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S.S. Juan Pablo II, Teolog铆a y Magisterio
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Teolog铆a y Magisterio

Discurso de S.S. Juan Pablo II a la Asamblea plenaria de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe

Se帽ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio:

1. Ante todo, deseo expresaros la alegr铆a de poder encontrarme con vosotros al t茅rmino de vuestra asamblea plenaria. 脡sta es una ocasi贸n propicia para manifestaros mi reconocimiento. Vuestro trabajo, en muchos aspectos dif铆cil y comprometedor, es de importancia fundamental para la vida cristiana, pues busca la promoci贸n y la defensa de la integridad y de la pureza de la fe, condiciones esenciales para que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo puedan encontrar la luz que les permita entrar en el camino de la salvaci贸n.

Agradezco al se帽or cardenal Joseph Ratzinger los sentimientos expresados en sus palabras y la exposici贸n del trabajo desarrollado durante la plenaria, dedicada en particular al problema de la aceptaci贸n de los pronunciamientos del Magisterio eclesi谩stico.

Conservar la unidad de la fe y la comuni贸n

2. El di谩logo constante con los pastores y los te贸logos de todo el mundo os permite estar atentos a las exigencias de comprensi贸n y de profundizaci贸n de la doctrina de la fe, de las que la teolog铆a se hace int茅rprete, y al mismo tiempo os ilumina sobre las iniciativas 煤tiles para favorecer y fortalecer la unidad de la fe y la funci贸n de gu铆a del Magisterio en la comprensi贸n de la verdad y en la edificaci贸n de la comuni贸n eclesial en la caridad.

La unidad de la fe, en funci贸n de la cual el Magisterio tiene la autoridad y la potestad deliberativa 煤ltima en la interpretaci贸n de la palabra de Dios escrita y transmitida, es valor primario que, si se respeta, no ahoga la investigaci贸n teol贸gica, sino que le confiere un fundamento estable. En su tarea de explicitar el contenido inteligible de la fe, la teolog铆a expresa la orientaci贸n intr铆nseca de la inteligencia humana hacia la verdad y la exigencia insuprimible del creyente de explorar racionalmente el misterio revelado.

Para alcanzar esa finalidad, la teolog铆a jam谩s puede reducirse a la reflexi贸n privada de un te贸logo o de un grupo de te贸logos. El ambiente vital del te贸logo es la Iglesia, y la teolog铆a, para permanecer fiel a su identidad, no puede menos de participar 铆ntimamente en el entramado de la vida de la Iglesia, de su doctrina, de su santidad y de su oraci贸n.

Al servicio de la verdad

3. En este contexto, resulta plenamente comprensible y perfectamente coherente con la l贸gica de la fe cristiana la persuasi贸n de que la teolog铆a tiene necesidad de la palabra viva y clarificadora del Magisterio. El significado del Magisterio de la Iglesia ha de considerarse en orden a la verdad de la doctrina cristiana. Esto es lo que vuestra Congregaci贸n ha expuesto y precisado muy bien en la instrucci贸n Donum veritatis a prop贸sito de la vocaci贸n eclesial del te贸logo.

El hecho de que el desarrollo dogm谩tico, coronado con la definici贸n solemne del concilio Vaticano I, haya subrayado el carisma de la infalibilidad del Magisterio, aclarando sus condiciones de actuaci贸n, no debe llevar a considerar el Magisterio s贸lo desde este punto de vista. En efecto, su potestad y su autoridad son la potestad y la autoridad de la verdad cristiana, de la que da testimonio. El Magisterio, que ejerce su autoridad en nombre de Jesucristo (cf. Dei Verbum, 10), es un 贸rgano al servicio de la verdad, al que corresponde hacer que no deje de ser transmitida fielmente a lo largo de la historia humana.

Colaboraci贸n de la teolog铆a

4. Hoy debemos constatar una difundida incomprensi贸n del significado y de la funci贸n del Magisterio de la Iglesia. 脡sta es la causa de las cr铆ticas y de las contestaciones con respecto a los pronunciamientos, como hab茅is comprobado especialmente a prop贸sito de las reacciones de muchos ambientes teol贸gicos y eclesi谩sticos con respecto a los m谩s recientes documentos del Magisterio pontificio: las enc铆clicas Veritatis splendor, sobre los principios de la doctrina y de la vida moral, y Evangelium vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana; la carta apost贸lica Ordinatio sacerdotalis, sobre la imposibilidad de conferir la ordenaci贸n sacerdotal a las mujeres; y, adem谩s, con respecto a la carta de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe sobre la recepci贸n de la comuni贸n eucar铆stica por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar.

