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Congregaci贸n para el Clero, El Presb铆tero, pastor y gu铆a de la comunidad parroquial
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El Presb铆tero, pastor y gu铆a de la comunidad parroquial

Premisa

La presente Instrucci贸n, que a trav茅s de los obispos se dirige a los p谩rrocos presb铆teros y a sus hermanos colaboradores en la "cura animarum", se inserta coherentemente en un amplio contexto de reflexi贸n ya iniciado hace algunos a帽os. Con los "Directorios para el ministerio y la vida de los presb铆teros" y de los di谩conos permanentes, con la Instrucci贸n interdicasterial "Ecclesiae de mysterio" y con la Carta circular "El presb铆tero, maestro de la palabra, gu铆a de la comunidad y ministro de los sacramentos", se ha seguido la huella de los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente "Lumen Gentium" y "Presbiterorum Ordinis", del "Catecismo de la Iglesia Cat贸lica", del C贸digo de Derecho Can贸nico y del ininterrumpido Magisterio de la Iglesia.

En concreto, el documento se sit煤a dentro de la gran corriente misionera del "duc in altum", que marca la obra indispensable de la nueva evangelizaci贸n del Tercer Milenio cristiano. Por este motivo, y en consideraci贸n de las numerosas peticiones que resultaron de la consulta hecha a nivel mundial, se ha aprovechado la ocasi贸n para proponer nuevamente una parte doctrinal que ofrece elementos de reflexi贸n sobre los valores teol贸gicos fundamentales que empujan a la misi贸n y que, algunas veces, son oscurecidos. Se ha buscado, adem谩s, poner en evidencia la relaci贸n entre la dimensi贸n eclesiol贸gica-pneumatol贸gica, que toca la esencia del ministerio, y la dimensi贸n eclesiol贸gica, que ayuda a comprender el significado de su funci贸n espec铆fica.

Con esta Instrucci贸n tambi茅n se ha querido reservar una atenci贸n afectuosa y particular a los presb铆teros que revisten el invalorable ministerio de p谩rroco, que, en cuanto tales, se encuentran entre la gente y sufren, a menudo, innumerables dificultades. Justamente esta delicada e importante posici贸n ofrece la ocasi贸n para afrontar con mayor claridad la diferencia esencial y vital entre sacerdocio com煤n y sacerdocio ordenado, para hacer emerger debidamente la identidad de los presb铆teros y la esencial dimensi贸n sacramental del ministerio ordenado.

Ya que se ha buscado seguir las indicaciones鈥攑articularmente ricas, a煤n sobre plano pr谩ctico鈥攓ue el Santo Padre ha ofrecido en la alocuci贸n a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Congregaci贸n, es 煤til citarla a continuaci贸n:

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONGREGACI脫N PARA EL CLERO

Viernes 23 de noviembre de 2001

Se帽ores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
amad铆simos hermanos y hermanas:

1. Con gran alegr铆a os acojo, con ocasi贸n de la plenaria de la Congregaci贸n para el clero. Saludo cordialmente al cardenal Dar铆o Castrill贸n Hoyos, prefecto del dicasterio, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos los presentes. Saludo a los se帽ores cardenales, a los venerados hermanos en el episcopado y a los participantes en vuestra asamblea plenaria, que ha dedicado su atenci贸n a un tema muy importante para la vida de la Iglesia: el presb铆tero, pastor y gu铆a de la comunidad parroquial. Al destacar la funci贸n del presb铆tero en la comunidad parroquial, se ilustra la centralidad de Cristo, que siempre debe resaltar en la misi贸n de la Iglesia.

Cristo est谩 presente en su Iglesia del modo m谩s sublime en el sant铆simo Sacramento del altar. El concilio Vaticano II, en la constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium, ense帽a que el sacerdote in persona Christi celebra el sacrificio de la misa y administra los sacramentos (cf. n. 10). Adem谩s, como observaba oportunamente mi venerado predecesor Pablo VI en la carta enc铆clica Mysterium fidei, inspir谩ndose en el n煤mero 7 de la constituci贸n Sacrosanctum Concilium, Cristo est谩 presente a trav茅s de la predicaci贸n y la gu铆a de los fieles, tareas a las que el presb铆tero est谩 llamado personalmente (cf. AAS 57 [1965] 762 s).

2. La presencia de Cristo, que as铆 se realiza de manera ordinaria y diaria, hace de la parroquia una aut茅ntica comunidad de fieles. Por tanto, tener un sacerdote como pastor es de fundamental importancia para la parroquia. El t铆tulo de pastor est谩 reservado espec铆ficamente al sacerdote. En efecto, el orden sagrado del presbiterado representa para 茅l la condici贸n indispensable e imprescindible para ser nombrado v谩lidamente p谩rroco (cf. C贸digo de derecho can贸nico, c. 521, 1). Ciertamente, los dem谩s fieles pueden colaborar activamente con 茅l, incluso a tiempo completo, pero, al no haber recibido el sacerdocio ministerial, no pueden sustituirlo como pastor.

La relaci贸n fundamental que tiene con Cristo, cabeza y pastor, como su representaci贸n sacramental, determina esta peculiar fisonom铆a eclesial del sacerdote. En la exhortaci贸n apost贸lica Pastores dabo vobis afirm茅 que "la relaci贸n con la Iglesia se inscribe en la 煤nica y misma relaci贸n del sacerdote con Cristo, en el sentido de que la "representaci贸n sacramental" de Cristo es la que instaura y anima la relaci贸n del sacerdote con la Iglesia" (n. 16). La dimensi贸n eclesial pertenece a la naturaleza del sacerdocio ordenado. Est谩 totalmente al servicio de la Iglesia, de forma que la comunidad eclesial tiene absoluta necesidad del sacerdocio ministerial para que Cristo, cabeza y pastor, est茅 presente en ella. Si el sacerdocio com煤n es consecuencia de que el pueblo cristiano ha sido elegido por Dios como puente con la humanidad y pertenece a todo creyente en cuanto injertado en este pueblo, el sacerdocio ministerial, en cambio, es fruto de una elecci贸n, de una vocaci贸n espec铆fica: "Jes煤s llam贸 a sus disc铆pulos, y eligi贸 doce de entre ellos" (Lc 6, 13). Gracias al sacerdocio ministerial los fieles son conscientes de su sacerdocio com煤n y lo actualizan (cf. Ef 4, 11-12), pues el sacerdote les recuerda que son pueblo de Dios y los capacita para "ofrecer sacrificios espirituales" (cf. 1 P 2, 5), mediante los cuales Cristo mismo hace de nosotros un don eterno al Padre (cf. 1 P 3, 18). Sin la presencia de Cristo representado por el presb铆tero, gu铆a sacramental de la comunidad, esta no ser铆a plenamente una comunidad eclesial.

3. Dec铆a antes que Cristo est谩 presente en la Iglesia de manera eminente en la Eucarist铆a, fuente y culmen de la vida eclesial. Est谩 realmente presente en la celebraci贸n del santo sacrificio, as铆 como cuando el pan consagrado se conserva en el tabern谩culo "como centro espiritual de la comunidad religiosa y de la parroquial" (Pablo VI, carta enc铆clica Mysterium fidei, 38: AAS 57 [1965] 772).

Por esta raz贸n, el concilio Vaticano II recomienda que "los p谩rrocos han de procurar que la celebraci贸n de la Eucarist铆a sea el centro y la cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana" (Christus Dominus, 30).

Sin el culto eucar铆stico, como su coraz贸n palpitante, la parroquia se vuelve est茅ril. A este prop贸sito, es 煤til recordar lo que escrib铆 en la carta apost贸lica Dies Domini: "Entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebraci贸n dominical del d铆a del Se帽or y de su Eucarist铆a" (n. 35). Nada podr谩 suplirla jam谩s. Incluso la sola liturgia de la Palabra, cuando es efectivamente imposible asegurar la presencia dominical del sacerdote, es conveniente para mantener viva la fe, pero debe conservar siempre, como meta a la que hay que tender, la regular celebraci贸n eucar铆stica.

Donde falta el sacerdote se debe suplicar con fe e insistencia a Dios para que suscite numerosos y santos obreros para su vi帽a. En la citada exhortaci贸n apost贸lica Pastores dabo vobis reafirm茅 que "hoy la espera suplicante de nuevas vocaciones debe ser cada vez m谩s una pr谩ctica constante y difundida en la comunidad cristiana y en toda realidad eclesial" (n. 38). El esplendor de la identidad sacerdotal y el ejercicio integral del consiguiente ministerio pastoral, juntamente con el compromiso de toda la comunidad en la oraci贸n y en la penitencia personal, constituyen los elementos imprescindibles para una urgente e impostergable pastoral vocacional. Ser铆a un error fatal resignarse ante las dificultades actuales, y comportarse de hecho como si hubiera que prepararse para una Iglesia del futuro imaginada casi sin presb铆teros. De este modo, las medidas adoptadas para solucionar las carencias actuales resultar铆an de hecho seriamente perjudiciales para la comunidad eclesial, a pesar de su buena voluntad.

4. La parroquia es, adem谩s, lugar privilegiado del anuncio de la palabra de Dios. Este anuncio se articula en diversas formas, y cada fiel est谩 llamado a participar activamente en 茅l, de modo especial con el testimonio de la vida cristiana y la proclamaci贸n expl铆cita del Evangelio, tanto a los no creyentes, para conducirlos a la fe, como a cuantos ya son creyentes, para instruirlos, confirmarlos e impulsarlos a una vida m谩s fervorosa. Por lo que respecta al sacerdote, "anuncia la Palabra en su calidad de "ministro", part铆cipe de la autoridad prof茅tica de Cristo y de la Iglesia" (ib., 26). Y para desempe帽ar fielmente este ministerio, correspondiendo al don recibido, "debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la palabra de Dios" (ib.). Aunque otros fieles no ordenados lo superaran en elocuencia, esto no anular铆a el hecho de que es representaci贸n sacramental de Cristo, cabeza y pastor, y de esto deriva sobre todo la eficacia de su predicaci贸n.

La comunidad parroquial necesita esta eficacia, especialmente en el momento m谩s caracter铆stico del anuncio de la Palabra por parte de los ministros ordenados: precisamente por esto la proclamaci贸n lit煤rgica del Evangelio y la homil铆a que la sigue est谩n reservadas ambas al sacerdote.

5. Tambi茅n la funci贸n de guiar a la comunidad como pastor, funci贸n propia del p谩rroco, deriva de su relaci贸n peculiar con Cristo, cabeza y pastor. Es una funci贸n que reviste car谩cter sacramental.

No es la comunidad quien la conf铆a al sacerdote, sino que, por medio del obispo, le viene del Se帽or. Reafirmar esto con claridad y desempe帽ar esta funci贸n con humilde autoridad constituye un servicio indispensable a la verdad y a la comuni贸n eclesial. La colaboraci贸n de otros que no han recibido esta configuraci贸n sacramental con Cristo es de desear y, a menudo, resulta necesaria. Sin embargo, estos de ning煤n modo pueden realizar la tarea de pastor propia del p谩rroco. Los casos extremos de escasez de sacerdotes, que aconsejan una colaboraci贸n m谩s intensa y amplia de fieles no revestidos del sacerdocio ministerial en el cuidado pastoral de una parroquia, no constituyen absolutamente excepci贸n a este criterio esencial para la cura de las almas, como lo establece de modo inequ铆voco la normativa can贸nica (cf. C贸digo de derecho can贸nico, c. 517, 2). En este campo, ofrece un camino seguro para seguir la exhortaci贸n interdicasterial Ecclesiae de mysterio, hoy muy actual, que aprob茅 de modo espec铆fico.

En el cumplimiento de su deber de gu铆a, con responsabilidad personal, el p谩rroco cuenta ciertamente con la ayuda de los organismos de consulta previstos por el Derecho (cf. C贸digo de derecho can贸nico, cc. 536-537); pero estos deber谩n mantenerse fieles a su finalidad consultiva. Por tanto, ser谩 necesario abstenerse de cualquier forma que, de hecho, tienda a desautorizar la gu铆a del presb铆tero p谩rroco, porque se desvirtuar铆a la fisonom铆a misma de la comunidad parroquial.

