(9 de abril de 1888-10 de enero de 1889)
J.M.J.T.
Domingo, 29 de abril de 1888
Querido papaÃto: ¡Qué bueno eres con tu Reinecita! No pasa casi un dÃa sin que ella reciba un presente de su Rey. Gracias por todo, papaÃto. ¡Si supieras cuánto te quiere la Huerfanita de la Berezina! Pero no, sólo en el cielo lo sabrás. Allà es donde veremos bellas estatuas sobre bellas cornisas, y entonces sà que podremos, realmente, caer en éxtasis. Y además, ¡qué guÃa para hacernos visitar las maravillas del cielo! Pienso que muchos santos tendrán en su nimbo una cruz bizantina. Lo único que no veremos serán sarcófagos, porque en el cielo ya no habrá tumbas. PapaÃto querido, veo que ya va a ser la hora y te tengo que dejar, pero antes quiero abrazarte desde lejos con todo el corazón. También la Perla fina te manda un fuerte abrazo. ¡Si supieras, papá, lo preciosa que es tu Perla fina! El brillante Diamante, la Bohemia, te abraza también de todo corazón. Adiós y gracias, papaÃto. Tu Reinecita, que por fin ha sido «sacada de debajo de la carreta»,
Teresa del Niño Jesús
J.M.J.T:
8 de mayo de 1888
Te envÃo, Celina mÃa, dos mantelitos para coser a máquina. Sé que estás muy ocupada, pero no negarás este favor a tu Teresita. Creo que bastará con dos costuras. Uno de los manteles tiene el dobladillo demasiado pequeño, procura alargar la segunda costura. Quisiera tenerlos, a más tardar, para mañana después de comer, porque el jueves es la Ascensión. Hoy hace cuatro años que hice la primera comunión, ¿te acuerdas...? ¡Cuántas gracias me ha concedido Dios de entonces acá! Celina querida, hay momentos en que me pregunto si es verdad que estoy en el Carmelo, ¡a veces no puedo creerlo! ¿Qué he hecho yo por Dios para que me colme de tantas gracias? Mañana hará un mes que estoy lejos de ti, pero no me parece que estemos separadas, ¿qué importa el lugar en que estemos...? Aun cuando nos separase el océano, seguirÃamos unidas, porque nuestros deseos son los mismos y nuestros corazones laten al unÃsono... Estoy segura de que me comprendes. (¿Qué importa, en realidad, que la vida sea alegre o triste? No por eso dejaremos de llegar al término de nuestro viaje aquà en la tierra.) Un dÃa de carmelita pasado sin sufrir es un dÃa perdido1. Y esto vale también para ti, porque tú eres carmelita de corazón. Un abrazo a Leonia de mi parte.
Tu Teresita del Niño Jesús
8 de mayo de 1888
Querido papaÃto:
Tus preciosas velitas me han gustado tanto, que no puedo menos de ponerte unas letras para darte las gracias. El recadero de Jesús es muy bueno al proporcionarle asà a su Reinecita los medios para hacer bonitas iluminaciones. La Reina piensa continuamente en su Rey. Además, el recadero de Jesús viene con tanta frecuencia a traer recados, que serÃa imposible olvidarlo. Querido papaÃto, verdaderamente casi creo que te vas a arruinar; pero voy a sorprenderte diciéndote que eso no me inquieta demasiado. Y es que tienes tantos recursos, que no llegarás a verte en apuros..., ni siquiera el hambre te asustarÃa. ¿Te acuerdas cuando me decÃas: «Cuando haya hambre, comeremos tal cosa o tal otra», o «Cuando estemos arruinados, haremos aquello o lo de más allá»? Con estas disposiciones, ninguna adversidad podrá atemorizarte. Gracias por el pescado, papaÃto querido. Gracias, gracias, nos regalas tantas cosas, que me veo obligada a darte las gracias por todo en general, aunque cada cosa nos causa un placer especial. Adiós, mi Rey querido. Tu Diamante y tu Perla te dan las gracias igual que tu Reina. Teresa del Niño Jesús
12-20 de mayo de 1888
¡La Solitaria del Corazón de Jesús ha dado una alegrÃa muy dulce a su hijita, ha leÃdo en su corazón...! ¿Asà que Jesús habla cuando se está en retiro...? Estoy tan llena del perfume de tu cartita y de la forma tan encantadora de presentármela, que no puedo menos de contestarla esta misma noche. Pronto va a tocar la campana, ya to.... Interrumpà mis letras justo en el momento en que hubiera querido decirte muchas cosas... La vida está llena de sacrificios, es cierto. Pero ¡qué dicha! ¿No es mejor que nuestra vida -que es una noche pasada en una mala posada- se pase en un hotel completamente malo que no en uno que lo sea sólo a medias...? ¡Si supieras cuánto te quiero! Cada vez que me encuentro contigo, me parece que eres un ángel... Tú que eres un AGUILA llamada a cernerte en las alturas y a clavar tu mirada fijamente en el sol, reza por esta cañita tan débil que está en el fondo del valle; el menor soplo la hace doblarse. ¡SÃ, ruega por ella el dÃa de tu profesión! Pide que tu hijita sea siempre un granito de arena muy oscuro, muy escondido a los ojos de todos, que sólo Jesús pueda verlo. Que se haga cada vez más pequeño, que se vea reducido a nada... Perdóname todos los disgustos que te he dado. ¡Si supieras cómo me arrepiento de haberte dicho que me llamabas demasiadas veces la atención!. Después de tu profesión ya no te daré más disgustos. Adiós..., perdóname.
Ruega por esta TU hijita.
He dejado secar cuidadosamente tu violeta.
13 de mayo de 1888 Domingo, mayo 1888
Querida hermanita:
Si tienes el Pott en la punta de la lengua, no lo tienes ciertamente en el espÃritu ni en la punta de los dedos. ¡Qué carta tan preciosa...! Si querÃas hacerme reÃr, no has perdido el tiempo, diablillo. ¿Asà que, feúcha, tienes un pie malo? ¡Qué raro!, porque tus pies son tan pequeños que realmente no hay sitio para el dolor... Gracias a Dios, pronto será Pentecostés, y el EspÃritu Santo corregirá, sin duda alguna, un gran olvido que tuvo el dÃa de tu confirmación. Te dio todos sus dones, pero por desgracia se olvidó de uno que te serÃa muy útil. ¿Adivinas cuál...? Se lo voy a pedir tanto durante los ejercicios espirituales, que el dÃa de Pentecostés estarás tan fuerte como Sansón. Como te siga doliendo el pie, tendrás que vértelas con tu Lulú. Esta noche he soñado mucho CON Juana; desde que estoy en el Carmelo, es increÃble las veces que sueño con ella. Dale un fuerte abrazo de parte de su Teresita. ¡Qué tiempo tan hermoso! Luce un sol radiante, más brillante incluso que el que está dibujado en el encabezamiento de tu carta, pues ése apenas si alumbra la tierra; y si el de hoy fuese igual al tuyo, me verÃa obligada a utilizar tu lámpara. Tengo suerte de haber escrito en esta cara la palabra «lámpara»; de lo contrario, me habrÃa visto obligada a cometer contigo una descortesÃa, al hacerte volver la página sólo para decirte adiós. Hasta pronto, querida hermana, asà lo espero. Da un abrazo de mi parte a mi tÃo y dile que no olvidaremos su consejo. Mil besos para mi querida tÃa. (No tienes que tener la fuerza en los cabellos, sino en el pie.) Diablillo querido, un abrazo de todo corazón. Tu hermanita,
Teresa del Niño Jesús p.c.in.
Nuestra hermana mayor está haciendo los ejercicios espirituales para la profesión. Lleva echado el gran velo blanco, y parece un ángel. Pedirá mucho por su MariÃta.
17 de mayo (?) de 1888
J.M.J.T.
