Debemos considerar que aunque las relaciones subsistentes en Dios sean las mismas Personas divinas, como dijimos antes, sin embargo, no puede haber en Dios cinco o cuatro personas, seg煤n el n煤mero de las relaciones. El n煤mero, en efecto, determina cierta distinci贸n. Del mismo modo que la unidad es indivisible, as铆 tambi茅n la pluralidad es divisible. Para la pluralidad de personas es necesario que las relaciones tengan un valor distintivo, en raz贸n a la oposici贸n; porque la distinci贸n formal no tiene lugar m谩s que por la oposici贸n. Considerando, pues, dichas relaciones, la paternidad y la filiaci贸n, se ve que tienen entre si una oposici贸n relativa, en virtud de la cual no pueden existir simult谩neamente en el mismo supuesto; y por lo tanto es necesario que la paternidad y la filiaci贸n sean dos personas subsistentes. La inascibilidad es en verdad opuesta a la filiaci贸n, pero no a la paternidad; y esta es la raz贸n por qu茅 la paternidad y la inascibilidad pueden convenir a una misma persona. La espiraci贸n com煤n no se opone tampoco ni a la paternidad, ni a la filiaci贸n, ni a煤n a la inascibilidad, y por lo mismo no hay inconveniente alguno en que la espiraci贸n com煤n se encuentre en la persona del Padre y en la del Hijo. Esta es la raz贸n por que la espiraci贸n com煤n no es una persona subsistente distinta de la persona del Padre y de la del Hijo. La procesi贸n, por el contrario, tiene una oposici贸n relativa a la espiraci贸n com煤n. De aqu铆 resulta que conviniendo al Padre y al Hijo toda espiraci贸n, necesario es que la procesi贸n sea una persona distinta de la persona del Padre y de la del Hijo. De aqu铆 aparece con la mayor claridad, porqu茅 no se dice que hay en Dios cinco personas, en raz贸n al n煤mero cinco de nociones, sino tres personas, en raz贸n a las tres relaciones personales. Las cinco nociones no son por cierto cinco cosas subsistentes; al paso que las tres personas son tres cosas subsistentes. Aun cuando muchas nociones o propiedades puedan convenir a una persona, no hay m谩s que una sola que constituya la persona; porque lo que constituye la persona no es la pluralidad de propiedades, sino la propiedad subsistente y relativa. En efecto, si se concibieran muchas propiedades como distintas y subsistentes por s铆 mismas, habr铆a por lo mismo muchas personas en lugar de una; por consiguiente, es necesario decir que entre muchas propiedades o nociones que convienen a una persona sola, la que procede, seg煤n el orden de la naturaleza, es la que constituye la persona, y las dem谩s son consideradas como inherentes a la persona ya constituida. Es, pues, evidente que la inascibilidad no puede ser la primera noci贸n del Padre que constituye a su persona, ya porque la negaci贸n no constituye nada, ya porque la afirmaci贸n precede naturalmente a la negaci贸n. En cuanto a la espiraci贸n com煤n, presupone en el orden de la naturaleza la paternidad y la filiaci贸n, del mismo modo que la procesi贸n del amor presupone la procesi贸n del Verbo; y de ah铆 resulta que la espiraci贸n com煤n no puede ser la primera noci贸n del Padre, ni del Hijo; y, por consiguiente, que la paternidad es la primera noci贸n del Padre, la filiaci贸n la primera noci贸n del Hijo, y la procesi贸n sola la noci贸n del Esp铆ritu Santo. Queda probado que hay tres nociones que constituyen las personas, la paternidad, la filiaci贸n y la procesi贸n; y que estas tres nociones son necesariamente propiedades. En efecto, lo que constituye la persona s贸lo debe convenir a la persona constituida; porque los principios de individualizaci贸n no pueden convenir a muchos; por esto se da a estas tres nociones el nombre de propiedades personales, como constituyendo tres personas del modo que hemos dicho; y por esto se dice que las dem谩s son propiedades o nociones de personas, pero no personales, supuesto que no constituyen las personas.
De lo dicho antes aparece que, apartando por una abstracci贸n mental las propiedades personales, desaparecen las hip贸stasis: En efecto: separada la forma por medio de la abstracci贸n intelectual, queda el sujeto de la forma, a la manera que, despu茅s de haber separado la blancura, quede la superficie la cual separada permanece la substancia, de la cual removida la forma queda la materia prima; pero destruido el sujeto, ya no queda nada. Es as铆 que las propiedades personales son las mismas personas subsistentes, porque estas propiedades no constituyen las personas como sobreviniendo en supuestos preexistentes; porque lo que en Dios es absoluto, no puede ser distinto, sino s贸lo lo que es relativo; luego necesario es decir que, hecha abstracci贸n mental de las propiedades personales, no quedan ya hip贸stasis distintas, en tanto que separando las nociones no personales quedan siempre hip贸stasis distintas.
Si alguno preguntase si despu茅s de la abstracci贸n mental de las propiedades personales queda la esencia divina, debe respond茅rsele, s铆 en un sentido, y no en otro. En efecto: hay dos clases de abstracciones mentales: una que consiste en abstraer la forma de la materia, procediendo de lo que es m谩s formal a lo que es m谩s material, porque lo que es primer sujeto queda siempre en primer lugar, y la 煤ltima forma es lo primero que se aparta o remueve; otra, que consiste en abstraer lo que es universal de lo que es particular. Esta abstracci贸n se efect煤a en cierto modo en un sentido contrario, porque se apartan primero las condiciones materiales de individualizaci贸n para atenerse s贸lo a lo que es com煤n. Aun cuando en Dios no haya ni materia ni forma, ni universal ni particular, hay en Dios, sin embargo, algo que es com煤n, que es propio y supuesto de la naturaleza com煤n; y sucede as铆 porque las personas son comparadas a la esencia, seg煤n el modo de entender, del mismo modo que los supuestos propios son comparados a la naturaleza com煤n. Luego, seg煤n el primer modo de hacer la abstracci贸n mental, separando las propiedades personales, que son las personas subsistentes, queda destruida la naturaleza com煤n, al paso que haciendo la abstracci贸n por el segundo modo, la naturaleza com煤n existe siempre.
De lo dicho puede colegirse cu谩l es intelectualmente el orden de los actos personales con relaci贸n a las propiedades personales. Las propiedades personales son personas subsistentes. La persona subsistente, cualquiera que sea su naturaleza, obra por la comunicaci贸n de su naturaleza y en virtud de esta misma naturaleza, porque la forma de la especie es el principio de la generaci贸n de un ser semejante en la misma especie. Luego como los actos personales pertenecen a la comunicaci贸n de la naturaleza divina, necesario es que la persona subsistente comunique la naturaleza com煤n en virtud de su misma naturaleza. De aqu铆 pueden deducirse dos conclusiones: primera, que la potencia generativa en el Padre es la misma naturaleza divina; porque el poder de hacer alguna cosa es el principio en virtud del cual se ejerce la acci贸n; segunda, que un acto personal, a saber, la generaci贸n, seg煤n el modo de entender, presupone la naturaleza divina y la propiedad personal del Padre, que es la hip贸stasis misma del Padre, aun cuando esta propiedad, en cuanto que es relaci贸n, proceda del acto. De esto se sigue que si se considera en el Padre la cualidad de persona subsistente, puede decirse que engendra, porque es Padre; y si, por el contrario se considera la relaci贸n, ser谩 necesario decir que es Padre, porque engendra.
Conviene saber que ha de entenderse de distinto modo el orden de la generaci贸n activa por la paternidad, y la generaci贸n pasiva o la natividad con relaci贸n a la filiaci贸n. La generaci贸n activa presupone en el orden de la naturaleza la persona del que engendra, al paso que la generaci贸n pasiva o la natividad precede en el orden de la naturaleza a la persona engendrada, porque 茅sta recibe su existencia de su natividad. Por consiguiente, la generaci贸n activa, seg煤n el modo de entender, presupone la paternidad, en cuanto que es constitutiva de la persona del Padre; por el contrario, la natividad no presupone la filiaci贸n, en cuanto que es constitutiva de la persona del Hijo, pues seg煤n el modo de entender, la precede de uno y otro modo, es decir, en cuanto que es constitutiva de la persona y en cuanto que es relaci贸n. Lo mismo debemos entender de todo lo que pertenece a la procesi贸n del Esp铆ritu Santo.
En el orden que hemos asignado a los actos nocionales y a las propiedades nocionales, no pretendemos establecer que los actos nocionales se diferencien en el fondo de las propiedades personales, sino solamente en cuanto al modo de entender Del mismo modo que la inteligencia de Dios es Dios mismo en el ejercicio activo de su inteligencia, as铆 tambi茅n la generaci贸n del Padre es el Padre que engendra, aun cuando estas cosas est茅n significadas de otra manera. Aunque una persona tenga muchas nociones, no por eso hay en ella composici贸n alguna. En efecto, siendo la inascibilidad una propiedad negativa, no puede producir composici贸n de ninguna clase. Las dos relaciones que existen en la persona del Padre, a saber, la paternidad y la espiraci贸n com煤n, son en el fondo una misma cosa en tanto que son comparadas a la persona del Padre. En efecto as铆 como la paternidad es el Padre, as铆 tambi茅n la espiraci贸n com煤n en el Padre es el Padre, y en el Hijo es el Hijo. Estas relaciones se diferencian por raz贸n de la diversidad de sus conceptos, porque el Padre se refiere al Hijo por medio de la paternidad, y al Esp铆ritu Santo por la espiraci贸n com煤n; y del mismo modo el Hijo se refiere al Padre por la filiaci贸n, y al Esp铆ritu Santo por la espiraci贸n com煤n.
Las propiedades relativas son la misma esencia divina, Las propiedades relativas son las mismas personas subsistentes: es as铆 que en Dios la persona subsistente no puede ser m谩s que la esencia divina: es as铆 que la esencia divina es Dios mismo, como ya hemos demostrado; luego las propiedades relativas son en el fondo lo mismo que la esencia divina. Adem谩s, todo lo que hay en un ser, fuera de su esencia, est谩 en 茅l accidentalmente: es as铆 que en Dios no puede haber accidente alguno; luego las propiedades relativas no son en el fondo diferentes de la esencia divina.
No puede decirse que las propiedades de que hemos hablado est茅n fuera de las personas, y no en las personas, como dijeron los Porretanos. En las cosas sometidas a las relaciones de esta clase, debe haber relaciones reales, como se ve claramente en las criaturas, en las cuales hay relaciones reales, como hay accidentes en los sujetos. Es as铆 que las relaciones que distinguen a las personas divinas son relaciones reales, como dijimos antes; luego es necesario que estas relaciones est茅n en las personas divinas, pero no como accidentes. En efecto: hemos demostrado que aquellas cosas que en las criaturas son accidentes, trasladadas a Dios, dejan de ser accidentes, como la sabidur铆a, la justicia y otras cosas semejantes. Adem谩s de esto, en Dios no puede haber distinci贸n m谩s que por las relaciones, porque las cosas que est谩n designadas de una manera absoluta son comunes; luego si las relaciones est谩n fuera de las personas o son exteriores a ellas, no quedar谩 ninguna distinci贸n entre estas personas. Necesario es, por consiguiente, admitir que las propiedades relativas est谩n en las personas; pero de tal suerte, que son las personas mismas, y aun la misma esencia divina, a la manera que se dice que la sabidur铆a y la bondad en Dios, son Dios mismo y la esencia divina.
