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Consejo Pontificio para la Familia, Conclusiones de un congreso teol贸gico-pastoral con motivo del vig茅simo aniversario de la "Familiaris consortio"
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Conclusiones de un congreso teol贸gico pastoral con motivo del vig茅simo aniversario de la 芦Familiaris consortio禄

Organizado por el Consejo Pontificio para la Familia, se celebr贸 en noviembre del 2001

Invitados por el Consejo pontificio para la familia, nos reunimos, del 21 al 24 de noviembre de 2001, en la sala antigua del S铆nodo (Ciudad del Vaticano), para celebrar el vig茅simo aniversario de la publicaci贸n de la exhortaci贸n apost贸lica postsinodal Familiaris consortio de Su Santidad Juan Pablo II y para poner de relieve el alcance de este documento para el futuro de la pastoral familiar.

Ante todo, situamos la Exhortaci贸n en el marco que explica su g茅nesis. Este documento de Juan Pablo II constituye en cierto modo la charta magna de la doctrina y de la ense帽anza pastoral de la Iglesia por lo que ata帽e a la familia y su servicio a la vida. Arroja mucha luz sobre las nuevas cuestiones que se plantean para el futuro de la familia.

La exhortaci贸n apost贸lica Familiaris consortio fue el fruto doctrinal y pastoral del S铆nodo de los obispos que se reuni贸 en octubre de 1980, el primer S铆nodo del pontificado de Juan Pablo II, centrado en 芦la misi贸n de la familia cristiana en el mundo contempor谩neo禄. Ese S铆nodo sobre la familia tuvo lugar despu茅s del S铆nodo sobre la evangelizaci贸n, del que surgi贸 la exhortaci贸n apost贸lica Evangelii nuntiandi, y despu茅s del S铆nodo sobre la catequesis, que inspir贸 la exhortaci贸n apost贸lica Catechesi tradendae. 芦Fue continuaci贸n natural de los anteriores. En efecto, la familia cristiana es la primera comunidad Ilamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante una progresiva educaci贸n y catequesis禄 (Familiaris cansortio, 2). Estos. tres documentos sinodales hunden sus ra铆ces en la contituci贸n pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, del 7 de diciembre de 1965.

El Santo Padre Juan Pablo II encomend贸 el texto de las Proposiciones del S铆nodo sobre la familia 芦al Consejo pontificio para la familia, disponiendo que haga un estudio profundo de las mismas, a fin de valorar todos los aspectos de las riquezas all铆 contenidas禄 (ib.).

Despu茅s de la publicaci贸n de la Familiaris consortio se han producido muchos cambios. La pastoral familiar y tambi茅n la reflexi贸n teol贸gica sobre el matrimonio y sobre la vida se han desarrollado mucho, siguiendo las orientaciones del Magisterio de la Iglesia. Los movimientos de espiritualidad conyugal se han multiplicado y diversificado.

Desde los tiempos del S铆nodo de 1980 ya eran evidentes las amenazas que se cern铆an sobre la familia y las cuestiones planteadas con respecto a ella. Por desgracia, esas amenazas se han intensificado. La cuesti贸n se ha desplazado del problema del divorcio al de las 芦parejas de hecho禄, del problema del modo de tratar la infecundidad femenina al del 芦embri贸n humano禄, creado 芦a la medida禄, del problema del aborto al de la manipulaci贸n de los embriones humanos, del problema de la p铆ldora anticonceptiva al de la p铆ldora que es tambi茅n abortiva. La legislaci贸n del aborto se ha difundido pr谩cticamente en casi todo el mundo. Se ha Ilegado a poner en duda el bien de la familia, contraponiendole otros 芦modelos禄, incluido el homosexual, otros 芦estilos de vida禄 que excluyen el compromiso, la permanencia, la fidelidad. Se ha insistido hasta el paroxismo en la exaltaci贸n del individuo, de sus intereses y de su placer.

