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Mons. Cipriano Calderón, El papel de América Latina en la Nueva Evangelización rumbo al tercer milenio
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El papel de América Latina en la Nueva Evangelización rumbo al Tercer Milenio

1. ¬ęEvangelizare Iesum Christum¬Ľ (G√°l 1,16): ¬ęAnunciar a Jesucristo¬Ľ.

Este formidable grito de San Pablo, que repiti√≥ aqu√≠ en Lima Santo Toribio de Mogrovejo, hace m√°s de 400 a√Īos 1 , quisiera yo que lo lanzase ahora este Congreso, proyect√°ndolo, con renovado ardor, sobre el Tercer Milenio, hacia el que caminamos gozosa y decididamente, guiados por Juan Pablo II, Pastor universal de la Iglesia.

El Santo Padre ha recorrido todos los caminos del orbe anunciando a Jesucristo, es decir, predicando el Evangelio a todos los hombres y a todas las mujeres, a los pueblos y a las más diversas etnias, a las aldeas, a las ciudades, a las naciones y a las culturas, en todos los areópagos del mundo moderno.

As√≠, el actual Pont√≠fice ha realizado ‚ÄĒcomo ning√ļn otro ap√≥stol lo hab√≠a hecho en la historia, despu√©s de San Pablo‚ÄĒ la Profec√≠a de la evangelizaci√≥n que el Redentor del mundo pronunci√≥ en el Monte de los Olivos de Jerusal√©n, el d√≠a de la Ascensi√≥n: ¬ęVayan y hagan disc√≠pulos a todos los pueblos y baut√≠cenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Esp√≠ritu Santo ense√Ī√°ndoles a poner por obra todo lo que les he mandado¬Ľ (Mt 28,19-20 2 ).

El Papa Wojtyla, con su carism√°tica capacidad de convocatoria y de comunicaci√≥n, se ha convertido, con estilo paulino, en el m√°s grande evangelizador de nuestro tiempo y de esta forma est√° preparando a la Iglesia para entrar en el a√Īo 2000.

Lo haremos escribiendo con caracteres indelebles, en el frontispicio del Tercer Milenio, el nombre del Divino Salvador y proclamaremos, de cara a la nueva √©poca, que Jesucristo es ¬ęel primero y el m√°s grande evangelizador¬Ľ, como dice la Evangelii nuntiandi 3 ; ¬ęEvangelizador viviente en su Iglesia¬Ľ, por usar la feliz expresi√≥n del documento de Santo Domingo 4 .

En la carta apost√≥lica Tertio millennio adveniente, Juan Pablo II nos invita a preparar el Jubileo del 2000 centrando la atenci√≥n en ¬ęCristo Salvador y Evangelizador¬Ľ 5 .

El Papa destaca el ¬ęcar√°cter claramente cristol√≥gico¬Ľ que ha de tener el Jubileo, el cual ¬ęcelebrar√° la Encarnaci√≥n y la venida al mundo del Hijo de Dios, misterio de salvaci√≥n para todo el g√©nero humano¬Ľ. Y en el camino de preparaci√≥n rumbo al Tercer Milenio el Santo Padre propone, para el a√Īo 1997, el ¬ętema general¬Ľ de ¬ęJesucristo, √ļnico Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre¬Ľ (ver Heb 13,8).

Es importante observar que Juan Pablo II habla expresamente de ¬ędescubrimiento de Cristo Salvador y Evangelizador, con particular referencia al cap√≠tulo cuarto del Evangelio de Lucas¬Ľ donde aparece el tema de ¬ęCristo enviado a evangelizar¬Ľ 6 .

2. La figura de Cristo Evangelizador ha de dominar, pues, seg√ļn la mente y los planes del Papa, el camino del Pueblo de Dios rumbo al Tercer Milenio. En √Čl, en Jesucristo, debe fijar la Iglesia su atenci√≥n. A √Čl debemos mirar para evangelizarnos cada vez m√°s y para aprender de √Čl a ser evangelizadores, teniendo siempre bien presente que ¬ęla tarea de la evangelizaci√≥n de todos los hombres constituye la misi√≥n esencial de la Iglesia¬Ľ 7 . La evangelizaci√≥n es en efecto el af√°n y la fatiga, ¬ęla dicha y vocaci√≥n propia de la Iglesia, su identidad m√°s profunda¬Ľ 8 .

Quiero hacer notar, a este prop√≥sito, que la celebraci√≥n del a√Īo 2000 se puede presentar de diversas maneras o con diversos t√≠tulos: bimilenario de la Encarnaci√≥n y Nacimiento de Jes√ļs; bimilenario de la Iglesia, aunque √©sta naci√≥ del Costado de Cristo en la Cruz y qued√≥ institucionalizada, por decirlo as√≠, el D√≠a Santo de Pentecost√©s (hacia el a√Īo 30). Pero tambi√©n ‚ÄĒy esto es en lo que yo quiero fijarme ahora‚ÄĒ bimilenario del comienzo de la evangelizaci√≥n de la humanidad.

Dos mil a√Īos de evangelizaci√≥n. Jean Comby, profesor de teolog√≠a cat√≥lica en la Universidad de Ly√≥n, ha publicado una obra que lleva este sugestivo t√≠tulo: Deux mille ans d'√©vang√©lisation 9 .

El autor narra la impresionante epopeya misionera que comenz√≥ en el momento en que el Arc√°ngel San Gabriel anunci√≥ a Mar√≠a la Encarnaci√≥n del Verbo: Mar√≠a fue as√≠ la primera evangelizada. Esa epopeya ha dominado la historia de los √ļltimos veinte siglos y sigue desarroll√°ndose en nuestros d√≠as con ¬ęnuevo ardor, nuevos m√©todos, y nueva expresi√≥n¬Ľ.

Dice Juan Pablo II, en su carta apost√≥lica Tertio millennio adveniente, que ¬ęhoy miramos con sentido de gratitud (a la divina Providencia) y tambi√©n (con sentido de) responsabilidad cuanto ha sucedido en la historia de la humanidad a partir del nacimiento de Cristo, principalmente los acontecimientos entre el Mil y el Dos mil¬Ľ 10 .

Pues bien, en ese lapso de tiempo, en esa trayectoria espl√©ndida, hace quinientos a√Īos, se registr√≥ aquel momento culminante, en el que la luz de la Cruz de Cristo, que estaba ya iluminando Europa y algunas regiones de Asia y √Āfrica, se proyect√≥ sobre el Nuevo Mundo que el Almirante del Mar Oc√©ano, Crist√≥bal Col√≥n, acababa de descubrir, a√Īo 1492. Por eso se ha podido decir, y el Vaticano ha inscrito la frase en una medalla conmemorativa: ¬ęQuinque iam saecula Christi crux Americam illuminat¬Ľ: ¬ęDesde hace ya cinco siglos la Cruz de Cristo ilumina Am√©rica¬Ľ.

El V Centenario del comienzo de la evangelizaci√≥n del Nuevo Mundo, que hemos celebrado hace tres a√Īos y que estamos todav√≠a celebrando, ha sido el acontecimiento que ha dado a Juan Pablo II la oportunidad de pronunciar ‚ÄĒhaci√©ndose eco del mandato de Jes√ļs a los Ap√≥stoles (ver Mt 28,19-20; Mc 16,15-16; Lc 24,47-48; Jn 20,21-22; Hch 1,7-8)‚ÄĒ la Profec√≠a latinoamericana de la Nueva Evangelizaci√≥n.

3. Fue en el memorable discurso dirigido a la Asamblea del CELAM, reunida en Port-au-Prince, Haití, el 9 de marzo de 1983, cuando el Santo Padre llamó a las Iglesias que están en América Latina a emprender la ardua pero fascinante tarea de la Nueva Evangelización.

¬ęLa conmemoraci√≥n del medio milenio de evangelizaci√≥n ‚ÄĒdijo entonces el Papa a los Pastores latinoamericanos‚ÄĒ tendr√° su significaci√≥n plena si es un compromiso vuestro como Obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de reevangelizaci√≥n, pero s√≠ de una evangelizaci√≥n nueva. Nueva en su ardor, en sus m√©todos, en su expresi√≥n¬Ľ 11 .

Am√©rica Latina escuch√≥ la voz del Vicario de Cristo. Las Iglesias del continente aceptaron el desaf√≠o. El CELAM y las Conferencias Episcopales se pusieron en sinton√≠a con el Papa y comenzaron a hacer realidad su llamada. Lo han hecho tambi√©n las di√≥cesis. La Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina, por expreso encargo del Romano Pont√≠fice, tom√≥ como tarea propia la de ¬ępromover y animar la Nueva Evangelizaci√≥n en dicho continente¬Ľ 12 . Y ah√≠ est√° Santo Domingo, con su documento final, que es como un manual de este ambicioso programa pastoral lanzado por el Papa.

