Tomás Hermerken de Kempis, Imitación de Cristo
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PARTE TERCERA
FELICIDAD ESPIRITUAL

Capítulo: I
CRISTO HABLA INTERIORMENTE

Discípulo :

1. Escucharé lo que hable en mí el Señor Dios (Sal 85,9).

Feliz quien oye que el Señor le hable internamente,

y de su boca recibe frases de consolación.

Felices los oídos que captan el susurro de la Circulación Divina

y no advierten los susurros de este mundo.

Felices efectivamente los oídos que no escuchan

la voz resonante de afuera

sino la que enseña la Verdad interiormente.

Felices los ojos que están cerrados al exterior

pero que están dirigidos hacia dentro.

Felices los que penetran internamente

y se esfuerzan por prepararse más y más,

con ejercicios cotidianos

a fin de recibir los Secretos divinos.

Felices los que gozan de dedicarse a Dios

y excluyen de sí todo impedimento natural.

Atiendo a todo esto yo mismo

y cierro la puerta de mi sensualidad

para poder oír lo que habla en mí mi Señor Dios.

2. Esto dice mi Amado:

Yo soy tu Salud, tu Paz y tu Vida,

consérvate cerca de Mí,

y encontrarás paz.

Abandona todo lo transitorio

busca lo Eterno.

¿Qué vienen a ser todas las cosas temporales

sino seducciones?

¿De que te ayudará todo lo creado

si te abandona tu Creador?

Por eso, dejadas todas las cosas,

hazte agradable y fiel a tu Creador

y podrás lograr la verdadera felicidad.

Capítulo: II
LA VERDAD HABLA INTERIORMENTE SIN ESTRÉPITO

Discípulo:

1. Habla, Señor

porque tu servidor te escucha (1Sam 3,10)

Yo soy tu servidor

dame inteligencia para que conozca tu enseñanza (Sal 119,125).

Dispón mi corazón a las palabras de tus labios

tu voz fluya y rocíe (Dt 32,2).

Dijeron antiguamente los hijos de Israel a Moisés:

Háblanos tú a nosotros y oiremos;

no nos hable el Señor, no sea que muramos (Ex 20,19).

Así no, Señor, así no ruego

sino más bien suplico humilde, ansiosamente

como el profeta Samuel: Habla, Señor

porque tu servidor te escucha.

No me hable Moisés o alguno de los profetas,

sino más bien háblame Tú, Señor Dios,

Inspirador e Iluminador de todos los profetas,

porque Tú solo, sin ellos me pueden enseñar

ellos, sin Ti, para nada aprovechan.

2.Pueden hacer ruidos de palabras

pero no dan espíritu.

Hablan correctamente

pero si Tú callas, no encienden el corazón.

Dicen las letras

pero Tú otorgas el sentido.

Predican misterios

pero Tú haces comprender su significado.

Dan a conocer mandamientos

pero Tú ayudas a cumplirlos.

Muestran el camino

pero Tú das fuerza para seguirlo.

Ellos actúan sólo por fuera

pero Tú instruyes e iluminas el corazón.

Ellos riegan la superficie

pero Tú regalas la fecundidad.

Ellos levantan la voz

pero Tú concedes entender a quien escucha.

3.Por lo tanto , que no hable Moisés, sino Tú

señor Dios mío , Eterna Verdad,

no sea que muera y quede sin fruto

si solamente se me advierte por fuera sin encenderme interiormente.

No se me vaya a juzgar por las palabras oídas y no cumplidas,

comprendidas pero no amadas, creídas pero no respetadas.

Háblame, pues, Señor, porque soy tu servidor (1Sam 3,10)

Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,68).

Capítulo: III
LAS PALABRAS DE DIOS DEBEN ESCUCHARSE CON HUMILDAD

Jesucristo:

1.Escucha, hijo , mis palabras;

mis especialísimas palabras que exceden a las de todos los intelectuales y sabios de este mundo.

Mis palabras son espíritu y vida (Jn 6,63)

y no pueden ser ponderadas con criterios humanos.

No son para referirse con vana complacencia

sino para oírse en silencio, y recibirse con toda humildad y mucho afecto.

Discípulo:

Feliz quien es instruido por Ti

y conoces tus leyes,

porque lo alivias en los días difíciles (Sal 94,12-13)

y no está abandonado en la Tierra.

Jesucristo :

2. Yo enseñe a los profetas desde el principio

y hasta ahora no dejo de hablarles a todos

pero muchos son sordos e insensibles a mi voz.

Muchos escuchan con más gusto al mundo que a Dios,

y más fácilmente siguen sus deseos personales

que lo que agrada a Dios.

El mundo promete cosas pasajeras y pequeñas

y es servido con gran avidez;

Yo prometo lo máximo y eterno

y se desganan los corazones de las personas.

Avergüénzate Sidón dice el mar (Is 23,4).

¿Quién me sirve y obedece en todo con tanto cuidado

como se sirve al mundo y a sus poderosos?

Y si buscas la causa, escucha:

Por un pequeño premio, se recorre un largo camino;

por la Vida Eterna, muchos apenas quieren levantar un pie.

3.Se busca ganancias despreciables;

por una moneda se litiga a veces vergonzosamente.

Por cosas sin importancia y pequeñas promesas

no se tiene temor en fatigarse día y noche;

pero ¡qué vergüenza!

flojean en fatigarse un poco

por el Bien permanente, el Premio invalorable,

por el máximo Honor y la Gloria interminable.

Avergüénzate, pues, servidor flojo y quejoso

que otros están mas preparados para la perdición que tú para la Vida.

Están más contentos de la vanidad

que tú de la Verdad.

A veces su esperanza se frustra

pero mi promesa nunca falla,

ni a quien me reconoce deja que se vaya vacío.

Doy lo que prometí;

cumplo lo que dije, siempre que alguien quiera permanecer en el amor hasta el fin.

Yo soy Remunerador de todos los buenos

y pongo a prueba exigente a todos los devotos.

4. Imprime mis palabras en tu corazón y medítalas cuidadosamente

porque serán muy necesarias para ti en momentos de tentación.

Lo que no entiendes al leer

lo sabrás el día de mi Visita.

Doblemente acostumbro visitar a mis escogidos:

en la tentación y en la consolación.

Y dos lecciones diariamente les enseño:

una reprendiendo sus vicios,

otra, animándolos al crecimiento de sus virtudes.

El que entiende mis palabras y las desprecia

tiene quién lo juzgue el último día (Jn 12,48).

5. Oración para pedir la gracia de la devoción:

Señor Dios mío, Tú eres todos mis bienes.

Y ¿yo quién soy para atreverme a hablarte?

Yo soy tu pobrísimo servidor y como insignificante gusanito

mucho más pobre despreciable de lo que sé y me atrevo a decir.

Recuerda Señor, sin embargo,

que nada soy, nada tengo y nada valgo.

Tú solo eres Bueno, Justo y Santo,

Tú todo lo puedes, todo lo das, todo lo llenas,

dejando vacío solo al pecador.

Acuérdate de tu misericordia, y llena mi corazón de tu gracia

porque no quieres que tus obras sean vacías.

¿Cómo podré tolerarme en esta vida miserable

si no me reconfortas con tu misericordia y tu gracia?

No apartes tu rostro de mí (Sal 27,9)

no demores más tu Visita, no retires tu consuelo

no vaya a ser mi espíritu como tierra sin agua (Sal 143,6).

Señor, enséñame a cumplir tu voluntad

enséñame a vivir en Tu presencia con dignidad y humildad;

porque Tú eres mi sabiduría, de verdad me conoces,

y me conociste, antes que el mundo existiera

y antes que naciera yo.

Capítulo: IV
SINCERIDAD Y HUMILDAD EN EL TRATO CON DIOS

Jesucristo:

1. Hijo, procede ante Mí sinceramente

y con sencillez de corazón búscame siempre.

Quien procede con sinceridad en mi Presencia

se verá protegido de malos encuentros

y la Verdad lo librará a él de los engañadores

y de las infamias de los malvados.

Si te libra la Verdad, entonces serás verdaderamente libre,

y no le darás importancia a las murmuraciones.

Discípulo:

Señor es cierto.

Quiero que así sea conmigo, como dices.

Quiero que tu Verdad me enseñe

que ella me defienda

y me conserve hasta la salvación final.

Quiero que tu Verdad me libere

de todos los malos afectos y amores desordenados,

para caminar Contigo con gran libertad de corazón.

Jesucristo:

2. Yo te enseñaré, dice la Verdad,

lo que es justo y agradable para Mí.

Piensa en tus faltas con gran descontento y tristeza

y nunca pienses ser alguien por tus buenas acciones.

De verdad eres un pecador

sometido e implicado en muchas pasiones.

Por ti mismo, siempre tiendes a la nada,

pronto caes, pronto pierdes,

pronto te desconciertas, pronto desfalleces.

No tienes algo de lo que puedas presumir

pero sí muchas cosas de qué avergonzarte

porque estás mucho más enfermo de lo que puedes comprender.

3. Nada de lo que hagas debe parecerte excelente.

Nada grande, nada precioso o admirable,

nada digno de verdadero prestigio,

nada profundo o verdaderamente encomiable o deseable,

sino lo Eterno.

La eterna Verdad debe darte más placer que todo lo demás,

y desagradarte siempre tu gran vulgaridad.

