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S.S. Juan Pablo II, Viaje apost贸lico a Polonia. Beatificaci贸n de cuatro siervos de Dios
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Beatificaci贸n de cuatro siervos de Dios en la Explanada Blonia de Cracovia

Viaje apost贸lico a Polonia

"Este es mi mandamiento: que os am茅is unos a otros como yo os he amado" (Jn 15, 12).

Amad铆simos hermanos y hermanas:

1. Estas palabras del Se帽or Jes煤s, que acabamos de escuchar, se inscriben de modo particular en el tema de esta asamblea lit煤rgica en la explanada Blonia de Cracovia: "Dios, rico en misericordia". Este lema resume, en cierto modo, toda la verdad sobre el amor de Dios, que ha redimido a la humanidad. "Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos am贸, estando muertos a causa de nuestros pecados, nos vivific贸 juntamente con Cristo" (Ef 2, 4-5). La plenitud de este amor se revel贸 en el sacrificio de la cruz. En efecto: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15, 13). Esta es la medida del amor de Dios. Esta es la medida de la misericordia de Dios.

Cuando somos conscientes de esta verdad, nos damos cuenta de que la invitaci贸n de Cristo a amar a los dem谩s, como 茅l nos ha amado a nosotros, nos propone a todos esta misma medida. En cierto modo, nos sentimos impulsados a ofrecer d铆a a d铆a nuestra vida, teniendo misericordia con nuestros hermanos, sirvi茅ndonos del don del amor misericordioso de Dios. Nos damos cuenta de que Dios, concedi茅ndonos misericordia, espera que seamos testigos de la misericordia en el mundo de hoy.

2. La invitaci贸n a testimoniar la misericordia resuena con singular elocuencia aqu铆, en la amada Cracovia, dominada por el santuario de la Misericordia Divina de Lagiewniki y por el nuevo templo, que ayer tuve la alegr铆a de consagrar. Aqu铆, esta invitaci贸n resuena familiar, porque recuerda la tradici贸n secular de la ciudad, cuya caracter铆stica particular ha sido siempre la disponibilidad a ayudar a las personas necesitadas. No se puede olvidar que de esta tradici贸n forman parte numerosos santos y beatos -sacerdotes, personas consagradas y laicos-, que dedicaron su vida a las obras de misericordia. Desde el obispo Estanislao, la reina Eduvigis, Juan de Kety y Piotr Skarga, hasta fray Alberto, 脕ngela Salawa y el cardenal Sapieha, las generaciones de los fieles de esta ciudad se han transmitido a lo largo de los siglos la herencia de la misericordia. Hoy esta herencia ha sido entregada en nuestras manos, y no debe caer en el olvido.

Doy las gracias al cardenal Franciszek Macharski, que, con sus palabras de saludo, ha querido recordarnos esta tradici贸n. Agradezco la invitaci贸n a visitar mi Cracovia y la hospitalidad que me han brindado. Saludo a todos los presentes, comenzando por los cardenales y obispos, as铆 como a los que participan en esta Eucarist铆a a trav茅s de la radio y la televisi贸n.

Saludo a toda Polonia. Recorro idealmente el luminoso itinerario con el que santa Faustina Kowalska se prepar贸 para acoger el mensaje de la misericordia -desde Varsovia, a trav茅s de Plock y Vilna, hasta Cracovia-, recordando tambi茅n a cuantos en este itinerario cooperaron con ella, ap贸stol de la misericordia. Deseo saludar a nuestros hu茅spedes. Saludo al se帽or presidente de la Rep煤blica polaca, al se帽or primer ministro, as铆 como a los representantes de las autoridades estatales y territoriales. Abrazo con el coraz贸n a mis compatriotas y, en particular, a los afligidos por el sufrimiento y la enfermedad; a cuantos atraviesan m煤ltiples dificultades, a los desempleados, a los que no tienen un techo, a las personas de edad avanzada y solas, y a las familias con muchos hijos. Les aseguro que estoy cerca de ellos espiritualmente y los acompa帽o constantemente con la oraci贸n. Mi saludo se extiende a mis compatriotas esparcidos por el mundo. Saludo de coraz贸n, asimismo, a los peregrinos que han venido aqu铆 de diversos pa铆ses de Europa y del mundo. Dirijo un saludo particular a los presidentes de Lituania y de Eslovaquia, aqu铆 presentes.