Mi querido Rey:
Sé que el Diamante te ha escrito unas letras; por eso no te escribiré yo mucho, porque tu pobre Reina quedarÃa eclipsada por el esplendor del Diamante... Sólo siento necesidad de repetirte que te quiero, como si tú no lo supieras ya. Además, ¿cómo no iba una Reina a querer a su Rey, y a un Rey como tú, tan santo y tan bueno? Porque la verdad es que tú eres tan santo como el mismo san Luis... Gracias, papaÃto querido, por todo lo que me has regalado: la preciosa pala, etc... etc... y todo lo demás... ¿Te acuerdas, papá, de cuando en Génova seguÃamos de lejos al Sr. Benoit y a los demás? ¡Cómo nos divertÃamos! El recuerdo de aquel hermoso viaje que hice con mi papaÃto querido me acompañará siempre. Un abrazo, querido Rey mÃo. Tu Reina de Francia y de Navarra, Teresa del Niño Jesús p.c.ind.
Mayo-junio (?) de 1888
J.M.J.T.
¡Qué bueno es el recadero del Niño Jesús! Le mando todo mi cariño y mis besos. Tomaré feliz el vino que me manda, pensando que procede de las bodegas del Niño Jesús. Querido papaÃto, tú eres el recadero de Jesús qué bien lo sé yo. Gracias, gracias..., ¡qué bueno eres conmigo! SÃ, yo siempre seré tu reinecita y trataré de labrar tu gloria haciéndome una gran santa. Teresa del Niño Jesús, el Diamante brillante y la Perla extra-fina te mandan un abrazo muy fuerte. Acaban de enseñarme los pájaros, ¡qué bueno eres, papaÃto querido! Hay tres pájaros, uno para el Diamante, otro para la Perla fina y otro para la Reinecita de papá. Esta tratará de hacer todo lo posible por parecerse un poco a su Rey.
17 de junio de 1888 J.M.J.T.
Domingo, junio de 1888
Querida Celina:
Me harÃas un gran favor si me enviases lo ANTES posible la tela que compraste para hacerte un delantal. Necesito también la falda escocesa que tenÃas para disfrazarte. EnvÃame también todas las cintas blancas aprovechables que tengas; hay una que yo llevaba en la cabeza el dÃa de mi primera comunión; puedes coger también la del sombrero... Es para representar a santa Inés... Hermanita querida, ¡qué bueno es Dios contigo! ¡Si pudieses comprender qué gracia tan grande recibiste el viernes! Creo, realmente, que es la gracia que estabas esperando. ¿Recuerdas que me decÃas: «Pero yo no he recibido la gracia decisiva»? Estoy convencida de que es ésa. Ahora tienes que ser toda de Jesús. Él es más que nunca todo tuyo. Él ha puesto ya en tu dedo el anillo misterioso de los esponsales. Él quiere ser el único dueño de tu alma. Hermana querida, tú y yo somos verdaderamente HERMANAS en el sentido más hondo de esta palabra. Adiós. Desde lejos mi corazón lee en el tuyo.
Teresa del Niño Jesús p.c.ind.
Dale un beso de mi parte a mi incomparable Rey.
4 (?) de julio de 1888
J.M.J.T.
El balido del cordero amado de Jesús ha resonado en los oÃdos del corderito como una dulce música... ¿Dónde ha aprendido el cordero la melodÃa de Cecilia? ¡La eternidad! SÃ, el corderito vive sumergido en ella. Quiere lanzarse a ella de un salto detrás del cordero, pero necesita que la música de su dulce cordero le abra el camino. El grano de arena, a pesar de su pequeñez, quiere construirse hermosas eternidades, y quiere construirlas también para las almas de los pecadores; pero, ¡ay!, todavÃa no es lo bastante pequeño ni suficientemente insignificante. El cordero y el corderito tienen que alcanzar la palma de Inés; si no es por la sangre, habrá de serlo por el amor... ¡He ahà el sueño del grano de arena! ¡Sólo Jesús! Nada más que él. El grano de arena es tan pequeño, que si quisiese meter en su corazón a alguien que no sea Él, ya no habrÃa sitio para Jesús... Que el blanco cordero ruegue por el oscuro grano de arena, para que llegue a ser brillante y luminoso en la eternidad.
La cañita de Jesús
5-9 de julio de 1888
Gracias al cordero querido por haber hecho escuchar una vez más al corderito la música del cielo. El dulce céfiro ha agitado suavemente a la cañita... Eran las 9 pasadas cuando la caña descubrió el papelito. No lucÃa ya la luz de la tierra, pero su corazón supo descifrar mejor que sus ojos la música de santa Cecilia, ¡y no perdió ni una sola palabra...! SÃ, yo deseo esas angustias del corazón, esos alfilerazos de los que habla el cordero. A la cañita no le importa en absoluto doblarse, no tiene miedo de romperse, pues ha sido plantada al borde de las aguas; en vez de quedarse allà en el suelo, cuando se dobla, sólo encuentra una onda bienhechora que la fortalece y le hace desear que una nueva tormenta vuelva a desatarse sobre su frágil cabeza. Toda su confianza reside en su debilidad, y no puede quebrarse porque, le ocurra lo que le ocurra, sólo quiere ver en ello la mano de Jesús... A veces, a la caña, una débil ráfaga de viento puede resultarle más insoportable que las grandes tormentas; y entonces va a remojarse en su arroyo querido. Pero tampoco esas débiles ráfagas de viento consiguen que se doble demasiado hacia la tierra, son los alfilerazos... Mas ningún sufrimiento es excesivo para conquistar la palma...
11 de julio de 1888
¡Qué dicha volver a ver mañana el dulce rostro del cordero!. Pero el corderito suplica al cordero que no dé todavÃa el salto hacia el cielo. Si su sitio está ya preparado para él, que piense en el pobre corderito, que espere un poco más para que el corderito pueda saltar también, y entonces se irán los dos juntos a su patria. Sus corazones, que nunca pudieron saciarse en la tierra, irán a abrevarse en las mismas fuentes del amor. ¡Ah, el dulce festÃn! ¡Qué alegrÃa ver a Dios, ser juzgados por Aquel a quien hemos amado sobre todas las cosas! He soñado que el cordero volarÃa pronto hacia su patria, pero espero que se quede todavÃa un poco más en el exilio para guiar al pobre corderito...
J.M.J.T.
