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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Cat贸lica sobre la recepci贸n de la comuni贸n eucar铆stica por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar
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Carta a los Obispos de la Iglesia Cat贸lica sobre la recepci贸n de la comuni贸n Eucar铆stica por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar

Excelencia Reverend铆sima:

1. El A帽o Internacional de la Familia constituye una ocasi贸n muy importante para volver a descubrir los testimonios del amor y solicitud de la Iglesia por la familia 1 y, al mismo tiempo, para proponer de nuevo la inestimable riqueza del matrimonio cristiano que constituye el fundamento de la familia.

2. En este contexto merecen una especial atenci贸n las dificultades y los sufrimientos de aquellos fieles que se encuentran en situaciones matrimoniales irregulares 2 . Los pastores est谩n llamados, en efecto, a hacer sentir la caridad de Cristo y la materna cercan铆a de la Iglesia; los acogen con amor, exhort谩ndolos a confiar en la misericordia de Dios y, con prudencia y respeto, sugiri茅ndoles caminos concretos de conversi贸n y de participaci贸n en la vida de la comunidad eclesial 3 .

3. Conscientes sin embargo de que la aut茅ntica comprensi贸n y la genuina misericordia no se encuentran separadas de la verdad 4 , los pastores tienen el deber de recordar a estos fieles la doctrina de la Iglesia acerca de la celebraci贸n de los sacramentos y especialmente de la recepci贸n de la Eucarist铆a. Sobre este punto, durante los 煤ltimos a帽os, en varias regiones se han propuesto diversas soluciones pastorales seg煤n las cuales ciertamente no ser铆a posible una admisi贸n general de los divorciados vueltos a casar a la Comuni贸n eucar铆stica, pero podr铆an acceder a ella en determinados casos, cuando seg煤n su conciencia se consideraran autorizados a hacerlo. As铆, por ejemplo, cuando hubieran sido abandonados del todo injustamente, a pesar de haberse esforzado sinceramente por salvar el anterior matrimonio, o bien cuando estuvieran convencidos de la nulidad del anterior matrimonio, sin poder demostrarla en el foro externo, o cuando ya hubieran recorrido un largo camino de reflexi贸n y de penitencia, o incluso cuando por motivos moralmente v谩lidos no pudieran satisfacer la obligaci贸n de separarse.

En algunas partes se ha propuesto tambi茅n que, para examinar objetivamente su situaci贸n efectiva, los divorciados vueltos a casar deber铆anentrevistarse con un sacerdote prudente y experto. Su eventual decisi贸n de conciencia de acceder a la Eucarist铆a, sin embargo, deber铆a ser respetada por ese sacerdote, sin que ello implicase una autorizaci贸n oficial.

En estos casos y otros similares se tratar铆a de una soluci贸n pastoral, tolerante y ben茅vola, para poder hacer justicia a las diversas situaciones de los divorciados vueltos a casar.

4. Aunque es sabido que an谩logas soluciones pastorales fueron propuestas por algunos Padres de la Iglesia y entraron en cierta medida incluso en la pr谩ctica, sin embargo nunca obtuvieron el consentimiento de los Padres ni constituyeron en modo alguno la doctrina com煤n de la Iglesia, como tampoco determinaron su disciplina. Corresponde al Magisterio universal, en fidelidad a la Sagrada Escritura y a la Tradici贸n, ense帽ar e interpretar aut茅nticamente el dep贸sito de la fe.

Por consiguiente, frente a las nuevas propuestas pastorales arriba mencionadas, esta Congregaci贸n siente la obligaci贸n de volver a recordar la doctrina y la disciplina de la Iglesia al respecto. Fiel a la palabra de Jesucristo 5 , la Iglesia afirma que no puede reconocer como v谩lida esta nueva uni贸n, si era v谩lido el anterior matrimonio. Si los divorciados se han vuelto a casar civilmente, se encuentran en una situaci贸n que contradice objetivamente a la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la Comuni贸n eucar铆stica mientras persista esa situaci贸n 6 .

