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S.S. Juan Pablo II, Visita Pastoral a Jap贸n
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Di谩logo del Santo Padre con los j贸venes japoneses en el Budokan de Tokio. 芦Orientaciones para la construcci贸n de un mundo nuevo禄

Visita pastoral del Papa Juan Pablo II a Jap贸n

Queridos j贸venes hermanos:

Despu茅s de lo que he dicho, al comienzo, en vuestra lengua, deseo de nuevo daros las gracias (esta vez lo hago con la ayuda del int茅rprete), por toda vuestra preparaci贸n para el encuentro de hoy. Os doy las gracias a vosotros y a vuestros Pastores, de modo especial al obispo Hamao, que se ha preocupado de los preparativos. Al disponernos para este encuentro, hab茅is pensado qu茅 preguntas pod铆ais presentar a aquel que vendr铆a de la lejana Roma, y visitar铆a por primera vez en la historia vuestra patria. He tenido la oportunidad de apreciar toda la riqueza de pensamiento, que se encierra en estas preguntas. Y ahora, de acuerdo con el programa de nuestro encuentro, deseo responder a las que se presentar谩n aqu铆 p煤blicamente.

La esperanza

1.- Ahora bien, me pregunt谩is, ante todo, por qu茅 he hablado ahora en japon茅s. Lo he hecho, y pienso continuar haci茅ndolo en algunas circunstancias, para manifestar mi respeto a vuestra cultura que, lo mismo que la cultura de cada naci贸n, se expresa entre otras cosas (m谩s a煤n, sobre todo) en la lengua. La lengua es una forma que damos a nuestros pensamientos, es como un vestido en el que metemos estos pensamientos. En la lengua se encierran unos particulares rasgos de la identidad de un pueblo y de una naci贸n Y, en cierto sentido, late en ella el coraz贸n de esta naci贸n, porque en la lengua, en la propia lengua, se expresa aquello de lo que vive el alma humana en la comunidad de una familia, de la naci贸n, de la historia.

Pienso as铆 en estos problemas, bas谩ndome en las experiencias ligadas con mi lengua nativa y con la vida de mi naci贸n. ( Aqu铆 puedo a帽adir a煤n que antes de descubrir en mi la vocaci贸n sacerdotal, comenc茅 a estudiar la filolog铆a y literatura de mi patria, lo que me hizo profundizar mucho en mis relaciones con el tema que vosotros hab茅is presentado).

Finalmente, todav铆a una cosa: Cristo. Al dejar a sus Ap贸stoles, cuando termin贸 su actividad terrena, les dijo: 鈥淚d... y ense帽ad a todas las naciones...鈥� ( Mt. 28, 19 ). Para poderlo hacer, es necesario conocer la lengua de la naci贸n a la que nos dirigimos. He tenido demasiado poco tiempo para aprender a fondo vuestra lengua interesante, comenzando por su misteriosa escritura. Sin embargo, con la ayuda del padre Fidelis, franciscano, he podido llegar a leer, al menos, con cierta comprensi贸n,algunos textos japoneses en trascripci贸n, especialmente los de la Santa Misa. Os doy las gracias porque la hab茅is aceptado con indulgencia...

2.- Para poder realizar este plan 鈥渓ing眉铆stico鈥�, he debido dejarme guiar por el pensamiento de que lograr铆a, de que conseguir铆a ( al menos en parte) la finalidad que me hab铆a propuesto. He debido tener cierta esperanza...

Y ahora paso a vuestra segunda pregunta, que me parece la m谩s importante. La pregunta sobre la esperanza. Pregunta muy importante, incluso fundamental cuando se trata de la vida humana. El hombre, en cierto sentido, no puede vivir sin la esperanza. Debe aspirar a algo, debe tener una finalidad en la vida, y la sensaci贸n de poder alcanzarla. La esperanza, como justamente hab茅is hecho notar, est谩 ligada con el futuro. Pero, al mismo tiempo, determina el estado de nuestra alma en el presente. Ahora tenemos la esperanza de lo que conseguiremos m谩s tarde.

Adem谩s, la esperanza siempre est谩 vinculada con alg煤n valor que debemos obtener. Podr铆a decir de otro modo: con un valor que queremos dar a nuestra vida. Y por esto en la esperanza se expresa la fundamental percepci贸n del sentido de nuestra vida. Esta percepci贸n del sentido de la vida no depende esencialmente de lo que tenemos, sino de tomar conciencia clara del valor de nuestra humanidad; de nuestra dignidad humana.