Tambi茅n el rostro de la familia ha cambiado, evolucionando hacia una creciente 芦privatizaci贸n禄, hacia una reducci贸n a las dimensiones de familia nuclear. M谩s grave en la actualidad es la ceguera que afecta a gran parte de la opini贸n p煤blica, por la que muy frecuentemente no se reconoce ya que la familia fundada en el matrimonio es la c茅lula fundamental de la sociedad, un bien del que no se puede privar. La familia, como afirma el Santo Padre en el mensaje que dirigi贸 a nuestra asamblea, est谩 sometida a una agresi贸n violenta por parte de ciertos sectores de la sociedad moderna. Se presentan 芦alternativas禄 posibles a la familia calificada como 芦tradicional禄. A las parejas ef铆meras, que no quieren comprometerse formalmente en el matrimonio, ni siquiera civil, se les otorgan los derechos y las ventajas de una aut茅ntica familia, eximi茅ndoles de sus deberes propios. Oficializar las 芦uniones de hecho禄, incluidas las parejas homosexuales, que a veces pretenden hasta un derecho de adopci贸n, plantea problemas muy graves, especialmente de orden psicol贸gico, social y jur铆dico.

Estas dificultades son precisamente las que nos impulsan a profundizar en el mensaje que constituye el n煤cleo de la Familiaris consortio: la 芦buena nueva sobre la familia禄, tal como procede del plan de Dios, 芦ab initio禄, desde sus origenes. La familia cristiana, cuando es fiel a s铆 misma, testimonia su dinamismo y la esperanza que entra帽a.

iFamilia, s茅 lo que eres!

La exhortaci贸n apost贸lica Familiaris consortio subray贸 la identidad de la familia, fundada en el matrimonio. Es una comunidad de vida y de amor conyugal. En una fidelidad sin reservas, el hombre y la mujer se entregan el uno al otro y se aman con un amor abierto a la vida. La familia no es producto de una cultura, resultado de una evoluci贸n; no es un modo de vida comunitario vinculado a cierta organizaci贸n social. Es una instituci贸n natural, anterior a cualquier organizaci贸n pol铆tica o jur铆dica. Se funda en una verdad que ella no produce, porque fue querida directamente por Dios.

芦iFamilia, s茅 lo que eres!禄. Con esta exclamaci贸n Juan Pablo II invit贸 a las familias del mundo entero a volver a encontrar en s铆 mismas su verdad y a realizarla en medio del mundo. Hoy, en un mundo minado por el escepticismo, el Santo Padre impulsa a las familias a redescubrir esta verdad sobre s铆 mismas, a帽adiendo: 芦iFamilia, cree en lo que eres!禄.

La familia, 芦arquitectura de Dios禄, plan inviolable de Dios, es tambi茅n 芦arquitectura del hombre禄, compromiso del hombre en el designio divino. A la luz de nuestra experiencia, hemos examinado de nuevo las cuatro tareas que la Familiaris consortio asigna a la familia: la formaci贸n de una comunidad de personas, el servicio a la vida, la participaci贸n en el desarrollo de la sociedad y la misi贸n evangelizadora.

La formaci贸n de una comunidad de personas

En la Familiaris consortio se aprecia con plena claridad la identidad que da a la familia el fundamento de su misi贸n espec铆fica. Como comunidad de vida y de amor conyugal, el matrimonio, fundamento de la familia, es una comuni贸n de personas. Esta se abre a una comuni贸n m谩s amplia, la comuni贸n familiar entre todos los miembros de la familia. En cierto modo se puede decir, a la luz del misterio de Cristo, que la familia, fundada en el sacramento del matrimonio, al constituirse, se convierte en el s铆mbolo humano del amor de Cristo y de la Iglesia (cf. Ef 5, 32).

El servicio a la vida

El don de la persona a la persona brota y se realiza en el don de la vida al hijo. La Familiaris consortio profundiza la doctrina de la Iglesia, que no separa el amor y el compromiso rec铆proco de los c贸nyuges de la misi贸n procreadora encomendada a ellos, la cual s贸lo encuentra su lugar adecuado en el matrimonio.

