño la virtud descubierta y alabada antes de tiempo!

¡Qué provechoso fue siempre

mantener en secreto la gracia durante esta vida

llena de tentaciones y lucha!

Capítulo: XLVI
CONFIEMOS EN DIOS CUANDO NOS OFENDAN DE PALABRA

Jesucristo:

1. Hijo, manténte firme y confía en Mí.

¿Qué son las palabras sino palabras?

Vuelan por el aire pero no rajan una piedra.

Si eres culpable

piensa que con gusto quieres corregirte.

Si nada malo hay en ti

piensa que con gusto quieres soportarlo por Dios.

Es poca cosa que soportes alguna vez palabras ofensivas

ya que todavía no tienes capacidad para soportar grandes golpes.

¿Por qué será que tan pequeños asuntos te lleguen al corazón,

sino porque todavía no te has superado

y prestas a las personas más atención de la que conviene?

Porque temes que te desprecien

no quieres que te reprendan por tus errores

y buscas la sombra de las excusas.

2. Pero mírate mejor y reconocerás que todavía vive

en ti la mentalidad mundana y el deseo inconsistente de quedar bien con los demás.

Porque al huir de ser abatido y menospreciado por tus defectos

se manifiesta que ni eres verdaderamente humilde

ni está en realidad muerto el mundo y crucificado para ti.

Pero atiende a mis palabras

y no te preocuparán diez mil palabras humanas.

Mira: si dijeran contra ti

todo lo que muy maliciosamente pudieran inventar ¿qué daño te causaría si lo dejas pasar y no lo consideras más que una brizna?

¿Acaso te puede arrancar un solo cabello?

3. El que no está dentro de su corazón

ni me tiene a Mí ante sus ojos

fácilmente se conmueve por las palabras hirientes.

En cambio el que confía en mí

y no sigue su propio parecer

vivirá sin temores.

Yo, pues, soy juez y el conocedor de todos los secretos.

Yo sé bien como son las cosas.

Yo conozco al que ofende y también al que soporta.

De mí salen esas palabras, yo permito que esto suceda

para que se revelen los pensamientos de muchos corazones.

Yo juzgo al culpable y al inocente

pero quise probar antes a ambos con oculto juicio.

4. Los testimonios humanos con frecuencia son falsos

mi juicio es veraz, consistente e invariable;

muchas veces está escondido y no es evidente a todos

pero nunca yerra ni puede errar

aunque a los ojos de los necios no parezca correcto.

A Mí, pues, hay que recurrir en todo juicio

y no confiar en el propio criterio.

Porque el santo no sufrirá turbación por lo que le ocurra de parte de Dios.

Y no se preocupará mayormente

incluso cuando se diga algo injusto contra él.

Ni tampoco se engreirá

si es defendido por otros con razón.

Porque reconoce que yo soy el examinador de lo más íntimo,

que no juzgo según la cara o la apariencia humana.

Muchas veces es culpable ante mis ojos

el que según el juicio humano se considera ejemplar.

Discípulo:

5. Señor, Dios mío, Juez justo

enérgico y paciente que has conocido la fragilidad y la perversidad humana,

sé Tú mi fortaleza y toda mi confianza

porque no me basta mi sola conciencia.

Tú sabías lo que yo ignoraba

y por eso debo aceptar toda represión y conformarme.

Perdóname también piadosamente

todas las veces que no lo hice así

y otórgame mayor gracia de resistencia para otra vez.

Mejor es pues para mí

tu abundante misericordia para obtener el perdón

que mi pretendida justicia para defender

lo que tengo oculto en la conciencia.

Porque aunque ella de nada me acuse

no por eso me puedo considerar santo

porque sin tu misericordia

no será justificado en tu presencia ningún ser vivo.

Capítulo: XLVII
DEBE SOPORTARSE TODO PESAR POR LA VIDA ETERNA

Jesucristo:

1. Hijo, no te vayan a quebrantar los trabajos que asumiste por Mí,

ni te derriben del todo las dificultades

sino que en toda ocasión te robustezcan y consuelen mis promesas.

Yo soy suficiente para recompensarte

más allá de toda forma y medida.

No trabajarás aquí mucho tiempo

ni siempre estarás sujeto a los dolores.

Espera un poquito

y verás que pronto se acaban los males.

Llegará el momento

cuando cesará todo trabajo e inquietud.

Poco y breve

es todo lo que pasa con el tiempo.

2. Haz lo que debas hacer,

labora con fidelidad en mi viña.

Yo seré tu premio.

Escribe, lee, canta, sufre, cállate, reza

soporta valerosamente las adversidades;

la vida eterna es digna de esta y mayores peleas.

Llegará la paz un día que el Señor lo sabe,

un día sin noche, no como los demás días,

sino con luz permanente, claridad sin límite,

paz firme y descanso seguro.

No dirás entonces: ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? (Rm 7,24), ni exclamarás: ¡Pobre de mí, porque mi destierro se prolonga! (Sal 120,5)

porque la muerte quedará destruida,

la salud será completa,

nula la ansiedad,

santa la alegría

y la sociedad dulce y hermosa.

3. Si vieses las coronas de los santos en el cielo,

y cómo gozan ahora los que antes fueron despreciados en este mundo y se pensaba que eran indignos de vivir,

de inmediato te humillarías hasta el suelo

y preferirías estar sometido a todos

antes que mandar a uno solo;

no desearías los días felices de esta vida

sino más bien te alegrarías de sufrir por Dios

y considerarías la mayor ganancia ser tenido en nada por los hombres.

4. Si apreciaras estas cosas y las hicieras penetrar en lo profundo de tu corazón

¿cómo te atreverías a quejarte ni siquiera una sola vez?

¿Acaso no debe soportarse hasta lo más difícil

por la vida eterna?

No es de poca importancia

lo que pueda ganar o perder el Reino de Dios.

Levanta tu mirada hacia el Cielo;

mírame a Mí y a todos los santos que están conmigo quienes en éste mundo tuvieron grandes combates.

Ahora gozan, ahora están satisfechos

ahora están seguros, ahora descansan

y permanecen conmigo en el Reino de mi Padre para siempre.

Capítulo: XLVIII
LA ETERNIDAD Y
LAS DIFICULTADES DE LA VIDA

Discípulo:

1. ¡Feliz residencia en la Ciudad del Cielo!

¡Día luminoso de la eternidad que la noche no oscurece

sino que siempre brilla con la suprema Verdad;

día siempre alegre,

siempre seguro que jamás cambia!

¡Ojalá amaneciera pronto ese día

y empezara el fin de estos tiempos!

Alumbra a los santos con su espléndida claridad permanente

pero sólo a lo lejos y como señal a los que peregrinan en la Tierra.