Al leer el material que me hab茅is enviado, he notado, por una parte, cierta informaci贸n amarga acerca de los suicidios de los adolescentes y, por otra, el testimonio de un joven minusv谩lido, que tiene la percepci贸n profunda del significado de su vida.

Sab茅is que vengo aqu铆 en nombre de Cristo. Deseo deciros, pues, que precisamente Cristo es el Maestro y el educador de la esperanza. El es su fuente. Al escuchar sus palabras, al vivir la vida que El quiere compartir con cada uno de los hombres, se encuentra el sentido m谩s pleno de la vida.

S铆, Cristo nos descubre hasta el fondo el sentido de la vida humana. Nos muestra tambi茅n el futuro definitivo en Dios. Este futuro sobrepasa los l铆mites de la vida humana en la tierra. La esperanza que Cristo nos da es mas fuerte que la muerte.

3.- Me present谩is tambi茅n una pregunta sobre el deporte. Me alegro mucho de esta pregunta, a la que puedo responder, bas谩ndome en mis experiencias personales. Siempre he dado ( y contin煤o dando) una gran importancia al proverbio antiguo: 鈥淢ens sana in corpore sano 鈥�.El esfuerzo f铆sico, particularmente el deportivo, debe servir para esto. Para m铆 un motivo suplementario, pero muy importante cuando se trataba de emprender este esfuerzo ( en diversas formas) fue siempre el amor a la naturaleza; a los lagos, a los bosques, a las monta帽as, tanto en verano como en otras estaciones, y especialmente en invierno, cuando es preciso hacer turismo sirvi茅ndose de los esqu铆s.

Pienso que a este prop贸sito tendremos, vosotros y yo, no poco que contarnos, porque s茅 que vosotros am谩is mucho a la naturaleza, y trat谩is de leer en ella, como en un libro espl茅ndido, lleno de misterio.

El amor

4,- La primera pregunta que se me plantea en esta parte de nuestro coloquio es muy importante.

Es sabido que el Evangelio, la ense帽anza de Cristo, proclama el amor como el mandamiento m谩s grande. 鈥淎mar谩s al Se帽or, tu Dios, con todo tu coraz贸n, con toda tu alma, y con toda tu mente... Amar谩s al pr贸jimo como a ti mismo 鈥� (Mt. 22, 37, 39 ). Son 茅stos los dos mandamientos que se unen uno al otro y se condicionan rec铆procamente. Seg煤n la ense帽anza y el ejemplo de Cristo, debemos amar a Dios por encima de todo, y al pr贸jimo a medida del hombre. Al mismo tiempo, leemos en la carta de San Juan: 鈥淧ues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios a qui茅n no ve 鈥� ( 1 Jn 4, 20 ) .Por lo tanto, el amor a Dios se realiza y, en cierto sentido, encuentra su verificaci贸n en el amor al hombre, al pr贸jimo, a qui茅n debemos amar como a nosotros mismos. Y el pr贸jimo es cada uno de los hombres sin excepci贸n; por esta Cristo ama incluso del amor a los enemigos. Dice as铆: 鈥淎mad a vuestro enemigos, haced el bien a los que aborrecen, bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.鈥� (Lc 6 , 27- 28). Por lo dem谩s, El mismo ha dado ejemplo de este amor cuando, durante la crucifixi贸n, or贸 por aquellos que le daban la muerte.

Aqu铆 nace vuestra pregunta: 驴 C贸mo es posible que el hombre ame cuando se siente odiado, y mucho m谩s cuando el mismo siente odio en s铆 mismo, o al menos, rencor, digamos, antipat铆a, en relaci贸n con algunas personas?

Efectivamente, desde el punto de vista de nuestros sentimientos , hay aqu铆 una dificultad , m谩s a煤n, una 鈥渃ontradicci贸n 鈥�: cuando 鈥�siento鈥� aversi贸n u odio, 隆c贸mo puedo, a la vea, sentir 鈥渁mor鈥�?

