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Pontificia Comisi贸n Iustitia Et Pax, La Iglesia ante la carencia de la vivienda
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La Iglesia ante la carencia de vivienda
驴Qu茅 has hecho de tu hermano sin techo?

Pontificia Comisi贸n "Iustitia et pax" con ocaci贸n del a帽o internacional de la vivienda para las personas para las personas sin hogar

Carta de Su Santidad el Papa Juan Pablo II al Excmo. Se帽or Cardenal Roger Etchegaray, Presidente de la Pontificia Comisi贸n 鈥淚ustitia et pax鈥�

Cuando se aproximaba el A帽o Internacional de los Sin Techo, querido por las Naciones Unidas para el a帽o 1987, juzgu茅 煤til que la Iglesia, fiel a su misi贸n y compromiso de anunciar a los pobres el evangelio de la salvaci贸n y la liberaci贸n (cf. Mt. 8, 18-20; Lc. 4, 17; Is. 61, 1-2), profundizara su reflexi贸n sobre el grave problema de la casa y pusiera en marcha un atento examen para mejor conocer c贸mo las comunidades eclesiales perciben hoy este problema y procuran darle adecuada soluci贸n.

Los resultados que usted, se帽or cardenal, ha sometido a mi consideraci贸n son, ciertamente, consoladores, pero representan sin duda tan solo una peque帽a parte frente a las necesidades inmensas de millones de personas, que hoy viven sin un techo o una casa digna de este nombre. Estos resultados son, sin embargo, est铆mulo en pro de un mayor compromiso; en efecto, salir al encuentro de quien tiene necesidad de una vivienda pertenece al esp铆ritu de las "obras de misericordia", en funci贸n de las cuales seremos juzgados por Cristo nuestro Se帽or (cf. Mt. 25, 31-46).

驴Podremos nosotros, cristianos, ignorar o soslayar tal problema, cuando sabemos bien que la casa "es una condici贸n necesaria para que el hombre pueda venir al mundo, crecer, desarrollarse, para que pueda trabajar, educar y educarse, para que los hombres puedan constituir esa uni贸n m谩s profunda y m谩s fundamental que se llama 'familia'"? (Ense帽anzas, 2, 1979, 314).

En estos 煤ltimos a帽os, el problema de la casa se ha vuelto extraordinariamente m谩s agudo, a causa, sea del crecimiento de la poblaci贸n, sobre todo en las ciudades, sea de los traslados por motivos de trabajo, sea tambi茅n por la b煤squeda de mejores condiciones de vida. Los efectos saltan a la vista: creaci贸n de megal贸polis, surgimiento de cinturones perif茅ricos con condiciones de vida sub-humanas, marginaci贸n, miseria. No sin motivo, mi predecesor Pablo VI se refiri贸 al urbanismo como a un fen贸meno de gran importancia, en cuanto, entre otras cosas, "trastorna los modos de vida y las estructuras habituales de la existencia: la familia, la vecindad, el marco mismo de la comunidad cristiana", creando nuevas y degradantes miserias donde a menudo la dignidad del hombre zozobra (Octogesima adveniens, 10: AAS 63, 1971, 408).

En este contexto, donde emergen nuevas formas de pobreza, aquellos que no tienen casa constituyen una categor铆a de pobres todav铆a m谩s pobres, que nosotros debemos ayudar, convencidos, como lo estamos, de que una casa es mucho m谩s que un simple techo, y que all铆 donde el hombre realiza y vive su propia vida, construye tambi茅n, de alguna manera, su identidad m谩s profunda y sus relaciones con los otros.

La Iglesia, participando de "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren" (Gaudium et spes, 1), considera grave deber suyo asociarse a cuantos operan con dedicaci贸n y desinter茅s para que el problema de la casa encuentre soluciones concretas y urgentes, y para que los que carecen de techo sean objeto de la debida atenci贸n y preocupaci贸n por parte de la autoridad p煤blica. En efecto, precisamente, seg煤n sea la atenci贸n que 茅sta conceda a este gran problema, como asimismo a la relaci贸n entre ambiente, habitabilidad, servicios sociales y 谩reas destinadas al ejercicio de la vida religiosa, se podr谩 juzgar si los principios de 茅tica social son debidamente tomados en cuenta.

La especulaci贸n sobre los terrenos que sirven al desarrollo edilicio y sobre la construcci贸n de ambientes dom茅sticos, el estado de abandono de barrios enteros o de 谩reas rurales privadas de calles transitables, de distribuci贸n de agua o electricidad, de escuelas o de transportes necesarios para el movimiento de las personas, son -como es sabido- algunos de los males m谩s patentes, estrechamente ligados al problema m谩s amplio de la casa.

En este sentido, a los cat贸licos que gozan de responsabilidad en la vida p煤blica y cuantos se interesan por el problema de la casa, particularmente las administraciones locales, se les exhorta a ofrecer su contribuci贸n a fin de disponer pol铆ticas adecuadas que puedan hacer frente a las situaciones de m谩s urgente necesidad y a renovar los obst谩culos que impiden encontrar las modalidades concretas, econ贸micas, jur铆dicas y sociales, aptas para poner por obra condiciones m谩s favorables a la soluci贸n de estos problemas.

驴C贸mo podr铆amos afirmar que se ha celebrado realmente un A帽o Internacional de los Sin Techo, si luego no se ha hecho nada o casi nada; si todo quedara reducido a algunas ceremonias que no comportan ning煤n beneficio sensible?

Conforme a algunas estimaciones recientes, a principios del siglo pr贸ximo la poblaci贸n juvenil ser谩 casi la mitad de la poblaci贸n mundial. 驴Qu茅 condiciones de vida tendr谩, si ya hoy millones de personas viven sin techo? 驴C贸mo no experimentar una afectuosa inquietud por tantas j贸venes parejas de novios o de esposos que se ven imposibilitados de realizar serena y plenamente la estabilidad de su afecto y su leg铆tima independencia, a causa de la carencia de habitaciones o de su elevado costo?

Se帽or cardenal: recorriendo los datos y actividades que las Iglesias locales, las organizaciones cat贸licas de asistencia y tantos cristianos fervorosos han sustentado y llevado a buen puerto, no puedo menos que regocijarme frente al hecho de que, en este campo, se brinde un testimonio concreto de caridad y de preocupaci贸n hacia los hermanos que carecen de vivienda. Todo esto trae a la memoria y a la reflexi贸n las palabras consoladoras de Jes煤s: "Cuantas veces hicieron eso a uno de estos mis hermanos menores, a m铆 lo hicieron" (Mt. 25, 40). 脡l en efecto, naci贸 en un establo y fue reclinado "en un pesebre" por las manos amorosas de su madre, la Virgen sant铆sima, porque no hab铆a lugar para ellos en la posada (cf. Lc. 2, 7); y luego estuvo pr贸fugo, lejano de su tierra y de su casa, en su primera infancia.

Con este pensamiento, que es tambi茅n una invocaci贸n orante a la Sagrada Familia de Nazaret, quiero expresar a usted y a cuantos han colaborado a la redacci贸n del documento mi aprecio agradecido, mientras imparto de coraz贸n la bendici贸n apost贸lica prenda de copiosos favores y consolaciones del cielo.

Vaticano, 8 de diciembre de 1987.