2. Saben bien los habitantes del Cielo qué feliz es ese día; sufren los desterrados hijos de Eva

al constatar la amargura y tedio del presente.

Los días de este tiempo son pocos y malos

llenos de dolores y angustias,

en los que el hombre se mancha con muchos pecados,

se enreda en muchas pasiones

se angustia por muchos temores,

se llena de preocupaciones,

se distrae con muchas curiosidades,

se implica en muchas frivolidades,

se envuelve mucho en desaciertos,

se desgasta en muchos trabajos,

está acosado por las tentaciones,

debilitado por los placeres

y atormentado por la indigencia.

3. ¿Cuándo se acabarán todos estos males?

¿Cuándo me libraré de la miserable esclavitud de los vicios?

¿Cuándo me acordaré, Señor, sólo de Ti?

¿Cuándo me alegraré íntegramente en Ti?

¿Cuándo estaré sin ningún impedimento, en verdadera libertad,

sin la menor molestia de alma y cuerpo?

¿Cuándo habrá paz estable, paz imperturbable y segura

paz por dentro y por fuera,

paz del todo firme?

Buen Jesús:

¿Cuándo estaré listo para verte?

¿Cuándo contemplaré el esplendor de tu Reino?

¿Cuándo serás para mí Todo en todas las cosas?

¿Cuándo estaré contigo en tu Reino

que desde toda la eternidad preparaste para tus elegidos?

Me he quedado acá, pobre y abandonado, en tierra hostil,

donde hay pena cotidiana y máximos infortunios.

4. Consuela mi exilio,

mitiga mi dolor,

porque a Ti te anhela todo mi deseo.

Porque es un peso para mí

todo lo que este mundo ofrece para la satisfacción.

Deseo gozar íntimamente de Ti

pero no logro conseguirlo.

Quiero adherirme a las cosas celestiales

pero me abaten las cosas pasajeras y las pasiones descontroladas.

Procuro elevarme con la mente sobre las cosas creadas

pero la naturaleza me obliga a estar debajo de ellas.

Así yo, hombre infeliz,

peleo conmigo mismo y me hago pesado a mí mismo

porque el espíritu busca lo de arriba

y la naturaleza lo de abajo.

¡Cuánto sufro internamente,

cuando mi mente medita las cosas del cielo

y se me presenta de improviso

una turba de pensamientos lujuriosos!

5. ¡Dios mío no te apartes de mí

ni te desvíes con ira de tu servidor!

Haz fulgurar tu caridad y desvanece las tinieblas, envía tus dardos

para que se confundan todas las asechanzas de los enemigos.

Recoge todas mis facultades en Ti,

hazme olvidar todo lo mundano,

concédeme desechar y despreciar hasta la apariencia de los vicios.

Ayúdame, Verdad eterna

y que ninguna vanidad me conmueva.

Ven, Suavidad celestial

y que huya en tu presencia toda impureza.

Perdóname también y considérame misericordiosamente

cada vez que pienso en la oración algo fuera de Ti,

ya que confieso sinceramente

que acostumbro a estar muy distraído.

Porque con frecuencia no estoy donde me encuentro físicamente,

sino más bien estoy

donde me llevan mis pensamientos.

Allí estoy, donde está mi pensamiento,

allí está más frecuentemente mi pensamiento

donde está lo que amo.

Pronto me sobreviene

lo que naturalmente deleita o agrada por costumbre.

6. Por eso Tú, que eres la Verdad, dijiste claramente:

Donde está tu tesoro

allí está tu corazón (Mt 6,21).

Si amo al Cielo

con gusto pienso en lo de arriba.

Si amo al mundo

me alegro de sus éxitos

y me entristezco de sus adversidades.

Si amo la lujuria

con frecuencia tengo pensamientos lujuriosos

porque de todo lo que amo hablo

y escucho con gusto y llevo conmigo a mi casa su imagen.

Pero feliz la persona que por Ti Señor,

permite a las criaturas apartarse de ella,

que domina su naturaleza,

crucifica sus bajas tendencias con el fervor del espíritu para ofrecerte una oración pura con la conciencia serena y ser digna de integrar el coro de los ángeles, excluidas interna y externamente todas las cosas creadas.

Capítulo: XLIX
EL DESEO DE LA VIDA ETERNA Y LOS BIENES PROMETIDOS ALOS ESFORZADOS

Jesucristo:

1. Hijo, cuando sientes que te viene algún deseo de la eterna felicidad,

y anhelas salir de la habitación de tu cuerpo para

poder contemplar mi claridad sin sombra de cambio,

abre tu corazón y recibe con todo amor esta santa inspiración.

Agradece ampliamente a la Suprema Bondad

que se ha dignado actuar así contigo,

visitarte con clemencia, estimularte con calor,

levantarte vigorosamente para que no caigas a tierra por tu propio peso.

Porque no recibes esto porque se te ocurre o por tu propio esfuerzo

sino únicamente por la voluntad de la Gracia superior y el agrado divino,

para que progreses en las virtudes y en mayor

humildad te prepares a los futuros combates,

te unas a Mí de todo corazón por el afecto

y con ardorosa voluntad te dediques a servirme.

2. Hijo, muchas veces arde el fuego

pero no sube la llama sin humo.

Así, los deseos de algunos se encienden por las cosas del Cielo

y sin embargo no están del todo libres de la tentación del afecto humano.

Y por eso no actúan exclusivamente por el honor de Dios,

aunque lo piden tan insistentemente.

Así suele ser con frecuencia tu deseo

que quizás insinuaste tan importunamente.

No es, pues, puro y perfecto

lo que está penetrado por la propia conveniencia.

3. Pide, no lo que es para ti agradable y conveniente

sino lo que es para Mí aceptable y honorífico

porque si juzgas rectamente

debes preferir mi voluntad a tu deseo y todo lo deseado.

Conozco tus deseos

y escucho tus frecuentes quejidos.

Ya quieres estar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Ya te deleita la Casa eterna y la Patria del cielo plena de alegría

pero todavía no ha llegado la oportunidad;

aún falta otro tiempo,

tiempo de pena, tiempo de trabajo y de prueba.

Deseas alcanzar el máximo Bien

pero por ahora no puedes conseguirlo.

Yo soy, dice el Señor;

espérame hasta que venga el Reino de Dios.

4. Todavía debes ser puesto a prueba en la Tierra y ejercitado en muchas cosas.

De vez en cuando se te otorgará el consuelo

pero no se te dará la total satisfacción.

Anímate, pues, y esfuérzate

tanto en hacer como en sufrir lo que contradice a tu naturaleza.

Conviene que te vistas del hombre nuevo

y te conviertas en otra persona.