Nada temas tanto, ni desprecies y apartes de ti

como tus vicios y pecados;

ellos te deben causar más desagrado

que cualquier daño físico.

Algunos no se comportan con sinceridad en mi Presencia,

sino que llevados por cierta curiosidad y arrogancia quieren conocer mis secretos y entender las maravillas de Dios descuidándose de su propia salvación.

Estos caen con frecuencia en grandes tentaciones y pecados

por causa de su altanería y curiosidad; yo estoy contra ellos.

4. Teme el juicio de Dios; espántate de la ira de Dios.

No discutas las obras del Altísimo

sino más bien investiga cuidadosamente tus maldades: en cuántas has caído y cuánto bien dejaste de hacer.

Algunos hacen consistir toda su devoción en los libros

otros en imágenes, o en signos exteriores y figuras.

Algunos me tienen en los labios pero poco en el corazón.

No obstante, hay personas que con la inteligencia iluminada y purificados sus afectos, anhelan siempre lo Eterno;

se enteran con pesar de lo que sucede en el mundo, y atienden de mala gana a sus necesidades físicas; ellos sienten dentro de sí que les habla el Espíritu de verdad, enseñándoles a despreciar los valores terrenos y amar los del Cielo así como a dar menos importancia a lo inmediato deseando el Cielo día y noche.

Capítulo: V
EFECTOS MARAVILLOSOS DEL AMOR DIVINO

Discípulo:

1. Te bendigo, Padre del cielo

Padre de mi Señor Jesucristo

porque has querido acordarte de este pobre.

Padre de misericordia y Dios de todos los consuelos (2Co 1,3),

te agradezco porque a mí, indigno de todo consuelo, de vez en cuando alegras con tu visita.

Te bendigo y te honro siempre, con tu Hijo Único

y el Espíritu Santo intercesor, por los siglos de los siglos.

Señor Dios, mi santo Amador,

cuanto Tú vengas a mi corazón,

se removerá de alegría todo mi interior.

Tú eres mi gloria y la alegría de mi corazón (Sal 3,4).

Tú eres mi esperanza y mi refugio, en tiempo de dificultad (Sal 59,17).

2. Pero como todavía soy limitado en el amor e imperfecto en la virtud,

necesito que me reconfortes y alegres.

Por lo tanto, visítame frecuentemente e instrúyeme en santidad;

libérame de las malas pasiones

y sana mi corazón de todos los afectos inconvenientes para que curado interiormente y bien purificado, sea apto para amar, fuerte para soportar y estable para perseverar.

3. El amor es grande, el mayor de todos los bienes;

hace liviano todo lo pesado

y permite llevar con ecuanimidad todo lo desigual.

Transporta a la carga sin peso

y convierte en dulce y sabroso todo lo amargo.

El noble amor a Jesús nos impulsa a realizar grandes acciones

y nos estimula a desear siempre lo más perfecto.

El amor apunta siempre hacia arriba

y no quiere que lo retenga ninguna cosa ínfima.

El amor quiere ser libre y alejado de todo afecto mundano

que pudiera impedir su mirada interior,

no vaya a ser que lo sujeten las implicancias de alguna inmediata comodidad

o sucumba por la incomodidad.

Nada más dulce que el amor,

nada más fuerte, nada más profundo, nada más extenso, nada más alegre, nada más completo ni mejor en el Cielo o en la Tierra:

porque el amor nació de Dios

y no puede tranquilizarse con todas las cosas creadas sino en Dios.

4. El amante vuela, corre y se alegra;

es libre y no está sujeto.

Da todas las cosas a todos

y encuentra todas las cosas en todos

porque se aquieta en uno Mayor sobre todos

del cual todo bien fluye y procede.

No mira a los dones

sino que se dirige al Donante de todo bien.

El amor, con frecuencia, desconoce la moderación;

más bien, se enciende sobre toda moderación.

El amor no siente la carga

no considera los esfuerzos, se anima a más de lo que puede, no se excusa de lo imposible porque cree que todo le es posible y conveniente.

Puede con todo

y muchas cosas realiza y efectivamente resuelve

en las cuales quien no ama desfallece y cae.

5. El amor siempre está despierto, y dormido no duerme,

fatigado no se cansa, angustiado no se angustia,

aterrorizado no se conmueve,

sino que como viva llama y ardiente antorcha

se dirige hacia la altura y se remonta con seguridad.

Si alguien ama, sabe lo que esto significa.

Es un gran clamor en los oídos de Dios

el ardiente afecto interior que dice:

Dios amor mío; Tú todo mío y yo todo Tuyo.

6. Agrándame en el amor

para que aprenda a saborear interiormente con el corazón

qué bello es amarte

y derretirse y nadar en amor.

Poséame el amor,

y salga fuera de mí por el gran fervor y admiración.

Cante un canto de amor,

y te siga, Amado mío, a las alturas,

desfallezca mi vida en tu alabanza,

jubilosa por amor.

Te ame más que a mí mismo.

Ni me ame a mí sino por Ti, y en Ti a todos los que

aman como manda la ley del amor,

que brilla desde Ti.

7. El amor es rápido, sincero, bondadoso, alegre y

ameno,

fuerte, paciente, fiel; prudente, generoso, valiente;

y jamás se busca a sí mismo.

Donde alguien se busca a sí mismo

allí mismo cae del amor.

El amor es respetuoso, humilde y recto

no es cómodo ni frívolo ni interesado en superficialidades;

es sobrio, puro, estable, equilibrado y controlado en los sentidos.

El amor es sumiso y obediente a los superiores,

para sí mismo abatido y despreciable, devoto y agradecido a Dios, creyente y esperanzado siempre en Él

hasta cuando no lo siente;

porque sin dolor no se vive en el amor.

8.Quien no está preparado para sufrirlo todo

y entregado a la voluntad del amante

no es digno de llamarse amado.

Conviene que el que quiere, acepte de buena voluntad

por la persona querida,

todo lo difícil y amargo

y no se aparte de ella por las contrariedades.

Capítulo: VI
PRUEBAS DE VERDADERO AMOR

Jesucristo:

1. Hijo: todavía no eres fuerte e inteligente en el amor.

Discípulo:

¿Por qué, Señor?

Jesucristo:

Porque por una pequeña contradicción

abandonas lo que empezaste

y con gran avidez buscas la consolación.

Quien ama con fortaleza se mantiene estable frente a las tentaciones

y no acepta las astutas insinuaciones del enemigo.

Así como Yo le agrado en la prosperidad,

no le desagrado en la adversidad.

2. Quien ama inteligentemente

no considera tanto el don del amante como su amor.

Presta mayor atención al afecto que al obsequio

y considera todo regalo como inferior a quien lo da.

Por esto no está todo perdido

si algunas veces sientes menos aprecio del que quisieras por Mí o por mis santos.

El afecto que de vez en cuando percibes en ti

es bueno y agradable

porque es consecuencia de la presencia de la gracia y algo así como saborear por adelantado la patria del Cielo;

sobre esta sensación no debe uno apoyarse mucho porque va o viene.

Pero pelear contra los malos estímulos

y despreciar las sugerencias del diablo

es señal de virtud y gran mérito.

3. No te vayan a perturbar las extrañas imaginaciones de diversos asuntos que se te ocurren;

manténte firme en tu propósito

y en la intención recta hacia Dios.

No es ilusión cuando alguna vez te sientes elevado

y de inmediato retornas a las acostumbradas ineptitudes de corazón,

porque más las sufres contra tu voluntad que las causas

y siempre que te desagradan y las rechazas es mérito y no perdición.

Puedes estar convencido que el enemigo antiguo,

por todos los medios, trata de impedir tu deseo del Bien y apartarte de todo ejercicio espiritual como la veneración de los santos, la piadosa evocación de mi Pasión, el recuerdo conveniente de los pecados, el cuidado de los propios afectos y el firme propósito de progresar en la virtud.

El demonio sugiere muchos malos pensamientos

para causarte desgano y temor

a fin de que abandones la oración y la lectura sagrada.

Le molesta la confesión humilde

y, si pudiera, haría que dejes de comulgar.

No le creas ni le prestes atención

aunque muchas veces prepare trampas para hacerte caer.

Cuando te traiga pensamientos malos y sucios

atribúyeselos a él, y dile:

“Fuera, inmundo; avergüénzate miserable

eres muy sucio porque me traes esas cosas a la imaginación.

Retírate de mí, seductor malísimo,

no tienes nada que ver conmigo,

porque Jesús estará junto a mí como fuerte guerrero y tú quedarás perplejo.

Prefiero morir y soportar todos los sufrimientos

que consentir contigo.

Calla, enmudece,

no te oiré ya por más que me molestes.

El Señor es mi luz y mi salvación

¿a quién temeré?

Aunque se enfrenten ejércitos contra mí

no temerá mi corazón (Sal 27,3).

El Señor es mi ayuda y mi Redentorâ€.

5. Pelea como un buen soldado

y si llegas a caer por debilidad,

procura con más fuerza que antes

confiar más ampliamente en mi gracia

y cuídate mucho de complacerte vanamente y de ser arrogante.

Por esto muchos cometen errores

y vienen a caer en una ceguera casi incurable.

La ruina de estos altaneros

que presumen de sí tontamente

te debe servir para ser cauteloso

y siempre humilde.