Sólo Jesús + Lunes, 23 de julio de 1888
Querida hermana:
Tu Teresa ha comprendido toda tu alma; incluso ha leÃdo mucho más de lo que le has escrito. He comprendido la tristeza del domingo, yo misma la he vivido toda entera... A medida que iba leyendo, me parecÃa que nos animaba la misma alma; entre nuestras almas hay algo tan sensible, que nos asemeja tanto... Siempre hemos estado juntas; nuestras alegrÃas, nuestras penas, todo ha sido común. Y siento que esto continúa en el Carmelo... Nunca, nunca jamás nos separaremos. ¿Sabes?, sólo el lirio amarillo habrÃa podido alejarnos un poco. Te lo digo porque estoy segura de que tu lote será siempre un Lirio blanco, puesto que tú le has escogido y él te escogió a ti primero... ¿Comprendes el lenguaje de los lirios...? Alguna vez me he preguntado por qué Jesús me habÃa escogido a mà la primera. Ahora lo comprendo: mira, tu alma es un lirio siempreviva. Jesús puede hacer con él lo que quiera. Importa poco que esté en un lugar o en otro. Siempre será siempreviva. La tempestad no puede hacer caer el amarillo de los estambres en su blanco cáliz perfumado: Jesús lo ha hecho asÃ. Él es libre, y nadie puede pedirle cuentas de por qué concede sus gracias a un alma en vez de a otra. Al lado de ese lirio Jesús colocó a otro, su compañero fiel. Crecieron juntos, pero uno era siempreviva y el otro no lo era, y Jesús tuvo que coger su lirio antes de que se abriese la flor se entreabriera, para que los dos lirios fuesen para él... El uno era débil, el otro fuerte. Y Jesús cogió al débil y dejó al fuerte para que se embelleciese con un brillo nuevo... Jesús les pide TODO a sus dos lirios, no quiere dejarles nada más que su blanca vestidura... ¡TODO! ¿Comprende la siempreviva a su hermanita...? La vida, a menudo, resulta pesada. ¡Cuánta amargura, pero cuánta dulzura también! SÃ, la vida cuesta, es duro comenzar un dÃa de trabajo; tanto el débil capullo como el hermoso lirio lo han comprobado... ¡Y si al menos se sintiese a Jesús...! ¡Por él, todo se harÃa a gusto! Pero no, él parece estar a mil leguas, estamos solas con nosotras mismas. ¡Y qué enojosa resulta la compañÃa cuando no está Jesús! ¿Pero qué hace, entonces, este dulce amigo? ¿No ve nuestra angustia y el peso que nos oprime? ¿Dónde está? ¿Por qué no viene a consolarnos, puesto que no tenemos otro amigo? Pero no..., él no está lejos. Está muy cerca y nos mira y nos mendiga esta tristeza, esta agonÃa... La necesita para las almas, para nuestra alma: ¡quiere darnos tan hermosa recompensa, es tan grande lo que él anhela para nosotras! Pero ¿cómo podrá él decir un dÃa: «Ahora me toca a mû si aún no ha llegado nuestro turno, si todavÃa no le hemos dado nada? A él le cuesta mucho abrevarnos de tristezas, pero sabe que ésa es la única forma de prepararnos a «conocerle como él se conoce y a convertirnos nosotras mismas en dioses». ¡Oh, qué destino! ¡Qué grande es nuestra alma...! Elevémonos por encima de lo que es pasajero, mantengámonos a distancia de la tierra. Allá arriba el aire es puro. Jesús se esconde, pero se le adivina... Derramando lágrimas, enjugamos las suyas, y la SantÃsima Virgen sonrÃe. ¡Pobre Madre! ¡Ha sufrido tanto por causa nuestra! Justo es que nosotros la consolemos un poco llorando y sufriendo con ella... Esta mañana leà un pasaje del Evangelio donde se dice: «No he venido a traer paz, sino espada». No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no tenemos fuerzas para ello, Jesús combate por nosotras... Pongamos juntas el hacha a la raÃz del árbol... ¡Pobre borrador de Teresa! ¡Qué carta, qué confusión! Si hubiese podido decir todo lo que pienso, Celina tendrÃa lectura para rato... Jesús es muy bueno al habernos concedido encontrar una madre como la que tenemos. ¡Qué tesoro! Si la hubieses visto, hermanita, traerme tu carta esta mañana a las seis...! Me emocionó... Jesús te pide TODO, TODO, TODO, como se lo puede pedir a los más grandes santos.
Tu pobre hermanita,
Teresa del Niño Jesús
p.c.ind.
J.M.J.T.
El Carmelo, 31 de julio de 1888
Mi querido Rey:
¡Si supieras cómo nos gustó tu carpa, tu monstruo! Hubo que retrasar la comida media hora. MarÃa del Sagrado Corazón hizo la salsa. Estaba delicioso, sabÃa a cocina de mundo. Era incluso mejor que la suntuosa cocina de Italia, lo cual no es poco decir, porque ¡vaya banquetes...! ¡Y vaya compañÃa! ¿Te acuerdas, papaÃto...? Pero no siempre es eso lo que abre el apetito, al menos a mÃ, pues nunca he comido tanto como desde que estoy en el Carmelo. Me siento totalmente en mi centro. Si la señorita Paulina estuviese ahÃ, dirÃa que «he encontrado mi camino». Tu Diamante no puede escribirte porque está de colada general, pero eso no le impide pensar en ti, papaÃto querido; te abraza con todo su corazón, y tú sabes que el corazón de tu hija mayor no es precisamente pequeño. Pienso en lo que tú tantas veces nos decÃas: «Vanidad de vanidades y todo vanidad, vanidad de la vida que pasa», etc. Cuanto más vivo, más verdad me parece que todo es vanidad sobre la tierra. Siempre que pienso en ti, papaÃto querido, pienso naturalmente en Dios, pues me parece imposible encontrar a alguien más santo que tú en la tierra. Cuando pienso que dentro de ocho dÃas hará cuatro meses que estoy en el Carmelo, no me lo puedo creer. Me parece que he estado siempre aquÃ, y por otra parte me parece que fue ayer cuando entré. ¡Cómo pasa todo...! Cuanto más vivo, papaÃto querido, más te quiero. No sé cómo puede ser eso, pero es la pura verdad; me pregunto lo que será al final de mi vida... Me siento muy orgullosa de mi tÃtulo de Reina de Francia y de Navarra, y espero merecerlo siempre. Jesús, el Rey del cielo, al tomarme para sÃ, no me ha quitado a mi santo Rey de la tierra. ¡No!, si mi papaÃto querido asà lo quiere y no me encuentra demasiado indigna, yo seré siempre: la Reina de Papá. La Perla fina te manda un abrazo muy fuerte. Adiós y hasta pronto, mi querido Rey. Tu Reinecita,
Teresa del Niño Jesús
p.c.ind.
Jesús + J.M.J.T.
El Carmelo, 22 de agosto de 1888
Querido tÃo:
Acabamos de recibir una carta de nuestra tÃa donde nos cuenta todo lo que usted está pasando. Aunque lejos de usted, también su sobrinita comparte su dolor y quisiera estar cerca de su tÃo para consolarle; pero ¿qué podrÃa hacer ella, en realidad...? No, es preferible que esté en el Carmelo; aquÃ, al menos, puede pedir todo lo que quiera al único que puede dar el consuelo, que lo derrame abundantemente en el corazón de su querido tÃo. El estado del señor David nos apena mucho. Comprendo, querido tÃo, cuánto deben estar sufriendo ustedes, pues no hay nada tan doloroso como ver sufrir a los que amamos. Sin embargo, doy gracias a Dios con todo el corazón por la gracia tan grande que ha tenido a bien conceder a esa hermosa alma. ¡Qué disposiciones para comparecer ante él! Es verdaderamente admirable. Todo lo que nos ha contado nuestra querida tÃa me ha llegado muy hondo. Era imposible, tÃo, que Dios no le concediese a usted este consuelo después de todo lo que hace por su gloria. ¡Qué hermosa me parece la corona que Dios le tiene reservada! No puede ser de otra manera, pues toda su vida no es más que una perpetua cruz, y Dios no obra asà más que con los grandes santos.
¡Qué dicha pensar que en el cielo nos reuniremos para no separarnos ya más! Verdaderamente, sin esta esperanza la vida serÃa insoportable... Querido tÃo, no sé lo que usted pensará de su pobre sobrinita, que deja correr la pluma sin pensar mucho en lo que dice; si su corazón pudiese escribir, DIRIA cosas muy distintas, pero se ve obligado a confiarse a esta frÃa pluma, que no sabe expresar lo que él siente. Lo pongo en manos de mi ángel de la guarda, creo que un mensajero celestial cumplirá bien mi encargo; le envÃo al lado de mi tÃo querido para que vierta en su corazón tanto consuelo cuanto nuestra alma puede contener en este valle de lágrimas... Adiós, querido tÃo. Le pido que salude de mi parte a la señora de Fournet, me asocio de corazón a su dolor. A usted le envÃo toda la ternura que encierra mi corazón, y continuaré rogando sin cesar por el señor David. Su sobrinita, que quisiera disminuir un poco su dolor,
Teresa del Niño Jesús
p.c.ind.
Jesús + J.M.J.T.
