San Ireneo de Lyon, Contra los Herejes

LIBRO II: DENUNCIA Y REFUTACION DE SU DOCTRINA

Prólogo

[707] Pr. 1. Mi hermano querido, en el libro anterior te hemos expuesto y al mismo tiempo desenmascarado toda la mal llamada gnosis, que los valentinianos enseñan con teorías falsas y opuestas. [708] También te descubrimos las doctrinas de sus ancestros, y mostramos cuánto difieren entre ellos mismos, y mucho más de la verdad. Te explicamos puntualmente la enseñanza de uno de ellos, Marco el mago, así como todas sus obras; [709] y te hicimos ver con cuánto empeño se esfuerzan por hallar en la Escritura textos para probar sus falacias. Así también te escribimos sobre el modo como, sin avergonzarse, usan los números y las veinticuatro letras del albafeto para demostrar sus verdades.

Igualmente descubrimos cómo andan diciendo que la creación fue hecha a imagen del Pléroma invisible, así como sus teorías y enseñanzas acerca del Demiurgo. Hablamos de la doctrina de su progenitor, Simón Mago el samaritano, y de sus sucesores; y añadimos todo el montón de los que se dicen gnósticos. Hicimos notar las diferentes doctrinas y sus consecuencias, así como todas las herejías que de ellas derivan. En seguida aclaramos cómo todos estos herejes han sacado de Simón el origen de sus impíos e irreligiosos dogmas; así como sus prácticas de redención y sus ritos de iniciación para introducir a aquellos que luego se vuelven perfectos, e igualmente sus inventos y misterios. Finalmente demostramos que uno solo es el Dios Creador, el cual no es el fruto de la penuria147, y que fuera de él o sobre él no hay ningún otro.

Pr. 2. En este libro, hasta donde el tiempo nos lo permita, te enseñaremos los más importantes argumentos para refutar su norma de fe148. Por eso hemos titulado esta parte de la obra Denuncia y refutación de su doctrina: pues es necesario derrocar sus «matrimonios» desenmascarando esos «matrimonios» ocultos, y hacer añicos su Abismo, demostrando que jamás existió ni puede existir.

1. No existe un Pléroma por encima del Dios Creador

1.1. No hay un mundo independiente del Pléroma o del Creador

1.1. Conviene empezar con el primero y más importante capítulo sobre el Dios Demiurgo que hizo el cielo, la tierra y todas las cosas que en ellos existen (Ex 20,11), al que esos blasfemos llaman «fruto de la penuria». [710] Probaremos que nada hay por encima de él ni fuera de él, sino que él hizo todas las cosas según su proyecto y libre voluntad, pues es el único Dios, el único Señor, el único Creador, el único Padre y el único que contiene en sí todas las cosas y da la existencia a todas ellas.

1.2. ¿Cómo sería posible que existiese sobre él otra Plenitud, o Principio, o Potestad, u otro Dios, siendo necesario que Dios, la Plenitud (Pléroma) de todas las cosas, las contenga en su inmensidad y por ninguna sea contenido? Pues si alguna cosa existiese fuera de él, ya no sería Plenitud de todas las cosas, ni las contendría todas: pues a dicha Plenitud o a ese Dios le faltaría lo que ellos dicen existiría fuera de él. Pues aquello a lo que le falta o se le quita a algo, no puede ser Plenitud de todas las cosas.

Más aún, un tal ser tendría un comienzo, un medio y un fin respecto a aquellos que existirían fuera de él. Pues si tuviera un término en relación con los seres de acá abajo, también tendría un principio en relación con los seres de arriba. Y lo mismo sucedería por fuerza en relación con las otras partes: quedaría contenido desde fuera, determinado e incluido en ella; porque un término exterior por fuerza circunscribe y circunda lo que termina en él. Según dicen ellos, hay un Padre universal, al que también llaman Protoser y Protoprincipio, junto con el que ellos pretenden ser el Pléroma, el cual, como el Dios bueno de Marción, ha sido creado, incluido y circundado por otro Principio, que necesariamente será mayor que él: puesto que aquello que contiene es mayor que el contenido. Pero si es mayor, entonces también es más poderoso y más señor; pues aquel que es mayor, más poderoso y más señor, es Dios.

1.3. Y como según ellos existe alguna región fuera del Pléroma, a la cual habría emigrado la Potencia superior descarriada149, esta región o necesariamente contiene lo que es externo al Pléroma y aun el Pléroma mismo -de otra manera no estaría fuera del Pléroma: pues si algo quedara fuera del Pléroma, por el mismo hecho de estar fuera [711] sería él mismo Pléroma, y así el Pléroma de ellos quedaría contenido en el Pléroma exterior; y entonces junto con el Pléroma también quedaría contenido el primer Dios-; o deben postular que ambos distan infinitamente y están separados entre sí, quiero decir el Pléroma y lo que queda fuera de él. Pero, si aceptan esto último, en consecuencia deben afirmar un tercer elemento que separe infinitamente a su Pléroma de aquello que existe fuera de él. Dicho tercer elemento tendría que rodear y contener ambas realidades, y ser mayor que el Pléroma y lo que existe fuera, puesto que debería contener ambos en su seno.

De este modo nuestro discurso tendría que prolongarse hasta el infinito, sobre cosas contenidas y cosas que contienen. Si este elemento tercero comienza en el mundo superior y termina en el inferior, se sigue que también ha de estar limitado por los costados, sea que tenga principio o término en otras realidades laterales. En tal caso las realidades que quedan arriba, abajo, a un lado y a otro, tendrán necesariamente un comienzo; y así deberemos seguir hasta el infinito. Es la consecuencia de que el pensamiento de ellos no esté firme en un solo Dios; pues, con la excusa de seguir buscando, van a parar en aquello que no existe y se separan del Dios verdadero.

1.4. De modo semejante procedemos contra las invenciones de los marcionitas. Sus dos dioses quedan delimitados y definidos, separados entre sí por una distancia infinita. Según esta teoría habría que imaginar muchos dioses infinitamente distanciados en todas las direcciones, y unos darían origen y limitarían a los otros mutuamente. La razón en la que se apoyan para hipotizar un Pléroma o un Dios superior al Creador del cielo y de la tierra, es la misma que se puede usar para suponer que sobre su Pléroma hay otro Pléroma, y sobre este segundo un tercero, [712] y sobre su Abismo otro Abismo divino, e igualmente para deducir otros más a cada uno de los lados. De esta manera su teoría tendría que prolongarse hasta el infinito, y sería imperioso imaginar perpetuamente otros Pléromas y Abismos, sin poner nunca un término, pues habría que buscar siempre otros nuevos. Ni siquiera se sabría si esas cosas quedarían arriba o abajo de nosotros, y de los mismos que se dicen superiores no se estaría seguro de que queden arriba o abajo. Nada firme o estable habría en nuestra mente, sino que por fuerza ésta siempre estaría fluctuando entre infinitos mundos e indeterminados dioses.

1.5. Si fuese así, cada uno de estos dioses tendría que estar contento y no mezclarse curiosamente con lo que toca a los otros; de otra manera el inferior sería avaro e injusto, y dejaría de ser Dios. Cada uno de los seres creados tendría que dar gloria a su propio Creador, el cual para él sería suficiente y no tendría por qué conocer a otros dioses; de otra manera, condenado justamente por los demás de apostasía, tendría que recibir un proporcional castigo. En consecuencia, por fuerza debe ser uno solo el que contiene todas las cosas, que en aquel ámbito que le pertenece las haya creado todas según su voluntad; o bien admitir muchos creadores y dioses indefinidos, que se limiten entre sí poniéndose principios y términos por todos lados; todos ellos quedarían contenidos dentro de otro mayor, y cada uno quedaría necesariamente delimitado dentro de lo que es suyo, y de este modo ninguno de ellos sería Dios. Pues cada uno de ellos sería defectuoso, pues sólo le tocaría una parte muy pequeña en comparación de todo el resto, y por consiguiente dejaría de existir aun el título de Omnipotente. Este modo de pensar tarde o temprano tendrá que caer en la impiedad.

1.2. El mundo no fue hecho por ángeles

[713] 2.1. Algunos andan diciendo que Angeles fueron los fabricantes del mundo, o bien otro Demiurgo, que actuaron fuera de los planes del Padre que está sobre todas las cosas. Comienzan por errar cuando afirman que fueron Angeles quienes realizaron tan excelsa obra de la creación, como si los Angeles fuesen más poderosos que Dios; o bien como si éste fuese descuidado, o tuviese necesidad (de ellos), o no se preocupase de lo que se hace en su propio dominio, sea bueno o malo, a fin de impedir o prohibir el mal y de alegrarse y gozarse en el bien. ¡Nadie hay tan atrevido que atribuya tales cosas a un ser humano que tenga un mínimo de cuidado, mucho menos a Dios!

2.2. En seguida, que ellos nos digan si estas cosas las hicieron en un dominio propio, o en el de otro. Si responden que en dominio ajeno, caerán en todos los absurdos que ya indicamos arriba: su Dios quedaría prisionero de lo que existe fuera de él, lo cual por fuerza tendría que limitarlo. Y si responden que en su propio dominio, también sería una idiotez afirmar, según su teoría, que los Angeles u otro Demiurgo crearon el mundo en dominio propio de Dios, ¡como si éste no se diera cuenta de lo que sucede en lo que le pertenece, o como si ignorase lo que hacen los Angeles!

2.3. Pero si, como otros opinan, no lo hicieron contra su voluntad o sin que él se diera cuenta, entonces ya no serán los Angeles u otro Demiurgo quienes hicieron el mundo, sino la voluntad de Dios. Pues si éste creó al Demiurgo del mundo y a los Angeles, [714] tambien él será la causa de lo que ellos hicieron, y se concluye que él mismo es el autor del mundo, pues preparó sus causas. Aunque, como opina Basílides, los Angeles hubiesen creado en etapas sucesivas, o lo hubiese hecho un Demiurgo del mundo, si éstos tienen origen en el primer Padre, habrá que hallar la causa de todas las cosas en aquél en quien sus causas tuvieron origen y que emitió toda la serie. Es como en una guerra: al rey se atribuye la victoria, porque él ha dispuesto los medios para conseguirla; y se atribuye la fundación de la ciudad y su construcción a aquel que dispuso los elementos para que se llevara a cabo tal obra que después se ha llevado a cabo. De modo semejante, no decimos que el hacha parte la leña o que la sierra corta la madera; sino que el modo justo de expresarse es decir que los seres humanos parten y cortan con el hacha o la sierra que para ello han fabricado, así como con los instrumentos que han usado para hacerlas. Así pues, dentro de su misma lógica, es claro que al Padre universal debe llamarse el Creador de este mundo, y no a los Angeles o a otro Demiurgo diverso de aquel que dio origen y fue la causa primera que preparó esta obra.

2,4. Tal vez un modo semejante de razonar pueda persuadir más a personas que, no conociendo a Dios, lo imaginan semejante a gente limitada que no puede crear en un instante sino a partir de cosas existentes, y que además necesita muchos instrumentos para fabricar150. Pero jamás lo aceptará quien sepa que Dios, sin tener necesidad de nada, creó todas las cosas por su Verbo; que no le hace falta la ayuda de los Angeles para llevar a cabo lo que hace; ni requiere el auxilio de algún Poder muy inferior a él e ignorante del Padre; ni de la penuria o ignorancia, a fin de que empiece a existir el ser humano destinado a conocerlo. Sino que él por sí mismo hizo todas las cosas de modo inefable que nosotros no alcanzamos a comprender, según su proyecto y voluntad. Hizo todos los seres armoniosamente, cada uno según su orden y principio: los seres espirituales, en su orden espiritual e invisible; los que están sobre los cielos, en el celeste; los Angeles en el angélico; los animales en el animal; [715] los que nadan, en el acuático; los terrestres, en la tierra: a cada uno le dio su naturaleza adecuada; porque hizo todas las cosas con su Verbo infatigable.

2.5. Porque ser eminente sobre todas las cosas es lo propio de Dios, y por ello no le hacen falta instrumentos para llevar a cabo la hechura de su creación. Y su Verbo es capaz y suficiente para realizar todas las cosas, como escribió de él su discípulo Juan: «Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él nada se ha hecho» (Jn 1,3). Y en la expresión «todas las cosas» está incluido nuestro mundo. Por tanto, éste fue hecho por el Verbo, como dice la Escritura en el Génesis, que Dios hizo por su Palabra todas las cosas que existen en nuestro mundo (Gén 1,3-26). También David lo afirma: «Porque él lo dijo y fueron hechas; lo mandó y fueron creadas» (Sal 33[32],9; 148,5). ¿A quién, pues, vamos a creer acerca de la creación del mundo: a esos herejes que hemos mencionado, que mascullan tonterías y contradicciones, o a los discípulos del Señor, a Moisés el fiel siervo de Dios (Núm 12,7) y profeta? Este fue el primero que describió el origen del mundo: [716] «En el principio Dios hizo el cielo y la tierra» (Gén 1,1), y en seguida todo el resto. No habló de dioses ni de ángeles.

2,6. Y que este mismo Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, lo dijo el Apóstol Pablo: «Uno solo es Dios Padre, que está sobre todos, por todos y en todos nosotros» (Ef 4,6). Ya demostramos anteriormente que existe sólo un Dios; pero aún lo seguiremos probando a partir de las palabras del Señor y de los Apóstoles. Pues ¿a dónde llegaríamos si, dejando las palabras del Señor y de los Apóstoles, prestáramos atención a aquellas que nada sensato pueden decirnos?

1.3. El mundo no fue hecho en el vacío

3,1. Tan absurdos son su Abismo y su Pléroma como el Dios de Marción. Pues si, como ellos dicen, existiese fuera de él una base a la que ellos llaman «vacío» y «sombra», [717] por el mismo hecho tal vacío sería mayor que su Pléroma. Es absurdo, por consiguiente, afirmar que fuera de él hubo algo que contuviese todas las cosas, y que en él las creó otro ser extraño. En tal caso se verían obligados a postular un vacío sin forma, en el cual han sido creados todos los seres del universo, más abajo del Pléroma espiritual. Este espacio sin forma ¿habría existido siendo consciente el Protopadre de las cosas que en el futuro habrían de existir en él, y por lo mismo el Protopadre así lo habría dejado a propósito, o bien sin que él se diera cuenta? Porque si él no se dio cuenta, entonces Dios no conoce de antemano todas las cosas. Ni pueden señalar algún motivo por el cual él habría dejado ese lugar vacío a propósito durante tanto tiempo. Mas si él conocía de antemano y tenía en su mente la creación que debía llevar a cabo en el futuro, entonces él mismo la realizó, una vez que la hubo concebido en sí mismo.

3,2. Dejen, pues, de andar pregonando que algún otro creó el mundo; pues cuando Dios lo concibió en su mente, se hizo lo que él había concebido. Porque es imposible que un ser haya concebido en su mente, y otro realizado lo que el primero había concebido. Y según esos herejes: ¿Dios ha concebido en su mente un mundo eterno o temporal? En ambos casos su respuesta no es digna de fe. Porque si desde siempre concibió en su mente los seres espirituales e invisibles, entonces éstos serían eternos. Mas si el mundo es tal como es, aquel que lo había concebido tal como es, él mismo lo habría hecho tal cual es; o sea, que en la mente del Padre ya habría estado determinado que existiese [718] tal y como lo había concebido: compuesto, mudable y pasajero. Pero en este caso, si el mundo es tal como el Padre lo había planeado por sí mismo, entonces queda plenamente ratificada la creación por obra del Padre. Y si fue planeado por la mente del Padre de todas las cosas, y llevado a cabo exactamente como había sido concebido, entonces decir que el mundo es fruto de la penuria es un engendro de la ignorancia y una enorme blasfemia. Pues, según sus teorías, el Padre habría concebido en su mente y planeado en su corazón emitir una penuria que por ignorancia produjese un fruto; puesto que todo se hizo conforme a la mente que lo había concebido.

1.4. Sombra y vacío: ¿limitaciones del Ser supremo?

4.1. Ciertamente hay que buscar la razón de la Economía de Dios. Lo que no podemos hacer es atribuir a otro la creación del mundo. Debemos decir que Dios planeó todas las cosas para que existiesen como fueron hechas; pero no tenemos derecho de elucubrar una sombra y un vacío151. ¿De dónde habría salido ese vacío? Se pregunta uno si habría sido emitido del mismo que ellos hipotizan como Padre emisor de todas las cosas, y por lo tanto participaría con los otros Eones del mismo honor y parentesco, o si quizás sería anterior a ellos. Porque si fue emitido por el mismo (Padre) que ellos, entonces también sería semejante al que lo emitió, así como a los (Eones) igualmente emitidos por el mismo. Entonces por fuerza su Abismo, así como su Silencio, serían semejantes al vacío, [719] en otras palabras, estarían vacíos; pero también los demás Eones, hermanos del vacío, serían de substancia vacía.

Mas si no fue emitido, habría sido engendrado y nacido por sí mismo, al mismo tiempo que el Abismo, el cual, según ellos, es el Padre de todas las cosas. En tal caso, el que ellos tienen por Padre de todas las cosas participaría de la misma naturaleza y honor que el vacío. Porque éste, o ha sido emitido por otro, o ha sido engendrado y nacido por sí mismo. Pero si el vacío fue emitido, entonces también está vacío su emisor Valentín, así como están vacíos sus seguidores. Si por el contrario no fue emitido, sino que se engendró y nació por sí mismo, entonces un tal vacío es semejante, hermano y de la misma dignidad, que el Padre que Valentín predica; más antiguo, pues existiría mucho antes y más venerable que los demás Eones de Ptolomeo, de Heraclio y de todos los que piensan como ellos.

1.5. ¿El mundo nació de la ignorancia?

4,2. Si, apretados por estos argumentos, confiesan que el Padre universal contiene todas las cosas y que nada hay fuera del Pléroma (pues de otra manera por fuerza éste quedaría delimitado y abrazado por otro ser mayor que él), entonces cuando ellos hablan de «afuera» y de «adentro» querrán referirse a los ámbitos del conocimiento y la ignorancia, y no a la posición local. Si en el Pléroma o en el dominio del Padre el Demiurgo o los Angeles han fabricado todo cuanto conocemos, entonces estas cosas están contenidas dentro de su «Grandeza inefable» o como en el centro de un círculo, o como una mancha en un vestido. Pero en primer lugar, ¿qué raza de Abismo es ése que tolera se le imprima en su seno una mancha y permite que algún otro fabrique y emita algo a espaldas de su conocimiento? Esto sería introducir en el Pléroma universal una suciedad, cuando desde el principio podría haber borrado aquella mancha; y también podría desde el principio no haber permitido recibir en su seno esas emisiones hechas con ignorancia y pasión, ni la creación fabricada con penurias. [720] Pues quien después corrige una caída y lava una mancha, podría haber estado mucho más atento para que desde el principio nadie lo manchase.

Mas si al principio toleró todo porque no era capaz de impedir que le hiciesen tales cosas, entonces por fuerza todas las cosas seguirán siendo las mismas: si unas cosas no pudieron ser evitadas desde el principio, ¿cómo podrán ser enmendadas más tarde? ¿O cómo pueden ellos andar diciendo que los seres humanos han sido llamados a la perfección, cuando las mismas causas de los hombres, es decir el Demiurgo y los Angeles, son producto de la penuria? Pero, si por ser misericordioso (el Abismo) ha tenido compasión de los seres humanos en los últimos tiempos y los hace perfectos, debió tener compasión en primer lugar de aquellos que fueron hacedores de los seres humanos para hacerlos perfectos. De esta manera también los seres humanos habrían sido receptáculo de su misericordia, ya que habrían sido hechos perfectos por seres perfectos. Pues, si tuvo misericordia de su obra, mucho más debió tenerla primero de aquéllos, para no permitirles caer en tan gran ceguera.

1.6. La Luz y la sombra

4,3. Si todas las cosas hechas quedaron contenidas en el Padre, también queda en ruinas su predicación acerca de la sombra, en la cual, según dicen, se llevó a cabo nuestra creación. Porque, si ellos opinan que la Luz de su Padre es tal que puede llenar e iluminar todas las cosas que están en su seno, ¿cómo era posible que el vacío y la sombra estuviesen extendidos en el Pleroma y la Luz del Padre? Para postularlo ellos tendrían que imaginar un lugar dentro del Protopadre y del Pléroma que no estuviese iluminado y vacío de todo, en el cual los Angeles y el Demiurgo pudiesen hacer lo que les viniese en gana. Y no podría ser un espacio pequeño, pues debería contener una creación tan grande. Por tanto tendrían que admitir en el seno de su Padre un lugar vacío, sin forma y tenebroso, en el cual habrían sido hechas todas las cosas creadas. Si así lo enseñan, ofenden la Luz de su Padre, [721] al afirmar que no puede iluminar ni llenar lo que está en su seno. Mucho peor: al decir que todo es fruto de la penuria y la ignorancia, introducen la penuria y el error en el Pléroma y en el mismo seno del Padre.

5,1. Contra quienes afirman que este mundo fue hecho fuera del Pléroma y del dominio del Dios bueno, baste lo que hemos dicho hasta el momento: ellos quedarán excluidos junto con su Padre, por aquel que se halla fuera del Pléroma, y en el cual ellos necesariamente acaban. Contra quienes dicen que este mundo fue creado dentro de los ámbitos del Padre, por algunos otros, vienen a cuento los argumentos que hasta aquí han probado sus absurdos e incongruencias: ellos deben, o confesar que todo cuanto existe en los dominios del Padre es luminoso, lleno y activo, o tachar a la Luz del Padre de no ser capaz de iluminar, o finalmente declarar que, como la creación, todo el Pléroma está vacío, desordenado y lleno de tinieblas. En cuanto al resto de la creación, la desprecian por temporal, terrena y hecha de polvo: o deberán dejar de menospreciarla por esos motivos, al reconocer que se hallan en el Pléroma y en el seno del Padre, o echar encima de todo el Pléroma los mismos reproches.

1.7. La causa de la ignorancia

También se halla en sus doctrinas que su Cristo es la causa de la ignorancia. [722] Según ellos, cuando éste formó la substancia de su Madre, la arrojó del Pléroma, es decir, la privó del conocimiento. En otras palabras, él mismo creó la ignorancia, al separarla de la gnosis. Pero ¿cómo pudo el mismo (Cristo) conceder la gnosis a los otros Eones anteriores a él, y en cambio ser causa de la ignorancia de su Madre152? Porque la habría colocado fuera de la gnosis al echarla del Pléroma.

5,2. Más aún, dicen que, si se está dentro o fuera del Pléroma según se esté dentro o fuera de la gnosis -como afirman algunos de ellos (es decir que aquel que está en la gnosis está dentro de lo que conoce)- tendrán que concluir que el mismo Salvador, al que llaman «Todas las Cosas», necesariamente existió en la ignorancia. Porque, en su opinión, habiendo él salido del Pléroma, formó a su Madre. Así pues, si aqul que está fuera del Pléroma ignora todas las cosas, y el Salvador salió para formar a su Madre, entonces el Salvador mismo se situó fuera de la gnosis de todas las cosas, es decir en la ignorancia. ¿Cómo podía en tal caso comunicarle la gnosis, si él mismo se hallaba fuera de ella?

Y, como también nosotros quedamos fuera de la gnosis, dicen que estamos fuera del Pléroma. Y añaden: si el Salvador salió del Pléroma para buscar la oveja perdida (Lc 15,6), y el Pléroma es la gnosis, entonces él mismo se puso fuera de la gnosis, es decir en la ignorancia. Pues, o bien ellos admiten que se sale del Pléroma por movimiento local, [723] y entonces caerán en todas las contradicciones que acabamos de señalar; o bien, si dicen que la gnosis y la ignorancia deciden si se está adentro o afuera, entonces su Salvador, y mucho antes de él su Cristo, se habrían hallado en la ignorancia, puesto que salieron para formar a su Madre, es decir fuera de la gnosis.

5,3. Estos argumentos también sirven para impugnar a quienes enseñan cualquiera de las teorías acerca de que el mundo fue hecho por los Angeles o por cualquier otro fuera del Dios verdadero. Todos los reproches que arrojan contra el Demiurgo y contra todas las cosas materiales y temporales que fueron creadas, acaban por arrojarlos contra el Padre, puesto que todas las cosas fueron hechas en el seno del Pléroma, pues empezaron a existir y volverán a desaparecer según el parecer y la voluntad del Padre. Porque la causa de esta obra no es el Demiurgo, aunque él se imagine serlo, sino aquel que le concedió y aprobó que en sus dominios se hicieran todas las cosas como fruto de la penuria y del error: que las cosas temporales fuesen hechas en los dominios eternos, las corruptibles en el de las incorruptibles, y los productos del error en el ámbito de la verdad. Mas si no hizo todas las cosas con la aprobación y voluntad del Padre universal, en tal caso es más poderoso, fuerte y soberano aquel que hizo todas las cosas en sus propios dominios, sin que éste lo consintiese. Y si su Padre se lo concedió sin estar de acuerdo con ello, como algunos andan diciendo, o bien pudiendo prohibirlo se lo concedió por verse forzado a ello, o porque no tenía poder para negarlo. Pero si no podía hacerlo, se trata de un ser incapaz y débil; si podía hacerlo, entonces habrá que hablar de él como de un siervo de la necesidad, seductor e hipócrita, que no consiente, pero concede como si consintiese. Y habiendo consentido al principio que el error surgiera y fuera creciendo, sólo en los tiempos siguientes ha tratado de destruirlo, cuando ya muchos han perecido por ser frutos de la penuria.

5,4. Es indecente decir que el Dios supremo, libre y dueño de sus acciones, ha tenido que someterse a la necesidad, de modo que haya debido ceder en aquello que no consentía: de esta manera la necesidad sería mayor y más soberana que Dios, pues aquel que tiene más poder es anterior a todo. Desde el principio él debería haber quitado la causa de la necesidad, [724] y no someterse él mismo a la necesidad de conceder cualquier cosa indigna de él. Porque era mejor, más congruente y más divino, librarse desde el principio de cualquier necesidad, que más tarde, arrepentido, tratar de erradicar tantos frutos de la necesidad. Y si el Padre universal está sujeto a la necesidad, debe caer también bajo el dominio del destino, teniendo que aguantar con enfado lo que se hace, no pudiendo evitar que la necesidad y el destino actúen, a semejanza del Zeus de Homero, el cual dice forzado por la necesidad: «Te lo concedí como si lo quisiera, pero contra mi voluntad»153. Su Abismo se encuentra, pues, sumido como siervo en el abismo de la necesidad y el destino.

1.8. La ignorancia en los Angeles y el Demiurgo

6,1. ¿Cómo podían ignorar al primer Dios los Angeles y el Demiurgo, cuando se hallaban en sus propios dominios, siendo sus creaturas, y estando contenidos en él? Porque podían no conocerlo siendo él invisible, a causa de su eminencia; pero de ningún modo podían ignorarlo en su providencia. Pues, aunque habiendo descendido ellos se hubiesen encontrado muy lejanos de él, como los herejes andan diciendo, sin embargo, por su dominio sobre todos debían saber del dominador, y así podían reconocer como Señor de todas las cosas al que las había creado154. Porque la potencia invisible de Dios a todos concede la intuición y sensibilidad de la mente para captar su majestad soberana y omnipotente (Rom 1,20). Por eso, aunque «nadie conoce al Padre sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Hijo se lo revelare» (Mt 11,27; Lc 10,22), sin embargo todos lo descubren cuando el Verbo, con el que está sellada su mente, los mueve y les revela al único Dios, Señor de todas las cosas155.

6,2. Por este motivo todas las cosas están sujetas al Nombre del Altísimo y Omnipotente, y por su invocación los seres humanos se salvaban incluso antes de la venida de nuestro Señor, de los malos espíritus, de todos los demonios y de toda apostasía: no porque los espíritus terrenos [725] y los demonios lo hubiesen visto; sino porque sabían que Dios está sobre todas las cosas, y temían ante la invocación de su Nombre (Rom 9,5), así como tiemblan ante él todas las creaturas (Sant 2,19), los Principados, Potencias y todos los Poderes sometidos. ¿Acaso aquellos que están sujetos al imperio romano, aunque jamás hayan visto al emperador porque están muy separados de él por grandes extensiones de tierra y de mar, acaso no están informados de su dominio y del máximo poder de su gobierno? Y los Angeles que nos dominaban, o el Demiurgo del mundo que ellos hipotizan, ¿no iban a saber del Omnipotente, cuando los animales irracionales tiemblan ante él y se estremecen ante la invocación de su Nombre? Aunque no lo hayan visto, todas las cosas están sujetas al Nombre de nuestro Señor (Fil 2,10; 1 Cor 15,27), así como están sometidos al Nombre de aquel que ha hecho y creado todas las cosas, pues no hay otro Dios sino el que ha creado el mundo. Por eso los judíos hasta el día de hoy hacen huir a los demonios de la misma manera, pues todas las cosas tiemblan ante la invocación de aquel que las ha hecho.

6,3. Pero si ellos no aceptan que los Angeles sean todavía más irracionales que los animales irracionales, entonces deberán admitir que, aun cuando no hayan visto al Dios soberano, sin embargo reconocen su poder soberano. Pues sería ridículo que por una parte consintieran en que los seres sobre la tierra conozcan al Dios soberano, aunque no lo hayan visto; en cambio ellos mismos no toleren que aquellos a quienes confiesan que los han hecho a ellos mismos y todas las cosas, y a quienes ellos colocan en las alturas sobre los cielos, puedan conocer a aquel a quien ellos mismos conocen, a pesar de hallarse entre los seres más pequeños.

A menos que aquel a quien llaman su Abismo se halle bajo tierra en el Tártaro. Esto sí sería motivo para afirmar que ellos lo conocieron primero que los Angeles que habitan en las alturas. Porque ellos se han metido en tales locuras, que han llegado a juzgar loco al Demiurgo del mundo: gente de tal calaña no merece sino nuestra compasión, pues, locos de remate, dicen que él no conoció ni a su Madre, ni su linaje, ni el Pléroma de los Eones, ni al Protopadre, ni siquiera las cosas que él mismo hacía; porque, dicen ellos, estas cosas eran imágenes de los seres que están dentro del Pléroma, producidas por obra oculta del Salvador [726] que la llevó a cabo para honrar a los seres superiores.

1.9. Este mundo es copia del superior

7,1. Dicen, pues, que mientras el Demiurgo ignoraba todas las cosas, el Salvador mediante la creación rindió honor al Pléroma, emitiendo por medio de la Madre imágenes y semejanzas de las realidades superiores. Pero ya hemos demostrado cuán imposible es que fuera del Pléroma exista un lugar en el cual sean hechas dichas imágenes de las realidades interiores al Pléroma, o que la creación de este mundo haya sido hecha por alguien distinto del primer Dios. Pero si es fácil destruir enteramente sus argumentos y desenmascarar sus mentiras, contra ellos diremos que, si el Salvador hizo todas las cosas del mundo inferior a imagen de aquellos que viven en el superior, a fin de rendirles homenaje, entonces deberían durar para siempre, para que esas realidades honradas puedan gozar eternamente de dicho homenaje. Pero si estas cosas son caducas, ¿qué provecho se sigue de honra tan breve, de cosas que un tiempo no existieron, y dentro de poco ya no existirán? En tal caso su Salvador se muestra más sediento de gloria, que con deseo de honrar a las realidades superiores. Pues ¿de qué le sirve a los seres eternos el honor que puedan brindarles las cosas temporales, cuando ellos, siendo eternos, superan las cosas que perecen, y siendo incorruptibles, las cosas que se corrompen? Incluso entre los seres humanos, que somos pasajeros, de nada sirve un honor que pasa rápidamente, sino sólo aquel que dura en cuanto es posible. Pues si a un ser eterno se le quiere ofrecer en su honor las cosas hechas para que perezcan, con justicia podríamos más bien llamarlo un insulto; se trataría, pues, a los seres eternos de modo insultante, haciendo su imagen corruptible y perecedera. Y además, si su Madre no hubiese llorado, reído y sentido la angustia, ¿cómo habría tenido el Salvador motivo para honrar al Pléroma; puesto que entonces la extrema confusión (Achamot)156 no habría adquirido un ser substancial, para tener con qué honrar al Protopadre?

7,2. ¡Oh vano honor de glorias vacías, el que pasa de repente [727] y desaparece! Vendrá un tiempo en el cual un honor de esa calaña ya no se le repute honorable, y entonces quedarán deshonradas las realidades superiores. Entonces será preciso que su Madre de nuevo se ponga a llorar y se llene de angustia en honor del Pléroma. ¡Qué imaginación tan incongruente y blasfema!

Me decís que el Hacedor del mundo emitió una imagen del Unigénito, que queréis identificar con la Mente del Padre universal157; y me decís que esa imagen se desconoce a sí misma, ignora la creación, la Madre y todo cuanto pertenece a lo que existe y fue creado, ¿y no os da vergüenza de vosotros mismos, cuando atribuís la ignorancia al mismo Unigénito? Pues, si el Salvador hizo todas las cosas a semejanza de las realidades superiores, y si existe una ignorancia tan grande en aquel que fue hecho a semejanza del Unigénito, por fuerza la ignorancia que se encuentra en aquel que fue hecho a su imagen debe proyectarse en aquel a cuya semejanza fue hecho, y en un nivel pneumático. Porque, siendo ambos emitidos de modo espiritual158, y no siendo ni plasmados ni compuestos, es imposible que en unas cosas hayan conservado la semejanza, y en otras se haya degradado la imagen de la semejanza; porque ambos habrían sido emitidos según la semejanza del Eón supremo.

Y si la imagen no fuese semejante, la falta recaería en el Salvador, el cual, como mal artífice, habría emitido una imagen desemejante. [728] Pero tampoco pueden alegar que el Salvador no tenía potencia al emitir, cuando ellos mismos lo llaman «el Todo». Así pues, si la imagen no se parece, entonces, según ellos, sería culpa del Salvador. Y si es semejante, entonces la misma ignorancia se hallará en la Mente de su Protopadre, o sea del Unigénito: ¡la Mente del Padre se ignora a sí misma, ignora al Padre, e ignora todas las cosas que por él fueron hechas! Mas si el Unigénito conoce todas estas cosas, es preciso que también aquel que el Salvador hizo a su imagen deba conocer las cosas que le son semejantes. De esta manera queda destruida la enorme blasfemia de sus creencias.

7,3. Por otra parte, ¿cómo las creaturas, siendo tan diversas, múltiples e innumerables, pueden ser imágenes de los treinta Eones que viven en el Pléroma, cuyos nombres, según ellos les han impuesto, hemos enumerado en el primer libro? Pero no sólo la universal variedad de las creaturas, pero ni siquiera una parte de ellas, celestiales, terrestres o acuáticas, pueden adaptarse a la pequeñez de su Pléroma. De que ese Pléroma consista en los treinta Eones, ellos mismos son testigos; mas de que en cualquiera de las partes de la creación que hemos mencionado se puedan enumerar no treinta sino miles de especies, cualquiera puede darse cuenta. [729] ¿Y cómo seres tan numerosos de la creación, compuestos de elementos contrarios, que se oponen entre sí y aun se matan unos a otros, pueden ser imágenes y semejanzas de los treinta Eones del Pléroma; puesto que ellos afirman que los Eones son de la misma naturaleza, y son iguales, semejantes y sin ninguna diferencia? Porque si las creaturas fuesen imágenes de los Eones, sería necesario concluir que, así como se habla de seres humanos por naturaleza buenos, también debería haber Eones emitidos buenos por naturaleza; y así como hay algunos seres malos por naturaleza, también debería hallarse su imagen proyectada en los Eones.

Añadamos que en el mundo unos seres son mansos, otros feroces, algunos no son dañosos, otros en cambio dañan y corrompen a los demás, unos vuelan, otros caminan sobre la tierra, otros nadan en el agua. Pues de manera semejante deberían ellos mostrar cómo también los Eones tienen los mismos caracteres, si es que son sus imágenes. Y «el fuego eterno, que el Padre preparó para el diablo y sus ángeles» (Mt 25,41), ¿de cuál de los Eones superiores será imagen según su exégesis, puesto que también ese fuego se cuenta entre las creaturas?

[730] 7,4. Algunos tal vez afirmen que las creaturas son imágenes del Deseo, el Eón que sucumbió a la pasión. En primer lugar hablarían de modo impío contra su Madre, pues según su hipótesis ella sería la que habría originado imágenes tan malas y corruptas; y en segundo lugar, ¿cómo serían imágenes de uno solo tantas cosas que existen, de naturaleza tan diversa y aun contraria? Pero aun cuando dijesen que hay multitud de Angeles en el Pléroma, y así puede haber muchas cosas que sean sus imágenes, ni siquiera con este truco puede mantenerse en pie su argumento. Porque primero deberían probar que las muchas diferencias entre los Angeles los hacen opuestos entre sí, así como en los seres de este mundo que serían sus imágenes, muchos son opuestos y contrarios. En seguida, siendo innumerables los Angeles que rodean al Demiurgo, como de ellos dice el profeta: «Miríadas de miríadas están de pie ante él, y miles de miles le sirven» (Dan 7,10), y como según ellos los Angeles del Pléroma deben tener como imágenes los Angeles del Creador, entonces la creación entera conservará la imagen del Pléroma; pero entonces ya sus treinta Eones no serán suficientes para igualar la multiforme variedad de seres creados.

7,5. Además, si estas cosas fueron hechas a imagen de aquéllos, aquéllos ¿a imagen de quién fueron hechos? Aceptemos con ellos que el Demiurgo del mundo no hizo por sí mismo las cosas creadas, [731] sino que un artífice inferior más inexperto y casi novicio aprendiz fue quien copió imágenes que le eran extrañas, pero ¿de dónde sacó su Abismo la imagen de aquel que emitió en su primera Economía? Se sigue que habría tomado la imagen de otro superior a él, y éste a su vez de otro. De esta manera la teoría de las imágenes se extenderá al infinito, así como también la de los dioses, si no mantenemos firme el pensamiento en un solo Dios que por sí mismo hizo todas las creaturas. ¿Cómo podemos pensar que el ser humano sea capaz de descubrir por sí mismo algo útil para su vida y, sin embargo, negar a Dios que realizó el mundo el que por sí mismo haya concebido la idea de las cosas creadas y dispuesto el orden del universo?

7,6. ¿Y cómo aceptar que las cosas del mundo sean imágenes de los Eones, si muchas les son contrarias y nada tienen en común con ellos? Pues, en efecto, muchos seres pueden ser mortales para sus contrarios, pero jamás podrán ser sus imágenes. Me refiero, por ejemplo, al agua y al fuego, a la luz y a las tinieblas, y a muchas otras cosas que no pueden ser imágenes la una de la otra. De manera semejante las cosas corruptibles, terrenas, compuestas y perecibles, no pueden ser imágenes de las cosas que ellos mismos reconocen como espirituales, a menos que las conciban también a estas últimas como compuestas, limitadas y dotadas de forma, y no como espirituales, sin forma, ricas e incomprensibles. Pues, para que fuesen verdaderas imágenes, sería preciso que estuviesen limitadas y fuesen figurativas, cosa que absolutamente les impediría el ser espirituales. Pero si ellos conciben dichas realidades como espirituales, sin figura e incomprensibles, ¿cómo tales seres sin figura e incomprensibles pueden ser imágenes de las que aquí existen limitadas por una figura?

7,7. Pero aún podrían inventar que estas cosas no son imágenes por la figura o la forma, sino sólo por el número y orden como fueron emitidas. En todo caso, no pueden afirmar que las cosas creadas sean imágenes de los Eones superiores. Pues ¿cómo pueden ser imágenes de aquellos que no tienen aspecto ni figura? [732] Pero tampoco pueden hacer corresponder el número de los Eones emitidos en las regiones superiores, con el de los seres creados. Basta ver que ellos hablan de treinta Eones, y se dan cuenta de que son innumerables los seres creados que según ellos serían sus imágenes, para darse cuenta de que justamente los acusamos de estar locos.

1.10. Este mundo es sombra de las realidades superiores

8,1. Algunos de ellos se atreven a decir que las creaturas son una sombra de las realidades de lo alto, en cuanto son sus imágenes. Si fuera así, se verían obligados a confesar que los seres superiores son cuerpos; porque desde arriba sólo cuerpos pueden proyectar una sombra, no los seres espirituales, ya que éstos no pueden dar sombra. Mas, aunque les concediéramos (lo que es imposible) que seres espirituales y luminosos puedan proyectar una sombra a la cual su Madre habría descendido, sin embargo, siendo dichos seres eternos, también la sombra que proyectan deberá durar para siempre; entonces las cosas creadas ya no serán transitorias, sino que durarán tanto cuanto aquellas realidades cuya sombra son. Pero si éstas pasan, por fuerza también aquéllas deben pasar; y si aquéllas duran, también éstas deben durar.

8,2. Tal vez algunos digan que si estas realidades son sombras, no lo deben a que haya otras realidades que las proyecten; sino al hecho de que están muy distantes. En este caso atribuyen a la Luz del Padre ser débil e incapaz de llegar hasta el mundo; le sería imposible llenar el vacío y deshacer la sombra159, aunque no haya algún impedimento de por medio. Según ellos, la Luz del Padre se disuelve en oscuridad y queda ciega, hasta desaparecer en los espacios vacíos, por pura incapacidad de llenarlo todo. Mejor que dejen de enseñar que su Abismo llena todo el Pléroma, pues no ha sido capaz de llenar e iluminar el vacío y la penumbra. O, si prefieren, que dejen de hablar de vacío y sombra, [733] si es que la Luz del Padre lo llena todo.

1.11. Conclusión

8,3. Por consiguiente, no existe fuera del primer Padre, es decir, del Dios que está sobre todas las cosas, ni fuera del Pléroma, algún espacio en el cual el Deseo del Eón haya descendido, si no se quiere que el mismo Pléroma o el primer Dios quede limitado y circunscrito por ese espacio exterior que los contenga. Tampoco puede haber un vacío o una sombra, si es que desde antes existe el Padre, cuya luz no puede apagarse ni deshacerse en el vacío: sería, en efecto, irracional e impío suponer un lugar en el cual termine y quede limitado ése a quien ellos llaman Protopadre, Protoprincipio, Padre de todas las cosas y del Pléroma. Ni es posible, repetimos, afirmar que algún otro realizó tan excelente creación en el seno del Padre, sea que se suponga o no su consentimiento, por los motivos ya expuestos. De igual modo es impío e insensato afirmar que tan inmensa creación fue llevada a cabo por Angeles, o emitida por un ser que ignoraba al Dios verdadero dentro de su propio dominio. Ni es posible que las cosas terrenas, hechas de polvo, hayan sido creadas en su Pléroma, siendo éste enteramente espiritual. Ni pudo la multitud de cosas creadas, muchas veces contrarias entre sí, ser hecha según la imagen de las realidades superiores que, según ellos mismos dicen, son pocas, de naturaleza semejante y forman una unidad compacta. Igualmente falsas por todos sus costados son sus teorías sobre la sombra y el vacío. Queda, pues, probado el vacío de doctrina, la cual no es sino una invención incongruente. Vacíos más bien son aquellos que se les adhieren, para caer en el abismo de la perdición.