Esta norma de ninguna manera tiene un car谩cter punitivo o en cualquier modo discriminatorio hacia los divorciados vueltos a casar, sino que expresa m谩s bien una situaci贸n objetiva que de por s铆 hace imposible el acceso a la Comuni贸n eucar铆stica: 芦Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situaci贸n de vida contradicen objetivamente la uni贸n de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucarist铆a. Hay adem谩s otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucarist铆a los fieles ser铆an inducidos a error y confusi贸n acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio禄 7 .

Para los fieles que permanecen en esa situaci贸n matrimonial, el acceso a la Comuni贸n eucar铆stica s贸lo se abre por medio de la absoluci贸n sacramental, que puede ser concedida 芦煤nicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, est谩n sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, -como, por ejemplo, la educaci贸n de los hijos- no pueden cumplir la obligaci贸n de la separaci贸n, "asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos"禄 8 . En este caso ellos pueden acceder a la Comuni贸n eucar铆stica, permaneciendo firme sin embargo la obligaci贸n de evitar el esc谩ndalo.

5. La doctrina y la disciplina de la Iglesia sobre esta materia han sido ampliamente expuestas en el per铆odo post-conciliar por la Exhortaci贸n Apost贸lica Familiaris consortio. La Exhortaci贸n, entre otras cosas, recuerda a los pastores que, por amor a la verdad, est谩n obligados a discernir bien las diversas situaciones y los exhorta a animar a los divorciados que se han casado otra vez para que participen en diversos momentos de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, reafirma la praxis constante y universal, 芦fundada en la Sagrada Escritura, de no admitir a la Comuni贸n eucar铆stica a los divorciados vueltos a casar禄 9 , indicando los motivos de la misma. La estructura de la Exhortaci贸n y el tenor de sus palabras dejan entender claramente que tal praxis, presentada como vinculante, no puede ser modificada bas谩ndose en las diferentes situaciones.

6. El fiel que est谩 conviviendo habitualmente 芦more uxorio禄 con una persona que no es la leg铆tima esposa o el leg铆timo marido, no puede acceder a la Comuni贸n eucar铆stica. En el caso de que 茅l lo juzgara posible, los pastores y los confesores, dada la gravedad de la materia y las exigencias del bien espiritual de la persona( 10 y del bien com煤n de la Iglesia, tienen el grave deber de advertirle que dicho juicio de conciencia ri帽e abiertamente con la doctrina de la Iglesia 11 . Tambi茅n tienen que recordar esta doctrina cuando ense帽an a todos los fieles que les han sido encomendados.

Esto no significa que la Iglesia no sienta una especial preocupaci贸n por la situaci贸n de estos fieles que, por lo dem谩s, de ning煤n modo se encuentran excluidos de la comuni贸n eclesial. Se preocupa por acompa帽arlos pastoralmente y por invitarlos a participar en la vida eclesial en la medida en que sea compatible con las disposiciones del derecho divino, sobre las cuales la Iglesia no posee poder alguno para dispensar 12 . Por otra parte, es necesario iluminar a los fieles interesados a fin de que no crean que su participaci贸n en la vida de la Iglesia se reduce exclusivamente a la cuesti贸n de la recepci贸n de la Eucarist铆a. Se debe ayudar a los fieles a profundizar su comprensi贸n del valor de la participaci贸n al sacrificio de Cristo en la Misa, de la comuni贸n espiritual 13 , de la oraci贸n, de la meditaci贸n de la palabra de Dios, de las obras de caridad y de justicia 14 .

7. La errada convicci贸n de poder acceder a la Comuni贸n eucar铆stica por parte de un divorciado vuelto a casar, presupone normalmente que se atribuya a la conciencia personal el poder de decidir en 煤ltimo t茅rmino, bas谩ndose en la propia convicci贸n 15 ,sobre la existencia o no del anterior matrimonio y sobre el valor de la nueva uni贸n. Sin embargo, dicha atribuci贸n es inadmisible 16 . El matrimonio, en efecto, en cuanto imagen de la uni贸n esponsal entre Cristo y su Iglesia as铆 como n煤cleo basilar y factor importante en la vida de la sociedad civil, es esencialmente una realidad p煤blica.

8. Es verdad que el juicio sobre las propias disposiciones con miras al acceso a la Eucarist铆a debe ser formulado por la conciencia moral adecuadamente formada. Pero es tambi茅n cierto que el consentimiento, sobre el cual se funda el matrimonio, no es una simple decisi贸n privada, ya que crea para cada uno de los c贸nyuges y para la pareja una situaci贸n espec铆ficamente eclesial y social. Por lo tanto el juicio de la conciencia sobre la propia situaci贸n matrimonial no se refiere 煤nicamente a una relaci贸n inmediata entre el hombre y Dios, como si se pudiera dejar de lado la mediaci贸n eclesial, que incluye tambi茅n las leyes can贸nicas que obligan en conciencia. No reconocer este aspecto esencial significar铆a negar de hecho que el matrimonio exista como realidad de la Iglesia, es decir, como sacramento.

9. Por otra parte la Exhortaci贸n Familiaris consortio, cuando invita a los pastores a saber distinguir las diversas situaciones de los divorciados vueltos a casar, recuerda tambi茅n el caso de aquellos que est谩n subjetivamente convencidos en conciencia de que el anterior matrimonio, irreparablemente destruido, jam谩s hab铆a sido v谩lido 17 . Ciertamente es necesario discernir a trav茅s de la v铆a del fuero externo establecida por la Iglesia si existe objetivamente esa nulidad matrimonial. La disciplina de la Iglesia, al mismo tiempo que confirma la competencia exclusiva de los tribunales eclesi谩sticos para el examen de la validez del matrimonio de los cat贸licos, ofrece actualmente nuevos caminos para demostrar la nulidad de la anterior uni贸n, con el fin de excluir en cuanto sea posible cualquier diferencia entre la verdad verificable en el proceso y la verdad objetiva conocida por la recta conciencia 18 .

Atenerse al juicio de la Iglesia y observar la disciplina vigente sobre la obligatoriedad de la forma can贸nica en cuanto necesaria para la validez de los matrimonios de los cat贸licos es lo que verdaderamente ayuda al bien espiritual de los fieles interesados. En efecto, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y vivir en la comuni贸n eclesial es vivir en el Cuerpo de Cristo y nutrirse del Cuerpo de Cristo. Al recibir el sacramento de la Eucarist铆a, la comuni贸n con Cristo Cabeza jam谩s puede estar separada de la comuni贸n con sus miembros, es decir con la Iglesia. Por esto el sacramento de nuestra uni贸n con Cristo es tambi茅n el sacramento de la unidad de la Iglesia. Recibir la Comuni贸n eucar铆stica ri帽endo con la comuni贸n eclesial es por lo tanto algo en s铆 mismo contradictorio. La comuni贸n sacramental con Cristo incluye y presupone el respeto, muchas veces dif铆cil, de las disposiciones de la comuni贸n eclesial y no puede ser recta y fruct铆fera si el fiel, aunque quiera acercarse directamente a Cristo, no respeta esas disposiciones.

10. De acuerdo con todo lo que se ha dicho hasta ahora, hay que realizar plenamente el deseo expreso del S铆nodo de los Obispos, asumido por el Santo Padre Juan Pablo II y llevado a cabo con empe帽o y con laudables iniciativas por parte de Obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos: con sol铆cita caridad hacer todo aquello que pueda fortalecer en el amor de Cristo y de la Iglesia a los fieles que se encuentran en situaci贸n matrimonial irregular. S贸lo as铆 ser谩 posible para ellos acoger plenamente el mensaje del matrimonio cristiano y soportar en la fe los sufrimientos de su situaci贸n. En la acci贸n pastoral se deber谩 cumplir toda clase de esfuerzos para que se comprenda bien que no se trata de discriminaci贸n alguna, sino 煤nicamente de fidelidad absoluta a la voluntad de Cristo que restableci贸 y nos confi贸 de nuevo la indisolubilidad del matrimonio como don del Creador. Ser谩 necesario que los pastores y toda la comunidad de fieles sufran y amen junto con las personas interesadas, para que puedan reconocer tambi茅n en su carga el yugo suave y la carga ligera de Jes煤s 19 . Su carga no es suave y ligera en cuanto peque帽a o insignificante, sino que se vuelve ligera porque el Se帽or -y junto con 茅l toda la Iglesia- la comparte. Es tarea de la acci贸n pastoral, que se ha de desarrollar con total dedicaci贸n, ofrecer esta ayuda fundada conjuntamente en la verdad y en el amor.

Unidos en el empe帽o colegial de hacer resplandecer la verdad de Jesucristo en la vida y en la praxis de la Iglesia, me es grato confirmarme de su Excelencia Reverend铆sima devot铆simo en Cristo

Joseph Card. Ratzinger
Prefecto

+ Alberto Bovone
Arzobispo tit. de Cesarea de Numidia
Secretario

El Sumo Pont铆fice Juan Pablo II, durante la audiencia concedida al Cardenal Prefecto ha aprobado la presente Carta, acordada en la reuni贸n ordinaria de esta Congregaci贸n, y ha ordenado que se publique.

Roma, en la sede la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, 14 de septiembre de 1994, fiesta de la Exaltaci贸n de la Santa Cruz.


1

Cf. JUAN PABLO II, Carta a las Familias (2 de febrero de 1994), n. 3.

2

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. apost. Familiaris consortio nn. 79-84: AAS 74 (1982) 180-186.

3

Cf. Ibid., n. 84: AAS 74 (1982) 185; Carta a las Familias, n. 5; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1651.

4

Cf. PABLO VI, Encicl. Humanae vitae, n. 29: AAS 60 (1968) 501; JUAN PABLO II, Exhort. apost. Reconciliatio et paenitentia, n. 34: AAS 77 (1985) 272; Encicl. Veritatis splendor, n. 95: AAS 85 (1993) 1208.

5

Mc 10,11-12: "Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aqu茅lla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio".

6

Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1650; cf. tambi茅n n. 1640 y Concilio de Trento, sess. XXIV: DS 1797-1812.

7

Exhort. Apost. Familiaris consortio, n. 84: AAS 74 (1982) 185-186.

8

Ibid, n. 84: AAS 74 (1982) 186; cf. JUAN PABLO II, Homil铆a para la clausura del VI S铆nodo de los Obispos, n. 7: AAS 72 (1980) 1082.

9

Exhort. Apost. Familiaris consortio, n.84: AAS 74 (1982) 185.

10

Cf. I Co 11, 27-29.

11

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 978 搂 2.

12

Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1640.

13

Cf. CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a los Obispos de la Iglesia Cat贸lica sobre algunas cuestiones relativas al Ministro de la Eucarist铆a, III/4: AAS 75 (1983) 1007; STA TERESA DE AVILA, Camino de perfecci贸n, 35,1; S. ALFONSO M. DE LIGORIO, Visitas al Sant铆simo Sacramento y a Mar铆a Sant铆sima.

14

Cf. Exhort. apost. Familiaris consortio, n. 84: AAS 74 (1982) 185.

15

Cf. Encicl. Veritatis splendor, n. 55: AAS 85 (1993) 1178.

16

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 1085 搂 2.

17

Cf. Exhort. apost. Familiaris Consortio, n. 84: AAS 74 (1982) 185.

18

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico cann. 1536 搂 2 y 1679 y C贸digo de los c谩nones de las Iglesias Orientales cann. 1217 搂 2 y 1365, acerca de la fuerza probatoria de las declaraciones de las partes en dichos procesos.

19

Cf. Mt 11,30.
Consultas

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