Capítulo: VII
CUSTODIAR LA GRACIA CON HUMILDAD

Jesucristo:

1. Hijo, lo más útil y seguro para ti

es mantener oculta la gracia de la devoción

y no sobreestimarte, ni hablar mucho de ella,

ni ponderarla demasiado,

sino más bien considerar lo que vales

y temer porque se te ha dado sin merecerla.

No está bien apegarse tenazmente a estos sentimientos

porque muy pronto pueden cambiarse en contrarios.

Piensa en la gracia,

qué miserable e impotente estás sin la gracia.

No consiste el aprovechamiento en la vida espiritual

en tener la gracia de las consolaciones

sino que con humildad y paciente abnegación

soportes que ella se te quite

de manera que entonces no descuides el esfuerzo de la oración ni dejes del todo las demás buenas obras que acostumbras realizar,

sino que como mejor puedas y entiendas

realices con buena voluntad lo que esté de tu parte sin descuidarlo totalmente

por la aridez o ansiedad mental que sientes.

2. Hay muchos que se vuelven de pronto impacientes o desganados

cuando las cosas no suceden como quieren.

No está siempre en poder del hombre su camino (Jr 10,23)

sino que es propio de Dios dar y consolar, cuando quiere, en la medida que quiere y a quien quiere, según su deseo, y eso es todo.

Algunos desprevenidos se destruyeron a sí mismos

por causa de la gracia de la devoción,

porque quisieron hacer más de lo que podían

sin pensar en sus limitaciones,

más seguidores del afecto de su corazón

que del juicio de la razón.

Y porque presuponían mayores cosas de las que agradaban a Dios

por eso mismo perdieron pronto la gracia.

Se volvieron pobres y quedaron despreciados

los que quisieron poner su nido en el Cielo

para que humillados y empobrecidos aprendan a no volar con sus alas sino a esperar bajo mis plumas.

Los que todavía son nuevos e inexpertos en el camino del Señor

pueden fácilmente engañarse y perderse

si no se dejan guiar por los consejos de los sensatos.

3. Porque si prefieren seguir a su parecer

que creer en los más experimentados

será muy riesgoso su fin

por no querer abandonar su propio juicio.

Los que se creen sabios

rara vez soportan que otros los dirijan.

Mejor es saber poco, con humildad y limitada inteligencia

que grandes tesoros de ciencia con vana complacencia.

Mejor es para ti tener poco

que mucho de lo que vayas a presumir.

No se comporta con discreción quien se entrega totalmente a la alegría,

olvidándose de su original carencia y del puro respeto a Dios que teme perder la gracia concedida.

Ni tampoco sabe mucho de virtud

quien se entrega a la desesperación en tiempo de adversidad y de cualquier contradicción

y piensa y siente menos confianza en Mí de la que le conviene.

4. El que quiere estar muy seguro en tiempo de paz,

se encontrará abatido y temeroso en tiempo de guerra.

Si sabes permanecer siempre humilde y moderado

y moderar y conducir tu espíritu

no caerás tan pronto en los peligros y las faltas.

Es buen consejo que medites,

cuando estés con espíritu animoso

qué sucederá si falta la luz.

Cuando esto suceda,

piensa que la luz puede regresar

ya que te la quité por algún tiempo para tu seguridad y mi reconocimiento.

5. Es más útil esta prueba

que si siempre tuvieras prosperidad por tu voluntad.

Porque los méritos no deben calificarse

por tener muchas revelaciones o consuelos,

por ser un experto en las Escrituras o por tener un grado superior a los otros

sino más bien, si de verdad uno está firme en la humildad y lleno de amor a Dios,

si busca siempre sólo e íntegramente el honor de Dios,

si piensa que no es nada, y verdaderamente se reconoce limitado,

y se alegra de ser desatendido y humillado

más que honrado por los demás.

Capítulo: VIII
POBRE VALORACIÓN DE Sà MISMO ANTE LOS OJOS DE DIOS

Discípulo:

1. ¿Hablaré a mi Señor

yo que soy como polvo y ceniza? (Gn 18,27)

Si me considero superior, Tú estás contra mí,

y no puedo contradecir el verdadero testimonio de mis maldades.

Si, en cambio, me humillo y regreso a la nada

y rechazo el propio reconocimiento

y, tal como soy, me convierto en polvo

vendrá a mí tu gracia y tu luz se acercará a mi corazón y toda estimación, aunque sea poca, se sumergirá en el valle de mi miseria, y perecerá para siempre.

Así me muestras a mí lo que soy, lo que fui y en lo que me he convertido

porque nada soy, y no lo sabía.

Abandonado a mí mismo

soy nada, y totalmente enfermo.

Pero si de pronto me miras

inmediatamente me vuelvo fuerte

y me lleno de nuevo gozo.

Y es algo maravilloso

que así de repente me levantas y tan bondadosamente me abrazas a mí, que por mi propio peso siempre caigo a lo más bajo.

2. Esto lo hace tu amor gratuitamente

anticipándose y ayudándome en tantas necesidades, protegiéndome de graves peligros

y arrancándome de males verdaderamente innumerables.

Porque yo me perdí amándome indebidamente

pero queriéndote a Tí solo y amándote únicamente me encontré a mí y a Tí al mismo tiempo

y por la profundidad del amor me olvidé de mí mismo.

Tú, Señor, haces conmigo

mucho más de lo que merezco

y por encima de lo que me atrevería a esperar o pedir.

3. Bendito seas, Dios mío

porque aunque soy indigno de todos estos bienes sin embargo tu nobleza e infinita bondad

nunca cesa de beneficiar hasta a los ingratos y los que se apartan de Ti.

Regrésanos a Tí

para que seamos agradecidos, humildes y devotos

porque Tú eres nuestra salvación, nuestra virtud y nuestra fortaleza.

Capítulo: IX
TODO DEBE DIRIGIRSE A DIOS COMO FIN

Jesucristo:

1. Hijo; yo debo ser tu supremo y último fin

si deseas ser feliz de verdad.

Por esta intención debes purificar tu afecto

desviado malamente hacia ti o hacia la cosas creadas.

Porque si te buscas a ti mismo en algún otro

de inmediato decaes y te secas por dentro.

Todo, por tanto debes dirigirlo a Mí principalmente

porque Yo lo he dado todo.

Considera así cada cosa

como brotando del Sumo Bien

y sólo a Mí, como a su origen

orienta todas las cosas.

2. De Mí sacan agua, como de fuente viva

el pequeño y el grande, el pobre y el rico;

y los que me sirven espontánea y libremente

reciben una gracia tras otra.

En cambio, quien quiere triunfar fuera de Mí

o deleitarse en algún bien exclusivo

no quedará establecido en el auténtico gozo

ni su corazón se ensanchará

sino que verá multiplicados los impedimentos y angustias.

Por eso, no debes apropiarte de ningún bien

ni atribuir la verdadera virtud a ninguna persona

sino refiérelo todo a Dios, sin el cual nada tiene el hombre.

Yo todo lo entregué y quiero que todo se me devuelva

y con gran rigurosidad exigo que se me agradezca.

3. Esta es la verdad con la que desaparece la gloria vana.

Y, si entra la gracia celestial y la verdadera caridad,

no habrá la menor envidia, ni retraimiento de corazón ni te dominará el amor propio.

Si lo entiendes bien,

sólo en Mí te gozarás, sólo en Mí esperarás

porque nadie es bueno, sino sólo Dios (Lc 18,19)

el cual debe ser alabado sobre todas las cosas

y bendecido en todas ellas.

Capítulo: X
DULZURA DE SERVIR A DIOS DESPRECIANDO EL MUNDO

Discípulo:

1. Ahora hablaré de nuevo, Señor

y no me callaré

diré a los oídos de mi Dios, mi Señor

y mi Rey que está en los Cielos:

¡Qué grande es la abundancia de tu dulzura, Señor,

que tenías escondida para los que te respetan! (Sal 31,20)

¡Qué será para los que te aman

y para los que te sirven de todo corazón!

Verdaderamente es indescriptible la dulzura de contemplarte

que otorgas a quienes te aman.

En esto principalmente

me mostraste la dulzura de tu caridad:

en que cuando yo no existía, me creaste

y cuando vagaba perdido lejos de Tí

me atrajiste para que te sirviera,

y me ordenaste que te quisiera.

2. ¡Fuente perpetua de amor!

¿Qué diré de Tí?

¿Cómo podré olvidarme de Tí

que quisiste acordarte de mí

incluso después que me desmejoré y perdí?

Te comportaste conmigo misericordiosamente

más allá de toda expectativa

y más allá de todo mérito de mi parte

me concediste gracia y amistad.

¿Cómo voy a pagarte este favor?

Porque no se les otorga a todos

que lo abandonan todo, renuncian al mundo

y asuman la vida religiosa.

¿Acaso es gran cosa que yo te sirva

cuando todos los seres creados deben servirte?

No me debe parecer mucho servirte

sino más bien me parece grandísimo y admirable

que hayas querido recibir como servidor

a alguien tan pobre e indigno,

y reunirlo con tus queridos servidores.

3. Todas las cosas son tuyas,

las que tengo y con las que te sirvo.

Pero por el contrario,

Tú me sirves más a mí que yo a Ti.