3. Desde el comienzo de su existencia, la Iglesia, inspir谩ndose en el misterio de la cruz y de la resurrecci贸n, predica la misericordia de Dios, prenda de esperanza y fuente de salvaci贸n para el hombre. Sin embargo, parece que hoy en particular es llamada a anunciar al mundo este mensaje. No puede descuidar esta misi贸n, si Dios mismo la llama con el testimonio de santa Faustina.

Dios eligi贸 para ello nuestro tiempo. Quiz谩 porque el siglo XX, a pesar de los indiscutibles 茅xitos en muchos campos, ha quedado marcado, de modo particular, por el misterio de iniquidad. Con esta herencia de bien, pero tambi茅n de mal, hemos entrado en el nuevo milenio. Ante la humanidad se abren nuevas perspectivas de desarrollo y, al mismo tiempo, peligros hasta ahora in茅ditos. A menudo el hombre vive como si Dios no existiera, e incluso se pone en el lugar de Dios. Se arroga el derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana. Quiere decidir, mediante manipulaciones gen茅ticas, la vida del hombre y determinar el l铆mite de la muerte. Rechazando las leyes divinas y los principios morales, atenta abiertamente contra la familia. De varios modos intenta silenciar la voz de Dios en el coraz贸n de los hombres; quiere hacer de Dios el "gran ausente" en la cultura y en la conciencia de los pueblos. El "misterio de iniquidad" sigue caracterizando la realidad del mundo.

Experimentado este misterio, el hombre vive el miedo del futuro, del vac铆o, del sufrimiento y del aniquilamiento. Quiz谩 precisamente por eso, es como si Cristo, mediante el testimonio de una humilde religiosa, hubiera entrado en nuestro tiempo para indicar claramente la fuente de alivio y esperanza que se encuentra en la misericordia eterna de Dios.

Es preciso hacer que el mensaje del amor misericordioso resuene con nuevo vigor. El mundo necesita este amor. Ha llegado la hora de difundir el mensaje de Cristo a todos: especialmente a aquellos cuya humanidad y dignidad parecen perderse en el mysterium iniquitatis. Ha llegado la hora en la que el mensaje de la misericordia divina derrame en los corazones la esperanza y se transforme en chispa de una nueva civilizaci贸n: la civilizaci贸n del amor.

4. La Iglesia desea anunciar incansablemente este mensaje, no s贸lo con palabras fervientes, sino tambi茅n con una pr谩ctica sol铆cita de la misericordia. Por eso indica ininterrumpidamente ejemplos estupendos de personas que, en nombre del amor a Dios y al hombre, "han ido y han dado fruto". Hoy a帽ade a ellos cuatro nuevos beatos. Son diversos los tiempos en los que vivieron, y son diversas sus historias personales. Pero los une ese rasgo particular de santidad que es la entrega a la causa de la misericordia.

El beato Segismundo F茅lix Felinski, arzobispo de Varsovia, en un per铆odo dif铆cil, marcado por la falta de libertad nacional, invit贸 a perseverar en el servicio generoso a los pobres y a abrir instituciones educativas y caritativas. 脡l mismo fund贸 un orfanato y una escuela, y llam贸 a la capital a las Religiosas de la Bienaventurada Virgen Mar铆a de la Misericordia, sosteniendo la obra iniciada por ellas. Tras la ca铆da de la insurrecci贸n de 1863, guiado por sentimientos de misericordia hacia los hermanos, defendi贸 abiertamente a los perseguidos. El precio que pag贸 por esa fidelidad fue la deportaci贸n a Rusia, la cual dur贸 veinte a帽os. Tambi茅n all铆 sigui贸 ayudando a las personas pobres y extraviadas, mostr谩ndoles gran amor, paciencia y comprensi贸n. Se ha escrito de 茅l que "durante su exilio, oprimido por todas partes, en la pobreza de la oraci贸n, permaneci贸 siempre solo al pie de la cruz, encomend谩ndose a la Misericordia divina".

