(Miércoles 24 de abril de 2002)
MarÃa SantÃsima, Nuestra Señora de Luján, venimos a tu casa a orar, peregrinos de tu amor materno. Nosotros tus hijos, los obispos de Argentina, nos sentimos los más pequeños y los más necesitados de tu intercesión porque somos pastores de tu pueblo humillado, que deposita en nuestros corazones todo su dolor y su angustia, todo su quebranto y su impotencia.
Sólo Dios salva a hombres y pueblos. Necesitamos dones materiales y estructuras sociales y polÃticas, pero precisamos antes corazones nuevos, que rechazando la codicia, la ambición y todo pecado, se vuelvan a Dios y acojan su perdón y su gracia. Todos somos indigentes espirituales y especialmente quienes tenemos la responsabilidad de la dirigencia. Por todos venimos a implorar tu bondad.
Que tu corazón de Madre lleve al Señor Jesús el clamor del pueblo que necesita de tu ternura, y de la misericordia de tu Hijo.
Venimos con la humildad y la confianza de tus hijos más pequeños, en nombre de nuestro pueblo que es el tuyo, que te honra con la sencillez de su vida y la dignidad de su sufrimiento.
Pide a tu Hijo, como en Caná, que tengamos pan para cada mesa, trabajo para cada mano, salud para cada familia, educación para cada niño y cada joven, esperanza para todos.
Que el Señor nos dé especialmente a los dirigentes, ojos limpios que permitan reconocernos como pueblo y nos dé la fuerza y el coraje de la solidaridad fraterna, que nos reúna con el vÃnculo de la paz.
Señora de Luján, amada por los argentinos, acoge nuestra plegaria y llévala a tu Hijo, Jesucristo, Señor de la historia, Señor también de esta historia argentina capaz de redención.
Amén.
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