Soporte
Cardenal Augusto Vargas Alzamora, La fe nos llega a trav茅s de la Iglesia
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

La fe nos llega a trav茅s de la Iglesia

Card. Augusto Vargas Alzamora
Arzobispo de Lima y Primado del Per煤
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana

Estamos ya en los 煤ltimos meses del per铆odo ante-preparatorio del Jubileo del 2000 al que ha querido convocar el Santo Padre como preparaci贸n para la llegada del Tercer Milenio. La Arquidi贸cesis de Lima, en colaboraci贸n con la Asociaci贸n Vida y Espiritualidad 鈥攃uya labor agradezco鈥� ha organizado este Congreso Internacional que busca ahondar en los Desaf铆os para el Tercer Milenio.

Quiero en primer lugar dar la bienvenida a todos los participantes, y de manera especial a los Pastores del Pueblo de Dios y a los laicos que han venido de diversas partes de Am茅rica. Su presencia entre nosotros nos permite fortalecer 鈥攗na vez m谩s鈥� los lazos de comuni贸n que nos unen como miembros del 煤nico cuerpo de Jesucristo.

1. Jesucristo ayer, hoy y siempre

El a帽o 1997, primero de la fase preparatoria del Gran Jubileo, 芦se dedicar谩 a la reflexi贸n sobre Cristo, Verbo del Padre, hecho hombre por obra del Esp铆ritu Santo禄1. En 茅l destacar谩 de manera clara 芦el car谩cter claramente cristol贸gico del Jubileo, que celebrar谩 la Encarnaci贸n y la venida al mundo del Hijo de Dios... El tema general, propuesto para este a帽o por muchos Cardenales y Obispos, es: 鈥淛esucristo, 煤nico Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre鈥澛�2. Estamos invitados, pues, a fijar de manera especial nuestra atenci贸n en la persona de Jesucristo, Revelador y Reconciliador, buscando disponernos para un encuentro renovado con 脡l. Por ello la carta apost贸lica con la que el Santo Padre ha querido iniciar la preparaci贸n del Jubileo, pone en el centro 鈥攜a desde sus primeras palabras鈥� al Verbo Encarnado: 芦Mientras se aproxima el tercer milenio de la nueva era, el pensamiento se remonta espont谩neamente a las palabras del ap贸stol Pablo: 鈥淎l llegar la plenitud de los tiempos, envi贸 Dios a su Hijo, nacido de mujer鈥�3. En efecto, la plenitud de los tiempos se identifica con el misterio de la Encarnaci贸n del Verbo, Hijo consustancial al Padre y con el misterio de la Redenci贸n del mundo禄4.

Con la rotunda afirmaci贸n de la centralidad del misterio de la Encarnaci贸n del Verbo, plenitud de los tiempos y centro de la Historia, Juan Pablo II no solamente ha planteado como programa la necesidad de retener cada vez m谩s en la mirada al Hijo de Mar铆a, 芦fijos los ojos en Jes煤s, el que inicia y consuma la fe禄5; ha recogido, adem谩s, una inquietud que brota 鈥渆spont谩neamente鈥� en la Iglesia al aproximarse el Tercer Milenio. Esa misma inquietud la percibimos los Pastores latinoamericanos reunidos en Santo Domingo. Por ello quisimos confesar 芦nuestra fe y nuestro amor a Jesucristo禄 y afirmar que 芦脡l es el mismo 鈥渁yer, hoy y siempre鈥澛�6. Respondiendo a esta inquietud, tambi茅n el documento preparatorio del pr贸ximo S铆nodo de Am茅rica pone en el centro el 芦encuentro con Jesucristo vivo禄7.

El anhelo de este encuentro nace de la convicci贸n de que 芦Cristo, Redentor del mundo, es el 煤nico Mediador entre Dios y los hombres porque no hay bajo el cielo otro nombre por el que podamos ser salvados89. En 脡l se ha realizado el designio del Padre, y adem谩s 脡l, 芦Hijo consustancial al Padre, es... Aquel que revela el plan de Dios sobre toda la creaci贸n, y en particular sobre el hombre禄10. La mirada que se alza hacia la persona de Jesucristo es, en efecto, una mirada que busca en 脡l la respuesta sobre el destino del ser humano, sobre el sentido de su existencia y sobre su dignidad; es una mirada que busca encontrarse con el T煤 divino en y a trav茅s de Jesucristo.

