S.S. Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae

Carta Apost贸lica Rosarium Virginis Mariae sobre el Santo Rosario

A Episcopado, al Clero a los Fieles

INTRODUCCI脫N

1. El Rosario de la Virgen Mar铆a, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Esp铆ritu de Dios, es una oraci贸n apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo tambi茅n en este tercer Milenio apenas iniciado una oraci贸n de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, despu茅s de dos mil a帽os, no ha perdido nada de la novedad de los or铆genes, y se siente empujado por el Esp铆ritu de Dios a 芦remar mar adentro禄 (duc in altum!), para anunciar, m谩s a煤n, 'proclamar' a Cristo al mundo como Se帽or y Salvador, 芦el Camino, la Verdad y la Vida禄 (Jn14, 6), el 芦fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilizaci贸n禄. 1

El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su car谩cter mariano, es una oraci贸n centrada en la cristolog铆a. En la sobriedad de sus partes, concentra en s铆 la profundidad de todo el mensaje evang茅lico, del cual es como un compendio 2 . En 茅l resuena la oraci贸n de Mar铆a, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnaci贸n redentora en su seno virginal. Con 茅l, el pueblo cristiano aprende de Mar铆a a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibi茅ndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor.

Los Romanos Pont铆fices y el Rosario

2. A esta oraci贸n le han atribuido gran importancia muchos de mis Predecesores. Un m茅rito particular a este respecto corresponde a Le贸n XIII que, el 1 de septiembre de 1883, promulg贸 la Enc铆clica Supremi apostolatus officio 3 , importante declaraci贸n con la cual inaugur贸 otras muchas intervenciones sobre esta oraci贸n, indic谩ndola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad. Entre los Papas m谩s recientes que, en la 茅poca conciliar, se han distinguido por la promoci贸n del Rosario, deseo recordar al Beato Juan XXIII 4 y, sobre todo, a PabloVI, que en la Exhortaci贸n apost贸lica Marialis cultus, en consonancia con la inspiraci贸n del Concilio Vaticano II, subray贸 el car谩cter evang茅lico del Rosario y su orientaci贸n cristol贸gica.

Yo mismo, despu茅s, no he dejado pasar ocasi贸n de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oraci贸n ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis a帽os j贸venes. Me lo ha recordado mucho mi reciente viaje a Polonia, especialmente la visita al Santuario de Kalwaria. El Rosario me ha acompa帽ado en los momentos de alegr铆a y en los de tribulaci贸n. A 茅l he confiado tantas preocupaciones y en 茅l siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro a帽os, el 29 de octubre de 1978, dos semanas despu茅s de la elecci贸n a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expres茅 as铆: 芦El Rosario es mi oraci贸n predilecta. 隆Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. [...] Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oraci贸n sobre el cap铆tulo final de la Constituci贸n Lumen gentium del Vaticano II, cap铆tulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemar铆as pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario en su conjunto consta de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comuni贸n vital con Jes煤s a trav茅s 鈥損odr铆amos decir鈥 del Coraz贸n de su Madre. Al mismo tiempo nuestro coraz贸n puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la naci贸n, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del pr贸jimo, sobre todo de las personas m谩s cercanas o que llevamos m谩s en el coraz贸n. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana禄 5

Con estas palabras, mis queridos Hermanos y Hermanas, introduc铆a mi primer a帽o de Pontificado en el ritmo cotidiano del Rosario. Hoy, al inicio del vig茅simo quinto a帽o de servicio como Sucesor de Pedro, quiero hacer lo mismo. Cu谩ntas gracias he recibido de la Sant铆sima Virgen a trav茅s del Rosario en estos a帽os: Magnificat anima mea Dominum! Deseo elevar mi agradecimiento al Se帽or con las palabras de su Madre Sant铆sima, bajo cuya protecci贸n he puesto mi ministerio petrino: Totus tuus!

Octubre 2002 - Octubre 2003: A帽o del Rosario

3. Por eso, de acuerdo con las consideraciones hechas en la Carta apost贸lica Novo millennio ineunte, en la que, despu茅s de la experiencia jubilar, he invitado al Pueblo de Dios 芦a caminar desde Cristo禄 6 , he sentido la necesidad de desarrollar una reflexi贸n sobre el Rosario, en cierto modo como coronaci贸n mariana de dicha Carta apost贸lica, para exhortar a la contemplaci贸n del rostro de Cristo en compa帽铆a y a ejemplo de su Sant铆sima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con Mar铆a el rostro de Cristo. Para dar mayor realce a esta invitaci贸n, con ocasi贸n del pr贸ximo ciento veinte aniversario de la mencionada Enc铆clica de Le贸n XIII, deseo que a lo largo del a帽o se proponga y valore de manera particular esta oraci贸n en las diversas comunidades cristianas. Proclamo, por tanto, el a帽o que va de este octubre a octubre de 2003 A帽o del Rosario.

Dejo esta indicaci贸n pastoral a la iniciativa de cada comunidad eclesial. Con ella no quiero obstaculizar, sino m谩s bien integrar y consolidar los planes pastorales de las Iglesias particulares. Conf铆o que sea acogida con prontitud y generosidad. El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al coraz贸n mismo del vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda espiritual y pedag贸gica, para la contemplaci贸n personal, la formaci贸n del Pueblo de Dios y la nueva evangelizaci贸n. Me es grato reiterarlo recordando con gozo tambi茅n otro aniversario: los 40 a帽os del comienzo del Concilio Ecum茅nico Vaticano II (11 de octubre de 1962), el 芦gran don de gracia禄 dispensada por el esp铆ritu de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo. 7

Objeciones al Rosario

4. La oportunidad de esta iniciativa se basa en diversas consideraciones. La primera se refiere a la urgencia de afrontar una cierta crisis de esta oraci贸n que, en el actual contexto hist贸rico y teol贸gico, corre el riesgo de ser infravalorada injustamente y, por tanto, poco propuesta a las nuevas generaciones. Hay quien piensa que la centralidad de la Liturgia, acertadamente subrayada por el Concilio Ecum茅nico Vaticano II, tenga necesariamente como consecuencia una disminuci贸n de la importancia del Rosario. En realidad, como puntualiz贸 Pablo VI, esta oraci贸n no s贸lo no se opone a la Liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participaci贸n interior, recogiendo as铆 sus frutos en la vida cotidiana.

Quiz谩s hay tambi茅n quien teme que pueda resultar poco ecum茅nica por su car谩cter marcadamente mariano. En realidad, se coloca en el m谩s l铆mpido horizonte del culto a la Madre de Dios, tal como el Concilio ha establecido: un culto orientado al centro cristol贸gico de la fe cristiana, de modo que 芦mientras es honrada la Madre, el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado禄 8 . Comprendido adecuadamente, el Rosario es una ayuda, no un obst谩culo para el ecumenismo.

V铆a de contemplaci贸n

5. Pero el motivo m谩s importante para volver a proponer con determinaci贸n la pr谩ctica del Rosario es por ser un medio sumamente v谩lido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplaci贸n del misterio cristiano, que he propuesto en la Carta Apost贸lica Novo millennio ineunte como verdadera y propia 'pedagog铆a de la santidad': 芦es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oraci贸n禄 9 . Mientras en la cultura contempor谩nea, incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad, impulsada tambi茅n por influjo de otras religiones, es m谩s urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en 芦aut茅nticas escuelas de oraci贸n禄 10 .

El Rosario forma parte de la mejor y m谩s reconocida tradici贸n de la contemplaci贸n cristiana. Iniciado en Occidente, es una oraci贸n t铆picamente meditativa y se corresponde de alg煤n modo con la 芦oraci贸n del coraz贸n禄, u 芦oraci贸n de Jes煤s禄, surgida sobre el humus del Oriente cristiano.

Oraci贸n por la paz y por la familia

6. Algunas circunstancias hist贸ricas ayudan a dar un nuevo impulso a la propagaci贸n del Rosario. Ante todo, la urgencia de implorar de Dios el don de la paz. El Rosario ha sido propuesto muchas veces por mis Predecesores y por m铆 mismo como oraci贸n por la paz. Al inicio de un milenio que se ha abierto con las horrorosas escenas del atentado del 11 de septiembre de 2001 y que ve cada d铆a en muchas partes del mundo nuevos episodios de sangre y violencia, promover el Rosario significa sumirse en la contemplaci贸n del misterio de Aqu茅l que 芦es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad禄 (Ef 2, 14). No se puede, pues, recitar el Rosario sin sentirse implicados en un compromiso concreto de servir a la paz, con una particular atenci贸n a la tierra de Jes煤s, a煤n ahora tan atormentada y tan querida por el coraz贸n cristiano.

Otro 谩mbito crucial de nuestro tiempo, que requiere una urgente atenci贸n y oraci贸n, es el de la familia, c茅lula de la sociedad, amenazada cada vez m谩s por fuerzas disgregadoras, tanto de 铆ndole ideol贸gica como pr谩ctica, que hacen temer por el futuro de esta fundamental e irrenunciable instituci贸n y, con ella, por el destino de toda la sociedad. En el marco de una pastoral familiar m谩s amplia, fomentar el Rosario en las familias cristianas es una ayuda eficaz para contrastar los efectos desoladores de esta crisis actual.

芦隆Ah铆 tienes a tu madre!禄 (Jn 19, 27)

7. Numerosos signos muestran c贸mo la Sant铆sima Virgen ejerce tambi茅n hoy, precisamente a trav茅s de esta oraci贸n, aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia que el Redentor, poco antes de morir, le confi贸 en la persona del disc铆pulo predilecto: 芦隆Mujer, ah铆 tienes a tu hijo!禄 (Jn 19, 26). Son conocidas las distintas circunstancias en las que la Madre de Cristo, entre el siglo XIX y XX, ha hecho de alg煤n modo notar su presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta forma de oraci贸n contemplativa. Deseo en particular recordar, por la incisiva influencia que conservan en el vida de los cristianos y por el acreditado reconocimiento recibido de la Iglesia, las apariciones de Lourdes y F谩tima, 11 cuyos Santuarios son meta de numerosos peregrinos, en busca de consuelo y de esperanza.

