(enero de 1889-septiembre de 1890
23-25 (?) de enero de 1889
J.M.J.T.
¡Jesús y su cruz...!
Hermana querida:
SÃ, querida de mi corazón, ¡Jesús está ahà con su cruz! Al privilegiarte con su amor, quiere hacerte semejante a él. ¿Por qué te vas a asustar de no poder llevar esa cruz sin desfallecer? Jesús cayó hasta tres veces camino del Calvario, y tú, pobre niñita, ¿no vas a parecerte a tu esposo, no querrás caer 100 veces, si es necesario, para demostrarle tu amor levantándote con más fuerzas que antes de la caÃda...? Celina, Jesús tiene que amarte con un amor muy especial para probarte de esa manera. ¿Sabes que casi estoy celosa? A los que más aman, más les da, a los que aman menos les da menos... Pero tú no sientes tu amor hacia TU ESPOSO; quisieras que tu corazón fuese una llama que subiese hacia él sin el más ligero humo. Ten muy presente que el humo que te rodea es humo sólo para ti, para quitarte por completo la visión de tu amor a Jesús; la llama sólo Jesús la ve, al menos se la reserva toda entera para sÃ, pues, si nos la mostrase un poco, vendrÃa enseguida el amor propio como un viento fatal que todo lo apaga... En estos momentos me das la impresión de una persona que está rodeada de inmensas riquezas... cuya vista se pierde en el horizonte... Esta persona quiere volverles la espalda porque, dice, las excesivas riquezas le estorban, no sabe qué hacer con ellas, vale más dejar que se pierdan, ¡o bien dejar que algún otro se las lleve...! Ese otro no vendrá, pues esas riquezas están preparadas para la prometida de Jesús..., ¡y sólo para ella...! Dios darÃa la vuelta al mundo para encontrar el sufrimiento, a fin de dárselo a un alma sobre la que su DIVINA mirada se ha posado con un amor indecible... ¿Qué nos importan a nosotras... las cosas de la tierra...? ¿Podrá ser nuestra patria ese lodo, tan poco digno de un alma inmortal? ¿Y qué nos importa que hombres mezquinos corten el moho que crece en ese lodo? Cuanto más en el cielo esté nuestro corazón, tanto menos sentiremos esos alfilerazos... Pero no creas que no es una gracia, y de las grandes, el sentirlos, pues asà nuestra vida es un martirio y un dÃa Jesús nos entregará la palma. ¡Padecer y ser despreciado! ¡Qué amargura, pero qué gloria también! He aquà la divisa del lirio siempreviva... Ninguna otra le sentarÃa bien. Mi corazón te sigue en la noble tarea que Jesús te ha encomendado. ¡Tú no eres un soldado, sino un general...! Sufrir ahora y siempre... Pero todo pasa.
J.M.J.T.
El Carmelo, 28 de febrero de 1889
Jesús +
Mi querida Celina:
¿Es posible que te esté escribiendo a Caen...? Me pregunto si estoy soñando o despierta... Pero no, ¡es una realidad...! Te vas a asombrar, hermanita querida, si te digo que estoy lejos de compadecerte; pero, ya ves, tu suerte me parece envidiable. Jesús tiene sobre ti miras de un amor indecible, quiere que su lirio-siempreviva sea todo para él, y es él mismo quien se encarga de que haga su primer noviciado, es su mano divina la que adorna a su esposa para el dÃa de sus bodas, y su mano amorosa no se equivoca de aderezos... Jesús es un esposo de sangre... Quiere para sà toda la sangre del corazón... ¡Ay, cuánto cuesta darle a Jesús lo que pide...! ¡Y qué suerte que cueste...! ¡Qué alegrÃa inefable es llevar nuestras cruces EN DEBILIDAD! ¿Comprende el Lirio-siempreviva al pobre grano de arena...? Tu noviciado es el del dolor, ¡qué privilegio tan inexplicable...! SÃ, hermanita querida, lejos de quejarme a Jesús por la cruz que nos envÃa, no logro entender el amor infinito que lo ha movido a tratarnos asÃ... Jesús tiene que amar mucho a nuestro padre querido para que sufra de esta manera. ¿Pero no te parece que la desgracia que le aflige es realmente la coronación de su hermosa vida...? Mi querido Liriosiempreviva, creo que te es estoy diciendo auténticas locuras, pero no importa; pienso muchas otras cosas sobre el amor de Jesús, que son quizás mucho más fuertes que lo que te acabo de decir... ¡Qué dicha ser humilladas! Es el único camino que hace santos... ¿Podemos dudar ahora de la voluntad de Dios para nuestras almas...? La vida no es más que un sueño; pronto nos despertaremos, ¡y entonces que alegrÃa...! Cuanto mayores sean nuestros sufrimientos, más infinita será nuestra gloria... ¡No, no perdamos la prueba que Jesús nos envÃa! Es una mina de oro sin explotar, ¿perderemos la ocasión...? El grano de arena quiere poner manos a la obra sin alegrÃa, sin ánimo, sin fuerzas, y precisamente estos tÃtulos le facilitarán la empresa, quiere trabajar por amor. Comienza el martirio, entremos juntas en la lid si el Lirio-siempreviva no desdeña al pobre grano de arena.