Joannes Paulus pp. II

Documento de la Pontificia Comisi贸n "Iustitia et pax" con ocaci贸n del A帽o Internacional de la Vivienda de las Personas Sin Hogar.

Introducci贸n

1. El problema de la vivienda sobresale en el conjunto de las cuestiones sociales m谩s graves a escala mundial. De hecho el grito de angustia proveniente de cuantos, hombres y mujeres, ni帽os y ancianos, padecen esta necesidad de un techo bajo el que cobijarse o que s贸lo disponen de una mal llamada vivienda -exponente de una vasta pobreza y de una profunda deterioraci贸n del ambiente social-, se a煤na como una voz de alerta percibida en todos los pueblos, y adquiriendo una resonancia espec铆fica en su m谩ximo Foro Internacional, las Naciones Unidas.

El "A帽o Internacional de la vivienda para las personas sin hogar" es ocasi贸n privilegiada para una toma de conciencia de la cruda realidad, revelada por las cifras presentadas por los organismos competentes. Son millones de personas las que carecen de una vivienda adecuada. Se debe pues sensibilizar la conciencia moral con vistas a una mayor justicia social y a una m谩s amplia solidaridad.

Los dirigentes pol铆ticos, los responsables religiosos, la opini贸n p煤blica en general reconocen que la situaci贸n de la falta de vivienda para millones de seres humanos es un problema grave; y al igual que otros problemas sociales a escala mundial, como el desempleo o la deuda exterior de los pa铆ses pobres, requiere un tratamiento urgente. Se trata de un serio obst谩culo al desarrollo econ贸mico y social y al logro de las condiciones m铆nimas necesarias para una vida humana digna. En verdad se est谩 violando un derecho humano fundamental. Responder de modo adecuado a este problema exige el desarrollo de una voluntad pol铆tica concertada, as铆 como de una conciencia de la responsabilidad colectiva de todos, particularmente de los cristianos, para el futuro de la sociedad.

2. La Iglesia cat贸lica siente el dolor de estos millones de personas y quiere hacerlo suyo. La Iglesia en su acci贸n caritativa y social, ha tenido siempre, desde las primeras comunidades cristianas, una predilecci贸n por los pobres, los necesitados, los desprotegidos de la sociedad. La riqueza humana y espiritual de las innumerables obras de caridad y de beneficencia creadas por La Iglesia a lo largo de su existencia, son el mejor monumento hist贸rico de esta dedicaci贸n y amor de preferencia a los pobres.

La Iglesia, con su experiencia y tradici贸n en humanidad, hace un llamado a gobiernos y dirigentes de la sociedad a tomar las necesarias decisiones y emprender programas econ贸micos que respondan eficazmente a la demanda de vivienda que llega de los grupos sociales m谩s pobres y marginados de la sociedad.

En este documento, la Iglesia se propone ofrecer una reflexi贸n sobre su experiencia, testimonio y compromiso. En el marco de su doctrina social ve el problema y lo interpreta, intenta una comprensi贸n global del mismo, propone una valoraci贸n 茅tica que fundamente propuestas concretas de acci贸n y habla de sus esfuerzos y acciones de caridad. Ella sabe que, buscando y recorriendo el camino de la justicia social y venciendo los ego铆smos, se puede avanza eficazmente hacia la soluci贸n de la crisis de la vivienda.

I 鈥� Ante una situaci贸n social de emergencia.

Esta Pontificia Comisi贸n "Iustitia et pax" ha recogido informaci贸n sobre el problema de la vivienda. Con este fin, se ha dirigido a todas las Conferencias Episcopales y a las Iglesias orientales cat贸licas, las cuales han respondido con ejemplar diligencia (cf. lista en el Ap茅ndice).

1. La informaci贸n recogida confirma las dimensiones alarmantes de la situaci贸n. La magnitud del problema de los "sin techo" o de aquellos cuya vivienda es inadecuada, seg煤n los criterios normalmente aceptados es tal que crea una sensaci贸n de impotencia para resolverlo. Si al aspecto cuantitativo de los millones de personas incluidas bajo la expresi贸n "sin techo" se suma el aspecto cualitativo -el de las condiciones infrahumanas de vida-, el fen贸meno aparece todav铆a m谩s impresionante.

Estudios e informes sobre este fen贸meno revelan adem谩s de las dimensiones num茅ricas del problema, la cruda imagen de lo que es la vida de los "sin techo". Una descripci贸n fenomenol贸gica de esta realidad ayudar谩 positivamente a percibir mejor la extensi贸n y los niveles del problema.

2. Se puede hacer un nutrido cat谩logo de las diferentes categor铆as de personas que nunca han tenido una casa, o que, teni茅ndola alguna vez, la han perdido. Tanto unos como otros carecen en el presente de toda posibilidad de adquirirla. Hay multitudes en el mundo de hoy que nacen, viven y mueren en la intemperie. Pero hay adem谩s refugiados, desplazados por la guerra o por las calamidades naturales. Muchos otros son v铆ctimas de la injusticia o la avaricia.

Algunas cifras son suficientes para dar una idea de la extensi贸n del problema. Mil millones de personas, es decir una quinta parte del g茅nero humano, carece de una vivienda digna. Cien millones se encuentran literalmente sin techo. En Europa Occidental, por ejemplo, m谩s de un mill贸n de ciudadanos buscan denodadamente un alojamiento digno. Se estima en veinte millones el n煤mero de ni帽os que en Am茅rica Latina duermen en las calles. En 1986 m谩s de 600 millones de personas -el 45% de la poblaci贸n mundial urbana- viv铆a en los cinturones de miseria de las grandes ciudades modernas, en los barrios y villas de emergencia.

3. Conviene ahora examinar de cerca, el aspecto cualitativo, es decir, la realidad englobada en la expresi贸n "sin techo".

En primer lugar, est谩n los individuos "sin techo", v铆ctimas, con frecuencia, de problemas personales (alcoholismo, desempleo, crisis familiar, o simple marginaci贸n social) cuya soluci贸n no consiste en la sola provisi贸n de refugio o vivienda. Cada una de estas personas lleva el peso de un problema diferente que es a veces la causa de la falta de vivienda. Adem谩s todos ellos se encuentran en clara desventaja frente a las posibilidades que ofrece el mercado de la vivienda. La soluci贸n perentoria proviene, en muchos casos, de la asistencia social sea del Estado o de la Iglesia, sea de las Instituciones privadas.

En segundo lugar, est谩n los j贸venes en edad n煤bil y las parejas de novios que desean contraer matrimonio y fundar una familia. Con frecuencia los grandes costos, necesarios para la adquisici贸n de una vivienda digna y aun la misma escasez de viviendas, comportan largos e inoportunos retrasos limitando y obstaculizando a veces gravemente el derecho a escoger estado y formar una familia. Estas dificultades reales y concretas crean frecuentemente una barrera psicol贸gica, una verdadera fuerza disuasiva ante el compromiso matrimonial. Quienes superando estos condicionamientos acceden a formar una familia, deben en ocasiones permanecer en el hogar de los padres o continuar durante a帽os soportando los gastos de la adquisici贸n de la casa o de los altos alquileres, que inciden negativamente en la constituci贸n y leg铆timo desarrollo de la nueva familia. As铆 por ejemplo no es raro que los primeros a帽os de la vida familiar est茅n condicionados por estos agentes extr铆nsecos, motivando una casi forzada limitaci贸n de la natalidad que perjudica al desarrollo arm贸nico de la vida conyugal de los esposos, a la misma sociedad e incluso a toda la Iglesia.