El Carmelo, 28 de agosto de 1888,
6 de la mañana
Querida tÃa:
Ayer tarde nos enteramos de la muerte del señor David. Aunque esperábamos recibir en cualquier momento la triste noticia, me conmovà mucho al saber el desenlace. Ruego a Dios que acoja en su paraÃso a esa alma tan santa; tal vez esté ya allÃ, pues con unas disposiciones tan perfectas como las suyas se puede ir derecho al cielo. Pido a Dios, querida tÃa, que derrame en su alma el consuelo. Ya se mostró muy bondadoso al escuchar todas las oraciones que ustedes le dirigieron para ofrecerle el alma de su querido pariente. Si desde lo hondo de su soledad, su hijita pudiese esperar haber tenido una pequeña parte en ello, se sentirÃa muy dichosa. Pienso, querida tÃa, que en los momentos de gran tristeza necesitamos de mirar al cielo; allÃ, en lugar de llorar, todos están alegres porque nuestro Señor posee un elegido más, un nuevo sol ilumina con sus rayos a los ángeles del cielo, todos viven ya el rapto del éxtasis divino y se extrañan de que nosotros podamos llamar muerte al comienzo de la vida. Para ellos, nosotros estamos en un estrecho sepulcro, mientras que su alma puede trasladarse hasta el confÃn de las «playas celestes, de horizontes infinitos»... Querida tÃa, cuando se piensa en la muerte del justo, no se puede por menos de envidiar su suerte. Para él ya no existe el tiempo del destierro; para él ya no hay más que Dios, nada más que Dios. ¡Cuántas cosas, querida tÃa, tendrÃa para decirle esta su hijita! ¡Piensa tanto, tanto, su corazón! Esta mañana está toda ella perdida en la inmensidad y en la añoranza de la muerte de los santos. Pero me falta tiempo para terminar este borrador, y tengo que cortar, porque la campana acaba de advertirme que es hora de terminar. Ofrezco este pequeño sacrificio a Jesús, para que se digne consolarles con su mano bondadosa. Su hijita, que está con el corazón cerca de usted y de sus queridas hermanitas,
Teresa del Niño Jesús
p.c.ind.
J.M.J.T.
Jesús + Carmelo, 25 de agosto de 1888
Querido papaÃto:
Por fin, ha llegado el dÃa en que tu Reina puede felicitarte tu santo en todos los tonos, ya que está en el Carmelo en compañÃa de tus joyas: el Diamante y la Perla fina... ¡Pobre Reinecita! Debiera hacerse a un lado para dejar paso a las espléndidas alhajas de su Rey; pero la verdad es que no puede, resignarse a ello. También ella tiene su tÃtulo y puede mostrarlo a quien quiera verlo, está sellado por la mano misma de su Rey: Reina de Francia y de Navarra. No tiene otra cosa, pero creo que basta para ser admitida a la presencia de su Rey. Por lo demás, nadie intenta disputarle su derecho, que hasta en el extranjero le reconocen: en Italia, en Roma, todos sabÃan que la Reina estaba allÃ... Mi querido Rey, tu reinecita querrÃa tener magnÃficos presentes que ofrecerte, pero no tiene nada. Además, ella no es nada fácil de contentar. Todos los palacios del Vaticano, cargados de regalos, no le parecerÃan lo bastante bellos para su Rey. Ella sueña con algo más regio, necesita tesoros inmensos, horizontes infinitos. Lo que ella quisiera dar a su Rey no se encuentra aquà en la tierra, sólo Jesús lo posee. Por eso va a pedirle que colme a su Rey de alegrÃas celestiales. A un padre que no es de la tierra nada terreno puede llenarlo. Ya ves, querido papaÃto, que aunque parece que no te ofrezco nada, te hago un magnÃfico regalo; si no cautiva tus ojos, cautivará al menos tu corazón, porque espero que Dios escuche mi plegaria. Sin embargo, papaÃto querido, aun diciéndote que sólo deseo cautivar tu corazón, te mando una estampita pintada por tu reina. Espero que, a pesar de mi escaso talento, te guste; la Perla fina ha querido ayudarme con sus consejos de artista y compuso el precioso dibujo, pero se empeñó en que la pintase yo sola. El mérito no es mucho; pero mi impericia es tan grande y mi Rey tan indulgente, que espero darle un poquito de gusto enviándole esta estampita. Hasta pronto, papaÃto querido. Si tu Reina no está hoy a tu lado, no te quepa la menor duda de que lo está con el pensamiento y con el corazón, te desea la mejor de las fiestas que hayas tenido nunca en tu vida, y te abraza con todo su corazón. Tu Reinecita,
Teresa del Niño Jesús
p.c.ind.
septiembre de 1888
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, jueves.
Querida hermanita:
Empecé a escribirte el martes por la noche, y hace un momento quise continuar la carta; pero las cosas que entonces te decÃa no son las que hoy quiero decirte, asà que he preferido volver a empezar. Gracias por tu preciosa carta. Si me hubiese escrito Mme. de Sevigné, seguro que no me habrÃa dado mayor alegrÃa. Si mi primita se acuerda mucho de mÃ, también yo estoy con mucha frecuencia espiritualmente con ella. Igual que tú, yo también necesito oÃr hablar a menudo de mi MariÃta, y sobre todo hablar yo misma de ella. Me desahogo hablándole a Dios de mi querida hermanita, no temo nunca que a él le parezca que le hablo demasiado de ti, pues estoy segura de que a mi MariÃta Dios la tiene muy dentro de su corazón. Querido diablillo, ¡cuántas cosas tendrÃa que decirte! Pero el tiempo se pasa volando, veo que se me escapa con asombrosa rapidez. Es tarde y te estoy escribiendo a la luz de tu lamparilla; ya ves que mi escritura se resiente de mi prisa. Lo que me consuela de tener tan mala letra es pensar que en el cielo no tendremos necesidad de este medio para comunicarnos nuestros pensamientos, ¡será una suerte para mÃ...! Ayer recibà una visita. Te apuesto que no la adivinas ni a la de cien... Una elegante dama de MUNDO, su querido marido, una señorita de dieciséis años y un señorito de catorce... ¿Vas cayendo...? Era la madrina que plantaba verbenas... VenÃa acompañada de su sobrina Th. Gilbert y de su sobrino Pedro. ¡Ay, mundo, mundo! ¡Si la hubieras visto en el locutorio! Al verme tras de la reja, casi cantaba: «¡Cuánto pena mi corazón, mi corazón!» Es hora de acabar con mi cháchara, y, sin embargo, no he dicho nada interesante a mi querida primita. Pero ¿qué puede esperarse de una persona como yo, que escribe sin pensar que su papel se va llenando de trivialidades, teniendo tantas cosas serias que decir...? Perdóname... Termino, querida MariÃta, pidiéndote un favor: serÃas muy amable si, mientras te paseas por ese hermoso parque, pudieses encontrar algunos musgos secos, cortezas de árboles, etc. Es para hacer trabajitos, belenes por ejemplo. Si es molestia, no me lo envÃes, sólo si lo encuentras paseándote. Siento mucho que mi tÃa esté enferma. Me acuerdo mucho de ella y no dejo de rezar por su pronta curación. Dale un beso muy FUERTE de parte de su hijita, ¡pero sin hacerle daño...! Dale un beso también a mi QUERIDA Juanita, y a Celina y Elena3. De ellas, que no están enfermas, no tengo compasión: asà que te pido que las beses lo más fuerte que puedas. Veo, querida MariÃta, que mis besos no tienen fin, pero todavÃa no he terminado, pues no te los he dado a ti, que eres la encargada de repartirlos. Asà que a todas las personas a quienes se los vas a dar les pido que te devuelvan todos los que puedan. Y como dudo que mi petición sea cumplida, te mando yo un beso yo con todo el corazón, pero muy fuerte, tan fuerte que si tuvieses un flemón, se reventarÃa, como pasó antes del viaje a Roma.
Tu hermanita,
Teresa del Niño Jesús
p.c.ind.
30 de septiembre de 1888
J.M.J.T.