Tras las huellas de los testigos

8. Ser铆a imposible citar la multitud innumerable de Santos que han encontrado en el Rosario un aut茅ntico camino de santificaci贸n. Bastar谩 con recordar a san Luis Mar铆a Grignion de Montfort, autor de un preciosa obra sobre el Rosario 12 y, m谩s cercano a nosotros, al Padre P铆o de Pietrelcina, que recientemente he tenido la alegr铆a de canonizar. Un especial carisma como verdadero ap贸stol del Rosario tuvo tambi茅n el Beato Bartolom茅 Longo. Su camino de santidad se apoya sobre una inspiraci贸n sentida en lo m谩s hondo de su coraz贸n: 芦隆Quien propaga el Rosario se salva!禄. 13 Bas谩ndose en ello, se sinti贸 llamado a construir en Pompeya un templo dedicado a la Virgen del Santo Rosario colindante con los restos de la antigua ciudad, apenas influenciada por el anuncio cristiano antes de quedar cubierta por la erupci贸n del Vesuvio en el a帽o 79 y rescatada de sus cenizas siglos despu茅s, como testimonio de las luces y las sombras de la civilizaci贸n cl谩sica.

Con toda su obra y, en particular, a trav茅s de los 芦Quince S谩bados禄, Bartolom茅 Longo desarroll贸 el meollo cristol贸gico y contemplativo del Rosario, que ha contado con un particular aliento y apoyo en Le贸n XIII, el 芦Papa del Rosario禄.

CAP脥TULO I
CONTEMPLAR A CRISTO CON MAR脥A

Un rostro brillante como el sol

9. 芦Y se transfigur贸 delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol禄 (Mt 17, 2). La escena evang茅lica de la transfiguraci贸n de Cristo, en la que los tres ap贸stoles Pedro, Santiago y Juan aparecen como extasiados por la belleza del Redentor, puede ser considerada como icono de la contemplaci贸n cristiana. Fijar los ojos en el rostro de Cristo, descubrir su misterio en el camino ordinario y doloroso de su humanidad, hasta percibir su fulgor divino manifestado definitivamente en el Resucitado glorificado a la derecha del Padre, es la tarea de todos los disc铆pulos de Cristo; por lo tanto, es tambi茅n la nuestra. Contemplando este rostro nos disponemos a acoger el misterio de la vida trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegr铆a del Esp铆ritu Santo. Se realiza as铆 tambi茅n en nosotros la palabra de san Pablo: 芦Reflejamos como en un espejo la gloria del Se帽or, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez m谩s: as铆 es como act煤a el Se帽or, que es Esp铆ritu禄 (2 Co 3, 18).

Mar铆a modelo de contemplaci贸n

10. La contemplaci贸n de Cristo tiene en Mar铆a su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando tambi茅n de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente m谩s grande a煤n. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de Mar铆a a la contemplaci贸n del rostro de Cristo. Los ojos de su coraz贸n se concentran de alg煤n modo en 脡l ya en la Anunciaci贸n, cuando lo concibe por obra del Esp铆ritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Bel茅n, sus ojos se vuelven tambi茅n tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo 芦envolvi贸 en pa帽ales y le acost贸 en un pesebre禄 (Lc 2, 7).

Desde entonces su mirada, siempre llena de adoraci贸n y asombro, no se apartar谩 jam谩s de 脡l. Ser谩 a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extrav铆o en el templo: 芦Hijo, 驴por qu茅 nos has hecho esto?禄 (Lc 2, 48); ser谩 en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo 铆ntimo de Jes煤s, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Can谩 (cf. Jn 2, 5); otras veces ser谩 una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todav铆a ser谩, en cierto sentido, la mirada de la 'parturienta', ya que Mar铆a no se limitar谩 a compartir la pasi贸n y la muerte del Unig茅nito, sino que acoger谩 al nuevo hijo en el disc铆pulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19, 26-27); en la ma帽ana de Pascua ser谩 una mirada radiante por la alegr铆a de la resurrecci贸n y, por fin, una mirada ardorosa por la efusi贸n del Esp铆ritu en el d铆a de Pentecost茅s (cf. Hch 1, 14).

Los recuerdos de Mar铆a

11. Mar铆a vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras: 芦Guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su coraz贸n禄 (Lc 2, 19; cf. 2, 51). Los recuerdos de Jes煤s, impresos en su alma, la han acompa帽ado en todo momento, llev谩ndola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto al Hijo. Han sido aquellos recuerdos los que han constituido, en cierto sentido, el 'rosario' que Ella ha recitado constantemente en los d铆as de su vida terrenal.

Y tambi茅n ahora, entre los cantos de alegr铆a de la Jerusal茅n celestial, permanecen intactos los motivos de su acci贸n de gracias y su alabanza. Ellos inspiran su materna solicitud hacia la Iglesia peregrina, en la que sigue desarrollando la trama de su 'papel' de evangelizadora. Mar铆a propone continuamente a los creyentes los 'misterios' de su Hijo, con el deseo de que sean contemplados, para que puedan derramar toda su fuerza salvadora. Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana est谩 en sinton铆a con el recuerdo y con la mirada de Mar铆a.

El Rosario, oraci贸n contemplativa

12. El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de Mar铆a, es una oraci贸n marcadamente contemplativa. Sin esta dimensi贸n, se desnaturalizar铆a, como subray贸 Pablo VI: 芦Sin contemplaci贸n, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mec谩nica repetici贸n de f贸rmulas y de contradecir la advertencia de Jes煤s: "Cuando or茅is, no se谩is charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad" (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditaci贸n de los misterios de la vida del Se帽or, vistos a trav茅s del coraz贸n de Aquella que estuvo m谩s cerca del Se帽or, y que desvelen su insondable riqueza禄. 14

Es necesario detenernos en este profundo pensamiento de Pablo VI para poner de relieve algunas dimensiones del Rosario que definen mejor su car谩cter de contemplaci贸n cristol贸gica.

Recordar a Cristo con Mar铆a

13. La contemplaci贸n de Mar铆a es ante todo un recordar. Conviene sin embargo entender esta palabra en el sentido b铆blico de la memoria (zakar), que actualiza las obras realizadas por Dios en la historia de la salvaci贸n. La Biblia es narraci贸n de acontecimientos salv铆ficos, que tienen su culmen en el propio Cristo. Estos acontecimientos no son solamente un 'ayer'; son tambi茅n el 'hoy' de la salvaci贸n. Esta actualizaci贸n se realiza en particular en la Liturgia: lo que Dios ha llevado a cabo hace siglos no concierne solamente a los testigos directos de los acontecimientos, sino que alcanza con su gracia a los hombres de cada 茅poca. Esto vale tambi茅n, en cierto modo, para toda consideraci贸n piadosa de aquellos acontecimientos: 芦hacer memoria禄 de ellos en actitud de fe y amor significa abrirse a la gracia que Cristo nos ha alcanzado con sus misterios de vida, muerte y resurrecci贸n.

Por esto, mientras se reafirma con el Concilio Vaticano II que la Liturgia, como ejercicio del oficio sacerdotal de Cristo y culto p煤blico, es 芦la cumbre a la que tiende la acci贸n de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza禄, 15 tambi茅n es necesario recordar que la vida espiritual 芦no se agota s贸lo con la participaci贸n en la sagrada Liturgia. El cristiano, llamado a orar en com煤n, debe no obstante, entrar tambi茅n en su interior para orar al Padre, que ve en lo escondido (cf. Mt 6, 6); m谩s a煤n: seg煤n ense帽a el Ap贸stol, debe orar sin interrupci贸n (cf. 1 Ts 5, 17)禄. 16 El Rosario, con su car谩cter espec铆fico, pertenece a este variado panorama de la oraci贸n 'incesante', y si la Liturgia, acci贸n de Cristo y de la Iglesia, es acci贸n salv铆fica por excelencia, el Rosario, en cuanto meditaci贸n sobre Cristo con Mar铆a, es contemplaci贸n saludable. En efecto, penetrando, de misterio en misterio, en la vida del Redentor, hace que cuanto 脡l ha realizado y la Liturgia actualiza sea asimilado profundamente y forje la propia existencia.

Comprender a Cristo desde Mar铆a

14. Cristo es el Maestro por excelencia, el revelador y la revelaci贸n. No se trata s贸lo de comprender las cosas que 脡l ha ense帽ado, sino de 'comprenderle a 脡l'. Pero en esto, 驴qu茅 maestra m谩s experta que Mar铆a? Si en el 谩mbito divino el Esp铆ritu es el Maestro interior que nos lleva a la plena verdad de Cristo (cf. Jn 14, 26; 15, 26; 16, 13), entre las criaturas nadie mejor que Ella conoce a Cristo, nadie como su Madre puede introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio.

El primero de los 'signos' llevado a cabo por Jes煤s 鈥搇a transformaci贸n del agua en vino en las bodas de Can谩鈥 nos muestra a Mar铆a precisamente como maestra, mientras exhorta a los criados a ejecutar las disposiciones de Cristo (cf. Jn 2, 5). Y podemos imaginar que ha desempe帽ado esta funci贸n con los disc铆pulos despu茅s de la Ascensi贸n de Jes煤s, cuando se qued贸 con ellos esperando el Esp铆ritu Santo y los confort贸 en la primera misi贸n. Recorrer con Mar铆a las escenas del Rosario es como ir a la 'escuela' de Mar铆a para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje.

Una escuela, la de Mar铆a, mucho m谩s eficaz, si se piensa que Ella la ejerce consigui茅ndonos abundantes dones del Esp铆ritu Santo y proponi茅ndonos, al mismo tiempo, el ejemplo de aquella 芦peregrinaci贸n de la fe禄, 17 en la cual es maestra incomparable. Ante cada misterio del Hijo, Ella nos invita, como en su Anunciaci贸n, a presentar con humildad los interrogantes que conducen a la luz, para concluir siempre con la obediencia de la fe: 芦He aqu铆 la esclava del Se帽or, h谩gase en m铆 seg煤n tu palabra禄 (Lc 1, 38).