La Familiaris consortio presenta una visi贸n renovada de la sexualidad en el marco de la comuni贸n, alma y cuerpo, de los c贸nyuges. A la luz de una antropolog铆a que se niega a separar alma y cuerpo, el acto sexual se muestra ya como expresi贸n del don total de la persona a la persona. Por este motivo se subraya que la anticoncepci贸n, obst谩cuto voluntariamente opuesto al nacimiento de la vida, altera la relaci贸n de amor aut茅ntico entre los c贸nyuges.

En cambio, ese obst谩culo no existe en los m茅todos naturales, que respetan el cuerpo y est谩n abiertos a la vida. Hemos constatado los progresos realizados en los 煤ltimos a帽os en este campo. El valor altamente cient铆fico de los m茅todos naturales se reconoce cada vez m谩s. Por otra parte, pueden resolver tambi茅n los problemas de infecundidad. Adem谩s, estos m茅todos constituyen una pedagog铆a para un amor que respeta la peculiaridad femenina, e implican un di谩logo aut茅ntico en la pareja. Esos m茅todos son diversos y es preciso verlos cada vez m谩s como complementarios. Los m茅todos naturales son valiosos, cuando justos y graves motivos exigen distanciar los nacimientos. Sin embargo, su utilizaci贸n no puede justificarse moralmente cuando se recurre a ellos con una mentalidad hedonista, cerrada a la vida.

La educaci贸n contin煤a la obra de la procreaci贸n

Esta misi贸n de paternidad y maternidad responsable, abierta a la vida, comprende la misi贸n educativa, la formaci贸n integral de los hijos. Asumir la responsabilidad de la venida al mundo de un nuevo ser humano significa comprometerse a educarlo. La Familiaris consortio (cf. nn. 38, 39 y 40) presenta esta educaci贸n como 芦participaci贸n禄 de los padres 芦en la obra creadora de Dios禄 (n. 38), como un verdadero 芦ministerio禄 de la Iglesia.

En la familia es donde los hijos reciben de los padres los principios b谩sicos en torno a los cuales se va organizando su personalidad. Seg煤n el ejemplo que reciben de sus padres, los ni帽os modelan su propia actitud frente a la vida y sus exigencias. Con sus relaciones de hermanos y hermanas se inician del mejor modo posible en la vida social.

La familia, m谩s que cualquier otra instituci贸n, puede asumir muy bien la educaci贸n sexual de los hijos . En el clima de confianza y de verdad que existe entre padres e hijos, esta formaci贸n puede garantizarse de la mejor manera posible, con delicadeza, y siempre en funci贸n de lo que el ni帽o puede entender en su actual nivel de maduraci贸n.

La comunidad educativa debe tener, de modo general, la preocupaci贸n de actuar de acuerdo con los padres. Esto es particularmente verdadero e importante en este campo sensible y delicado de la educaci贸n sexual, en el que una educaci贸n sexual escolar inoportuna puede producir mucho da帽o.

La familia, c茅lula fundamental de la sociedad

El documento Familiaris consortio subray贸 la funci贸n que desempe帽a la familia en el desarrollo de la sociedad (cf. nn. 42-48). Eso resulta hoy mucho m谩s evidente. Cuando sirve a la vida, cuando forma a los ciudadanos del futuro, cuando comunica sus valores humanos, que son fundamentales para la naci贸n, cuando introduce a los hijos en la soviedad. La familia desmpe帽a una funci贸n esencial: es patrimonio com煤n de la humanidad. Tanto la raz贸n natural como la Revelaci贸n divina contienen esta verdad. Como dec铆a el Vaticano II, la familia constituye 芦la c茅lula primera y vital de la sociedad禄.

As铆 pues, la familia tiene una dimensi贸n de bien com煤n universal. Representa la primera comunidad humana y humaniza la sociedad. Tiene derechos y deberes. En este campo es donde, a petici贸n de la misma exhortaci贸n apost贸lica Familiaris consortio, la Carta de los derechos de la familia, publicada por la Santa Sede en 1983, como complemento de la exhortaci贸n apost贸lica, ocupa un lugar eminente y constituye un valioso instrumento de di谩logo.

