DiscÃpulo :
1. Escucharé lo que hable en mà el Señor Dios (Sal 85,9).
Feliz quien oye que el Señor le hable internamente,
y de su boca recibe frases de consolación.
Felices los oÃdos que captan el susurro de la Circulación Divina
y no advierten los susurros de este mundo.
Felices efectivamente los oÃdos que no escuchan
la voz resonante de afuera
sino la que enseña la Verdad interiormente.
Felices los ojos que están cerrados al exterior
pero que están dirigidos hacia dentro.
Felices los que penetran internamente
y se esfuerzan por prepararse más y más,
con ejercicios cotidianos
a fin de recibir los Secretos divinos.
Felices los que gozan de dedicarse a Dios
y excluyen de sà todo impedimento natural.
Atiendo a todo esto yo mismo
y cierro la puerta de mi sensualidad
para poder oÃr lo que habla en mà mi Señor Dios.
2. Esto dice mi Amado:
Yo soy tu Salud, tu Paz y tu Vida,
consérvate cerca de MÃ,
y encontrarás paz.
Abandona todo lo transitorio
busca lo Eterno.
¿Qué vienen a ser todas las cosas temporales
sino seducciones?
¿De que te ayudará todo lo creado
si te abandona tu Creador?
Por eso, dejadas todas las cosas,
hazte agradable y fiel a tu Creador
y podrás lograr la verdadera felicidad.
DiscÃpulo:
1. Habla, Señor
porque tu servidor te escucha (1Sam 3,10)
Yo soy tu servidor
dame inteligencia para que conozca tu enseñanza (Sal 119,125).
Dispón mi corazón a las palabras de tus labios
tu voz fluya y rocÃe (Dt 32,2).
Dijeron antiguamente los hijos de Israel a Moisés:
Háblanos tú a nosotros y oiremos;
no nos hable el Señor, no sea que muramos (Ex 20,19).
Asà no, Señor, asà no ruego
sino más bien suplico humilde, ansiosamente
como el profeta Samuel: Habla, Señor
porque tu servidor te escucha.
No me hable Moisés o alguno de los profetas,
sino más bien háblame Tú, Señor Dios,
Inspirador e Iluminador de todos los profetas,
porque Tú solo, sin ellos me pueden enseñar
ellos, sin Ti, para nada aprovechan.
2.Pueden hacer ruidos de palabras
pero no dan espÃritu.
Hablan correctamente
pero si Tú callas, no encienden el corazón.
Dicen las letras
pero Tú otorgas el sentido.
Predican misterios
pero Tú haces comprender su significado.
Dan a conocer mandamientos
pero Tú ayudas a cumplirlos.
Muestran el camino
pero Tú das fuerza para seguirlo.
Ellos actúan sólo por fuera
pero Tú instruyes e iluminas el corazón.
Ellos riegan la superficie
pero Tú regalas la fecundidad.
Ellos levantan la voz
pero Tú concedes entender a quien escucha.
3.Por lo tanto , que no hable Moisés, sino Tú
señor Dios mÃo , Eterna Verdad,
no sea que muera y quede sin fruto
si solamente se me advierte por fuera sin encenderme interiormente.
No se me vaya a juzgar por las palabras oÃdas y no cumplidas,
comprendidas pero no amadas, creÃdas pero no respetadas.
Háblame, pues, Señor, porque soy tu servidor (1Sam 3,10)
Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,68).
Jesucristo:
1.Escucha, hijo , mis palabras;
mis especialÃsimas palabras que exceden a las de todos los intelectuales y sabios de este mundo.
Mis palabras son espÃritu y vida (Jn 6,63)
y no pueden ser ponderadas con criterios humanos.
No son para referirse con vana complacencia
sino para oÃrse en silencio, y recibirse con toda humildad y mucho afecto.
DiscÃpulo:
Feliz quien es instruido por Ti
y conoces tus leyes,
porque lo alivias en los dÃas difÃciles (Sal 94,12-13)
y no está abandonado en la Tierra.
Jesucristo :
2. Yo enseñe a los profetas desde el principio
y hasta ahora no dejo de hablarles a todos
pero muchos son sordos e insensibles a mi voz.
Muchos escuchan con más gusto al mundo que a Dios,
y más fácilmente siguen sus deseos personales
que lo que agrada a Dios.
El mundo promete cosas pasajeras y pequeñas
y es servido con gran avidez;
Yo prometo lo máximo y eterno
y se desganan los corazones de las personas.
Avergüénzate Sidón dice el mar (Is 23,4).
¿Quién me sirve y obedece en todo con tanto cuidado
como se sirve al mundo y a sus poderosos?
Y si buscas la causa, escucha:
Por un pequeño premio, se recorre un largo camino;
por la Vida Eterna, muchos apenas quieren levantar un pie.
3.Se busca ganancias despreciables;
por una moneda se litiga a veces vergonzosamente.
Por cosas sin importancia y pequeñas promesas
no se tiene temor en fatigarse dÃa y noche;
pero ¡qué vergüenza!
flojean en fatigarse un poco
por el Bien permanente, el Premio invalorable,
por el máximo Honor y la Gloria interminable.
Avergüénzate, pues, servidor flojo y quejoso
que otros están mas preparados para la perdición que tú para la Vida.
Están más contentos de la vanidad
que tú de la Verdad.
A veces su esperanza se frustra
pero mi promesa nunca falla,
ni a quien me reconoce deja que se vaya vacÃo.
Doy lo que prometÃ;
cumplo lo que dije, siempre que alguien quiera permanecer en el amor hasta el fin.
Yo soy Remunerador de todos los buenos
y pongo a prueba exigente a todos los devotos.
4. Imprime mis palabras en tu corazón y medÃtalas cuidadosamente
porque serán muy necesarias para ti en momentos de tentación.
Lo que no entiendes al leer
lo sabrás el dÃa de mi Visita.
Doblemente acostumbro visitar a mis escogidos:
en la tentación y en la consolación.
Y dos lecciones diariamente les enseño:
una reprendiendo sus vicios,
otra, animándolos al crecimiento de sus virtudes.
El que entiende mis palabras y las desprecia
tiene quién lo juzgue el último dÃa (Jn 12,48).
5. Oración para pedir la gracia de la devoción:
Señor Dios mÃo, Tú eres todos mis bienes.
Y ¿yo quién soy para atreverme a hablarte?
Yo soy tu pobrÃsimo servidor y como insignificante gusanito
mucho más pobre despreciable de lo que sé y me atrevo a decir.
Recuerda Señor, sin embargo,
que nada soy, nada tengo y nada valgo.
Tú solo eres Bueno, Justo y Santo,
Tú todo lo puedes, todo lo das, todo lo llenas,
dejando vacÃo solo al pecador.
Acuérdate de tu misericordia, y llena mi corazón de tu gracia
porque no quieres que tus obras sean vacÃas.
¿Cómo podré tolerarme en esta vida miserable
si no me reconfortas con tu misericordia y tu gracia?
No apartes tu rostro de mà (Sal 27,9)
no demores más tu Visita, no retires tu consuelo
no vaya a ser mi espÃritu como tierra sin agua (Sal 143,6).
Señor, enséñame a cumplir tu voluntad
enséñame a vivir en Tu presencia con dignidad y humildad;
porque Tú eres mi sabidurÃa, de verdad me conoces,
y me conociste, antes que el mundo existiera
y antes que naciera yo.
Jesucristo:
1. Hijo, procede ante MÃ sinceramente
y con sencillez de corazón búscame siempre.
Quien procede con sinceridad en mi Presencia
se verá protegido de malos encuentros
y la Verdad lo librará a él de los engañadores
y de las infamias de los malvados.
Si te libra la Verdad, entonces serás verdaderamente libre,
y no le darás importancia a las murmuraciones.
DiscÃpulo:
Señor es cierto.
Quiero que asà sea conmigo, como dices.
Quiero que tu Verdad me enseñe
que ella me defienda
y me conserve hasta la salvación final.
Quiero que tu Verdad me libere
de todos los malos afectos y amores desordenados,
para caminar Contigo con gran libertad de corazón.
Jesucristo:
2. Yo te enseñaré, dice la Verdad,
lo que es justo y agradable para MÃ.
Piensa en tus faltas con gran descontento y tristeza
y nunca pienses ser alguien por tus buenas acciones.
De verdad eres un pecador
sometido e implicado en muchas pasiones.
Por ti mismo, siempre tiendes a la nada,
pronto caes, pronto pierdes,
pronto te desconciertas, pronto desfalleces.
No tienes algo de lo que puedas presumir
pero sà muchas cosas de qué avergonzarte
porque estás mucho más enfermo de lo que puedes comprender.
3. Nada de lo que hagas debe parecerte excelente.
Nada grande, nada precioso o admirable,
nada digno de verdadero prestigio,
nada profundo o verdaderamente encomiable o deseable,
sino lo Eterno.
La eterna Verdad debe darte más placer que todo lo demás,
y desagradarte siempre tu gran vulgaridad.