El Concilio puso de relieve 鈥攜 es una ense帽anza que el actual Pont铆fice reitera con insistencia鈥� que el Se帽or Jes煤s 芦manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci贸n禄11. S贸lo en 脡l se descubre verdaderamente lo que hay de profundo y noble en la existencia humana. La urgencia por reconocer que el misterio de su Encarnaci贸n es el centro de la historia de la humanidad nace de una exigencia de fidelidad del ser humano a s铆 mismo. Como lo formul贸 bellamente el Santo Padre: 芦Vale la pena ser hombre, porque T煤 has sido hombre. Porque has venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Porque te has hecho 鈥攎ediante el amor鈥� totalmente 鈥減ara los dem谩s鈥�. Porque has llenado la humanidad de contenido sencillo, transparente y aut茅ntico禄12.

Esta certeza antropol贸gica de que la verdad sobre el ser humano se halla s贸lo en el Se帽or Jes煤s, se encuentra hoy con un cansancio ante las esperanzas vanas que el mundo postula, y en particular ante las ideolog铆as 鈥攃uyo influjo se ha hecho sentir incluso en el seno de la comunidad eclesial鈥�. Esta experiencia 鈥攓ue es un rasgo de nuestro tiempo鈥� ha de llevar a los miembros del Pueblo de Dios a volverse nuevamente, con firmeza, hacia Jesucristo, como lo hicieron los cristianos de los primeros siglos ante tentaciones que, aunque se presentaban de otra forma, igualmente los alejaban de la 煤nica fuente de vida. En esas circunstancias s贸lo cabe aferrarse a la realidad tan misteriosa como aut茅ntica del Verbo Encarnado. Las palabras que San Ignacio de Antioqu铆a pronunci贸 hace ya tiempo no han perdido ni sentido ni vigencia, y siguen siendo un excelente camino para el cristiano de hoy: 芦Tapaos, pues, los o铆dos cuando oig谩is hablar de cualquier cosa que no tenga como fundamento a Cristo Jes煤s, descendiente del linaje de David, hijo de Mar铆a, que naci贸 verdaderamente, que comi贸 y bebi贸 como hombre, que fue perseguido verdaderamente bajo Poncio Pilato y verdaderamente tambi茅n fue crucificado y muri贸, en presencia de los moradores del cielo, de la tierra y del abismo y que resucit贸 verdaderamente de entre los muertos por el poder del Padre禄13.

Esta clar铆sima opci贸n por el Se帽or Jes煤s, y el rechazo a 芦cualquier cosa que no tenga como fundamento a Cristo Jes煤s禄, tienen tambi茅n en su ra铆z la convicci贸n de la originalidad 煤nica del cristianismo. 脡ste no es, como las religiones paganas y como las ideolog铆as de nuestro tiempo, fruto del esfuerzo 鈥攁 la larga infructuoso鈥� del ser humano por darse una respuesta a s铆 mismo. No cabe con respecto a la fe cristiana un debate con las otras supuestas soluciones al problema del hombre, porque la fe no es en primer t茅rmino palabra humana. Tiene su origen en la Palabra pronunciada por el Padre: el Verbo que se encarna en el seno inmaculado y virginal de Mar铆a Sant铆sima. 芦El cristianismo comienza con la Encarnaci贸n del Verbo. Aqu铆 no es s贸lo el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios quien viene en Persona a hablar de s铆 al hombre y a mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo禄14.

Por ello el camino para acceder a la participaci贸n del misterio de la Encarnaci贸n es el de la 芦obediencia de la fe禄15: la apertura, la d贸cil acogida a la iniciativa divina de manifestarse en Jesucristo, hecho hombre para redimir a la humanidad del pecado y reconciliarla con Dios: 芦En Cristo 鈥攏os dice el Santo Padre鈥� la religi贸n ya no es un 鈥渂uscar a Dios a tientas鈥�16, sino una respuesta de fe a Dios que se revela: respuesta en la que el hombre habla a Dios como a su Creador y Padre; respuesta hecha posible por aquel Hombre 煤nico que es al mismo tiempo el Verbo consustancial al Padre, en quien Dios habla a cada hombre y cada hombre es capacitado para responder a Dios. M谩s todav铆a, en este Hombre responde a Dios la creaci贸n entera禄17.

