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Andr茅s Card贸 Franco, La educaci贸n cat贸lica ante el nuevo milenio
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La educaci贸n cat贸lica ante el nuevo milenio

驴Hacia d贸nde se dirige el mundo a fines del siglo XX y ad portas del tercer milenio? 驴C贸mo vemos la situaci贸n de la educaci贸n frente a los cambios que se vienen produciendo? 驴Qu茅 desaf铆os confronta la educaci贸n cat贸lica?, son interrogantes que se entrelazan y que aspiro responder en lo posible teniendo como objetivo final contribuir a que la educaci贸n cat贸lica, como misi贸n eclesial, pueda continuar perfeccion谩ndose en el cumplimiento del encargo recibido del Se帽or Jes煤s: 芦Id y ense帽ad a todas las gentes anunci谩ndoles el mensaje de salvaci贸n...禄 (Mc 16,15).

脡poca de cambios en el mundo

Con sentido prof茅tico el Concilio Vaticano II expresaba: 芦El g茅nero humano, admirado de sus propios descubrimientos y de su propio poder, se formula con frecuencia preguntas angustiosas sobre la evoluci贸n presente del mundo, sobre el puesto y la misi贸n del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos, sobre el destino 煤ltimo de las cosas y de la humanidad... El g茅nero humano se halla hoy en un per铆odo nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero... Como ocurre en toda crisis de crecimiento 鈥攑rosigue el Concilio鈥�, esta transformaci贸n trae consigo no leves dificultades. As铆, mientras el hombre ampl铆a extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio... Jam谩s el g茅nero humano tuvo a su disposici贸n tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder econ贸mico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir... El esp铆ritu cient铆fico modifica profundamente el ambiente cultural y las maneras de pensar. La t茅cnica con sus avances est谩 transformando la faz de la tierra e intenta la conquista de los espacios interplanetarios禄1.

El mundo est谩 siendo testigo no s贸lo de esta aceleraci贸n sin precedentes en el progreso de la ciencia y la tecnolog铆a, que hace m谩s de tres d茅cadas los padres conciliares expresaron en la Gaudium et spes, sino que adem谩s se aprecia un r谩pido descenso en la fe en la idea del progreso. No se puede ignorar el poder de la ciencia y la tecnolog铆a, pero lo que ya preocupa es la posibilidad de aplicarlas a la mejora de la vida humana. Es que la ciencia no s贸lo tiene usos palpables, sino tambi茅n abusos costosos.

El cambio se presenta con gran rapidez en todas las esferas de la actividad. La ca铆da de barreras de todo tipo, la mundializaci贸n de las actividades econ贸micas y culturales, las inimaginables posibilidades de comunicaci贸n que cada d铆a se hacen realidad, nos ofrecen la interacci贸n universal hacia un mundo desconocido y fascinante. Todo esto se presenta en el escenario llamado globalizaci贸n.

Globalizaci贸n 芦quiere decir que el mundo es uno y unificador y que es m谩s lo com煤n que lo diferente, m谩s profundos los v铆nculos que las barreras y los fosos. Indica que todos estamos embarcados en la misma nave, somos poseedores de las mismas ra铆ces, herederos y art铆fices de la misma historia y sobre todo, forjadores activos o v铆ctimas pasivas de un destino com煤n. La globalizaci贸n entra帽a, entonces, una aceleraci贸n en el ritmo de las interconexiones e interdependencias globales (dimensi贸n objetiva), unida a nuestro conocimiento, responsabilidad y compromiso ante tales interconexiones (dimensi贸n subjetiva)禄2.

Es con esta misma comprensi贸n, y concibiendo la globalizaci贸n como un fen贸meno multifac茅tico (econ贸mico, cultural, pol铆tico, de comunicaci贸n, informaci贸n, educacional y religioso) y por lo tanto complejo, que llega a afectar para bien o para mal a las personas. El Informe Delors3 a la UNESCO nos plantea algunas l铆neas de reflexi贸n: el paso de la comunidad de base a la sociedad mundial, la mundializaci贸n de los campos de la actividad humana, las interdependencias planetarias y los riesgos a que est谩 sujeto el mundo.

Todo esto no constituye una utop铆a. La 煤nica utop铆a existente es la de aquellos que piensan que todo va a seguir igual. Las nuevas tecnolog铆as que se nos ofrecen, entre las que sobresale Internet, son un medio que permite al hombre llegar m谩s lejos. Dios quiera que esa tecnolog铆a sirva para acercar al hombre a su Creador, y se utilice para servicio y desarrollo integral de todos los hombres. Pienso que nos encontramos en una fase fundamental de la historia, de transici贸n hacia un nuevo nivel en el que van a primar las interrelaciones. Como prueba de este hecho est谩 el acceso a la comunicaci贸n digital, la aparici贸n de una econom铆a global y de un proceso de mundializaci贸n que antes era imposible imaginar.

Frente a estos fen贸menos mundiales, tenemos que tomar conciencia de una mayor relaci贸n entre nosotros, una hermandad que sea germen de la solidaridad entre personas e instituciones de todas partes, y que empiece por respetar la dignidad y cultura de cada pueblo y de cada individuo.

Los problemas que nos esperan a los habitantes del tercer mundo no son pocos, pues estamos re帽idos con la evoluci贸n de los pa铆ses desarrollados. Se est谩 gestando una mezcla de culturas y la universalizaci贸n de las relaciones transforma la vida en nuestro planeta, pero con un modelo in茅dito, en el que rigen valores distintos a los que sirvieron para formar nuestras sociedades.

Constituyendo la comunicaci贸n universal el eje de los procesos de cambio en marcha o por llegar, como acabamos de ver, encuentro oportuno glosar algunos pensamientos del Informe Delors, ya citado, que completan lo expresado: 芦Esta libre circulaci贸n mundial de la imagen y la palabra, que prefigura el mundo de ma帽ana hasta en sus aspectos perturbadores, ha transformado tanto las relaciones internacionales como la comprensi贸n del mundo que tienen las personas, constituy茅ndose en uno de los grandes aceleradores de la mundializaci贸n. Tiene sin embargo aspectos negativos. Los sistemas de informaci贸n todav铆a son relativamente caros y de acceso dif铆cil para muchos pa铆ses. El dominio de esos sistemas confiere a las grandes potencias y a los intereses privados que los detentan un poder cultural y pol铆tico real, en particular con respecto a las poblaciones que por no tener educaci贸n apropiada no est谩n preparadas para clasificar, interpretar ni criticar la informaci贸n recibida. El cuasi monopolio de las industrias culturales de que goza un peque帽o n煤mero de pa铆ses y la difusi贸n de su producci贸n en todo el mundo ante un p煤blico cada vez m谩s amplio constituyen un factor poderoso de erosi贸n de las especificidades culturales. Aunque esta falsa 鈥渃ultura mundial鈥� sea uniforme y demasiado a menudo de muy pobre contenido, no deja de ser veh铆culo de normas impl铆citas y puede causar en las personas que reciben su influencia un sentimiento de desposeimiento y de p茅rdida de identidad. La educaci贸n tiene indudablemente una funci贸n importante que desempe帽ar si se desea controlar el auge de las redes entrecruzadas de comunicaci贸n que poniendo al mundo a la escucha de s铆 mismo, hacen que verdaderamente todos seamos vecinos禄4.

