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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Instruccion sobre algunos aspectos relativos al uso de los instrumentos de Comunicacion Social en la promocion de la doctrina de la fe
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Instruccion sobre algunos aspectos relativos al uso de los instrumentos de comunicacion social en la promocion de la Doctrina de la Fe

Introduccion

El Concilio Vaticano II recuerda que entre las tareas principales de los Obispos 芦sobresale la predicaci贸n del Evangelio禄 (Lumen gentium, n. 25), siguiendo as铆 el mandato del Se帽or de ense帽ar a todas las gentes y predicar el Evangelio a toda criatura (cf. Mt 28,19).

Entre los instrumentos m谩s eficaces de que hoy se dispone para la difusi贸n del mensaje evang茅lico se encuentran ciertamente los medios de comunicaci贸n social. La Iglesia no solamente afirma su derecho a utilizarlos (cf. c. 747), sino que exhorta a los Pastores a servirse de ellos en el cumplimiento de su misi贸n (cf. c. 822 搂 1).

De la importancia de los medios de comunicaci贸n social y de su significado, a la luz de la misi贸n evangelizadora de la Iglesia, han tratado ya ampliamente el Decreto del Concilio Vaticano II Inter mirifica y las Instrucciones pastorales del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales Communio et Progressio y Aetatis novae. Hay que mencionar asimismo el documento Orientaciones sobre la formaci贸n de los futuros sacerdotes para el uso de los instrumentos de la comunicaci贸n social, publicado por la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica.

De los medios de comunicaci贸n social trata tambi茅n el nuevo C贸digo de Derecho Can贸nico (cf. cc. 822-832), que encomienda a los Pastores una especial atenci贸n y vigilancia. Los Superiores religiosos, especialmente los Mayores, en virtud de su competencia disciplinar, tienen tambi茅n determinadas responsabilidades al respecto.

Son bien conocidas las dificultades que, por razones diversas, encuentran quienes est谩n llamados a desempe帽ar esta tarea de cuidado y vigilancia. Por otra parte, a trav茅s de los medios de comunicaci贸n social en general y de los libros en particular, se van difundiendo, cada vez m谩s, ideas err贸neas. Despu茅s de haber ilustrado, bajo el aspecto doctrinal, la responsabilidad de los Pastores en materia de Magisterio aut茅ntico con la publicaci贸n de la Instrucci贸n sobre la vocaci贸n eclesial del te贸logo, del 24 de mayo de 1990, la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, en su misi贸n de promover y tutelar la doctrina de la fe y las costumbres, ha considerado oportuno publicar la presente Instrucci贸n, de acuerdo con la Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, y despu茅s de haber consultado tambi茅n al Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

En este Documento se presenta nuevamente y de forma org谩nica la legislaci贸n de la Iglesia sobre esta materia. Recordando las normas can贸nicas, aclarando las disposiciones, desarrollando y determinando los procedimientos a trav茅s de los cuales han de ser aplicadas, la Instrucci贸n se propone, pues, alentar y ayudar a los Pastores en el cumplimiento de su deber (cf. c. 34).

Las normas can贸nicas constituyen una garant铆a para la libertad de todos, tanto de los fieles en particular 鈥搇os cuales tienen derecho a recibir el mensaje del Evangelio en su pureza e integridad鈥� como de los agentes de pastoral, los te贸logos y todos los periodistas cat贸licos, los cuales tienen derecho a exponer su opini贸n, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y el respeto debido a los Pastores. Por otra parte, las leyes reguladoras de la informaci贸n garantizan y promueven el derecho de todos los usuarios de los medios de comunicaci贸n social a la informaci贸n veraz, y de los periodistas en general a la comunicaci贸n de su pensamiento dentro de los l铆mites de la deontolog铆a profesional, tambi茅n en lo que se refiere al modo de tratar los temas religiosos.

A este prop贸sito, considerando las dif铆ciles condiciones en las que desarrollan sus funciones, la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe siente aqu铆 el deber, en particular, de expresar a los te贸logos, a los agentes de pastoral y a los periodistas cat贸licos, as铆 como a los periodistas en general, estima y aprecio por la aportaci贸n concreta que dan en este campo.

