S.S. Juan Pablo II, Mensaje Al cardenal Paul Poupard con ocasión del XX aniversario de la creación del Consejo pontificio para la cultura.
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Haced que la voz de la Santa Sede llegue a los «areópagos» de la cultura moderna

Mensaje al Cardenal Paul Poupard con ocasión del XX aniversario de la creación del Consejo Pontificio para la Cultura

Con ocasión del XX aniverario de la creación del Consejo pontificio para la cultura, el martes 14 de mayo tuvo lugar en la sala del Sínodo del Vaticano una jornada de estudi y reflexión. Además del cardenal paul Poupard, presidente del dicasterio, participaron los cardenales Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los obispos; Francis Arinze, presidente del Consejo ppontificio para el diálogo interreligioso; y José da Cruz Policarpo, patriarca de Lisboa; así como varios obsipos y prelados de la Curia romana y numerosas personalidades diplomáticas y académicas. La sesión de la mañana se abrió con una relación del cardenal Poupard sobre la misión de este Consejo pontificio, en la que recorrió la historia de estes dicasterio, desde su creación el 20 de mayo de 1982, y la prehistoria, con la institución en 1965, por parte de Pablo VI, del Secretariado para los no creyentes, que luego se convirtió en el Consejo pontificio para el diálogo con los no creyentes y, finalmente, quedó unido al Consejo pontificio para el diálogo con los no creyentes y, finalmente, quedó unido el Consejo pontificio para la cultura en 1993, cuando Juan Pablo II reorganizó el dicasterio con el motu proprio «Inde a pontificatus», articulándo en dos secciones: «Fe y cultura» y «Diálogo con las culturas». El momento culminante del encuentro fue la lectura del mensaje que el Santo Padre envió con este motivo al cardenal Poupard. He aquí el texto:

Señor Cardenal:

1. Me uno de buen grado a usted y a sus colaboradoes, a los embajadores acreditados ante la Santa Sede y a todas las personalidades que han venido para celebrar el vigésimo aniversario de la creación del Consejo pontificio para la cultura.

Desde el inicio de mi pontificado, he aprovechado toda ocasión para reafirmar cuén importante es el diálogo entre la Iglesia y las culturas. Se trata de un ámbito vital no sólo para la nueva evangelización y la inculturación de la fe, sino también para el destino del mundo y el futuro de la humanidad.

Durante los veinte años transcurridos han cambiado notablemente los modelos de pensamienteo y las costumbres de nuestra sociedades, mientras que los progresos técnicos, con la llegada de las tecnologías modernas de la comunicación, han influido profundamente en la relaciones del hombre con la naturaleza, consigo mismo y con los demás. La globalización misma, inicialmente asociada al ámbito económico, se ha convertido ahora en un fenómeno que afecta también a otros sectores de la vida humana. Ante estos cambios culturales es muy pertinente la reflezión de los padres del concilio ecuménico Vaticano II, que, en la constitución psatoral Gaudium et spes, quisieron subrayar la importancia de la cultura para el pleno desarrollo del hombre. En la carta autógraf para la creación del Consejo pontificio para la cultura escribí: «La síntesis entre la cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura sino también de la fe… una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida» (Carta al cardenal secretario de Estado, 20 de amyo de 1982: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1982, p. 19).

2. Después del Concilio, durante las Asambleas del Sínodo de los obispos reaparecieron a menudo estos temas, que recogí en exhortaciones apostólicas específicas. Quisiera agradecer a ese Consejo pontificio, creado por mí el 20 de mayo de 1982, la ayuda que me ha prestadoen este campo tan importante para la acción misionera de la Iglesia.

Además, en 1993 decidí unir el Consejo pontifico para el diálogo con los no creyentes, instituido por mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI, a este dicasterio, con la convicción de que la cultura es un camino privilegiado para comprender el modo de pensar y sentir de los hombres de nuestro tiempo que no tienen ninguna creencia religiosa como punto de referencia. Desde esta perspectiva, escribí en aquella ocasión: «El Consejo promueve el encuentro entre el mensaje salvífico del Evangelio y las culturas de nuestro tiempo, a menudo marcadas por la no creencia y la indiferencia religiosa, a fin de que se abran casa vez más a la fe cristiana, creadora de la cultura y de ciencias, y fuente inspiradora de literatura y arte» (inde a pontificatus, 25 de marzo de 1993, art. 1: L'Osservatore Romano, edición en la lengua española, 7 de mayo de 1993, p. 5).

3. Señor cardenal, quisiera aprovechar esta feliz circunstancia para animar al Consejo pontificio par la cultura y atodos sus componentes a proseguir el camino emprendido, haciendo que la voz de la Santa Sede llegue a los diversos «areópagos» de la cultura moderna, manteniendo contactos fecundos con los cultivadores del arte y la ciencia, lsa letras y la filosofía.

En los encuentros eclesiales e interculturales de ciencia, cultura y educación, así como en lsa organizacioones internacionales, esforazaos constantemente por testimoniar el interés de la iglesia por el diálogo fecundo del Evangelio de Cristo con las culturas y en una participación activa de los católicos en la construcción de una sociedad cada vez más respetuosa de la persona humana, creada a imagen de Dios.

Invocando, ante la perspectiva de la fiesta inminente fiesta de Pentecostés, la luz del Espíritu Divino sobre la actividad del dicasterio, le imparto de corazón a usted, señor cardenal, a sus colaboradores y a todos los que se han reunido para celebrar este feliz aniversario, una especial y afectuosa bendición apostólica.

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