5 de marzo de 1889
J.M.J.T
Jesús +
Querida Celina:
¡Imposible decirte cuánto bien me han hecho tus letras...! Ahora sà que eres de verdad el Lirio-siempreviva de Jesús. ¡Y qué contento está él de su lirio! ¡Con qué amor mira a esa su flor querida que no ama a nadie más que a él, que no tiene otro deseo que el de consolarlo...! Cada nuevo sufrimiento, cada angustia del corazón es como un ligero céfiro que lleva hasta Jesús el perfume de su lirio. Entonces él sonrÃe con amor y prepara enseguida una nueva amargura y llena el cáliz hasta los bordes, pensando que cuanto más crezca su lirio en el amor tanto más debe crecer también en el sufrimiento... ¡Qué privilegio nos concede Jesús enviándonos un dolor tan grande! ¡No bastará toda una ETERNIDAD para agradecérselo! Nos colma de sus favores como colmó a los más grandes santos, ¿Por qué tan gran predilección...? Es un secreto que Jesús nos revelará en nuestra patria el dÃa en que «enjugue todas las lágrimas de nuestros ojos»... Tiene que ser a mi alma a quien hablo asÃ, pues de otro modo no serÃa comprendida; pero es a ella a quien me dirijo, y ella adivina todos mis pensamientos. Sin embargo, lo que tal vez ella ignora es el amor que Jesús le tiene, un amor que lo pide TODO. Nada hay imposible para él, y no quiere poner lÃmite alguno a la SANTIDAD de su lirio... ¡Su lÃmite es no tenerlos...! ¿Y por qué los habrÃa de tener...? Nosotros somos más grandes que todo el universo, y un dÃa tendremos incluso una existencia divina... ¡Y cómo agradezco a Jesús que haya plantado un lirio al lado de nuestro padre querido! Un lirio que no tiene miedo a nada, un lirio que prefiere morir antes que abandonar el campo glorioso donde el amor de Jesús le ha colocado... Ya no tenemos nada que esperar sobre la tierra, nada más que el sufrimiento y siempre el sufrimiento. Y cuando hayamos terminado, el sufrimiento seguirá aún allà tendiéndonos los brazos. ¡Qué suerte tan envidiable...! Los querubines en el cielo envidian nuestra dicha. Pero no era para esto para lo que yo querÃa escribir a mi Celina querida, sino para decirle que comunique a la señorita Paulina la desgracia que nos ha golpeado con la enfermedad de papá. ¡RÃete ahora de tu pobre Teresa que aborda el tema al final de la carta! ¡Pobre Leonia! También a ella la quiero mucho, y sufre mucho más que nosotras, pues Jesús le ha dado menos. Pero a quienes ha dado mucho, mucho les pedirá.
Tu hermanita,
Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
J.M.J.T.
El Carmelo, 12 de marzo de 1889
Jesús +...
Querida tiÃta:
Me veo en la imposibilidad de obedecerla, pues me serÃa demasiado difÃcil no decirle: gracias... ¡Cuán poca cosa son esas siete letras para expresarle mi gratitud! Pero ojalá que mi tÃa sepa comprender todo lo que su hijita no acierta a decirle. ¡Qué buena es usted, querida tÃa...! ¡Cuánto voy a rezar por usted! ¡Qué verdad es que soy incapaz de hacer cosa buena! En vez de ganar dinero, no hago más que perderlo; por eso la delicadeza de mi tiÃta querida me ha llegado tan a lo hondo. No salÃa de mi asombro al verme de golpe tan rica, sin haber hecho nada para ganar tanto dinero... No puedo menos de sonreÃr al pensar que, gracias a mis generosos parientes, soy yo quien va a suministrar el pescado a toda la comunidad... Por favor, querida tÃa, dé las gracias a mi querido tÃo de mi parte y exprésele todo mi agradecimiento. Querida tÃa, mucho tiene que amarla Dios para hacerla sufrir tanto. Sin embargo, si él me escuchase, usted ya no estarÃa nunca enferma, pues yo serÃa feliz de que me enviase a mà todos los sufrimientos que le reserva a usted. Querida tÃa, ¡qué poco y qué mal va traducirle mi carta los sentimientos de mi corazón...! ¡Quisiera poder demostrarle toda mi gratitud, que es enorme...! ¡Qué bueno es Jesús al dejarnos, en la prueba cruel que nos envÃa, el consuelo de ver que nuestros parientes comparten y comprenden nuestro dolor! Un abrazo con todo el corazón para mi Juanita y para mi amita de casa. Adiós, querida tÃa. Gracias de nuevo, a usted y a mi querido tÃo. Un abrazo muy tierno para los dos. Su hijita muy agradecida, Sor Teresa del Niño Jesús nov. carm. ind.
J.M.J.T.
El Carmelo, 12 de marzo de 1889 «¡Viva Jesús...! ¡Qué bueno es entregarse a él y sacrificarse por su amor...!». ¡Celina...! Este nombre querido resuena dulcemente en el fondo de mi corazón... ¿No sintonizan a la perfección nuestros dos corazones...? Esta noche necesito ir a hundirme con mi Celina en el infinito... Necesito olvidar la tierra... Todo me cansa aquà abajo, todo me pesa... Sólo encuentro una alegrÃa: la de sufrir por Jesús. Pero esta alegrÃa no gustada supera a toda alegrÃa... La vida pasa... La eternidad se acerca a grandes pasos... Pronto viviremos de la vida misma de Jesús... Después de haber sido abrevadas en la fuente de todas las amarguras, seremos deificadas en la fuente misma de todas las alegrÃas y de todas las delicias... Pronto, hermanita, con una sola mirada podremos comprender lo que pasa en lo más Ãntimo de nuestro ser... La representación de este mundo PASA... Pronto veremos unos cielos nuevos, y un sol más radiante iluminará con sus esplendores mares celestiales y horizontes infinitos... La inmensidad será nuestra heredad..., ya no estaremos prisioneros en esta tierra de destierro... ¡todo habrá PASADO...! Bogaremos con nuestro esposo celestial sobre lagos sin riberas... ¡El infinito no tiene lÃmites, ni fondo, ni orillas...! «Animo, Jesús escucha hasta el último eco de nuestro dolor». Nuestras arpas, en este momento, están colgadas en los sauces que bordean el rÃo de Babilonia..., pero el dÃa de nuestra liberación ¡qué armonÃas haremos escuchar..., con qué gozo haremos vibrar todas las cuerdas de nuestros instrumentos...! El amor de Jesús a Celina sólo Jesús puede comprenderlo... Jesús ha hecho locuras por Celina... Que Celina haga locuras por Jesús... El amor sólo con amor se paga y las heridas de amor sólo con amor se curan. Ofrezcamos nuestros sufrimientos a Jesús para salvar almas. ¡Pobres almas...! Ellas tienen menos gracias que nosotras, y sin embargo toda la sangre de un Dios se derramó por salvarlas... Y Jesús quiere hace depender su salvación de un suspiro de nuestro corazón... ¡Qué gran misterio...! Si un solo suspiro puede salvar un alma, ¿qué no podrán hacer sufrimientos como los nuestros...? ¡No rehusemos nada a Jesús...! La campana está tocando y todavÃa no he escrito a mi pobre Leonia. Dale mis recuerdos y un abrazo y dile que la quiero... Que sea muy fiel a la gracia, y Jesús la bendecirá. Que pregunte a Jesús lo que quiero decirle, le doy a él mis encargos... ¡Hasta pronto...! ¡El cielo, el cielo! ¿Cuándo estaremos ya en él? El granito de arena de Jesús
J.M.J.T.