6. Dirijo ahora mi pensamiento, lleno de afecto y gratitud, a los p谩rrocos esparcidos por el mundo, especialmente a los que trabajan en la vanguardia de la evangelizaci贸n. Los animo a proseguir su dif铆cil tarea, pero verdaderamente valiosa para toda la Iglesia. A cada uno recomiendo recurrir, en el ejercicio del munus pastoral diario, a la ayuda materna de la bienaventurada Virgen Mar铆a, tratando de vivir en profunda comuni贸n con ella. En el sacerdocio ministerial, como escrib铆 en la Carta a los sacerdotes con ocasi贸n del Jueves santo de 1979, "se da la dimensi贸n espl茅ndida y penetrante de la cercan铆a a la Madre de Cristo" (n. 11: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 15 de abril de 1979, p. 12). Cuando celebramos la santa misa, queridos hermanos sacerdotes, junto a nosotros est谩 la Madre del Redentor, que nos introduce en el misterio de la ofrenda redentora de su divino Hijo. "Ad Iesum per Mariam": que este sea nuestro programa diario de vida espiritual y pastoral.

Con estos sentimientos, a la vez que os aseguro mi oraci贸n, os imparto a cada uno una especial bendici贸n apost贸lica, que de buen grado extiendo a todos los sacerdotes del mundo.

EL PRESB脥TERO, PASTOR Y GU脥A DE LA COMUNIDAD PARROQUIAL

PARTE I

Sacerdocio com煤n y Sacerdocio ordenado

1. Levantad vuestros ojos (Jn 4,35)

1. "Levantad vuestros ojos y mirad los campos que est谩n dorados para la siega" (Jn 4,35). Estas palabras del Se帽or tienen la virtud de mostrar el inmenso horizonte de la misi贸n de amor del Verbo encarnado."El Hijo eterno de Dios ha sido enviado "para que el mundo se salve por medio de 脡l" (Jn 3,17) y toda su existencia terrena, plenamente identificada con la voluntad salv铆fica del Padre, es una constante manifestaci贸n de esa voluntad divina: la salvaci贸n universal, querida eternamente por Dios Padre. Este proyecto hist贸rico lo conf铆a en legado a toda la Iglesia y, de manera particular, dentro de ella, a los ministros ordenados. En verdad es grande el misterio del cual hemos sido hechos ministros. Misterio de un amor sin l铆mites, ya que "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am贸 hasta el extremo" (Jn 13,1)".

Habilitados, pues, por el car谩cter y por la gracia del sacramento del Orden, y hechos testigos y ministros de la misericordia divina, los sacerdotes de Jesucristo se consagran voluntariamente al servicio de todos en la Iglesia. En cualquier contexto social y cultural, en todas las circunstancias hist贸ricas, incluidas las actuales, en que se advierte un clima agresivo de secularismo y de consumismo que aplasta el sentido cristiano en la conciencia de muchos fieles, los ministros del Se帽or son conscientes de que "茅sta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe" (1 Jn 5,4). Las actuales circunstancias sociales constituyen , de hecho, una buena ocasi贸n para volver a llamar la atenci贸n sobre la fuerza invencible de la fe y del amor en Cristo, y para recordar que, pese a las dificultades y a la "frialdad" del ambiente, los fieles cristianos - como tambi茅n, aunque de modo distinto, los no creyentes - est谩n siempre presentes en el diligente trabajo pastoral de los sacerdotes. Los hombres desean encontrar en el sacerdote a un hombre de Dios, que diga con San Agust铆n: "Nuestra ciencia es Cristo, y nuestra sabidur铆a es tambi茅n Cristo. 脡l plant贸 en nuestras almas la fe de las cosas temporales, y en las eternas nos manifiesta la verdad". Estamos en un tiempo de nueva evangelizaci贸n: hay que saber ir en busca de las personas que se encuentran a la espera de poder encontrar a Cristo.

2. En el sacramento del Orden, Cristo ha transmitido, en diversos grados, la propia condici贸n de Pastor de almas a los obispos y a los presb铆teros, haci茅ndolos capaces de actuar en su nombre y de representar su potestad capital en la Iglesia. "La unidad profunda de este nuevo pueblo no excluye la presencia, en su interior, de tareas diversas y complementarias. As铆, a los primeros ap贸stoles est谩n ligados especialmente aquellos que han sido puestos para renovar in persona Christi el gesto que Jes煤s realiz贸 en la 脷ltima Cena, instituyendo el sacrificio eucar铆stico, "fuente y cima de toda la vida cristiana" (Lumen gentium, 11). El car谩cter sacramental que los distingue, en virtud del Orden recibido, hace que su presencia y ministerio sean 煤nicos, necesarios e insustituibles". La presencia del ministro ordenado es condici贸n esencial de la vida de la Iglesia, y no s贸lo de su buena organizaci贸n.

3. Duc in altum! Todo cristiano que percibe en el coraz贸n la luz de la fe, queriendo caminar al ritmo marcado por el Sumo Pont铆fice, ha de intentar traducir en hechos este urgente y decidido mandato misionero. Especialmente los pastores de la Iglesia deber铆an saberlo captar y ponerlo en pr谩ctica con apremiante diligencia, pues de su sensibilidad sobrenatural depende la posibilidad de que sea comprensible el camino por el cual Dios quiere guiar a su pueblo. "Duc in altum! El Se帽or nos invita a ir mar adentro, fi谩ndonos de su palabra. 隆Aprendamos de la experiencia jubilar y continuemos en el compromiso de dar testimonio del Evangelio con el entusiasmo que suscita en nosotros la contemplaci贸n del rostro de Cristo!".

4. Es importante recordar que las perspectivas de fondo delineadas por el Santo Padre al t茅rmino del Gran Jubileo del a帽o 2000 fueron establecidas pensando en las Iglesias particulares, alentadas por el Papa a traducir en "fervor de prop贸sitos y concretas l铆neas operativas" la gracia recibida durante el a帽o jubilar. Esta gracia lleva consigo un reclamo a la misi贸n evangelizadora de la Iglesia, la cual exige la santidad personal de pastores y fieles, as铆 como un ferviente sentido apost贸lico en todos ellos, cada uno seg煤n su propia vocaci贸n, al servicio de las propias responsabilidades y deberes, conscientes de que la salvaci贸n eterna de muchos hombres depende de la fidelidad en mostrar a Cristo con la palabra y con la vida. Urge dar mayor impulso al ministerio sacerdotal en la Iglesia particular, y especialmente en la parroquia, sobre la base de la aut茅ntica comprensi贸n del ministerio y de la vida del presb铆tero.

Los sacerdotes "hemos sido consagrados en la Iglesia para este ministerio espec铆fico. Estamos llamados a contribuir, de varios modos, donde la Providencia nos pone, en la formaci贸n de la comunidad del pueblo de Dios. Nuestra tarea consiste en apacentar la grey de Dios que se nos ha confiado, no por la fuerza, sino voluntariamente, no tiranizando, sino dando un testimonio ejemplar (cfr. 1 Pe 5,2-3) (...) 脡ste es para nosotros el camino de la santidad (...). 脡sta es nuestra misi贸n al servicio del pueblo cristiano".

2. Elementos centrales del ministerio y de la vida de los presb铆teros
a) La identidad del presb铆tero

5. La identidad del sacerdote debe meditarse en el contexto de la voluntad divina a favor de la salvaci贸n, puesto que es fruto de la acci贸n sacramental del Esp铆ritu Santo, participaci贸n de la acci贸n salv铆fica de Cristo, y puesto que se orienta plenamente al servicio de tal acci贸n en la Iglesia, en su continuo desarrollo a lo largo de la historia. Se trata de una identidad tridimensional: pneumatol贸gica, cristol贸gica y eclesi贸logica. No ha de perderse de vista esta arquitectura teol贸gica primordial en el misterio del sacerdote, llamado a ser ministro de la salvaci贸n, para poder aclarar despu茅s, de modo adecuado, el significado de su concreto ministerio pastoral en la parroquia. 脡l es el siervo de Cristo, para ser, a partir de 茅l, por 茅l y con 茅l, siervo de los hombres. Su ser ontol贸gicamente asimilado a Cristo constituye el fundamento de ser ordenado para servicio de la comunidad. La total pertenencia a Cristo, convenientemente potenciada y hecha visible por el sagrado celibato, hace que el sacerdote est茅 al servicio de todos. El don admirable del celibato, de hecho, recibe luz y sentido por la asimilaci贸n a la donaci贸n nupcial del Hijo de Dios, crucificado y resucitado, a una humanidad redimida y renovada.

El ser y el actuar del sacerdote - su persona consagrada y su ministerio - son realidades teol贸gicamente inseparables, y tienen como finalidad servir al desarrollo de la misi贸n de la Iglesia: la salvaci贸n eterna de todos los hombres. En el misterio de la Iglesia - revelada como Cuerpo M铆stico de Cristo y Pueblo de Dios que camina en la historia, y establecida como sacramento universal de salvaci贸n -, se encuentra y se descubre la raz贸n profunda del sacerdocio ministerial, "de manera que la comunidad eclesial tiene absoluta necesidad del sacerdocio ministerial para que Cristo, cabeza y pastor, est茅 presente en ella".

6. El sacerdocio com煤n o bautismal de los cristianos, como participaci贸n real en el sacerdocio de Cristo, constituye una propiedad esencial del Nuevo Pueblo de Dios. "Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, naci贸n santa, pueblo adquirido en propiedad..." (1 Pe 2,9); "Nos ha hecho estirpe real, sacerdotes para su Dios y Padre" (Ap 1,6); "Los hiciste un reino de sacerdotes para nuestro Dios (Ap 5,10)... ser谩n sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinar谩n con 茅l" (Ap 20,6). Estos pasajes recuerdan lo que hab铆a sido dicho en el 脡xodo, aplicando al Nuevo Israel lo que all铆 se dec铆a del Antiguo: "Entre todos los pueblos... vosotros ser茅is para m铆 un reino de sacerdotes y una naci贸n santa" (Ex 19,5-6); y recuerdan todav铆a m谩s lo dicho en el Deuteronomio: "T煤 eres un Pueblo consagrado al Se帽or tu Dios; el Se帽or tu Dios te ha elegido para ser su Pueblo privilegiado entre todos los pueblos que est谩n sobre la tierra" (Dt 7,6).

"Si el sacerdocio com煤n es consecuencia de que el pueblo cristiano ha sido elegido por Dios como puente con la humanidad y pertenece a todo creyente en cuanto injertado en este pueblo, el sacerdocio ministerial, en cambio, es fruto de una elecci贸n, de una vocaci贸n espec铆fica: "Jes煤s llam贸 a sus disc铆pulos, y eligi贸 doce de entre ellos" (Lc 6, 13). Gracias al sacerdocio ministerial los fieles son conscientes de su sacerdocio com煤n y lo actualizan (cfr. Ef 4,11-12), pues el sacerdote les recuerda que son pueblo de Dios y los capacita para "ofrecer sacrificios espirituales" (cfr. 1 Pe 2, 5), mediante los cuales Cristo mismo hace de nosotros un don eterno al Padre (cfr. 1 Pe 3,18). Sin la presencia de Cristo representado por el presb铆tero, gu铆a sacramental de la comunidad, 茅sta no ser铆a plenamente una comunidad eclesial".

En el seno de este pueblo sacerdotal el Se帽or ha instituido por tanto un sacerdocio ministerial, al cual son llamados algunos fieles para servir, por medio de la sagrada potestad, a todos los dem谩s con caridad pastoral. El sacerdocio com煤n y el sacerdocio ministerial se distinguen esencialmente y no s贸lo en grado: no se trata de una mayor o menor intensidad de participaci贸n en el 煤nico sacerdocio de Cristo, sino de participaciones esencialmente diversas. El sacerdocio com煤n se funda en el car谩cter bautismal, que es el sello espiritual de pertenencia a Cristo que "capacita y compromete a los cristianos para servir a Dios mediante una participaci贸n viva en la santa Liturgia de la Iglesia y a ejercer su sacerdocio bautismal mediante el testimonio de una vida santa y de una caridad eficaz".

El sacerdocio ministerial, en cambio, se funda en el car谩cter impreso por el sacramento del Orden, que configura a Cristo sacerdote, y le permite, con la sagrada potestad, actuar en la persona de Cristo Cabeza - in persona Christi Capitis -, para ofrecer el Sacrificio y para perdonar los pecados. A los bautizados que han recibido en un segundo momento el don del sacerdocio ministerial, les es conferida sacramentalmente una nueva y espec铆fica misi贸n: impersonar en el seno del pueblo de Dios la triple funci贸n 鈥� prof茅tica, cultual y real 鈥� del mismo Cristo, en cuanto Cabeza y Pastor de la Iglesia. Por tanto, en el ejercicio de sus espec铆ficas funciones act煤an in persona Christi Capitis e igualmente, en consecuencia, in nomine Ecclesiae.