Configurarse a Cristo con Mar铆a

15. La espiritualidad cristiana tiene como caracter铆stica el deber del disc铆pulo de configurarse cada vez m谩s plenamente con su Maestro (cf. Rm 8, 29; Flp 3, 10. 21). La efusi贸n del Esp铆ritu en el Bautismo une al creyente como el sarmiento a la vid, que es Cristo (cf. Jn 15, 5), lo hace miembro de su Cuerpo m铆stico (cf. 1 Co 12, 12; Rm 12, 5). A esta unidad inicial, sin embargo, ha de corresponder un camino de adhesi贸n creciente a 脡l, que oriente cada vez m谩s el comportamiento del disc铆pulo seg煤n la 'l贸gica' de Cristo: 芦Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo禄 (Flp 2, 5). Hace falta, seg煤n las palabras del Ap贸stol, 芦revestirse de Cristo禄 (cf. Rm 13, 14; Ga 3, 27).

En el recorrido espiritual del Rosario, basado en la contemplaci贸n incesante del rostro de Cristo 鈥揺n compa帽铆a de Mar铆a鈥 este exigente ideal de configuraci贸n con 脡l se consigue a trav茅s de una asiduidad que pudi茅ramos decir 'amistosa'. 脡sta nos introduce de modo natural en la vida de Cristo y nos hace como 'respirar' sus sentimientos. Acerca de esto dice el Beato Bartolom茅 Longo: 芦Como dos amigos, frecuent谩ndose, suelen parecerse tambi茅n en las costumbres, as铆 nosotros, conversando familiarmente con Jes煤s y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comuni贸n, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra peque帽ez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto禄. 18

Adem谩s, mediante este proceso de configuraci贸n con Cristo, en el Rosario nos encomendamos en particular a la acci贸n materna de la Virgen Santa. Ella, que es la madre de Cristo y a la vez miembro de la Iglesia como 芦miembro supereminente y completamente singular禄, 19 es al mismo tiempo 'Madre de la Iglesia'. Como tal 'engendra' continuamente hijos para el Cuerpo m铆stico del Hijo. Lo hace mediante su intercesi贸n, implorando para ellos la efusi贸n inagotable del Esp铆ritu. Ella es el icono perfecto de la maternidad de la Iglesia.

El Rosario nos transporta m铆sticamente junto a Mar铆a, dedicada a seguir el crecimiento humano de Cristo en la casa de Nazaret. Eso le permite educarnos y modelarnos con la misma diligencia, hasta que Cristo 芦sea formado禄 plenamente en nosotros (cf. Ga 4, 19). Esta acci贸n de Mar铆a, basada totalmente en la de Cristo y subordinada radicalmente a ella, 芦favorece, y de ninguna manera impide, la uni贸n inmediata de los creyentes con Cristo禄. 20 Es el principio iluminador expresado por el Concilio Vaticano II, que tan intensamente he experimentado en mi vida, haciendo de 茅l la base de mi lema episcopal: Totus tuus. 21 Un lema, como es sabido, inspirado en la doctrina de san Luis Mar铆a Grignion de Montfort, que explic贸 as铆 el papel de Mar铆a en el proceso de configuraci贸n de cada uno de nosotros con Cristo: 芦Como quiera que toda nuestra perfecci贸n consiste en el ser conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, la m谩s perfecta de la devociones es, sin duda alguna, la que nos conforma, nos une y nos consagra lo m谩s perfectamente posible a Jesucristo. Ahora bien, siendo Mar铆a, de todas las criaturas, la m谩s conforme a Jesucristo, se sigue que, de todas las devociones, la que m谩s consagra y conforma un alma a Jesucristo es la devoci贸n a Mar铆a, su Sant铆sima Madre, y que cuanto m谩s consagrada est茅 un alma a la Sant铆sima Virgen, tanto m谩s lo estar谩 a Jesucristo禄. 22 De verdad, en el Rosario el camino de Cristo y el de Mar铆a se encuentran profundamente unidos. 隆Mar铆a no vive m谩s que en Cristo y en funci贸n de Cristo!

Rogar a Cristo con Mar铆a

16. Cristo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza para ser escuchados: 芦Pedid y se os dar谩; buscad y hallar茅is; llamad y se os abrir谩禄 (Mt 7, 7). El fundamento de esta eficacia de la oraci贸n es la bondad del Padre, pero tambi茅n la mediaci贸n de Cristo ante 脡l (cf. 1 Jn 2, 1) y la acci贸n del Esp铆ritu Santo, que 芦intercede por nosotros禄 (Rm 8, 26-27) seg煤n los designios de Dios. En efecto, nosotros 芦no sabemos c贸mo pedir禄 (Rm 8, 26) y a veces no somos escuchados porque pedimos mal (cf. St 4, 2-3).

Para apoyar la oraci贸n, que Cristo y el Esp铆ritu hacen brotar en nuestro coraz贸n, interviene Mar铆a con su intercesi贸n materna. 芦La oraci贸n de la Iglesia est谩 como apoyada en la oraci贸n de Mar铆a禄. 23 Efectivamente, si Jes煤s, 煤nico Mediador, es el Camino de nuestra oraci贸n, Mar铆a, pura transparencia de 脡l, muestra el Camino, y 芦a partir de esta cooperaci贸n singular de Mar铆a a la acci贸n del Esp铆ritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oraci贸n a la santa Madre de Dios, centr谩ndola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios禄. 24 En las bodas de Can谩, el Evangelio muestra precisamente la eficacia de la intercesi贸n de Mar铆a, que se hace portavoz ante Jes煤s de las necesidades humanas: 芦No tienen vino禄 (Jn 2, 3).

El Rosario es a la vez meditaci贸n y s煤plica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesi贸n lo puede todo ante el coraz贸n del Hijo. Ella es 芦omnipotente por gracia禄, como, con audaz expresi贸n que debe entenderse bien, dijo en su S煤plica a la Virgen el Beato Bartolom茅 Longo. 25 Basada en el Evangelio, 茅sta es una certeza que se ha ido consolidando por experiencia propia en el pueblo cristiano. El eminente poeta Dante la interpreta estupendamente, siguiendo a san Bernardo, cuando canta: 芦Mujer, eres tan grande y tanto vales, que quien desea una gracia y no recurre a ti, quiere que su deseo vuele sin alas禄. 26 En el Rosario, mientras suplicamos a Mar铆a, templo del Esp铆ritu Santo (cf. Lc 1, 35), Ella intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de gracia y ante el Hijo nacido de su seno, rogando con nosotros y por nosotros.

Anunciar a Cristo con Mar铆a

17. El Rosario es tambi茅n un itinerario de anuncio y de profundizaci贸n, en el que el misterio de Cristoes presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia cristiana. Es una presentaci贸n orante y contemplativa, que trata de modelar al cristiano seg煤n el coraz贸n de Cristo. Efectivamente, si en el rezo del Rosario se valoran adecuadamente todos sus elementos para una meditaci贸n eficaz, se da, especialmente en la celebraci贸n comunitaria en las parroquias y los santuarios, una significativa oportunidad catequ茅tica que los Pastores deben saber aprovechar. La Virgen del Rosario contin煤a tambi茅n de este modo su obra de anunciar a Cristo. La historia del Rosario muestra c贸mo esta oraci贸n ha sido utilizada especialmente por los Dominicos, en un momento dif铆cil para la Iglesia a causa de la difusi贸n de la herej铆a. Hoy estamos ante nuevos desaf铆os. 驴Por qu茅 no volver a tomar en la mano las cuentas del rosario con la fe de quienes nos han precedido? El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador.

CAP脥TULO II:
MISTERIOS DE CRISTO, MISTERIOS DE LA MADRE

El Rosario 芦compendio del Evangelio禄

18. A la contemplaci贸n del rostro de Cristo s贸lo se llega escuchando, en el Esp铆ritu, la voz del Padre, pues 芦nadie conoce bien al Hijo sino el Padre禄 (Mt 11, 27). Cerca de Cesarea de Felipe, ante la confesi贸n de Pedro, Jes煤s puntualiza de d贸nde proviene esta clara intuici贸n sobre su identidad: 芦No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est谩 en los cielos禄 (Mt 16, 17). As铆 pues, es necesaria la revelaci贸n de lo alto. Pero, para acogerla, es indispensable ponerse a la escucha: 芦S贸lo la experiencia del silencio y de la oraci贸n ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento m谩s aut茅ntico, fiel y coherente, de aquel misterio禄. 27

El Rosario es una de las modalidades tradicionales de la oraci贸n cristiana orientada a la contemplaci贸n del rostro de Cristo. As铆 lo describ铆a el Papa Pablo VI: 芦Oraci贸n evang茅lica centrada en el misterio de la Encarnaci贸n redentora, el Rosario es, pues, oraci贸n de orientaci贸n profundamente cristol贸gica. En efecto, su elemento m谩s caracter铆stico 鈥搇a repetici贸n lit谩nica del "Dios te salve, Mar铆a"鈥 se convierte tambi茅n en alabanza constante a Cristo, t茅rmino 煤ltimo del anuncio del 脕ngel y del saludo de la Madre del Bautista: "Bendito el fruto de tu seno" (Lc 1,42). Diremos m谩s: la repetici贸n del Ave Maria constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplaci贸n de los misterios: el Jes煤s que toda Ave Mar铆a recuerda es el mismo que la sucesi贸n de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen禄. 28

Una incorporaci贸n oportuna

19. De los muchos misterios de la vida de Cristo, el Rosario, tal como se ha consolidado en la pr谩ctica m谩s com煤n corroborada por la autoridad eclesial, s贸lo considera algunos. Dicha selecci贸n proviene del contexto original de esta oraci贸n, que se organiz贸 teniendo en cuenta el n煤mero 150, que es el mismo de los Salmos.

No obstante, para resaltar el car谩cter cristol贸gico del Rosario, considero oportuna una incorporaci贸n que, si bien se deja a la libre consideraci贸n de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar tambi茅n los misterios de la vida p煤blica de Cristo desde el Bautismo a la Pasi贸n. En efecto, en estos misterios contemplamos aspectos importantes de la persona de Cristo como revelador definitivo de Dios. 脡l es quien, declarado Hijo predilecto del Padre en el Bautismo en el Jord谩n, anuncia la llegada del Reino, dando testimonio de 茅l con sus obras y proclamando sus exigencias. Durante la vida p煤blica es cuando el misterio de Cristo se manifiesta de manera especial como misterio de luz: 芦Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo禄 (Jn 9, 5).

Para que pueda decirse que el Rosario es m谩s plenamente 'compendio del Evangelio', es conveniente pues que, tras haber recordado la encarnaci贸n y la vida oculta de Cristo (misterios de gozo), y antes de considerar los sufrimientos de la pasi贸n (misterios de dolor) y el triunfo de la resurrecci贸n (misterios de gloria), la meditaci贸n se centre tambi茅n en algunos momentos particularmente significativos de la vida p煤blica (misterios de luz). Esta incorporaci贸n de nuevos misterios, sin prejuzgar ning煤n aspecto esencial de la estructura tradicional de esta oraci贸n, se orienta a hacerla vivir con renovado inter茅s en la espiritualidad cristiana, como verdadera introducci贸n a la profundidad del Coraz贸n de Cristo, abismo de gozo y de luz, de dolor y de gloria.

Misterios de gozo

20. El primer ciclo, el de los 芦misterios gozosos禄, se caracteriza efectivamente por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnaci贸n. Esto es evidente desde la anunciaci贸n, cuando el saludo de Gabriel a la Virgen de Nazaret se une a la invitaci贸n a la alegr铆a mesi谩nica: 芦Al茅grate, Mar铆a禄. A este anuncio apunta toda la historia de la salvaci贸n, es m谩s, en cierto modo, la historia misma del mundo. En efecto, si el designio del Padre es de recapitular en Cristo todas las cosas (cf. Ef 1, 10), el don divino con el que el Padre se acerca a Mar铆a para hacerla Madre de su Hijo alcanza a todo el universo. A su vez, toda la humanidad est谩 como implicada en el fiat con el que Ella responde prontamente a la voluntad de Dios.

El regocijo se percibe en la escena del encuentro con Isabel, d贸nde la voz misma de Mar铆a y la presencia de Cristo en su seno hacen 芦saltar de alegr铆a禄 a Juan (cf. Lc 1, 44). Repleta de gozo es la escena de Bel茅n, donde el nacimiento del divino Ni帽o, el Salvador del mundo, es cantado por los 谩ngeles y anunciado a los pastores como 芦una gran alegr铆a禄 (Lc 2, 10).

Pero ya los dos 煤ltimos misterios, aun conservando el sabor de la alegr铆a, anticipan indicios del drama. En efecto, la presentaci贸n en el templo, a la vez que expresa la dicha de la consagraci贸n y extas铆a al viejo Sime贸n, contiene tambi茅n la profec铆a de que el Ni帽o ser谩 芦se帽al de contradicci贸n禄 para Israel y de que una espada traspasar谩 el alma de la Madre (cf. Lc 2, 34-35). Gozoso y dram谩tico al mismo tiempo es tambi茅n el episodio de Jes煤s de 12 a帽os en el templo. Aparece con su sabidur铆a divina mientras escucha y pregunta, y ejerciendo sustancialmente el papel de quien 'ense帽a'. La revelaci贸n de su misterio de Hijo, dedicado enteramente a las cosas del Padre, anuncia aquella radicalidad evang茅lica que, ante las exigencias absolutas del Reino, cuestiona hasta los m谩s profundos lazos de afecto humano. Jos茅 y Mar铆a mismos, sobresaltados y angustiados, 芦no comprendieron禄 sus palabras (Lc 2, 50).

De este modo, meditar los misterios 芦gozosos禄 significa adentrarse en los motivos 煤ltimos de la alegr铆a cristiana y en su sentido m谩s profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnaci贸n y sobre el sombr铆o preanuncio del misterio del dolor salv铆fico. Mar铆a nos ayuda a aprender el secreto de la alegr铆a cristiana, record谩ndonos que el cristianismo es ante todo evangelion, 'buena noticia', que tiene su centro o, mejor dicho, su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, 煤nico Salvador del mundo.

Misterios de luz

21. Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida p煤blica de Jes煤s, la contemplaci贸n nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial 芦misterios de luz禄. En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. 脡l es 芦la luz del mundo禄 (Jn 8, 12). Pero esta dimensi贸n se manifiesta sobre todo en los a帽os de la vida p煤blica, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos 鈥搈isterios 芦luminosos禄鈥 de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden se帽alar: 1. su Bautismo en el Jord谩n; 2. su autorrevelaci贸n en las bodas de Can谩; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversi贸n; 4. su Transfiguraci贸n; 5. instituci贸n de la Eucarist铆a, expresi贸n sacramental del misterio pascual.

Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jes煤s. Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jord谩n. En 茅l, mientras Cristo, como inocente que se hace 'pecado' por nosotros (cf. 2 Co 5, 21), entra en el agua del r铆o, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3, 17 par.), y el Esp铆ritu desciende sobre 脡l para investirlo de la misi贸n que le espera. Misterio de luz es el comienzo de los signos en Can谩 (cf. Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el coraz贸n de los disc铆pulos a la fe gracias a la intervenci贸n de Mar铆a, la primera creyente. Misterio de luz es la predicaci贸n con la cual Jes煤s anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversi贸n (cf. Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a 脡l con humilde fe (cf. Mc 2. 3-13; Lc 47-48), iniciando as铆 el ministerio de misericordia que 脡l continuar谩 ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a trav茅s del sacramento de la Reconciliaci贸n confiado a la Iglesia. Misterio de luz por excelencia es la Transfiguraci贸n, que seg煤n la tradici贸n tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los ap贸stoles extasiados para que lo 芦escuchen禄 (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con 脡l el momento doloroso de la Pasi贸n, a fin de llegar con 脡l a la alegr铆a de la Resurrecci贸n y a una vida transfigurada por el Esp铆ritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la instituci贸n de la Eucarist铆a, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad 芦hasta el extremo禄 (Jn13, 1) y por cuya salvaci贸n se ofrecer谩 en sacrificio.

Excepto en el de Can谩, en estos misterios la presencia de Mar铆a queda en el trasfondo. Los Evangelios apenas insin煤an su eventual presencia en alg煤n que otro momento de la predicaci贸n de Jes煤s (cf. Mc 3, 31-35; Jn 2, 12) y nada dicen sobre su presencia en el Cen谩culo en el momento de la instituci贸n de la Eucarist铆a. Pero, de alg煤n modo, el cometido que desempe帽a en Can谩 acompa帽a toda la misi贸n de Cristo. La revelaci贸n, que en el Bautismo en el Jord谩n proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece tambi茅n en labios de Mar铆a en Can谩 y se convierte en su gran invitaci贸n materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: 芦Haced lo que 茅l os diga禄 (Jn 2, 5). Es una exhortaci贸n que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida p煤blica, siendo como el tel贸n de fondo mariano de todos los 芦misterios de luz禄.

Misterios de dolor

22. Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la pr谩ctica del Via Crucis, se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasi贸n, intuyendo que ellos son el culmen de la revelaci贸n del amor y la fuente de nuestra salvaci贸n. El Rosario escoge algunos momentos de la Pasi贸n, invitando al orante a fijar en ellos la mirada de su coraz贸n y a revivirlos. El itinerario meditativo se abre con Getseman铆, donde Cristo vive un momento particularmente angustioso frente a la voluntad del Padre, contra la cual la debilidad de la carne se sentir铆a inclinada a rebelarse. All铆, Cristo se pone en lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres, para decirle al Padre: 芦no se haga mi voluntad, sino la tuya禄 (Lc 22, 42 par.). Este 芦s铆禄 suyo cambia el 芦no禄 de los progenitores en el Ed茅n. Y cu谩nto le costar铆a esta adhesi贸n a la voluntad del Padre se muestra en los misterios siguientes, en los que, con la flagelaci贸n, la coronaci贸n de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, se ve sumido en la mayor ignominia: Ecce homo!

En este oprobio no s贸lo se revela el amor de Dios, sino el sentido mismo del hombre. Ecce homo: quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su ra铆z y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor 芦hasta la muerte y muerte de cruz禄 (Flp 2, 8). Los misterios de dolor llevan el creyente a revivir la muerte de Jes煤s poni茅ndose al pie de la cruz junto a Mar铆a, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora.

Misterios de gloria

23. 芦La contemplaci贸n del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. 隆脡l es el Resucitado!禄. 29 El Rosario ha expresado siempre esta convicci贸n de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasi贸n para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrecci贸n y en su Ascensi贸n. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (cf. 1 Co 15, 14), y revive la alegr铆a no solamente de aquellos a los que Cristo se manifest贸 鈥搇os Ap贸stoles, la Magdalena, los disc铆pulos de Ema煤s鈥, sino tambi茅n el gozo de Mar铆a, que experiment贸 de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. A esta gloria, que con la Ascensi贸n pone a Cristo a la derecha del Padre, ser铆a elevada Ella misma con la Asunci贸n, anticipando as铆, por especial铆simo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrecci贸n de la carne. Al fin, coronada de gloria 鈥揷omo aparece en el 煤ltimo misterio glorioso鈥, Mar铆a resplandece como Reina de los 脕ngeles y los Santos, anticipaci贸n y culmen de la condici贸n escatol贸gica del Iglesia.

En el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecost茅s, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con Mar铆a, avivada por la efusi贸n impetuosa del Esp铆ritu y dispuesta para la misi贸n evangelizadora. La contemplaci贸n de 茅ste, como de los otros misterios gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez m谩s viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de la Iglesia; una vida cuyo gran 'icono' es la escena de Pentecost茅s. De este modo, los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatol贸gica, hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsar谩 necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel 芦gozoso anuncio禄 que da sentido a toda su vida.

De los 'misterios' al 'Misterio': el camino de Mar铆a

24. Los ciclos de meditaciones propuestos en el Santo Rosario no son ciertamente exhaustivos, pero llaman la atenci贸n sobre lo esencial, preparando el 谩nimo para gustar un conocimiento de Cristo, que se alimenta continuamente del manantial puro del texto evang茅lico. Cada rasgo de la vida de Cristo, tal como lo narran los Evangelistas, refleja aquel Misterio que supera todo conocimiento (cf. Ef 3, 19). Es el Misterio del Verbo hecho carne, en el cual 芦reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente禄 (Col 2, 9). Por eso el Catecismo de la Iglesia Cat贸lica insiste tanto en los misterios de Cristo, recordando que 芦todo en la vida de Jes煤s es signo de su Misterio禄. 30 El 芦duc in altum禄 de la Iglesia en el tercer Milenio se basa en la capacidad de los cristianos de alcanzar 芦en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios, en el cual est谩n ocultos todos los tesoros de la sabidur铆a y de la ciencia禄 (Col 2, 2-3). La Carta a los Efesios desea ardientemente a todos los bautizados: 芦Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor [...], pod谩is conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vay谩is llenando hasta la total plenitud de Dios禄 (3, 17-19).

El Rosario promueve este ideal, ofreciendo el 'secreto' para abrirse m谩s f谩cilmente a un conocimiento profundo y comprometido de Cristo. Podr铆amos llamarlo el camino de Mar铆a. Es el camino del ejemplo de la Virgen de Nazaret, mujer de fe, de silencio y de escucha. Es al mismo tiempo el camino de una devoci贸n mariana consciente de la inseparable relaci贸n que une Cristo con su Santa Madre: los misterios de Cristo son tambi茅n, en cierto sentido, los misterios de su Madre, incluso cuando Ella no est谩 implicada directamente, por el hecho mismo de que Ella vive de 脡l y por 脡l. Haciendo nuestras en el Ave Maria las palabras del 谩ngel Gabriel y de santa Isabel, nos sentimos impulsados a buscar siempre de nuevo en Mar铆a, entre sus brazos y en su coraz贸n, el 芦fruto bendito de su vientre禄 (cf. Lc 1, 42).

Misterio de Cristo, 'misterio' del hombre

25. En el testimonio ya citado de 1978 sobre el Rosario como mi oraci贸n predilecta, expres茅 un concepto sobre el que deseo volver. Dije entonces que 芦el simple rezo del Rosario marca el ritmo de la vida humana禄. 31

A la luz de las reflexiones hechas hasta ahora sobre los misterios de Cristo, no es dif铆cil profundizar en esta consideraci贸n antropol贸gica del Rosario. Una consideraci贸n m谩s radical de lo que puede parecer a primera vista. Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre tambi茅n en 脡l la verdad sobre el hombre. 脡sta es la gran afirmaci贸n del Concilio Vaticano II, que tantas veces he hecho objeto de mi magisterio, a partir de la Carta Enc铆clica Redemptor hominis: 芦Realmente, el misterio del hombre s贸lo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado禄. 32 El Rosario ayuda a abrirse a esta luz. Siguiendo el camino de Cristo, el cual 芦recapitula禄 el camino del hombre, 33 desvelado y redimido, el creyente se sit煤a ante la imagen del verdadero hombre. Contemplando su nacimiento aprende el car谩cter sagrado de la vida, mirando la casa de Nazaret se percata de la verdad originaria de la familia seg煤n el designio de Dios, escuchando al Maestro en los misterios de su vida p煤blica encuentra la luz para entrar en el Reino de Dios y, siguiendo sus pasos hacia el Calvario, comprende el sentido del dolor salvador. Por fin, contemplando a Cristo y a su Madre en la gloria, ve la meta a la que cada uno de nosotros est谩 llamado, si se deja sanar y transfigurar por el Esp铆ritu Santo. De este modo, se puede decir que cada misterio del Rosario, bien meditado, ilumina el misterio del hombre.

Al mismo tiempo, resulta natural presentar en este encuentro con la santa humanidad del Redentor tantos problemas, afanes, fatigas y proyectos que marcan nuestra vida. 芦Descarga en el se帽or tu peso, y 茅l te sustentar谩禄 (Sal 55, 23). Meditar con el Rosario significa poner nuestros afanes en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre. Despu茅s de largos a帽os, recordando los sinsabores, que no han faltado tampoco en el ejercicio del ministerio petrino, deseo repetir, casi como una cordial invitaci贸n dirigida a todos para que hagan de ello una experiencia personal: s铆, verdaderamente el Rosario 芦marca el ritmo de la vida humana禄, para armonizarla con el ritmo de la vida divina, en gozosa comuni贸n con la Sant铆sima Trinidad, destino y anhelo de nuestra existencia.

CAP脥TULO III:
芦PARA M脥 LA VIDA ES CRISTO禄

El Rosario, camino de asimilaci贸n del misterio

26. El Rosario propone la meditaci贸n de los misterios de Cristo con un m茅todo caracter铆stico, adecuado para favorecer su asimilaci贸n. Se trata del m茅todo basado en la repetici贸n. Esto vale ante todo para el Ave Maria, que se repite diez veces en cada misterio. Si consideramos superficialmente esta repetici贸n, se podr铆a pensar que el Rosario es una pr谩ctica 谩rida y aburrida. En cambio, se puede hacer otra consideraci贸n sobre el rosario, si se toma como expresi贸n del amor que no se cansa de dirigirse hacia a la persona amada con manifestaciones que, incluso parecidas en su expresi贸n, son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira.

En Cristo, Dios ha asumido verdaderamente un 芦coraz贸n de carne禄. Cristo no solamente tiene un coraz贸n divino, rico en misericordia y perd贸n, sino tambi茅n un coraz贸n humano, capaz de todas las expresiones de afecto. A este respecto, si necesit谩ramos un testimonio evang茅lico, no ser铆a dif铆cil encontrarlo en el conmovedor di谩logo de Cristo con Pedro despu茅s de la Resurrecci贸n. 芦Sim贸n, hijo de Juan, 驴me quieres?禄 Tres veces se le hace la pregunta, tres veces Pedro responde: 芦Se帽or, t煤 lo sabes que te quiero禄 (cf. Jn 21, 15-17). M谩s all谩 del sentido espec铆fico del pasaje, tan importante para la misi贸n de Pedro, a nadie se le escapa la belleza de esta triple repetici贸n, en la cual la reiterada pregunta y la respuesta se expresan en t茅rminos bien conocidos por la experiencia universal del amor humano. Para comprender el Rosario, hace falta entrar en la din谩mica psicol贸gica que es propia del amor.

Una cosa est谩 clara: si la repetici贸n del Ave Maria se dirige directamente a Mar铆a, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jes煤s. La repetici贸n favorece el deseo de una configuraci贸n cada vez m谩s plena con Cristo, verdadero 'programa' de la vida cristiana. San Pablo lo ha enunciado con palabras ardientes: 芦Para m铆 la vida es Cristo, y la muerte una ganancia禄 (Flp 1, 21). Y tambi茅n: 芦No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m铆禄 (Ga 2, 20). El Rosario nos ayuda a crecer en esta configuraci贸n hasta la meta de la santidad.

Un m茅todo v谩lido...

27. No debe extra帽arnos que la relaci贸n con Cristo se sirva de la ayuda de un m茅todo. Dios se comunica con el hombre respetando nuestra naturaleza y sus ritmos vitales. Por esto la espiritualidad cristiana, incluso conociendo las formas m谩s sublimes del silencio m铆stico, en el que todas las im谩genes, palabras y gestos son como superados por la intensidad de una uni贸n inefable del hombre con Dios, se caracteriza normalmente por la implicaci贸n de toda la persona, en su compleja realidad psicof铆sica y relacional.

Esto aparece de modo evidente en la Liturgia. Los Sacramentos y los Sacramentales est谩n estructurados con una serie de ritos relacionados con las diversas dimensiones de la persona. Tambi茅n la oraci贸n no lit煤rgica expresa la misma exigencia. Esto se confirma por el hecho de que, en Oriente, la oraci贸n m谩s caracter铆stica de la meditaci贸n cristol贸gica, la que est谩 centrada en las palabras 芦Se帽or Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de m铆, pecador禄, 34 est谩 vinculada tradicionalmente con el ritmo de la respiraci贸n, que, mientras favorece la perseverancia en la invocaci贸n, da como una consistencia f铆sica al deseo de que Cristo se convierta en el aliento, el alma y el 'todo' de la vida.

... que, no obstante, se puede mejorar

28. En la Carta apost贸lica Novo millennio ineunte he recordado que en Occidente existe hoy tambi茅n una renovada exigencia de meditaci贸n, que encuentra a veces en otras religiones modalidades bastante atractivas. 35 Hay cristianos que, al conocer poco la tradici贸n contemplativa cristiana, se dejan atraer por tales propuestas. Sin embargo, aunque 茅stas tengan elementos positivos y a veces compaginables con la experiencia cristiana, a menudo esconden un fondo ideol贸gico inaceptable. En dichas experiencias abunda tambi茅n una metodolog铆a que, pretendiendo alcanzar una alta concentraci贸n espiritual, usa t茅cnicas de tipo psicof铆sico, repetitivas y simb贸licas. El Rosario forma parte de este cuadro universal de la fenomenolog铆a religiosa, pero tiene caracter铆sticas propias, que responden a las exigencias espec铆ficas de la vida cristiana.

En efecto, el Rosario es un m茅todo para contemplar. Como m茅todo, debe ser utilizado en relaci贸n al fin y no puede ser un fin en s铆 mismo. Pero tampoco debe infravalorarse, dado que es fruto de una experiencia secular. La experiencia de innumerables Santos aboga en su favor. Lo cual no impide que pueda ser mejorado. Precisamente a esto se orienta la incorporaci贸n, en el ciclo de los misterios, de la nueva serie de los mysteria lucis, junto con algunas sugerencias sobre el rezo del Rosario que propongo en esta Carta. Con ello, aunque respetando la estructura firmemente consolidada de esta oraci贸n, quiero ayudar a los fieles a comprenderla en sus aspectos simb贸licos, en sinton铆a con las exigencias de la vida cotidiana. De otro modo, existe el riesgo de que esta oraci贸n no s贸lo no produzca los efectos espirituales deseados, sino que el rosario mismo con el que suele recitarse, acabe por considerarse como un amuleto o un objeto m谩gico, con una radical distorsi贸n de su sentido y su cometido

El enunciado del misterio

29. Enunciar el misterio, y tener tal vez la oportunidad de contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es como abrir un escenario en el cual concentrar la atenci贸n. Las palabras conducen la imaginaci贸n y el esp铆ritu a aquel determinado episodio o momento de la vida de Cristo. En la espiritualidad que se ha desarrollado en la Iglesia, tanto a trav茅s de la veneraci贸n de im谩genes que enriquecen muchas devociones con elementos sensibles, como tambi茅n del m茅todo propuesto por san Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales, se ha recurrido al elemento visual e imaginativo (la compositio loci) consider谩ndolo de gran ayuda para favorecer la concentraci贸n del esp铆ritu en el misterio. Por lo dem谩s, es una metodolog铆a que se corresponde con la l贸gica misma de la Encarnaci贸n: Dios ha querido asumir, en Jes煤s, rasgos humanos. Por medio de su realidad corp贸rea, entramos en contacto con su misterio divino.

El enunciado de los varios misterios del Rosario se corresponde tambi茅n con esta exigencia de concreci贸n. Es cierto que no sustituyen al Evangelio ni tampoco se refieren a todas sus p谩ginas. El Rosario, por tanto, no reemplaza la lectio divina, sino que, por el contrario, la supone y la promueve. Pero si los misterios considerados en el Rosario, aun con el complemento de los mysteria lucis, se limita a las l铆neas fundamentales de la vida de Cristo, a partir de ellos la atenci贸n se puede extender f谩cilmente al resto del Evangelio, sobre todo cuando el Rosario se recita en momentos especiales de prolongado recogimiento.

La escucha de la Palabra de Dios

30. Para dar fundamento b铆blico y mayor profundidad a la meditaci贸n, es 煤til que al enunciado del misterio siga la proclamaci贸n del pasaje b铆blico correspondiente, que puede ser m谩s o menos largo seg煤n las circunstancias. En efecto, otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada. 脡sta debe ser escuchada con la certeza de que es Palabra de Dios, pronunciada para hoy y 芦para m铆禄.

Acogida de este modo, la Palabra entra en la metodolog铆a de la repetici贸n del Rosario sin el aburrimiento que producir铆a la simple reiteraci贸n de una informaci贸n ya conocida. No, no se trata de recordar una informaci贸n, sino de dejar 'hablar' a Dios. En alguna ocasi贸n solemne y comunitaria, esta palabra se puede ilustrar con alg煤n breve comentario.

El silencio

31. La escucha y la meditaci贸n se alimentan del silencio. Es conveniente que, despu茅s de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oraci贸n vocal, para fijar la atenci贸n sobre el misterio meditado. El redescubrimiento del valor del silencio es uno de los secretos para la pr谩ctica de la contemplaci贸n y la meditaci贸n. Uno de los l铆mites de una sociedad tan condicionada por la tecnolog铆a y los medios de comunicaci贸n social es que el silencio se hace cada vez m谩s dif铆cil. As铆 como en la Liturgia se recomienda que haya momentos de silencio, en el rezo del Rosario es tambi茅n oportuno hacer una breve pausa despu茅s de escuchar la Palabra de Dios, concentrando el esp铆ritu en el contenido de un determinado misterio.

El 芦Padrenuestro禄

32. Despu茅s de haber escuchado la Palabra y centrado la atenci贸n en el misterio, es natural que el 谩nimo se eleve hacia el Padre. Jes煤s, en cada uno de sus misterios, nos lleva siempre al Padre, al cual 脡l se dirige continuamente, porque descansa en su 'seno' (cf Jn 1, 18). 脡l nos quiere introducir en la intimidad del Padre para que digamos con 脡l: 芦隆Abb谩, Padre!禄 (Rm 8, 15; Ga 4, 6). En esta relaci贸n con el Padre nos hace hermanos suyos y entre nosotros, comunic谩ndonos el Esp铆ritu, que es a la vez suyo y del Padre. El 芦Padrenuestro禄, puesto como fundamento de la meditaci贸n cristol贸gico-mariana que se desarrolla mediante la repetici贸n del Ave Maria, hace que la meditaci贸n del misterio, aun cuando se tenga en soledad, sea una experiencia eclesial.

Las diez 芦Ave Maria禄

33. Este es el elemento m谩s extenso del Rosario y que a la vez lo convierte en una oraci贸n mariana por excelencia. Pero precisamente a la luz del Ave Maria, bien entendida, es donde se nota con claridad que el car谩cter mariano no se opone al cristol贸gico, sino que m谩s bien lo subraya y lo exalta. En efecto, la primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a Mar铆a por el 谩ngel Gabriel y por santa Isabel, es contemplaci贸n adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por as铆 decir, la admiraci贸n del cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su obra maestra 鈥搇a encarnaci贸n del Hijo en el seno virginal de Mar铆a鈥, an谩logamente a la mirada de aprobaci贸n del G茅nesis (cf. Gn 1, 31), aquel 芦pathos con el que Dios, en el alba de la creaci贸n, contempl贸 la obra de sus manos禄. 36 Repetir en el Rosario el Ave Maria nos acerca a la complacencia de Dios: es j煤bilo, asombro, reconocimiento del milagro m谩s grande de la historia. Es el cumplimiento dela profec铆a de Mar铆a: 芦Desde ahora todas las generaciones me llamar谩n bienaventurada禄 (Lc1, 48).

El centro del Ave Maria, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el nombre de Jes煤s. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto central y tampoco la relaci贸n con el misterio de Cristo que se est谩 contemplando. Pero es precisamente el relieve que se da al nombre de Jes煤s y a su misterio lo que caracteriza una recitaci贸n consciente y fructuosa del Rosario. Ya Pablo VI record贸 en la Exhortaci贸n apost贸lica Marialis cultus la costumbre, practicada en algunas regiones, de realzar el nombre de Cristo a帽adi茅ndole una cl谩usula evocadora del misterio que se est谩 meditando. 37 Es una costumbre loable, especialmente en la plegaria p煤blica. Expresa con intensidad la fe cristol贸gica, aplicada a los diversos momentos de la vida del Redentor. Es profesi贸n de fe y, al mismo tiempo, ayuda a mantener atenta la meditaci贸n, permitiendo vivir la funci贸n asimiladora, innata en la repetici贸n del Ave Maria, respecto al misterio de Cristo. Repetir el nombre de Jes煤s 鈥揺l 煤nico nombre del cual podemos esperar la salvaci贸n (cf. Hch 4, 12)鈥 junto con el de su Madre Sant铆sima, y como dejando que Ella misma nos lo sugiera, es un modo de asimilaci贸n, que aspira a hacernos entrar cada vez m谩s profundamente en la vida de Cristo.

De la especial relaci贸n con Cristo, que hace de Mar铆a la Madre de Dios, la Theot貌kos, deriva, adem谩s, la fuerza de la s煤plica con la que nos dirigimos a Ella en la segunda parte de la oraci贸n, confiando a su materna intercesi贸n nuestra vida y la hora de nuestra muerte.

El 芦Gloria禄

34. La doxolog铆a trinitaria es la meta de la contemplaci贸n cristiana. En efecto, Cristo es el camino que nos conduce al Padre en el Esp铆ritu. Si recorremos este camino hasta el final, nos encontramos continuamente ante el misterio de las tres Personas divinas que se han de alabar, adorar y agradecer. Es importante que el Gloria, culmen de la contemplaci贸n, sea bien resaltado en el Rosario. En el rezo p煤blico podr铆a ser cantado, para dar mayor 茅nfasis a esta perspectiva estructural y caracter铆stica de toda plegaria cristiana.

En la medida en que la meditaci贸n del misterio haya sido atenta, profunda, fortalecida 鈥揹e Ave en Ave 鈥 por el amor a Cristo y a Mar铆a, la glorificaci贸n trinitaria en cada decena, en vez de reducirse a una r谩pida conclusi贸n, adquiere su justo tono contemplativo, como para levantar el esp铆ritu a la altura del Para铆so y hacer revivir, de alg煤n modo, la experiencia del Tabor, anticipaci贸n de la contemplaci贸n futura: 芦Bueno es estarnos aqu铆禄 (Lc 9, 33).

La jaculatoria final

35. Habitualmente, en el rezo del Rosario, despu茅s de la doxolog铆a trinitaria sigue una jaculatoria, que var铆a seg煤n las costumbres. Sin quitar valor a tales invocaciones, parece oportuno se帽alar que la contemplaci贸n de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oraci贸n dirigida a alcanzar los frutos espec铆ficos de la meditaci贸n del misterio. De este modo, el Rosario puede expresar con mayor eficacia su relaci贸n con la vida cristiana. Lo sugiere una bella oraci贸n lit煤rgica, que nos invita a pedir que, meditando los misterios del Rosario, lleguemos a 芦imitar lo que contienen y a conseguir lo que prometen禄. 38

Como ya se hace, dicha oraci贸n final puede expresarse en varias forma leg铆timas. El Rosario adquiere as铆 tambi茅n una fisonom铆a m谩s adecuada a las diversas tradiciones espirituales y a las distintas comunidades cristianas. En esta perspectiva, es de desear que se difundan, con el debido discernimiento pastoral, las propuestas m谩s significativas, experimentadas tal vez en centros y santuarios marianos que cultivan particularmente la pr谩ctica del Rosario, de modo que el Pueblo de Dios pueda acceder a toda aut茅ntica riqueza espiritual, encontrando as铆 una ayuda para la propia contemplaci贸n.

El 'rosario'

36. Instrumento tradicional para rezarlo es el rosario. En la pr谩ctica m谩s superficial, a menudo termina por ser un simple instrumento para contar la sucesi贸n de las Ave Maria. Pero sirve tambi茅n para expresar un simbolismo, que puede dar ulterior densidad a la contemplaci贸n.

A este prop贸sito, lo primero que debe tenerse presente es que el rosario est谩 centrado en el Crucifijo, que abre y cierra el proceso mismo de la oraci贸n. En Cristo se centra la vida y la oraci贸n de los creyentes. Todo parte de 脡l, todo tiende hacia 脡l, todo, a trav茅s de 脡l, en el Esp铆ritu Santo, llega al Padre.

En cuanto medio para contar, que marca el avanzar de la oraci贸n, el rosario evoca el camino incesante de la contemplaci贸n y de la perfecci贸n cristiana. El Beato Bartolom茅 Longo lo consideraba tambi茅n como una 'cadena' que nos une a Dios. Cadena, s铆, pero cadena dulce; as铆 se manifiesta la relaci贸n con Dios, que es Padre. Cadena 'filial', que nos pone en sinton铆a con Mar铆a, la 芦sierva del Se帽or禄 (Lc 1, 38) y, en definitiva, con el propio Cristo, que, aun siendo Dios, se hizo 芦siervo禄 por amor nuestro (Flp 2, 7).

Es tambi茅n hermoso ampliar el significado simb贸lico del rosario a nuestra relaci贸n rec铆proca, recordando de ese modo el v铆nculo de comuni贸n y fraternidad que nos une a todos en Cristo.

Inicio y conclusi贸n

37. En la pr谩ctica corriente, hay varios modos de comenzar el Rosario, seg煤n los diversos contextos eclesiales. En algunas regiones se suele iniciar con la invocaci贸n del Salmo 69: 芦Dios m铆o ven en mi auxilio, Se帽or date prisa en socorrerme禄, como para alimentar en el orante la humilde conciencia de su propia indigencia; en otras, se comienza recitando el Credo, como haciendo de la profesi贸n de fe el fundamento del camino contemplativo que se emprende. 脡stos y otros modos similares, en la medida que disponen el 谩nimo para la contemplaci贸n, son usos igualmente leg铆timos. La plegaria se concluye rezando por las intenciones del Papa, para elevar la mirada de quien reza hacia el vasto horizonte de las necesidades eclesiales. Precisamente para fomentar esta proyecci贸n eclesial del Rosario, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con las debidas disposiciones.

En efecto, si se hace as铆, el Rosario es realmente un itinerario espiritual en el que Mar铆a se hace madre, maestra, gu铆a, y sostiene al fiel con su poderosa intercesi贸n. 驴C贸mo asombrarse, pues, si al final de esta oraci贸n en la cual se ha experimentado 铆ntimamente la maternidad de Mar铆a, el esp铆ritu siente necesidad de dedicar una alabanza a la Sant铆sima Virgen, bien con la espl茅ndida oraci贸n de la Salve Regina, bien con las Letan铆as lauretanas? Es como coronar un camino interior, que ha llevado al fiel al contacto vivo con el misterio de Cristo y de su Madre Sant铆sima.

La distribuci贸n en el tiempo

38. El Rosario puede recitarse entero cada d铆a, y hay quienes as铆 lo hacen de manera laudable. De ese modo, el Rosario impregna de oraci贸n los d铆as de muchos contemplativos, o sirve de compa帽铆a a enfermos y ancianos que tienen mucho tiempo disponible. Pero es obvio 鈥搚 eso vale, con mayor raz贸n, si se a帽ade el nuevo ciclo de los mysteria lucis鈥 que muchos no podr谩n recitar m谩s que una parte, seg煤n un determinado orden semanal. Esta distribuci贸n semanal da a los d铆as de la semana un cierto 'color' espiritual, an谩logamente a lo que hace la Liturgia con las diversas fases del a帽o lit煤rgico.

Seg煤n la praxis corriente, el lunes y el jueves est谩n dedicados a los 芦misterios gozosos禄, el martes y el viernes a los 芦dolorosos禄, el mi茅rcoles, el s谩bado y el domingo a los 芦gloriosos禄. 驴D贸nde introducir los 芦misterios de la luz禄? Considerando que los misterios gloriosos se proponen seguidos el s谩bado y el domingo, y que el s谩bado es tradicionalmente un d铆a de marcado car谩cter mariano, parece aconsejable trasladar al s谩bado la segunda meditaci贸n semanal de los misterios gozosos, en los cuales la presencia de Mar铆a es m谩s destacada. Queda as铆 libre el jueves para la meditaci贸n de los misterios de la luz.

No obstante, esta indicaci贸n no pretende limitar una conveniente libertad en la meditaci贸n personal y comunitaria, seg煤n las exigencias espirituales y pastorales y, sobre todo, las coincidencias lit煤rgicas que pueden sugerir oportunas adaptaciones. Lo verdaderamente importante es que el Rosario se comprenda y se experimente cada vez m谩s como un itinerario contemplativo. Por medio de 茅l, de manera complementaria a cuanto se realiza en la Liturgia, la semana del cristiano, centrada en el domingo, d铆a de la resurrecci贸n, se convierte en un camino a trav茅s de los misterios de la vida de Cristo, y 脡l se consolida en la vida de sus disc铆pulos como Se帽or del tiempo y de la historia.

CONCLUSI脫N

芦Rosario bendito de Mar铆a, cadena dulce que nos unes con Dios禄

39. Lo que se ha dicho hasta aqu铆 expresa ampliamente la riqueza de esta oraci贸n tradicional, que tiene la sencillez de una oraci贸n popular, pero tambi茅n la profundidad teol贸gica de una oraci贸n adecuada para quien siente la exigencia de una contemplaci贸n m谩s intensa.

La Iglesia ha visto siempre en esta oraci贸n una particular eficacia, confiando las causas m谩s dif铆ciles a su recitaci贸n comunitaria y a su pr谩ctica constante. En momentos en los que la cristiandad misma estaba amenazada, se atribuy贸 a la fuerza de esta oraci贸n la liberaci贸n del peligro y la Virgen del Rosario fue considerada como propiciadora de la salvaci贸n.

Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oraci贸n 鈥搇o he se帽alado al principio鈥 la causa de la paz en el mundo y la de la familia.

La paz

40. Las dificultades que presenta el panorama mundial en este comienzo del nuevo Milenio nos inducen a pensar que s贸lo una intervenci贸n de lo Alto, capaz de orientar los corazones de quienes viven situaciones conflictivas y de quienes dirigen los destinos de las Naciones, puede hacer esperar en un futuro menos oscuro.

El Rosario es una oraci贸n orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Pr铆ncipe de la paz y 芦nuestra paz禄 (Ef 2, 14). Quien interioriza el misterio de Cristo 鈥搚 el Rosario tiende precisamente a eso鈥 aprende el secreto de la paz y hace de ello un proyecto de vida. Adem谩s, debido a su car谩cter meditativo, con la serena sucesi贸n del Ave Maria, el Rosario ejerce sobre el orante una acci贸n pacificadora que lo dispone a recibir y experimentar en la profundidad de su ser, y a difundir a su alrededor, paz verdadera, que es un don especial del Resucitado (cf. Jn 14, 27; 20, 21).

Es adem谩s oraci贸n por la paz por la caridad que promueve. Si se recita bien, como verdadera oraci贸n meditativa, el Rosario, favoreciendo el encuentro con Cristo en sus misterios, muestra tambi茅n el rostro de Cristo en los hermanos, especialmente en los que m谩s sufren. 驴C贸mo se podr铆a considerar, en los misterios gozosos, el misterio del Ni帽o nacido en Bel茅n sin sentir el deseo de acoger, defender y promover la vida, haci茅ndose cargo del sufrimiento de los ni帽os en todas las partes del mundo? 驴C贸mo podr铆an seguirse los pasos del Cristo revelador, en los misterios de la luz, sin proponerse el testimonio de sus bienaventuranzas en la vida de cada d铆a? Y 驴c贸mo contemplar a Cristo cargado con la cruz y crucificado, sin sentir la necesidad de hacerse sus 芦cireneos禄 en cada hermano aquejado por el dolor u oprimido por la desesperaci贸n? 驴C贸mo se podr铆a, en fin, contemplar la gloria de Cristo resucitado y a Mar铆a coronada como Reina, sin sentir el deseo de hacer este mundo m谩s hermoso, m谩s justo, m谩s cercano al proyecto de Dios?

En definitiva, mientras nos hace contemplar a Cristo, el Rosario nos hace tambi茅n constructores de la paz en el mundo. Por su car谩cter de petici贸n insistente y comunitaria, en sinton铆a con la invitaci贸n de Cristo a 芦orar siempre sin desfallecer禄 (Lc 18,1), nos permite esperar que hoy se pueda vencer tambi茅n una 'batalla' tan dif铆cil como la de la paz. De este modo, el Rosario, en vez de ser una huida de los problemas del mundo, nos impulsa a examinarlos de manera responsable y generosa, y nos concede la fuerza de afrontarlos con la certeza de la ayuda de Dios y con el firme prop贸sito de testimoniar en cada circunstancia la caridad, 芦que es el v铆nculo de la perfecci贸n禄 (Col 3, 14).

La familia: los padres...

41. Adem谩s de oraci贸n por la paz, el Rosario es tambi茅n, desde siempre, una oraci贸n de la familia y por la familia. Antes esta oraci贸n era apreciada particularmente por las familias cristianas, y ciertamente favorec铆a su comuni贸n. Conviene no descuidar esta preciosa herencia. Se ha de volver a rezar en familia y a rogar por las familias, utilizando todav铆a esta forma de plegaria.