15 de marzo de 1889
Jesús +
Gracias por tu carta. Al granito de arena le ha gustado mucho... En una de tus cartas me decÃas últimamente que eras mi sombra. ¡Huy, qué triste serÃa si fuese verdad! Pues ¿qué puede ser la sombra de un pobre granito de arena...? Yo pienso en algo mejor para mi Celina querida. Esa idea de la sombra me ha gustado, y me he dicho a mà misma que, en efecto, Celina deberÃa ser la sombra de algo, ¿pero de qué...? No he podido encontrar nada en toda la creación que pueda reflejar la idea que me he formado de esa realidad de la que mi Celina deba ser sombra fiel: ¡Jesús mismo ha de ser esa divina realidad...! SÃ, Celina debe ser la humilde sombra de Jesús... ¡Qué tÃtulo tan humilde , y, sin embargo, tan glorioso...! Porque ¿qué es una sombra...? Pero ¡qué gloria ser la sombra de Jesús...! ¡Cuántas cosas tendrÃa para decir sobre este tema a la humilde sombra de Jesús! Pero tengo muy poco tiempo, y me es imposible... El sueño de mi Celina es muy bonito, quizás un dÃa se haga realidad1... Pero, mientras tanto, comencemos nuestro martirio, dejemos que Jesús nos arranque todo lo que nos es más querido, y no le neguemos nada... Antes de morir a espada, muramos a alfilerazos... ¿Comprende Celina...? El granito de arena se une en el sufrimiento a la humilde sombra de Jesús. Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz nov. carm. ind.
J.M.J.T.
El Carmelo, 4 de abril de 1889
¡Jesús...!
Celinita querida:
Tu carta me ha dejado una gran tristeza en el alma... ¡Pobre papaÃto! No, los pensamientos de Jesús no son nuestros pensamientos, ni sus caminos son nuestros caminos... El Señor nos presenta un cáliz tan amargo como nuestra débil naturaleza puede soportar. No retiremos los labios de ese cáliz preparado por la mano de Jesús... Veamos la vida bajo su verdadera luz... Es sólo un instante entre dos eternidades... Suframos en paz. Confieso que esta palabra «paz» me parecÃa un poco fuerte; pero el otro dÃa, reflexionando sobre ello, encontré el secreto para sufrir en paz... Quien dice paz no dice alegrÃa, o al menos alegrÃa sensible... Para sufrir en paz, basta con querer todo lo que Jesús quiere... Para ser la esposa de Jesús, es necesario parecerse a Jesús. ¡Y Jesús está todo él sangrante, está coronado de espinas...! ¡Mil años en tu presencia, Señor, son un ayer que PASÓ...! Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión... En los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cÃtaras... Allà los que nos deportaron nos invitaban a cantar: «Cantadnos un cantar de Sión...» ¿Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera...? (Salmo de David). No, no cantemos a las criaturas los cánticos del cielo..., sino, como Cecilia, cantemos en nuestro corazón un canto melodioso para nuestro amado... El canto del sufrimiento unido a sus sufrimientos es lo que más cautiva su corazón... Jesús arde de amor por nosotras... ¡Mira su Faz adorable...! ¡Mira esos ojos apagados y bajos...! Mira esas llagas... Mira a Jesús en su Faz... Allà verás cómo nos ama.
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
nov. carm. ind.
24 de abril de 1889
J.M.J.T.
Miércoles, abril de 1889
Jesús +
Querida hermanita:
Voy a pedirte un favor, y me dirijo a ti porque sé que los Buissonnets, que ahora, ¡ay!, están desiertos, eran en otro tiempo tus dominios. ¿Te acuerdas de un libro que la señora Tifenne me regaló para mi primera comunión? Se titulaba. «El ramillete de la joven». Ese libro debe de estar en uno de los cajones de la cómoda de mi pobre papaÃto. Me alegrarÃa mucho poderlo tener lo antes posible, asà como otro más pequeño que me regalaron las señoritas Primois. Es un libro marrón, orlado con una viñeta dorada; creo que son meditaciones sobre la EucaristÃa. Este libro está en uno de los estantes del armario de la habitación de Celina (el de junto a la puerta). Querida hermanita, perdona que te pida este favor... Si fuera posible, podrÃas quizás explicarle a la sirvienta lo que quieres, sin ir tú misma a los Buissonnets. Es increÃble cómo se han estrechado ahora nuestros lazos. Me parece que, tras nuestra terrible prueba, somos más hermanas aún que antes. ¡Si supieras cómo te quiero y cuánto pienso en todos vosotros...! ¡Cuánto bien hace, cuando se sufre, el tener corazones amigos cuyo eco responde a nuestro dolor...! ¡Cómo agradezco a Jesús que nos haya dado unos parientes tan buenos..., unas hermanitas tan cariñosas! Nuestras pobres hermanitas de allá lejos no se cansaban el otro dÃa de contarnos todas las atenciones que les prodigáis. Me di cuenta de que el corazón de mi MariÃta habÃa conmovido el corazón de mi Celina, y esto trajo una gran alegrÃa a mi pobre corazón, ¡pues quiero tanto a mi MarÃa...! Todos los elogios que se hicieran de ella serÃan muy poco comparados con lo que yo pienso de ella en mi interior. Escribo a toda prisa, como una locuela, sin pensar que mi pobre pluma no es capaz, ni mucho menos, de seguir a mi corazón y que, a no dudarlo, voy sufrir el bochorno de que no se me pueda leer. Hermanita querida, da un abrazo de mi parte a todos los que quiero tanto, y dales las gracias por habernos mimado por Pascua con rico chocolate y buen pescado... ¡Dios mÃo, no puedo pensar en el pescado..., mi tÃo tenÃa aquel dÃa un algo tan PATERNAL, un algo tan fuera de lo común..., que nunca olvidaré aquella visita! Tu hermanita que te quiere,
Sor Teresa del Niño Jesús
J.M.J.T.
El Carmelo, 26 de abril de 1889
¡Jesús...! +
Jesús mismo se va a encargar de decir FELIZ CUMPLEAÑOS a su prometida al cumplir los 20 años. ¡Qué vigésimo año tan fecundo en sufrimientos, en gracias de elección...! Veinte años, edad llena de ilusión, dime: ¿qué ilusión dejas en el corazón de mi Celina...? ¡Cuántos recuerdos entre nosotras...! ¡Todo un mundo de ellos...! SÃ, Jesús tiene sus preferencias; en su jardÃn hay frutos que el Sol de su amor hace madurar casi casi en un abrir y cerrar de ojos... ¿Por qué somos nosotras de ese número...? Pregunta llena de misterios... ¿Qué razón puede darnos Jesús? ¡Su razón es que no hay ninguna...! ¡Celina...!, aprovechémonos de esa predilección de Jesús que en tan pocos años nos ha enseñado tantas cosas, no descuidemos nada que pueda agradarle... Dejémonos dorar por el sol de su amor..., ese sol abrasador..., ¡consumámonos de amor...! Dice san Francisco de Sales: «Cuando el fuego del amor anida en un corazón, todos los muebles vuelan por las ventanas». ¡No, no dejemos nada..., nada en nuestro corazón, más que a Jesús...! Y no pensemos que podremos amar sin sufrir, sin sufrir mucho... Nuestra pobre naturaleza está ahÃ, ¡y está para algo...! Ella es nuestra riqueza, nuestro medio de ganarnos la vida... Y es tan preciosa, que Jesús vino a la tierra expresamente para poseerla. ¡Suframos con amargura, sin ánimos...! «Jesús sufrió con tristeza. Sin tristeza, ¿cómo iba a sufrir el alma?» ¡Y nosotras quisiéramos sufrir generosamente, grandiosamente...! ¡Celina, qué ilusión...! ¿Quisiéramos no caer nunca...? ¡Qué importa, Jesús mÃo, que yo caiga a cada instante! En ello veo mi debilidad, y eso constituye para mà una gran ganancia... Tú ves ahà lo que yo soy capaz de hacer, y por eso te vas a sentir más inclinado a llevarme en tus brazos... Si no lo haces, señal de que te gusta verme por el suelo..., y entonces no tengo por qué inquietarme sino que tenderé siempre hacia ti mis brazos suplicantes y llenos de amor... ¡No puedo creer que me abandones...! «Los santos encontraban la cruz precisamente cuando estaban a los pies de Nuestro Señor». ¡Celina querida, dulce eco de mi alma...! ¡Si conocieras mi miseria...! ¡Si supieras...! La santidad no consiste en decir cosas hermosas, ni consiste siquiera en pensarlas o en sentirlas... Consiste en sufrir, y en sufrir toda clase de sufrimientos. «¡La santidad hay que conquistarla a punta de espada! ¡Hay que sufrir..., hay que agonizar...!». Vendrá un dÃa en que las sombras desaparecerán, y entonces no quedará ya nada más que la alegrÃa, la embriaguez... ¡Aprovechémonos de nuestro único momento de sufrir...! No miremos más que al instante presente... Un instante es un tesoro... Un solo acto de amor nos hará conocer mejor a Jesús..., nos acercará a él por toda la eternidad...
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
nov. carm. ind.
17 (?) de abril de 1889
J.M.J.T.
Para el 28 de abril
Quiero desear una vez más un feliz cumpleaños a mi querida Celina. Y le mando un pequeño ramillete de parte del Niño Jesús, que le agradece todas las preciosas flores que ella le ha regalado. Cierto que esas flores no son esplendorosas: el Niño Jesús del Carmelo es pobre, pero en el cielo nos mostrará sus riquezas, y yo sé bien a quién colmará de ellas... Mañana recibiré a Jesús. ¡Y cuánto le hablaré de mi Celina, de ese otro yo! Tendré muchas cosas que decirle, pero no me resultará difÃcil, un solo suspiro se lo dirá todo. ¡Menudo desorden! Pero voy tan de prisa, que tendrás que perdonarme. Quisiera que conocieses mi corazón y todo lo que en él se encierra para ti; pero hay cosas que no pueden escribirse y que sólo comprende el corazón. (El ramillete de Jesús ha pasado varias horas delante de él ¡en un vaso aún más pobre que él...!) Celina querida, un dÃa iremos al cielo para siempre. Y allà ya no habrá ni dÃa ni noche como en la tierra... ¡Qué alegrÃa! Caminemos en paz mirando al cielo, UNICA meta de nuestros trabajos. La hora del descanso está ya cerca. Dale un fuerte abrazo de mi parte a Leonia, a quien quiero tanto. No me olvido de la fecha de sus 25 años; desde que estoy en el Carmelo tengo mucha memoria para las fechas. Hasta pronto, Celina, siempreviva de Jesús... Te quiero mucho más de lo que sé decirte.