Despu茅s de estas consideraciones referentes a la unidad de la esencia divina y a la trinidad de personas, aun nos quedan por examinar los efectos de la divinidad. El primer efecto de Dios en las cosas, es su mismo ser, que suponen todos los dem谩s efectos de que es fundamento. Todo lo que tiene una existencia cualquiera, necesariamente recibe su ser de Dios. En efecto: en todas las cosas ordenadas se encuentra com煤nmente que lo que es primero y perfect铆simo en un orden cualquiera, es causa de lo que es posterior en el mismo orden, como el fuego, que es calid铆simo, es causa del calor en los dem谩s cuerpos c谩lidos. Las cosas imperfectas traen su origen de las cosas perfectas, como las simientes, que proceden de los animales y de las plantas. Antes hemos demostrado que Dios es el primero y el m谩s perfecto de los seres; luego necesario es que sea causa del ser en todo lo que goza del ser. Adem谩s, todo lo que tiene una cualidad por participaci贸n, se refiere a lo que goza de ella por esencia, como al principio y a la causa, a la manera que el hierro encendido tiene la virtud 铆gnea de lo que es fuego por esencia: es as铆 que Dios es su propio ser, como antes se ha probado; luego el ser le conviene por su esencia, en tanto que no conviene m谩s que por participaci贸n a los dem谩s seres. En efecto: no hay ning煤n otro ser cuya esencia sea su propio ser; porque el ser absoluto y subsistente por s铆 mismo debe necesariamente ser 煤nico, como ya queda probado; luego Dios es necesariamente la causa de la existencia de todo lo que es.
Lo dicho anteriormente demuestra que Dios, al crear las cosas, no tiene necesidad de materia para obrar, porque ning煤n agente, antes de obrar, tiene necesidad de lo que produce con su acci贸n, sino solamente de aquello que no puede producir con su misma acci贸n. El arquitecto, para obrar, necesita piedras y maderas, porque no puede producir estos materiales con su acci贸n, al paso que produce la casa con su operaci贸n, pero no la supone preexistente a su obra. Necesario es que la materia sea producida por la acci贸n de Dios, puesto que hemos demostrado que todo lo que de cualquier modo es, tiene a Dios por causa de su existencia. Queda, pues, probado que Dios, al obrar, no supone la materia ya existente. Otra raz贸n: el acto es naturalmente anterior a la potencia, y por esta raz贸n le conviene primariamente la cualidad de principio: es as铆 que todo principio que al crear presupone otro, no posee la cualidad de principio m谩s que de un modo subalterno; luego siendo Dios el principio de todo como acto primo, y la materia como un ser en potencia, inconveniente ser铆a decir que Dios, al crear las cosas, supone la materia existente. Adem谩s, cuanto m谩s universal es una causa, tanto m谩s universal es tambi茅n su efecto, porque las causas particulares aplican los efectos de las causas universales a un objeto determinado; determinaci贸n que es al efecto universal lo que el acto es a la potencia. Toda causa que constituye una cosa en el estado de acto presupuesto, por lo mismo que est谩 en potencia con respecto a este acto, es causa particular relativamente a alguna causa m谩s universal. Es as铆 que esto no conviene a Dios, siendo como es causa prima; luego la materia no es preexistente a su acci贸n, y por consiguiente, a 脡l pertenece el poder hacer que las cosas pasen de la nada al ser, lo cual es crear. Por esta raz贸n el S铆mbolo de la fe cat贸lica le confiesa Creador.
Ded煤cese tambi茅n de lo dicho que la cualidad de Creador conviene solamente a Dios, porque la creaci贸n conviene a la causa que no reconoce otra causa m谩s universal: es as铆 que esto s贸lo pertenece a Dios; luego s贸lo 脡l es Creador. Adem谩s, cuanto m谩s distante del acto est谩 la potencia, tanta m谩s virtud necesita para reducirse a acto: es as铆 que cualquiera que sea la distancia de la potencia al acto, siempre queda mayor distancia si se substrae la misma potencia; luego para crear una cosa de la nada es necesaria una virtud infinita. Dios solo posee una virtud infinita, porque tiene una esencia infinita; luego Dios s贸lo puede ser Creador.
De las premisas anteriores se deduce que la causa de la variedad de las cosas no es la diversidad de la materia. En efecto: hemos demostrado que la acci贸n divina no supone la materia preexistente, supuesto que crea las cosas en su ser propio: es as铆 que la causa de la variedad de las cosas no procede de la materia sino en cuanto la materia es necesaria para la producci贸n de las cosas, a fin de que las formas sean diversas, seg煤n la diversidad do la materia; luego la materia no es la causa de la variedad de las cosas creadas por Dios. Adem谩s, lo que en las cosas constituye el ser, constituye tambi茅n la unidad y la pluralidad, porque cada cosa, en cuanto que es ser, es tambi茅n una: es as铆 que las formas no tienen el ser por causa de la materia, sino m谩s bien las materias por las formas, porque el acto es mejor que la potencia, y por esto una cosa por cuya virtud existe otra, es mejor que esta 煤ltima; luego las formas no son diversas porque convengan a diferentes materias, sino que son diversas las materias en virtud de las diversas formas.
Siendo las cosas respecto de la unidad y de la pluralidad lo mismo que con respecto a su ser, y dependiendo de Dios el ser de todas las cosas, necesario es que la causa de la pluralidad de las cosas proceda de Dios. Veamos de qu茅 manera. Es necesario que todo agente produzca alguna cosa semejante a 茅l, en cuanto es posible; pero como no es posible que las cosas creadas por Dios pudieran asimil谩rsele hasta en la bondad divina en aquella simplicidad con que existe en Dios, claro es que ha sido necesario que lo que es uno y simple fuese representado de un modo diverso y desemejante en las cosas creadas; y necesario ha sido, por consiguiente, que hubiera diversidad en las cosas creadas por Dios, a fin de que la diversidad de las cosas imitase a su manera la perfecci贸n divina. Adem谩s, todo ser que es producto de una causa, es finito, porque s贸lo la esencia divina es infinita: es as铆 que todo ser finito se hace mayor por una adici贸n cualquiera; luego es mejor que la diversidad existiera en las cosas creadas, a fin de que se multiplicasen los seres buenos, que no establecer un solo g茅nero de seres creados. Propio es de lo que es excelente producir obras excelentes; luego conveniente era que Dios produjera la variedad en sus criaturas.
Conveniente era establecer cierto orden en la variedad de las criaturas para que unas fuesen mejores que otras. A la grandeza de la bondad divina pertenec铆a hacer, en cuanto es posible, a los seres creados, participantes de esta bondad. Dios no solamente es bueno en si mismo, sino que aventaja en bondad a todo, y todo lo dirige y atrae hacia su bondad. Para que fuese m谩s perfecta la semejanza de las criaturas con Dios, necesario era que ciertos seres fuesen mejores que otros, a fin de que la acci贸n de unos recayera sobre otros para su perfeccionamiento. La primera variedad de las cosas consiste principalmente en la diversidad de las formas; y la diversidad de las formas est谩 basada en la contrariedad, porque el g茅nero est谩 dividido en diversas especies, con contrarias diferencias. Y como es necesario que haya orden en la contrariedad, porque entre los contrarios hay diversos grados de perfecci贸n, claro es que estableciendo Dios la variedad entre los seres, ha debido poner en ellos cierto orden, haciendo que los unos sean mejores que los otros.
Como una cosa es tanto m谩s noble y perfecta cuanto m谩s se aproxima a la semejanza divina, siendo Dios acto puro sin mezcla de potencia, necesario es que los seres m谩s perfectos sean m谩s en acto y menos en potencia, y que los que son inferiores a ellos sean m谩s en potencia. Veamos c贸mo sucede esto. Como Dios es eterno e inmutable en su ser, los seres m谩s 铆nfimos, como m谩s distantes de la semejanza divina, son aquellos que est谩n sometidos a la generaci贸n y a la corrupci贸n, que existen en un tiempo y no existen en otro; y como el ser sigue la forma de la cosa, existen cuando tienen esta forma, y dejan de existir cuando est谩n privados de ella. Necesario es, por consiguiente, que haya entre ellos alguna cosa que pueda, ya recibir esta forma, ya quedar privada de ella, y esto es a lo que llamamos materia. Los seres menos nobles han de estar por lo mismo compuestos de materia y de forma. Los que est谩n m谩s elevados en la escala de los seres, se aproximan m谩s a la semejanza divina, sin que haya en ellos potencia para ser o no ser, porque mediante la creaci贸n han recibido de Dios el ser inmortal. Siendo la materia, en cuanto materia, la potencia para el ser que resulta de la forma, los seres en que no se encuentra la potencia para el ser o el no ser, no est谩n compuestos de materia y de forma, pues no son m谩s que formas subsistentes en su ser que recibieron de Dios. Es necesario que las substancias de este g茅nero sean incorporales e incorruptibles; porque en todas las cosas corruptibles hay potencia o no ser, lo cual no sucede lo mismo en las otras, como ya hemos dicho; luego son incorruptibles. Adem谩s, ning煤n ser se corrompe sino por la separaci贸n de la forma, porque el ser sigue siempre la forma: es as铆 que siendo formas subsistentes las substancias de este g茅nero, no pueden ser separadas de sus formas, y por lo mismo no pueden perder el ser; luego son incorruptibles.
Entre estas dos clases de substancias hay otras intermediarias, que sin tener potencia para el ser o el no ser, tienen, sin embargo, potencia para la locomoci贸n. Tales son los cuerpos celestes, que no est谩n sometidos a la generaci贸n ni a la corrupci贸n, porque no hay en ellos contrariedades; y sin embargo, son mutables en cuanto al lugar, y en algunos se encuentra materia y movimiento. El movimiento es el acto de un ser existente en potencia. Por consiguiente, estos cuerpos tienen una materia que no est谩 sujeta a la generaci贸n y a la corrupci贸n, sino s贸lo a la locomoci贸n o mutaci贸n de lugar.
Las substancias de que hemos hablado, y que llamamos inmateriales, necesariamente han de ser tambi茅n intelectuales. En efecto: una cosa es intelectual porque est谩 exenta de materia, y puede ser percibida por el modo de entender, pues lo que es inteligible en acto y la inteligencia en acto son una misma cosa. Es evidente que una cosa es inteligible en acto por lo mismo que est谩 separada de la materia, porque no podemos tener un conocimiento intelectual de las cosas materiales m谩s que por la abstracci贸n de la materia. El mismo juicio debemos formar del entendimiento; a saber: que las cosas que son inmateriales deben ser intelectuales. Adem谩s, las substancias inmateriales son los primeros y, los m谩s perfectos entre los seres, porque el acto naturalmente es superior a la potencia. Es as铆 que la inteligencia es superior a todo, porque ella se sirve de las cosas corporales como de instrumentos; luego es necesario que las substancias inmateriales sean intelectuales. Aun podemos dar otra raz贸n. Cuanto m谩s elevados son los seres creados, tanto m谩s se aproximan a la semejanza divina. En efecto: hay ciertos seres que en un grado 铆nfimo participan de la semejanza divina, pero s贸lo en cuanto al ser, como los seres inanimados; otros participan del ser y de la vida, como las plantas; otros en cuanto al sentimiento, como los animales; pero el mejor modo de participar de la semejanza divina es el que se verifica por medio del entendimiento, por el cual nos asimilamos m谩s a Dios. Las criaturas intelectuales son las m谩s perfectas, y por lo mismo que se aproximan m谩s a la semejanza divina se dice que han sido hechas a imagen de Dios.
