H茅ctor Aguer, Parres铆a de la Fe, audacia de la raz贸n

Parres铆a de la fe, audacia de la raz贸n

Las trece enc铆clicas de Juan Pablo II

Considero oportuno, a modo de introducci贸n, ubicar la Fides et ratio en el conjunto o cuerpo de enc铆clicas de Juan Pablo II. Podr铆amos clasificar estos textos magisteriales agrup谩ndolos en varias secciones. Las tres primeras enc铆clicas constituyen la expresi贸n del contenido fundante del anuncio cristiano: Redemptor hominis presenta la figura de Cristo Redentor iluminando el destino de la humanidad; Dives in misericordia anuncia el Evangelio del amor misericordioso del Padre, y Dominum et vivificantem nos invita a reconocer la presencia y acci贸n del Esp铆ritu Santo en la vida de la Iglesia y del mundo. Es conveniente asociar a estas tres la Redemptoris Mater, que manifiesta el papel de Mar铆a en el misterio de Cristo y en la historia de la salvaci贸n. Las cuatro enc铆clicas mencionadas presentan el misterio de Dios ilustrando la estructura de la realidad, su car谩cter 鈥渃omunional鈥, y descubriendo la historia como historia de la salvaci贸n. La proyecci贸n del misterio trinitario que se encuentra aqu铆 esbozada constituye el fundamento de la misi贸n de la Iglesia, que desea salir al encuentro del hombre.

En relaci贸n con este primer cuerpo doctrinal podr铆amos ubicar otras tres enc铆clicas: Redemptoris missio, Ut unum sint y Slavorum apostoli. Las tres se refieren a la misi贸n de la Iglesia en la actualidad, afirmando la perpetua validez del mandato misionero que ella ha recibido y procura cumplir, y tambi茅n avizorando la perspectiva de la unidad cristiana, tan cercana al coraz贸n del Papa actual. Slavorum apostoli es una enc铆clica que pas贸 un tanto inadvertida, quiz谩 porque parec铆a dedicada a un tema muy particular, ya que en ella se celebra a los Santos Cirilo y Metodio, ap贸stoles de los eslavos; sin embargo, all铆 Juan Pablo II pone en ejercicio una teor铆a de la inculturaci贸n del cristianismo y de la fe. En efecto, muestra c贸mo el Evangelio transfigura al hombre y a la cultura de los pueblos y descubre, por tanto, el horizonte hist贸rico de la presencia de la Iglesia, en marcha hacia el tercer milenio del cristianismo.

Hemos identificado dos series de textos que ofrecen, respectivamente, una presentaci贸n del misterio de Dios iluminando la estructura de la realidad y la historia de los hombres, y algunos valiosos elementos que se refieren a la misi贸n de la Iglesia en la actualidad. Se帽alemos ahora una nueva secci贸n: varias enc铆clicas nos presentan lo que podr铆amos llamar la determinaci贸n necesaria del contenido fundante del anuncio, la expresi贸n del mensaje de la Iglesia y de su acci贸n en el tejido, en el entramado, de la vida social y pol铆tica de los pueblos. Aqu铆 corresponde enumerar: la Laborem exercens, sobre el trabajo humano, publicada para conmemorar el 90潞 aniversario de la famosa Rerum novarum de Le贸n XIII; la Sollicitudo rei socialis, documento en el cual el Papa actualiza la noci贸n de desarrollo con ocasi贸n del 20潞 aniversario de la Populorum progressio de Pablo VI; y la Centesimus annus, donde, celebrando el centenario de Rerum novarum, el Papa examina los nuevos problemas planteados como consecuencia de la ca铆da de los reg铆menes de 鈥渟ocialismo real鈥 en los pa铆ses de Europa central y oriental. A estos tres textos magisteriales podr铆amos a帽adir la enc铆clica Evangelium vitae, que propone la urgencia de acudir en defensa de la vida ante el avance de la cultura de la muerte, y una exhortaci贸n apost贸lica que tiene su antecedente en el S铆nodo que en su oportunidad abord贸 el tema de la familia, titulada Familiaris consortio. Habr铆a que destacar de paso la importancia del magisterio de Juan Pablo II sobre la familia. Dec铆amos que en esta secci贸n nos encontramos con la aplicaci贸n o determinaci贸n de aquel contenido fundante, el misterio de Dios iluminando la realidad y la historia humana, en el plexo de la vida familiar, social y pol铆tica de las naciones.

La lista de las trece enc铆clicas se completa con aquellas que pueden ser consideradas como el fundamento teor茅tico de todo el magisterio del actual Pont铆fice: Veritatis splendor y Fides et ratio. Esta 煤ltima ser谩 el objeto de la presente lecci贸n.