El Carmelo, 30 de septiembre
Mi rey querido:
Tu Reinecita se siente abrumada bajo el peso y la magnificencia de tus regalos, ya se ve que es un Rey quien se los ofrece a su Reina. Lo primero que vi llegar fue el encaje de punto de Alençon; es, de verdad, absolutamente regio. No sé cómo darte las gracias por tan hermosos regalos. ¿Dónde quedan ya los tiempos en que tu Reinecita saltaba de alegrÃa ante una chucherÃa de CINCO CENTIMOS que su Rey le regalaba?. También ahora su corazón se sentirÃa dichoso, pero el del Rey necesita dar más, por eso ofrece a su Reina un encaje digno de LA REINA DE FRANCIA Y DE NAVARRA. Es verdad, querido papaÃto, que si tu Reina no es digna de tantas riquezas, éstas nunca serán demasiado hermosas para el Esposo divino a quien tú la has entregado; por eso, seré feliz llevándolas; de lo contrario, realmente no me atreverÃa a llevarlas, pues todavÃa no soy más la Huerfanita de la Berezina, y hasta el dÃa de mi toma de hábito no mereceré llevar mi tÃtulo de Reina. TodavÃa tengo una dulce misión que cumplir: la de darte las gracias, en mi nombre de Reina y en nombre del Diamante de y la Perla fina, por el alud de peras, cebollas, ciruelas y manzanas que salió del torno como de una cornucopia. ¿De dónde venÃa todo aquello? Un viejecito dijo que se trataba de un señor que vivÃa por el jardÃn de la Estrella. No podÃa ser nadie más que tú. Por eso, papaÃto querido, la provisión fue bien recibida y se le dispensó un buen recibimiento sin hacernos de rogar. Tiene gracia la cosa: le costó menos entrar que a tu Reina, que tuvo que ir a Roma para conseguir que le abrieran la puerta... Las enormes cebollas me alegraron el corazón, me hicieron pensar en las de Egipto, no las echaremos de menos como los israelitas. Pensé también en las de Lion, que costaban 0'50 céntimos y eran tan gordas. Bueno, Rey mÃo, creo que tu Reina te está aburriendo con su cháchara, pero está tan contenta que no puede menos de decÃrtelo. Te da las gracias por todo, y te abraza con todo su corazón.
Teresa del Niño Jesús
8-15 de octubre (?) de 1888 Mi querido Rey: Me gustarÃa escribirte una larga carta, pero no puedo, porque estoy de retiro. ¡No sabes cuánto te quiere tu Reinecita...! Como tengo que enviar una carta a la hija del Rey -la princesa Leonia-, he pensado que la mejor forma de hacerle llegar mi mensaje era por medio del mismo Rey. Y por esa razón me dirijo a «Su Majestad el Rey de Francia y de Navarra". Si no brilla su dignidad a los ojos de los hombres, yo sé muy bien que en el cielo se manifestará a los ojos de Dios. Y entonces, el menor de los elegidos será como el jefe de un pueblo numeroso, y, Rey mÃo, ¡qué dignidad...!
Tu Reinecita,
Teresa del Niño Jesús
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 20 de octubre de 1888
Mi querida Celina:
Asà que mañana es tu santo. ¡Cómo me gustarÃa ser yo la primera en felicitarte! Pero si no es posible, puedo hacerlo al menos en mi corazón. ¿Qué quieres que te regale para tu santo? Si escuchase a mà corazón, le pedirÃa a Jesús que me enviase a mà todas las penas, todas las tristezas, todos los problemas de la vida de mi querida Celina; pero, ya ves, no lo escucho, porque tengo miedo a que Jesús me diga que soy una egoÃsta, pues entonces querrÃa que me diese a mà lo mejor que él tiene, sin dejar ni siquiera un poco para su prometida, a quien tanto ama. Si le hace sentir la separación, es para demostrarle su amor; por tanto, no puedo pedirle eso a Jesús. Y, además, él es tan rico, tan rico, que tiene de sobra para enriquecernos a las dos... ¡Y pensar que, si Dios nos diese el universo entero con todos sus tesoros, eso no serÃa comparable con el más ligero sufrimiento! ¡Qué gracia tan grande cuando por la mañana nos sentimos sin ánimo y sin fuerzas para practicar la virtud! Ese es el momento de poner el hacha a la raÃz del árbol. En vez de perder el tiempo en reunir unas pocas pepitas de oro, extraemos diamantes, ¡y qué ganancia al final de la jornada...! Es cierto que a veces nos despreocupamos durante algunos instantes de acumular nuestros tesoros. Ese es un momento peligroso, pues se ve una tentada de mandarlo todo a paseo; pero con un acto de amor, aun no gustado, todo queda reparado, y con creces: Jesús sonrÃe, nos ayuda sin parecer que lo hace, y nuestro y débil amor enjuga las lágrimas que los malos le hacen derramar. El amor todo lo puede: las cosas más imposibles no le parecen difÃciles. Jesús no mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera su dificultad, cuanto el amor con que se hacen... Hace algún tiempo encontré una frase que me parece muy hermosa. Es ésta, creo que te va a gustar: «La resignación es todavÃa distinta de la aceptación de la voluntad de Dios; existe entre ellas la misma diferencia que entre la unión y la unidad. En la unión hay todavÃa dos, en la unidad no hay más que uno». ¡SÃ, no seamos más que uno con Jesús! Despreciemos todo lo que es pasajero. Nuestros pensamientos deben dirigirse al cielo, pues allà está la morada de Jesús. Pensaba hace unos dÃas que no debemos apegarnos a lo que nos rodea, pues podrÃamos vivir en otro lugar distinto de éste en que vivimos, y entonces nuestros afectos y nuestros deseos ya no serÃan los mismos... No sé explicarte mi pensamiento, soy demasiado torpe para hacerlo, pero cuando te vea te lo diré de palabra. ¿Por qué te habré dicho todas estas cosas que tú sabes mucho MEJOR que yo? Perdóname. Necesitaba tener contigo una conversación como las que tenÃamos antaño. Pero ese tiempo no pasó, seguimos siendo las dos una MISMA ALMA, y nuestros pensamientos siguen siendo los mismos que eran en las ventanas del mirador... Me llena de alegrÃa pensar que un dÃa celebraremos tu santo en la ciudad celestial. Tu hermanita,
Teresa del Niño Jesús
SÃ, es muy triste pensar que el Padre se va para el Canadá. ¡Pero nos queda Jesús...!
15 de noviembre de 1888
Mi querido Rey:
¡Qué bueno es Dios por haberte curado! Te aseguro que tu Reinecita estuvo muy preocupada, y realmente habÃa motivos para ello, pues estuviste muy enfermo. Todo el Carmelo estaba en oración, y por eso Dios acabó por escuchar sus plegarias y me devolvió a mi Rey. Pero ya sabes, querido papaÃto, que ahora que Dios ha hecho lo que deseábamos, te toca a ti hacernos completamente felices. La Huérfana de la Berezina te suplica que te cuides MUCHO, todo lo que haga falta, ya sabes que la Intrépida nº 2 entiende de eso. Asà que te ruego que respetes ese tÃtulo (que le ha dado el mismo Rey) y que te cuides cuanto sea necesario. Tu Reinecita está siempre a tu lado con el corazón. ¿Cómo va a olvidar a su Rey tan bueno...? Y, además, me parece que el cariño se agranda, si es posible, cuando se ha sufrido tanto... Adiós, mi Rey querido. Y sobre todo, cuÃdate mucho para dar gusto a tu Reina,
Teresa del Niño Jesús
p.c.ind.
18 de noviembre de 1888
J.M.J.T.
Querida tÃa:
PermÃtale a su hijita ir también ella a ofrecerle su humilde felicitación. Le va a parecer bien poca cosa, comparada con las que ya habrá recibido; pero no importa, su corazón no puede dejar de decir a su tÃa querida cuánto la quiere. Esta mañana, en la comunión, he pedido mucho a Jesús que la colme de sus alegrÃas. ¡Ay, no es eso precisamente lo que él nos está enviando desde hace algún tiempo! Es la cruz, sólo la cruz, lo que él nos ofrece para descansar... Si yo fuera la única que sufriese, querida tÃa, no me importarÃa; pero sé muy bien hasta qué punto ustedes comparten nuestro dolor. Yo quisiera, en este dÃa de su santo, quitarle todas las tristezas y cargar sobre mà todas sus penas. Asà se lo pedÃa hace un momento a aquel cuyo corazón late al unÃsono con el mÃo; y comprendà que lo mejor que él podÃa darnos era el sufrimiento, que no lo da más que a sus amigos predilectos. Y esta respuesta me hacÃa ver que no estaba siendo escuchada, pues veÃa que Jesús amaba demasiado a mi querida tÃa para quitarle la cruz... Me ha emocionado mucho, querida tÃa, con la hermosa tarta que nos ha mandado. En vez de felicitarle nosotras su santo, es usted quien nos lo felicita a nosotras. La verdad, ¡es demasiado! ¡Yo no tengo para regalarle a mi querida tÃa más que una pobre estampita, pero confÃo que sólo mirará a la intención de su hijita! Adiós, querida tÃa, me parece que en la tribulación usted está más cerca aún de su hijita,
Teresa del Niño Jesús
post. carm.ind.