Tu hermanita,
Teresa del Niño Jesús
Finales de mayo de 1889
J.M.J.T.
Jesús +
León querido, ¡gracias, gracias...! ¿Qué quieres que te diga el pobre corderito...? ¿No fuiste tú quien lo educó...? Recuerda aquellos tiempos en los que, sentada en la silla alta y teniéndome tú en tu regazo, me hablabas del cielo... TodavÃa te oigo decir: «Mira cuánto trabajan los comerciantes para ganar dinero. Y nosotras podemos amontonar tesoros para el cielo a cada instante sin tantos trabajos; lo único que tenemos que hacer es recoger diamantes con un RASTRILLO». Y yo me iba con el corazón desbordante de alegrÃa y de buenos propósitos... ¡Sin ti, tal vez yo no estarÃa en el Carmelo...! Mucho tiempo ha pasado desde aquellas horas felices que vivimos en nuestro dulce nido... Jesús ha venido a visitarnos... Y nos ha hallado dignas de pasar por el crisol del sufrimiento... Antes de mi entrada en el Carmelo, nuestro incomparable decÃa al entregarme a Dios: «Quisiera tener algo mejor que ofrecer a Dios». Jesús ha escuchado su oración: ese algo mejor era ¡él mismo...! ¡Qué alegrÃa por un instante de sufrimientos...! Es el Señor quien lo ha hecho..., y el Señor ama a papá incomparablemente más de lo que le amamos nosotras: Papá es el hijito de Dios; y Dios, para ahorrarle grandes sufrimientos, ¡quiere que suframos nosotras por él...! ¡A nosotras nos toca darle las gracias...! León querido, la vida pasará muy pronto. En el cielo nos dará completamente igual ver que todas las reliquias de los Buissonnets hayan sido desparramadas. ¿Qué importa la tierra...? Tu hijita, a quien tú educaste...,
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
nov. carm. ind.
J.M.J.T.
Jueves 30 de mayo de 1889
Jesús +
Querida hermanita: Has hecho bien en escribirme. Lo he comprendido todo... todo, todo, todo... No has cometido ni sombra de pecado. Conozco tan bien lo que son esa clase de tentaciones, que puedo asegurártelo sin temor a equivocarme. Además, Jesús me lo dice en el fondo del corazón... Hay que despreciar todas esas tentaciones y no hacerles ningún caso. ¿Quieres que te diga una cosa que me ha dado mucha pena...? Que mi MariÃta dejara de comulgar... el dÃa de la Ascensión y el último dÃa del mes de MarÃa... ¡Qué pena tan grande le habrá dado eso a Jesús...! Muy astuto tiene que ser el demonio para engañar asà a un alma... ¿Pero no ves, cariño, que ésa es la meta que persigue? Sabe muy bien el pérfido que no puede hacer pecar a un alma que quiere ser toda de Jesús, y por eso sólo intenta hacérselo creer. Ya es mucho para él llevar la turbación a esa alma; pero su rabia necesita algo más: quiere privar a Jesús de un tabernáculo amado; y al no poder entrar él en ese santuario, quiere al menos que se quede vacÃo y sin dueño... ¿Y qué será de ese pobre corazón...? Cuando el diablo consigue alejar a un alma de la sagrada comunión, lo ha ganado todo... ¡Y Jesús llora...! ¡Cariño!, piensa, pues, que Jesús está allà en el sagrario expresamente para ti, para ti sola, y que arde en deseos de entrar en tu corazón... ¡Anda, no escuches al demonio, búrlate de él y vete a recibir sin miedo al Jesús de la paz y del amor...! Pero ya te estoy oyendo decir: «Teresa dice esto porque no sabe, no sabe que lo hago muy adrede..., que eso me divierte..., y además no puedo comulgar porque creo que cometo un sacrilegio, etc. etc. etc.». SÃ, tu pobre Teresita lo sabe muy bien, te digo que lo adivina todo, y te asegura que puedes ir sin temor a recibir a tu único amigo verdadero... También ella ha pasado por el martirio de los escrúpulos, pero Jesús le concedió la gracia de comulgar incluso cuando ella creÃa haber cometido grandes pecados... Pues bien, te aseguro que ella se convenció de que ése era el único medio para desembarazarse del demonio, pues cuando él ve que está perdiendo el tiempo nos deja tranquilos... No, es IMPOSIBLE que un corazón «que sólo encuentra descanso mirando a un sagrario» ofenda a Jesús hasta el punto de no poderle recibir. Lo que ofende a Jesús, lo que hiere su corazón ¡es la falta de confianza...! Hermanita, ya antes de recibir tu carta presentÃa tus angustias. Mi corazón estaba unido a tu corazón. Anoche, en sueños, intentaba consolarte, pero no podÃa conseguirlo..., y no seré hoy más afortunada a no ser que Jesús y la Virgen SantÃsima vengan a ayudarme. Espero que mi deseo se convierta en realidad y que la SantÃsima Virgen, el último dÃa de su mes, cure a mi hermanita querida. Pero para eso, es necesario orar, orar mucho. Si pudieras ponerle una vela a Nuestra Señora de las Victorias..., ¡tengo tanta confianza en ella...! Tu corazón está hecho para amar a Jesús, para amarlo apasionadamente. PÃdele que los años más hermosos de tu vida no transcurran entre miedos quiméricos. No tenemos más que los breves instantes de nuestra vida para amar a Jesús. El diablo lo sabe muy bien, y por eso procura consumirla en trabajos inútiles... Hermanita querida, comulga con frecuencia, con mucha frecuencia... Este es el único remedio si quieres curarte. No en vano ha puesto Jesús esos deseos en tu alma. (Yo creo que a él le gustarÃa que pudieses recuperar las dos comuniones que dejaste, pues asà la victoria del demonio serÃa menor al no haber logrado alejar a Jesús de tu corazón). No temas amar demasiado a la SantÃsima Virgen, nunca la amarás lo suficiente, y Jesús estará muy contento pues la Virgen es su Madre. Adiós, hermanita, y perdona este rompecabezas que es mi carta; no puedo volverla a leer por falta de tiempo. Da un abrazo de mi parte a todos los mÃos,
Sor Teresa del Niño Jesús
nov. carm. ind.
J.M.J.T.
Domingo 14 de julio de 1889
Jesús +
Querida hermanita:
Ya que tienes la humildad de pedir consejos a tu Teresita, ésta no te los puede negar. Pero como es una pobre novicia sin experiencia, tiene miedo de equivocarse, y tú misma podrÃas tener también dudas acerca de lo que ella te dice. Pero hoy no tengas miedo: la que te envÃo es la respuesta misma de Jesús. ¡Y qué feliz me siento al transmitÃrtela...! Esta mañana pregunté a nuestra Madre qué debÃa contestarte acerca de lo que le dijiste a Celina. Si haces lo que nuestra querida Madre me ha dicho para ti, no tienes por qué tener miedo a equivocarte, pues Dios ha puesto en su corazón un profundo conocimiento de las almas y de todas sus miserias. Ella lo sabe todo, nada se le oculta, conoce perfectamente tu alma. Y esto es lo que me ha dicho que te diga de parte de Jesús: «Hiciste muy bien en contárselo todo a Celina; sin embargo, es mejor no hablar de esas cosas, es preferible no hacerles ningún caso, porque nuestra Madre está segura de que no pecas». Bueno, ¿estás ya tranquila...? Me parece que yo, en tu lugar, si me hubiesen dicho eso, me habrÃa curado del todo y me habrÃa dejado conducir a ciegas, pues ése es el único camino para tener paz y sobre todo para agradar a Jesús. Aun cuando estuvieses segura de haber pecado, no hay peligro alguno de ello, pues nuestra Madre, que tiene (¡digo yo!) más experiencia que tú, te dice que no pecas... ¡Qué afortunada eres, MarÃa, de tener un corazón que sabe amar de esa manera...! Da gracias a Jesús por haberte dado un don tan precioso y entrégale todo entero tu corazón. Las criaturas son demasiado pequeñas para llenar el vacÃo inmenso que Jesús ha abierto en ti, no les des cabida en tu alma... Dios no te cogerá en sus lazos, pues estás ya bien aprisionada en ellos... SÃ, es una gran verdad que nuestro afecto no es de la tierra. Es demasiado fuerte como para eso, y ni la misma muerte será capaz de romperlo... No te aflijas por no sentir ningún consuelo en tus comuniones. Es una prueba que hay que soportar con amor. No pierdas ni una sola de las espinas que encuentres a diario: ¡con una sola de ellas puedes salvar un alma...! ¡Ay, si supieras cuánto se ofende a Dios! ¡Tu alma está tan bien hecha para consolarle...! ¡Ãmale hasta la locura por todos los que no le aman...! Hermanita, mi pluma, después de su loca carrera, tiene que detenerse. Tengo que escribir hoy cinco cartas, pero he empezado por mi MariÃta..., ¡la quiero tanto, y tan poco naturalmente...! Da un abrazo de mi parte a mis tÃos y a mi querida Juana, y diles que les quiero. Y tú, pequeña preferida de Jesús, ruega para que tu indigna hermanita pueda amar, si es posible, tanto como tú...
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
nov. carm.ind.
J.M.J.T.
El Carmelo, 14 de julio de 1889
Jesús +
Querida Celina:
Mi alma no te abandona..., ¡sufre el destierro contigo...! ¡Ay, cómo cuesta vivir, seguir en esta tierra de amarguras y de angustias...! Pero mañana..., dentro de nada, estaremos en el puerto, ¡qué felicidad! ¡Qué maravilloso será contemplar a Jesús cara a cara por toda la eternidad! ¡Siempre, siempre más amor, siempre alegrÃas cada vez más más embriagadoras..., una felicidad sin nubes...! ¿Cómo se las habrá arreglado Jesús para desligar asà nuestras almas de todo lo creado? SÃ, nos ha infligido un golpe muy duro, pero es un golpe de amor. Dios es digno de admiración, pero sobre todo es digno de amor. Amémosle, pues, amémoslo lo bastante como para sufrir por él todo lo que él quiera, incluso los dolores del alma, las arideces, las angustias, las frialdades aparentes... ¡Es gran amor amar a Jesús sin sentir la dulzura de este amor...! ¡Es un verdadero martirio...! Pues bien, ¡muramos mártires! Celina, Celina mÃa, dulce eco de mi alma, ¿entiendes? Es el martirio ignorado, sólo conocido por Dios, que el ojo de la criatura no puede descubrir, martirio sin honor, sin triunfos... He ahà el amor llevado hasta el heroÃsmo... Pero un dÃa Dios, agradecido, exclamará: «Ahora me toca a mû ¿Y qué veremos entonces...? ¿Qué será esa vida que nunca tendrá fin...? Dios será el alma de nuestra alma..., ¡misterio insondable...! El ojo del hombre no ha visto la luz increada, su oÃdo no ha escuchado las incomparables armonÃas, y su corazón no puede soñar lo que Dios tiene reservado a los que ama. Y todo esto llegará pronto, sÃ, pronto. Démonos prisa en tejer nuestra corona, tendamos la mano para recoger la palma, y si amamos mucho, si amamos a Jesús con pasión, no será lo bastante cruel como para dejarnos mucho tiempo en esta tierra de destierro... Celina, durante los CORTOS INSTANTES QUE nos quedan, no perdamos el tiempo..., salvemos almas... Las almas se pierden como copos de nieve, y Jesús llora, y nosotras pensamos en nuestro dolor sin consolar a nuestro prometido... SÃ, Celina, vivamos para las almas..., seamos apóstoles..., salvemos sobre todo las almas de los sacerdotes. Esas almas debieran ser más transparentes que el cristal... Pero, ¡ay!, ¡cuántos malos sacerdotes, cuántos sacerdotes que no son lo bastante santos...! Oremos y suframos por ellos, y en el último dÃa Jesús estará agradecido. ¡Nosotras le daremos almas...! ¿Comprendes, Celina, el grito de mi corazón...? Juntas..., siempre juntas. Celina y Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz, nov. carm. ind.
Sor MarÃa del Sagrado Corazón no te puede escribir porque la carta
pesarÃa demasiado.
Julio-agosto de 1889
J.M.J.T.
Jesús +
Querido cordero, deja que bale un poco tu pobre corderito... ¡El cordero me hizo mucho bien el domingo...! Hay sobre todo una frase que fue luminosa para mÃ. Era ésta: «Callemos la palabra que pudiera enaltecernos». Es verdad, hay que guardarlo todo para Jesús con celoso cuidado... Cordero querido, ¡cuánto bien hace trabajar sólo por Jesús, absolutamente SÓLO por él...! ¡Cómo se llena entonces el corazón y qué ligero se siente...! Benonà de Jesús, reza por el pobre granito de arena. Que el grano de arena se mantenga siempre en su lugar, es decir bajo los pies de todos; que nadie piense en él; que su existencia sea, por decirlo asÃ, ignorada. El grano de arena no desea ser humillado, eso serÃa todavÃa demasiado glorioso, pues los demás se sentirÃan obligados a ocuparse de él. Tan sólo desea una cosa: ¡ser OLVIDADO, ser tenido en nada...!. Pero desea ser visto por Jesús. Si las miradas de las criaturas no pueden abajarse hasta él, que al menos la Faz ensangrentada de Jesús se vuelva hacia él... No desea más que una mirada, ¡una sola mirada...! Si a un grano de arena le fuese posible consolar a Jesús, enjugar sus lágrimas, ¡aquà hay uno que quisiera hacerlo...! Que Jesús tome al pobre grano de arena y lo esconda en su Faz adorable... Allà el pobre átomo nada tendrá ya que temer, estará seguro de no volver a pecar... El grano de arena quiere a toda costa salvar almas, y Jesús tiene que concederle esta gracia... Pequeña Verónica, ¡pide para mà esta gracia a la Faz luminosa de Jesús...! SÃ, la Faz de Jesús luminosa; pero si aun en medio de las heridas y de las lágrimas es ya tan hermosa, ¿qué será cuando la veamos en el cielo...? ¡Ah, el cielo..., el cielo...! SÃ, para ver un dÃa la Faz de Jesús, para contemplar eternamente la maravillosa belleza de Jesús, el pobre grano de arena desea ser despreciado en la tierra... Cordero querido, pide a Jesús que su grano de arena se apresure a salvar muchas almas en poco tiempo para volar más rápidamente hacia su Faz adorada... ¡Sufro...! Pero la esperanza de la patria me da ánimos: ¡pronto estaremos en el cielo...! Allà no habrá ya ni dÃa ni noche, sino que la Faz de Jesús hará que reine una luz sin igual... Cordero querido, comprende al grano de arena. El no sabe lo que ha dicho esta noche, pero a buen seguro que no tenÃa intención de escribir ni una sola palabra de todo lo que ha garabateado...
J.M.J.T.
15 de octubre de 1889
Jesús +
Querida Celina:
¡Si supieras qué hondo le has llegado al corazón de tu Teresa...! Tus macetas son realmente PRECIOSAS, ¡NO SABES cómo me han gustado...! Celina, tu carta me ha gustado mucho, muchÃsimo. He sentido hasta qué punto nuestras almas están hechas para comprenderse, para marchar por el mismo camino... La vida... Es cierto que, para nosotras, no tiene ya el menor encanto... Pero me equivoco: es verdad, los atractivos del mundo se han desvanecido para nosotras, pero eso es humo..., y nos queda la realidad. SÃ, la vida es un tesoro..., cada instante es una eternidad, una eternidad de gozo para el cielo: ¡una eternidad ver a Dios cara a cara y ser una sola cosa con él...! No hay más que Jesús, todo lo demás no existe... Amémosle, pues hasta la locura, salvémosle almas. SÃ, Celina, siento que Jesús nos pide a nosotras dos que apaguemos su sed dándole almas, sobre todo almas de sacerdotes. Siento que Jesús quiere que yo te diga esto, porque nuestra misión es olvidarnos de nosotras mismas, anonadarnos..., ¡somos tan poca cosa...! Y no obstante, Jesús quiere que la salvación de las almas dependa de nuestros sacrificios y de nuestro amor. Él nos mendiga almas. ¡Comprendamos su mirada!, ¡son tan pocos los que saben comprenderla! Jesús nos concede la gracia insigne de instruirnos él mismo, de revelarnos una luz escondida... Celina..., la vida será corta, la eternidad sin fin... Hagamos de nuestra vida un sacrificio continuado, un martirio de amor, para consolar a Jesús. El no quiere más que una mirada, un suspiro, ¡pero una mirada y un suspiro que sean sólo para él...! Que todos los instantes de nuestra vida sean sólo para él. Que las criaturas sólo nos rocen al pasar... Sólo tenemos que hacer una cosa durante la noche, la única noche de la vida, que no vendrá más que una vez: amar, amar a Jesús, con todas las fuerzas de nuestro corazón y salvarle almas para que sea amado... ¡SÃ, hacer amar a Jesús! Celina, ¡qué a gusto hablo contigo...! Es como si hablase con mi propia alma... Celina, me parece que a ti te lo puedo decir todo... (Gracias de nuevo por tus lindas macetas. El Niño Jesús tiene un aire radiante por estar tan bien adornado.)