Te conviene hacer frecuentemente lo que no quieres

y lo que quieres, conviene abandonar.

Lo que a otros gusta, progresará;

lo que a ti te gusta, no se realizará.

Lo que otros dicen, se escuchará;

lo que tú dices no valdrá nada.

Otros pedirán y recibirán;

tú pedirás y no conseguirás.

Se hablará maravillas de los demás

de ti, en cambio, se callará.

A otros se les encargará una u otra cosa,

pero tú serás considerado como inútil.

Por todo esto, a veces la naturaleza se deprime

y será gran cosa si lo soportas en silencio.

5. En estas situaciones y otras similares

se pone a prueba al servidor de Dios

para verificar de qué manera sabe negarse

y renunciar a todo.

Apenas existe algo en lo que tanto necesites morir

como ver y soportar lo que contradice a tu voluntad principalmente cuando se te manda lo que parece ser inconveniente o menos útil.

Y porque tú, siendo inferior,

no te atreves a oponerte a la voluntad de tu superior,

por eso te parece duro andar pendiente de otro y desechar tu propio parecer.

6. Pero piensa, hijo, en el resultado de tus esfuerzos,

su fin inminente y premio grandísimo

y no tendrás más pesadumbre

sino mucho consuelo por tu paciencia.

Porque por un poco de voluntad propia que ahora dejas con gusto,

poseerás siempre tu voluntad en el Cielo.

Allí, pues, encontrarás todo lo que quieras,

todo lo que pudieras desear.

Allí tendrás en tu poder todo el bien,

sin temor de perderlo.

Allí tu voluntad, unida conmigo para siempre,

nada deseará que sea extraño o propio.

Allí nadie te contrariará,

nadie se quejará de ti,

nadie te molestará, nada te estorbará

sino que gozarás a la vez de todas las cosas que desees

y todas tus necesidades quedarán satisfechas.

Allí te otorgaré honores por los atropellos sufridos,

indumentaria excelente por la aflicción,

y por el último lugar, asiento de rey para siempre.

Allí se verá el fruto de la obediencia,

aparecerá muy alegre el esfuerzo del arrepentimiento y se coronarábrillantemente la humilde sumisión.

7. Por eso, pues, inclínate humildemente ante toda autoridad legítima

y no te preocupes de quien lo dijo o lo mandó;

y sea viejo, o joven, o igual el que algo te exige o te insinúa

procura con el mayor cuidado recibirlo todo bien

y esforzarte por cumplirlo con sincera voluntad.

Cada uno que busque lo que quiera,

que se ufane de esto o de lo otro

y se engría millones de veces;

tú, en cambio, ni en una cosa ni en la otra

sino alégrate en el reconocimiento de tus limitaciones y en mi exclusiva voluntad y honor.

Debes desear que tanto en la vida como en la muerte

Dios sea siempre glorificado en ti.

Capítulo: L
LA PERSONA DESCONSOLADA DEBE PONERSE EN LAS MANOS DE DIOS

Discípulo:

1. Señor Dios, Padre Santo

bendito seas ahora y siempre

porque como quieres se hace

y todo lo que haces es bueno.

Se alegra en Ti tu servidor

no en sí mismo ni en algún otro

porque sólo Tú eres alegría verdadera,

Tú eres mi esperanza y mi premio

Tú Señor eres mi gozo y mi honor.

¿Qué tiene tu servidor

que no lo haya recibido de Ti

incluso sin mérito suyo?

Tuyo es todo lo que das y lo que haces

soy pobre y lleno de fatigas desde mi juventud (Sal 88,16)

me entristezco algunas veces hasta llorar,

y otras veces me altero por las pasiones que me acosan.

2. Deseo disfrutar de paz,

imploro la paz de tus hijos

que son pacificados por Ti con la luz del consuelo.

Si me das paz, si derramas en mí el santo gozo

está tu servidor lleno de armonía

y dispuesto para alabarte.

Pero si te retiras, como sucede con frecuencia,

no podré reconocer el camino de tus mandamientos.

Sino más bien caeré de rodillas golpeándome el pecho porque no me va como anteriormente cuando brillaba tu resplandor sobre mi cabeza y bajo la sombra de tus alas me protegías de las tentaciones impetuosas.

3. Padre justo y siempre alabado

llega el momento de la prueba para tu servidor.

Padre querido

es necesario que en esta hora padezca algo tu servidor por Ti.

Padre perpetuamente venerado

llega la hora que habías previsto desde la eternidad

en la que tu servidor estará abatido por fuera corto tiempo para que viva siempre interiormente contigo;

ofendido un poco,

humillado y menospreciado por los demás,

consumido por pasiones y enfermedades

para que vuelva a resurgir contigo en la luz de un nuevo amanecer

y sea glorificado en el cielo.

Padre Santo, así lo mandaste Tú, así lo quisiste

y todo se ha realizado tal como lo decidiste.

4. Este es el favor para tu amigo:

padecer y angustiarse en el mundo por tu amor,

por cualquiera y cuantas veces lo permitas.

Sin tu parecer y providencia, y sin causa,

nada sucede en la Tierra.

Es bueno para mí, Señor, que me hayas humillado para que acepte tus mandamientos (Sal 119,17)

y destierre de mi corazón toda sobrevaloración y presunción.

Es útil para mí, que la vergüenza cubra mi rostro

para que requiera tu consuelo, y no el de los hombres.

Aprendí también de esto, a temer tu inescrutable juicio con el que afliges tanto al santo como al impío pero siempre con equidad y justicia.

5. Te doy gracias

porque no me evitaste los males

sino que me golpeaste con amargos latigazos,

me infligiste dolores y me enviaste angustias

interiores y exteriores.

No hay quien me consuele

entre todos los que están bajo el cielo

sino Tú, Señor y Dios mío, celestial médico de las almas que hieres y sanas

dejas morir y resucitas,

Tu rigor me protege

y tu mismo látigo me enseña.

6. Mira, Padre querido que estoy en tus manos

y me inclino ante tu corrección

golpea mi espalda y mi cuello

para que se someta a tu voluntad mi tortuosidad.

Conviérteme en piadoso y humilde discípulo

como acostumbras hacerlo

para que camine siempre pendiente de tu voluntad.

Me encomiendo a tu corrección junto con todas mis cosas.

Porque mejor es que me corrijas ahora que después.

Tú conoces todas y cada una de las cosas

y nada en la conciencia humana está oculto para Ti.

Antes que suceda, sabes lo que va a pasar

y no hay necesidad que alguno te enseñe o avise

de lo que se hace en la Tierra.

Tú sabes lo que conviene para mi provecho

y qué útil resulta el sufrimiento

para limpiar la herrumbre de los vicios.