7. "Nuestro sacerdocio sacramental, pues, es sacerdocio "jer谩rquico" y al mismo tiempo "ministerial". Constituye un ministerium particular, es decir, es "servicio" respecto a la comunidad de los creyentes. Sin embargo, no tiene su origen en esta comunidad, como si fuera ella la que "llama" o "delega". 脡ste es, en efecto, don para la comunidad y procede de Cristo mismo, de la plenitud de su sacerdocio (...) Conscientes de esta realidad comprendemos de qu茅 modo nuestro sacerdocio es "jer谩rquico", es decir, relacionado con la potestad de formar y dirigir el pueblo sacerdotal (cfr.. Ivi) y precisamente por esto "ministerial". Realizamos esta funci贸n mediante la cual Cristo mismo "sirve" incesantemente al Padre en la obra de nuestra salvaci贸n. Toda nuestra existencia sacerdotal est谩 y debe estar impregnada profundamente por este servicio, si queremos realizar de manera real y adecuada el Sacrificio eucar铆stico in persona Christi".

En los 煤ltimos decenios la Iglesia ha conocido problemas de "identidad sacerdotal", derivados, en algunas ocasiones, de una visi贸n teol贸gica que no distingue claramente entre los dos modos de participaci贸n en el sacerdocio de Cristo. En algunos ambientes se ha llegado a romper aquel profundo equilibrio eclesiol贸gico, tan propio del Magisterio aut茅ntico y perenne.

Hoy se dan todas las condiciones para superar el peligro tanto de la "clericalizaci贸n" de los laicos como de la "secularizaci贸n" de los ministros sagrados.

El generoso empe帽o de los laicos en los 谩mbitos del culto, de la transmisi贸n de la fe y de la pastoral, en un momento adem谩s de escasez de presb铆teros, ha inducido en ocasiones a algunos ministros sagrados y a algunos laicos a ir m谩s all谩 de lo que consiente la Iglesia, e incluso de lo que supera su ontol贸gica capacidad sacramental. De aqu铆 se deriva tambi茅n una minusvaloraci贸n te贸rica y pr谩ctica de la espec铆fica misi贸n laical, que consiste en santificar desde dentro las estructuras de la sociedad.

De otra parte, en esta crisis de identidad, se produce tambi茅n la "secularizaci贸n" de algunos ministros sagrados, por un oscurecimiento de su espec铆fico papel, absolutamente insustituible, en la comuni贸n eclesial.

8. El sacerdote, alter Christus, es en la Iglesia el ministro de las acciones salv铆ficas esenciales. Por su poder de ofrecer el Sacrificio del Cuerpo y la Sangre del Redentor, por su potestad de anunciar con autoridad el Evangelio, de vencer el mal del pecado mediante el perd贸n sacramental, 茅l 鈥� in persona Christi Capitis 鈥� es fuente de vida y de vitalidad en la Iglesia y en su parroquia. El sacerdote no es la fuente de esta vida espiritual, sino el hombre que la distribuye a todo el pueblo de Dios. Es el siervo que, con la unci贸n del esp铆ritu, accede al santuario sacramental: Cristo Crucificado (Cfr. Jn 19, 31-37) y Resucitado (cfr. Jn 20,20-23), del cual emana la salvaci贸n.

En Mar铆a, Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, el sacerdote toma conciencia de ser con Ella, "instrumento de comunicaci贸n salv铆fica entre Dios y los hombres", aunque de modo diferente: la Sant铆sima Virgen mediante la Encarnaci贸n, el sacerdote mediante el poder del Orden. La relaci贸n del sacerdote con Mar铆a no se reduce s贸lo a la necesidad de protecci贸n y ayuda; se trata ante todo de tomar conciencia de un dato objetivo: "la cercan铆a de la Se帽ora", como "presencia operante junto a la cual la Iglesia quiere vivir el misterio de Cristo".

9. En cuanto part铆cipe de la acci贸n directiva de Cristo Cabeza y Pastor sobre su Cuerpo, el sacerdote est谩 espec铆ficamente capacitado para ser, en el plano pastoral, el "hombre de la comuni贸n", de la gu铆a y del servicio a todos. 脡l est谩 llamado a promover y a mantener la unidad de los miembros con la cabeza, y de todos entre s铆. Por vocaci贸n, 茅l une y sirve a la doble dimensi贸n que la misma funci贸n pastoral de Cristo posee (Cfr. Mt 20,28; Mc 10,45; Lc 22,27). La vida de la Iglesia requiere, para su desarrollo, energ铆as que s贸lo este ministerio de la comuni贸n, de la gu铆a y del servicio puede ofrecer. Exige sacerdotes que, totalmente asimilados al Maestro, depositarios de una vocaci贸n originaria a la plena identificaci贸n con Cristo, vivan ,"con" 脡l y "en" 脡l, todo el conjunto de las virtudes manifestadas en Cristo Pastor, y que, entre otras cosas, recibe luz y sentido de la asimilaci贸n a la donaci贸n nupcial del Hijo de Dios, crucificado y resucitado, a una humanidad redimida y renovada. Exige que haya sacerdotes que quieran ser fuente de unidad y de donaci贸n fraterna a todos 鈥揺specialmente a los m谩s necesitados鈥�, hombres que reconozcan su identidad sacerdotal en el Buen Pastor, y que esa imagen sea vivida internamente y manifestada externamente de modo que todos puedan reconocerla, en cualquier lugar y tiempo.

El sacerdote hace presente a Cristo Cabeza de la Iglesia mediante el ministerio de la Palabra, participaci贸n en su funci贸n prof茅tica. In persona et in nomine Christi, el sacerdote es ministro de la palabra evangelizadora, que invita a todos a la conversi贸n y a la santidad; es ministro de la palabra cultual, que ensalza la grandeza de Dios y da gracias por su misericordia; es ministro de la palabra sacramental, que es fuente eficaz de gracia. Seg煤n esta m煤ltiple modalidad el sacerdote, con la fuerza del Par谩clito, prolonga la ense帽anza del divino Maestro en el interior de su Iglesia.

b) La unidad de vida

10. La configuraci贸n sacramental con Jesucristo impone al sacerdote un nuevo motivo para alcanzar la santidad, a causa del ministerio que le ha sido confiado, que es en s铆 mismo santo. Esto no significa que la santidad, a la cual son llamados los sacerdotes, sea subjetivamente mayor que la santidad a la que son llamados todos los fieles cristianos por motivo del bautismo. La santidad es siempre la misma, si bien con diversas expresiones, pero el sacerdote debe tender a ella por un nuevo motivo: corresponder a la nueva gracia que le ha conformado para representar a la persona de Cristo, Cabeza y Pastor, como instrumento vivo en la obra de la salvaci贸n. En el cumplimiento de su ministerio, por tanto, aquel que es "sacerdos in aeternum", debe esforzarse por seguir en todo el ejemplo del Se帽or, uni茅ndose a 脡l "en el conocimiento de la voluntad del Padre, y en el don de s铆 mismos por el reba帽o". Sobre este fundamento de amor a la voluntad divina y de caridad pastoral se construye la unidad de vida, es decir, la unidad interior entre la vida espiritual y la actividad ministerial. El crecimiento de esta unidad de vida se fundamente en la caridad pastoral nutrida por una s贸lida vida de oraci贸n, de manera que el presb铆tero ha de ser inseparablemente testimonio vivo de caridad y maestro de vida interior.

11. La entera historia de la Iglesia se encuentra iluminada por espl茅ndidos modelos de donaci贸n pastoral verdaderamente radical. Existe ciertamente un numeroso batall贸n de santos sacerdotes que, como el Cura de Ars, patrono de los p谩rrocos, han llegado a una eximia santidad a trav茅s de la generosa e incansable dedicaci贸n a la cura de almas, acompa帽ada de una profunda ascesis y de una gran vida interior. Estos pastores, inflamados por el amor de Cristo y por la consiguiente caridad pastoral, constituyen un Evangelio vivo.

Algunas corrientes culturales contempor谩neas confunden la virtud interior, la mortificaci贸n y la espiritualidad con una forma de intimismo, de alienaci贸n y, por tanto, de ego铆smo incapaz de comprender los problemas del mundo y de la gente. Se ha desarrollado tambi茅n, en algunos lugares, una tipolog铆a multiforme de presb铆teros: desde el soci贸logo al terapeuta, del obrero al pol铆tico, al "manager"... hasta llegar al sacerdote "jubilado". A este prop贸sito se debe recordar que el presb铆tero es portador de una consagraci贸n ontol贸gica que se extiende a tiempo completo. Su identidad de fondo hay que buscarla en el car谩cter conferido por el sacramento del Orden, por el cual se desarrolla fecundamente la gracia pastoral. Por tanto, el presb铆tero deber铆a saber actuar siempre en cuanto sacerdote. 脡l, como dec铆a San Juan Bosco, es sacerdote tanto en el altar y en el confesionario como en la escuela o por la calle: en cualquier sitio. Alguna vez los mismos sacerdotes son inducidos, por circunstancias actuales, a pensar que su ministerio se encuentra en la periferia de la vida, cuando en realidad se encuentra en el coraz贸n mismo de ella, puesto que tiene la capacidad de iluminar, reconciliar y renovar todas las cosas.

Puede suceder tambi茅n que algunos sacerdotes, tras haber comenzado su ministerio con un entusiasmo cargado de ideales, experimenten el desinter茅s y la desilusi贸n, e incluso el fracaso. Muchas son las causas: desde la deficiente formaci贸n hasta la falta de fraternidad en el presbiterio diocesano, desde el aislamiento personal hasta la ausencia de inter茅s y apoyo por parte del Obispo mismo y de la comunidad, desde los problemas personales, incluso de salud, hasta la amargura de no encontrar respuestas y soluciones, desde la desconfianza por la ascesis y el abandono de la vida interior hasta la falta de fe.

De hecho el dinamismo ministerial exento de una s贸lida espiritualidad sacerdotal se traducir铆a en un activismo vac铆o y privado de valor prof茅tico. Resulta claro que la ruptura de la unidad interior en el sacerdote es consecuencia, sobre todo, del enfriamiento de su caridad pastoral, o sea, del descuido a la hora de "custodiar con amor vigilante el misterio del que es portador para el bien de la Iglesia y de la humanidad".

Entretenerse en coloquio 铆ntimo de adoraci贸n frente al Buen Pastor, presente en el Sant铆simo Sacramento del altar, constituye una prioridad pastoral superior con mucho a cualquier otra. El sacerdote, gu铆a de una comunidad, debe poner en pr谩ctica esta prioridad para no caer en la aridez interior y convertirse en canal seco, que a nadie puede ofrecer cosa alguna.

La obra pastoral de mayor relevancia es, sin duda alguna, la espiritualidad. Cualquier plan pastoral, cualquier proyecto misionero, cualquier dinamismo en la evangelizaci贸n, que prescindiese del primado de la espiritualidad y del culto divino estar铆a destinado al fracaso.

c) Un camino espec铆fico hacia la santidad

12. El sacerdocio ministerial, en la medida en que configura con el ser y el obrar sacerdotal de Cristo, introduce una novedad en la vida espiritual de quien ha recibido este don. Es una vida espiritual conformada por la participaci贸n en la capitalidad de Cristo en su Iglesia, y que madura en el servicio ministerial a ella: una santidad en el ministerio y para el ministerio.

13. La profundizaci贸n en la "conciencia de ser ministro" es, por tanto, de gran importancia para la vida espiritual del sacerdote y para la eficacia de su ministerio mismo.

La relaci贸n ministerial con Jesucristo "instaura y exige en el sacerdote una posterior relaci贸n que procede de la "intenci贸n", es decir, de la voluntad consciente y libre de hacer, mediante los gestos ministeriales, lo que quiere hacer la Iglesia". La expresi贸n "tener la intenci贸n de hacer lo que hace la Iglesia" ilumina la vida espiritual del ministro sagrado, invit谩ndole a reconocer la personal instrumentalidad al servicio de Cristo y de su Esposa, y a ponerla en pr谩ctica en las concretas acciones ministeriales. La "intenci贸n", en este sentido, contiene necesariamente una relaci贸n con el actuar de Cristo Cabeza en y a trav茅s de la Iglesia, adecuaci贸n a su voluntad, fidelidad a sus disposiciones, docilidad a sus gestos: el quehacer ministerial es instrumento del obrar de Cristo y de la Iglesia, que es su Cuerpo.