Esta respuesta de fe a Dios que se revela es, pues, la primera exigencia del encuentro con el Se帽or.

2. La fe en Jesucristo

Como al ciego de nacimiento, el Se帽or nos pregunta una vez m谩s: 芦驴T煤 crees en el Hijo del hombre?禄. Nuestra respuesta ha de ser tambi茅n la misma: 芦Creo, Se帽or禄18.

La Dei Verbum ense帽a que 芦cuando Dios revela, el hombre tiene que someterse con la fe. Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece 鈥渆l homenaje total de su entendimiento y voluntad鈥�19, asintiendo libremente a lo que Dios revela禄20. La fe es la 煤nica respuesta del ser humano proporcionada a la iniciativa divina de manifestarse mediante la Revelaci贸n. Esta exigencia de asentimiento pleno ante la manifestaci贸n divina se hace a煤n m谩s radical frente a Jesucristo, en quien la Revelaci贸n alcanza su plenitud. 芦Creer en sentido cristiano quiere decir acoger la definitiva auto-鈥揜evelaci贸n de Dios en Jesucristo, respondiendo a ella con un 鈥渁bandono en Dios鈥�, del que Cristo mismo es fundamento, vivo ejemplo y mediador salv铆fico禄21.

La fe en Jesucristo est谩 en el origen de la existencia renovada que 脡l nos trajo. Por ello el bautismo, que es 芦el fundamento de toda la vida cristiana禄22, 芦la fuente de la vida nueva en Cristo, de la cual brota toda la vida cristiana禄23, es tambi茅n 芦el sacramento de la fe禄24.

En el sacramento del bautismo resulta claro que la profesi贸n de la fe incluye necesariamente la 芦renuncia a Satan谩s, y a todas sus obras, y a todas sus seducciones禄. Es una entrega a Dios que se ha manifestado en Jesucristo, y esta entrega exige una coherencia de vida. Por ello la fe 鈥攓ue s贸lo es posible como respuesta al don de Dios, pero es un acto libre y plenamente humano鈥� abarca toda la vida del ser humano. La fe 鈥攃omo ense帽a el Santo Padre en la Veritatis splendor鈥� 芦no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida. Pero una palabra no es acogida aut茅nticamente si no se traduce en hechos, si no es puesta en pr谩ctica. La fe es una decisi贸n que afecta a toda la existencia; es encuentro, di谩logo, comuni贸n de amor y de vida del creyente con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Implica un acto de confianza y abandono en Cristo, y nos ayuda a vivir como 脡l vivi贸, o sea, en el mayor amor a Dios y a los hermanos禄25.

Esta fe que abarca la vida entera y exige coherencia con el divino Modelo y lo que 脡l implica, tal como nos es ense帽ado por la Iglesia, es pues el principio din谩mico de la vida cristiana que 芦debe crecer despu茅s del bautismo禄26 hasta perfeccionarse en la caridad.

El Pueblo de Dios que se prepara para el Tercer Milenio ha de centrar su mirada en el Verbo Encarnado. Para ello debe profundizar en la vida de fe, fortalecerla, hacerla vida. Por eso, como se帽ala el Papa, el 芦objetivo prioritario del Jubileo... es el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos禄27.

Para comprender la urgencia de este esfuerzo de cooperaci贸n con la gracia, resulta sugerente mirar la tesis doctoral de Karol Wojtyla, dedicada a La fe seg煤n San Juan de la Cruz. En ella se帽ala c贸mo 鈥攅n tiempos de profundos cambios culturales a todo nivel y de nuevos horizontes que guardan semejanzas con los nuestros鈥� San Juan encontr贸 en la vivencia de la fe 鈥攅ntendida como medio proporcionado para la uni贸n con Dios鈥� la respuesta a los peligros de desviaci贸n, y la garant铆a de un fundamento s贸lido sobre el cual construir la vida cristiana: 芦El Doctor M铆stico, en efecto, reaccionando contra las corrientes de un misticismo vago y sentimental, ense帽贸 intr茅pidamente que la fe es el medio propio para la uni贸n del alma con Dios; la fe con todas sus consecuencias, la fe desnuda, la fe en austeridad y obediencia intelectual禄28.

La centralidad de la fe personal vivida en armon铆a total con la fe de la Iglesia fue no solamente un ant铆doto contra el sentimentalismo y el subjetivismo que se presentaban entonces como una grave tentaci贸n 鈥攅n modo semejante como ahora se da鈥�, sino tambi茅n una respuesta clara a las corrientes her茅ticas que amenazaban la vida cristiana. 芦En los a帽os que siguen a la gran crisis de la Reforma, cuando serpean los errores de los 鈥渘ovadores鈥澛�29, San Juan supo oponer 芦a este cristianismo corrompido la integridad de la vida sobrenatural y su obra suprema de transformaci贸n y de uni贸n de amor con Dios禄, se帽alando el horizonte de 芦la fe viva, informada por la caridad y que opera por ella; la fe, 煤nico medio proporcionado a la uni贸n viva con Dios禄30.

Hoy, cuando 芦no se puede negar que la vida espiritual atraviesa en muchos cristianos un momento de incertidumbre que afecta no s贸lo a la vida moral, sino incluso a la oraci贸n y a la misma rectitud teologal de la fe禄31, se hace particularmente necesario ahondar en la vida de fe, y en sus exigencias de coherencia integral. M谩s a煤n cuando la fe de no pocos 鈥攃omo se帽ala el Santo Padre鈥� 芦est谩 a veces desorientada por posturas teol贸gicas err贸neas, que se difunden tambi茅n a causa de la crisis de obediencia al Magisterio de la Iglesia禄32.

3. La fe nos viene por la Iglesia

El problema de la fe, pues, es un problema que afecta a la Iglesia en cuanto tal. La fe, en efecto, est谩 intr铆nsecamente ligada a la vida del Pueblo de Dios, a su misma naturaleza. M谩s a煤n, como ense帽a el Catecismo, 芦鈥渃reer鈥� es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la madre de todos los creyentes. 鈥淣adie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por madre鈥�3334.

Esto se puede percibir ya desde el mismo origen del acto de fe. Nadie puede creer sino como fruto de la predicaci贸n, que es siempre un acto eclesial: 芦驴C贸mo invocar谩n a aquel en quien no han cre铆do? 驴C贸mo creer谩n en aquel a quien no han o铆do? 驴C贸mo oir谩n sin que se les predique? Y 驴c贸mo predicar谩n si no son enviados? Como dice la Escritura: 隆Cu谩n hermosos los pies de los que anuncian el bien!... Por tanto, la fe viene de la predicaci贸n, y la predicaci贸n, por la Palabra de Cristo禄35.

Hoy se puede afirmar con toda claridad que la fe del Pueblo de Dios precede, tanto en el orden ontol贸gico como en el cronol贸gico, a la fe de cada uno de los creyentes. 芦La Iglesia es la primera que cree, y as铆 conduce, alimenta y sostiene mi fe禄36. Por eso la profesi贸n de la fe es siempre un acto que, aunque personal, tiene como marco a la comunidad toda: 芦La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a s铆 mismo, como nadie se ha dado la vida a s铆 mismo. El creyente ha recibido la fe de otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jes煤s y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslab贸n en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros禄37.

Se trata de un di谩logo de fe que se inicia en el bautismo y que forma parte de la vida misma de la Iglesia: 芦Desde su nacimiento en Jerusal茅n, el d铆a de Pentecost茅s, la Iglesia 鈥減ersevera en o铆r la ense帽anza de los Ap贸stoles鈥�, y esto significa el encuentro rec铆proco, en la fe, de los que ense帽an y de los que son instruidos禄38. El Pueblo de Dios ha de ser, en ese encuentro rec铆proco, fiel guardi谩n de la fe. As铆 la comunidad eclesial toda se capacita para ejercer su funci贸n maternal 鈥攁 semejanza de la Madre del Se帽or鈥� transmitiendo lo que ha conservado reverentemente en su seno: 芦La Iglesia, que es 鈥渃olumna y fundamento de la verdad鈥�39, guarda fielmente 鈥渓a fe transmitida a los santos de una vez para siempre鈥�40. Ella es la que guarda la memoria de las palabras de Cristo, la que transmite de generaci贸n en generaci贸n la confesi贸n de fe de los ap贸stoles. Como una madre que ense帽a a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos ense帽a el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe禄41.

Para ello es indispensable la fidelidad a la fe de la Iglesia por parte de todos sus hijos, pero particularmente por parte de aquellos en quienes recae el ministerio de ense帽ar: 芦El que se hace disc铆pulo de Cristo tiene derecho a recibir la 鈥減alabra de la fe鈥� no mutilada, falsificada o disminuida, sino completa e integral, en todo su rigor y su vigor禄42. En la fidelidad a la transmisi贸n de la fe eclesial se juega la fidelidad al mismo Jesucristo y la vitalidad de la Iglesia.

No podemos ocultar que 茅ste es un campo en el cual el panorama actual del Pueblo de Dios dista de ser 贸ptimo, con consecuencias dolorosas para el pueblo que peregrina, muchas veces confundido por ense帽anzas que 鈥攁biertamente o de manera sutil y encubierta鈥� se apartan de la Verdad recibida y confesada en la Iglesia. Lo denunciaba en茅rgicamente hace unos a帽os Hans Urs von Balthasar: 芦Ahora viene la fatalidad de que los sabios y entendidos (muy a menudo los te贸logos) con su pretendida ciencia, traen la inquietud a los sencillos. Con su recto sentido de la fe 茅stos sienten que hay en ello algo malsano, pero no dan con la respuesta justa. A esto apuntan las terribles palabras de Jes煤s sobre la rueda de molino que habr铆a que colgar al cuello de quien seduce a uno de estos peque帽os, su amenaza a los 鈥済u铆as ciegos鈥� que cierran la puerta del reino de los cielos y ni entran ellos ni dejan entrar a los que quieren4344.

La plena y total fidelidad a la fe de la Iglesia, la adhesi贸n al Magisterio que la explicita, es una exigencia de la caridad. Esa fidelidad no s贸lo es un asunto de coherencia personal, sino que est谩 ligada firmemente a la obra de Nueva Evangelizaci贸n a la que cada hijo e hija de la Iglesia est谩 convocado de cara al Tercer Milenio.

Un campo en el cual esta fidelidad eclesial reviste particular importancia es el de la lectura e interpretaci贸n de la Sagrada Escritura. Muchas corrientes actuales de ex茅gesis 鈥攓uiz谩s las m谩s difundidas鈥� rechazan de plano toda referencia a la Sagrada Tradici贸n y se niegan a aceptar criterio alguno fuera de sus propios par谩metros racionales y a la larga subjetivos. Conducen as铆 a una lectura de la Palabra de Dios desarraigada de toda referencia eclesial45.

Una lectura e interpretaci贸n de la Sagrada Escritura que sea lectura de fe, no puede hacerse fuera del marco de 芦la Tradici贸n viva de toda la Iglesia禄46 ni puede ser ajena a la referencia al Magisterio, que est谩 al servicio de la Palabra de Dios, 芦para ense帽ar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Esp铆ritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente禄47. La Escritura no puede subsistir fuera de la Tradici贸n y el Magisterio, pues 鈥攃omo dice el Catecismo鈥� 芦la Iglesia encierra en su Tradici贸n la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Esp铆ritu Santo le da la interpretaci贸n espiritual de la Escritura禄48.

En la com煤n profesi贸n de la fe eclesial, 煤nica 芦garant铆a de lo que se espera, prueba de las cosas que no se ven禄49, la Iglesia encuentra tambi茅n el fundamento de su comuni贸n, de su unidad, que le permite proyectarse al mundo como germen de unidad: 芦Un solo Cuerpo y un solo Esp铆ritu, como una es la esperanza a que hab茅is sido llamados. Un solo Se帽or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que est谩 sobre todos, por todos y en todos禄50.

El Catecismo remarca con fuerza este car谩cter unificador de la fe: 芦Desde siglos, a trav茅s de muchas lenguas, culturas, pueblos y naciones, la Iglesia no cesa de confesar su 煤nica fe, recibida de un solo Se帽or, transmitida por un solo bautismo, enraizada en la convicci贸n de que todos los hombres no tienen m谩s que un solo Dios y Padre禄51. Por eso termina el ac谩pite referido a la profesi贸n de fe recogiendo un hermoso texto de San Ireneo, que se maravilla en la comuni贸n que fundamenta la fe, capaz de reconciliar en la unidad eclesial a todos los creyentes a pesar de las circunstancias concretas de cultura, lugar, u otras que los puedan diferenciar: 芦La Iglesia, en efecto, aunque dispersa por el mundo entero hasta los confines de la tierra, habiendo recibido de los ap贸stoles y de sus disc铆pulos la fe... guarda (esta predicaci贸n y esta fe) con cuidado, como no habitando m谩s que una sola casa, cree en ella de una manera id茅ntica, como no teniendo m谩s que una sola alma y un solo coraz贸n, la predica, la ense帽a y la transmite con una voz un谩nime, como no poseyendo m谩s que una sola boca. Porque, si las lenguas difieren a trav茅s del mundo, el contenido de la Tradici贸n es uno e id茅ntico. Y ni las Iglesias establecidas en Germania tienen otra fe u otra Tradici贸n, ni las que est谩n entre los iberos, ni las que est谩n entre los celtas, ni las de Oriente, de Egipto, de Libia, ni las que est谩n establecidas en el centro del mundo...禄52.

4. Hacia el Tercer Milenio

Los tiempos actuales, lo constat谩bamos al inicio de estas reflexiones, nos llevan, de manera especial, al encuentro del Se帽or Jes煤s, en un itinerario indicado por los temas prefijados para la pr贸xima Asamblea especial para Am茅rica del S铆nodo de los Obispos: 芦El encuentro con Cristo vivo conduce siempre a la conversi贸n y a la reconciliaci贸n con Dios y con el pr贸jimo, culmina en la comuni贸n de vida con 脡l y fructifica en la solidaridad con los m谩s necesitados...禄53.

S贸lo en el encuentro con el Se帽or Jes煤s encontrar谩n los hombres y mujeres de nuestro tiempo la respuesta a los muchos interrogantes e inquietudes que se agitan en sus corazones.

Ese encuentro conduce a la conversi贸n personal, a emprender la senda de la coherencia de la fe que se帽ala el bautismo, a avanzar en el progresivo camino de despojarse 芦del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducci贸n de las concupiscencias, a renovar el esp铆ritu de vuestra mente, y a revestiros del Hombre Nuevo, creado seg煤n Dios, en la justicia y santidad de la verdad禄54.

Esa conversi贸n a la fe plena en Jesucristo es tambi茅n reconciliaci贸n en todas sus dimensiones55, y se vive en la comuni贸n del Pueblo de Dios, 芦signo e instrumento de la uni贸n 铆ntima con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano禄56. Y desde esta comuni贸n se despliega en el servicio evangelizador. 脡ste, que testimonia al mundo una fe vivida, se expresa tambi茅n, de manera significativa, en el amor y la solidaridad con todos, en especial con los m谩s necesitados.

Que Nuestra Se帽ora de la Evangelizaci贸n, Madre del Verbo Encarnado, que supo salir al encuentro del Se帽or ofreci茅ndose generosamente para el cumplimiento el designio divino, nos ense帽e tambi茅n a nosotros a encontrarnos con su Hijo. Que Ella, que supo hacer de su vida entera un testimonio luminoso de coherencia con el don original, realizando 芦de la manera m谩s perfecta la obediencia de la fe禄57, disponga nuestros corazones para convertirnos cada vez m谩s al Se帽or Jes煤s. Que as铆 como acompa帽贸 la comuni贸n de la Iglesia en sus inicios, atrayendo sobre los ap贸stoles el Esp铆ritu Santo, sepa encender tambi茅n en nosotros el ardor por el amor y la reconciliaci贸n. Y que sea Ella la que interceda por nosotros, para que esa comuni贸n fructifique en una solidaridad eficaz que haga llegar la luz del Evangelio a los m谩s pobres y necesitados, dando as铆 un testimonio vigoroso de su presencia salvadora en el mundo.


