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Pontificia Comisi贸n Iustitia Et Pax, Comunicado del Consejo Pontificio Justicia y Paz en la Conferencia Mundial contra el racismo, la discriminaci贸n racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia
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Comunicado del Consejo Pontificio Justicia y Paz en la Conferencia Mundial contra el racismo, la discriminaci贸n racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia

Durban (Sud谩frica), del 29 de agosto de 2001

Premisa

Del 31 de agosto al 7 de septiembre se est谩 celebrando en Durban (Sud谩frica), bajo el patrocinio de las Naciones Unidas, la Conferencia mundial contra el racismo, la discriminaci贸n racial, la xenofobia y dem谩s formas de intolerancia. La Santa Sede, consciente de la relevancia del tema que se est谩 debatiendo en esta Conferencia, se halla representada por una importante delegaci贸n. Con esta ocasi贸n, se ha distribuido a los participantes la segunda edici贸n del documento titulado "La Iglesia frente al racismo, para una sociedad m谩s fraterna". Este documento fue publicado, por primera vez, por el Consejo pontificio Justicia y paz, a petici贸n del Santo Padre, en el a帽o 1988. Sin embargo, dicho Consejo, teniendo presente, por una parte, un marco internacional en plena evoluci贸n y, por otra, los principales temas de la Conferencia, ha puesto al inicio de la edici贸n de este a帽o una articulada introducci贸n, actualizando el tema con nuevas reflexiones.

Mundializaci贸n y nuevos particularismos

En efecto, la mundializaci贸n se est谩 produciendo cada vez con mayor rapidez: los pa铆ses, las econom铆as, las culturas y los estilos de vida se acercan, se universalizan y se funden. El fen贸meno de la interdependencia se extiende a todos los campos: pol铆tico, econ贸mico, financiero, social y cultural. Los descubrimientos cient铆ficos y el desarrollo de las t茅cnicas de comunicaci贸n han "empeque帽ecido" notablemente el planeta.

A la vez, de forma parad贸jica, los contrastes se acent煤an cada vez m谩s, las violencias 茅tnicas aumentan, la b煤squeda de identidad del grupo, de la etnia o de la naci贸n se exaspera rechazando a los otros, a los que son diferentes, hasta el punto de cometer, a veces, actos de barbarie. As铆, este 煤ltimo decenio se ha caracterizado por guerras 茅tnicas o nacionalistas, que constituyen motivos de creciente preocupaci贸n para el futuro.

En parte, esa paradoja, muy conocida, se suele explicar con el miedo a perder la propia identidad en un mundo que se hace planetario con demasiada rapidez, precisamente en el momento en que las desigualdades se acent煤an. Pero esa paradoja se debe a m煤ltiples causas. Es sabido que la ca铆da del muro de Berl铆n despert贸 rencores y nacionalismos, que desde hac铆a a帽os se hallaban adormecidos bajo la ceniza; y tambi茅n es sabido que, con mucha frecuencia, las fronteras heredadas de la colonizaci贸n no respetan la historia y la identidad de los pueblos y, adem谩s, de modo cruel, no se practica la solidaridad en sociedades cuyo entramado social se desintegra.

Los temas de la Conferencia

Consiguientemente, frente a estas crisis, en los 煤ltimos decenios la situaci贸n, desde el punto de vista del racismo, de la discriminaci贸n racial, de la xenofobia y de las formas de intolerancia que implican, por desgracia no ha mejorado; m谩s a煤n, tal vez ha empeorado, precisamente cuando los movimientos de poblaci贸n est谩n aumentando y el entramado de las culturas y la realidad multi茅tnica se han convertido en fen贸menos sociales generalizados. De ah铆 la importancia de esta Conferencia mundial sobre el racismo, importancia que la Santa Sede desea subrayar.

En un contexto internacional de este tipo, el comit茅 preparatorio de la Conferencia de Durban decidi贸, el pasado mes de junio, incluir en el orden del d铆a provisional de la Conferencia los siguientes cinco grandes puntos.

En primer lugar, propon铆a que se examinaran las fuentes, las causas, las formas y las manifestaciones contempor谩neas del racismo, de la discriminaci贸n racial, de la xenofobia y de las formas de intolerancia que implican.

El segundo punto ped铆a tomar en consideraci贸n las v铆ctimas de esos males.

En el tercero se invitaba a sugerir medidas, en el 谩mbito de la prevenci贸n, de la educaci贸n y de la protecci贸n, encaminadas a eliminar esos males, tanto a nivel nacional como regional e internacional.

El cuarto punto inclu铆a la b煤squeda de recursos 煤tiles, medios jur铆dicos, reparaci贸n y medidas de indemnizaci贸n. Ya desde ahora se puede se帽alar que esta 煤ltima cuesti贸n, la de las "medidas de indemnizaci贸n", fue puesta entre comillas en el texto del comit茅 preparatorio, dado que es objeto de controversia: en efecto, algunos Estados desean que la esclavitud y la colonizaci贸n se reconozcan expl铆citamente como fuente primaria de racismo y, por consiguiente, que las ex potencias coloniales asuman su deber de reparaci贸n, y esas naciones no lo aceptan.

El quinto y 煤ltimo punto se refer铆a a las estrategias orientadas a instaurar la igualdad integral y efectiva, particularmente la cooperaci贸n internacional y la consolidaci贸n de los mecanismos de puesta en pr谩ctica por parte de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas y otros mecanismos internacionales en el 谩mbito de la lucha contra el racismo.

La contribuci贸n de la Iglesia: perd贸n y reconciliaci贸n

En este marco, podemos preguntarnos cu谩l ha de ser la contribuci贸n espec铆fica que la Iglesia cat贸lica est谩 llamada a dar, no s贸lo a la actual Conferencia de Durban, sino tambi茅n, m谩s en general, a la lucha contra el racismo, la discriminaci贸n racial, la xenofobia y la intolerancia.

La primera respuesta, obligada, es que, dado que del coraz贸n del hombre nacen los asesinatos, las maldades, la envidia, la soberbia y la insensatez (cf. Mc 7, 21), en este nivel es donde la contribuci贸n de la Iglesia cat贸lica, con sus constantes llamadas a la conversi贸n personal, es m谩s importante e insustituible.

En efecto, es preciso ante todo dirigirse al coraz贸n del hombre, porque es el primero que necesita purificarse para que no reinen en 茅l ni el miedo ni el esp铆ritu de dominio, sino la apertura a los dem谩s, la fraternidad y la solidaridad. De ah铆 el papel fundamental de las religiones y, en particular, de la fe cristiana, que ense帽a la dignidad de todo ser humano y la unidad del g茅nero humano. Y, si la guerra o situaciones graves convirtieran a otros hombres en enemigos, el primer mandamiento cristiano, y el m谩s radical, es precisamente el del amor al enemigo y responder al mal con el bien.

Al cristiano no se le permite tener prop贸sitos o comportamientos racistas o discriminatorios, aunque, por desgracia, esto no siempre se vive en la pr谩ctica, y no siempre se ha cumplido a lo largo de la historia. A este respecto, el Papa Juan Pablo II quiso que el A帽o jubilar 2000 se caracterizara por repetidas peticiones de perd贸n en nombre de la Iglesia, a fin de que la memoria de la Iglesia fuera purificada de todas las "formas de antitestimonio y de esc谩ndalo" (Tertio millennio adveniente, 33) que se sucedieron en el decurso del milenio pasado.

En efecto, en ciertas situaciones acontece que el mal sobrevive a quien lo ha realizado, a trav茅s de las consecuencias de los comportamientos, y estos 煤ltimos pueden convertirse en pesadas cargas que gravan sobre la conciencia y la memoria de los descendientes. Entonces resulta necesaria una purificaci贸n de la memoria: "Purificar la memoria significa eliminar de la conciencia personal y com煤n todas las formas de resentimiento y de violencia que la herencia del pasado haya dejado, sobre la base de un juicio hist贸rico-teol贸gico nuevo y riguroso, que funda un posterior comportamiento moral renovado (...), con vistas al crecimiento de la reconciliaci贸n en la verdad, en la justicia y en la caridad entre los seres humanos y, en particular, entre la Iglesia y las diversas comunidades religiosas, culturales o civiles con las que entra en relaci贸n" (Comisi贸n teol贸gica internacional, Memoria y reconciliaci贸n: la Iglesia y las culpas del pasado, n. 1).