Es un ejemplo de ministerio pastoral que hoy, de modo especial, quiero confiar a mis hermanos en el episcopado. Queridos hermanos, el arzobispo Felinski sostiene vuestros esfuerzos por elaborar y aplicar un programa pastoral de la misericordia. Que este programa constituya vuestro compromiso, ante todo en la vida de la Iglesia, y luego, como es necesario y oportuno, en la vida social y pol铆tica de la naci贸n, de Europa y del mundo.

Impulsado por este esp铆ritu de caridad social, el arzobispo Felinski se comprometi贸 profundamente en la defensa de la libertad nacional. Esto es necesario tambi茅n hoy, cuando diversas fuerzas, guiadas a menudo por una falsa ideolog铆a de libertad, tratan de apropiarse de este terreno. Cuando una ruidosa propaganda de liberalismo, de libertad sin verdad y responsabilidad, se intensifica tambi茅n en nuestro pa铆s, los pastores de la Iglesia no pueden dejar de anunciar la 煤nica e infalible filosof铆a de la libertad que es la verdad de la cruz de Cristo. Esta filosof铆a de libertad est谩 unida estructuralmente a la historia de nuestra naci贸n.

5. El deseo de llevar la misericordia a las personas m谩s necesitadas impuls贸 al beato Juan Beyzym, jesuita, gran misionero, al lejano Madagascar, donde, por amor a Cristo, dedic贸 su vida a los leprosos. Sirvi贸 d铆a y noche a los que viv铆an marginados y excluidos de la vida de la sociedad. Con sus obras de misericordia en favor de personas abandonadas y despreciadas, dio un testimonio extraordinario. Testimonio que primero reson贸 en Cracovia, despu茅s en Polonia y, por 煤ltimo, entre los polacos en el extranjero. Se recogieron fondos para construir un hospital dedicado a la Virgen de Czestochowa, que existe todav铆a hoy. Uno de los promotores de esa ayuda fue el santo fray Alberto.

Me alegra que ese esp铆ritu de solidaridad en la misericordia siga vivo en la Iglesia polaca; lo demuestran las numerosas obras de ayuda a las comunidades damnificadas por cat谩strofes naturales en diversas regiones del mundo, as铆 como la reciente iniciativa de adquirir la sobreproducci贸n de cereales para destinarla a los que sufren hambre en 脕frica. Espero que esta noble idea se realice.

La obra caritativa del beato Juan Beyzym estaba inscrita en su misi贸n fundamental: llevar el Evangelio a los que no lo conocen. He aqu铆 el mayor don de misericordia: llevar a los hombres hacia Cristo y permitirles conocerlo y gustar su amor. Por eso, os pido: orad para que en la Iglesia en Polonia nazcan vocaciones misioneras. Sostened siempre a los misioneros con la ayuda y con la oraci贸n.

6. El servicio a la misericordia caracteriz贸 la vida del beato Juan Balicki. Como sacerdote tuvo siempre un coraz贸n abierto a las personas necesitadas. Su ministerio de misericordia, adem谩s de la ayuda a los enfermos y a los pobres, se expres贸 con particular energ铆a mediante el ministerio del confesonario, lleno de paciencia y humildad, siempre abierto a acercar de nuevo al pecador arrepentido al trono de la gracia divina.

Al recordarlo, quisiera decir a los sacerdotes y a los seminaristas: os ruego, hermanos, que no olvid茅is que, en cuanto dispensadores de la Misericordia divina, ten茅is una gran responsabilidad; acordaos tambi茅n de que Cristo mismo os conforta con la promesa transmitida a trav茅s de santa Faustina: "Di a mis sacerdotes que los pecadores empedernidos se enternecer谩n con sus palabras, cuando hablen de mi infinita misericordia y de la compasi贸n que siento por ellos en mi Coraz贸n" (Diario, 1521, ed. it. 2001, p. 504).

7. La obra de la misericordia traz贸 el itinerario de la vocaci贸n religiosa de la beata Sanzia Szymkowiak, religiosa "Ser谩fica". Ya en su familia aprendi贸 a amar intensamente al Sagrado Coraz贸n de Jes煤s, y con este esp铆ritu fue muy bondadosa con todos, especialmente con los m谩s pobres y necesitados. Empez贸 a llevar ayuda a los pobres, primero como miembro de la Asociaci贸n mariana y de la Asociaci贸n de la Misericordia de San Vicente; despu茅s, una vez abrazada la vida religiosa, se dedic贸 al servicio de los dem谩s con mayor fervor. Acept贸 los tiempos dif铆ciles de la ocupaci贸n nazi como ocasi贸n para consagrarse completamente a las personas necesitadas. Consideraba su vocaci贸n religiosa como un don de la Misericordia divina.