Veritatis splendor no s贸lo expone las cuestiones fundamentales que debe abordar hoy la moral cristiana, sobre todo en di谩logo y confrontaci贸n con la cultura vigente, sino que plantea una cuesti贸n de m谩xima entidad que de alg煤n modo va a ser continuada en el texto que nos proponemos comentar. Esto es, la referencia de la libertad a la verdad y por tanto tambi茅n el problema de la contemplaci贸n del bien. Podr铆amos decir que aqu铆 se abre el camino para lo que en Fides et ratio ser谩 una consideraci贸n teor茅tica final, fundante o ulterior, planteando la capacidad de la raz贸n para alcanzar la verdad y por tanto el fundamento absoluto de sentido.

Digo que en estas dos enc铆clicas se encuentra lo que podr铆amos llamar la teor铆a, el fundamento te贸rico, especulativo, de la ense帽anza de Juan Pablo II. Adem谩s, Veritatis splendor pide por su propia inspiraci贸n y contenido ser fundada ulteriormente por Fides et ratio, as铆 como en la dial茅ctica de los trascendentales el bien se remite al ser.

La formaci贸n intelectual del Papa

La introducci贸n hasta aqu铆 esbozada procuraba ofrecer una ubicaci贸n del texto que debemos considerar; con el mismo fin me parece oportuno hacer tambi茅n una referencia a los antecedentes, por as铆 decirlo, filos贸fico-teol贸gicos del Papa Wojtyla. Se justifica esta brev铆sima incursi贸n porque quien considera atentamente todo el arco de desarrollo de su magisterio, capta de inmediato que en sus grandes enc铆clicas, en sus intervenciones m谩s importantes, se manifiesta la personalidad intelectual y espiritual del Papa, no solamente como Pastor Supremo de la Iglesia, sino tambi茅n como pensador, como fil贸sofo y como te贸logo. No es 茅ste el momento, por cierto, de trazar un esbozo de biograf铆a intelectual de Juan Pablo II, sin embargo es conveniente exhibir algunos datos que nos permitan apreciar como es debido su obra.

Sus estudios iniciales de literatura polaca en la Universidad de Cracovia fueron interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial; cuando pudo retomar el itinerario de su formaci贸n lo hizo en el 谩mbito de su preparaci贸n al sacerdocio. En su per铆odo romano se aplic贸 a conocer en profundidad la 茅tica de Scheler. Pero en el curso de sus estudios se fue gestando lo que podr铆amos llamar un pensamiento personal, una obra filos贸fica personal, en la cual se advierte una confluencia de la filosof铆a del ser con una filosof铆a de la persona; una filosof铆a de la persona en la cual queda superada la mera filosof铆a de la conciencia.

El desarrollo de la obra intelectual de este Papa ofrece un complemento creativo a la tradici贸n filos贸fica de la Escol谩stica, a la vez que asume y trasciende las instancias fundamentales del pensamiento moderno. Sus estudios sobre Scheler han sido valiosos para determinar la adopci贸n de un m茅todo fenomenol贸gico; ser铆a adecuado calificarlo como una fenomenolog铆a corregida. Adem谩s, las referencias a Pascal y al existencialismo son perceptibles en esa filosof铆a de la persona; corresponde citar aqu铆 una obra fundamental: The acting person, pero tambi茅n sus contribuciones sobre el amor, que revelan un inter茅s constante centrado en el amor como valor definitorio de la condici贸n humana. En el orden teol贸gico, resulta imprescindible reconocer un gran influjo del Concilio Vaticano II en la obra de Juan Pablo II, en especial del prop贸sito pastoral del Concilio, que fue hacer de la fe una experiencia de vida, provocar una especie de asimilaci贸n subjetiva y adecuada de la fe, es decir, orientar a los fieles hacia un cristianismo vivido, y as铆 promover la plasmaci贸n de una mentalidad cristiana, no de corte intelectualista. Un cristianismo vivido pero fundado vigorosamente en una teor铆a, en una contemplaci贸n, en una metaf铆sica. Desde esta apropiaci贸n personal de la fe, el prop贸sito pastoral del actual pontificado sugiere a los cristianos afrontar la vida con sus desaf铆os, juzgar la historia.