La petici贸n de perd贸n afecta en primer lugar a la vida de los cristianos que forman parte de la Iglesia; sin embargo, "es leg铆timo esperar que los responsables pol铆ticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dram谩ticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el esp铆ritu de perd贸n y reconciliaci贸n testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un di谩logo leal y abierto" (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en un congreso internacional sobre la Inquisici贸n, 31 de octubre de 1998, n. 5: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 6 de noviembre de 1998, p. 2).

El perd贸n, acto de amor gratuito, tiene sus exigencias: es necesario reconocer el mal que se ha realizado y, en la medida de las posibilidades, remediarlo. Por consiguiente, la primera exigencia es el respeto a la verdad. En efecto, la mentira, la deslealtad, la corrupci贸n, la manipulaci贸n ideol贸gica o pol铆tica hacen imposible entablar relaciones sociales pac铆ficas. De ah铆 la importancia de procesos que permitan establecer la verdad, procesos necesarios pero delicados, pues la investigaci贸n de la verdad corre el peligro de transformarse en sed de venganza.

La cuesti贸n de la reparaci贸n

Una segunda exigencia es la justicia, dado que "el perd贸n no elimina ni disminuye la exigencia de la reparaci贸n, que es propia de la justicia, sino que trata de reintegrar tanto a las personas y los grupos en la sociedad, como a los Estados en la comunidad de las naciones" (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada mundial de la paz de 1997, n. 5: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 20 de diciembre de 1996, p. 11).

La Santa Sede es muy consciente de la importancia y, al mismo tiempo, de la delicadeza de los problemas vinculados a "la exigencia de reparaci贸n", especialmente cuando se traduce en demandas de indemnizaci贸n. El debate que se entabl贸 entre algunos Estados miembros de las Naciones Unidas en el momento de aceptar el orden del d铆a provisional de la Conferencia de Durban es un testimonio ulterior. A la Iglesia no compete proponer una soluci贸n t茅cnica a ese problema tan complejo. Sin embargo, la Santa Sede expresa su convicci贸n de que cada vez es m谩s necesario mirar al pasado con memoria purificada para poder afrontar serenamente el futuro.

La educaci贸n en los derechos humanos

Entre las recomendaciones que se proponen en el programa de la Conferencia de Durban se halla tambi茅n el compromiso de educar en los derechos humanos, particularmente a trav茅s de los medios de comunicaci贸n y la labor de las religiones.

La Santa Sede es consciente de que las ra铆ces del racismo, de la discriminaci贸n y de la intolerancia se encuentran en los prejuicios y en la ignorancia, ante todo frutos del pecado, pero tambi茅n de una educaci贸n equivocada e insuficiente. De ah铆 el papel fundamental de la educaci贸n. Al respecto, la Iglesia cat贸lica recuerda su papel activo "en la base" -papel que tiene un enorme alcance- para educar e instruir a los j贸venes de cualquier confesi贸n religiosa y de todos los continentes, y eso desde hace siglos. La Iglesia, fiel a sus valores, imparte una educaci贸n al servicio del hombre y de todo el hombre. Esta acci贸n fundamental en favor de la causa de los derechos humanos es muy conocida.

Con respecto al papel insustituible de las religiones, y en particular de la fe cristiana, para educar en el respeto a los derechos del hombre, baste recordar que una ense帽anza correcta de la religi贸n permite alejarse de esos "铆dolos falsos" que son el nacionalismo y el racismo. El Papa Juan Pablo II afirmaba ante la asamblea interreligiosa de 1999: "La tarea que debemos cumplir consiste en promover una cultura del di谩logo. Individualmente y todos juntos debemos demostrar que la creencia religiosa se inspira en la paz, fomenta la solidaridad, impulsa la justicia y sostiene la libertad" (Discurso durante el encuentro con los l铆deres de diversas religiones, 28 de octubre de 1999, n. 3: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 5 de noviembre de 1999, p. 6).

Las discriminaciones positivas

Entre las recomendaciones del orden del d铆a de la Conferencia de Durban se incluyen tambi茅n las "discriminaciones positivas". En efecto, la Convenci贸n internacional sobre la eliminaci贸n de toda forma de discriminaci贸n racial, del 21 de diciembre de 1965, que la Santa Sede ratific贸, prev茅 la posibilidad de adoptar medidas especiales "con el 煤nico fin de asegurar de modo adecuado el progreso de algunos grupos raciales o 茅tnicos y de personas que requieren protecci贸n, la cual puede serles necesaria para disfrutar de los derechos humanos (...) en condiciones de igualdad" (art. 1, 4).

