Santa Teresa de Jesús, Cartas
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Cta 100 A los señores Guérin

J.M.J.T.

30 de diciembre de 1889

Jesús +

Queridos tíos:

También vuestro benjamín quiere felicitaros, a su vez, el año nuevo... Igual que cada día tiene su última hora, así también cada año ve llegar su última noche. Y en la noche de este año me siento llevada a echar una mirada sobre el pasado y sobre el futuro. Mirando al tiempo que acaba de pasar, creo que tengo que dar gracias a Dios, pues si su mano nos ha presentado un cáliz de amargura, su corazón divino ha sabido sostenernos en la prueba y nos ha dada la fuerza necesaria para beber su cáliz hasta las heces... ¿Qué nos reserva para el año que va a empezar...? No me es dado penetrar este misterio, pero pido a Dios que recompense al ciento por uno a mis familiares queridos por todas las conmovedoras bondades que tienen con nosotras... El primer día del año es para mí todo un mundo de recuerdos... Aún veo a papá llenándonos de caricias... ¡Era tan bueno...! ¿Pero a qué evocar esos recuerdos? Nuestro padre querido ha recibido ya la recompensa de sus virtudes: Dios le ha enviado una prueba digna de él. Están dando las nueve, y tengo que terminar esta carta sin haber dicho nada de lo que hubiera debido. Espero que mis queridos parientes perdonarán a su Teresita, y sobre todo que sabrán disculpar su letra, que no hay quien la lea... ¡Feliz Año Nuevo a mis queridas hermanitas...! Sobre todo, que María se ponga buena muy pronto. Me enfadaré con ella si la GRIPE le impide venir a vernos... Adiós, queridos tíos, su hijita les desea un feliz Año Nuevo y les abraza con todo su corazón,

Sor Teresa del Niño Jesús

nov. carm. ind.

Cta 101 A Celina

J.M.J.T.

31 de diciembre de 1889

Querida Celina:

¡Mi último adiós de este año va a ser para ti...! ¡Dentro de unas horas habrá pasado ya para siempre..., pertenecerá a la eternidad...! Como mi Celina ya está acostada, me toca a mí ir a su encuentro para desearle un feliz Año Nuevo... ¿Te acuerdas de otros tiempos...? El año que acaba de pasar ha sido bueno; sí, ha sido un año precioso para el cielo. ¡Ojalá que el que le sigue se le pueda parecer...! Celina, no me extraña verte en la cama después de un año así. Al final de un día como ése, ¡hay mucho de qué descansar...! ¿Me comprendes...? ¡¡¡Tal vez el año que va a comenzar sea el último!!! ¡Aprovechémonos, aprovechemos sus más breves momentos, hagamos como los avaros, vivamos celosas de los más pequeños detalles por el Amado...! Nuestro último día del año es muy triste esta vez... Con el corazón lleno de recuerdos, quiero velar a la espera de la media noche... Lo evoco todo... Ahora somos huérfanas, pero podemos decir con amor: «Padre nuestro, que estás en el cielo»3. ¡Sí, nos queda todavía el único todo de nuestras almas...! ¡Un año más que ha pasado...! ¡Celina!, ha pasado, pasado, y ya no volverá más. Como ha pasado este año pasará también nuestra vida, y pronto podremos decir también de ella: «Ha pasado». ¡No perdamos el tiempo, pronto la eternidad brillará para nosotras...! Celina, si quieres, convirtamos almas. ¡Tenemos que forjar este año muchos sacerdotes que sepan amar a Jesús...!, ¡que le toquen con la misma delicadeza con que le tocaba María en la cuna...!.

Tu hermanita,

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Deseo también un feliz año nuevo a Loló, pero creo que la veré... Da un montón de gracias a mis tíos y diles que sus regalos me han llegado muy a lo hondo del alma. Dales también muchas gracias a Juana y a María, que son realmente demasiado bondadosas.

Cta 102 A Celina

27 de abril de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Querida Celina:

Yo que me las prometía felices con la idea de escribirte una larga carta para tus 21 años, apenas tengo unos momentos para ello... Celina, ¿pensabas que tu Teresa podía olvidarse del 28 de abril...? Celina, mi corazón está lleno de recuerdos..., me parece que hace siglos que te quiero y sin embargo aún no hace 21 años... Pero ahora tengo la eternidad por delante... Celina, la lira de mi corazón cantará para ti el 28, tu nombre resonará repetidamente en los oídos de mi Jesús... Y ya que nuestro corazón es SOLO UNO, ¡démoselo todo entero a Jesús! Tenemos que caminar siempre juntas, ¡pues Jesús no puede habitar en medio corazón...! Pídele que tu Teresa no se quede atrás... Al ver la estampa de la Santa Faz, los ojos se me han llenado de lágrimas, ¿no es ésa la imagen de nuestra familia? Sí, nuestra imagen es un ramo de lirios, y el Lirio sin nombre está en medio, y está como rey, y nos hace compartir los honores de su realeza. Su sangre divina rocía nuestras corolas, y sus espinas, al desgarrarnos, exhalan el perfume de nuestro amor. Adiós, Celina, vienen a interrumpir nuestra charla. Compréndelo todo.