Sin embargo, el amor no s贸lo se reduce s贸lo a lo que sentimos. Tiene en el hombre ra铆ces m谩s profundas, que se hallan en su 鈥測o鈥漞spiritual, en su entendimiento y en su voluntad. Cuando queremos cumplir el mandamiento del amor (en particular cuando se trata del amor a los enemigos), debemos remontarnos precisamente a esas ra铆ces profundas. De esto se sigue que el amor se hace quiz谩s 鈥渕谩s dif铆cil鈥�, pero se convierte tambi茅n en 鈥渕谩s grande鈥�.En el amor nos dejamos guiar no s贸lo por la reacci贸n de los sentimientos, sino por la consideraci贸n del verdadero bien. Y de este modo aprendemos a guiar nuestros sentimientos, los educamos. Esto requiere paciencia y perseverancia. Cristo dijo una vez: 鈥淚n patientia vestra possidebitis animas vestras鈥� (Lc 21, 19 Vulg. ). Pues bien, amar y verdadera y plenamente s贸lo sabe aquel que es capaz de 鈥減oseer鈥� su alma, poseerse a s铆 mismo: poseer para convertirse en 鈥渄on para los dem谩s鈥�. Todo esto nos lo ense帽a Cristo no s贸lo con su palabra, sino tambi茅n con su ejemplo.

5.-Bien, ahora responder茅 m谩s brevemente a las otras preguntas. El hecho de que los hombres son hermanos, quiere decir primeramente que, a pesar de todo lo que los divide 鈥� raza, lengua, nacionalidad, religi贸n 鈥� sin embargo, se parecen. Cada uno es un hombre y todos son hombres.

Sin embargo, es necesario completar este significado primero con el segundo. Llamamos hermanos y hermanas a aquellos que son hijos de los mismos padres y de las mismas madres. Los hombres son hermanos, seg煤n la ense帽anza de Cristo ( e incluso seg煤n el sentir religioso m谩s com煤n) porque Dios es su Padre. Cristo pone en el centro de su Evangelio esta verdad sobre la paternidad de Dios. Cuando los disc铆pulos le piden que les ense帽e a orar, El ense帽a una oraci贸n que comienza con las palabras : 鈥淧adre nuestro...鈥� (Mt 6, 9 )

Esta oraci贸n nos ayuda mucho por lo que se refiere al amor del pr贸jimo y en particular al amor de los hombres mal茅volos para con nosotros. En ella decimos, entre otras cosas: Padre 鈥減erd贸nanos nuestras deudas , as铆 como nosotros perdonamos a nuestros deudores鈥� ( Mt 6, 12 ).

( Quiz谩s al final de este encuentro rezaremos esta oraci贸n ).

6.- Me hab茅is hecho preguntas tambi茅n sobre la m煤sica. No s茅 tocar instrumento alguno. Nunca me he dedicado activamente a este campo del arte. En cambio vivo muy profundamente la belleza de la m煤sica, y me gusta mucho cantar. He pasado muchas horas ( sobre todo en vacaciones) cantando junto con los j贸venes. E incluso ahora, durante el per铆odo de vacaciones, van a Castelgandolfo varios grupos de j贸venes y cantan. Abrigo la esperanza de que tambi茅n vosotros querr谩is ir un d铆a... aun sabiendo que hay mucha distancia.

Por lo que se refiere al g茅nero de m煤sica, me parece sentir de modo particularmente profundo la belleza de la m煤sica lit煤rgica (el gregoriano), pero me gusta tambi茅n la m煤sica contempor谩nea: Serhwin, Toshiro Mayuzumi y otros. Naturalmente, me siento cercano a Chopin o Szymanowski (s茅 que una de las primeras clasificadas en el X Concurso Internacional de la m煤sica de Chopin en Varsovia, ha sido vuestra compatriota Akiko Ebi), pero tambi茅n me siento cercano a Beethoven, Bach y Mozart, incluso en la magistrales interpretaciones de vuestros Seiyi Ozawa y Jwaki Hirojuki.

La paz

7.- Dado que nuestro tiempo es limitado, me perdonar茅is si en esta serie de preguntas - muy importantes 鈥� trato de ser conciso en las respuestas. Tanto m谩s que, sobre el tema de la paz, tengo la oportunidad de pronunciarme en otras circunstancias significativas. Uno de los motivos de mi venida a Jap贸n a sido tambi茅n el de detenerme en Hiroshima, en el lugar mismo de la explosi贸n de la primera bomba at贸mica, que constituye una terrible advertencia para la humanidad. Al leer el material que me hab茅is enviado, me he dado cuenta de que os afecta muy profundamente el problema de la paz, de la verdadera paz, lo que es justo y comprensible, sobre todo, despu茅s de las experiencias del a帽o 1945. Hac茅is notar en vuestras exposiciones que la paz no puede apoyarse solamente sobre el 鈥渆quilibrio de los armamentos 鈥�, que no puede suponer la preponderancia de los fuertes sobre los d茅biles, que no puede estar ligada a ning煤n imperialismo...

La Iglesia piensa del mismo modo y ense帽a del mismo modo. Lo han demostrado el Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII en la Enc铆clica Pacem in terris, Pablo VI en toda su incansable actividad en favor de la paz, entre otras cosas, publicando cada a帽o un Mensaje especial a favor de la paz, para el d铆a 1 de enero. Yo trato de continuar esta actividad. He aqu铆 los temas de mis mensajes de paz:

En 1979: 鈥淧ara lograr la paz, educar para la paz 鈥�; en 1980: 鈥淟a verdad, fuerza de la paz鈥�; en 1981: 鈥淧ara servir a la paz, respeta la libertad鈥�.

Sobre todo, deben construir la paz los que son responsables de las decisiones internacionales. Sin embargo, ellos deben tener presente - y la Iglesia trata de recordarlo constantemente 鈥� que 鈥減az鈥� significa en primer lugar un aut茅ntico orden en las relaciones entre los hombres y entre las naciones. Por lo tanto, la construcci贸n de la paz, desde sus fundamentos, debe significar el reconocimiento y el consiguiente respeto de todos los derechos del hombre (tanto los que se refieren a la parte material, como tambi茅n los que afectan a la parte espiritual de su existencia terrena ), y el respeto a a los derechos de todas las naciones, sin excepci贸n: sean grandes o peque帽as. 隆La paz no puede existir si los grandes y poderosos violan los derechos de los d茅biles! Muchas veces he hablado sobre este tema: ante la ONU, ante la UNESCO. Tambi茅n deseo repetirlo en Jap贸n.

Si el programa de la paz en el mundo se expresa en la f贸rmula 鈥渘unca m谩s Hiroshima , entonces ciertamente se expresa tambi茅n en la f贸rmula 鈥�nunca m谩s Oswiecim鈥�.

8.- As铆, pues, el esfuerzo que mira a construir la paz la paz en el mundo debe realizarse en varios niveles. La paz no significa un 茅xtasis (como parecen expresar algunas de vuestras opiniones); significa un esfuerzo, un esfuerzo enorme, en el que cada uno tiene su propia parte. Es necesario formar la conciencia y el sentido de la responsabilidad. Es necesario ser solidarios con aquellos cuyos derechos son violados. Es necesario 鈥渧oirjuger, actuar.

Por tanto, ciertamente ten茅is mucho que hacer vosotros j贸venes, aqu铆 en Jap贸n os pertenece el d铆a de ma帽ana. Reflexionad sobre todos los programas de acci贸n a favor de la paz, tambi茅n sobre aquellos sobre los que se expresan los representantes de todas las religiones. La primera de estas conferencias tuvo lugar precisamente en Jap贸n el a帽o 1970 en Kyoto.

Cristo dice: 鈥淏ienaventurados los pac铆ficos鈥�.( Mt 5. 9 )

隆Convert铆os vosotros en realizadores de paz!

9.- La religi贸n cristiana, la religi贸n que en cierto sentido toma origen de las palabras: 鈥淕loria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se帽or鈥� ( Lc 2. 14 ) aporta a la causa de la paz, ante todo, una ardiente e incesante oraci贸n a la que invita a todos.

Y luego aporta la convicci贸n de que el hombre 鈥� tambi茅n el contempor谩neo 鈥� es capaz, con la ayuda de la gracia divina, de superar el mal multiforme que lo impulsa por los caminos del odio, de la guerra, de la destrucci贸n. El hombre es capaz de esto. De esto son capaces los hombres, las sociedades y los sistemas...

El cristianismo afirma esta convicci贸n y trabaja por su consolidaci贸n. Efectivamente, 茅l est谩 animado por la palabra de Cristo, que es el maestro y el testigo de la esperanza.

Preguntas formuladas por los j贸venes al Santo Padre

Esperanza

Michinori Makyyama (19 a帽os ), Estudiante preuniversitario.

La actual riqueza de Jap贸n puede considerarse fruto de la negaci贸n de la religi贸n. Por tanto, creo que Jap贸n no siente necesidad de religi贸n y que su venida aqu铆 es muy significativa. De todos modos, le agradecer铆a nos explicase la finalidad de su visita a nuestro pa铆s, que lucha violentamente por la existencia, y cu谩l es su mensaje a loa j贸venes japoneses.

Daiko Kakabara (34 a帽os ), Profesora, enfermera de distrofia muscular.

La sociedad japonesa tiende a juzgar sobre el valor de la persona seg煤n su capacidad y conocimientos t茅cnicos. En este ambiente la palabra 鈥渋gualdad鈥� est谩 vac铆a de significado. Ante esta situaci贸n inhumana, 驴c贸mo pueden los minusv谩lidos luchar contra los prejuicios y el orden establecido, y con qu茅 esperanza de 茅xito?.

Moriko Fujwara (25 a帽os ), Empleada de la Sociedad vulcanol贸gica japonesa.

Como el cristianismo no ha echado ra铆ces en la cultura de Jap贸n, los cristianos son minor铆a en nuestro pa铆s. Pienso que los cristianos no han influido lo m谩s m铆nimo en la sociedad japonesa. Santo Padre: Dado que los cristianos se ven obligados a llevar una vida 鈥渃landestina 鈥�, a pesar de estar garantizada la libertad de culto y expresi贸n, 驴en qu茅 pueden poner la fe los cristianos japoneses?

Amor

Kazuhizo Yagyu (18 a帽os ), Estudiante de tercer a帽o de liceo.

Buscando la libertad, los japoneses han perseguido el bienestar material y lo han logrado en parte. Pero por otro lado, han surgido algunos aspectos oscuros tales como el suicidio de estudiantes de escuela primaria y casos de violencia en la escuela secundaria, que revelan el vac铆o existente en el coraz贸n de los ni帽os japoneses. Creo que la causa se ha de buscar en la falta de amor dentro de las familias 驴 Qu茅 puede aportar el cristianismo para remediar esta situaci贸n?

Tsuiosu Tanabe (19 a帽os), Estudiante de la universidad japonesa de Bienestar social.

En el mundo todos somos iguales en el deseo de felicidad y paz. Pero de hecho los pueblos son distintos .unos de otros en la ideolog铆a y metodolog铆a para alcanzar estos objetivos. Santo Padre: 驴 c贸mo enjuicia usted estas situaciones conflictivas desde el punto de vista del cristianismo?

Miss Chamura (20a帽os), Estudiante de la facultad de arte de la universidad 鈥淪ophia鈥�.

Tengo la impresi贸n de que el amor no tiene poder alguno en el mundo de la pol铆tica y de la econom铆a donde reinan el abuso y la opresi贸n. Creo que tanto en el pasado como en el presente estos problemas son m谩s evidentes en los pa铆ses considerados cristianos que en los llamados no cristianos. 驴C贸mo puede el Santo Padre hacer penetrar el esp铆ritu de amor en el mundo?

Paz

Mitsuko Suki (18 a帽os), Estudiante de tercer a帽o de liceo.

Nosotros vivimos en una sociedad donde es posible comprar todo lo que queramos. No estamos en guerra con nadie. Pero en esta sociedad nuestra en paz, nos encontramos sin amigos verdaderos y nos aburrimos con todo el dinero y el tiempo a nuestra disposici贸n .驴De qu茅 nos sirve, Santo Padre, este tipo de paz?

Masahito Serizana (23 a帽os), Obrero.

La paz se mantiene en el mundo con el equilibrio de las armas. Pienso que es el 煤nico modo de mantener el 鈥渟tatu quo鈥�. Santo padre: 驴cree que ser谩 posible mantener la paz en el mundo sin la fuerza militar?

Kazuko Shibuya (28 a帽os), Profesor de liceo.

Si bien Jap贸n es el 煤nico pa铆s en el mundo v铆ctima de la bomba at贸mica, ahora goza de bienestar material. 驴Deber铆an tomar parte los j贸venes de Jap贸n en la ,vida de otros pa铆ses, incluidos los que est谩n en guerra y los que padecen suma pobreza?

Tomado del L鈥橭sservatore Romano, n.10, 8 de marzo de 1981, p. 12 (144 ) y p. 14 (146).

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