Se trata de una voluntad personal permanente: "Semejante relaci贸n tiende, por su propia naturaleza, a hacerse lo m谩s profunda posible, implicando la mente, los sentimientos, la vida, o sea, una serie de disposiciones morales y espirituales correspondientes a los gestos ministeriales que el sacerdote realiza".

La espiritualidad sacerdotal exige respirar un clima de cercan铆a al Se帽or Jes煤s, de amistad y de encuentro personal, de misi贸n ministerial "compartida", de amor y servicio a su Persona en la "persona" de la Iglesia, su Cuerpo, su Esposa. Amar a la Iglesia y entregarse a ella en el servicio ministerial requiere amar profundamente al Se帽or Jes煤s. "Esta caridad pastoral fluye, sobre todo, del Sacrificio Eucar铆stico, que se manifiesta por ello como centro y ra铆z de toda la vida del presb铆tero, de suerte que lo que se efect煤a en el altar lo procure reproducir en s铆 el alma del sacerdote. Cosa que no puede conseguirse si los mismos sacerdotes no penetran m谩s 铆ntimamente cada vez, por la oraci贸n, en el misterio de Cristo".

En la penetraci贸n de este misterio viene en nuestra ayuda la Virgen Sant铆sima, asociada al Redentor, porque "cuando celebramos la Santa Misa, en medio de nosotros est谩 la Madre del Hijo de Dios y nos introduce en el misterio de su ofrenda de redenci贸n. De este modo, se convierte en mediadora de las gracias que brotan de esta ofrenda para la Iglesia y para todos los fieles". De hecho, "Mar铆a fue asociada de modo 煤nico al sacrificio sacerdotal de Cristo, compartiendo su voluntad de salvar el mundo mediante la cruz. Ella fue la primera persona y la que con m谩s perfecci贸n particip贸 espiritualmente en su oblaci贸n de Sacerdos et Hostia. Como tal, a los que participan 飩� en el plano ministerial飩� del sacerdocio de su Hijo puede obtenerles y darles la gracia del impulso para responder cada vez mejor a las exigencias de la oblaci贸n espiritual que el sacerdocio implica: sobre todo, la gracia de la fe, de la esperanza y de la perseverancia en las pruebas, reconocidas como est铆mulos para una participaci贸n m谩s generosa en la ofrenda redentora".

La Eucarist铆a debe ocupar para el sacerdote "el lugar verdaderamente central de su ministerio", porque en ella est谩 contenido todo el bien espiritual de la Iglesia y es de por s铆 fuente y culmen de toda la evangelizaci贸n. 隆De aqu铆 la posici贸n tan relevante que ocupa dentro de la jornada la preparaci贸n a la Santa Misa, su celebraci贸n cotidiana, la acci贸n de gracias y la visita a Jes煤s Sacramentado!

14. El sacerdote, adem谩s del Sacrificio eucar铆stico, celebra diariamente la sagrada Liturgia de las Horas, a la que se ha comprometido libremente con obligaci贸n grave. Por la inmolaci贸n incruenta de Cristo sobre el altar, por la celebraci贸n del Oficio divino junto con toda la Iglesia, el coraz贸n del sacerdote intensifica su amor al divino Pastor, haci茅ndolo visible a los fieles. El sacerdote ha recibido el privilegio de "hablar a Dios en nombre de todos", de hacerse "como la boca de toda la Iglesia"; completa con el oficio divino lo que falta a la alabanza de Cristo, y en cuanto embajador acreditado, su intercesi贸n est谩 entre las m谩s eficaces para la salvaci贸n del mundo.

d) La fidelidad del sacerdote a la disciplina eclesi谩stica

15. La "conciencia de ser ministro" comporta tambi茅n la conciencia del actuar org谩nico del cuerpo de Cristo. De hecho, la vida y la misi贸n de la Iglesia, para poder desarrollarse, exigen un ordenamiento, unas reglas y unas leyes de conducta, es decir, un orden disciplinar. Es preciso superar cualquier prejuicio frente a la disciplina eclesi谩stica, comenzando por la expresi贸n misma, y superar tambi茅n cualquier temor o complejo a la hora de referirse a ella o de solicitar oportunamente su cumplimiento. Cuando se observan las normas y los criterios que constituyen la disciplina eclesi谩stica, se evitan las tensiones que, de otro modo, comprometer铆an el esfuerzo pastoral unitario del cual la Iglesia tiene necesidad para cumplir eficazmente su misi贸n evangelizadora. La asunci贸n madura del propio empe帽o ministerial comprende la certeza de que la Iglesia "necesita unas normas que pongan de manifiesto su estructura jer谩rquica y org谩nica, y que ordenen debidamente el ejercicio de los poderes confiados a ella por Dios, especialmente el de la potestad sagrada y el de la administraci贸n de los sacramentos".

Adem谩s, la conciencia de ser ministro de Cristo y de su Cuerpo m铆stico implica el empe帽o por cumplir fielmente la voluntad de la Iglesia, que se expresa concretamente en las normas. La legislaci贸n de la Iglesia tiene como fin una mayor perfecci贸n de la vida cristiana, para un mejor cumplimiento de la misi贸n salv铆fica, y por tanto, es preciso vivirla con 谩nimo sincero y buena voluntad.

Entre todos los aspectos, merece particular atenci贸n el de la docilidad a las leyes y a las disposiciones lit煤rgicas de la Iglesia, es decir, el amor fiel a una normativa que tiene el fin de ordenar el culto de acuerdo con la voluntad del Sumo y Eterno Sacerdote y de su Cuerpo m铆stico. La sagrada Liturgia es considerada como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo, acci贸n sagrada por excelencia, "cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza". Por consiguiente, 茅ste es el 谩mbito donde mayor debe ser la conciencia de ser ministro, y de actuar en conformidad con los compromisos libre y solemnemente asumidos ante Dios y la comunidad. "La reglamentaci贸n de la sagrada liturgia es de la competencia exclusiva de la autoridad eclesi谩stica; 茅sta reside en la Sede Apost贸lica y, en la medida que determine la ley, en el Obispo. (...) Por lo mismo, que nadie, aunque sea sacerdote, a帽ada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia". Arbitrariedades, expresiones subjetivistas, improvisaciones y desobediencia en la celebraci贸n eucar铆stica constituyen otras tantas evidentes contradicciones con la esencia misma de la Sant铆sima Eucarist铆a, que es el sacrificio de Cristo. Lo mismo vale para la celebraci贸n de los otros sacramentos, sobre todo para el Sacramento de la Penitencia, mediante el cual se perdonan los pecados y se reconcilia uno con la Iglesia.

Una atenci贸n an谩loga han de prestar los presb铆teros a la participaci贸n aut茅ntica y consciente de los fieles en la sagrada Liturgia, que la Iglesia no deja de promover. En la sagrada Liturgia existen funciones que pueden ser desempe帽adas por fieles que no han recibido el Sacramento del Orden; otras, en cambio, son propias y absolutamente exclusivas de los ministros ordenados. El respeto por las distintas identidades del estado de vida, su mutua complementariedad para la misi贸n, exigen evitar cualquier confusi贸n en esta materia.

e) El sacerdote en la comuni贸n eclesial

16. Para servir a la Iglesia 鈥攃omunidad org谩nicamente estructurada por fieles dotados de la misma dignidad bautismal, pero con carismas y funciones diversos鈥� es necesario conocerla y amarla, no como la querr铆an ef铆meras corrientes de pensamiento o ideolog铆as diversas, sino como ha sido querida por Jesucristo, que la ha fundado. La funci贸n ministerial de servicio a la comuni贸n, a partir de la configuraci贸n con Cristo Cabeza, exige conocer y respetar la especifidad del papel del fiel laico, promoviendo de todas las formas posibles la asunci贸n por parte de cada uno de la propia responsabilidad. El sacerdote est谩 al servicio de la comunidad, pero a su vez se encuentra sostenido por la comunidad. 脡ste tiene necesidad de la aportaci贸n del laicado, no s贸lo para la organizaci贸n y la administraci贸n de su comunidad, sino tambi茅n para la fe y la caridad; existe una especie de 贸smosis entre la fe del presb铆tero y la fe de los otros fieles. Las familias cristianas y las comunidades de gran fervor religioso a menudo han ayudado a los sacerdotes en los momentos de crisis. Es tambi茅n importante, por este motivo, que los presb铆teros conozcan, estimen y respeten las caracter铆sticas del seguimiento de Cristo propio de la vida consagrada, tesoro precios铆simo de la Iglesia, y testimonio de la fecunda labor del Esp铆ritu Santo en ella.

En la medida en que los presb铆teros son signos vivos y al mismo tiempo servidores de la comuni贸n eclesial, se integran en la unidad viviente de la Iglesia prolongada en el tiempo, que es la sagrada Tradici贸n, de la que el Magisterio es custodio y garante. La fecunda referencia a la Tradici贸n concede al ministerio del presb铆tero la solidez y la objetividad del testimonio de la Verdad, que en Cristo se ha revelado en la historia. Esto le ayuda a huir del prurito de novedad, que da帽a la comuni贸n y vac铆a de profundidad y de credibilidad el ejercicio del ministerio sacerdotal.

De modo especial el p谩rroco debe promover pacientemente la comuni贸n de la propia parroquia con su Iglesia particular y con la Iglesia universal. Por lo mismo, debe ser tambi茅n verdadero modelo de adhesi贸n al Magisterio perenne de la Iglesia y a su disciplina.

f) Sentido de lo universal en lo particular

17. "Es necesario que el sacerdote tenga la conciencia de que su "estar en una Iglesia particular" constituye, por su propia naturaleza, un elemento calificativo para vivir una espiritualidad cristiana. Por ello, el presb铆tero encuentra, precisamente en su pertenencia y dedicaci贸n a la Iglesia particular, una fuente de significados, de criterios de discernimiento y de acci贸n, que configuran tanto su misi贸n pastoral, como su vida espiritual". Se trata de una materia importante, de la que se debe adquirir una visi贸n amplia, que tenga en cuenta c贸mo "la pertenencia y dedicaci贸n a una Iglesia particular no circunscriben la actividad y la vida del presb铆tero, pues, dada la misma naturaleza de la Iglesia particular y del ministerio sacerdotal, aquellas no pueden reducirse a estrechos l铆mites".

El concepto de incardinaci贸n, modificado por el Concilio Vaticano II y expresado en el C贸digo, permite superar el peligro de encerrar el ministerio de los presb铆teros dentro de l铆mites estrechos, no tanto geogr谩ficos como psicol贸gicos o incluso teol贸gicos. La pertenencia a una Iglesia particular y el servicio pastoral a la comuni贸n dentro de ella 鈥攅lementos de orden eclesiol贸gico鈥� encuadran tambi茅n existencialmente la vida y la actividad de los presb铆teros, y les dan una fisonom铆a constituida por orientaciones pastorales espec铆ficas, metas, dedicaci贸n personal a tareas determinadas, encuentros pastorales, e intereses compartidos. Para comprender y amar efectivamente a la Iglesia particular, as铆 como la pertenencia y la dedicaci贸n a ella, sirvi茅ndola y sacrific谩ndose por ella hasta la entrega de la propia vida, es necesario que el ministro sagrado sea cada vez m谩s consciente de que la Iglesia universal "es una realidad ontol贸gica y temporalmente previa a cada concreta Iglesia particular". De hecho, no es la suma de las Iglesias particulares lo que constituye la Iglesia universal. Las Iglesias particulares, en y desde la Iglesia universal, deben estar abiertas a una realidad de verdadera comuni贸n de personas, de carismas, de tradiciones espirituales, m谩s all谩 de cualquier frontera geogr谩fica, intelectual o psicol贸gica. 隆El presb铆tero ha de tener claro que una sola es la Iglesia! La universalidad, es decir, la catolicidad, debe llenar con su propia sustancia la particularidad. El profundo, verdadero y vital v铆nculo de comuni贸n con la Sede de Pedro constituye la garant铆a y la condici贸n necesaria de todo esto. La misma acogida motivada, difusi贸n y aplicaci贸n fiel de los documentos papales y de aquellos que emanan los Dicasterios de la Curia Romana es una expresi贸n de ello.

Hemos considerado el ser y la acci贸n de todo sacerdote en cuanto tal. Ahora nuestra reflexi贸n se dirige de modo espec铆fico al sacerdote constituido en el oficio de p谩rroco.

PARTE II

La Parroquia y el P谩rroco

3. La parroquia y el oficio de p谩rroco

18. Los rasgos eclesiol贸gicos m谩s significativos de la noci贸n teol贸gico-can贸nica de parroquia han sido concebidos por el Concilio Vaticano II a la luz de la Tradici贸n, de la doctrina cat贸lica y de la eclesiolog铆a de comuni贸n, y traducidos m谩s tarde en leyes por el C贸digo de Derecho Can贸nico. 脡stos han sido desarrollados desde diferentes puntos de vista en el magisterio pontificio postconciliar, ya sea de una manera expl铆cita o impl铆cita, siempre dentro de la reflexi贸n sobre el sacerdocio ordenado. Es 煤til resumir, por tanto, las principales caracter铆sticas de la doctrina teol贸gica y can贸nica sobre la materia, sobre todo para dar mejor respuesta a los desaf铆os pastorales que se presentan a comienzos del tercer milenio en el ministerio parroquial de los presb铆teros.

Cuanto se dice del p谩rroco, por analog铆a, y bajo el perfil de una funci贸n pastoral de gu铆a, afecta tambi茅n en gran medida a aquellos sacerdotes que prestan su ayuda en la parroquia, y a cuantos tienen espec铆ficos encargos pastorales, por ejemplo, en lugares donde se concentran grupos de fieles (hospitales, universidades, escuelas...), o en labores de asistencia a inmigrantes, extranjeros, etc.

La parroquia es una concreta communitas christifidelium, constituida establemente en el 谩mbito de una Iglesia particular, y cuya cura pastoral es confiada a un p谩rroco como pastor propio, bajo la autoridad del Obispo diocesano. Toda la vida de la parroquia, as铆 como el significado de sus tareas apost贸licas ante la sociedad, deben ser entendidos y vividos con un sentido de comuni贸n org谩nica entre el sacerdocio com煤n y el sacerdocio ministerial, y por tanto, de colaboraci贸n fraterna y din谩mica entre pastores y fieles en el m谩s absoluto respeto de los derechos, deberes y funciones ajenos, donde cada uno tiene sus propias competencias y su propia responsabilidad. El p谩rroco "en estrecha comuni贸n con el Obispo y con todos los fieles, evitar谩 introducir en su ministerio pastoral tanto formas de autoritarismo extempor谩neo como modalidades de gesti贸n democratizante ajenas a la realidad m谩s profunda del ministerio". A este respecto, mantiene pleno vigor la Instrucci贸n interdicasterial Ecclesiae de Mysterio, aprobada por el Sumo Pont铆fice, cuya aplicaci贸n 铆ntegra asegura la correcta praxis eclesial en este campo fundamental para la vida misma de la Iglesia.

El v铆nculo intr铆nseco con la comunidad diocesana y con su Obispo, en comuni贸n jer谩rquica con el Sucesor de Pedro, asegura a la comunidad parroquial la pertenencia a la Iglesia universal. Se trata, por tanto, de una pars dioecesis animada por un mismo esp铆ritu de comuni贸n, por una ordenada corresponsabilidad bautismal, por una misma vida lit煤rgica, centrada en la celebraci贸n de la Eucarist铆a, y por un mismo esp铆ritu de misi贸n, que caracteriza a toda la comunidad parroquial. Cada parroquia, en definitiva, "est谩 fundada sobre una realidad teol贸gica, porque ella es una comunidad eucar铆stica. Esto significa que es una comunidad id贸nea para celebrar la Eucarist铆a, en la que se encuentran la ra铆z viva de su edificaci贸n y el v铆nculo sacramental de su existir en plena comuni贸n con toda la Iglesia. Tal idoneidad radica en el hecho de ser la parroquia una comunidad de fe y una comunidad org谩nica, es decir, constituida por los ministros ordenados y por los dem谩s cristianos, en la que el p谩rroco 鈥攓ue representa al Obispo diocesano鈥� es el v铆nculo jer谩rquico con toda la Iglesia particular" .

En este sentido, la parroquia, que es como una c茅lula de la di贸cesis, debe ofrecer "un claro ejemplo de apostolado comunitario, al reducir a unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentran e insertarlas en la universalidad de la Iglesia". La communitas christifidelium, en la noci贸n de parroquia, constituye el elemento esencial de base, de car谩cter personal, y, con tal expresi贸n, se quiere subrayar la relaci贸n din谩mica entre personas que, de manera determinada, bajo la gu铆a indispensable de su propio pastor, la componen. Por regla general, se trata de todos los fieles de un territorio determinado; o bien, solamente de algunos fieles, en el caso de las parroquias personales, constituidas sobre la base del rito, la lengua, la nacionalidad u otras motivaciones concretas.

19. Otro elemento b谩sico de la noci贸n de parroquia es la cura pastoral o cura de almas, propia del oficio de p谩rroco, que se manifiesta, principalmente, en la predicaci贸n de la Palabra de Dios, en la administraci贸n de los sacramentos y en la gu铆a pastoral de la comunidad. En la parroquia, 谩mbito de la cura pastoral ordinaria, "el p谩rroco es el pastor propio de la parroquia que se le conf铆a, y ejerce la cura pastoral de la comunidad que le est谩 encomendada bajo la autoridad del Obispo diocesano en cuyo ministerio de Cristo ha sido llamado a participar, para que en esa misma comunidad cumpla las funciones de ense帽ar, santificar y regir, con la cooperaci贸n tambi茅n de otros presb铆teros o di谩conos, y con la ayuda de fieles laicos, conforme a la norma del derecho". Esta noci贸n de p谩rroco manifiesta una gran riqueza eclesiol贸gica, y no impide al Obispo establecer otras formas de la cura animarum, seg煤n las normas del derecho.

La necesidad de adaptar la asistencia pastoral en la parroquia a las circunstancias del tiempo actual, caracterizado en algunos lugares por la escasez de sacerdotes, y tambi茅n por la existencia de parroquias urbanas superpobladas y parroquias rurales dispersas, o bien por el reducido n煤mero de parroquianos, ha hecho aconsejable introducir en el derecho universal de la Iglesia algunas innovaciones, no ciertamente en cuestiones de principio, relativas al titular de la cura pastoral de la parroquia. Una de 茅stas consiste en la posibilidad de confiar in solidum a varios sacerdotes la cura pastoral de una o varias parroquias, con la condici贸n terminante de que uno solo de ellos sea el moderador, el que dirija la actividad com煤n y responda de ella personalmente ante el Obispo. Se conf铆a por tanto el 煤nico oficio pastoral, la 煤nica cura pastoral de la parroquia a un titular m煤ltiple, constituido por varios sacerdotes, que reciben una id茅ntica participaci贸n en el oficio confiado, bajo la direcci贸n personal de un hermano moderador. Confiar la cura pastoral in solidum resulta 煤til para resolver algunas situaciones en di贸cesis donde los sacerdotes, siendo pocos, tienen que organizar su tiempo en la asistencia de actividades ministeriales diversas, y constituye un medio oportuno para promover la corresponsabilidad pastoral de los presb铆teros y, de manera especial, para facilitar la costumbre de la vida en com煤n de los sacerdotes, que se ha de recomendar vivamente.

No se puede prudentemente ignorar, sin embargo, algunas dificultades que puede comportar la cura pastoral in solidum 鈥攕iempre y en cualquier caso compuesta s贸lo por sacerdotes鈥�, ya que es connatural a los fieles la identificaci贸n con el propio pastor, y puede ser desorientadora, y no bien comprendida, la presencia cambiante de varios presb铆teros, aunque est茅n coordinados entre s铆. Es evidente la riqueza de la paternidad espiritual del p谩rroco, como un "pater familias" sacramental de la parroquia, con los consiguientes v铆nculos que generan gran fecundidad pastoral.

En los casos en que lo exija la necesidad pastoral, el Obispo diocesano puede proceder oportunamente a la asignaci贸n temporal de m谩s parroquias a la cura pastoral de un solo p谩rroco.

Cuando las circunstancias lo sugieran, la asignaci贸n de una parroquia a un administrador puede constituir una soluci贸n provisional. Es oportuno recordar, sin embargo, que el oficio de p谩rroco, siendo esencialmente pastoral, exige plenitud y estabilidad. El p谩rroco deber铆a ser un icono de la presencia del Cristo hist贸rico. La exigencia de la configuraci贸n con Cristo subraya este deber prioritario.

20. Para desempe帽ar la misi贸n de pastor en una parroquia, que comporta la plena cura de almas, se requiere de modo absoluto el ejercicio del orden sacerdotal. Por tanto, adem谩s de la comuni贸n eclesial, el requisito expl铆citamente exigido por el derecho can贸nico para que cualquiera pueda ser nombrado v谩lidamente p谩rroco es que haya sido constituido en el sagrado Orden del presbiterado.

Por cuanto se refiere a la responsabilidad del p谩rroco en el anuncio de la palabra de Dios y en la predicaci贸n de la aut茅ntica doctrina cat贸lica, el can. 528 menciona expresamente la homil铆a y la instrucci贸n catequ茅tica; la promoci贸n de iniciativas que difundan el esp铆ritu evang茅lico en cada 谩mbito de la vida humana; la formaci贸n cat贸lica de los ni帽os y de los j贸venes, y el empe帽o en que, con la ordenada colaboraci贸n de los fieles laicos, el mensaje del Evangelio llegue a aquellos que hayan abandonado la pr谩ctica religiosa o no profesan la verdadera fe, y as铆 puedan, con la gracia de Dios, llegar a la conversi贸n. Como es l贸gico, el p谩rroco no est谩 obligado a realizar personalmente todas estas tareas, sino a procurar que se realicen de manera oportuna, conforme a la recta doctrina y a la disciplina eclesial, en el seno de la parroquia, seg煤n las circunstancias y siempre bajo su propia responsabilidad. Algunas de estas funciones, por ejemplo, la homil铆a durante la celebraci贸n eucar铆stica, deber谩n realizarse siempre y exclusivamente por un ministro ordenado. "Aunque otros fieles no ordenados lo superaran en elocuencia, esto no anular铆a su ser representaci贸n sacramental de Cristo, cabeza y pastor, y de esto deriva sobre todo la eficacia de su predicaci贸n". En cambio, otras funciones, como por ejemplo la catequesis, podr谩n ser desarrolladas habitualmente por fieles laicos que hayan recibido la debida preparaci贸n, seg煤n la recta doctrina, y lleven una vida cristiana coherente, manteniendo siempre la obligaci贸n del contacto personal entre p谩rroco y fieles. El beato Juan XXIII escrib铆a que "es de suma importancia que el clero en todo tiempo y lugar sea fiel a su deber de ense帽ar. "Aqu铆 鈥攄ec铆a a este prop贸sito San P铆o X鈥� es preciso tender s贸lo a esto e insistir s贸lo en esto, es decir, en que todo sacerdote no est谩 obligado por ning煤n otro oficio m谩s grave ni por ning煤n otro v铆nculo m谩s estrecho"".

Sobre el p谩rroco, como es obvio, por una raz贸n de efectiva caridad pastoral, graba el deber de ejercer una atenta y primorosa vigilancia sobre todos y cada uno de sus colaboradores. En aquellos pa铆ses en que existen fieles pertenecientes a diferentes grupos ling眉铆sticos, si no fuera erigida una parroquia personal, u otra soluci贸n adecuada, ser谩 el p谩rroco territorial, como pastor propio, el que se preocupe de atender las peculiares necesidades de sus fieles, tambi茅n en lo que afecta a sus espec铆ficas sensibilidades culturales.

21. En cuanto a los medios ordinarios de santificaci贸n, el can. 528 establece que el p谩rroco debe empe帽arse particularmente en que la Sant铆sima Eucarist铆a constituya el centro de la comunidad parroquial, y que todos los fieles puedan alcanzar la plenitud de la vida cristiana mediante una consciente y activa participaci贸n en la sagrada Liturgia, la celebraci贸n de los sacramentos, la vida de oraci贸n y las buenas obras.

Merece la pena considerar el hecho de que el C贸digo menciona la recepci贸n frecuente de la Eucarist铆a y la pr谩ctica tambi茅n frecuente del sacramento de la Penitencia. Esto sugiere la oportunidad de que el p谩rroco, al establecer en la parroquia los horarios de las Misas y de las confesiones, considere cu谩les son los momentos m谩s adecuados para la mayor parte de los fieles, permitiendo tambi茅n a los que tienen especiales dificultades de horario acercarse f谩cilmente a los sacramentos. Una atenci贸n particular deber谩n reservar los p谩rrocos a las confesiones individuales, en el esp铆ritu y en la forma establecida por la Iglesia. Recu茅rdese, adem谩s, que 茅sta precede necesariamente a la primera comuni贸n de los ni帽os. T茅ngase tambi茅n presente que, por motivos pastorales obvios, con el fin de facilitar a los fieles la recepci贸n del sacramento, se pueden escuchar confesiones individuales durante la celebraci贸n de la Santa Misa.

Adem谩s, debe hacerse todo lo posible por "respetar la sensibilidad del penitente en lo concerniente a la elecci贸n de la modalidad de la confesi贸n, es decir, cara a cara o a trav茅s de la rejilla del confesionario". El confesor tambi茅n puede tener razones pastorales para preferir el uso del confesionario con rejilla.

Se deber谩 favorecer al m谩ximo la pr谩ctica de la visita al Sant铆simo Sacramento, disponiendo y estableciendo, de manera fija, el mayor espacio de tiempo posible en que la iglesia permanezca abierta. No son pocos los p谩rrocos que, felizmente, promueven la adoraci贸n mediante la exposici贸n solemne del Sant铆simo Sacramento y la bendici贸n eucar铆stica, de tan abundantes frutos para la vitalidad de la parroquia.

La Sant铆sima Eucarist铆a es custodiada con amor en el tabern谩culo "como el coraz贸n espiritual de la comunidad religiosa y parroquial". " Sin el culto eucar铆stico, como su coraz贸n palpitante, la parroquia se vuelve est茅ril". "Si quer茅is que los fieles recen con gusto y con piedad 鈥攄ec铆a P铆o XII al clero de Roma鈥� precededlos en la iglesia con el ejemplo, haciendo oraci贸n delante de ellos. Un sacerdote de rodillas ante el tabern谩culo, en actitud digna, con profundo recogimiento, es un modelo de edificaci贸n, una advertencia y una invitaci贸n a la imitaci贸n orante para el pueblo".

22. Por su parte, el can. 529 contempla las exigencias principales que comporta el cumplimiento de la funci贸n pastoral parroquial, configurando as铆 en cierto sentido la actitud ministerial del p谩rroco. Como pastor propio, 茅ste se esfuerza en conocer a los fieles confiados a su cura, evitando caer en el peligro del funcionalismo: no es un funcionario que cumple un papel y ofrece servicios a los que lo solicitan. Como hombre de Dios, ejerce de modo pleno el propio ministerio, buscando a los fieles, visitando a las familias, participando en sus necesidades, en sus alegr铆as; corrige con prudencia, cuida de los ancianos, de los d茅biles, de los abandonados, de los enfermos, y se entrega a los moribundos; dedica particular atenci贸n a los pobres y a los afligidos; se esfuerza en la conversi贸n de los pecadores, de cuantos est谩n en el error, y ayuda a cada uno a cumplir con su propio deber, fomentando el crecimiento de la vida cristiana en las familias.

Educar en la pr谩ctica de la obras de misericordia espirituales y corporales constituye una prioridad pastoral, y es signo de vitalidad en una comunidad cristiana.

Tambi茅n resulta significativo el encargo, confiado al p谩rroco, de promocionar la funci贸n propia de los fieles laicos en la misi贸n de la Iglesia, es decir, la funci贸n de impulsar y perfeccionar el orden de las realidades temporales con el esp铆ritu evang茅lico, dando testimonio de Cristo, particularmente en el ejercicio de las tareas seculares.

Por otra parte, el p谩rroco debe colaborar con el Obispo y con los otros presb铆teros de la di贸cesis para que los fieles, participando en la comunidad parroquial, se sientan tambi茅n miembros de la di贸cesis y de la Iglesia universal. La creciente movilidad de la sociedad actual hace necesario que la parroquia no se cierre en s铆 misma y sepa acoger a los fieles de otras parroquias que la frecuentan, y tambi茅n evite mirar con desconfianza que algunos parroquianos participen en la vida de otras parroquias, iglesias rectorales, o capellan铆as.

En el p谩rroco recae especialmente el deber de promover con celo, sostener y seguir con particular cuidado las vocaciones sacerdotales. El ejemplo personal, al mostrar la propia identidad, tambi茅n visiblemente, al vivir consecuentemente con ella, junto con la atenci贸n de las confesiones individuales y de la direcci贸n espiritual de los j贸venes, as铆 como de la catequesis sobre el sacerdocio ordenado, har谩n que sea una realidad la irrenunciable pastoral vocacional. "Ha sido siempre un deber particular del ministerio sacerdotal arrojar la semilla de una vida totalmente consagrada a Dios y suscitar el amor por la virginidad".

Las funciones que en el C贸digo se conf铆an de modo espec铆fico al p谩rroco son: administrar el bautismo; administrar el sacramento de la confirmaci贸n a aquellos que est谩n en peligro de muerte, seg煤n la norma del can. 883,3; administrar el Vi谩tico y la Unci贸n de los enfermos, estando vigente lo dispuesto en el can. 1003, 搂搂 2 y 3, e impartir la bendici贸n apost贸lica; asistir a los matrimonios y bendecir las nupcias; celebrar los funerales; bendecir la fuente bautismal en el tiempo pascual; guiar las procesiones e impartir las bendiciones solemnes fuera de la iglesia; celebrar la Sant铆sima Eucarist铆a con mayor solemnidad en los domingos y en las fiestas de precepto.

M谩s que funciones exclusivas del p谩rroco, o incluso derechos exclusivos suyos, le son confiadas de modo especial en raz贸n de su particular responsabilidad; debe por tanto realizarlas personalmente, en cuanto sea posible, o al menos seguir su desarrollo.

23. Donde haya escasez de sacerdotes se puede plantear, como sucede en algunos lugares, que el Obispo, habiendo considerado el asunto con prudencia, conf铆e, seg煤n las modalidades can贸nicamente permitidas, una colaboraci贸n "ad tempus" en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia a una o varias personas no marcadas por el car谩cter sacerdotal. Sin embargo, en estos casos, deben observarse y protegerse atentamente las propiedades originarias de diversidad y complementariedad entre los dones y las funciones de los ministros ordenados y de los fieles laicos, que son propias de la Iglesia que Dios ha querido org谩nicamente estructurada. Existen situaciones objetivamente extraordinarias que justifican tal colaboraci贸n. 脡sta, sin embargo, no puede superar leg铆timamente los l铆mites de la especifidad ministerial y laical.

Deseando purificar una terminolog铆a que podr铆a llevar a confusi贸n, la Iglesia ha reservado las expresiones que indican "capitalidad" 鈥攃omo las de "pastor", "capell谩n", "director", "coordinador", o equivalentes鈥� exclusivamente a los sacerdotes.

El C贸digo, en efecto, en el t铆tulo dedicado a los derechos y a los deberes de los fieles laicos, distingue las tareas o las funciones que, como derecho y deber propio, pertenecen a cualquier laico, de otras que se sit煤an en la l铆nea de colaboraci贸n con el ministerio pastoral. 脡stas constituyen una capacitas o habilitas cuyo ejercicio depende de la llamada a asumirlas por parte de los leg铆timos pastores. No son, por tanto, derechos.

24. Todo esto ha sido expresado por Juan Pablo II en la Exhortaci贸n Apost贸lica post-sinodal Christifideles laici: "La misi贸n salv铆fica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no s贸lo por los ministros en virtud del sacramento del Orden, sino tambi茅n por todos los fieles laicos. En efecto, 茅stos, en virtud de su condici贸n bautismal y de su espec铆fica vocaci贸n, participan en el oficio sacerdotal, prof茅tico y real de Jesucristo, cada uno en su propia medida. Los pastores, por tanto, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fieles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmaci贸n, y para muchos de ellos en el Matrimonio. Despu茅s, cuando la necesidad o la utilidad de la Iglesia lo exija, los pastores 鈥攕eg煤n las normas establecidas por el derecho universal鈥� pueden confiar a los fieles laicos algunas tareas que, si bien est谩n conectadas a su propio ministerio de pastores, no exigen, sin embargo, el car谩cter del Orden" (n. 23). Este mismo documento recuerda adem谩s el principio b谩sico que regula esta colaboraci贸n, as铆 como sus l铆mites insuperables: "Sin embargo, el ejercicio de estas tareas no hace del fiel laico un pastor: en realidad, no es la tarea lo que constituye el ministerio, sino la ordenaci贸n sacramental. S贸lo el sacramento del Orden atribuye al ministerio ordenado una peculiar participaci贸n en el oficio de Cristo Cabeza y Pastor y en su sacerdocio eterno. La tarea realizada en calidad de suplente tiene su legitimaci贸n 飩� formal e inmediatamente飩� en el encargo oficial hecho por los pastores, y depende, en su concreto ejercicio, de la direcci贸n de la autoridad eclesi谩stica" (n. 23).

En los casos en que se conf铆en algunas tareas a fieles no ordenados, debe nombrarse necesariamente un sacerdote como moderador, con la potestad y los deberes propios del p谩rroco, que dirija personalmente la atenci贸n pastoral. Como es l贸gico, la participaci贸n en el oficio parroquial es diversa en el caso del presb铆tero designado para dirigir la actividad pastoral 鈥損rovisto de las facultades de p谩rroco鈥�, quien desempe帽a las funciones exclusivas del sacerdote; respecto del caso de otras personas que no han recibido el orden del presbiterado y participan subsidiariamente en el ejercicio de las dem谩s funciones. El religioso no sacerdote, la religiosa o el fiel laico, llamados a participar en el ejercicio de la atenci贸n pastoral, pueden desempe帽ar tareas de tipo administrativo, as铆 como de formaci贸n y animaci贸n espiritual, mientras que l贸gicamente no pueden desempe帽ar funciones de plena atenci贸n a las almas, en cuanto 茅sta requiere el car谩cter sacerdotal. En todo caso, pueden suplir la ausencia del ministro ordenado en aquellas funciones lit煤rgicas adecuadas a su condici贸n can贸nica, enumeradas por el can. 230 搂 3: "ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones lit煤rgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comuni贸n, seg煤n las prescripciones del derecho". Los di谩conos, aunque no pueden situarse en el mismo plano que los dem谩s fieles, no pueden tampoco ejercer una plena cura animarum.

Es conveniente que el Obispo diocesano verifique, con la m谩xima prudencia y previsi贸n pastoral, la existencia de un aut茅ntico estado de necesidad y, en consecuencia, establezca las condiciones de idoneidad de las personas llamadas a esta colaboraci贸n, definiendo las funciones que deben atribuirse a cada una de ellas, seg煤n las circunstancias de las respectivas comunidades parroquiales. En todo caso, en ausencia de una clara distribuci贸n de funciones, corresponde al presb铆tero moderador determinar lo que se debe hacer. La excepcionalidad y provisionalidad de estas f贸rmulas exige que, en el seno de estas comunidades parroquiales, se promueva al m谩ximo la conciencia de la absoluta necesidad de vocaciones sacerdotales; que se cultive con amoroso esmero los g茅rmenes de esta vocaci贸n, y que tambi茅n se promueva la oraci贸n 鈥揷omunitaria y personal鈥� por la santificaci贸n de los sacerdotes.

Para que en una comunidad puedan florecer m谩s f谩cilmente las vocaciones sacerdotales, es de gran ayuda que exista en ella un vivo y difundido sentimiento de aut茅ntico afecto, de profunda estima, de fuerte entusiasmo por la realidad de la Iglesia, Esposa de Cristo, colaboradora del Esp铆ritu Santo en la obra de la salvaci贸n.

Convendr铆a mantener siempre despiertos en el 谩nimo de los creyentes la alegr铆a y el santo orgullo de pertenecer a la Iglesia, como se hace patente, por ejemplo, en la primera carta de Pedro y en el Apocalipsis (cfr. 1 Pe 3,14; Ap 2,13.17; 7,9; 14,1ss.; 19,6; 22,14). Sin la alegr铆a y el orgullo de esta pertenencia ser铆a dif铆cil, en el plano psicol贸gico, salvaguardar y desarrollar la misma vida de fe. No ha de sorprender que en tales situaciones, al menos en el plano psicol贸gico, cueste que las vocaciones sacerdotales germinen y consigan madurar.

"Ser铆a un error fatal resignarse ante las dificultades actuales, y comportarse de hecho como si hubiera que prepararse para una Iglesia del futuro imaginada casi sin presb铆teros. De este modo, las medidas adoptadas para solucionar las carencias actuales resultar铆an de hecho seriamente perjudiciales para la comunidad eclesial, a pesar de su buena voluntad".

25. "Cuando se trata de participar en el ejercicio del cuidado pastoral de una parroquia 鈥攅n los casos en que, por escasez de presb铆teros, no pudiese contar con el cuidado inmediato de un p谩rroco鈥�, los di谩conos permanentes tienen siempre la precedencia sobre los fieles no ordenados". En efecto, en virtud del Orden sagrado "el di谩cono es maestro, en cuanto proclama e ilustra la Palabra de Dios; es santificador, en cuanto administra el sacramento del Bautismo, de la Eucarist铆a y los sacramentales, participa en la celebraci贸n de la Santa Misa en calidad de "ministro de la sangre", conserva y distribuye la Eucarist铆a; es gu铆a, en cuanto animador de la comunidad o de diversos sectores de la vida eclesial".

Se ha de otorgar una especial acogida a los di谩conos, candidatos al sacerdocio, que prestan servicio pastoral en la parroquia. El p谩rroco, de acuerdo con los superiores del seminario, ser谩 para ellos gu铆a y maestro, consciente de que de su testimonio de coherencia con la propia identidad, de su generosidad misionera en el servicio y de su amor a la parroquia, podr谩 depender la donaci贸n sincera y total a Cristo por parte del candidato al sacerdocio.

26. A imagen del consejo pastoral de la di贸cesis, la normativa can贸nica prev茅 la posibilidad de constituir 鈥搒i el Obispo diocesano lo considera oportuno, una vez escuchado el consejo presbiteral鈥� un consejo pastoral parroquial, cuya finalidad b谩sica es la de proveer, en un cauce institucional, la ordenada colaboraci贸n de los fieles en el desarrollo de la actividad pastoral propia de los presb铆teros. Se trata de un 贸rgano consultivo constituido para que los fieles, expresando su responsabilidad bautismal, puedan ayudar al p谩rroco que lo preside mediante su consejo en materia pastoral. "Los fieles laicos deben estar cada vez m谩s convencidos del particular significado que asume el compromiso apost贸lico en su parroquia"; es necesario animar a una "valorizaci贸n m谩s convencida, amplia y decidida de los Consejos pastorales parroquiales". La raz贸n es clara y convergente: "En las circunstancias actuales, los fieles laicos pueden y deben prestar una gran ayuda al crecimiento de una aut茅ntica comuni贸n eclesial en sus respectivas parroquias, y en el dar nueva vida al af谩n misionero dirigido hacia los no creyentes y hacia los mismos creyentes que han abandonado o limitado la pr谩ctica de la vida cristiana ".

"Todos los fieles tienen la facultad, es m谩s, incluso a veces el deber, de dar a conocer su parecer sobre los asuntos concernientes al bien de la Iglesia, cosa que puede realizarse gracias a instituciones establecidas para tal fin: [...] El consejo pastoral podr谩 prestar una ayuda muy 煤til ... haciendo propuestas y ofreciendo sugerencias respecto a las iniciativas misioneras, catequ茅ticas y apost贸licas, [...] respecto a la promoci贸n de la formaci贸n doctrinal y de la vida sacramental de los fieles; respecto a la ayuda que ha de ofrecerse a la acci贸n pastoral de los sacerdotes en los diversos 谩mbitos sociales o zonas territoriales; respecto al modo de sensibilizar cada vez mejor a la opini贸n p煤blica, etc.". El consejo pastoral pertenece al 谩mbito de las relaciones de mutuo servicio entre el p谩rroco y sus fieles y, por tanto, no tendr铆a sentido considerarlo como un 贸rgano que sustituye al p谩rroco en la direcci贸n de la parroquia o que, con un criterio de mayor铆a, condicione pr谩cticamente la direcci贸n del p谩rroco.

En este mismo sentido, los sistemas de deliberaci贸n respecto a las cuestiones econ贸micas de la parroquia, permaneciendo firme la norma de derecho para la recta y honesta administraci贸n, no pueden condicionar la funci贸n pastoral del p谩rroco, el cual es representante legal y administrador de los bienes de la parroquia.

4. Los desaf铆os positivos del presente en la pastoral parroquial

27. Si toda la Iglesia ha sido invitada en los inicios del nuevo milenio a alcanzar "un renovado impulso en la vida cristiana", fundado en la conciencia de la presencia de Cristo Resucitado entre nosotros, debemos saber extraer consecuencias para la pastoral en las parroquias.

No se trata de inventar nuevos programas pastorales, ya que el programa cristiano, centrado en Cristo mismo, consiste siempre en conocerle, amarle, imitarle, vivir en 茅l la vida trinitaria y transformar con 茅l la historia hasta su consumaci贸n: "un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero di谩logo y una comunicaci贸n eficaz".

Dentro del vasto y afanoso horizonte de la pastoral ordinaria, "es en las Iglesias locales donde se pueden establecer aquellas indicaciones program谩ticas concretas 鈥搊bjetivos y m茅todos de trabajo, de formaci贸n y valorizaci贸n de los agentes y la b煤squeda de los medios necesarios鈥� que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evang茅licos en la sociedad y en la cultura". 脡stos son los horizontes de la "apasionante tarea de renacimiento pastoral que nos espera".

La tarea pastoral m谩s relevante y fundamental, con diferencia, es conducir a los fieles hacia una s贸lida vida interior, sobre el fundamento de los principios de la doctrina cristiana, tal y como han sido vividos y ense帽ados por los santos. Precisamente este aspecto deber铆a ser privilegiado en los planes pastorales. Hoy m谩s que nunca es necesario redescubrir que la oraci贸n, la vida sacramental, la meditaci贸n, el silencio de adoraci贸n, el trato de coraz贸n a coraz贸n con nuestro Se帽or, el ejercicio diario de las virtudes que configuran con 脡l, es mucho m谩s productivo que cualquier debate, y en todo caso, es la condici贸n para su eficacia.

Son siete las prioridades pastorales que ha individuado la Novo Millenio ineunte: la santidad, la oraci贸n, la Sant铆sima Eucarist铆a dominical, el sacramento de la Reconciliaci贸n, el primado de la gracia, la escucha de la Palabra y el anuncio de la Palabra. Estas prioridades, surgidas especialmente de la experiencia del Gran Jubileo, no s贸lo ofrecen el contenido y la sustancia de las cuestiones sobre las que los p谩rrocos y los sacerdotes implicados en la cura animarum parroquial deben meditar con atenci贸n, sino que tambi茅n sintetizan el esp铆ritu con que se debe afrontar esta tarea de renovaci贸n pastoral.

La Novo Millenio ineunte evidencia "otro aspecto importante en que ser谩 necesario poner un decidido empe帽o program谩tico, tanto en el 谩mbito de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares: aquel de la comuni贸n (koinonia) que encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia" (n. 42) e invita a promover una espiritualidad de comuni贸n. "Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comuni贸n: 茅ste es el gran desaf铆o que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder tambi茅n a las profundas esperanzas del mundo" (n. 43). Adem谩s especifica: "Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comuni贸n, proponi茅ndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades" (n. 43).

Una verdadera pastoral de la santidad en nuestras comunidades parroquiales implica una aut茅ntica pedagog铆a de la oraci贸n; una renovada, persuasiva y eficaz catequesis sobre la importancia de la Sant铆sima Eucarist铆a dominical y tambi茅n diaria, de la adoraci贸n comunitaria y personal del Sant铆simo Sacramento; sobre la pr谩ctica frecuente e individual del sacramento de la Reconciliaci贸n; sobre la direcci贸n espiritual; sobre la devoci贸n mariana; sobre la imitaci贸n de los santos; un nuevo impulso apost贸lico vivido como compromiso cotidiano de las comunidades y de las personas concretas; una adecuada pastoral de la familia, un coherente compromiso social y pol铆tico.

Tal pastoral no es posible si no est谩 inspirada, sostenida y vivificada por sacerdotes dotados de este mismo esp铆ritu. "Del ejemplo y testimonio del sacerdote los fieles pueden obtener una gran ayuda (...) descubriendo la parroquia como 鈥榚scuela鈥� de oraci贸n, donde "el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petici贸n de ayuda, sino tambi茅n en acci贸n de gracias, alabanza, adoraci贸n, contemplaci贸n, escucha y viveza de afecto hasta el arrebato del coraz贸n"". "No se ha de olvidar que, sin Cristo, "no podemos hacer nada" (cfr. Jn 15,5). La oraci贸n nos hace vivir precisamente en esta verdad. Nos recuerda constantemente la primac铆a de Cristo y, en relaci贸n con 茅l, la primac铆a de la vida interior y de la santidad. Cuando no se respeta este principio (...) hagamos, pues, la experiencia de los disc铆pulos en el episodio evang茅lico de la pesca milagrosa: "Maestro hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada" (Lc 5, 5). Este es el momento de la fe, de la oraci贸n, del di谩logo con Dios para abrir el coraz贸n a la acci贸n de la gracia y permitir a la palabra de Cristo que pase por nosotros con toda su fuerza: 隆Duc in altum!".

Sin sacerdotes verdaderamente santos ser铆a muy dif铆cil tener un buen laicado, y todo estar铆a como falto de vida; del mismo modo que, sin familias cristianas 鈥搃glesias dom茅sticas鈥�, es muy dif铆cil que llegue la primavera de las vocaciones. Por tanto, es un error enfatizar el papel del laicado descuidando el del sacerdocio ordenado porque, actuando as铆, se termina penalizando el mismo laicado y haciendo est茅ril la entera misi贸n de la Iglesia.

28. La perspectiva desde la que debe plantearse el camino y el fundamento de toda programaci贸n pastoral, consiste en ayudar a redescubrir en nuestras comunidades la universalidad de la llamada cristiana a la santidad. 隆Es necesario recordar que el alma de todo apostolado radica en la intimidad divina, en no anteponer nada al amor de Cristo, en buscar en todo la mayor gloria de Dios, en vivir la din谩mica cristoc茅ntrica del mariano "totus tuus"! La pedagog铆a de la santidad sit煤a "la programaci贸n pastoral bajo el signo de la santidad" y constituye el principal desaf铆o pastoral en el contexto actual. En la Iglesia santa todos los fieles est谩n llamados a la santidad.

En consecuencia, una tarea central de la pedagog铆a de la santidad consiste en saber ense帽ar a todos 鈥搚 en recordarlo sin cansancio鈥� que la santidad constituye el objetivo de la existencia de todo cristiano. "En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarqu铆a que los apacentados por ella, est谩n llamados a la santidad, seg煤n aquello del Ap贸stol: "Porque 茅sta es la voluntad de Dios, vuestra santificaci贸n" (1 Ts 4, 3; cfr. Ef 1, 4)". 脡ste es el primer elemento que se ha de desarrollar pedag贸gicamente en la catequesis eclesial, hasta que la conciencia de la santificaci贸n en la propia existencia llegue a ser una convicci贸n com煤n.

El anuncio de la universalidad de la llamada a la santidad exige la comprensi贸n de la existencia cristiana como sequela Christi, como conformaci贸n con Cristo; no se trata de encarnar de modo extr铆nseco comportamientos 茅ticos, sino de dejarse envolver personalmente en el acontecimiento de la gracia de Cristo. Este conformarse con Cristo es la sustancia de la santificaci贸n, y constituye la finalidad espec铆fica de la existencia cristiana. Para alcanzarla, todo cristiano necesita la ayuda de la Iglesia, mater et magistra. La pedagog铆a de la santidad es un desaf铆o, tan exigente como atrayente, para todos aquellos que detentan en la Iglesia una responsabilidad de gu铆a y de formaci贸n.

29. El empe帽o ardientemente misionero a favor de la evangelizaci贸n tiene una especial prioridad para la Iglesia, y por consiguiente para la pastoral parroquial. "Ha pasado ya, incluso en los pa铆ses de antigua evangelizaci贸n, la situaci贸n de una "sociedad cristiana", la cual, aun con las m煤ltiples debilidades humanas, se basaba expl铆citamente en los valores evang茅licos. Hoy se ha de afrontar con valent铆a una situaci贸n que cada vez es m谩s variada y comprometida, en el contexto de la globalizaci贸n y de la nueva y cambiante situaci贸n de los pueblos y culturas que la caracteriza".

