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Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Congreso Internacional de Bioética
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Discurso del Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, en la inauguración del Congreso Internacional de Bioética

Estimado Profesor Juan de Dios Vial Correa, Presidente de la Pontificia Academia para la Vida;
Excelentísimo Mons. Elio Sgreccia, Vicepresidente de la Pontificia Academia para la Vida;
Queridos hermanos en Cristo:

La cultura actual plantea al ser humano diferentes retos que se presentan como "urgencias ante las cuales el espíritu cristiano no puede permanecer insensible" (NMI, 51)

Hoy, el misterio de la vida humana está en el centro del interés de los científicos que -estimulados por los progresos de la ciencia y de la técnica- se vuelcan fascinados sobre las posibilidades de intervención sobre la vida, sobre todo en el origen mismo del nuevo ser.

Podr√≠amos decir que tales proyectadas intervenciones rayan casi en la ciencia ficci√≥n de s√≥lo pocos a√Īos atr√°s, y que quiz√° nos mueven a sentimientos de entusiasmo, pero tambi√©n de muy seria preocupaci√≥n por lo que pueden implicar.

La idea de trasplantar órganos de animales a seres humanos, o la cura de enfermedades mediante la introducción de genes "sanos" en el paciente o la posibilidad de realizar modificaciones sobre el genoma del embrión humano, o clonar un ser -es decir, generar en el laboratorio un ser humano con idéntica carga genética de otro ya existente- o tomar las células estaminales de un embrión humano con el fin de investigar nuevas vías terapéuticas o quizá potenciadotas de las características humanas, de alguna manera ya están ante nosotros.

Debemos decir que este panorama de intervenciones sobre el desarrollo natural del ser humano nos suscita muchas interrogantes de orden moral que requieren hoy urgente respuesta.

¬ŅEs moralmente l√≠cito hacer todo lo que se puede hacer?. Esa parece la pregunta clave a la que hay que responder.

Los nuevos riesgos que despiertan las potenciales intervenciones sobre la vida vienen a sumarse a la difusión de crímenes ya conocidos y que son manifestaciones comunes de la vigente cultura de muerte, como son el aborto tradicional o el aborto químico ocasionado por anticonceptivos y los antinidatorios -que impiden que el embrión humano en su estadio de blastocisto se implante en la pared uterina de la madre-. Una de estas formas ha venido a llamarse en los medios de comunicación social: "contracepción de emergencia" o "píldora del día después".

Tambi√©n la eutanasia, tras 70 a√Īos, ha vuelto a encontrar vigencia legal en algunos pa√≠ses, quiz√° olvidando a d√≥nde llevaron los planteamientos eutan√°sicos de los a√Īos 30 en Estados Unidos y Alemania. ¬ŅSe habr√° dejado la terrible experiencia criminal del nazismo?. Lo mismo ocurre con la pol√≠tica impuesta de esterilizaciones. Todo ello exige respuestas claras y efectivas.

En una palabra, en la cultura social actual existen muy graves amenazas a la vida y dignidad del hombre. Y ante ello, como nos recuerda el Santo Padre en la Carta apostólica Novo Millennio ineunte, todo cristiano debe asumir el servicio de caridad de "comprometerse en la defensa del respeto a la vida de cada ser humano desde la concepción hasta su ocaso natural (…) el servicio al hombre nos obliga a proclamar, oportuna e importunamente, que cuantos se valen de las nuevas potencialidades de la ciencia, especialmente en el terreno de las biotecnologías, nunca han de ignorar las exigencias fundamentales de la ética". (NMI, 51)

La Pontificia Academia para la Vida ha sido instituida por el Papa Juan Pablo II con la finalidad espec√≠fica de estudio, informaci√≥n y formaci√≥n acerca de los principales problemas de la biomedicina y del derecho, relativos a la promoci√≥n humana y a la defensa de la vida, sobre todo en relaci√≥n que tienen con la moral cristiana y con las directivas del Magisterio de la Iglesia Cat√≥lica. Su tarea es la de liderar la presencia cat√≥lica en el campo de la bio√©tica y ser una referencia segura para los cat√≥licos y hombres de buena voluntad que desempe√Īan actividades biom√©dicas o que tienen que ver directamente con la vida del hombre.

Esta tarea la ha venido cumpliendo mediante diferentes actividades, entre ellas principalmente la Asamblea General que re√ļne cada a√Īo a los miembros de la academia para profundizar en temas de actualidad, como la "Identidad y estatuto del embri√≥n humano" o "El genoma humano, la persona humana y la sociedad del futuro", entre las m√°s importantes.

Asimismo, ha realizado pronunciamientos oportunos, como las "Reflexiones sobre la clonaci√≥n", en respuesta al anuncio de clonaci√≥n de la oveja "Dolly"; las "Biotecnolog√≠as animales y vegetales", o la "Declaraci√≥n sobre la producci√≥n y el uso cient√≠fico y terap√©utico de las c√©lulas estaminales embrionales humanas", documento que sali√≥ a la luz justo entre el anuncio p√ļblico de dos Estados que permitieron la experimentaci√≥n con tales c√©lulas. Ello fue otro claro signo de que la Iglesia alza su voz siempre que hay que defender al ser humano, especialmente al m√°s d√©bil y fr√°gil. Se hace voz que clama para aquellos cuya voz no se escucha.

El a√Īo pasado, el documento que public√≥ la Academia sobre los xenotransplantes, abordando sus aspectos cient√≠ficos y √©ticos, la ubic√≥ como pionera mundial en la reflexi√≥n sobre el tema. Queda claro el celo de la Pontificia Academia, bajo la dedicada direcci√≥n del Prof. Juan de Dios Vial Correa y de Mons. Elio Sgreccia, por asumir la responsabilidad de responder a los retos que estos delicados asuntos plantean para la vida y dignidad del hombre.

He mencionado a la bio√©tica. La bio√©tica es una ciencia novedosa, con poco m√°s de 30 a√Īos de vida, pero incre√≠blemente vasta y de vertiginoso desarrollo.

La bioética "se propone como una ética racional que a partir de la descripción del dato científico, biológico, médico, examina mediante el uso de la razón la licitud de la intervención del hombre sobre el hombre, y del hombre sobre la vida animal y vegetal y sobre la biosfera en general", como dice Mons. Sgreccia. Para ello, primero se ocupa del fundamento ético -que es lo que se conoce como la bioética general-. Como en tantas cosas hoy, en esto debemos estar atentos porque se nos presentan "diferencias bioéticas". Luego, se pasa a la bioética especial, que analiza los grandes problemas médicos o biológicos. Finalmente, se llega al examen, en concreto de la praxis médica, de cuáles son los valores que entran en cuestión, aspecto que se conoce como bioética clínica.

Sin detenerme en las diversas "corrientes bio√©ticas", mencionar√© las m√°s predominantes, como la llamada pragm√°tica-utilitarista que sostiene que si en un momento dado un hecho determinado es considerado √ļtil para la sociedad, entonces es ya considerado l√≠cito. Un ejemplo tr√°gico del maligno alcance al que lleva esta posici√≥n es la de quitar la vida a aquellas personas que ya no aporten a la producci√≥n de la sociedad y que en cambio ser√≠an una carga econ√≥mica para la familia o el Estado.

Otra postura muy difundida es el contractualismo, seg√ļn el cual el bien y el mal son determinados por una supuesta "comunidad √©tica" en base a un acuerdo social, que ignora a aquellos que no forman parte de dicha "comunidad √©tica", como son los embriones, los fetos, los ni√Īos. Tal criterio, ciertamente favorece la eliminaci√≥n de ni√Īos malformados incluso despu√©s del nacimiento ignorando su naturaleza de persona.

La corriente liberal, que propone la libertad como medida del acto moral, y la corriente sociobiologista son otras que completan el panorama. Frente a estas corrientes, que se ven alentadas por la crisis de la verdad que da lugar al relativismo al sostener infundadamente que "todas las posiciones son igualmente v√°lidas", y por una concepci√≥n que le quita el fundamento a la vida, se presenta la que considera que la dignidad humana debe ser tutelada siempre, desde el inicio de la vida hasta su √ļltimo instante. Esta posici√≥n es la que representa la bio√©tica personalista, seg√ļn la cual la realidad de la persona humana es el punto de referencia moral inmediato.

Ella se nutre de la Revelaci√≥n cristiana, de donde toma las verdades fundamentales acerca del hombre. El desarrollo de la bi√≥etica personalista debe mucho a Mons. Sgreccia, considerado uno de sus principales expositores, desde la aparici√≥n de la primera edici√≥n de su Manual de Bi√≥etica, en el a√Īo 1988, y que desde el Instituto de Bio√©tica de la Universidad Cat√≥lica del Sagrado Coraz√≥n en Roma ha continuado con la reflexi√≥n acad√©mica y con la urgente formaci√≥n de nuevos especialistas en la materia.

Agradecemos de manera especial al Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, así como a Mons. Elio Sgreccia y a los demás miembros de la Academia que nos visitan, esperando que estos encuentros orienten a los participantes con los datos de la ciencia y la reflexión filosófica y moral, en la debida valoración de la licitud de los actos biomédicos, siempre en respeto de la dignidad y vida del hombre.

Tenemos ante nosotros el horizonte de la Civilización del Amor que debemos construir. Adoptemos el "remar mar adentro", Duc in altum, como un compromiso personal para aportar desde la luz de la fe a una sociedad más justa, respetuosa de los derechos y de la dignidad del ser humano.

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