Teresa

Cta 103 A sor Inés de Jesús

4 (?) de mayo de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Corderito querido, mi corazón te sigue a la soledad. ¿Sabes, «alondra ligera», que tienes un hilo atado a tu pata y que, por alto que subas, tendrás que arrastrar tu carga...? Pero un grano de arena no pesa mucho, y, además, será más ligero si así se lo pides a Jesús... ¡Y cómo desea ser reducido a la nada, ser ignorado por todas las criaturas! El pobrecito no desea ya nada, nada más que el OLVIDO...; ni siquiera el desprecio o las injurias, pues eso sería demasiado glorioso para un grano de arena. Si lo despreciasen, tendrían que verlo. ¡Pero el OLVIDO...! Sí, deseo ser olvidada, y no sólo por las criaturas sino también por mí misma. Quisiera ser reducida a la nada de tal modo, que no tuviera ya ningún deseo... La gloria de mi Jesús, ¡sólo eso! La mía, a él se la entrego. Y si parece olvidarme, pues bien, es muy libre de hacerlo, pues yo ya no soy mía sino suya... ¡Antes se cansará él de hacerme esperar que yo de esperarlo a él...! Cordero querido, ¿me comprendes...? Compréndelo todo, incluso lo que no logra expresar mi corazón. Tú, que eres una antorcha luminosa que Jesús me ha dado para alumbrar mis pasos por los senderos tenebrosos del exilio, compadécete de mi debilidad y escóndeme bajo tu velo para que participe de tu luz... Dile a Jesús que me mire, que sus dondiegos penetren con sus rayos luminosos el corazón del grano de arena. Y, si no es demasiado, pídele también que la Flor de las flores entreabra su corola y que el sonido melodioso que sale de ella haga vibrar en mi corazón sus misteriosas enseñanzas...

Cordero querido, ¡no olvides al grano de arena...!

Cta 104 A sor Inés de Jesús (Fragmentos)

5-6 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Gracias por tu carta. ¡Sí, gracias...!

No me sorprende que no tengas consuelo, pues Jesús es tan poco consolado que es feliz al encontrar un alma en la que pueda descansar sin cumplidos... ¡Qué orgullosa me siento de ser tu hermana! Y también tu hijita, ya que fuiste tú quien me enseñó a amar a Jesús y a buscarlo sólo a él. (...) y a menospreciar a todas las criaturas... De Celina no sé más que tú, e incluso menos, pues no sabía que lo está pasando mal; si no es en (...) molesto. Celina nos habló de nuestro pobre papaíto y ha señalado que es (...) nos (...) de Juana. Nos dijo también que rezáramos mucho por Leonia, pues lo está pasando mal a causa de su enfermedad; creo que a mi tío le parece peligroso pues lo tiene hinchado todo alrededor. Celina nos ha hablado de nuestro pobre papaíto, e indica que fue el sábado, día de la Invención de la Santa Cruz, cuando también nosotras encontramos nuestra cruz. Leonia estaba allí. Espera obtener la curación en la Santa Faz o en Lourdes. Bajará a la piscina. ¡Pobre Leonia! Fue muy buena: quería privarse de venir al locutorio por complacer a Celina. .. Como tocaron a Vísperas, me marché. No sé cuándo llegarán a Tours, pero creo que la semana que viene estarán en Lourdes. Hay que escribir el lunes o el martes antes del mediodía para que la carta llegue el sábado. ¡Ah, qué destierro es la tierra...! No debemos buscar en ella apoyo alguno fuera de Jesús, pues sólo él es inmutable. ¡Qué dicha pensar que él no puede cambiar...! ¡Qué alegría para nuestro corazón pensar que nuestra familia ama tan tiernamente a Jesús! Ese pensamiento me produce siempre gran consuelo: ¿no es nuestra familia una familia virginal, una familia de lirios...? Pídele a Jesús que el más pequeño, que el último de todos, no sea el último en amarlo con toda su capacidad de amor...

Cta 105 A Celina 10 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Querida Celina:

¿Estás contenta del viaje...? Espero que la Santísima Virgen te colme de sus gracias; si no son gracias de consuelo, serán sin duda gracias de luz... ¡Y la Santa Faz...! ¿Sabes, Celina, que es una gracia muy grande el visitar todos esos lugares benditos...? Mi corazón querría seguirte a todas partes, pero, ¡ay!, no conozco el itinerario del viaje; incluso pensaba que no estaríais en Lourdes hasta la semana que viene. Celina, debes disfrutar mucho contemplando la hermosura de la naturaleza, las montañas..., los ríos plateados, ¡todo eso es tan grandioso, tan a propósito para elevar nuestras almas...! ¡Sí, hermanita querida!, despeguémonos de la tierra, volemos a la montaña del amor donde se encuentra el hermoso Lirio de nuestras almas... ¡Despeguémonos de los consuelos de Jesús para adherirnos sólo a Él...! ¿Y la Santísima Virgen? Celina, escóndete a la sombra de su manto virginal para que ella te virginice... ¡Es tan blanca y tan hermosa la pureza...! ¡Dichosos los corazones puros, porque ellos verán a Dios...! Sí, le verán incluso en la tierra, donde nada es puro, pero donde todas las criaturas se vuelven límpidas cuando se las mira a través de la Faz del más bello y más blanco de los lirios... Celina, los corazones puros están a veces rodeados de espinas..., viven con frecuencia en tinieblas. Entonces esos lirios creen haber perdido su blancura, piensan que las espinas que los rodean han llegado a desgarrar su corola... ¿Entiendes, Celina...? Los lirios entre espinas son los predilectos de Jesús, ¡en medio de ellos encuentra él sus delicias...! ¡Dichoso el que ha sido hallado digno de sufrir la tentación! T. del Niño Jesús de la santa Faz nov. carm. ind. Hubiera querido escribir a mi querida Leonia, pero me es imposible por falta de tiempo. Dile que rezo mucho por ella y que pienso mucho en mi madrina querida. Pensaba escribir también a Mariíta, pero no puedo; pido mucho a la Santísima Virgen que haga de ella un pequeño lirio que piense mucho en Jesús y se abandone, con todas sus miserias, en manos de la obediencia... No me olvido de mi Juana... No hemos recibido nada del Canadá5. Sor Inés de Jesús no puede escribir, debido a su retiro. Si no has comprado nada para nuestra Madre, podrías traerle una Virgen de Lourdes sin pintar, de 4 ó 5 francos.

Cta 106 A sor Inés de Jesús

10 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Cordero querido, un día más y volverás a luchar en la llanura... Y el pobre corderito volverá a encontrar por fin a su mamá... ¡Qué feliz soy de estar para siempre prisionera en el Carmelo!.No tengo ganas de ir a Lourdes para tener éxtasis, ¡prefiero «la monotonía del sacrificio»! ¡Qué dicha estar tan bien escondida que nadie piense en ti..., ser desconocida incluso de las personas que viven con nosotras...! Cordero querido, ¡cuántas gracias doy a Jesús por haberme puesto en tus manos, por hacer que tú comprendas tan bien a mi alma...! No acierto a decirte todo lo que pienso. ¡Ah, el CIELO! Allí, una sola mirada, ¡y todo estará dicho y comprendido...! El silencio. Ese es el único lenguaje que puede decirte todo lo que pasa dentro de mi alma...

Cta 107 A Celina

19-20 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Mayo de 1890

Jesús +

Celinita querida:

Me han encargado que te escriba unas letras para decirte que no vengas a darnos noticias de papá durante el retiro de Pentecostés. Si pudieras escribirnos unas letras, sería un lindo detalle, y luego podrías venir a vernos el lunes. Celina querida, me alegro mucho de que me hayan encomendado esta misión, pues necesito decirte que creo que Dios te ama enormemente y te trata como a una privilegiada... Sí, realmente puedes decir que tu recompensa es grande en el cielo, pues está escrito: «Dichosos vosotros cuando os persigan y os calumnien de cualquier modo». Así que alégrate y salta de alegría... Celina, ¡qué privilegio ser desconocida en la tierra...! Los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos. Si lo fuesen, toda nuestra vida sólo sería un himno de gratitud... Celina, ¿crees que santa Teresa recibió más gracias que tú...? Yo no te diría que te fijaras en su santidad seráfica, sino que ¡seas perfecta como tu Padre celestial es perfecto...! Sí, Celina, nuestros deseos infinitos no son sueños ni quimeras, ya que Jesús mismo nos ha dado este mandamiento... Celina, ¿no te parece que ya no nos queda nada en la tierra? Jesús quiere hacernos beber su cáliz hasta las heces dejando a nuestro padre querido allá abajo. No le neguemos nada. ¡Tiene tanta necesidad de amor y está tan sediento, que espera de nosotras esa gota de agua que pueda refrescarlo...! Demos sin medida, un día él dirá: «Ahora me toca a mí». Dale muchísimas gracias a mi querida Mariíta por su precioso ramo de rosas; dile que se lo ofrezco a Jesús de su parte y que a cambio le pido que adorne su alma con tantas virtudes como capullos de rosas hay en él...

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Cta 108 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 18 de julio de 1890

Jesús... +

Celina querida:

¡Si supieras lo mucho que tu carta ha hablado a mi alma...! ¡La alegría inundaba mi corazón como un océano inmenso...! Celina, todo lo que te tengo que decir tú ya lo sabes, porque tú eres yo misma... Te mando una hoja que ha hablado mucho mucho a mi alma; me parece que la tuya se va a abismar también en ella... Celina, hace ya tanto tiempo..., y ya entonces el alma del profeta Isaías se abismaba como la nuestra en las BELLEZAS ESCONDIDAS de Jesús... Celina, cuando leo estas cosas, me pregunto: ¿qué es el tiempo...? El tiempo no es más que un espejismo, un sueño... ¡Dios nos ve ya en la gloria y SE GOZA de nuestra bienaventuranza eterna...! ¡Cuánto bien hace a mi alma este pensamiento! Comprendo entonces por qué Dios no regatea con nosotros... Sabe que nosotras le entendemos, y nos trata como a sus amigos, como a sus esposas más queridas... Celina, ya que Jesús ha estado «solo pisando el vino» que nos da a beber, no nos neguemos nosotras a llevar los vestidos teñidos de sangre..., pisemos para Jesús un vino nuevo que apague su sed, que le devuelva amor por amor. No nos guardemos ni una sola gota del vino que podamos ofrecerle..., y entonces él, mirando a su alrededor, verá que nosotras venimos a ayudarle... Su rostro estaba como escondido... Celina, hoy también lo sigue estando, pues ¿quién comprende las lágrimas de Jesús...? Celina querida, hagamos de nuestro corazón un pequeño sagrario donde Jesús pueda refugiarse. Así, él se verá consolado y olvidará lo que nosotras no podemos olvidar: «la ingratitud de las almas que lo abandonan en un sagrario desierto...». «Ãbreme, hermana mía, esposa mía, que tengo la cabeza cubierta de rocío y mis rizos del relente de la noche» (Cantar de los Cantares). Eso es lo que Jesús nos dice al alma cuando se encuentra abandonado y olvidado. ¡El olvido, Celina! Creo que eso es lo que más pena le produce... ¡Papá...! No puedo, Celina, decirte todo lo que pienso, sería demasiado largo, y además ¿cómo decir ciertas cosas que el mismo pensamiento apenas puede traducir, profundidades que se encuentran en los abismos más íntimos del alma...? Jesús nos ha enviado la cruz más escogida que, en su amor inmenso, ha podido inventar... ¿Cómo quejarnos, cuando él mismo fue considerado como un hombre herido por Dios y humillado...? El hechizo divino hechiza mi alma y la consuela de una forma maravillosa en todos los momentos del día. ¡Qué sonrisas, las lágrimas de Jesús...! Da a todos un abrazo de mi parte, y diles todo lo que se te ocurra... Me acuerdo mucho de mi Leonia querida, de mi querida salesa. Dile a María del Santísimo Sacramento que Jesús le pide mucho amor, que espera de ella la reparación de las frialdades que recibe, ¡su corazón ha de ser una hoguera donde Jesús pueda calentarse...! ¡Tiene que olvidarse por completo de sí misma, para no pensar más que en él...! Celina, oremos por los sacerdotes, ¡sí, oremos por ellos! Consagrémosles nuestras vidas. Jesús me hace sentir a diario que espera esto de nosotras dos. C.T.

J.M.J.T. Del profeta Isaías (cap. 53)

¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? El Cristo creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No había en él belleza ni esplendor; lo vimos sin aspecto atrayente. Despreciado, rechazado por los hombres, como un hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos... Su rostro estaba como escondido... Parecía despreciable y no lo reconocimos. Él soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores. Nosotros lo tuvimos por leproso, herido de Dios y humillado... Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El castigo que nos iba a traer la paz cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.

Capítulo 53

¿Quién es ese que viene de Edóm y de Bosrá, con vestidos teñidos de rojo...? ¿Quién es ese que resplandece por la hermosura de sus vestidos y que camina con una fuerza todopoderosa...? Soy yo, y mi palabra es palabra de justicia, y vengo para defender y para salvar. ¿Por qué están rojos tus vestidos, y tu ropa como la de los que pisan el vino en el lagar? Yo solo pisé el vino, ningún pueblo me ayudó. Miré a mi alrededor, y no había nadie que me ayudase; busqué, y no hallé quien me socorriera... Esos que están vestidos con blancas vestiduras ¿quiénes son y de dónde han venido? Esos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del cordero. Por eso están ante el trono de Dios sirviéndole día y noche... Mi amado es un ramillete de mirra, descansará sobre mi corazón... Mi amado brilla por la blancura y el resplandor de su rostro, los cabellos de su cabeza se parecen a la púrpura real. Mi amado es adorable, su rostro inspira amor, y su faz inclinada me urge a darle amor por amor. Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo, y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.

(Fragmento de un cántico de Nuestro Padre san Juan de la Cruz).

Cta 109 A María Guérin

27-29 de julio de 1890

J.M.J.T.

El Carmelo, julio de 1890

Jesús +

Querida Mariíta:

Da gracias a Dios por todos los dones que te ha concedido y no seas tan ingrata que no los reconozcas. Me haces el efecto de una joven aldeana a quien un rey poderoso viniera a pedir en matrimonio y que no se atreviera a aceptar bajo el pretexto de que ella no es lo suficientemente rica ni educada en las costumbres de la corte, sin reparar en que su prometido real conoce su pobreza y su debilidad mucho mejor que ella misma... María, si tú no eres nada, no debes olvidar que Jesús lo es todo; y por tanto, tu pequeña nada tiene que perderse en su infinito todo y no pensar más que en ese todo, el único digno de ser amado... Tampoco tienes que desear ver el fruto de tus esfuerzos: Jesús quiere guardar para sí solo esas pequeñas nadas que lo consuelan... Te equivocas, amiga mía, si crees que tu Teresita recorre siempre ilusionada el camino de la virtud. Ella es débil, muy débil, y experimenta a diario esa triste realidad. Pero, María, Jesús se complace en enseñarle, como a san Pablo, la ciencia de gloriarse en sus enfermedades. Es ésta una gracia muy grande, y pido a Jesús que te la enseñe, porque sólo ahí se encuentra la paz y el descanso del corazón. Cuando una se ve tan miserable, no quiere ya preocuparse de sí misma y sólo mira a su único Amado... Mi querida Mariíta, yo no conozco otro camino que «el amor» para llegar a la perfección... ¡Amar! ¡Qué bien hecho está para eso nuestro corazón...! A veces busco otra palabra para expresar el amor, pero en esta tierra de exilio las palabras son incapaces de emitir todas las vibraciones del alma, y tenemos que limitarnos a esa única palabra: «¡Amar!»... ¿Pero a quién podrá prodigarlo nuestro pobre corazón, hambriento de amor...? ¿Quién será lo suficientemente grande para eso...? ¿Podrá un ser humano comprenderlo..., y, sobre todo, saber corresponderle...? María, no hay más que un ser capaz de comprender toda la profundidad de esa palabra: ¡amar...! No hay nadie, fuera de Jesús, que pueda darnos infinitamente más de lo que nosotros le damos a él... ¡María del Santísimo Sacramento...! Tu nombre te está diciendo tu misión... Consolar a Jesús, hacer que las almas le amen... Jesús está enfermo, y hay que tener en cuenta que la enfermedad del amor sólo se cura con amor... María, entrega todo tu corazón a Jesús. Él tiene sed de él, está hambriento de él. Tu corazón, he ahí lo que él ambiciona, hasta el punto de que, por poseerlo, consiente en alojarse en un cuartucho sucio y oscuro... ¿Cómo no amar a un amigo que se reduce a tan extrema indigencia? ¿Cómo atreverse a seguir alegando la propia pobreza, cuando Jesús se hace semejante a su prometida...? Era rico y se hizo pobre para unir su pobreza a la pobreza de María del Santísimo Sacramento... ¡Qué gran misterio de amor...! Todos mis recuerdos a mi querida colonia. Mi corazón está siempre con María del Santísimo Sacramento. El sagrario es la casa del amor en la que nuestras dos almas están encerradas...

Tu hermanita, que te pide que no la olvides en tus oraciones,

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. (ind.)

Cta 110 A sor Inés de Jesús

30-31 de agosto de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Mamaíta querida, ¡gracias, sí, gracias...! ¡Si supieras todo lo que tu carta le dice a mi alma...! Pero la pequeña solitaria tiene que decirte el itinerario de su viaje. Helo aquí: Antes de partir, su Prometido pareció preguntarle a qué país quería viajar y qué ruta deseaba seguir, etc. etc. Su pequeña prometida le contestó que ella no tenía más que un deseo: dirigirse a la cima de la montaña del amor. Para llegar allá se le ofrecían muchos caminos, y había tantos perfectos entre ellos, que se sentía incapaz de elegir. Entonces dijo a su guía divino: «Tú ya sabes adónde quiero llegar, tú sabes por quién deseo escalar la montaña y por quién quiero llegar a la meta, tú sabes a quién amo y quién es el único a quien quiero contentar. Sólo por él emprendo este viaje; guíame, pues, por los senderos que a él más le gusta recorrer. Con tal que él esté contento, yo me sentiré en el colmo de la felicidad». Entonces Jesús me tomó de la mano y me hizo entrar en un subterráneo donde no hace ni frío ni calor, donde no luce el sol y al que no visitan ni el viento ni la lluvia. Un subterráneo donde no veo nada más que una claridad semivelada, la claridad que difunden a su alrededor los ojos bajos de la Faz de mi Prometido... Mi Prometido no me dice nada, ni yo le digo tampoco nada a él; tan sólo que le amo más que a mí misma. Y en el fondo de mi corazón siento que es verdad, ¡pues soy más de él que mía...! No veo que avancemos hacia la cumbre de la montaña, pues nuestro viaje se hace bajo tierra; pero, con todo, me parece que nos acercamos a ella sin saber cómo. La ruta que sigo no tiene ningún consuelo para mí, y sin embargo me trae todos los consuelos, porque es Jesús quien la ha elegido y yo quiero consolarlo sólo a él, ¡sólo a él...! ¡Ay, qué verdad tan grande es que, si yo le ofrezco las uvas de mi corazón, lo hago entre la B y la A, porque ni yo misma entiendo nada! ¿Tengo que escribir al Sr. Lepelletier y al Sr. Révérony que voy a hacer la profesión...? Sobre todo no te olvides de ir a la bodega a tomar tu sorbito de vino; y al beberlo, piensa en tu hijita que, a buen seguro, tampoco está bebiendo los vinos azucarados de Engaddi... Pide que ella sepa dárselo a su Esposo, salvando almas, y se sentirá consolada...

Cta 111 A sor María del Sdo. Corazón

30-31 de agosto de 1890

Querida madrinita:

¡Si supieras cómo ha embelesado el alma de tu hijita tu canto del cielo...! Yo te aseguro que ella no escucha en absoluto armonías celestiales. Su viaje de bodas es tremendamente árido. Es cierto que su prometido le hace recorrer países fértiles y de ensueño, pero la noche le impide admirar cosa alguna y sobre todo disfrutar de todas esas maravillas. Tal vez pienses que tu hijita se aflige por ello. Pero no; al contrario, es feliz siguiendo a su Prometido únicamente por amor a él, y no por sus regalos... ¡Sólo él! ¡Es tan hermoso, tan encantador! ¡Incluso cuando se calla...! ¡Incluso cuando se esconde...! ¿Comprendes a tu hijita...? Está cansada de los consuelos de la tierra, y no quiere más que a su Amado, sólo a él... No te olvides de rezar mucho por la hijita que tú educaste y que es tuya.

Cta 112 A sor Inés de Jesús

1 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús + Lunes

Te paso la carta que he escrito para papá. Si te parece que no puede ir así, hazme tú un borrador; pero creo que no la va a entender... ¡Qué misterio el amor de Jesús a nuestra familia...! ¡Qué misterio las lágrimas y el amor de este esposo de sangre...! Mañana estaré con el Sr. Youf. Me ha dicho que le haga una breve relación, pero sólo desde que estoy en el Carmelo. Reza mucho para que Jesús me conserve la paz que ME HA DADO. Me sentí muy feliz al recibir la absolución el sábado... Pero no comprendo el retiro que estoy haciendo, no pienso en nada. En una palabra, ¡me encuentro en un subterráneo muy oscuro...! Pídele a Jesús, tú que eres mi luz, que no permita que las almas se vean privadas por mi culpa de las luces que necesitan, sino que mis tinieblas sirvan para iluminarlas a ellas... Pídele también que haga unos buenos ejercicios espirituales y qué él esté tan contento como sea posible. Así, también yo estaré contenta y aceptaré, si ésa es su voluntad, caminar toda mi vida por la ruta oscura que estoy siguiendo, con tal que un día pueda llegar a la cima de la montaña del amor, aunque creo que esto no será aquí en la tierra. (Voy a tomar mi sorbito de vino; también esta mañana me habría apetecido, pero no pude encontrar a nuestra Madre.) ¿Tengo que escribir a la señora Papinot...? Me parece que no vale la pena, no lo entendería, ¿no sería quizás mejor esperar a la toma de velo...?

Cta 113 A sor María del Sdo. Corazón

2-3 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús ¡Si supieras el bien que me hacen tus palabras...! Son para mí como una música de cielo, me parece escuchar la voz de un ángel... ¿Pero acaso no eres tú el ángel que me condujo y me guió en la ruta del destierro hasta mi entrada en el Carmelo? Y aun ahora sigues siendo para mí el ángel que consoló mi niñez, y veo en ti lo que las demás no pueden ver, pues sabes esconder tan bien lo que eres en realidad, que el día de la eternidad muchas personas se quedarán sorprendidas. Pero tu hijita no se sorprenderá de nada; y por muy bellos que sean tu trono y tu diadema, ella no se asombrará de lo que el amor del esposo divino dará a quien modeló en su corazón el mismo amor al esposo de las vírgenes. Y tu hijita espera ser también, en tu corona, una florecilla muy pequeñita que prestará su humilde brillo a la gloria de su ángel visible en la tierra.

Cta 114 A sor Inés de Jesús

3 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Cordero querido:

Sí, para nosotras las alegrías irán siempre mezcladas con el sufrimiento. La gracia de ayer exigía un broche final, y Jesús te lo ha dado a ti primero, y luego a mí a la vez, ¡porque todo lo que a ti te hace sufrir me duele a mí en lo más hondo...! Quisiera saber si nuestra Madre te ha consolado o si sigues apenada. Me parece que tendríamos que dar las gracias al «santo anciano Simeón» y decirle que llegó su carta. ¿Qué opinas tú? Te paso esas líneas de sor Teresa de Jesús. Me las entregó esta mañana. ¿He de hacerle todo eso...? No tengo modelos, y además me parece que la ropa y la Santísima Virgen corren más prisa, pero haré lo que me digas. ¿Crees realmente que Celina se va a morir...? Ayer le prometí hacer la profesión por las dos, pero no me atreveré a pedirle a Jesús que la deje en la tierra si no es ésa su voluntad. Me parece que el amor puede suplir a una larga vida... Jesús no mira al tiempo, pues en el cielo el tiempo ya no existe. No debe de mirar más que al amor. Pídele que me dé mucho amor también a mí. No pido amor sensible, sino un amor conocido sólo de Jesús. Amarle y hacerle amar, ¡qué dulzura...! Dile también que me lleve el día de mi profesión si voy a ofenderle después, pues quisiera llevarme al cielo sin mancha alguna la blanca estola de mi segundo bautismo. Pero creo que Jesús puede concederme la gracia de no volver a ofenderlo, o bien la de no cometer más que faltas que no le OFENDAN sino que nos humillan y que hacen más fuerte el amor. ¡Si supieras lo mucho que te hablaría de eso si tuviese palabras para expresar lo que pienso, o, mejor, que no pienso pero que siento...! ¡Qué misteriosa es la vida...! Es un desierto y un destierro... Pero en lo más hondo del alma sabemos que habrá un día de LEJANIAS infinitas, de LEJANIAS que harán olvidar para siempre las tristezas del desierto y del destierro... El granito de arena El Sr. abate Domin no sabe que voy a hacer la profesión, ¿se lo tengo que decir? Me parece que si nuestra Madre aún no ha escrito a la

Abadía, podría decir a esas señoras que se lo comuniquen.

Cta 115 A sor Inés de Jesús

4 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Te paso la carta de Roma para que, si quieres, se la hagas llegar a Celina. Tal vez papá no la entienda, pero no será difícil conseguirlo, y si algún día lograse entenderla, ¡se sentiría tan dichoso! ¿Tengo que mandarle también mis votos para que él los bendiga? Si te parece que sí, dímelo mañana por la mañana para escribirlos cuanto antes. Los pondríamos en medio de la corona, ¿pero no será quizás mejor no hacer nada...? Gracias por tu cartita, ¡si supieras cómo me ha gustado...! Mi alma sigue en el túnel, pero es muy feliz allí; sí, feliz de no tener ningún consuelo, porque pienso que así su amor no es como el amor de las prometidas de la tierra, que están siempre mirando las manos de su prometido para ver si les trae algún regalo, o su rostro para sorprender en él una sonrisa de amor que las cautive...

Pero la pobre prometida de Jesús sabe que ella ama a Jesús sólo por él, y sólo quiere mirar al rostro de su amado para sorprender en él las lágrimas que corren de los ojos que la han cautivado con sus secretos encantos... Y quiere enjugar esas lágrimas para hacer con ellas su aderezo el día de sus bodas. Un aderezo que será también secreto, pero que su Amado sabrá entender.

Cta 116 A sor María del Sdo. Corazón

7 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Me gustaría que las velas del Niño Jesús estuvieran encendidas cuando me dirija a la sala capitular, ¿quieres ir tú a encenderlas...? Por favor, no te olvides... No he puesto las velas color rosa, porque las otras le dicen mucho más a mi alma: empezaron a lucir el día de mi toma de hábito. Entonces estaban rosadas y nuevas. Papá (que me las había regalado) estaba allí, y todo era alegría... Pero ahora el color rosa se ha ido. ¿Hay todavía aquí en la tierra alegrías color de rosa para la huerfanita de la Berezina...? ¡No!, para ella ya no hay más que alegrías celestiales..., alegrías en las que todo lo creado, que no es nada, cede el paso a lo increado, que es la realidad... ¿Comprendes a tu hijita...? Mañana será la esposa de Jesús. Mañana será la esposa de aquel cuyo rostro estaba oculto y a quien nadie conocía... ¡Qué alianza y qué porvenir...! Sí, lo sé muy bien, mis bodas estarán rodeadas de ángeles, sólo el cielo se alegrará, y también la pequeña esposa y sus hermanas queridas...

Cta 117 A María del Sdo. Corazón

Recuerdo del 8 de septiembre de 1890 Día de eterno recuerdo, en el que tu hijita se ha convertido como tú en la esposa de aquel que dijo: «Mi reino no es de este mundo», y en otro lugar: «Además, pronto veréis al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo a la derecha de Dios». Ese es el día que nosotras esperamos... Día de las bodas eternas, en que nuestro Jesús enjugará todas las lágrimas de nuestros ojos y en que nos sentará con él en su trono... Ahora su rostro está como escondido a los ojos de los mortales; pero a nosotras, que comprendemos sus lágrimas en este valle de destierro, pronto se nos mostrará en la patria su Faz resplandeciente, y entonces llegará el éxtasis, la eterna unión gloriosa con nuestro esposo... Pídele que yo, a quien tú iniciaste en los caminos de la virtud, pueda estar un día muy cerca de ti en la patria. Tu hijita.

Cta 118 «Carta de invitación a las bodas de sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz»

8-20 de septiembre (?) de 1890 J.M.J.T.

El Dios todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, Dueño y Soberano del mundo, y la gloriosísima Virgen María, Reina y Princesa de la Corte Celestial, tienen a bien participar a Vd. el matrimonio de su hijo Jesús, Rey de reyes y Señor de señores, con la señorita Teresa Martin, ahora Señora y Princesa de los reinos aportados en dote por su esposo, a saber: la Infancia de Jesús y su Pasión, siendo sus títulos de nobleza: del Niño Jesús y de la Santa Faz. El señor Luis Martin, Propietario y Dueño de los Señoríos del sufrimiento y de la humillación, y la señora de Martin, Princesa y Dama de honor de la Corte Celestial, tienen a bien participarle a Vd. el matrimonio de su hija Teresa con Jesús, el Verbo de Dios, segunda Persona de la Santísima Trinidad, que, por obra del Espíritu Santo, al hacerse hombre nació de la Virgen María. No habiendo podido invitarle a Vd. a la bendición nupcial que se les dio en la montaña del Carmelo (sólo fue admitida la corte celestial), le pedimos que acuda a la tornaboda, que tendrá lugar mañana, día de la Eternidad, en que Jesús, el Hijo de Dios, vendrá sobre las nubes del cielo para juzgar a los vivos y a los muertos. (Por ser la hora todavía desconocida, le invitamos a Vd. a estar preparado y a velar).

Cta 119 A sor Marta de Jesús

23 de septiembre de 1890

A mi querida compañera, en recuerdo del día más hermoso de tu vida, de ese día sin igual en que te consagraste a Jesús. Consolemos juntas a Jesús de todas las ingratitudes de las almas, hagamos con nuestro amor que se olvide de sus dolores. Tu indigna hermanita, Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz rel. carm. ind.

Cta 120 A Celina

23 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús + ¿Cómo decirte, Celina, lo que está pasando dentro de mi alma...? Se siente desgarrada, pero sé que esta herida está hecha por una mano amiga, ¡por una mano divinamente celosa...! Todo estaba dispuesto para mis bodas, ¿pero no te parece que le faltaba algo a la fiesta? Es cierto que Jesús había puesto ya muchas joyas en mi canastilla, pero faltaba todavía una de belleza incomparable, y ese diamante precioso Jesús me lo ha regalado hoy... Celina..., mis lágrimas han corrido al recibirlo..., y siguen todavía corriendo, y casi me las reprocharía si no supiera «que existe un amor cuya única prenda son las lágrimas». Sólo Jesús ha dirigido este asunto, sólo él, y yo he reconocido su toque de amor... Tú sabes muy bien cómo deseaba volver a ver esta mañana a nuestro papá querido. Pues bien, ahora veo claramente que la voluntad de Dios es que no esté aquí. Él lo ha permitido sencillamente para probar nuestro amor... Jesús me quiere huérfana, quiere que yo esté sola con él solo para unirse mas íntimamente a mí; y quiere también darme en la Patria las alegrías tan legítimas que me negó en el destierro... Consuélate, Celina, nuestro esposo es un esposo de lágrimas y no de sonrisas. Démosle nuestras lágrimas para consolarle, y un día esas lágrimas se cambiarán en sonrisas de una dulzura inefable... Celina, no sé si conseguirás entender mi carta, apenas puedo sostener la pluma... Cualquiera otra te daría muchas explicaciones sobre la visita de nuestro tío en el locutorio, pero tu Teresa tan sólo sabe hablarte el lenguaje del cielo. Celina, ¡comprende a tu Teresa...! La prueba de hoy es un dolor difícil de entender. Ves que se te ofrece una alegría, que es una alegría posible, una alegría natural, adelantas la mano... y no puedes coger ese consuelo tan deseado... Pero, Celina, ¡qué misterioso es todo esto...! No tenemos ya asilo aquí en la tierra, o por lo menos tú puedes decir como la Santísima Virgen: «¡Qué asilo!». Sí, ¡qué asilo...! Pero no es una mano humana la que ha hecho esto. Ha sido Jesús. ¡Es su «mirada velada» la que ha caído sobre nosotras...! He recibido una carta del Padre desterrado, y te copio un pasaje: «Mi aleluya está impregnado de lágrimas. Ninguno de tus padres estará ahí para ofrecerte a Jesús. ¿Habrá que compadecerte aquí abajo, cuando allá arriba los ángeles te felicitan y los santos te envidian? Tu corona de espinas los vuelve celosos. Ama, pues, esos pinchazos como prendas de amor de tu divino esposo». Celina, aceptemos de buen grado la espina que Jesús nos ofrece. La fiesta de mañana será una fiesta de lágrimas para nosotras, ¡pero estoy segura de que Jesús se va a sentir tan consolado...! Quisiera decirte muchas más cosas, pero me faltan las palabras... Me encargaron que te escribiera para consolarte, pero seguro que he cumplido muy mal el encargo... ¡Si al menos pudiese comunicarte la paz que Jesús ha infundido en mi alma en lo más recio de mis lágrimas! ¡Eso es lo que le pido para ti, que eres yo misma...! Celina... Las sombras declinan y la apariencia de este mundo pasa. Pronto, sí, pronto contemplaremos ese rostro desconocido y amado que nos fascina con sus lágrimas.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

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