Por consiguiente, en el pensamiento del Papa se pueden distinguir continuas s铆ntesis integradoras: del tema de la creaci贸n con el de la redenci贸n, de la tradici贸n con la novedad, de la fe con la moral, de la libertad con la verdad, de la raz贸n con la fe. De este modo nos acercamos al tema de Fides et ratio. El Papa cita con frecuencia en su magisterio una frase, tomada del n煤mero 22 de la Constituci贸n conciliar Gaudium et spes: 芦En realidad el misterio del hombre s贸lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado, porque Ad谩n, el primer hombre, era figura del que habr铆a de venir, es decir, de Cristo Nuestro Se帽or. Cristo, el nuevo Ad谩n, en la misma revelaci贸n del misterio del Padre y de su Amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci贸n禄. Este fragmento de la Gaudium et spes constituye como un leit-motiv de toda la obra intelectual y pastoral del Papa. Tambi茅n resume de alg煤n modo las afirmaciones de la doctrina cat贸lica sobre la dimensi贸n sanante de la gracia de la redenci贸n, en cuanto que el encuentro con Cristo constituye la apertura del hombre a su aut茅ntica realizaci贸n. El cristiano es entonces en s铆 mismo el misterioso cumplimiento del hombre y de su destino.

El texto de Fides et ratio

Sin desechar una lectura diacr贸nica, que se atenga a la sucesi贸n lineal de los cap铆tulos, habr铆a que asumir especialmente una consideraci贸n sincr贸nica del texto, en cuya composici贸n me parece descubrir una estructura qui谩stica. Quienes han estudiado m茅todos exeg茅ticos recordar谩n que se llama quiasmo a la construcci贸n de una unidad literaria seg煤n un esquema de correspondencias invertidas. Estimo que se puede aplicar anal贸gicamente este esquema al texto de Fides et ratio. Se trata, por tanto, de una estructura envolvente, cuyo centro est谩 en el cap铆tulo IV: 芦Relaci贸n entre la fe y la raz贸n禄; en 茅l se registra la verificaci贸n hist贸rica de tales relaciones y los modelos alcanzados. Alrededor de este eje se pueden ordenar las correspondencias: de la introducci贸n con la conclusi贸n; del cap铆tulo I (芦La revelaci贸n de la sabidur铆a de Dios禄) con el cap铆tulo VII (芦Exigencias y cometidos actuales禄; es decir, respectivamente las exigencias de la Palabra de Dios y los cometidos de la teolog铆a); el cap铆tulo II (芦Credo ut intellegam禄, un compendio de gnoseolog铆a b铆blica) remite al VI (芦Interacci贸n entre teolog铆a y filosof铆a禄, en el que se recogen las condiciones que hacen de la ciencia teol贸gica un aut茅ntico intellectus fidei y se definen los estados del pensamiento filos贸fico en relaci贸n con la fe cristiana) y el cap铆tulo III (芦Intellego ut credam禄, en el que se analiza el arduo itinerario del hombre por la conquista de la verdad) tiene su correspondencia en el cap铆tulo V, que expone la diacon铆a de la verdad ejercida por la Iglesia a trav茅s del discernimiento cr铆tico del magisterio en relaci贸n con las filosof铆as y el apoyo ofrecido al recto ejercicio del pensar a lo largo de la historia.

Al hablar de correspondencias o armon铆as no quiero sugerir que se trata de una mera asunci贸n repetitiva o de una simetr铆a rigurosa entre temas, sino que aludo al movimiento del pensar que, al establecer aquellas referencias o inclusiones, se va profundizando sucesivamente entre la primera y la segunda parte de la enc铆clica y alcanza en los dos cap铆tulos finales una gran importancia pastoral. Sugiero atender simult谩neamente al doble nivel de interpretaci贸n se帽alado, para alcanzar una lectura provechosa.

Teniendo en cuenta estos criterios de lectura quiero se帽alar cuatro temas principales en el contenido de la enc铆clica:

El hombre es capaz de la verdad

El Papa afirma reiterada y enf谩ticamente la capacidad de la raz贸n humana para conocer la verdad. Las intervenciones hist贸ricas del magisterio en materia filos贸fica son presentadas en Fides et ratio como una 芦diacon铆a de la verdad禄, y la misma enc铆clica expresa este servicio en el contexto actual de la posmodernidad caracterizada por el pensamiento d茅bil, la marginalidad de la filosof铆a y la muerte de la metaf铆sica, como una afirmaci贸n de las posibilidades cognoscitivas de la raz贸n, convocada aqu铆 para nuevas y m谩s altas conquistas. De all铆 la justificaci贸n de la necesidad de la filosof铆a y la equivalencia de estas definiciones: El hombre es el 芦que busca la verdad禄 (n. 28); 芦cada hombre... es, en cierto modo, fil贸sofo禄 (n. 30), o tambi茅n: 芦el hombre es naturalmente fil贸sofo禄 (n. 64).

