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Miguel Salazar S., El Bautismo, fuente de la vocaci贸n y misi贸n del cristiano
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El Bautismo, fuente de la vocaci贸n y misi贸n del cristiano

En su homil铆a en la misa final del S铆nodo de Am茅rica, el Santo Padre plante贸 con palabras breves y enf谩ticas el reto que tiene delante el Pueblo de Dios en nuestras tierras: 芦Ha llegado el tiempo de la Nueva Evangelizaci贸n, una ocasi贸n providencial para guiar al Pueblo de Dios que est谩 en Am茅rica hacia el umbral del tercer milenio con renovada esperanza禄1.

La Iglesia en nuestro continente est谩 abocada, pues, a asumir con generosidad la tarea de la Nueva Evangelizaci贸n que ha de llevar a que los cristianos que peregrinan en estas tierras puedan, renovada su vida cristiana, dar raz贸n de su esperanza (ver 1Pe 3,15) anunciando la Buena Nueva, y construir su vida y su plenitud sobre las bases firmes que se encuentran s贸lo en el Evangelio de Jesucristo.

Para ello, resulta particularmente importante detenerse a reflexionar acerca del Bautismo y el lugar que ocupa como fundamento sacramental de la vida cristiana y de la misi贸n de la Iglesia. Los m煤ltiples desaf铆os que plantea la Nueva Evangelizaci贸n de nuestro continente requieren de respuestas s贸lidamente cimentadas. Por ello es importante centrar nuestra atenci贸n en el sustrato 贸ntico de la existencia reconciliada en el Se帽or Jes煤s que es precisamente el Bautismo. As铆 el Pueblo de Dios podr谩 caminar con pasos seguros a la hora de ofrecer las respuestas que requiere la Nueva Evangelizaci贸n.

En estas p谩ginas vamos a buscar ahondar simult谩neamente en dos direcciones: por un lado, en la transformaci贸n operada en el cristiano al recibir el Bautismo, y, por el otro, en la din谩mica del desarrollo del don seminal de este sacramento. Se trata de profundizar en el fundamento ontol贸gico de la vida cristiana, pregunt谩ndonos al mismo tiempo acerca del modo en que 茅ste se va haciendo vida concreta, buscando iluminar el camino por el que el cristiano est谩 llamado a responder a la vocaci贸n y misi贸n que est谩n presentes en su consagraci贸n bautismal.

Vamos a tratar pues de ir poniendo de relieve, desde distintas aproximaciones, estos dos aspectos, tomando conciencia de aquello que ya est谩 presente en el bautizado por el mismo hecho de haber participado en el misterio reconciliador al recibir el sacramento, as铆 como de las exigencias que implica para la cooperaci贸n humana el dinamismo que el sacramento origina y fundamenta.

I. El Bautismo, fundamento de la vida cristiana

A. La ontolog铆a de la vida cristiana

En los tiempos de crisis de la verdad, de nihilismo antropol贸gico y espiritual que nos ha tocado vivir, est谩 siempre presente el riesgo de perder de vista el realismo de la vida cristiana. En un contexto en el cual la cultura est谩 marcada por el agnosticismo funcional, la opci贸n por la vida de fe empieza muchas veces a aparecer como una m谩s entre las varias alternativas que se le ofrecen al 鈥渃onsumidor鈥� de satisfactores espirituales, las cuales, por su mismo car谩cter de productos de consumo, se consideran como carentes de todo lazo ontol贸gico con la realidad, suscitadas m谩s bien por los 鈥済ustos del cliente鈥�. La afirmaci贸n de que nuestra vida cristiana es algo 鈥渄ado鈥�, que los cristianos acogemos y que entra帽a un contacto con la realidad y en particular con la ontolog铆a del ser humano, aparece en ese contexto como una pretensi贸n inaudita que suscita rechazo.

Tambi茅n muchos cristianos pueden empezar insensiblemente a vivir su fe de ese modo, perdiendo la convicci贸n de que su opci贸n vital supone la acogida de una verdad v谩lida para todo ser humano. Esto se da particularmente cuando se entiende la fe cristiana como una serie de pr谩cticas personales o de un peque帽o grupo, y se reduce el compromiso cristiano a una opci贸n personal e individualista, perdiendo dinamismo apost贸lico y evangelizador. La incapacidad de muchos cristianos para situarse cr铆ticamente frente al mundo y la cultura parece ser una consecuencia de este debilitamiento de la conciencia de la dimensi贸n ontol贸gica y antropol贸gica de la fe, que se fundamenta en el realismo sacramental del Bautismo. Esta p茅rdida de conciencia parece subyacer tambi茅n a algunas propuestas pastorales que plantean la Nueva Evangelizaci贸n 鈥攄irigida a personas y grupos humanos que ya han recibido la iniciaci贸n sacramental鈥� como una tarea que empieza pr谩cticamente 鈥渄esde cero鈥�, prescindiendo de la gracia sacramental ya presente, y tambi茅n con frecuencia de los elementos tradicionales de catequesis y vida cristiana que siguen operantes en la cultura aunque puedan estar debilitados o faltos de sustento.

Reflexionar sobre el Bautismo como fuente de vocaci贸n y misi贸n del cristiano significa recordar la verdad fundamental de que nuestra vida cristiana tiene en su fundamento un acontecimiento sacramental, es decir un hecho concreto, hist贸rico, real incluso en el sentido f铆sico, que ha acontecido en un momento determinado de nuestras vidas. La vida cristiana se origina en el acontecimiento del Bautismo, el cual 鈥攏os ense帽a el Catecismo鈥� 芦significa y realiza la muerte al pecado y la entrada en la vida de la Sant铆sima Trinidad a trav茅s de la configuraci贸n con el misterio pascual de Cristo禄2. Sin la transformaci贸n de nuestro interior que opera el signo sacramental del agua acompa帽ada por las palabras del ministro, nuestra vida cristiana carecer铆a de fundamento ontol贸gico y antropol贸gico; la vida de fe no tendr铆a base suficiente en nuestra realidad personal. De all铆 la necesidad del Bautismo para la vida cristiana. Sin la vida de gracia que aqu茅l inaugura, 茅sta ser铆a imposible, porque la conformaci贸n con Cristo excede nuestras fuerzas y capacidades sin esa gracia sacramental: 芦todo el organismo de la vida sobrenatural del cristiano tiene su ra铆z en el santo Bautismo禄3.