I. Responsabilidad de los pastores en general

1. Responsabilidad de instruir a los fieles

搂 1. Los Obispos, en cuanto maestros aut茅nticos de la fe (cf. cc. 375 y 753), deben mostrar particular solicitud en instruir a los fieles sobre el derecho y el deber que tienen de:

a) 芦trabajar para que el mensaje divino de salvaci贸n alcance m谩s y m谩s a los hombres de todo tiempo y del orbe entero禄 (c. 211);

b) manifestar a los Pastores sus propias necesidades, principalmente las espirituales, y tambi茅n sus aspiraciones (cf. c. 212 搂 2);

c) manifestar a los Pastores su opini贸n sobre aquello que ata帽e al bien de la Iglesia (cf. c. 212 搂 3);

d) exponer a los dem谩s fieles 芦su opini贸n sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia鈥�, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los Pastores, habida cuenta de la utilidad com煤n y de la dignidad de las personas禄 (c. 212 搂 3).

搂 2. Los fieles deben ser instruidos adem谩s sobre el deber que tienen de:

a) 芦observar siempre la comuni贸n con la Iglesia, incluso en su modo de obrar禄 (c. 209 搂 1; cf. c. 205);

b) 芦seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia禄 (c. 212 搂 1);

c) observar, en caso de dedicarse a las ciencias sagradas, la debida sumisi贸n al Magisterio de la Iglesia, sin menoscabo de una justa libertad para investigar as铆 como para manifestar prudentemente su opini贸n sobre todo aquello en que sean peritos (cf. c. 218).

d) cooperar para que el uso de los instrumentos de comunicaci贸n social est茅 vivificado por un esp铆ritu humano y cristiano (cf. c. 822 搂 2), de manera que 芦la Iglesia lleve a cabo eficazmente su misi贸n, tambi茅n mediante esos instrumentos禄 (c. 822 搂 3).

2. Responsabilidad respecto a los escritos y al uso de los medios de comunicaci贸n social

Los mismos Pastores, en el 谩mbito de su deber de vigilar y custodiar intacto el dep贸sito de la fe (cf. cc. 386 y 747 搂 1), y de responder al derecho que tienen los fieles de ser guiados por el camino de la sana doctrina (cf. cc. 213 y 217), tienen el derecho y el deber de:

a) 芦velar para que ni los escritos ni la utilizaci贸n de los medios de comunicaci贸n social da帽en la fe y las costumbres de los fieles cristianos禄 (c. 823 搂 1);

b) 芦exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a publicar y tengan relaci贸n con la fe o costumbres禄 (c. 823 搂 1);

c) 芦reprobar los escritos nocivos para la rectitud de la fe o para las buenas costumbres禄 (c. 823 搂 1);

d) aplicar, seg煤n los casos, las sanciones administrativas o penales previstas por el derecho de la Iglesia a quien, trasgrediendo las normas can贸nicas, viole los deberes de su oficio, constituya un peligro para la comuni贸n eclesial o produzca da帽o a la fe o a las costumbres de los fieles (cf. cc. 805; 810 搂 1; 194 搂 1 n. 2; 1369; 1371 n. 1; 1389).

3. Deber de intervenir con medios id贸neos

Los instrumentos morales y jur铆dicos que la Iglesia prev茅 para la salvaguardia de la fe y de las costumbres, y que pone a disposici贸n de los Pastores, no pueden ser descuidados sin faltar a las propias obligaciones, cuando el bien de las almas lo requiera o aconseje. Mant茅nganse los Pastores en contacto permanente con el mundo de la cultura y de la teolog铆a en sus respectivas di贸cesis, de modo que cualquier eventual dificultad pueda ser resuelta con premura a trav茅s del di谩logo fraterno, en el que las personas interesadas tengan la posibilidad de ofrecer las aclaraciones necesarias. En la aplicaci贸n de los procedimientos can贸nicos, los instrumentos disciplinares sean los 煤ltimos a los que se recurra (cf. c. 1341), aunque no se puede olvidar que para proveer mejor a la disciplina eclesi谩stica, la aplicaci贸n de las penas en ciertos casos se muestra necesaria (cf. c. 1317).