Al saludar a la congregaci贸n de la Bienaventurada Virgen Mar铆a de los Dolores -las religiosas "Ser谩ficas"-, me dirijo a todas las religiosas y personas consagradas. Que la beata Sanzia sea vuestro ejemplo, vuestra patrona. Haced vuestro su testamento espiritual, condensado en una frase sencilla: "Si uno se dedica a Dios, es preciso entregarse hasta perderse totalmente".

8. Hermanos y hermanas, al contemplar las figuras de estos beatos, quiero recordar una vez m谩s cuanto escrib铆 en la enc铆clica sobre la Misericordia divina: "El hombre alcanza el amor misericordioso de Dios, su misericordia, en cuanto 茅l mismo interiormente se transforma en el esp铆ritu de tal amor hacia el pr贸jimo" (Dives in misericordia, 14). Ojal谩 redescubramos en este camino, cada vez m谩s profundamente, el misterio de la Misericordia divina y lo vivamos diariamente.

Ante las formas modernas de pobreza que, me consta, no faltan en nuestro pa铆s, se necesita hoy -como la defin铆 en la carta Novo millennio ineunte- una "creatividad de la caridad" seg煤n el esp铆ritu de solidaridad con el pr贸jimo, de modo que la ayuda sea testimonio de un "compartir fraterno" (cf. n. 50). Que no falte esta "creatividad" a los habitantes de Cracovia y de toda nuestra patria. Que con ella se trace el programa pastoral de la Iglesia en Polonia. Ojal谩 que el mensaje de la misericordia de Dios se refleje siempre en las obras de misericordia del hombre.

Hace falta esta mirada de amor para darnos cuenta de que el hermano que est谩 a nuestro lado, con la p茅rdida de su trabajo, de su casa, de la posibilidad de mantener dignamente a su familia y de dar instrucci贸n a sus hijos, experimenta un sentimiento de abandono, extrav铆o y desconfianza. Hace falta la "creatividad de la caridad" para ayudar a un ni帽o no atendido material y espiritualmente; para no volver la espalda al muchacho o a la muchacha arrastrados por el mundo de las diversas dependencias o del crimen; para dar consejo, consuelo y ayuda espiritual y moral a quien emprende una lucha interior contra el mal. Que no falte jam谩s la "creatividad" cuando una persona necesitada suplique: "Danos hoy nuestro pan de cada d铆a". Que, gracias al amor fraterno, no falte jam谩s este pan. "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar谩n misericordia" (Mt 5, 7).

9. Durante mi primera peregrinaci贸n a nuestra patria, en 1979, aqu铆 en Blonia dije que "cuando somos fuertes con el esp铆ritu de Dios, somos tambi茅n fuertes en la fe en el hombre, fuertes en la fe, la esperanza y la caridad, que son indisolubles, y estamos dispuestos a dar testimonio por la causa del hombre ante aquel que est谩 verdaderamente interesado en esta causa". Por eso, os ped铆: "no despreci茅is jam谩s la caridad, que es la cosa "m谩s grande" que se ha manifestado a trav茅s de la cruz, y sin la cual la vida humana no tiene ra铆z ni sentido" (Homil铆a durante la misa de clausura del jubileo de san Estanislao, 10 de junio de 1979, nn. 4-5: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 24 de junio de 1979, p. 10).

Hermanos y hermanas, hoy os repito esta invitaci贸n: abr铆os al don mayor de Dios, a su amor que, mediante la cruz de Cristo, se ha manifestado al mundo como amor misericordioso. Hoy, que vivimos en otros tiempos, en el alba del nuevo siglo y milenio, seguid estando "dispuestos a dar testimonio por la causa del hombre". Hoy, con toda mi fuerza, pido a los hijos y a las hijas de la Iglesia y a los hombres de buena voluntad que no separen jam谩s la "causa del hombre" del amor de Dios. Ayudad al hombre moderno a experimentar el amor misericordioso de Dios. Que en su resplandor y calor salve su humanidad.

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