En la sociedad de hoy, marcada por el pluralismo cultural, religioso y 茅tnico, y parcialmente caracterizada por el relativismo, el indiferentismo, el irenismo y el sincretismo, parece que algunos cristianos casi se han habituado a una suerte de "cristianismo" carente de referencias reales a Cristo y a su Iglesia; se tiende as铆 a reducir el proyecto pastoral a tem谩ticas sociales abordadas desde una perspectiva exclusivamente antropol贸gica, dentro de un reclamo gen茅rico al pacifismo, al universalismo y a una referencia no bien precisada a los "valores".

La evangelizaci贸n del mundo contempor谩neo se verificar谩 s贸lo a partir del redescubrimiento de la identidad personal, social y cultural de los cristianos. 隆Esto significa sobre todo el redescubrimiento de Jesucristo, Verbo encarnado, 煤nico Salvador de los hombres! De este convencimiento se desprende la exigencia de la misi贸n, que urge de modo muy particular el coraz贸n de todo sacerdote y, a trav茅s de 茅l, debe caracterizar a toda parroquia y comunidad dirigida pastoralmente por 茅l. "Pues, como ya ense帽贸 mucho antes que nosotros Gregorio Nacianceno (...) no es conveniente una misma exhortaci贸n para todos, puesto que no todos est谩n sujetos al mismo modo de vida (...). Por tanto, cualquier maestro, a fin de edificar a todos en una misma virtud de caridad, debe tocar los corazones de sus oyentes con la misma doctrina, pero no con la misma y 煤nica exhortaci贸n".

Ser谩 preocupaci贸n del p谩rroco conseguir que las distintas asociaciones, movimientos y agrupaciones presentes en la parroquia ofrezcan su espec铆fica contribuci贸n a la vida misionera de 茅sta. "Tiene gran importancia para la comuni贸n el deber de promover diversas realidades de asociaci贸n, que tanto en sus modalidades m谩s tradicionales como en las m谩s nuevas de los movimientos eclesiales, siguen dando a la Iglesia una viveza que es don de Dios constituyendo una aut茅ntica primavera del Esp铆ritu. Conviene ciertamente que, tanto en la Iglesia universal como en las Iglesias particulares, las asociaciones y movimientos act煤en en plena sinton铆a eclesial y en obediencia a las directrices de los pastores". Debe evitarse en el tejido parroquial cualquier g茅nero de exclusivismo o de aislamiento por parte de grupos individuales, porque la dimensi贸n misionera descansa sobre la certeza, que debe ser compartida por todos, de que "Jesucristo tiene, para el g茅nero humano y su historia, un significado y un valor singular y 煤nico, s贸lo de 茅l propio, exclusivo, universal y absoluto. Jes煤s es, en efecto, el Verbo de Dios hecho hombre para la salvaci贸n de todos".

La Iglesia conf铆a en la fidelidad diaria de los presb铆teros al ministerio pastoral, empe帽ados en la propia e insustituible misi贸n de velar por la parroquia encargada a su gu铆a.

A los p谩rrocos y a los dem谩s sacerdotes que sirven en las diversas comunidades, no les faltan ciertamente dificultades pastorales, fatiga interior y f铆sica por la sobrecarga de trabajo, no siempre compensada con saludables per铆odos de retiro espiritual y de justo descanso. 隆Cu谩ntas amarguras al constatar m谩s tarde que, con frecuencia, el viento de la secularizaci贸n aridece el terreno en que se hab铆a sembrado con grandes y prolongados esfuerzos!

Una cultura ampliamente secularizada, que tiende a homologar al sacerdote con las propias categor铆as de pensamiento, despoj谩ndolo de su fundamental dimensi贸n mist茅rico-sacramental, es fuertemente responsable de este fen贸meno. De aqu铆 nacen los des谩nimos que pueden llevar al aislamiento, a una especie de depresivo fatalismo, o a un activismo dispersivo. Esto no quita que la gran mayor铆a de los sacerdotes en toda la Iglesia, correspondiendo a la solicitud de sus obispos, afronta positivamente los dif铆ciles desaf铆os de la actual coyuntura hist贸rica, y consigue vivir en plenitud y con alegr铆a la propia identidad y el generoso empe帽o pastoral.

Sin embargo, no faltan, tambi茅n desde dentro, peligros como la burocratizaci贸n, el funcionalismo, el democraticismo, o la planificaci贸n que atiende m谩s a la gesti贸n que a la pastoral. Por desgracia, en algunas circunstancias el presb铆tero puede encontrarse oprimido por un c煤mulo de estructuras no siempre necesarias, que terminan por sobrecargarlo, y que tienen consecuencias negativas tanto sobre su estado psicof铆sico como espiritual y, en consecuencia, repercuten negativamente sobre el mismo ministerio.

El Obispo, que es ante todo padre de sus primeros y m谩s preciados colaboradores, ha de mostrarse especialmente vigilante en estas situaciones. De modo singular, en estos momentos es actual y urgente la uni贸n de todas las fuerzas eclesiales para oponerse positivamente a las insidias de que son objeto el sacerdote y su ministerio.

30. Teniendo en cuenta las actuales circunstancias de la vida de la Iglesia, de las exigencias de la nueva evangelizaci贸n, y considerando la respuesta que los sacerdotes est谩n llamados a dar, la Congregaci贸n para el Clero ha querido ofrecer el presente documento como muestra de ayuda, aliento y est铆mulo al ministerio pastoral de los presb铆teros en la atenci贸n parroquial. En efecto, el contacto m谩s inmediato de la Iglesia con la gente tiene lugar normalmente en el 谩mbito de las parroquias. Por tanto, nuestras consideraciones se limitan a la persona del sacerdote en cuanto p谩rroco. En 茅l Cristo se hace presente como Cabeza de su Cuerpo M铆stico, el Buen Pastor que cuida de cada oveja. Hemos pretendido ilustrar la naturaleza mist茅rico-sacramental de este ministerio.

Este documento, a la luz de la ense帽anza del Concilio Ecum茅nico Vaticano II y de la Exhortaci贸n apost贸lica Pastores dabo vobis, se sit煤a en continuidad con el Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros, con la Instrucci贸n interdicasterial Ecclesiae de Mysterio y con la Carta circular El presb铆tero, Maestro de la palabra, Ministro de los sacramentos y Gu铆a de la comunidad ante el Tercer Milenio cristiano.

S贸lo es posible vivir el propio ministerio cotidiano mediante la santificaci贸n personal, que debe apoyarse siempre en la fuerza sobrenatural de los sacramentos, de la Sant铆sima Eucarist铆a y de la Penitencia.

"La Eucarist铆a es la fuente desde la que todo mana y la meta a la que todo conduce (...) Muchos sacerdotes, a trav茅s de los siglos, han encontrado en ella el consuelo prometido por Jes煤s la noche de la 脷ltima Cena, el secreto para vencer su soledad, el apoyo para soportar sus sufrimientos, el alimento para retomar el camino despu茅s de cada desaliento, la energ铆a interior para confirmar la propia elecci贸n de fidelidad".

Para profundizar en la vida sacramental y en la formaci贸n permanente, es de gran est铆mulo una vida fraterna entre sacerdotes que no sea simple convivencia bajo el mismo techo, sino comuni贸n en la oraci贸n, en los proyectos compartidos y en la cooperaci贸n pastoral, junto con el valor de la amistad rec铆proca y con el Obispo. Todo esto constituye una notable ayuda para superar las dificultades y pruebas en el ejercicio del ministerio sagrado. Todo presb铆tero necesita no s贸lo el auxilio ministerial de sus propios hermanos: tambi茅n necesita de ellos en cuanto hermanos.

Entre otras cosas, podr铆a habilitarse en la Di贸cesis una Casa para todos los sacerdotes que, peri贸dicamente, tienen necesidad de retirarse a un lugar adecuado para el recogimiento y la oraci贸n, para reencontrar all铆 los medios indispensables para su santificaci贸n.

En el esp铆ritu del Cen谩culo 鈥揹onde los ap贸stoles estaban reunidos y perseveraban un谩nimes en la oraci贸n con Mar铆a, Madre de Jes煤s (Hch 1,14)鈥�, a Ella confiamos estas p谩ginas, redactadas con afecto y reconocimiento hacia todos los sacerdotes con cura de almas, esparcidos por todo el mundo. Que cada uno, en el ejercicio del cotidiano "munus" pastoral, pueda gozar del auxilio de la Reina de los Ap贸stoles, y sepa vivir en profunda comuni贸n con Ella. En efecto, "en nuestro sacerdocio ministerial se da la dimensi贸n espl茅ndida y penetrante de la cercan铆a a la Madre de Cristo". 隆Consuela saber que "鈥� junto a nosotros est谩 la Madre del Redentor, que nos introduce en el misterio de la ofrenda redentora de su divino Hijo. "Ad Iesum per Mariam": que 茅ste sea nuestro programa diario de vida espiritual y pastoral"!

Oraci贸n del P谩rroco a Mar铆a Sant铆sima

Oh Mar铆a, Madre de Jesucristo, Crucificado y Resucitado,
Madre de la Iglesia, pueblo sacerdotal (1 Pe 2,9),
Madre de los sacerdotes, ministros de tu Hijo:
acoge el humilde ofrecimiento de m铆 mismo,
para que en mi misi贸n pastoral
pueda anunciar la infinita misericordia
del Sumo y Eterno Sacerdote:
oh "Madre de misericordia".
T煤 que has compartido con tu Hijo,
su "obediencia sacerdotal" (Heb 10,5-7; Lc 1,38),
y has preparado para 茅l un cuerpo (Heb 10,7)
en la unci贸n del Esp铆ritu Santo,
introduce mi vida sacerdotal en el misterio inefable
de tu divina maternidad,
oh "Santa Madre de Dios".
Dame fuerza en las horas oscuras de la vida,
conf贸rtame en la fatiga de mi ministerio
que tu Jes煤s me ha confiado,
para que, en comuni贸n Contigo, pueda llevarlo a cabo
con fidelidad y amor,
oh Madre del Eterno Sacerdote,
"Reina de los Ap贸stoles, Auxilio de los presb铆teros".
T煤 que has acompa帽ado silenciosamente a Jes煤s
en su misi贸n de anunciar
el Evangelio de paz a los pobres,
hazme fiel a la grey
que el Buen Pastor me ha confiado.
Haz que yo pueda guiarla siempre
con sentimientos de paciencia, de dulzura
de firmeza y amor,
en la predilecci贸n por los enfermos,
por los peque帽os, por los pobres, por los pecadores,
oh "Madre Auxiliadora del Pueblo cristiano".
A Ti me consagro y conf铆o, oh Mar铆a,
que, junto a la Cruz de tu Hijo,
has sido hecha part铆cipe de su obra redentora,
"unida con lazo indisoluble a la obra de la salvaci贸n".
Haz que, en el ejercicio de mi ministerio,
pueda sentir siempre m谩s
"la dimensi贸n espl茅ndida y penetrante de tu cercan铆a"
en todo momento de mi vida,
en la oraci贸n y en la acci贸n,
en la alegr铆a y en el dolor, en el cansancio y en el descanso,
oh "Madre de la Confianza".
Conc茅deme oh Madre, que en la celebraci贸n de la Eucarist铆a,
centro y fuente del ministerio sacerdotal,
pueda vivir mi cercan铆a a Jes煤s
en tu cercan铆a materna,
porque "cuando celebramos la Santa Misa t煤 est谩s junto a nosotros"
y nos introduces en el misterio de la ofrenda redentora de tu divino Hijo,
oh "Mediadora de las gracias que brotan de esta ofrenda para la Iglesia y para todos los fieles"
oh "Madre del Salvador".
Oh Mar铆a: deseo poner mi persona,
mi voluntad de ser santo,
bajo tu protecci贸n e inspiraci贸n materna
para que T煤 me gu铆es
hacia aquella "conformaci贸n con Cristo, Cabeza y Pastor"
que requiere el ministerio de p谩rroco.
Haz que yo tome conciencia
de que "T煤 est谩s siempre junto a todo sacerdote",
en su misi贸n de ministro
del 脷nico Mediador Jesucristo:
Oh "Madre de los Sacerdotes",
"Socorro y Mediadora"
de todas las gracias.
Am茅n

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