Sor Teresa del Niño Jesús de la Sta. Faz
nov. carm. ind.
J.M.J.T.
15 de octubre de 1889
Jesús +
Querida tÃa:
¡Imposible decirle cómo me emocionaron sus golosinas..! Pido a mi santa patrona que se lo agradezca ella, colmándola de todos sus dones, lo mismo que a mi tÃo querido. Le encomiendo que dé las gracias de mi parte a mis hermanitas Juana y MarÃa por los preciosos ramos de flores y por esas uvas tan deliciosas. He tenido que interrumpir la carta por la llegada de un nuevo regalo: dos magnÃficas plantas para el Niño Jesús... Realmente, me siento abrumada, me sentirÃa avergonzada si todo eso no fuese para adornar el altar del Niño Jesús. Él, sin duda alguna, se encargará de pagar la deuda que tengo contraÃda con mis queridos parientes. Desconozco el nombre de la persona que hace este atento regalo al Jesús de Teresa... Si usted la conoce, querida tÃa, exprésele, por favor, mi gratitud... Querida tÃa, ¡con cuánto fervor pido hoy a santa Teresa que le devuelva el céntuplo de todo lo que hace por nosotras! Celina, en su carta de felicitación, me habla de todas sus bondades para con ella; me ha llegado muy al alma, pero no me ha sorprendido, pues conozco todas las delicadezas maternales que usted tiene con nosotras. Querida tÃa, tengo el corazón muy lleno de dulces cosas que quisiera decirle una y mil veces, pero tengo que dejarla para ir a VÃsperas. Le mando mis mejores besos, lo mismo que a mi tÃo y a mis cuatro hermanitas.
Su hijita enormemente agradecida,
Sor Teresa del Niño Jesús
nov. carm. ind.
J.M.J.T.
El Carmelo, 22 de octubre de 1889
Jesús +
Mi querida Celina:
¡Si supieras la pena que tengo al pensar que he dejado pasar el 21 sin felicitar el santo a mi Celina..! ¿Habrá dudado Celina del corazón de su Teresa...? Y sin embargo, hacÃa mucho tiempo que pensaba en esa fiesta tan querida; pero la vida del Carmelo es tan eremÃtica, que la pobre solitaria nunca sabe en qué dÃa vive... Celina, este olvido me ha dolido en el alma. Pero, ya ves, pienso que este año Jesús ha querido que nuestro santo sea el mismo dÃa: ¿no es hoy la octava de santa Teresa? SÃ, Celina, santa Teresa es también tu patrona, pues tú eres ya su hija querida... ¿Sabes una cosa? Esta pena que tengo hoy, yo la miro como algo dispuesto por Jesús. Porque él se complace en sembrar asà de pequeñas penas nuestra vida... Te envÃo una hermosa estampa de la Santa Faz que nuestra querida Madre me dio hace algún tiempo. Creo que le cuadra tan bien a MarÃa de la Santa Faz, que no puedo guardarla para mÃ. Hace ya mucho tiempo que pensaba regalársela a mi Celina..., a mi Celina del alma... Que MarÃa de la Santa Faz sea otra Verónica que enjugue toda la sangre y las lágrimas de Jesús, su único amado; que le gane almas, sobre todo las almas que ella ama; que se empeñe con toda el alma en desafiar a los soldados, es decir al mundo, para llegar hasta Él... ¡Qué feliz será cuando un dÃa pueda contemplar en la gloria la bebida misteriosa con que habrá apagado la sed de su Prometido celestial, cuando vea que sus labios, antes resecos, se abren para decirle la palabra única y eterna del amor..., el gracias que no tendrá fin...! Hasta pronto, pequeña Verónica del alma. Mañana, sin duda, el Amado nos pedirá un nuevo sacrificio, un nuevo alivio para su sed. Pero ¿qué importa? Muramos con él... Felicidades, Celina querida... Tu pobre hermanita, Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz nov. carm. ind. No te olvides de coger una florecita-Celina, es mi corazón quien te la ofrece...
J.M.J.T.
El Carmelo, 18 nov. de 1889
¡Jesús...!
Querida tiÃta:
¡Cómo pasa el tiempo...! Hace ya dos años que le enviaba desde Roma mi felicitación para su santo, y sin embargo me parece que fue ayer. Durante estos dos años han pasado muchas cosas y Dios me ha concedido grandes gracias... También nos ha visitado con su cruz, , y al mismo tiempo nos ha revelado toda la ternura que habÃa encerrado en el corazón de nuestra querida tÃa... ¡Cuántos recuerdos para mà en esta fecha del 19 de noviembre! ¡Qué alegrÃa cuando veÃa llegar ese momento...! Y con la misma alegrÃa de siempre, vengo hoy a decirle una vez más a mi tÃa querida todos los votos que formulo para ella. Pero digo mal: no voy a perder el tiempo enumerándolos, pues creo que un volumen entero no me bastarÃa... ¡Si supiese, querida tiÃta, cuánto va a rezar por usted esta su hija el dÃa de su santo! Pero soy tan imperfecta, que no creo que mis pobres oraciones tengan mucho valor; pero hay mendigos que, a fuerza de importunar, consiguen los que desean. Yo haré como ellos, y Dios no podrá despedirme con las manos vacÃas... Están dando las cuatro y tengo que dejarla, mi querida tiÃta, pero le aseguro que mi corazón se queda junto a usted. Le pido, querida tiÃta, que dé mis saludos a la señora Fournet, pues no olvido que también es su santo. Ni que decir tiene que abrazo con todo el corazón a mi querido tÃo y a mis queridas hermanitas. Para usted, querida tÃa, le mando el mejor beso del corazón de la menor de sus siete hijitas,
Sor Teresa del Niño Jesús
nov. carm. ind.
© Copyright 2008. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOSâ„¢. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.