A este prop贸sito, ciertamente, es necesario distinguir la actitud de los te贸logos que, con esp铆ritu de colaboraci贸n y de comuni贸n eclesial, presentan sus dificultades y sus interrogantes, contribuyendo de este modo positivamente a la maduraci贸n de la reflexi贸n sobre el dep贸sito de la fe, y la actitud p煤blica de oposici贸n al Magisterio, que se califica como disentimiento; 茅ste tiende a instituir una especie de anti-magisterio, presentando a los creyentes posiciones y modalidades alternativas de comportamiento. La pluralidad de las culturas y de las orientaciones y sistemas teol贸gicos es leg铆tima s贸lo si se presupone la unidad de la fe en su significado objetivo. La misma libertad propia de la investigaci贸n teol贸gica jam谩s es libertad con respecto a la verdad, sino que se justifica y se realiza al cumplir la persona con la obligaci贸n moral de obedecer a la verdad, propuesta por la Revelaci贸n y acogida en virtud de la fe.

Crear un clima positivo con respecto al Magisterio

5. Al mismo tiempo, como justamente hab茅is considerado en vuestra asamblea, hoy es necesario favorecer un clima de aceptaci贸n y acogida positiva de los documentos del Magisterio, prestando atenci贸n al estilo y al lenguaje, de manera que se armonice la solidez y la claridad de la doctrina con la preocupaci贸n pastoral de utilizar formas de comunicaci贸n y modalidades de expresi贸n incisivas y eficaces para la conciencia del hombre contempor谩neo.

Sin embargo, no es posible dejar de mencionar uno de los aspectos decisivos que causan el malestar y la inquietud de algunos sectores del mundo eclesi谩stico: se trata del modo de concebir la autoridad. En el caso del Magisterio, la autoridad no s贸lo se ejerce cuando interviene el carisma de la infalibilidad; su ejercicio tiene un 谩mbito m谩s vasto, tal como lo requiere la conveniente conservaci贸n del dep贸sito revelado.

Para una comunidad que se funda esencialmente en la adhesi贸n compartida a la palabra de Dios y en la consiguiente certidumbre de vivir en la verdad, la autoridad en la determinaci贸n de los contenidos en los que hay que creer y profesar es algo a lo que no se puede renunciar. Que la autoridad incluya grados diversos de ense帽anza ha sido afirmado claramente en los dos recientes documentos de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe: la Professio fidei y la instrucci贸n Donum veritatis. Esta jerarqu铆a de grados no se deber铆a considerar un impedimento, sino un est铆mulo para la teolog铆a.

Instancia de garant铆a

6. Con todo, esto no autoriza a considerar que los pronunciamientos y las decisiones doctrinales del Magisterio s贸lo requieran un asentimiento irrevocable cuando los enuncia con un juicio solemne o con un acto definitivo, y que, en consecuencia, en todos los dem谩s casos cuenten s贸lo las argumentaciones o las motivaciones presentadas.

En las enc铆clicas Veritatis splendor y Evangelium vitae, as铆 como en la carta apost贸lica Ordinatio sacerdotalis, he querido volver a proponer la doctrina constante de la fe de la Iglesia, con un acto de confirmaci贸n de verdades claramente atestiguadas por la Escritura, la Tradici贸n apost贸lica y la ense帽anza un谩nime de los pastores. Estas declaraciones, en virtud de la autoridad transmitida al Sucesor de Pedro de 芦confirmar a los hermanos禄 (Lc 22,32), expresan, por tanto, la com煤n certidumbre presente en la vida y en la ense帽anza de la Iglesia.

As铆 pues, parece urgente recuperar el concepto aut茅ntico de autoridad, no s贸lo desde el punto de vista formal y jur铆dico, sino m谩s profundamente como instancia de garant铆a, de custodia y de gu铆a de la comunidad cristiana, en la fidelidad y continuidad de la Tradici贸n, para hacer posible a los creyentes el contacto con la predicaci贸n de los Ap贸stoles y con la fuente de la realidad cristiana.

Un ministerio valioso

7. Al alegrarme con vosotros, amad铆simos hermanos en Cristo, por el intenso, diligente y valioso ministerio que desempe帽谩is al servicio de la Sede apost贸lica y en favor de la Iglesia entera, os aliento a proseguir con firmeza y confianza en la tarea que se os ha confiado, para contribuir as铆 a introducir y conservar a todos en la libertad de la verdad.

Con estos sentimientos os imparto de coraz贸n mi bendici贸n a todos vosotros, como prenda de afecto y de gratitud.

Vaticano, 24 de noviembre de 1995.

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