Esa erosi贸n de aspectos culturales al que me he referido citando el informe a la UNESCO, est谩 dentro de lo que podr铆amos considerar como el componente cultural e ideol贸gico que conlleva la globalizaci贸n. Sus expresiones m谩s caracter铆sticas vienen a ser el consumismo y el individualismo, inapropiadamente justificados por la b煤squeda de la calidad de vida.

Debe quedar claro que 芦la globalizaci贸n como tal no implica una connotaci贸n negativa禄, como lo afirm贸 el p. Kolvenbach, Superior General de la Compa帽铆a de Jes煤s, en su exposici贸n sobre el tema educativo en Arequipa. Y agregaba: 芦M谩s bien ofrece inmensas posibilidades para el desarrollo de la humanidad. Pero cuando no se respetan los valores m谩s fundamentales de la persona humana 鈥攃omo ocurre en el campo econ贸mico con la absolutizaci贸n del libre mercado鈥�, la globalizaci贸n resulta verdaderamente nefasta. Conocemos los efectos de las pol铆ticas neoliberales: concentraci贸n de la riqueza, exclusi贸n, ahondamiento de la brecha entre ricos y pobres, exacerbaci贸n del individualismo, competitividad desmedida, ausencia de consideraciones 茅ticas y valorales禄5..

Nos encontramos ante una realidad irreversible, con la que hay que aprender a convivir y desde dentro tratar de aprovechar lo positivo de los cambios, de las ventajas que tambi茅n nos ofrece el nuevo panorama y buscar mejorar lo que no se oriente al bien de la humanidad. Conveniente es meditar lo que el Concilio Vaticano II expresaba en relaci贸n al progreso de las ciencias y de la t茅cnica, y que bien se puede aplicar en gran medida a lo que nos preocupa hoy d铆a. 芦Hay el peligro de que el hombre, confiado en exceso en los inventos actuales, crea que se basta a s铆 mismo y deje de buscar ya cosas m谩s altas. Sin embargo, estas lamentables consecuencias no son efectos necesarios de la cultura contempor谩nea ni deben hacernos caer en la tentaci贸n de no reconocer los valores positivos de 茅sta禄6.. Y esta exhortaci贸n: 芦Vivan los fieles en muy estrecha uni贸n con los dem谩s hombres de su tiempo y esfu茅rcense por comprender su manera de pensar y de sentir, cuya expresi贸n es la cultura. Compaginen los conocimientos de las nuevas ciencias y doctrinas y de los m谩s recientes descubrimientos con la moral cristiana y con la ense帽anza de la doctrina cristiana, para que la cultura religiosa y la rectitud de esp铆ritu vayan en ellos al mismo paso que el conocimiento de las ciencias y de los diarios progresos de la t茅cnica; as铆 se capacitar谩n para examinar e interpretar todas las cosas con 铆ntegro sentido cristiano禄7..

Todo lo dicho nos lleva a pensar que lo que tenemos en el horizonte es un conjunto de desaf铆os. Se est谩 tomando conciencia de los cambios que se operan en la sociedad y que constituyen oportunidades, pero a la vez riesgos presentes y futuros. Sin cerrar los ojos y teni茅ndolos siempre abiertos, para apreciar y juzgar lo que sucede, conviene que tomemos los desaf铆os como ocasiones para humanizar y cristianizar m谩s el mundo en que vivimos y en el que vivir谩n los que nos sigan.

Crisis, tendencias y retos de la educaci贸n

Hace m谩s de veinticinco a帽os, la UNESCO form贸 una comisi贸n internacional para estudiar el desarrollo de la educaci贸n. La presidi贸 Edgard Faure, un ex ministro de Francia que culmin贸 su trabajo publicando el informe titulado Aprender a ser. En esa oportunidad se hac铆a clara referencia a la existencia de una crisis de la educaci贸n. Eran los a帽os en que se apreciaba el gran esfuerzo que hab铆an llevado a cabo los pa铆ses por extender los servicios educativos poni茅ndolos al alcance de todos. El objetivo mayor fue crecer a cualquier precio y el resultado el vertiginoso incremento de las matr铆culas de ni帽os y j贸venes que asistieron a escuelas y colegios.

No cabe duda que el crecimiento no es malo, pero 茅ste se torn贸 cr铆tico cuando los recursos para sostenerlo fueron insuficientes. Se comenz贸 a hablar de la crisis de crecimiento de la educaci贸n en los pa铆ses que aplicaron simples estrategias expansionistas, basadas en el desarrollo lineal de los sistemas escolares, sacrificando la calidad de los servicios ofrecidos.

En virtud de esta expansi贸n muy grande de las matr铆culas, hoy no se puede hablar de democratizaci贸n de la educaci贸n sin considerar que el problema ya no es llevar m谩s educaci贸n, sino conseguir la equidad de la misma. Es reducir la diferencia abismal de calidades entre la educaci贸n que reciben los ni帽os de familias pudientes y los ni帽os de familias pobres. Es buscar lo que se denomina como eficiencia externa de la educaci贸n, que consiste en la correspondencia de los conocimientos y habilidades recibidos en la escuela con las necesidades de la demanda de las oportunidades de trabajo.

Hace tres a帽os apareci贸 la publicaci贸n La educaci贸n encierra un tesoro, conclusiones del informe de la comisi贸n internacional sobre la educaci贸n para el siglo XXI, que design贸 tambi茅n la UNESCO y cuya presidencia estuvo a cargo de otro ex ministro franc茅s, Jacques Delors. Este documento plantea la necesidad de un cambio educacional para adecuarse a las transformaciones que se operan en la sociedad al finalizar el siglo XX y ad portas de un nuevo milenio. Este cambio, aunque con nuevas perspectivas, se postula, como lo hizo la comisi贸n de Edgar Faure, en base a un mejoramiento significativo y generalizado de la calidad de la educaci贸n, porque all铆 radica el principal punto focal del problema en nuestros d铆as y porque en esa direcci贸n se ir谩n articulando de manera espont谩nea las presiones de la sociedad. La calidad de la educaci贸n ser谩 considerada cada vez con m谩s apremio, como una medida de justicia y equidad social, como medio para alcanzar la competitividad econ贸mica y como una forma de afianzar la viabilidad de la vida democr谩tica de los pueblos.

No obstante lo afirmado, hay que recordar que frente a los cambios que experimenta el mundo, y a la implantaci贸n de pol铆ticas econ贸micas que tienden a reducir el papel del Estado en el financiamiento de la educaci贸n, haciendo m谩s dura la tarea para los sectores pobres, no ser谩 f谩cil la elevaci贸n de la calidad de educaci贸n para las mayor铆as.

Por otro lado, hay un aspecto que se pone cada vez m谩s en duda, y es la fe en que mayores dosis de educaci贸n conducir谩n a obtener mejores puestos de trabajo para las personas y por ende conseguir un mayor progreso para la sociedad. Los desempleados con una buena formaci贸n o educaci贸n son testimonio de que la escolarizaci贸n no es la panacea para muchos males de la sociedad. De hecho, se crean exageradas expectativas de lo que la educaci贸n puede cumplir y cada d铆a se le plantean mayores requerimientos.