Esto significa tambi茅n que la vida cristiana no se basa en primer lugar en la decisi贸n humana de emprender el camino del seguimiento de las ense帽anzas evang茅licas, sino que tiene su primer fundamento en la iniciativa de Dios que sale al encuentro del ser humano mediante un signo eficaz espec铆fico, que como hecho hist贸rico, concreto y real, transforma su existencia y funda una vida nueva. La acci贸n cooperadora con la que el ser humano corresponde a la gracia santificante supone el don ontol贸gico original del Bautismo, y surge precisamente como respuesta a 茅l. La vida cristiana no es, pues, producto de la invenci贸n del ser humano, sino fruto de la apertura consciente y libre a una transformaci贸n real que Dios ha efectuado en su ser por medio de la gracia.

El hecho de que la vida cristiana tiene un fundamento ontol贸gico sacramental se puede percibir tambi茅n en la transformaci贸n que el Bautismo causa en el ser de la persona que lo recibe. Por la recepci贸n del sacramento, el ne贸fito es transformado interiormente, 芦participa en la muerte de Cristo; es sepultado y resucita con 脡l禄4, y por ello es 芦revestido de Cristo禄 (G谩l 3,27). El bautizado se diferencia del no bautizado en su misma constituci贸n ontol贸gica, porque, como ense帽a el Catecismo, 芦el Bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (character) de su pertenencia a Cristo禄5.. Esta huella ontol贸gica es tan radical que no se ve afectada en lo sustancial ni siquiera por la opci贸n libre del cristiano en contra de su condici贸n de tal: 芦Este sello no es borrado por ning煤n pecado, aunque el pecado impida al Bautismo dar frutos de salvaci贸n禄6.. La huella del Bautismo permanece presente en el cristiano, incluso a pesar de sus pecados personales; es un principio de vida m谩s fuerte que las traiciones e infidelidades, porque toca la realidad m谩s profunda del ser humano que es el fundamento de toda su vida y actividad. Por eso, el cristiano obra siempre desde su dignidad de hijo de Dios, ya sea que obre conforme a esa dignidad que se le ha conferido, ya sea que la traicione.

Ahora bien, si el Bautismo transforma ontol贸gicamente al ser humano, es necesario afirmar al mismo tiempo que lo presupone, como capaz de acoger la gracia de la filiaci贸n, y que lo conduce a la plenitud a la que est谩 llamado. Esta afirmaci贸n no es m谩s que la verificaci贸n en el plano sacramental de la antropolog铆a desarrollada por el Concilio Vaticano II. En efecto, si es verdad que 芦el misterio del hombre s贸lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado禄, y que s贸lo 脡l 芦manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci贸n禄7, entonces es necesario afirmar que la naturaleza humana s贸lo puede encontrar su verdadera plenitud a partir de la gracia bautismal. Por eso la Iglesia ense帽a la necesidad radical del Bautismo para que el ser humano alcance su realizaci贸n: 芦El Se帽or mismo afirma que el Bautismo es necesario para la salvaci贸n (ver Jn 3,5)... La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna禄8.

Si la b煤squeda del ser humano halla respuesta a todas sus inquietudes y anhelos s贸lo en el encuentro con Jesucristo Revelador y Reconciliador, el Bautismo es el sello sacramental y la garant铆a ontol贸gica con que la iniciativa de Dios sale al encuentro no s贸lo de las preguntas que el ser humano se hace, sino de todas las hambres que brotan de lo m谩s profundo de su ser. Por el don del Bautismo, acogido por el ser humano desde su naturaleza dotada de libertad y abierta a la comuni贸n, se abre para 茅l la posibilidad de afianzar su permanencia en la realizaci贸n de su vocaci贸n y dignidad, y de desplegar su ser acogiendo y haciendo efectiva la misi贸n a la que est谩 llamado desde toda la eternidad. La vida humana verdadera es precisamente la vida cristiana, y por eso el Bautismo es la respuesta sacramental de Dios al hambre de plenitud presente en la naturaleza misma del ser humano.

La superaci贸n de la situaci贸n actual de crisis de verdad que prescinde del realismo de la vida cristiana supone hacer, pues, dos afirmaciones fundamentales. En primer lugar, que la vida cristiana hunde sus ra铆ces en el mismo fundamento ontol贸gico de la vida humana, y se basa no s贸lo en una elecci贸n de la persona, sino en primer t茅rmino en la realidad ontol贸gica del Bautismo. En segundo lugar, que el don del Bautismo nos es ofrecido por Dios 鈥攁 trav茅s de la Iglesia鈥� como respuesta concreta a las hambres fondales inscritas en nuestra naturaleza humana, como posibilidad realista de realizaci贸n de los dinamismos fundamentales presentes en ella con anterioridad al Bautismo. Es pues un don gratuito, pero de ninguna manera extr铆nseco, porque responde a la misma naturaleza humana, llamada a la comuni贸n.

B. El sacramento del Bautismo

Ahondar en la naturaleza del sacramento bautismal y abrirse al dinamismo al que da fundamento ser谩 pues una exigencia ineludible de la vida cristiana, y una condici贸n imprescindible para que los esfuerzos por responder a la Nueva Evangelizaci贸n den fruto. El Catecismo de la Iglesia Cat贸lica presenta de la siguiente manera los elementos fundamentales del Bautismo: 芦El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el p贸rtico de la vida en el esp铆ritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos part铆cipes de su misi贸n: 鈥淏aptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo鈥� (鈥淓l Bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra鈥�9)禄10.

