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Comisi贸n Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, Para que renazca el pa铆s
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Para que renazca el pa铆s

La celebraci贸n de la Semana Santa y de la Pascua de Resurrecci贸n es una ocasi贸n para que los Obispos, reunidos en la Comisi贸n Permanente de nuestra Conferencia Episcopal, nos dirijamos una vez m谩s a nuestro pueblo. Los cristianos proclamamos que en Cristo muerto y resucitado la Vida triunfa sobre la Muerte, la gracia de Dios sobre el pecado y la alegr铆a definitiva sobre el dolor de este valle de l谩grimas. Cristo es garant铆a de que los hombres podemos convertirnos y transformarnos profundamente, y ser art铆fices de la reconstrucci贸n de la Patria.

Recientemente hemos peregrinado a Roma para venerar la tumba de los ap贸stoles Pedro y Pablo y para abrazar fraternalmente al Papa Juan Pablo II. La ense帽anza del Papa, que entonces hemos recibido, es muy certera y digna de ser tomada en consideraci贸n: 鈥淪贸lo una propuesta de los valores morales fundamentales, como son la honestidad, la austeridad, la responsabilidad por el bien com煤n, la solidaridad, el esp铆ritu de sacrificio y la cultura del trabajo, en una tierra como la vuestra que la Providencia ha creado f茅rtil y fecunda, puede asegurar un mejor desarrollo integral para todos los miembros de la comunidad nacional鈥�.

En nuestra reuni贸n extraordinaria de enero pasado dec铆amos que no debemos equivocarnos considerando este momento cr铆tico como uno m谩s y sin poner los remedios morales e institucionales necesarios. Tenemos un pa铆s frenado por falta de acuerdo y de grandeza de sus actores pol铆ticos, sociales y econ贸micos, e incapaz de dar respuesta apropiada a la gravedad de esta crisis terminal. Los intereses sectoriales y corporativos siguen queriendo imponer su fuerza en desmedro del inter茅s general. En gran parte del pueblo hay deseos de una Argentina nueva, pero no encuentra en sus dirigentes la voluntad suficiente para cambiar los errores que nos han degradado tanto. Hay un vac铆o de la dirigencia que impide encontrar los caminos de la honesta representatividad pol铆tica, de la equidad social y de la seguridad jur铆dica. Es preciso renunciar a las formas inmorales de actuar en la vida p煤blica y a los irritantes privilegios. Tambi茅n es necesario reparar todo da帽o ocasionado y restituir todo lo que se haya obtenido il铆citamente.

Como dirigentes religiosos, los Obispos no rehusamos continuar examinando nuestra responsabilidad sobre la situaci贸n del pa铆s.

En los meses pasados todo el pueblo argentino ha sufrido las consecuencias de medidas econ贸micas y financieras muy graves, que han afectado a la moneda, al valor y disponibilidad de los ahorros, a las fuentes de trabajo y a las relaciones con los dem谩s pueblos del mundo. Las decisiones econ贸micas tambi茅n est谩n sometidas a las normas morales. Entendemos que las medidas tomadas, explicables en momentos de grandes cat谩strofes sociales como las guerras, han herido gravemente la confianza del pueblo en sus dirigentes y en el futuro del pa铆s. Es de desear que sus cargas y consecuencias sean compartidas por todos y en forma proporcional, comenzando por los que m谩s tienen, sean individuos o empresas, nacionales o multinacionales. Para exigir tanto sacrifico al pueblo es preciso decidirse firmemente a erradicar la corrupci贸n de la vida pol铆tica y social, a disminuir dr谩sticamente el gasto pol铆tico, a encarar la postergada reforma del estado y a revertir la enorme evasi贸n impositiva de grandes sectores corporativos. Quienes gozan de privilegios injustos deben saber que, aunque sean legales, no dejan de ser inmorales.

Ante la pasividad de la dirigencia y a su escasa representatividad, es explicable la aparici贸n de formas nuevas de protesta social. Si bien en algunos casos permiten entrever un inter茅s renovado por participar en la cosa p煤blica, en otros son causa de preocupaci贸n, pues hieren directamente los derechos de terceros y pueden desembocar en un ambiente de anarqu铆a generalizada. El enfrentamiento y la descalificaci贸n como sistema, incluso mediante el uso irresponsable de los medios de comunicaci贸n, se oponen a una convivencia plural y madura.

Frente a esta panor谩mica, hemos de saber imitar a los pueblos que han sufrido cat谩strofes iguales o peores, pero se han puesto a reconstruir su patria con tes贸n. No negamos el derecho a reclamar lo propio. Pero alentamos a todos a trabajar con esfuerzo y sacrificio. El que tiene trabajo ha de sentir la vocaci贸n a realizarlo con esp铆ritu de servicio y esmero. El que no lo tiene ha de procurarlo en la medida de lo posible, ofreciendo a cambio su habilidad y capacit谩ndose permanentemente para ello. No hay nada m谩s triste para el trabajador que dejarse despojar de su natural honradez y laboriosidad, y crearse la imagen de ser un perpetuo dependiente de la d谩diva ajena. La comunidad entera, por su parte, debe ser solidaria con los que no tienen trabajo. Acompa帽amos de todo coraz贸n a todos los que sufren. Valoramos muy especialmente a tantos voluntarios que con generosidad sirven y ayudan a los m谩s necesitados y despose铆dos.

Desde mediados del a帽o pasado, voces de las principales corrientes pol铆ticas y de muchos sectores de la sociedad nos han alentado a los Obispos a animar un di谩logo nacional, que nos ayudase a los argentinos a salir del estado de crisis. No sin cierta aprehensi贸n, nos decidimos a acompa帽ar la Mesa del Di谩logo Argentino convocada por el Presidente de la Naci贸n y contando con los auspicios de las Naciones Unidas. Valoramos el esfuerzo que la Mesa viene realizando, pero debemos recordar lo que dijimos a su inicio: 鈥�El Di谩logo argentino para que tenga eficacia y tambi茅n credibilidad ha de despertar en la dirigencia pol铆tica, financiera, sindical y empresarial, la necesidad de gestos y signos que muestren un sincero deseo de cambios reales y profundos鈥�. Por lo mismo, exhortamos a los poderes del Estado a promover con leyes sabias los acuerdos a los que va arribando la Mesa, para que en forma progresiva y r谩pida se concreten las reformas que la Argentina necesita. En especial, la reforma de la pol铆tica y del Estado. Esta responsabilidad justifica y puede ennoblecer la actual transici贸n.

Agradecemos el gesto fraterno de varios pueblos e Iglesias de Am茅rica y de Europa que en este momento nos tienden una mano generosa. En la emocionada expresi贸n 鈥淎rgentina nos duele,鈥� escuchada en Espa帽a, se resume el sentimiento de todos ellos. Les agradecemos de coraz贸n. Y confiamos en hacernos dignos de ese afecto y solidaridad.

Tambi茅n nos parece importante que los organismos internacionales de cr茅dito tengan la comprensi贸n y la responsabilidad necesarias en este momento cr铆tico del pa铆s, que presenta signos dram谩ticos de una creciente pobreza y peligro de enfrentamientos sociales.

El misterio de la muerte y resurrecci贸n de Jesucristo que nos disponemos a celebrar, nos dice que hemos de morir a todo lo que haya de malo en nosotros para resurgir a la Vida nueva. Nada m谩s mortal que el pecado en todas sus formas, personal y social. Cada cristiano debe morir a su pecado para poder ser un hombre nuevo. La Argentina debe morir a las concepciones sociales corruptas de la vida pol铆tica, econ贸mica, social y cultural, para que pueda nacer un nuevo pa铆s regido por la verdad, la justicia, el amor y la solidaridad. Pidamos esta gracia a Jesucristo nuestro Redentor, que muri贸 para salvarnos a todos. Hag谩moslo en uni贸n con Mar铆a, a quien en la cruz nos la dio por Madre.

Buenos Aires, 21 de marzo de 2002.

131陋 reuni贸n de la Comisi贸n Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina

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