Nada temas tanto, ni desprecies y apartes de ti
como tus vicios y pecados;
ellos te deben causar más desagrado
que cualquier daño fÃsico.
Algunos no se comportan con sinceridad en mi Presencia,
sino que llevados por cierta curiosidad y arrogancia quieren conocer mis secretos y entender las maravillas de Dios descuidándose de su propia salvación.
Estos caen con frecuencia en grandes tentaciones y pecados
por causa de su altanerÃa y curiosidad; yo estoy contra ellos.
4. Teme el juicio de Dios; espántate de la ira de Dios.
No discutas las obras del AltÃsimo
sino más bien investiga cuidadosamente tus maldades: en cuántas has caÃdo y cuánto bien dejaste de hacer.
Algunos hacen consistir toda su devoción en los libros
otros en imágenes, o en signos exteriores y figuras.
Algunos me tienen en los labios pero poco en el corazón.
No obstante, hay personas que con la inteligencia iluminada y purificados sus afectos, anhelan siempre lo Eterno;
se enteran con pesar de lo que sucede en el mundo, y atienden de mala gana a sus necesidades fÃsicas; ellos sienten dentro de sà que les habla el EspÃritu de verdad, enseñándoles a despreciar los valores terrenos y amar los del Cielo asà como a dar menos importancia a lo inmediato deseando el Cielo dÃa y noche.
DiscÃpulo:
1. Te bendigo, Padre del cielo
Padre de mi Señor Jesucristo
porque has querido acordarte de este pobre.
Padre de misericordia y Dios de todos los consuelos (2Co 1,3),
te agradezco porque a mÃ, indigno de todo consuelo, de vez en cuando alegras con tu visita.
Te bendigo y te honro siempre, con tu Hijo Único
y el EspÃritu Santo intercesor, por los siglos de los siglos.
Señor Dios, mi santo Amador,
cuanto Tú vengas a mi corazón,
se removerá de alegrÃa todo mi interior.
Tú eres mi gloria y la alegrÃa de mi corazón (Sal 3,4).
Tú eres mi esperanza y mi refugio, en tiempo de dificultad (Sal 59,17).
2. Pero como todavÃa soy limitado en el amor e imperfecto en la virtud,
necesito que me reconfortes y alegres.
Por lo tanto, visÃtame frecuentemente e instrúyeme en santidad;
libérame de las malas pasiones
y sana mi corazón de todos los afectos inconvenientes para que curado interiormente y bien purificado, sea apto para amar, fuerte para soportar y estable para perseverar.
3. El amor es grande, el mayor de todos los bienes;
hace liviano todo lo pesado
y permite llevar con ecuanimidad todo lo desigual.
Transporta a la carga sin peso
y convierte en dulce y sabroso todo lo amargo.
El noble amor a Jesús nos impulsa a realizar grandes acciones
y nos estimula a desear siempre lo más perfecto.
El amor apunta siempre hacia arriba
y no quiere que lo retenga ninguna cosa Ãnfima.
El amor quiere ser libre y alejado de todo afecto mundano
que pudiera impedir su mirada interior,
no vaya a ser que lo sujeten las implicancias de alguna inmediata comodidad
o sucumba por la incomodidad.
Nada más dulce que el amor,
nada más fuerte, nada más profundo, nada más extenso, nada más alegre, nada más completo ni mejor en el Cielo o en la Tierra:
porque el amor nació de Dios
y no puede tranquilizarse con todas las cosas creadas sino en Dios.
4. El amante vuela, corre y se alegra;
es libre y no está sujeto.
Da todas las cosas a todos
y encuentra todas las cosas en todos
porque se aquieta en uno Mayor sobre todos
del cual todo bien fluye y procede.
No mira a los dones
sino que se dirige al Donante de todo bien.
El amor, con frecuencia, desconoce la moderación;
más bien, se enciende sobre toda moderación.
El amor no siente la carga
no considera los esfuerzos, se anima a más de lo que puede, no se excusa de lo imposible porque cree que todo le es posible y conveniente.
Puede con todo
y muchas cosas realiza y efectivamente resuelve
en las cuales quien no ama desfallece y cae.
5. El amor siempre está despierto, y dormido no duerme,
fatigado no se cansa, angustiado no se angustia,
aterrorizado no se conmueve,
sino que como viva llama y ardiente antorcha
se dirige hacia la altura y se remonta con seguridad.
Si alguien ama, sabe lo que esto significa.
Es un gran clamor en los oÃdos de Dios
el ardiente afecto interior que dice:
Dios amor mÃo; Tú todo mÃo y yo todo Tuyo.
6. Agrándame en el amor
para que aprenda a saborear interiormente con el corazón
qué bello es amarte
y derretirse y nadar en amor.
Poséame el amor,
y salga fuera de mà por el gran fervor y admiración.
Cante un canto de amor,
y te siga, Amado mÃo, a las alturas,
desfallezca mi vida en tu alabanza,
jubilosa por amor.
Te ame más que a mà mismo.
Ni me ame a mà sino por Ti, y en Ti a todos los que
aman como manda la ley del amor,
que brilla desde Ti.
7. El amor es rápido, sincero, bondadoso, alegre y
ameno,
fuerte, paciente, fiel; prudente, generoso, valiente;
y jamás se busca a sà mismo.
Donde alguien se busca a sà mismo
allà mismo cae del amor.
El amor es respetuoso, humilde y recto
no es cómodo ni frÃvolo ni interesado en superficialidades;
es sobrio, puro, estable, equilibrado y controlado en los sentidos.
El amor es sumiso y obediente a los superiores,
para sà mismo abatido y despreciable, devoto y agradecido a Dios, creyente y esperanzado siempre en Él
hasta cuando no lo siente;
porque sin dolor no se vive en el amor.
8.Quien no está preparado para sufrirlo todo
y entregado a la voluntad del amante
no es digno de llamarse amado.
Conviene que el que quiere, acepte de buena voluntad
por la persona querida,
todo lo difÃcil y amargo
y no se aparte de ella por las contrariedades.
Jesucristo:
1. Hijo: todavÃa no eres fuerte e inteligente en el amor.
DiscÃpulo:
¿Por qué, Señor?
Jesucristo:
Porque por una pequeña contradicción
abandonas lo que empezaste
y con gran avidez buscas la consolación.
Quien ama con fortaleza se mantiene estable frente a las tentaciones
y no acepta las astutas insinuaciones del enemigo.
Asà como Yo le agrado en la prosperidad,
no le desagrado en la adversidad.
2. Quien ama inteligentemente
no considera tanto el don del amante como su amor.
Presta mayor atención al afecto que al obsequio
y considera todo regalo como inferior a quien lo da.
Por esto no está todo perdido
si algunas veces sientes menos aprecio del que quisieras por MÃ o por mis santos.
El afecto que de vez en cuando percibes en ti
es bueno y agradable
porque es consecuencia de la presencia de la gracia y algo asà como saborear por adelantado la patria del Cielo;
sobre esta sensación no debe uno apoyarse mucho porque va o viene.
Pero pelear contra los malos estÃmulos
y despreciar las sugerencias del diablo
es señal de virtud y gran mérito.
3. No te vayan a perturbar las extrañas imaginaciones de diversos asuntos que se te ocurren;
manténte firme en tu propósito
y en la intención recta hacia Dios.
No es ilusión cuando alguna vez te sientes elevado
y de inmediato retornas a las acostumbradas ineptitudes de corazón,
porque más las sufres contra tu voluntad que las causas
y siempre que te desagradan y las rechazas es mérito y no perdición.
Puedes estar convencido que el enemigo antiguo,
por todos los medios, trata de impedir tu deseo del Bien y apartarte de todo ejercicio espiritual como la veneración de los santos, la piadosa evocación de mi Pasión, el recuerdo conveniente de los pecados, el cuidado de los propios afectos y el firme propósito de progresar en la virtud.
El demonio sugiere muchos malos pensamientos
para causarte desgano y temor
a fin de que abandones la oración y la lectura sagrada.
Le molesta la confesión humilde
y, si pudiera, harÃa que dejes de comulgar.
No le creas ni le prestes atención
aunque muchas veces prepare trampas para hacerte caer.
Cuando te traiga pensamientos malos y sucios
atribúyeselos a él, y dile:
“Fuera, inmundo; avergüénzate miserable
eres muy sucio porque me traes esas cosas a la imaginación.
RetÃrate de mÃ, seductor malÃsimo,
no tienes nada que ver conmigo,
porque Jesús estará junto a mà como fuerte guerrero y tú quedarás perplejo.
Prefiero morir y soportar todos los sufrimientos
que consentir contigo.
Calla, enmudece,
no te oiré ya por más que me molestes.
El Señor es mi luz y mi salvación
¿a quién temeré?
Aunque se enfrenten ejércitos contra mÃ
no temerá mi corazón (Sal 27,3).
El Señor es mi ayuda y mi Redentorâ€.
5. Pelea como un buen soldado
y si llegas a caer por debilidad,
procura con más fuerza que antes
confiar más ampliamente en mi gracia
y cuÃdate mucho de complacerte vanamente y de ser arrogante.
Por esto muchos cometen errores
y vienen a caer en una ceguera casi incurable.
La ruina de estos altaneros
que presumen de sà tontamente
te debe servir para ser cauteloso
y siempre humilde.
Jesucristo:
1. Hijo, lo más útil y seguro para ti
es mantener oculta la gracia de la devoción
y no sobreestimarte, ni hablar mucho de ella,
ni ponderarla demasiado,
sino más bien considerar lo que vales
y temer porque se te ha dado sin merecerla.
No está bien apegarse tenazmente a estos sentimientos
porque muy pronto pueden cambiarse en contrarios.
Piensa en la gracia,
qué miserable e impotente estás sin la gracia.
No consiste el aprovechamiento en la vida espiritual
en tener la gracia de las consolaciones
sino que con humildad y paciente abnegación
soportes que ella se te quite
de manera que entonces no descuides el esfuerzo de la oración ni dejes del todo las demás buenas obras que acostumbras realizar,
sino que como mejor puedas y entiendas
realices con buena voluntad lo que esté de tu parte sin descuidarlo totalmente
por la aridez o ansiedad mental que sientes.
2. Hay muchos que se vuelven de pronto impacientes o desganados
cuando las cosas no suceden como quieren.
No está siempre en poder del hombre su camino (Jr 10,23)
sino que es propio de Dios dar y consolar, cuando quiere, en la medida que quiere y a quien quiere, según su deseo, y eso es todo.
Algunos desprevenidos se destruyeron a sà mismos
por causa de la gracia de la devoción,
porque quisieron hacer más de lo que podÃan
sin pensar en sus limitaciones,
más seguidores del afecto de su corazón
que del juicio de la razón.
Y porque presuponÃan mayores cosas de las que agradaban a Dios
por eso mismo perdieron pronto la gracia.
Se volvieron pobres y quedaron despreciados
los que quisieron poner su nido en el Cielo
para que humillados y empobrecidos aprendan a no volar con sus alas sino a esperar bajo mis plumas.
Los que todavÃa son nuevos e inexpertos en el camino del Señor
pueden fácilmente engañarse y perderse
si no se dejan guiar por los consejos de los sensatos.
3. Porque si prefieren seguir a su parecer
que creer en los más experimentados
será muy riesgoso su fin
por no querer abandonar su propio juicio.
Los que se creen sabios
rara vez soportan que otros los dirijan.
Mejor es saber poco, con humildad y limitada inteligencia
que grandes tesoros de ciencia con vana complacencia.
Mejor es para ti tener poco
que mucho de lo que vayas a presumir.
No se comporta con discreción quien se entrega totalmente a la alegrÃa,
olvidándose de su original carencia y del puro respeto a Dios que teme perder la gracia concedida.
Ni tampoco sabe mucho de virtud
quien se entrega a la desesperación en tiempo de adversidad y de cualquier contradicción
y piensa y siente menos confianza en MÃ de la que le conviene.
4. El que quiere estar muy seguro en tiempo de paz,
se encontrará abatido y temeroso en tiempo de guerra.
Si sabes permanecer siempre humilde y moderado
y moderar y conducir tu espÃritu
no caerás tan pronto en los peligros y las faltas.
Es buen consejo que medites,
cuando estés con espÃritu animoso
qué sucederá si falta la luz.
Cuando esto suceda,
piensa que la luz puede regresar
ya que te la quité por algún tiempo para tu seguridad y mi reconocimiento.
5. Es más útil esta prueba
que si siempre tuvieras prosperidad por tu voluntad.
Porque los méritos no deben calificarse
por tener muchas revelaciones o consuelos,
por ser un experto en las Escrituras o por tener un grado superior a los otros
sino más bien, si de verdad uno está firme en la humildad y lleno de amor a Dios,
si busca siempre sólo e Ãntegramente el honor de Dios,
si piensa que no es nada, y verdaderamente se reconoce limitado,
y se alegra de ser desatendido y humillado
más que honrado por los demás.
DiscÃpulo:
1. ¿Hablaré a mi Señor
yo que soy como polvo y ceniza? (Gn 18,27)
Si me considero superior, Tú estás contra mÃ,
y no puedo contradecir el verdadero testimonio de mis maldades.
Si, en cambio, me humillo y regreso a la nada
y rechazo el propio reconocimiento
y, tal como soy, me convierto en polvo
vendrá a mà tu gracia y tu luz se acercará a mi corazón y toda estimación, aunque sea poca, se sumergirá en el valle de mi miseria, y perecerá para siempre.
Asà me muestras a mà lo que soy, lo que fui y en lo que me he convertido
porque nada soy, y no lo sabÃa.
Abandonado a mà mismo
soy nada, y totalmente enfermo.
Pero si de pronto me miras
inmediatamente me vuelvo fuerte
y me lleno de nuevo gozo.
Y es algo maravilloso
que asà de repente me levantas y tan bondadosamente me abrazas a mÃ, que por mi propio peso siempre caigo a lo más bajo.
2. Esto lo hace tu amor gratuitamente
anticipándose y ayudándome en tantas necesidades, protegiéndome de graves peligros
y arrancándome de males verdaderamente innumerables.
Porque yo me perdà amándome indebidamente
pero queriéndote a Tà solo y amándote únicamente me encontré a mà y a Tà al mismo tiempo
y por la profundidad del amor me olvidé de mà mismo.
Tú, Señor, haces conmigo
mucho más de lo que merezco
y por encima de lo que me atreverÃa a esperar o pedir.
3. Bendito seas, Dios mÃo
porque aunque soy indigno de todos estos bienes sin embargo tu nobleza e infinita bondad
nunca cesa de beneficiar hasta a los ingratos y los que se apartan de Ti.
Regrésanos a TÃ
para que seamos agradecidos, humildes y devotos
porque Tú eres nuestra salvación, nuestra virtud y nuestra fortaleza.
Jesucristo:
1. Hijo; yo debo ser tu supremo y último fin
si deseas ser feliz de verdad.
Por esta intención debes purificar tu afecto
desviado malamente hacia ti o hacia la cosas creadas.
Porque si te buscas a ti mismo en algún otro
de inmediato decaes y te secas por dentro.
Todo, por tanto debes dirigirlo a MÃ principalmente
porque Yo lo he dado todo.
Considera asà cada cosa
como brotando del Sumo Bien
y sólo a MÃ, como a su origen
orienta todas las cosas.
2. De MÃ sacan agua, como de fuente viva
el pequeño y el grande, el pobre y el rico;
y los que me sirven espontánea y libremente
reciben una gracia tras otra.
En cambio, quien quiere triunfar fuera de MÃ
o deleitarse en algún bien exclusivo
no quedará establecido en el auténtico gozo
ni su corazón se ensanchará
sino que verá multiplicados los impedimentos y angustias.
Por eso, no debes apropiarte de ningún bien
ni atribuir la verdadera virtud a ninguna persona
sino refiérelo todo a Dios, sin el cual nada tiene el hombre.
Yo todo lo entregué y quiero que todo se me devuelva
y con gran rigurosidad exigo que se me agradezca.
3. Esta es la verdad con la que desaparece la gloria vana.
Y, si entra la gracia celestial y la verdadera caridad,
no habrá la menor envidia, ni retraimiento de corazón ni te dominará el amor propio.
Si lo entiendes bien,
sólo en Mà te gozarás, sólo en Mà esperarás
porque nadie es bueno, sino sólo Dios (Lc 18,19)
el cual debe ser alabado sobre todas las cosas
y bendecido en todas ellas.
DiscÃpulo:
1. Ahora hablaré de nuevo, Señor
y no me callaré
diré a los oÃdos de mi Dios, mi Señor
y mi Rey que está en los Cielos:
¡Qué grande es la abundancia de tu dulzura, Señor,
que tenÃas escondida para los que te respetan! (Sal 31,20)
¡Qué será para los que te aman
y para los que te sirven de todo corazón!
Verdaderamente es indescriptible la dulzura de contemplarte
que otorgas a quienes te aman.
En esto principalmente
me mostraste la dulzura de tu caridad:
en que cuando yo no existÃa, me creaste
y cuando vagaba perdido lejos de TÃ
me atrajiste para que te sirviera,
y me ordenaste que te quisiera.
2. ¡Fuente perpetua de amor!
¿Qué diré de T�
¿Cómo podré olvidarme de TÃ
que quisiste acordarte de mÃ
incluso después que me desmejoré y perd�
Te comportaste conmigo misericordiosamente
más allá de toda expectativa
y más allá de todo mérito de mi parte
me concediste gracia y amistad.
¿Cómo voy a pagarte este favor?
Porque no se les otorga a todos
que lo abandonan todo, renuncian al mundo
y asuman la vida religiosa.
¿Acaso es gran cosa que yo te sirva
cuando todos los seres creados deben servirte?
No me debe parecer mucho servirte
sino más bien me parece grandÃsimo y admirable
que hayas querido recibir como servidor
a alguien tan pobre e indigno,
y reunirlo con tus queridos servidores.
3. Todas las cosas son tuyas,
las que tengo y con las que te sirvo.
Pero por el contrario,
Tú me sirves más a mà que yo a Ti.
El cielo y la tierra, que creaste para el servicio de los seres humanos están dispuestos
y hacen cada dÃa todo lo que les mandas.
Va más allá que todo esto
que Tú hayas querido servir al hombre
y le prometiste que te darÃas Tú mismo.
4. ¿Qué podré darte yo por todos estos innumerables bienes?
¡Ojalá pudiera servirte yo todos los dÃas de mi vida!
¡Si solamente pudiera yo servirte bien un dÃa!
Verdaderamente Tú eres digno de total servicio,
de honor y alabanza eterna.
Verdaderamente eres mi Señor y yo tu pobre servidor
que estoy obligado a servirte con todas mis fuerzas y jamás cansarme de alabarte.
Esto quiero, esto deseo,
Tú dÃgnate suplir lo que me falte.
5. Es gran honor y gran gloria servirte a Ti,
y por ti despreciar lo demás.
Recibirán gracia muy grande
quienes se sometan espontáneamente a tu santÃsimo servicio.
Encontrarán hermosÃsima consolación del EspÃritu Santo
quienes por amor a TÃ rechacen los placeres sensuales.
Conseguirán libertad de espÃritu
quienes en tu Nombre ingresen al camino difÃcil
y desechen todo remedio mundano.
¡Grato y feliz servicio de Dios
que hace al ser humano libre y santo de verdad!
¡Sagrado estado de los religiosos
que convierte a los hombres iguales a los ángeles,
aplaca a Dios, atemoriza a los demonios,
y es recomendable para los fieles!
¡Servicio digno de ser abrazado y escogido
que promete el Sumo Bien
y adquiere el gozo que permanece para siempre!
Jesucristo:
1. Hijo, todavÃa te conviene saber
muchas cosas que no aprendiste bien.
DiscÃpulo:
¿Cuáles son, Señor?
Jesucristo:
Que sometas todo a mi voluntad
y no seas amador de ti mismo
sino afectuoso cumplidor de lo que me agrada.
Los deseos te encienden e impulsan con vehemencia
pero considera si actúas por mi honor
o más bien por tu propio interés.
Si Yo soy la causa,
estarás contento de lo que disponga.
En cambio, si algo tienes escondido de deseo personal
eso mismo te impedirá y te pesará.
Ten cuidado, no confies demasiado
en el deseo preconcebido que no consultaste conmigo;
no sea que después te apene o desagrade
lo que primero te gustó y quisiste con ahÃnco por parecerte mejor.
No debe seguirse inmediatamente
toda inclinación que nos parece buena
ni huir en el acto de las que nos contrarÃan.
Conviene refrenarse aglunas veces
incluso en los buenos esfuerzos y deseos
no vayas a incurrir en la irreflexión, por inoportuno, o por la contradicción ajena
de pronto te sientes turbado y caigas.
3. A veces conviene contrariar los deseos con violencia y valor
y no considerar lo que la naturaleza quiere o no quiere sino andar muy cuidadoso para someterla al espÃritu aunque le pese.
Y debe ser disciplinada y sometida a servir
hasta que esté dispuesta a todo,
que aprenda a contentarse con lo necesario y gozar con lo sencillo
y a no murmurar contra las dificultades.
DiscÃpulo:
1. Señor Dios, según veo
necesito mucho la paciencia
porque en esta vida hay multitud de contrariedades.
De cualquier manera que organice mi paz
no podrá subsistir mi vida sin lucha y dolor.
Jesucristo:
2. Asà es, hijo.
Pero quiero que no pretendas una paz
que carezca de tentaciones o no sienta dificultades sino más bien estima que has encontrado la paz
cuando te ejercites en varias tribulaciones
y seas puesto a prueba en muchas contrariedades.
Si afirmas que no te es posible sufrir mucho
¿cómo entonces soportarás el fuego del purgatorio?
Entre dos males, siempre hay que elegir el menor.
Por lo tanto, para que puedas escapar en el futuro de los eternos padecimientos,
procura sufrir con paciencia, por Dios, los males presentes.
¿O piensas que las personas del mundo
nada sufren, o sufren poco?
No encontrarás uno solo que no sufra,
incluso entre los más afortunados.
3. Pero tienen, según dices, muchos placeres,
siguen su propia voluntad
y le dan poca importancia a las dificultades.
4. Y si fuera asÃ, que tengan lo que quieran,
¿cuánto tiempo les durará?
Los favoritos del mundo desaparecerán como humo (Sal 37,20)
y no existirá recuerdo de los placeres pasados.
Pero mientras están vivos
no gozan de los placeres sin amargura, fastidio y temor.
Porque lo mismo que les produce satisfacción,
frecuentemente les causa el sufrimiento del dolor.
Justamente se procede asà con ellos
porque al buscar y seguir los placeres descontroladamente los disfrutan luego con vergüenza y amargura.
¡Qué limitados, que falsos,
que desordenados y torpes son!
Realmente por la ebriedad y ceguera no entienden
y como si fueran irracionales,
por un pequeño gusto en esta vida transitoria
caen en la muerte del alma.
Tú, hijo, en cambio, no te dejes llevar por los deseos,
y apártate de tus caprichos (Eclo 18,20).
Goza en el Señor
y te dará lo que pide tu corazón (Sal 37,4).
5. Por lo tanto, si quieres deleitarte verdaderamente
y recibir mis consuelos con abundancia,
tu bendición estará en despreciar todo lo mundano y en rechazar todos los deleites perversos;
asà recibirás abundante alegrÃa espiritual
y mientras más te apartes de todo consuelo creado tanto más agradables y hondas satisfacciones encontrarás en MÃ.
Pero no las alcanzarás sin antes padecer algunas tristezas,
y el cansancio de la pelea.
La costumbre te contrariará
pero la vencerás con otra costumbre mejor.
Se rebelará tu naturaleza
pero la fuerza del espÃritu la frenará.
Te instigará y te exasperará la serpiente maligna
pero huirá por la oración
y con el trabajo provechoso le impedirás la entrada.
Jesucristo:
1. Hijo: quien procura apartarse de la obediencia
él mismo se aparta de la gracia
y el que quiere poseer cosas privadas
pierde las comunitarias.
Quien no se somete con gusto y espontáneamente
demuestra que todavÃa no tiene perfectamente
dominada su naturaleza
sino que con frecuencia se resiste y murmura.
Aprende pues a someterte a la autoridad con prontitud
si deseas tener sujeta tu naturaleza.
Más pronto se vence al enemigo exterior
si la persona no ha quedado devastada interiormente.
No existe más molesto ni peor enemigo del alma
que tú mismo cuando no concuerdas bien con el EspÃritu.
Te conviene de verdad
aceptar totalmente el desprecio de ti mismo
si quieres prevalecer sobre las debilidades naturales.
Porque todavÃa te amas muy inadecuadamente
y dudas de resignarte plenamente a la voluntad ajena.
2. Pero ¿qué tanto será que tú, que eres como polvo y nada
por causa de Dios te sometas a otra persona
cuando Yo, Todopoderoso y AltÃsimo, que creo [sic] todas las cosas de la nada,
me sometà humildemente a los demás por ti?
Me hice el más humilde e Ãnfimo de todos
para que venzas tu presunción con mi humildad.
Aprende, polvo, a despreciarte
aprende, tierra y barro, a humillarte
y a permanecer a los pies de todos.
Aprende a dominar tu voluntad
y ofrecerte al servicio de todos.
Enójate contra ti mismo y no aceptes que viva en ti el orgullo
sino manifiéstate de tal manera sujeto y pequeño que puedan todos caminar sobre ti y pisarte como el barro de las calles.
¿Qué tienes, ser despreciable, de qué quejarte?
¿Cómo puedes contradecir, vergonzoso pecador,
a los que te reprenden,
ya que tantas veces ofendiste a Dios y mereciste el infierno?
Pero mis ojos tuvieron compasión de ti
por que es muy valiosa tu alma en mi Presencia
para que reconozcas mi amor y vivas siempre agradecido por mis beneficios,
y para que te entregues continuamente a la sujeción y humildad
y sufras con paciencia tus propias limitaciones.
DiscÃpulo:
1. Me aterran tus juicios respecto a mÃ, Señor
por el miedo y temblor se conmueven mis huesos,
y mi alma se asusta muchÃsimo.
Estoy atónito y considero
que ni el cielo es puro en tu Presencia (Job 15,15).
Si hasta en los ángeles encontraste maldad (Job 4,18),
y no los perdonaste, ¿qué será de m�
cayeron las estrellas del Cielo (Ap 6,13)
y yo ¿cómo puedo presumir?
Cayeron hasta el fondo aquellos cuyas obras parecÃan dignas de alabanza,
y quienes comÃan el pan de los ángeles se vieron a [sic] alimentados con comida de cerdos.
2. Ninguna santidad existe, Señor, si retiras tu mano;
ninguna sabidurÃa aprovecha, si Tú no gobiernas;
ninguna fuerza ayuda, si dejas de conservarla.
Ninguna castidad está segura, si Tú no la defiendes;
ningún cuidado propio sirve
si no está presente tu sagrada vigilancia.
Porque abandonados, nos sumergimos y perecemos;
visitados por Ti, nos levantamos y vivimos.
Somos inestables pero por Ti nos aseguramos.
nos entibiamos, pero por Ti nos encendemos.
3. ¡Qué vulgar y despreciable me debo reconocer!
¡Qué poco valioso si algo bueno parece que tengo!
¡Qué profundamente me debo sumergir
en lo hondo de tus juicios, Señor,
donde nada más encuentro, sino que soy nada y nada!
¡Inmenso peso! ¡Mar inmenso donde nada encuentro de mÃ
sino que soy nada en todo!
¿Dónde están pues, los cimientos de mi sobreestimación?
¿dónde la confianza de mis propias fuerzas?
Desaparece toda la vanidad de mis glorificación
en la profundidad de tus juicios sobre mÃ.
4. ¿Qué es toda criatura en tu Presencia?
¿Puede acaso la arcilla elevarse sobre quien le dio forma?
¿Cómo puede engreÃrse autoalabándose el corazón de quien está de verdad sometido a Dios?
Todo el mundo no puede elevar
a quien mantiene en su sitio la verdad;
ni se moverá, por más que lo alaben
quien tiene firme toda su esperanza en Dios.
Porque todos los que hablan, nada son;
desaparecerán, junto con el sonido de sus palabras
pero la verdad del Señor permanece para siempre (Sal 117,2).
Jesucristo:
1. Hijo mÃo, di asà para todo:
Señor, si te agrada, que se haga asÃ;
Señor, si es en honor tuyo,
haz esto en tu Nombre.
Señor, si te parece que me conviene y encuentras que me será útil,
concédelo para que lo use en tu honor.
Pero si sabes que me va a causar daño,
o desaprovechar para la salvación de mi alma
aparta de mà este deseo.
No todo deseo proviene del EspÃritu Santo
aunque al hombre le parezca correcto y bueno.
Es difÃcil juzgar rectamente,
si te impulsa a desear esto o lo otro
un espÃritu bueno u otro distinto,
o si te impulsa tu propio ánimo.
Muchos que al principio parecÃan ser conducidos
por buen espÃritu, quedan decepcionados al final.
2. Por eso siempre se debe desear y pedir, con respeto a Dios y humildad en el corazón,
todo lo que sobrevenga como deseable al pensamiento;
y sobre todo, encomendárseme diciendo:
Señor, Tú sabes qué es lo mejor:
haz que suceda esto o lo otro, según quieras.
Da lo que quieras, cuanto quieras, y cuando quieras.
Haz conmigo como sabes, lo que más te agrade a Ti,
y según sea para tu mayor honor.
Ponme donde quieras; dispón de mà libremente en todo.
Estoy en tus manos; dame vueltas para un lado y el otro.
Yo soy tu servidor, dispuesto para todo
porque no deseo vivir para mà sino para Ti,
ojalá que con dignidad y perfección.
3. Oración para cumplir la voluntad de Dios:
Concédeme, compasivo Jesús, tu gracia
para que esté conmigo y conmigo trabaje (Sb 9,10)
y conmigo persevere hasta el fin.
Concédeme desear y querer siempre
lo que es más aceptable para Ti y más te agrada.
Tú voluntad sea mÃa
y mi voluntad siga siempre a la tuya y concuerde
de la mejor manera con ella.
Mi querer sea siempre uno contigo
y sólo pueda querer o no querer
lo que Tú quieres o no quieres.
Concédeme que muera a todo lo que me tienta del mundo
y por Ti, que ame ser despreciado y desconocido.
Concédeme descansar en Ti sobre todo lo deseado
y que mi corazón encuentre en Ti la paz.
Tú eres la verdadera paz del corazón, su único descanso;
fuera de Ti, todas las cosas son adversas e inestables.
En esta paz permanente,
es decir, en Ti Único Supremo y Eterno Bien
dormiré y descansaré. Asà sea.
DiscÃpulo:
1. Cualquier cosa que pueda desear o pensar para mi satisfacción,
no la espero ahora sino para más adelante.
Porque aunque yo solo tuviera todas las satisfacciones del mundo
y pudiera disfrutar de todos los placeres
ciertamente que no tendrÃan mucha duración.
Por eso no puedo satisfacerme plenamente
ni regocijarme perfectamente
si no es en Dios, consolador de los pobres
y aceptador de los humildes.
Esperaré un poco; esperaré las promesas divinas
y tendré abundancia de todos los bienes en el Cielo.
Si deseo desordenadamente estas cosas presentes
perderé las eternas y bienaventuradas.
Usaré las cosas transitorias por necesidad
pero desearé las eternas.
No puedo saciarme con ningún bien limitado
porque no fui creado solamente para gozarlo.
2. Aunque poseyera todas las cosas
no serÃa feliz y dichoso
ya que consiste toda mi perfección y felicidad
en Dios que creó absolutamente todas las cosas
no tal como consideran y alaban todos los tontos
amadores del mundo
sino como esperan los buenos seguidores de Cristo y algunas veces saborean por adelantado los espirituales y misericordiosos,
cuyo trato es con el Cielo.
Es inconsistente y breve toda satisfacción humana.
Santa y verdadera satisfacción
la que hace percibir internamente la Verdad.
La persona devota lleva consigo a todas partes
a Jesús, su alegrÃa, y le dice:
Quédate conmigo, Señor Jesús, en todo tiempo y lugar.
Mi satisfacción será carecer de toda satisfacción humana.
Y si falta tu consuelo
que sea mi mayor satisfacción tu voluntad y justa prueba.
Porque no estarás airado completamente
ni enojado para siempre (Sal 103, 9).
Jesucristo:
1. Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero,
lo que sé y te conviene.
Tú piensas como ser humano
y sientes muchas cosas como te hace ver la emoción humana.
DiscÃpulo:
Señor, es verdad lo que dices.
Es mayor tu preocupación por mÃ
que todo el cuidado que puedo tener por mà mismo.
Está expuesto a cualquier eventualidad
quien no pone toda su atención en Ti.
Señor, para que mi voluntad
permanezca en ti recta y firmemente
haz de mà lo que te agrade.
Solamente puede ser beneficiosa para mÃ
cualquier cosa que hagas conmigo.
Si quieres que esté a oscuras, te bendeciré
y si quieres que esté iluminado, te bendeciré también.
Si te dignas alegrarme te bendeciré
y si quieres que esté abatido, igual te bendeciré siempre.
Jesucristo:
2. Hijo, asà conviene que te comportes
si deseas caminar Conmigo.
Igualmente debes estar dispuesto al sufrimiento y gozo.
Igualmente debes aceptar de buena gana
ser pobre y necesitado como rico y satisfecho.
DiscÃpulo:
Señor, con gusto sufriré por ti
lo que quieres que me sobrevenga.
Quiero recibir de tu mano con indiferencia
lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste.
Defiéndeme de todo pecado
y no temeré la muerte ni el infierno.
Con tal que no me apartes de Ti para siempre
ni me borres del libro de la vida
no me dañará cualquier tribulación que venga sobre mÃ.
Jesucristo:
1. Hijo, yo bajé del Cielo por tu salvación:
acepté tus infortunios impulsado por la caridad,
no por necesidad
para que aprendieses a ser paciente y soportases
sin indignarte
las adversidades de la vida.
Desde el momento de mi nacimiento hasta mi muerte en una cruz,
no me faltaron dolores que sufrir.
Tuve gran carencia de bienes materiales,
frecuentemente escuché quejas contra MÃ,
soporté con benevolencia despropósitos y ofensas,
recibà ingratitud a cambio de beneficios,
blasfemias por los milagros y reprensiones por enseñar.
DiscÃpulo:
2. Señor: ya que fuiste paciente en tu vida
principalmente cumpliendo los mandatos de tu Padre
es justo que, perverso pecador,
sufra con paciencia según tu voluntad,
y mientras Tú lo quieras
lleve por mi salvación el peso de esta vida breve.
Porque, aunque la vida presente se siente pesada,
sin embargo se ha convertido en muy meritoria por tu gracia
y más tolerable y transparente gracias a tu ejemplo y el de tus santos
y hasta de mucho más consuelo que la Ley Antigua cuando estaba cerrada la puerta del Cielo
y parecÃa más oscuro el camino a la salvación,
cuando tan pocos se preocupan de buscar el Reino de Dios
y ni siquiera podÃan entrar a él los que eran buenos y se iban a salvar
hasta que llegó tu Pasión y el pago de tu sagrada Muerte.
3. ¡Cómo debo agradecerte
que me hayas mostrado a mà y a todos tus fieles el camino bueno y recto al Reino Eterno!
Porque tu vida es nuestra vÃa
y por la paciencia santa caminamos hacia Ti,
que eres nuestra corona.
Si Tú no nos precedieras y enseñaras
¿quién tendrÃa cuidado de seguirte?
¿Cuántos quedarÃan lejos y retrasados
si no mirasen tus preciosos ejemplo [sic]?
Si todavÃa somos negligentes,
pese a que hemos conocido tus manifestaciones
y tu doctrina
¿qué serÃa si no tuviéramos tanta luz para seguirte?
Jesucristo:
1. ¿Qué es lo que dices, hijo? Deja de quejarte considerando mi Pasión y la de los santos.
TodavÃa no has soportado hasta derramar sangre.
Es poco lo que tú padeces, en comparación con lo mucho que soportaron otros,
tan fuertemente tentados,
tan pesadamente mortificados,
tan frecuentemente puestos a prueba y presionados.
Te conviene, pues, recordar
las cosas muy graves de otros
para que con facilidad lleves tus pequeñeces.
Y si no te parecen pequeñeces
mira que la causa no sea tu impaciencia.
Pero sean cosas grandes o pequeñas
procura soportarlas pacientemente a todas por igual.
En la medida que mejor estés dispuesto a la paciencia,
actuarás sabiamente y más mérito tendrás;
te pesarán menos
tendiendo el ánimo y la costumbre preparados sin flojera para esto.
No digas: no tengo valor para soportar esto de esa persona, ni debo aguantar semejante cosa
porque me causó grave daño y dice de mà lo que nunca pensé,
pero de otra soportaré lo que me haga
según me parezca que se debe sufrir.
Es desatinada esta idea, que no considera la virtud de la paciencia ni por quién será premiada
sino que más bien mira a las personas y a las injurias que le hacen.
3. No es realmente paciente quien no desea padecer
sino cuando a él le parece y de quien le acomoda.
El verdadero paciente no se fija qué [sic] persona le molesta
sea su superior, igual o inferior
sea bueno y santo o perverso e indigno
sino que, indistintamente de qué persona reciba
algo adverso, de cualquier medida y todas las veces acepta todo con gusto de la mano de Dios
y estima que es una gran ganancia:
porque nada de cuanto se padece por Dios, asà sea poco,
puede pasar sin mérito ante Dios.
4. Estáte, pues, dispuesto a la lucha
si quieres obtener la victoria.
Sin certamen
no puedes obtener la corona de la paciencia;
si no quieres padecer,
impides que te coronen.
Si quieres que te coronen
pelea valerosamente, soporta pacientemente.
Sin esfuerzo no se consigue el descanso
ni sin pelea se alcanza la victoria.
DiscÃpulo:
5. Quiero, Señor, que se haga posible por tu gracia
lo que me parece imposible por la naturaleza.
Tú sabes lo poco que puedo resistir
y qué pronto caigo cuando surge una pequeña adversidad.
Deseo que por tu Nombre
cualquier práctica de paciencia me sea amable y elegible porque padecer y ser maltratado por causa tuya es muy saludable para mi alma.
DiscÃpulo:
1. Contra mà mismo confesaré mi injusticia,
te confesaré, Señor, mi debilidad.
Con frecuencia, una pequeña cosa me deprime y entristece.
Me propongo combatir valientemente
pero cuando viene una pequeña tentación
me lleno de gran angustia.
A veces, de la causa más despreciable
me viene una grave tentación
y cuando pienso que me encuentro un poco seguro,
sin darme cuenta, me encuentro a veces derrotado por un ligero viento.
2. Considera pues, Señor, mis limitaciones y fragilidades tan notorias
compadécete y levántame del lodo
para que no me hunda y quede abandonado totalmente.
Lo que frecuentemente me acobarda y avergüenza delante de Ti,
es verme tan deleznable y débil para resistir las pasiones.
Y aunque no me induzcan enteramente al consentimiento sin embargo me causan molestia,
es difÃcil dominarlas y muy penoso vivir diariamente en combate.
Reconozco yo mi debilidad en que las abominables imaginaciones,
más fácilmente vienen que se van.
3. Ojalá, fortÃsimo Dios de Israel, protector de los fieles, mires el esfuerzo y sufrimiento de tu servidor
y lo ayudes en todo lo que emprenda.
Robustéceme con la fuerza celestial
de modo que ni el hombre viejo ni la descontrolada naturaleza, todavÃa no bien sujeta al espÃritu,
pueda dominarme
porque conviene pelear contra ella mientras vivamos.
¡Cómo es esta vida en la que no faltan dificultades y miserias,
llena de trampas y donde son tantos los enemigos!
Porque cuando se va una dificultad o tentación, otra viene;
e incluso antes que acabe el combate de la primera
vienen otras muchas inesperadas.
4. Y ¿cómo se puede amar una vida que tiene tantas amarguras, sujetas [sic] a tantas calamidades y miserias?
¿cómo podemos llamar vida
a la que genera tantas muertes y epidemias?
Y sin embargo, es amada
y muchos la quieren para deleitarse en ella.
Se acusa con frecuencia al mundo de ser falso y vacÃo
pero no se abandona fácilmente
porque los deseos sensuales nos dominan.
Algunas cosas llevan a amarlo
y otras a despreciarlo.
Llevan a amarlo el deseo sensual, la ambición
y la arrogancia de la vida
pero la angustia y desgracias que la siguen
hacen odiar y hastiarse del mundo.
5. Pero; ¡qué lástima! Los desenfrenos dominan
a quien está dedicado al mundo
y considera un deleite estar entre espinas
porque ni percibe ni saborea
la suavidad de Dios y la amenidad de las virtudes internas.
En cambio, quien desprecia perfectamente al mundo
y se interesa en vivir para Dios en santa vigilancia
no ignora que está prometida la divina dulzura
a los que se olvidan de sà mismos
y ve más claro lo gravemente que se equivoca el mundo y de cuantas maneras se engaña.
DiscÃpulo:
1. Sobre todos y en todas las cosas
descansaré en Dios siempre,
porque es el perpetuo descanso de todos los santos.
Concédeme, dulcÃsimo y amadÃsimo Jesús,
descansar en Ti sobre todo lo creado,
sobre toda salud y hermosura,
sobre todo prestigio y honor,
sobre todo poder y autoridad,
sobre toda ciencia y perspicacia,
sobre todas las riquezas y artes,
sobre toda alegrÃa y entusiasmo,
sobre toda fama y alabanza,
sobre todo gusto y consuelo,
sobre toda esperanza y promesa,
sobre todo merecimiento y deseo,
sobre todo ofrecimiento y regalo que puedes dar y esparcir,
sobre todo gozo y júbilo que el espÃritu puede obtener y sentir,
y, en fin, sobre los ángeles y arcángeles y sobre todas las multitudesdel Cielo,
sobre todo lo visible e invisible
y sobre todo lo que no es Tú mismo, Dios mÃo.
2. Porque Tú, Señor Dios mÃo, eres óptimo sobre todo
Tú solo altÃsimo, Tú solo poderosÃsimo
Tú solo suficientÃsimo y completÃsimo
Tú solo agradabilÃsimo y placentero
Tú solo hermosÃsimo y amadÃsimo
Tú solo nobilÃsimo y gloriosÃsimo sobre todo
en quien se encuentran reunidos, a la vez y perfectamente,
todos los bienes que existen, que existieron y que existirán;
por eso es poco e insuficiente cualquier cosa que
me das o de Ti mismo revelas o prometes
si no te veo ni te tengo plenamente.
Porque mi corazón no puede reposar de verdad,
ni contentarse totalmente,
si no descansa en Ti, más allá de todos los dones
y de toda realidad creada.
3. QueridÃsimo compañero Jesucristo, purÃsimo amante,
Señor de todas las cosas,
¿quién me hará tener alas de verdadera libertad,
para volar y reposar en Ti?
¿Cuándo se me concederá desasirme plenamente
y apreciarte como eres, Señor Dios mÃo?
¿Cuándo, del todo, me recogeré en Ti, y por tu amor,
no me sentiré a mà mismo, sino a Ti solo,
sobre todo sentido y manera, de modo desconocido por todos?
Ahora en cambio frecuentemente sufro
y llevo mi infelicidad con dolor.
Porque suceden muchos males en esta vida
que con frecuencia desconciertan, entristecen y ensombrecen,
con frecuencia me entorpecen y distraen,
me ganan y comprometen
para que no tengan libre acceso a Ti
y puede disfrutar de tu grato abrazo,
siempre listo para los espÃritus piadosos.
4. Conmuévate Jesús, Esplendor de la eterna gloria,
Alivio espiritual del peregrino, mi aspiración
y la general desolación de la Tierra.
Junto a Ti está mi boca sin palabras
y mi silencio te habla.
¿Por qué tardas en venir, Señor mÃo?
Ven a mÃ, tu pobrecito, y alégrame.
Extiende tu mano y arranca de toda angustia a este miserable.
Ven, ven; porque sin Ti no hay dÃa,
ni siquiera hora feliz porque Tú eres mi alegrÃa y
sin Ti está vacÃa mi mesa.
Soy un miserable y como un encarcelado y encadenado
hasta que me animes con la luz de tu presencia,
me otorgues libertad y me muestres Tu [sic]
rostro amigable.
Busquen otros lo que quieran en vez de Ti
que a mà nada me agrada ni me agradará
sino Tú Dios mÃo, mi esperanza y eterna Salud.