Haz conmigo tu deseo y tu gusto

y no deseches mi vida defectuosa

para nadie mejor ni más claramente conocida que para Ti.

7. Concédeme, Señor, saber lo que debe saberse,

amar lo que debe amarse,

alabar lo que es agradable para Ti

y estimar lo que te parece valioso

y aborrecer lo que ofende tu mirada.

No permitas que juzgue conforme con las apariencias

ni que sentencie según escuche de los hombres ignorantes

sino dame tu gracia

para que pueda discernir con verdadero criterio

entre lo material y lo espiritual

buscando siempre sobre todo el cumplimiento de tu voluntad.

8. Muchas veces se equivocan los seres humanos al juzgar

se equivocan los amantes del mundo que sólo aman lo que ven.

¿Acaso es mejor la persona

que los demás consideran más grande?

El mentiroso engaña al mentiroso,

el frívolo al frívolo, el ciego al ciego;

y realmente más lo confunde cuando lo alaba sin motivo.

Porque cuanto es cada uno de tus ojos

eso es, y nada más, dice el humilde San Francisco.

Capítulo: LI
DEBEMOS REALIZAR TAREAS HUMILDES CUANDO NO PODAMOS MAYORES

Jesucristo:

1. Hijo, no eres capaz siempre de permanecer

en el deseo entusiasta por las virtudes

ni perseverar en el más alto grado de la oración

sino que es inevitable, por causa del pecado original, que desciendas alguna vez a cosas bajas y sobrelleves el peso de esta vida que se acaba, aunque te fastidie.

Mientras tengas este cuerpo mortal

sentirás tedio y opresión en el corazón.

Es preciso, pues, mientras vivas esta vida natural

que gimas bajo el peso de tu naturaleza

porque no puedes dedicarte incesantemente

a las actividades espirituales y la divina contemplación.

2. Entonces conviene que te ocupes en obras humildes y exteriores

contentándote con hacer buenas obras;

y mientras esperas mi visita con firme confianza,

debes soportar con paciencia tu destino y la sequedad del espíritu,

hasta que de nuevo recibas mi visita y seas liberado de todas las angustias.

Porque haré que te olvides de tus sufrimientos

y disfrutes de la paz interior;

extenderé ante Ti los campos de las Escrituras Sagradas para que con gran ánimo

empieces a correr por el camino de mis mandamientos.

Entonces dirás: No son comparables los padecimientos de esta vida, con la Gloria futura que se manifestará en nosotros (Rm 8,18).

Capítulo: LII
NO DEBEMOS CONSIDERARNOS DIGNOS DE CONSUELO SINO MÃS BIEN MERECEDORES DE CASTIGO

Discípulo:

1. Señor, no soy digno de tu consolación

ni de alguna visita espiritual.

Y por eso actúas justamente conmigo

cuando me dejas pobre y desconsolado.

Porque aunque pudiera llenar el mar con mis lágrimas

todavía no sería digno de tu consuelo.

Merezco ser agredido y castigado

porque seria y frecuentemente te ofendí

y en muchas otras cosas delinquí.

Así que, pensándolo bien,

no merezco la mínima satisfacción.

Pero Tú, Dios clemente y misericordioso,

que no quieres que se pierdan tus obras

para que se manifiesten las riquezas de tu bondad

en vasos de misericordia,

fuera de todo mérito personal

te dignas consolar a tu servidor de forma sobrenatural.

Porque tus consuelos no son ilusorios como los humanos.

2. ¿Qué he hecho, Señor,

para que me brindes alguna consolación celestial?

No me acuerdo de haber hecho algún bien

sino más bien de estar siempre inclinado a los vicios

y flojo para corregirme.

Esto es cierto

y no puedo negarlo.

Si dijera otra cosa, Tú estarías contra mí,

y no habría quien me defienda.

¿Qué he merecido por mis maldades

sino el infierno y el fuego eterno?

De veras confieso que soy merecedor

de toda vergüenza y desprecio,

e indigno de ser considerado entre tus discípulos.

Y aunque me incomode este lenguaje

no dejaré de acusar mis pecados contra mí

en honor a la verdad,

para que más fácilmente merezca alcanzar tu misericordia.

3. ¿Qué podré decir yo, que me siento culpable y lleno de vergüenza?

No encuentro más palabras, salvo las siguientes:

He pecado, Señor, he pecado

compadécete de mi y perdóname.

Dame un poco de tiempo para que llore de pena

antes que vaya a la región tenebrosa y cubierta

por la oscuridad de la muerte.

¿Qué es lo que exiges ante todo al culpable y miserable pecador

sino que se convierta y se humille por sus pecados?

Del verdadero arrepentimiento y humillación del corazón

nace la confianza en el perdón,

se reconcilia la conciencia perturbada,

se rehace la gracia perdida,

se protege el hombre de la ira futura,

y se unen en un beso santo

Dios y la persona convertida.

4. Señor, Tú aceptas el sacrificio del arrepentimiento humilde de los pecadores

que perfuma en tu presencia más suavemente que el incienso.

Este es también el ungüento agradable

que tú permitiste que derramaran sobre tus pies

porque nunca despreciaste un corazón arrepentido y humillado.

Allí está el lugar del refugio

para el que huye de la cólera del enemigo;

allí se corrige y limpia

lo que en otra parte se desvió y manchó.

Capítulo: LIII
LA GRACIA DE DIOS NO SE MEZCLA CON GUSTOS HUMANOS

Jesucristo:

1. Hijo, es muy valiosa mi gracia

y no admite mezcla con elementos extraños

ni con satisfacciones puramente humanas.

Te conviene, por lo tanto, apartar todos los impedimentos de la gracia,

si esperas recibirla sobre ti.

Huye a un lugar secreto,

desea sólo habitar contigo mismo;

no busques las conversaciones

sino más bien dirige con devoción tus ruegos a Dios.

Considera que nada vale el mundo entero

y prefiere dedicarte a Dios y no a las cosas exteriores.

Porque no podrás permanecer conmigo

y disfrutar a la vez de lo transitorio.

Conviene apartarse de conocidos y amigos

y mantener la mente lejos de toda satisfacción natural.

Por eso pide encarecidamente el santo apóstol Pedro

que los seguidores de Cristo se comporten como extranjeros y peregrinos en este mundo (1P 2,11).

2. ¡Cuánta confianza tendrá en el momento de la muerte

quien no está apegado a alguna cosa en el mundo!

Pero tener así separado el corazón de todo

no lo logra el que tiene todavía el espíritu enfermo,

ni la persona embrutecida

conoce la libertad interior del hombre.

Sin embargo, si quiere ser verdaderamente espiritual

es preciso que renuncie tanto a los extraños como a los próximos

y que de nadie se preocupe tanto como de sí mismo.