En esta definici贸n se pueden distinguir tres elementos fundamentales. En el ac谩pite anterior nos hemos referido ya a un aspecto del primero, seg煤n el cual el Bautismo es 芦el fundamento de toda la vida cristiana禄. El Catecismo a帽ade, precisando los alcances de esta afirmaci贸n, que es 芦el p贸rtico de la vida en el esp铆ritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos禄. Toda la vida espiritual y la participaci贸n de la vida sacramental dependen del Bautismo.

En segundo lugar, el Catecismo indica que 芦por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios禄. El Bautismo da lugar a la vida nueva en el Se帽or Jes煤s. 脡sta es la vocaci贸n del cristiano que tiene su ra铆z en el Bautismo: la filiaci贸n divina que recibe al ser liberado del pecado, y que debe hacerse vida concreta con su cooperaci贸n. Todas las vocaciones espec铆ficas a las que el Se帽or llama son participaci贸n de esta vocaci贸n a ser regenerados en el Hijo, el 芦Hombre nuevo禄, cuya gloria se manifiesta en cada cristiano de una manera 煤nica e irrepetible.

Esta vida nueva no es 煤nicamente una transformaci贸n interior, sino que est谩 ligada a la 鈥渙bra鈥� que cada fiel est谩 llamado a realizar. Por eso, en tercer lugar, el Catecismo se帽ala que por el Bautismo 芦llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos part铆cipes de su misi贸n禄. El Bautismo, pues, hace al cristiano part铆cipe de la misi贸n del Pueblo de Dios de ir por todo el mundo y proclamar la Buena Nueva a toda la creaci贸n (ver Mc 16,15).

La misi贸n depende, como indica el Catecismo, de la incorporaci贸n a la Iglesia, que es uno de los efectos del Bautismo. De esta incorporaci贸n brota tambi茅n una ineludible exigencia de comuni贸n, que nace de la misma naturaleza del Bautismo: 芦Como la Iglesia es la comuni贸n entre todos aquellos que profesan la 煤nica fe y viven en la caridad, la obligaci贸n primaria que brota del Bautismo es la de conservar la comuni贸n con la misma Iglesia11 y con Dios禄12.

La figura del cuerpo que el Esp铆ritu inspira a San Pablo para expresar la realidad de la Iglesia ilumina ambas dimensiones de la comuni贸n. Expresa por un lado la unidad de todos los miembros del cuerpo con la Cabeza que es el Se帽or, de quien todos reciben la vida. Participamos de la vida cristiana como miembros de la Iglesia, en la medida en que permanecemos unidos 芦a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrici贸n y cohesi贸n, para realizar su crecimiento en Dios禄 (Col 2,19). La figura del cuerpo expresa tambi茅n la unidad en la pluralidad de servicios que est谩n llamados a desempe帽ar los cristianos en la Iglesia: 芦Pues, as铆 como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempe帽an todos los miembros la misma funci贸n, as铆 tambi茅n nosotros, siendo muchos, no formamos m谩s que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros禄 (Rom 12,4-5). La unidad del cuerpo se fortalece cuando cada uno construye la comuni贸n, acogiendo la reconciliaci贸n en la vida personal y comunitaria, y entreg谩ndose generosamente al 芦ministerio de la reconciliaci贸n禄, que se nos ha confiado en el Bautismo: 芦Y todo proviene de Dios, que nos reconcili贸 consigo por Cristo y nos confi贸 el ministerio de la reconciliaci贸n禄 (2Cor 5,18). Esta unidad tiene su fundamento en la gracia bautismal: 芦El Bautismo constituye el fundamento de la comuni贸n entre todos los cristianos, ...鈥渃onstituye un v铆nculo sacramental de unidad, vigente entre los que han sido regenerados por 茅l鈥�1314.

C. La vida cristiana

Esta plenitud de la unidad y la comuni贸n tiende a la perfecci贸n de la caridad, que es la esencia de la vida cristiana. Por el Bautismo, como nos recuerda el Concilio, 芦todos los fieles, de cualquier estado o condici贸n, est谩n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci贸n de la caridad禄15.. El Bautismo es, as铆, el 芦fundamento de la existencia cristiana禄16.. Esta vida cristiana que los hijos de la Iglesia acogen por el Bautismo es la 煤nica vida verdaderamente humana: 芦Dios nos ha dado vida eterna y esta vida est谩 en su Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo, no tiene la vida禄 (1Jn 5,11-12).

Para comprender la transformaci贸n de la existencia humana que significa esta vida cristiana, la Iglesia ha mirado siempre a Mar铆a, la primera en recibir en s铆 los frutos de la reconciliaci贸n. Ella es paradigma de esa vida de la que los cristianos participamos por el Bautismo. Manifiesta en su propio ser indiviso la plenitud de vida que se da en la comuni贸n con la Trinidad creadora, que es la fuente de la reconciliaci贸n con uno mismo, con los dem谩s y con toda la creaci贸n. La vocaci贸n a la vida cristiana, que Mar铆a acoge plenamente, se manifiesta en Ella precisamente como la coronaci贸n y la plenitud de la vocaci贸n a la vida humana, y por lo tanto como la verdadera vida humana, vida reconciliada, existencia en la cual ha dado fruto la reconciliaci贸n que el Se帽or nos ha obtenido con su Encarnaci贸n, Muerte y Resurrecci贸n. En Mar铆a se percibe claramente que la vida cristiana es la que se centra en el Se帽or Jes煤s, nutri茅ndose de 脡l, que ha venido para que tengamos vida y para que la tengamos en abundancia (ver Jn 10,10).