La inteligencia no obra ni apetece nada sin juicio como los seres inanimados, ni para formar un juicio es arrastrada como los brutos por una fuerza natural, sino en virtud de la elecci贸n y conocimiento propios. La inteligencia conoce el fin, lo que conduce al fin, y las relaciones mutuas de las cosas; y por lo mismo, la inteligencia es la causa de su juicio, juicio que determina en ella la acci贸n o el apetito en consideraci贸n a un fin. Es as铆 que nosotros llamamos libre lo que es causa de s铆; luego la inteligencia en su acci贸n y en sus apetitos procede con libertad de inicio, lo cual es tener libertad de arbitrio; luego las sustancias supremas tienen libre albedr铆o. Adem谩s, es libre lo que no est谩 obligado a alguna cosa determinada: es as铆 que el apetito de una substancia intelectual no est谩 obligado a ning煤n bien determinado, porque sigue la elecci贸n del entendimiento que abraza cl bien de un modo general; luego el apetito de una substancia inteligente es libre, como dirigiendo sus tendencias al bien, cualquiera que sea.
Del mismo modo que estas substancias inteligentes est谩n elevadas ciertos grados sobre otras substancias, as铆 tambi茅n ellas mismas se distinguen entre s铆 por cierta gradaci贸n. Pero no pueden en verdad diferenciarse de una manera material, porque no tienen materia. De aqu铆 se sigue que si en ellas hay pluralidad, esta pluralidad debe ser necesariamente producida por una distinci贸n de forma, que constituye la diversidad de especie. En todas las cosas en que hay variedad de especie debe haber cierto grado y cierto orden, y la raz贸n es que del mismo modo que en los n煤meros la adici贸n o la sustracci贸n de una unidad cambia la especie, del mismo modo tambi茅n las cosas naturales son de especie diferente por la adici贸n o la sustracci贸n de las diferencias. Por esto sucede que lo que solamente es animado se diferencia de lo que es animado y sensible; y lo que es animado y sensible, de lo que es animado, sensible y racional. Necesario es, por consiguiente, que dichas substancias inmateriales se distingan por la diferencia de 贸rdenes y grados.
Supuesto que el modo de operaci贸n est谩 en relaci贸n con el modo de la substancia de una cosa, necesario es que aquellas substancias que son superiores a las dem谩s gocen de un poder intelectual m谩s noble, teniendo como tienen formas intelectuales y virtudes m谩s universales y concentradas, y que las que son inferiores tengan una virtud intelectual inferior, formas m谩s multiplicadas y menos universales.
Como la progresi贸n infinita no es posible en los seres, del mismo modo que en estas substancias puede llegarse a una, la m谩s elevada de todas que se aproxime m谩s a Dios, as铆 tambi茅n puede descenderse al 煤ltimo grado de la escala, llegando a una que se aproxime m谩s a la materia corporal. En el hombre debemos reconocer una inteligencia superior a la de los dem谩s animales, porque es evidente que el hombre s贸lo considera la universalidad, las relaciones de las cosas y las cosas inmateriales, que s贸lo son percibidas por la inteligencia. La inteligencia no puede ser un acto ejercido por un 贸rgano corporal, como la visi贸n es ejercida por el ojo. En efecto: es necesario que todo instrumento de la potencia cognoscitiva o del conocimiento, carezca del g茅nero de las cosas que es conocido por su medio, a la manera que la pupila carece por su propia naturaleza de color. Los colores no son conocidos sino en cuanto las especies de colores son recibidas en la pupila, porque el objeto que recibe debe estar vac铆o de aquello que recibe. La inteligencia, sin embargo, es susceptible de conocer todas las naturalezas sensibles. Si este conocimiento se obrara por un 贸rgano corporal, ser铆a preciso que este 贸rgano estuviese libre y desembarazado de toda naturaleza sensible, y esto no puede ser. Adem谩s, toda virtud cognoscitiva, o de conocimiento, opera el conocimiento o le ejerce de la manera con que la especie del objeto conocido est谩 en ella, porque esta especie es para ella el principio del conocimiento: es as铆 que el entendimiento conoce inmaterialmente las cosas mismas que por su naturaleza son materiales, abstrayendo la forma universal de las condiciones materiales que producen la individualizaci贸n; luego es imposible que la especie de una cosa conocida est茅 materialmente en el entendimiento; luego esta especie de la cosa conocida no es recibida en un 贸rgano corporal, porque todo 贸rgano corporal es material; Lo mismo puede probarse considerando que los sentidos se debilitan, alteran o corrompen por la acci贸n de las cosas sensibles de m谩s intensidad, como el o铆do por los sonidos estrepitosos, la vista por el excesivo esplendor de los objetos; y as铆 sucede, porque se destruye la armon铆a del 贸rgano. La inteligencia, por el contrario, se robustece m谩s y adquiere m谩s vigor cuanto mayor es la excelencia de las cosas intelectuales, porque el que comprende las cosas intelectuales m谩s elevadas, con m谩s raz贸n y facilidad comprende las dem谩s. Ahora bien: supuesto que el hombre es inteligente, y que la inteligencia no ejerce su acci贸n en el hombre por un 贸rgano corporal, necesario es que sea una substancia incorporal la que produzca en 茅l la acci贸n intelectual; porque lo que por si puede obrar sin el auxilio del cuerpo, en nada depende del cuerpo en cuanto a su substancia. En efecto: todas las virtudes y formas que no pueden subsistir por s铆 mismas sin el cuerpo, tampoco pueden ejercer su acci贸n sin el auxilio del cuerpo; as铆 es que el calor no calienta por s铆 mismo, sino el cuerpo por medio del calor. Luego la substancia incorporal, con cuyo auxilio el hombre ejerce las operaciones de su inteligencia, ocupa el 煤ltimo grado en el g茅nero de las substancias intelectuales, y se aproxima mucho a la materia.
Como el ser intelectual es superior al ser sensible, as铆 como el entendimiento es superior a los sentidos, y por esta raz贸n los seres inferiores de la manera que pueden imitan a los superiores; como los cuerpos sujetos a la generaci贸n y a la corrupci贸n imitan, en cierto modo, la circulaci贸n de los cuerpos celestes, necesario es que las cosas sensibles se asimilen a su manera a las cosas intelectuales, y que por medio de esta asimilaci贸n podamos llegar al conocimiento de las cosas intelectuales. En las cosas sensibles hay alguna cosa suprema, que es el acto, a saber, la forma, alguna cosa 铆nfima, que es la potencia o la materia, y alguna cosa media, a saber, el compuesto de materia y de forma. Esto mismo debemos considerar en el ser intelectual porque la inteligencia suprema, que es Dios, es un acto puro. Entre las substancias intelectuales, hay algunas que tienen alguna cosa de acto y de potencia, seg煤n el ser intelectual; y, por el contrario, la m谩s 铆nfima de las substancias intelectuales, por cuyo medio el hombre ejerce la inteligencia, no est谩 m谩s que como en potencia en el ser intelectual. La prueba de esto es que el hombre en el principio no es inteligente m谩s que en potencia, y despu茅s, poco a poco, llega a serlo en acto; y he ah铆 por qu茅 se llama entendimiento posible a lo que produce la inteligencia en el hombre.
Como ya hemos visto que cuanto m谩s elevada es una substancia intelectual tanto m谩s universales son las formas intelectuales que recibe, claro es que el entendimiento humano, que hemos llamado posible, tiene entre las substancias intelectuales formas menos universales, y por eso recibe las formas intelectuales de las cosas sensibles. Aun puede darse otra raz贸n de esto. Una forma debe ser proporcionada al objeto que la recibe; luego as铆 como el entendimiento humano posible es el que entre las substancias intelectuales est谩 m谩s pr贸ximo a la materia corporal, necesario es que sus formas inteligibles est茅n m谩s cerca de las cosas materiales.
Debemos considerar que en las cosas corporales las formas son particulares y tienen un ser material 7: en el entendimiento, por el contrario, son universales e inmateriales, como lo demuestra el modo de entender. En efecto: la inteligencia concibe las cosas de una manera universal e inmaterial: es as铆 que el modo de entender debe ser proporcionado a las especies intelectuales por cuyo medio entendemos; luego puesto que nadie llega de un extremo a otro sino por el medio, necesario es que las formas de las cosas corporales lleguen al entendimiento por un medio cualquiera. Este medio son las potencias sensitivas, que reciben las formas de las cosas materiales sin el auxilio de la materia, a la manera que la especie de la piedra se produce en el ojo, pero no la materia. Estas formas de las cosas son, sin embargo, recibidas por las potencias sensitivas de un modo particular; porque no podemos conocer m谩s que cosas particulares por medio de las potencias sensitivas. Necesario ha sido, por consiguiente, que el hombre, por lo mismo que es un ser inteligente, estuviese dotado de sentidos; prueba de esto es que el que carece de un sentido est谩 privado del conocimiento de las cosas sensibles que se comprenden por medio de aquel sentido, como sucede, por ejemplo, con el ciego que no puede tener idea de los colores.
De lo que acabamos de decir se deduce claramente que el conocimiento de las cosas en nuestra inteligencia no es producido por la participaci贸n o influencia de algunas formas intelectivas en acto y subsistentes por s铆 mismas, como han supuesto los plat贸nicos y otros secuaces suyos, sino que el entendimiento adquiere dicho conocimiento por las cosas sensibles y con el auxilio de los sentidos. Pero como en las potencias sensitivas las formas de las cosas son particulares, seg煤n se dijo ya, no son inteligibles en acto, sino solamente en potencia. En efecto: el entendimiento no concibe m谩s que las cosas universales, y lo que est谩 en potencia no se reduce al acto m谩s que por un agente cualquiera. Es, pues, necesario que haya alg煤n agente que haga inteligibles en acto las especies coexistentes en las potencias sensitivas; es as铆 que el entendimiento posible no puede hacer esto, porque est谩 m谩s bien en potencia, con respecto a las cosas intelectuales, que como agente de estas mismas cosas; luego es necesario suponer otro entendimiento, que haga inteligibles en acto las especies que no lo son m谩s que en potencia, del mismo modo que la luz hace visibles en acto los colores que lo eran en potencia. A este entendimiento es al que llamamos activo o agente, entendimiento que no habr铆a necesidad de suponer si las formas de las cosas fuesen inteligibles en acto, como creyeron los plat贸nicos Para concebir necesitamos, por consiguiente primero, un entendimiento posible, que reciba las especies inteligibles; y, segundo, un entendimiento activo, que haga las cosas inteligibles en acto. Cuando el entendimiento posible est谩 perfeccionado por las especies inteligibles, recibe el nombre de entendimiento in habitu, o habitual, como poseyendo ya las especies inteligibles, de modo que pueda hacer uso de ellas a su voluntad, y ocupando cierto medio entre la potencia pura y el acto completo. Cuando el entendimiento abarca en un acto completo las especies de que acabamos de hablar, recibe el nombre de entendimiento en acto. As铆, pues, concibe las cosas en acto cuando la especie de una cosa ha llegado a ser la forma del entendimiento posible. Por esta raz贸n se dice que el entendimiento en acto es la cosa concebida in actu.
De las anteriores premisas se deduce que el entendimiento, por cuyo medio concibe el hombre, debe ser incorruptible. Cada cosa obra de una manera conforme a su ser: es as铆 que el entendimiento tiene una acci贸n extra帽a a todo lo que es corporal, seg煤n antes hemos demostrado, y de lo que se deduce que obra por si mismo; luego es una substancia subsistente en su ser: antes hemos probado tambi茅n: que las substancias intelectuales son incorruptibles; luego el entendimiento, por cuyo medio concibe el hombre, es incorruptible. Adem谩s, la materia es el sujeto propio de la generaci贸n y, de la corrupci贸n. Las cosas est谩n m谩s o menos sujetas a la corrupci贸n, cuanto m谩s o menos distantes est谩n de la materia; porque las cosas que est谩n compuestas de materia y de forma, son por s铆 mismas corruptibles, al paso que las formas materiales son corruptibles por accidente 8, y no por s铆 mismas; y las formas inmateriales que est谩n fuera de las proporciones de la materia, son enteramente incorruptibles. Es as铆 que el entendimiento, por su naturaleza, se eleva enteramente sobre la materia, como lo demuestran sus operaciones, porque, en efecto, nada comprendemos sino mediante la abstracci贸n que hacernos de la materia; luego el entendimiento es por su naturaleza incorruptible. Otra raz贸n. La corrupci贸n no puede existir sin contrariedad, por que nada se corrompe m谩s que por su contrario, en virtud de lo cual, los cuerpos celestes, en que no existe contrariedad, son incorruptibles: es as铆 que la contrariedad est谩 muy distante de la naturaleza del entendimiento, en tanto cuanto que las cosas que son contrarias en s铆 no lo son en el entendimiento, porque no hay m谩s que una sola raz贸n inteligible de los contrarios supuesto que una cosa se comprende por otra; luego es imposible que el entendimiento sea corruptible.