Confluyen como autoridades para avalar esta inclinaci贸n natural del esp铆ritu humano a la verdad, el comienzo de la Metaf铆sica de Arist贸teles: 芦Todos los hombres desean saber禄 (n. 25) y la Sagrada Escritura, seg煤n la cual el hombre es capaz de filosofar, a partir del conocimiento de la estructura del mundo y de la actividad de los elementos, y razonando sobre la naturaleza puede llegar, por analog铆a, hasta el Creador (caps. 7 y 13 del libro de la Sabidur铆a). El an谩lisis del discurso paulino en el Are贸pago (Hch 17), presentado en el n煤mero 24, pone de relieve esta verdad: que en lo m谩s profundo del coraz贸n del hombre anida el deseo y la nostalgia de Dios.

La filosof铆a es reconocida como el camino para conocer las verdades fundamentales relativas a la existencia del hombre (n. 5) y se le atribuye el m茅rito de haber asumido de modo peculiar la b煤squeda de Dios. Tal es el caso de los padres de la filosof铆a griega, que han buscado superar los mitos y las religiones de misterios para dotar de una base racional a la creencia en la divinidad.

La actitud de aprecio, estima y confianza hacia la filosof铆a culmina en la afirmaci贸n de la necesidad de la metaf铆sica, en la que el pensamiento filos贸fico alcanza el fundamento 煤ltimo de la realidad, el absoluto. La metaf铆sica, que hoy es vista con desconfianza, o eludida discretamente, constituye la expresi贸n m谩s alta de la audacia de la raz贸n; pero a esto est谩 llamado precisamente el hombre. El Papa lamenta que en la actualidad la reflexi贸n tienda a limitarse a las consideraciones existenciales, hermen茅uticas o ling眉铆sticas que prescinden de la cuesti贸n radical sobre la verdad de la vida personal, del ser y de Dios (n. 5). Postula entonces la instancia metaf铆sica (n. 84), una filosof铆a de alcance aut茅nticamente metaf铆sico (n. 83) con respecto a las ciencias hermen茅uticas y a los an谩lisis del lenguaje y en todo caso recomienda una hermen茅utica abierta a la instancia metaf铆sica (n. 95); exhorta a recuperar y subrayar m谩s la dimensi贸n metaf铆sica de la verdad (n. 105); a confiar en la capacidad de la raz贸n humana y a no fijarse metas demasiado modestas en el filosofar (n. 56). Frente a la declinaci贸n posmoderna que se reduce a la simple interpretaci贸n del hecho (n. 55) el Papa caracteriza as铆 la opci贸n metaf铆sica: consiste en reconocer en el mundo de la experiencia, que no es absoluto, una referencia a lo absoluto y trascendente; de lo cual se sigue la necesidad del paso del fen贸meno al fundamento (n. 83).

Existe una tradici贸n metaf铆sica que arranca de Plat贸n y Arist贸teles, asumidos luego por los Padres de la Iglesia, por Agust铆n y Tom谩s, y que se expresa tambi茅n en la obra de muchos fil贸sofos modernos y contempor谩neos (cita a Newman, Rosmini, Maritain, Gilson, Stein, Soloviev, Florenskij, Caadaev y Losski, n. 74).

Al observar que la cultura contempor谩nea le ha reservado a la filosof铆a un papel marginal se hace notar que en los ambientes cat贸licos la situaci贸n no es mucho mejor. Despu茅s del Vaticano II ha deca铆do la filosof铆a a causa de una menor estima de la Escol谩stica y del estudio curricular que corresponde a la formaci贸n sacerdotal, donde se la sustituye por las ciencias humanas. Se ha dejado de advertir el valor que tiene la filosof铆a para la comprensi贸n de la fe y que a menudo ella constituye el 煤nico 谩mbito de entendimiento y di谩logo con la cultura secular y con quienes no perciben la verdad plena de la revelaci贸n (n. 104).

Santo Tom谩s en la historia del pensamiento cristiano

En segundo lugar, quiero destacar la centralidad, en el texto de Fides et ratio, del recorrido hist贸rico propuesto en el cap铆tulo IV, que representa el eje del quiasmo, seg煤n he se帽alado: verificaci贸n o ejercicio de las relaciones entre fe y raz贸n. Se registra aqu铆 la confluencia de dos caminos: la v铆a de Dios hacia el hombre y la v铆a del hombre hacia Dios. Dicho de otro modo: el credo ut intellegam tematizado en el cap铆tulo II (y tambi茅n en el I) y el intellego ut credam desarrollado en el cap铆tulo III. Se trata del encuentro de dos 贸rdenes de conocimiento: la verdad que proviene de la revelaci贸n y la que es alcanzada a trav茅s de la reflexi贸n filos贸fica. Ambos 贸rdenes, identificados en su distinci贸n rec铆proca en la ense帽anza del Concilio Vaticano I, se relacionan entre s铆 seg煤n el axioma de Santo Tom谩s: como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, as铆 la fe supone y perfecciona la raz贸n.

El encuentro entre la fe y la raz贸n se concret贸 en etapas significativas para la constituci贸n de un pensamiento cristiano y por tanto de una cultura cristiana. Este proceso de inculturaci贸n de la fe o de evangelizaci贸n de la cultura por mediaci贸n de la filosof铆a condujo a las creaciones intelectuales de la alta Edad Media, antes de que se precipitara el drama de la separaci贸n entre la fe y la raz贸n. A partir de San Pablo y su discusi贸n en Atenas con algunos fil贸sofos epic煤reos y estoicos (Hch 17,18; ver n. 36) desfilan por este cap铆tulo IV de Fides et ratio los nombres de Ireneo, Tertuliano, Justino, Clemente de Alejandr铆a, Or铆genes, los Padres Capadocios, Dionisio Areopagita, Agust铆n, Anselmo, Alberto Magno y Tom谩s de Aquino. Hago notar de paso la importancia que el Papa atribuye a la interpretaci贸n anselmiana del intellectus fidei (n. 42) y a otras citas del Arzobispo de Canterbury en el texto de la enc铆clica, en consonancia con la especial atenci贸n que los investigadores han otorgado a este autor en los 煤ltimos a帽os. Pero sobre todo quiero destacar el 茅nfasis con el que Juan Pablo II inculca la novedad perenne del pensamiento de Santo Tom谩s. Cito algunas expresiones espigadas en los n煤meros 43, 44, 57, 58, 61, 74, 78, que se apoyan a veces en citas de la enc铆clica Aeterni Patris de Le贸n XIII y en la carta Lumen Ecclesiae de Pablo VI.

La Iglesia ha propuesto siempre a Santo Tom谩s como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teolog铆a.

Es un aut茅ntico modelo para cuantos buscan la verdad.

Se comprende bien por qu茅 el magisterio ha elogiado repetidamente los m茅ritos del pensamiento de Santo Tom谩s y lo ha puesto como gu铆a y modelo de los estudios teol贸gicos.

Su pensamiento alcanz贸 cotas que la inteligencia humana jam谩s podr铆a haber pensado (es una cita de Aeterni Patris).

Proponer el pensamiento del Doctor Ang茅lico es el mejor camino para recuperar un uso de la filosof铆a conforme a las exigencias de la fe.

En su reflexi贸n la exigencia de la raz贸n y la fuerza de la fe han encontrado la s铆ntesis m谩s alta que el pensamiento haya alcanzado jam谩s.

Cita nuevamente a Le贸n XIII para destacar 芦el valor incomparable de la filosof铆a de Santo Tom谩s禄 y al comentar la necesidad de una buena formaci贸n filos贸fica de los futuros sacerdotes remite en nota a discursos recientes de Juan Pablo II sobre la filosof铆a tomasiana, reitera el valor de las intuiciones del Doctor Ang茅lico e insiste en inculcar el conocimiento de su pensamiento.

En algunos ambientes cat贸licos, en los que el vigor de la reflexi贸n filos贸fica se ve neutralizado por corrientes historicistas y relativistas y la teolog铆a se entretiene en el acopio de datos y se estanca en un biblicismo fide铆sta, o bien donde reina la superficialidad y la ignorancia, suele escucharse todav铆a que Santo Tom谩s 鈥渆st谩 superado鈥. Seamos sinceros: por lo general s贸lo hablan as铆 te贸logos 鈥渁 la violeta鈥, repetidores subalternos que no han estudiado seriamente al Doctor Ang茅lico en sus textos y que con su frivolidad contribuyen a mantener vigentes los 鈥渟logans鈥 progresistas que hicieron furor en los a帽os sesenta.

Una filosof铆a abierta a la fe

La historia de las relaciones entre fe y raz贸n, entre filosof铆a y teolog铆a, clarifica la necesidad de la especulaci贸n filos贸fica para el intellectus fidei que debe articularse en la ciencia teol贸gica. El trabajo teol贸gico es obra de la raz贸n cr铆tica a la luz de la fe, y por tanto, 芦presupone y exige en toda su investigaci贸n una raz贸n educada y formada conceptual y argumentativamente禄. As铆 se dice en el n煤mero 77 del texto, y el Papa a帽ade que, adem谩s, la filosof铆a oficia de interlocutora para que la teolog铆a pueda verificar la inteligibilidad y la verdad universal de sus aserciones. Los Padres de la Iglesia y los te贸logos medievales adoptaron filosof铆as no cristianas para dicha funci贸n, lo cual indica la autonom铆a que conserva la filosof铆a en el recurso que la teolog铆a hace de ella, pero tambi茅n muestra las profundas transformaciones que debe afrontar. Las exigencias de la Palabra de Dios y las caracter铆sticas del intellectus fidei inducen a la filosof铆a a encontrar de nuevo su dimensi贸n sapiencial, su 铆ndole de saber propio y riguroso, y a proyectarse en un vuelo aut茅nticamente metaf铆sico en la b煤squeda del fundamento. La teolog铆a necesita una filosof铆a del ser, no basta una mera filosof铆a de la conciencia; ser铆a asimismo insuficiente una hermen茅utica inmanentista que no resuelve el problema del acceso a la verdad objetiva. Los errores teol贸gicos de este siglo, que se repiten obstinadamente bajo nuevas formulaciones, proceden de la adopci贸n por los te贸logos de filosof铆as incompatibles con la verdad de la fe, que no pueden ser veh铆culos conceptuales de las riquezas del misterio divino. As铆 ha ocurrido durante el auge del movimiento modernista a comienzos del siglo XX, en los a帽os que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, y en la crisis de la fe desencadenada al concluir el Concilio Vaticano II. El magisterio ejerci贸 en esas tres instancias su funci贸n de discernimiento cr铆tico: las enc铆clicas Pascendi y Humani generis, respectivamente, en los dos primeros casos, y en el restante las intervenciones personales de Pablo VI y Juan Pablo II, adem谩s de los numerosos documentos producidos por la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, expresan la diacon铆a eclesial de la verdad a favor de la teolog铆a y de la filosof铆a.

En la impasse que caracteriza a la situaci贸n de la cultura en este fin de siglo y de milenio, la Revelaci贸n, la sabidur铆a cristiana y la ciencia teol贸gica rescatan la necesidad y la pertinencia de una filosof铆a digna de este nombre, de una filosof铆a 芦en consonancia con la Palabra de Dios禄 (n. 79), 芦en coherencia con la fe禄 (n. 103). En varios momentos de su exposici贸n Juan Pablo II recurre al concepto de apertura para expresar esa especie de disponibilidad del pensamiento filos贸fico. Dice, as铆, que el hombre debe abrirse a la trascendencia (n. 15), que la filosof铆a ha de abrirse para acoger la locura de la cruz (n. 23); recuerda que los Padres de la Iglesia dieron cabida en su contemplaci贸n teol贸gica a una raz贸n abierta a lo absoluto (n. 41); y esto es considerado posible porque el empe帽o filos贸fico, como b煤squeda de la verdad en el 谩mbito natural, permanece al menos impl铆citamente abierto a lo sobrenatural (n. 75). El concepto de apertura aplicado a la filosof铆a indica que 茅sta constituye una v铆a proped茅utica a la fe; no establece un pasaje necesario, dial茅ctico, como si por la filosof铆a se pudieran demostrar los contenidos de la fe o el fil贸sofo se viera obligado a creer. Apertura expresa la posibilidad en la que puede insertarse el acto de fe. Calculemos el valor dial贸gico y pastoral de esta postura o posici贸n de la filosof铆a. Santo Tom谩s es aqu铆 ejemplar: un te贸logo que asume creativamente sus fuentes filos贸ficas y las transforma, ya se trate de Arist贸teles, del neoplatonismo, de Cicer贸n o de Maim贸nides.

La mediaci贸n de la filosof铆a en la inculturaci贸n del cristianismo

En los n煤meros 70, 71 y 72 Fides et ratio presenta el tema de la relaci贸n de la fe con las culturas. Pero, m谩s ampliamente, se puede decir que toda la enc铆clica propone una metaf铆sica de la inculturaci贸n del cristianismo. 脡sta parece una de las razones por las que se puede considerar este documento como fundamento te贸rico del magisterio de Juan Pablo II en toda su extensi贸n. La inculturaci贸n no es un mero hecho sociol贸gico, sino que revela las constantes profundas del esp铆ritu humano en su realizaci贸n hist贸rica y dice referencia al Misterio de la fe. La analog铆a entre el fen贸meno de la inculturaci贸n y el misterio cristiano procede seg煤n una triple referencia. En primer lugar a la Encarnaci贸n, porque la fe se une a la cultura, el Evangelio a las tradiciones de los pueblos, sin confusi贸n y sin separaci贸n, as铆 como en la 煤nica persona del Verbo Encarnado se unen la divinidad y la humanidad. Luego dice este proceso una referencia al Misterio Pascual, ya que la inculturaci贸n del cristianismo implica una transfiguraci贸n de la cultura a trav茅s de una instancia cr铆tica, dial茅ctica, de purificaci贸n, que abre paso a la aparici贸n de una realidad nueva, de un cristianismo nuevamente inculturado. Y la tercera referencia mira al misterio de Pentecost茅s, a cuya luz se manifiesta la universalidad de la cultura cristiana. La cultura cristiana, si podemos emplear leg铆timamente esta expresi贸n, no se reduce a una forma un铆voca, sino que acoge una rica variedad, la diversidad posible en los sucesivos encuentros hist贸ricos de la fe con las tradiciones de los pueblos. Cada cultura, en la universalidad de la Iglesia, recibe la gracia de superar el encerramiento en su diferencia y se trasciende a s铆 misma; en la catolicidad se hace universal.

En relaci贸n con los problemas que actualmente se suscitan al entrar el Evangelio en contacto con 谩reas culturales que han permanecido hasta ahora fuera del 谩mbito de irradiaci贸n del cristianismo, propone el Papa tres criterios de discernimiento que est谩n en sinton铆a con la triple referencia se帽alada. El primero es el de la universalidad del esp铆ritu humano, cuyas exigencias fundamentalmente son id茅nticas en las culturas m谩s diversas. El segundo es que al entrar en contacto con otras culturas no puede olvidar lo adquirido en la inculturaci贸n producida en el pensamiento grecolatino, molde en el cual providencialmente se ha expresado la doctrina de la fe. Y en tercer lugar, que una tradici贸n cultural determinada no debe encerrarse en su diferencia y afirmarse en oposici贸n a otras tradiciones, contrariando la naturaleza misma del esp铆ritu humano.

Esta problem谩tica de la inculturaci贸n no s贸lo es apta para enfocar y orientar correctamente la misi贸n de la Iglesia en su af谩n de llevar el Evangelio a todas las naciones, es decir, en la extensi贸n de la geograf铆a y de la historia, sino que tambi茅n ilumina la tarea de di谩logo, confrontaci贸n y superaci贸n de la cultura vigente, cuyo espejo es la filosof铆a. Tambi茅n la filosof铆a de nuestra cultura contempor谩nea debe ser evangelizada. La filosof铆a moderna 鈥攍o hace notar el Papa鈥 ha centrado su atenci贸n en el hombre. Pero lo ha hecho de tal manera que suele oponer antropolog铆a y metaf铆sica, o disolver la metaf铆sica en antropolog铆a. Y la concepci贸n del hombre aparece muchas veces fragmentada en las perspectivas parciales que ofrecen las as铆 llamadas ciencias humanas o ciencias del hombre, enfocadas con criterios reduccionistas que ofuscan la aut茅ntica verdad antropol贸gica. Sin embargo, estas perspectivas no carecen de valor. Dice, en efecto, Juan Pablo II, que a煤n en el tramo hist贸rico de separaci贸n entre fe y raz贸n 芦aparecen a veces g茅rmenes preciosos de pensamiento que, profundizados y desarrollados con rectitud de mente y coraz贸n, pueden ayudar a descubrir el camino de la verdad. Estos g茅rmenes de pensamiento se encuentran, por ejemplo, en los an谩lisis profundos sobre la percepci贸n y la experiencia, lo imaginario y el inconsciente, la personalidad y la intersubjetividad, la libertad y los valores, el tiempo y la historia...禄 (n. 48). La tarea que se impone emprender consiste en fundar la persona en el ser y descubrir al ser en la persona. La investigaci贸n del fen贸meno humano de la acci贸n, objeto privilegiado de estudio en nuestra 茅poca, debe conducir, a trav茅s de la indagaci贸n sobre los actos que trascienden la estructura emp铆rica, al ser del yo singular, a la profundidad de la persona, que dichos actos manifiestan. Y en un segundo intento de trascendimiento anal贸gico, el ser del yo personal, descubierto en su finitud como ens per participationem ha de encaminarnos a la contemplaci贸n del ipsum esse per se subsistens, el fundamento absoluto, el primer principio y 煤ltimo fin que hace al hombre cong茅nere suyo al atribuirle una participaci贸n en la naturaleza espiritual, y lo constituye imagen y semejanza, capaz de Dios.