En Ella resulta claro tambi茅n c贸mo la vocaci贸n a la vida cristiana, que alcanza una especificaci贸n particular en cada persona llamada a reflejar la gloria del Se帽or17 de una manera 煤nica e irrepetible, no se queda en el ser, sino que est谩 indesligablemente unida a un quehacer, a una obra, a una misi贸n concreta y personal. Mar铆a, que es la Inmaculada, la llena de gracia, la sierva del Se帽or, tiene, como ense帽a el Santo Padre, 芦un lugar preciso en el plan de la salvaci贸n禄, una 芦presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia禄18. Al igual que Ella todos los cristianos tienen, junto a su vocaci贸n a la santidad, una misi贸n a cumplir: 芦Cada ser humano, junto a esta vocaci贸n que venimos llamando 鈥渇undamental鈥� tiene tambi茅n, por designio divino, un llamado a realizar en este terreno peregrinar una misi贸n propia. As铆, el horizonte de la vocaci贸n pasa a una especificidad m谩s individual con el llamado personal a una misi贸n concreta, cuya huella lleva en su mismidad, seg煤n la divina Providencia禄19.

II. El Bautismo y la vocaci贸n a la santidad

La vida cristiana que proviene del Bautismo incluye pues tanto la vocaci贸n del cristiano a participar plenamente de esa vida en su persona, como el llamado a cumplir una misi贸n apost贸lica. Ahondaremos ahora en el primero de estos aspectos, que no es otro que la vocaci贸n de cada cristiano a vivir la plenitud de la santidad.

A. La vocaci贸n a la santidad

El Papa Juan Pablo II afirma en la Christifideles laici que 芦la vocaci贸n a la santidad hunde sus ra铆ces en el Bautismo禄20, se帽alando que esa vocaci贸n, que debe ser considerada 芦como un signo luminoso del infinito amor del Padre que les ha regenerado a su vida de santidad禄 es 芦una componente esencial e inseparable de la nueva vida bautismal, y, en consecuencia, un elemento constitutivo de su dignidad禄21. El Santo Padre recoge as铆 la ense帽anza del Concilio Vaticano II, el cual, al recordar al Pueblo de Dios la universal vocaci贸n a la santidad, la fundamentaba precisamente en la consagraci贸n bautismal: 芦Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en raz贸n de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Se帽or Jes煤s, han sido hechos por el Bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y part铆cipes de la divina naturaleza, y por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificaci贸n que recibieron禄22.

En el texto conciliar la santidad aparece en primer lugar como un hecho: los cristianos son ya 芦realmente santos禄 por el Bautismo. Hay un fundamento ontol贸gico de santidad, en el cual se basa el desarrollo de la santidad del cristiano: la vida nueva en el Se帽or que le ha sido conferida al bautizado por su participaci贸n sacramental en el acto reconciliador del Se帽or Jes煤s. El Catecismo ahonda en esta realidad subrayando la radical novedad de la condici贸n del bautizado: 芦El Bautismo no solamente purifica de todos los pecados, hace tambi茅n del ne贸fito 鈥渦na nueva creaci贸n鈥� (2Cor 5,17), un hijo adoptivo de Dios (ver G谩l 4,5-7) que ha sido hecho 鈥減art铆cipe de la naturaleza divina鈥� (2Pe 1,4), miembro de Cristo (ver 1Cor 6,15; 12,27), coheredero con 脡l (Rom 8,17) y templo del Esp铆ritu Santo (ver 1Cor 6,19)禄23.

Pero el Concilio no se queda en afirmar que la santidad es ya real en los bautizados. Tambi茅n nos dice que 芦es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificaci贸n que recibieron禄.. La vida cristiana acogida en el Bautismo constituye un principio din谩mico de crecimiento, que no ha alcanzado todav铆a la plenitud. En realidad, toda la existencia cristiana es despliegue de la novedad cristiana acogida en el Bautismo, como lo se帽ala la Christifideles laici con respecto a los laicos: 芦No es exagerado decir que toda la existencia del fiel laico tiene como objetivo el llevarlo a conocer la radical novedad cristiana que deriva del Bautismo, sacramento de la fe, con el fin de que pueda vivir sus compromisos bautismales seg煤n la vocaci贸n que ha recibido de Dios禄24.

Los obispos latinoamericanos en Medell铆n ense帽aron por eso que 芦por el Bautismo el cristiano inici贸 su configuraci贸n con Cristo que luego, por la acci贸n de Dios y la fidelidad del hombre, ha de ir creciendo hasta llegar a la edad perfecta de la plenitud de Cristo禄25. El esfuerzo del hombre por responder con fidelidad parte de la conciencia del don inmenso del Bautismo, es decir, del misterio de haber muerto a la muerte para nacer a la vida nueva en el Se帽or Jes煤s. Esta conciencia lleva al cristiano a descubrir que la semilla de vida que ha sido depositada en su coraz贸n debe madurar por la gracia y por la fe.

Si el don del Bautismo es como una semilla de vida llamada a crecer y exige un esfuerzo de cooperaci贸n, tambi茅n lo exige la presencia, aun despu茅s del Bautismo, de las consecuencias del pecado: 芦En el bautizado permanecen ciertas consecuencias temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de car谩cter, etc., as铆 como una inclinaci贸n al pecado que la Tradici贸n llama concupiscencia, o 鈥渇omes peccati鈥�: 鈥淟a concupiscencia, dejada para el combate, no puede da帽ar a los que no la consienten y la resisten con coraje por la gracia de Jesucristo. Antes bien 鈥榚l que leg铆timamente luchare, ser谩 coronado鈥� (2Tim 2,5)鈥� (CC. de Trento: DS 1515)禄26.