4. Peculiar responsabilidad de los Obispos diocesanos

Dejando a salvo la competencia de la Santa Sede (cf. Constituci贸n Apost贸lica Pastor Bonus, art. 48 y 50-52), de las Conferencias Episcopales y de los Concilios particulares (cf. c. 823 搂 2), los Obispos, en el 谩mbito de la propia di贸cesis y de la propia competencia, han de ejercer oportunamente, aunque con prudencia, el derecho-deber de vigilar sobre la fe y las costumbres, pues ellos, como Pastores, son los pricipales responsables de la sana doctrina (cf. cc. 386; 392; 753; 756 搂 2). En el ejercicio de tal funci贸n el Obispo se remitir谩, si es necesario, a la Conferencia Episcopal, a los Concilios particulares o a la misma Santa Sede, a trav茅s del Dicasterio competente (cf. c. 823 搂 2).

5. Ayuda de las Comisiones doctrinales

搂 1. Las Comisiones doctrinales, tanto a nivel diocesano como a nivel de Conferencias Episcopales, pueden ser de gran ayuda para los Obispos; y su actividad ha de ser seguida y alentada convenientemente con el fin de que puedan ofrecer una valiosa ayuda a los Obispos en el cumplimiento de su misi贸n doctrinal (cf. Carta de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, de 23 de noviembre de 1990, a todos los Presidentes de las Conferencias Episcopales).

搂 2. Asimismo, se ha de buscar la colaboraci贸n de personas e instituciones, como los Seminarios, Universidades y Facultades eclesi谩sticas que, fieles a las ense帽anzas de la Iglesia y con la necesaria competencia cient铆fica, puedan contribuir al cumpli颅miento de las obligaciones de los Pastores.

6. Comuni贸n con la Santa Sede

Los Pastores mantendr谩n contacto con los Dicasterios de la Curia Romana, particularmente con la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe (cf. c. 360; Constituci贸n Apost贸lica Pastor Bonus, art. 48-55), a la cual remitir谩n las cuestiones que sobrepasen su competencia (cf. Ib铆d., art. 13) o que por cualquier motivo pueden hacer conveniente la intervenci贸n o la consulta de la Santa Sede. A 茅sta comunicar谩n, adem谩s, todo lo que se considere relevante en materia doctrinal, tanto en sentido positivo como negativo, sugiriendo incluso eventuales intervenciones.

II. Aprobacion o licencia para las diversas clases de escritos

7. Obligatoriedad de la aprobaci贸n o licencia

搂 1. Para determinadas publicaciones el C贸digo de Derecho Can贸nico exige o bien la aprobaci贸n o bien la licencia.

a) En particular, se exige la aprobaci贸n previa para la publicaci贸n de los libros de la Sagrada Escritura y sus traducciones a la lengua vern谩cula (cf. c. 825 搂 1), para los catecismos y otros materiales catequ茅ticos (cf. cc. 775 搂 2; 827 搂 1), para los libros de texto de uso en las escuelas, tanto elementales como medias o superiores, que traten de materias relacionadas con la fe o la moral (cf. c. 827 搂 2).

b) Es necesaria, en cambio, la licencia previa para la preparaci贸n y publicaci贸n, por parte de los fieles, incluso en colaboraci贸n con los hermanos separados, de traducciones de la Sagrada Escritura (cf. c. 825 搂 2), para los libros de oraciones de uso p煤blico o privado (cf. c. 826 搂 3), para las reediciones de colecciones de decretos o actas de la autoridad eclesi谩stica (cf. c. 828), para los escritos de cl茅rigos o religiosos en los peri贸dicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religi贸n cat贸lica o a las buenas costumbres (cf. c. 831 搂 1), para los escritos de los religiosos que traten de cuestiones de religi贸n o de costumbres (cf. c. 832).

搂 2. La aprobaci贸n o licencia eclesi谩stica presupone el dictamen del censor o censores 鈥搒i se considera oportuno que haya m谩s de uno (cf. c. 830)鈥�, garantiza que lo escrito no contiene nada contrario al Magisterio aut茅ntico de la Iglesia sobre fe y costumbres y atestigua que han sido observadas todas las prescripciones de la ley can贸nica en la materia. Por consiguiente, es oportuno que la misma concesi贸n haga referencia expl铆cita al canon correspondiente.

8. Escritos para los cuales es oportuno el juicio del Ordinario del lugar

搂 1. El C贸digo de Derecho Can贸nico recomienda que se sometan al juicio del Ordinario del lugar (cf. c. 827 搂 3) los libros sobre materias relacionadas con la Sagrada Escritura, la teolog铆a, el derecho can贸nico, la historia eclesi谩stica y materias religiosas o morales, aunque no se empleen como libros de texto en la ense帽anza, e igualmente aquellos escritos en los que se contenga algo que afecte de manera peculiar a la religi贸n o a la integridad de las costumbres.

搂 2. El Obispo diocesano, en virtud del derecho que le compete de vigilar sobre la integridad de la fe y de las costumbres, en caso de tener motivos particulares y espec铆ficos, podr铆a incluso exigir, con precepto singular (cf. c. 49), que los citados escritos sean sometidos a su juicio. En efecto, el c. 823 搂 1 confiere a los Pastores el derecho a 芦exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a publicar y tengan relaci贸n con la fe o costumbres禄, sin ninguna limitaci贸n, si no es la de orden general 芦para preservar la integridad de las verdades de fe y costumbres禄. Tal precepto podr铆a ser impuesto en casos particulares, tanto a personas individuales, como a categor铆as de personas (cl茅rigos, religiosos, editoriales cat贸licas, etc.), o sobre determinadas materias.

搂 3. Tambi茅n en este caso la licencia tiene el significado de una declaraci贸n oficial que garantiza que lo escrito no contiene nada contrario a la integridad de la fe y de las costumbres.

搂 4. Considerando que lo escrito pudiera contener opiniones o cuestiones propias de especialistas o concernientes a determinados c铆rculos, y podr铆a causar esc谩ndalo o confusi贸n en algunos ambientes o personas y no en otros, la licencia podr铆a darse bajo determinadas condiciones, que se refieran al medio de publicaci贸n o a la lengua y que, en todo caso, eviten los peligros indicados.

9. Extensi贸n de la aprobaci贸n o licencia

La aprobaci贸n o licencia para editar una obra es v谩lida para el texto original; no es extensible ni a las ediciones sucesivas ni a las traducciones del mismo (cf. c. 829). Las simples reimpresiones no se consideran nuevas ediciones.

10. Derecho a la aprobaci贸n o licencia

搂 1. Puesto que la licencia constituye una garant铆a tanto jur铆dica como moral para los autores, editores y lectores, quien hace la petici贸n, bien porque sea obligatoria o solamente recomendada, tiene derecho a una respuesta por parte de la autoridad competente.

搂 2. En el examen previo para la licencia es necesaria la m谩xima diligencia y seriedad, habida cuenta de los derechos de los autores (cf. c. 218) as铆 como de los de todos los fieles (cf. cc. 213 y 217).

搂 3. Contra la negaci贸n de la licencia o aprobaci贸n es posible el recurso administrativo, a tenor de los cc. 1732-1739, ante la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, que es el Dicasterio competente en la materia (cf. Constituci贸n Apost贸lica Pastor Bonus, art. 48).

11. Autoridad competente para conceder la aprobaci贸n o la licencia

搂 1. La autoridad competente para conceder la licencia o la aprobaci贸n, a norma del c. 824, es indistintamente el Ordinario del lugar propio del autor o el Ordinario del lugar donde se editan los libros.

搂 2. Cuando la licencia ha sido denegada por un Ordinario del lugar se puede recurrir a otro Ordinario competente, con la obligaci贸n, no obstante, de hacer menci贸n de la negaci贸n precedente; el segundo Ordinario, por su parte, no deber谩 conceder la licencia sin haber recibido antes del primero las razones de la negativa (cf. c. 65 搂 1).

12. Procedimiento que se ha de seguir

搂 1. El Ordinario, antes de dar la licencia, someta el escrito al juicio de personas que considere seguras, eligi茅ndolas eventualmente de la lista elaborada por la Conferencia Episcopal o consultando, si existe, la comisi贸n de censores, a norma del c. 830 搂 1. El censor, al emitir su parecer, se atendr谩 a los criterios del c. 830 搂 2.

搂 2. El censor debe dar su dictamen por escrito. Si 茅ste es favorable, el Ordinario podr谩 conceder la licencia, haciendo constar su nombre, as铆 como la fecha y el lugar de la concesi贸n; si, por el contrario, considerase oportuno no concederla, comunique al autor de la obra las razones de la negativa (cf. c. 830 搂 3).

搂 3. Las relaciones con los autores est茅n siempre marcadas por un esp铆ritu constructivo de respetuoso di谩logo y comuni贸n eclesial, que facilite los cauces adecuados para que en las publicaciones no haya nada contrario a la doctrina de la Iglesia.

搂 4. La licencia, con las indicaciones se帽aladas, debe aparecer impresa en los libros que se editan; no basta pues el uso de la f贸rmula 芦con aprobaci贸n eclesi谩stica禄 o similar; deben imprimirse tambi茅n el nombre del Ordinario que concede la licencia, as铆 como la fecha y el lugar de la concesi贸n (cf. la interpretaci贸n aut茅ntica del c. 830 搂 3: AAS, 79 [1987], 1249).

13. Licencia para escribir en algunos medios de comunicaci贸n

El Ordinario del lugar pondere atentamente si es oportuno o no, y en qu茅 condiciones, conceder permiso a los cl茅rigos y a los religiosos para escribir en peri贸dicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religi贸n cat贸lica o a las buenas costumbres (cf. c. 831 搂 1).

III. El apostolado de los fieles en el campo editorial y, en particular, la actividad Editorial Catolica

14. Compromiso y la cooperaci贸n por parte de todos

Los fieles que trabajan en el campo editorial, incluida la distribuci贸n y venta de escritos, tienen, cada cual seg煤n la funci贸n espec铆fica que desarrolla, una responsabilidad propia y peculiar en la promoci贸n de la sana doctrina y de las buenas costumbres. 脡stos, por tanto, no s贸lo est谩n obligados a no cooperar en la difusi贸n de obras contrarias a la fe y a la moral, sino que deben esmerarse positivamente en la divulgaci贸n de escritos que contribuyan al bien humano y cristiano de los lectores (cf. c. 822 搂搂 2-3).

15. Actividad editorial dependiente de instituciones cat贸licas

搂 1. La actividad editorial que depende de instituciones cat贸licas (di贸cesis, institutos religiosos, asociaciones cat贸licas, etc.) tiene una peculiar responsabilidad en este sector. 脡sta debe desarrollarse en sinton铆a con la doctrina de la Iglesia y en comuni贸n con los Pastores, as铆 como en obediencia a las leyes can贸nicas, habida cuenta tambi茅n del v铆nculo especial con la autoridad eclesi谩stica. Los editores cat贸licos no publiquen escritos que carezcan de licencia eclesi谩stica, cuando 茅sta sea preceptiva.

搂 2. Las editoriales dependientes de instituciones cat贸licas deben ser objeto de particular solicitud por parte de los Ordinarios del lugar, a fin de que sus publicaciones sean siempre conformes a la doctrina de la Iglesia y contribuyan eficazmente al bien de las almas.

搂 3. Los Obispos tienen el deber de impedir que sean expuestas o vendidas en las iglesias publicaciones que traten sobre cuestiones de religi贸n o de costumbres y que no hayan obtenido la licencia o la aprobaci贸n eclesi谩stica (cf. c. 827 搂 4).

