San Ireneo de Lyon, Contra los Herejes

LIBRO I: EXPOSICION DE LAS DOCTRINAS GNOSTICAS

Prólogo

[437] Pr. 1. Algunos, rechazando la verdad, introducen falsos discursos y, como dice el Apóstol, «prestan más atención a cuestiones acerca de genealogías sin fin, que a edificar la casa de Dios por la fe» (1 Tim 1,4). Por medio de semejanzas elaboradas de modo engañoso, trastornan las mentes de los menos educados y las esclavizan, falseando las palabras del Señor. Interpretan mal lo que ha sido bien dicho, y pervierten a muchos, atrayéndolos con el cebo de la gnosis40. Los separan de aquel que ha creado y ordenado el universo, [440] como si ellos pudiesen mostrar algo más alto y de mayor contenido que aquel que hizo el cielo, la tierra y todo cuanto contienen (Ex 20,11). Persuaden con su facilidad de palabra a los más simples para que se pongan a buscar41; pero luego arrastran a la ruina, inculcando impías y blasfemas opiniones acerca del Demiurgo, a quienes son incapaces de discernir lo falso de lo verdadero.

Pr. 2. No es fácil descubrir el error por sí mismo, pues no lo presentan desnudo, ya que entonces se comprendería, sino adornado con una máscara engañosa y persuasiva; a tal punto que, aun cuando sea ridículo decirlo, hacen parecer su discurso más verdadero que la verdad. De este modo con una apariencia externa engañan a los más rudos. Como decía acerca de ellos una persona más docta que nosotros, ellos mediante sus artes verbales hacen que una pieza de vidrio parezca idéntica a una preciosa esmeralda, hasta que se encuentra alguno que pueda probarlo y delatar que se trata de un artificio fabricado con fraude. [441] Cuando se mezcla bronce con la plata, ¿quién entre la gente sencilla puede probar el engaño?

Ahora bien, temo que por nuestro descuido haya quienes como lobos con piel de oveja desvíen las ovejas (Mt 7,15), engañadas por la piel que ellos se han echado encima, y de los cuales el Señor dice que debemos cuidarnos (pues dicen palabras semejantes a las nuestras, pero con sentidos opuestos). Por eso, después de haber leído los comentarios de los discípulos de Valentín (como ellos se llaman a sí mismos), de haberme encontrado con varios de ellos y ahondado en su doctrina, me pareció necesario, mi querido hermano, declararte los altísimos misterios «que no todos pueden captar» (Mt 19,11), porque no todos han vaciado su cerebro42, a fin de que tú, conociéndolos, se los expongas a todos los que te rodean, y de este modo los prepares para que se cuiden de caer en el abismo43 de tal insensatez y de su blasfemia contra Dios.

En cuanto esté en nuestra capacidad, te expondremos de manera clara y sintética lo que andan enseñando los discípulos de Ptolomeo, que son como la flor de la escuela de Valentín; y, en cuanto lo permita nuestra pequeñez, ofreceremos a los demás los medios para refutarlos, haciéndoles ver que cuanto aquéllos andan diciendo no puede mantenerse en pie ni está de acuerdo con la verdad. No estoy acostumbrado a escribir ni domino el arte de hablar; [444] pero, impulsados por la caridad, exponemos a ti y a los tuyos las doctrinas que hasta ahora se mantenían ocultas y que por la gracia de Dios ahora salen a la luz del día: «Nada hay escondido que no se descubra, y nada oculto que no llegue a saberse» (Mt 10,26).

Preludio 3. Te suplico que no me pidas que te escriba con un arte que no he aprendido, porque vivo entre los Celtas y de ordinario tengo que expresarme en una lengua bárbara; ni tengo la facilidad de un escritor, pues no me he ejercitado; ni sé hablar con discursos elegantes o persuasivos; sino que te suplico recibas con amor lo que he escrito con amor, de manera sencilla, sin más adornos que la verdad y la sinceridad. Tú desarrollarás por tu cuenta estos escritos, pues eres más capaz que yo de hacerlo. Como quien dice, tú recibes de mí el impulso y la semilla, para que la hagas dar fruto abundante44, extendiendo con tu espíritu lo que te expongo en breves palabras, y explicarás con fuerza a los que te rodean aquello que yo redacto para ti de manera tan débil. Por mi parte ahora respondo por escrito a tus deseos que desde hace tiempo has expresado de conocer las doctrinas de aquéllos, no sólo aclarándotelas, sino también dándote los medios para que se pruebe su falsedad; así también tú, por tu parte, poniendo a la acción la gracia que el Señor te ha dado, ofrece este servicio a los demás, [445] para que las personas ya no se vean arrastradas por sus engaños.

1. Doctrina básica de los gnósticos

1.1. El Pléroma. Los Eones en el interior el Pléroma

1,1. Dicen que en las alturas invisibles e inefables existe un Eón perfecto, preexistente, al que llaman Protoprincipio, Protopadre y Abismo (Bythos): él sería invisible, incomprensible, sempiterno e ingénito, y vivió en un profundo reposo y soledad por siglos infinitos. Con él estaba el Pensamiento (Ennoaia), a quien también llaman Gracia (Cháris) y Silencio (Sigè). Cierto día este Abismo decidió emitir el Abismo como Principio (Archè) de todas las cosas: entonces depositó este como Semen (Spérma) que había pensado emitir, en el vientre del Silencio, que era su compañera45. Esta recibió el semen y quedando preñada engendró la Mente (Noûn), según la imagen y semejanza del que lo había emitido, y la única capaz de captar la grandeza del Padre. A la Mente también lo llaman el Unigénito (Monogenê), [448] o bien el Padre o el Principio de todas las cosas. Junto con él fue emitida la Verdad (Alétheia). Esta es la original y primitiva Tétrada de Pitágoras, a la que también llaman la raíz de todas las cosas: está formada por Abismo, Silencio, Mente y Verdad.

El Unigénito, habiéndose dado cuenta de por qué motivo había sido emitido, a su vez emitió el Verbo (Lógos) mismo y la Vida (Zoé), Padre de todos los que vendrían después de él46, principio y formación de todo el Pléroma47. A su vez, el Logos y la Vida, a manera de unión matrimonial (sydzygía), emitieron el Hombre (Anthropos) y la Iglesia (Ekklesía). Esta es la Ogdóada48 primigenia, raíz y sustrato de todas las cosas, que ellos designan con cuatro nombres: Abismo, Mente, Logos y Hombre. Cada uno de éstos está formado por un elemento masculino y otro femenino, de esta manera: en primer lugar el Protopadre se ha unido sexualmente con su Pensamiento (al que llaman Gracia y Silencio); el Unigénito (también nombrado Mente), se unió con la Verdad; [449] en seguida el Verbo con la Vida; y por último el Hombre con la Iglesia.

1,2. Como todos estos Eones fueron emitidos para la gloria del Padre, queriendo por su cuenta glorificar al Padre, a su vez produjeron otras emisiones por vía matrimonial. El Verbo y la Vida, después de haber emitido el Hombre y la Iglesia, emitieron otros diez Eones, a los cuales han puesto estos nombres: Abismal (Bythios) y Confusión (Míxis), Agératos49 y Unidad (Hénosis), Autoproducto (Autophyès) y Satisfacción (Hedoné), Inmóvil (Akínetos) y Mezcla (Synkrasis), Unigénito (Monogenès) y Felicidad (Makaría). Esto son, dicen, los diez Eones que el Verbo y la Vida emitieron. A su vez el Hombre y la Iglesia emitieron doce Eones, a quienes nombran: Paráclito (Parákletos) y Fe (Pístis), Paterno (Patrikòs) y Esperanza (Elpís), Materno (Metrikòs) y Caridad (Agápe), Eterno (Aeínous) y Entendimiento (Synesis), Eclesiástico (Ekklesiastikòs) y Dicha (Makariotès), Deseado (Theletòs) y Sabiduría (Sophía).

1,3. Esta es su desvariada doctrina de los treinta Eones impronunciables e inconoscibles. Este Pléroma, según ellos invisible y espiritual, está dividido en los tres grupos de la Ogdóada, la Década y la Docena50. Por eso dicen que el Salvador -al que se niegan a llamar Señor- durante treinta años nada hizo en público, a fin de revelar el misterio de los Eones. [452] En cambio dicen que los treinta Eones quedan claramente declarados en la parábola de los obreros enviados a la viña: a unos se les envía en la hora prima, a los segundos alrededor de la tercia y a los terceros a la sexta, otros a la nona, y a los últimos a la undécima. Si se suman las diversas horas, producen el número treinta, pues uno más tres más seis más nueve más once suman treinta. Según ellos, estas horas representan a los

Eones. Y estos son los grandes, admirables y recónditos misterios, frutos de sus maquinaciones, además de todos los otros pasajes de las Escrituras que ellos amoldan para que se acomoden a sus creaciones.

1.2. Cómo se desarrolló el Pléroma

1.2.1. El Protopadre y el Unigénito

2,1. Dicen que solamente el Unigénito, o sea la Mente, conoce al Protopadre del que nació; en cambio para todos los demás Eones éste es invisible e incomprensible. Pues, según ellos, sólo la Mente se gozaba viendo al Padre y se deleitaba al contemplar su inmensa grandeza. Y trataba de hacer partícipes de la grandeza del Padre también a los otros Eones, [453] dándoles a saber cuán grande y excelso es, y cómo no tenía principio e incapaz de ser visto y comprendido. Mas el Silencio lo contuvo por mandato del Padre, pues quería inducir a todos el deseo de entender e investigar al Padre. También los demás Eones secretamente ansiaban ver al que había emitido su esperma y escrutar al que había sido su raíz sin principio.

1.2.2. La pasión de la Sabiduría

2,2. Emergió el último y más joven de los doce Eones, el Eón nacido de Hombre e Iglesia, es decir Sabiduría, y experimentó una pasión51 fuera del abrazo de su esposo Deseado. Esta pasión había surgido de la Mente y la Verdad, y contagió a este Eón, o sea la Sabiduría, que se alteró bajo pretexto de amor; pero en realidad fue de arrogancia, porque no tenía, como la Mente, comunicación con el Padre perfecto. La pasión consistía en la búsqueda del Padre52; pues, como dicen, quería comprender su grandeza; mas, como no era capaz porque emprendía una tarea imposible, se halló de pronto en una inmensa agonía por la grandeza del Abismo de lo ininvestigable del Padre, y por su amor hacia él; y como siempre se lanzaba más hacia adelante, al final habría quedado diluida en la dulzura del Padre y disuelta en la Substancia universal, si no le hubiera salido al paso la Potencia que consolida y conserva todas las cosas fuera de la inefable grandeza. [456] Llaman Límite (Hóros) a esta Potencia. Esta, pues, sostuvo y reafirmó a Sabiduría, la cual, apenas vuelta sobre sí misma, se convenció de que el Padre es incomprensible, depuso su primer Deseo53 con la pasión que se había producido, nacida de la admiración llena de estupor.

2,3. Algunos de ellos narran en forma de mito esta pasión y retorno de la Sabiduría: por haber pretendido una cosa imposible e incomprensible, dio a luz una substancia tan amorfa como la puede producir una mujer. Al darse cuenta, primero se entristeció por haber dado a luz algo inacabado, y luego tuvo miedo de que aun eso se le muriese; entonces se llenó de angustia, buscando la causa de lo que había sucedido [457] y cómo podría ocultar lo que de ella había nacido. Después de hundirse en estos sufrimientos, ella experimentó un regreso y trató de volver al Padre; pero, después de animarse por breve tiempo, se desalentó y suplicó al Padre, y a su ruego se unieron los otros Eones, sobre todo la Mente. Aquí es donde, según ellos, tuvo su primer inicio la substancia de la materia, nacida de la ignorancia, la tristeza, el temor y el estupor.

2.4. Entonces, además de estos Eones, el Padre por medio del Unigénito engendró según su imagen al antedicho Límite, sin unión sexual o matrimonial. Pues ellos algunas veces presentan al Padre con su esposa Silencio, y otras veces como varón y mujer. [460] A este Silencio también suelen llamarlo Cruz (Stauròs), Redentor (Lytrotès), Emancipador (Karpistès), Limitador (Horothétes) y Guía (Metagogéa). Este Límite fue el que purificó y fortaleció a la Sabiduría y la restituyó a su matrimonio. Porque, cuando se separó de ella por el Deseo (Enthymésis) con la pasión que le sobrevino, él sin embargo quedó dentro del Pléroma. Pero el Deseo junto con su pasión fue crucificado por el Límite y echado [461] fuera del Pléroma54. De ahí brotó una substancia espiritual, pues se trataba del ímpetu natural de un Eón, sin forma ni figura porque no recibió ninguna; y por eso lo llaman su fruto débil y femenino.

1.2.3. Cristo, el Espíritu Santo y el Salvador

2,5. Después que ella se separó del Pléroma de los Eones y su Madre fue reintegrada a su matrimonio, de nuevo el Unigénito emitió otra pareja, según la providencia del Padre: a Cristo (Christòs) y Espíritu Santo (Pneûma Hágion), a fin de que los Eones no volvieran a sufrir de modo semejante con la misma pasión: de esta manera éstos llevaron a los Eones a su perfección en el Pléroma. Cristo les enseñó la naturaleza del matrimonio (pues eran lo bastante capaces para conocer y comprender al Ingénito)55, y les declaró sobre el conocimiento del Padre, revelándoles que es incomprensible, [464] inaferrable, y que nadie puede verlo ni oírlo sino sólo mediante el Unigénito. La causa de la duración eterna de los otros Eones es lo incomprensible del Padre; en cambio el motivo del engendramiento y formación del Unigénito es lo que en éste hay de comprensible, pues se trata del Hijo. Esto es lo que el Cristo llevó a cabo apenas fue emitido.

2,6. El Espíritu Santo, habiendo dignificado a los Eones, les enseñó a dar gracias y les concedió el verdadero reposo. Por eso, dicen, los Eones fueron creados con el mismo género y forma, y todos llegaron a ser Mentes, Verbos, Hombres y Cristos; y todos los elementos femeninos, de igual manera, llegaron a ser Verdades, Vidas, Espíritus e Iglesias. Y dicen que habiéndose consolidado así todas las cosas, y finalmente puestas en reposo, con gran gozo cantan himnos al Padre primordial, que comunica la grande alegría.

