Soporte
S.S. Juan Pablo II, Urge promover la formaci贸n de aut茅nticas familias que vivan seg煤n el plan de Dios
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Urge promover la formaci贸n de aunt茅nticas familias que vivan seg煤n el plan de Dios

Discurso del Santo Padre al segundo grupo de obispos de Argentina, 5 de marzo

Queridos hermanos en el episcopado:

1. Me complace dar mi cordial saludo de bienvenida a vosotros, que form谩is el segundo grupo de obispos argentinos en visita ad limina. En vuestra peregrinaci贸n a las tumbas de los santos Ap贸stoles Pedro y Pablo y en los encuentros con el Obispo de Roma y sus colaboradores encontrar茅is un nuevo dinamismo para proseguir en vuestra misi贸n episcopal, siendo conscientes de que Cristo no abandona nunca a su Iglesia (cf. Mt 28, 20) y la gu铆a con la fuerza de su Esp铆ritu, para que sea en medio del mundo signo de la salvaci贸n. Que 茅l, maestro de pastores, os colme de esperanza y os haga testigos de ella en vuestra villa (cf. 1P 3, 15), edificando asi a todos los fieles confiados a vuestra atenci贸n pastoral.

Agradezco a mons. Estanislao Karlic arzobispo de Paran谩 y presidente de la Conferencia episcopal argentina, sus amables palabras renov谩ndome la adhesi贸n de cada uno de vosotros y de las comunidades eclesiales que presid铆s en nombre del Se帽or, presentandome al mismo tiempo las orientaciones pastorales que gu铆an vuestro ministerio para que los hombres y mujeres de la querida naci贸n argentina caminen hacia la comuni贸n 铆ntima con Dios, uno y trino. En estos momentos la Iglesia ha de avanzar con el extraordinario dinamismo de la efusi贸n de gracia que como 芦un r铆o de agua viva禄 se deriva de la celebraci贸n, a煤n reciente, del gran jubileo (cf. Novo millennio ineunte, 1), y que ha de traducirse en fervientes prop贸sitos y en lineas de acci贸n concreta (cf. ih., 3).

Una tarea apasionante

2. A este respecto, es de apreciar el esmero puesto por llevar a la pr谩ctica las orientaciones dadas en la carta apost贸lica Tertio millennzo adveniente para la preparaci贸n y celebraci贸n del gran jubileo. En Argentina, en este sentido se puede recordar el Encuentro eucar铆stico nacional del a帽o 2000, que incluy贸 un serio examen de conciencia, favoreciendo el esp铆ritu de reconciliaci贸n. Asi mismo, con ese esp铆ritu hab茅is llevado a cabo una amplia y capilar consulta a las distintas Iglesias particulares y a diversas comunidades cristianas con vistas a actualizar las Lineas pastorales para la nueva evangelizaci贸n aprobadas en 1990. Todo ello, completado con la acogida y reflexi贸n basada en la carta apost贸lica Novo millerinio ineunte, adoptando los criterios pastorales de la misma para publicarlos pr贸ximamente con el sugestivo t铆tulo de 芦Navega mar adentro禄.

Quiero alentaros en vuestras opciones por afrontar de manera eficaz la nueva evangelizaci贸n, como son la perseverancia creativa de las cotidianas acciones de la pastoral ordinaria, la acogida cordial y la renovaci贸n en santidad por parte de las comunidades parroquiales, todo ello unido a la s贸lida formaci贸n cristiana que favorezca el compromiso misionero de los laicos.

Como he se帽alado en la carta apost贸lica Novo millennio ineunte, nos encontramos ahora ante 芦el mayor y no menos comprometedor horizonte de la pastoral ordinaria禄 (n. 29), que es siempre una tarea apasionante. Esta no significa que cada cual lleve a cabo su labor conforme a criterios individuales, sino, por el contrario, que se ha de conformar con los criterios propios del proyecto pastoral de la respectiva di贸cesis, convergiendo despu茅s con las prioridades conjuntas y respondiendo a las necesidades de evangelizaci贸n actuales de los argentinos.