Quiz谩 habr谩 alguno que diga que ciertamente es incorruptible el entendimiento, pero que es uno en todos los hombres, y que lo que queda despu茅s de la corrupci贸n de todos los hombres, no puede ser, por consiguiente, m谩s que uno. Que el entendimiento es uno s贸lo en todos los hombres, puede demostrarse de muchos modos. Primero, habida consideraci贸n a la parte inteligible, porque si en m铆 hay un entendimiento y en ti otro, preciso ser谩 que haya en m铆 una especie inteligible y otra en ti, y, por consiguiente, un modo de entender para m铆 y otro para ti. La intenci贸n intelectual se multiplicar谩 por lo mismo seg煤n el n煤mero de los individuos, y ser谩 individual, pero no universal. De aqu铆 parece deducirse que la intenci贸n intelectual no es inteligible en acto, sino s贸lo en potencia, porque las intenciones individuales son inteligibles en potencia y no en acto. Adem谩s, como la inteligencia es una substancia subsistente en su ser, seg煤n se ha probado, y como las substancias intelectuales no son num茅ricamente, muchas en una sola especie, seg煤n tambi茅n se ha probado, se sigue que, si en m铆 hay un entendimiento y en ti otro, num茅ricamente, hay tambi茅n otro en la especie, y por lo mismo t煤 y yo no somos de una misma especie. Otra raz贸n: comunicando todos los individuos en la naturaleza de la especie, es necesario suponer algo extra帽o a la naturaleza de la especie, en virtud de lo cual se distingan unos individuos de otros. Si en todos los hombres hay un solo entendimiento en cuanto a la especie, y muchos en cuanto al n煤mero, necesario es suponer alguna cosa que num茅ricamente distinga a un entendimiento de otro. Esta cosa no puede ser algo que pertenezca a la substancia del entendimiento, porque el entendimiento no est谩 compuesto de materia y de forma; luego toda diferencia que pudiera admitirse relativamente a lo que es de la substancia del entendimiento, es una diferencia formal que diversifica la especie. R茅stanos decir que por lo mismo el entendimiento de un hombre no puede ser num茅ricamente distinto del de otro hombre m谩s que por la diversidad de los cuerpos, y, por consiguiente, despu茅s de la corrupci贸n de los cuerpos, parece que no quedar谩n muchos entendimientos, sino uno s贸lo. Que esto es imposible, aparece con la mayor evidencia. Para demostrar esta imposibilidad, debemos proceder como se procede con los que niegan los principios, esto es, fijando uno que absolutamente no pueda ser negado. Supongamos que un hombre cualquiera, por ejemplo, Sortes o Plat贸n, comprende lo que nuestro adversario no podr铆a negar sin conocer que era necesario negar. Con su negaci贸n afirma esta verdad, porque afirmar y negar es propio de un ser que comprende. Si este hombre comprende, necesariamente lo que comprende formalmente es su forma, porque no hace nada que no sea conforme a lo que 茅l es en acto; luego aquello por lo cual obra un agente es su acto como el calor por el cual un cuerpo se calienta es su acto, luego tambi茅n 茅l entendimiento, por el cual comprende el hombre, es la forma de este hombre y de la misma condici贸n que 茅l. Es imposible que una forma num茅ricamente id茅ntica pertenezca a muchos seres num茅ricamente diferentes; porque pertenecer num茅ricamente a diversos seres, no es conservar su identidad, en atenci贸n a que cada cosa recibe su ser de su forma; luego es imposible que el entendimiento, por cuyo medio comprende el hombre, sea uno en todos. Conociendo algunos la fuerza de esta raz贸n, han procurado buscar un medio de evadirla, y dicen que el entendimiento posible de que hemos hablado recibe las especies inteligibles, por medio de las cuales est谩 constituido en acto; que las especies inteligibles est谩n en cierto modo en la imaginaci贸n, y que mientras que una especie inteligible est谩 en el entendimiento posible y en nuestra imaginaci贸n, el entendimiento posible se contin煤a entre tanto, y se une a nosotros de tal manera, que podamos comprender por su medio. Esta respuesta carece de valor. Primero, porque una especie inteligible, en tanto que est谩 en la imaginaci贸n, s贸lo es comprendida en potencia; y en acto, en tanto que est谩 en el entendimiento posible: es as铆 que en tanto que est谩 en el entendimiento posible no est谩 en la imaginaci贸n, sino abstra铆da de la imaginaci贸n; luego no queda ninguna uni贸n del entendimiento posible con nosotros. Segundo: aun concediendo que hubiera alguna uni贸n, esta uni贸n no ser铆a bastante para hacernos inteligentes. En efecto: de que la especie de un objeto est茅 en el entendimiento, no se sigue que este objeto se comprenda a s铆 mismo, sino que sea comprendido; porque una piedra no comprende, a煤n cuando su especie est茅 en el entendimiento posible. De que las especies de la imaginaci贸n que est谩n en nosotros est茅n en el entendimiento posible, no se sigue tampoco que nosotros seamos inteligentes, sino m谩s bien que seamos entendidos, o, por mejor decir, las im谩genes que est谩n en nosotros. Esto es m谩s evidente considerando la comparaci贸n que hace Arist贸teles en el cap. III Del Alma, donde dice 鈥渜ue el entendimiento es con respecto a la imaginaci贸n lo que la vista a los colores鈥. En efecto: porque las especies de colores que existen en la pared est茅n en la vista, no hemos de decir que la pared tiene facultad de ver, sino la propiedad de ser vista. De que las especies de nuestra imaginaci贸n se produzcan en el entendimiento, no se ha de deducir tampoco que nosotros seamos inteligentes, sino que seamos comprendidos. Adem谩s, si formalmente entendemos por medio del entendimiento, necesario es que la acci贸n intelectual del entendimiento sea la inteligencia del hombre, a la manera que es una misma la acci贸n c谩lida del fuego y del calor. Luego si el entendimiento es num茅ricamente el mismo en ti y en m铆, necesariamente se signe que con respecto al mismo objeto inteligible, la inteligencia o acto de entender en m铆 y en ti es id茅nticamente una misma cosa; como, por ejemplo, cuando Concebimos simult谩neamente una misma cosa, lo cual es imposible, porque la acci贸n u operaci贸n de dos agentes diversos no puede ser num茅ricamente una e id茅ntica. Es, por consiguiente imposible que el entendimiento sea uno en todos los hombres. De aqu铆 se sigue que si el entendimiento es incorruptible, como hemos demostrado, despu茅s de la corrupci贸n quedar谩n tantos entendimientos como hombres. F谩cil es resolver las objeciones que se hagan en contrario. La primera raz贸n es defectuosa por muchos conceptos en primer lugar, Concedemos que el objeto del entendimiento es el mismo en todos los hombres; pero el objeto del entendimiento no es una especie inteligible, sino el ser mismo de la cosa (quidditas rei); porque todos los conocimientos intelectuales no abrazan las especies intelectuales, sino que tienen por objeto la naturaleza de las cosas, a la manera que el objeto de la vista es el color, y no la especie del color que est谩 en el ojo. Aun cuando los entendimientos sean diferentes en los diferentes hombres, no hay, sin embargo, m谩s que un solo objeto concebido por todos, como no hay m谩s que un objeto colorado para todos los que lo ven. En segundo lugar, no es necesario que una cosa individual sea comprendida en potencia y no en acto, pero esto es verdadero solamente en aquellas cosas que est谩n individualizadas por la materia; y la raz贸n es, que lo que es comprendido en acto debe ser inmaterial. Por esto las substancias inmateriales, aun cuando sean individuos existentes por s铆 mismos, son sin embargo concebidas en acto; por esto las especies inteligibles que son inmateriales, aunque num茅ricamente sean diferentes en ti y en m铆, no por eso pierden su cualidad de ser inteligibles en acto, en atenci贸n a que el entendimiento, que por su medio concibe su objeto, se refleja sobre s铆 mismo, comprendiendo su acci贸n intelectual y la especie por cuyo medio comprende.
Debemos considerar tambi茅n que si se admite un solo entendimiento para todos los hombres, la dificultad es la misma, porque aun queda una multitud de entendimientos, habiendo como hay muchas substancias inteligentes separadas, y se seguir铆a, seg煤n su modo de sentir, que los objetos de la inteligencia ser铆an num茅ricamente diferentes, y por consiguiente individuales, y no concebidos en acto primo. Es por consiguiente claro como la luz, que si este raciocinio fuese s贸lido, destruir铆a simplemente la pluralidad de entendimientos, y esto no solamente en los hombres. Resulta, pues, que esta conclusi贸n es falsa, y que el raciocinio no tiene fuerza. El segundo raciocinio queda destruido con la misma facilidad, considerando la diferencia que existe entre el alma intelectual y las substancias separadas. En efecto: el alma intelectual, por la naturaleza de su especie, tiene la propiedad de estar unida a un cuerpo como su forma, y en virtud de esto, el cuerpo entra en la definici贸n del alma; raz贸n por la que, por causa de su aptitud para diversos cuerpos, las almas son num茅ricamente diferentes, lo cual no sucede as铆 en las substancias separadas. Esto nos revela el modo de resolver la cuesti贸n. El alma intelectual, por la naturaleza de su especie, no tiene un cuerpo como parte de s铆 misma, sino aptitud para estar unida a este cuerpo; de donde resulta que, por lo mismo que es capaz de estar unida a diversos cuerpos, es num茅ricamente diferente; y lo mismo sucede en las almas despu茅s de la destrucci贸n de los cuerpos. Las almas son, pues, capaces de estar unidas a diferentes cuerpos, aun cuando no unidas en acto.
Ha habido fil贸sofos que, aunque conced铆an que el entendimiento posible es diverso en los hombres, sosten铆an, sin embargo, que el entendimiento activo era uno respecto de todos. Esta opini贸n, aunque m谩s tolerable que la primera, puede ser refutada con las mismas razones. En efecto: la acci贸n del entendimiento posible es recibir las. cosas concebidas y comprenderlas; y la acci贸n del entendimiento activo es poner en acto las cosas concebidas por medio de la abstracci贸n: es as铆 que una y otra cosa convienen a un hombre cualquiera, porque tal hombre determinado, sea Sortes o Plat贸n, recibe los objetos de la concepci贸n, los abstrae y comprende la abstracci贸n; luego es necesario que tanto el entendimiento activo como pasivo, se unan a este hombre como forma, siendo indispensable, por lo mismo, que uno y otro entendimiento sea m煤ltiple en n煤mero, seg煤n el n煤mero de los hombres. Adem谩s, el ser pasivo y el ser activo deben ser proporcionados entre s铆, como lo son la materia y la forma, porque la materia es puesta en acto por el agente; y por eso sucede que a cada potencia pasiva corresponde una potencia activa de su g茅nero, en raz贸n a que el acto y la potencia son de un mismo g茅nero: es as铆 que el entendimiento activo es comparado al entendimiento posible, como la potencia activa a la potencia pasiva, seg煤n aparece de lo ya dicho; luego es necesario que el uno y el otro sean de un mismo g茅nero. No estando el entendimiento posible separado de nosotros en cuanto al ser, sino unido a nosotros como forma, y siendo m煤ltiple, seg煤n la multitud de los hombres, necesario es tambi茅n que el entendimiento activo sea alguna cosa que est茅 formalmente unida a nosotros, y que sea m煤ltiple, seg煤n el n煤mero de hombres.