1

Tertio millennio adveniente, 40.

2

Lug. cit.

3

G谩l 4,4.

4

Tertio millennio adveniente, 1.

5

Heb 12,2.

6

Santo Domingo, 1.

7

Son las primeras palabras del t铆tulo de los Lineamenta de la Asamblea especial para Am茅rica del S铆nodo de los Obispos: Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversi贸n, la comuni贸n y la solidaridad en Am茅rica.

8

Ver Hch 4,12.

9

Tertio millennio adveniente, 4.

10

Lug. cit.

11

Gaudium et spes, 22.

12

Juan Pablo II, Homil铆a en la Plaza de San Pedro el Domingo de Ramos, 15/4/1984, 3.

13

San Ignacio de Antioqu铆a, Carta a los Tralianos, IX,1-2.

14

Tertio millennio adveniente, 6.

15

Rom 1,5; 16,26.

16

Ver Hch 17,27.

17

Tertio millennio adveniente, 6.

18

Ver Jn 9,35-38.

19

Concilio Vaticano I, Dei Filius, 3: Denz., 1789.

20

Dei Verbum, 5.

21

Juan Pablo II, Jesucristo es el cumplimiento definitivo del misterio de Dios que se revela, 3/4/1985, 3.

22

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1213.

23

All铆 mismo, 1254.

24

All铆 mismo, 1253.

25

Veritatis splendor, 88.

26

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1254.

27

Tertio millennio adveniente, 42.

28

Karol Wojtyla, La fe seg煤n San Juan de la Cruz, BAC, Madrid 31980, p. 4.

29

All铆 mismo, p. 5.

30

Bruno de Jes煤s-Mar铆a, San Juan de la Cruz, Fax, Madrid 1943, p. 121, citado en Karol Wojtyla, ob. cit., p. 5.

31

Tertio millennio adveniente, 36.

32

Lug. cit.

33

San Cipriano de Cartago, De catholicae unitate ecclesiae: PL 4, 503A.

34

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 181.

35

Rom 10,14-15.17.

36

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 168.

37

All铆 mismo, 166.

38

Juan Pablo II, La escucha de la Palabra de Dios, 12/12/1984, 2.

39

1Tim 3,15.

40

Jds 3.

41

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 171.

42

Catechesi tradendae, 30.

43

Ver Mt 23,13.

44

Hans Urs von Balthasar, A los creyentes desconcertados, Narcea, Madrid 1983, p. 7.

45

Puede verse la l煤cida cr铆tica del Cardenal Joseph Ratzinger, La interpretaci贸n b铆blica en crisis. Problemas del fundamento y la orientaci贸n de la ex茅gesis hoy, Vida y Espiritualidad, Lima 1995, especialmente las pp. 14-15.

46

Dei Verbum, 12.

47

Dei Verbum, 10.

48

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 113. Me he referido extensamente a este tema en La Revelaci贸n divina. Apuntes sobre la Constituci贸n dogm谩tica Dei Verbum, aparecido en Vigencia y proyecci贸n del Concilio Vaticano II, Vida y Espiritualidad, Lima 1996 (ver especialmente las pp. 20-22). El mismo trabajo ha sido publicado por la Oficina Departamental de Educaci贸n Cat贸lica (ODEC), Lima 1996.

49

Heb 11,1.

50

Ef 4,4-6.

51

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 172. El subrayado es nuestro.

52

San Ireneo de Ly贸n, Adversus haereses, 1,10,1-2, citado en Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 173-174.

53

Lineamenta, 29.

54

Ef 4,22-24.

55

Ver Reconciliatio et paenitentia, 8: 芦En conexi贸n 铆ntima con la misi贸n de Cristo se puede, pues, condensar la misi贸n 鈥攔ica y compleja鈥� de la Iglesia en la tarea 鈥攃entral para ella鈥� de la reconciliaci贸n del hombre: con Dios, consigo mismo, con los hermanos, con todo lo creado; y esto de modo permanente, porque 鈥攃omo he dicho en otra ocasi贸n鈥� 鈥渓a Iglesia es por su misma naturaleza siempre reconciliadora鈥澛�.

56

Lumen gentium, 1.

57

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 148.
Consultas

© Copyright 2012. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico