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S.S. Juan Pablo II, Un d铆a de fiesta para la Iglesia peregrina
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Un d铆a de fiesta para la Iglesia peregrina

La tarde del d铆a 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos y v铆spera de la conmemoraci贸n de los fieles difuntos, Juan Pablo II celebr贸 la misa en el cementerio monumental romano de 鈥淐ampo Verano鈥�, situado en el barrio de San Lorenzo. El Papa ha llevado a cabo todos los a帽os el encuentro con los fieles en este cementerio desde el comienzo de su pontificado, salvo en 1982, que estaba realizando la visita pastoral a Espa帽a y celebr贸 la misa en el de la Almudena de Madrid, y en 1991, que lo hizo en el cementerio romano de Prima Porta. Concelebraron con el Santo Padre el cardenal Camilo Ru铆ni, vicario suyo para la di贸cesis de Roma; el vicegerente, Mons. Remigio Ragonesi; el obispo de lasi (Rumania), Mons. Petru Gherghel; el secretario general del vicariato de Roma, Mons. Paolo Gillet, y cincuenta sacerdotes romanos, junto con los padres capuchinos, que custodian la colindante bas铆lica de San Lorenzo extramuros. Durante e! sagrado rito, al que asistieron alrededor de cinco mil personas, Su Santidad pronunci贸 la homil铆a que a continuaci贸n. traducida al castellano.

Amad铆simos hermanos y hermanas:

1. Celebramos hoy, como todos los a帽os, el sacrificio eucar铆stico aqu铆, en el antiguo cementerio romano de Campo Verano. Lo celebramos en la v铆spera de la conmemoraci贸n de nuestros queridos difuntos, mientras contemplamos el misterio de la santidad en la solemnidad de Todos los Santos.

Se trata de un gran d铆a para la Iglesia que peregrina en la tierra, un d铆a de especial cercan铆a a cuantos antes que nosotros han pasado por esta tierra y ahora ya 鈥渆st谩n de pie delante del Cordero鈥� (cf. Ap 7, 9). Su coraz贸n est谩 lleno de la gloria de Dios. Es un d铆a glorioso 茅ste de Todos los Santos, en que conmemoramos la salvaci贸n realizada en la historia de la humanidad gracias a la sangre del Redentor.

芦Una muchedumbre inmensa..., de toda naci贸n, razas, pueblos y lenguas... 鈥溌縌ui茅nes son y de d贸nde han venido?鈥�. 鈥淓sos son los que vienen de la gran tribulaci贸n; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero鈥澛� (Ap7, 9. 13-14).

D铆a de Todos los Santos, d铆a de la Redenci贸n realizada, gran fiesta del Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

2. Este d铆a lo llevo grabado indeleblemente en mi memoria, pues en la solemnidad de Todos los Santos de hace cuarenta y siete a帽os recib铆 el don del sacerdocio de Cristo y me convert铆 en servidor de la Eucarist铆a. Recuerdo con perenne devoci贸n a los que me acompa帽aron en mi preparaci贸n para este ministerio. A ellos me uno en el misterio de la comuni贸n de los santos.

En esos dos primeros d铆as de noviembre pude recorrer el camino que lleva a un nuevo sacerdote a la celebraci贸n de su primera santa misa, o sea, desde la celebraci贸n con mi obispo (el cardenal Adam Stefan Sapieha) durante la ordenaci贸n sacerdotal, hasta la primera misa, que podr铆amos definir como 鈥減ropia鈥�, aunque una misa no puede nunca considerarse como 鈥減ropia鈥�. Es siempre el sacrificio de Cristo y de toda la Iglesia, su cuerpo m铆stico. La santa misa constituye as铆 un adentrarse profundamente en el misterio de Todos los Santos, as铆 como tambi茅n un salir al encuentro de quienes, sufriendo en el purgatorio, 鈥渂uscan el rostro del Se帽or鈥� (cf. Sal 24).

Toda santa misa anuncia lo que proclama la liturgia de hoy en el salmo responsorial: 鈥淒el Se帽or es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes鈥� (Sal 24, 1). S铆, el sacrificio redentor de Cristo abraza todo y a todos. Consciente de sus propios l铆mites, el sacerdote, al celebrar la misa, experimenta siempre un don que lo supera infinitamente.

3. La ma帽ana del d铆a de la conmemoraci贸n de todos los fieles difuntos tuve la gracia de celebrar la eucarist铆a junto con 鈥渆l grupo que busca el rostro del Se帽or鈥� (cf. Sal 24, 6), unido a cuantos 鈥攃omo subraya la liturgia鈥� lo ven 鈥渢al cual es鈥� (1 Jn 3, 2).

Ante los ojos de mi alma sigue siempre presente el lugar, la cripta bajo la catedral de Wawel, en Cracovia, donde yacen los restos mortales de reyes, grandes caudillos y jefes espirituales prof茅ticos de mi naci贸n. La catedral est谩 profundamente penetrada de su presencia y de su testimonio, como en la bas铆lica de San Pedro se siente de modo significativo la fascinaci贸n espiritual que irradian las tumbas de los Papas. Se trata de testigos de la historia en que todas las naciones, de generaci贸n en generaci贸n, junto con la Iglesia, buscan 鈥渆l rostro del Dios de Jacob鈥� (cf. Sal 24, 6), porque, como recuerda san Agust铆n, el coraz贸n del hombre permanece inquieto hasta que repose en Dios (cf. confesiones, 1, 1).

4. Ese d铆a, el d铆a de la primera santa misa, dura siempre. Y no s贸lo en la memoria: se perpet煤a en la Eucarist铆a de Cristo, que es la misma ayer, hoy y siempre. Se prolonga en el ministerio sacerdotal, como fundamento de la vocaci贸n de todo obispo y, en especial, del Obispo de Roma.

Al celebrar el sacrificio eucar铆stico aqu铆 en el Campo Verano, quisiera abrazar en nuestra oraci贸n com煤n a todos los cementerios de Roma y a cuantos habitan en ellos. No s贸lo a los difuntos de esta ciudad que se suele llamar eterna, sino tambi茅n al 鈥渙rbe y todos sus habitantes鈥� (Sal 24, 1): a todos, dondequiera se encuentren depositados sus restos terrenos, dondequiera se hallen sepultados, a veces incluso sin el justo respeto que se debe a su cuerpo (y, por desgracia, no son pocos esos lugares...).

A todos los abraza el sacrificio redentor de Cristo. Se hallan presentes en este sacrificio de la Iglesia, que ora en sufragio de sus difuntos. Sacrificio totalmente. de Cristo y, al mismo tiempo, sacrificio totalmente en favor de los hombres: de los vivos y de los difuntos.

5. 鈥溌縌ui茅nes son y de d贸nde han venido?鈥� (Ap7, 13).

De todos los lugares. De todos los lugares... 鈥淪e帽or, t煤 lo sabr谩s鈥� (Ap 7, 14). Vengan de donde vengan, todos 鈥渉an la. vado sus vestiduras y las han blanqueado. con la sangre del Cordero鈥� (Ap 7, 14). Y ahora est谩n de pie delante de ti.

Se帽or, que puedan ver el rostro del Padre. Que te vean a ti, Dios vivo. Que vean a Dios, tal cual es. Am茅n.

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