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Mart铆n Scheuch Pool, El camino a la verdad
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El camino a la verdad

El recorrido interior del Cardenal Newman

A cien a帽os de su muerte, el Cardenal Newman se nos presenta como una figura de gran actualidad, que marca un derrotero que ha tenido influencia en los caminos seguidos por otros muchos cat贸licos en su perspectiva de las verdades de la fe. Jean Guitton, pensador franc茅s de profunda humanidad, est谩 entre los que reconocen en Newman una fuerte influencia en su propia aproximaci贸n intelectual y existencial a la fe. Y es que el recorrido seguido por Newman desde las entra帽as del anglicanismo hasta su adhesi贸n plena a la fe 铆ntegra, encontrada en el seno de la Iglesia cat贸lica, tiene ciertas peculiaridades, que nos dicen mucho a nosotros, hombres del siglo XX.

En nuestra 茅poca, tiempo de desorientaci贸n 鈥攊ntelectual, moral, emocional, pr谩xica鈥�, muy dado a considerar el fen贸meno de la conversi贸n desde el punto de vista emotivo, con arranques pasionales semejantes a los que podemos hallar en las euforias seudo-m铆sticas de las sectas protestantes y afines, sorprende el testimonio de quien, si bien no careci贸 de momentos emotivos en su b煤squeda, desarroll贸 su camino m谩s bien en un tono reflexivo, donde la raz贸n, iluminada por la fe y la experiencia espiritual, lo fue conduciendo a trav茅s de los a帽os, en un largo proceso de maduraci贸n, hasta la certeza interior de la fe dentro del Credo cat贸lico.

Ese recorrido, que constituye una vida, es para Newman la misma demostraci贸n de la verdad a la que fue conducido. No es por eso extra帽o que presentara la historia autobiogr谩fica de sus opiniones religiosas con el nombre de Apologia pro vita sua. Lo cual nos lleva a esta otra caracter铆stica: la aproximaci贸n l贸gica y racional a los misterios de la fe no es suficiente; se requiere de una experiencia del misterio en la propia vida. De ah铆 la desconfianza de Newman hacia las exposiciones que hacen del excesivo rigor l贸gico la fuerza de su demostraci贸n.

Sin embargo, no dej贸 de ser tambi茅n un camino racional, pero de una raz贸n humana que se dej贸 iluminar por la fe, para mantenerse ante todo en la verdad. Por eso mismo, vemos que la etapa anglicana de Newman se caracteriza por una reflexi贸n intensa y un proceso de remoci贸n de prejuicios para ir llegando a conclusiones s贸lidas, aunque ello le valiera la p茅rdida de prestigio en Inglaterra y la incomprensi贸n de muchos.

John Henry Newman naci贸 el 21 de febrero de 1801 en Londres, hijo de un modesto banquero de Cambridge. Su madre, de origen hugonote, le inculc贸 los principios del calvinismo dentro del contexto del dogma anglicano. Ya desde ni帽o realiz贸 una serie de lecturas que lo llevar铆an a desarrollar un inter茅s intenso por los temas religiosos y relacionados con la historia de la Iglesia.

A los 15 a帽os tuvo Newman lo que 茅l designa como su conversi贸n: adopt贸 un Credo definido, al cual determin贸 permanecer fiel. Influy贸 en ello la doctrina de la perseverancia final.

A los 15 se matricul贸 en el Trinity College, Oxford, y a los 17 gan贸 una de las becas para la Universidad, gradu谩ndose a los 19 a帽os, llegando a obtener posteriormente el t铆tulo de fellow (socio) del Colegio de Oriel. En 1824 y 1825 recibi贸 las sucesivas 贸rdenes sacerdotales y en 1828 fue nombrado p谩rroco de la Vicar铆a de Santa Mar铆a, en Oriel, cargo que desempe帽贸 hasta 1843. En este ambiente, marcado por los principios del anglicanismo, desarrollar铆a Newman tanto su labor docente como la de reflexi贸n y posterior publicaci贸n de sus escritos, dentro de lo que se denominar铆a Movimiento de Oxford.

La situaci贸n que dio origen a este movimiento de renovaci贸n se halla en el liberalismo religioso que vaciaba de su carga de misterio los principios doctrinales del anglicanismo que eran fieles a la fe de la Antig眉edad cristiana. Esto fue sentido como un factor negativo por Newman y otros. La falta de una autoridad segura que salvaguardara los contenidos esenciales de la fe dio lugar a que doctrinas luteranas y calvinistas, sin ning煤n sustento en la Tradici贸n, tuvieran 芦carta libre禄 dentro de la reflexi贸n teol贸gica en la iglesia de Inglaterra. Newman, quien en alg煤n momento estuvo bajo la influencia del principio liberal, se apart贸 muy pronto de 茅l, debido a la captaci贸n clarividente de las consecuencias nefastas a las que llevaba la vivencia religiosa. El relajamiento en la fe que se estaba introduciendo en muchos te贸logos anglicanos de Oxford le motiv贸, junto con amigos de gran nobleza de pensamiento y acci贸n, como Juan Keble y Hurrel Froude, a la lucha por una fe que se basara en principios s贸lidos, fundados en la Tradici贸n recibida. Fue por entonces que Newman intensific贸 su estudio de los Padres de la Iglesia y ejerci贸 un fecundo apostolado espiritual sobre sus alumnos.

El Tract Movement (芦movimiento de los folletos禄, en traducci贸n literal) o 芦Movimiento de Oxford禄 comenz贸 con un serm贸n predicado por Juan Keble en 1833 鈥�National Apostasy (芦Apostas铆a nacional禄)鈥� denunciando las desviaciones doctrinales en las que hab铆a ca铆do gran parte de la iglesia anglicana por la introducci贸n de los principios liberales del protestantismo. El Movimiento estar铆a animado por la publicaci贸n peri贸dica de los Tract for the Times (芦Folletos para los tiempos禄), redactados muchos d ellos por Newman, donde se tocaban temas relacionados directamente con la fe. Estos escritos suscitaron un inter茅s pol茅mico en los miembros de la iglesia anglicana.

Las ideas que Newman propon铆a las agrupaba bajo el nombre de Via media, es decir, un camino intermedio entre el protestantismo liberal y la Iglesia cat贸lica, a la que consideraba como preservadora de la verdad en lo esencial, pero que toleraba muchos errores y pr谩cticas supersticiosas en su 芦catolicismo popular禄 y adolec铆a del defecto del papismo, considerado como un autoritarismo que cortaba la libertad de los fieles. En opini贸n suya, era muy negligente en lo que se refiere a la conservaci贸n de todos los principios religiosos de la Antig眉edad. (Esta posici贸n se ir铆a atenuando con los a帽os, hasta que el mismo Newman se vio ante la necesidad de abandonar la via media por no ajustarse a lo real: la iglesia anglicana era mucho menos fiel en cuanto a mantener las doctrinas de la Antig眉edad cristiana, y los defectos de la Iglesia cat贸lica no alteraban lo esencial del dep贸sito de la fe).

Los estudios de historia de la Iglesia (sobre los arrianos y los monofisitas) llevaron a Newman a una sana perplejidad: encontraba reflejado en esos tiempos lo que contempor谩neamente suced铆a entre la iglesia anglicana y la Iglesia cat贸lica; 茅sta 煤ltima permanec铆a igual a s铆 misma, mientras que aquella ostentaba caracter铆sticas y actitudes de los herejes antiguos.

Sin embargo, todav铆a hab铆a un largo camino que recorrer para Newman. Su ingreso en el catolicismo s贸lo cristaliz贸 luego de una serie de decepciones personales. La primera fue la controversia suscitada por el Tract 90, 煤ltimo publicado por Newman, en el a帽o de 1841. Era una interpretaci贸n de los 39 art铆culos de la Iglesia anglicana, en que se buscaba m谩s que nada los puntos doctrinales de uni贸n con Roma. No anulaba eso en Newman de su postura anti-cat贸lica, sino m谩s bien afirmaba su deseo de sustentar la validez del anglicanismo, como un camino m谩s puro que el seguido por Roma. Newman ve铆a claro que no se pod铆a llegar a una s贸lida declaraci贸n de principios y guardar una fidelidad al cristianismo de la Antig眉edad (punto de toque de la autenticidad cristiana), si no se afirmaba a la vez todo lo que Roma hab铆a conservado, a pesar de sus 芦defectos禄. El tract fue condenado por los obispos anglicanos; incluso el mismo obispo de Newman lo censur贸 personalmente y le exigi贸 que abandonase la publicaci贸n de sus famosos op煤sculos, cosa a la cual Newman tuvo que acceder. Sin embargo, Newman nunca se retract贸, pues consideraba que lo que el dec铆a no iba en contra de la iglesia de Inglaterra.

Seguir铆an a帽os de estudio y oraci贸n, en los que Newman ver铆a derrumbarse los logros conseguidos por el Movimiento de Oxford. Muchos anglicanos, influidos por el movimiento de renovaci贸n religiosa suscitado por los tracts, no vieron otro camino para mantener su fidelidad a la fe que pasarse a la Iglesia cat贸lica, cosa que Newman todav铆a censuraba. Hasta que la crisis del anglicanismo y las constantes cr铆ticas de que era objeto 鈥攑or seguir manteniendo una interpretaci贸n teol贸gica en consonancia con la Antig眉edad cristiana鈥� lo hicieron desistir definitivamente de la via media y lo llevaron definitivamente hacia la Iglesia cat贸lica en el a帽o de 1845. Una circunstancia que influy贸 en su decisi贸n fue el hecho de que los anglicanos quisieran nombrar un obispo en Jerusal茅n que admitiera en su comuni贸n a miembros de denominaciones protestantes que Newman consideraba como objetivamente her茅ticas.

Luego de ese paso decisivo, Newman estableci贸 el Oratorio de Felipe Neri en Inglaterra. Posteriormente fue creado Cardenal por el Papa Le贸n XIII (mayo de 1879). Debido a las suspicacias de muchos polemistas anglicanos, y en concreto con ocasi贸n de un ataque escrito por parte de un tal Mr. Kingsley, Newman se anim贸 a describir su evoluci贸n doctrinal en el libro autobiogr谩fico Apologia pro vita sua, para destacar la sinceridad de su camino personal y aclarar opiniones calumniosas sobre su anterior pertenencia al anglicanismo.

Otro escrito importante de Newman es su Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, iniciado en los a帽os de reflexi贸n posteriores a su ca铆da en desgracia, y que qued贸 interrumpido por su ingreso en el catolicismo. Es de sumo inter茅s, puesto que ah铆 quedan resueltas las dudas que lo aquejaban, respecto a c贸mo pod铆a ser la Iglesia cat贸lica la misma de los tiempos antiguos, dada la diferencia que se encontraba en muchas de sus manifestaciones actuales respecto a la Iglesia primitiva. En el libro intenta una explicaci贸n de c贸mo el dogma cat贸lico asume diferentes formas expresivas a trav茅s de la historia de la Iglesia, permaneciendo esencialmente igual. Esta obra resulta insoslayable en la exposici贸n del tema de la evoluci贸n del dogma.

Quedan de 茅l otras obras doctrinales, multitud de art铆culos y sermones, e incluso poemas religiosas, expresivos de su fina sensibilidad.

Newman muri贸 el 11 de agosto de 1890. A su muerte hubo grandes manifestaciones de duelo en Inglaterra, incluso por parte de sus amigos anglicanos, con quienes se hab铆a reconciliado, a pesar de las diferencias de credo.

SELECCI脫N DE TEXTOS

Los textos aqu铆 seleccionados expresan lo esencial del camino interior recorrido por Newman, y nos muestran una aproximaci贸n existencial a las verdades de la fe, alejada de toda elucubraci贸n abstracta innecesaria o in煤til. El primero de ellos es parte de una breve rese帽a autobiogr谩fica, escrita por el mismo Newman en tercera persona; nos muestra sucintamente el estado de sus creencias religiosas antes de su conversi贸n

鈥淸...] En 1821, a帽o en que 鈥攃onviene se帽alarlo鈥� se mantuvo m谩s adicto al credo 芦evang茅lico禄 y fue m谩s estricto en el cumplimiento de sus obligaciones religiosas que lo hab铆a sido hasta entonces, prepar贸 (a grandes rasgos) un bosquejo del proceso de la conversi贸n tal y como lo entienden los 芦evang茅licos禄 bas谩ndose en una serie de textos de las Escrituras y recorriendo las etapas de convicci贸n de pecado, terror, desesperaci贸n, anuncio de una salvaci贸n total y gratuita, aprehensi贸n de Cristo, sentido del perd贸n, seguridad de salvaci贸n, alegr铆a y paz, y as铆 hasta la perseverancia final; redactando despu茅s la siguiente Nota bene sobre su trabajo: 芦Si hablo de conversi贸n lo hago con desconfianza, por verme obligado a usar la terminolog铆a de los libros. Porque lo que yo he sentido, desde que tengo uso de raz贸n y me acuerdo, es tan distinto de lo que he le铆do, que no me atrevo a guiarme por lo que no puede ser sino un caso individual禄. Esto fue en 1821; transcribiendo el Memor谩ndum en 1826, a帽ade: 芦He escrito esto: juxta praescriptum. Sobre el problema en cuesti贸n, la conversi贸n, he de decir que no he sentido nada violento, s贸lo una vuelta, una renovaci贸n de principios, por el poder del Esp铆ritu Santo, como ya hab铆a sentido, y hasta cierto punto hecho obrar, cuando era joven.禄

A帽os m谩s tarde sol铆a considerar que su postura mental, la original y la m谩s tard铆a, en lo que se refiere a las ense帽anzas 芦evang茅licas禄 de su juventud, serv铆a para ilustrar lo que hab铆a escrito en su Essay on Assent sobre la compatibilidad de la indefectibilidad de las certezas aut茅nticas con el fallo de las meras creencias que en un momento dado de nuestra vida ten铆amos por ciertas. 芦Podemos dar nuestro asentimiento禄, dice, 芦a un cierto n煤mero de proposiciones tomadas en conjunto, es decir, podemos hacer varios asentimientos a la vez; pero al hacerlo nos exponemos a poner en un mismo nivel, y a tratar como valores iguales, actos mentales que son muy diferentes unos de otros en car谩cter y circunstancia. Sin embargo, una religi贸n no es una proposici贸n, sino un sistema, un rito, un credo, una filosof铆a, una norma de conducta, todo a la vez; y aceptar una religi贸n no consiste en un asentimiento simple o en un asentimiento complejo, en una convicci贸n, o en un prejuicio, o en un mero acto de profesi贸n, o de fe, o de opini贸n, o de especulaci贸n, sino que es un conjunto de todos estos varios tipos de asentimientos, unos de una clase y otros de otra; pero de todos estos diferentes asentimientos, 驴cu谩ntos hay que sean del tipo que he llamado certeza? Por ejemplo: el dogma fundamental del protestantismo es la autoridad exclusiva de las Escrituras; pero al mantener esto, el protestante mantiene, adem谩s, expl铆cita o impl铆citamente, una serie de proposiciones, y las mantiene con asentimientos de car谩cter distinto. Y, sin embargo, si se lo preguntasen, probablemente contestar铆a que estaba seguro de la verdad del protestantismo, aunque protestantismo quiera decir cien cosas distintas a la vez y 茅l no crea con plena certeza m谩s que en una de ellas.禄

Aplicando estas observaciones a su propio caso, sol铆a decir que, desde el gran cambio que se oper贸 en 茅l durante la adolescencia hab铆a mantenido siempre, consider谩ndolos ciertos, cuatro puntos doctrinales, a saber, los de la Sant铆sima Trinidad, Encarnaci贸n, Predestinaci贸n y 芦aprehensi贸n de Cristo禄 luterana, y que de 茅stos, s贸lo los tres primeros, que son ense帽anzas de la Religi贸n Cat贸lica y que, como tales, son verdaderos y capaces de tomar indefectiblemente posesi贸n de la mente y no hubieron en su caso de desvanecerse, y de hecho no se desvanecieron nunca, continuando impresos en 茅l a trav茅s de todos sus cambios de opini贸n, hasta que se hiciera cat贸lico y despu茅s, mientras que el cuarto que, aunque 茅l hubiese en tiempos cre铆do que s铆 lo era, no es verdadero, y que no puede, por lo tanto, ser mantenido con certeza ni con promesa de permanencia, aunque 茅l creyera que s铆, se desvaneci贸 de su esp铆ritu en muy poco tiempo, como ocurre con una mera opini贸n o creencia err贸nea, e incluso, m谩s bien podr铆a decirse, que no fue mantenido por 茅l desde el principio. Sin embargo, en su juventud, en lo que se refiere a su acci贸n sobre 茅l, 茅l fund铆a esos cuatro puntos doctrinales en uno, transfiriendo la total convicci贸n que sent铆a de la revelaci贸n acerca de las tres Personas de la Sant铆sima Trinidad y de la econom铆a divina de la salvaci贸n a la doctrina luterana de la justificaci贸n por la fe.鈥�

(de 芦Memoria autobiogr谩fica禄,en Escritos autobiogr谩ficos, Taurus, Madrid 1962, pp.132-135)

El siguiente texto nos muestra la aproximaci贸n metodol贸gica de Newman al misterio: no se trata de confiar exclusivamente en la raz贸n, sino de utilizarla iluminada por la fe y de acuerdo a una experiencia espiritual aut茅ntica.

鈥�...cuando algunas veces se me preguntaba si ciertas conclusiones no se deduc铆an de un cierto principio, yo no pod铆a decir de momento, sobre todo si la materia era complicada, si era por esta raz贸n o por otra; porque hay una gran diferencia entre una conclusi贸n en abstracto y la misma en concreto, y porque una conclusi贸n puede ser modificada por otra, deducida de opuesto principio. Ahora bien, pod铆a suceder que yo sencillamente me confundiese por la misma claridad de la l贸gica que se me hab铆a ense帽ado, y as铆 daba mi sanci贸n a conclusiones que no eran m铆as. Y cuando las conclusiones vinieron a m铆 por medio de otros, yo ten铆a que desdecirme.

Tampoco me gustaba ver que los dem谩s se asustasen o escandalizasen por deducciones l贸gicas no sentidas, las cuales no les hubieran afectado hasta el d铆a de su muerte, si ellos no hubieran sido obligados a compartirlas. Entonces yo sent铆 completamente la fuerza de la m谩xima de San Ambrosio: 芦Non in dialectica complacuit Deo salvum facere populum suum禄 [芦no se complaci贸 Dios en salvar a su pueblo por la dial茅ctica禄]. No ten铆a gran simpat铆a por la l贸gica del papel. Por lo que a m铆 respecta, no hab铆a sido la l贸gica la que me hab铆a conducido; por la misma raz贸n que no puede decirse que la columna de mercurio del bar贸metro cambia el tiempo. Es el hombre concreto el que razona; pasados unos cuantos a帽os, yo encuentro mi pensamiento en un nuevo sitio. 驴Por qu茅? Porque lo que se mueve es el hombre entero; la l贸gica del papel no es m谩s que el registro del movimiento. Toda la l贸gica del mundo no me hubiera hecho moverme m谩s aprisa hacia Roma de lo que lo hice. Tan perfectamente podr铆as haber dicho que yo hab铆a llegado al fin de mi viaje, porque estaba viendo ante m铆 la iglesia de la aldea; como podr铆as haber augurado que las millas que mi esp铆ritu hab铆a debido recorrer antes de llegar a Roma pod铆an ser anuladas, aunque yo hubiese tenido m谩s clara visi贸n de la que ten铆a entonces de que Roma era mi 煤ltimo destino. Los grandes actos llevan mucho tiempo. A lo menos, es lo que yo veo en mi propio caso. Por tanto, venirme a m铆 con m茅todos de l贸gica me parec铆a una provocaci贸n; y aun cuando yo nunca lo he demostrado, me dejaban indiferente respecto al modo de refutarlos; y me condujeron, como medio de suavizar mi impaciencia, a ser misterioso o incoherente, o a callarme por no poderlos refutar.鈥�

(de Apologia pro vita sua, Taurus, Madrid 1961, pp.190-191)

El peligro del racionalismo como factor corrosivo queda bien descrito en las siguientes palabras:

鈥淸...] 驴Qui茅n ser谩 el antagonista para contener y aplacar la fiera energ铆a de la pasi贸n y el corrosivo disolvente escepticismo del entendimiento en la investigaci贸n religiosa? No tengo intenci贸n en absoluto de negar que la verdad es el objeto real de nuestro entendimiento; y que si 茅ste no alcanza la verdad, o sus premisas o su razonamiento fallan. Pero yo no hablo aqu铆 de la recta raz贸n, sino de la raz贸n tal como obra de hecho y concretamente en los hombres ca铆dos. Demasiado s茅 que la raz贸n por s铆 sola, cuando se aplica correctamente, lleva a creer en Dios, en la inmortalidad del alma y en una retribuci贸n futura. Pero yo estoy considerando el hecho hist贸rico; y desde este punto de vista me parece que no yerro al decir que hay una tendencia natural a la incredulidad en materia de religi贸n. No hay verdad, por sagrada que sea, que la pueda resistir a la corta o a la larga; y as铆, en el mundo pagano, cuando vino Nuestro Se帽or, las 煤ltimas huellas de los conocimientos religiosos de los primeros tiempos estaban a punto de desaparecer en aquellas porciones del mundo, donde el entendimiento hab铆a sido activo y hab铆a hecho su camino.

En estos 煤ltimos d铆as, del mismo modo, fuera de la Iglesia cat贸lica las cosas tienden, con mucha mayor rapidez que en otros tiempos, por las circunstancias de los nuestros, al ate铆smo en una forma u otra. En efecto, 驴qu茅 panorama y qu茅 porvenir presenta toda Europa en este momento? 驴Y no s贸lo toda Europa, sino todo Estado y toda civilizaci贸n en el mundo, que est谩n bajo la influencia del pensamiento europeo? Por lo que nos interesa a nosotros, 隆cu谩n triste es el espect谩culo religioso, aun tomado en su forma m谩s elemental y atenuada, que nos presentan los entendimientos cultos de Inglaterra, Francia y Alemania! Los hombres religiosos, amantes de su pa铆s y de su raza, aun los ajenos a la Iglesia cat贸lica, han buscado varios expedientes para detener la fiera y voluntariosa naturaleza humana en su carrera y someterla a una regla. La necesidad de alguna forma de religi贸n para los intereses de la Humanidad, ha sido generalmente reconocida. 驴Pero d贸nde est谩 el representante concreto de las cosas invisibles, que puede tener la fuerza y la efectividad necesarias para oponer un dique a este diluvio? Tres siglos hace que el establecimiento de una religi贸n material, legal y social, se adoptaba generalmente como el mejor remedio para este prop贸sito, en aquellos pa铆ses que se separaron de la Iglesia cat贸lica. Durante un largo tiempo se logr贸 el prop贸sito; pero ahora las fallas de estos edificios dan entrada a los enemigos. Hace treinta a帽os se confiaba en la educaci贸n; hace diez a帽os hab铆a esperanza de que las guerras cesasen para siempre, bajo la influencia de las empresas comerciales y el reinado de las artes bellas y 煤tiles. 驴Pero qui茅n se atrever谩 a decir que hay en alguna parte de la tierra algo que nos d茅 un apoyo para contener este movimiento vertiginoso del mundo? El juicio que nos da la experiencia acerca de las instituciones o de la educaci贸n, como medios de mantener la verdad religiosa en este mundo an谩rquico, debe extenderse hasta la Escritura, aunque la Escritura sea divina. La experiencia demuestra, ciertamente, que la Biblia no sirve para un prop贸sito para el cual no fue creada. Puede ser circunstancialmente el medio de conversi贸n para algunos individuos; pero un libro, despu茅s de todo, no puede hacer frente al salvaje y vivaz entendimiento del hombre, y hoy se comienza a demostrar, por lo que se refiere a su estructura y su contenido, el poder de este disolvente universal, que tan eficazmente obra sobre las instituciones religiosas.鈥�

(de Apologia pro vita sua, pp.261-263)

Los fragmentos que vienen a continuaci贸n tocan temas teol贸gicos, vistos desde la perspectiva existencial de Newman: Dios, el pecado, el hombre, la Iglesia.

鈥�...tengo tanta certidumbre [del ser de Dios] como de mi propia existencia, aunque cuando intento examinar los fundamentos de esta certidumbre y darle forma l贸gica, encuentro gran dificultad, tanto en el modo como en la forma. Tiendo mi vista por el mundo de los hombres, y veo una perspectiva que me llena de indecible tristeza. Parece que el mundo ha negado sencillamente esta gran verdad, de la cual todo mi ser se siente tan lleno. [...] Si no fuera por esa voz que habla tan clara en mi conciencia y en mi coraz贸n, yo ser铆a un ateo, un pante铆sta o un polite铆sta cuando contemplo el mundo. Hablo de m铆 mismo solamente. Estoy lejos de negar la fuerza real de los argumentos que prueban la existencia de Dios, formados de los hechos generales de la sociedad humana y del curso de la Historia; pero esos argumentos, ni me calientan ni me iluminan; no suprimen el invierno de mi desolaci贸n, ni hacen brotar los botones, ni crecer las hojas dentro de m铆, ni regocijan mi ser moral. La vista del mundo no es m谩s que el pergamino del profeta 芦lleno de lamentaciones, de llanto y de terror禄. El considerar el mundo en su largo y ancho, sus variadas historias, las m煤ltiples razas de hombres, sus comienzos, su fortuna, su mutuo alejamiento, sus conflictos; despu茅s, sus modos de vivir, sus h谩bitos, gobiernos, formas de culto; sus empresas, sus carreras, sin objeto, sus adquisiciones y 茅xitos debidos al azar, la impotente terminaci贸n de cosas duraderas, las prendas tan d茅biles y tan rotas de un designio superior, la ciega evoluci贸n de lo que vienen a ser grandes poderes y verdades; el progreso de las cosas que parece venir de elementos irracionales, no hacia causas finales; la grandeza y la peque帽ez del hombre, sus inmensas ambiciones, su corta duraci贸n, el tel贸n que oculta su futuro; las desilusiones de la vida, la derrota del bien, los 茅xitos del mal, el dolor f铆sico, la inquietud de la muerte, el prevalecimiento e intensidad del pecado, las extensas idolatr铆as, la corrupci贸n, la espantosa irreligi贸n, la condici贸n de toda la raza humana tan terrible y exactamente descrita con las palabras del Ap贸stol 芦que no tiene esperanza y vive sin Dios en el mundo禄; todo esto es una visi贸n que aterra y enloquece y produce sobre el esp铆ritu la idea de un profundo misterio que est谩 absolutamente m谩s all谩 de toda humana soluci贸n.

驴Qu茅 diremos, pues, de este hecho tremendo que trastorna nuestra raz贸n? S贸lo puedo contestar que, una de dos, o no hay Creador, o esta sociedad humana est谩, en realidad, destituida de su presencia. [...] Si hay un Dios, puesto que lo hay, la raza humana est谩 envuelta en una calamidad original. Esto est谩 fuera de los prop贸sitos de su Creador; esto es un hecho, un hecho tan verdadero como su existencia; y as铆, la doctrina de lo que se llama pecado original me parece tan cierta como que el mundo existe y como que existe Dios.鈥�

(de Apologia pro vita sua, pp.259-261)

鈥淸...] El hombre se ha rebelado contra su Creador. Esto produjo la intervenci贸n divina. Y proclamarlo debe ser el primer acto del mensajero divinamente acreditado. La Iglesia debe anunciar esta rebeli贸n como el mayor de todos los males posibles. No debe darle cuartel. Si quiere ser fiel a su maestro, debe proscribirlo y anatematizarlo. [...] Precisamente, fue la intensidad del mal que se ha apoderado de la Humanidad, lo que hace necesario un antagonista proporcionado contra 茅l; y el acto inicial de este poder divinamente comisionado, es, naturalmente, oponerse al enemigo y desafiarlo. Tal pre谩mbulo, pues, da un sentido a la posici贸n de la Iglesia en el mundo y una intervenci贸n a su entero curso de obrar y ense帽ar.

De igual manera, ella ha afirmado siempre, con la m谩s en茅rgica claridad, aquellas otras grandes verdades fundamentales que, o son explicaci贸n de su misi贸n, o dan a su acci贸n un car谩cter determinado.

No ense帽a ella que la humana natura es incorregible; si fuese as铆, su misi贸n no tendr铆a objeto. No dice que debe ser sacudida y derribada, sino que debe librarse, purificarse, restaurarse; no ense帽a que es un conjunto de males irremediables, sino que tiene la promesa de grandes cosas; y aun ahora, en su presente estado de des贸rdenes y excesos, tiene una virtud y un m茅rito que le son peculiares. Pero, en segundo lugar, la Iglesia sabe y predica que tal restauraci贸n, tal como ella la entiende, debe ser llevada a cabo, no solamente por medio de la p煤blica predicaci贸n y ense帽anza, aunque sea la de ella misma, sino por un cierto poder espiritual interior o gracia, concedida directamente de arriba, que ella tiene en su poder. Su misi贸n es rescatar la naturaleza humana de su miseria; pero no levant谩ndola solamente a su propio nivel, sino elev谩ndola m谩s, a un nivel m谩s alto que el que le corresponde. La Iglesia reconoce en la naturaleza humana una real excelencia moral, aunque degradada; pero no puede liberarla de la tierra si no es para elevarla al cielo. Para este fin se ha puesto en sus manos una gracia renovadora, y tanto por la naturaleza del don como por lo razonable del caso, la Iglesia va m谩s adelante: insiste en que toda verdadera conversi贸n debe empezar antes con los primeros brotes del pensamiento, y ense帽a que cada individuo debe ser, en su propia persona, un entero y perfecto templo de Dios, a la vez que es tambi茅n una de las piedras vivas que componen una comunidad religiosa visible.鈥�

(de Apologia pro vita sua, pp.264-266)

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