La llamada hecha en Puerto Príncipe Juan Pablo II la ha repetido después en numerosas ocasiones y la ha extendido a los cinco continentes.

As√≠, la necesidad de una Nueva Evangelizaci√≥n en todos los espacios del orbe cat√≥lico ha ido madurando en la conciencia de la Iglesia universal al ritmo de estos √ļltimos a√Īos y Juan Pablo II, heraldo infatigable de la misma, se ha venido haciendo int√©rprete y palad√≠n de ese af√°n y de esa urgencia en su continuo magisterio y en su desbordante actividad pastoral, sobre todo durante sus 69 viajes apost√≥licos por los meridianos del planeta.

¬ęHay que estudiar a fondo ‚ÄĒdice el Santo Padre‚ÄĒ en qu√© consiste esta Nueva Evangelizaci√≥n, ver su alcance, su contenido doctrinal e implicaciones pastorales; determinar los ‚Äúm√©todos‚ÄĚ m√°s apropiados para los tiempos en que vivimos; buscar una ‚Äúexpresi√≥n‚ÄĚ que la acerque m√°s a la vida y a las necesidades de los hombres de hoy, sin que por ello pierda nada de su autenticidad y fidelidad a la doctrina de Jes√ļs y a la tradici√≥n de la Iglesia¬Ľ 13 .

¬ęLa evangelizaci√≥n es, sin duda, el desaf√≠o m√°s fuerte y sublime que la Iglesia est√° llamada a afrontar. El momento que estamos viviendo es sobre todo el de un est√≠mulo a la Nueva Evangelizaci√≥n, nueva en su ardor, en sus m√©todos y en su expresi√≥n¬Ľ 14 .

¬ęLa Iglesia tiene que dar hoy un gran paso adelante en su evangelizaci√≥n; debe entrar en una nueva etapa hist√≥rica¬Ľ 15 .

El Romano Pontífice viene iluminando continuamente los principios básicos relativos a la doctrina de la Nueva Evangelización, al mismo tiempo que traza las coordenadas para su despliegue y da certeras orientaciones para su realización.

Un volumen de textos pontificios sobre el tema exigir√≠a centenares de p√°ginas. Se trata de una idea fija, una constante emergente en las ense√Īanzas papales de estos √ļltimos a√Īos.

Se puede decir que la Nueva Evangelización constituye el programa del pontificado de Juan Pablo II.

Y ahora, en la carta apost√≥lica Tertio millennio adveniente (10 de noviembre de 1994), el Papa Wojtyla ha hecho de la Nueva Evangelizaci√≥n un sugestivo, articulado y ambicioso plan pastoral de amplio respiro y fuertes potencialidades, para preparar el Jubileo del a√Īo 2000.

4. Al delinear su plan evangelizador, trazando la estrategia pastoral que ha de empe√Īar a la Iglesia en su marcha rumbo al Tercer Milenio, Juan Pablo II ha querido poner de relieve los acontecimientos y recordar a los Papas que de manera especial han preparado a la Iglesia para el gran Jubileo del a√Īo 2000.

Su Santidad comienza citando el Concilio Vaticano II.

Si, fij√°ndonos en nuestro continente, quisi√©ramos hacer un an√°lisis amplio de la trayectoria que ha seguido la Iglesia de Am√©rica Latina para prepararse a esta gozosa etapa de la Nueva Evangelizaci√≥n, tendr√≠amos que comenzar citando el Concilio Plenario Latinoamericano, que tuvo lugar en Roma, el a√Īo 1899 (28 de mayo - 9 de julio), con la participaci√≥n de 12 Arzobispos metropolitanos y 41 Obispos diocesanos de los 104 Prelados que hab√≠a entonces en Am√©rica Latina (actualmente hay unos 1030).

Este Concilio fue convocado por Le√≥n XIII 16 quien, en el umbral del siglo XX, con sus grandes enc√≠clicas, traz√≥ la ruta doctrinal sobre la que comenzaron a caminar los cat√≥licos en los a√Īos novecientos.

Todavía se habla hoy mucho de la Rerum novarum: las cosas nuevas que la Iglesia tiene que evangelizar.

La c√©lebre enc√≠clica del Papa Pecci sobre la cuesti√≥n obrera ha sido conmemorada y ¬ęrele√≠da¬Ľ por Juan Pablo II con la Centesimus annus (1¬ļ de mayo de 1991) en la que, citando a P√≠o XI ‚ÄĒque la conmemor√≥ tambi√©n con la Quadragesimo anno (15 de mayo de 1931)‚ÄĒ, habla nada menos que de ¬ęinmortal documento¬Ľ.

Le√≥n XIII fue un faro de sabidur√≠a que proyect√≥ hacia el futuro inmensas r√°fagas de luz. Muri√≥ a los 93 a√Īos, despu√©s de 25 de pontificado (1878-1903) y, con su pulso seguro, su brillante inteligencia, su fino sentido pastoral y su formidable estilo de gobierno, introdujo certeramente a la Iglesia en nuestro siglo.

A Am√©rica Latina le dio su pasaporte para los tiempos nuevos, con el Concilio Plenario, que el Vaticano conmemorar√°, en 1998, con un Simposio hist√≥rico-cient√≠fico organizado por la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina y dedicado a la vida de la Iglesia de este continente durante los √ļltimos cien a√Īos.

Fue un gran evento eclesial aquel Concilio tan latinoamericano, como romano. √Čl puso a nuestro continente ‚ÄĒante litteram‚ÄĒ al ritmo de la Nueva Evangelizaci√≥n, pues dio a los obispos de estas naciones el sentido de la "colegialidad" que tanto desarrollo hab√≠a de tener luego con las Conferencias Episcopales y el CELAM. Se puede decir que comenz√≥ entonces la apertura de la Iglesia latinoamericana a la Iglesia universal.

Con una serie de decretos de car√°cter doctrinal o pastoral y con normas concretas de disciplina eclesi√°stica, seg√ļn la mentalidad del momento, naturalmente, el Concilio puso en marcha una actividad cat√≥lica que constituy√≥ la base de la impresionante vitalidad eclesial registrada durante los √ļltimos decenios en el continente 17 .

El Papa Le√≥n XIII en su discurso de despedida a los obispos, el 10 de julio de 1899, lleg√≥ a decir: ¬ęconsideramos este Concilio Plenario Latinoamericano como la p√°gina m√°s gloriosa de nuestro pontificado¬Ľ 18 .

Las constituciones conciliares, contenidas en 16 t√≠tulos o cap√≠tulos y 998 art√≠culos, fueron confirmadas por el Pont√≠fice y promulgadas el 1¬į de enero de 1900 19 .

El Pueblo de Dios de estas benditas tierras americanas comenzó así su nueva aventura. Las Iglesias del continente fueron desde entonces adquiriendo una fisonomía propia, la identidad específica que hoy les caracteriza.

La Conferencia de R√≠o, de la que hablaremos despu√©s, dijo que aquel Concilio Latinoamericano de Roma constituy√≥ ¬ęla base primordial del desarrollo de la vida eclesi√°stica y espiritual en el continente¬Ľ 20 .

Juan Pablo II ha dicho que esa asamblea conciliar ¬ęprepar√≥ a las Iglesias de Am√©rica Latina para los tiempos nuevos¬Ľ 21 : ¬ęel siglo de la Iglesia¬Ľ 22 .

5. En 1903, para conducir la nave de Pedro entre las primeras oleadas de ese llamado ¬ęsiglo de la Iglesia¬Ľ 23 , lleg√≥ a la Sede romana un Santo, Giuseppe Sarto, P√≠o X, quien puso su pontificado bajo el lema evangelizador tomado de San Pablo: ¬ęInstaurare omnia in Christo¬Ľ: Renovarlo todo en Jesucristo (ver Ef 1,10).

Para ello, se dedicó sobre todo a reformar la Iglesia interiormente: catequesis, liturgia, vida eucarística, piedad popular y normas disciplinares que fueron cuajando en la codificación del Derecho canónico, el cual en algunas de sus partes estuvo claramente influido por los esquemas del Concilio Latinoamericano.

San P√≠o X, en sus once a√Īos de pontificado (muri√≥ en 1914), pens√≥ mucho en Am√©rica Latina, leyendo los documentos del citado Concilio, del que le hablaba con frecuencia su amigo y fiel colaborador, el Cardenal espa√Īol, capuchino, Jos√© Vives y Tut√≥ (Jos√© de Calasanz de Llevaneras), quien hab√≠a tenido una participaci√≥n muy destacada en la trayectoria de la asamblea conciliar. Fue Consultor de la Comisi√≥n preparatoria de la misma, a la que aport√≥ su profundo conocimiento de la Am√©rica hispana, pues hab√≠a trabajado en Guatemala y Ecuador. Durante la celebraci√≥n del Concilio, ya Cardenal (Consistorio del 19 de junio de 1899), presidi√≥, en nombre del Papa, las √ļltimas Congregaciones generales. √Čl fue quien elabor√≥ el esquema fundamental de los textos conciliares y recibi√≥ del Santo Padre el encargo de revisar los decretos finales, preparar su promulgaci√≥n e impulsar su aplicaci√≥n.

Un √≠ntimo colaborador del Papa Sarto, el Sustituto de la Secretar√≠a de Estado, luego Cardenal Penitenciario de la Santa Iglesia Romana, Nicola Canali, puso en los jardines del Vaticano la estatua de Nuestra Se√Īora de Guadalupe, cerca de la cual los √ļltimos Papas han rezado frecuentemente por Am√©rica Latina.

San P√≠o X fue el Pont√≠fice que cre√≥ el primer Cardenal latinoamericano: eligi√≥ para formar parte del Senado de la Iglesia al Arzobispo de R√≠o de Janeiro, Dom Joaquim Arcoverde de Albunquerque Cavalcanti, que recibi√≥ el capelo en el Consistorio del 12 de diciembre de 1905 y muri√≥ en 1930. La p√ļrpura honr√≥ en √©l a un insigne Pastor del Brasil y el Papa hizo as√≠ una fina distinci√≥n a toda la Iglesia del continente.

En realidad, el primer Cardenal latinoamericano, en la mente y los planes del Sumo Pont√≠fice, fue un prelado mexicano. Lo quiso crear P√≠o IX ya en 1850. Efectivamente, con fecha 11 de mayo de aquel a√Īo, el Secretario de Estado del Papa, Cardenal Antonelli, escribi√≥ una preciosa carta en lat√≠n al entonces insigne Obispo de Michoac√°n, la actual archidi√≥cesis de Morelia, Don Juan Cayetano G√≥mez de Portugal, comunic√°ndole que el Santo Padre hab√≠a decidido nombrarle Cardenal. Pero cuando la carta lleg√≥ a Morelia, el Obispo hab√≠a ya fallecido.

Sin embargo, ah√≠ queda ese gesto de P√≠o IX. Este Papa que tuvo el pontificado m√°s largo de la historia, casi 32 a√Īos (1846-1878), siendo joven prelado, en los a√Īos 1823-1824, hab√≠a estado en Hispanoam√©rica, en Chile (adonde acompa√Ī√≥ a un Delegado Apost√≥lico que mand√≥ all√° Le√≥n XII), y ya Papa fund√≥ en Roma, el a√Īo 1858, el Pontificio Collegio Pio Latino Americano, el centro de donde han salido tantos y tan cualificados evangelizadores para la Am√©rica Latina del siglo XX.

He hablado del primer Cardenal de nuestro continente, a√Īo 1905, y deseo decir que desde entonces hasta ahora en Am√©rica Latina ha habido ya 52 Cardenales (en Estados Unidos el primer Cardenal lo cre√≥ P√≠o IX, el 15 de mayo de 1875: John Mc Closkey, Arzobispo de Nueva York).

6. Uno de los pontificados m√°s cortos del siglo ha sido el de Benedicto XV, Giacomo Della Chiesa. Cardenal de Bolonia, fue elegido Sumo Pont√≠fice muy joven, a los 59 a√Īos, en 1914, pero muri√≥ prematuramente, a los 67 en 1922.

Ha pasado a la historia como el Papa de la paz, de la concordia y de la caridad pastoral, de la que hizo elemento central para su tarea evangelizadora, desplegada a dimensión mundial, durante la guerra europea, con notable repercusión en América.

Hab√≠a escogido el nombre de Benedicto porque ‚ÄĒcomo explic√≥ √©l mismo al Abad primado de los Benedictinos, Fidel Stotigen‚ÄĒ se propon√≠a, al igual que lo hab√≠a hecho San Benito con la edad media, evangelizar los nuevos tiempos que se avecinaban, los nuevos pueblos que comenzaban a emerger en √Āfrica y allende el Oc√©ano Atl√°ntico.

Conoc√≠a bien a este continente que hab√≠a estudiado mucho durante sus a√Īos de estancia en Espa√Īa, como Consejero de la Nunciatura Apost√≥lica de Madrid. A Am√©rica Latina dedic√≥ algunos de sus afanosos desvelos pastorales.

7. La colosal tarea apost√≥lica que se hab√≠a propuesto el Papa Benedicto XV ‚ÄĒ"construir la civilizaci√≥n del amor"‚ÄĒ se la dej√≥ a sus sucesores.

Y vino el "Papa de las misiones". Así ha definido a Pío XI la historiografía de la Iglesia. Hoy diríamos "el Papa de la evangelización".

Achille Ratti, en sus diecisiete a√Īos de pontificado (1922-1939) se dedic√≥, con gran pasi√≥n, a realizar la paz de Cristo en el Reino de Cristo: ¬ęPax Christi in regno Christi¬Ľ, era su lema evangelizador. Gobernante clarividente y realista, prest√≥ gran atenci√≥n a los asuntos relativos a la organizaci√≥n de la Iglesia y a su proyecci√≥n sobre el mundo nuevo que nac√≠a.

Fue el creador del moderno apostolado de los laicos, al que dio carácter específico encuadrándole en la "Acción Católica", tan viva y operante en algunas naciones hispanoamericanas.

Luch√≥ contra los totalitarismos, distingui√©ndose ‚ÄĒpor usar el lenguaje actual‚ÄĒ en la defensa de los derechos humanos y sobre todo en la defensa de la libertad de la Iglesia.

Así, intervino durante la persecución religiosa en México contra la que lanzó una dura protesta mediante la encíclica Iniquis afflictisque (18 de noviembre de 1926) y otros documentos posteriores, con los que animó a los católicos mexicanos a perseverar en su fe, como fielmente lo han hecho, sostenidos por la Santa Sede, hasta nuestros días.

P√≠o XI ve√≠a c√≥mo este continente iba entrando con creciente protagonismo en el escenario de la Iglesia. Por eso, el a√Īo 1935, en el Consistorio del 16 de diciembre, cre√≥ el primer Cardenal hispanoamericano: Santiago Luis Copello, Arzobispo de Buenos Aires. Cre√≥ tambi√©n, en el Consistorio del 3 de junio 1930, el segundo Cardenal brasile√Īo: Dom Sebasti√£o Leme da Silveira Cintra, que muri√≥ el 17 de octubre de 1942. Era el sucesor de Arcoverde en la sede metropolitana de R√≠o de Janeiro.

8. Alguien ha dicho que, entre tantas cosas, la más notable que hizo Pío XI fue preparar para el pontificado a su Cardenal Secretario de Estado, quien efectivamente le sucedió con el nombre de Pío XII (1939-1958).

Eugenio Pacelli era romano y fue elegido Papa en el c√≥nclave m√°s breve que recuerda la historia, un solo d√≠a, 2 de marzo de 1939. Estuvo al frente de la Iglesia casi veinte a√Īos, trazando una trayectoria apost√≥lica que resulta dif√≠cil de conmensurar.

Gobernante de una personalidad arrolladora, se entreg√≥ generosamente a los afanes de edificar la paz rota por la guerra mundial y construir sobre el fundamento de la justicia y del amor un mundo mejor. ¬ęOpus iustitiae pax¬Ľ, era el lema de su escudo pontificio.

"Pastor Angelicus", pretendía transformar cristianamente todas las estructuras modernas irradiando el Evangelio a los más diversos sectores de la sociedad.

Doctor de los tiempos nuevos, con sus 43 encíclicas y sus magistrales discursos, derramó raudales de doctrina sobre los hombres de nuestro tiempo, tratando de influir con el Evangelio en la vida individual, familiar, social, política e internacional: la cultura, el arte, las ciencias, todo.

Su empe√Īo era reconciliar a la Iglesia con el mundo moderno.

Hábil diplomático, supo lanzar el papado, con decisión y valentía, al juego de la historia moderna, haciendo del pontificado romano una institución sumamente prestigiosa y enormemente admirada por los hombres de nuestro tiempo, católicos y no católicos.

El Papa Pacelli fue realmente un gran bienhechor de la humanidad, a la que le toc√≥ acompa√Īar durante los a√Īos m√°s atormentados de nuestro siglo, distingui√©ndose como Pr√≠ncipe de la paz y gu√≠a segura del Pueblo de Dios.

Apasionadamente entregado al servicio de la Iglesia, ten√≠a un fuerte sentido de su grandeza y al mismo tiempo de sus debilidades. Esto le hizo ser un gran reformador, pues so√Ī√≥ e introdujo en la Corte pontificia y en la vida eclesial innovaciones llamativas.

Exquisita figura de hombre y de sacerdote, los que le conocimos recordamos que tenía una mirada radiante que, encuadrada en su rostro de ébano, reflejaba fácilmente su potente y abierta inteligencia, como también su fina perfección espiritual.

Como conductor del pueblo cristiano, fue un piloto de alta mar, llevando a la nave de Pedro por difíciles y sugestivas singladuras hacia escalas deliberadamente fijadas.

Una de estas escalas la se√Īal√≥ a las Iglesias de Am√©rica Latina. √Čl hab√≠a estado en Argentina, enviado por su inmediato antecesor P√≠o XI, en calidad de Cardenal Legado Pontificio, al Congreso Eucar√≠stico Internacional de Buenos Aires (1934). Como Cardenal Secretario de Estado, y ya antes, cuando fue Subsecretario en la Secretar√≠a de Estado de P√≠o X, con el Cardenal espa√Īol Rafael Merry del Val, sigui√≥ muy atentamente los asuntos de Am√©rica Latina y el desarrollo de estas Iglesias.

Podemos decir que tuvo una intuici√≥n genial de lo que representaba este continente para el futuro: ¬ęformidable bloque cat√≥lico¬Ľ, ¬ęuna de las grandes esperanzas del ma√Īana¬Ľ. Son expresiones del Papa al Congreso de Rectores de Seminarios de Am√©rica Latina, 1958 24 .

Por esto, como Pastor universal de la Iglesia, dedicó a América Latina tantos afanes evangelizadores.

Citemos un dato: la creaci√≥n de di√≥cesis. ¬ęAntes de la celebraci√≥n del Concilio Vaticano II ‚ÄĒleemos en el manual de historia de los autores Aldea-C√°rdenas‚ÄĒ fue P√≠o XII quien mayormente se preocup√≥ por la multiplicaci√≥n de las jurisdicciones eclesi√°sticas en Am√©rica Latina: de las 399 que exist√≠an en 1957, (al final del pontificado del Papa) 131 hab√≠an sido creadas por √©l. Las naciones favorecidas fueron Argentina, Colombia, Guatemala, Paraguay, Per√ļ, Rep√ļblica Dominicana y El Salvador¬Ľ 25 .

Promoviendo el desarrollo de las Iglesias locales de Am√©rica Latina, P√≠o XII se preocup√≥ de manera especial√≠sima por la promoci√≥n de las vocaciones eclesi√°sticas y por el env√≠o de sacerdotes europeos, sobre todo espa√Īoles, a estas tierras: los sacerdotes que luego hab√≠an de llamarse Fidei donum, del nombre de la famosa enc√≠clica del Papa sobre el tema, publicada el 21 de abril de 1957.

Muchas cosas hizo P√≠o XII por Am√©rica, pero su gran gesto prof√©tico en relaci√≥n con nuestro continente fue la convocaci√≥n de la I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que se celebr√≥ en R√≠o de Janeiro del 25 de julio al 4 de agosto de 1955: acontecimiento decisivo en la trayectoria pastoral de este continente. El Romano Pont√≠fice envi√≥ a presidirla a uno de los Cardenales m√°s autorizados de Roma: Adeodato Giovanni Piazza, O.C.D., que dirig√≠a el Dicasterio para los Obispos, llamado entonces Congregaci√≥n Consistorial. Acompa√Īaba al purpurado el Secretario para la Congregaci√≥n de los Asuntos Eclesiales Extraordinarios, futuro Cardenal Antonio Samor√©, uno de los Prelados de la Curia romana que m√°s trabajaron por las Iglesias de Am√©rica Latina 26 .

La carta apost√≥lica Ad Ecclesiam Christi, que P√≠o XII dirigi√≥ a la Conferencia con fecha 29 de junio, comienza as√≠: ¬ęA la Iglesia de Cristo que vive en los pa√≠ses de Am√©rica Latina, tan ilustres por su fidelidad a la religi√≥n y por sus glorias nacionales, as√≠ como por las esperanzas que ofrecen de un porvenir de mayor grandeza, se dirige hoy, con un inter√©s igual al amor que le profesamos, nuestro pensamiento¬Ľ 27 .

Aquí el Papa considera ya a América Latina como el continente de la "esperanza".

Los obispos reunidos en Río de Janeiro tenían conciencia de esto y, por eso, trazaron un espléndido plan eclesial para el futuro en el documento final de la Conferencia: documento un poco olvidado 28 .

Algo muy trascendental que hizo Pío XII para América Latina, con ocasión y a raíz de la Conferencia de Río de Janeiro, fue la creación del CELAM, 2 de noviembre de 1955, y la institución, en la Curia romana, de la Pontificia Comisión para América Latina, el 23 de abril de 1958.

El Consejo Episcopal Latinoamericano, que celebra ahora los 40 a√Īos de fundaci√≥n 29 es, seg√ļn sus Estatutos, un ¬ęOrganismo de contacto, colaboraci√≥n y servicio de las Conferencias Episcopales de Am√©rica Latina. Signo e instrumento de colegialidad episcopal, al servicio de la intercomunicaci√≥n de las Iglesias particulares de Am√©rica Latina en perfecta comuni√≥n con la Iglesia Universal y su cabeza visible, el Romano Pont√≠fice¬Ľ 30 .

El CELAM no es una "superconferencia" episcopal, es un "Consejo", un organismo de los Episcopados de Am√©rica Latina. En cambio, la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina es un organismo de la Santa Sede. Est√° estrechamente vinculada a la Congregaci√≥n para los Obispos y, en cuanto Instituci√≥n de la Curia romana, realiza su funci√≥n en nombre y por autoridad del Romano Pont√≠fice para el bien y servicio de las Iglesias 31 . No se trata, pues, de una duplicidad. Mientras el CELAM es expresi√≥n de los afanes pastorales de los Episcopados, la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina es expresi√≥n o ¬ętestimonio¬Ľ del ¬ęinter√©s y solicitud¬Ľ del Papa por la ¬ęsituaci√≥n y destino de la Iglesia cat√≥lica en las Naciones de Am√©rica Latina¬Ľ. As√≠ la concibi√≥ P√≠o XII, ¬ęcon la finalidad de estudiar conjuntamente las cuestiones principales referentes a la vida cat√≥lica, la defensa de la fe y el incremento de la religi√≥n en Am√©rica Latina, favorecer al mismo tiempo una mayor cooperaci√≥n entre los diversos organismos de la Curia romana interesados en la soluci√≥n de dichas cuestiones, y ayudar de forma eficaz con los medios pastoralmente m√°s oportunos al Consejo Episcopal Latinoamericano¬Ľ 32 .

¬ŅQu√© m√°s podr√≠amos decir del Papa Pacelli en su solicitud pastoral por Am√©rica Latina?

Se puede afirmar que durante su pontificado las Iglesias del continente comenzaron a ser protagonistas de primer plano en el escenario de la Iglesia universal.

Es de notar, a este prop√≥sito, que P√≠o XII abri√≥ ya de par en par las puertas del Colegio Cardenalicio a los obispos de nuestro continente, y esto es algo muy importante. En los dos √ļnicos Consistorios de su pontificado, dio 8 Cardenales a Iberoam√©rica. En 1946 (18 de febrero), a Argentina, Antonio Caggiano (Obispo de Rosario); a Brasil, Jaime Barros Camara (Arzobispo de R√≠o de Janeiro) y Carlos Carmelo Vasconcelos Motta (Arzobispo de S√£o Paulo); a Cuba, Manuel Arteaga y Betancourt (Arzobispo de San Crist√≥bal de La Habana); a Chile, Jos√© Caro Rodr√≠guez (Arzobispo de Santiago); y en 1953 (12 de enero), a Per√ļ, Juan Gualberto Guevara y Cuba (Arzobispo Primado de Lima); a Brasil, Augusto Alvaro da Silva (Arzobispo Primado de S√£o Salvador da Bahia); a Colombia, Crisanto Luque (Arzobispo Primado de Bogot√°); a Ecuador, Carlos Mar√≠a de la Torre (Arzobispo de Quito). Algunas de estas naciones no hab√≠an tenido Cardenal anteriormente. Otras lo tuvieron despu√©s por primera vez con Juan XXIII. As√≠ M√©xico, Jos√© Garibi y Ribera (Arzobispo de Guadalajara, Consistorio del 15 de diciembre de 1958); Uruguay, Antonio Mar√≠a Barbieri, O.F.Cap. (Arzobispo de Montevideo, 15 de diciembre de 1958) y Venezuela, Huberto Quinteo (Arzobispo de Caracas, 16 de enero de 1961); con Pablo VI: Bolivia, Joseph Clemente Maurer, C.SS.R. (Arzobispo de Sucre, 26 de junio de 1967); Guatemala, Mario Casariego, C.R.S. (Arzobispo de Guatemala, 30 de abril de 1969); Puerto Rico, Luis Aponte Mart√≠nez (Arzobispo de San Juan, 5 de marzo de 1973); Rep√ļblica Dominicana, Octavio Beras Rojas (Arzobispo de Santo Domingo, 24 de mayo de 1976); o con Juan Pablo II: Nicaragua, Miguel Obando Bravo, S.D.B. (Arzobispo de Managua, 25 de mayo de 1985).

9. Acabo de citar al Sucesor de Pío XII: Juan XXIII: el Papa de la bondad ecuménica.

En sus cuatro a√Īos y medio de pontificado (1958-1963) cambi√≥ el rumbo de la historia de la Iglesia convocando el Concilio Vaticano II.

√Čl lo ide√≥, lo prepar√≥ y lo puso en marcha, abriendo as√≠ en la Iglesia las compuertas de sus juveniles y arrolladoras energ√≠as.

La atrayente figura del Papa Roncalli, su vida llena de florecillas, su sencillez evang√©lica, su alma candorosa reflejada en un rostro marcado por la amabilidad pastoral, siguen suscitando inmensas simpat√≠as en el Pueblo de Dios, incluso ahora, treinta y tres a√Īos despu√©s de su muerte, que fue un conmovedor acto de evangelizaci√≥n universal, en un romano atardecer pentecostal (3 de junio).

Cre√≥ en toda la cristiandad una fuerte tensi√≥n reformadora, provocando un cambio de mentalidad en el campo eclesial y ecum√©nico. Sus enc√≠clicas, sus palabras y sus gestos, envueltos en un estilo encantador, fueron marcando un crescendo impresionante que culmin√≥ en la Pacem in terris, uno de los documentos pontificios m√°s celebres de los √ļltimos tiempos, que ha quedado en la historia como puntal de la nueva era.

La sinfonía de su pontificado innovador se hizo oír, con la fuerza del amor, dentro y fuera de la Iglesia, llenando el mundo entero de alegres resonancias.

Fue un campeón de las obras de misericordia y él mismo se definió "Pater amabilis", el Papa que quiso poner de relieve la nota de la amabilidad paternal, el Padre que ama, que invita a amar, que hace persuasiva la ley del amor.

Con un apelativo muy normal, pero que resulta nuevo espontáneamente aplicado a Juan XXIII, las gentes le llamaban el "Papa bueno": Pastor bondadoso que, con su optimismo vital, supo mirar al mundo con ojos limpios, no para cerrar la vista ante la penosa realidad, sino para fijarse más bien en lo positivo, buscando lo que une y no lo que separa. Actitud ésta que le llevó a dar un "sí" resuelto a nuestro tiempo, alineándose al lado opuesto de los pesimistas y profetas de desventuras. De esta forma tendió un puente nuevo entre la Iglesia y los hombres de nuestro tiempo. Logró hacerse escuchar. Despertó la atención y el interés del mundo por las cosas del espíritu. Sembró en surcos profundos que sólo su táctica evangélica fue capaz de abrir.

Vivi√≥ 82 a√Īos, pasando por el mundo como de puntillas, sin dejarse notar hasta el final; pero durante su corto pontificado result√≥ una gu√≠a excepcional para conducir a los hombres de nuestro tiempo por los atrayentes caminos de la paz, de la caridad y de la unidad.

¬ŅQu√© hizo por el Continente de la esperanza un Papa que s√≥lo viv√≠a de esperanza?

Conocía y hablaba con frecuencia de América Latina. Desde el comienzo de su pontificado mostró un gran interés por las Iglesias de estas tierras y trajo a la Curia romana, por primera vez en la historia, a un Cardenal latinoamericano, el Arzobispo de Buenos Aires, Santiago L. Copello, que fue nombrado Canciller de la Santa Iglesia (bula del 25 de marzo) y murió en Roma el 2 de octubre de 1967.

Juan XXIII, sirvi√©ndose de la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina ‚ÄĒde la que era entonces din√°mico motor el ya citado Mons. Antonio Samor√©‚ÄĒ, centr√≥ su atenci√≥n en atender a los obispos de estas tierras, a quienes √©l mismo hab√≠a convocado a Roma para el Concilio Vaticano II: unos 600.

En sus frecuentes contactos con estos Pastores, cuya presencia se hac√≠a notar sensiblemente en la Asamblea Ecum√©nica, el Santo Padre comprob√≥ que la mayor necesidad de las Iglesias latinoamericanas segu√≠a siendo la de contar con numerosos y cualificados sacerdotes. Quiso que se hiciera un esfuerzo excepcional para resolver este problema y por ello plane√≥ una estrategia global, basada en la aportaci√≥n que pod√≠a ofrecer Espa√Īa, la naci√≥n que con sus misioneros hab√≠a iniciado, hace cinco siglos, la evangelizaci√≥n del Nuevo Mundo y que, en los √ļltimos a√Īos, con la OCSHA ‚ÄĒObra de Cooperaci√≥n Sacerdotal Hispano Americana‚ÄĒ estaba contribuyendo generosamente, en uni√≥n con otros pa√≠ses, a solucionar el problema de la escasez del clero en Am√©rica Latina.

El 17 de noviembre de 1962, Juan XXIII escribi√≥ una Carta aut√≥grafa al Episcopado espa√Īol, en la que aparece claramente reflejada su solicitud de Romano Pont√≠fice por la evangelizaci√≥n de este continente.

El Papa se refiere al ¬ęclamor del Episcopado de aquellas naciones¬Ľ, clamor que estaba escuchando en Roma durante la primera sesi√≥n del Concilio y que pon√≠a de relieve ¬ęla urgente necesidad de brazos apost√≥licos que consolidasen cuanto una tradici√≥n, cinco veces centenaria, ha ido forjando en sus dilatadas tierras, desde cuando la Iglesia ‚ÄĒa trav√©s de celosos y magn√°nimos sacerdotes hispanos que siguieron las huellas de Fray Bernardo Boyl y compa√Īeros‚ÄĒ les abri√≥ sus brazos con el anuncio de la verdad evang√©lica...¬Ľ. Por eso, lanza, en la citada Carta, un llamado del ¬ęEpiscopus Ecclesiae Catholicae¬Ľ ante ¬ęel momento excepcional¬Ľ que se vive en el continente latinoamericano: dar a sus Iglesias un ¬ęn√ļmero crecido de sacerdotes¬Ľ para la evangelizaci√≥n.

El Papa estaba bien persuadido de que √©sa era la clave para asegurar el futuro de la fe cristiana en Iberoam√©rica y para hacer que el continente viviese en plenitud la primavera cristiana que alboreaba ya en el mismo, como lo testimoniaban los obispos presentes en Roma y que volvieron el a√Īo siguiente (1963) para la segunda sesi√≥n del Concilio, celebrada ya bajo un nuevo pontificado 33 .

10. Pablo VI, el Papa genial que vino a convertir en realidades concretas las intuiciones proféticas de Roncalli.

Giovanni Battista Montini tuvo en su espl√©ndida biograf√≠a una trayectoria que explica su f√°cil ascensi√≥n al pontificado romano: sacerdote intelectual y humanista de fin√≠sima espiritualidad, ap√≥stol de la juventud universitaria en Roma, diplom√°tico de la Santa Sede, Sustituto de la Secretar√≠a de Estado de P√≠o XI y P√≠o XII, Prosecretario de Estado de este √ļltimo Papa, quien le nombr√≥ luego Arzobispo de Mil√°n (1954). Juan XXIII le cre√≥ Cardenal (Consistorio del 15 de diciembre de 1958) y en m√°s de una ocasi√≥n dio a entender que ser√≠a el futuro Papa 34 .

Fue elegido Sumo Pont√≠fice el 21 de junio de 1963. Muri√≥ el d√≠a del Divino Salvador ‚ÄĒTransfiguraci√≥n del Se√Īor‚ÄĒ, 6 de agosto de 1978. Sus quince a√Īos de pontificado han dejado una huella imborrable en la Iglesia y en el mundo.

Pablo VI: el Papa de la paz, del diálogo, del ecumenismo, de la fraternidad entre las diversas confesiones cristianas, de la apertura a otras religiones, de la simpatía hacia el mundo moderno, de la colegialidad, del Sínodo de los Obispos, que él creó, del Concilio que guió certeramente hacia su conclusión promulgando todas las constituciones y decretos del mismo.

Pablo VI: el peregrino de la esperanza por los caminos del mundo, por las encrucijadas neur√°lgicas de la moderna civilizaci√≥n. Fue el Papa que inaugur√≥ los viajes apost√≥licos por los cinco continentes. Sali√≥, antes de nada, decididamente al encuentro de Jes√ļs, lleg√°ndose hasta Tierra Santa; sali√≥, luego, gozosamente al encuentro de los pobres y de los no cristianos, visitando la India; sali√≥, impotente, al encuentro de los potentes, entrando en la sede de la ONU, Nueva York; sali√≥ fervorosamente al encuentro de la Virgen Mar√≠a en F√°tima y en √Čfeso; sali√≥ humildemente al encuentro de las Iglesias y Comunidades cristianas no cat√≥licas en Constantinopla y en Ginebra; sali√≥ lleno de entusiasmo, al encuentro del mundo del ma√Īana viajando a Am√©rica Latina (Bogot√°) y √Āfrica (Kampala, en Uganda); y en su √ļltimo viaje internacional, sali√≥ con sentido prof√©tico al encuentro de los hombres de las m√°s lejanas tierras, visitando varias ciudades de Asia, Australia y Ocean√≠a.

Pablo VI: el Papa de la familia renovada, de los ni√Īos inocentes, de la juventud entusiasta, de los obreros rendidos por la fatiga, de los constructores de la nueva sociedad.

Pablo VI: el Papa de la vida ‚ÄĒenc√≠clica Humanae vitae‚ÄĒ, del humanismo integral ‚ÄĒenc√≠clica Populorum progressio‚ÄĒ, de la evangelizaci√≥n c√≥smica ‚ÄĒexhortaci√≥n apost√≥lica Evangelii nuntiandi‚ÄĒ: este √ļltimo documento fue como su testamento pastoral y en √©l hay orientaciones doctrinales y pr√°cticas que han tenido y siguen teniendo una influencia decisiva en la trayectoria de la evangelizaci√≥n durante estos √ļltimos a√Īos.

Poseía una sensibilidad de Pastor tan exquisita y penetrante que cautivaba religiosamente a cuantos a él se acercaban y ejercía a longe una influencia inconmensurable en cuantos escuchaban sus mensajes, los cuales llevaban la misma marca que los del Apóstol San Pablo, de quien había querido tomar el nombre.

Palabras renovadoras y gestos prof√©ticos que resulta dif√≠cil describir y m√°s dif√≠cil a√ļn resumir. Por otro lado, su recuerdo est√° a√ļn muy vivo, especialmente aqu√≠ en Am√©rica Latina.

Fue el primer Papa que visitó este continente. Siendo Cardenal, había estado en Brasil y recuerdo que al regresar, respondiendo a los periodistas que en el aeropuerto de Roma le pedían una impresión sobre nuestro continente, les dijo estas palabras llenas de profecía: He encontrado a América Latina preparándose para evangelizar a Europa.

El Instituto "Pablo VI" de Brescia, ciudad de origen de Giovanni Battista Montini, proyecta celebrar, a petición de la Pontificia Comisión para América Latina, un Congreso sobre "Pablo VI y América Latina", con el fin de estudiar a fondo, de forma científica y completa, las relaciones del Papa Montini con nuestro continente.

Naturalmente, en las actividades de Pablo VI relacionadas con Iberoamérica, el mayor relieve lo tiene el viaje apostólico a Colombia, con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional de Bogotá, donde estuvo como Peregrino de evangelización del 22 al 24 de agosto de 1968: jornadas de excepción para la historia de América 35 .

El d√≠a 24 por la ma√Īana, en la catedral primada de Bogot√°, Pablo VI, con un discurso important√≠simo que conviene releer, inaugur√≥ la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que se celebr√≥ luego en Medell√≠n del 26 de agosto al 6 de septiembre.

La Conferencia de Medellín fue obra, y obra muy ilusionada, de Pablo VI quien, con la finalidad de proyectar sobre las Iglesias locales de América Latina el impulso renovador que había suscitado en la Iglesia universal el Concilio Vaticano II, y proponer pautas de acción pastoral para una nueva fase evangelizadora en Iberoamérica.

No voy a hacer ahora crónica de esa Conferencia, que seguí atentamente en el Seminario de Medellín, como sacerdote periodista y que después he estudiado muy a fondo.

Me referir√© s√≥lo a los documentos finales de la misma, para recordar que citan 90 veces a Pablo VI (32 de esas citas corresponden a la enc√≠clica Populorum progressio). Quiere decir que los obispos reunidos en Medell√≠n apoyaron sus debates y conclusiones en dos grandes pilares: el Concilio Vaticano II y el magisterio del Papa Montini, ya tan abundante en aquellos primeros a√Īos de su pontificado.

Este rico y formidable magisterio, a partir de 1969, fue difundido en Am√©rica Latina de manera especial por L'Osservatore Romano que, en el mes de enero de dicho a√Īo, comenz√≥ a publicar una edici√≥n semanal en lengua espa√Īola. Esta iniciativa la quiso personalmente Pablo VI, como recuerdo de su visita a Am√©rica Latina y como un gesto de atenci√≥n hacia las Iglesias de este continente. En la Nunciatura de Bogot√°, la tarde del 23 de agosto de 1968, el entonces Sustituto de la Secretar√≠a de Estado, despu√©s Cardenal Arzobispo de Florencia, Mons. Giovanni Battista Benelli, me comunic√≥ a m√≠ ese deseo del Papa, encarg√°ndome de poner en marcha el nuevo semanario vaticano que luego dirig√≠ durante casi 20 a√Īos, hasta que fui nombrado Vicepresidente de la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina.

Pablo VI perfiló los contornos de esta Comisión. Lo hizo creando un Consejo de la misma (30 de noviembre de 1969), cuya constitución anunció en el discurso con el cual el mismo Papa inauguró, ese día, la nueva sede del Pontificio Colegio Pío Latinoamericano, durante la segunda sesión del Concilio.

De la Pontificia Comisi√≥n se sirvi√≥ Pablo VI para planear, en colaboraci√≥n con el CELAM ‚ÄĒcomo hab√≠a sucedido ya con la asamblea de Medell√≠n‚ÄĒ la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

La Conferencia de Puebla fue preparada cuidadosamente con la intervenci√≥n personal de Pablo VI, quien se√Īal√≥ el tema de la misma ‚ÄĒ¬ęLa evangelizaci√≥n en el presente y el futuro de Am√©rica Latina¬Ľ‚ÄĒ y la convoc√≥ oficialmente el 12 de diciembre de 1977, fiesta de la Virgen de Guadalupe, para el 12 de octubre del a√Īo siguiente, 1978. Pero, como hemos recordado ya, el Papa Montini muri√≥ el 6 de agosto de ese a√Īo, llev√°ndose al cielo en su coraz√≥n de Pastor universal la solicitud por las Iglesias de Am√©rica Latina.

Es grato decir que han sido algunas de estas Iglesias, las de Brasil y Argentina, las primeras que, a través de sus Conferencias Episcopales, han pedido a la Santa Sede la glorificación de Juan Bautista Montini: su proceso de canonización está ya en marcha con buenas perspectivas.

11. El sucesor de Pablo VI, Juan Pablo I, fue elegido Papa el 26 de agosto de 1978 y murió el 28 de septiembre. Breve pero inolvidable pontificado. Duró el tiempo suficiente para llenar de luz y esperanza el camino de la Iglesia hacia los nuevos tiempos.

Y ¬Ņqu√© hizo, para ello, el Papa Luciani?: sencillamente lo que hace el sol que, en una sola jornada, sale, lo ilumina todo y se pone, dejando la tierra inundada de paz, de serenidad y de energ√≠as renovadoras.

Aqu√≠ lo que interesa decir es que durante aquellos 33 maravillosos d√≠as de Iglesia ‚ÄĒen el que ha sido llamado el verano romano de los tres Papas‚ÄĒ Juan Pablo I, desde el comienzo de su fugaz misi√≥n apost√≥lica hasta el √ļltimo d√≠a, tuvo de continuo en su coraz√≥n y en su mente a Am√©rica Latina, precisamente con motivo de la Conferencia de Puebla.

Al d√≠a siguiente de la elecci√≥n del Papa ‚ÄĒel 27 de agosto‚ÄĒ, hacia media ma√Īana, encontr√© en el patio de San D√°maso del Vaticano al Cardenal Sebastiano Baggio, Prefecto de la Congregaci√≥n para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina (lo era con Pablo VI, pues a la muerte del Papa todos los dirigentes de los Dicasterios de la Curia romana, cesan autom√°ticamente en sus cargos; pero fue confirmado por Juan Pablo I). Su Eminencia, que sal√≠a entonces del c√≥nclave, me dijo con visible satisfacci√≥n que una de las primeras decisiones de Juan Pablo I hab√≠a sido la de confirmar la convocatoria de la Conferencia de Puebla para el 12 de octubre.

El acontecimiento se acercaba. Las cosas urgían. Juan Pablo I fue informado del estado en que se encontraba la preparación de la Conferencia: tema, documentos de trabajo, elección de delegados, nombramientos ya hechos, etc. El Santo Padre se interesó atentamente de todo. Manifestó preocupación por alguna que otra cosa e hizo sus observaciones. Al mismo tiempo, comenzó a pensar y redactar el Mensaje que iba a enviar a la Conferencia, cuando inesperadamente partió para el cielo con sus planes e ilusiones.

12. Tomó entonces el timón de la Barca de Pedro el Cardenal polaco Karol Wojtyla, que fue elegido Sumo Pontífice el 16 de octubre de 1978.

Es el Papa que conduce y acompa√Īa a la Iglesia de nuestros d√≠as, marcando profundamente este final del milenio. Su figura pastoral ocupa continuamente el primer plano de la actualidad mundial. En √©l est√° siempre fija la atenci√≥n del Pueblo de Dios. Su biograf√≠a, su imagen eclesial, su programa evangelizador, sus intensas ense√Īanzas doctrinales y sus desbordantes actividades pastorales son bien conocidas. Por eso, no necesito presentar aqu√≠ un retrato del Papa actual, como lo he hecho con los anteriores Pont√≠fices de nuestro siglo.

Me limito a hacer esta observaci√≥n: Juan Pablo II pasar√° a la historia como el "Papa de la defensa de la vida", el "Papa de los j√≥venes", el "Papa de la familia", el "Papa de la solidaridad", el "Papa de la reconciliaci√≥n", el "Papa del ecumenismo", el "Papa de la colegialidad episcopal", el "Papa sinodal" ‚ÄĒcomo √©l mismo se ha definido 36 ‚ÄĒ y el Papa de tantas otras cosas significativas. Pero pasar√° a la historia tambi√©n con el t√≠tulo de "Papa de Am√©rica Latina".

Efectivamente, Juan Pablo II es el más grande evangelizador que ha tenido nuestro continente, después de los insignes misioneros de los primeros tiempos de la evangelización del Nuevo Mundo.

El Papa Wojtyla ha realizado su gran empresa evangelizadora en Iberoam√©rica sobre todo con sus 13 viajes apost√≥licos, durante los cuales ha visitado todas nuestras naciones (algunas dos veces), menos Cuba: Rep√ļblica Dominicana, M√©xico y Bahamas (25 de enero - 1 de febrero de 1979); Brasil (30 de junio - 12 de julio de 1980); Brasil, Argentina (10 de junio - 13 de junio de 1982); Costa Rica, Nicaragua, Panam√°, El Salvador, Guatemala, Honduras, Belice y Hait√≠ (2 de marzo - 10 de marzo de 1983); Rep√ļblica Dominicana, Puerto Rico (10 de octubre - 13 de octubre de 1984); Venezuela, Ecuador, Per√ļ, Trinidad y Tobago (26 de enero - 6 de febrero de 1985); Colombia, Santa Luc√≠a (1 de julio - 8 de julio de 1986); Uruguay, Chile, Argentina (31 de marzo - 13 de abril de 1987); Uruguay, Bolivia, Per√ļ, Paraguay (7 de mayo - 19 de mayo de 1988); M√©xico, Cura√ßao (6 de mayo - 14 de mayo de 1990); Brasil (12 de octubre - 21 de octubre de 1991); Rep√ļblica Dominicana (9 de octubre - 14 de octubre de 1992); Jamaica, M√©xico (9 de agosto - 16 de agosto de 1993).

Ahora el Papa se prepara para venir de nuevo a América en el próximo mes de febrero de 1996: del 5 al 11, visitará Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Venezuela. En 1997 vendrá a Brasil, Río de Janeiro, para la Jornada Mundial de la Familia y quizás en esa ocasión visite otras ciudades latinoamericanas.

Su primer viaje apost√≥lico a Am√©rica ‚ÄĒera en absoluto el primero de su pontificado‚ÄĒ lo quiso hacer siguiendo la ruta de Col√≥n, es decir, la ruta de la evangelizaci√≥n; por eso, se dirigi√≥ a Santo Domingo. Pero en realidad la meta de su viaje era M√©xico, para inaugurar en Puebla de los √Āngeles la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

Al comienzo de su pontificado, Juan Pablo II se puso en seguida al corriente del estado de preparación de la Conferencia. Confirmó su convocación. Intervino en el perfeccionamiento del programa de la misma y desde el primer momento decidió ir personalmente a inaugurarla, comenzando así su itinerario de "Peregrino de la evangelización" por todos los caminos del mundo.

El 28 de enero de 1979, en Puebla, el Papa dirigió a la asamblea el discurso inaugural: una magistral alocución que influyó de forma decisiva en la Conferencia, iluminando con radiante luz el camino de la misma y sus conclusiones. El documento final lo recibió luego en Roma y lo presentó a los obispos latinoamericanos con una expresiva Carta del 23 de marzo de 1979, fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo, a quien el Papa declaró después Patrono del Episcopado Latinoamericano.

Durante sus asiduos contactos con la gente en estas tierras iberoamericanas y en Roma (audiencias a grupos, encuentros con obispos en visita ad limina, cartas...), el Papa Wojtyla ha impartido y sigue impartiendo a los hombres y mujeres, a todas las Iglesias del continente, tantas y tan ciertas orientaciones doctrinales y pastorales que bien podemos decir que Juan Pablo II es el más grande profeta que han tenido los pueblos de América.

Pero Juan Pablo II ha sido sobre todo el Papa del V Centenario de la evangelización del Nuevo Mundo: el Papa que, con una fina intuición de la historia, ha sabido hacer de esa efeméride un evento evangelizador de grandes resonancias y de inmensa influencia en la marcha de la historia de la salvación de América.

El actual Pont√≠fice, con la carta apost√≥lica Decessores Nostri, dada en forma de Motu proprio (18 de junio de 1988), y con la constituci√≥n apost√≥lica Pastor Bonus 37 sobre la reforma de la Curia romana (28 de junio de 1988), reestructur√≥ y potenci√≥ la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina, se√Īalando claramente su estructura, finalidades y competencias 38 . El Santo Padre, sirvi√©ndose luego de este Organismo de la Santa Sede, prepar√≥ la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que inaugur√≥ personalmente en Santo Domingo, el 12 de octubre de 1992. La Asamblea, orientada por el Papa con un formidable discurso, dur√≥ hasta el d√≠a 28 y produjo las Conclusiones que todos conocemos, el as√≠ llamado documento de Santo Domingo, cuya publicaci√≥n fue autorizada por Su Santidad con la Carta dirigida, el 10 de noviembre de 1992, a los obispos diocesanos de Am√©rica Latina.

Este distinguido auditorio no necesita que se le hable o informe de esta Conferencia, de la que muchos de los aquí presentes han sido protagonistas y todos, sin duda alguna, entusiastas y fieles receptores.

13. Santo Domingo ha dejado ya emplazadas a las Iglesias de Am√©rica Latina para el Tercer Milenio, provoc√°ndoles a centrar cada vez m√°s la atenci√≥n en Jesucristo, ¬ęEvangelio del Padre¬Ľ 39 .

Ahora vendr√°, en el a√Īo 1997 √≥ 1998, el S√≠nodo de Am√©rica (de todo Am√©rica: Norte y Sur). Y ¬Ņqu√© significado o qu√© sentido tendr√° esta asamblea episcopal en el camino hacia el gran Jubileo del 2000? Ser√° un gran evento evangelizador, para provocar un encuentro con Jesucristo vivo. Pondr√° a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares del continente en tensi√≥n eclesial, suscitando en todos la inquietud de evangelizarnos cada vez m√°s para hacernos evangelizadores, activos, inteligentes y eficaces, en el interior de los pueblos americanos y hacia el exterior de los mismos con la misi√≥n ad gentes. Am√©rica se convertir√° as√≠ en un continente evangelizador 40 .

Si el primer milenio de la historia fue el milenio de la evangelizaci√≥n de Europa y el segundo ha sido el milenio de la evangelizaci√≥n de Am√©rica (a partir, claro est√°, del a√Īo 1492) y de √Āfrica (sobre todo en los √ļltimos doscientos a√Īos), el tercer milenio ser√° el de la evangelizaci√≥n de Asia, donde Jesucristo es todav√≠a pr√°cticamente desconocido, pues en ese inmenso continente del futuro apenas hay un dos o tres por ciento de cat√≥licos, en gran parte concentrados en Filipinas, que es la perla del catolicismo en el Pac√≠fico, naci√≥n evangelizada por Espa√Īa a trav√©s de M√©xico, a finales del siglo XVI y en el XVII.

La Iglesia tiene que llevar la luz de Jesucristo a los pueblos de Asia, para realizar el mandato misionero universal que ha recibido de su Se√Īor. Y ¬Ņqui√©n podr√° hacer esto si no los misioneros del Per√ļ y de otras naciones de por ac√°?

Se calcula que para los comienzos del tercer milenio en Iberoam√©rica estar√° la mitad de los cat√≥licos del mundo, con unos 1.100 √≥ 1.200 obispos. Este dato esperanzador indica el protagonismo que la Iglesia latinoamericana, y en general la Iglesia de Am√©rica, est√° llamada a tener en los a√Īos 2000: su papel en la Nueva Evangelizaci√≥n rumbo al Tercer Milenio.

Dec√≠a el Papa, en su discurso a la III Reuni√≥n plenaria de la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina: ¬ęen mis viajes (al Continente de la esperanza) he encontrado Iglesias vivas y din√°micas que, bajo la acci√≥n del Esp√≠ritu, se preparan tambi√©n ellas para evangelizar a otros continentes. Para ello es necesario que Latinoam√©rica sea evangelizada a√ļn m√°s por numerosos y santos sacerdotes, religiosos y religiosas, bien centrados en su vocaci√≥n, y que pueda contar tambi√©n con un laicado adulto muy preparado, que participe de forma activa en las tareas apost√≥licas y en el campo sociopol√≠tico, en orden a difundir sobre todo la cultura cristiana, de tal manera que ‚ÄúJesucristo ayer, hoy y siempre‚ÄĚ (cf. Heb 13,8), sea la vida y esperanza de Am√©rica Latina (cf. Documento de Santo Domingo)¬Ľ 41 .

14. Termino, invitando a todos a sintonizar plenamente con las orientaciones de Juan Pablo II sobre la reconciliaci√≥n y la evangelizaci√≥n para que, guiadas por √©l, las Iglesias de Am√©rica sepan afrontar, con decisi√≥n y firmeza, los desaf√≠os del presente y caminando juntas ‚ÄĒ(eso significa "S√≠nodo": "caminar juntos")‚ÄĒ hacia ‚Äúcielos nuevos y una tierra nueva‚ÄĚ (ver 2Pe 3,13; Is 65,17; Ap 21,1), puedan atravesar gozosamente el ¬ęumbral de la esperanza¬Ľ, para entrar, con fe y gallard√≠a, sin miedo (¬ęNo teng√°is miedo...¬Ľ 42 ), en el Tercer Milenio de la historia de la evangelizaci√≥n.

Mons. Cipriano Calderón
Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina.


1

Fue nombrado Obispo de Ciudad de los Reyes en 1580 y murió en 1606.

2

Cito la nueva traducción de la Biblia de América publicada recientemente en Madrid.

3

Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 7.

4

Santo Domingo, título de la II parte.

5

Ver Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, 40.

6

Lug. cit.

7

Declaración de los Padres Sinodales, 26/10/1974, 4.

8

Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 14.

9

Jean Comby, Deux mille ans d’evangélisation, París 1992.

10

Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, 17.

11

Juan Pablo II, Alocución al CELAM en la catedral de Puerto Príncipe, Haití, 9/3/1983, III.

12

Ver Juan Pablo II, Discurso a la I Asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, 7/12/1989, 5.

13

Allí mismo, 4.

14

Juan Pablo II, Discurso del Papa a los obispos de Brasil, 18/10/1995, 5.

15

Juan Pablo II, Christifideles laici, 35.

16

León XIII, bula Cum diuturnum, 25/12/1898.

17

Quintin Aldea - Eduardo C√°rdenas, La Iglesia del siglo XX en Espa√Īa, Portugal y Am√©rica Latina, Barcelona 1987, pp. 469, 524-552.

18

Ver allí mismo, p. 521.

19

León XIII, carta apostólica Jesu Christi Ecclesiam.

20

Documento de Río, preámbulo.

21

Juan Pablo II, Mensaje al CELAM, 16/4/1995, 2.

22

Ver Juan Pablo II, Discurso a la Pontificia Comisión para América Latina, 23/6/1995.

23

Ver Cipriano Calderón, Iglesia con Pablo VI, Sígueme, Salamanca 1964, p. 57.

24

Pío XII, AAS (1958), pp. 947-952.

25

Quintin Aldea - Eduardo C√°rdenas, ob. cit., p. 643.

26

Ver el artículo del Cardenal Sodano en L'Osservatore Romano, edición diaria en lengua italiana, 28/2/1993, p. 7.

27

Pío XII, Ad Ecclesiam Christi, 29/6/1955, 1.

28

Agradecemos por ello al Sr. Germán Doig, aquí presente, que haya puesto de relieve este documento en sus recientes y apreciadas obras De Río a Santo Domingo, Lima 1993, y Diccionario Río-Medellín-Puebla-Santo Domingo, Santafé de Bogotá 1994. El CELAM ha publicado el documento íntegro en el magnífico volumen Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo. Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, Santafé de Bogotá 1994. En italiano el documento acaba de aparecer en Documenti della Chiesa Latinoamericana, Bologna 1995.

29

Ver Juan Pablo II, Mensaje con ocasi√≥n del cuarenta aniversario del Consejo Episcopal Latinoamericano, 16/4/1995. Ver tambi√©n Javier Dar√≠o Restrepo, CELAM: 40 a√Īos sirviendo e integrando. Datos para una Historia, Santaf√© de Bogot√° 1995.

30

Artículo 1.

31

Ver C.I.C., c. 360.

32

Pío XII, carta apostólica Decessores Nostri, preámbulo.

33

Se est√° preparando ‚ÄĒpara el Simposio hist√≥rico cient√≠fico de que habl√© antes‚ÄĒ un estudio sobre la actuaci√≥n de los obispos latinoamericanos en el Concilio Vaticano II, que continu√≥ y llev√≥ a t√©rmino el Sucesor de Juan XXIII.

34

Ver Cipriano Calderón, Iglesia con Pablo VI, ob. cit., pp. 73-176, biografía de Giovanni Battista Montini.

35

Ver Cipriano Calder√≥n, Cr√≥nica, en ¬ęEcclesia¬Ľ, n. 1405, 1968, pp. 1283ss.

36

Ver L'Osservatore Romano, edici√≥n semanal en lengua espa√Īola, 20/1/1995, p. 16.

37

Ver Juan Pablo II, constitución apostólica Pastor Bonus, 28/6/1988, artículos 83-84.

38

Ver Pontificia Comisión para América Latina, Documentos del Santo Padre Juan Pablo II, Ciudad del Vaticano 1994, pp. 7-25.

39

Ver Santo Domingo, I parte.

40

Ver Juan Pablo II, Mensaje al Se√Īor Cardenal Josef Tomko, enviado pontificio al V Congreso Misionero Latinoamericano, 19/6/1995.

41

Juan Pablo II, Discurso a la III Asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, 15/10/1993, 4.

42

Ver Juan Pablo II, Homilía en la misa del comienzo solemne de su ministerio de Pastor universal de la Iglesia, 22/10/1978; Discurso ante la Asamblea general de las Naciones Unidas, 5/10/1995, 16-18.
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