No me callaré ni dejaré de pedir hasta que tu gracia retorne y me hables Tú internamente.
Jesucristo:
Aquà estoy; vengo a ti porque me llamaste.
Tus lágrimas y el deseo de tu alma, tu humildad y la contrición de tu corazón,
me inclinaron hacia ti y me trajeron a ti.
DiscÃpulo:
Ahora digo: Señor, te llamé y deseé gozar contigo
estoy dispuesto a dejarlo todo por Ti.
Tú primero me despertaste para que yo te buscara.
Bendito seas, Señor,
que fuiste bondadoso con tu servidor
de acuerdo con la abundancia de tu misericordia.
¿Qué más tiene que decir tu servidor en tu presencia
sino humillarse mucho ante Ti
recordando siempre su propia iniquidad y bajeza?
No hay semejante a Ti
entre todas las maravillas del Cielo y de la Tierra.
Tus obras son excelentes
tus juicios verdaderos
y tu providencia gobierna el Universo.
Alabanza a TÃ y gloria, Padre de la sabidurÃa,
alabanza y bendición de mis labios, de mi espÃritu y de toda la Creación.
DiscÃpulo:
1. Abre, Señor, mi corazón a tu ley
y enséñame a caminar en tus preceptos.
Concédeme que entienda tu voluntad
y que con gran respeto y cuidadosa reflexión
recuerde tus beneficios comunes y especiales
para que pueda darte gracias de aquà en adelante.
De verdad comprendo y reconozco
que ni siquiera por lo menor
puedo ofrecerte las debidas alabanzas de agradecimiento.
Soy inferior a todos los bienes que me das
y cuando considero tu nobleza
se deprime mi espÃritu por tu grandeza.
2. Todo lo que tenemos en el alma y en el cuerpo
y cuanto externa o internamente,
natural o sobrenaturalmente poseemos
son beneficios tuyos,
y te manifiestan como benefactor, piadoso y bueno de quien recibimos todos los bienes.
Y si alguien recibe mucho y otro poco,
sin embargo todos los bienes son tuyos
y sin Ti no se puede recibir ni lo menor.
Quien recibe más, no puede ufanarse de su mérito
ni sentirse por encima de los otros
o insultar a los inferiores
porque es mayor y mejor el que menos se atribuye y es el más humilde y devoto en agradecer.
Y el que más despreciable se considera, y más indigno se juzga
se hace más apto para recibir mayores bienes.
3. Quien recibe poco
no debe entristecerse ni indignarse
ni envidiar al más aventajado
sino debe ser más atento Contigo y alabar más tu bondad porque otorgas tus dones tan abundante, gratuita y gustosamente, sin guiarte por criterios humanos.
Todo procede de Ti
y por eso debes ser alabado en todos.
Tú sabes qué conviene otorgar a cada uno
y por qué éste tiene menos y ese más no nos toca discernir a nosotros sino a Ti,
que juzgas los méritos de cada uno.
4. De ahÃ, Señor Dios, que considero un gran beneficio
no tener demasiadas cosas de las que aparecen externamente y las personas celebran
asà que quien considere su personal pobreza y limitación no sólo no recibirá pesadumbre, tristeza y abatimiento sino mayor satisfacción y gran alegrÃa,
porque tú Señor elegiste como familiares e Ãntimos a los pobres, humildes y despreciados del mundo.
De esto son testigos tus mismos apóstoles
a quienes estableciste como prÃncipes sobre la Tierra (Sal 45,17).
Ellos se comportaron sin queja en el mundo
tan humillados y sencillos, sin la menor malicia y dolo hasta se alegraron de padecer ofensas en tu Nombre (Hch 5,41).
5. Por eso nada debe alegrar tanto
a quien te quiere y conoce tus beneficios
como tu voluntad para con él y la bondad de tus eternas disposiciones de las que tanto debe contentarse y consolarse
de manera que gustosamente desee ser el menor como otro quiere ser el mayor
y asà esté tranquilo y satisfecho en el último lugar como si fuera el primero
y con agrado acepte ser despreciado y desechado
y no tener prestigio y fama
como si fuese el más respetado e importante del mundo.
Porque tu voluntad y el amor a tu honra
deben exceder todas las cosas
y más se debe consolar y satisfacer una persona con esto
que con todos los beneficios recibidos o que pueda recibir.
Jesucristo:
1. Hijo, ahora te enseñaré el camino de la paz y de la verdadera libertad.
DiscÃpulo:
Haz, Señor, lo que dices
porque escucharlo es muy agradable para mÃ.
Jesucristo:
Procura, hijo, hacer antes la voluntad ajena que la propia.
Elige siempre tener menos y no más.
Busca siempre el último lugar, y estar sometido a otros.
Escoge y siempre reza
para que la voluntad de Dios se cumpla Ãntegramente en Ti.
Asà se ingresa en los términos de la paz y la quietud.
DiscÃpulo:
2. Señor, tu sermón es corto
pero contiene mucha perfección.
Lacónico en las palabras
pero lleno de sentido y abundante fruto.
Si yo pudiera cumplirlo fielmente
no deberÃa brotar en mà con tanta facilidad el desconcierto.
Porque cada vez que me siento inquieto y deprimido descubro
que me he apartado de ésta enseñanza.
Pero Tú que todo lo puedes y siempre buscas mi provecho
otórgame mayores gracias
para que pueda cumplir tu doctrina y conseguir mi salvación.
3. Oración contra los malos pensamientos:
Señor Dios mÃo, no te retires de mÃ,
Dios mÃo, ven a auxiliarme (Sal 71,12)
porque se han levantado dentro de mà diversos
pensamientos y grandes temores me afligen.
¿Cómo los atravesaré ileso? ¿Cómo los destruiré?
Tú dices que irás delante de mÃ
y humillarás a los arrogantes de la Tierra (Is 45,2).
Abrirás la puerta de la cárcel y me revelarás los secretos.
Haz, Señor, como dices
para que huyan ante MÃ todos mis inicuos pensamientos.
Mi esperanza y único alivio es correr a Ti en toda dificultad
confiar en Ti, invocarte desde lo más Ãntimo,
y esperar con paciencia tu consuelo.
4. Oración para pedir que la inteligencia se ilumine:
Alúmbrame, Buen Jesús, con la claridad de la luz interior
y quita de la habitación de mi corazón toda tiniebla.
Cohibe las muchas divagaciones
y destroza las tentaciones que me encadenan.
Lucha con fuerza por mà y ahuyenta las malas bestias
como llamo a los seductores deseos deshonestos;
para que se haga la paz gracias a Ti
y resuenen con abundancia las alabanzas en el santo palacio es decir, en la conciencia pura.
Manda al viento y a las tempestades,
y dile al mar: ¡Calla! y al ventarrón: ¡No soples! y se producirá una gran calma. (Mc 4,39).
Emite tu luz y tu verdad (Sal 43,3) para que brillen sobre la tierra
porque está árida y vacÃa hasta que Tú la ilumines.
Derrama tu gracia desde arriba, empapa mi corazón con el rocÃo del Cielo, distribuye el agua de la devoción para irrigar toda la tierra y que produzca frutos buenos y óptimos.
Levanta el ánimo oprimido por la mole de los pecados
orienta todo mi deseo hacia el Cielo
para que saboreando la suavidad de la superior felicidad me cause fastidio pensar en lo terreno.
QuÃtame y arráncame del transitorio consuelo de las criaturas
porque ninguna cosa creada
puede calmar y consolar mi deseo plenamente.
Úneme a Ti con el vÃnculo inseparable del amor
porque sólo Tú bastas al que te ama,
y fuera de TÃ todo carece de importancia.
Jesucristo:
1. Hijo, no seas curioso
ni te preocupes de cosas impertinentes.
¿Qué te importa esto o aquello? (Jn 21,22) Tú sÃgueme.
¿Qué te importa que alguien sea de ésta o de otra manera
o que viva o hable de uno u otro modo?
No necesitas responder por otro sino dar razón de ti mismo.
¿Por qué, pues, te entrometes?
Yo a todos conozco y veo al mismo tiempo todo lo que sucede,
y sé de qué manera es cada uno, qué piensa, qué quiere y a qué objetivo se dirige su intención [sic]
por eso, se me deben encomendar todas las cosas.
Tú más bien consérvate en buena paz
y deja agitarse el agitador cuanto quiera;
sobre él vendrá todo lo que haga o diga
porque no puede engañarme.
2. No te preocupes del prestigio de un gran hombre ni de las recomendaciones de muchos, ni del afecto especial de una persona.
Todas estas cosas producen distracciones
y grandes oscuridades en el corazón.
Con gusto te dirigiré mis palabras y te revelaré lo oculto
si esperas atentamente mi venida y me abres tu corazón.
Estáte preparado, permanece en oración y humÃllate en todo.
Jesucristo:
1. Hijo, yo he dicho:
Mi paz les dejo, mi paz les doy;
se la doy, no como la da el mundo (Jn 14,27).
Todos desean la paz
pero no todos se preocupan de lo que concierne a la verdadera paz.