[465] Y a causa de este don, con una sola voluntad y decisión, todo el Pléroma de los Eones, junto con el Cristo y el Espíritu, y estampando su sello junto con ellos el Padre de todos, cada uno de los Eones, poniendo cuanto tenía de más bello y floreciente, y tejiéndolo todo de manera armoniosa y uniéndolo cuidadosamente, emitieron un producto para honor y gloria del Abismo. Este es Jesús, el fruto consumado, la belleza más perfecta y el astro del Pléroma, al que también se le llama Salvador, Cristo y Verbo -en relación con el nombre del Padre- y el Todo (Pánta), porque fue hecho por todos. Y fueron emitidos junto con él los ángeles, del mismo origen que él, para que le sirvan de escoltas y para honrarlos a ellos.

1.3. Cómo abusan de la Escritura

3,1. Esta es, pues, lo que ellos llaman la producción (pragmateía) que se realizó en el interior del Pléroma: la pasión de este Eón que casi se perdió por la caída en la materia múltiple, por el ansia de buscar al Padre: la mezcla hexagonal de Límite, Cruz, Redentor, [468] Emancipador, Limitador y Guía. Y el nacimiento, posterior al de los Eones, del Cristo y del Espíritu Santo emitidos del arrepentimiento por el Padre. Y al final la formación del segundo Cristo, al que llaman Salvador (Sotêr), que proviene de una obra común.

Sin embargo tales cosas no habrían sido dichas claramente (por las Escrituras), porque no todos alcanzarían a comprenderlas (Mt 19,11); sino que el Salvador las reveló por medio de parábolas a quienes eran capaces de entenderlas: que los treinta Eones están representados por los treinta años en los cuales dicen que el Salvador nada habló abiertamente (Lc 3,23) y por los obreros enviados a la viña (Mt 20,1-7), como arriba dijimos. Y dicen que Pablo de manera muy clara habla de los Eones continuamente, y que incluso conserva su jerarquía cuando dice: «En todas las generaciones por los Eones de los Eones»56 (Ef 3,21). Y también nosotros cuando damos gracias57 [469] diríamos: «Por los Eones de los Eones». De esta manera, siempre que encuentran esta expresión, pretenden que se refiere a los Eones.

3,2. La emisión de los doce Eones estaría indicada en el hecho de que Jesús disputó con los doctores de la Ley a los doce años (Lc 2,42-46) y en la elección de los doce Apóstoles: pues eligió a doce (Mt 10,2; Lc 6,13). Y los otros dieciocho Eones están señalados en los dieciocho meses en los cuales, después de resucitar de entre los muertos, convivió con los discípulos, además de las primeras letras de su nombre, iota y eta58, con toda evidencia manifestarían los dieciocho Eones. Igualmente los diez Eones estarían indicados en la iota inicial de su nombre, y por eso el Salvador habría dicho: «No pasará ni una iota ni un acento de la Ley sin se cumpla» (Mt 5,18).

3,3. También afirman que la pasión que recayó [472] en el duodécimo Eón está sugerida en la apostasía de Judas, pues era el duodécimo de los Apóstoles, y porque padeció el mes duodécimo: porque, según ellos hipotizan, Jesús habría predicado sólo durante un año después de su bautismo (Lc 4,19; Is 61,2). También estaría claramente escondido este misterio en aquella mujer que sufría el flujo de sangre59: en efecto, lo padeció durante doce años, pero la curó la venida del Salvador, cuando ella tocó la orilla de su vestido (Mt 9,20; Lc 8,44), y por eso el Salvador dijo: «¿Quién me tocó?» (Lc 8,45). De este modo enseñó a sus discípulos lo que había sucedido en el misterio de los Eones, y la curación del Eón que había sufrido la pasión: en el sufrimiento que duró doce años estaba representada aquella Potencia, pues su substancia fluía y se extendía sin límite. Y si no hubiese tocado el vestido del Hijo, es decir de la Verdad de la primera Tétrada, que se manifestó en la orilla del vestido, se habría disuelto [473] toda su substancia. Pero el flujo se detuvo (Lc 8,44) y liberó de la pasión por el Poder salido del Hijo (Lc 8,45-46). Esta Potencia sería el Límite, según dicen, que la curó y le arrancó la pasión.

3,4. Que el Salvador emitido por todos (los Eones) sea la Totalidad (Pân), dicen que está escondido en aquella palabra: «Todo macho que abra la matriz» (Lc 2,23; Ex 13,2). Pues, siendo la Totalidad, abrió la matriz de Deseo del Eón caído en pasión cuando fue separado del Pléroma. Ellos llaman este Deseo la Segunda Ogdóada, de la que adelante hablaremos. Pretenden que Pablo también habría dicho refiriéndose claramente a él: «El es todas las cosas» (Rom 11,36). Y también: «En él habita toda la plenitud de la divinidad» (Col 2,9). [476] Y: «Dios ha recapitulado todo en Cristo» (Ef 1,10). Así es como ellos interpretan estos pasajes y todos los semejantes.

3,5. En cuanto al Límite, al que llaman con muchos nombres, afirman que tiene dos funciones: la de consolidar y dividir: en cuanto consolida y confirma se llama Cruz; en cuanto divide y demarca se llama Límite. Dicen que el Salvador declaró sus funciones, cuya primera es la de constituir, cuando dijo: «Quien no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Lc 14,27; Mt 10,38); y: «Toma tu cruz y sígueme»60 (Mc 10,21; Mt 16,24). Y la función de separar, cuando dijo: «No vine a traer la paz, sino la espada» (Mt 10,34). También dicen que Juan (el Bautista) lo enseñó claramente: «En su mano está el bieldo para limpiar la era; recogerá el trigo en su granero y quemará la paja con fuego inextinguible» (Lc 3,17). Con estas palabras habría señalado la obra del Límite: interpretan el bieldo como Cruz, porque [477] destruye todos los elementos materiales como el fuego consume la paja, y en cambio limpia a los que deben salvarse, como el bieldo el trigo. También el Apóstol Pablo habría dicho lo mismo, cuando hace memoria de la Cruz: «El mensaje de la cruz es vanidad para los que se pierden; mas para aquellos que se salvan es poder de Dios» (1 Cor 1,18); y también: «No me glorío sino en la cruz de Cristo, por la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo» (Gál 6,14).

3,6. Enseñan todas estas vaciedades acerca de su Pléroma y de la plasmación61 de todas las cosas, tratando de adaptar aquellas cosas que han sido bien dichas a las que ellos inventaron mal por sí mismos. Y no sólo toman de los Evangelios y de las cartas apostólicas los argumentos para sus doctrinas, trastocando su interpretación y adulterando su exégesis; sino también de la Ley y los profetas: como éstos narran muchas parábolas, alegorías y otros dichos que se prestan a ser arrastrados en cualquier sentido, ellos acomodan su ambigüedad a sus invenciones, por medio de exégesis dolosas. De esta manera mantienen en cautiverio lejos de la verdad a quienes no mantienen una fe firme en el único Dios Padre omnipotente y en Jesucristo, el Hijo único de Dios.

1.4. Fuera del Pléroma: Achamot62 origina la materia

4.1. Según sus teorías, [480] fuera del Pléroma sucede lo siguiente: el Deseo de la Sabiduría superior, a la que llaman Achamot, alejada del Pléroma por motivo de su pasión, como dicen, anduvo vagando en los lugares de la sombra y del vacío: en efecto, salió de la Luz del Pléroma, sin forma y sin figura como un aborto, por no haber logrado nada. Pero el Cristo superior tuvo misericordia, y extendiéndose en la Cruz, con su poder le creó una forma, pero sólo en cuanto a la substancia, no en cuanto al conocimiento. Una vez realizada esta obra se retiró, llevándose su poder y dejándola, a fin de que, sintiendo la pasión debida a la separación del Pléroma, desee las realidades superiores, gozando de un cierto olor de incorrupción que le dejaron Cristo y Espíritu Santo. Por eso se le llama con dos nombres: Sabiduría por motivo de su padre -pues su padre se llama Sabiduría- y Espíritu Santo por el espíritu que está junto a Cristo.

Una vez que recibió la forma y se hizo consciente, de pronto la abandonó el Verbo que estaba con ella, es decir Cristo, ella se entregó de nuevo a buscar la Luz que la había abandonado. [481] Sin embargo ella no pudo alcanzarla, porque el Límite se lo impedía. Y el Límite así la habría llamado cuando ella se lanzaba hacia afuera: «¡Iao!» Por eso también se le llama Iao. Y como ella no pudo atravesar el Límite, porque había abrazado la pasión y por eso había quedado afuera (del Pléroma) ella sola, sucumbió a todo tipo de sufrimientos múltiples y variados. Y la invadió la tristeza por no haber podido aprehender la Luz; y además temor de que, así como la Luz, también se le escapase la Vida. Todo esto la consternó y la invadió la ignorancia. A diferencia de su madre, el Eón de la primera Sabiduría, sus pasiones la cambiaron, al contrario de aquélla. Entonces vino sobre ella otro deseo apasionado: el de convertirse a aquel que le había dado la vida.

4,2. Dicen que éste fue el origen y la esencia de la materia de la cual está compuesto el mundo. Del desarrollo del mundo y del Demiurgo toda alma sacó su origen, [484] y todo lo demás fue formado del temor y la tristeza. Porque de sus lágrimas (de Achamot) provienen todas las substancias húmedas, de su risa las brillantes, y de la tristeza y el temor los elementos materiales del mundo. Pues, según su teoría, unas veces lloraba y se ponía triste al sentirse sola y desamparada en la oscuridad y el vacío; otras veces se reía pensando en la Luz que la había abandonado; a veces en cambio sentía temor; y finalmente en otras ocasiones salía de sí por la angustia.

1.4.1. Refutación

4,3. ¿Qué decir de todo esto? Que no es, en verdad, sino una gran comedia, ver cómo cada uno de ellos en su fantasía expone de manera diversa, pero muy seria, de qué pasión y de cuál elemento tomó origen la substancia. Pero ellos, y a mi juicio con toda razón, no quieren enseñar abiertamente a todos, sino sólo a quienes pueden pagar bien por tales misterios. Pues estas cosas no se parecen a aquéllas de las que dijo el Señor: «Dad gratis lo que gratis habéis recibido» (Mt 10,8); porque estos son misterios abstrusos, portentosos y profundos elaborados con gran trabajo para aquellos a quienes les encanta ser engañados. Porque ¿quién no gastaría todo su dinero por aprender que los mares, las fuentes, los ríos y todo elemento líquido tuvieron su origen en las lágrimas del Deseo el Eón que cayó en la pasión, que de su risa surgió la Luz, y de su temor y angustia los elementos corporales del mundo?

4,4. Yo también quiero contribuir un poco a su producción63. Porque veo que algunas aguas son dulces, [485] como las fuentes, los ríos, las lluvias, etc.; en cambio las del mar son saladas; por eso no debieron todas ellas tener su origen en las lágrimas, ya que éstas son saladas. Porque es evidente que las aguas saladas provienen de las lágrimas. Pero también se me ocurre que ella debió haber sudado cuando se hallaba en violenta lucha con la angustia. Y así, continuando con su hipótesis, hemos de suponer que las fuentes, ríos y otras aguas dulces tuvieron origen en su sudor. Porque no es probable que, siendo las lágrimas saladas, de ellas hayan nacido tanto las aguas saladas como las dulces. Es, pues, más persuasivo decir que unas aguas brotaron de sus lágrimas y otras de su sudor. Y como en el mundo existen además aguas calientes y ácidas, debes también entender cómo se produjeron y por qué órgano fueron emitidas. Estos son los frutos más congruentes con sus argumentos.

1.4.2. Origen de la creación exterior

4,5. Una vez que su Madre pasó a través de todas las pasiones de las cuales apenas pudo liberarse, dicen ellos que se puso a suplicar a la Luz que la había abandonado, o sea el Cristo. Este, habiendo regresado al Pléroma, parece que ya no le quedaron ganas de volver a bajar. Mejor le mandó al Paráclito, o sea al Salvador, siendo el Padre [488] quien le dio todo poder (Mt 11,27; Lc 10,22) y puso todas las cosas bajo su dominio, y los Eones hicieron algo semejante, a fin de que «en él tuviesen consistencia todas las cosas, las visibles y las invisibles, los Tronos, Divinidades y Dominaciones» (Col 1,16)64. Fue enviado pues (Cristo) junto con los Angeles sus acompañantes.

Achamot se llenó de reverencia y primero se cubrió con un velo, y en seguida, una vez que lo vio con todos sus frutos, se le acercó para recibir el milagro de su manifestación. El entonces le dio la forma gnóstica y la curó de sus pasiones; pero sin quitárselas -porque ya no era posible hacerlas desaparecer como había sucedido con la primera (Sabiduría), porque ya se habían arraigado y fortalecido-; sino que las puso aparte, las mezcló y coaguló para transferirlas de la pasión incorpórea a la materia incorpórea. Luego les hizo una naturaleza adaptable, para permitirle formar las diversas combinaciones de los cuerpos, [489] de manera que surgieran dos substancias: una mala, brotada de las pasiones, y otra que fuera capaz de convertirse65. Por eso dicen que el Salvador actuó con el poder del Demiurgo. Una vez que Achamot se vio libre de la pasión, concibió con gozo la visión de las Luces que lo acompañan (al Salvador), es decir los Angeles66. Enseñan que, alegrándose al verlos, ella dio a luz frutos a su imagen (de los Angeles); es decir, un parto [492] espiritual a semejanza de los guardias del Salvador67.