Al respecto Colin Power expresaba lo siguiente: 芦El estado de 谩nimo de desilusi贸n... constituye el leitmotiv de nuestra 茅poca porque, de hecho, es una de las realidades y uno de los desaf铆os m谩s importantes con los que tienen que enfrentarse los responsables de la educaci贸n. Una reducci贸n en la fe en la educaci贸n, en la ciencia, en el gobierno y, de hecho, en la capacidad de la humanidad para planificar y conformar continuamente su futuro, resulta profundamente debilitadora. Centr谩ndonos en nuestra preocupaci贸n concreta, la educaci贸n es, por su propia naturaleza, una actividad dotada de un determinado prop贸sito: privada de ese sentido de prop贸sito, todo lo que queda es el ritual de la escolarizaci贸n. El compromiso para con la educaci贸n debe basarse siempre en la esperanza, y verse alimentado por la creencia y la capacidad de la humanidad de encontrar soluciones racionales y razonables a los problemas que la afectan. Si perdemos esa fe, y parecemos correr el peligro de hacerlo, se ver谩n minados los propios cimientos de la educaci贸n禄8.

Para buscar caminos y salidas al panorama descrito, se viene hablando de concebir la educaci贸n como actividad de toda la vida. Con esta concepci贸n, se trasciende los marcos de la escolarizaci贸n y se va m谩s all谩 de una educaci贸n b谩sica. El sistema educativo, adem谩s de cumplir con sus fines tradicionales, tendr谩 sobre todo que buscar que los educandos aseguren su desarrollo para vivir en una sociedad cambiante y cada vez m谩s exigente, cimentando los cuatro pilares o aprendizajes fundamentales que postula el informe La educaci贸n encierra un tesoro: 1. aprender a conocer, es decir adquirir los instrumentos de la comprensi贸n; 2. aprender a hacer, para poder influir en el propio entorno; 3. aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los dem谩s en todas las actividades humanas; 4. por 煤ltimo, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores9. Con todo esto, no se trata de pensar que se tendr谩 que eliminar la escolarizaci贸n, sino m谩s bien que habr谩 que transformarla. Quedaron lejos las teor铆as que postularon una desescolarizaci贸n y la desaparici贸n de la escuela.

Ya existen experiencias, que poco a poco ganan terreno, en el sentido que es m谩s importante ense帽ar al alumno a aprender, que impartirle conocimientos, siendo 茅stos cada vez m谩s numerosos y dif铆cil de darlos en los a帽os de escolarizaci贸n. Igualmente la funci贸n docente tiende a modificarse hacia la de un maestro gu铆a del aprendizaje, y no ya la tradicional tarea del profesor como instructor de nuevos conocimientos. Por estos rumbos veo que la educaci贸n podr谩 afrontar los desaf铆os y retos del siglo XXI.

Emprendamos el camino del reencuentro con el Se帽or Jes煤s

芦Les anuncio una gran alegr铆a, que lo ser谩 para todo el pueblo: les ha nacido hoy un Salvador, que es Cristo Se帽or禄 (Lc 2,10-11). Estas palabra del 谩ngel a los pastores de Bel茅n cobran una especial solemnidad por las pr贸ximas celebraciones del Jubileo del 2000 e inicio del tercer milenio cristiano. Constituyen un mensaje de rigurosa vigencia y actualidad por las situaciones que vive el mundo de cara al nuevo milenio.

A la luz de la carta apost贸lica del Papa Juan Pablo II sobre 芦el tercer milenio que se acerca禄 (Tertio millennio adveniente), son posibles varias lecturas y vivencias de estos acontecimientos: en clave b铆blica en primer lugar, tambi茅n en claves de evangelizaci贸n, de reconciliaci贸n, social, ecum茅nica, c贸smica y otras. Entre todas estas lecturas, interesa por razones de este trabajo destacar la dimensi贸n de evangelizaci贸n, hacia la cual nos urge orientar el esfuerzo futuro.

En la citada carta apost贸lica el Papa nos presenta su gran preocupaci贸n pastoral por la evangelizaci贸n del mundo, as铆 como lo hizo en 1990 a trav茅s de su enc铆clica misionera: 芦La misi贸n de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, est谩 a煤n lejos de cumplirse. A finales del segundo milenio despu茅s de su venida, una mirada global a la humanidad demuestra que esta misi贸n se halla todav铆a en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestra energ铆as en su servicio禄10.

Jesucristo, Dios hecho hombre, es el 煤nico Salvador de todos los hombres y pueblos y de todos los tiempos. Sin embargo, la mayor parte de la humanidad todav铆a no lo conoce hoy. Aproximadamente el 70% de los hombres en el mundo a煤n no conocen al Se帽or Jes煤s ni a Santa Mar铆a, su Madre. Adem谩s, en los pa铆ses de mayor铆as cat贸licas y cristianas, como el nuestro, urge un redescubrimiento de Cristo y un acercamiento a 脡l y a su Iglesia por parte de tant铆simos bautizados de todas edades, para que lo conozcan o lo reconozcan mejor y deje de ser Jes煤s un ilustre desconocido.

Desde que tenemos conocimiento de lo sucedido en la antig眉edad, en su persistente b煤squeda de la verdad y salvaci贸n los hombres han creado sus expresiones y mitos religiosos, a煤n sin saber que Dios sale a su encuentro con una propuesta hist贸rica concreta, que se llama Jesucristo. El Santo Padre lo expresa en forma categ贸rica en su carta apost贸lica en que nos invita a prepararnos al nuevo milenio: 芦Cristo es el cumplimiento del anhelo de todas las religiones del mundo y, por ello mismo, es su 煤nica y definitiva culminaci贸n禄11.

Significativamente, los cuatro Evangelistas recogen al final de sus relatos el mandato del Resucitado a los Ap贸stoles y a la comunidad de todos los que creemos, de proclamar la Buena Nueva (ver Mc 16,15), hacer disc铆pulos a todos los pueblos transmiti茅ndoles su ense帽anza (ver Mt 28,19-20), ser sus testigos hasta los confines de la tierra (ver Lc 24,48; Hch 1,8). Y Juan relaciona directamente la misi贸n que Jes煤s conf铆a a sus disc铆pulos con la que 脡l mismo recibi贸 de su Padre: 芦Como el Padre me envi贸, tambi茅n yo los env铆o a ustedes禄 (Jn 20,21).

Celebrar e iniciar el a帽o 2000, reviviendo la venida en carne humana del Verbo divino, enviado por el Padre, significa retomar la misi贸n b谩sica de todas las misiones: la misi贸n del Se帽or Jes煤s, la misi贸n del Esp铆ritu y la de su Iglesia de la que formamos parte. Es el momento de encender la llama de una memoria viva, de escuchar el llamado fuerte para emprender con nuevo impulso el anuncio del Evangelio en todas partes. Para ello es preciso despertar en cada comunidad cristiana o grupo apost贸lico un nuevo ardor misionero, sin el cual no podr谩 haber ni primera evangelizaci贸n de los no cristianos, ni nueva evangelizaci贸n para los bautizados alejados... Con ese ardor ser谩 posible entrar, estar presentes y dar una respuesta cristiana a los grandes desaf铆os de la evangelizaci贸n en los nuevos y exigentes 谩mbitos sociales y culturales: el mundo del trabajo, la familia, los medios informativos, el campo de la investigaci贸n, los nuevos are贸pagos del hombre moderno y otros12.

El Papa, en su libro Cruzando el umbral de la esperanza, sostiene que la Iglesia renueva cada d铆a la lucha por el alma del mundo. Porque por un lado est谩n presentes el Evangelio y la evangelizaci贸n, pero por el otro hay una poderosa antievangelizaci贸n. Afirma que 芦la lucha por el alma del mundo contempor谩neo es enorme all铆 donde el esp铆ritu de este mundo parece m谩s poderoso禄. Contin煤a el Santo Padre indicando que 芦la evangelizaci贸n renueva su encuentro con el hombre禄 y 芦est谩 unida al cambio generacional禄, que 芦mientras pasan las generaciones que se han alejado de Cristo y de la Iglesia, que han aceptado el modelo laicista de pensar y de vivir, o a las que ese modelo les ha sido impuesto, la Iglesia mira siempre hacia el futuro; sale, sin detenerse nunca, al encuentro de las nuevas generaciones. Y se muestra con toda claridad que las nuevas generaciones acogen con entusiasmo lo que sus padres parec铆an rechazar. 驴Qu茅 significa esto? 鈥攕e pregunta el Papa, y 茅l mismo responde鈥�. Significa que Cristo es siempre joven. Significa que el Esp铆ritu Santo obra incesantemente禄. La Iglesia 芦no cesa de mirar con esperanza hacia el futuro禄13.

En la b煤squeda y acercamiento de las nuevas generaciones y para llevar a cabo su misi贸n, la Iglesia se sirve principalmente de los medios que Jesucristo mismo le ha confiado, sin omitir otros que, en las diversas 茅pocas y las variadas culturas, sean aptos para conseguir su fin sobrenatural y para promover el desarrollo de la persona.

En la sociedad actual, caracterizada entre otras manifestaciones por el pluralismo cultural, la Iglesia capta la necesidad urgente de garantizar la presencia del pensamiento cristiano, puesto que 茅ste, en el caos de las concepciones y de los comportamientos, constituye un criterio v谩lido de discernimiento. La referencia a Jesucristo ense帽a de hecho a discernir los valores que hacen al hombre, y los contravalores que lo degradan.

El pluralismo cultural invita pues a la Iglesia a reforzar su empe帽o educativo para formar personalidades fuertes, capaces de resistir el relativismo debilitante, y de vivir las exigencias del propio bautismo14. Es sobre todo por estas razones, y porque para la Iglesia la educaci贸n es considerada como un deber y un derecho recibido del Se帽or Jes煤s, que en los tiempos actuales y advenientes esta misi贸n reviste caracteres de urgente e insustituible.

El Concilio Vaticano II en su declaraci贸n Gravissimum educationis define los alcances de esta urgencia insustituible que hoy cobra actualidad, frente a la descripci贸n de los problemas que han sido tratados anteriormente: 芦El deber de educaci贸n corresponde a la Iglesia..., porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvaci贸n, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con precauci贸n constante para que puedan alcanzar la plenitud de esta vida. La Iglesia, como Madre, est谩 obligada a dar a sus hijos una educaci贸n que llene toda su vida del esp铆ritu de Cristo, y al mismo tiempo ayuda a todos los pueblos a promover la perfecci贸n cabal de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad terrestre y para configurar m谩s humanamente la edificaci贸n del mundo禄15.

La tarea educativa, entre otras actividades eclesiales, mantiene vigencia y trascendencia. Se le abre un horizonte de gran dinamismo apost贸lico en el empe帽o que debemos tener en la b煤squeda del reencuentro con el Se帽or Jes煤s, como motivaci贸n central de lo que nos debe animar en el inicio del pr贸ximo siglo XXI.

Compromiso educativo de anunciar y ense帽ar a dar testimonio del Se帽or Jes煤s

Anunciar al Se帽or Jes煤s tiene un solo nombre: evangelizaci贸n, y toda evangelizaci贸n conlleva una dimensi贸n educativa de la persona, que al asimilar y vivir la Buena Nueva recibida, da testimonio, muchas veces silencioso, de ese mensaje de vida y salvaci贸n que ella encierra.

Todos reconocemos por la fe el alcance de la frase 芦Jesucristo, ayer, hoy y siempre禄 tomada de la Carta a los Hebreos 13,8. Esta frase 芦hace referencia a una permanencia del Se帽or no s贸lo temporal, sino tambi茅n sustancial. En medio de novedades y cambios, de confusiones y errores, la persona del Se帽or Jes煤s es lo 煤nico esencial y fundamental, centro de todo y sustento de nuestras existencias. Es la afirmaci贸n firme y confiada de que s贸lo en el Hijo de Mar铆a podemos encontrar los cimientos s贸lidos de la permanencia para edificar sobre ellos la plenitud de nuestra realizaci贸n... El renovado esfuerzo por la propia santidad y el 铆mpetu apost贸lico reclamados por la Nueva Evangelizaci贸n se centran en la presencia siempre antigua y siempre nueva de Jesucristo, nuestro Reconciliador y modelo de plena humanidad禄16.

Es que Jes煤s es el 煤nico Salvador del mundo, es la fuente vivificadora que lo sostiene. En estas 茅pocas de universalizaci贸n y globalizaci贸n de la vida de los pueblos, la figura de Cristo se alza como el mediador 煤nico de la salvaci贸n del mundo entero. Esta verdad en la que creemos los cristianos, tiene que constituir la esencia del anuncio y motivo del testimonio que debe promover la educaci贸n cat贸lica, ahora y en el nuevo siglo que llega. Se tiene que sentir y entender que s贸lo en el Se帽or Jes煤s 芦la humanidad, la historia y el cosmos encuentran su significado definitivamente positivo y s贸lo en 脡l se realizan totalmente, purific谩ndose y liber谩ndose para siempre de los c铆rculos negativos de la muerte f铆sica, ps铆quica, social, 茅tica, espiritual y c贸smica. Es Jes煤s quien tiene en s铆 mismo, en su acontecimiento y en su persona, las razones de la ultimidad absoluta y definitiva de la salvaci贸n禄17.

Si el legado de Cristo tiene una permanencia y vitalidad en ya casi dos milenios, frente a la inseguridad y temor con que se asoma el siglo XXI meditemos y renovemos nuestra fe en que ese mensaje de Cristo Resucitado y vivo entre nosotros es un mensaje para siempre. Corresponde, en este caso a los educadores cat贸licos, tener m谩s claro que nunca que la dimensi贸n educativa de la evangelizaci贸n constituye una gracia al ser escogidos para esta misi贸n, pero tambi茅n una obligaci贸n insoslayable: 芦隆Ay de m铆, si no evangelizara!禄 (1Cor 9,16), dec铆a San Pablo.

Pablo VI anotaba en su exhortaci贸n apost贸lica Evangelii nuntiandi que la Iglesia evangeliza cuando por la sola fuerza divina del mensaje que proclama trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal de los hombres, la actividad en la que ellos est谩n comprometidos, su vida y ambientes concretos18. 芦Cuando la Iglesia evangeliza y logra la conversi贸n del hombre, tambi茅n lo educa 鈥攁firmaron nuestros obispos en Puebla鈥�, pues la salvaci贸n (don divino y gratuito), lejos de deshumanizar al hombre lo perfecciona y ennoblece, lo hace crecer en humanidad. La evangelizaci贸n es, en este sentido, educaci贸n. Sin embargo, la educaci贸n en cuanto tal no pertenece al contenido esencial de la evangelizaci贸n sino m谩s bien a su condici贸n integral禄19. Por ello la educaci贸n cristiana es indispensable en la evangelizaci贸n: 芦La educaci贸n cat贸lica pertenece a la misi贸n evangelizadora de la Iglesia y debe anunciar expl铆citamente a Cristo Liberador禄20.

Es as铆 como se acu帽贸 la frase tan expresiva y hermosa: 鈥淟a Iglesia evangeliza educando y educa evangelizando鈥�. Consecuentemente, la educaci贸n cat贸lica debe formar hombres con un criterio integral y de acuerdo a las exigencias de los tiempos en que se desempe帽ar谩n esos educandos. El lugar central de esa formaci贸n tiene que estar ocupado por el anuncio de la Buena Nueva y el ejercicio testimonial libre y generoso de lo que significa para cada persona el compromiso, compa帽铆a y amistad con el Se帽or Jes煤s. No buscar ni lograr este prop贸sito significa sencillamente mutilar a la educaci贸n cat贸lica de su raz贸n de ser. Instituciones educativas excelentes, pero sin el compromiso que las diferencia de los centros educativos cat贸licos, existen y en gran n煤mero, pero entre ese grupo no est谩 la ubicaci贸n de las instituciones que se consideran como parte de la acci贸n educativa de la Iglesia.

Ante todo lo expresado, conviene precisar que 芦educar y evangelizar en este fin de siglo no es lo mismo que hace cien a帽os. En el umbral del tercer milenio, la sociedad se ve enfrentada a desaf铆os nuevos que est谩n produciendo un profundo impacto en la sociedad. La educaci贸n, como fen贸meno social, y la misma evangelizaci贸n, no quedan al margen de este hecho. Ignorar los retos que el nuevo contexto socio-cultural, pol铆tico y econ贸mico lanza a la misi贸n, ser铆a condenarse a no poder traspasar el umbral del nuevo milenio禄21. Por ello tanto la tarea evangelizadora de la escuela, como la educaci贸n sistem谩tica formal o no formal cat贸lica, deber谩n asumir los desaf铆os de adecuarse y aprovechar, dentro de sus posibilidades, los avances que la ciencia pedag贸gica y la tecnolog铆a ponen cada d铆a a su disposici贸n, para alcanzar o mantener los niveles de calidad que los retos actuales y futuros plantean a la educaci贸n.

Hacia una educaci贸n en la justicia, en la solidaridad y en la esperanza

Los retos y desaf铆os se presentan muy grandes en el futuro inmediato del mundo en el que vivimos, pues el trabajo educativo evangelizador se tiene que llevar a cabo desde dentro del mismo mundo, afrontando los riesgos y dificultades diarias. Se trata de educar en tiempos de globalizaci贸n, con una pol铆tica neoliberal, una mundializaci贸n de las relaciones y la casi desaparici贸n de las distancias en las comunicaciones planetarias. Pero como hemos ya visto, estos nuevos fen贸menos, teniendo aspectos positivos, vienen tambi茅n cargados de los nubarrones del individualismo que es ego铆sta, de la falta de justicia, del consumismo que olvida lo que significa la solidaridad, de un secularismo y relativismo perniciosos, as铆 como de un s贸rdido miedo y desconfianza que tienden a inmovilizar y paralizar iniciativas que abren horizontes de esperanza hacia un futuro mejor.

驴Ser谩 que ese miedo oculto es expresi贸n de la falta de confianza de nuestra peque帽ez frente a lo mucho que hay que realizar, o que nos sentimos pocos ante la inmensidad del campo que hay que sembrar? En respuesta me viene a la memoria lo que Juan Pablo II contest贸 cuando se le cuestionaba sobre qu茅 religi贸n era la mayoritaria y cu谩l ten铆a futuro por delante. El Santo Padre se帽alaba: 芦En realidad, desde el punto de vista del Evangelio la cuesti贸n es completamente distinta. Cristo dice: 鈥�No temas, peque帽o reba帽o, porque vuestro Padre se ha complacido en daros su reino鈥� (Lc 12,32). Pienso que con estas palabras Cristo responde mejor a los problemas que turban a algunos... Pero Jes煤s va incluso m谩s lejos: 鈥淓l Hijo del hombre, cuando venga en la Parus铆a, 驴encontrar谩 fe sobre la tierra?鈥� (Lc 18,18). Tanto esta pregunta como la expresi贸n precedente sobre el peque帽o reba帽o 鈥攃ontin煤a el Papa鈥� indican el profundo realismo por el que se guiaba Jes煤s en lo referente a sus ap贸stoles. No los preparaba para 茅xitos f谩ciles...22.

No es prop贸sito ni pretensi贸n de este trabajo presentar un enfoque general de lo que deber铆a orientar la educaci贸n cat贸lica en el futuro siglo XXI con que se inicia el tercer milenio. Sobre este tema ya ha comenzado a circular buena bibliograf铆a, entre la que destaca la publicaci贸n de la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica que en 1997 dio a conocer La escuela cat贸lica en los umbrales del tercer milenio. La 煤nica aspiraci贸n es ofrecer como materiales de reflexi贸n algunas sugerencias de lo que podr铆an constituir notas distintivas del trabajo evangelizador en la educaci贸n, a la luz del mensaje evang茅lico, considerando el contexto mundial y dando 茅nfasis a tres cualidades fundamentales para la formaci贸n de las generaciones que regir谩n los destinos de la sociedad en el siglo adveniente: una educaci贸n en la justicia, en la solidaridad y en la esperanza, porque como expres贸 el Papa Juan Pablo II, 芦el futuro del mundo y de la Iglesia pertenece a las nuevas generaciones que, nacidas en este siglo, ser谩n maduras en el pr贸ximo, el primero del nuevo milenio禄23.

芦La escuela cat贸lica, por tanto, debe estar en condiciones de proporcionar a los j贸venes los medios aptos para encontrar puesto en una sociedad fuertemente caracterizada por conocimientos t茅cnicos y cient铆ficos, pero al mismo tiempo, diremos ante todo, debe poder darles una s贸lida formaci贸n orientada cristianamente禄24.

驴Por qu茅 una educaci贸n en la justicia?

芦La paz es obra de la justicia禄 (Is 32,17) y 芦la raz贸n de la paz, su significado 煤ltimo es Jesucristo, el justo que intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. En Cristo el designio salv铆fico del Padre es llevado a su cumplimiento; se restablecen la paz, la comuni贸n con Dios, el di谩logo entre los hombres. La paz, pues, nace ante todo del establecimiento de la comuni贸n con Dios, que se act煤a en Cristo: es, por tanto, iniciativa de Dios, don generoso a los hombres禄25.

Si la paz tiene tal alcance y es casi vivir generosamente con la plenitud de la bondad, llegar a ella por medio de la justicia, como dijo el profeta, estoy seguro de que tiene que ser uno de los objetivos fundamentales de la educaci贸n cat贸lica, en momentos en que lo que m谩s hace falta es la paz en las personas, de las personas entre s铆 y en el mundo que es don del Se帽or Jes煤s, Pr铆ncipe de la Paz.