En tercer lugar, est谩 el grupo social de los marginados tanto en las zonas rurales como en las urbanas, instalados en precarios asentamientos humanos, con todas las formas de miseria: problemas de tipo social, econ贸mico, jur铆dico y pol铆tico que tal situaci贸n engendra.

Estos asentamientos humanos, que se encuentran poco m谩s o menos en todo el mundo, y cuyas denominaciones forman parte del vocabulario de muchas lenguas, se asemejan bastante: construcciones improvisadas, hechas con materiales de segunda clase o de deshecho -lata, cart贸n, pl谩stico, bamb煤, etc.- sin un plan de conjunto y sin trabajos de infraestructuras, levantadas con frecuencia ilegalmente en terrenos de propiedad del Estado o de particulares. Estos asentamientos humanos son mirados con temor y desconfianza por los habitantes de la otra cara de la ciudad, quienes los consideran m谩s como el lugar de procedencia de muchos males: alcoholismo, droga, delincuencia, etc., que como colectividad de personas humanas, de cuya promoci贸n y desarrollo son responsables. Como sucede en otros casos, el s铆ntoma pasa a ocupar aqu铆 el puesto del problema verdadero.

Si la situaci贸n y extensi贸n del problema en las ciudades es alarmante, tambi茅n lo es, aunque un poco menos tr谩gico, en los campos o zonas rurales. Sin embargo, las condiciones de vida contin煤an siendo, para millones de campesinos y de abor铆genes, inhumanas: viviendas deterioradas, desnutrici贸n cr贸nica, falta de servicios de agua potable, de luz el茅ctrica, de condiciones sanitarias, de escuelas, de transporte, etc.

El problema de los que estrictamente hablando, "no tienen techo", es ciertamente el m谩s urgente y el m谩s grave. Pero no es el 煤nico. El mismo debe ser examinado en relaci贸n con una crisis habitacional que afecta a capas enteras de la sociedad en muchas partes, no todas ellas bajo el nivel de la pobreza. Esta crisis tiene tambi茅n un doble aspecto: cuantitativo, porque las viviendas faltan o no las hay en n煤mero suficiente: y cualitativo, porque las que hay no son con frecuencia verdaderamente dignas.

Si esto se experimenta a niveles sociales y econ贸micos m谩s altos, a nadie debe extra帽ar de que, a niveles inferiores, como consecuencia de una especie de l贸gica viciada, haya tant铆sima gente que, pura y simplemente, carezca de "casa", en el sentido propio de la palabra es decir, de un lugar para cobijarse y ser protegido de la intemperie.

A lo largo de este documento, se tendr谩n constantemente presentes, en la medida de lo posible, ambos aspectos.

La realidad de la carencia de vivienda, as铆 someramente descrita, constituye sin duda uno de los indicios m谩s desconsoladores de la situaci贸n de infradesarrollo en que viven inmensas muchedumbres; o, para ser m谩s exactos, una porci贸n elevada del g茅nero humano.

Esta situaci贸n, no es solamente un hecho, ante el cual las instancias responsables y todos nosotros debemos reaccionar, sino que desde el punto de vista 茅tico es, adem谩s, un esc谩ndalo, y una prueba m谩s de la injusta distribuci贸n de los bienes que originariamente est谩n destinados a todos.

II 鈥� Un doloroso signo de los tiempos.

Estudiar, interpretar y comprender la situaci贸n de quienes carecen de una vivienda digna, es entrar en un proceso de discernimiento, es decir de examen, distinguiendo, comparando y valorando los datos cuantitativos y cualitativos inherentes al masivo fen贸meno sociol贸gico de los "sin techo" en la 茅poca contempor谩nea. Este examen de los aspectos implicados es un camino v谩lido para obtener la comprensi贸n global del problema: su conexi贸n con los otros aspectos esenciales de la vida del hombre, sus causas y su relaci贸n con la dial茅ctica y contraste de la pobreza-abundancia.

1. La situaci贸n de "los sin techo" no es un fen贸meno aislado, pues en toda realidad socioecon贸mica -y la vivienda es una de 茅stas- el hombre es el verdadero punto de convergencia y de encuentro. Ahora bien, uno de los aspectos esenciales de la realidad del hombre son sus condiciones de vida, es decir, todos aquellos elementos que determinan el nivel de vida de una poblaci贸n, de una comunidad local o de un grupo humano.

Este aspecto esencial de las condiciones de vida, comprende las necesidades fundamentales del hombre, a saber: educaci贸n, alimentaci贸n, vivienda, salud, vestido, empleo. Por esto, para la interpretaci贸n y comprensi贸n de las abundantes cifras y datos sobre el problema de los sin casa, se ha de tener la valent铆a de poner en relaci贸n la cuesti贸n de la vivienda con el conjunto de los otros aspectos.

2. La carencia de vivienda, tal como la reflejan las cifras, -sin olvidar que en algunos casos es fruto de una coyuntura de problema personal o de fracaso familiar- ha de ser vista m谩s bien, como una crisis estructural, cuyas causas son m煤ltiples y que dan como resultado la pobreza como signo doloroso de los tiempos en que las desigualdades socio-econ贸micas han creado la separaci贸n inhumana indicada en la expresi贸n Norte-Sur o pa铆ses ricos-pa铆ses pobres; separaci贸n y desigualdad que hoy se encuentran tambi茅n en las sociedades del "Norte".

Detr谩s de la extensi贸n y magnitud del problema habitacional de millones de seres humanos est谩n el desempleo, los bajos salarios, el 茅xodo rural y una demasiado r谩pida y a menudo incontrolada industrializaci贸n. La situaci贸n se hace a煤n m谩s compleja a causa de una serie de factores demogr谩ficos, como el r谩pido crecimiento de la poblaci贸n en algunas zonas y en modo particular el fen贸meno de la urbanizaci贸n. Adem谩s, se han de se帽alar las pol铆ticas y estrategias de gobierno que sean inadecuadas o insuficientes en materia de vivienda.

Algunas de estas causas merecen un examen especial. Pero es bueno tener presente que el fen贸meno de la carencia de vivienda, como se dec铆a m谩s arriba, es un problema estructural y no simplemente coyuntural.

Las dificultades para adquirir o alquilar una casa digna y conveniente tampoco suele ser un problema individual, sino que es consecuencia, por una parte, de los altos costos del mercado de la vivienda y, por otra, de los excesivamente bajos salarios en pa铆ses cuyas estructuras econ贸micas y socio-pol铆ticas est谩n en crisis. En estas sociedades el trabajo es a menudo considerado una mercanc铆a entre las muchas que acceden al mercado. Sin embargo, el trabajo debe proporcionar al que lo realiza medios suficientes para satisfacer sus necesidades y las de las personas que econ贸micamente dependen de 茅l. Una de estas necesidades esenciales -conviene recordarlo- es la vivienda digna. Una gran parte de la poblaci贸n tiene el trabajo como 煤nica fuente de ingresos y son muchos los millones de personas que est谩n por debajo del llamado salario familiar, y muchos otros por debajo del salario m铆nimo legal. Esta insuficiencia salarial, sobre todo en los pa铆ses pobres, incide negativamente en las posibilidades de acceder a una casa.

