Ãngel Pérez Martínez, ¿Puede un ogro rescatar a una princesa?

¿Puede un ogro rescatar a una princesa?1

Shrek, el reciente estreno de Dream Works Animation, defiende la tesis de que sí. Esta película de dibujos animados intenta dar la vuelta a una de las formas clásicas del cuento de hadas: el príncipe que se lanza a la salvación de una bella dama de las garras de un dragón. Ahora es un ogro el que salva a la damisela, haciendo gala de todas las capacidades ogrescas (tómese como el envés de la nobleza) y que además podría conseguir enamorar a la mismísima princesa en el trayecto de regreso.

Shrek es una película que —utilizando el término filosófico— desconstruye la estructura que es clásica en los cuentos de hadas. Dicha cuestión podría ser explicada utilizando los seis términos propuestos por la Teoría Literaria contemporánea para una apretada síntesis estructural cualquier relato: sujeto, remitente, objeto, destinatario, ayudante y oponente.

En los cuentos tradicionales el sujeto es el Caballero, el remitente puede ser un Rey, el padre de la princesa, o el tutor del enviado, luego se encuentra el objeto del envío que es precisamente el rescate de la prisionera, el destinatario es femenino en este caso, la princesa, el ayudante puede ser un fiel escudero, un caballo o algún amigo y el oponente es el dragón, o aquél malévolo personaje que ha encerrado a la señorita en el calabozo. Esta sería la estructura clásica de muchos cuentos y leyendas de inmemorial origen. Estructura o construcción que puede ser desconstruida o reinventada como sucede claramente en la adaptación de este cuento de Wiliam Steig.

Así, en Shrek todo está alterado. El sujeto es el Ogro, el remitente, un problematizado señor feudal que a la vez también es el oponente, el ayudante un burro hablador, el oponente inicial una dragona (que termina siendo ayudante), el objeto del envío es el rescate de la prisionera y el destinatario es la princesa, que luego, y para casi terminar de contar la película, no lo es de manera tan ortodoxa.

Valga una explicación difícil pero necesaria. El descontructivismo o desconstrucción es el método filosófico ideado por el filósofo francés Jacques Derridá (1930) para combatir al logocentrismo y el presentismo. Se trata de un programa que rechaza la tesis de que detrás de los nombres existen representaciones o esencias, es decir que las palabras no necesariamente expresan lo que es realidad. Lo importante para Derridá es la estructura del relato y las relaciones intrínsecas entre los términos, de esta manera se evitará cualquier centro o fundamento (que podría resultar equívoco o falso) y se logrará equilibrar las diferencias entre los términos.

De esta manera en Shrek los términos tradicionales son desconstruidos. Así el remitente puede ser a la vez el oponente, y el oponente puede ser posteriormente el ayudante. Esto a nivel del desarrollo mismo de la historia. En cuanto a la configuración de los personajes el hecho más llamativo, y más vendedor de la película, es el que ya nos hemos referido: que un ogro rescate a la princesa. Con lo cual se utiliza un carácter universalmente referido a la maldad, para transmutarlo en protagonista y héroe.

La película hace gala de un desenfadado y humorístico trato de los personajes tradicionales de los cuentos de hadas: Geppeto vendiendo a un Pinocho que considera poseso porque habla, los tres chanchitos bailando break dance, el hombre de jengibre siendo torturado, conocidas escenas de películas desperdigadas irónicamente. La agudeza es grande, y a veces, la violencia mental de los presupuestos también.

Bueno, pero ¿por qué un ogro no podría rescatar a una princesa? En realidad si tomamos el término ogro en su sentido original, diríamos que a lo mejor. Que sí, pero no sabemos con qué objeto. Como el ogro es un ser que se come a los seres humanos —ese es el ogre original y terrible de la mitología nórdica—, pues podría ser que a algún ogro se le ocurriera rescatar a una princesa de las garras de un dragón, con lo cual tendríamos a un ogro en necesidad extrema, al punto de enfrentarse con un dragón para obtener un poco de alimento.

Sin embargo Shrek no es un ogro común. No se come a los seres humanos, con lo cual entra en contradicción con el sentido mismo de su denominación. A lo más come algunas sabandijas o ratas de campo, pero de carne humana nada. Incluso podemos leer en sus actitudes una cierta nobleza espiritual. Entonces ¿Shrek es un ogro o no?, en el sentido etimológico del término la respuesta es negativa. Pero parte del programa desconstructivo es no hacer caso de las denominaciones tradicionales, es decir, que Shrek es coherente con la filosofía implícita. El problema es que Shrek no es coherente consigo mismo, probablemente de allí provienen algunos de sus problemas de identidad.

Si Shrek no es un ogro, entonces ¿qué es? Es un héroe. En el sentido lato del término, el protagonista encarna las denominaciones y determinaciones de todo héroe. El problema es que a veces nuestra percepción de los héroes o de los santos es superficial. Pensamos que son sólo personas buenas y nada más. El vencedor de los dragones lo tiene todo fácil: nació fuerte y valiente y ya. No sabemos de las luchas interiores. No sabemos que el héroe se vence a sí mismo antes que al dragón. Y a veces el combate interior es el más difícil.

Desde algunas visiones actuales se critica a los héroes, a los cuentos de hadas y todo aquello que sea ortodoxo porque parecen ser descripciones ingenuas del mundo. Aunque en el fondo los ensayos de esas críticas se terminan encontrando con características de la misma ortodoxia que no se tomaban en cuenta. Por eso, Shrek tiene visos heroicos. Se enfrenta con un gran peligro, aunque sea al principio por interés, y consigue la liberación de la princesa, y también termina enamorándose de ella y liberándola del oponente. Vence sus propios temores y complejos y logra un despliegue personal. Lo paradójico es qué justamente el planteamiento equívoco nos conduce a lo mismo que se critica, porque si la película propone un anti-héroe, y si el ogro protagonista es un no-ogro, pues entonces tenemos un no-anti-héroe lo cual es igual a decir héroe a fin de cuentas.

El humor negro desarrollado a lo largo de la película contra los cuentos tradicionales, no es en realidad un ataque directo contra ellos. No se cuestiona a la Bella Durmiente, a Hansel y Gretel o a Pulgarcito, si no a la estructura y las denominaciones mismas. Lo que se quiere decir es que podría ocurrir que la Bella Durmiente no fuera en realidad tan buena como parece, ni que Hansel y Gretel fueran sólo dos desdichados niños... las cosas pueden no ser como aparentan. Claro que esto es cierto, pero si llevamos al extremo este presupuesto tendremos una obsesionada sospecha, o una ingenuidad peligrosa. Diríamos: «las cosas no son lo que aparentan, y todo depende de la circunstancia misma, ya que cualquier a priori podría ser falso». Si las cosas no son como aparentan, entonces, ¿por qué los malos se disfrazan de buenos? Ni el Lobo Feroz tendría que disfrazarse de abuelita, ni la Bruja de Blancanieves en anciana. Normalmente las cosas son como aparentan.

Por otro lado, si bien lo exterior nos puede dar alguna falsa impresión, en realidad lo hace porque no sabemos leer bien los signos que manifiestan lo profundo de las cosas. Si nos sorprende que un niño puede sacar a Excálibur de la piedra aunque cien fortachones no hayan podido será porque no conocemos bien ni quién es el niño, ni qué es Excálibur. El problema no está sólo en la manifestación o en el nombre de las cosas, si no en nuestra capacidad de conocer. El problema no es el rostro juvenil de Arturo, si no en nuestra falta de capacidad para ver la nobleza en el rostro de un adolescente.

Shrek no es un ogro, aunque se le diga así. Es lo más humano de la película y se salva del canibalismo de la trama (mucho más cercano a lo ogresco que el protagonista). A pesar del intento del desconstructivo guión de Ted Elliott & Terry Rossio, Joe Stillman y Roger S.H. Schulman, hay ciertas cosas que no se pueden descolocar. Si sólo se invierten las estructuras las esencias permanecen y surgen equívocos. Lo peor es la radicalización de dicho modelo, cuando alguien dice que la maldad es mejor que la bondad, lo cual tampoco es algo nuevo. Por eso, y aunque pueda impresionar el tema de Shrek, el cuento no pasará de ser eso: un falso ogro rescatando a una falsa princesa... cierta agudeza, una buena dosis de ironía, poca coherencia y una gran disconformidad desde una particular visión de los héroes.

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Publicado en el suplemento “Fe y Familia†del diario “Arequipa al díaâ€, el domingo 7 de Octubre de 2001

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