La carta de sor MarÃa del Sagrado Corazón estaba ya terminada cuando recibimos la tarta. Me encarga que se lo agradezca mucho.
J.M.J.T.
El Carmelo, 25 de noviembre de 1888
Querido papaÃto:
Tu Reina piensa constantemente en ti y reza todo el dÃa por su Rey. Soy muy feliz en el dulce nido del Carmelo, y lo único que deseo ya en la tierra es ver a mi Rey completamente curado. Pero sé muy bien por qué nos manda Dios esta prueba: para que ganemos el cielo. Él sabe que nuestro padre es lo que más amamos en la tierra; pero sabe también que es necesario sufrir para alcanzar la vida eterna, y por eso nos prueba en aquello que nos es más querido. Presiento también que Dios va a dar a mi Rey, en el reino del cielo, un trono magnÃfico; tan bello y tan por encima de todo pensamiento humano, que se puede decir con san Pablo: «Ni el ojo del hombre vio, ni su oÃdo oyó, ni su corazón puede comprender lo que Dios tiene reservado para los que ama". ¿Y hay alguien a quien Dios ame en la tierra más que a mi querido papaÃto...? La verdad es que no puedo creerlo... Hoy, además, él nos está dando la prueba de que no me equivoco, pues Dios prueba siempre a los que ama. Y estoy convencida de que Dios hace sufrir tanto en la tierra, a fin de el cielo les parezca mejor a sus elegidos. Él dice que, en el último dÃa, enjugará todas las lágrimas de sus ojos. Y, sin duda alguna, cuantas más lágrimas haya que enjugar, tanto mayor será la alegrÃa... Adiós, querido Rey mÃo, tu Reina se regocija pensando en el dÃa en que reine contigo en el hermoso y único verdadero reino del cielo.
Teresa de Jesús
post. carm. ind.
Noviembre de 1888
Jesús M.J.T.
Mi preciosa Muñeca:
No puedo resistir al deseo de darte las gracias por tu carta; me ha gustado mucho. No puedes imaginarte cómo me acuerdo de ti. Mi MariÃta está siempre presente en mi pensamiento. Además, aunque quisiera olvidar a mis primitas, no lo conseguirÃa, ¡me alumbra tan bien mi linda lamparilla...! Teresa va a pedirte un nuevo favor. Acaba de decirme sor Inés que necesito un par de zapatos forrados, como los que te vi muchas veces en invierno; son una especie de botas forradas de astracán. Si mi tÃa quisiera comprármelos, me darÃa una gran alegrÃa. Se los podrÃa probar Juana, que tiene exactamente el mismo pie que yo. Tengo muchas cosas que decirle a mi Muñeca, pero esperan estas letras y tengo que dejarte, el jueves podré contarle muchas cosas a mi querida hermanita. Mientras tanto, dale un fuerte abrazo a mi QUERIDA tÃa, a mi tÃo y a mi querida Juanita. En cuanto a mi Lulú, me es imposible decirle cuánto la quiero, mi corazón está demasiado lleno de cariño hacia él. Me alegrarÃa mucho poder tener los zapatos para esta tarde. No puedes imaginarte lo bien que nos cuidan en el Carmelo: siempre tengo que estar comiendo y calentándome los pies... Hasta el jueves, mi preciosa muñeca viviente. Me siento muy muy feliz, en el colmo de mis deseos.
Teresa del Niño Jesús
Muchos recuerdos a mi querida Marcelina.
Primeros de diciembre de 1888
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, diciembre de 1888
Querida Profesora:
Su atento detalle me ha emocionado profundamente. Con mucho gusto recibà la circular de las Hijas de MarÃa. Puede estar segura de que no dejaré de asistir con el corazón a tan hermosa fiesta. Porque ¿no fue en esa capilla bendita donde la SantÃsima Virgen tuvo a bien adoptarme como hija suya en el hermoso dÃa de mi primera comunión y en el de mi ingreso en la Congregación de las Hijas de MarÃa? Nunca podré olvidar, querida Maestra, lo buena que fue usted conmigo en esas fechas tan importantes de mi vida. Y no dudo que la gracia insigne de mi vocación religiosa germinó aquel dÃa feliz en que, rodeada de mis santas profesoras, me consagré a MarÃa al pie de su altar, escogiéndola especialmente por Madre, después de recibir a Jesús aquella mañana por primera vez. Me gusta pensar que la Virgen no miró entonces mi indignidad y que, en su gran bondad, tuvo a bien poner los ojos en la virtud de aquellas profesoras que con tanto esmero habÃan preparado mi corazón para recibir a su divino Hijo. Me gusta pensar que por esa razón la Virgen quiso hacerme todavÃa más perfectamente hija suya concediéndome la enorme gracia de traerme al Carmelo. Creo, querida Profesora, que habrá estado usted al corriente de la enfermedad de mi queridÃsimo. Durante algunos dÃas temà que Dios le arrebatase a mi ternura; pero Jesús se dignó concederme la gracia de que se restableciese para el momento de mi toma de hábito. Todos estos dÃas estaba pensando escribirle, para comunicarle que habÃa sido aprobada por el capÃtulo; pero como no sabÃa le fecha que Monseñor tendrÃa a bien fijar, seguÃa esperando. ConfÃo, querida Profesora, que no haya tomado esta demora por indiferencia. No, mi corazón sigue siendo el mismo, y creo que después de mi entrada en el Carmelo se ha hecho todavÃa más tierno y más capaz de amar. Por eso, me acuerdo con frecuencia de mis santas profesoras, y me gusta nombrarlas a todas en particular delante de Jesús durante las horas benditas que paso a sus pies. Me atrevo a pedirle, querida Profesora, que tenga a bien ser mi intérprete ante ellas, encomendándome a sus fervorosas oraciones; en particular a las de la Madre priora, hacia quien conservo el más filial y agradecido afecto. No me olvide tampoco antes mis afortunadas compañeras, de quienes sigo siendo siempre su hermanita en MarÃa. Adiós, querida Profesora. Espero que no olvide en sus santas oraciones a la que es y será siempre su agradecida hija,
Sor Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
J.M.J.T.
Jesús + 28 de diciembre de 1888
Querida tiÃta:
Tengo una gran pena porque ayer noche, al no saber que mis hermanas iban a escribirle, me dormà como una perezosa. Esta mañana tengo ya muy poco tiempo, y hasta tengo que quitárselo al Oficio. Querida tÃa, quisiera ser la primera en desearle un feliz año nuevo para 1889... Cuando pienso, querida tÃa, que pronto hará nueve meses que su hijita está en el Carmelo, no me lo acabo de creer; me parece que fue ayer cuando estaba todavÃa a vuestro lado... ¡Qué deprisa pasa la vida! Hace ya dieciséis años que estoy en la tierra. ¡Pronto estaremos todos reunidos en el cielo! Me gusta mucho esta frase de los Salmos: «Mil años a los ojos del Señor son como el dÃa de ayer que ya pasó". ¡Qué rapidez! Pero yo quiero trabajar mientras luzca todavÃa el dÃa de la vida, porque enseguida vendrá la noche, en la que no podré ya hacer nada. Ruegue por su hijita, querida tÃa, para que no abuse de las gracias que Dios le prodiga en el fértil valle del Carmelo. No puedo por menos de reÃr al ver mi carta. Porque no se parece en nada a una carta de felicitación del año nuevo. Lo que pasa es que a usted, querida tÃa, yo le hablo como una niña que da rienda suelta a su corazón sin pensar en lo que va a decir... ¡Si supiera, querida tÃa, lo mucho que voy a pedir por usted y por mi tÃo el dÃa de año nuevo...! No, usted no lo sabe, y no voy a intentar decÃrselo, la aburrirÃa porque serÃa demasiado largo. ¿Y mis primitas (mis hermanitas queridas)? ¡Cómo rezaré por ellas...! Adiós, querida tÃa, y, por favor, dÃgale a mi tÃo cuánto le quiero; deberÃa haberle escrito a la vez que a usted, querida tÃa, pero soy demasiado boba para hablar a dos personas a la vez... Le pido que me perdone, y les mando a los dos el mejor beso de su más pequeño benjamÃn, Teresa del Niño Jesús post. carm. ind. Acabo de acordarme de que aún no le he dado las gracias a mi querida tÃa por la corona que piensa regalarme para mi toma de hábito. ¡Si supiese lo agradecida que le estoy y cuán grato será ese recuerdo para el corazón de su hijita...!