IV. Responsabilidad de los Superiores Religiosos

16. Principios generales

搂 1. Los Superiores religiosos, aunque en sentido propio no sean maestros aut茅nticos en la fe ni Pastores, tienen una potestad que viene de Dios por ministerio de la Iglesia (cf. c. 618).

搂 2. La actividad apost贸lica de los institutos religiosos debe realizarse en nombre de la Iglesia y por su mandato, y ha de ejercerse en comuni贸n con la misma (cf. c. 675 搂 3). Para ellos vale, de manera particular, cuanto prescribe el c. 209 搂 1 sobre la necesidad de que todos los fieles observen siempre la comuni贸n con la Iglesia, incluso en su modo de obrar. El c. 590 recuerda a los institutos de vida consagrada su peculiar raz贸n de sumisi贸n a la autoridad suprema de la Iglesia y el v铆nculo sagrado de obediencia que une a cada uno de sus miembros con el Sumo Pont铆fice.

搂 3. Los Superiores religiosos tienen la responsabilidad, junto con el Ordinario del lugar, de conceder la licencia a los miembros de sus institutos para publicar escritos que se refieran a cuestiones de religi贸n o de costumbres (cf. cc. 824 y 832).

搂 4. Todos los Superiores, particularmente los que son Ordinarios (cf. c. 134 搂 1), tienen el deber de vigilar para que en el 谩mbito de sus institutos se respete la disciplina eclesi谩stica tambi茅n en materia de medios de comunicaci贸n social, y de urgir su aplicaci贸n en caso de que se descubrieran abusos.

搂 5. Los Superiores religiosos, particularmente aqu茅llos cuyos institutos tienen como finalidad propia el apostolado de la prensa y de los medios de comunicaci贸n social, deber谩n esmerarse para que sus miembros respeten fielmente las normas can贸nicas sobre la materia, y cuidar谩n de modo particular las editoriales, librer铆as, etc., ligadas al instituto, de manera que sean un instrumento de apostolado eficaz y fiel a la Iglesia y a su Magisterio.

搂 6. Los Superiores religiosos actuar谩n en colaboraci贸n con los Obispos diocesanos (cf. c. 678 搂 3) y, si se estima conveniente, tambi茅n mediante apropiados acuerdos escritos (cf. c. 681 搂搂 1-2).

17. Licencia del Superior religioso

搂 1. El Superior religioso a quien, a tenor del c. 832, corresponde conceder a sus propios religiosos la licencia para publicar escritos que se refieran a cuestiones de religi贸n o de costumbres, no la otorgue sino despu茅s de haberse cerciorado 鈥損revio juicio de al menos un censor de su confianza鈥� de que la publicaci贸n no contiene nada contra la doctrina de fe o costumbres.

搂 2. El Superior puede exigir que su licencia preceda a la del Ordinario del lugar y que se haga menci贸n expl铆cita de ella en la publicaci贸n.

搂 3. La licencia puede ser concedida de modo general cuando se trate de una colaboraci贸n habitual en publicaciones peri贸dicas.

搂 4. Tambi茅n en este sector es particularmente importante la mutua colaboraci贸n entre los Ordinarios del lugar y los Superiores religiosos (cf. c. 678 搂 3).

18. Casas editoriales de los religiosos

A las casas editoriales dependientes de los institutos religiosos se aplica cuanto se ha dicho a prop贸sito de las editoriales dependientes de las instituciones cat贸licas en general. Estas iniciativas editoriales han de considerarse siempre como obras de apostolado realizado por mandato de la Iglesia y en comuni贸n con ella, en fidelidad al carisma propio del instituto y en sumisi贸n al Obispo diocesano (cf. c. 678 搂 1).

El Sumo Pont铆fice Juan Pablo II, durante la Audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto, ha aprobado la presente Instrucci贸n, acordada en la reuni贸n ordinaria de esta Congregaci贸n, y ha ordenado su publicaci贸n.

Roma, en la sede de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, 30 de marzo de 1992.

Joseph Card. RATZINGER
Prefecto

+ Alberto BOVONE
Arzobispo tit. de Cesarea de Numidia
Secretario

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