Estando unidos formalmente a nosotros el entendimiento activo y el entendimiento posible, necesario es afirmar que est谩n unidos en la misma esencia del alma. En efecto: todo lo que formalmente se une a otra cosa, se une a ella, o por modo de forma substancial, o por modo de forma accidental: luego si el entendimiento posible y el entendimiento activo est谩n unidos al hombre por modo de forma substancial, no teniendo cada cosa m谩s que una sola forma substancial, necesario es decir que el entendimiento posible y el entendimiento activo est谩n unidos en una misma esencia de forma, que es el alma. Si, por el contrario, est谩n unidos al hombre por modo de forma accidental, es evidente que ni el uno ni el otro pueden ser accidentales al cuerpo. De que sus operaciones se ejercen sin el auxilio de un 贸rgano corporal, como antes se dijo, se signe que el uno y el otro es accidental al alma: es as铆 que en el hombre no hay m谩s que una alma; luego el entendimiento activo y el entendimiento posible, han de estar unidos en una misma esencia del alma. Adem谩s, toda acci贸n propia de una especie procede de los principios consiguientes a la forma que da la especie: es as铆 que la inteligencia es una operaci贸n propia de la especie humana; luego el entendimiento activo y el entendimiento posible que son los principios de esta operaci贸n, son consiguientes al alma humana, de la cual el hombre recibe su especie. No se crea por esto que son consiguientes a ella, o la siguen, como procediendo de ella en el cuerpo, porque, como se dijo antes, esta operaci贸n se efect煤a sin 贸rgano corporal, y como la acci贸n pertenece a aquel que tiene la potencia, se sigue que el entendimiento posible y el entendimiento activo est谩n unidos en una misma esencia del alma.
R茅stanos examinar c贸mo puede verificarse esto, porque hay en ello alguna dificultad. El entendimiento posible est谩 en potencia con respecto a todas las cosas intelectuales. El entendimiento activo hace inteligibles en acto las cosas inteligibles en potencia, y por lo mismo es necesario que sea comparado a ellas, como el acto a la potencia: pero como no parece posible que una cosa, respecto de s铆 misma, est茅 a la vez en acto y en potencia, imposible parece que el entendimiento posible y el entendimiento activo est茅n unidos en la misma esencia del alma. Esta dificultad se resuelve f谩cilmente, considerando de qu茅 modo el entendimiento posible est谩 en potencia respecto a las cosas inteligibles, y de qu茅 modo el entendimiento activo las constituye en acto. El entendimiento posible est谩 en potencia, con respecto a las cosas inteligibles, en cuanto que no hay en su naturaleza ninguna forma determinada de las cosas sensibles, como, por ejemplo, la pupila, que est谩 en potencia con respecto a todos los colores. Por consiguiente, en tanto que las im谩genes abstractas de las cosas sensibles son semejanzas de las cosas sensibles determinadas, en tanto son comparadas al entendimiento posible, corno el acto a la potencia. Sin embargo, las im谩genes est谩n en potencia con relaci贸n a alguna cosa que el alma inteligente tiene en acto, a saber, el ser abstra铆do de las condiciones materiales. En cuanto a esto, el alma inteligente es comparada a s铆 misma como el acto a la potencia. No repugna, en verdad, que una cosa est茅 en acto con relaci贸n a s铆 misma, y en potencia bajo diversos conceptos, porque en virtud de esto sucede que los cuerpos naturales son activos y pasivos, los unos respecto de los otros, porque cada una de estas dos disposiciones est谩 en potencia con relaci贸n a la otra. No hay, por consiguiente, repugnancia alguna en que la misma alma inteligente est茅 en potencia con respecto a todas las cosas inteligibles, en cuanto que se la supone un entendimiento posible; ni tampoco hay inconveniente en que sea comparada como al acto, en cuanto que se admite en ella un entendimiento activo. Todo esto aparecer谩 con m谩s claridad, considerando el modo con que el entendimiento constituye en acto las cosas inteligibles. El entendimiento activo no constituye en acto las cosa inteligibles como si emanaran de 茅l mismo en el entendimiento posible, porque si as铆 fuera no tendr铆amos necesidad de im谩genes ni de sentidos para comprender: el entendimiento activo constituye en acto las cosas inteligibles abstray茅ndolas de las im谩genes, a la manera que la luz constituye en cierto modo los colores en acto, no como si la luz los tuviera en s铆 misma, sino en cuanto la luz los hace visibles. Por consiguiente, es necesario admitir que hay un alma inteligente que carece de la naturaleza de las cosas sensibles; que puede recibirlas de una manera intelectual, y que constituye las im谩genes inteligibles en acto, abstrayendo de ellas las especies inteligibles. De aqu铆 resulta que la potencia, en cuanto que recibe las especies inteligibles, es llamada entendimiento posible, y que esta misma potencia, en cuanto que abstrae de la im谩genes las especies inteligibles, es llamada entendimiento activo, el cual es una luz intelectual que se comunica al alma inteligente, como sucede respecto de las substancias intelectuales superiores.
No solamente el entendimiento posible y el entendimiento activo son los que est谩n unidos en una misma esencia del alma; lo est谩n tambi茅n todas las dem谩s potencias que son principios de las operaciones del alma. Todas estas potencias tienen su ra铆z en cierto modo en el alma; unas, como las potencias de la parte vegetativa y sensitiva, est谩n en el alma como en su principio, y en el objeto en que se efect煤a su uni贸n como en un sujeto, porque sus operaciones pertenecen al conjunto y no s贸lo al alma, en raz贸n a que lo que tiene la acci贸n, tiene la potencia otras, est谩n en el alma como en su principio y en su sujeto, porque sus operaciones son operaciones del alma sin el auxilio de ning煤n 贸rgano corporal. Tales son las potencias de la parte intelectual. Es as铆 que no es posible que haya muchas almas en un hombre luego es necesario que todas las potencias del alma pertenezcan a la misma alma.
Esta verdad se prueba as铆. El alma es la forma substancial del ser que tiene su alma, en raz贸n a que por medio del alma est谩 constituido en un g茅nero animado y en tina especie. Es imposible que una misma cosa tenga muchas formas substanciales, porque la forma substancial se diferencia de la accidental en que da el ser pura y simplemente, al paso que la forma accidental se produce en el ser ya constituido como tal, determinando en 茅l la cualidad, la cantidad o el modo de ser. Si una sola cosa tiene muchas formas substanciales, o la primera es la que le da el ser, o no; en este 煤ltimo caso no es una forma substancial, y en el otro caso es necesario considerar a todas las dem谩s formas como accidentales al ser ya constituido. Luego todas las formas que sobrevengan despu茅s de ]a primera, son accidentales, y no substanciales. As铆 aparece claramente que una misma cosa no puede tener muchas formas substanciales, y por consiguiente, es imposible que haya muchas almas en un mismo cuerpo. Adem谩s, el hombre es llamado ser viviente, por raz贸n del alma vegetativa; animal, por raz贸n del alma sensitiva, y hombre, por raz贸n del alma inteligente. Si hay tres almas en el hombre, a saber, la vegetativa, la sensitiva y la racional, se sigue que el hombre recibe su g茅nero de un alma, y su especie de otra: es as铆 que esto es imposible, porque no resultar铆a del g茅nero y de la diferencia una unidad simple, sino una unidad por accidente, o una especie de agregaci贸n, como la m煤sica y la blancura, que juntas no constituyen una unidad simple; luego no puede haber en el hombre m谩s que una sola alma.
La verdad consignada en el cap铆tulo anterior tiene algunos adversarios. En primer lugar, la diferencia es comparada al g茅nero, como la forma a la materia: es as铆 que lo animal es el g茅nero del hombre, y lo racional su diferencia constitutiva; luego siendo el animal un cuerpo animado de un alma sensitiva, parece que un cuerpo animado por una alma sensitiva est谩 en potencia con respecto al alma racional, y por lo mismo, el alma racional ser谩 un alma diferente del alma sensitiva. Adem谩s de esto, el entendimiento no tiene 贸rgano corporal: es as铆 que las potencias sensitivas y nutritivas tienen un 贸rgano corporal; luego parece imposible que la misma alma sea a la vez inteligente y sensitiva, porque una misma cosa no puede estar a la vez separada y no separada. Otra raz贸n. El alma racional es incorruptible, seg煤n se demostr贸 ya: es as铆 que el alma vegetativa y el alma sensitiva est谩n sujetas a la corrupci贸n porque son actos de 贸rganos corruptibles; luego el alma vegetativa, sensitiva y racional no es una misma, supuesto que es imposible que una misma cosa sea a la vez corruptible e incorruptible. Adem谩s, en la generaci贸n del hombre aparece la vida producida por el alma vegetativa, antes de que el feto haya recibido la forma de animal por medio de los sentidos y el movimiento, existiendo el animal con el movimiento y los sentidos antes de tener entendimiento. Si es la misma alma que da la vida al feto, primero haci茅ndole vivir con la vida de la planta, despu茅s con la vida de animal, y por 煤ltimo con la vida de hombre, se seguir铆a que las almas vegetativa, sensitiva y racional proceden de un principio externo, y se seguir铆a tambi茅n que el alma inteligente tendr铆a por principio la virtud seminal. Estas dos hip贸tesis son inadmisibles, porque las operaciones del alma vegetativa y del alma sensitiva no pueden efectuarse sin el cuerpo, ni sus principios pueden existir sin el cuerpo: es as铆 que las operaciones del alma inteligente existen sin el cuerpo; luego parece imposible que su causa proceda de alguna virtud corporal, y por consiguiente, parece tambi茅n imposible que la misma alma sea a la vez vegetativa, sensitiva y racional.
Para resolver estas dudas debemos considerar que as铆 como en los n煤meros las especies se diferencian por la adici贸n de la una a la otra, as铆 tambi茅n en las cosas materiales una especie aventaja a otra en perfecci贸n; porque todas las perfecciones que existen en los cuerpos inanimados se encuentran en las plantas y otros seres. Todo lo que tienen las plantas, lo tienen los animales, y alguna cosa mas; y as铆 puede procederse hasta llegar al hombre, que es el ser m谩s perfecto de todas las criaturas corp贸reas. Todo lo que es imperfecto, es como la materia respecto de una cosa m谩s perfecta; y as铆 se ve m谩s claramente en los diversos 贸rdenes de las criaturas, porque los elementos son la materia de los cuerpos que constan de partes semejantes: estos cuerpos son a su vez materiales respecto de los animales, y la misma observaci贸n puede hacerse en un solo y mismo objeto. En efecto: en las cosas naturales, lo que ha llegado al m谩s alto grado de perfecci贸n, posee, en virtud de su forma, las perfecciones que convienen a la naturaleza inferior, y adem谩s, por medio de la misma forma, posee aquella parte de perfecci贸n que recibe por incremento, a la manera que la planta recibe de su alma su cualidad de substancia corporal y de cuerpo animado. El animal, en virtud de su alma, goza de todas estas cualidades, y adem谩s, de la sensibilidad; y el hombre, adem谩s de todo esto, recibe de su alma la inteligencia. Si consideramos en una cosa lo que pertenece a la perfecci贸n del grado inferior, veremos que esto ser谩 material con respecto a lo que pertenece a la perfecci贸n del grado superior; por ejemplo, en el animal lo que tiene la vida de la planta, ser谩 en cierto modo material, con respecto a lo que pertenece a la vida sensitiva, que es propia del animal. El g茅nero no es la materia, porque no puede ser aplicado a todo, sino a alguna cosa procedente de la materia. En efecto; la denominaci贸n de una cosa es el g茅nero de la misma cosa, porque hay algo que es material en ella, y del mismo modo se toma la diferencia de la forma. Por esta raz贸n cuerpo viviente o animado, es el g茅nero del animal; y sensible, la diferencia constitutiva; del mismo modo animal es el g茅nero del hombre, y racional su diferencia constitutiva. Por lo mismo que la forma del grado superior tiene todas las perfecciones del grado inferior, no hay en una cosa dos formas, una que constituya el g茅nero y otra la diferencia, sino una sola, de la que se deduce el g茅nero, en cuanto que dicha forma posee ]as perfecciones del grado inferior, deduci茅ndose de ella tambi茅n la diferencia, en cuanto que posee las del grado superior. De lo dicho se deduce que aunque animal sea el g茅nero del hombre, y racional su diferencia constitutiva, no es, sin embargo, necesario que haya en el hombre una alma sensitiva y otra alma intelectual, como afirman los que hacen la primera objeci贸n. Estas mismas razones sirven para resolver la objeci贸n segunda. En efecto: hemos dicho que la forma de la especie superior comprende en s铆 todas las perfecciones de los grados inferiores.