El desarrollo del don de la vida cristiana recibido por el Bautismo supone pues un esfuerzo consciente de lucha y combate, como lo sugieren las esperanzadoras palabras del Concilio de Trento que cita el Catecismo. Este combate requiere de una cooperaci贸n activa con la gracia recibida. No todo el que dice: 隆Se帽or, Se帽or!, entrar谩 en el reino de los cielos (ver Mt 7,21), sino aquel que cumple con el designio divino. No basta con ser bautizado, sino que es necesario abrirse al dinamismo del Bautismo para, cooperando con la gracia recibida, irse transformando cada vez m谩s, 芦hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo禄 (Ef 4,13), en cuya muerte hemos participado para nacer a la nueva vida.

B. La din谩mica bautismal

La din谩mica fundamental de ese camino de combate interior y cooperaci贸n que conduce al despliegue del don de la vida de gracia, y al progresivo vencimiento de la concupiscencia, viene se帽alada tambi茅n por la naturaleza misma del Bautismo: se trata del paso de la muerte del pecado a la vida nueva en el Se帽or Jes煤s.

El Papa Juan Pablo II ense帽a que mediante el Bautismo 芦Jes煤s une al bautizado con su muerte para unirlo a su resurrecci贸n (ver Rom 6,3-5); lo despoja del 鈥渉ombre viejo鈥� y lo reviste del 鈥渉ombre nuevo鈥�, es decir, de S铆 mismo禄27. Nuevamente, se trata ante todo de una realidad objetiva, presente ya en el bautizado por la misma recepci贸n del sacramento. Pero esa realidad ontol贸gica ha de ir haci茅ndose vida concreta en la vida espiritual del cristiano.

Esto implica asumir en la propia vida un doble dinamismo por el cual nos vamos asemejando cada vez m谩s al Se帽or Jes煤s: despojarse del hombre viejo y revestirse del nuevo. Ambos procesos son simult谩neos y complementarios. Por un lado, ir rompiendo con el pecado, con los conflictos y rupturas en todas las dimensiones de nuestro ser, y sobre todo con la mentira, que nos hace esclavos de las concupiscencias del poder, el tener y el placer (ver 1Jn 2,16). Por el otro, ir revisti茅ndonos del hombre nuevo, acogiendo la gracia divina que el Padre derrama en nuestros corazones por el Esp铆ritu Santo, para irnos asemejando cada vez m谩s al Se帽or Jes煤s y poder repetir con el Ap贸stol: 芦es Cristo quien vive en m铆禄 (G谩l 2,20).

Ese camino progresivo de conformaci贸n con el Se帽or Jes煤s no es otro que el camino de crecimiento en la fe, como se puede deducir 鈥攗na vez m谩s鈥� del sacramento del Bautismo.

C. El camino de la fe

En efecto, como ense帽a el Catecismo, 芦el Bautismo es el sacramento de la fe禄. 芦La fe que se requiere para el Bautismo 鈥攁帽ade鈥� no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que est谩 llamado a desarrollarse禄28. Por ello, 芦en todos los bautizados, ni帽os o adultos, la fe debe crecer despu茅s del Bautismo禄. Esto lo manifiesta el hecho de que 芦la Iglesia celebra cada a帽o en la noche pascual la renovaci贸n de las promesas del Bautismo禄29. La fe debe pues renovarse y aumentar cada d铆a: 芦隆Creo, ven en ayuda de mi poca fe!禄 (Mc 9,24).

La fe, 芦garant铆a de lo que se espera; prueba de las realidades que no se ven禄 (Heb 11,1) es, como ense帽a San Juan de la Cruz, medio proporcionado de uni贸n con Dios30 y, como tal, principio din谩mico de la maduraci贸n cristiana. Todo el proceso de crecimiento de la vida cristiana ha de entenderse como un desarrollo de la fe, que en la esperanza conduce hacia la plenitud de la caridad.

Esa exigencia de crecimiento en la fe se manifiesta en primer t茅rmino como una exigencia de integralidad. Se trata de vivir una fe que abarque todas las dimensiones del ser humano: su mente, su coraz贸n y su acci贸n. La fe 鈥攅nse帽a el Santo Padre en la Veritatis splendor鈥� 芦no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida. Pero, una palabra no es acogida aut茅nticamente si no se traduce en hechos, si no es puesta en pr谩ctica. La fe es una decisi贸n que afecta a toda la existencia; es encuentro, di谩logo, comuni贸n de amor y de vida del creyente con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (ver Jn 14,6). Implica un acto de confianza y abandono en Cristo, y nos ayuda a vivir como 茅l vivi贸 (ver G谩l 2,20), o sea, en el mayor amor a Dios y a los hermanos禄31.

Para que la fe se haga integral debe ir creciendo, hasta ir transformando a la persona en toda su realidad. Para ello es necesario un esfuerzo consciente y sistem谩tico por ir abri茅ndose y respondiendo al dinamismo transformante de la fe. Un testimonio claro de esta din谩mica es la llamada 鈥淒irecci贸n de San Pedro鈥� que el Esp铆ritu inspir贸 al Ap贸stol en su segunda carta: 芦Poned el mayor empe帽o en a帽adir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la tenacidad, a la tenacidad la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad禄 (2Pe 1,5b-7).

No basta con la fe inicial. San Pedro nos ense帽a que a ella hay que a帽adir progresivamente 鈥攑oniendo 芦el mayor empe帽o禄 (2Pe 1,10)鈥� todas las dem谩s virtudes que va enumerando en una cadena que concluye con la consumaci贸n en la caridad. Se trata de una din谩mica de cooperaci贸n activa, para no quedarse 芦inactivos ni est茅riles para el conocimiento perfecto de nuestro Se帽or Jesucristo禄 (2Pe 1,8). Caminando por esa senda, la fe ir谩 despleg谩ndose en la vivencia de las otras dos virtudes teologales. La fe es el fundamento sobre el cual se asientan la esperanza y la caridad, pero al mismo tiempo sin la esperanza, que sostiene el esfuerzo de crecimiento, y la caridad, que es la plenitud hacia la que tiende la vida cristiana, la fe queda vac铆a (ver 1Cor 13,2).