Mi paz está con los humildes y sosegados de corazón.
Tú paz estará en la mucha paciencia.
Si me escuchas, y sigues mi voz
podrás disfrutar de mucha paz.
DiscÃpulo:
2. ¿Qué haré pues?
Jesucristo:
Atiende en todo a ti mismo, qué haces, qué dices y dirige toda tu intención a mi exclusivo beneplácito, y nada desees o busques fuera de MÃ,
no juzgues temerariamente los dichos o hechos ajenos ni te impliques en asuntos que no te hayan encomendado,
con esto podrá ser poco o rara vez te desconciertes.
Porque jamás sentir alguna confusión,
o no sufrir molestia interna o externamente
corresponde al estado de eterna quietud , no a esta vida.
No vayas a considerar que encontraste la verdadera paz
si no sientes alguna pesadumbre
ni que todo está bien
cuando tus adversarios no te causan molestias
ni que todo es perfecto
si todo se realiza conforme con tu voluntad.
Ni te creas más grande que otro o estimes que eres especialmente elegido si sientes una gran devoción o dulzura,
porque en estas cosas no se reconoce al verdadero amante del bien ni consiste en ellas el provecho y la perfección de las personas.
DiscÃpulo:
3. ¿Entonces en qué, Señor?
Jesucristo:
En ofrecerte de todo corazón a la voluntad de Dios,
no buscando tu interés, ni poco ni mucho,
ni en el tiempo ni en la eternidad
de manera que con la misma actitud
permanezcas agradecido en lo próspero
y en lo adverso pesándolo todo con la misma balanza.
Si fueras tan firme y constante en la esperanza
que incluso al quitársete la consolación interior,
prepares tu corazón a soportar más todavÃa
y no te justifiques como si no debieras padecer tanto
sino que consideres mi acierto y me alabes por Santo en todo lo que disponga
entonces caminarás por la auténtica y recta vÃa de la paz y podrás tener esperanza cierta de ver con alegrÃa nuevamente mi rostro.
Si llegas al total rechazo de tu egoÃsmo
sabrás entonces que gozarás de paz abundante
según las posibilidades de tu destierro.
DiscÃpulo:
1. Señor, es actitud propia de la persona perfecta no relajar nunca el ánimo en su dirección al Cielo y entre muchas preocupaciones pasar sin preocupación
no como un tonto sino por el privilegio de una mente liberada que no se adhiere malamente a nada creado.
2. Te ruego, piadosÃsimo Dios mÃo, que me preserves de la preocupaciones de esta vida,
para que no me comprometa demasiado en ellas;
para que no dominen mi voluntad las diversas necesidades naturales
para que no quede dividido por todos los obstáculos y molestias en mi espÃritu.
No me refiero a las cosas que con tanto afecto ambiciona la vanidad
sino a todas esas miserias propias de la condición humana
que penosamente oprimen y retardan a tu servidor
para impedir que obtenga, cuantas veces quiere,
la libertad de espÃritu.
3. Dios mÃo, bondad inefable,
conviérteme en amargura
todo placer inconveniente que me separa del eterno amor engañándome con la vista de algún bien inmediato.
No me vaya vencer, Dios mÃo, la naturaleza;
no me engañe el mundo y su gloria breve;
no me derribe el [sic]demonio y su astucia.
Dame fuerza para resistir,
paciencia para tolerar,
constancia para perseverar.
Dame, en vez de todas las satisfacciones del mundo,
la suavÃsima unción de tu EspÃritu
y en vez del amor deshonesto
infúndeme el amor de tu Nombre.
Porque las preocupaciones por el alimento, la bebida,
la ropa y lo demás que se requiere para el sustento del cuerpo
resultan pesadas para el EspÃritu fervoroso.
Concédeme que use con moderación de todo lo necesario
y que no me ocupe de eso con exagerado interés.
No es lÃcito abandonarlo todo
porque las necesidades naturales deben ser satisfechas.
Pero la ley santa prohibe buscar lo superfluo
o lo excesivamente agradable,
porque de otro modo la naturaleza se rebelarÃa contra el espÃritu.
En medio de estas cosas,
ruego que tu mano me gobierne y enseñe
para que en nada exceda.
Jesucristo:
1. Hijo, conviene que lo des todo por el Todo
y no seas nada de ti mismo.
Debes saber que el amor propio te hace más daño
que cualquier otra cosa en el mundo.
Según sea el amor y el apego que tienes a las cosas
estarás más o menos adherido a ellas.
Si tu amor fuese puro, simple y ordenado
no estarás cautivo de las cosas.
No se debe desear lo que es ilÃcito tener.
No se debe tener
lo que te puede impedir y privar de la libertad interior.
Es de sorprender
que no te entregues tú mismo a MÃ
desde el fondo del corazón,
con todo lo que puedes tener o desear.
2. ¿Por qué te desgastas con inútil tristeza?
¿Por qué te fatigas con cuidados superfluos?
Compórtate según mi voluntad
y no sufrirás menoscabo.
Si buscas esto o aquello, si deseas estar aquà o allÃ
por tu conveniencia o propia voluntad,
nunca estarás tranquilo ni libre de preocupaciones
porque en todas las cosas hay alguna falla
y en todo lugar hay adversarios.
3. No hace provecho cualquier cosa alcanzada o multiplicada exteriormente
sino más bien la deshechada y arrancada de raÃz del corazón.
No sólo entiendas lo anterior de las propiedades y riquezas
sino también de la ambición de ser famoso o el deseo de vacÃas adulaciones que transcurren como el mundo.
Poco importa el lugar si falta el fervor del espÃritu,
ni durará mucho la paz buscada sólo externamente
si falta su verdadero fundamento en la disposición del corazón.
Es decir, si no estás en MÃ, puedes cambiar pero no mejorar.
Porque manifestada la ocasión, y aceptada
encontrarás lo que evitabas, y hasta más.
4. Oración para pedir la purificación del corazón y la sabidurÃa divina:
ConfÃrmame, Señor, en la gracia del EspÃritu Santo.
Dame energÃa para fortalecerme interiormente
y para vaciar mi corazón de toda preocupación inútil y angustiosa, para que no me arrastre el deseo de cualquier cosa vulgar o valiosa;
sino que mire todo como pasajero, y a mà mismo igual
porque nada permanece bajo el sol,
todo es vacÃo y aflicción para el espÃritu (Ecl 2,17).
Qué sabio es el que piensa asÃ:
Concédeme Señor la sabidurÃa celestial
para que aprenda a buscarte y encontrarte sobre todas las cosas,
sobre todo, apreciarte y amarte y entender lo demás como es,
de acuerdo con tu SabidurÃa.
Dame prudencia para apartarme del adulador
y paciencia para soportar al adversario.
Porque la verdadera sabidurÃa consiste en no moverse
por el ruido de las palabras, ni prestar atención a
los cantos de sirena de los aduladores, porque asÃ
se transita con seguridad la vÃa comenzada.
Jesucristo:
1. Hijo, no te enojes si alguien tiene mala opinión de ti
y dice lo que no quieres oir.
Tú debes tener peor opinión de ti mismo
y creer que nadie es tan débil como tú.
No es poca sensatez, permanecer callado en tiempos difÃciles
y regresar a MÃ sin perturbarse por las opiniones humanas.
2. No debe estar tu paz en la boca de las personas;
porque te interpreten bien o mal,
no serás por eso distinto de lo que eres.
¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria?
¿Acaso no está en M�
Y quien no desea agradar a los demás ni teme desagradarlos,
disfrutará de mucha paz.
Brota toda inquietud del corazón y distracción de los sentidos,
del amor desordenado y del temor sin motivo.
DiscÃpulo:
1. Bendito para siempre sea tu Nombre, Señor,
que quisiste que venga sobre mà esta tentación y aflicción.
No puedo huir de ella
sino que tengo necesidad de refugiarme en Ti
para que me ayudes y la conviertas en bien para mÃ.
Señor, ahora estoy perturbado y no le va bien a mi corazón
sino que me atormenta mucho esta pasión.
Y ahora, Padre querido, ¿qué voy a decir?:
Me siento atrapado por la angustia.
Sálvame de éste momento (Jn 12,27).
Pero he llegado a esta situación para que Tú seas reconocido
cuando yo esté más humillado y sea liberado por Ti.
Complácete, Señor, en liberarme
porque, pobre de mÃ, ¿qué podré hacer?
¿a dónde iré sin Ti?
Dame paciencia, Señor, también esta vez.
Y en medio de todo esto ¿qué diré?
Señor, hágase tu voluntad (Mt 6,10).
Yo bien merezco sufrir y padecer.
Conviene que lo soporte ¡Ojalá, con paciencia!
Porque tu mano omnipotente es capaz de quitar de mà esta tentación y mitigar su Ãmpetu,
tal como frecuentemente lo has hecho antes conmigo, no vaya a ser que sucumba, [sic]
Dios mÃo, Misericordia mÃa,
mientras más dificultoso es para mÃ
tanto es fácil para Ti este cambio por el poder de tu mano.
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