No dud茅is nunca en poner todo vuestro celo y empe帽o pastorales en Ios trabajos de la nueva evangelizaci贸n, con la 铆ntima convicci贸n de que iluminar谩 la acci贸n de los laicos ycristianos y podr谩 ser remedio eficaz y duradero para los duros y graves males que actualmente padecen muchos habitantes de vuestra naci贸n.

El ministerio pastoral de los sacerdotes

3. En vuestra acci贸n pastoral cont谩is con la ayuda de los sacerdotes, unidos a su obispo seg煤n la bella expresi贸n de san Ignacio de Antioqu铆a 芦como las cuerdas a la lira禄 (Ad Efesios 4, 1). Ellos, en virtud de su ordenaci贸n, han recibido una consagraci贸n peculiar que los destina para 芦predicar el Evangelio a los fieles, para dirigirlos y para celebrar el culto divino禄 (Lumen gentium, 28), siendo signo y expresi贸n de la caridad pastoral de Cristo en su funci贸n de ense帽ar, santificar y regir al pueblo que se les encomienda. Participan de la misi贸n confiada por Cristo mismo y reconocida por la Iglesia, que no ha de ser vivida como simple ejercicio de una funci贸n humana y que ha de ser custodiada todos los d铆as como un don precioso de Dios.

El sacerdote debe recordar que, antes de nada, es hombre de Dios y, por eso, nunca puede descuidar su vida espiritual. Toda su actividad 芦debe comenzar efectivamente con la oraci贸n禄 (San Alberto Magno, Comentario de la teolog铆a mistica, 15). Entre las m煤ltiples actividades que llenan la jornada de cada sacerdote, la primac铆a corresponde a la celebraci贸n de la Eucarist铆a, que lo conforma al sumo y eterno Sacerdote.

En la presencia de Dios encuentra la fuerza para vivir las exigencias del ministerio y la docilidad para cumplir la voluntad de Quien lo llam贸 y consagr贸, enviandolo para encomendarle una misi贸n particular y necesaria. Por ello, la celebraci贸n devota de.la liturgia de las Horas, la oraci贸n personal, la meditaci贸n, asidua de la palabra de Dios, la devoci贸n a la Madre del Se帽or y de la Iglesia, y la veneraci贸n de los santos, son instrumentos preciosos de los que no se puede prescindir para afirmar el esplendor de la propia identidad y asegurar el fructuoso ejercicio del ministerio sacerdotal.

Siendo una mision exigente y que las circunstancias actuales hacen dif铆cil en muchas ocasiones, os corresponde a vosotros, queridos obispos, ayudarles, acompa帽arles y seguirles, preocup谩ndoos de las necesidades de su vida y proporcion谩ndoles los medios materiales, espirituales y formativos para vivir con gozo y dignidad su ministerio. iQue sinti茅ndose acogidos por quienes sois como padres suyos, vayan al encuentro de los hombres para anunciarles con dinamismo el Evangelio y los hagan disc铆pulos del Se帽or!

La importancia de la celebraci贸n eucar铆stica

4. La vida parroquial es el medio ordinario con el que los fieles de toda clase y condici贸n participan de la vida de la Iglesia y reciben la gracia de Dios. En la carta apost贸lica Dies Domini escrib铆: 芦Entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia, ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebraci贸n dominical del d铆a del Se帽or y su Eucarist铆a禄 (n. 35), ya que en ella Cristo est谩 presente en su Iglesia de manera m谩s eminente como fuente y

culmen de la vida eclesial. Por esa raz贸n el concilio Vaticano II recomienda que 芦los p谩rrocos han de procurar que la celebraci贸n de la Eucarist铆a sea el centro y la cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana禄 (Christus Dominus, 30).