Este camino de crecimiento de la fe tiene como fundamento el Bautismo. La huella ontol贸gica de la incorporaci贸n a Jesucristo ordena todos los dinamismos de la naturaleza humana hacia la vida cristiana. Por eso el camino de la fe es tambi茅n de alguna manera el camino del encuentro con uno mismo: el bautizado ha sido renovado radicalmente, y es una nueva creaci贸n, participa de la naturaleza divina como hijo adoptivo de Dios y miembro de Cristo y es templo del Esp铆ritu Santo. Adem谩s, recibe la gracia santificante, que le permite vivir las virtudes teologales y acoger los dones del Esp铆ritu Santo32 que lo sostienen en el caminar.

III. El Bautismo y la misi贸n apost贸lica

El camino de desarrollo de la fe no se refiere 煤nicamente al perfeccionamiento personal del cristiano, a su vocaci贸n a la santidad. Este crecimiento de la fe personal est谩, como indicamos m谩s arriba, indesligablemente unido a la misi贸n que el Se帽or encomienda a cada uno en la Iglesia. La gloria que el cristiano est谩 llamado a dar al Padre junto con el Se帽or no se puede desligar del cumplimiento de la obra apost贸lica que se le encomienda a cada uno: 芦Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar禄 (Jn 17,4).

Con el Bautismo el fiel empieza a participar de la misi贸n del Pueblo de Dios. Esta dimensi贸n apost贸lica del Bautismo se manifiesta de manera m谩s plena en la Confirmaci贸n, que concluye la iniciaci贸n cristiana, y en la cual los cristianos 芦se comprometen mucho m谩s, como aut茅nticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras禄33.

A. La misi贸n apost贸lica forma parte del Bautismo

En la Christifideles laici el Papa Juan Pablo II se帽ala con claridad la consagraci贸n apost贸lica que nace del Bautismo: 芦Con esta 鈥渦nci贸n鈥� espiritual, el cristiano puede, a su modo, repetir las palabras de Jes煤s: 鈥淓l Esp铆ritu del Se帽or est谩 sobre m铆; por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberaci贸n a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, y a proclamar el a帽o de gracia del Se帽or鈥� (Lc 4,18-19; ver Is 61,1-2). De esta manera, mediante la efusi贸n bautismal y crismal, el bautizado participa en la misma misi贸n de Jes煤s el Cristo, el Mes铆as Salvador禄34.

La identidad apost贸lica marca pues al bautizado tan profundamente como el Bautismo mismo. La incorporaci贸n a la Iglesia supone la obligaci贸n de 芦confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia禄35. La legislaci贸n de la Iglesia, al precisar qui茅nes son los fieles cristianos, da un lugar central a esa misi贸n apost贸lica: 芦Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el Bautismo, se integran en el Pueblo de Dios, y hechos part铆cipes a su modo por esta raz贸n de la funci贸n sacerdotal, prof茅tica y real de Cristo, cada uno seg煤n su propia condici贸n, son llamados a desempe帽ar la misi贸n que Dios encomend贸 cumplir a la Iglesia en el mundo禄36.

La misi贸n que forma parte de la identidad de todo bautizado implica y exige el cumplimiento de la misi贸n propia a la que cada uno est谩 llamado en el servicio de la Iglesia. El compromiso activo con la misi贸n apost贸lica del Pueblo de Dios se hace vida en la entrega a los horizontes concretos de servicio apost贸lico a los cuales el Se帽or convoca a cada uno.

Esta misi贸n com煤n pero encomendada a cada uno de manera singular da lugar a unos deberes apost贸licos espec铆ficos, pero supone tambi茅n el derecho de trabajar en el servicio evangelizador, tanto personal como asociadamente, como lo recuerda el C贸digo de Derecho Can贸nico con respecto a los laicos37.. Como respuesta a la conciencia de ese deber y en ejercicio de ese derecho han surgido en los 煤ltimos tiempos m煤ltiples formas de apostolado laical, tanto personal como sobre todo asociado, entre las cuales hay que destacar de forma particular los movimientos eclesiales. El derecho de asociaci贸n nace de la misma naturaleza de comuni贸n de la Iglesia, que hunde sus ra铆ces en el Bautismo, y en particular de la misi贸n apost贸lica que forma parte de la consagraci贸n bautismal. Lo recuerda claramente el Santo Padre: 芦Ante todo debe reconocerse la libertad de asociaci贸n de los fieles laicos en la Iglesia. Tal libertad es un verdadero y propio derecho que no proviene de una especie de 鈥渃oncesi贸n鈥� de la autoridad, sino que deriva del Bautismo, en cuanto sacramento que llama a todos los fieles laicos a participar activamente en la comuni贸n y misi贸n de la Iglesia禄38.

El surgimiento de nuevas formas asociativas en el empe帽o apost贸lico surge de la misma naturaleza del Bautismo. El empe帽o apost贸lico de cada bautizado, as铆 como de las distintas asociaciones en que se integran, realiza la misi贸n de la Iglesia toda, en la cual participan todos los fieles cristianos. Por ello la misi贸n de cada bautizado, aunque en las distintas formas que adquiere revista caracter铆sticas y acentos particulares, nunca es individual ni meramente grupal, sino eclesial, pues es participaci贸n en la misi贸n de la Iglesia.

B. 芦Part铆cipes del oficio sacerdotal, prof茅tico y real de Jesucristo禄

La misi贸n apost贸lica que proviene del Bautismo confiere la participaci贸n en el oficio sacerdotal, prof茅tico y real de Jesucristo. Esta participaci贸n vale para todos los fieles cristianos en cuanto bautizados, y es necesario afirmarla de manera particular con respecto a los laicos, 芦fieles incorporados a Cristo por el Bautismo, que forman parte del Pueblo de Dios ejerciendo desde su propia vocaci贸n la funci贸n sacerdotal, prof茅tica y real de Cristo, y que en tal sentido ejercen tanto en la Iglesia, as铆 como en el mundo, la misi贸n com煤n: 鈥減ropagar el reino de Cristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre, y hacer as铆 a todos los hombres part铆cipes de la redenci贸n salvadora y por medio de ellos ordenar realmente todo el universo hacia Cristo鈥�3940.

La participaci贸n en el oficio sacerdotal se da ante todo por la uni贸n de los fieles al sacrificio de Jesucristo en 芦el ofrecimiento de s铆 mismos y de todas sus actividades (ver Rom 12,1-2)禄41, que se plenifica en la participaci贸n de la oblaci贸n eucar铆stica. Exige vivir una espiritualidad de la vida cotidiana, en la cual 芦todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apost贸licas, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso espiritual y corporal..., e incluso las mismas pruebas de la vida禄, vividos en el Esp铆ritu, 芦se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (ver 1Pe 2,5)禄42.

Por la participaci贸n en el oficio sacerdotal, 芦la vocaci贸n a la santidad est谩 ligada 铆ntimamente a la misi贸n禄43. La santidad es la condici贸n de todo apostolado eficaz, porque nadie da lo que no tiene, y porque una predicaci贸n del Evangelio que no tenga sustento en el testimonio de vida no tiene credibilidad. Como ense帽a Santo Domingo, 芦el mejor evangelizador es el santo, el hombre de las bienaventuranzas禄44.. El primer campo de apostolado ha de ser siempre el evangelizador mismo, permanentemente evangelizado, porque el primer servicio evangelizador que el fiel le debe a la Iglesia y a los dem谩s es el esfuerzo por su propia santidad.

Pero la dimensi贸n apost贸lica de la santidad personal ser铆a incompleta sin la predicaci贸n activa del Evangelio. La participaci贸n en el oficio prof茅tico del Se帽or Jes煤s se da en el testimonio expl铆cito de la verdad evang茅lica, en la participaci贸n eficaz de todos los fieles en la acci贸n evangelizadora de la Iglesia, no s贸lo mediante 芦el testimonio de la vida禄, sino tambi茅n 芦con el poder de la palabra禄45.. A lo largo de toda la historia de la Iglesia este testimonio ha ido adquiriendo formas siempre renovadas para hacer presente el Evangelio a todos los hombres y a todas las realidades humanas. En los 煤ltimos tiempos vienen siendo particularmente importantes las formas asociadas de apostolado, particularmente en el 谩mbito laical.

El esfuerzo por responder al reto de la evangelizaci贸n presupone y exige una formaci贸n constante en la fe, para poder responder a los retos concretos de los hombres y mujeres de cada tiempo y dar un testimonio eficaz en la cultura. A su vez, la actividad evangelizadora conduce a un crecimiento en la fe, porque 芦la misi贸n renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. 隆La fe se fortalece d谩ndola!禄46.

La participaci贸n en el oficio real convoca a los bautizados a 芦servir al Reino de Dios y difundirlo en la historia. Los cristianos participan de este oficio del Siervo sufriente, antes que nada, mediante la lucha espiritual para vencer en s铆 mismos el reino del pecado (ver Rom 6,12); y despu茅s en la propia entrega para servir, en la justicia y en la caridad, al mismo Jes煤s presente en todos sus hermanos, especialmente en los m谩s peque帽os (ver Mt 25,40)禄47. Aqu铆 entra en juego con toda su radicalidad la exigencia de un servicio solidario a los pobres. Al mismo tiempo, el horizonte del Reino manifiesta que la misi贸n apost贸lica no queda en el 谩mbito personal, sino que se trata de transformar todo lo humano mediante la 芦palabra de la reconciliaci贸n禄 (2Cor 5,19), buscando 芦dar de nuevo a la entera creaci贸n todo su valor originario禄48. En este empe帽o cobra toda su importancia la evangelizaci贸n de la cultura, que conduce a la Civilizaci贸n del Amor.

IV. Conclusi贸n: el Bautismo y el reto de la Nueva Evangelizaci贸n

Para terminar, es importante volver a la cuesti贸n que nos plante谩bamos al comienzo. 驴Qu茅 aporta una reflexi贸n en torno al Bautismo de cara a los retos de la Nueva Evangelizaci贸n?

En primer lugar, suscita una conciencia renovada del fundamento antropol贸gico realista que tiene la vida cristiana, y por lo tanto imprime nuevas fuerzas para evangelizar y sobreponerse al relativismo en que pretende sumir al cristianismo el agnosticismo funcional. La conciencia del Bautismo como don recibido y de las ra铆ces ontol贸gicas de la vida cristiana dan al ap贸stol vigor, confianza y esperanza en el empe帽o por hacer llegar la luz y la vida del Evangelio a todos los hombres y a todas las realidades humanas.

En segundo lugar, y como consecuencia de ello, la reflexi贸n en torno al Bautismo nos da una conciencia clara de la grandeza del don recibido. El Santo Padre nos exhorta a mantener esa conciencia: 芦Es particularmente importante que todos los cristianos sean conscientes de la extraordinaria dignidad que les ha sido otorgada mediante el santo Bautismo禄49. Esta conciencia conducir谩 a un renovado sentido de la urgencia de ser fieles a sus exigencias, viviendo una vida cada vez m谩s santa, y asumiendo con generosidad la misi贸n apost贸lica por la cual todos participamos de la misi贸n de la Iglesia.