Este tema de la participaci贸n de la familia en la vida y en el desarrollo de la sociedad ha sido abundantemente tratado en la ense帽anza del Papa Juan Pablo II.

El Santo Padre ha subrayado en repetidas ocasiones el valor social e hist贸rico de la familia, frente a los movimientos culturales que no son favorables a ella. Ning煤n tema relativo a la Iglesia ocupa hoy tanto a los parlamentos como el tema de la familia y de la vida. Se encuentran por doquier proyectos en debate al respecto, aunque no siempre con vistas a una mejora. La Iglesia no considera esta lucha por los derechos de la familia en la sociedad como un dominio privado, pero desde siempre se ha comprometido en este desaf铆o. Ha asumido su responsabilidad frente a la humanidad.

En estas relaciones de la familia con la sociedad se insertan las problem谩ticas 芦pol铆ticas de poblaci贸n禄. Es verdad que la poblaci贸n del mundo ha aumentado. Sin embargo, no se debe a un alto grado de fecundidad, sino a la disminuci贸n de la mortalidad y al aumento extraordinario de la esperanza de vida. Las 煤ltimas estad铆sticas de la poblaci贸n mundial, publicadas por la Divisi贸n de la Poblaci贸n de la ONU, muestran que la 芦explosi贸n demogr谩fica禄 es un mito. Por tanto, en nombre de tal mito algunas instituciones internacionales, apoyadas por ciertas Organizaciones no gubernamentales, se sintieron autorizadas a imponer 芦pol铆ticas demogr谩ficas禄, moralmente inaceptables, a numerosos pa铆ses pobres, con el pretexto de remediar su pobreza. Ahora, desde el punto de vista cient铆fico, no se puede establecer una correlaci贸n entre la situaci贸n demogr谩fica de una poblaci贸n y la pobreza que la aflige.

La familia 芦iglesia dom茅stica禄

La Exhortaci贸n nos ha reafirmado en la convicci贸n de que la familia cristiana es 芦una iglesia en miniatura禄, una 芦iglesia dom茅stica禄 (cf. Familiaris consortio, 49).

La proclamaci贸n del evangelio de la familia se realiza en la Iglesia. Es aqu铆 donde la familia lo ha recibido. Esta proclamaci贸n implica crecimiento en la fe, enriquecimiento en la catequesis, est铆mulo a una vida marcada por una entrega de s铆 y una solidaridad efectiva.

Pero tambi茅n hay un anuncio del Evangelio a los no cristianos, a los no creyentes, y la familia cristiana esta Ilamada, tambi茅n all铆, a un fuerte compromiso misionero. Todo ello se Ileva a cabo principalmente con el testimonio de vida que los hogares cristianos, alegres, cordiales, acogedores y abiertos, dan en su entorno, irradiando el espirito del Evangelio.

Es el gran mensaje de la Familiaris consortio, su envio a la misi贸n de alg煤n modo, para la pastoral familiar.

La pastoral familiar

Esta pastoral se ha desarrollado mucho. Como dijo Juan Pablo II a nuestro congreso, 芦despu茅s de la publicaci贸n de la Familiaris consortio se acentuado en la Iglesia el inter茅s por la familia y son innumerables las di贸cesis y parroquias en las que la pastoral familiar ha Ilegado a ser un objetivo prioritario禄. A trav茅s de los testimonios que se han presentado a lo largo de nuestro congreso, hemos visto c贸mo se est谩 Ilevando a cabo esta pastoral de la familia. Esos testimonios, procedentes de todos los continentes, demuestran que much铆simos hogares cristianos est谩n animados por el amor de la verdad sobre la familia. Atestiguan con entusiasmo la buena nueva que los impulsa. Manifiestan en su entorno el aut茅ntico rostro de la familia. Como dice el Santo Padre: 芦En su humildad y sencillez, el testimonio de vida hogare帽a puede convertirse en un medio de evangelizaci贸n de primer orden禄.

Una de las principales preocupaciones de la pastoral de la familia consiste en ayudar a los matrimonios j贸venes, a los que a veces asalta la duda de si ser谩n capaces de vivir la fidelidad conyugal durante toda la vida. Tambi茅n se ha tornado una conciencia cada vez mayor de la necesidad de la ayuda pastoral a los divorciados que se han vuelto a casar. Los criterios que da al respecto la Familiaris consortio son claros y deben respetarse. La Iglesia no tiene el poder de modificar lo que hunde sus ra铆ces en la ense帽anza del Se帽or. Pero los divorciados que se han vuelto a casar por lo civil no deben sentirse fuera de la Iglesia, excluidos. Como dice el Santo Padre: 芦La Iglesia, instituida para conducir a la salvaci贸n de los hombres, sobre todo a los bautizados, no puede abandonar a s铆 mismos a quienes -unidos ya con el v铆nculo matrimonial sacramental- han intentado pasar a nuevas nupcias. Por lo tanto, procurar谩 infatigablemente poner a su disposici贸n los medios de salvaci贸n禄 (Familiaris consortio, 84). Todos 芦ayuden a los divorciados, procurando con sol铆cita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y a煤n debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida禄 (ib.).

Esta buena nueva de la familia ha sido ilustrada, de modo esplendido, en los Encuentros mundiales del Santo Padre con las familias. Ya se han celebrado tres: en Roma, el a帽o 1994, con ocasi贸n del A帽o internacional de la familia; en R铆o de Janeiro, el a帽o 1997; y de nuevo en Roma, en el a帽o 2000, con motivo del Jubileo de las familias. Invitamos a las familias del mundo entero a la pr贸xima cita mundial, que tendr谩 lugar en Manila (Filipinas), en enero del a帽o 2003.

Resoluciones

Al concluir nuestra reflexi贸n sobre la situaci贸n actual de la familia y de la pastoral familiar en el mundo, veinte a帽os despu茅s de la publicaci贸n de la exhortaci贸n apost贸lica postsinodal Familiaris consortio, deseamos formular algunas resoluciones.

1. La comunidad familiar debe considerarse en la unidad de sus miembros y no de modo separado, respetando su identidad, como bien precioso para la sociedad y para la Iglesia. Invitamos vivamente a las personas que se preparan para el matrimonio a reflexionar, con la ayuda de los pastores y de los laicos que las acompa帽an, sobre su proyecto de vida. Conviene estimular a los futuros esposos a descubrir las riquezas del amor que Ilevan en s铆, para que capten claramente las dimensiones de totalidad, fidelidad y castidad conyugal. Esta reflexi贸n profunda debe Ilevarlos a realizar bien el car谩cter definitivo de su compromiso mutuo.

2. Alentamos a los pastores a presentar claramente a los fieles que se preparan para el matrimonio la ense帽anza de la Iglesia en materia de moral conyugal como se halla expuesta en la enc铆clica Humanae vitae y en la exhortaci贸n apost贸lica Familiaris consortio, y recogida en la Carta a las familias. Esta ense帽anza debe ser objeto de un intercambio con los futuros c贸nyuges. Debe

Llevarnos a manifestar claramente la apertura del futuro matrimonio a la acogida de la vida.

3. Exhortamos a los padres cristianos a tomar en serio su misi贸n de educadores de sus hijos, por medio de una catequesis integral. Es preciso que se den cuenta de que se trata de una educaci贸n a traves de la cual deben transmitir a sus hijos el patrimonio humano y espiritual que ellos mismos han recibido. Deben preocuparse de mantener en su hogar un clima cristiano de libertad, de respeto mutuo y de rigor moral. Los padres, con la oraci贸n diaria en familia y con las primeras explicaciones sencillas dadas a los hijos, los han de iniciar progresivamente en las verdades de la fe.

4. Los padres deben saberse y sentirse responsables de la educaci贸n sexual de sus hijos. Esta responsabilidad permanece, incluso cuando la educaci贸n sexual se imparte en otras comunidades educativas. Ante todo con el testimonio de su amor conyugal y de su respeto mutuo han de invitar a sus hijos a descubrir la belleza del amor responsable, en el marco de la verdad y de la formaci贸n en la libertad aut茅ntica. Los padres deben preocuparse de educar a sus hijos desde peque帽os en los valores humanos de generosidad, entrega, respeto a los dem谩s, dominio de s铆 mismos y templanza. Han de saber responder sin subterfugios a las preguntas que les plantean sus hijos en materia de sexualidad. Las respuestas deben ser claras, sencillas, adaptadas a lo que el ni帽o es capaz de comprender y asimilar. Los padres, siempre dispuestos a escuchar, han de ser los confidentes de sus hijos, y cada uno de los padres desempe帽a a este respecto un papel espec铆fico.

5. Nos dirigimos a los pol铆ticos y a los legisladores, exhortandolos a defender los valores de la familia en las instancias locales y regionales, as铆 como en los Parlamentos". Que se escuche la voz de las familias del mundo entero, garant铆a del futuro de las naciones. Los derechos de las familias han de proclamarse y reconocerse claramente. Las familias mismas deben saber organizarse, en el 谩mbito pol铆tico, para lograr que se reconozca su peso real frente las minor铆as que militan contra la famia y contra la vida. Es preciso que en todas las naciones se entable un aut茅ntico di谩logo sobre las cuestiones fundamentales del derecho de las familias, de la educaci贸n familiar y de la contribuci贸n que el Estado debe dar a esta ducaci贸n familiar.

6. Es necesario encuadrar la situaic贸n contempor谩nea de la familia y de la vida en una 芦visi贸n integral del hombre y de su vocaci贸n禄 (Humanae vitae, 7; cf. Familiaris consortio, 32) en una aut茅ntica antropolog铆a. Las complejas problem谩ticas actuales, que se refieren a la 茅tica de la vida humana, atestiguan que se ha oscurecido el nexo estrech铆simo, querido por Dios mismo, entre la familia y la procreaci贸n. Esto se debe a un prejuicio positivista y cientificista, por el cual se rompe la 铆ntima unidad antropol贸gica entre la familia y el servicio a la vida, como si la procreaci贸n fuera un problema que tocar谩 s贸lo a los cient铆ficos en sus laboratorios. La procreaci贸n se fragmenta en una casu铆stica compleja, con lo que se corre el peligro de perder una visi贸n integral de la persona, de la familia y de la vida. Pedimos al Consejo pontificio para la familia que realice un estudio especial sobre esta cuesti贸n, poniendo a煤n m谩s de relieve que la familia fundada en el matrimonio, seg煤n el proyecto de Dios creador, es el sujeto de la procreaci贸n.

7. La apertura del amor conyugal a la vida es un aspecto urgente que es preciso volver a descubrir. La mentalidad anticonceptiva, denunciada hace veinte a帽os por la Familiaris consortio, afecta tambi茅n hoy, por desgracia, a muchas de nuestras comunidades. Es necesario redoblar los esfuerzos de presencia y de acci贸n efectiva favorable a la familia y a la vida: en la sociedad (leyes y pol铆ticas familiares), en la cultura (pensamiento, literatura, medios de comunicaci贸n social) y sobre todo en las comunidades cristianas (renovaci贸n del esp铆ritu de apertura a la vida).

8. Uno de los principales frutos de la Familiaris consortio ha sido la renovaci贸n de la pastoral de la familia en el 谩mbito de las Conferencias episcopales, las di贸cesis, las parroquias y los movimientos apost贸licos en toda la Iglesia. En este sentido, durante los 煤ltimos veinte a帽os el progreso ha sido notable.