Uno de los p谩rrafos iniciales de la enc铆clica Dives in misericordia nos advierte que este prop贸sito se encuentra formulado desde el comienzo del actual pontificado y que es un punto clave en el pensamiento del Papa Wojtyla: 芦Cuanto m谩s se centre en el hombre la misi贸n desarrollada por la Iglesia; cuanto m谩s sea, por decirlo as铆, antropoc茅ntrica, tanto m谩s debe corroborarse y realizarse teoc茅ntricamente, esto es, orientarse al Padre en Cristo Jes煤s. Mientras las diversas corrientes del pasado y del presente del pensamiento humano han sido y siguen siendo propensas a dividir, e incluso a contraponer el teocentrismo y el antropocentrismo, la Iglesia en cambio, siguiendo a Cristo, trata de unirlos en la historia del hombre de manera org谩nica y profunda禄 (n. 1).

Parres铆a de la fe, audacia de la raz贸n

Debemos aceptar intelectualmente el desaf铆o que significa la afirmaci贸n de la centralidad del hombre en la cultura contempor谩nea, pero para otorgarle su verdadero sentido.

Para afrontar cabalmente esta tarea, 芦a la parres铆a de la fe debe corresponder la audacia de la raz贸n禄 (n. 48). Esta frase, con la que se cierra el cap铆tulo IV, sintetiza toda la enc铆clica Fides et ratio. Otras f贸rmulas an谩logas aparecen repetidamente en el texto para expresar la unidad profunda en la que se abrazan la fe y la raz贸n y el mutuo est铆mulo que ambas se dispensan. De los Padres de la Iglesia, por ejemplo, se dice: 芦precisamente porque viv铆an con intensidad el contenido de la fe, sab铆an llegar a las formas m谩s profundas de la especulaci贸n禄 (n. 41). O negativamente, de la experiencia hist贸rica ofrecida por la filosof铆a moderna y contempor谩nea se concluye: 芦una raz贸n que no tenga ante s铆 una fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser禄 (n. 48).

Sin negar el rec铆proco influjo de las dos realidades asumidas en la f贸rmula, hay que decir que el primer miembro asegura la verificaci贸n del segundo. Es la parres铆a de la fe la que suscita y sostiene la audacia de la raz贸n; el deseo de la verdad, el amor que inspira al intellectus fidei mueve a la raz贸n a lanzarse siempre m谩s all谩.

Parres铆a es un concepto capital del Nuevo Testamento para comprender la misi贸n de la Iglesia y del cristiano. Como que procede de pan-res铆a, connota la libertad total para hablar, no tanto en sentido objetivo, porque lo permiten las condiciones externas o la autorizaci贸n de la ley, sino m谩s bien en sentido subjetivo, es decir, una libertad que procede de la constancia de 谩nimo y de la firme persuasi贸n de la verdad.

La parres铆a ante los hombres es la actitud apost贸lica por excelencia en el desarrollo de la misi贸n de predicar y de implantar la Iglesia. Es la libertad espont谩nea de hablar por la que no se teme decir algo claramente (lo opuesto a callar por timidez o a hablar cr铆pticamente) y no se vacila en amonestar, si es preciso, con toda franqueza (ver Hch 4,13; 2,29; 4,31; 28,31; 2Cor 7,4; 3,12; Flm 8).

Pero la parres铆a inspira tambi茅n nuestra relaci贸n con Dios. O mejor dicho, un nuevo g茅nero de parres铆a surge de la condici贸n cristiana, porque hemos sido redimidos por Cristo, reconciliados y adoptados por Dios y podemos apoyarnos en la promesa de que nuestras oraciones ser谩n escuchadas. Es la confianza gozosa y filial por la cual nos atrevemos a acercarnos al Padre y a invocarlo con este nombre en nuestras s煤plicas (ver Ef 3,12; 1Tes 3,13; Heb 3,6; 4,16; 10,35; 1Jn 2,28; 3,21; 4,17; 5,14).

芦A la parres铆a de la fe debe corresponder la audacia de la raz贸n禄. La frase no s贸lo resume la enc铆clica comentada, sino que manifiesta la 铆ndole del magisterio de Juan Pablo II en su doble vertiente caracter铆stica: una nueva, libre y confiada proposici贸n de la verdad cat贸lica en el are贸pago del mundo contempor谩neo, que es fruto de una profunda religiosidad, sostenida por una vigorosa reflexi贸n que otorga a la fe la posibilidad de ser escuchada y comprendida ya que ilumina la vida personal y social a la vez que se帽ala el camino hacia la trascendencia. Caracter铆stica que identifica tambi茅n la misi贸n de los cristianos en el milenio que viene: a la libertad de decir, a la afirmaci贸n confiada de la verdad, debe corresponder el deseo incesante de saber y la audacia conquistadora de la inteligencia.

Mons. H茅ctor Rub茅n Aguer, Arzobispo Coadjutor de La Plata, es miembro de la Pontificia Comisi贸n para los Bienes Culturales de la Iglesia. Es autor de numerosos estudios filos贸ficos y teol贸gicos.

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