Si te vences completamente a ti mismo,

todo lo demás lo dominarás más fácilmente.

La perfecta victoria consiste

en triunfar sobre sí mismo.

Porque quien se tiene controlado a sí mismo

de manera que la sensualidad obedezca a la razón

y la razón en todo me obedezca a Mí,

es vencedor de sí mismo y dominador del Mundo.

3. Si a esta cumbre deseas ascender,

conviene empezar valerosamente y dirigir el hacha a la raíz;

para que arranques y destruyas la desordenada y oculta tendencia hacia ti mismo y hacia todo provecho personal y material.

De este vicio, que consiste en el amor desordenado que cada uno tiene por sí mismo,

depende casi todo lo que hay que vencer radicalmente; derrotado y sometido este mal habrá de inmediato gran paz y tranquilidad.

Pero porque son pocos los que trabajan en morir perfectamente a sí mismos,

ni salen completamente de sí

por eso se quedan entrampados en sus afectos

y no pueden elevarse espiritualmente sobre ellos mismos.

Quien desea caminar libremente conmigo

necesita eliminar sus depravadas y desordenadas tendencias y no desear adherirse con amor exclusivista a nada creado.

Capítulo: LIV
DIFERENCIA ENTRE LA NATURALEZA Y LA GRACIA

Jesucristo:

1. Hijo, mira con cuidado, los impulsos de la naturaleza y de la gracia

porque son muy diversos y sutiles

y apenas los puede discernir incluso la persona espiritualizada e iluminada interiormente.

Todos desean el bien

y todos pretenden algo bueno en lo que dicen o hacen;

por eso muchos se equivocan por la apariencia del bien.

2. La naturaleza es astuta y atrae a muchos,

los ensalza y engaña,

poniéndose a sí misma como fin;

pero la gracia procede con sinceridad,

se aparta de todo lo malo, no pretende engañar,

y todo lo hace solamente por Dios, en quien descansa finalmente.

3. La naturaleza no acepta de buena gana que la mortifiquen,

no quiere que la presionen ni que la superen,

ni la rebajen o dominen;

pero la gracia procura la propia mortificación,

resiste a la sensualidad, busca estar sometida,

desea que la venzan, no quiere ejercer la propia libertad, ama obedecer y no aspira a mandar a nadie sino vivir, servir y permanecer bajo la mano de Dios, y por Dios, estar preparada para inclinarse humildemente ante cualquier creatura (1P 2,13).

4. La naturaleza trabaja para su propia comodidad

y tiene la mirada puesta en el provecho que le pueda venir de los demás.

La gracia, en cambio, considera,

no lo que pueda ser útil y conveniente para ella

sino lo más provechoso para los demás.

La naturaleza acepta con agrado el homenaje y la reverencia,

la gracia más bien atribuye fielmente a Dios todo honor y gloria.

La naturaleza teme la vergüenza y el desprecio;

la gracia se goza en padecer ofensas

por el nombre de Jesús (Hch 5,41).

La naturaleza ama el ocio y el descanso físico;

la gracia no puede estar ociosa

sino que con gusto se entrega al trabajo.

5. La naturaleza busca tener cosas especiales y hermosas,

aborrece lo vulgar y corriente;

la gracia, en cambio, se deleita con las cosas sencillas y humildes

no deshecha lo menos fino ni rehusa vestirse con ropa usada.

La naturaleza mira lo material, goza del lucro,

se entristece de las pérdidas, se irrita con la menor injuria;

pero la gracia atiende a lo eterno, no se adhiere a lo material; no se desconcierta cuando pierde algo, ni se exaspera por las palabras duras porque puso su tesoro en el Cielo donde nada se pierde.

6. La naturaleza es avara y con más gusto recibe que da,

ama lo propio y exclusivo;

la gracia es piadosa y comparte

porque juzga que hace más feliz dar que recibir (Hch 20,35).

La naturaleza inclina hacia las criaturas,

hacia la propia satisfacción

hacia la vanidad y la conversación insustancial;

pero la gracia nos lleva a Dios y a las virtudes,

renuncia a lo creado, se aparta de lo mundano,

odia los deseos deshonestos, reprime las divagaciones y se avergüenza de aparecer en público.

La naturaleza recibe de buena gana cualquier placer

en que se deleitan los sentidos,

pero la gracia busca satisfacerse solamente en Dios

y deleitarse en el sumo Bien sobre todas las cosas visibles.

7. La naturaleza todo lo hace por lucro y por propia conveniencia,

nada puede hacerlo gratis sino que espera conseguir lo mismo o más,

o si no, alabanza o reconocimiento por el bien que hace

y desea que sus gestos o dones sean bien ponderados

pero la gracia ninguna cosa temporal busca

ni pide otro premio sino sólo a Dios

y sólo quiere de lo material lo que le puede ser necesario para conseguir lo eterno.

8. La naturaleza se alegra de la multitud de amigos y allegados,

se ufana del lugar de origen y del linaje,

es obsecuente con los poderosos, adula a los ricos, aplaude a los iguales;

la gracia, en cambio, ama a los enemigos, no se engríe por la cantidad de amigos ni considera el lugar o el linaje si en eso no hay mayor virtud;

favorece más a los pobres que a los ricos,

se acomoda más con el inocente que con el poderoso; se congratula con los veraces, no con los mentirosos; anima siempre a los buenos para que compitan por gracias mayores y para que se identifiquen por las virtudes con el Hijo de Dios.

9. La naturaleza pronto se queja

por las carencias y molestias

la gracia sabe sobrellevar la escasez.

La naturaleza todo lo dirige a sí misma

y por sí misma lucha y arguye;

la gracia dirige todas las cosas a Dios

de donde brotan espontáneamente

nada bueno se adscribe ni se atribuye con arrogancia, no compite ni prefiere su parecer al ajeno sino que en todo dictamen y opinión se somete a la sabiduría eterna y al divino examen.

La naturaleza apetece saber los secretos y enterarse de novedades,

quiere aparecer en público y experimentar muchas cosas con los sentidos,

desea ser conocida y hacer lo que le produzca felicitaciones y admiración;

pero la gracia no se preocupa de oír novedades o curiosidades porque todo esto proviene de la maldad original y no hay nada nuevo ni permanente sobre la Tierra.

10. Así, enseña a controlar los sentidos,

a huir de la inútil complacencia y ostentación,

a esconder con humildad lo que podría ser digno

de alabanza y admiración

y a buscar en todas las cosas y en todos los conocimientos la verdadera utilidad además de la alabanza y el honor de Dios.

No quiere que se hable de ella ni de sus cosas

sino que desea bendecir a Dios por sus dones

que otorga por puro amor.