1.4.3. Creación previa del Demiurgo

5,1. De esta manera, pues, habrían surgido los tres elementos: el primero es el material (hylico) nacido de la pasión, el segundo es el psíquico surgido de la conversión, y el tercero el espiritual dado a luz por ella (Achamot); de modo que ella se abocó a darles la forma. Pero no fue capaz de dar forma al elemento espiritual (pneumático), porque tenía su misma substancia. Entonces se volvió a formar el elemento nacido de la conversión, que es la substancia psíquica, de acuerdo con las enseñanzas del Salvador. En primer lugar, según dicen, de la substancia psíquica formó al (Dios y) Padre y Rey de todas las cosas que le son consubstanciales, o sea las psíquicas, a las cuales llaman «la derecha»; y también a las que provienen de la pasión y de la materia, a las cuales llaman «la izquierda». Dicen que formó todos los seres que vienen después de él, impulsado en secreto por su Madre. Por este motivo lo llaman «Padre-Madre (Metropátora)», «Sin Padre (Apátora)», «Demiurgo» y «Padre». Lo llaman Padre de los seres de la derecha, [493] o sea de los psíquicos; Demiurgo de los seres de la izquierda, o sea de los materiales y Rey de todos. Porque dicen que este Deseo, queriendo hacer todas las cosas en honor de los Eones, fabricó imágenes de éstos; o, mejor dicho, el Salvador los hizo por su medio. Ella (Achamot) conservó la imagen del Padre invisible desconocida para el Demiurgo; así como éste la imagen del Hijo Unigénito, y los Arcángeles y Angeles hechos por él, las imágenes de los demás Eones.

5,2. De esta manera él (Demiurgo) se convirtió en Dios y Padre de todo cuanto existe fuera del Pléroma, siendo el Hacedor de todos los seres psíquicos y materiales. Separando las dos sustancias que se hallaban mezcladas; y a partir de las incorpóreas hizo las corporales; fabricó los seres celestes y terrestres y se convirtió en Demiurgo de las cosas psíquicas y materiales, derechas e izquierdas, ligeras y pesadas, que suben o que bajan. De esta manera, dicen, el Demiurgo hizo siete Cielos sobre los cuales él habita. Por eso también lo llaman «Semana» (Hebdomáda o sea séptima), mientras que a la Madre dan el nombre de Ogdóada (es decir octava), o sea a Achamot, que conserva el número de la Ogdóada basica y original, que es la del Pléroma. Estos siete Cielos, según dicen, son inteligentes, los cuales, según ellos enseñan, serían [496] los Angeles. El Demiurgo también sería un Angel, pero semejante a un Dios. Igualmente al Paraíso, que quedaría encima del tercer cielo, lo llaman el cuarto Arcángel en poder, y Adán habría recibido de éste alguna cosa, cuando permaneció en ese cielo.

5,3. También afirman que el Demiurgo creyó haber fabricado todas las cosas por sí mismo; pero hizo las cosas de Achamot68: pues fabricó el cielo sin que lo supiera Cielo, y plasmó al ser humano en la ignorancia de Hombre, así también la tierra sin que Tierra estuviese informada. Igualmente en todas las cosas ignoró los modelos de los seres que hacía, e incluso ignoró a la Madre misma, imaginando que él lo era todo. El motivo de haber actuado así, dicen, fue su Madre que quiso producirlo, pues lo hizo Principio y Cabeza de su substancia, y Señor de todas sus obras. A esta Madre ellos la llaman Ogdóada, Sabiduría, Tierra, Jerusalén, Espíritu Santo, así como también Señor, en masculino. Ella ocupa la Región Intermedia (Mesótes), [497] porque está por sobre el Demiurgo, pero debajo y fuera del Pléroma hasta la consumación (del mundo).

5,4. Ellos dicen que la substancia material se sustenta de tres pasiones: el temor, la tristeza y la ansiedad. Del temor y la conversión tomaron su fundamento los seres psíquicos. De la conversión sacó su origen el Demiurgo. Y del temor brotaron las demás substancias psíquicas, de los animales irracionales y de los seres humanos. Y por este motivo (el Demiurgo), pues los seres espirituales eran demasiado elevados para que pudiese conocerlos, se imaginó que él era el único Dios. Por eso dijo por los profetas: «Yo soy Dios y fuera de mí no hay ningún otro» (Is 45,5; 46,9).

Enseñan, además, que de la tristeza fueron elaborados los «espíritus del mal» (Ef 6,12): de ella sacaron su origen el Diablo, al que ellos llaman «Soberano del mundo» (Kosmokrátor), los demonios y todos los seres malvados. Pero dicen que el Demiurgo es el hijo psíquico de su Madre, en cambio el Soberano del mundo es una creatura del Demiurgo. Sin embargo, el Soberano del mundo sí comprende las cosas que existen por encima de él, porque es espíritu, por más que sea del mal; en cambio el Demiurgo las ignora, porque es una substancia psíquica. Y dicen que la Madre habita en un lugar celeste, es decir en la Región Intermedia (Mesóti), mientras el Demiurgo reside en un lugar celeste, es decir [500] en la Semana, y el Soberano del mundo radica en nuestro mundo.

Del espanto y la angustia (pues son sentimientos pesados) brotaron los seres corporales: la tierra del estado de terror, el agua del movimiento del temor, el aire de la concetración de la tristeza. El fuego, por su parte, se halla en todos ellos para engendrar la muerte y la corrupción; así como la ignorancia se halla escondida en las tres pasiones.

1.4.4. Creación de los tres tipos de hombres

5.5. Una vez fabricado el mundo, también hizo al ser humano, «sacado de la tierra»69 (Gén 2,7; 1 Cor 15,47). No lo hizo de tierra seca, sino tomando algo de la substancia invisible, de la materia difusa y fluida, en la cual sopló el elemento psíquico. Este es el hombre hecho «a imagen y semejanza» (Gén 1,26). Ante todo según la imagen es el hombre hylico70: cercano, pero no consubstancial a Dios71. [501] Según la semejanza es el hombre psíquico, a cuya substancia se le llama «espíritu de vida» (Gén 2,7), porque surge de un fluido espiritual. Y, dicen ellos, en tercer lugar la «túnica de piel» (Gén 3,21): ésta sería la carne sensible.

5.6. Respecto al parto de su Madre Achamot, que engendró cuando contemplaba los Angeles que rodean al Salvador, era consubstancial a su Madre, pneumático, pero el Demiurgo lo ignoró, porque fue colocado en él de modo secreto, sin que él lo advirtiera, a fin de que fuese sembrado en la psyche que de él provenía y en este cuerpo material. Gestado de esta manera en estos elementos y desarrollado como en un vientre, estaría preparado para recibir el Deseo perfecto. Así pues, como dicen, quedó oculto al Demiurgo el hombre pneumático72 que había sido sembrado por la Sabiduría en su soplo (Gén 2,7), con inefable poder y providencia. Así como él ignoró a su Madre, así también desconoció su esperma al que llaman Iglesia, que es una imagen de la Iglesia que está en las alturas. De esta manera pretenden ellos que se haya originado el hombre que en ellos existe: recibió la psyche del Demiurgo, el cuerpo del lodo y la carne de la materia; [504] pero el hombre pneumático surgió de su Madre Achamot.

1.4.5. Destino de los tres tipos de hombres

6.1. Son tres, pues, los tipos de hombre: el primero es material (hylico), al que llaman «de izquierda», que por necesidad perece, el cual es incapaz de recibir ningún soplo de incorrupción. El animado (psychico)73, también llamado «de derecha», que queda entre el material y el espiritual, que se inclinará hacia el lado que lo arrastre su propensión. Y el espiritual (pneumático), que fue enviado al animado a fin de que, estando en éste, lo educase. Este elemento espiritual, dicen ellos, es «la sal» y «la luz del mundo» (Mt 5,13-14). En efecto, el hombre psíquico necesitaba una educación por los sentidos. Con este objeto el mundo habría sido fabricado y el Salvador habría venido al lado de este hombre animado (psíquico), porque es libre, para salvarlo. Porque, dicen ellos, él ha tomado las primicias de lo que debía salvar: de Achamot el elemento espiritual, del Demiurgo el vestido psíquico (es decir el animado) que es Cristo: por motivo de la Economía74 se le preparó un cuerpo formado con substancia psíquica, [505] pero dispuesto con un arte inefable para que pudiera ser visto, palpado y sufrir. En cambio nada tomó del (hombre) material, porque éste nada tiene que pueda salvarse. La consumación vendrá cuando todo lo espiritual esté perfectemente formado mediante la gnosis. Estos son los hombres espirituales (pneumáticos), que han adquirido el perfecto conocimiento de Dios y a quienes Achamot ha iniciado en los misterios. Ellos pretenden ser estos hombres.75

6,2. También hay enseñanzas psíquicas, que son las que han recibido los hombres animados (psychicos), es decir aquellos que, mediante la fe sencilla y las obras han sido confirmados, pero no tienen la gnosis perfecta: éstos somos los hombres que, según ellos, formamos la Iglesia76. Por eso nos hace falta una buena conducata, pues de otra manera no podremos salvarnos. En cambio enseñan que ellos no se salvan por las obras, sino que, por el hecho de ser de naturaleza espiritual, automáticamente se salvan. Porque, así como lo que nace del lodo es incapaz de acoger la salvación -por no tener potencia de recibirla-; de igual manera lo que por naturaleza es espiritual -y de esta clase pretenden ser ellos- es incapaz de corromperse, [508] sean cuales fueren sus actos. Sucedería como con el oro, que aun cuando caiga en el lodo no pierde su belleza; sino que conserva su naturaleza, pues el lodo es incapaz de dañar al oro. De igual manera, dicen, ellos no pueden sufrir ningún daño ni perder su sustancia espiritual, aunque se hundan en cualesquiera obras materiales.

6,3. Por eso los que entre ellos ya son «perfectos», sin vergüenza alguna hacen lo que quieren, aun todas las acciones prohibidas, de las cuales la Escritura afirma: «Quienes tales cosas hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gál 5,21). Comen, si se les antoja, la carne inmolada a los dioses, pues imaginan que nada puede dañarlos. En todas las fiestas paganas, si les viene en gana, son los primeros en gozar de las fiestas a los ídolos, de modo que no se abstienen ni siquiera de los espectáculos que son una indignidad ante Dios y ante los seres humanos, como las luchas homicidas de los gladiadores entre sí o con las fieras. Algunos de ellos sin freno alguno sirven a los placeres de la carne, excusándose en que los carnales entregan lo que en ellos hay de carnal a los carnales, y los espirituales lo espiritual a los espirituales. Otros de entre ellos en oculto han corrompido a mujeres a quienes enseñan esta doctrina: muchas de estas mujeres a quienes ellos han logrado convencer, lo han confesado junto con otros errores una vez que se han convertido a la Iglesia. Otros de ellos abiertamente y en forma descarada, cuando se apasionan por una mujer, la separan de su esposo para casarse con ella. Otros más, mostrando al principio mucha seriedad, han hecho creer que cohabitaban con ella como hermano [509] y hermana, hasta que pasando el tiempo ha aparecido que la hermana estaba preñada del que se decía su hermano.

6,4. Mientras hacen muchas otras acciones vergonzosas e impías, se ríen de nosotros, que por temor de Dios nos abstenemos de pecar incluso en nuestros pensamientos y palabras, teniéndonos por ignorantes e idiotas. En cambio presumen de ser los perfectos y la semilla de elección. Nosotros, como nos echan en cara, hemos recibido sólo el uso de la gracia, y por eso nos será quitada; en cambio ellos poseen con derecho propio una gracia que ha descendido de arriba, de un matrimonio77 inefable e innombrable, y por eso siempre se les dará más (Lc 19,26). Para lograrlo ellos deben siempre meditar en el misterio de la unión sexual. Esto es lo que predican a los insensatos con estas palabras: «Cualquiera que viva en el mundo (Jn 17,11), si no ha amado a una mujer hasta unirse con ella, ese tal no pertenece a la Verdad (Jn 18,37) ni caminará hacia la Verdad; en cambio aquel que es del mundo (Jn 17,14-16), si se ha unido a una mujer, no habitará en la Verdad, porque se ha unido a ella por concupiscencia». Por ello nosotros, [512] a quienes llaman psíquicos y, según ellos, pertenecemos a este mundo, tenemos que observar por fuerza la continencia y realizar buenas obras para que podamos llegar al Lugar Intermedio. En cambio ellos, que a sí mismos se llaman espirituales y perfectos, de ningún modo lo necesitan78; porque no son las obras lo que lleva al Pléroma, sino la semilla sembrada de lo alto que, aunque es pequeña, acá abajo llega a hacerse perfecta.

7,1. Cuando todo el esperma se haya vuelto perfecto, su Madre Achamot pasará del Lugar Intermedio al interior del Pléroma, y recibirá como esposo al Salvador que ha sido hecho por todos los Eones; a fin de que se consume el matrimonio entre el Salvador y la Sabiduría, que es Achamot. Estos son «el esposo y la esposa» (Jn 3,29), mientras que la cámara nupcial será todo el Pléroma. Entonces los espirituales, que se han despojado de sus almas y convertidos en espíritus puramente intelectuales, entrarán en el Pléroma para convertirse en esposas de los Angeles que forman el entorno del Salvador. A su vez el Demiurgo pasará al lugar de su Madre la Sabiduría, que es el Intermedio. [513] También las almas de los justos descansarán en el Lugar Intermedio; pues nada psíquico puede ingresar dentro del Pléroma. Una vez que todo esto se haya realizado, el fuego escondido en la tierra se encenderá y apoderándose de toda la materia la consumirá, y él mismo, consumiéndose con ella, irá a la nada. El Demiurgo, según dicen, no ha sabido nada de esto antes de que el Salvador viniese.

1.4.6. Variante sobre el Cristo y el Salvador

7,2. Algunos de ellos también andan diciendo que (el Demiurgo) engendró a un Cristo hijo suyo, pero psíquico, el cual habría hablado por los profetas. Este sería el que pasó por María como agua por un tubo79, sobre el cual descendió del Pléroma en el bautismo el Salvador en forma de paloma (Mt 3,16; Lc 3,22); también Achamot habría sembrado en él la semilla espiritual. De donde se sigue que, si hemos de creerles, nuestro Señor estuvo compuesto de cuatro elementos, reproduciendo en sí la imagen de la primera y primordial Quaterna (Tetraktys): de elemento pneumático emitido de Achamot; de psíquico, proveniente del Demiurgo; de la Economía, hecho con arte inefable; y del Salvador, o sea la paloma que descendió sobre él. Y dicen que fue siempre impasible -pues no podía padecer, siendo invisible e incomprensible-. Por eso, cuando fue conducido a Pilato, [516] se le quitó el Espíritu de Cristo que se le había sembrado80. Pero según ellos tampoco padeció el semen que provenía de la Madre; porque era espiritual e invisible aun para el Demiurgo. Por lo tanto habría padecido sólo el Cristo psíquico, el que por la Economía fue elaborado misteriosamente, a fin de que por medio de él la Madre manifieste la imagen del Cristo superior, el cual extendió los brazos en la Cruz y al que Achamot dio la forma de la substancia: todas estas cosas, dicen, serían figura de aquéllos (seres superiores).