En la situaci贸n actual, una serie de factores demogr谩ficos hacen m谩s dif铆cil la tarea de responder al problema de la vivienda. En algunas regiones donde ya se dan situaciones precarias respecto al desarrollo econ贸mico y humano, se constata un r谩pido crecimiento de la poblaci贸n, lo cual complica la situaci贸n ulteriormente. En otras regiones aparecen nuevos desaf铆os representados por los cambios en las estructuras de la poblaci贸n, por ejemplo, su paulatino envejecimiento.

Pero el fen贸meno demogr谩fico m谩s significativo respecto al problema de la vivienda es el de la urbanizaci贸n, un fen贸meno que el Papa Pablo VI examin贸 en su carta apost贸lica Octogesima adveniens.

La poblaci贸n del mundo se concentra cada vez m谩s en las zonas urbanas. En 1950 el 29% de la poblaci贸n viv铆a en zonas urbanas; en 1980 esta cifra ha alcanzado el 40%. Se prev茅 que poco despu茅s del a帽o 2000 m谩s de la mitad de la poblaci贸n mundial habitar谩 en ciudades.

Junto con la rapidez del proceso de urbanizaci贸n, se nota adem谩s un cambio en las estructuras de las ciudades, sobre todo con el crecimiento de ciudades de gran extensi贸n. Se calcula que en los pr贸ximos veinte a帽os se duplicar谩 la poblaci贸n de estas "megal贸polis" y que la mayor parte de las mismas estar谩 situada en pa铆ses en v铆as de desarrollo. Tales ciudades no cuentan con las infraestructuras necesarias para responder a las exigencias de sus poblaciones en lo referente a la alimentaci贸n, trabajo, transporte y vivienda.

Por consiguiente, toda reflexi贸n sobre el tema de los "sin techo" tendr谩 que examinar m谩s de cerca las causas esenciales de la urbanizaci贸n, lo cual constituye uno de los problemas m谩s complejos de la organizaci贸n de la sociedad contempor谩nea.

Entre las causas de la crisis de la vivienda no se puede dejar de mencionar el factor pol铆tico. La mayor铆a de los estados poseen, o se proponen tener, una pol铆tica habitacional. A nadie escapa la complejidad de esta pol铆tica en el mundo de hoy. Pero podr铆amos preguntarnos si las decisiones de los gobiernos, en este campo han respetado siempre las debidas prioridades, o si la grave situaci贸n actual no es tambi茅n consecuencia de un pavoroso atraso, que, en las actuales circunstancias, y a pesar de laudables esfuerzos, ser谩 dif铆cil colmar. Una justa pol铆tica de la vivienda deber谩 necesariamente implicar la participaci贸n no s贸lo del estado, sino tambi茅n del sector privado, y deber谩 adem谩s incentivar programas de ayuda mutua y de colaboraci贸n dentro de las comunidades.

No se puede ignorar tampoco que la falta de vivienda es a veces consecuencia de la inestabilidad pol铆tica, de las situaciones de conflicto interno o de la guerra. Aqu铆 se inserta el problema de los refugiados, que desemboca casi siempre tambi茅n en un problema de carencia de techo. El presente documento no ofrece la posibilidad de un examen exhaustivo del problema de los refugiados; 茅ste presenta caracter铆sticas propias, que exigen una vasta acci贸n de solidaridad internacional. Mas no se puede olvidar el hecho de que los refugiados, entre la poblaci贸n mundial de los "sin techo", constituyen uno de los grupos en situaci贸n de pobreza y de sufrimiento m谩s dram谩tica. A menudo han de pasar a帽os en campos de acogida provisional o en viviendas que ser铆an aceptables solamente para situaciones de emergencia y transitorias. Estas personas han de vivir en condiciones de extrema precariedad: sin poder prever su futuro, expuestos a las consecuencias de la guerra o de los conflictos que les circundan, carentes de sus enseres y lejos de sus seres queridos.

Sucede asimismo que poblaciones enteras son desplazadas del lugar normal donde habitan para servir a proyectos econ贸mico-pol铆ticos de discutible inspiraci贸n ideol贸gica. Se comprueba que, en estos casos, no se provee, como se debiera, a la adecuada reinstalaci贸n de las personas y familias desplazadas.

Una distinci贸n o separaci贸n forzada o impuesta de zonas asignadas a los habitantes de una ciudad seg煤n el diverso origen racial es en s铆 misma una inaceptable forma de discriminaci贸n y conduce inevitablemente a la diferente calidad de viviendas seg煤n los grupos.

Todas estas causas, que est谩n en la ra铆z del problema de la vivienda, hablan por s铆 solas de una situaci贸n generalizada de pobreza, relativa o absoluta, sobre todo en los pa铆ses llamados del Tercer Mundo. En conjunto, la situaci贸n de los "sin techo" es el producto de la pobreza y de la marginaci贸n social. En otras palabras, es el resultado del conjunto de factores econ贸micos, sociales, culturales, f铆sicos, emocionales, morales, sobre todo de quienes jam谩s se han visto integrados en el sistema social vigente. Dicha integraci贸n es dif铆cil o imposible, seg煤n sea la categor铆a de los "sin techo", a no ser que se den cambios y transformaciones substanciales en el seno de las sociedades marcadas por esta brecha.

El tratamiento que las organizaciones de asistencia social y de socorro dan a las personas "sin techo", puede con frecuencia aparecer como la soluci贸n de un problema individual o privado, como el caso de un "enfermo" o disminuido predispuesto a vivir de ese modo.

As铆 puede suceder que la administraci贸n de los servicios p煤blicos del Estado juzgue que tales personas no tienen necesidad de especial atenci贸n o ayuda, aparte de aquella que ya les proporcionan las instituciones de beneficencia y de caridad, cuando en realidad se trata de un problema de estructuras de la organizaci贸n de la sociedad o del pa铆s.

3. Las causas enumeradas, no necesariamente exhaustivas, privan al individuo y a la familia, de un bien fundamental, que responde a una necesidad suya primaria, en la cual concluyen varias otras necesidades derivadas dif铆ciles o imposibles de satisfacer.

Sin duda, m谩s all谩 de estas causas inmediatas se encuentran causas m谩s radicales de los actuales males sociales: una injusta distribuci贸n de los bienes, la escisi贸n entre ricos y pobres en una misma sociedad o entre naciones y continentes enteros. "As铆 en los pa铆ses del llamado Tercer Mundo, a las familias les falta muchas veces, bien sea los medios fundamentales para la supervivencia, como son el alimento, el trabajo, la vivienda, las medicinas, bien sea las libertades m谩s elementales".

III 鈥� Valoraci贸n 茅tica y cristiana

1. El discernimiento de la compleja situaci贸n de los "'sin techo" no puede reducirse s贸lo a una interpretaci贸n cr铆tica y a su comprensi贸n global, sino que debe abarcar incluso la valoraci贸n 茅tica de este nuevo reto de la pobreza en la 茅poca contempor谩nea.

Tal valoraci贸n no debe tener como primer objetivo la determinaci贸n de las culpas o responsabilidades que llevan a semejante situaci贸n y la mantienen, aunque tampoco se excluye.

Conviene, ante todo, subrayar que la carencia de vivienda, en esta perspectiva estructural y no coyuntural, se percibe hoy como una deficiencia jur铆dica.