J.M.J.T.
Jesús +
30 de diciembre de 1888
Mi Rey querido:
¡Qué dicha poder enviarte este año desde el Reino del Carmelo mis felicitaciones de año nuevo! Nunca tu Reinecita pudo ofrecerte su cariño con mayor alegrÃa; se siente tan cerca de su Rey, tan cerca, que nada podrá alejarla de él. Los reyes de la tierra se sienten completamente felices cuando logran hacer contraer a sus hijas nobles alianzas. ¡Y qué gratitud sienten esos hijos hacia sus padres...! Con tu Reinecita sucede algo totalmente distinto: tú, como padre y como verdadero Rey, no has querido entregarla a nadie más que al Rey del cielo, al mismo Jesús; de Huérfana de la Berezina he pasado al tÃtulo nobilÃsimo de carmelita. ¡Cómo tengo que querer a un padre que me ha deparado una dicha tan grande, y cuánto lo quiero...! Si el guÃa de Roma estuviera aquÃ, podrÃa decir: «Señores Abades, voy a presentaros un padre como nunca habéis visto otro, razón hay para caer en éxtasis»1. ¿No es verdad, querido papaÃto, que no podrÃas hacer más por tu Reinecita? Si no es santa, será por su culpa, porque con un padre como tú no será por falta de medios... Querido padre, cae el dÃa, es ya hora de dejarte, pero para encontrarte al lado de Jesús, que es tu verdadero lugar. Pronto lucirá para nosotros el dÃa sin sombras, ¡y entonces no terminaremos nunca nuestro coloquio...! ¡Feliz año nuevo, querido Rey, y gracias por todas las delicadezas que has tenido con nosotras esta semana... y durante TODO el año...! Que Jesús te colme de sus bendiciones. Que te dé, como lo ha prometido, el céntuplo en esta vida y su HERMOSO cielo en la otra. Esa es la felicitación de tu Reinecita, que te quiere más que nunca reina alguna amó a su rey.
Sor Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
J.M.J.T.
Jesús + 2 de enero de 1889
Querida tÃa:
¡Su hijita está en el colmo de su alegrÃa...! ¡Qué buena es usted con ella! Realmente, es demasiado... ¿Cómo se lo podré agradecer...? Pero ¿acaso una madre no sabe leer en el corazón de su hijita? Por eso, no quiero preocuparme, segura de que usted adivinará mi gratitud. Los lirios son PRECIOSOS, se dirÃa que acaban de ser cortados. ¡Qué buenas son mis hermanitas al regalármelos! Será para mà una gran alegrÃa, el dÃa de mi toma de hábito, pensar que son ellas quienes me han engalanado para ir al encuentro de mi divino prometido. Esas flores hablarán por ellas a Jesús, quien, estoy segura, las colmará de sus gracias, y a usted también, querida tÃa. ¡Si supiera qué feliz me sentà de recibir el enorme jugo de manzana para ofrecérselo a nuestra Madre! Es todo un retrato de mi tÃa querida, que busca siempre lo que más gusto pueda darle a su hijita. Y no fue menor mi alegrÃa al ver el hermoso paquete de alajú. Me sentà muy orgullosa en el refectorio cuando nuestra Madre dijo a la comunidad que usted nos habÃa hecho ese regalo en honor de mis 16 años. Gracias, querida tÃa, ¡si supiera qué buena me parece! El dÃa de mi toma de hábito rezaré mucho por usted, y también por mi querido tÃo, a quien doy las gracias de todo corazón, pues sé que también él me ha hecho todos esos regalos tan hermosos que he recibido esta tarde. A nuestra Madre le parece muy bonita la corona, lo mismo que a toda la comunidad. Nunca he visto unas flores que me hayan gustado tanto, ¡son tan puros los lirios! Quisiera que mi alma estuviese adornada toda ella de lirios para ir al encuentro de Jesús, pues no basta con llevarlos sólo en el pelo: lo que los ojos de Jesús miran siempre es el corazón... Adiós y gracias, querida tÃa. Rece para que su hijita esté tan bien adornada en lo interior como lo va a estar en lo exterior...
Sor Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
6 de enero de 1889
J.M.J.T.
Corderito querido de Jesús, ¡gracias...! ¡Si supieras cómo me gustaron tus letras...! PÃdele a Jesús que sea muy generosa durante mis ejercicios espirituales. ¡Él me ACRIBILLA a alfilerazos, la pobre pelotita ya no puede más, por todas partes está llena de pequeños agujeros que la hacen sufrir más que si sólo tuviera uno grande...! Al lado de Jesús, nada, ¡sequedad...!, ¡sueño...! ¡Pero al menos, hay silencio...! El silencio hace bien al alma...Pero las criaturas, ¡ay, las criaturas...! ¡La pelotita se estremece a su contacto...! ¡Comprende a este juguetito de Jesús...! Cuando es él, el dulce amigo, quien pincha a su pelota, el sufrimiento no es sino dulzura, ¡es tan dulce su mano...! Pero las criaturas... Las que me rodean son muy buenas, pero hay en ellas un no sé qué que me repele... No sé explicártelo, comprende tú a esta tu pobre alma. Sin embargo, me siento MUY dichosa, dichosa de sufrir lo que Jesús quiere que sufra. Si no es él quien pincha directamente a su pelotita, sà que es él quien guÃa la mano que la pincha... Si Jesús quiere dormir, ¿por qué se lo voy yo a impedir? Yo ya soy muy dichosa con que no se moleste por mÃ; tratándome asÃ, me demuestra que no soy para él una extraña , pues te aseguro que él no hace el menor gasto por darme conversación... ¡Si supieras qué indiferente quiero ser con las cosas de la tierra! ¿Qué me importan todas las bellezas creadas? SerÃa desdichada poseyéndolas, ¡estarÃa tan vacÃo mi corazón...! Es increÃble lo grande que me parece mi corazón cuando contemplo todos los tesoros de la tierra, pues veo claro que todos juntos no podrÃan llenarlo; ¡pero qué pequeño me parece cuando contemplo a Jesús...! ¡Quisiera amarle tanto...! ¡Amarle como nunca lo ha amado nadie...! Mi único deseo es hacer siempre la voluntad de Jesús, enjugar las lágrimas que le hacen derramar los pecadores... ¡No, no QUIERO que Jesús sufra el dÃa de mis esponsales, quisiera convertir a todos los pecadores de la tierra y salvar a todas las almas del purgatorio...! El Cordero de Jesús se va a reÃr al ver este deseo del granito de arena... Ya sé que es una locura, pero no obstante quisiera que fuese asÃ, para que Jesús no tuviese que derramar ni una sola lágrima. ¡Ruega para que el grano de arena se convierta en un ATOMO, visible únicamente a los ojos de Jesús!
Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
6 ó 7 de enero de 1889
J.M.J.T.
Jesús + León querido de Jesús, el corderito necesita pedirte prestado un poco de fuerza y de ánimo, ese ánimo que hace que el León lo supere todo... El pobre corderito no puede decir nada a Jesús, y sobre todo Jesús no le dice absolutamente nada a él. Pide por él, para que al menos su retiro agrade al corazón del UNICO que sabe leer en lo más profundo de su alma... ¿Por qué buscar felicidad en la tierra? Te confieso que mi corazón tiene una sed ardiente de ella, pero ve muy claro este pobre corazón que ninguna criatura es capaz de apagar su sed. Al contrario, cuanto más bebe de esa fuente encantada, más ardiente se hace su sed... Yo conozco otra fuente, de la que, después de haber bebido, se tiene todavÃa sed; pero una sed que no es ansiosa, sino, al contrario, muy sosegada, porque tiene donde satisfacerse. ¡Esta fuente es el sufrimiento conocido sólo por Jesús...! León querido, tengo muchas cosas que decirte, pero no tengo tiempo. ¡Lee en el corazón de TU hijita, como sólo tú sabes hacerlo...!
Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
7 de enero de 1889
J.M.J.T.
Jesús +
Esta mañana he sufrido con sor San Vicente de Paul y me fui con el corazón destrozado... ¿Qué tienes tú que atrae tanto a mi alma? No puedes imaginarte cómo siento no poder hablarte... ¿Entiendes algo de la forma de actuar de Jesús...? Yo te decÃa que los niños no saben lo que quieren. Pues asà se comporta Jesús con su pelotita. Sin duda ha creÃdo que la fecha del 9 era demasiado maravillosa, ¡y no quiere nada maravilloso para ella...! Sé muy bien por qué: es porque sólo él es maravilloso en toda la FUERZA de esa palabra, y quiere hacer ver a su pelotita cómo se engañarÃa si buscase en otra parte una sombra de belleza que podrÃa tomar por la misma belleza... ¡Qué bueno es conmigo el que pronto será mi prometido! ¡Qué divinamente amable es al no permitir que yo me apegue a NINGUNA cosa criada! Él sabe muy bien que si me concediese una sola sombra de felicidad, me apegarÃa a ella con toda la energÃa y con toda la fuerza de mi corazón. Y me niega esa sombra. Prefiere dejarme en las tinieblas a darme un falso resplandor que no serÃa él... Y ya que no puedo encontrar ninguna criatura que me satisfaga, quiero dárselo todo a Jesús, no quiero dar a las criaturas ni un solo átomo de mi amor. ¡Ojalá que Jesús me conceda siempre comprender que sólo él es la felicidad perfecta, incluso cuando parece ausentarse...! Hoy aún más que ayer, si es que esto es posible, he estado privada de todo consuelo. Le doy gracias a Jesús, que piensa que eso es bueno para mi alma; además, si me consolase, quizás yo me detendrÃa en esas dulzuras, y él quiere que todo sea para él... Pues bien, será todo para él, todo. Aun cuando sienta que no tengo nada para poder ofrecerle, le darÃa esa nada, como esta tarde... Si Jesús no me da consolaciones, me da una paz tan grande que me hace un bien mucho mayor... ¿Y la carta del Padre...? Me pareció celestial, y mi corazón encontró en ella muchas cosas hermosas, pero ¿y la felicidad...? ¡Pues no!, la felicidad no..., la felicidad sólo se encuentra en el sufrimiento, ¡y en el sufrimiento sin ningún consuelo...! Hermanita, mamaÃta querida, ¿qué estarás pensando de tu hijita? Si no fueras tú, no me atreverÃa a escribir estos pensamientos, los más Ãntimos de mi alma... POR FAVOR, rompe estos papeles una vez que los hayas leÃdo... Pide que tu hijita no niegue a Jesús ni un solo átomo de su corazón.
Teresa del Niño Jesús
J.M.J.T.
Jesús + 8 de enero de 1889
Mi incomparable Rey:
¡Si supieras cómo me ha conmovido tu bondad...! ¡Un melón...! ¡Champán...! Me darÃan unas enormes ganas de llorar, si no me contuviera. Pero me contengo, y me alegro enormemente de la hermosa fiesta del jueves. Normalmente las bodas de una reina se celebran con grandes festejos. Seguramente por eso, la Reina de Francia y de Navarra tendrá fuegos artificiales... Es el Rey quien hace el gasto para la Reina ¡y él se las pinta solo para dar sorpresas! ¡Al pequeño abejorro rubio sólo le queda darle las gracias...! Si el jueves va a haber una gran fiesta en la tierra, pienso que será todavÃa más suntuosa la del cielo: los ángeles estarán asombrados de ver a un padre tan grato a Dios, y Jesús preparará una corona para añadirla a todas las que mi Rey tiene ya reunidas. No, las fiestas de la tierra nunca serán tan maravillosas como las del cielo. No obstante, me parece imposible encontrar una fiesta más celestial que ésta que se está preparando. Sin embargo, yo nada he hecho para ser digna de una gracia tan grande; pero Dios ha querido fijarse en los méritos de mi padre querido, y por eso me concede este insigne favor. Ahora estoy en ejercicios espirituales y durante ellos no está permitido escribir; pero nuestra Madre me ha dado permiso para enviarte estas letras para darte las gracias. ¡Eres tan bueno con tu Reina! Y además, si está prohibido escribir, es para no turbar el silencio del retiro, pero ¿puede turbarse la paz escribiendo a un santo...? Hasta el jueves, querido Rey. Tu Reinecita te abraza de corazón, mientras espera poder hacerlo de verdad. La Reina de Francia y de toda Navarra,
Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
8 de enero de 1889
J.M.J.T. Jesús +
No he visto al cordero en todo el dÃa, pero sé que le duele mucho la cabeza. Esto apena al corderito, que tiene mucho miedo de que Jesús haga nacer alas al cordero... ¡Qué lÃneas más maravillosas...! ¡Son algo celestial, tienen sabor a la Patria...! El cordero se equivoca al creer que el juguete de Jesús no vive en tinieblas: está sumido en ellas. Tal vez, y el corderito está de acuerdo, esas tinieblas sean luminosas; pero, a pesar de todo, son tinieblas... Su único consuelo son una fortaleza y una paz muy grandes; y además, espera estar como Jesús quiere que esté, y ésta es toda su alegrÃa, pues de otra manera todo serÃa tristeza... En la celda de nuestra Madre, me veo continuamente interrumpida; y luego, cuando tengo un momento, no puedo decirle lo que pasa en mi interior. ¡Me voy sin alegrÃa, después de haber entrado sin alegrÃa...! Creo que el trabajo de Jesús durante estos ejercicios ha consistido en despegarme de todo lo que no es él mismo... ¡Si supieras qué grande es mi alegrÃa por no haber tenido ninguna en complacer a Jesús...! Es ésta una alegrÃa refinada (pero en absoluto sentida). Cordero querido, ¡no falta más que un dÃa para ser la prometida de Jesús...! No te mueras todavÃa, espera a que el corderito tenga alas para seguirte...
Teresa del Niño Jesús
juguetito de Jesús
post. carm. ind.
¿Quieres, por favor: 1º dejarme tu tinta china y la de oro; 2º decirme si para las estampitas de la toma de hábito quedarán bien las respuestas de santa Inés; 3º entreabrir nuestra puerta a las 6 si estás allÃ, si no, ya me despertaré yo sola? Si todas estas cosas te causan alguna molestia, déjalo, puedo pasarme bien sin ellas.
8 de enero de 1889
J.M.J.T.
Jesús +
Querido León, tus letritas han DADO UNA GRAN ALEGRÃA al corazón de tu hijita... Gracias... ¡Qué buena eres...! ¡Cómo me gustarÃa parecerme a ti! Pero el juguete de Jesús es la debilidad en persona. Si Jesús no lo lleva, o si no lanza él mismo su pelotita, ella permanecerá allà inerte, en el mismo lugar... Un dÃa más, ¡y seré la Prometida de Jesús! ¡Qué gracia tan grande...! ¿Qué hacer para agradecérselo, para hacerme menos indigna de un tal favor...? ¡Ah, la patria..., la patria... ¡Qué sed tengo del cielo, donde amaremos a Jesús sin reservas...! Pero para llegar allá, hay que sufrir y llorar... Pues bien, yo quiero sufrir todo lo que le plazca a Jesús, quiero dejarle hacer lo que quiera con su pelotita.
Teresa del Niño Jesús
post. carm. ind.
10 de enero de 1889
Recuerdo de mi toma de hábito obsequiado a mi querida hermanita. Pronto el divino Prometido de Teresa del Niño Jesús será también el de sor Marta de Jesús. PÃdele a Jesús que yo llegue a ser una gran santa. Yo pediré esa misma gracia para mi querida compañera. Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz nov. carm. Ind.
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