Sobre esta base de la "acci贸n positiva", algunos pa铆ses han adoptado legislaciones que conceden una protecci贸n especial a los pueblos aut贸ctonos o minoritarios. Con todo, la elecci贸n de este tipo de pol铆tica sigue siendo objeto de controversia. Existe el peligro real de que esas medidas consoliden la diferencia, en vez de favorecer la cohesi贸n social; que, por ejemplo, en lo que ata帽e al empleo o a la vida pol铆tica, se recluten o elijan las personas seg煤n su grupo 茅tnico y no de acuerdo con su competencia; y, por 煤ltimo, que la libertad de elecci贸n quede condicionada.

Es indiscutible que, a veces, el peso de los antecedentes de 铆ndole hist贸rica, social y cultural exige acciones positivas por parte de los Estados. Los pueblos aut贸ctonos, en particular, a煤n sufren mucho a causa de discriminaciones. Ahora bien, la Iglesia cat贸lica, siempre muy atenta a la defensa de la realidad del hombre concreto, en su situaci贸n hist贸rica, reivindica un respeto efectivo de los derechos humanos.

Formas in茅ditas de racismo

Por consiguiente, estas pol铆ticas son leg铆timas si se respeta la prudente reserva del art铆culo 1掳 4 de la Convenci贸n de 1965. En efecto, ese art铆culo establece que las discriminaciones positivas sean temporales, que no tengan como efecto el mantenimiento de derechos distintos para grupos diferentes, y que no sigan en vigor una vez obtenidos los objetivos fijados.

Notemos, por 煤ltimo, que desde 1988 se han ahondado dos grandes brechas a nivel mundial: la, cada vez m谩s dram谩tica, de la pobreza y de la discriminaci贸n social; y la, m谩s nueva y menos denunciada, del ser humano no nacido, sujeto a experimentos y objeto de la t茅cnica (a trav茅s de las t茅cnicas de procreaci贸n artificial, la utilizaci贸n de "embriones sobrantes", la clonaci贸n llamada terap茅utica, etc.). Es muy real el peligro de una forma in茅dita de racismo, pues el desarrollo de estas t茅cnicas podr铆a llevar a la creaci贸n de una "sub-categor铆a de seres humanos" destinada esencialmente a la utilidad de algunos. Se trata de una nueva y terrible forma de esclavitud. Ahora algunos poderosos intereses comerciales quisieran aprovecharse de esta latente tentaci贸n eugen茅sica. Por eso, los gobiernos y la comunidad cient铆fica internacional tienen el deber de vigilar atentamente.

Conclusi贸n

En septiembre de 1995, el Papa Juan Pablo II, en su visita a Sud谩frica, afirm贸 que la solidaridad "es el 煤nico camino posible para salir del completo fracaso moral de los prejuicios raciales y de las rivalidades 茅tnicas" (Homil铆a en Johannesburgo, 17 de septiembre de 1995, n. 4: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 29 de septiembre de 1995, p. 11). La solidaridad se ha de desarrollar entre los Estados pero tambi茅n en el seno de todas las sociedades donde, indiscutiblemente, la deshumanizaci贸n y la desintegraci贸n del entramado social est谩n llevando a la exacerbaci贸n de las opiniones y de las conductas racistas y xen贸fobas, y al rechazo del m谩s d茅bil, sea extranjero, inv谩lido o pobre.

La solidaridad se funda en la unidad de la familia humana, pues todos los hombres, creados a imagen y semejanza de Dios, tienen el mismo origen y est谩n llamados al mismo destino. Sobre esta base es insustituible la contribuci贸n de las religiones y esa contribuci贸n deben darla todos los creyentes que, adhiri茅ndose libremente a su fe, la viven diariamente. En todo esto nos ha de impulsar la convicci贸n de que la libertad de conciencia y de religi贸n sigue siendo el presupuesto, el principio y el fundamento de cualquier otra libertad, humana y civil, individual y comunitaria.

Cardenal Fran莽ois-Xavier Nguy锚n van Thu芒n
Presidente del Consejo pontificio Justicia y paz

S. E. Mons. Giampaolo Crepaldi
Secretario

Consultas

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