Existen muchas definiciones de lo que es la justicia. En un diccionario no teol贸gico encontr茅 dos que me agradaron: 芦La justicia es una virtud cardinal que inclina a darle a cada uno lo que le pertenece禄; y 芦la justicia es el conjunto de todas las virtudes que constituye bueno al que la tiene禄.

El Cardenal P铆o Laghi, citado anteriormente en su alocuci贸n al Congreso Mundial de Educaci贸n Cat贸lica en la India, tambi茅n dec铆a: 芦La justicia concierne a la naturaleza misma del hombre. Cuando, en efecto, decimos que justicia significa dar a cada uno lo suyo, queremos decir que todo hombre debe ser tratado como hombre, que se le reconozca su dignidad, que sea puesto en condiciones de ejercer sus derechos e igualmente de cumplir sus deberes. De la justicia de cada uno 鈥攃omo nos ha invitado a reflexionar Juan Pablo II en la celebraci贸n de la Jornada de la paz de 1998鈥� es de donde nace la paz para todos. Por tanto, todos, cada uno seg煤n la propia responsabilidad, estamos llamados a vivir la justicia, a obrar en la justicia禄26.

Creo que las palabras del Prefecto de la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica est谩n en la l铆nea de una de las grandes preocupaciones de la Iglesia y que constituy贸 materia central del S铆nodo de los Obispos en 1971 al abordar el tema de la justicia en el mundo. Postular entonces una educaci贸n en la justicia en un mundo cargado de ego铆smo y de injusticias, es buscar ubicar como preocupaci贸n de la educaci贸n cat贸lica la formaci贸n de hombres que no vivan s贸lo para s铆, que rompan el individualismo que ignora lo que es fraternidad, que no conciban el amor a Dios sin el amor a los dem谩s, en otras palabras, que sean justos. El amor a Dios y al pr贸jimo o a los hermanos es un tema muy presente en las Escrituras. Recordemos s贸lo las frases de San Juan: 芦Si alguno dice amo a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve禄 (1Jn 4,20). 芦Si alguno posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su coraz贸n, 驴c贸mo puede permanecer en 茅l el amor de Dios? Hijitos, no amemos de palabra y de boca sino con obras y seg煤n la verdad禄 (1Jn 3,17-18).

Las palabras de San Juan suenan duras y a veces incomprendidas para muchos. En este pasaje del Evangelista vemos la exigencia del amor a Dios unido al amor al pr贸jimo y tambi茅n la urgencia de compartir con el que carece de algo. Para comprender su alcance, debemos tener presente que practicar la justicia como expresi贸n del amor a Dios y a los dem谩s es apreciarla como un don del Se帽or Jes煤s que no se resigna a quedarse recluido s贸lo en nuestro coraz贸n, sino que aflora al exterior impulsando nuestro actuar. Y los dones se nos dan, los recibimos o los dejamos pasar. He aqu铆 la tarea educativa, que no se circunscribe al simple aprendizaje intelectual de los temas religiosos, sino que logra convertir el valor en praxis y en vivencia. Es la asimilaci贸n de un aprendizaje que se eleva a la categor铆a de norma de vida.

Se ha expresado en repetidas oportunidades que uno de los medios privilegiados que tiene la educaci贸n de la Iglesia lo constituye la escuela cat贸lica, y refiri茅ndose al tema de la educaci贸n en la justicia, en el 煤ltimo Congreso Mundial de Educaci贸n Cat贸lica (1998) se afirm贸, entre otras ideas, lo siguiente: 芦La escuela cat贸lica tiene un gran potencial educativo para invertirlo por la paz, sea desde el punto de vista de los contenidos y del proyecto educativo, sea en lo concreto de la vida escolar de una comunidad que, de conformidad con el Evangelio, quiere vivir en la justicia y en el amor... Fomentar la cultura de la paz, que tiene como fundamento la justicia y la caridad, exige, por tanto, que la escuela misma sea un lugar de justicia y de caridad. La escuela cat贸lica es un lugar de justicia cuando es escuela de todos y para todos... Es el lugar no s贸lo para aprender la justicia, sino tambi茅n donde se respira la caridad, el amor cristiano. En ella se trata a los alumnos no s贸lo con justicia, sino con amor, a fin de vivir la gratuidad en el comportamiento, la capacidad de darse a los dem谩s y de perdonar. Adem谩s, el comprender a los pap谩s, a las familias en el proyecto educativo hace posible el encuentro, el di谩logo, el descubrirse como partes de esa unidad a la que est谩 llamado el g茅nero humano... Es, pues, la escuela cat贸lica una grande oportunidad para la formaci贸n y la construcci贸n de la cultura de la paz, en cuanto que en ella se ense帽a la justicia, pero, sobre todo, porque es ella una comunidad donde se vive la caridad禄27.. Ser justo no se limita a por propia iniciativa no aumentar la injusticia, ya abundante y creciente en nuestro mundo. Es, adem谩s, no imitar las injusticias ajenas, es romper el c铆rculo de caer en ella porque otros lo hacen, es familiarizarnos y hacer part铆cipes a los alumnos del amor cristiano, expresi贸n de la justicia y de la paz que nos da el Se帽or.

Educaci贸n por los caminos de la solidaridad

El Concilio Vaticano II expres贸: 芦Mientras muchedumbres inmensas carecen de lo necesario, algunos, aun en los pa铆ses menos desarrollados, viven en la opulencia o malgastan sin consideraci贸n. El lujo pulula junto a la miseria. Y mientras unos pocos disponen de un poder ampl铆simo de decisi贸n, muchos carecen de toda iniciativa y de toda responsabilidad, viviendo con frecuencia en condiciones de vida y trabajo indignas de la persona humana禄28.. Parecer铆a que estos conceptos de la Gaudium et spes nos interpelan en estos tiempos con mayor fuerza y apremio.

Una educaci贸n que va hacia el reencuentro con el Se帽or Jes煤s, como se trat贸 anteriormente, as铆 como una educaci贸n que postula la justicia, al exigirnos a los educadores un cambio de mentalidad, de actitudes y de pr谩cticas que transformen nuestras vidas personales y comunitarias, nos convierte en promotores de una nueva educaci贸n. Un tipo de educaci贸n que trabaje por la renovaci贸n del mundo injusto y ego铆sta, por un mundo que inspirado en el mensaje evang茅lico transite por los caminos de la solidaridad.

芦Vivimos en un mundo donde el amor se ha desvirtuado, en una sociedad donde la manipulaci贸n del lenguaje y la cultura de muerte han vaciado el amor de su verdadero significado, convirti茅ndolo en una triste caricatura. Sin embargo, la nostalgia por el aut茅ntico amor no s贸lo no desaparece, sino que se acrecienta cada vez m谩s. Se hace pues urgente profundizar en la din谩mica del amor y vivir con radicalidad sus alcances. La vida cristiana es fe que se expresa en lo concreto, en lo real, y no en abstracciones o quimeras. La solidaridad es una manera concreta de vivir el amor al que apunta la fe... Hoy m谩s que nunca se hace urgente y necesaria la vivencia de la solidaridad con nuestros hermanos m谩s necesitados. Frente a tanto dolor y miseria que nos rodea, no hay lugar para la pasividad o la indiferencia. Se trata de vivir una efectiva y afectiva solidaridad con el hermano que sufre, cada uno seg煤n su capacidad y posibilidades禄29. Y todo ello llevarlo y hacerlo realidad en la tarea educativa de los colegios y dem谩s obras educacionales cat贸licas.