2. Varios documentos de car谩cter internacional afirman claramente entre otros derechos propios de la persona humana, el derecho a la vivienda, y esto, en relaci贸n con el derecho "a un nivel de vida suficiente".

A su vez, la Iglesia ha querido, significativamente, que el derecho a la vivienda fuera incluido en la Carta de los Derechos de la Familia. La necesidad de este documento hab铆a sido sugerida por los Padres participantes en el S铆nodo de los Obispos de 1980. Entre otros derechos fundamentales, ya entonces se enumeraba "el derecho a una vivienda adecuada, para una vida familiar digna". Siguiendo en esta l铆nea, la Santa Sede, acogiendo la petici贸n de los padres sinodales, public贸 posteriormente esta Carta "para presentarla a los ambientes y autoridades interesadas. En ella se dice concretamente que "la familia tiene derecho a una vivienda decente, apta para la vida familiar, y proporcionada al n煤mero de sus miembros, en un ambiente f铆sicamente sano que ofrezca los servicios b谩sicos para la vida de la familia y de la comunidad".

Ahora bien, estas formulaciones jur铆dicas tratan de expresar la verdadera dimensi贸n de la carencia de vivienda. No es s贸lo un hecho de carencia o privaci贸n. Es la carencia o privaci贸n de algo debido y, por consiguiente, se trata de una injusticia. La consideraci贸n 茅tica del problema de la vivienda debe, pues, comenzar por este aspecto.

La persona o la familia que sin culpa suya directa carece de una "vivienda decente" es v铆ctima de una injusticia. A la luz de lo expuesto anteriormente, tal injusticia es claramente una injusticia estructural, causada y mantenida por injusticias personales; pero en s铆 misma es tambi茅n un fen贸meno aut贸nomo e independiente, con su propia fuerza interna, desordenada e injusta.

Esta injusticia ha de ser considerada bajo dos aspectos distintos, aunque necesariamente vinculados.

El primero, es el de las personas y familias sin casa, o sin casa digna. Estas personas y familias sufren una grave injusticia al carecer de una vivienda conveniente, aunque sea de peque帽as dimensiones, porque sin ella no pueden vivir dignamente como personas o como familias. A esto se a帽ade que, a veces, ni siquiera pueden vivir, es decir, simplemente subsistir. Los informes recabados m谩s de una vez mencionan casos de muerte de personas sin techo causada por intemperie, fr铆o o calor. En cualquier gran ciudad la vida est谩 hoy marcada por estos graves episodios, a los cuales no se presta siempre la debida atenci贸n.

Bajo otro aspecto, la injusticia que sufren las personas y familias sin techo se podr铆a imputar a una organizaci贸n social o a una voluntad pol铆tica, a veces deficientes e impotentes.

En efecto, conviene recordar que, tanto la sociedad como el estado est谩n obligados a garantizar a sus miembros o conciudadanos unas condiciones de vida sin las cuales es imposible realizarse dignamente como personas y como familias.

El hecho de que, en ciertas partes del mundo y desde tiempo inmemorial, gran parte de la poblaci贸n desarrolle la vida diaria -tanto a nivel personal como familiar-, en la v铆a p煤blica, no exime ciertamente de tal obligaci贸n. En efecto, no se puede aducir, que la carencia de vivienda pertenece a una determinada forma de cultura. Lo que no cubre las necesidades m铆nimas del hombre -solo o en familia-, y de su propia dignidad, no puede considerarse parte de una cultura aut茅ntica. Bajo este punto de vista, el derecho a la vivienda es un derecho universal.

3. Convendr谩 recordar a estas alturas la antigua ense帽anza de la Iglesia cat贸lica, puntualizada por el Concilio Vaticano II, sobre el destino universal de los bienes. Se dice al respecto: "Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la 茅gida de la justicia y con la compa帽铆a de la caridad".

Esto significa claramente que aquellos bienes sin los cuales no es posible llevar una vida humana digna, deben ser procurados equitativamente a cuantos carecen de ellos.

Aplicando esta ense帽anza de la Iglesia sobre el destino universal de los bienes, se comprende que la propiedad tiene una funci贸n social, subordinada al derecho del uso com煤n.

La reflexi贸n sobre este principio nos ayuda a entender que la vivienda constituye un bien social primario y no puede ser considerada simplemente como un objeto de "mercado".

Es conveniente examinar ahora c贸mo, en la pr谩ctica, este principio se aplica a la cuesti贸n de los "sin techo", para poder responder a algunas situaciones dif铆ciles en distintas partes del mundo.

Es un hecho cierto que en algunas grandes ciudades el n煤mero de las viviendas sin habitar ser铆a suficiente para acoger a la mayor parte de los "sin techo", aun siendo estos 煤ltimos bastante numerosos. Existen personas sin casa, pero existen tambi茅n casas sin personas dentro. Ante semejantes situaciones, las autoridades p煤blicas tienen la responsabilidad de establecer unas normas para la justa asignaci贸n de las viviendas. Esto no significa, sin embargo, que el estado pueda atribuirse un monopolio respecto a la construcci贸n o asignaci贸n de las viviendas. La experiencia de las regiones donde vige este tipo de pol铆tica indica que tambi茅n all铆 se dan graves problemas de falta de alojamiento.

Pasando a continuaci贸n a situaciones todav铆a m谩s concretas, es menester indicar, ante todo, el problema le la especulaci贸n edilicia en sus varias formas. La propiedad est谩 al servicio de la persona. Toda pr谩ctica de especulaci贸n que desv铆a el uso de la propiedad de su funci贸n al servicio de la persona hay que considerarla un abuso.

Dos problemas particulares merecen tambi茅n una breve reflexi贸n.

A menudo se constata un particular conflicto de derechos o de leg铆timos intereses en el caso de las viviendas viejas o necesitadas de restauraci贸n urgente. El inquilino sufre a causa del deterioro del inmueble, mientras el propietario, especialmente si es un peque帽o propietario, no consigue revalorizar su propiedad. En este caso se necesita una pol铆tica, incluso de renovaci贸n edilicia, que promueva el derecho de una de las partes sin causar un da帽o desproporcionado a la otra.

En las grandes ciudades, en fin, sobre todo en las de los pa铆ses en v铆as de desarrollo, junto al fen贸meno del 茅xodo del campo a la ciudad, se da el grave fen贸meno de quienes construyen abusivamente su vivienda en terreno ajeno, ya sea p煤blico o privado. Muchas veces, estas personas se ven abocadas casi a la desesperaci贸n, no hallando otra posibilidad de contar con una vivienda, aunque sea precaria. Estas situaciones exigen tambi茅n una soluci贸n urgente que responda al derecho de toda persona a tener una vivienda digna. Es claro que el problema no se resuelve s贸lo mediante traslados forzosos y la destrucci贸n de acampados enteros. Una justa soluci贸n exige adem谩s que se afronten seriamente las ra铆ces del problema de las migraciones interiores.

Por 煤ltimo, nuestra reflexi贸n sobre el complejo problema de los "sin techo", nuestra premurosa llamada a la solidaridad humana, no puede dejar de decir una palabra sobre el tema, siempre lleno de sufrimientos personales, del desahucio judicial. Aunque sea leg铆timo, desde el punto de vista jur铆dico, el recurso del desahucio judicial plantea una serie de interrogantes 茅ticos cuando est谩n en juego personas que no tienen verdaderamente otra vivienda.

Todo lo que hemos dicho respecto a algunas situaciones dif铆ciles nos llama la atenci贸n sobre el hecho de que toda familia, para llevar a cabo la propia misi贸n, necesita tener la garant铆a de una cierta seguridad, tambi茅n en lo que se refiere a la vivienda. El derecho al techo incluye el concepto de seguridad.

El progreso social en este campo depende de la capacidad de la sociedad para hallar unas medidas audaces en la pol铆tica de los alquileres, as铆 como de la capacidad para llevar a cabo unos programas de planificaci贸n local, con una amplia participaci贸n de la comunidad, que sea capaz de garantizar a la poblaci贸n un ambiente que promueva el desarrollo educativo, sanitario, cultural y religioso de todos.

En varias ocasiones se ha hablado ya de la necesidad, en el marco de la pol铆tica de la vivienda, de promover la m谩s amplia participaci贸n de las diversas instancias de la sociedad. La experiencia demuestra que, a la par con la autoridad p煤blica, y a veces antes que ella, algunas organizaciones privadas y p煤blicas intentan remediar la carencia de vivienda y asistir a los individuos o familias "sin techo". En este contexto es donde se inserta la acci贸n de la Iglesia.

Un punto importante que conviene subrayar aqu铆 es que el problema de una vivienda digna no lo es solamente para los millones de personas que lo padecen, ni es un problema s贸lo de las instituciones; lo es tambi茅n para cada hombre y mujer que posee una casa y descubre o toma conciencia m谩s clara de la vastedad y profundidad del drama de los que carecen de ella. Cada uno de nosotros debe sentirse, pues, obligado a hacer cuanto est茅 de su parte, o directamente o por medio de las diversas instituciones que se ofrecen, para que este objetivo de tener casa sea un bien disfrutado por otros.

Esto de ninguna manera exime, antes al contrario, compromete la acci贸n de los mismos hombres y mujeres, privados de vivienda. A estos -debidamente concientizados, si fuera necesario mediante una adecuada asesor铆a legal que defienda sus derechos- se les debe animar a que formen asociaciones de base para promover la consecuci贸n de una vivienda y, al mismo tiempo, conviene mantener viva ante la sociedad la conciencia de una tragedia que todos tendemos a ignorar. Es doloroso comprobar que incluso la misma carencia de vivienda puede habituar a algunas personas y familias a unas condiciones precarias de subsistencia.

En este contexto no se deben olvidar las diversas categor铆as de personas que, a veces, en base a una propia tradici贸n secular de nomadismo, prefieren no residir en un lugar particularmente determinado, dado que pertenecen a ese grupo de personas cuya vida transcurre cambiando constantemente de sitio. Estas personas tienen el derecho de acceder a unos lugares adecuados a sus circunstancias, donde puedan encontrar unos servicios primarios y asimismo puedan cuidar el desarrollo f铆sico, intelectual, cultural y religioso de sus hijos. Por desgracia tales personas no encuentran siempre la debida comprensi贸n por parte de la poblaci贸n fija, por no hablar de la intolerancia y de la agresi贸n de que son objeto en algunos casos. Es menester, por consiguiente, promover lazos de amistad y solidaridad con dichas personas y tener una mayor comprensi贸n hacia su cultura y sus problemas espec铆ficos.

4. Para todo cristiano y para la Iglesia, como Pueblo de Dios, la realidad de las personas y familias "sin techo" se presenta como un llamamiento a la conciencia y de una exigencia a poner remedio.

En cada persona o familia que carece de lo fundamental, sobre todo, de vivienda o de vivienda "decente", el cristiano debe identificar al mismo Cristo, tal como nos lo presentan las bien conocidas palabras del Evangelio de Mateo: "Tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; fui peregrino y no me alojaron; estuve desnudo y no me vistieron" (Mt. 25, 42 s.). En las dos 煤ltimas categor铆as de personas se puede ver justamente, en cierto modo, la situaci贸n real de los "sin techo", en los cuales es necesario identificar al Se帽or. Cuando 茅l vino a este mundo "no hab铆a sitio para ellos en el mes贸n" (Lc. 2, 7).

En este mismo sentido, el contraste que la par谩bola del Evangelio de Lucas establece entre los dos protagonistas -el rico que "banqueteaba cada d铆a" y "L谩zaro... echado en su portal"- manifiesta una clara contraposici贸n por lo que se refiere a la vivienda. Sabemos bien el juicio que mereci贸 la actitud de absoluta indiferencia del rico frente a la grave necesidad de L谩zaro, pues la situaci贸n distinta de uno y de otro se invierte en el otro mundo; L谩zaro goza "en el seno de Abraham" y el rico es "atormentado" por las llamas. Y esto de un modo definitivo, ya que el abismo es infranqueable (Lc. 16, 19-31).

Por lo dem谩s, en la perspectiva de la Sagrada Escritura, est谩 puesto de relieve el valor que la vivienda representa para cada persona y, sobre todo, para cada familia as铆 como la tragedia que implica la carencia o p茅rdida de este bien. Sin duda el concepto actual de "vivienda" y de "vivienda decente" no es el mismo que entonces. Por otra parte, el pueblo de Israel ten铆a muy presente la experiencia del desierto, donde se viv铆a en "tiendas"; pero aun entonces, carecer de tienda equival铆a a la condena de una muerte segura.

El respeto por el valor que la "vivienda" significaba en relaci贸n con la familia, su intimidad y su inviolabilidad, se manifiesta, entre otras cosas, en la disposici贸n legal seg煤n la cual el acreedor no podr谩 "entrar en la vivienda" del deudor para tomar la prenda: deb铆a esperar afuera que 茅l la sacara (cf. Deut. 24, 10). En este mismo sentido se dice a continuaci贸n que, "si el deudor es pobre", el acreedor no pod铆a retener el vestido como prenda m谩s tarde "de la puesta del sol" (cf. Deut. 24, 12 s.; 脡x. 22, 25 s.). Nadie pod铆a ser privado de sus bienes esenciales ni siquiera para resarcirse de una deuda.

Por eso, la p茅rdida de la vivienda es una de las tremendas desgracias que ca铆an sobre el pueblo cuando la guerra devastaba sus campos y ciudades (cf. Lam, 2, 2; 5, 3; Is. 1, 8; Jer. 4, 20, etc.). A los supervivientes se les desarraigaba de la tierra de sus antepasados y se les hac铆a partir para el exilio, donde no tendr铆an vivienda.

Al contrario, habitar en la propia morada, con la propia familia, era signo de felicidad y de paz (cf. Sal. 128 [127], 3; Jb. 29, 4; Jer. 29, 5. 28; 30, 18, etc.).

La tradici贸n b铆blica nos muestra, adem谩s, c贸mo Dios mismo ha querido que se le edificara una "casa" (cf. Sal. 121 [122], 1), en la cual se ha dignado "habitar" y hacer que en ella habitara "su nombre" (cf. Deut. 12, 11 y passim). Del Verbo hecho carne se dice, en el Evangelio de Juan, que "habit贸" -es decir, puso su morada-, "entre nosotros" (Jn. 1, 14).

Nuestro propio destino final, en el encuentro definitivo con Dios despu茅s de la muerte, se expresa con el concepto de "casa" o "morada": "En la casa de m铆 Padre hay muchas moradas... voy a prepararles el lugar" (Jn. 14, 2).

De esta manera se percibe con claridad c贸mo nuestra tradici贸n religiosa cristiana, heredada del juda铆smo, atribuye a la "vivienda" un valor fundamental. Incluso esta relaci贸n directa entre el valor "vivienda" y el valor "familia", puesta de relieve en la Carta de los derechos de la familia, est谩 recogida en el Nuevo Testamento, ya que el t茅rmino "casa" frecuentemente significa "familia" (cf. Lc. 19, 5. 9; Hech. 10, 2; 1 Cor. 16, etc.). As铆 la casa de Dios es su "familia"; es decir, la "Iglesia de Dios vivo" (1 Tim 3, 15; Hech. 3, 6; 1 Pe. 4, 17).

Hay que reconocer, pues, que la "vivienda" tiene un sentido mucho m谩s profundo que el meramente material. Est谩 en relaci贸n directa con las dimensiones propias de la persona humana, que son simult谩neamente sociales, afectivas, culturales y religiosas.

En la misma tradici贸n cristiana, la casa, el hogar cristiano, tiene su origen en el sacramento del matrimonio, y es como un templo en el cual la familia, "Iglesia dom茅stica", desarrolla su vida cotidiana. La compleja variedad de actividades y relaciones culmina, sin embargo, en el culto a Dios que da sentido a la existencia de la criatura humana y la enriquece plenamente.

A la luz de esta visi贸n cristiana, se puede comprender mejor la gravedad y la profunda injusticia que padecen quienes carecen de vivienda o de vivienda decente. Es triste constatar c贸mo "grandes sectores viven en condiciones de enorme pobreza, donde la promiscuidad, la falta de vivienda, la irregularidad de relaciones y la grave carencia de cultura no permiten poder hablar de verdadera familia.

De modo similar, conviene resaltar la injusticia que se comete cuando en la planificaci贸n de las viviendas se elimina, como algo superfluo e innecesario, el espacio y los medios para el lugar del culto -templo o iglesia- donde todo grupo religioso pueda encontrarse, como en su propia casa, para alabar, bendecir y dar gracias a Dios.

IV 鈥� El testimonio de la Iglesia:Actuaciones

1. La preocupaci贸n de la Iglesia en el campo de la vivienda y su solicitud en pedir para todos una casa digna obedece a tres consideraciones:

- la importancia de una vivienda adecuada para la realizaci贸n de la persona como individuo y como miembro de una familia y de la sociedad;

- el testimonio de la Iglesia al ayudar a solucionar los problemas de los padres es un signo de la presencia del Reino de salvaci贸n y liberaci贸n;

- la misi贸n de la Iglesia es tambi茅n servir a la humanizaci贸n de la sociedad.

En este sentido, el gesto de dar una vivienda a un pobre es una expresi贸n concreta, no de un simple asistencialismo, sino del mensaje evang茅lico de las obras de misericordia, que son tambi茅n obras de la fe cristiana. Por eso "hay que destacar la importancia cada vez mayor que en nuestra sociedad asume la hospitalidad, en todas sus formas, desde el abrir la puerta de la propia casa y m谩s a煤n del propio coraz贸n, a las peticiones de los hermanos, al compromiso concreto de asegurar a cada familia su casa, como ambiente natural que la conserva y hace crecer". Ejemplos de tales actuaciones abundan en la vida y en el testimonio de las Iglesias locales. El mismo papa Pablo VI fue personalmente promotor de unas iniciativas para proveer de casa a algunas familias que habitaban en barracas en Roma.

La Iglesia, adem谩s, en virtud de su misi贸n de anunciar la buena nueva a todos los hombres y conducirlos a la salvaci贸n, vela como madre sol铆cita por sus hijos, defiende sin cesar sus derechos, tanto personales como sociales, siguiendo en esto el ejemplo de Jesucristo.

Sabe tambi茅n la Iglesia que en la carencia de una vivienda digna est谩 comprometida la dignidad y los derechos de los m谩s pobres. Por eso, uno de los criterios b谩sicos para medir la justicia o injusticia de las decisiones pol铆ticas y econ贸micas es su repercusi贸n efectiva sobre los marginados de la sociedad. En efecto, el afrontar de manera eficaz las diversas situaciones de pobreza es un test para comprobar en qu茅 medida cumplen las exigencias de la justicia los responsables de una sociedad. La creaci贸n de organizaciones para promover este derecho econ贸mico, social y cultural, as铆 como la Declaraci贸n Internacional de los Derechos del Hombre por parte de las Naciones Unidas en 1948, encuentran en la Iglesia el m谩s profundo reconocimiento, as铆 como su solidaridad y su constante aliento.

2. En muchos pa铆ses pobres el n煤mero de los "sin techo" constituye un problema de proporciones extremas. Los esfuerzos que hacen las Iglesias locales por ofrecer una vivienda digna a quienes carecen de ella, aunque discretos en sus proporciones, van m谩s all谩 del solo gesto material. Por medio de estas actuaciones se promueve tambi茅n la dignidad de las personas, la estabilidad conyugal, la intimidad familiar, la educaci贸n de los hijos, as铆 como la salubridad e higiene m铆nimas e indispensables para un desarrollo normal de sus actividades. Tambi茅n se procura hacer descubrir a sus beneficiarios los valores de la caridad cristiana y de la solidaridad humana, para que experimenten en su vida el misterio de amor y misericordia que comporta el anuncio de la liberaci贸n que Dios trae a los hombres en Jesucristo.

En la acci贸n de los organismos e instituciones de la Iglesia, es consolador poder constatar, no s贸lo el volumen de las actividades que se han realizado y los programas que se est谩n desarrollando en favor de los "sin techo", sino tambi茅n la educaci贸n del esp铆ritu de solidaridad y de progreso que se fomenta entre los pobres.

3. Del an谩lisis de los programas sobre la vivienda, se deduce que las Iglesias locales est谩n afrontando el problema en tres frentes:

- ayuda material para dotar de techo a las familias;

- educaci贸n y promoci贸n de la comunidad;

- di谩logo para lograr legislaciones que promuevan pol铆ticas de vivienda favorables a los pobres.

En primer lugar, la ayuda material se est谩 realizando con programas sobre la vivienda: construcci贸n de casas para las familias; refugios y centros de acogida para grupos en caso de emergencias; centros para protecci贸n de j贸venes y hogares para ancianos, etc. En muchos casos estos programas se complementan con infraestructuras necesarias para el suministro y acopio de alimentos, puestos de salud, tratamiento de aguas, servicio de transporte, escuelas, centros culturales y recreativos para la comunidad.

En segundo lugar, en los programas sobre la vivienda se est谩 dando especial importancia al esfuerzo de educaci贸n, promoci贸n y desarrollo de las personas, familias y comunidades. De este modo, los servicios y las actuaciones van m谩s all谩 del simple gesto material de una ayuda; se busca, adem谩s, desarrollar las t茅cnicas locales, producir los materiales en el sitio de la construcci贸n empleando los recursos de la regi贸n y aprovechar el trabajo de las familias. Se promueve tambi茅n la participaci贸n de toda la comunidad mediante sistemas de ayuda mutua y trabajo colectivo. Se apoya as铆 la organizaci贸n de la comunidad, la capacitaci贸n y formaci贸n de las personas para que, con criterios cristianos, puedan incorporarse m谩s r谩pidamente y de forma din谩mica al proceso social. De este modo, la acci贸n de las Iglesias locales busca tambi茅n el desarrollo y la integraci贸n social de los marginados sin techo.

Cuando se eval煤a con la misma comunidad este proceso socio-educativo, se pueden percibir resultados satisfactorios que ayudan a reafirmar la personalidad y la conciencia de dignidad del individuo y de la familia; se constata igualmente el fortalecimiento de los v铆nculos familiares en la medida en que crece la consideraci贸n y respeto por la mujer; se crea y se potencia la comunidad a la vez que se organizan otros proyectos socio-econ贸micos que aseguran estabilidad y crecimiento a la misma.

Este esfuerzo de las Iglesias locales en el Tercer Mundo ha encontrado el apoyo y la solidaridad de las comunidades eclesiales de los pa铆ses industrializados de Europa y Am茅rica del Norte. Son numerosos los proyectos sobre la vivienda, que se han preparado y que se est谩n desarrollando gracias a la generosidad de tos fieles de estas comunidades cristianas. Los informes hablan de proyectos concretos en Asia, 脕frica y Am茅rica Latina, financiados y coordinados por las organizaciones confederadas en Caritas Internationalis y por otros organismos de ayuda.

En tercer lugar, adem谩s del servicio material y de la tarea educativa y de promoci贸n, las Iglesias locales prestan una colaboraci贸n eficaz en la soluci贸n del problema sobre la vivienda dialogando y solicitando a las autoridades respectivas actuaciones oportunas. En efecto, la Iglesia urge y apoya las iniciativas pol铆ticas y econ贸micas encaminadas a dotar de vivienda a quienes carecen de ella; encomia los programas de vivienda a bajo costo y con condiciones favorables de pago; alienta la creaci贸n de fondos para viviendas que ofrecen cr茅ditos a bajo inter茅s y con per铆odos de amortizaci贸n; promueve, con la competente asesor铆a, programas que ofrezcan terrenos con obras de infraestructura, para que las familias puedan construir su vivienda.

4. La actuaci贸n de la Iglesia se extiende tambi茅n a la colaboraci贸n y apoyo de otras iniciativas asumidas por instituciones p煤blicas y privadas: programas de viviendas promovidas por sindicatos, cooperativas, asociaciones solidarias, empresas privadas y otros gremios. Alienta igualmente a las Universidades y Escuelas de ingenier铆a y de arquitectura, que se ocupan en programas de desarrollo de la comunidad mediante planes de viviendas que utilizan materiales duraderos de la regi贸n y con t茅cnicas tambi茅n econ贸micas.

5. No obstante este amplio testimonio de las Iglesias locales en la soluci贸n de las crisis de la vivienda, que a veces se ve obstaculizado por razones ideol贸gicas y pol铆ticas, la soluci贸n definitiva y radical exige el empe帽o de todas las fuerzas vivas de la sociedad. Las causas del problema radican en la pobreza que no es independiente de la dial茅ctica del desarrollo-subdesarrollo, ni de la separaci贸n -ya escandalosa- entre pa铆ses ricos y pa铆ses pobres. Se requieren opciones y medidas tanto pol铆ticas como econ贸micas, que modifiquen positivamente las causas del problema.

Conclusi贸n

Cada Naci贸n y la comunidad de Naciones est谩n ante un reto de humanidad: dise帽ar una sociedad donde ninguna persona se quede sin satisfacer las necesidades esenciales para vivir con dignidad; donde nadie quede privado de una vivienda digna, como factor principal del progreso humano. Si el panorama de pobreza es desolador, grande es la responsabilidad de quienes tienen en sus manos las decisiones pol铆ticas y econ贸micas. Los pa铆ses y los grupos sociales m谩s pobres esperan encontrar soluci贸n a la grave situaci贸n de los "sin techo" contando con la solidaridad mundial a la que tienen derecho.

Los pobres y marginados que carecen de vivienda esperan respuestas concretas, empezando por el cambio de actitud, indiferente cuando no hostil, de algunos de los sectores de la sociedad. Esperan con urgencia una pol铆tica social avanzada, convertida en programas concretos de vivienda a bajos costos y condiciones de pago favorables y a largo plazo, f谩cil acceso a los medios t茅cnicos y legales requeridos para ello. Esperan ser integrados normalmente en la sociedad, as铆 como ver reconocidos todos sus derechos. Esperan tambi茅n un cambio econ贸mico, pol铆tico y social, pues el problema de los "sin techo" y la crisis de la vivienda es s贸lo efecto de una causa m谩s profunda que exige soluci贸n.

El compromiso de la Iglesia con quienes carecen de vivienda digna es humanitario y evang茅lico; es expresi贸n del amor preferencial por los pobres; es tambi茅n apoyo a los objetivos y programas de las Naciones Unidas en este A帽o Internacional de los "sin techo". Su presencia y acci贸n caritativa es siempre un signo de solidaridad, de salvaci贸n y de liberaci贸n, que anticipa el Reino de Dios entre nosotros.

27 de diciembre de 1987

Fiesta de la Sagrada Familia

Card. ROGER ETCHEGARAY
Presidente

JORGE MEJ脥A
Vicepresidente
AP脡NDICE

La encuesta realizada por la Pontificia Comisi贸n "Iustitia et Pax" ha sido dirigida a todas las Conferencias episcopales y a las Iglesias Orientales cat贸licas, por medio de los representantes pontificios.

Se han recibido respuestas de los siguientes pa铆ses y Di贸cesis:

脕FRICA

Angola, Burkina Faso, Cabo Verde, Chad, Costa de Marfil, Egipto, Etiop铆a, Ghana, Kenya, Madagascar, Marruecos, N铆ger, Rwanda, Santo Tom茅 y Pr铆ncipe, 脕frica del Sur, Tanzania y Zambia.

AM脡RICA

Argentina, Barbados, Belice, Chile, Costa Rica, Cuba, Dominica, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, M茅xico, Panam谩, Puerto Rico, Rep煤blica Dominicana, Santa Luc铆a, Trinidad y Tobago, Uruguay, Venezuela. Adem谩s, por medio de la Delegaci贸n Apost贸lica en las Antillas, respondi贸 la Di贸cesis de Willemstad (Cura莽ao).

ASIA

Bangla Desh, China (Taiwan y Hong Kong), Corea, Filipinas, Jap贸n, Malasia, Paquist谩n, Sri Lanka, Tailandia, Turqu铆a.

Adem谩s, por medio de la Delegaci贸n Apost贸lica en Jerusal茅n respondieron:

el Vicariato Patriarcal Sirio de Antioqu铆a, el Vicariato General de la Archidi贸cesis Maronita en Israel, el Patriarcado Greco-Cat贸lico, la Archidi贸cesis Greco-Melquita en Jordania.

EUROPA

Austria, B茅lgica, Dinamarca, Finlandia, Gran Breta帽a, Irlanda, Malta, Pa铆ses Bajos, Espa帽a, Suecia, Suiza y Yugoslavia.

OCEAN脥A

Australia y Nueva Zelanda. Adem谩s, por medio de la Delegaci贸n Apost贸lica para el Oc茅ano Pac铆fico respondieron:

la Archidi贸cesis de Samoa-Apia y Tokelau; las di贸cesis de Samoa-Pago Pago, Tonga, Chalan, Kanoa.

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