7,3. Igualmente predican que las almas que recibieron de Achamot el semen, son mejores que las otras; por eso el Demiurgo más las ama, sin saber por qué son superiores, pues se imagina que de él mismo salieron. Por ese motivo las eligió para ser profetas, reyes y sacerdotes. Pretenden que este esperma mucho habría hablado por medio de los profetas, porque es de naturaleza superior; así también la Madre habría dicho muchas cosas acerca de lo alto; y aun el Demiurgo reveló muchas cosas por medio de las almas que él había hecho81. De este modo ellos dividen las profecías, enseñando que unas son enseñanzas de la Madre, otras del esperma, otras del mismo Demiurgo. Y lo mismo pasa [517] con Jesús: dicen que una parte proviene del Salvador, otra de la Madre, otra del Demiurgo, como expondremos más adelante.

7,4. El Demiurgo, ignorando las cosas superiores a él, quedó admirado de lo que se decía, pero lo atribuyó unas veces a una causa, otras veces a otra: o al Espíritu profético que tiene un propio movimiento, o al hombre, o a una combinación de elementos inferiores. De esta manera se mantuvo en la ignorancia hasta la venida del Salvador. Mas cuando vino el Salvador, de él aprendió todo lo que se había dicho, y con alegría se le unió con todo su poder82. El sería el centurión que en el Evangelio dijo al Salvador: «Yo tengo bajo mi poder servidores y soldados, y ellos hacen lo que les digo» (Mt 8,9; Lc 7,8). El llevará a cumplimiento la Economía del mundo hasta el tiempo oportuno, sobre todo por el cuidado que tiene de la Iglesia y por el conocimiento del premio preparado, ya que habrá de pasar al lugar de la Madre.

7,5. Enseñan, pues, que son tres los tipos de seres humanos: los pneumáticos, los psíquicos y los terrenos83, como fueron Caín, Abel y Set, de modo que éstos representan las tres naturalezas, no [520] de hombres concretos, sino de toda la raza humana. El terreno va directo a la corrupción. El psíquico, si elige las cosas mejores, descansará en el Lugar Intermedio; pero si elige las más bajas, también acabará como aquellas cosas de las que se ha hecho semejante. Achamot, en cambio, desde el principio hasta hoy siembra a los hombres pneumáticos en las almas justas, para educarlos y desarrollarlos aquí en la tierra; a fin de entregarlos después, una vez hechos perfectos, como esposas a los Angeles que forman la guardia del Salvador, mientras sus almas necesariamente quedarán en el Lugar Intermedio para hallar su reposo eterno junto con el Demiurgo. Finalmente distinguen las almas en buenas y malas por naturaleza: las almas buenas son las capaces de recibir la semilla; en cambio las de naturaleza mala nunca podrán ser capaces de acogerla.

1.4.7. La Escritura al servicio de sus teorías

8,1. Esta es su teoría, que ni los profetas anunciaron, ni el Señor enseñó, ni los Apóstoles transmitieron84. Y, sin embargo, ellos se glorían de haber recibido de estas cosas un conocimiento más elevado que todas las demás personas. Todo el tiempo citan textos que no se hallan en las Escrituras85 y, como se dice, fabrican lazos con arena. Y no les preocupa acomodar a sus doctrinas, de una manera confiable, [521] sea las parábolas del Señor, sea los dichos de los profetas, sea la predicación de los Apóstoles. Lo único que tratan de hacer es que sus creaciones no parezcan carecer de pruebas. Por eso enredan el orden y el texto de las Escrituras, y en cuanto pueden separan los miembros (del cuerpo) de la verdad. Transponen y transforman todo y, mezclando una cosa con otra, seducen a muchos mediante la fantasiosa composición que fabrican a partir de las palabras del Señor.

Como si un hábil artista hiciese con toda precisión en un rico mosaico el hermoso retrato de un rey, y luego alguien, para destruir su imagen, arrancase fragmentos de piedra y los volviese a acomodar formando otra figura mal dibujada, por ejemplo de un perro o una zorra; y luego dijese que ese es el bello retrato del rey que el famoso artista había hecho. Ese hombre mostraría las piedras (las mismas que el primer artista había hábilmente acomodado para trazar los rasgos del rey, pero con las cuales el segundo con toda vileza había formado la figura de un perro), para engañar a los más simples que no conocen los rasgos del rey, haciéndoles creer que esa detestable imagen de zorra es su auténtico retrato. Del igual manera esa gente, después de haber juntado fábulas de viejas, añadiéndoles en seguida textos, [542] frases y parábolas pretendieron acomodar a sus mitos la Palabra de Dios. Ya hemos hecho notar los pasajes de la Escritura que ellos aplican a los seres que habitan dentro del Pléroma.

8,2. Veamos ahora los textos de las Escrituras que ellos pretenden atribuir a los sucesos que han tenido lugar fuera del Pléroma. El Señor, alegan, vino a sufrir en los últimos tiempos del mundo, a fin de mostrar la pasión del último de los Eones, para de esta manera dar a conocer el fin para el que fueron hechos los Eones. La niña de doce años, hija del jefe de la sinagoga a la que el Señor, cuando se le rogó, despertó de entre los muertos (Lc 8,41-42), era, según explican, figura de Achamot a la cual Cristo, colocándose encima de ella, le dio forma y la hizo sentir la Luz que la había abandonado. Que el Salvador se le mostró cuando se hallaba como un aborto fuera del Pléroma, lo diría Pablo en su primera Carta a los Corintios: «Por último también a mí se me dejó ver como a un abortivo» (1 Cor 15,8). Y la venida del Salvador a Achamot, junto con sus acompañantes (los Angeles), quedaría claramente manifiesta en la misma carta, cuando dice: «Conviene que la mujer tenga puesto el velo en la cabeza por respeto a los Angeles» (1 Cor 11,10); porque, cuando el Salvador se acercó a ella, Achamot se echó el velo en su cara llena de vergüenza como lo habría indicado Moisés cubriéndose la cara con un velo (Ex 34,33-35; 2 Cor 3,13). [525] Y dicen que el Señor señaló los sufrimientos por los que ella había tenido que pasar, cuando dijo desde la cruz: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mt 26,46; Sal 22[21],2), las cuales harían memoria de cuando la Luz abandonó la Sabiduría y el Límite le impidió lanzarse hacia lo alto; su tristeza, cuando dijo: «¡Triste está mi alma!» (Mt 26,38); y su temor cuando dijo: «Padre, si es posible, pase de mí este cáliz» (Mt 26,39); y su angustia y consternación, cuando dijo: «No sé qué decir» (Jn 12,27).

8,3. También prueban que hay tres clases de seres humanos, de esta manera: los hílicos estarían incluidos en estas palabras que respondió al que le decía: «Te seguiré»: «El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8,19-20; Lc 9,57-58). El psíquico, en aquello que contestó al que le decía: «Te seguiré, pero primero déjame ir a despedirme de mi familia»: «Ninguno que pone la mano en el arado y se vuelve atrás, es digno del Reino de los cielos» (Lc 9,61-62); [528] pues dicen que un hombre de este tipo pertenecía a los mediocres, al cual se le parecía aquel joven que confesaba haber hecho muchos deberes de justicia, pero que luego no quiso seguirlo, sino que, impedido por las riquezas para volverse perfecto (Mt 19,16-22), dicen que se movía dentro del mundo de los psíquicos. Y el pneumático estaría indicado en aquello que dijo: «Deja a los muertos sepultar a sus muertos, tú ve y anuncia el Reino de Dios» (Mt 8,22; Lc 9,60), y también en el publicano Zaqueo a quien dijo: «Baja de prisa, porque hoy debo quedarme en tu casa» (Lc 19,5): estos hombres pertenecerían al tipo de los pneumáticos86. También dicen que en la parábola de la levadura que la mujer escondió en tres medidas de harina, se esconden los tres tipos de seres humanos. La mujer sería la Sabiduría, y las tres medidas de harina, los tres tipos de hombres: espiritual, animado y terreno. El fermento sería el Salvador.

Igualmente Pablo se habría referido claramente a los terrenos, psíquicos y espirituales. En un lugar dice: «Como es el terreno, así son los terrenos» (1 Cor 15,48). En otro pasaje: «El hombre animal no percibe las cosas del Espíritu» (1 Cor 2,14). En otro texto: «El hombre espiritual todo lo juzga» (1 Cor 2,15). «El hombre animal no percibe las cosas del Espíritu» lo habría afirmado del Demiurgo, el cual, siendo psíquico, no conoció ni a la Madre espiritual ni su semilla ni los Eones que habitan en el Pléroma. Y como el Salvador [529] asumió las primicias de los que había de salvar, Pablo dijo: «Y si las primicias son santas, también lo será la masa» (Rom 11,16): la primicia designa, según ellos, aquello que es pneumático; la masa somos nosotros, o sea la Iglesia psíquica. El Salvador, dicen, asumió la masa y la elevó en sí mismo, porque él era la levadura.

8,4. Y que Achamot se extravió del Pléroma, el Cristo la formó y el Salvador la buscó, afirman ellos que está indicado cuando dijo que había venido a buscar la oveja perdida (Mt 18,12-13; Lc 15,4-7). Porque la oveja errabunda significaría a la Madre errante, la cual sembró la Iglesia terrena; su pérdida sería su permanencia fuera del Pléroma, en medio de sufrimientos, de los cuales se habría originado la materia. La mujer que limpió toda la casa hasta encontrar la dracma (Lc 15,8-10), dicen que describe a la Sabiduría superior, la cual, habiendo perdido su Intención, después de algún tiempo, limpiando todas las cosas con la venida del Salvador, la volvió a encontrar, porque habría regresado al interior del Pléroma.

Acerca de Simeón, que «recibió en sus brazos a Cristo y dio gracias a Dios diciendo: Ahora, Señor, deja a tu siervo ir en paz según tu palabra» (Lc 2,29), dicen que es figura del Demiurgo, el cual, una vez venido el Salvador, le hizo posible cambiar de lugar, y dio gracias al Abismo. Y en Ana, de la cual el Evangelio [532] afirma que «había vivido con siete maridos» (Lc 2,36-38), pero luego había permanecido viuda el resto de sus años hasta que vio al Salvador, lo reconoció y habló de él a todos, claramente estaría representada Achamot: ésta, habiendo visto durante un instante al Salvador junto con todos sus acompañantes, durante todo el tiempo que siguió habitó en el Lugar Intermedio, esperando su segunda venida y renunciando al matrimonio. Incluso su nombre estaría indicado en lo que dijo de ella el Salvador: «La sabiduría ha quedado justificada en sus hijos» (Lc 7,35), y también Pablo: «Hablamos de la sabiduría a los perfectos» (1 Cor 2,6). En cuanto a los matrimonios que se celebran en el Pléroma, Pablo se habría referido a ellos, cuando dijo acerca de uno: «Este es un gran misterio, hablo de Cristo y de la Iglesia» (Ef 5,32).

8,5. Además enseñan que Juan, el discípulo del Señor, habría dado a conocer la primera Ogdóada. Estas son sus propias palabras: Juan, el discípulo del Señor, queriendo exponer el origen de todas las cosas, es decir el modo como el Padre las ha emitido, comenzó estableciendo un Principio que fuera como el cimiento, o sea el Primogénito de Dios, por lo cual lo llamaron el Hijo y el Dios Unigénito: en él el Padre sembró todas las cosas a modo de semilla. Este Principio a su vez emitió al Verbo y, en él, toda la substancia de los Eones, a los cuales el mismo Verbo dio forma posteriormente. Y como Juan habla de los orígenes, es claro que parte del Principio, es decir del Hijo, [533] y elabora la doctrina del Verbo. Dice así: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba ante Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio ante Dios» (Jn 1,1-2).

Al inicio distingue tres cosas: Dios, el Principio y el Verbo; en seguida los une. Lo hace para mostrar la emisión de ambos, es decir del Hijo y del Verbo, y en seguida la unidad que hay entre ambos y de ambos con el Padre. El Principio, en efecto, se origina del Padre y está en el Padre, y el Verbo proviene del Principio y está en el Principio. Por eso habría dicho justamente: «En el Principio estaba el Verbo», porque estaba en el Hijo. «Y el Verbo estaba ante Dios», porque es el Principio. «Y el Verbo era Dios» en consecuencia: pues lo que ha nacido de Dios es Dios. «El estaba en el Principio ante Dios», muestra el orden de la emanación. «Todo fue hecho por él, y sin él nada ha sido hecho» (Jn 1,3), pues el Verbo es la causa de la formación y generación de los Eones que después de él vinieron. «Y lo que a sido hecho en él era la Vida» (Jn 1,3-4): estas palabras significan el matrimonio, pues en él ha sido hecha toda Vida. Luego ésta, que ha sido hecha en él, le es más cercana que las cosas que fueron hechas por él: pues está con él y por él produce fruto. Por eso dice: «Y la Vida era la luz de los hombres» (Jn 1,4): [536] con esta palabra «hombres» dio a entender la Iglesia terrena, pues con este solo nombre quería indicar la comunión del matrimonio, ya que del Verbo y la Vida son engendrados el Hombre y la Iglesia. A la Luz la llamó la Vida de los hombres, porque los iluminados por ella son los formados y manifestados.

Pablo dijo lo mismo: «Todo lo que se manifiesta es luz» (Ef 5,13). Porque la Vida manifestó y engendró al Hombre y la Iglesia, se le llama su Luz. Mediante estas y otras palabras Juan claramente dio a entender la segunda Cuaterna (Tetráda), el Verbo, la Vida, el Hombre y la Iglesia. Pero también insinuó la primera Cuaterna. Pues hablando del Salvador y enseñando que él dio forma a todas las cosas fuera del Pléroma87, al mismo tiempo descubre que este Salvador es el fruto de todo el Pléroma. Pues lo llama «Luz que brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no lo recibieron» (Jn 1,5) porque, a pesar de haber armonizado él todas las cosas que fueron hechas de la pasión, éstas no lo conocieron. También lo llama Hijo y Verdad y Vida, y añade que el Verbo se hizo carne, cuya gloria hemos visto, y se trataba de la gloria del Unigénito, que el Padre le concedió, llena de Gracia y de Verdad. Pues Juan dice lo siguiente: [537] «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de Gracia y de Verdad» (Jn 1,14). Estas palabras describirían con toda exactitud la primera Cuaterna: el Padre, la Gracia, el Unigénito y la Verdad. Por eso Juan habría dicho acerca de la Ogdóada, primera Madre de todos los Eones: pues se habló del Padre, la Gracia, el Unigénito, la Verdad, el Verbo, la Vida, el Hombre y la Iglesia. Esto dice Ptolomeo88.