En tercer lugar 鈥攜 quiz谩s sea 茅ste el aspecto m谩s importante de cara a los retos espec铆ficos de la Nueva Evangelizaci贸n, que se dirige fundamentalmente a personas que ya han recibido el Bautismo y a 谩mbitos culturales en los que est谩 todav铆a presente la huella de la evangelizaci贸n鈥�, ahondar en la conciencia del fundamento sacramental de la vida cristiana nos dar谩 una conciencia clara de que en este empe帽o evangelizador se trata no de suscitar una fe inexistente, sino de conducir a los cristianos, entibiados por diversas razones en su compromiso cristiano, a hacer eficaces en sus vidas las consecuencias de un don que ya sella lo m谩s profundo de su ser. El reto no es el de conducir a los destinatarios de la Nueva Evangelizaci贸n hacia una novedad in茅dita50, sino a reconocer en s铆 el don siempre nuevo de la vida cristiana, recibido en el Bautismo, y a encontrar la reconciliaci贸n que anhelan en el renovado encuentro con esta huella que marca su identidad m谩s profunda, dando forma cristiana 鈥攜 por ello verdaderamente humana鈥� a sus hambres fundamentales, para los cuales han olvidado d贸nde hab铆an de buscar el alimento verdadero e imperecedero.

Esto supone en los forjadores de la Nueva Evangelizaci贸n una sensibilidad evang茅lica para percibir los efectos transformadores del Bautismo y de la primera evangelizaci贸n en las personas y realidades que buscan transformar con el Evangelio. Los evangelizadores tendr谩n que realizar un discernimiento penetrante que permita encontrar los medios para sacar a la luz ese don originario 鈥攐scurecido quiz谩s a la conciencia personal鈥� con respeto y reverencia, tocando aquellas fibras donde laten los frutos de la transformaci贸n sacramental y de la primera catequesis. Junto con ello ser谩 necesario un esfuerzo por mantener una fina conciencia de todas las manifestaciones culturales que portan las huellas del Evangelio. Fortaleci茅ndolas con un renovado contacto vivo con la luz que emana de Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre (ver Heb 13,8), la cultura se revitalizar谩 para convertirse verdaderamente en una cultura cristiana, es decir una cultura en cuyo seno los hombres y mujeres de nuestro continente tengan al Se帽or Jes煤s, Hijo de Dios y de Santa Mar铆a, en su boca y en su coraz贸n.

Miguel Salazar Steiger, laico peruano, es miembro del Centro de Estudios para la Persona y la Cultura de la Universidad San Pablo. Ha publicado: Persona humana y reconciliaci贸n.


1

Juan Pablo II, Homil铆a durante la misa de clausura de la Asamblea especial para Am茅rica del S铆nodo de los Obispos, 12/12/1997, 2.

2

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1239.

3

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1266.

4

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1227.

5

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1272. Ver Gianfranco Ghirlanda, S.J., El derecho en la Iglesia misterio de comuni贸n, Paulinas, Madrid 1992, p. 103: 芦El car谩cter bautismal expresa este car谩cter definitivo de la consagraci贸n por parte del Padre, consagraci贸n divina, que afecta a las dimensiones m谩s profundas del ser y supone una transformaci贸n ontol贸gica, que es como una nueva creaci贸n禄.

6

Lug. cit.

7

Gaudium et spes, 22.

8

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1257.

9

Catecismo Romano, 2,2,5.

10

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1213.

11

Ver C.I.C., c. 209, 搂 1.

12

Gianfranco Ghirlanda, S.J., ob. cit., pp. 73-74.

13

Unitatis redintegratio, 22.

14

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1271.

15

Lumen gentium, 40.

16

Tertio millennio adveniente, 41.

17

Ver 2Cor 3,18: 芦Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Se帽or, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez m谩s gloriosos: as铆 es como act煤a el Se帽or, que es Esp铆ritu禄.

18

Redemptoris Mater, 1.

19

Luis Fernando Figari, Mar铆a y la vocaci贸n a la vida cristiana, Fondo Editorial, Lima 1995, p. 17. El subrayado es nuestro.

20

Christifideles laici, 16.

21

Christifideles laici, 17.

22

Lumen gentium, 40.

23

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1265.

24

Christifideles laici, 10.

25

Medell铆n, Religiosos, 1.

26

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1264.

27

Christifideles laici, 12.

28

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1253.

29

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1254.

30

Un amplio elenco de las referencias en que San Juan de la Cruz expresa esta idea puede encontrarse en Karol Wojtyla, La fe seg煤n San Juan de la Cruz, Librer铆a Editrice Vaticana - Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1979, pp. 19-21.

31

Veritatis splendor, 88.

32

Ver Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1265-1266.

33

Lumen gentium, 11.

34

Christifideles laici, 13.

35

Lumen gentium, 11.

36

C.I.C., c. 204, 搂 1.

37

Ver C.I.C., c. 225, 搂 1: 芦Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmaci贸n, los laicos, como todos los dem谩s fieles, est谩n destinados por Dios al apostolado, tienen la obligaci贸n general, y gozan del derecho, tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvaci贸n sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo禄.

38

Christifideles laici, 29.

39

Apostolicam actuositatem, 2.

40

Luis Fernando Figari, Horizontes de Reconciliaci贸n, Vida y Espiritualidad, Lima 1996, p. 67.

41

Christifideles laici, 14.

42

Lumen gentium, 34.

43

Christifideles laici, 17.

44

Santo Domingo, 28.

45

Ver Lumen gentium, 35.

46

Redemptoris missio, 2.

47

Christifideles laici, 14.

48

Lug. cit.

49

Christifideles laici, 64.

50

Ver Santo Domingo, 24: 芦Hablar de Nueva Evangelizaci贸n no quiere decir reevangelizar. En Am茅rica Latina no se trata de prescindir de la primera evangelizaci贸n sino de partir de los ricos y abundantes valores que ella ha dejado para profundizarlos y complementarlos, corrigiendo las deficiencias anteriores禄.
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