Esta gracia es luz sobrenatural

y como un especial obsequio de Dios

y propiamente la marca de los elegidos y prenda de la eterna salvación que eleva al ser humano de lo terreno a amar lo superior y de materialista lo hace espiritual.

Así que mientras más se controla y domina a la naturaleza

tanto mayor gracia se obtiene

y cada día es perfeccionado el ser interno con nuevas visitas según la imagen de Dios.

Capítulo: LV
DEGENERACIÓN DE LA NATURALEZA Y EFICACIA DE LA GRACIA DIVINA

Discípulo:

1. Señor Dios mío,

que me creaste según tu imagen y semejanza, concédeme la gracia

que has mostrado tan grande y necesaria para la salvación;

de vencer a mis pésimos impulsos naturales

que me llevan al pecado y a la perdición,

porque siento en mi ser el poder del pecado que contradice al poder de mi espíritu (Rm 7,23)

y me conduce cautivo a obedecer a la sensualidad en muchas cosas

y no puedo resistir a sus pasiones sin la ayuda de tu santísima gracia

ardientemente derramada en mi corazón.

2. Es necesaria tu gracia,

y gracia muy grande para vencer a la naturaleza

siempre proclive al mal desde su adolescencia (Gn 8,21).

Porque caída y viciada por el pecado

a causa de Adán, el primer ser humano,

desciende sobre todos los demás seres humanos

la culpa de esta mancha

de manera que la misma naturaleza, creada por Ti

buena y recta se presenta degenerada por el vicio y la debilidad porque la misma tendencia que le ha quedado la arrastra al mal y a lo inferior.

La pequeña fuerza que aún conserva

es como una chispita oculta en la ceniza;

ésta es la razón natural, rodeada de gran oscuridad

pero capaz todavía de juzgar lo bueno y lo malo

y de discernir lo verdadero y lo falso,

pero impotente para realizar lo que aprueba,

carente de la plena luz de la verdad y de sanos afectos.

3. De aquí proviene, Dios mío,

que me complazca en tu ley según el hombre interior (Rm 7,25)

sabiendo que tus mandamientos son buenos, justos y santos, y reconociendo también que se debe huir de todo mal y pecado;

pero con mi naturaleza sirvo al poder del pecado obedeciendo más a la sensualidad que a la razón.

De aquí que quiero adherirme al bien

pero no encuentro cómo practicarlo.

De aquí que propongo con frecuencia hacer muchas obras buenas

pero porque me falta la gracia que ayude a mi debilidad retrocedo y caigo por la menor oposición.

De aquí ocurre que conozco el camino de la perfección

y veo muy claramente cómo debo actuar

pero oprimido por el peso de la propia degeneración no me elevo hacia lo más perfecto.

4. ¡Qué enormemente necesaria es para mí, Señor, tu gracia;

para comenzar lo bueno, continuarlo y completarlo porque sin Ti, nada puedo hacer

y todo lo puedo en Ti, ayudándome tu gracia! (Flp 4,13).

¡Verdadera gracia del Cielo

sin la que nada son los propios méritos

ni se ha de estimar en algo las facultades naturales!

Nada las habilidades, nada las riquezas, nada la belleza ni el poderío,

nada el ingenio ni la elocuencia vale ante Ti, Señor sin la gracia.

Porque las facultades naturales son comunes a los buenos y a los malos

pero la gracia o caridad es don propio de los escogidos con la cual les haces dignos de la Vida Eterna.

Tan excelente es esta gracia

que ni el don de profetizar, ni el de hacer milagros,

ni la más sublime contemplación

puede estimarse en algo sin ella.

Porque ni la fe, ni la esperanza, ni las otras virtudes

son aceptables para Ti sin caridad y gracia.

5. Santísima gracia, que al pobre de espíritu

lo haces rico en virtudes,

y al rico en muchos bienes

lo conviertes en humilde de corazón:

ven, desciende a mí, lléname pronto de tu consolación,

no vaya a ser que decaiga mi alma por el cansancio y la aridez de mi mente.

Te imploro, Señor, que me mires con benevolencia

porque a mí me basta tu gracia

aunque no obtenga las demás cosas que desea la naturaleza.

Por más que sea tentado y atormentado por muchas tribulaciones,

no temeré los males

mientras tu gracia está conmigo.

Ella es mi fortaleza,

ella me aconseja y ayuda.

Ella es más poderosa que todos los enemigos

y más sabia que todos los sabios.

6. Es maestra de la verdad, docente de la disciplina,

luz del corazón, consuelo de la aflicción,

espanta la tristeza, quita el temor, alimenta la devoción, produce lágrimas de consolación.

¿Qué soy sin ella sino un tronco seco,

una rama inútil que se deshecha?

Te ruego, Señor, que tu gracia me prevenga y me siga

para que siempre esté dispuesto para las buenas obras por Jesucristo Tu Hijo.Así sea.

Capítulo: LVI
DEBEMOS RENUNCIAR A NOSOTROS MISMOSE IMITAR A CRISTO POR LA CRUZ

Jesucristo:

1. Hijo, mientras más puedas salir de ti

más podrás pasarte a Mí.

Como no desear nada exterior produce paz interior

así abandonarse internamente a Dios.

Quiero que aprendas la perfecta abnegación de ti mismo en mi voluntad,

sin contradicciones ni queja.

Sígueme a Mí. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6).

Sin camino no hay por donde ir,

sin verdad no hay conocimiento,

sin vida no se vive.

Yo soy el Camino que debes seguir

la Verdad que debes creer,

la Vida que debes esperar.

Yo soy el Camino que no se interrumpe,

Verdad infalible,

Vida interminable.

Yo soy Camino rectísimo,

Verdad suprema,

Vida verdadera, Vida santa, Vida increada.

Si permaneces en mi camino, conocerás la verdad

y la verdad te librará (Jn 8,32)

y conseguirás la Vida Eterna.

2. Si quieres entrar a la vida

obedece mis mandamientos (Mt 19,17)

Si quieres conocer la verdad

cree en Mí.

Si quieres ser perfecto

vende todo lo que tienes (Mt 19,21).

Si quieres ser mi discípulo

renuncia a ti mismo (Mt 16,24).

Si quieres poseer la vida feliz

no des tanto valor a la vida presente.

Si quieres ser elevado en el Cielo

humíllate en el mundo.

Si quieres reinar Conmigo,

lleva mi cruz.

Únicamente los servidores de la cruz

encontrarán el camino de la felicidad y la verdadera luz.

Discípulo:

3. Señor Jesús, puesto que tu vida fue dura y despreciada en el mundo,

concédeme imitarte en despreciar al mundo.