Como pastores, sab茅is bien la importancia de la Santa misa para la edificaci贸n, el crecimiento y la revitalizaci贸n de las comunidades cristianas. Nada podr谩 suplirla jam谩s, pues aunque la celebraci贸n de la Palabra, cuando falta el presb铆tero, es conveniente para mantener viva la fe, la meta a la que se debe tender es la regular celebraci贸n eucar铆stica.

La Santa misa, con la doble mesa de la Palabra y de la Eucarist铆a, hace que los fieles tengan vida y la tengan en abundancia (cf. Jn 10, 10), recibiendola del mismo Cristo, que as铆 modela y nutre a su Iglesia. A este respecto, el Catecismo de la Iglesia cat贸lica recuerda que 芦la celebraci贸n dominical del d铆a y de la Eucarist铆a del Se帽or tiene un papel principal铆simo en la vida de la Iglesia禄 (n. 2177), ya que ella hace revivir a los cristianos 芦la intensa experiencia que tuvieron los Ap贸stoles la tarde de Pascua, cuando el Se帽or resucitado se les manifesto estando reunidos (cf. Jn 20, 19)禄 (Dies Domini, 33).

Se debe incrementar, pues, una acci贸n pastoral que favorezca una participaci贸n m谩s asidua de los fieles en la Eucarist铆a dominical, la cual ha de ser vivida no s贸lo como un precepto, sino como una exigencia inscrita profundamente en la existencia cristiana. Por ello escrib铆: 芦Es de importancia capital que cada "fiel este covencido que no puede vivir su fe, con la participaci贸n plena en la vida de la comunidad cristiana, sin tomar parte regularmente en la asamblea eucar铆stica dominical禄 (ib., 81). M谩s recientemente he se帽alado tambi茅n que se ha de dar 芦un realce particular a la Eucarist铆a dominical y al domingo mismo, sentido como d铆a especial de la fe, d铆a del Se帽or resucitado y del don del Esp铆ritu, verdadera Pascua de la semana禄 (Novo millennio ineunte, 35).

Promoci贸n y defensa de la familia

5. Otro campo de la acci贸n pastoral que requiere especial atenci贸n es el de la promoci贸n y defensa de la instituci贸n familiar, hoy tan atacada desde diversos frentes con multiples y sutiles argumentos. Asistimos a una corriente, muy difundida en algunas partes, que tiende a debilitar su verdadera naturaleza. Los mismos fieles cat贸licos, en ocasiones, por variados motivos, no recurren al sacramento del matrimonio para dar comienzo a su uni贸n en el amor. Es importante recordar que Cristo 芦mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos. Permanece, adem谩s, con ellos para que, como 茅l mismo am贸 a la Iglesia y se entreg贸 por ella, asi tambi茅n los conyuges, con su entrega mutua, se amen con perpetua fidelidad禄 (Gaudium et spes, 48).

Conozco el empe帽o que pon茅is en defender y promover esta instituci贸n, que tiene su origen en Dios y en su plan de salvaci贸n (cf. Familiaris consortio, 49). La extensi贸n de la crisis del matrimonio y de la familia no ha de llevar al abatimiento o a la dejadez, al contrario, nos ha de impulsar a proclamar, con firmeza pastoral, como un aut茅ntico servicio a famifia y a la sociedad, la verdad sobre el matrimonio y la familia establecida por Dios. Dejar de hacerlo seria una grave omisi贸n pastoral que inducir铆a a los creyentes al error, asi como tambi茅n a quienes tienen la grave responsabilidad de tomar las decisiones sobre el bien com煤n de la naci贸n. Esta verdad es v谩lida no s贸lo para los cat贸licos, sino para todos los hombres y mujeres sin distinci贸n, pues el matrimonio y la familia constituyen un bien insustituible de la sociedad, la cual no puede permanecer indiferente ante su degradaci贸n o la perdida de su identidad.