Si en la Carta apost贸lica Novo millennio ineunte he alentado la celebraci贸n de la Liturgia de las Horas por parte de los laicos en la vida ordinaria de las comunidades parroquiales y de los diversos grupos cristianos, 39 deseo hacerlo igualmente con el Rosario. Se trata de dos caminos no alternativos, sino complementarios, de la contemplaci贸n cristiana. Pido, por tanto, a cuantos se dedican a la pastoral de las familias que recomienden con convicci贸n el rezo del Rosario.

La familia que reza unida, permanece unida. El Santo Rosario, por antigua tradici贸n, es una oraci贸n que se presta particularmente para reunir a la familia. Contemplando a Jes煤s, cada uno de sus miembros recupera tambi茅n la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse rec铆procamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Esp铆ritu de Dios.

Muchos problemas de las familias contempor谩neas, especialmente en las sociedades econ贸micamente m谩s desarrolladas, derivan de una creciente dificultad comunicarse. No se consigue estar juntos y a veces los raros momentos de reuni贸n quedan absorbidos por las im谩genes de un televisor. Volver a rezar el Rosario en familia significa introducir en la vida cotidiana otras im谩genes muy distintas, las del misterio que salva: la imagen del Redentor, la imagen de su Madre sant铆sima. La familia que reza unida el Rosario reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jes煤s est谩 en el centro, se comparten con 茅l alegr铆as y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de 茅l la esperanza y la fuerza para el camino.

... y los hijos

42. Es hermoso y fructuoso confiar tambi茅n a esta oraci贸n el proceso de crecimiento de los hijos. 驴No es acaso, el Rosario, el itinerario de la vida de Cristo, desde su concepci贸n a la muerte, hasta la resurrecci贸n y la gloria? Hoy resulta cada vez m谩s dif铆cil para los padres seguir a los hijos en las diversas etapas de su vida. En la sociedad de la tecnolog铆a avanzada, de los medios de comunicaci贸n social y de la globalizaci贸n, todo se ha acelerado, y cada d铆a es mayor la distancia cultural entre las generaciones. Los mensajes de todo tipo y las experiencias m谩s imprevisibles hacen mella pronto en la vida de los chicos y los adolescentes, y a veces es angustioso para los padres afrontar los peligros que corren los hijos. Con frecuencia se encuentran ante desilusiones fuertes, al constatar los fracasos de los hijos ante la seducci贸n de la droga, los atractivos de un hedonismo desenfrenado, las tentaciones de la violencia o las formas tan diferentes del sinsentido y la desesperaci贸n.

Rezar con el Rosario por los hijos, y mejor a煤n, con los hijos, educ谩ndolos desde su tierna edad para este momento cotidiano de 芦intervalo de oraci贸n禄 de la familia, no es ciertamente la soluci贸n de todos los problemas, pero es una ayuda espiritual que no se debe minimizar. Se puede objetar que el Rosario parece una oraci贸n poco adecuada para los gustos de los chicos y los j贸venes de hoy. Pero quiz谩s esta objeci贸n se basa en un modo poco esmerado de rezarlo. Por otra parte, salvando su estructura fundamental, nada impide que, para ellos, el rezo del Rosario 鈥搕anto en familia como en los grupos鈥 se enriquezca con oportunas aportaciones simb贸licas y pr谩cticas, que favorezcan su comprensi贸n y valorizaci贸n. 驴Por qu茅 no probarlo? Una pastoral juvenil no derrotista, apasionada y creativa 鈥撀as Jornadas Mundiales de la Juventud han dado buena prueba de ello!鈥 es capaz de dar, con la ayuda de Dios, pasos verdaderamente significativos. Si el Rosario se presenta bien, estoy seguro de que los j贸venes mismos ser谩n capaces de sorprender una vez m谩s a los adultos, haciendo propia esta oraci贸n y recit谩ndola con el entusiasmo t铆pico de su edad.

El Rosario, un tesoro que recuperar

43. Queridos hermanos y hermanas: Una oraci贸n tan f谩cil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana. Hag谩moslo sobre todo en este a帽o, asumiendo esta propuesta como una consolidaci贸n de la l铆nea trazada en la Carta apost贸lica Novo millennio ineunte, en la cual se han inspirado los planes pastorales de muchas Iglesias particulares al programar los objetivos para el pr贸ximo futuro.

Me dirijo en particular a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado, sacerdotes y di谩conos, y a vosotros, agentes pastorales en los diversos ministerios, para que, teniendo la experiencia personal de la belleza del Rosario, os convirt谩is en sus diligentes promotores.

Conf铆o tambi茅n en vosotros, te贸logos, para que, realizando una reflexi贸n a la vez rigurosa y sabia, basada en la Palabra de Dios y sensible a la vivencia del pueblo cristiano, ayud茅is a descubrir los fundamentos b铆blicos, las riquezas espirituales y la validez pastoral de esta oraci贸n tradicional.

Cuento con vosotros, consagrados y consagradas, llamados de manera particular a contemplar el rostro de Cristo siguiendo el ejemplo de Mar铆a.

Pienso en todos vosotros, hermanos y hermanas de toda condici贸n, en vosotras, familias cristianas, en vosotros, enfermos y ancianos, en vosotros, j贸venes: tomad con confianza entre las manos el rosario, descubri茅ndolo de nuevo a la luz de la Escritura, en armon铆a con la Liturgia y en el contexto de la vida cotidiana.

隆Qu茅 este llamamiento m铆o no sea en balde! Al inicio del vig茅simo quinto a帽o de Pontificado, pongo esta Carta apost贸lica en las manos de la Virgen Mar铆a, postr谩ndome espiritualmente ante su imagen en su espl茅ndido Santuario edificado por el Beato Bartolom茅 Longo, ap贸stol del Rosario. Hago m铆as con gusto las palabras conmovedoras con las que 茅l termina la c茅lebre S煤plica a la Reina del Santo Rosario: 芦Oh Rosario bendito de Mar铆a, dulce cadena que nos une con Dios, v铆nculo de amor que nos une a los 脕ngeles, torre de salvaci贸n contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el com煤n naufragio, no te dejaremos jam谩s. T煤 ser谩s nuestro consuelo en la hora de la agon铆a. Para ti el 煤ltimo beso de la vida que se apaga. Y el 煤ltimo susurro de nuestros labios ser谩 tu suave nombre, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los tristes. Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo禄.

Vaticano, 16 octubre del a帽o 2002, inicio del vig茅simo quinto de mi Pontificado.


1

Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 45.

2

Pablo VI, Exhort. ap. Marialis cultus, (2 febrero 1974) 42, AAS 66 (1974), 153.

3

Cf. Acta Leonis XIII, 3 (1884), 280-289.

4

En particular, es digna de menci贸n su Carta ap. sobre el Rosario Il religioso convegno del 29 septiembre 1961: AAS 53 (1961), 641-647.

5

Angelus: L'Osservatore Romano ed. semanal en lengua espa帽ola, 5 noviembre 1978, 1.

6

AAS93 (2002), 285.

7

En los a帽os de preparaci贸n del Concilio, Juan XXIII invit贸 a la comunidad cristiana a rezar el Rosario por el 茅xito de este acontecimiento eclesial; cf. Carta al Cardenal Vicario del 28 de septiembre de 1960: AAS 52 (1960), 814-817.

8

Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 66.

9

N. 32: AAS 93 (2002), 288.

10

Ib铆d., 33: l. c., 289.

11

Es sabido y se ha de recordar que las revelaciones privadas no son de la misma naturaleza que la revelaci贸n p煤blica, normativa para toda la Iglesia. Es tarea del Magisterio discernir y reconocer la autenticidad y el valor de las revelaciones privadas para la piedad de los fieles.

12

El secreto admirable del sant铆simo Rosario para convertirse y salvarse,en Obras de San Luis Mar铆a G. de Montfort, Madrid 1954, 313-391.

13

Beato Bartolo Longo, Storia del Santuario di Pompei, Pompei 1990, p.59.

14

Exhort. ap. Marialis cultus (2 febrero 1974), 47: AAS 66 (1974), 156.

15

Const. sobre Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium,10.

16

Ib铆d., 12.

17

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 58.

18

I Quindici Sabati del Santissimo Rosario,27 ed., Pompeya 1916), p. 27.

19

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 53.

20

Ib铆d., 60.

21

Cf. Primer Radiomensaje Urbi et orbi (17 octubre 1978): AAS 70 (1978), 927.

22

Tratado de la verdadera devoci贸n a la Sant铆sima Virgen, 120, en: Obras. de San Luis Mar铆a G. de Montfort, Madrid 1954, p.505s.

23

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 2679.

24

Ib铆d., 2675.

25

La Suplica a la Reina del Santo Rosario, que se recita solemnemente dos veces al a帽o, en mayo y octubre, fue compuesta por el Beato Batolom茅 Longo en 1883, como adhesi贸n a la invitaci貌n del Papa Leon XIII a los cat贸licos en su primera Enc铆clica sobre el Rosario a un compromiso espiritual orientado a afrontar los males de la sociedad.

26

Divina Comedia,Par. XXXIII, 13-15.

27

Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 20: AAS 93 (2001), 279.

28

Exort. ap. Marialis cultus (2 febrero 1974), 46: AAS 66 (1974), 155.

29

Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 28: AAS 93 (2001), 284.

30

N. 515.

31

Angelus del 29 de octubre 1978: L'Osservatore Romano,ed. semanal en lengua espa帽ola, 5 noviembre 1978, 1.

32

Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.

33

S. Ireneo de Lyon, Adversus haereses, III, 18,1: PG 7, 932.

34

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica,2616.

35

Cf. n. 33: AAS 93 (2001), 289.

36

Carta a los artistas(4 abril 1999), 1: AAS 91 (1999), 1155.

37

Cf. n. 46: AAS 66 (1974), 155. Esta costumbre ha sido alabada recientemente por la Congregaci贸n para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones (17 diciembre 2001), n.201.

38

芦...concede, qu忙sumus, ut h忙c mysteria sacratissimo beat忙 Mari忙 Virginis Rosario recolentes, et imitemur quod continent, et quod promittunt assequamur禄: Missale Romanum (1960) in festo B. M. Virginis a Rosario.

39

Cf. n. 34: AAS 93 (2001), 290.

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