El cielo y la tierra, que creaste para el servicio de los seres humanos están dispuestos

y hacen cada día todo lo que les mandas.

Va más allá que todo esto

que Tú hayas querido servir al hombre

y le prometiste que te darías Tú mismo.

4. ¿Qué podré darte yo por todos estos innumerables bienes?

¡Ojalá pudiera servirte yo todos los días de mi vida!

¡Si solamente pudiera yo servirte bien un día!

Verdaderamente Tú eres digno de total servicio,

de honor y alabanza eterna.

Verdaderamente eres mi Señor y yo tu pobre servidor

que estoy obligado a servirte con todas mis fuerzas y jamás cansarme de alabarte.

Esto quiero, esto deseo,

Tú dígnate suplir lo que me falte.

5. Es gran honor y gran gloria servirte a Ti,

y por ti despreciar lo demás.

Recibirán gracia muy grande

quienes se sometan espontáneamente a tu santísimo servicio.

Encontrarán hermosísima consolación del Espíritu Santo

quienes por amor a Tí rechacen los placeres sensuales.

Conseguirán libertad de espíritu

quienes en tu Nombre ingresen al camino difícil

y desechen todo remedio mundano.

¡Grato y feliz servicio de Dios

que hace al ser humano libre y santo de verdad!

¡Sagrado estado de los religiosos

que convierte a los hombres iguales a los ángeles,

aplaca a Dios, atemoriza a los demonios,

y es recomendable para los fieles!

¡Servicio digno de ser abrazado y escogido

que promete el Sumo Bien

y adquiere el gozo que permanece para siempre!

Capítulo: XI
LOS DESEOS DEL CORAZÓN SE DEBEN EXAMINAR Y MODERAR

Jesucristo:

1. Hijo, todavía te conviene saber

muchas cosas que no aprendiste bien.

Discípulo:

¿Cuáles son, Señor?

Jesucristo:

Que sometas todo a mi voluntad

y no seas amador de ti mismo

sino afectuoso cumplidor de lo que me agrada.

Los deseos te encienden e impulsan con vehemencia

pero considera si actúas por mi honor

o más bien por tu propio interés.

Si Yo soy la causa,

estarás contento de lo que disponga.

En cambio, si algo tienes escondido de deseo personal

eso mismo te impedirá y te pesará.

Ten cuidado, no confies demasiado

en el deseo preconcebido que no consultaste conmigo;

no sea que después te apene o desagrade

lo que primero te gustó y quisiste con ahínco por parecerte mejor.

No debe seguirse inmediatamente

toda inclinación que nos parece buena

ni huir en el acto de las que nos contrarían.

Conviene refrenarse aglunas veces

incluso en los buenos esfuerzos y deseos

no vayas a incurrir en la irreflexión, por inoportuno, o por la contradicción ajena

de pronto te sientes turbado y caigas.

3. A veces conviene contrariar los deseos con violencia y valor

y no considerar lo que la naturaleza quiere o no quiere sino andar muy cuidadoso para someterla al espíritu aunque le pese.

Y debe ser disciplinada y sometida a servir

hasta que esté dispuesta a todo,

que aprenda a contentarse con lo necesario y gozar con lo sencillo

y a no murmurar contra las dificultades.

Capítulo: XII
SIGNIFICADO DE LA PACIENCIA Y DE LA LUCHA CONTRA LAS MALAS INCLINACIONES

Discípulo:

1. Señor Dios, según veo

necesito mucho la paciencia

porque en esta vida hay multitud de contrariedades.

De cualquier manera que organice mi paz

no podrá subsistir mi vida sin lucha y dolor.

Jesucristo:

2. Así es, hijo.

Pero quiero que no pretendas una paz

que carezca de tentaciones o no sienta dificultades sino más bien estima que has encontrado la paz

cuando te ejercites en varias tribulaciones

y seas puesto a prueba en muchas contrariedades.

Si afirmas que no te es posible sufrir mucho

¿cómo entonces soportarás el fuego del purgatorio?

Entre dos males, siempre hay que elegir el menor.

Por lo tanto, para que puedas escapar en el futuro de los eternos padecimientos,

procura sufrir con paciencia, por Dios, los males presentes.

¿O piensas que las personas del mundo

nada sufren, o sufren poco?

No encontrarás uno solo que no sufra,

incluso entre los más afortunados.

3. Pero tienen, según dices, muchos placeres,

siguen su propia voluntad

y le dan poca importancia a las dificultades.

4. Y si fuera así, que tengan lo que quieran,

¿cuánto tiempo les durará?

Los favoritos del mundo desaparecerán como humo (Sal 37,20)

y no existirá recuerdo de los placeres pasados.

Pero mientras están vivos

no gozan de los placeres sin amargura, fastidio y temor.

Porque lo mismo que les produce satisfacción,

frecuentemente les causa el sufrimiento del dolor.

Justamente se procede así con ellos

porque al buscar y seguir los placeres descontroladamente los disfrutan luego con vergüenza y amargura.

¡Qué limitados, que falsos,

que desordenados y torpes son!

Realmente por la ebriedad y ceguera no entienden

y como si fueran irracionales,

por un pequeño gusto en esta vida transitoria

caen en la muerte del alma.

Tú, hijo, en cambio, no te dejes llevar por los deseos,

y apártate de tus caprichos (Eclo 18,20).

Goza en el Señor

y te dará lo que pide tu corazón (Sal 37,4).

5. Por lo tanto, si quieres deleitarte verdaderamente

y recibir mis consuelos con abundancia,

tu bendición estará en despreciar todo lo mundano y en rechazar todos los deleites perversos;

así recibirás abundante alegría espiritual

y mientras más te apartes de todo consuelo creado tanto más agradables y hondas satisfacciones encontrarás en Mí.

Pero no las alcanzarás sin antes padecer algunas tristezas,

y el cansancio de la pelea.

La costumbre te contrariará

pero la vencerás con otra costumbre mejor.

Se rebelará tu naturaleza

pero la fuerza del espíritu la frenará.

Te instigará y te exasperará la serpiente maligna

pero huirá por la oración

y con el trabajo provechoso le impedirás la entrada.

Capítulo: XIII
OBEDECER HUMILDEMENTE COMO JESUCRISTO

Jesucristo:

1. Hijo: quien procura apartarse de la obediencia

él mismo se aparta de la gracia

y el que quiere poseer cosas privadas

pierde las comunitarias.

Quien no se somete con gusto y espontáneamente

demuestra que todavía no tiene perfectamente

dominada su naturaleza

sino que con frecuencia se resiste y murmura.

Aprende pues a someterte a la autoridad con prontitud

si deseas tener sujeta tu naturaleza.

Más pronto se vence al enemigo exterior

si la persona no ha quedado devastada interiormente.

No existe más molesto ni peor enemigo del alma

que tú mismo cuando no concuerdas bien con el Espíritu.

Te conviene de verdad

aceptar totalmente el desprecio de ti mismo

si quieres prevalecer sobre las debilidades naturales.

Porque todavía te amas muy inadecuadamente

y dudas de resignarte plenamente a la voluntad ajena.

2. Pero ¿qué tanto será que tú, que eres como polvo y nada

por causa de Dios te sometas a otra persona

cuando Yo, Todopoderoso y Altísimo, que creo [sic] todas las cosas de la nada,

me sometí humildemente a los demás por ti?

Me hice el más humilde e ínfimo de todos

para que venzas tu presunción con mi humildad.

Aprende, polvo, a despreciarte

aprende, tierra y barro, a humillarte

y a permanecer a los pies de todos.

Aprende a dominar tu voluntad

y ofrecerte al servicio de todos.

Enójate contra ti mismo y no aceptes que viva en ti el orgullo

sino manifiéstate de tal manera sujeto y pequeño que puedan todos caminar sobre ti y pisarte como el barro de las calles.

¿Qué tienes, ser despreciable, de qué quejarte?

¿Cómo puedes contradecir, vergonzoso pecador,

a los que te reprenden,

ya que tantas veces ofendiste a Dios y mereciste el infierno?

Pero mis ojos tuvieron compasión de ti

por que es muy valiosa tu alma en mi Presencia

para que reconozcas mi amor y vivas siempre agradecido por mis beneficios,

y para que te entregues continuamente a la sujeción y humildad

y sufras con paciencia tus propias limitaciones.

Capítulo: XIV
CONSIDERAR EL SECRETO JUICIO DE DIOS EVITA QUE NOS UFANEMOS EN LA PROSPERIDAD

Discípulo:

1. Me aterran tus juicios respecto a mí, Señor

por el miedo y temblor se conmueven mis huesos,

y mi alma se asusta muchísimo.

Estoy atónito y considero

que ni el cielo es puro en tu Presencia (Job 15,15).

Si hasta en los ángeles encontraste maldad (Job 4,18),

y no los perdonaste, ¿qué será de mí?

cayeron las estrellas del Cielo (Ap 6,13)

y yo ¿cómo puedo presumir?

Cayeron hasta el fondo aquellos cuyas obras parecían dignas de alabanza,

y quienes comían el pan de los ángeles se vieron a [sic] alimentados con comida de cerdos.

2. Ninguna santidad existe, Señor, si retiras tu mano;

ninguna sabiduría aprovecha, si Tú no gobiernas;

ninguna fuerza ayuda, si dejas de conservarla.

Ninguna castidad está segura, si Tú no la defiendes;

ningún cuidado propio sirve

si no está presente tu sagrada vigilancia.

Porque abandonados, nos sumergimos y perecemos;

visitados por Ti, nos levantamos y vivimos.

Somos inestables pero por Ti nos aseguramos.

nos entibiamos, pero por Ti nos encendemos.

3. ¡Qué vulgar y despreciable me debo reconocer!

¡Qué poco valioso si algo bueno parece que tengo!

¡Qué profundamente me debo sumergir

en lo hondo de tus juicios, Señor,

donde nada más encuentro, sino que soy nada y nada!

¡Inmenso peso! ¡Mar inmenso donde nada encuentro de mí

sino que soy nada en todo!

¿Dónde están pues, los cimientos de mi sobreestimación?

¿dónde la confianza de mis propias fuerzas?

Desaparece toda la vanidad de mis glorificación

en la profundidad de tus juicios sobre mí.

4. ¿Qué es toda criatura en tu Presencia?

¿Puede acaso la arcilla elevarse sobre quien le dio forma?

¿Cómo puede engreírse autoalabándose el corazón de quien está de verdad sometido a Dios?

Todo el mundo no puede elevar

a quien mantiene en su sitio la verdad;

ni se moverá, por más que lo alaben

quien tiene firme toda su esperanza en Dios.

Porque todos los que hablan, nada son;

desaparecerán, junto con el sonido de sus palabras

pero la verdad del Señor permanece para siempre (Sal 117,2).

Capítulo: XV
COMO COMPORTARSE Y EXPRESARSE EN LOS DESEOS

Jesucristo:

1. Hijo mío, di así para todo:

Señor, si te agrada, que se haga así;

Señor, si es en honor tuyo,

haz esto en tu Nombre.

Señor, si te parece que me conviene y encuentras que me será útil,

concédelo para que lo use en tu honor.

Pero si sabes que me va a causar daño,

o desaprovechar para la salvación de mi alma

aparta de mí este deseo.

No todo deseo proviene del Espíritu Santo

aunque al hombre le parezca correcto y bueno.

Es difícil juzgar rectamente,

si te impulsa a desear esto o lo otro

un espíritu bueno u otro distinto,

o si te impulsa tu propio ánimo.

Muchos que al principio parecían ser conducidos

por buen espíritu, quedan decepcionados al final.

2. Por eso siempre se debe desear y pedir, con respeto a Dios y humildad en el corazón,

todo lo que sobrevenga como deseable al pensamiento;

y sobre todo, encomendárseme diciendo:

Señor, Tú sabes qué es lo mejor:

haz que suceda esto o lo otro, según quieras.

Da lo que quieras, cuanto quieras, y cuando quieras.

Haz conmigo como sabes, lo que más te agrade a Ti,

y según sea para tu mayor honor.

Ponme donde quieras; dispón de mí libremente en todo.

Estoy en tus manos; dame vueltas para un lado y el otro.

Yo soy tu servidor, dispuesto para todo

porque no deseo vivir para mí sino para Ti,

ojalá que con dignidad y perfección.

3. Oración para cumplir la voluntad de Dios:

Concédeme, compasivo Jesús, tu gracia

para que esté conmigo y conmigo trabaje (Sb 9,10)

y conmigo persevere hasta el fin.

Concédeme desear y querer siempre

lo que es más aceptable para Ti y más te agrada.

Tú voluntad sea mía

y mi voluntad siga siempre a la tuya y concuerde

de la mejor manera con ella.

Mi querer sea siempre uno contigo

y sólo pueda querer o no querer

lo que Tú quieres o no quieres.

Concédeme que muera a todo lo que me tienta del mundo

y por Ti, que ame ser despreciado y desconocido.

Concédeme descansar en Ti sobre todo lo deseado

y que mi corazón encuentre en Ti la paz.

Tú eres la verdadera paz del corazón, su único descanso;

fuera de Ti, todas las cosas son adversas e inestables.

En esta paz permanente,

es decir, en Ti Único Supremo y Eterno Bien

dormiré y descansaré. Así sea.

Capítulo: XVI
SÓLO EN DIOS DEBE BUSCARSE LA VERDADERA SATISFACCIÓN

Discípulo:

1. Cualquier cosa que pueda desear o pensar para mi satisfacción,

no la espero ahora sino para más adelante.

Porque aunque yo solo tuviera todas las satisfacciones del mundo

y pudiera disfrutar de todos los placeres

ciertamente que no tendrían mucha duración.

Por eso no puedo satisfacerme plenamente

ni regocijarme perfectamente

si no es en Dios, consolador de los pobres

y aceptador de los humildes.

Esperaré un poco; esperaré las promesas divinas

y tendré abundancia de todos los bienes en el Cielo.

Si deseo desordenadamente estas cosas presentes

perderé las eternas y bienaventuradas.

Usaré las cosas transitorias por necesidad

pero desearé las eternas.

No puedo saciarme con ningún bien limitado

porque no fui creado solamente para gozarlo.

2. Aunque poseyera todas las cosas

no sería feliz y dichoso

ya que consiste toda mi perfección y felicidad

en Dios que creó absolutamente todas las cosas

no tal como consideran y alaban todos los tontos

amadores del mundo

sino como esperan los buenos seguidores de Cristo y algunas veces saborean por adelantado los espirituales y misericordiosos,

cuyo trato es con el Cielo.

Es inconsistente y breve toda satisfacción humana.

Santa y verdadera satisfacción

la que hace percibir internamente la Verdad.

La persona devota lleva consigo a todas partes

a Jesús, su alegría, y le dice:

Quédate conmigo, Señor Jesús, en todo tiempo y lugar.

Mi satisfacción será carecer de toda satisfacción humana.

Y si falta tu consuelo

que sea mi mayor satisfacción tu voluntad y justa prueba.

Porque no estarás airado completamente

ni enojado para siempre (Sal 103, 9).

Capítulo: XVII
TODA INQUIETUD DEBE ESTABLECERSE EN DIOS

Jesucristo:

1. Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero,

lo que sé y te conviene.

Tú piensas como ser humano

y sientes muchas cosas como te hace ver la emoción humana.

Discípulo:

Señor, es verdad lo que dices.

Es mayor tu preocupación por mí

que todo el cuidado que puedo tener por mí mismo.

Está expuesto a cualquier eventualidad

quien no pone toda su atención en Ti.

Señor, para que mi voluntad

permanezca en ti recta y firmemente

haz de mí lo que te agrade.

Solamente puede ser beneficiosa para mí

cualquier cosa que hagas conmigo.

Si quieres que esté a oscuras, te bendeciré

y si quieres que esté iluminado, te bendeciré también.

Si te dignas alegrarme te bendeciré

y si quieres que esté abatido, igual te bendeciré siempre.

Jesucristo:

2. Hijo, así conviene que te comportes

si deseas caminar Conmigo.

Igualmente debes estar dispuesto al sufrimiento y gozo.

Igualmente debes aceptar de buena gana

ser pobre y necesitado como rico y satisfecho.

Discípulo:

Señor, con gusto sufriré por ti

lo que quieres que me sobrevenga.

Quiero recibir de tu mano con indiferencia

lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste.

Defiéndeme de todo pecado

y no temeré la muerte ni el infierno.

Con tal que no me apartes de Ti para siempre

ni me borres del libro de la vida

no me dañará cualquier tribulación que venga sobre mí.

Capítulo: XVIII
DEBEMOS SOPORTAR LAS ADVERSIDADES CON ECUANIMIDAD COMO CRISTO

Jesucristo:

1. Hijo, yo bajé del Cielo por tu salvación:

acepté tus infortunios impulsado por la caridad,

no por necesidad

para que aprendieses a ser paciente y soportases

sin indignarte

las adversidades de la vida.

Desde el momento de mi nacimiento hasta mi muerte en una cruz,

no me faltaron dolores que sufrir.

Tuve gran carencia de bienes materiales,

frecuentemente escuché quejas contra Mí,

soporté con benevolencia despropósitos y ofensas,

recibí ingratitud a cambio de beneficios,

blasfemias por los milagros y reprensiones por enseñar.

Discípulo:

2. Señor: ya que fuiste paciente en tu vida

principalmente cumpliendo los mandatos de tu Padre

es justo que, perverso pecador,

sufra con paciencia según tu voluntad,

y mientras Tú lo quieras

lleve por mi salvación el peso de esta vida breve.

Porque, aunque la vida presente se siente pesada,

sin embargo se ha convertido en muy meritoria por tu gracia

y más tolerable y transparente gracias a tu ejemplo y el de tus santos

y hasta de mucho más consuelo que la Ley Antigua cuando estaba cerrada la puerta del Cielo

y parecía más oscuro el camino a la salvación,

cuando tan pocos se preocupan de buscar el Reino de Dios

y ni siquiera podían entrar a él los que eran buenos y se iban a salvar

hasta que llegó tu Pasión y el pago de tu sagrada Muerte.

3. ¡Cómo debo agradecerte

que me hayas mostrado a mí y a todos tus fieles el camino bueno y recto al Reino Eterno!

Porque tu vida es nuestra vía

y por la paciencia santa caminamos hacia Ti,

que eres nuestra corona.

Si Tú no nos precedieras y enseñaras

¿quién tendría cuidado de seguirte?

¿Cuántos quedarían lejos y retrasados

si no mirasen tus preciosos ejemplo [sic]?

Si todavía somos negligentes,

pese a que hemos conocido tus manifestaciones

y tu doctrina

¿qué sería si no tuviéramos tanta luz para seguirte?

Capítulo: XIX
TOLERAR LAS OFENSAS ES PRUEBA DE VERDADERA PACIENCIA

Jesucristo:

1. ¿Qué es lo que dices, hijo? Deja de quejarte considerando mi Pasión y la de los santos.

Todavía no has soportado hasta derramar sangre.

Es poco lo que tú padeces, en comparación con lo mucho que soportaron otros,

tan fuertemente tentados,

tan pesadamente mortificados,

tan frecuentemente puestos a prueba y presionados.

Te conviene, pues, recordar

las cosas muy graves de otros

para que con facilidad lleves tus pequeñeces.

Y si no te parecen pequeñeces

mira que la causa no sea tu impaciencia.

Pero sean cosas grandes o pequeñas

procura soportarlas pacientemente a todas por igual.

En la medida que mejor estés dispuesto a la paciencia,

actuarás sabiamente y más mérito tendrás;

te pesarán menos

tendiendo el ánimo y la costumbre preparados sin flojera para esto.

No digas: no tengo valor para soportar esto de esa persona, ni debo aguantar semejante cosa

porque me causó grave daño y dice de mí lo que nunca pensé,

pero de otra soportaré lo que me haga

según me parezca que se debe sufrir.

Es desatinada esta idea, que no considera la virtud de la paciencia ni por quién será premiada

sino que más bien mira a las personas y a las injurias que le hacen.

3. No es realmente paciente quien no desea padecer

sino cuando a él le parece y de quien le acomoda.

El verdadero paciente no se fija qué [sic] persona le molesta

sea su superior, igual o inferior

sea bueno y santo o perverso e indigno

sino que, indistintamente de qué persona reciba

algo adverso, de cualquier medida y todas las veces acepta todo con gusto de la mano de Dios

y estima que es una gran ganancia:

porque nada de cuanto se padece por Dios, así sea poco,

puede pasar sin mérito ante Dios.

4. Estáte, pues, dispuesto a la lucha

si quieres obtener la victoria.

Sin certamen

no puedes obtener la corona de la paciencia;

si no quieres padecer,

impides que te coronen.

Si quieres que te coronen

pelea valerosamente, soporta pacientemente.

Sin esfuerzo no se consigue el descanso

ni sin pelea se alcanza la victoria.

Discípulo:

5. Quiero, Señor, que se haga posible por tu gracia

lo que me parece imposible por la naturaleza.

Tú sabes lo poco que puedo resistir

y qué pronto caigo cuando surge una pequeña adversidad.

Deseo que por tu Nombre

cualquier práctica de paciencia me sea amable y elegible porque padecer y ser maltratado por causa tuya es muy saludable para mi alma.

Capítulo: XX
RECONOCIMIENTO DE LAS PROPIAS LIMITACIONES Y LAS DIFICULTADES DE LA VIDA

Discípulo:

1. Contra mí mismo confesaré mi injusticia,

te confesaré, Señor, mi debilidad.

Con frecuencia, una pequeña cosa me deprime y entristece.

Me propongo combatir valientemente

pero cuando viene una pequeña tentación

me lleno de gran angustia.

A veces, de la causa más despreciable

me viene una grave tentación

y cuando pienso que me encuentro un poco seguro,

sin darme cuenta, me encuentro a veces derrotado por un ligero viento.

2. Considera pues, Señor, mis limitaciones y fragilidades tan notorias

compadécete y levántame del lodo

para que no me hunda y quede abandonado totalmente.

Lo que frecuentemente me acobarda y avergüenza delante de Ti,

es verme tan deleznable y débil para resistir las pasiones.

Y aunque no me induzcan enteramente al consentimiento sin embargo me causan molestia,

es difícil dominarlas y muy penoso vivir diariamente en combate.

Reconozco yo mi debilidad en que las abominables imaginaciones,

más fácilmente vienen que se van.

3. Ojalá, fortísimo Dios de Israel, protector de los fieles, mires el esfuerzo y sufrimiento de tu servidor

y lo ayudes en todo lo que emprenda.

Robustéceme con la fuerza celestial

de modo que ni el hombre viejo ni la descontrolada naturaleza, todavía no bien sujeta al espíritu,

pueda dominarme

porque conviene pelear contra ella mientras vivamos.

¡Cómo es esta vida en la que no faltan dificultades y miserias,

llena de trampas y donde son tantos los enemigos!

Porque cuando se va una dificultad o tentación, otra viene;

e incluso antes que acabe el combate de la primera

vienen otras muchas inesperadas.

4. Y ¿cómo se puede amar una vida que tiene tantas amarguras, sujetas [sic] a tantas calamidades y miserias?

¿cómo podemos llamar vida

a la que genera tantas muertes y epidemias?

Y sin embargo, es amada

y muchos la quieren para deleitarse en ella.

Se acusa con frecuencia al mundo de ser falso y vacío

pero no se abandona fácilmente

porque los deseos sensuales nos dominan.

Algunas cosas llevan a amarlo

y otras a despreciarlo.

Llevan a amarlo el deseo sensual, la ambición

y la arrogancia de la vida

pero la angustia y desgracias que la siguen

hacen odiar y hastiarse del mundo.

5. Pero; ¡qué lástima! Los desenfrenos dominan

a quien está dedicado al mundo

y considera un deleite estar entre espinas

porque ni percibe ni saborea

la suavidad de Dios y la amenidad de las virtudes internas.

En cambio, quien desprecia perfectamente al mundo

y se interesa en vivir para Dios en santa vigilancia

no ignora que está prometida la divina dulzura

a los que se olvidan de sí mismos

y ve más claro lo gravemente que se equivoca el mundo y de cuantas maneras se engaña.

Capítulo: XXI
DEBEMOS AFIRMARNOS EN DIOS POR ENCIMA DE TODOS LOS BIENES

Discípulo:

1. Sobre todos y en todas las cosas

descansaré en Dios siempre,

porque es el perpetuo descanso de todos los santos.

Concédeme, dulcísimo y amadísimo Jesús,

descansar en Ti sobre todo lo creado,

sobre toda salud y hermosura,

sobre todo prestigio y honor,

sobre todo poder y autoridad,

sobre toda ciencia y perspicacia,

sobre todas las riquezas y artes,

sobre toda alegría y entusiasmo,

sobre toda fama y alabanza,

sobre todo gusto y consuelo,

sobre toda esperanza y promesa,

sobre todo merecimiento y deseo,

sobre todo ofrecimiento y regalo que puedes dar y esparcir,

sobre todo gozo y júbilo que el espíritu puede obtener y sentir,

y, en fin, sobre los ángeles y arcángeles y sobre todas las multitudesdel Cielo,

sobre todo lo visible e invisible

y sobre todo lo que no es Tú mismo, Dios mío.

2. Porque Tú, Señor Dios mío, eres óptimo sobre todo

Tú solo altísimo, Tú solo poderosísimo

Tú solo suficientísimo y completísimo

Tú solo agradabilísimo y placentero

Tú solo hermosísimo y amadísimo

Tú solo nobilísimo y gloriosísimo sobre todo

en quien se encuentran reunidos, a la vez y perfectamente,

todos los bienes que existen, que existieron y que existirán;

por eso es poco e insuficiente cualquier cosa que

me das o de Ti mismo revelas o prometes

si no te veo ni te tengo plenamente.

Porque mi corazón no puede reposar de verdad,

ni contentarse totalmente,

si no descansa en Ti, más allá de todos los dones

y de toda realidad creada.

3. Queridísimo compañero Jesucristo, purísimo amante,

Señor de todas las cosas,

¿quién me hará tener alas de verdadera libertad,

para volar y reposar en Ti?

¿Cuándo se me concederá desasirme plenamente

y apreciarte como eres, Señor Dios mío?

¿Cuándo, del todo, me recogeré en Ti, y por tu amor,

no me sentiré a mí mismo, sino a Ti solo,

sobre todo sentido y manera, de modo desconocido por todos?

Ahora en cambio frecuentemente sufro

y llevo mi infelicidad con dolor.

Porque suceden muchos males en esta vida

que con frecuencia desconciertan, entristecen y ensombrecen,

con frecuencia me entorpecen y distraen,

me ganan y comprometen

para que no tengan libre acceso a Ti

y puede disfrutar de tu grato abrazo,

siempre listo para los espíritus piadosos.

4. Conmuévate Jesús, Esplendor de la eterna gloria,

Alivio espiritual del peregrino, mi aspiración

y la general desolación de la Tierra.

Junto a Ti está mi boca sin palabras

y mi silencio te habla.

¿Por qué tardas en venir, Señor mío?

Ven a mí, tu pobrecito, y alégrame.

Extiende tu mano y arranca de toda angustia a este miserable.

Ven, ven; porque sin Ti no hay día,

ni siquiera hora feliz porque Tú eres mi alegría y

sin Ti está vacía mi mesa.

Soy un miserable y como un encarcelado y encadenado

hasta que me animes con la luz de tu presencia,

me otorgues libertad y me muestres Tu [sic]

rostro amigable.

Busquen otros lo que quieran en vez de Ti

que a mí nada me agrada ni me agradará

sino Tú Dios mío, mi esperanza y eterna Salud.

No me callaré ni dejaré de pedir hasta que tu gracia retorne y me hables Tú internamente.

Jesucristo:

Aquí estoy; vengo a ti porque me llamaste.

Tus lágrimas y el deseo de tu alma, tu humildad y la contrición de tu corazón,

me inclinaron hacia ti y me trajeron a ti.

Discípulo:

Ahora digo: Señor, te llamé y deseé gozar contigo

estoy dispuesto a dejarlo todo por Ti.

Tú primero me despertaste para que yo te buscara.

Bendito seas, Señor,

que fuiste bondadoso con tu servidor

de acuerdo con la abundancia de tu misericordia.

¿Qué más tiene que decir tu servidor en tu presencia

sino humillarse mucho ante Ti

recordando siempre su propia iniquidad y bajeza?

No hay semejante a Ti

entre todas las maravillas del Cielo y de la Tierra.

Tus obras son excelentes

tus juicios verdaderos

y tu providencia gobierna el Universo.

Alabanza a Tí y gloria, Padre de la sabiduría,

alabanza y bendición de mis labios, de mi espíritu y de toda la Creación.

Capítulo: XXII
RECORDEMOS LOS MÚLTIPLES BENEFICIOS DE DIOS

Discípulo:

1. Abre, Señor, mi corazón a tu ley

y enséñame a caminar en tus preceptos.

Concédeme que entienda tu voluntad

y que con gran respeto y cuidadosa reflexión

recuerde tus beneficios comunes y especiales

para que pueda darte gracias de aquí en adelante.

De verdad comprendo y reconozco

que ni siquiera por lo menor

puedo ofrecerte las debidas alabanzas de agradecimiento.

Soy inferior a todos los bienes que me das

y cuando considero tu nobleza

se deprime mi espíritu por tu grandeza.

2. Todo lo que tenemos en el alma y en el cuerpo

y cuanto externa o internamente,

natural o sobrenaturalmente poseemos

son beneficios tuyos,

y te manifiestan como benefactor, piadoso y bueno de quien recibimos todos los bienes.

Y si alguien recibe mucho y otro poco,

sin embargo todos los bienes son tuyos

y sin Ti no se puede recibir ni lo menor.

Quien recibe más, no puede ufanarse de su mérito

ni sentirse por encima de los otros

o insultar a los inferiores

porque es mayor y mejor el que menos se atribuye y es el más humilde y devoto en agradecer.

Y el que más despreciable se considera, y más indigno se juzga

se hace más apto para recibir mayores bienes.

3. Quien recibe poco

no debe entristecerse ni indignarse

ni envidiar al más aventajado

sino debe ser más atento Contigo y alabar más tu bondad porque otorgas tus dones tan abundante, gratuita y gustosamente, sin guiarte por criterios humanos.

Todo procede de Ti

y por eso debes ser alabado en todos.

Tú sabes qué conviene otorgar a cada uno

y por qué éste tiene menos y ese más no nos toca discernir a nosotros sino a Ti,

que juzgas los méritos de cada uno.

4. De ahí, Señor Dios, que considero un gran beneficio

no tener demasiadas cosas de las que aparecen externamente y las personas celebran

así que quien considere su personal pobreza y limitación no sólo no recibirá pesadumbre, tristeza y abatimiento sino mayor satisfacción y gran alegría,

porque tú Señor elegiste como familiares e íntimos a los pobres, humildes y despreciados del mundo.

De esto son testigos tus mismos apóstoles

a quienes estableciste como príncipes sobre la Tierra (Sal 45,17).

Ellos se comportaron sin queja en el mundo

tan humillados y sencillos, sin la menor malicia y dolo hasta se alegraron de padecer ofensas en tu Nombre (Hch 5,41).

5. Por eso nada debe alegrar tanto

a quien te quiere y conoce tus beneficios

como tu voluntad para con él y la bondad de tus eternas disposiciones de las que tanto debe contentarse y consolarse

de manera que gustosamente desee ser el menor como otro quiere ser el mayor

y así esté tranquilo y satisfecho en el último lugar como si fuera el primero

y con agrado acepte ser despreciado y desechado

y no tener prestigio y fama

como si fuese el más respetado e importante del mundo.

Porque tu voluntad y el amor a tu honra

deben exceder todas las cosas

y más se debe consolar y satisfacer una persona con esto

que con todos los beneficios recibidos o que pueda recibir.

Capítulo: XXIII
CUATRO COSAS QUE PRODUCEN PAZ

Jesucristo:

1. Hijo, ahora te enseñaré el camino de la paz y de la verdadera libertad.

Discípulo:

Haz, Señor, lo que dices

porque escucharlo es muy agradable para mí.

Jesucristo:

Procura, hijo, hacer antes la voluntad ajena que la propia.

Elige siempre tener menos y no más.

Busca siempre el último lugar, y estar sometido a otros.

Escoge y siempre reza

para que la voluntad de Dios se cumpla íntegramente en Ti.

Así se ingresa en los términos de la paz y la quietud.

Discípulo:

2. Señor, tu sermón es corto

pero contiene mucha perfección.

Lacónico en las palabras

pero lleno de sentido y abundante fruto.

Si yo pudiera cumplirlo fielmente

no debería brotar en mí con tanta facilidad el desconcierto.

Porque cada vez que me siento inquieto y deprimido descubro

que me he apartado de ésta enseñanza.

Pero Tú que todo lo puedes y siempre buscas mi provecho

otórgame mayores gracias

para que pueda cumplir tu doctrina y conseguir mi salvación.

3. Oración contra los malos pensamientos:

Señor Dios mío, no te retires de mí,

Dios mío, ven a auxiliarme (Sal 71,12)

porque se han levantado dentro de mí diversos

pensamientos y grandes temores me afligen.

¿Cómo los atravesaré ileso? ¿Cómo los destruiré?

Tú dices que irás delante de mí

y humillarás a los arrogantes de la Tierra (Is 45,2).

Abrirás la puerta de la cárcel y me revelarás los secretos.

Haz, Señor, como dices

para que huyan ante Mí todos mis inicuos pensamientos.

Mi esperanza y único alivio es correr a Ti en toda dificultad

confiar en Ti, invocarte desde lo más íntimo,

y esperar con paciencia tu consuelo.

4. Oración para pedir que la inteligencia se ilumine:

Alúmbrame, Buen Jesús, con la claridad de la luz interior

y quita de la habitación de mi corazón toda tiniebla.

Cohibe las muchas divagaciones

y destroza las tentaciones que me encadenan.

Lucha con fuerza por mí y ahuyenta las malas bestias

como llamo a los seductores deseos deshonestos;

para que se haga la paz gracias a Ti

y resuenen con abundancia las alabanzas en el santo palacio es decir, en la conciencia pura.

Manda al viento y a las tempestades,

y dile al mar: ¡Calla! y al ventarrón: ¡No soples! y se producirá una gran calma. (Mc 4,39).

Emite tu luz y tu verdad (Sal 43,3) para que brillen sobre la tierra

porque está árida y vacía hasta que Tú la ilumines.

Derrama tu gracia desde arriba, empapa mi corazón con el rocío del Cielo, distribuye el agua de la devoción para irrigar toda la tierra y que produzca frutos buenos y óptimos.

Levanta el ánimo oprimido por la mole de los pecados

orienta todo mi deseo hacia el Cielo

para que saboreando la suavidad de la superior felicidad me cause fastidio pensar en lo terreno.

Quítame y arráncame del transitorio consuelo de las criaturas

porque ninguna cosa creada

puede calmar y consolar mi deseo plenamente.

Úneme a Ti con el vínculo inseparable del amor

porque sólo Tú bastas al que te ama,

y fuera de Tí todo carece de importancia.

Capítulo: XXIV
EVITAR LA CURIOSIDAD SOBRE LAS VIDAS AJENAS

Jesucristo:

1. Hijo, no seas curioso

ni te preocupes de cosas impertinentes.

¿Qué te importa esto o aquello? (Jn 21,22) Tú sígueme.

¿Qué te importa que alguien sea de ésta o de otra manera

o que viva o hable de uno u otro modo?

No necesitas responder por otro sino dar razón de ti mismo.

¿Por qué, pues, te entrometes?

Yo a todos conozco y veo al mismo tiempo todo lo que sucede,

y sé de qué manera es cada uno, qué piensa, qué quiere y a qué objetivo se dirige su intención [sic]

por eso, se me deben encomendar todas las cosas.

Tú más bien consérvate en buena paz

y deja agitarse el agitador cuanto quiera;

sobre él vendrá todo lo que haga o diga

porque no puede engañarme.

2. No te preocupes del prestigio de un gran hombre ni de las recomendaciones de muchos, ni del afecto especial de una persona.

Todas estas cosas producen distracciones

y grandes oscuridades en el corazón.

Con gusto te dirigiré mis palabras y te revelaré lo oculto

si esperas atentamente mi venida y me abres tu corazón.

Estáte preparado, permanece en oración y humíllate en todo.

Capítulo: XXV
FIRME PAZ DEL CORAZÓN Y VERDADERO PROGRESO

Jesucristo:

1. Hijo, yo he dicho:

Mi paz les dejo, mi paz les doy;

se la doy, no como la da el mundo (Jn 14,27).