Pero para que esto sea una constante de nuestro tiempo, la educaci贸n cat贸lica debe seguir considerando su dimensi贸n eclesial como una cualidad consustancial a su existencia. Esta dimensi贸n, dice la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, 芦es tambi茅n una caracter铆stica fundamental de la escuela cat贸lica como escuela para todos, con especial atenci贸n hacia los m谩s d茅biles. La historia ha visto surgir la mayor parte de las instituciones educativas escolares cat贸licas como respuesta a las necesidades de los sectores menos favorecidos desde el punto de vista social y econ贸mico... En muchas partes del mundo, todav铆a hoy, es la pobreza material la que impide que muchos ni帽os y j贸venes sean instruidos y que reciban una adecuada formaci贸n humana y cristiana. En otras, son nuevas pobrezas las que interpelan a la escuela cat贸lica, la que como en tiempos pasados, puede encontrarse con incomprensiones, recelos, carente de medios... A estos nuevos pobres dirige con esp铆ritu de amor su atenci贸n la escuela cat贸lica. En tal sentido, ella, nacida del deseo de ofrecer a todos, en especial a los m谩s pobres y marginados, la posibilidad de instruirse, de capacitarse profesionalmente y de formarse humana y cristianamente, puede y debe encontrar, en el contexto de las viejas y nuevas pobrezas, aquella original s铆ntesis de pasi贸n y de amor educativos, expresi贸n del amor a Cristo por los pobres, los peque帽os, por las multitudes en busca de la verdad禄30.

Me parece que todo lo afirmado sobre este tema debe impulsar a la educaci贸n cat贸lica a caminar en un escenario cada d铆a renovado, caminar aunque sea despacio en el hermoso camino de educar en la solidaridad, en compa帽铆a de Jes煤s, que amando a todos, tuvo opciones claras en su vida.

Adem谩s de los diversos m茅todos y procedimientos que tienen que recrearse e imaginar para la b煤squeda de este objetivo, no hay que descuidar la formaci贸n de los profesores en los alcances y pr谩cticas de la sensibilidad social y la solidaridad. 脡ste es un reto que hay que visualizarlo, no s贸lo con la formaci贸n de los futuros profesores, sino sobre todo en un trabajo valiente y cristiano con los maestros en servicio. Los maestros, como en la mayor parte de las actividades del proceso educativo, se convierten en los personajes claves de lo que aspiramos, en los animadores del nuevo esp铆ritu educativo por la solidaridad.

Y es que cuando 芦la educaci贸n se proyecta hoy d铆a en el horizonte de la mundializaci贸n que vivimos, activa la solidaridad como una energ铆a original y humanizadora y se despliega como un lugar privilegiado para recrear pr谩cticas solidarias..., porque la mundializaci贸n en los t茅rminos que actualmente se est谩 realizando, tiene un d茅ficit grave de solidaridad禄31.

Educaci贸n bajo el signo de la esperanza

Una de las caracter铆sticas negativas de nuestros tiempos y que se acrecienta mirando el futuro, es la falta de esperanza. Se vive para el presente, para el goce pasajero, para el utilitarismo que termina, y hasta parecer铆a que se intenta quitar a la vida su sentido trascendente. Adem谩s, conviene no perder la atenci贸n de las nuevas corrientes de ate铆smo y secularismo que luchan por alejar a Dios de las personas y de la sociedad.

Anteriormente, al desarrollar la educaci贸n como anuncio y ense帽anza de testimonio, dec铆amos que el anunciar al Se帽or Jes煤s tiene un solo nombre: evangelizaci贸n, y que toda evangelizaci贸n conlleva una dimensi贸n educativa de la persona. Pues bien, como lo expres贸 Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, 芦la evangelizaci贸n comprende adem谩s la predicaci贸n de la esperanza en las promesas hechas por Dios mediante la Nueva Alianza en Jesucristo禄32.

En su carta apost贸lica Tertio millennio adveniente, el Papa Juan Pablo II invita a que los creyentes sean llamados a redescubrir la virtud de la esperanza y afirma que 芦la actitud fundamental de la esperanza, de una parte, mueve al cristiano a no perder de vista la meta final que da sentido y valor a su entera existencia y, de otra, le ofrece motivaciones s贸lidas y profundas para el esfuerzo cotidiano en la transformaci贸n de la realidad para hacerla conforme al proyecto de Dios禄33.

No es novedad, pero s铆 constituye hoy una nota de mayor urgencia, el buscar una educaci贸n m谩s ligada a la esperanza. El Concilio Vaticano II, en la Gravissimum educationis exhort贸 a acostumbrarse a dar testimonio de la esperanza y a ayudar a la configuraci贸n cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales contenidos en la consideraci贸n integral del hombre redimido por Cristo contribuyan al bien de toda la sociedad34.

Para nosotros los cristianos, Jesucristo constituye el principio y raz贸n de nuestra esperanza y es la 煤nica opci贸n que nos permitir谩 tener 茅xito en la formaci贸n integral de la ni帽ez y juventud que le ha tocado vivir 芦uno de los aspectos m谩s l煤gubres e inquietantes de la cultura contempor谩nea, sobre todo occidental禄, que 芦es su falta de esperanza. La humanidad parece inmersa en la angustia y en el miedo por su supervivencia a causa de las guerras injustas, de las divisiones entre los pueblos, del uso de armas cada vez m谩s potentes, de la pobreza casi irreversible de continentes enteros, de la poca atenci贸n a la solidaridad hacia los necesitados y oprimidos, el paro y desocupaci贸n creciente, la masificaci贸n cultural, los desequilibrios ecol贸gicos causados por intervenciones violentas sobre la naturaleza, las enfermedades contagiosas que se difunden de modo perverso, y, del uso de la droga entre los j贸venes, cada vez m谩s extendido... El horizonte de la denominada postmodernidad parece transformar la existencia del hombre en un infierno dantesco: Dejad toda esperanza, vosotros los que entr谩is禄35.

A este panorama descrito descarnadamente, la educaci贸n y la escuela cat贸lica no puede pensarse que podr铆an estar ajenas. La Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica sostiene en el documento citado que 芦la escuela es, indudablemente, encrucijada sensible de las problem谩ticas que agitan este tramo final del milenio. La escuela cat贸lica, de este modo, se ve obligada a relacionarse con adolescentes y j贸venes que viven las dificultades de los tiempos actuales. Se encuentra con alumnos que rehuyen el esfuerzo, incapaces de sacrificio e inconstantes y carentes, comenzando a menudo por aquellos familiares, de modelos v谩lidos a los que referirse. Hay casos, cada vez m谩s frecuentes, en los que no s贸lo son indiferentes o no practicantes, sino faltos de la m谩s m铆nima formaci贸n religiosa o moral. A esto se a帽ade en muchos alumnos y en las familias un sentimiento de apat铆a por la formaci贸n 茅tica y religiosa, por lo que al fin aquello que interesa y se exige a la escuela cat贸lica es s贸lo un diploma o a lo m谩s una instrucci贸n de alto nivel y capacitaci贸n profesional. El clima descrito produce un cierto cansancio pedag贸gico, que se suma a la creciente dificultad, en el contexto actual, para hacer compatible ser profesor con ser educador禄36.

