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S.S. Juan Pablo II, Homilía durante la Santa Misa en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. XXXVIII Jornada Mundial de la Paz
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Homilía durante la Santa Misa en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. XXXVIII Jornada Mundial de la Paz

1. "¡Salve, Madre santa!, Virgen Madre del Rey, que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos" (Antífona de entrada).

En el primer día del año, la Iglesia se reúne en oración ante el icono de la Madre de Dios, y honra con alegría a aquella que dio al mundo el fruto de su vientre, Jesús, el "Príncipe de la paz" (Is 9, 5).

2. Ya es tradición consolidada celebrar en este mismo día la Jornada mundial de la paz. En esta ocasión, me alegra expresar mi más cordial felicitación a los ilustres embajadores del Cuerpo diplomático ante la Santa Sede. Dirijo un saludo especial a los embajadores de los países particularmente afectados durante estos días por el enorme cataclismo que se abatió sobre ellos.

Mi saludo se extiende con gratitud a los miembros de la Secretaría de Estado, encabezados por el cardenal Angelo Sodano, así como a los miembros del Consejo pontificio Justicia y paz, y en particular a su presidente, el cardenal Renato Martino.

3. La Jornada mundial de la paz constituye una invitación a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad a renovar su firme compromiso de construir la paz. Esto supone la acogida de una exigencia moral fundamental, expresada muy bien en las palabras de san Pablo: "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien" (Rm 12, 21).

Ante las numerosas manifestaciones del mal, que por desgracia hieren a la familia humana, la exigencia prioritaria es promover la paz utilizando medios coherentes, dando importancia al diálogo, a las obras de justicia, y educando para el perdón (cf. Mensaje para la Jornada mundial de la paz de 2005, n. 1).

4. Vencer el mal con las armas del amor es el modo como cada uno puede contribuir a la paz de todos. A lo largo de esta senda están llamados a caminar tanto los cristianos como los creyentes de las diversas religiones, juntamente con cuantos se reconocen en la ley moral universal.

Amadísimos hermanos y hermanas, promover la paz en la tierra es nuestra misión común.

Que la Virgen María nos ayude a realizar las palabras del Señor: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5, 9).

¡Feliz año nuevo a todos!

¡Alabado sea Jesucristo!

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