1.4.8. Refutación

9.1. Ve, mi hermano, los trucos de que se valen para enloquecerse a sí mismos, forzando las Escrituras para tratar de sostener con ellas sus propias creaciones. Por este motivo pusimos arriba sus propias palabras89, a fin de que adviertas el dolo de sus trucos y la malicia de sus errores (Ef 4,14). Porque, en primer lugar, si Juan hubiese tenido el propósito de mostrar la Ogdóada superior, sin duda habría conservado el orden de su emisión; y si hubiese hablado de la Cuaterna superior, que como ellos dicen es la más venerable, habría puesto sus nombres en primer lugar, y sólo después le habría añadido la segunda Cuaterna, a fin de hacer ver mediante el orden de los nombres también la jerarquía dentro de la Ogdóada. Ciertamente no lo habría hecho después de un intervalo tan largo, casi como quien se ha olvidado y en seguida lo ha recordado, para al final acordarse de la primera Cuaterna. Si hubiese querido también referirse al matrimonio, no habría callado el nombre de la Iglesia: porque, en los otros matrimonios también se habría contentado [540] con nombrar a los masculinos, de manera que en ellos pudieran sobreentenderse también sus parejas, conservando de esta manera la unidad en todo el relato; o bien, si quería describir los matrimonios de los demás (Eones), también habría debido indicar el del Hombre, cuya compañera ciertamente no habría dejado de mencionar, en lugar de dejarnos adivinar su nombre.

9,2. Es, pues, evidente el capricho de su exégesis. Pues Juan proclama al único Dios Soberano de todas las cosas, y a Cristo, su Hijo único, por el cual todas las cosa fueron hechas (Jn 1,3). A éste lo llama el Verbo de Dios (Jn 1,1), el Unigénito (Jn 1,18), el Creador de todas las cosas, la Luz verdadera que ilumina a todo hombre (Jn 1,9), el Creador del cosmos (Jn 1,10), el que vino a los suyos (Jn 1,11), el que se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). Por el contrario ellos, enredando con sofismas la exégesis, pretenden llamar a uno el Unigénito en referencia a la emisión, y también lo llaman el Principio; a otro lo llaman el Salvador; a un tercero el Verbo; a otro el Hijo del Unigénito, y a uno distinto lo llaman el Cristo, emitido para enmendar el Pléroma.

Desviando la verdad de las palabras (de la Escritura), abusan de ellas imponiéndoles sus propias elucubraciones. Y lo hacen a tal punto que, según ellos, Juan no habría hecho ni siquiera mención de nuestro Señor Jesucristo. Habría mencionado al Padre, la Gracia, al Unigénito y la Verdad, al Verbo y la Vida al Hombre y la Iglesia. [541] Si siguiéramos sus hipótesis, Juan habría hablado de la primera Ogdóada, en la cual por ningún lado se encuentra Jesús, ni Cristo, el Maestro de Juan. Y que el Apóstol no habló de sus matrimonios, sino de nuestro Señor Jesucristo, del que sabía que era el Verbo de Dios, él mismo lo puso en claro. Pues recapitulando lo que al principio había dicho acerca del Verbo (Jn 1,1), explica más adelante: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Pero según los argumentos que ellos proponen, el Verbo no se habría hecho carne, ya que ni siquiera salió jamás del Pléroma, sino que lo habría hecho el Salvador, emitido por todos los Eones y posterior al Verbo.

9,3. Aprended pues, gente sin cerebro, que Jesús es el que padeció por nosotros (1 Pe 2,21), el que vivió con nosotros, y él mismo es el Verbo de Dios. Porque si algún otro de los Eones se hubiese hecho carne para salvarnos, es claro que de él lo habría dicho el Apóstol. Mas si fue el Verbo del Padre el que descendió, fue él también el que ascendió (Ef 4,10; Jn 3,13). El es el Hijo Unigénito del único Dios, encarnado por los seres humanos según la voluntad del Padre. Así pues, Juan no habló de ningún otro (Eón) ni de la Ogdóada, sino del Señor Jesucristo. Pero, según ellos, el Verbo propiamente no se hizo carne; sino que el Salvador [544] se revistió un cuerpo psíquico formado de la Economía por una inefable providencia, para que lo pudieran ver y tocar. Mas la carne es aquella que al principio Dios plasmó del barro en Adán, y ésta es la que verdaderamente el Verbo de Dios se hizo, como dio a entender Juan. De esta manera se disuelve su primera y primordial Ogdóada. Porque, una vez que se revela como uno y el mismo el Verbo y el Unigénito, la Vida y la Luz, el Salvador y el Hijo de Dios, y que es éste el que se hizo carne por nosotros, cae por tierra el falso andamio de su Ogdóada. Y, una vez que éste se ha derrumbado, también se deshacen todos sus argumentos, esos sueños vacíos con los cuales infaman las Escrituras.

9,4. En seguida recogen frases de aquí y de allá, las cambian de lugar (como arriba dijimos), sacándolas de su contexto natural para ponerlas en uno forzado90. Hacen como aquellos que, fijándose una idea sobre el primer tema que les viene en la cabeza, en seguida tratan de probarlas con versos de Homero, para hacer creer a los ingenuos que Homero compuso tales versos precisamente para fundar la teoría que ellos han inventado. Y son muchos en verdad los que se dejan inducir, por la ordenada lógica de los versos, a pensar que quizás Homero mismo los ha elaborado. Es como si uno narrase con versos tomados de Homero la misión que Hércules recibió de Euristeo, de bajar para atar el perro del Hades. Y nada impide que usemos este ejemplo para compararlo con lo que ellos hacen, pues el método de argumentar es el mismo en ambos casos91:

«Después que así habló, llorando fue echado de casa» (Odisea 10,76),

«Hércules invicto, autor de grandes empresas» (Ibid 21,26),

«por Euristeo, hijo de Sténelo, raza de persas» (Ilíada 19,123)

«para que echase del Erebo el perro del cruel Hades» (Ibid 8,368).

[545] «El partió como un fuerte león criado en la montaña» (Odisea 6,130)

«atravesando la ciudad, y todos los amigos lo seguían» (Ilíada 24,327):

«las jóvenes novias, los muchachos y los viejos en años» (Odisea 11,38),

«llorando mucho, como si caminara a la muerte» (Ilíada 24,328).

«Hermes lo precedía: por eso la bella Atenea» (Odisea 11,626)

«sabía cuánto dolor experimentaba su hermano» (Ilíada 2,409).

¿Quién que no sea un ingenuo se dejará arrastrar por estos versos, creyendo que Homero ha creado este argumento? Pues, quien conoce los escritos de Homero, reconoce los versos, pero no el argumento; pues se da cuenta de que dijo unas cosas acerca de Ulises, otras de Hércules, otras de Príamo, otras de Menelao y Agamenón. Volviendo a poner cada uno de los versos en el sitio del libro que le corresponde, hará pedazos el argumento en cuestión.

De manera semejante quien conserva inquebrantable la Regla de la verdad92 que recibió en el bautismo, reconocerá los nombres, los dichos y las parábolas tomados de las Escrituras, pero no sus teorías blasfemas. [548] Reconocerá las piedras del mosaico, pero no aceptará que la figura de la zorra sustituya el retrato del rey. Volviendo a colocar las palabras en su propio orden y en el contexto del cuerpo de la verdad, dejará al desnudo las creaciones que ellos han fantaseado y probará su falta de consistencia.

9,5. Como a una tal comedia sólo le falta que se le desenmascare, y no hay entre esos payasos alguno que acabe con esa farsa, hemos pensado en primer lugar mostrar aquellos puntos en los cuales los mismos padres de tales fábulas difieren entre sí, puesto que están inspirados por diversos espíritus del error. Y, en segundo lugar, a partir de su [549] comparación podremos demostrar, si examinamos el asunto atentamente, la verdad que la Iglesia predica y los errores enmascarados que ellos pregonan.

1.5. La única fe de la Iglesia

10,1. La Iglesia, extendida por el orbe del universo hasta los confines de la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre Soberano universal «que hizo los cielos y la tierra y el mar y todo cuanto hay en ellos» (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24; 14,15), y en un solo Jesucristo Hijo de Dios, encarnado por nuestra salvación (Jn 1,14), y en el Espíritu Santo93, que por los profetas proclamó las Economías y el advenimiento, la generación por medio de la Virgen, la pasión y la resurrección de entre los muertos y la asunción a los cielos (Lc 9,51) del amado (Ef 1,6) Jesucristo nuestro Señor; y su advenimiento de los cielos en la gloria del Padre (Mt 16,27) para recapitular todas las cosas (Ef 1,10) y para resucitar toda carne del género humano; de modo que ante Jesucristo nuestro Señor y Dios y Salvador y rey, según el beneplácito (Ef 1,9) del Padre invisible (Col 1,15) «toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los infiernos, y toda [552] lengua lo confiese» (Fil 2,10-11). El juzgará a todos justamente (Rom 2,5), los «espíritus del mal» (Ef 6,12) y los ángeles que cayeron y a los hombres apóstatas, impíos, injustos y blasfemos, para enviarlos al fuego eterno (Mt 18,8; 25,41), y para dar como premio a los justos y santos (Tit 1,8) que observan sus mandatos (Jn 14, 15) y perseveran en su amor (Jn 15,10), unos desde el principio (Jn 15,27), otros desde el momento de su conversión, para la vida incorruptible, y rodearlos de la luz eterna (2 Tim 2,10; 1 Pe 5,10).

10,2. Como antes hemos dicho, la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón (Hech 4,32), y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa [553] ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una creatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes (Jn 1,5) e ilumina a todos los seres humanos (Jn 1,9) que quieren venir al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4). Y ni aquel que sobresale por su elocuencia entre los jefes de la Iglesia94 predica cosas diferentes de éstas -porque ningún discípulo está sobre su Maestro (Mt 10,24)-, ni el más débil en la palabra recorta la Tradición: siendo una y la misma fe, ni el que mucho puede explicar sobre ella la aumenta, ni el que menos puede la disminuye.

10,3. Que unos tengan más y otros menos capacidad para comprender, no influye en alterar la doctrina misma, a tal punto que se piense en otro Dios fuera del Demiurgo y Padre de todas las cosas, como si éste no bastase; [556] ni en otro Cristo o en otro Unigénito. La diferencia está sólo en la capacidad de investigar todo lo que se ha dicho en parábolas, a fin de ver la concordancia con la doctrina de la verdad, a fin de exponer los instrumentos que Dios usó en su Economía en favor de la raza humana95. También en su habilidad para mostrar cómo Dios es misericordioso aun en la apostasía de los ángeles y la desobediencia de los seres humanos; y para predicar por qué el único y mismo Dios creó los seres temporales y eternos, los celestes y terrenos; por qué, siendo Dios invisible, se apareció a los profetas, no en una sola forma, sino en formas diversas a cada uno; por qué Dios estableció con la humanidad varios Testamentos y enseñar las particularidades de cada uno; para investigar por qué «Dios ha encerrado a todos en la incredulidad, para tener compasión de todos» (Rom 11,32); por qué «el Verbo de Dios se hizo carne» (Jn 1,14), padeció y murió, a fin de darle gracias; para explicar por qué en los últimos tiempos vino [557] el Hijo de Dios, es decir, por qué apareció hacia el fin y no desde el principio; para descubrir la enseñanza de las Escrituras acerca de las cosas últimas y futuras; para no callar el motivo por el que Dios hizo a los gentiles sin esperanza (Ef 2,12) coherederos, miembros del mismo Cuerpo y participantes de los santos (Ef 3,6); para proclamar que esta carne «mortal será revestida de inmortalidad y, siendo corruptible, de incorrupción» (1 Cor 15,54); y para pregonar cómo «el que no era pueblo se hizo pueblo, y amados los que no lo eran» (Os 2,25; Rom 9,25), y cómo «la abandonada ha tenido más hijos que la casada» (Is 54,1; Gál 4,27).

Acerca de estas y de otras muchas parecidas, el Apóstol exclamó: «¡Oh profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué insondables son tus juicios e impenetrables tus caminos!» (Rom 11,33) En cambio ninguno (en las iglesias) habla acerca de una Madre del Creador y Demiurgo que esté por encima de éste y los otros Eones -el Deseo de un Eón errante- ni lo verás llegar a una blasfemia tan brutal; ni acerca de un Pléroma superior que contendría unas veces treinta, otras una inumerable multitud de Eones, como predican aquellos que han defeccionado de la verdadera [560] doctrina del Maestro. Porque en la Iglesia universal se conserva la única y misma fe en todo el mundo, como ya hemos dicho.

2. Variantes del sistema gnóstico

2.1. Valentín

11,1. Veamos ahora su inestable doctrina. Basta que ellos sean dos o tres para que digan cosas diversas acerca de los mismos temas, e incluso respondan cosas contradictorias acerca de los nombres y los hechos.

Valentín fue el primero en tomar los principios antiguos de la secta llamada Gnóstica para aplicarlos a las características de su propia doctrina. Valentín la definió de esta manera: [561] había una Díada innombrable, uno de suyos elementos se llamaba Inefable (Arretos) y el otro Silencio (Sygé). Esta Dualidad emitió una segunda Dualidad, a uno de cuyos elementos llama Padre, y al otro Verdad (Alétheia). Esta Cuaterna produjo como frutos el Verbo, la Vida, el Hombre y la Iglesia. Esta fue la primera Ogdóada96. El Verbo y la Vida emitieron las diez Potestades (Dynámeis) como arriba expusimos. Del Hombre y la Iglesia nacieron otras doce, de una de las cuales apostató (del Pléroma) y caída en la decadencia creó las demás cosas. Pone luego dos Límites: uno entre el Abismo y el Pléroma, que separa a los Eones que nacieron del Padre ingénito; la otra pone la separación entre la Madre de ellos y el Pléroma.

El Cristo no habría sido emitido por los Eones del Pleroma; sino que la Madre, una vez que se halló fuera del Pléroma, lo engendró de acuerdo con las memorias que conservaba de las realidades superiores, y por eso lo dio a luz en una cierta sombra. Este, como nació masculino, se libró de la sombra y volvió al Pléroma. Entonces la Madre, abandonada en la sombra y privada de la substancia espiritual (pneumática), emitió otro hijo. Este es el Demiurgo, a quien (Valentín) llama el Soberano universal (Pantokrátor) de todos los seres que le están sometidos. Pero junto con él fue engendrado un Principio (Archonte) «de la izquierda» que, a decir de Valentín, [564] es semejante a los falsos gnósticos de los que hablaremos adelante97. En cuanto a Jesús, unas veces enseña que fue engendrado por aquel que se separó de la Madre para unirse con el resto (de los Eones), es decir del Deseado (Theletòs); otras veces, que proviene de aquel que ascendió al Pléroma, es decir de Cristo; y otras, finalmente, que el Hombre y la Iglesia lo engendraron. Tambien enseña que la Verdad emitió al Espíritu Santo, a fin de juzgar y hacer fructificar a los Eones. El Espíritu se introduce en ellos de manera invisible, y por su obra los Eones producirían los frutos de la Verdad. Esto es lo que dice.

2.2. Segundo

11,2. Segundo, por su parte, transmite que la primera Ogdóada está formada por una Cuaterna «de la izquierda» y una Cuaterna «de la derecha», que son Luz y Tiniebla. Y añade que la Potencia apóstata (del Pléroma) se degradó, y no tuvo su origen de los treinta Eones, sino de sus frutos.

2.3. Algunos gnósticos anónimos

11,3. Otro ilustre maestro entre ellos, [565] a quien se le tiene por más profundo y conocedor, describe así la primera Cuaterna: Ante todo existió el Protoprincipio (Proarchè), anterior a toda inteligencia, inefable e innominable, a la que llamo Unicidad (Monóteta). Junto con la Unicidad existe una Potencia a la que también llamo Unidad (Henóteta). Estas Unicidad y Unidad, siendo una sola cosa, engendradon sin dar a luz al Principio de todas las cosas, inteligente, ingénito e invisible, Principio al que solemos llamar Mónada. Junto con esta Mónada existe una Potencia que le es consubstancial, a la que llamo el Uno (Hén). Dichas Potencias, es decir la Unicidad, la Unidad, la Mónada y el Uno, emitieron el resto de los Eones.

2.4. Refutación burlesca de los sistemas

11,4. ¡Terrible! ¡Terrible! Con razón podemos llamar una tragedia esa creación de nombres y ese atrevimiento que le llevó a ponerles tales nombres, sin sentir vergüenza. Cuando dice: «Ante todo existió el Protoprincipio (Proarchè) anterior a toda inteligencia, al que llamo Unicidad»; y: «Junto con la Unicidad [568] existe una Potencia a la que también llamo Unidad (Henóteta)», confiesa que todo cuanto dice es pura ficción suya, y que todos esos nombres son sólo fábulas que a ningún otro se le han ocurrido.¡Naturalmente si él no hubiese tenido esa osadía, la verdad aún no tendría nombre!

Pero entonces, según su argumento, nada impide que alguien venga y defina los nombres de otra manera como ésta: «Hay un Protoprincipio real, protodespojado de mente, protovacío de substancia, una Potencia protodotada de redondez, a la que llamo Calabaza. Junto con esta Calabaza hay otra Potencia a la que llamo Supervacío98. Estos Calabaza y Supervacío, puesto que son una sola cosa, emitieron sin dar a luz un Fruto dulce y visible que todos pueden comer, al que el lenguaje común llama Pepino. Junto con el Pepino existe una Potencia que goza del mismo poder, a la que llamo Melón. Estas Potencias: la Calabaza, el Supervacío, el Pepino y el Melón, emitieron el resto de los pepinos fruto de los delirios de Valentín». Porque, si para la primera Cuaterna es preciso cambiar el lenguaje común para que cada uno les ponga los nombres que le parece, ¿quién nos puede prohibir usar estos nombres más creíbles y conocidos de todos?

2.5. Otros gnósticos anónimos

11,5. Otros dan estos nombres a la primera y primitiva Ogdóada: primero el Protoprincipio, luego el Ininteligible, en tercer lugar el Inefable, en cuarto el Invisible. Del Protoprincipio habría sido emitido, en primero y quinto lugar el Principio; del Ininteligible, en segundo y sexto lugar el Incomprensible (Akatáleptos); del Inefable, en tercer y séptimo lugar el Innombrable (Anonómastos); [569] del Invisible, en cuarto y octavo lugar, el Ingénito. De esta manera se completaría la primera Ogdóada. Dicen que estas Potencias existieron antes del Abismo y el Silencio, a fin de parecer más perfectos que los perfectos y más gnósticos que los gnósticos. De ellos se podría afirmar con razón: «¡Oh sofistas dignos de toda burla, más melones que seres humanos!» Incluso sostienen entre ellos varias teorías acerca del Abismo: unos dicen que no se casó; otros, que no ha sido ni masculino ni femenino; otros afirman que fue masculino y femenino, porque nació por concepción hermafrodita; otros, finalmente, le asignan al Silencio como esposa, para que así se realice la primera unión matrimonial.

2.6. Discípulos de Ptolomeo

12,1. Los más avanzados entre los discípulos de Ptolomeo enseñan que el Abismo tiene dos compañeras (sydzygous) a las que llaman Disposiciones (diathéseis): [572] Pensamiento (Énnoia) y Voluntad (Thélema). Porque primero concibió en la mente antes de emitir, dicen ellos, y después lo quiso. Por eso de estas Disposiciones y Poderes, o sea el Pensamiento y la Voluntad, como si ambas se unieran entre sí, brotó la emisión del Unigénito y de la Verdad. Estos dos habrían salido como tipo e imagen visibles de las dos Disposiciones invisibles del Padre: la Voluntad nació de la Mente, y del Pensamiento la Verdad. Por eso la Voluntad engendrada es imagen de lo masculino, y en cambio el Pensamiento, que no ha sido engendrado, es imagen de lo femenino, puesto que la Voluntad es como el poder de la Mente99. Pues la Mente siempre pensaba en emitir, pero ella por sí misma no era capaz de emitir lo que pensaba. Mas cuando le sobrevino el poder de la Voluntad, entonces ya fue capaz de dar a luz lo que había concebido.

12,2. ¿No te parece, mi hermano, que éstos más que al Señor del universo tienen en mente al Zeus de Homero, que no podía dormir por la preocupación de no saber cómo honrar [573] a Aquiles y acabar con muchos griegos? Pues el Señor del universo al mismo tiempo que piensa realiza lo que piensa; y al mismo tiempo quiere y piensa lo que quiere: él piensa al mismo tiempo que quiere, y quiere al mismo tiempo que piensa; porque todo él es pensamiento y voluntad, todo mente, todo luz, todo ojo, todo oído y todo es fuente de todos los bienes.

12,3. De entre ellos, los que se tienen por más conocedores dicen que la primera Ogdóada no ha sido emitida por grados, un Eón por otro, sino toda simultáneamente y para siempre, como una sola emisión de los seis Eones que fueron dados a luz por el Protopadre y la Mente: ¡como si ellos hubiesen sido las comadronas!. Y ya no dicen que el Hombre y la Iglesia fueron engendrados por el Verbo y la Vida; sino que el Verbo y la Vida fueron engendrados por el Hombre y la Iglesia, [576] de la siguiente manera: cuando el Protopadre tuvo la idea de emitir, se le llamó Padre; y como lo que emitió fue verdadero, a este fruto se le llamó Verdad. Cuando él quiso manifestarse, al resultado se le llamó Hombre. Cuando emitió a aquellos que había pensado, se le llamó Iglesia. El Hombre pronunció el Verbo100, que es el Hijo Primogénito; la Vida sigue al Verbo, y de esta manera se completó la Ogdóada.

12,4. Pero luego se pelean acerca del Salvador. Algunos de ellos dicen que fue engendrado por todos (los Eones), por lo que se le llama Complacencia (Eudokotekòs), porque a todo el Pléroma le plugo glorificar por medio de él al Padre. Otros dicen que proviene sólo de los diez Eones que fueron emitidos por el Verbo y la Vida, y por eso se le llama el Verbo y la Vida, para conservar el nombre de sus progenitores. Otros dicen que provino de doce Eones engendrados por el Hombre y la Iglesia, y por eso él se confiesa Hijo del Hombre, puesto que desciende del Hombre. Otros dicen que nació del Cristo y del Espíritu Santo, que habían sido emitidos para dar consistencia al Pléroma: por eso se le llamaría el Cristo, [577] para conservar el nombre del Padre que lo emitió. Otros, finalmente, que se llama Hombre al mismo Protopadre de todas las cosas, que es el Protoprincipio y Protoimpensable. Este sería el «gran misterio escondido» (Ef 3,9): que la Potencia que está sobre todas las cosas y contiene todos los seres se llama el Hombre, y por eso dicen que el Salvador se llamó el Hijo del Hombre.

2.7. Doctrina de Marco

13,1. Otro de ellos presume de haber corregido al maestro.Su nombre es Marco. Es muy experto en las artes de magia, mediante las cuales seduce a muchos varones y a no pocas mujeres para que se conviertan a él como al más grande y más perfecto gnóstico, porque posee la Potencia más elevada, que proviene de lugares invisibles e indescriptibles. Es un verdadero precursor del Anticristo. [580] El se introduce en las fiestas de Anasilao con los engaños de los llamados magos; y por eso muchos de quienes no disciernen y han perdido la cabeza piensan que tiene en sus manos el poder de hacer prodigios.

2.7.1. Su fingida Eucaristía

13,2. Fingiendo dar gracias101 sobre un cáliz de vino mezclado102, mediante largas oraciones de invocación, hace que el cáliz aparezca de color púrpura y rojo. De esta manera quienes lo ven imaginan que mediante su invocación hace descender la Gracia (Cháris) de las regiones superiores para derramar su sangre en aquel cáliz; y los presentes ansían gustar de esa bebida para que también sobre ellos se derrame aquello que el mago llama Gracia. Otras veces presenta a una mujer [581] un cáliz con la mezcla (de agua y vino), y le ordena que ella misma dé gracias en su presencia. En seguida acerca un cáliz mucho mayor que aquel que en la mujer engañada ha celebrado la Eucaristía, y luego hace vaciar del cáliz menor en que la mujer ha celebrado la Eucaristía, en el mayor que él ha puesto al lado, mientras pronuncia estas palabras: «Que la Gracia incomprensible e inefable que existe desde antes de la creación llene tu Hombre interior, y acreciente en ti su conocimiento (gnosis), sembrando el grano de mostaza en tierra buena»103. Después de haber pronunciado estas palabras y sacado de su mente a aquella infeliz, hace aparecer un hecho maravilloso, cuando con el contenido del cáliz menor llena el cáliz mayor hasta hacerlo derramar. Haciendo estas y otras magias semejantes, seduce a muchos y los arrastra para que lo sigan.

2.7.2. Conducta inmoral

13,3. Parecería tener por cómplice a un demonio, por cuya obra causa la impresión de profetizar, y también hace profetizar a aquellas mujeres a quienes juzga dignas de participar de su Gracia. Porque sobre todo anda detrás de mujeres, sobre todo a las más nobles, mejor vestidas y ricas, a las cuales trata de seducir con discursos orgullosos como éste: «Quiero darte parte de mi Gracia, porque el Padre de todos los Angeles ve siempre al tuyo en su presencia104. El lugar de la Grandeza [584] está entre nosotros: es, pues, necesario que nos reunamos en el Uno. Primero recíbeme a mí, para que por mi medio recibas la Gracia. Prepárate como una esposa que espera a su esposo, para que tú seas lo que yo soy, y yo lo que tú eres. Pon en tu tálamo el semen de la Luz. Recibe de mí al Esposo, y dale lugar en ti, para que él te haga lugar en sí. He aquí que la Gracia ha descendido sobre ti: abre tu boca y profetiza». En seguida la mujer responde: «Nunca he profetizado ni sé profetizar». El entonces pronuncia nuevas invocaciones para llenar de admiración a la pobre engañada, diciéndole: «Abre tu boca y habla cualquier cosa, y profetizarás». Ella entonces, envanecida por lo que se le ha dicho, siente calentarse su alma con el sueño de que está por profetizar; su corazón se pone a palpitar fuertemente, se atreve a hablar cosas delirantes y cualquier cosa que le viene, sin sentido pero con osadía, pues siente arder en ella el espíritu. Alguien superior a nosotros ha dicho acerca de estas profetisas que el alma encendida de viento vano, se torna audaz e irreverente. Ella entonces se siente profetisa, agradece a Marco porque le ha comunicado su Gracia; [585] y en agradecimiento no sólo le da una pingüe parte de sus riquezas, de donde él amontona una buena cantidad de dinero; sino que también le entrega su cuerpo deseando estar unida íntimamente con él, para junto con él descender al Uno.

13,4. Otras mujeres más fieles, llevadas por el temor de Dios, no se dejan seducir. Cuando él las ha intentado seducir como a las otras, mandándoles que profeticen, se han alejado de este hombre fuera de sí105, lanzándole insultos y anatemas; porque saben que los seres humanos no reciben de Marco el don de la profecía, sino que Dios concede esta gracia desde lo alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios este don, hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena. Aquel que manda es más grande y soberano que quien le está subordinado; pues lo primero es propio de quien tiene el gobierno, y lo segundo del que le está sujeto. Por eso, si Marco o algún otro da órdenes (como esa gente suele hacerlo en sus fiestas, jugando a los videntes y mandándose unos a otros profetizar y anunciando unos a otros profecías que satisfagan sus caprichos), entonces ese tal, siendo sólo un hombre será el que manda, y así se sentirá mayor y soberano del Espíritu profético, lo que es imposible. Pero los espíritus a los que ellos ordenan hablar cuando ellos quieren, son frágiles y débiles, atrevidos e irreverentes, a los cuales Satanás envía para seducir y llevar a la perdición a aquellos [588] que no tienen firme la fe, ni conservan la que desde el principio han recibido de la Iglesia.

13,5. Marco prepara filtros enervantes no para todas las mujeres, sino para aquellas que, excitadas, le permiten deshonrar su cuerpo. Muchas de éstas, cuando se convierten a la Iglesia de Dios, con frecuencia confiesan que ellas le han permitido mancillar su cuerpo, porque se habían sentido inflamadas por un amor violento hacia él. Uno de nuestros diáconos del Asia menor lo recibió en su casa, y sobre él recayó esta calamidad: su mujer, que era muy hermosa, dejó que este mago la corrompiera en mente y cuerpo, y hasta se fue tras él por mucho tiempo; cuando después algunos hermanos con gran esfuerzo la ayudaron a convertirse, ella pasó el resto de su vida haciendo penitencia, llorando y lamentándose de la deshonra que había sufrido de aquel mago.

13,6. Algunos de sus discípulos, cometiendo los mismos errores, han seducido a muchas mujerzuelas para corromperlas. A sí mismos se llaman los perfectos, pues imaginan que nadie puede igualar la grandeza de su gnosis, así fuesen Pablo o Pedro o cualquiera de los otros Apóstoles; porque saben más que cualquiera, pues únicamente ellos han bebido la grandeza de la gnosis de la Potencia inefable. Dicen estar en lugar más elevado que cualquier Potencia; por eso pueden libremente hacer lo que les plazca, sin temer nada ni a nadie. Por motivo de la redención, ellos se habrían vuelto inasibles e invisibles [589] para el Juez. Pero si éste algún día llegase a atraparlos, protegidos por la redención, le dirían lo siguiente: «¡Oh tú (Sabiduría), consejera de Dios y del místico Silencio anterior a los Eones!, tú eres aquélla por la cual las Grandezas (los Angeles) ven siempre el rostro del Padre (Mt 18,10), los cuales te toman como el guía y conductor de su camino, elevan sus formas a las alturas, a cuya semejanza ella, al hacerse presente, con grande audacia por la bondad del Protopadre nos ha emitido como imágenes de tales Grandezas; porque ella (al emitirnos) tenía presentes en su intención, como un sueño, a esas (Grandezas) que habitan en lo alto. Mira que el Juez está cercano y el Mensajero me manda defenderme. Tú, pues, que conoces la razón de las dos partes como si fuese una sola cosa, hazla presente al Juez». [592] La Madre, oyendo esto, inmediatamente les impone el casco homérico del Hades, para que de modo invisible escapen del Juez. Y en seguida los arrebata e introduce al tálamo para entregarlos a sus esposas.

13,7. Con tales palabras y acciones, también en las regiones del Ródano, cercanas a las nuestras, sedujeron a muchas mujeres. De entre éstas algunas, con su conciencia marcada a fuego (1 Tim 4,2), públicamente hacen penitencia; otras por vergüenza de hacerlo, se retiran en silencio, desesperando de la vida de Dios (Ef 4,18-19). Mientras unas se apartan definitivamente, otras dudan y, como se dice popularmente, no están ni adentro ni afuera, sino que se quedan con el fruto del semen de los hijos de la gnosis.

2.7.3. Doctrina sobre la primera Cuaterna

[593] 14,1. El tal Marco dice que, siendo el Unigénito, sólo él es el seno y depositario del Silencio de la Cuaterna. He aquí de qué manera él ha dado al mundo el semen que en él ha sido sembrado:

La Cuaterna que habita en los lugares superiores descendió de los lugares invisibles e inefables sobre él, en figura de mujer, porque, según él dice, el mundo no podía cargar con su elemento masculino; y le reveló quién era ella, así como el origen de todas las cosas, algo que jamás había revelado a ningún dios ni ser humano. Así le habría dicho:

«Cuando el Protopadre sin padre, impensable y sin substancia, que no es ni masculino ni femenino, quiso expresar lo que en él era inefable, [596] y dar forma a lo que en él era invisible, abrió la boca y emitió un Verbo semejante a sí. Este se puso a su lado, y le mostró lo que era: la forma del invisible. El enunciado de su nombre tuvo efecto de la siguiente manera: el Padre pronunció la primera parte de su nombre: fue Arché (Principio), una sílaba de cuatro elementos. Añadió una segunda, de cuatro letras. Después expresó una tercera, de diez letras. En seguida dijo una cuarta, de doce letras. De esta manera se pronunciaron las treinta letras de su nombre completo, formado por cuatro palabras. Cada uno de los elementos tiene sus letras, su carácter, su sonido, sus rasgos y sus imágenes; pero ninguno de ellos percibe la forma total de la que él es sólo una parte. Y no sólo eso, sino que cada uno de los elementos ignora [597] hasta la resonancia de su vecino, porque cada uno de ellos emite su propio sonido como si fuese el del todo, y no deja de emitirlo hasta que no se ha llegado a la última letra de la última sílaba. Entonces será la desintegración (apokatástasis) futura de todo el universo, cuando todos los elementos, unidos en una única letra, resuenen con una misma y única voz106. De esta resonancia se nos ha dejado una imagen, cuando todos al unísono exclamamos: «¡Amén!» Estos son los ecos que forman al Eón insubstancial e ingénito: éstas son las formas a las que el Señor llamó los Angeles que siempre ven la cara del Padre (Mt 18,10)».

14,2. Los nombres comunes e inefables de los elementos son: Eones, Verbos, Raíces, Semillas, Pléromas y Frutos. Todas las propiedades de cada uno de ellos se encierran y entienden en el nombre de [600] Iglesia. La última letra del último de los elementos emitió su voz, cuyo sonido brotó como imagen de los elementos, y engendró sus propios elementos. Y dice que de estos elementos fueron engendradas todas las cosas sobre la tierra y todas las que existían antes de ellas. La letra misma cuyo nombre emitía el sonido (pronunciado) en los lugares inferiores, habría sido después recogida hacia las alturas por su sílaba para que el Todo quedase completo. Pero su sonido quedó acá abajo, como arrojado fuera. Le habría dicho (la Cuaterna) que el elemento mismo cuya letra junto con su pronunciación bajó al mundo, consta de treinta letras; y cada una de estas treinta letras a su vez tiene otras letras que sirven para nombrarla. A su vez, a estas letras se les nombra con otras letras, de modo que el número de letras se extiende sin fin.

Como un ejemplo para que se entienda mejor lo dicho: el elemento delta consta de cinco letras, que son D E L T A. A su vez, cada una de estas letras se escribe por medio de otras, y las otras por otras. Así pues, si la substancia total de la delta se extiende de modo ilimitado, porque unas letras engendran otras y éstas otras sucesivas, ¿cuánto mayor será el océano de letras de aquel elemento? Y si una letra es tan inmensa, ¡ve qué Abismo de letras incluye todo el nombre, de las cuales el Silencio enseñó a Marco que consta el Protopadre! [601] Por eso el Padre, sabiendo ser incomprensible, concedió a los elementos llamados Eones, que cada uno de ellos pudiese proferir su propia pronunciación, ya que ninguno de ellos era capaz de enunciar el Todo.

14,3. La Cuaterna, una vez explicado lo anterior, le habría dicho: «También quiero mostrarte la Verdad. La he hecho descender de las moradas superiores, a fin de que la mires desnuda y contemples su belleza; y también para que la escuches y admires su sabiduría. Ve en primer lugar lo que es su cabeza: es el Alfa y la Omega, su cuello es la Beta y la Psi, sus brazos y manos son Gama y Xi, su pecho Delta y Phi, su cintura Epsylon y Gamma, su vientre Dzeda y Tau, sus órganos sexuales Eta y Sigma, sus piernas Theta y Pi, sus rodillas Iota y Pi, sus tibias Kapa y Omicron, sus tobillos Lambda y Xi, sus pies Mi y Ni». ¡Este sería, según ese mago, el cuerpo de la Verdad: ésta sería la composición del Elemento y el carácter de su Letra! Y a este elemento él llama Hombre: porque, dice Marco, el Hombre es la fuente de toda palabra y el inicio de toda voz, de toda expresión del Inefable y la callada boca del Silencio. Este también sería su cuerpo. Ahora tú, elevando la inteligencia de tu mente a regiones más elevadas, escucha de boca de la Verdad al Verbo que se autoengendró y comunicó al Padre.

14,4. Una vez dicho lo anterior, la Verdad lo miró y, abriendo su boca, pronunció una palabra: se trataba de un nombre, y ese nombre era el que todos conocemos y pronunciamos: Jesucristo. Y una vez que lo nombró, al punto volvió a callar. Y cuando Marco creía que la Verdad le diría algo más, la Cuaterna de nuevo se acercó y le dijo: [604] «¿Pensaste que la palabra que oíste de labios de la Verdad es vulgar? Este Nombre tiene un antiguo significado que no es el que tú conoces e imaginas. Sólo has oído la palabra, pero no sabes su poder. Jesús, en efecto, es un Nombre insigne: tiene seis letras107, que todos los elegidos conocen. Mas el nombre que tiene ante los Eones del Pléroma tiene muchos miembros, es de forma y tipo diversos, y solamente lo conocen aquellos que son de su mismo género, y cuyas Grandezas están siempre ante él.

14,5. Sábete que las veinticuatro letras que usáis108, son las imágenes que emanan de las tres Potencias que contienen todo el número de los elementos de las partes superiores. Las nueve letras mudas son imagen del Padre y la Verdad, porque no se pronuncian, es decir, son inexpresables e inefables. Las ocho semivocales son imágenes del Verbo y la Vida, porque son intermedias entre las mudas y las vocales: de las superiores reciben la emanación y de las inferiores la elevación. Las vocales son siete, (imágenes) del Hombre y la Iglesia, porque la Voz, saliendo del Hombre, dio forma a todas las cosas: pues la Voz es la que las ha revestido de forma. Por consiguiente el Verbo y la Vida tienen el número ocho, el Hombre y la Iglesia el siete, el Padre y la verdad el nueve».

Pero como la cuenta estaba incompleta, aquel que estaba en el Padre descendió, [605] para corregir el defecto de las cosas, a fin de que la unidad de los Pléromas iguales entre sí, diera como fruto una sola Potencia que proviene de todos. De este modo el número siete recibió la Potencia del ocho, y resultaron tres lugares iguales en número, o sea (tres) Ogdóadas. Estos tres lugares, multiplicándose por tres, ofrecen el número veinticuatro. Más los tres elementos, que (Marco) dice existen en el matrimonio de las tres Potencias, lo cual hace un número de seis, emanaron las veinticuatro letras, porque se multiplicaron por cuatro en razón de la Cuaternidad: por eso dice que pertenecen al Inominable. Pero han sido revestidos por las tres Potencias, de modo que se asemejen al que es Invisible. De dichos elementos son imágenes las letras dobles (del alfabeto); porque, sumándolas a las veinticuatro, en virtud de la analogía que existe entre ellas, forman el número treinta.

14,6. Dice que el fruto de este orden y Economía se manifestó bajo la semejanza de una imagen (Rom 1,23) en aquel que, después de seis días (Mt 17,1; Mc 9,2), subió el cuarto al monte, y ahí, después de haberse convertido en sexto, descendió [608] y fue detenido en el Séptimo (día: Hebdomádi), aunque él era la Ogdóada insigne que en sí contiene el número completo de los elementos.109 Mostró dicho número cuando él fue bautizado el descenso de la paloma, que es Omega y Alpha; pues el número de ambas letras es 801110. Por tal motivo Moisés dijo que el hombre fue hecho el sexto día (Gén 1,31). Y por lo mismo la Economía tuvo lugar en el sexto día, que es la Parasceve111, cuando apareció el hombre nuevo para regenerar al primer hombre (Adán), cuya Economía tuvo principio y fin en la hora sexta, cuando fue crucificado. Por eso la Mente (Noûs) perfecta, sabiendo que el número seis tiene el poder para crear y regenerar, manifestó a los hijos de la Luz (Lc 16,8; Ef 5,8; 1 Tes 5,5) la regeneración que de modo tan excelente se apareció significado en ese número. (Marco) dice que de ahí le viene a este eximio número expresarse por dos letras: porque este eximio número, sumado a los veinticuatro elementos (del alfabeto) suma 30 letras.

14,7. En seguida el Silencio le habría dicho a Marco que el número insigne tiene como auxiliar la Grandeza de siete números, para expresar los frutos que por su voluntad ha concebido. [609] Este eximio número, en relación a lo que estamos tratando, debe entenderse como aquel que ha sido fragmentado y dividido en partes, y quedó fuera (del Pléroma) y que, por su propia potencia y sabiduría, animó al mundo imitando el poder del siete (Hebdomádos), y de esta manera hizo que este mundo visible tuviera un alma. Y él mismo se sirve de esta obra que realizó de modo casi espontáneo; en cambio las demás cosas están al servicio de la Madre Entimesis, puesto que son imitaciones de cosas inimitables.

El primer cielo hace resonar la álpha, el segundo la épsylon, el tercero la éta, el cuarto (que está a la mitad del siete) declara el poder de la ióta, el cinco la ómicron, el sexto la ypsilon, y el séptimo (el cuarto número a partir del que está enmedio) la ómicron. Esto es lo que el Silencio dice a Marco, así como muchas más cosas banales que ningún atisbo tienen de verdad. Todas estas potencias juntas, dice, abrazándose unas con otras, cantan y glorifican al Protopadre que las emitió, con cantos de alabanza. El eco de esta glorificación cayó sobre la tierra, según dice, para convertirse en plasmador y engendrador de los seres terrestres.

14,8. (Marco) esgrime como prueba el hecho de que los bebés, cuya alma apenas ha salido del vientre, [612] emite el sonido de cada una de estas vocales. Pues así como las siete Potencias dan gloria al Verbo, así también el alma de los bebés, llorando y gimiendo le dan gloria. Por eso David habría dicho: «De la boca de los pequeños y de los niños de pecho has sacado tu alabanza» (Sal 8,3), y también: «Los cielos cantan la gloria de Dios» (Sal 19[18],1). Por eso cuando el alma se halla en medio de dolores y tribulaciones, para revelarse exclama: «¡Oh!» (ómega) como signo de alabanza, a fin de que el Alma del mundo superior reconozca a su pariente y le envíe su auxilio.

14,9. De este modo deliró acerca del nombre de las treinta letras, del Abismo que se desarrolló a partir de estas letras, del cuerpo de la Verdad que estaría compuesto de doce miembros, de cada miembro que consta de letras dobles, de la explicación de este número que no ha sido pronunciado, del Alma del mundo y del Hombre, en cuanto es cada uno de los anteriores una imagen de la Economía.

En seguida, mi hermano, hablaremos acerca de cómo, a partir de estos nombres, su Cuaterna habría revelado una Potencia igual (a la de los Eones), para que, como me lo pediste, no te pase por alto nada de cuanto ha llegado a nuestros oídos sobre lo que ellos andan diciendo.

2.7.4. La revelación del Silencio

[613] 15,1. El sapientísimo Silencio le declara de esta manera el origen de los treinta elementos: con la Unicidad se hallaba la Unidad, de las cuales brotaron dos emanaciones, como antes dijimos: la Mónada y el Uno. Si las duplicamos resultan cuatro, porque dos veces dos hace cuatro. Si luego le sumamos dos, resulta el número seis. Si cuadruplicamos el seis, se engendran veinticuatro formas. Los nombres de la primera Cuaterna son lo que llamamos Santo de los Santos: no pueden proclamarse; solamente el Hijo los comprende y el Padre conoce su naturaleza. Los otros nombres que él pronuncia con respeto y fe, son éstos: Inefable (árretos), pues este nombre tiene siete letras, Silencio (Seigè) cinco letras, Padre (Patèr) cinco letras, y Verdad (Alétheia) siete letras. El número total de esta Cuaterna es veinticuatro: sumados dos veces cinco y dos veces siete, resulta el número veinticuatro. De modo semejante la segunda Cuaterna que forman el Verbo, la Vida, el Hombre y la Iglesia112, muestran el mismo número de letras. El Salvador tiene un nombre que puede pronunciarse: Jesús (Iesoûs) que tiene seis letras, pero su nombre inefable consta de veinticuatro letras. Jesucristo (Iesoûs Chreistòs) está formado por doce letras, [616] pero su nombre inefable contiene treinta letras. Por eso lo llama álpha y ómega, así como paloma (peristerà), porque esta ave tiene el mismo número.

15,2. Este es el inefable origen de Jesús: a la Madre universal, es decir de la Primera Cuaterna, le nació como hija la segunda Cuaterna, de donde se originó la Ogdóada, de la que brotó una Década. De esta manera se formó el número dieciocho. La Década, unida en seguida con la Ogdóada y multiplicándose con ella, produjo el número ochenta; y de nuevo el ochenta multiplicado por diez produjo el número ochocientos, para que de esta manera el número total de letras que se desarrollaran de la Ogdóada a la Década fuese de ochocientos ochenta y ocho, es decir Jesús; pues el nombre de Jesús, computando sus letras griegas, produce ochocientos ochenta y ocho. Este sería, evidentemente, el origen de Jesús más allá de los cielos. Por eso el alfabeto griego tiene ocho unidades, ocho decenas y ocho centenas, que suman ochocientos ochenta y ocho, es decir el nombre de Jesús. [617] Este es la suma de todos los números y por eso se le llama álpha y ómega (Ap 1,7), porque ha sido engendrado por todos (los Eones).

También de esta manera: la primera Cuaterna, según el número que se forma sucesivamente, es álpha 1 + béta 2 + gámma 3 + délta 4, de donde resulta el número diez, que se representa por la ióta, que es la letra de Jesús. El nombre de Cristo (Chreistòs) tiene ocho letras, que significan la primera Ogdóada, cuya suma, junto con la iota, engendra el número ochocientos ochenta y ocho. Al Hijo también se le llama Cristo, dice Marco, porque forman la Docena: si a las ocho letras de Cristo se le añaden las cuatro de Hijo (huiòs), se engendra la Grandeza del doce. Antes de que apareciera el signo numérico del Hijo Jesús, [620] los hombres vivían sumidos en grandes errores. Mas cuando apareció este nombre de seis letras (Iesoûs) que se revistió de carne para adaptarse a los sentidos humanos, habiendo resumido en sí mismo el seis y el veinticuatro, los hombres comenzaron a conocer. De esta manera desapareció su ignorancia y ascendieron de la muerte a la vida, pues una vez revelado este nombre los condujo al Padre de la Verdad (Jn 14,6). Pues el Padre había querido deshacer la ignorancia de todos para destruir la muerte. Pues la disolución de la ignorancia significaba la gnosis del Padre. Por eso fue elegido (Lc 9,35) por voluntad del Padre este hombre113 hecho según la Economía a imagen de la Potencia de lo alto.

15,3. De la Cuaterna emanaron los Eones. Formaban la Cuaterna el Hombre, la Iglesia, el Verbo y la Vida. Estas Potencias, dice Marco, emanaron al Jesús que apareció en la tierra. El ángel Gabriel tomó el lugar del Verbo, el Espíritu Santo el de la Vida, el Poder del Altísimo el del Hombre y la Virgen (Lc 1,26.35) el de la Iglesia. De esta manera fue engendrado como hombre por María el Jesús de la Economía, al cual el Padre, después de que aquél pasó por el vientre, eligió (Lc 9,35) por medio del Verbo para que lo conociese. Y cuando aquél se introdujo en el agua, sobre él descendió en forma de paloma (Mt 3,16) aquel que en seguida volvió a subir para completar el número doce114: [621] él llevaba el semen de aquellos que junto con él debían ser sembrados y que junto con él bajaron y ascendieron. Y dice (Marco) que el Poder que descendió es semen del Padre, que contiene en sí al Padre, al Hijo y el Poder inefable del Silencio que sólo él conoce, así como todos los Eones. Y éste (semen) es el Espíritu que habló por la boca de Jesús, que se reveló el Hijo del Hombre y manifestó al Padre, después de haber descendido sobre Jesús para unirse a él. Y luego el Salvador, que es el Jesús de la Economía, destruyó la muerte, dijo Marcos, pues conoció al Padre Jesucristo115. Por eso el nombre de Jesús corresponde al hombre hecho según la Economía, y constituido según a imagen y semejanza del Hombre que debía descender sobre él; y una vez que lo recibió, tuvo dentro de sí al Hombre, al Verbo mismo, al Padre, al Inefable, el Silencio, la Verdad, la Iglesia y la Vida.

15,4. Esto sobrepasa todos los ayes y demás lamentos que pudiéramos lanzar por esta tragedia. [624] Porque ¿quién podrá no despreciar al desequilibrado compositor y mal creador de tantas mentiras, contemplando la Verdad convertida por Marco en un ídolo elaborado con letras del alfabeto? Si tomamos en cuenta el origen, hace muy poco tiempo (como suele decirse, ayer o anteayer) los griegos confiesan haber recibido primeramente de Cadmo sólo dieciséis letras, y después, pasado el tiempo, haber añadido por sí mismos unas letras aspiradas y luego otras dobles; y dicen que sólo recientemente Palamedes añadió las letras largas. Por tanto, antes de que los griegos hiciesen esto, no habría existido la Verdad: pues según tú, Marco, su cuerpo sería posterior a Cadmo y a sus antecesores, e incluso posterior a quienes añadieron las demás letras; más aún, posterior a ti, puesto que sólo tú has reducido a la categoría de ídolo eso que tu llamas la Verdad.

15,5. ¿Quién podrá soportar [625] tu Silencio tan parlanchín, que nombra al Eón Innombrable, que explica lo Inenarrable y proclama al Inescrutable? ¡Pretende que aquél a quien dices sin cuerpo ni figura, abrió la boca y emitió el Verbo, como uno cualquiera de los seres animados compuestos (de partes), y que el Verbo sería semejante a aquel que lo emitió, y hecho a imagen del Invisible, fabricado con treinta elementos y con cuatro sílabas! Así pues, por su semejanza con el Verbo, aquél al que llamas el Padre de todas las cosas constaría de treinta letras y cuatro sílabas. ¿Quién te va a creer cuando encierras al Creador Demiurgo y Verbo de Dios Hacedor, en esquemas y números que unas veces son treinta, otras veinticuatro, en ocasiones sólo seis; de modo que lo rebajas unas veces a cuatro sílabas y treinta letras? ¿O cuando reduces al número ochocientos ochenta y ocho al Señor del universo, que afirmó los cielos (Sal 33[32],6), o bien al alfabeto? ¿O cuando subdivides al Padre mismo, que contiene todas las cosas y ninguna lo contiene, en Cuaterna y Ogdóada y Docena, y explicas por estas cuentas a aquel mismo Padre que, según tu propia palabra, es inefable e incognocible? A aquél a quien llamas incorpóreo e insubstancial, le has fabricado una materia y una substancia de muchas letras engendradas unas de otras. Eres un Dédalo mentiroso, y te has hecho un mal fabricante de la Potencia elevada sobre los cielos. Subdivides en vocales mudas y sonidos semivocales la substancia que llamas indivisible, aplicando las mudas al Padre y a su Mente. [628] Con esto has empujado a todos los que te creen, a la peor de las blasfemias.

15,6. Por eso justa y adecuadamente se aplican a tu temeridad los versos de aquel anciano predicador de la verdad, que con inspiración divina lanzó contra ti los versos siguientes:

¡Oh Marcos, fabricante de ídolos y vidente de portentos,

conocedor de la astrología y de la magia,

con las cuales corroboras tus erradas doctrinas!

Como signo muestras a quienes seduces

las obras del Poder apóstata

que tu padre Satanás te comunica

para que obres por el poder del ángel Azazel,

que en ti tiene un precursor de la maldad contra Dios.

Esto lo dijo un presbítero que amaba a Dios. Por nuestra parte, trataremos de exponer brevemente sus demás doctrinas misteriosas aunque son largas, a fin de sacar a la luz lo que por tanto tiempo ha mantenido oculto. De esta manera todos podrán convencerse y refutarlo fácilmente.

2.7.5. La substancia de las cosas

16,1. Revolviendo el origen de los Eones con la pérdida y encuentro de la oveja perdida, tratan de explicarlo de manera mística reduciendo todo a números, diciendo que todas las cosas constan de la Mónada y la Dualidad. [629] Y contando de la Mónada hasta cuatro producen el diez; pues uno más dos más tres más cuatro produjeron el número de los diez Eones. La Dualidad, desdoblándose hasta el seis (sígma): dos más cuatro más seis, produce la Docena. Pero si en vez de desdoblarse hasta seis lo hace hasta diez (ióta), origina la Treintena, en la cual se encuentran la Ogdóada, la Década y la Docena. La Docena a su vez tiene tras de sí el seis, y por motivo del seis se le llama la pasión. Por lo mismo, cuando sucedió una caída en el doce, la oveja se salió y se descarrió (Lc 15,4-7) porque, según dicen, la apostasía procede de la Docena. También fantasean que una Potencia se separó de la Docena y se perdió, y ésta fue la mujer que perdió la dracma y encendió la luz para encontrarla (Lc 15,8-11). Por eso los números que quedaron: de la dracma el nueve, de la oveja el once, si se multiplican entre sí, engendran el número noventa y nueve, porque es el resultado de nueve por once. Por esta razón, dicen ellos, el Amén lleva ese número.

[632] 16,2. No dejaré de relatarte otra de sus interpretaciones a fin de que conozcas bien sus frutos. Dicen que la letra éta, añadiendo el seis, es la Ogdóada, pues toma el octavo lugar a partir del álpha. Y si se prescinde del seis, y se cuenta el número que resulta de las letras hasta la éta, se obtiene la Treintena. Comenzando, pues, del álpha y continuando los números de las letras hasta éta, quitando el seis y sumando los números progresivos, se obtendrá el treinta. Porque hasta la épsylon suman quince; luego, añadiendo la dzéda (el siete), se alcanza el veintidós, y cuando se le agrega la éta, que es el ocho, se completa la maravillosa Treintena. De esta manera prueban que la Ogdóada es la Madre de los treinta Eones. Y como el número treinta resulta de la unión de tres Poderes, si se le toma tres veces resulta el número noventa. Y la tríada misma, tres veces sobre sí misma, produce el nuevo número. De modo que la Ogdóada también engendra el noventa y nueve. Y como el duodécimo Eón, habiéndose ausentado ha dejado los otros once en las alturas, dicen que el tipo de las letras ha quedado dispuesto en forma de lámbda, que es figura del Verbo -pues la letra lámbda es el número treinta- y esta letra es la figura de la Economía superior, porque desde la álpha y sin el seis, el número de las mismas letras hasta la lámbda, compuesto por los números ascendentes y añadiendo la lámbda, forma el número noventa y nueve. Y como la lámbda, [633] que es la undécima, descendió para buscar a su semejante a fin de completar la Docena, una vez que lo encontró quedó completa. Esto lo probaría la misma figura de la letra. Porque la lámbda se puso a buscar su semejante, y una vez hallado, lo atrajo a su lado y de esta manera llenó el lugar duodécimo, que es la letra mí, compuesta de dos lámbdas.116 Por eso ellas, en virtud de la gnosis, escaparon del lugar noventa y nueve, o sea de la degradación, que es el tipo de la mano izquierda; en cambio si se mantienen unidas al Uno, añadido al noventa y nueve, hace pasar a la mano derecha.117

16,3. Mi hermano, sé muy bien que mucho te reirás de su tan estúpida sabiduría de la que se vanaglorian. Son dignos de compasión quienes describen las cosas sagradas, la inefable grandeza del Poder y toda la Economía de Dios, usando el alfabeto como instrumento, así como las retorsiones de los fríos números. Quienes abandonan la Iglesia para abandonarse a esos mitos (1 Tim 4,7), en realidad se condenan a sí mismos (Tt 3,11). Pablo nos manda «después de la primera y segunda corrección, evitarlos» (Tt 3,10). Y Juan, el discípulo del Señor, los ha condenado de modo aún más grave, cuando nos dice que ni siquiera les devolvamos el saludo: «Pues quien los saluda coopera con sus obras llenas de maldad» (2 Jn 11). Y con razón: «No hay alegría para los impíos, dice el Señor»118 (Is 48,22). [636] Y éstos son impíos sobre toda impiedad, pues dicen que el Creador del cielo y la tierra, el único Dios Soberano universal sobre el que no hay ningún otro Dios, fue emitido de la penuria (hystérema)119, y éste de otra penuria; de modo que, según ellos, sería el producto de una tercer penuria.

Es necesario que, de veras repudiando y condenando esta doctrina, nos alejemos de ellos y, mientras ellos mÃ