Todos desean la paz

pero no todos se preocupan de lo que concierne a la verdadera paz.

Mi paz está con los humildes y sosegados de corazón.

Tú paz estará en la mucha paciencia.

Si me escuchas, y sigues mi voz

podrás disfrutar de mucha paz.

Discípulo:

2. ¿Qué haré pues?

Jesucristo:

Atiende en todo a ti mismo, qué haces, qué dices y dirige toda tu intención a mi exclusivo beneplácito, y nada desees o busques fuera de Mí,

no juzgues temerariamente los dichos o hechos ajenos ni te impliques en asuntos que no te hayan encomendado,

con esto podrá ser poco o rara vez te desconciertes.

Porque jamás sentir alguna confusión,

o no sufrir molestia interna o externamente

corresponde al estado de eterna quietud , no a esta vida.

No vayas a considerar que encontraste la verdadera paz

si no sientes alguna pesadumbre

ni que todo está bien

cuando tus adversarios no te causan molestias

ni que todo es perfecto

si todo se realiza conforme con tu voluntad.

Ni te creas más grande que otro o estimes que eres especialmente elegido si sientes una gran devoción o dulzura,

porque en estas cosas no se reconoce al verdadero amante del bien ni consiste en ellas el provecho y la perfección de las personas.

Discípulo:

3. ¿Entonces en qué, Señor?

Jesucristo:

En ofrecerte de todo corazón a la voluntad de Dios,

no buscando tu interés, ni poco ni mucho,

ni en el tiempo ni en la eternidad

de manera que con la misma actitud

permanezcas agradecido en lo próspero

y en lo adverso pesándolo todo con la misma balanza.

Si fueras tan firme y constante en la esperanza

que incluso al quitársete la consolación interior,

prepares tu corazón a soportar más todavía

y no te justifiques como si no debieras padecer tanto

sino que consideres mi acierto y me alabes por Santo en todo lo que disponga

entonces caminarás por la auténtica y recta vía de la paz y podrás tener esperanza cierta de ver con alegría nuevamente mi rostro.

Si llegas al total rechazo de tu egoísmo

sabrás entonces que gozarás de paz abundante

según las posibilidades de tu destierro.

Capítulo: XXVI
LA MENTE SE SUPERA MÃS CON LA ORACIÓN QUE CON LECTURAS

Discípulo:

1. Señor, es actitud propia de la persona perfecta no relajar nunca el ánimo en su dirección al Cielo y entre muchas preocupaciones pasar sin preocupación

no como un tonto sino por el privilegio de una mente liberada que no se adhiere malamente a nada creado.

2. Te ruego, piadosísimo Dios mío, que me preserves de la preocupaciones de esta vida,

para que no me comprometa demasiado en ellas;

para que no dominen mi voluntad las diversas necesidades naturales

para que no quede dividido por todos los obstáculos y molestias en mi espíritu.

No me refiero a las cosas que con tanto afecto ambiciona la vanidad

sino a todas esas miserias propias de la condición humana

que penosamente oprimen y retardan a tu servidor

para impedir que obtenga, cuantas veces quiere,

la libertad de espíritu.

3. Dios mío, bondad inefable,

conviérteme en amargura

todo placer inconveniente que me separa del eterno amor engañándome con la vista de algún bien inmediato.

No me vaya vencer, Dios mío, la naturaleza;

no me engañe el mundo y su gloria breve;

no me derribe el [sic]demonio y su astucia.

Dame fuerza para resistir,

paciencia para tolerar,

constancia para perseverar.

Dame, en vez de todas las satisfacciones del mundo,

la suavísima unción de tu Espíritu

y en vez del amor deshonesto

infúndeme el amor de tu Nombre.

Porque las preocupaciones por el alimento, la bebida,

la ropa y lo demás que se requiere para el sustento del cuerpo

resultan pesadas para el Espíritu fervoroso.

Concédeme que use con moderación de todo lo necesario

y que no me ocupe de eso con exagerado interés.

No es lícito abandonarlo todo

porque las necesidades naturales deben ser satisfechas.

Pero la ley santa prohibe buscar lo superfluo

o lo excesivamente agradable,

porque de otro modo la naturaleza se rebelaría contra el espíritu.

En medio de estas cosas,

ruego que tu mano me gobierne y enseñe

para que en nada exceda.

Capítulo: XXVII
EL AMOR PROPIO NOS APARTA DEL SUMO BIEN

Jesucristo:

1. Hijo, conviene que lo des todo por el Todo

y no seas nada de ti mismo.

Debes saber que el amor propio te hace más daño

que cualquier otra cosa en el mundo.

Según sea el amor y el apego que tienes a las cosas

estarás más o menos adherido a ellas.

Si tu amor fuese puro, simple y ordenado

no estarás cautivo de las cosas.

No se debe desear lo que es ilícito tener.

No se debe tener

lo que te puede impedir y privar de la libertad interior.

Es de sorprender

que no te entregues tú mismo a Mí

desde el fondo del corazón,

con todo lo que puedes tener o desear.

2. ¿Por qué te desgastas con inútil tristeza?

¿Por qué te fatigas con cuidados superfluos?

Compórtate según mi voluntad

y no sufrirás menoscabo.

Si buscas esto o aquello, si deseas estar aquí o allí

por tu conveniencia o propia voluntad,

nunca estarás tranquilo ni libre de preocupaciones

porque en todas las cosas hay alguna falla

y en todo lugar hay adversarios.

3. No hace provecho cualquier cosa alcanzada o multiplicada exteriormente

sino más bien la deshechada y arrancada de raíz del corazón.

No sólo entiendas lo anterior de las propiedades y riquezas

sino también de la ambición de ser famoso o el deseo de vacías adulaciones que transcurren como el mundo.

Poco importa el lugar si falta el fervor del espíritu,

ni durará mucho la paz buscada sólo externamente

si falta su verdadero fundamento en la disposición del corazón.

Es decir, si no estás en Mí, puedes cambiar pero no mejorar.

Porque manifestada la ocasión, y aceptada

encontrarás lo que evitabas, y hasta más.

4. Oración para pedir la purificación del corazón y la sabiduría divina:

Confírmame, Señor, en la gracia del Espíritu Santo.

Dame energía para fortalecerme interiormente

y para vaciar mi corazón de toda preocupación inútil y angustiosa, para que no me arrastre el deseo de cualquier cosa vulgar o valiosa;

sino que mire todo como pasajero, y a mí mismo igual

porque nada permanece bajo el sol,

todo es vacío y aflicción para el espíritu (Ecl 2,17).

Qué sabio es el que piensa así:

Concédeme Señor la sabiduría celestial

para que aprenda a buscarte y encontrarte sobre todas las cosas,

sobre todo, apreciarte y amarte y entender lo demás como es,

de acuerdo con tu Sabiduría.

Dame prudencia para apartarme del adulador

y paciencia para soportar al adversario.

Porque la verdadera sabiduría consiste en no moverse

por el ruido de las palabras, ni prestar atención a

los cantos de sirena de los aduladores, porque así

se transita con seguridad la vía comenzada.

Capítulo: XXVIII
CONTRA LOS MURMURADORES

Jesucristo:

1. Hijo, no te enojes si alguien tiene mala opinión de ti

y dice lo que no quieres oir.

Tú debes tener peor opinión de ti mismo

y creer que nadie es tan débil como tú.

No es poca sensatez, permanecer callado en tiempos difíciles

y regresar a Mí sin perturbarse por las opiniones humanas.

2. No debe estar tu paz en la boca de las personas;

porque te interpreten bien o mal,

no serás por eso distinto de lo que eres.

¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria?

¿Acaso no está en Mí?

Y quien no desea agradar a los demás ni teme desagradarlos,

disfrutará de mucha paz.

Brota toda inquietud del corazón y distracción de los sentidos,

del amor desordenado y del temor sin motivo.

Capítulo: XXIX
LLAMAR A DIOS Y BENDECIRLO CUANDO HAY DIFICULTADES

Discípulo:

1. Bendito para siempre sea tu Nombre, Señor,

que quisiste que venga sobre mí esta tentación y aflicción.

No puedo huir de ella

sino que tengo necesidad de refugiarme en Ti

para que me ayudes y la conviertas en bien para mí.

Señor, ahora estoy perturbado y no le va bien a mi corazón

sino que me atormenta mucho esta pasión.

Y ahora, Padre querido, ¿qué voy a decir?:

Me siento atrapado por la angustia.

Sálvame de éste momento (Jn 12,27).

Pero he llegado a esta situación para que Tú seas reconocido

cuando yo esté más humillado y sea liberado por Ti.

Complácete, Señor, en liberarme

porque, pobre de mí, ¿qué podré hacer?

¿a dónde iré sin Ti?

Dame paciencia, Señor, también esta vez.

Y en medio de todo esto ¿qué diré?

Señor, hágase tu voluntad (Mt 6,10).

Yo bien merezco sufrir y padecer.

Conviene que lo soporte ¡Ojalá, con paciencia!

Porque tu mano omnipotente es capaz de quitar de mí esta tentación y mitigar su ímpetu,

tal como frecuentemente lo has hecho antes conmigo, no vaya a ser que sucumba, [sic]

Dios mío, Misericordia mía,

mientras más dificultoso es para mí

tanto es fácil para Ti este cambio por el poder de tu mano.

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