1.12. La fe universal en el único Dios Creador

9,1. Que Dios es el Demiurgo del mundo, consta aun por los muchos modos con los cuales quienes lo atacan, de hecho lo confiesan, cuando lo llaman Demiurgo y Angel; por no hablar de las Escrituras que en todas partes lo aclaman, y del Señor, quien predicó al Padre que está en los cielos (Mt 5,16.45; 6,1.9) y a ningún otro, como expondremos adelante. Baste por ahora el testimonio de los mismos que nos contradicen, que concuerda en el fondo [734] con el de todos los seres humanos: con el de los antepasados que desde el primer hombre conservaron por tradición esta convicción cantando al único Dios Demiurgo del cielo y de la tierra; con el de todos los que han venido después, a quienes los profetas les recordaron esta verdad sobre Dios; en fin con el de los gentiles, que lo han aprendido de la creación. Pues la creación misma manifiesta a aquel que la hizo: la hechura sugiere al que la fabricó, y el mundo muestra al que lo ordenó160. La Iglesia extendida por toda la tierra ha recibido esta Tradición de los Apóstoles.

9,2. Constando así la existencia de este Dios, como hemos expuesto, y habiendo acogido el testimonio de todos, esa doctrina sobre el Padre del que ellos hablan, sin duda alguna, es incongruente y carece de autoridad. Simón Mago fue el primero en decir que él mismo era el Dios supremo y que el mundo había sido hecho por Angeles, y en seguida sus sucesores lo afirmaron, como ya mostramos en el primer libro, los cuales propagaron diversas opiniones impías e irreligiosas contra el Demiurgo; y cada vez sus discípulos hacen peores que los gentiles a los que se dejan persuadir por ellos.

En efecto, los paganos, «sirviendo a la creatura más que al creador» (Rom 1,25), y «a los dioses que no lo son» (Gál 4,8), sin embargo al menos atribuyen el grado supremo de la divinidad al Hacedor del universo. En cambio aquéllos dicen que éste es un producto de la penuria, lo llaman un ser psíquico que no conoce la Potencia que está sobre él, y por eso ha dicho: «Yo soy Dios, y fuera de mí no hay otro Dios» (Is 46,9). De este modo lo hacen un mentiroso, cuando ellos son los que mienten; y le atribuyen todo género de malicia porque, según su doctrina, imaginan que no hay un Dios sobre él (Ex 3,14); de este modo se desenmascaran como blasfemos contra el Dios verdadero, al inventar uno que no es Dios, para su propia condenación. Presumen de ser perfectos y de haber adquirido la gnosis de todas las cosas y, sin embargo, se han hecho peores que los paganos: su modo de pensar es peor y más blasfemo porque se lanzan contra su propio Hacedor.

10,1. Es, pues, irracional dejar de lado [735] al verdadero Dios, del que todos rinden testimonio, para buscar por encima de él al que no es Dios y que por nadie ha sido anunciado. Que con toda evidencia nadie lo ha predicado, consta por testimonio de ellos mismos. En efecto, de modo artificial retuercen la interpretación de las parábolas161 para poder aplicarlas al Dios que han inventado: esto pone en claro que fabrican así a uno que nadie antes ha buscado. Cuando pretenden interpretar los pasos oscuros de las Escrituras (oscuros no en cuanto se refieran a otro Dios, sino a las Economías de Dios) fabrican a otro Dios, como hemos explicado, trenzando redes de arena para hacer degenerar las cuestiones más importantes en otras de menor monta. Porque una pregunta no se resuelve transformándola en otra; ni habrá persona sensata que trate de aclarar un pasaje oscuro por otra oscuridad, o un enigma por otro; sino que tales pasajes deben resolverse mediante otros que sean claros, evidentes y relacionados con éstos.

10,2. Ellos, pretendiendo explicar las Escrituras y las parábolas, introducen una cuestión de más envergadura e impía, acerca de si existe otro Dios sobre el Dios Creador del mundo. ¿A dónde lleva esto? No a resolver las cuestiones, sino a introducir en las preguntas menores una mayor, atándola con nudos insolubles. Por ejemplo, a fin de aparentar saber que saben (sin haberlo aprendido) para qué el Señor recibió a los treinta años el bautismo de la verdad, desprecian impíamente al Dios Demiurgo que lo envió para la salvación de los seres humanos. Otro ejemplo: no creen que por libre voluntad Dios creó las cosas materiales de la nada, y que hizo lo que no era para que fuese (2 Mac 7,28) usando su voluntad y el poder de su esencia; pero tratan de aparentar que son capaces de explicar de dónde procede la substancia material, y para ello fabrican teorías sin fundamento, en las cuales descubren su incredulidad: de esta manera, no creyendo en lo que es, han caído en las redes de lo que no es.

1.13. Su teoría sobre la obra creadora de Achamot

[736] 10,3. ¿Acaso no es vergonzoso y ridículo decir que de las lágrimas de la Madre (Achamot) brotó la substancia húmeda, de su risa la brillante, de su tristeza la sólida, de su temor la movible; y luego elevarse e hincharse de orgullo por su saber? Se resisten a creer en el Dios poderoso e infinitamente rico que creó la materia, ignoran el poder del ser espiritual y divino y, sin embargo, creen que su Madre, a la que llaman «mujer nacida de mujer» emitió, movida por las mencionadas pasiones, la creación de una materia tan abundante. Luego se preguntan de dónde el Demiurgo sacó la substancia de la creación; pero no se preguntan de dónde su Madre, a la que llaman el Deseo del Eón extraviado, sacó tal cantidad de lágrimas, sudores, tristeza y todo lo demás que necesitó para emitir la creación.

10,4. Atribuir la substancia de las creaturas al poder y voluntad del Dios universal, es creíble, aceptable y lógico. Por eso se ha dicho con justicia: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (Lc 18,27); porque los seres humanos no son capaces de hacer algo de la nada, si no cuentan con materia ya existente. En cambio Dios es superior al hombre, ante todo porque él mismo proveyó para su obra la materia que antes no existía. Entonces, afirmar que del Deseo de un Eón extraviado fue emitida la materia, y que dicho Eón se separó yéndose lejos de la Enthymesis, y que, en consecuencia de ésta, brotó la pasión y el dolor del cual surgió la materia, es increíble, estúpido, imposible y absurdo.

11,1. No creen en el Dios supremo que creó en su propio dominio, por medio de su Verbo y por propia voluntad, los muchos y diversos seres, y por eso es el Demiurgo de todas las cosas, el sabio [737] arquitecto162 y el gran Rey. En cambio creen que los Angeles o alguna Potencia separada e ignorante de Dios hizo el universo. Rechazan la verdad y resbalan a la mentira; perdieron el pan de la vida verdadera y cayeron en el vacío y en lo profundo de la sombra163. Se parecen al perro de Esopo que, dejando el pan, se precipitó sobre su sombra y así perdió su comida.

De las palabras mismas del Señor fácilmente se puede mostrar que él ha confesado a un solo Padre (Mt 11,25) Demiurgo del mundo que plasmó al ser humano164, al que la Ley y los profetas anunciaron, y no conoció a ningún otro; sino enseñó que éste es el Dios supremo, más todo lo referente al Padre, y que por sí mismo concede a los justos la adopción de los hijos (Jn 17,2-3), en lo que consiste la vida eterna.

11,2. Pero, como les gusta discutir todo y confundir, criticando todo lo criticable, presentándonos una multitud de parábolas y cuestiones, nos ha parecido bien tomar por esta vez la iniciativa, cuestionándolos en primer lugar acerca de sus doctrinas, para mostrar lo que en ellas no es verosímil y así cortar por lo sano su atrevimiento; y en seguida traer a colación las palabras del Señor165. De esta manera no se sentirán con toda la libertad para poner ellos las cuestiones; sino que, siendo incapaces de responder a nuestras preguntas, y viendo cómo sus pruebas caen por tierra, o vuelvan al camino de la verdad, se humillen y dejen de lado sus múltiples fantasías, a fin de que, aplacando a Dios por lo que con sus blasfemias lo han ofendido, puedan salvarse; o si perseveran en esa vana gloria que ha invadido su alma, al menos modifiquen sus argumentos.

2. Refutación de la doctrina sobre el Pléroma

2.1. Teoría de los treinta Eones

2.1.1. Errores de la doctrina por defecto

12,1. Ante todo respecto a su Treintena, diremos que toda ella se viene abajo por dos lados: por defecto y por exceso. Ellos la basan en el hecho de que el Señor se hizo bautizar a los treinta años (Lc 3,23). [738] Una vez que caiga este argumento suyo, será claro que todos los demás vendrán abajo.

Sobre el error por defecto diremos lo siguiente: En primer lugar, ellos cuentan al Protopadre entre los demás Eones. Mas el Padre no debe enumerarse con el resto de lo que ha sido emitido, porque él no fue emitido junto con los demás seres, ni el ingénito con lo que fue engendrado, al que nadie puede abarcar con lo que él abarca y por tanto él es inabarcable, el que no tiene forma con los seres dotados de forma. Siendo él superior a todos los demás seres, no tiene por qué enumerarse entre ellos; el impasible e incapaz de errar no puede contarse con el Eón pasible y caído en el error. En el primer libro expusimos cómo ellos empiezan a contar la Treintena a partir del Abismo y terminan en la Sabiduría, a la que llaman el Eón extraviado. Ya hemos descrito el nombre de todos los demás Eones. Si no contamos al Padre entre ellos, ya no serán treinta los Eones emitidos, sino veintinueve.

12,2. En seguida dicen que la primera emisión fue del Pensamiento al que también llaman Silencio, y de éste a su vez fueron emitidos la Mente y la Verdad. Yerran en ambas teorías. Porque es imposible concebir como un ser separado el pensamiento o el silencio de alguien que, una vez emitido, tenga su propia figura. Si en cambio afirman que el Pensamiento no fue emitido hacia fuera, sino adherido al Protopadre ¿por qué lo han de enumerar con los demás Eones ya que éstos no están adheridos (al Protopadre), y por este motivo ignoran su grandeza? Si por otra parte admitimos su teoría de que está unido (al Protopadre): de este matrimonio inseparable tendrá que brotar también una emisión inseparable y unida, puesto que no puede ser sino semejante a aquel que la emitió. De ahí se seguiría que siempre serán uno y el mismo el Abismo y el Silencio, así como la Mente y la Verdad, siempre unidos el uno al otro, puesto que el uno jamás podrá entenderse sin el otro. Algo así como el agua no puede existir sin la humedad, ni el fuego sin el calor, ni la piedra sin la dureza, pues siempre están unidos y son inseparables uno del otro, sino que siempre coexisten: de modo semejante el Abismo y el Pensamiento tendrán que estar unidos, así como la Mente y la Verdad. Lo mismo se diga del Verbo y la Vida, emitidos por Eones unidos, [739] tendrán que estar unidos y formar uno solo. Y siguiendo el mismo argumento, el Hombre y la Iglesia, así como la emisión de cada una de las parejas, tendrá que mantenerlos unidos y coexistir siempre el uno con la otra. Según sus teorías, también tendrán que estar unidos el Eón femenino y el Eón masculino, puesto que éste es su complemento.

12,3. Si todo sucede como hemos dicho (puesto que ésta es su doctrina), es desvergüenza suya enseñar que el más joven de la Docena de Eones, al que llaman la Sabiduría, sin unirse (en matrimonio) con su pareja, al que llaman el Deseado (Theletòs), ha caído en una pasión y de modo independiente, prescindiendo de él, engendró un fruto al que llaman «mujer nacida de mujer». Tan grande es la locura en que han resbalado, que de modo evidente profesan dos doctrinas entre sí contrarias. Pues si el Abismo se unió con el Silencio, la Mente con la Verdad, el Verbo con la Vida, y así sucesivamente, ¿cómo podía la Sabiduría, sin unirse a su marido, experimentar la pasión y engendrar fuera del matrimonio? Porque si ésta pudo sufrir una pasión sin su pareja, por fuerza también las demás parejas podrán separarse y apartarse entre sí. Esto es absurdo, como arriba dijimos. Porque es imposible que la Sabiduría se haya sometido a la pasión sin el Deseado. Con esto queda deshecho todo su argumento: porque han puesto el inicio de la composición de todo el resto de su tragedia precisamente en la pasión que, según dicen, ella experimentó sin unirse a su marido.

12,4. Quizás, a fin de salvar desvergonzadamente sus vanas teorías, dirán que también las demás parejas se separaron entre sí, por culpa de la última pareja. En primer lugar, sería una afirmación imposible: pues ¿cómo podrán separar de su Pensamiento al Protopadre, de la Verdad a la Mente, de la Vida al Verbo, y de modo parecido el resto? Porque, si ellos mismos siempre recurren a la unidad, y dicen que todos los Eones son una sola cosa, ¿cómo es posible que las mismas parejas que están dentro del Pléroma no conserven la unidad, sino que pueden separarse entre sí, al punto de que uno de los Eones puede sufrir la pasión y engendrar sin el matrimonio con el otro, como una gallina sin el gallo?

12,5. He aquí una última manera de hacer caer su Ogdóada primigenia. En el mismo Pléroma se hallarían sobre todo el Abismo y el Silencio, [740] la Mente y la Verdad, el Verbo y la Vida, el Hombre y la Iglesia. Pero es imposible que el Verbo166 coexista con el Silencio, o al revés, que el Silencio esté presente donde está el Verbo: porque uno a otro se descartan, así como la luz y las tinieblas no pueden coexistir en el mismo sitio, ya que donde hay luz no hay tinieblas, sino que la llegada misma de la luz disuelve las tinieblas. De manera semejante ahí donde hay Silencio no hay Verbo (Palabra); y donde hay Verbo no hay Silencio. Pero si dicen que el Verbo es interior (endiáthetos), entonces también el Silencio deberá serlo, y de igual modo el Silencio interior sería disuelto por el Verbo interior. Pero que no sea un Verbo interior, su misma teoría de la emisión (hacia fuera) lo está diciendo.

12,6. Que no digan, pues, que la primera y primigenia Ogdóada consta de Verbo y Silencio, sino que dejen fuera al Verbo y al Silencio. De este modo queda derruida su Ogdóada primera y primigenia. Porque, si enseñan que la unidad se da por parejas, su argumento cae por tierra por sí mismo: pues ¿cómo, estando unidas en matrimonio las parejas, la Sabiduría emitió sin su marido el fruto de la penuria? Mas si por el contrario afirman que cada uno de los Eones tiene su propia substancia, ¿cómo pueden coexistir en el mismo (Pléroma) el Verbo y el Silencio? Estos son sus errores por defecto.

2.1.2. Errores de la doctrina por exceso

12,7. También por exceso se destruye su Treintena, de esta manera. Dicen que, así como los demás Eones, el Límite fue emitido por el Unigénito. Y lo llaman con muchos nombres, como hemos descrito en el libro primero. Unos afirman que el Límite fue emitido a su semejanza por el Unigénito, otros que por el Protopadre. El Unigénito también habría emitido al Cristo y al Espíritu Santo, a los cuales no enumeran entre los Eones del Pléroma, así como el Salvador, a quien también llaman el Todo. Hasta un ciego podría ver que no sólo fueron emitidos treinta Eones, sino junto con estos treinta otros cuatro. Ellos cuentan en el Pléroma al mismo Protopadre y a todos los demás que se emitieron sucesivamente unos a otros.

¿Por qué, entonces, no se van a enumerar junto con ellos a los que existen en el mismo Pléroma, emitidos de modo semejante? ¿Qué motivo plausible podrán alegar, [741] para no enumerar con los demás Eones al Cristo, el cual, según dicen, fue emitido por el Unigénito por voluntad del Padre, ni al Espíritu Santo, ni al Límite también llamado la Cruz, ni al Salvador que vino a auxiliar y a formar a su Madre? ¿Acaso porque éstos sean más débiles que aquéllos, y por ese motivo indignos de llamarse Eones y contarse entre éstos, porque éstos son mejores y distintos? ¿Pero cómo pudieron resultar tan inferiores, si fueron emitidos para reafianzar y aun corregir a los otros? Sin duda no pueden ser superiores a la primera y primigenia Cuaterna, pues por ella fueron emitidos, y dicha Cuaterna se cuenta en la Treintena. Sería, pues, necesario contarlos también a éstos en el Pléroma de los Eones, o quitar a estos Eones el honor de su nombre.

12,8. De esta manera, como hemos demostrado, su Treintena queda deshecha, tanto por exceso como por defecto. Porque, tanto si falta como si sobra algo al número, éste no se mantiene, ¿cuánto más si es tan grande el exceso? Luego su fábula sobre la Ogdóada, como sobre la Docena, es absurda, así como toda su teoría, una vez que su base misma ha sido hecha añicos y ha sido precipitada en su Abismo, quiero decir disuelta en la nada. Mejor que se pongan a investigar otras causas por las cuales el Señor recibió el bautismo a los treinta años, por qué los Apóstoles fueron doce, por qué el flujo de sangre que padeció la mujer, y la solución de tantos delirios por los cuales se fatigan.

2.2. Las sucesivas emisiones

2.2.1. Emisión de la Mente y la Verdad

13,1. Ahora demostramos que es errada la primera serie de sus emisiones. [742] Dicen que del Abismo y de su Pensamiento han sido emitidos la Mente y la Verdad. Esto es contradictorio. Porque la mente es el primero y más elevado elemento, principio y fuente de toda producción interior; el pensamiento, en cambio, brota de ella, como un movimiento que se refiere a un objeto cualquiera. Luego no es posible que el Abismo y su Pensamiento hayan emitido la Mente. Mucho más verosímil habría sido decir que ambos vienen del Protopadre, y que de la Mente fue emitido el Pensamiento como hijo: pues el Pensamiento no es padre de la Mente, como ellos dicen, sino que ésta es madre del Pensamiento.

¿Y cómo pudo ser emitida por el Protopadre la Mente? Esta mantiene la dirección del proceso escondido e invisible del cual se generan el sentimiento, el pensamiento, la reflexión y los demás frutos de este tipo, que no son otra cosa que la misma mente; pero, como acabamos de decir, en cuanto son movimientos enderezados hacia un objeto particular, reciben distintos nombres según sean más duraderos e intensos (pero no porque se muden en algo distinto). Estos actos se originan en el pensamiento, después se les atribuye un nombre y se expresan mediante la palabra; en cambio la Mente se mantiene en el interior, creando, disponiendo y gobernando libremente y por propia decisión, y tal como quiere, todos los movimientos que hemos indicado.

13,2. Pensamiento se le llama, efectivamente, al primer movimiento de la mente hacia un objeto. Si dura y se incrementa e invade el alma, es llamado reflexión; si dicha reflexión se detiene mucho tiempo en una cosa y la saborea, es llamada sensación; esta sensación, si se prolonga, es llamada consejo; cuando el consejo se prolonga e intensifica el movimiento, es llamado discurso interior; cuando este discurso se desenvuelve en la mente, con toda propiedad es llamado palabra (verbo interior), la cual, una vez expresado, es llamada palabra (verbo) pronunciada.

[743] Sin embargo, todos los movimientos que acabamos de describir son una y la misma actividad que se origina en la mente y según se desarrolla va adquiriendo nombres diversos. Así como el cuerpo humano: primero es un cuerpo infantil, luego adulto, y finalmente senil. Recibe distintos nombres según su duración y desarrollo; pero no porque cambie su substancia ni porque desaparezca el cuerpo. De modo semejante la mente: cuando alguien contempla una cosa, piensa en ella; cuando piensa en ella, la valora; cuando la valora, reflexiona; cuando reflexiona, produce un discurso interior; y cuando produce este discurso, habla. Y, como arriba dijimos, la mente controla todo este proceso, siendo ella invisible; y ella es la que, mediante el proceso descrito, emite la palabra como su irradiación; pero no es la palabra la que emite a la mente.

13,3. Todo lo anterior se afirma cuando hablamos del hombre compuesto por naturaleza de cuerpo y alma167. Pero decir que de Dios se engendró el Pensamiento, del Pensamiento la Mente, de ésta el Verbo, es tratar estas emisiones de modo incorrecto; porque es describir las actividades internas, las pasiones y decisiones del ser humano, ignorando a Dios; pues aplican el proceso que siguen los seres humanos para hablar, al Padre de todas las cosas, al que luego llaman el desconocido de todos, incluso le niegan que haya creado el mundo [744] (dicen que para no rebajarlo), y sin embargo le atribuyen todas las actividades interiores y las pasiones de los hombres.

Si conociesen las Escrituras y se dejaran educar por la verdad, aprenderían que Dios no es como los seres humanos, ni sus pensamientos son como los del hombre (Is 55,8-9). Pues el Padre de todas las cosas dista mucho de las acciones y pasiones humanas, es simple, no es compuesto, no consta de miembros diversos, todo su ser es igual a sí mismo; es todo intelecto, todo espíritu, todo sentimiento, todo pensamiento, todo verbo, todo oído, todo ojo, todo luz y todo bien de todos los bienes, como afirman de Dios los hombres de fe y piadosos168.

13,4. El está sobre todas las cosas, y por eso es inefable. Se puede afirmar con rectitud y justicia que es un intelecto que abarca todas las cosas, pero no de modo semejante al intelecto de los seres humanos. También se le puede llamar luz, pero no a la manera de nuestra luz. Y así sucesivamente: el Padre de todas las cosas no es en nada igual a la pequeñez humana; y, aunque nosotros podemos hablar de estas cosas en él por motivo de su amor, sin embargo hemos de entender que siempre nos supera en grandeza. Así pues, aun en el ser humano su mente no es emitida ni se separa de él mientras viva; ella emite las demás actividades, pero éstas no son sino movimientos y disposiciones interiores que se manifiestan; mucho más tratándose de Dios, [745] que es todo intelecto: éste no se separa de él, ni éste lo emite como un ser distinto.

13,5. Si Dios emitió un Intelecto (sensus)169, según ellos dicen tendría que haberlo emitido como algo corporal y compuesto, a fin de que pudiera tratarse de dos seres separados: el Dios emisor y el Intelecto emitido. Tampoco pueden decir que el Intelecto emitió un Intelecto, porque entonces dividirían y separarían en partes el Intelecto de Dios.

Además, ¿de dónde lo habría sacado o en qué lo habría emitido? Porque, cuando alguien emite algo, lo emite en algún sujeto. ¿Y qué sujeto había anterior al intelecto de Dios, para que en él Dios lo hubiese emitido? ¿Hubo algún lugar capaz de contener el intelecto de Dios? Tal vez se les ocurra compararlo con el rayo de luz; pero éste recae sobre el aire que existe antes que el rayo y puede recibirlo: entonces que ellos indiquen algo que haya existido antes que el intelecto de Dios, y capaz de recibirlo. Y en seguida, así como vemos al sol bastante pequeño por la distancia desde la que emite sus rayos, sería preciso que también dijeran que el Protopadre emite su rayo fuera de sí y a larga distancia. ¿Qué pueden aducir ellos como lo que está fuera y distante de Dios, sobre lo cual pueda emitir su rayo?

13,6. Podrían también decir que no fue emitido fuera del Padre, sino dentro del mismo Padre, lo cual mostraría una emisión superflua: ¿cómo puede ser emitido algo preexistente dentro del mismo Padre? Pues la emisión es una manifestación al exterior, de aquello que ha sido emitido. Además se seguiría que, una vez emitido el Intelecto, también el Verbo emitido por él quedaría dentro del Padre, y de modo semejante todas las demás emisiones del Verbo. Tampoco podrían ignorar al Padre si estuvieran dentro de él; ni lo conocerían cada vez menos, a medida que se sucediera una emisión de otra, puesto que todas ellas quedarían envueltas por igual dentro de los confines del Padre. También serían todas ellas impasibles, estando en el interior del Padre, ni podrían algunas de ellas ser diferentes entre sí, pues en el Padre no hay diferencias.

A menos que se les ocurra decir que existen en el Padre [746] como en un círculo mayor otro menor, y en seguida otro más pequeño dentro de éste; o como una esfera o un cuadrado: el Padre contendría dentro de sí las emisiones de los Eones como esferas o cuadrados: cada uno de ellos estaría rodeado del inmediato mayor que lo envolvería como a uno menor; de esta manera el menor de todos quedaría en el centro y muy separado del Padre: por eso no conocería al Protopadre. Pero si dicen esto, entonces tienen que incluir a su Abismo, al mismo tiempo circundante y circundado. Se verían forzados a admitir que hay algo fuera de él que lo abraza, y de esta manera tendrían que multiplicar al infinito los que contienen y los contenidos. Siendo así, los Eones serían concebidos como cuerpos encerrados en sus límites.

13,7. Además, o confiesan que el Padre es vacío, o bien que todo cuanto en él se encuentra, de modo igual participa del Padre. Sucedería como en el agua: alguien puede producir figuras redondas o cuadradas, pero todas ellas participarán del mismo modo del agua; así también las figuras dibujadas en el aire o en la luz participarían igualmente del aire o de la luz. No de otra manera los que estuvieran dentro del Padre participarían de él de modo semejante, y la ignorancia no tendría lugar en ellos, pues ¿dónde cabría la ignorancia si todo lo llena la participación el Padre? Y si el Padre lo llena todo, no deja lugar para la ignorancia. Así queda también disuelta su teoría sobre las obras producidas por disminución (progresiva) y la emisión de la materia junto con el resto de las cosas creadas, a las que según ellos la pasión les proveyó de una substancia producto de la penuria. En cambio, si confesaran que el Padre es vacío, lanzarían la mayor de las blasfemias, pues le negarían su naturaleza espiritual. ¿Cómo puede ser espiritual aquel al cual se le niega incluso que pueda llenar lo que está en su interior?

2.2.2. Emisión del Verbo y la Vida

[747] 13,8. Lo que acabamos de decir sobre la emisión de la Mente, vale también contra los que siguen a Basílides y contra los demás Gnósticos, de los cuales éstos (los valentinianos) recibieron la doctrina de las emisiones, como ya hemos demostrado en el primer libro. Hace un momento hemos probado claramente que la emisión de la Mente o Intelecto que alegan, es imposible y absurda. Volvamos ahora la atención a las otras emisiones.

Dicen que de la Mente fueron emitidos el Verbo y la Vida, los hacedores de este Pléroma (inferior); y que el Logos o Verbo fue emitido al modo de la actividad mental humana; y, haciendo conjeturas ofensivas a Dios, dicen haber descubierto que el Verbo ha sido emitido por la Mente. Todos sabemos que esta afirmación es cierta cuando hablamos de la actividad humana; pero si hablamos de Dios, que es todo Mente, todo Verbo, como ya dijimos, nada se puede hipotizar que sea anterior o posterior, más nuevo o más antiguo en él; sino que todo lo que él es sigue siendo siempre igual, semejante y uno. De ahí que no pueda descubrirse en él una emisión que suponga etapas sucesivas.

Si alguien afirma que Dios es todo ojo y todo oído (pues en cuanto ve oye, y en cuanto oye ve), no yerra. Lo mismo se diga si alguien sostiene que él es todo Mente y todo Verbo, de modo que en su Mente está el Verbo, y el Verbo es su Mente170. Todavía se estará hablando de un modo muy insuficiente sobre el Padre de todas las cosas, pero al menos de manera más decente que aquellos que atribuyen al Verbo eterno de Dios la generación de la palabra pronunciada por los seres humanos; éstos asemejan al origen del Verbo el origen y la emisión propias de su propia palabra humana. ¿Y en qué diferiría el Verbo de Dios, más aún el mismo Dios (que es Verbo), de la palabra de los seres humanos, si ambos han sido engendrados con el mismo sistema?

[748] 13,9. También erraron sobre la Vida, cuando dijeron que fue emitida en sexto lugar; en cambio es preciso ponerla en primer lugar, porque Dios es Vida, Incorrupción y Verdad. Y estos atributos no han sido emitidos en forma descendente; sino que se trata de nombres que atribuimos a las cualidades eternas de Dios, en cuanto es posible y digno para el ser humano hablar y oír acerca de Dios. Porque en el nombre de Dios también están comprendidos la Mente, el Verbo, la Vida, la Incorrupción171, la Verdad, la Sabiduría, la Bondad y todos los atributos semejantes. Nadie puede afirmar que la Mente de Dios sea anterior a su Vida, pues su Mente es su Vida; ni la Vida es en él posterior a la Mente, puesto que aquel que es la Mente de todas las cosas, o sea Dios, nunca ha existido sin Vida. Mas si algunos de ellos dicen que en el Padre existía la Vida, pero que la emitió en sexto lugar para que el Verbo viva, deberían haber puesto su emisión mucho antes, en cuarto lugar, para que pudiese vivir la Mente y antes de ella su Abismo. Cuando enumeran al Protopadre junto con el Silencio, y a éste le adscriben una cónyuge, y en cambio no enumeran la Vida, ¿no están diciendo la mayor de las tonterías?

2.2.3. Emisión del Hombre y la Iglesia

13,10. Acerca de la siguiente emisión en sus teorías, o sea del Hombre y la Iglesia, los mismos padres de los Gnósticos disputan entre sí para probar sus propias invenciones, pero con ello se muestran los peores impostores. Dicen que sería más conveniente decir que el Verbo fue emitido por el Hombre, y no el Hombre por el Verbo, puesto que el Hombre existe antes que la Palabra (Verbo), y además éste es el Dios sobre todas las cosas.

Hasta aquí, en todo cuanto hemos expuesto, ellos han teorizado sobre la actividad interior, los movimientos de la mente, [749] los orígenes de la voluntad, la emisión de las palabras y cosas semejantes de los seres humanos, de manera que podría parecer verosímil; pero no son igualmente verosímiles sus aplicaciones que hacen a Dios. Pues cuando aplican al Verbo Divino las actividades humanas y las pasiones que ellos sienten dentro de sí mismos, para traducir por medio de estas pasiones humanas el significado, origen y emisión del Verbo (que habría tenido lugar en quinto lugar), pretenden enseñar misterios maravillosos, elevados e inefables que nadie más conoce, de los cuales habría dicho el Señor: «Buscad y hallaréis» (Mt 7,7). Por eso, dicen, investigan quiénes fueron engendrados por el Abismo, el Silencio, la Mente y la Verdad; y en seguida si de éstos provienen el Verbo y la Vida, y luego si del Verbo y la Vida proceden el Hombre y la Iglesia.

2.2.4. Origen de estas ideas en los antiguos poetas

14,1. Con mucha más verosimilitud y de modo más digno habló sobre el origen de todas las cosas Aristófanes, uno de los antiguos poetas cómicos, en su teogonía. El dice que de la Noche y el Silencio nació el Caos; en seguida, del Caos y la Noche nació el Deseo, y de éste la Luz, y de esta manera se produjo el primer origen de los dioses. Después vino de ellos una segunda generación de dioses, y entre ellos el Demiurgo del mundo: estos segundos dioses habrían plasmado a los seres humanos172.

Ellos (los valentinianos) apropiándose de esta fábula han elaborado su doctrina sobre la naturaleza, cambiándoles solamente los nombres, [750] pero manteniendo el mismo origen de todas las primeras emisiones: a la Noche y el Silencio llamaron el Abismo y el Silencio; al Caos llamaron la Mente; en lugar del Deseo, por el cual según el poeta cómico fueron hechas todas las cosas, ellos pusieron al Verbo; en lugar de primeros y supremos dioses dieron forma a los primeros Eones; sustituyeron a los segundos dioses por su Madre que salió del Pléroma, y que según ellos dio origen a toda la Economía a la que llaman Ogdóada: de ésta habría salido la hechura del mundo y la plasmación de los seres humanos. ¡Y todavía presumen de ser los únicos que conocen los misterios inefables y desconocidos, cuando por todas partes los comediantes disfrazados recitan estas cosas en los teatros con voces más brillantes! Lo único que hacen es transferir las mismas fábulas a sus enseñanzas, o mejor dicho enseñan las mismas fábulas, cambiando solamente los nombres.

14,2. Y no sólo han recogido las ideas de los cómicos, para probarlas y proponerlas como propias; sino también han plagiado los dichos de los llamados filósofos que nada saben de Dios, los reúnen, los cosen como parches en vestidos desgastados, para fabricarse con palabras sutiles un fingido artificio. Piensan introducir de este modo una nueva doctrina, cuando lo único que están haciendo es sustituir con nuevas ficciones las mismas viejas e inútiles enseñanzas recosidas con retazos que huelen a impiedad e ignorancia.

[751] Tales de Mileto, en efecto, dijo que el agua es el principio de la generación de todos los seres: es lo mismo decir agua que Abismo. El poeta Homero enseñó que el Océano engendró a los dioses y que Tetis es la Madre173: ellos los cambiaron por el Abismo y el Silencio. Anaximandro supuso el Infinito como principio de todas las cosas, pues contiene en sí como en semilla el origen de todo, y de él brotaron infinitos mundos: ellos transformaron esta teoría en el Abismo y los Eones. Anaxágoras, a quien se le dio el mote de el ateo, enseñó que los seres vivientes brotaron de semillas caídas del cielo sobre la tierra: ellos lo han traducido en semen de su Madre, y han añadido que ellos mismos son esta semilla: para quienes tienen sentido común, su afirmación no significa otra cosa sino que ellos son esas semillas ateas de Anaxágoras.

14,3. De Demócrito y Epicuro tomaron la sombra y el vacío, y los acomodaron a su doctrina. Estos filósofos fueron los primeros que hablaron de vacío y de átomos, y los llamaron, al primero, no ser y, al segundo, ser. También éstos (los Gnósticos) llaman ser a lo que está dentro del Pléroma, como aquéllos a los átomos, y no ser a lo que está fuera del Pléroma, como aquéllos lo llaman vacío. Por consiguiente ellos mismos, al situarse fuera del Pléroma, se han colocado en el mundo que no existe.

Además, cuando dicen que las cosas de este mundo son imágenes de las realidades superiores, han asumido las ideas de Demócrito y de Platón: Demócrito, en efecto, fue el primero que afirmó que muchas y diversas figuras salieron del todo para descender a este mundo; Platón, por su parte, llamó a la materia ejemplar y Dios. Siguiendo a dichos filósofos, éstos llamaron a las figuras (de este mundo) imágenes y ejemplares de aquellas realidades superiores: sólo cambiaron los nombres, y sin embargo se glorían de haber inventado y elaborado una ficción tan imaginaria.

[752] 14,4. También dicen que el Demiurgo sacó el mundo de una materia preexistente; mas antes de ellos lo dijeron Anaxágoras, Empédocles y Platón, inspirados, como se puede suponer, en su misma Madre. También enseñan que todas las cosas retornan a los elementos de que fueron hechas, y que aun Dios está sujeto a este destino, de modo que lo mortal no puede recibir la inmortalidad ni lo corruptible la incorrupción; sino que cada ser ha de volver a la substancia de su naturaleza: es lo mismo que afirman los poetas y escritores Estoicos, que se llaman así por motivo de la puerta174, los cuales ignoran a Dios. Estos, tan incrédulos como aquéllos, asignaron la región que está dentro del Pléroma a los seres pneumáticos, la Región Intermedia a los psíquicos, y la tierra a los materiales. Contra este orden, dicen ellos, nada puede hacer Dios, porque cada uno de los seres antedichos tiene que volver al lugar que corresponde a su substancia.

14,5. También enseñan que cada uno de todos los Eones, para emitir al Salvador, puso en él como la flor de sí mismo. Esta teoría nada nuevo añade a la Pandora de Hesíodo: aquéllos aplican al Salvador lo mismo que éste a ella. De este modo los Gnósticos hacen del Salvador otra Pandora, cuando cada uno de los Eones le dio lo mejor que tenía. Su pretensión acerca de las comidas y de todas sus demás acciones (las cuales para ellos serían indiferentes; pues como nadie puede mancillarlos dada la bondad de su substancia [pneumática], coman lo que coman y hagan lo que hagan), no es otra cosa que cuanto se atribuyen a sí mismos los Cínicos, con los cuales comparten el mismo destino. Igualmente tratan de introducir en la fe las argucias y sutilezas de las cuestiones, propias de Aristóteles.

14,6. Su empeño por traducir en números todo el universo, no es sino una transferencia de los pitagóricos. Estos, en efecto, fueron los primeros que pusieron los números al inicio [753] de todas las cosas, postulando como principios el par y el impar, de donde, según ellos, derivan todas las cosas sensibles y no sensibles. En su opinión, de los impares vinieron los seres materiales y de los pares los mentales y las substancias: de estos dos elementos provinieron todas las cosas, así como una estatua proviene del bronce y la forma. Los Gnósticos aplicaron esta teoría a los seres existentes fuera del Pléroma.

El comienzo de lo mental sería aquello donde reside el primer significado que capta la inteligencia, el que ésta busca hasta que, fatigada, reposa en el uno indivisible. Así pues, el Uno sería el inicio de todas las cosas y la substancia de toda generación: [755] de él provienen la Díada, la Tétrada (Cuaterna), la Péntada (Quinteto) y todas las otras múltiples generaciones. Los Gnósticos atribuyen esto mismo a su Plenitud y a su Abismo: tratan de atribuirles sus matrimonios a partir del Uno. De este modo Marco, orgulloso de una doctrina que él presumía como propia, como si hubiese inventado algo más nuevo que los demás, lo único que hace es aplicar la Cuaterna de Pitágoras al origen y Madre de todas las cosas.

14,7. ¿Qué decir contra los Gnósticos? Todos esos de los que acabamos de hablar, y con los cuales éstos comparten sus teorías, ¿conocieron o no conocieron la verdad? Porque si la conocieron, entonces la venida del Salvador a este mundo fue superflua. En efecto, ¿para qué había de venir? ¿para dar a conocer a los seres humanos una verdad que ya sabían? Pero, si no la conocieron, y vosotros compartís sus ideas, ¿cómo podéis presumir de ser los únicos que poseen la verdadera y suprema gnosis, que no es diversa de la que gozan quienes no conocen a Dios? Usando una expresión contradictoria, llaman gnosis a la ignorancia de la verdad, a la que bien nombra Pablo «la vana palabrería de la falsa ciencia» (1 Tim 6,20). ¡De verdad su gnosis se desenmascara como falsa!

Algunos desvergonzadamente dicen que los seres humanos no conocían la verdad; entonces su Madre o el Semen del Padre175 ha revelado los misterios de la verdad por medio de tales hombres, como por sus profetas, sin que lo supiera el Demiurgo. En primer lugar, tales invenciones no son de tal categoría que no pudiera entenderlas alguna persona: esos hombres sabían lo que decían, así como también sus discípulos y sucesores. En segundo lugar, si la Madre o el Semen conocían y daban a conocer la verdad, siendo el Padre la verdad, el Salvador (según su teoría) habría mentido cuando dijo: «Nadie conoce al Padre sino el Hijo» (Mt 11,27). Pues si lo conocía su Madre o su Semen, entonces no tiene ningún valor ese dicho: «Nadie conoce al Padre sino el Hijo»; a menos que ellos reconozcan que su Madre y su Semen son nadie.

2.2.5. Origen de la Decena y la Docena

14,8. Hasta aquí han usado la actividad interior humana como una analogía con la cual enredar a mucha gente ignorante de Dios. Parece que arrastran a algunos con la apariencia de verdad: los engañan poniéndoles comparaciones con las cosas a las que están habituados para explicarles cómo de Dios y de la Mente nacieron el Verbo de Dios, [756] la Verdad y la Vida: transforman estas emisiones en partos divinos. Sobre los (Eones) que emanaron de los susodichos, ninguna teoría verosímil, ninguna prueba, sino pura mentira. Se comportan como aquellos que usan de cebo el alimento que le gusta a un animal para atraerlo y atraparlo: se lo presentan poco a poco para que, acostumbrándose, llegue a recibirlo de su mano; pero una vez que logran atraparlo, lo atan fuertemente para poder arrastrarlo a donde les place.

Así hacen éstos. Poco a poco los persuaden por medio de discursos atrayentes para que se traguen la doctrina de las emisiones; pero en seguida les introducen los otros tipos de las demás emisiones incongruentes y absurdas. Les dicen que el Verbo y la Vida emitieron diez Eones, y otros doce fueron emitidos por el Hombre y la Iglesia. No tienen para sustentar esa doctrina ningún argumento, testimonio o razón verosímil en absoluto, sino que los imponen ciegamente, forzándolos a creer que de los Eones Verbo y Vida, que ya existían, fueron emitidos el Abismo y la Confusión, el Engendrado y la Unidad, el Innato y la Felicidad, el Inmóvil y la Mezcla, el Unigénito y la Beatitud. De modo semejante, del Hombre y la Iglesia habrían sido emitidos el Paráclito y la Fe, la Paternidad y la Esperanza, la Maternidad y el Amor, el Eterno y la Conciencia, el Eclesiástico y el Feliz, el Deseado y la Sabiduría.

14,9. Ya expusimos en el primer libro cómo narran las pasiones y el error de la Sabiduría, y cómo pasó por peligros y pereció buscando al Padre; también las obras realizadas fuera del Pléroma, y cómo el Demiurgo del mundo fue emitido por la penuria; asimismo hablamos del Cristo, [757] al que llaman el último de los Eones emitido, y del Salvador, que según ellos emanó de los Eones caídos. Si de nuevo los hemos mencionado por su nombre, lo hicimos para que vuelva a mostrarse con claridad lo absurdo de sus mentiras y la confusión de los nombres que han inventado. Insultan a sus Eones con todos estos nombres, más que los paganos. Estos al menos les ponen nombres creíbles y verosímiles a sus doce dioses, en los cuales los Gnósticos pretenden ver como imágenes de los doce Eones; aunque aquéllos (dioses) de los que son imágenes tienen nombres mucho más dignos y más significativos por su etimología, para designar a la divinidad.

3. Estructura del Pléroma

3.1. Sinrazones de la primera emisión

15,1. Volvamos al asunto de las emisiones. Que nos digan el motivo de una emisión de los Eones que no dependa para nada de los seres creados176. Pues ellos afirman que aquéllos no fueron emitidos en función de los seres creados, sino que éstos fueron hechos en función de aquéllos; ni aquéllos serían imágenes de éstos, sino al contrario, éstos imágenes de aquéllos. Entonces ¿por qué hacen de los treinta días del mes la causa de que sean treinta los Eones? ¿por qué suponen que el día tiene doce horas177 y el año doce meses por los doce Eones que existen dentro del Pléroma? y lo mismo se diga de todos sus delirios. Que nos muestren ahora la razón por la cual fue tal la emisión de los Eones; [758] por qué la Ogdóada provino como la emisión primera y primigenia, y no lo fueron ni una péntada ni una tríada ni una héptada (septeto) o cualquier otra cosa que se defina por números. Y por qué el Verbo y la Vida emitieron diez Eones, y no más ni menos; y también por qué el Hombre y la Iglesia emitieron doce, cuando podían haber emitido más o menos.

15,2. O por qué todo el Pléroma está dividido en tres: la Ogdóada, la Década y la Docena, y no contiene nada fuera de estos números; y por qué ha de estar dividido en tres, y no en cuatro o en cinco o en seis, o en cualquier otro número. Y eso que no aludimos también a los números de los seres creados. Porque dicen ellos que los seres superiores son más antiguos, y por eso tienen su propia causa anterior a la creación, y no necesitan buscar una causa que concuerde o esté relacionada con la creación.

15,3. Nosotros, en cambio, hablamos de la creación hecha de modo armonioso, pues en las cosas creadas una estructura está en armonía con otra; mas ellos, no pudiendo dar razón de por qué los seres superiores se han realizado por sí mismos, por fuerza caen en numerosas contradicciones. Nos cuestionan sobre la creación, como si fuésemos unos ignorantes; en cambio ellos, cuando se les pregunta sobre el Pléroma, lo que hacen es, o describir las actividades interiores del ser humano, o lanzar discursos acerca de la creación: [759] siempre vuelven a responder a las cuestiones sobre las que discurren, y no a las que se les pregunta. Porque no les interrogamos acerca de la actividad interna del ser humano, ni sobre la armonía del universo creado, sino por qué ese Pléroma que dicen fue hecho a imagen de las creaturas, se compone de ocho, diez y doce (Eones). Tendrán que confesar que su Padre hizo así el Pléroma al acaso y sin motivo alguno. De este modo presentarán a un Padre deforme, pues habría obrado irracionalmente. Pero si responden que el Padre, según su providencia, emitió según este sistema a los Eones en favor de las creaturas, para que ellos estén bien armonizados, entonces el Pléroma ya no habrá sido emitido por su propia causa, sino en función de aquella que sería en el futuro su imagen y semejanza (así como la maqueta de barro de una estatua no se fabrica por sí misma, sino en función de la que debe luego vaciarse en oro, plata o bronce). En este caso, la creatura sería de más valor que el Pléroma, si éste fue emitido en función de aquélla.

16,1. Pero si se niegan a admitir nuestros argumentos, porque tendrían que aceptar que ellos no pueden señalar ninguna causa por la cual su Pléroma fue emitido, se verán obligados a confesar que sobre su Pléroma hay otra realidad más espiritual y más soberana, a cuya imagen fue formado su Pléroma. Porque si el Demiurgo no ha llevado a cabo la creación según una figura hecha por él mismo, sino a semejanza de las realidades superiores, ¿de dónde su Abismo tomó las figuras según las cuales formó el Pléroma, o de quién recibió la figura para realizar las realidades que fueron hechas antes (que lo demás existiese)?178 Porque, o bien se deberá mantener la opinión de que Dios hizo el mundo por propio poder y tomando de sí mismo el modelo del mundo; o bien, si prescindimos de este modo de actuar de Dios, será necesario andar buscando infinitamente de dónde habrán provenido las formas de la creación, el número de las emisiones y cuál ha sido su modelo. Mas si el Abismo fue capaz de emitir de sí mismo el modelo del Pléroma, [760] ¿por qué no le habría sido posible al Demiurgo hacer lo mismo al crear el mundo? Una vez más: si la creación es imagen de las realidades superiores, ¿por qué motivo no se puede afirmar que éstas no son a su vez imágenes de otras realidades más elevadas, y que sobre estas últimas hay otras más, para de esta manera ir añadiendo imágenes a imágenes al infinito?

16,2. Basílides cayó en la cuenta de esta dificultad (aunque estaba muy lejos de la verdad), e imaginó escapar de esta incongruencia postulando una infinita sucesión de seres hechos unos por otros mutuamente. Se le ocurrió una serie de trescientos sesenta y cinco cielos creados sucesivamente unos por otros según una mutua semejanza. Pretendió probar su teoría por el igual número de días, como antes hemos dicho, y sobre ellos estarían el Poder que él llama el Innombrable y su obra. Pero ni con esta argucia puede escapar de la aporía. Porque, cuando se le pregunta cómo llega a existir ese cielo que está sobre todos los demás, del cual según su teoría inició la sucesión de los demás cielos fabricados mutuamente, así como su propia configuración, responde que es una obra realizada por el Innombrable. Pero volvemos a lo mismo: o acepta que el Innombrable lo ha hecho por sí mismo, o por fuerza tendrá que postular otro Poder sobre él, del cual el Innombrable hubiese recibido el maravilloso modelo de todo lo que existe.

16,3. ¡Cuánto más seguro y razonable es confesar desde el principio y sin reticencias la verdad: que el Dios Demiurgo que creó el mundo es el único Dios, y que no hay otro Dios fuera de él, y que él mismo tomó de sí el modelo y la imagen de todo cuanto hizo! ¿No será mejor que perderse en tantos laberintos impíos, hasta verse obligado en un momento a asentar cabeza y confesar que de él procede el modelo de todas las cosas creadas?

16,4. Como no aceptamos las cosas portentosas que nos dicen, los valentinianos nos acusan de quedarnos en la Semana inferior, porque no elevamos nuestras mentes a lo alto, ni entendemos las cosas de arriba (Col 3,2). Es lo mismo que los discípulos de Basílides les achacan a ellos. Les dicen que no se han elevado más allá de la primera y segunda Ogdóadas, y que en su ignorancia piensan haber hallado en los treinta Eones al Padre supremo, sin ahondar con su mente en aquel Pléroma que está sobre los trescientos sesenta y cinco cielos y sobre las cuarenta [761] y cinco Ogdóadas. Pero cualquiera puede también atacar a los basilidianos inventando cuatro mil trescientos ochenta cielos o Eones, porque éstas son las horas que tienen los días del año. Y si alguien todavía añade las horas de la noche, entonces tendrá que duplicar ese número. De esta manera imaginará haber descubierto una gran multitud de Ogdóadas y una inmensa actividad de los Eones que se oponen al Padre supremo. Ese hombre podrá considerarse el más perfecto de todos, y a todos echará en cara el ser incapaces de elevarse hasta sus alturas, para contemplar la multitud de cielos y Eones que él ha descubierto, porque, faltándoles fuerzas, se quedan en este bajo mundo o en las etapas intermedias.

3.2. Producción de los demás Eones

17,1. Así, pues, su doctrina acerca de su Pléroma, sobre todo lo referente a la primera Ogdóada, envuelve grandes aporías y contradicciones. Ahora examinemos el resto. Nos vemos obligados a investigar acerca de cosas irreales, por motivo de su locura. Pero nos sentimos presionados a hacerlo porque se nos ha encargado indagarlo, y queremos que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4); y también porque tú mismo nos has pedido que te proporcionemos los argumentos para refutarlos desde todos los ángulos.

17,2. Se nos pregunta: ¿Cómo han sido producidos los demás Eones? ¿Unidos a aquel que los emitió como los rayos lo están al sol; o como partes y efectos, de modo que cada uno de ellos lo haya sido por separado y según sus propios caracteres, así como un ser humano proviene de otro ser humano y una oveja de otra oveja; o bien a la manera de un retoño, [762] como las ramas provienen del árbol? ¿Tomaron la misma substancia de aquellos que los emitieron, o fueron formados a partir de otra substancia? ¿Fueron emitidos simultáneamente, o en orden sucesivo, de modo que unos sean más antiguos y otros más recientes? ¿Fueron acaso producidos simples, uniformes y en todas sus partes iguales y semejantes, como un espíritu o como los rayos de luz, o compuestos y diferentes, constando de diversos miembros?

3.2.1. Como un ser humano de otro

17,3. Pueden alegar que fueron emitidos a semejanza de los seres humanos, producidos y engendrados cada uno de ellos por sí mismo. En tal caso deberían tener la misma substancia que el Padre y ser semejantes a su progenitor; pero si dicen que son diferentes, entonces por fuerza habrían sido hechos a partir de otra substancia. Si los Eones engendrados por el Padre le son semejantes, entonces tendrán que mantenerse impasibles, como aquel que los emitió. Pero si fueron hechos de otra substancia pasible, ¿dónde encontraron esa substancia tan diversa en el interior de un Pléroma incorruptible? Además, en esta hipótesis, cada uno de ellos tendría que suponerse separado y diverso de los otros, como los seres humanos; no podrían estar unidos ni mezclados unos con otros, sino cada uno de ellos demarcado por sus propios caracteres y delimitado en su propia medida: pero entonces no serían espíritus, sino cuerpos. Si es así, que dejen de hablar de un Pléroma espiritual, y que ya no se llamen a sí mismos hombres pneumáticos; pues aun sus Eones, a semejanza de los seres humanos, tendrían que sentarse a comer en torno a su Padre; y éste debería tener tales rasgos que los Eones emitidos por él pudieran reconocer.

3.2.2. Como una luz de otra

17,4. Pero si fueron emitidos como una luz de otra luz: [763] los Eones del Verbo, el Verbo de la Mente y la Mente del Abismo -como una llama de otra llama-, entonces los Eones deberían ser distintos unos de otros en grandeza, puesto que cada uno de ellos tendría la misma substancia de aquel que los hubiera emitido; y entonces, o bien todos ellos serían impasibles, o también su Padre estaría sujeto a cambios. Porque una llama emitida por otra, no tiene una luz diversa de la original. Por este motivo todas sus luces tendrían que recogerse en una luz primordial, siendo todas ellas en realidad una sola luz, la que existió al principio. Pero una luz más antigua y otra más nueva no se pueden distinguir de la luz misma -pues en resumidas cuentas hay una sola luz-. En consecuencia, en cuanto a la substancia todas ellas serían simultáneas, puesto que la materia de la llama es una sola; sólo habría distintos tiempos en que fueron encendidas, puesto que una lo habría sido antes y otra más tarde.

17,5. Por consiguiente la caída en la pasión afectaría con su ignorancia a todo su Pléroma, puesto que todo sería de la misma substancia, y todo el Pléroma habría caído en la ignorancia; pero en ese caso también su Protopadre sería igualmente ignorante. O por el contrario, todos los Eones tendrían que ser impasibles, y por lo mismo permanecerían para siempre como luces en el Pléroma. Entonces, ¿de dónde habría salido la pasión del más reciente de los Eones, si es una luz producida como todas las demás de la Luz del Padre, al que consideran impasible por naturaleza? ¿Y cómo se podría hablar de Eones más antiguos y más recientes, si una sola es la Luz de todo el Pléroma? Algunos dicen que los Eones son estrellas; pero aun así, deberían todos participar de la misma naturaleza. Pues, aunque es verdad que «una estrella es diferente de otra por su brillo» (1 Cor 15,41), sin embargo no son substancialmente diversas, en cuanto una pueda cambiar y otra sea impasible: porque, proviniendo todas de la misma Luz del Padre, todas tendrían que ser por naturaleza o bien impasibles e inmutables, o bien juntas con la Luz del Padre todas tendrían que estar sujetas a pasiones, corrupción y cambios.

3.2.3. Como las ramas de un árbol

17,6. Los mismos absurdos se siguen si dicen que, [764] así como de un árbol se producen las ramas, así también los demás Eones fueron emitidos del Verbo, como el Verbo fue engendrado por el Padre. Entonces todos tendrían la misma substancia del Padre, y entre sí diferirían sólo en tamaño, pero no en naturaleza, como los dedos de una mano. Si el Padre vive en la pasión y en la ignorancia, así también habrían sido engendrados los Eones. Pero si consideran impío atribuir al Padre pasiones e ignorancia, ¿cómo pueden atribuírselas al Eón que él ha emitido? ¿Y cómo pueden ellos tenerse por hombres religiosos, si atribuyen la misma impiedad a la Sabiduría de Dios?

3.2.4. Como los rayos emanan del sol

17,7. Pueden imaginar también que los Eones fueron emitidos como los rayos del sol, pues todos ellos tienen la misma substancia y el mismo origen: en todo caso, o todos ellos están sujetos a pasiones como aquel que los emitió, o como él son impasibles. Porque, en efecto, no pueden alegar que unos son impasibles y otros sujetos a pasiones, si provienen de la misma emisión. No pueden afirmar que todos son impasibles, pues si lo dijeran, ¿cómo habría podido sufrir el menor de sus Eones, si todos eran impasibles? Pero hipotizan que todos han tenido parte en lo que él sufrió, pues se atreven a decir que comenzó en el Verbo y luego decayó a la Sabiduría; puesto que ellos mismos arguyen que la pasión recayó en el Verbo, que procede de la Mente del Protopadre. Si fueran lógicos, deberían confesar que la Mente del Protopadre y el mismo Protopadre cayeron en las pasiones; porque el Padre no es compuesto como un animal, aparte de su Mente; sino que, como antes expusimos, la Mente es el Padre y el Padre es su Mente. Por fuerza, pues, el Logos que de él procede, más aún la misma Mente, por ser idéntica al Verbo, tendrá que ser perfecto e impasible. Y como los Eones que emitió deben tener su misma substancia, también habrán de ser para siempre perfectos e impasibles.

17,8. Por consiguiente el Verbo no ignoró al Padre [765] por ocupar el tercer lugar en el orden de generación, como ellos andan diciendo. Esto tal vez se podría tolerar en el caso del nacimiento de los seres humanos, pues éstos muchas veces no saben quién es su padre; en cambio en el caso del Verbo esto es imposible. En efecto, si el Verbo está en el Padre y tiene conocimiento, no puede ignorar a aquel en el que existe, es decir a sí mismo. Igualmente las Potencias que de él nacieron y siempre están ante él para servirlo, no pueden ignorar a aquel que las emitió, como los rayos no pueden ignorar al sol.

Por eso no es posible que la Sabiduría nacida de tal emisión y que habita en el Pléroma haya caído en pasión y por esta causa haya concebido tan grande ignorancia. Aunque es posible que la Sabiduría de Valentín haya nacido por una emisión del diablo, y por ello haya caído en todo tipo de pasiones y haya dado frutos de inconcebible ignorancia. Pues, ya que cuando ellos dan testimonio de su Madre, dicen que ella nació de un Eón perdido, sobra buscar el motivo por el cual los hijos de tal Madre siempre anden nadando en el Abismo de su ignorancia.

3.2.5. Lo absurdo de todas sus emanaciones

17,9. Fuera de estos tipos de emisiones, no entiendo cómo se pueden inventar otros. Pero, hasta donde sé, ellos tampoco han elucubrado otras clases de emisiones, aunque les hemos preguntado muchas veces y durante mucho tiempo acerca del tema. Lo más que siempre aciertan a decir es que cada uno de los Eones, al ser emitido, sólo conoce a su emisor, pero ignora al Eón anterior al que lo ha emitido. Ellos no saben ir adelante en la explicación acerca de cómo fueron emitidos, o cómo puede suceder algo semejante en un mundo pneumático. Sea cual sea la vía que emprendan, se van alejando del camino de la razón, cegándose tanto a la verdad que enseñan que el Verbo emitido por la Mente del Protopadre nació en la decadencia. En efecto, de lo que enseñan se seguiría que el Eón perfecto engendrado por el Abismo perfecto ya no es capaz de hacer otra emisión perfecta, pues siempre nacería ciega por ignorar la grandeza del Padre.

[766] Según dicen, el Salvador habría querido significar este misterio en el pasaje del ciego de nacimiento (Jn 9,1-41): de este modo el Unigénito habría emitido a este Eón ciego, o sea en la ignorancia, pues la ceguera y la ignorancia se identifican tratándose del Verbo de Dios, ya que habría sido emitido por el Padre sólo mediante otro179. ¡Qué sofistas tan admirables, que investigan la profundidad del Padre desconocido, y describen los misterios celestiales «que los ángeles desean contemplar» (1 Pe 1,12)! ¡Ellos sí saben muy bien que la Mente de su Padre supremo ha emitido a un Verbo ciego e ignorante del Padre que lo emitió!

17,10. ¡Oh sofistas de cerebro tan vacío! ¿Cómo la Mente del Padre, o mejor dicho el Padre mismo, si es que éste es su misma Mente y en todo perfecto, emitió su Verbo como un Eón ciego e imperfecto? ¿Acaso no lo podía emitir de modo que desde el principio conociese al Padre, si es que, como decís, el Cristo que fue emitido después de todos los Eones nació perfecto? ¡Mucho más el Verbo, bastante más antiguo que el Cristo y emitido por la misma Mente, tendría que haber sido emitido perfecto y no ciego; ni el Verbo tendría por qué haber emitido a otros Eones más ciegos que él hasta llegar a la Sabiduría, la siempre ciega que ha dado a luz una tan grande multitud de males180.

Y el responsable de todos estos males es vuestro Padre; pues decís que su grandeza y su poder son las causas de la ignorancia, y lo identificáis con el Abismo, al que llamáis con el nombre de Padre inefable. Pero, si como habéis ya decidido, la ignorancia es el único mal, y que de ella han brotado todos los males, y por otra parte decís que la causa de la ignorancia es la grandeza y el poder del Padre, entonces habéis probado que el Padre es el hacedor de todos los males. En efecto, afirmáis que la causa del mal es la incapacidad de contemplar su grandeza. Pues si al Padre le era imposible darse a conocer desde el principio a aquellos que él mismo había hecho, entonces el Padre es imperdonable, porque hizo a aquellos a quienes no podía quitarles la ignorancia. Pero decís que más tarde, cuando esa ignorancia se había extendido después que había crecido el número de emisiones, el Padre decidió por su libre voluntad hacer desaparecer esa ignorancia sembrada en los Eones: ¿cómo no habría podido querer que desde el principio no existise esa ignorancia, [767] sólo con no haberla permitido?

17,11. Como además se hizo conocer cuando quiso, no sólo de los Eones, sino en los últimos tiempos también de los seres humanos, entonces si no fue conocido desde el principio, fue porque él no lo quiso, siendo la voluntad del Padre, como ellos dicen, la causa de la ignorancia. Pero si conocía de antemano lo que habría de suceder, ¿por qué no disipó la ignorancia de los Eones antes de que ella se disipara por sí misma, en lugar de arrepentirse más tarde y tratar de enmendarla emitiendo al Cristo? Pues si pudo dar a todos el conocimiento por medio de Cristo, mucho antes podría haberlo hecho por medio del Verbo que, dicen, es el Primogénito y el Unigénito. Mas si, habiéndolo sabido de antemano, determinó que así sucediese, entonces siempre estarán vigentes la obras de la ignorancia y jamás pasarán; porque si ellas pasaran, habiendo existido por voluntad del Padre, también con ellas pasaría su voluntad; o bien, si la ignorancia se acabara, con ella se acabaría también la voluntad del que decidió que así fuera su naturaleza.

Si el Padre es inaccesible e inabarcable, ¿cómo podrían hallar reposo los Eones recibiendo la gnosis perfecta? Porque ellos pudieron tenerla antes de caer en la pasión: pues la grandeza del Padre no habría disminuido porque ellos supiesen desde el principio que el Padre es inaccesible e inabarcable. Mas si no lo conocían por causa de su grandeza sin medida, pero debía conservar impasibles a los Eones que él había engendrado, por causa de su amor inmenso (Ef 3,19), ningún impedimento habría habido, más aún, hubiera sido de lo más útil que desde el principio supiesen que el Padre es inaccesible e inabarcable.

3.2.6. La Sabiduría y la ignorancia

18,1. ¿Cómo no advertir la tontería del decir que la Sabiduría cayó en la ignorancia, la degradación y la pasión? Estas cosas son extrañas y aun contrarias a la Sabiduría: porque donde hay ignorancia [768] y falta de juicio práctico, ahí la Sabiduría está ausente. Que dejen de hablar, pues, de la Sabiduría como del Eón que cayó en la pasión, y que, o renuncien a llamarla con este nombre, o a atribuirle la pasión. En este caso tampoco pueden hablar de un Pléroma totalmente pneumático, si en él se encuentra este Eón tan lleno de pasiones. Ni siquiera un alma (psyché) podría ser así, mucho menos una substancia pneumática.

3.2.7. El Deseo y la pasión

18,2. Además, ¿cómo su Deseo podía separarse junto con la pasión para devenir en otro ser? El deseo siempre existe en referencia a algo, nunca por separado: un deseo malo queda absorbido por uno bueno, como la enfermedad por la salud. ¿Entonces cuál fue el Deseo que precedió a la pasión? Buscar al Padre y contemplar su grandeza. ¿Y cómo la Sabiduría más tarde se curó de esta tendencia? Descubriendo que el Padre es incomprensible y no se le puede hallar. Por consiguiente no sería bueno querer conocer al Padre, ya que esto fue lo que la hundió en la pasión; pero cuando finalmente se convenció de que el Padre es incomprensible, entonces quedó sana. Incluso la misma Mente, que buscaba al Padre, según dicen ellos dejó de buscarlo al darse cuenta de que el Padre es incomprensible.

18,3. ¿Y cómo podía un Deseo separado (de la Sabiduría) concebir las pasiones que también son disposiciones? Porque una disposición también existe siempre en referencia a algo, pues por sí sola no puede ni existir ni mantenerse. Estas teorías no sólo son inconsistentes, sino también contrarias a lo que el Señor enseñó: «Buscad y hallaréis» (Mt 7,7). Pues el Señor elevó a la perfección a sus discípulos que buscaban al Padre y lo encontraron. En cambio el Cristo superior que ellos proclaman, convenció a los Eones de no buscar al Padre, haciéndoles caer en la cuenta de que, por más que se esforzaran, no lo alcanzarían; y de esta manera los habría hecho perfectos. Y a sí mismos se llaman los perfectos, porque, dicen, han hallado al Abismo; en cambio los Eones lo son [769] cuando se han dejado convencer de que no deben buscarlo porque es incomprensible.

18,4. Y como el Deseo no puede existir separado de su Eón, todavía añaden más mentiras a su teoría de la pasión, pues también la separan (del Deseo) para hacer de éste (Deseo) la substancia de la materia. ¡Como si ya Dios no fuera luz (1 Jn 1,5), ni hubiese un Verbo que pueda desnudar y rebatir su malicia!181 Porque lo que un Eón sentía es lo mismo que experimentaba, y lo que experimentaba era lo que sentía. En cambio, según ellos, su Deseo no es sino la pasión que deseaba comprender al incomprensible, y la pasión era el Deseo: y el pobre sentía lo que era imposible. Pero en tal caso, ¿cómo podrían la tendencia y la pasión separarse del Deseo, para convertirse en la substancia de tan abundante materia, cuando el mismo Deseo era la pasión y la pasión el Deseo? Así pues, ni el Deseo puede existir sin el Eón, ni la tendencia puede tener una existencia separada del Deseo: con esto queda deshecha su doctrina.

18,5. Además, ¿cómo un Eón habría podido caer y sufrir, si su naturaleza es la del Pléroma y todo el Pléroma proviene del Padre? Una cosa no se disuelve en su semejante, ni correrá el peligro de desaparecer, sino que por el contrario durará y crecerá, como el fuego con el fuego, el espíritu con el espíritu y el agua con el agua; más bien los seres de naturaleza opuesta son los que sufren con el choque de contrarios, se destruyen y acaban. Por ejemplo, si se emitiese una luz, ésta no sufriría ni correría el peligro de desaparecer con otra luz semejante, sino que brillaría más y aumentaría, como el día con el sol; pues dicen que el Abismo es la imagen de su Padre. Los seres animados extraños y opuestos corren el peligro de corromperse por el choque de naturalezas contrarias; en cambio los seres habituados a existir con sus semejantes no corren ningún peligro, sino que, por el contrario, con esa relación fortalecen su salud y su vida.

Por consiguiente, si este Eón fue emitido por el Pléroma universal como de su misma substancia, jamás sufrirá una descomposición, puesto que siempre existirá con los seres semejantes y familiares, [770] pues como espíritus habitarán con seres espirituales. El temor, el miedo, la pasión, la disolución y otras cosas semejantes, sólo se hallan en los seres como nosotros, corpóreos y compuestos de elementos opuestos; en cambio en los seres espirituales siempre existe una luz que los inunda y les impide estar sujetos a estas desgracias. Me da la impresión de que ellos han atribuido a su Eón la pasión que describió el cómico Menandro: un amor ardiente digno de odio: estos herejes tienen en su mente más la imagen que corresponde a un amante no correspondido, que la de una substancia espiritual y divina.

18,6. Podemos añadir que pensar en buscar al Padre perfecto y querer penetrar en él para comprenderlo, no podían ser para ese Eón espiritual causas de pasión e ignorancia, sino más bien de perfección, impasibilidad y verdad. Ellos mismos, con ser hombres, no piensan que, cuando buscan comprender al ser perfecto y superior a ellos, para penetrar en su gnosis, por eso hayan caído en la pasión y en la angustia, sino más bien en la gnosis y en la comprensión de la verdad. Pues alegan en su favor las palabras del Señor a sus discípulos: «Buscad y hallaréis» (Mt 7,7), para que buscasen más allá del Demiurgo (que en su imaginación sería muy inferior al Abismo inefable), para encontrar a éste. Y pretenden ser ellos perfectos porque han hallado al ser perfecto que buscaban, mientras aún están en la tierra. En cambio al Eón totalmente espiritual que habita en el Pléroma lo hacen buscar al Protopadre y esforzarse por hallarlo en su grandeza, y desear comprender la verdad del Padre; y, por eso, habría caído en la pasión, y una pasión tal que, si no hubiese venido en su auxilio un Poder que da firmeza a todas las cosas, la substancia de ese Eón se habría deshecho y habría sido exterminado.

18,7. ¡Qué presunción tan loca, digna sólo de hombres que han perdido el sentido! Ellos mismos confiesan en sus teorías que este Eón es más antiguo y de más elevada naturaleza que ellos, pues se confiesan a sí mismos un producto del Eón que cayó en la pasión, [771] nacido del Deseo, es decir que este Eón es el padre de su Madre, o en otras palabras su abuelo. Entonces, si hemos de creerles, la búsqueda del Padre produce en los nietos la verdad, la perfección, la solidez, la liberación de la materia perecedera, y los reconcilia con el Padre. En cambio esta misma búsqueda produce en su abuelo ignorancia, pasión, miedo, temor y angustia, de donde está extraída la substancia de la materia. En conclusión, en buscar e investigar al Padre perfecto y desear comunicarse y unirse con él consistiría para ellos la salvación; en cambio dicen que para aquel Eón del que ellos recibieron su existencia, las mismas cosas son causa de perdición y ruina: ¿cómo no va a ser esto enteramente ilógico, irracional y estúpido? Quienes les hacen caso son realmente ciegos que se dejan guiar por otros ciegos, que con justicia caerán (Mt 15,14) en el Abismo profundo de la ignorancia.

3.2.8. La semilla sembrada sin que el Padre lo supiese

19,1. ¿Cómo hablan del semen concebido por su Madre a semejanza de los Angeles que rodean al Salvador, sin forma ni figura e imperfecto, que habría sido sembrado en el Demiurgo sin que éste lo advirtiese, para que, sembrándolo él en las almas que crea, reciban perfección y forma? Lo primero por decir es que los Angeles que rodean al Salvador serían imperfectos, sin forma ni figura, pues la semilla habría sido concebida a su semejanza.

19,2. En segundo lugar: que el Demiurgo no hubiese advertido ni cuando sembraron en él la semilla, ni cuando él la plantó en el hombre, no es sino palabrería inútil y sin sentido, que en absoluto no puede mantenerse en pie. ¿Cómo podía ignorar una tal semilla, [772] si ésta tenía su propia substancia y caracteres? Porque si la semilla no tenía ni substancia ni caracteres, entonces no era nada, y con razón la ignoró el Demiurgo. Mas si una cosa tiene alguna acción o cualidad propia, por ejemplo calor, velocidad, dulzura, o alguna diferencia de color, no se le escapa ni siquiera a los seres humanos, siendo sólo hombres: pues con mayor razón no podría escapársele al Demiurgo, siendo Dios hacedor del universo. Mas con razón no conoció su tal semilla, porque ésta no tiene ninguna propiedad, ni utilidad, ni acción ni substancia; en una palabra, no existe.

Por eso, a mi parecer, dijo el Señor: «En el día del juicio los hombres tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa» (Mt 12,36). Y así, todas esas gentes que ponen tales discursos vacíos en los oídos de los hombres, tendrán que dar cuenta en el juicio de todas esas vaciedades que han inventado contra Dios, cuando presumen de conocer el Pléroma espiritual porque llevan la substancia de la semilla, pues su hombre interior les revela al verdadero Padre; porque si fueran seres psíquicos necesitarían experimentarlo con los sentidos182. ¡En cambio el Demiurgo, que ha recibido dentro de sí toda la semilla que ha depositado en él su Madre, ahora resulta que lo ignora todo y no tiene ni idea de lo que sucede en el Pléroma!

19,3. Ellos son seres pneumáticos porque una partecita del Padre de todas las cosas ha sido depositada en su alma, y así su alma es de la misma substancia que la del Demiurgo -¡eso dicen!-; pero éste, aunque de una sola vez recibió en su seno todas las semillas de la Madre, sin embargo siguió siendo psíquico, y por eso no pudo comprender las realidades superiores, que ellos -así presumen- ya han conseguido conocer desde su estancia en esta tierra. ¿No es ésta la más grande de las necedades? Imaginar que el mismo semen suyo que produjo en sus almas la gnosis y la perfección, fue el que sembró la ignorancia en el Dios que los hizo, no puede soñarlo sino una mente loca y enteramente vacía.

19,4. Tiene menos sentido lo que andan diciendo: que al depositarse la semilla, ésta toma forma, crece y se prepara para recibir al Verbo perfecto. [775] La unión con la materia que habría tenido la substancia que, según ellos, proviene de la penuria y la ignorancia, sería más capaz y útil que la Luz de su Padre; porque ésta habría sido la causa de que sus productos hayan nacido sin forma ni figura; en cambio de aquella substancia habrían adquirido forma, figura y crecimiento. Porque en tal caso la Luz del Pléroma que fue el origen de los espirituales, no tenía forma ni figura ni magnitud propias; en cambio la decadencia les dio todas estas cualidades para perfeccionarlos. Esto quiere decir que es mucho más eficaz y fructuoso permanecer en este mundo -al que ellos llaman tinieblas-, que en lo que ellos llaman la Luz del Padre.<