Debemos considerar que cuanto m谩s elevada est谩 una especie material, tanto menos est谩 sujeta a la materia y, por consiguiente, cuanto m谩s noble es una forma, tanto m谩s elevada est谩 sobre la materia. De aqu铆 se sigue que el alma humana, que es la m谩s noble de las formas materiales, llega al m谩s alto grado de elevaci贸n, ejerciendo, como ejerce, operaciones sin comunicaci贸n de la materia corporal. Pero como esta alma comprende las perfecciones de los grados inferiores, tiene otras operaciones, en virtud de las cuales est谩 en comunicaci贸n con la materia corporal. Es as铆 que la operaci贸n procede de una cosa seg煤n su virtud; luego el alma humana tiene fuerzas o potencias, que son los principios de las operaciones, que se ejercen por medio del cuerpo, y es necesario que sean actos de algunas partes del cuerpo. A este g茅nero pertenecen las potencias de la parte vegetativa y sensitiva. El alma tiene tambi茅n potencias, que son los principios de las operaciones que se ejercen sin el cuerpo: tales son las potencias de la parte intelectual, que no son actos de 贸rgano alguno. En virtud de esto, el entendimiento, tanto posible como activo, se llama separado, porque ni uno ni otro tienen 贸rganos de que se deriven sus actos, como la vista y el o铆do, los cuales actos residen solamente en el alma, que es la forma del cuerpo. Porque el entendimiento se llame separado y no tenga 贸rgano corporal, lo cual no sucede en los sentidos, no hemos de decir que haya en el hombre un alma inteligente y otra sensitiva: de esto se deduce tambi茅n claramente que no estamos obligados a suponer en el hombre un alma inteligente y otra sensitiva, porque el alma sensitiva es corruptible, y la inteligente no lo es, en raz贸n a que la incorruptibilidad conviene a la parte inteligente, en cuanto est谩 separada. Como en la misma esencia del alma residen potencias, unas que est谩n separadas, como hemos dicho, y otras que no lo est谩n, no hay inconveniente en que algunas potencias del alma perezcan con el cuerpo, y que las otras permanezcan incorruptibles. Lo dicho anteriormente sirve para resolver la cuarta objeci贸n. En efecto: todo movimiento natural pasa poco a poco de la imperfecci贸n a la perfecci贸n, lo que sucede de un modo distinto en la alteraci贸n y en la generaci贸n. La misma cualidad recibe m谩s y menos, y, por consiguiente, la alteraci贸n, que es el movimiento en la cualidad, siendo una y continua de la potencia al acto, procede de lo imperfecto a lo perfecto. Por el contrario, la forma substancial no recibe m谩s y menos; porque el ser substancial de cada cosa est谩 constituido de una manera indivisible. Por esto la generaci贸n natural no procede de una manera continua por una serie de modificaciones de lo imperfecto a lo perfecto, sino que es necesario que haya una generaci贸n y una corrupci贸n nueva para cada grado de perfecci贸n 9. En la generaci贸n del hombre el feto vive primero con la vida de la planta por el alma vegetativa. Despu茅s, quedando destruida esta forma por la corrupci贸n, adquiere por otra generaci贸n una alma sensitiva, y vive con la vida animal; y destruy茅ndose, en fin, esta alma por una nueva corrupci贸n, recibe la 煤ltima y completa forma, que es el alma racional, abrazando todas las perfecciones de las formas precedentes.
Esta forma 煤ltima y completa, a saber, el alma racional, no recibe el ser de la virtud que existe en el semen, sino de un agente superior, porque la virtud que est谩 en el semen es la virtud de un cuerpo cualquiera. En efecto; el alma racional aventaja a toda naturaleza y naturaleza y virtud corporal, supuesto que ning煤n cuerpo puede llegar a su operaci贸n intelectual. Como nada hace fuera de su especie, porque el agente es m谩s noble que el que es pasivo, y el ser que produce m谩s noble tambi茅n que el ser producido, es imposible que la virtud de un cuerpo cualquiera produzca el alma racional, y por lo mismo lo es tambi茅n que la produzca la virtud que est谩 en el semen. Adem谩s, siempre que una cosa recibe nuevo ser, es necesario que sea nuevamente formada, porque quien tiene el ser tiene la forma, y ninguna cosa es hecha m谩s que para que sea. Las cosas, pues, que tienen el ser en s铆 mismas, como las cosas subsistentes, les conviene ser hechas por s铆 mismas; lo contrario sucede en las cosas accidentales y en las formas materiales, las cuales no tienen el ser por si mismas: es as铆 que el alma racional posee el ser en s铆 misma, porque tiene una operaci贸n propia, seg煤n se dijo antes; luego el alma racional debe ser producida de una manera propia. Como esta alma no est谩 compuesta de materia y de forma, claro es que no puede recibir el ser sino por la creaci贸n: es as铆 que el poder de crear compete s贸lo a Dios; luego Dios es el 煤nico que da el ser al alma racional. Hay adem谩s de estas razones una raz贸n natural. En las artes mutuamente combinadas, el arte supremo da la 煤ltima forma, y las artes inferiores preparan la materia para esta 煤ltima forma: es as铆 que el alma racional es la forma 煤ltima y m谩s perfecta que puede recibir la materia de las cosas sujetas a la generaci贸n y a la corrupci贸n; luego los agentes naturales en los grados inferiores son las causas de las disposiciones primarias, y Dios, que es el agente supremo, es el autor de la forma 煤ltima, que es el alma racional.
Conviene, sin embargo, no creer que el alma racional est谩 sacada de la substancia de Dios, como err贸neamente han cre铆do algunos. En efecto: hemos demostrado que Dios es simple e indivisible; luego Dios no une el alma racional al cuerpo, como por una separaci贸n de su propia substancia. Tambi茅n hemos probado antes que es imposible que Dios sea forma de un cuerpo: es as铆 que el alma racional est谩 unida al cuerpo como forma; luego no ha sido sacada de la substancia de Dios. Hemos probado, por 煤ltimo, tambi茅n que Dios no es mudable ni por s铆 ni por accidente, y lo contrario sucede en el alma racional, porque se muda o mueve, pasando de la ignorancia a la ciencia, y del vicio a la virtud; luego el alma no est谩 sacada de la substancia de Dios.
De lo antes dicho debe deducirse que las cosas que no pueden recibir el ser m谩s que por la creaci贸n, vienen inmediatamente de Dios. Es evidente que los cuerpos celestes s贸lo pueden recibir el ser por la creaci贸n, porque no puede decirse que han sido hechos de una materia preexistente. Si as铆 fuera, estar铆an sujetos a la generaci贸n, a la corrupci贸n y a la contrariedad, cosas que no les convienen, como lo demuestra su movimiento. Este movimiento es circular: es as铆 que el movimiento circular no tiene contrario; luego los cuerpos celestes han recibido el ser inmediatamente de Dios. Adem谩s, los elementos completos en s铆 mismos no han sido hechos de una materia preexistente, porque lo que fuera preexistente tendr铆a una forma cualquiera, y as铆 ser铆a necesario que cuerpos diferentes de los elementos fuesen anteriores a ellos en el orden de la causa material. Si la materia preexistente a los elementos tuviera otra forma, preciso seria que uno de los elementos fuese anterior a los dem谩s en el mismo orden, si la forma preexistente ten铆a la forma de elemento. Los elementos, pues, han sido producidos inmediatamente por Dios. Aun es mucho m谩s imposible que las sustancias incorporales e invisibles hayan sido creadas por otro ser distinto de Dios, porque todas estas substancias son inmateriales. La materia no puede existir sin estar sujeta a dimensi贸n; dimensi贸n que hace sea divisible, y como es imposible que dichas substancias tengan por causa una materia preexistente, necesario es afirmar que han recibido el ser de Dios. Esta es la raz贸n por qu茅 la fe cat贸lica proclama a Dios Creador del cielo y de la tierra, de los cosas visibles e invisibles.
Lo que antes hemos dicho prueba que Dios da el ser, no por una necesidad de su naturaleza, sino por un acto de su voluntad. En efecto: un agente natural no puede producir inmediatamente m谩s que una cosa, al paso que un agente voluntario puede producir muchas, y la raz贸n de esto es que todo agente obra por la forma. Es as铆 que la forma natural, en cuya virtud obra un agente natural, no es forma m谩s que de una cosa es as铆 que las formas intelectuales; en cuya virtud obra un agente voluntario, son m煤ltiples; luego produciendo Dios inmediatamente una multitud de cosas, seg煤n hemos demostrado antes, es evidente que Dios comunica el ser por un acto de su voluntad, y no por una necesidad de su naturaleza. Adem谩s, el agente que obra por la inteligencia y la voluntad, es anterior en el orden de los agentes al que obra por una necesidad de su naturaleza; porque el agente voluntario se propone un fin: es as铆 que sin duda alguna, como resulta de lo antes dicho, Dios es el primer agente; luego Dios obra voluntariamente y no por una necesidad de su naturaleza. Antes hemos demostrado tambi茅n que Dios posee un poder infinito, y que por consiguiente no est谩 determinado hacia tal o tal efecto, sino que los abarca todos de una manera indeterminada. Lo que as铆 es indeterminado con respecto a todos los efectos, es determinado para producir uno por el deseo o por la determinaci贸n de la voluntad, como un hombre que puede andar o no andar, y anda cuando quiere. Necesario es, pues, que los efectos procedan de Dios, seg煤n la determinaci贸n de su voluntad, y que esto sea as铆, no por una necesidad de su naturaleza, sino por un acto libre de su voluntad. Esta es la raz贸n por qu茅 la fe cat贸lica, no s贸lo llama a Dios Criador, sino tambi茅n Hacedor, porque hacer es un acto propio del art铆fice que obra voluntariamente. Todo agente voluntario obra por la concepci贸n de su entendimiento, llamada, su verbo. Y como el Verbo de Dios es el Hijo, por eso la fe cat贸lica hablando del Hijo confiesa que todo ha sido hecho por 脡l.
Por lo mismo que Dios da el ser a las cosas por un acto de su voluntad, es evidente que, sin experimentar mutaci贸n, puede dar la existencia a nuevos seres. Entre el agente natural y el agente voluntario, hay esta diferencia: el agente natural obra del mismo modo mientras tiene el mismo modo de ser, porque sus efectos son de la misma naturaleza que 茅l, y el agente voluntario, por el contrario, produce lo que quiere. Puede suceder que, sin experimentar cambio alguno, el agente voluntario quiera obrar ahora, no habiendo querido obrar antes. Nada impide que sin cambio alguno tenga voluntad para obrar despu茅s, aun cuando no obre en la actualidad, y, por consiguiente, puede suceder que Dios, sin experimentar en s铆 mutaci贸n, y aun cuando sea eterno, no haya producido las cosas ab eterno.
Si Dios por su voluntad eterna e inmutable puede producir un efecto nuevo, parece necesario que a este efecto nuevo preceda alg煤n movimiento. La voluntad no retarda lo que quiere hacer, sino en virtud de alguna cosa que existe en la actualidad y que deja de existir despu茅s, o por alguna cosa que no existe y que se espera que exista en el porvenir. Por ejemplo, el hombre en el est铆o tiene voluntad de vestirse con cierto traje que ahora no quiere tomar, sino m谩s tarde, porque ahora hace calor, y cesar谩 Cuando vuelva el invierno; luego si Dios quiso ab eterno crear cierto efecto, y no le produjo ab eterno, parece que esper贸 alguna cosa que hab铆a de sobrevenir y que no exist铆a a煤n, o esper贸 a que desapareciera alguna cosa existente: es as铆 que estas dos hip贸tesis son imposibles sin el movimiento; luego parece que un efecto cualquiera no podr铆a ser producido en el porvenir por una voluntad precedente sin alg煤n movimiento anterior, y por lo mismo, si la voluntad de Dios decret贸 la creaci贸n ab eterno, sin realizarla ab eterno, necesario es que el movimiento la precediera, y al mismo tiempo, por consiguiente, las cosas m贸viles; y si estas cosas m贸viles han sido creadas por Dios, y no ab eterno, necesario es tambi茅n que hayan preexistido otros movimientos y otras cosas movibles en una progresi贸n infinita.
Esta objeci贸n se disuelve f谩cilmente considerando la diferencia que existe entre un agente universal y un agente particular. El agente particular tiene una acci贸n proporcionada a la regla y a la medida que el agente universal estableci贸 antes. As铆 se ve en las cosas del orden civil. El legislador propone una ley que debe ser la regla y la medida que ha de presidir a los juicios y a que ha de atenerse un juez particular. El tiempo es la medida de las acciones que se hacen en el tiempo; y por eso vemos que el agente particular tiene una acci贸n proporcionada al tiempo, a saber: que obre ahora y no m谩s tarde, en virtud de una raz贸n determinada; por el contrario, el agente universal, que es Dios, ha establecido esta medida, que es el tiempo, y lo ha hecho seg煤n su libre voluntad. El tiempo es, pues, una de las cosas creadas por Dios. Como cada cosa posee en cantidad y en medida aquello que plugo a la voluntad divina darle, y como el tiempo tiene la cantidad que a Dios plugo concederle, el tiempo y las cosas que existen en el tiempo empezar铆an a existir desde que a Dios pluguiera. La objeci贸n presente procede del agente que presupone el tiempo y obra en el tiempo, pero que no instituy贸 el tiempo. La pregunta que se hace cuando se dice: 驴Por qu茅 la voluntad eterna de Dios crea ahora una cosa y no m谩s tarde? Supone el tiempo preexistente, porque lo presente y lo anterior son partes del tiempo. Con respecto a la creaci贸n universal de las cosas, entre las que debe contarse el tiempo, no es necesario preguntar por qu茅 ahora y no despu茅s, sino por qu茅 ha sido dada al tiempo esta medida dependiente de la voluntad divina, a la cual es indiferente asignar al tiempo esta o la otra cantidad, pudiendo el tiempo ser considerado seg煤n la cantidad y dimensi贸n del mundo. En efecto: no se pregunta por qu茅 Dios constituy贸 el mundo corporal en tal lugar y no en otro lugar superior o inferior, o en una posici贸n diferente; porque fuera del mundo no hay lugar. Fue un acto de la voluntad de Dios haber dado al mundo una cantidad tal, que ninguna parte de este mundo estuviese fuera de este lugar en cualquier posici贸n diferente que fuese. Aun cuando el tiempo no haya existido antes del mundo, y aun cuando no haya lugar fuera del mundo, usamos de este modo de hablar, como cuando decimos que antes de que el mundo existiera no hab铆a nada m谩s que Dios, y que fuera del mundo no hay cuerpo alguno, no comprendiendo en estas palabras antes y fuera otro tiempo u otro lugar m谩s que un tiempo y un lugar puramente imaginarios.
Parece que si no tuvo lugar ab aeterno la creaci贸n de las cosas, es necesario que la materia existiera ab aeterno. Todo lo que llega a ser despu茅s de no ser, pasa del no ser al ser por una mutaci贸n de estado. Si las cosas creadas, por ejemplo, el cielo, la tierra y otros seres, no han existido ab aeterno, sino que empezaron a ser dejando de no ser, necesario es decir que han pasado por mutaci贸n del no ser al ser. Toda mutaci贸n o movimiento tiene un sujeto cualquiera. En efecto: el movimiento es el acto del ser que existe en potencia; el sujeto de la mutaci贸n, en virtud de la cual una cosa recibe el ser, no es la misma cosa producida, es el fin del movimiento, y el fin y el sujeto del movimiento no son una misma cosa, sino que el sujeto de esta mutaci贸n es aquello en virtud de lo cual la cosa es producida; es aquello que llamamos materia. Si las cosas creadas han recibido el ser dejando el no ser, preciso es que la materia haya sido preexistente. Si esta materia ha sido creada despu茅s de no haber sido existente, claro es que ha debido tener otra materia precedente: es as铆 que no puede haber en esto una progresi贸n infinita; luego necesario es llegar a una materia eterna que no haya sido producida despu茅s de no haber sido. Adem谩s, si el mundo empez贸 a ser despu茅s de no ser, antes de que existiera, o era posible que el mundo fuera o fuese hecho o no lo era. Si no era posible que el mundo fuera o fuese hecho por la misma raz贸n era imposible que el mundo fuera o fuese hecho; porque lo que no puede ser hecho, necesariamente no es hecho; luego el mundo no ha sido hecho. Siendo esto evidentemente falso, necesario es decir que si el mundo empez贸 a ser despu茅s de no ser, era posible que antes de ser pudiera ser. En efecto: hab铆a en potencia alguna tosa susceptible de que el mundo pudiera ser y fuera hecho. Lo que est谩 en potencia con relaci贸n a la creaci贸n o al ser de una cosa, es a la materia de esta cosa lo que la madera con relaci贸n al esca帽o. Parece, pues, necesario que la materia existiera siempre, aun cuando el mundo no haya existido siempre. Pero como antes hemos demostrado que la materia misma no procede m谩s que de Dios, por la misma raz贸n la fe cat贸lica no llama ni eterna a la materia ni eterno al mundo. Es necesario expresar en las cosas la causalidad divina, de tal suerte, que los seres producidos por Dios empezar谩n a ser despu茅s de no ser, lo cual demuestra claramente que lo que existe no recibe el ser de s铆, sino de un autor eterno. Ninguno de estos raciocinios nos convence de la eternidad de la materia, porque la producci贸n universal de los seres no es propiamente una mutaci贸n. En efecto: en ninguna mutaci贸n es producido el sujeto de la mutaci贸n por la mutaci贸n misma; porque, como ya dijimos, el sujeto y el fin de la mutaci贸n no son una misma y 煤nica cosa.
Como la producci贸n universal de las cosas hechas por Dios, a que llamamos creaci贸n, se extiende a todo lo que est谩 en estado de ser, esta producci贸n no puede ser considerada como una mutaci贸n propiamente dicha, aun cuando las cosas creadas empiecen a ser despu茅s de no ser. Ser despu茅s de no ser, no basta para constituir una verdadera mutaci贸n, a menos que se suponga que el sujeto est茅 ahora en estado de privaci贸n, y despu茅s en estado de forma. Estos dos estados se encuentran, uno despu茅s de otro, en las cosas en que no hay propiamente ni movimiento ni mutaci贸n, como cuando decimos que del d铆a se hace la noche. Resulta, pues, que aun cuando el mundo empezara a ser despu茅s de no ser, no ha sido necesario que esto sucediera as铆 por una mutaci贸n cualquiera, sino por la creaci贸n, que no es una mutaci贸n verdadera, sino cierta relaci贸n de la cosa creada, dependiente en su ser de su Criador, respecto del no ser precedente. En toda mutaci贸n debe haber alguna cosa id茅ntica, cambiando de modo de ser, que est茅 primero bajo una forma y despu茅s bajo otra. Esto no se encuentra en realidad en la creaci贸n, sino m谩s bien en la imaginaci贸n, como cuando nos representamos una sola y 煤nica cosa como no existente antes y existente despu茅s. S贸lo as铆, y en virtud de cierta analog铆a, puede llamarse mutaci贸n a la creaci贸n. La segunda objeci贸n es tan d茅bil como la primera. Aun cuando pueda decirse con verdad que antes de que el mundo existiera, era posible que existiera, o que fuese hecho, no puede sin embargo, decirse que esto sea as铆 en virtud de cierta potencia. Se llama posible en el lenguaje com煤n lo que significa cierto modo de verdad, a saber: lo que ni es necesario ni imposible. Este g茅nero de posibilidad no es llamado as铆 en virtud de cierta potencia como ense帽a el Fil贸sofo, en el libro VII de su Metaf铆sica. Si se dice que, seg煤n cierta potencia, era posible que el mundo existiera, no por eso se ha de afirmar que hab铆a de ser as铆 en virtud de una potencia pasiva, sino de una potencia activa, de tal suerte, que cuando se dice que era posible que el mundo fuese antes de que existiera, ha de ser entendido bien que es en el sentido de que Dios ha podido llamar al mundo al ser, antes de que en realidad le diese el ser. De todo resulta que no hay necesidad de suponer a la materia preexistente a la creaci贸n. En consecuencia de esto, la fe cat贸lica nada admite coeterno a Dios, y por lo mismo le proclama: Creador y Hacedor de todas las cosas visibles e invisibles.
Hemos demostrado antes que Dios ha creado los seres, no por una necesidad de su naturaleza, sino por un acto de su inteligencia y de su voluntad. Obrando de este modo en todo, en todo se propone un fin, porque el fin es el principio de toda inteligencia en estado de operaci贸n; por consiguiente, todas las cosas que han sido creadas por Dios, lo han sido en consideraci贸n a un fin. Adem谩s, la creaci贸n de los seres hecha por Dios, ha sido hecha de una manera excelente: es as铆 que es mucho mejor que una- cosa sea hecha en consideraci贸n a un fin, que sin fin alguno, porque el fin es el que da a las cosas su cualidad de buenas; luego estos seres creados por Dios han sido creados para un fin. As铆 sucede tambi茅n en las operaciones de la naturaleza, en todas las cuales hay un fin: es as铆 que ser铆a contrario a raz贸n decir que hay m谩s orden en las operaciones de la naturaleza que en la creaci贸n de esta misma naturaleza hecha por el primer agente, siendo as铆 que todo el orden de la naturaleza se deriva del primer agente; luego todas las cosas creadas por Dios han sido creadas para un fin.
En efecto: el fin 煤ltimo de las cosas hechas por la voluntad de alg煤n agente, es aquello que este agente quiso desde luego y por s铆 mismo, y en virtud de lo cual hace todo lo que hace: es as铆 que el primer objeto de volici贸n de la voluntad divina es su misma bondad, como ya queda probado; luego la bondad divina es el fin de las cosas creadas. Adem谩s, la forma es el fin de la generaci贸n de cada cosa engendrada; y la generaci贸n cesa cuando ya se ha recibido esta forma. En efecto: todo ser producido, o por el arte, o por la naturaleza, en cierto modo se asimila en su forma el agente, porque todo agente produce alguna cosa semejante a s铆, en cierta manera: as铆 sucede que la cosa que existe materialmente procede de la cosa que existe en la mente del arquitecto.