Porque el servidor no es superior a su Señor,

ni el discípulo superior a su maestro (Mt 10,24).

Ejercítese tu servidor en vivir como Tú

porque en esto está la salvación y la verdadera santidad.

Cualquier cosa que leo o escucho fuera de esto no me alegra ni me gusta completamente.

Jesucristo:

4. Hijo, tú sabes y has leído todas estas cosas,

serás santo si las realizas.

Quien recibe mi mandamientos y los cumple es el que me ama

y Yo lo amaré y me manifestaré Yo mismo a él (Jn 14,21)

y haré que se siente junto a Mí en el reino de mi Padre.

Discípulo:

5. Señor Jesús, como dijiste y prometiste,

así se haga y que yo lo merezca.

Recibí, recibí de tus manos la cruz;

la he llevado y la llevaré hasta la muerte

tal como me la impusiste.

Verdaderamente, la vida del buen religioso es una cruz

pero conduce al Paraíso.

Hemos empezado, no está permitido retroceder, ni conviene cambiar de dirección.

6. Vamos hermanos, avancemos juntos,

Jesús estará con nosotros.

Por Jesús hemos aceptado esta cruz,

por Jesús perseveremos en ella.

Él nos ayudará porque es nuestro Jefe

y nuestro modelo.

Nuestro Rey camina delante de nosotros

y peleará por nosotros.

Sigámoslo valerosamente, nadie tenga temor,

estemos dispuestos a morir con ánimo en la batalla

y no manchemos nuestro honor con el delito de huir de la cruz.

Capítulo: LVII
NO HAY QUE DESANIMARSE MUCHO SI SE CAE EN ALGUNAS FALTAS

Jesucristo:

1. Hijo, más me complace

paciencia y humildad en la adversidad

que mucho entusiasmo y devoción en la prosperidad.

¿Por qué te apena una pequeña cosa dicha contra ti?

Aunque fuera mayor,

no debería conmoverte.

Pero ahora, déjala pasar.

No es la primera, ni nueva,

ni será la última mientras vivas.

Eres muy valiente

cuando nada adverso te ocurre.

Aconsejas bien, y sabes alentar a otro con tus palabras

pero cuando llega a tu puerta una repentina dificultad te falta criterio y esfuerzo.

Mira tu gran fragilidad

que experimentas en cada paso en pequeñas circunstancias.

Sin embargo, redunda en tu provecho

cuando suceden estas u otras cosas semejantes.

2. Apártala de tu corazón como mejor sepas

y, si llegó a tocarte,

no permitas que te afecte ni implique por mucho tiempo.

Al menos sopórtala pacientemente

si no puedes alegremente.

Y si oyes algo contra tu gusto y sientes indignación,

contrólate,

y no permitas que salgan de tus labios

palabras inconvenientes que escandalicen a los inocentes.

Pronto se serenará tu excitada alteración

y la amargura interna se endulzará

con el retorno de la gracia.

Por mi vida, dice el Señor, estoy listo a ayudarte

y para consolarte más de lo acostumbrado

si confías en Mí y me invocas con devoción.

3. Anímate, pues,

y prepárate para soportar mayores cosas.

No está todo perdido,

si con frecuencia te sientes angustiado o tentado seriamente.

Eres ser humano, y no Dios.

Tienes naturaleza humana, no de ángel.

¿Cómo puedes permanecer siempre en un mismo estado de virtud

cuando le faltó al ángel en el Cielo y Adán en el paraíso?

Yo soy quien levanto saludables a los enfermos

y atraigo hacia mi Divinidad

a los que reconocen sus debilidades.

Discípulo:

4. Señor, benditas sean tus palabras

más dulces que la miel y el panal en mi boca (Sal 18,11).

¿Qué haría en mis múltiples dificultades y angustias

si Tú no me reconfortaras con tus santas palabras?

Con tal que llegue por fin al puerto de salvación

¿Qué importancia tiene lo que haya padecido?

Dame un buen fin,

dame una feliz salida de este mundo.

Acuérdate de mí, Dios mío,

y dirígime por el camino recto a tu Reino.

Así sea.

Capítulo: LVIII
LO QUE ES SUPERIOR A NUESTRA CAPACIDADNO DEBE ESCUDRIÑARSE

Jesucristo:

1. Hijo, no te atrevas a discutir

de los asuntos superiores y de los ocultos juicios de Dios

porqué uno es desamparado y otro recibe tantas gracias,

porqué este es oprimido y el otro tan prestigiado.

Estas cosas exceden las facultades humanas

y no sirve ningún razonamiento o discusión

para investigar el juicio de Dios.

Cuando te sugiera esto el enemigo

o algunas personas curiosas te preguntan

responde con el Profeta: Eres justo, Señor y es justo tu juicio (Sal 119,137)

y di: Tus juicios son verdaderos, Señor

y justificados en sí mismos, deben ser respetados, no discutidos

porque son incomprensibles para el intelecto humano.

2. No te pongas a inquirir o discutir

sobre los méritos de los santos,

quién es el más santo o quién es superior en el Reino de los Cielos.

Estas cosas generan con frecuencia pugnas y contiendas inútiles

porque alimentan la sobrevaloración y la vanagloria de donde nacen envidias y disensiones cuando uno quiere preferir a un santo y otro a otro santo.

Esforzarse por querer saber estas cosas

no produce ningún bien

sino más bien desagrada a los santos

porque no soy Dios de disensiones sino de paz

que consiste más en la verdadera humildad

que en la propia preponderancia.

3. Algunos, con el ímpetu del afecto,

son atraídos por unos santos y no por otros,

pero esto es criterio humano y no divino.

Yo soy quien ha hecho a todos los santos.

Yo concedí la gracia;

Yo otorgué la gloria.

Yo supe los méritos de cada uno

y los previne con las bendiciones de mi bondad;

Yo conocí a mis amados antes de todos los siglos

Yo les elegí a ellos del mundo (Jn 15,16), no me eligieron ellos a Mí.

Yo los llamé por gracia, los atraje por misericordia.

Yo los conduje a ellos a través de diversas tentaciones,

Yo los llené de magníficas consolaciones,

Yo les di perseverancia,

Yo premiaré su paciencia.

4. Yo conozco al primero y al último,

Yo abrazo a todos con inestimable amor.

Yo debo ser alabado en todos mis santos,

Yo debo ser bendecido sobre todo y honrado en cada uno,

porque así los engrandecí y predestiné gloriosamente sin haber precedido algún mérito suyo.

Por eso, quien desprecia a alguno de mis pequeños,

no honra a los grandes

porque yo hice al pequeño y al grande.

Y quien anula a algún santo,

me anula a Mí y a todos los demás en el Reino de los Cielos.

Todos son uno por el vínculo de la caridad,

piensan lo mismo, quieren lo mismo

y todos se aman entre sí.

5. Y todavía más, porque hay mucho más:

me aman a Mí más que a sí mismos y a sus méritos.

Porque, más allá de sí mismo y libres de su propio amor

se pasan del todo al mío en el que descansan con gran gusto.

Nada hay que los pueda apartar o deprimir

porque llenos de verdad eterna arden en el fuego

de una inextinguible caridad.

No hablen, pues, las personas sin espíritu y embrutecidas

ni discutan del estado de los santos

porque lo único que saben es amarse a sí mismas.

Quitan y ponen según sus inclinaciones,

no como agrada a la eterna Verdad.

6. En muchos existe ignorancia;

principalmente en quienes, poco iluminados,

con dificultad saben amar a alguno con perfecto amor espiritual;

mucho los guía todavía el afecto natural y la amistad humana hacia uno u otro

y como se comportan en las cosas presentes,

imaginan las eternas.

Pero hay una grandísima diferencia

entre los que piensan los imperfectos

y lo que saben los iluminados por revelación superior.

7. Cuídate pues, hijo, de referirte a estas curiosidades que exceden tu capacidad;

más bien esfuérzate y aunque sea,

trata de encontrarte como el menor en el Reino de los Cielos.

Y así alguien supiera quien es el más santo o el más importante en el Reino de los Cielos

¿de qué le serviría saberlo si no se humilla ante Mí por este conocimiento

y no se levanta a alabar con más entusiasmo mi Nombre?

8. Es mucho más agradable para Dios

quien piensa en la enormidad de sus maldades

y la pequeñez de sus virtudes,

y a qué distancia se encuentra de la perfección de los santos

que quien discute cuál es el mayor o menor santo.

Es mejor rogar a los santos con devotas oraciones y lágrimas

e implorar humildemente su gloriosa protección

que escudriñar sus secretos con inútil investigación.

Ellos están completamente satisfechos

si las personas saben contentarse y controlar sus habladurías.

No se engríen de sus propios méritos

porque no se asignan alguna bondad

sino todo a Mí

porque Yo les di cuanto tienen con infinita caridad.

Tan llenos están de tanto amor de Dios

y gozo superabundante,

que no les falta nada de gloria

ni pueden desear mayor felicidad.

Todos los santos, cuanto más altos están en la gloria,

más humildes son en sí mismos

y viven más cercanos a Mí, y más queridos.

Por eso está escrito que depusieron sus coronas ante Dios y cayeron de bruces ante el Cordero

y adoraron al Viviente por los siglos de los siglos (Ap 4,10).

9. Muchos preguntan cuál es el mayor en el Reino de los Cielos

e ignoran si serán dignos de ser contados entre los menores.

Gran cosa es ser en el Cielo siquiera el menor,

donde todos son tan grandes,

porque a todos se les llamará hijos de Dios y lo serán.

El menor será grande entre mil (Is 60,22)

y el pecador de cien años morirá (Is 65,20).

Cuando los discípulos preguntaron: “¿quien es el mayor en el Reino de los Cielos?â€,

oyeron esta respuesta:

“Si no se hacen y se convierten como niños

no entrarán en el Reino de los Cielosâ€.

Cualquiera que se humille como este niño

será el mayor en el Reino de los Cielos (Mt 18,3-4).

10. ¡Desgraciados los ricos que tienen aquí sus satisfacciones,

porque cuando entren los pobres en el Reino de los Cielos

ellos se quedarán afuera dando alaridos!

¡Alégrense, sufridos y gócense, pobres,

porque es de ustedes el Reino de Dios

si caminan en la verdad!

Capítulo: LIX
TODA ESPERANZA Y CONFIANZA SE DEBE PONER SÓLO EN DIOS

Discípulo:

1. Señor, ¿cuál es mi confianza

que tengo en esta vida?

o ¿cuál es mi mayor satisfacción

de todas las que aparecen bajo el cielo?

¿Acaso no eres Tú, Señor y Dios mío,

cuya misericordia no tiene fin?

Donde estás Tú, allí está el Cielo.

Prefiero ser pobre por Ti

que rico sin Ti.

Elijo peregrinar contigo por la tierra

que sin Ti poseer el Cielo.

Donde estás Tú, allí está el cielo

y allí está la muerte y el infierno

donde Tú no estás.

Tú eres mi deseo

y por eso no cesaré de gemir, clamar y rogar por Ti.

En nadie finalmente puedo confiar del todo

para que me auxilie en las necesidades oportunamente sino en Ti solo, Dios mío.

Tú eres mi esperanza,

Tú eres mi confianza,

Tú eres mi consuelo siempre fiel en todo.

2. Todos buscan su interés (Flp 2,21).

Tú únicamente pretendes mi salvación y mi provecho,

y todas las cosas las conviertes en bien para mí.

Y aunque me expongas a diversas tentaciones y adversidades todo lo diriges a mi utilidad

porque acostumbras a probar de mil maneras a tus escogidos.

En esta prueba no debes ser menos querido y alabado

que si me llenaras de consolaciones celestiales.

3. En Ti, pues, Dios mío, pongo toda mi esperanza y mi protección;

en Ti dejo toda mi tribulación y angustia,

porque encuentro débil e inestable

todo lo que miro fuera de Ti.

Porque no me servirán muchos amigos,

ni podrán ayudarme defensores poderosos,

ni prudentes consejeros me darán respuestas convenientes,

ni me consolarán los libros de los maestros,

ni me librará alguna valiosa fórmula,

ni me protegerá algún lugar secreto y agradable,

si Tú mismo no me asistes, ayudas, reconfortas, consuelas, instruyes y defiendes.

4. Todas las cosas que parecen conducir a la paz y a la felicidad,

si Tú faltas, nada son,

y de verdad ninguna felicidad producen.

Por tanto, el fin de todos los bienes,

el objetivo de la vida

y la profundidad del conocimiento eres Tú

y esperar en Ti sobre todas las cosas

es el segurísimo descanso de tus servidores.

A Ti se dirige mi mirada,

en Ti confío, Dios mío, Padre de las misericordias.

Bendíceme y santifícame con la bendición del Cielo

para que yo sea tu santa habitación

y el trono de tu gloria,

y para que no se encuentre en este templo tuyo

nada que ofenda los ojos de tu Majestad.

Conforme con la magnitud de tu bondad

y la abundancia de tus misericordias,

mírame,

y escucha la oración de tu pobre servidor

desterrado lejos en la región oscura de la muerte.

Protégeme y consérvame entre tantos peligros

de ésta vida que se acaba

y acompañado con tu gracia

dirígeme por el camino de la Paz a la patria de la Eterna Claridad. Amén.

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