9. A pesar de todo lo que se ha realizado, queda a煤n mucho por hacer. Son todav铆a muchas las di贸cesis en las que la pastoral familiar carece de estructuras adecuadas. Los pastores manifiestan con mucha frecuencia la urgencia de la formaci贸n de agentes pastorales. En este sentido, el trabajo de los Institutos de estudio sobre el matrimonio y la familia, y de los Centros de procreaci贸n responsable, resulta sumamente v谩lido. Pedimos que se les preste mayor atenci贸n, para que, en profunda sinton铆a con el magisterio de la Iglesia y con una buena inserci贸n en la realidad intelectual, cient铆fica, social, pol铆tica y jur铆dica de nuestros pa铆ses, se desarrolle adecuadamente su funci贸n formativa de agentes eficaces de pastoral familiar.

10. Hoy, m谩s que nunca, se plantea el grave problema de las familias refugiadas, que reciben asilo en locales improvisados, o en campos de pr贸fugos m谩s equipados; a menudo les falta incluso lo m谩s necesario y se ven indefensos frente a las autoridades que las acogen. Pueden verse sometidas a presiones en el ambito de la Ilamada 芦salud reproductiva禄, que incluye el recurso al aborto, a la esterilizaci贸n o a la anticoncepci贸n 芦de emergencia禄. La Santa Sede ha publicado recientemente un documento sobre este tema, en el que invita a las Iglesias locales a interesarse por estas familias, a hacer que se respeten sus derechos y a asegurarles ayuda y defensa si las necesitan.

11. Las parroquias deben ser el lugar privilegiado de la pastoral familiar en el conjunto de la pastoral de la Iglesia. Los cursos de preparaci贸n para el matrimonio y las catequesis familiares son medios educativos importantes que, con frecuencia, no se utilizan suficientemente. Urge fortalecer la colaboraci贸n de los matrimonios y de las personas bien preparadas procedentes de las parroquias y de los movimientos apost贸licos. En este sentido, recomendamos especialmente a los obispos, a los p谩rrocos y a los responsables de las organizaciones cat贸licas, que se robustezca el espiritu de solidaridad y complementariedad, en beneficio de una pastoral familiar eficaz.

12. Los Centros de orientaci贸n familiar est谩n resultando de gran utilidad como punto de referencia para la pastoral familiar. Entendidos como unidades locales fundamentales de ayuda a las familias en los diversos campos: social, jur铆dico, 茅tico, pastoral, de la procreaci贸n responsable, etc., son un valioso apoyo para la pastoral familiar.

Conclusi贸n

Miramos al futuro con determinaci贸n y con esperanza.

Miramos al futuro con determinaci贸n porque, como miembros de la Iglesia de Cristo, comprometidos, en diversos niveles, en la pastoral familiar de esta Iglesia, nos sentimos responsables, frente a Dios y frente a los hombres, de la salud de la familia, de su vitalidad, de su equilibrio y de su futuro. Esta responsabilidad no puede limitarse 煤nicamente a los aspectos privados, dom茅sticos o espirituales de la familiar se ha de extender tambi茅n al campo social y pol铆tico. Los que defienden la familia, sus valores, su funci贸n vital en la sociedad, deben lograr que se escuche su voz en las asambleas locales y regionales, en los Parlamentos de las naciones en las instancias internacionales y

dondequiera que se decida el futuro de la familia. Desde este punto de vista, la Carta de los derechos de la familia representa un valioso instrumento de referencia y de di谩logo. La pastoral familiar no seria fiel a s铆 misma y a su misi贸n si no promoviera el compromiso tambi茅n en el campo pol铆tico, para hacer que se respeten los derechos de la familia. Se trata de un servicio prestado a la humanidad entera.

Miramos al futuro con esperanza, porque el Se帽or de la familia y de la vida ya esta actuando. Anima a las familias del mundo entero y les da las energ铆as necesarias para permanecer fieles a su vocaci贸n y a su misi贸n. Las familias de todas las naciones, testigos del amor y de la fidelidad, constituyen la luz que ilumina un mundo Ileno de perplejidades, dudas y peligros. Rogamos al Se帽or que ayude a las familias a permanecer fieles a lo que son, para el bien com煤n de todos los hombres y para el futuro de la humanidad.

Ciudad del Vaticano, 20 de diciembre de 2001

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