No ha sido la intenci贸n presentar cuadros y panoramas desoladores y que inspiren miedo y des谩nimo. Todo lo contrario. S贸lo de una justa apreciaci贸n de la realidad, del reconocimiento de los progresos mundiales y de los logros de la educaci贸n cat贸lica, pero tambi茅n de los peligros que hay que afrontar, es que se puede obtener la energ铆a y el valor para encararlos. No es dej谩ndonos vencer por el miedo, sino todo lo contrario. Juan Pablo II, predicador constante de la esperanza, no se ha cansado de repetir, desde el primer d铆a de su pontificado: 芦隆No teng谩is miedo de lo que vosotros mismos hab茅is creado, no teng谩is miedo tampoco de todo lo que el hombre ha producido, y que est谩 convirti茅ndose cada d铆a m谩s en un peligro para 茅l! En fin, 隆no teng谩is miedo de vosotros mismos!禄37.

El papel de Mar铆a

Y el Papa contin煤a diciendo: 芦Mientras entraba en los problemas de la Iglesia universal, al ser elegido Papa, llevaba en m铆 una convicci贸n semejante: que tambi茅n en esta dimensi贸n universal, la victoria, si llega, ser谩 alcanzada por Mar铆a. Cristo vencer谩 por medio de Ella, porque 脡l quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contempor谩neo y en el mundo del futuro est茅n unidas a Ella禄38.

En toda esta hermosa tarea, dej茅monos guiar por Santa Mar铆a, la Pedagoga del Evangelio39. Ense帽emos a los ni帽os y j贸venes que en el conocimiento del Se帽or Jes煤s practiquen la 芦metodolog铆a de Mar铆a禄40, que consist铆a en la forma como Ella asimilaba, seg煤n narran los Evangelios, lo que ve铆a y escuchaba de su Hijo. 芦Sab铆a guardar y escuchar esas cosas en su coraz贸n禄 (Lc 2,19) cuando los pastores narraban lo que les hab铆an dicho los 谩ngeles anunciando el nacimiento, o en Lc 2,51 al encontrar al Ni帽o perdido en el templo y recibir la respuesta de Jes煤s. Santa Mar铆a hizo parte de su vida lo que observ贸 y escuch贸 del Se帽or.

芦Mar铆a, que es la madre-disc铆pula, la educadora-educada禄41, es tambi茅n la Madre de la Esperanza, que se constituye en la mejor compa帽era de los educadores cat贸licos que siguiendo a su Hijo encaramos los desaf铆os y retos de la educaci贸n del siglo que va a comenzar y que deber铆amos asumir como santo y se帽a del momento: Por Cristo a Mar铆a, y por Mar铆a m谩s plenamente al Se帽or Jes煤s.

Andr茅s Card贸 Franco ha sido Ministro de Educaci贸n del Per煤. Es autor de Testigo de la fe en la escuela. El educador laico cat贸lico.


1

Gaudium et spes, 3-5.

2

Mario Peress贸n Tonelli, S.D.B., Misi贸n prof茅tica de la educaci贸n cat贸lica en los umbrales del tercer milenio. Ponencia en el Congreso Mundial de la OIEC (Jaipur, India 1998), en revista 芦Educaci贸n hoy禄, Confederaci贸n Interamericana de Educaci贸n Cat贸lica, Bogot谩, abril-junio de 1998, n. 134, p. 40.

3

Jacques Delors (dir.), La educaci贸n encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisi贸n Internacional sobre la educaci贸n para el siglo XXI, UNESCO - Santillana, Madrid 1996.

4

All铆 mismo, p. 44.

5

Peter-Hans Kolvenbach, S.J., Los desaf铆os de la educaci贸n cristiana a las puertas del tercer milenio. Conferencia en el centenario del Colegio San Jos茅 de Arequipa, en Una misma visi贸n, una misma misi贸n. Visita al Per煤, Centro de Espiritualidad Ignaciana, Lima 1998, pp. 58-59.

6

Gaudium et spes, 57.

7

Gaudium et spes, 62.

8

Colin N. Power, Aprendizaje o ense帽anza: reforma de niveles y modalidades educativas. Palabras introductorias, en AA.VV., Aprender para el futuro: educaci贸n y desarrollo, Fundaci贸n Santillana, Madrid 1996, p. 60.

9

Ver Jacques Delors (dir.), ob. cit., cap. 4, pp. 95-108.

10

Redemptoris missio, 1.

11

Tertio millennio adveniente, 6.

12

Ver Redemptoris missio, 33 y 37.

13

Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Norma, Santaf茅 de Bogot谩 1994, pp. 131-132.

14

Ver Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, La escuela cat贸lica en los umbrales del tercer milenio, 28/12/1997, 1-4.

15

Gravissimum educationis, 3.

16

Camino hacia Dios, Vida y Espiritualidad, Lima 1997, t. 1, p. 42.

17

Comit茅 Central del Gran Jubileo del A帽o 2000, Jesucristo, Salvador del mundo, Conferencia Episcopal Peruana, Lima 1997, p. 129.

18

Ver Evangelii nuntiandi, 18.

19

Puebla, 1013.

20

Puebla, 1031.

21

Peter-Hans Kolvenbach, S.J., ob. cit., p. 58.

22

Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, ob. cit., pp. 122-123.

23

Tertio millennio adveniente, 58.

24

Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, La escuela cat贸lica en los umbrales del tercer milenio, 28/12/1997, 8.

25

Card. P铆o Laghi, Por una cultura de paz fundada en la justicia y en la caridad teologal. Ponencia en el Congreso Mundial de la OIEC (Jaipur, India 1998), en revista 芦Educaci贸n hoy禄, Confederaci贸n Interamericana de Educaci贸n Cat贸lica, Bogot谩, abril-junio de 1998, n. 134, pp. 17-18.

26

Card. P铆o Laghi, ob. cit., p. 20.

27

All铆 mismo, pp. 25-29.

28

Gaudium et spes, 63.

29

Camino hacia Dios, ob.. cit., t. 1, pp. 84-87.

30

Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, La escuela cat贸lica en los umbrales del tercer milenio, 28/12/1997, 15.

31

Joaqu铆n Garc铆a Roca, Oportunidades educativas y vida religiosa, Roma 1997.

32

Evangelii nuntiandi, 28.

33

Tertio millennio adveniente, 46.

34

Ver Gravissimum educationis, 2.

35

Comit茅 Central del Gran Jubileo del A帽o 2000, Jesucristo, Salvador del mundo, ob. cit., pp. 158-159.

36

Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, La escuela cat贸lica en los umbrales del tercer milenio, 28/12/1997, 6.

37

Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, ob. cit., p. 224.

38

All铆 mismo, p. 225.

39

Ver Puebla, 290.

40

Expresi贸n desarrollada por Luis Fernando Figari en su conferencia sobre la peregrinaci贸n a Roma 鈥淧entecost茅s 鈥�98鈥� (24/7/1998).

41

Luis Fernando Figari, En Compa帽铆a de Mar铆a, Vida y Espiritualidad, Lima 41995, p. 91.
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