A este respecto, los esposos comprometidos en la Iglesia deben, con la ayuda de los pastores, esmerarse en profundizar en la teolog铆a del matrimonio, ayudar a las parejas jovenes y a las familias en dificultad a reconocer mejor el valor de su compromiso sacramental y a acoger la gracia de la alianza que han sellado como bautizados. Las familias cristianas han de ser las primeras en testimoniar la grandeza de la vida conyugal y familiar, fundada en el amor mutuo y en la fidelidad. Gracias al Sacramento, su amor humano adquiere un valor superior, porque los conyuges manifiestan el amor de Cristo a su Iglesia, asumiendo al mismo tiempo una responsabifdad importante en el mundo: engendrar hijos llamados a convertirse en hijos de Dios, y ayudarlos en su crecimiento humano y sobrenatural.

Queridos hermanos, acompanad a las familias, alentad la pastoral familiar en vuestras di贸cesis y promoved los movimientos y asociaciones de espiritualidad matrimonial; despertad su celo apost贸lico para que hagan propia la tarea de la nueva evangelizaci贸n, abran sus puertas a quienes viven en situaciones dificiles, y den testimonio de la gran dignidad de un amor desinteresado e incondicional.

No hay que olvidar, adem谩s, que para la defensa y promoci贸n de la instituci贸n familiar es importante la adecuada preparaci贸n de quienes se disponen a contraer el Sacramento del matrimonio (cf. Codigo de derecho can贸nico, cc. 1063-1064). De este modo se promueve la formaci贸n de aut茅nticas familias que vivan segun el plan de Dios. En esta tarea no s贸lo se han de presentar a los futuros esposos los aspectos antropol贸gicos del amor humano, sino tambien las bases para una aut茅ntica espiritualidad conyugal, entendiendo el matrimonio como una vocaci贸n que permite al bautizado encarnar la fe, la esperanza y la caridad dentro de su nueva situaci贸n personal, social y religiosa.

Completando esta preparaci贸n espec铆fica, se puede aprovechar tambi茅n como una ocasi贸n de reevangelizaci贸n para los bautizados que se acercan a la Iglesia a pedir el Sacramento del matrimonio. Aunque hoy, gracias a la generalizaci贸n de la ense帽anza, los j贸venes poseen con frecuencia una cultura superior a la de sus padres, en muchos casos esto no se corresponde con una mayor formaci贸n en la vida cristiana, pues se constata a veces no s贸lo una grave ignorancia religiosa en las j贸venes generaciones, sino, lo que es mas triste, un cierto vacio moral y una acusada carencia del sentido trascendente de la vida.

Los jovenes esperanza de la Iglesia

6. Queridos hermanos, con estas reflexiones sobre algunos temas, quiero alentaros en vuestro servicio a la Iglesia de Dios que peregrina en la naci贸n argentina. Dentro de unos dias regresar谩is a vuestro pa铆s para animar a los sacerdotes y fieles a vivir el camino cuaresmal y celebrar con renovado vigor las anuales fiestas pascuales, culmen el A帽o lit煤rgico. Llevad mi saludo en pnmer lugar a los jovenes, llamados a ser 芦centinelas de la aurora禄 de este nuevo milenio, esperanza de la Iglesia y de la naci贸n; en particular tengo presentes a los jovenes argentinos que en los seminarios y diversas y numerosas casas de formaci贸n se preparan al sacerdocio; a las familias, escuelas de rica humanidad y de virtudes cristianas; a los pobres y necesitados, que han de seguir siendo objeto de vuestros desvelos y atenciones; a los profesionales de los diversos campos de la actividad humana, que han de ser los constructores de la patria y de la sociedad renovada en estos momentos tan particulares de vuestra historia; a los enfermos y a los ancianos; a los sacerdotes y dem谩s consagrados, testigos de lo trascendente en un mundo en el que todo cambia y parece arduo. Que sobre vosotros y vuestras comunidades cristianas desciendan las bendiciones del Se帽or, por intercesion de la Virgen de Lujan, Madre de todos los argentinos, y en cuyo manto se reflejan los colores de la ensena patria. Como confirmaci贸n de estos deseos, os acompa帽e la bendicion apost贸lica, que complacido os imparto y extiendo a todos los fieles argentinos.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico