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S.S. Juan Pablo II, Vivir el Evangelio en la Iglesia
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Vivir el Evangelio en la Iglesia

Alocución del Papa a un grupo de 250 jóvenes de la archidiócesis de Rouen, Francia.

13 de Abril de 1981

Seguir el camino de las bienaventuranzas

Queridos amigos de la archidiócesis de Rouen:

¡Bienvenidos! Siempre es una alegría para mí recibir a jóvenes que han decidido reflexionar y rezar juntos, a la luz del Evangelio, y hacerlo en Iglesia, con su arzobispo, sus sacerdotes, con las religiosas y los adultos que los alientan en su fe.

Llegáis de Asis. Habéis pisado las huellas de San Francisco; él supo responder a la llamada de Cristo con un amor y una disponibilidad que aún nos siguen maravillando. El Evangelio, y en particular el de las bienaventuranzas, fue para él más que un hermoso texto, incluso más que un ideal. Significaba unas actitudes a poner en práctica muy concretamente, casi al pié de la letra. Precisamente porque fue un testigo excepcional de Cristo, suscitó en la Iglesia un movimiento espiritual que muchos no se atrevían ya a esperar. Con Francisco de Asis, hacéos discípulos de Cristo.

Asociados a la Pascua del Salvador

Pero también sabéis cómo Francisco, tan diferente en esto de otros que pretendían reformar la Iglesia a su capricho, tuvo siempre buen cuidado de coordinar su acción y su predicación con el ministerio de los sacerdotes, de los obispos y del Papa, de aquellos a quienes el Espíritu Santo a constituido Pastores para construir la Iglesia, guiarla, ayudarla a permanecer fiel y unida en torno a Cristo, su Jefe invisible. Es en la Iglesia donde recibimos la fe verdadera, los sacramentos de Cristo y el discernimiento de lo que es verdaderamente cristiano. Os felicito por haber querido terminar vuestro retiro con la visita al Sucesor de Pedro, encargado, como el primer Apóstol, de confirmar a sus hermanos en la fe.

Estamos comenzando la Semana Santa, en la que vamos a seguir a Cristo paso a paso: nos deja su testamento, el del mayor amor; entrega su vida, para que seamos perdonados y renovados por su Espíritu; de ahí nacen los sacramentos que regeneran a la Iglesia, el de la Reconciliación y el de la Eucaristía; resucita en la gloria propia del Hijo único de Dios y de la que nos hará partícipes. Vivamos intensamente estos grandes momentos litúrgicos. Toda la vida del mundo actual, con sus dificultades y sus alegrías, hemos de asociarlas a la Pascua del Salvador. Os deseo a cada uno de vosotros que sepáis escuchar la llamada que Cristo os dirige, para vuestra vida cristiana y para la vocación particular que os está destinada en el servicio humano o en el servicio espiritual de vuestros hermanos. Rezad también por mí. Con vuestro arzobispo, os bendigo de todo corazón en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Ejemplar Número 23 del L’Osservatore Romano del domnigo 7 de Junio de 1981.

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