En el orden de la naturaleza el hombre engendra al hombre, y aun cuando sucediera que un ser hecho o engendrado en el orden natural no fuera semejante al que le produce en cuanto a su especie, tendr铆a sin embargo, con sus autores la semejanza de lo imperfecto a lo perfecto. De aqu铆 resulta que el ser producido no se asimila al que le produce en cuanto a su especie, porque no puede llegar a tener una semejanza perfecta con 茅l, sino que participa de esta semejanza en cierto modo y de una manera imperfecta, como los animales y las plantas, que son engendrados por la virtud del sol. En todo lo que es producido, el fin de la generaci贸n o de la perfecci贸n es la forma del ser productor o generador, y la adquisici贸n de su semejanza: es as铆 que la forma del primer agente, a saber, Dios, no es otra que su bondad; luego todo lo que ha sido hecho, lo ha sido para que se asimile a la bondad divina.
De lo anteriormente dicho se deduce la raz贸n de la diversidad y de la distinci贸n en las cosas. Como es imposible representar perfectamente la bondad divina por la distancia que separa a Dios de cada criatura, necesario ha sido representar esta bondad por medio de muchos seres, a fin de que lo que a uno falta fuese suplido por el otro. En las conclusiones silog铆sticas, cuando la conclusi贸n no est谩 suficientemente demostrada por un solo medio, deben multiplicarse los medios Para demostrar mejor la conclusi贸n, como sucede en los silogismos dial茅cticos. No toda la universalidad de las criaturas representa perfectamente y de una manera adecuada la perfecci贸n divina; la representa seg煤n la perfecci贸n posible de la criatura. Adem谩s, lo que se encuentra simplemente y en estado de unidad en la causa universal, se encuentra en los efectos de una manera m煤ltiple y distinta. En efecto: una cosa existe de un modo m谩s perfecto en la causa que en los efectos: es as铆 que la bondad divina una y simple es el principio y el origen de toda la bondad que se encuentra en las criaturas; luego necesario es que las criaturas se asimilen a la bondad divina, como lo que es m煤ltiple y distinto se asimila a lo que es uno y simple. La multiplicidad y la distinci贸n entre las cosas no es un efecto de la casualidad, como tampoco lo es su producci贸n, sino que en una y otra hay un fin, porque la unidad, la multiplicidad y el ser de las cosas proceden del mismo principio. No es tampoco la materia la causa de la distinci贸n de las cosas, porque la primera constituci贸n de las cosas se obra por la creaci贸n, y la creaci贸n no tiene necesidad de la materia. Podemos tambi茅n decir que las cosas que provienen de la necesidad de la materia, parece que son casuales. Podemos agregar, por otra parte, que la multiplicidad no es producida en las cosas por el orden de los agentes medios, de modo que no haya podido resultar inmediatamente de un ser simple m谩s que un solo ser, distante, sin embargo, del primero en simplicidad, y que adem谩s la multiplicidad haya podido proceder de 茅ste, y as铆 progresivamente, siendo la multiplicaci贸n tanto m谩s grande, cuanto m谩s se aleja del primer ser simple, como han sostenido algunos fil贸sofos. Ya hemos probado que hay muchas cosas que no han podido llegar al ser m谩s que por la creaci贸n, que pertenece s贸lo a Dios, y por consiguiente debemos afirmar que Dios ha creado inmediatamente muchos seres. Es tambi茅n evidente que, seg煤n esta aserci贸n, la multiplicidad y la distinci贸n de las cosas ser铆a casual, como si no hubiera estado en la intenci贸n del primer agente.
La multiplicidad y la distinci贸n de las cosas ha sido concebida e instituida por la inteligencia divina, a fin de que la bondad divina estuviese representada con diversidad por las cosas creadas, y 茅stas, en su diversidad, participasen de ella en diferentes grados; de tal suerte, que de esta diversidad ordinaria de los seres resultase en la naturaleza una belleza que fuese como una manifestaci贸n de la sabidur铆a divina.
La bondad divina no es solamente el fin de la constituci贸n de todas las cosas, sino que es necesario que lo sea de toda operaci贸n y movimiento de toda criatura. Cada cosa obra de una manera conforme a su naturaleza, como lo que es c谩lido tiene la propiedad de calentar: es as铆 que cada cosa creada posee en su forma cierta semejanza con la bondad divina; luego cada acci贸n y todo movimiento de una criatura cualquiera est谩 ordenado a la bondad divina como a su fin. Adem谩s, todo movimiento y operaci贸n de una cosa cualquiera parece que propende a alguna cosa perfecta: es as铆 que todo lo que es perfecto tiene la cualidad de bueno, porque la perfecci贸n de una cosa es su bondad; luego todo movimiento y acci贸n de una cosa cualquiera tiende al bien, y como todo bien, cualquiera que sea, es una especie de imagen del bien Sumo, a la manera que todo ser es imagen del primer ser, necesario es afirmar, por consiguiente, que el movimiento y la acci贸n de cualquier cosa tiende a asimilarse a la bondad divina. Adem谩s, si hay muchos agentes constitu铆dos en un orden cualquiera, necesario es que las acciones y los movimientos de todos estos agentes est茅n ordenados al bien del primer agente, como al fin 煤ltimo.
Como los agentes inferiores son movidos por un agente superior, y como todo motor imprime su movimiento en consideraci贸n a un fin propio, las acciones y los movimientos de los agentes inferiores tienden al fin del primer agente, a la manera que en un ej茅rcito las acciones de todos los cuerpos convergen a un fin 煤ltimo, la victoria, que es el fin del general. Antes hemos demostrado que el primer motor y agente es Dios, y que su fin no es otra cosa que su bondad; luego necesario es que todas las acciones y movimientos de las criaturas, sean las que fueren, tengan por fin la bondad divina, no para causarla y producirla, sino para adquir铆rsela o apropi谩rsela a su manera, participando en cierto modo de su semejanza. Las cosas creadas adquieren de diferentes modos y por sus operaciones la semejanza de la bondad divina, as铆 como la representan de diferentes maneras en su ser, porque cada cosa obra seg煤n su naturaleza. Como todas las criaturas tienen la propiedad com煤n de representar a la bondad divina por su existencia, tienen igualmente de com煤n el adquirir por sus operaciones la similitud divina en la conservaci贸n de su ser y en la comunicaci贸n de este ser a otro ser. En efecto: cada criatura en sus operaciones se esfuerza para conservarse en su estado perfecto en lo que es posible, y en ello tiende a su manera a asimilarse a la perpetuidad divina. En segundo lugar, cada criatura, por su operaci贸n, se esfuerza por comunicar a otra su ser perfecto, seg煤n su modo de acci贸n, y por este medio tiende a asimilarse a la causalidad divina. La criatura racional, empero, tiende por su operaci贸n a asimilarse a la divinidad de una manera m谩s perfecta que las dem谩s criaturas, por lo mismo que tiene sobre las otras un ser m谩s noble. En efecto: el ser de las criaturas, estando, como lo est谩, limitado por la materia, es finito, de suerte que no tiene la infinidad ni en acto ni en potencia; pero todo criatura racional posee la infinidad o en acto o en potencia, en cuanto que el entendimiento contiene en s铆 las cosas inteligibles.
Consecuencia de esto es que en nosotros la naturaleza intelectual, considerada en su ser primario, est谩 en potencia con relaci贸n a las cosas que son de su competencia intelectual, las cuales siendo infinitas tienen cierta infinidad en potencia, de aqu铆 se sigue que el entendimiento es la especie de las especies, porque no tiene solamente una especie determinada para una cosa sola, como la piedra, sino una especie capaz de recibir a todas las dem谩s especies. En Dios la naturaleza intelectual es infinita en acto, teniendo como tiene anteriormente en s铆 la perfecci贸n de todo ser. Las dem谩s criaturas intelectuales tienen, por el contrario, cierto medio entre la potencia y el acto, y por consiguiente la criatura intelectual por su acci贸n tiende a la semejanza divina, no s贸lo con el fin de conservar su ser o de multiplicar su ser, comunic谩ndole a otro de cierta manera, sino con el fin de tener en s铆 en acto lo que por su naturaleza tiene en potencia. Por consiguiente, el fin de la criatura intelectual, fin a que tiende en sus operaciones, es constituir completamente a su entendimiento en acto, con relaci贸n a todas las cosas inteligibles que tiene en potencia, y por este medio se asimilar谩 mucho a Dios.
Las cosas est谩n en potencia de dos modos: primero, naturalmente, respecto de las cosas que pueden ser reducidas a acto por un agente natural; segundo, respecto de las cosas que no pueden ser reducidas a acto por un agente natural, sino por otro agente que aparece en verdad en las cosas corporales. En efecto: en que el ni帽o proceda del hombre o el animal del semen, hay potencia natural; pero en que de un pedazo de madera se haga un banco, o en que de un hombre ciego se haga uno con vista, no hay potencia natural. Esto mismo sucede con respecto a nuestro entendimiento. Efectivamente: nuestro entendimiento est谩 en potencia natural respecto de ciertas cosas inteligibles que pueden ser reducidas a acto por el entendimiento activo, que es un principio innato en nosotros, y que nos hace inteligentes en acto. Es, empero, imposible que nosotros lleguemos a nuestro 煤ltimo fin, s贸lo porque nuestro entendimiento sea as铆 reducido a acto, porque la virtud del entendimiento activo consiste en hacer inteligibles en acto las im谩genes inteligibles en potencia, seg煤n ya se ha demostrado: es as铆 que las im谩genes nos son trasmitidas por los sentidos; luego nuestro entendimiento es reducido a acto por el entendimiento activo, respecto solamente de las cosas inteligibles, cuyo conocimiento no podemos adquirir por los sentidos. Es, pues, imposible que el fin 煤ltimo del hombre consista en semejante conocimiento, porque una vez conseguido el fin 煤ltimo, el deseo natural est谩 satisfecho. Sean las que fueren las conquistas intelectuales que se hicieran en esta clase de conocimientos que adquirimos por los sentidos, siempre subsiste el deseo natural de conocer cosas nuevas. En efecto: hay muchas cosas fuera del alcance de los sentidos, y sobre las cuales no podemos tener por medio de ellos m谩s que nociones muy limitadas, como saber el hecho de su existencia y no la naturaleza de su ser; y esto es as铆, porque el modo y la naturaleza de ser de las cosas inmateriales son de otro g茅nero que en las cosas sensibles, y las exceden hasta tal punto, que apenas puede ponerse l铆mites a la proporci贸n. Entre las mismas cosas sujetas al alcance de los sentidos, hay muchas cuya naturaleza no podemos conocer de una manera cierta; en unas no la conocemos de modo alguno; en otras d茅bilmente, y de ah铆 se sigue que siempre existe el deseo natural de conocerlas m谩s perfectamente: es as铆 que no puede ser vano un deseo natural; luego si nosotros alcanzamos nuestro 煤ltimo fin, consiste en que nuestro entendimiento est谩 constituido en acto por alg煤n agente m谩s elevado que el que participa de nuestra naturaleza, el cual satisface el deseo natural que tenemos de saber.
Este deseo es tal, que cuando conocemos el efecto, deseamos conocer la causa, y cuando conocemos los detalles de cada cosa, no estamos satisfechos hasta que conocemos su esencia. El deseo natural que tenemos de saber no puede estar satisfecho en nosotros sin que conozcamos la primera causa, no de una manera cualquiera, sino por su esencia: es as铆 que Dios es la primera causa; luego el fin 煤ltimo del hombre es ver a Dios en su esencia.
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