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H茅ctor Aguer, Sectas y nuevos movimientos religiosos
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Sectas y nuevos movimientos religiosos

Hablar al promediar un Congreso le hace correr al expositor el riesgo de repetir cosas que ya se han dicho, aun cuando, en mi caso, el tema asignado es bastante espec铆fico. El riesgo que yo afronto procede de la inabarcable vastedad del tema mismo. La cuesti贸n de las sectas ha sido tratada abundantemente en los 煤ltimos a帽os, porque responde a un fen贸meno ampl铆simo, a una 鈥渆xplosi贸n鈥�, podr铆amos decir, que ha sorprendido a muchos estamentos de la Iglesia en la 煤ltima d茅cada. Es un fen贸meno cuyo estudio podr铆a ser abordado, y efectivamente lo ha sido, desde perspectivas muy diversas: podr铆amos hacer un estudio teol贸gico del significado de la secta, o tambi茅n encararlo desde la perspectiva de la fenomenolog铆a de la religi贸n. Por otra parte, la expansi贸n sectaria y la aparici贸n de nuevos movimientos religiosos constituye un hecho cultural innegable, 铆ntimamente relacionado con la evoluci贸n de la cultura en este siglo, o mejor incluso, desde la mitad del siglo pasado. Tambi茅n podr铆amos aportar elementos sociol贸gicos para intentar comprender este fen贸meno, y existe una consideraci贸n hist贸rica del desarrollo de los movimientos de este tipo. Podr铆amos, asimismo, esbozar un estudio psicol贸gico, y no faltan trabajos que analizan la actitud sectaria y la distinguen de la pertenencia efectiva a una determinada organizaci贸n. Por 煤ltimo hemos de reconocer que el fen贸meno al cual nos referimos tiene connotaciones pol铆ticas o geopol铆ticas que tambi茅n han sido oportunamente analizadas.

1. La disgregaci贸n de la cultura: el secularismo

Me propongo ofrecer algunos elementos para un an谩lisis pastoral. El fen贸meno de las sectas, tal como se ha desarrollado en los 煤ltimos 20 a帽os, manifiesta la atomizaci贸n de la experiencia religiosa que viene verific谩ndose por lo menos desde el siglo pasado y que en el presente, sobre todo en estas 煤ltimas d茅cadas, ha llegado a un momento de exasperaci贸n. Tambi茅n podr铆amos afirmar que esta atomizaci贸n de la experiencia religiosa est谩 estrechamente vinculada con un proceso de disgregaci贸n de la cultura. Se ha hablado recientemente de crisis cultural, de un momento de reemplazo de una cultura por otra, de una cultura adveniente, de una cultura que se eclipsa y de otra que nace, etc. Yo creo que si en la cultura la religi贸n ocupa un sitio central, no podemos abordar de modo fehaciente el fen贸meno de la expansi贸n sectaria sin intentar comprender todo el proceso de la cultura occidental en las 煤ltimas d茅cadas. Esta atomizaci贸n de la experiencia religiosa y el proceso concomitante de disgregaci贸n de la cultura constituyen una caracter铆stica del tiempo en que vivimos.

M谩s particularmente, podemos decir que, desde una perspectiva pastoral, hemos de detenernos a considerar la vigencia del secularismo en las sociedades de Occidente; el secularismo como un acento que marca con fuerza la cultura de este fin de siglo y de milenio. Este fen贸meno del secularismo ha sido asumido por muchas comunidades cristianas que se han dejado inficionar por 茅l, y ha encontrado incluso una exposici贸n te贸rica en los 谩mbitos cat贸licos alrededor de los a帽os '60, cuando el influjo de los maestros de la sospecha 鈥擬arx, Nietzsche y Freud鈥� se hizo notar en muchos te贸logos, y analistas de la vida eclesial. No se puede dejar de reconocer que se ha filtrado tambi茅n en la mentalidad de muchos cat贸licos. Para comprender la situaci贸n de la Iglesia ante el problema de las sectas ser谩 ineludible tener en cuenta como tel贸n de fondo este acento secularista propio de la cultura de hoy.

M谩s a煤n, el avance de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos se puede explicar como una reacci贸n ante la vigencia del secularismo. En los a帽os '60 parec铆a que lo sagrado se eclipsaba completamente en el horizonte de las conciencias y de la cultura de Occidente. Pero luego, casi s煤bitamente, resurge la presencia de lo sagrado: las nuevas religiones, los nuevos paganismos o la reminiscencia de paganismos antiguos, una explosi贸n formidable de las sectas fundamentalistas y las olas espirituales que vienen del lejano oriente. Una nueva invasi贸n de lo sacro que atestigua, en definitiva, que lo religioso es una dimensi贸n inalienable del hombre.

Para comprender el fen贸meno de las sectas y esbozar una respuesta pastoral adecuada, tenemos que observar atentamente la compleja interacci贸n de dos factores: el secularismo que intenta sofocar el hecho religioso y organizar la vida de la sociedad como si Dios no existiera y, por otro lado, aquellas formas heterodoxas de religiosidad 鈥攍lam茅mosla provisionalmente as铆鈥� que significan que la dimensi贸n religiosa del hombre vuelve continuamente por sus fueros. Se trata de una interacci贸n que a veces resulta una mezcla curiosa y extravagante. Quiz谩 el peligro m谩s grave que nosotros afrontamos en Am茅rica Latina es el secularismo que reina en los criterios de vida de aquella gente que practica formas heterodoxas de religiosidad. O incluso en nuestro propio campo, el secularismo en los criterios de vida de much铆simos fieles, precisamente aquellos que practican la religiosidad popular del catolicismo.

2. El tema en el magisterio eclesial

Corresponde hacer alguna referencia al magisterio reciente de la Iglesia, porque es interesante destacar que antes de los 煤ltimos 20 a帽os las intervenciones de este magisterio no han sido significativas en la materia. Y, en cambio, en las 煤ltimas dos d茅cadas no s贸lo existen referencias directas al problema, sino que se registra una creciente preocupaci贸n. El magisterio de alg煤n modo refleja la realidad pastoral de la Iglesia e incluso los estudios teol贸gicos que se realizan sobre ese fen贸meno. Pero a la vez incentiva las propuestas pastorales y las investigaciones que contin煤an ocup谩ndose del hecho.

La atenci贸n creciente del magisterio al problema de las sectas se da sobre todo a partir de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. En el documento de Puebla se advierte la dificultad sem谩ntica que tuvieron que enfrentar los obispos. No hay en el texto una nomenclatura fija, definitiva, para designar este fen贸meno. La dificultad de nombrar indica tambi茅n una cierta dificultad de comprender. Se habla de sectas1, de sincretismos for谩neos2 y de movimientos pseudo-espirituales3. Pareciera que la denominaci贸n final es la de movimientos religiosos libres4. El documento de Puebla apunta tambi茅n una relaci贸n entre la expansi贸n sectaria y los problema sociales, las carencias en la maduraci贸n de la fe del Pueblo de Dios y la consiguiente necesidad de formaci贸n de los agentes pastorales, especialmente de los laicos.

Luego tendr铆amos que citar un informe del Secretariado para la Uni贸n de los Cristianos, al cual se asocian el Secretariado para los no cristianos, el Secretariado para los no creyentes y el Pontificio Consejo para la Cultura sobre Sectas o nuevos movimientos religiosos5, proponiendo el desaf铆o pastoral que este hecho significa para la Iglesia de hoy. All铆 se distingue entre las sectas de origen cristiano y las que proceden de otras religiones6. Tambi茅n se mencionan algunas sectas que se presentan como movimientos humanitarios. O mejor, a la inversa, movimientos humanitarios que adquieren una configuraci贸n sectaria.

El tema est谩 ampliamente tratado en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Santo Domingo, 1992. Ante todo, el discurso inaugural del Santo Padre propone, como gran problema pastoral de la Iglesia en Am茅rica Latina, esa bipolaridad de secularismo y sectas que parece como capitalizar el problema de la relaci贸n del hombre, de la vida y de la sociedad con Dios7. El Papa enumera all铆 las causas de la expansi贸n de las sectas y se refiere muy sugestivamente al vac铆o pastoral que ofrece la Iglesia en sectores de la actividad humana o en puntos de la geograf铆a de nuestros pa铆ses. Y habla tambi茅n de c贸mo los fieles advierten muchas veces la falta de sentido de Dios en los agentes pastorales y se ven as铆 tentados a acudir al 鈥渟upermercado鈥� de las sectas. Tambi茅n tiene en cuenta que el fen贸meno constituye o puede estar respaldado por una verdadera estrategia de debilitamiento del cristianismo, del catolicismo en Am茅rica Latina. Asimismo propone dos remedios elementales pero que bastan para configurar todo un programa pastoral: la renovaci贸n de la parroquia como 煤ltima localizaci贸n de la Iglesia y la evangelizaci贸n de la religiosidad popular.

El documento de Santo Domingo esboza, en mi opini贸n, una distinci贸n exacta y que podemos estimar definitiva entre sectas fundamentalistas8, las de origen cristiano, y movimientos religiosos libres marcados por el sincretismo9. En el caso de las sectas fundamentalistas, all铆 el sustantivo "secta" adquiere todo su valor etimol贸gico, originario, porque estos movimientos cristianos se han desgajado de troncos mayores de la Iglesia o de las iglesias cristianas, concretamente de las iglesias que proceden de la reforma protestante. Estas sectas de origen cristiano, que se difunden especialmente en las periferias de nuestros grandes conglomerados urbanos entre los fieles que practican la religiosidad popular mezcl谩ndola a veces con elementos un tanto supersticiosos, plantean el problema de la mediaci贸n eclesial. Ponen en crisis la fe de nuestros fieles en la Iglesia. Ante ellas, un programa pastoral tiene que insistir en las notas que definen la identidad cat贸lica, para hacer recuperar a nuestros fieles su fe en la Iglesia, su relaci贸n filial con ella y, en suma, su identidad propiamente cat贸lica. Desde el punto de vista cristol贸gico el fundamentalismo b铆blico marca la interpretaci贸n que estos grupos hacen del hecho cristiano, y determina un acento muy fuerte en el Jes煤s hist贸rico, en su cercan铆a a nosotros y en nuestro f谩cil acceso afectivo a 脡l. Pero muchas veces se puede observar que esta aproximaci贸n a Jes煤s responde a una cristolog铆a de tipo arriano o neo-nestoriano, con un acento unilateral en la humanidad del Se帽or, que eclipsa la referencia al Hijo eterno del Padre, uno de la Trinidad, y por tanto compromete el misterio central de la revelaci贸n del Nuevo Testamento ofusc谩ndolo o sumi茅ndolo en la ambig眉edad.

Los movimientos religiosos libres est谩n marcados por el sincretismo. Hoy d铆a tendr铆amos que referir esta denominaci贸n a lo que se ha dado en llamar la New Age, esto es, el movimiento cultural, inclasificable, que no es ciertamente una secta, ni tampoco una super-secta, sino un conglomerado de espiritualidades, de actitudes religiosas o pseudo-religiosas. Este movimiento cultural incluye desde una nueva concepci贸n del hombre y su relaci贸n con el cosmos hasta los viejos errores del gnosticismo y del ocultismo prolongados a lo largo de una presunta tradici贸n secreta de la humanidad; los aportes orientales con sus t茅cnicas de oraci贸n, las nuevas mancias o artes adivinatorias, elementos de la brujer铆a y de la magia y otros muchos ingredientes, la mayor parte de ellos extravagantes, pero que hoy se tornan moneda corriente y que son promovidos por los medios de comunicaci贸n. En este caso, lo que se pone en crisis es la fe en Cristo como verdadero Dios y verdadero Hombre y como 煤nico salvador.

Si las sectas fundamentalistas se remiten siempre, de un modo fundamentalista claro est谩, a la revelaci贸n b铆blica, los movimientos religiosos libres se remiten a revelaciones varias e incluso a remedos de revelaci贸n siempre al alcance de la industria humana, como el channeling y otros estados alterados de conciencia, el espiritismo y el recurso supersticioso a la comunicaci贸n con los 谩ngeles. Para estas nuevas revelaciones Jes煤s es uno m谩s entre los avatares del esp铆ritu. De una manera o de otra estamos siendo interpelados respecto a realidades esenciales de nuestra fe y de la vida de la Iglesia: la persona de Jes煤s, su divinidad y su humanidad, la identidad cat贸lica, la comunidad eclesial como el lugar donde reside el Esp铆ritu y donde recibimos la salvaci贸n.

Quisiera hacer una 煤ltima referencia a estos aportes del magisterio citando un discurso muy reciente del Papa Juan Pablo II, en febrero de este a帽o, a un grupo de obispos argentinos que hac铆an su visita ad limina. El Papa tambi茅n se refiri贸, entre otros temas, a las sectas y nuevos grupos religiosos como un problema pastoral que la Iglesia en Argentina y en toda nuestra Am茅rica debe afrontar. Me parece oportuno destacar esta frase: 芦Es necesario analizar profundamente el problema y encontrar l铆neas pastorales para afrontarlo禄, es decir, 芦ver c贸mo se pueden contrarrestar las causas que empujan a muchos fieles a abandonar la Iglesia禄10. Estas palabras del Papa sugieren que la identificaci贸n de las causas del avance de las sectas y la proposici贸n de remedios convenientes 鈥攍as decisiones pastorales a tomar鈥� est谩n 铆ntimamente vinculadas. S贸lo podremos afrontar correctamente este desaf铆o si logramos identificar las causas que determinan esta especie de sangr铆a de fieles bautizados en la Iglesia cat贸lica y que van a parar a las sectas o el contagio de falsas espiritualidades que impregna la mentalidad de muchos miembros, un tanto marginales, de nuestra Iglesia.

3. Propuestas de reflexi贸n

Hemos se帽alado ya que el problema es vast铆simo y ser铆a pretensioso intentar abordarlo en toda su complejidad. Pero s铆 podemos proponer cinco puntos, o n煤cleos de reflexi贸n en orden a aguzar la inquietud y que puedan ser objeto de un estudio m谩s detenido en otra ocasi贸n.

3.1. Fe y religi贸n

En primer lugar me parece importante destacar, para comprender la causa y para acertar con una decisi贸n pastoral adecuada, la problem谩tica relaci贸n que existe entre la fe cristiana y la religi贸n. Las relaciones entre fe y religi贸n constituyen, desde el punto de vista teol贸gico, una cuesti贸n muy delicada y que tiene larga historia en Occidente. Ya hemos indicado la relaci贸n, al parecer parad贸jica, que se entabla entre la vigencia del secularismo y la nueva aparici贸n de lo sagrado, manifestada en la difusi贸n de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos: este hecho nos remite a la dial茅ctica continua entre fe y religi贸n. Desde un punto de vista cat贸lico hay que decir que la religi贸n, la actitud religiosa, la virtud de religi贸n como relaci贸n ejercida con Dios es un modo connatural al hombre de manifestar la fe. Por eso no aceptamos una dial茅ctica de tipo luterano entre fe y religi贸n, que tiende a descalificar la expresi贸n religiosa como algo perteneciente al orden de la ley y de las obras y ajeno a la fe que justifica.

Este problema debe ser objeto de una reflexi贸n muy cuidadosa, porque Juan Pablo II ha se帽alado, en el discurso inaugural de Santo Domingo, que muchas veces nuestros fieles van a buscar en las sectas una religiosidad, esto es un sentido de Dios, una experiencia de Dios, que no encuentran vivida por nuestros agentes pastorales y por nuestras comunidades11. Esto se debe, indudablemente, a las consecuencias del secularismo que tambi茅n ha penetrado en la Iglesia. Desde hace much铆simo tiempo se ha ido infiltrando la mentalidad propia de la Ilustraci贸n, que es caracter铆stica de la cultura moderna y que ha conducido a una reducci贸n del car谩cter sobrenatural del cristianismo, a un vaciamiento de su realidad mist茅rica. Est谩 muy difundida, por ejemplo, la reducci贸n 茅tica, asistencial, de la salvaci贸n cristiana, en clave horizontalista. Muchos de nuestros fieles tienen como aletargada su conciencia de relaci贸n con Dios y viven sumergidos en el materialismo, y hasta en el ate铆smo pr谩ctico. No han elaborado, no han llevado a maduraci贸n su sentido de Dios. Su fe es quiz谩 una lejana referencia te贸rica a las verdades del catolicismo o a ciertos principios de moral natural, pero les ha faltado la experiencia vivida del Esp铆ritu y esa vida sacramental que deb铆a alimentar en ellos la relaci贸n 铆ntima con Dios.

Estas constataciones suponen una valoraci贸n positiva de la actitud religiosa y de sus expresiones, pero debemos advertir tambi茅n que el nuevo despertar de lo sagrado y el auge de las sectas revela una tendencia subjetivista e intimista en el modo de concebir y expresar la religi贸n. Podr铆amos decir que estas nuevas manifestaciones de religiosidad buscan ansiosamente el contacto 铆ntimo y directo con lo divino, su vivencia vibrante, directa, emocional. En el caso de la religiosidad sectaria, pareciera que la relaci贸n con Dios se reduce a la experiencia de sentirse salvado. La b煤squeda de la experiencia subjetiva de la salvaci贸n parece un dato decisivo en la configuraci贸n de la actitud sectaria, en sinton铆a con el modo de entender la religi贸n que es propio del hombre plasmado por la cultura moderna. En el caso de los movimientos religiosos libres, y de la pseudo-espiritualidad tipo New Age, lo decisivo es el inmanentismo de la gnosis, de la teosof铆a y de todos los ocultismos, esto es, la coincidencia de lo 铆ntimo del yo con la divinidad. Lo que se busca, en este caso, es comprobar que Dios es lo 铆ntimo de la conciencia, que el yo es Dios, que el hombre es una chispa del todo divino, una part铆cula del gran organismo viviente, de un cosmos divinizado.

Es necesario proceder con cautela en la lucha contra el remanente de secularismo que observamos en la cultura actual, para que al tratar de superar la falta de sentido de Dios no nos arrojemos imprudentemente en una concepci贸n subjetivista, intimista, sentimental, emotiva de la relaci贸n con 脡l. La experiencia religiosa cat贸lica est谩 marcada por la objetividad, tiene su fuente en la liturgia, es desarrollo de la gracia bautismal, se alimenta de la Eucarist铆a y encuentra en ella su cima. La m铆stica cat贸lica es m铆stica objetiva porque es m铆stica lit煤rgica y eucar铆stica. No se busca en ella la gratificante experiencia de sentirse salvado, sino aquel encuentro con Dios que es un eco de la experiencia objetiva de la conversi贸n realizada por medio del agua del bautismo, renovada por las l谩grimas del arrepentimiento incesante y del retorno de nuestro esp铆ritu y de nuestra libertad a la obediencia de la fe, recibida en el sacramento de la reconciliaci贸n como un remedio de nuestra fragilidad.

Esta interpretaci贸n sugiere dos acciones: en primer lugar la necesidad de proveer con singular cuidado a la formaci贸n espiritual de nuestros fieles, para suscitar en ellos el sentido de Dios y llevarlos a la madurez de la vida en Cristo. Me refiero a una formaci贸n espiritual de acuerdo a la tradici贸n m铆stica de la Iglesia y a las ense帽anzas de los grandes maestros de la espiritualidad cat贸lica. No s贸lo en las universidades y en los seminarios corresponde disponer este camino de formaci贸n espiritual, sino tambi茅n en nuestras parroquias. Nuestras parroquias debieran ser escuelas de oraci贸n; entonces los fieles no sufrir铆an la tentaci贸n de abrevar en otros pozos porque tendr铆an en su propia casa el agua viva. Como segunda acci贸n podemos proponer la evangelizaci贸n de la religiosidad popular, de modo que llegue a ser expresi贸n profunda y sencilla de fe en el misterio de Cristo. Baste al respecto citar las palabras de Juan Pablo II en Santo Domingo: 芦la arraigada religiosidad popular... con sus extraordinarios valores de fe y de piedad, de sacrificio y de solidaridad, convenientemente evangelizada y gozosamente celebrada, orientada en torno a los misterios de Cristo y de la Virgen Mar铆a, puede ser, por sus ra铆ces eminentemente cat贸licas, un ant铆doto contra las sectas y una garant铆a de fidelidad al mensaje de la salvaci贸n禄12.

3.2. La hermen茅utica de la fe

El segundo n煤cleo de reflexi贸n a proponer se refiere a la interpretaci贸n del cristianismo, a la hermen茅utica de la fe: 驴qu茅 significa el hecho cristiano? Esta pregunta se refiere al hecho cristiano en cuanto que re煤ne sint茅ticamente la doble relaci贸n a la trascendencia y a la inmanencia. Es sorprendente encontrar en el diario de Ludwig Wittgenstein 鈥攗n fil贸sofo de nuestro siglo鈥� esta confesi贸n: 芦el cristianismo no es una teor铆a sobre el alma humana y sobre su destino m谩s all谩 de la muerte, sino que es la descripci贸n de un acontecimiento real en la vida del hombre禄. El ser cristiano, la vida cristiana, es un hecho que se verifica en la inmanencia de esta existencia temporal, y por tanto sumergido en la historia, pero es relaci贸n vertical, actual, viviente con el Dios trino y su insondable misterio. Se plantea aqu铆 el problema de la interpretaci贸n del cristianismo, y no podemos ignorar que en las 煤ltimas d茅cadas esta cuesti贸n ha sido cr铆tica en la Iglesia: esa tensa relaci贸n de la trascendencia con la inmanencia, de la adoraci贸n de Dios y el empe帽o en el mundo, no siempre ha sido resuelta convenientemente. C贸mo no reconocer que esta situaci贸n tiene mucho que ver con la expansi贸n del fen贸meno sectario. El secularismo, introduci茅ndose en el cuerpo de la Iglesia, intenta practicar una reducci贸n de la plenitud cristiana: la dimensi贸n religiosa del cristianismo acaba evapor谩ndose y s贸lo resta una concepci贸n naturalista, inmanentista del hecho cristiano, limitado a la pura horizontalidad.

Una pastoral que insista de un modo unilateral, un铆voco, en el aspecto social del Evangelio y se empe帽e casi exclusivamente en la protesta y en la denuncia social, una pastoral de cu帽o secularista, deja un campo inmenso y desierto a merced de la religiosidad desviada de las sectas, con mayor raz贸n si se apoya en una reinterpretaci贸n del cristianismo en clave marxista, como se ha hecho concretamente en Am茅rica Latina, aunque la inspiraci贸n es propia de decadentes teolog铆as europeas. 驴No es verdad que as铆 se est谩 vaciando al cristianismo de su dimensi贸n religiosa y se est谩 sometiendo a crisis ese acontecimiento que sucede en la vida del hombre, pero que lo conduce a la comuni贸n con Dios y lo orienta a la salvaci贸n escatol贸gica? Recientemente se ha difundido esta interpretaci贸n del auge de las sectas y las estad铆sticas la avalan: el 茅xodo de muchos fieles hacia las sectas es una huida de aquel cristianismo horizontalista, despojado de su esencial referencia a la relaci贸n con Dios y al misterio de la salvaci贸n. Ya Puebla se帽alaba en varios n煤meros la difusi贸n de doctrinas err贸neas y discutidas, las ambig眉edades teol贸gicas, las doctrinas teol贸gicas inseguras que gozaban de cr茅dito en aquellos a帽os, y luego se publicaron dos documentos de la Santa Sede sobre la teolog铆a de la liberaci贸n que son suficientemente esclarecedores al respecto. Me parece oportuno hacernos cargo de esta pesada herencia y de tantos episodios que hemos de apuntar en nuestro "debe" cuando procuramos detectar las causas del fen贸meno que estamos analizando.

Pero tambi茅n aqu铆 se debe proceder con cautela. El documento de Puebla indicaba las tendencias alienantes de algunos movimientos religiosos que apartan al hombre de su compromiso con el pr贸jimo13. Las sectas fundamentalistas suelen implicar una evasi贸n del compromiso en el mundo que es por completo ajena a la concepci贸n cat贸lica del hecho cristiano, del acontecimiento de Cristo. La experiencia pastoral muchas veces nos muestra a nosotros, los obispos, c贸mo algunos grupos o movimientos de Iglesia que privilegian de un modo muy fuerte la oraci贸n y la vida interior, tienden tambi茅n a descuidar los deberes de estado y la imprescindible inserci贸n en el mundo y en la historia para dar ah铆 testimonio de la fe.

Por tanto aqu铆 hay dos aspectos de la realidad cristiana 鈥攊nmanencia y trascendencia鈥� que deben conjugarse armoniosamente. La fe es adhesi贸n contemplativa a la Verdad primera pero abarca tambi茅n criterios de acci贸n, es te贸rica y pr谩ctica14. Juan Pablo II al comienzo de Dives in misericordia ha mostrado la necesaria s铆ntesis entre teocentrismo y antropocentrismo, que no deben considerarse como aspectos contrapuestos e irreconciliables, sino que se encuentran en Cristo y en la misi贸n de la Iglesia de manera org谩nica y profunda15. De acuerdo a lo que dice Gaudium et spes, el misterio del hombre se esclarece en el misterio del Verbo encarnado16. Por tanto, la espiritualidad que corresponde a una recta interpretaci贸n del hecho cristiano ha de mostrar que el empe帽o en el mundo se funda en una recta teolog铆a, es decir en la contemplaci贸n 鈥攖eolog铆a en el sentido de Evagrio el P贸ntico: te贸logo es el que ora verdaderamente鈥�, ha de insistir en que la contemplaci贸n es la que asegura la verdadera eficacia del empe帽o en el mundo. Se trata de un corolario de la concepci贸n cat贸lica de la gracia: la plena humanidad del hombre s贸lo se logra por el contacto salv铆fico con el Redentor. Lo dec铆a ya Ignacio de Antioqu铆a hablando de su martirio y del cielo que se abr铆a con 茅l, en el cap铆tulo 6 de la Carta a los Romanos: 芦cuando llegue all谩 ser茅 verdaderamente 谩nthropos禄, ser茅 verdaderamente hombre. Tambi茅n en nuestros d铆as, el aporte que la Iglesia hace al mundo se funda en su contemplaci贸n del misterio de Dios y en su contacto 铆ntimo, pero objetivo y real, con la vida del Dios trino.

3.3. La pertenencia a la Iglesia

El tercer n煤cleo de reflexi贸n tiene que ver con la pertenencia a la Iglesia y la identificaci贸n del cristiano con ella. Las sectas 鈥攖anto las sectas fundamentalistas que proceden de un tronco cristiano como los movimientos religiosos libres, ajenos a 茅l, y que son fuertemente individualistas鈥� plantean el problema de la mediaci贸n eclesial. Esa mediaci贸n eclesial es rechazada por las sectas cristianas en virtud de una herencia, porque la Reforma del siglo XVI ha socavado y rehusado la mediaci贸n de la Iglesia, ha puesto en duda su continuidad con Cristo como Cuerpo misterioso suyo. Los movimientos religiosos libres proceden frecuentemente de un 谩mbito pagano y adem谩s reflejan el individualismo propio de la cultura vigente, son expresiones de una b煤squeda aislada de lo divino, meta para mejorar la propia situaci贸n, ayuda para sentirse bien, a veces como un rasgo m谩s de las condiciones ecol贸gicas que se desean para la vida del hombre agitado de hoy.

Esta problematicidad de la mediaci贸n de la Iglesia se ve, adem谩s, alimentada por la cr铆tica que estos grupos dirigen a la instituci贸n eclesial. Vale la pena decir que en muchos aspectos esas cr铆ticas se justifican y nosotros podr铆amos reconocer con mayor claridad que ellos d贸nde est谩 el defecto. Pero la cr铆tica va dirigida donde no debe. Se critica la mediaci贸n eclesial y la institucionalizaci贸n de la experiencia religiosa, porque la experiencia religiosa libre no acepta ajustarse a moldes comunitarios, porque se concibe de una manera individualista la religi贸n. El protagonista es el yo solitario en busca de la divinidad o que se identifica con la divinidad. Y ocurre algo que puede parecer paradojal: la religiosidad de las sectas suele estar marcada por el individualismo, pero muchas personas se refugian en esos grupos para huir de la soledad, del aislamiento afectivo, y buscan en ellos una acogida fraterna. Esto es as铆 porque la secta parodia la verdadera comunidad cristiana, es una caricatura de ella. Una reflexi贸n pastoral acerca del fen贸meno de las sectas tiene que plantearse, con toda seriedad, este problema de la identificaci贸n con la Iglesia.

Muchas veces nuestros fieles, miembros de la Iglesia, no experimentan que efectivamente lo son. No se trata de encarecer el simple "sentirse" miembros de ella, con una percepci贸n superficial, pero pareciera que esa pertenencia a la Iglesia es vivida de un modo muy d茅bil y gen茅rico. En realidad, podr铆amos establecer c铆rculos conc茅ntricos que se帽alen distintos grados de pertenecer, de experimentar y expresar esa pertenencia, grados que van desde la conciencia clara y el compromiso m谩s cercano, hasta la marginalidad o la casi marginalidad. Sin embargo corresponde a la esencia de la Iglesia que ella se presente y sea percibida como casa de todos, como familia y como morada que acoge cordialmente a todos su hijos, como madre que puede ocuparse sol铆citamente de ellos. En este punto se abre para nosotros un 谩rea importante de reflexi贸n y un problema a resolver: c贸mo se ejerce la maternidad de la Iglesia sobre todos sus hijos.

A este prop贸sito hemos de reconocer como fundamental el testimonio de la unidad en el amor, la fraternidad del agape. Ha sido dicho tantas veces y lo sabemos tan bien que lo consideramos un supuesto, aunque su realizaci贸n efectiva requiere una preocupaci贸n incesante; en definitiva ese valor testimonial de la unidad en el agape ser谩 el que permita a todos los miembros de la Iglesia, m谩s cercanos o m谩s lejanos, experimentar la maternidad de la Catholica. Este cap铆tulo de nuestra reflexi贸n se relaciona tambi茅n con la realidad variada y rica de la religiosidad popular, de la piedad del Pueblo de Dios, que espont谩neamente se identifica con la Iglesia pero que tiene que llegar a amarla m谩s, a sentirse unida m谩s plenamente con ella, a brindarle toda su confianza para aceptar y acoger sin reserva alguna toda la verdad que ella nos transmite de parte del Se帽or.

3.4. La cultura cristiana

El cuarto punto que quiero proponer sint茅ticamente es el problema de la cultura cristiana, que considero fundamental para interpretar el avance de las sectas y para esbozar las decisiones pastorales m谩s adecuadas. Ya hemos dicho que una sociedad en v铆as de descristianizaci贸n en la que el secularismo cobra vigencia sobre todo en los criterios de vida, admite el fen贸meno de la religi贸n preferentemente en formas heterodoxas, en formas que se sometan al subjetivismo, al individualismo, caracter铆sticos de este momento de disgregaci贸n cultural. Ahora podemos a帽adir que las sectas avanzan y lo hacen de un modo explosivo cuando la fe no ha arraigado suficientemente en la cultura, cuando la cultura cristiana se encuentra en crisis o atraviesa momentos cr铆ticos el proceso de inculturaci贸n del Evangelio; o cuando la cultura cristiana es tan 鈥渃ultura鈥�, tan sociol贸gicamente cultura, que ha visto atenuarse y aun casi perderse sus v铆nculos con la fe que le da origen.

Esta hip贸tesis supone una cuesti贸n muy seria: c贸mo se plasma una cultura cristiana, o mejor, si hablamos de Am茅rica Latina, c贸mo se la renueva o recrea. El Papa no ha vacilado en hablar de cultura cristiana, aunque algunos te贸logos tienen alergia a este concepto. Sin duda se trata de un concepto problem谩tico, pero debemos abordarlo sin prejuicio alguno; es fundamental para entender el catolicismo latinoamericano y para afrontar problemas pastorales como el que estamos tratando. Una cultura cristiana se plasma a partir de la fe y de su transmisi贸n, pero evitando con cuidado cualquier reduccionismo.

A este prop贸sito se debe destacar el significado y el valor del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, cuya publicaci贸n constituye un hecho providencial. De un modo particular se impone percibir la proyecci贸n cultural del Catecismo. Wittgenstein dec铆a que 芦el cristianismo es la descripci贸n de un acontecimiento real en la vida del hombre禄; pues bien, el Catecismo de la Iglesia Cat贸lica nos presenta esa descripci贸n del hecho cristiano como una totalidad. El Catecismo transmite lo que podr铆amos llamar la totalidad cat贸lica; la misma estructura cuatripartita del texto nos muestra las dimensiones de la fe, de la vida cristiana y de la pastoral de la Iglesia. La totalidad cat贸lica puede recibir con toda propiedad el nombre de sabidur铆a. El Catecismo nos invita a presentar hoy el Evangelio y al mismo Cristo como sabidur铆a: Ipse sapientia Christus.

La profesi贸n de fe tiene, indudablemente, una dimensi贸n dogm谩tica, doctrinal, ofrece el fundamento de la verdad. El cristianismo no es una mera doctrina, pero es sin duda una doctrina, aunque no se puede reducir exclusivamente a ella, a una teor铆a, a un conjunto armonioso y coherente de ideas verdaderas y mucho menos a una ideolog铆a. El Catecismo presenta luego la liturgia sacramental, que como celebraci贸n del misterio pascual es la fuente de la gracia. Aqu铆 conviene recordar que el cristianismo no es una mera pr谩ctica de ritos religiosos; es una religi贸n, pero no es solamente una religi贸n. La celebraci贸n del misterio cristiano asume toda la realidad simb贸lica de lo humano y lo pone en contacto con la vida de Dios seg煤n el misterio te谩ndrico del Verbo que se hace hombre. El cristianismo no es primeramente una moral, pero incluye sin duda una dimensi贸n moral. Los criterios de vida que necesita el hombre desconcertado de nuestro tiempo, sus reclamos 茅ticos muchas veces parcializados, fragmentarios, han de encontrar respuesta en el dec谩logo y en el serm贸n de la monta帽a. La ley de Dios muestra el camino para obtener la satisfacci贸n de las leg铆timas apetencias de justicia y rectitud que muchas veces se expresan de modo inconcreto en nuestra sociedad. La cuarta parte del Catecismo presenta la espiritualidad cristiana, la m铆stica; hay que decir que el cristianismo no es primera o exclusivamente una m铆stica, pero que sin duda tambi茅n lo es. Ense帽ar a orar, introducir a los hombres en la intimidad con Dios, es parte fundamental de la misi贸n de la Iglesia, y grave incumbencia suya hoy d铆a, cuando circulan tantas espiritualidades subalternas y descaminadas.

Esta realidad total del misterio cristiano expresada en la s铆ntesis del Catecismo ha de pasar, por decirlo as铆, al Pueblo de Dios y a trav茅s de 茅l a la vida de nuestra sociedad por medio de una catequesis integral, capaz de formar, de plasmar una personalidad cristiana. Muchas veces resuena la queja acerca de la ignorancia religiosa que afecta a nuestros fieles, pero se concibe ese defecto en t茅rminos un tanto racionalistas. La ignorancia religiosa no es s贸lo carencia doctrinal, es falta de integraci贸n plena en la personalidad del cristiano de la verdad de la fe y la vida de la gracia. Un itinerario catequ铆stico permanente e integral ha de ser la respuesta adecuada a este fen贸meno de la expansi贸n de las sectas porque ir谩 formando, plasmando, una cultura cristiana; ir谩 renovando el sustrato cristiano de los pueblos de Latinoam茅rica.

3.5. El ecumenismo y el problema pol铆tico

Por 煤ltimo corresponde siquiera aludir muy brevemente a dos problemas conexos: los aspectos ecum茅nicos y pol铆ticos de la cuesti贸n. Las sectas plantean un problema muy serio al movimiento ecum茅nico, como ha sido observado y estudiado con amplitud. No se puede ocultar que el auge de las sectas y la aparici贸n de nuevos movimientos religiosos constituye un obst谩culo para la marcha del ecumenismo entre cristianos y del di谩logo interreligioso con los no cristianos. Las sectas fundamentalistas se resisten al encuentro ecum茅nico; los movimientos religiosos libres, por su condici贸n sincr茅tica, pretenden incorporar lo cat贸lico como un elemento m谩s de una s铆ntesis posterior y m谩s amplia. Se trata de un problema real, que hay que superar con lucidez, paciencia y valent铆a. Las recientes intervenciones de Juan Pablo II en la Tertio millennio adveniente y en la enc铆clica Ut unum sint son suficientemente expresivas como para que no se desanime nuestro compromiso.

Algunas interpretaciones del fen贸meno sectario han intentado reducir todo el problema a la dimensi贸n pol铆tica o geopol铆tica. Esta soluci贸n no se puede admitir. Pero es indudable que la expansi贸n de las sectas est谩 vinculada a centros de poder econ贸mico-financiero y pol铆tico y que la p茅rdida de la unidad cultural de Am茅rica Latina y de los lazos fraternos que nos unen desde nuestro origen com煤n, se apoyan en la descatolizaci贸n de nuestros pueblos. Podemos afirmar esto fund谩ndonos en datos ciertos, y porque sabemos que la catolicidad de la Iglesia, presente en la cultura latinoamericana, es el factor b谩sico de unidad fraterna de nuestros pueblos.

Estos dos problemas, el ecum茅nico y el pol铆tico, podr铆an ser un buen tema para el pr贸ximo S铆nodo americano, por su enorme proyecci贸n pastoral y porque ambos implican la relaci贸n entre el Norte y el Sur de nuestra Am茅rica.

4. Conclusi贸n

Hemos propuesto varios n煤cleos de reflexi贸n a partir de los cuales se podr铆an deducir conclusiones pastorales para determinar luego decisiones concretas. Como conclusi贸n quisiera exhortar a la serenidad. Se nota muchas veces en nuestras comunidades un cierto nerviosismo ante el problema que plantea el avance de las sectas; se experimenta incluso la tentaci贸n de adoptar medidas precipitadas. La exasperaci贸n es mala consejera. No hay que imitar la espiritualidad de las sectas, no hay que copiar sus m茅todos o los acentos religiosos que les son propios. No tenemos que exasperarnos porque 鈥減erdemos gente鈥�, como algunos dicen, como si el futuro de la Iglesia dependiera de eso, o hacer uso de recursos indebidos cediendo a la tentaci贸n autoritaria. Ni exasperaci贸n combativa ni indiferencia pluralista. Debemos apoyarnos en aquello que es esencial en el camino de la evangelizaci贸n: el poder de la gracia del Se帽or, la identidad de la fe, la eficacia de la oraci贸n. El fen贸meno de las sectas se aborda orientando la Nueva Evangelizaci贸n de modo que procure y promueva el crecimiento de la Iglesia en santidad. El compromiso evangelizador (nuevo ardor, nuevos m茅todos, nueva expresi贸n) ha de ser desborde de la vida sobrenatural de las comunidades cat贸licas.

Y por eso hemos de confiar esta tarea a Mar铆a, la Madre del Se帽or, que suele ser agraviada por las sectas o identificada, por las nuevas supersticiones, con divinidades paganas. Donde Ella reina las sectas no penetran 鈥攏uestra experiencia pastoral lo confirma鈥�. Y adem谩s, la contemplaci贸n del misterio mariano de la Iglesia, del misterio eclesial de Mar铆a, nos ha de inspirar las decisiones justas, desde esa profundidad incandescente en la que se revela la unidad de la Catholica.


1

Ver, por ejemplo, Puebla, 80, 262, 342, 419.

2

Ver Puebla, 342. Ver tambi茅n Puebla, 914.

3

Ver Puebla, 628.

4

Ver Puebla, 1102, 1109, 1122.

5

Ver Secretariado para la Uni贸n de los Cristianos, Secretariado para los no cristianos, Secretariado para los no creyentes y Pontificio Consejo para la Cultura, Sectas o nuevos movimientos religiosos. Desaf铆os pastorales, 1985 (L'OR 1986, pp. 306-309).

6

Ver all铆 mismo, 1.1.

7

Ver Juan Pablo II, Discurso inaugural, Santo Domingo, 12/10/1992, 11 y 12.

8

Ver Santo Domingo, 139-146.

9

Ver Santo Domingo, 147-152.

10

Juan Pablo II, Discurso al primer grupo de obispos argentinos en visita ad limina, 7/2/1995, 5.

11

Ver Juan Pablo II, Discurso inaugural, Santo Domingo, 12/10/1992, 12.

12

Lug. cit.

13

Ver Puebla, 1108.

14

Ver S.T., II-II, q. 9, a. 3c.

15

Ver Dives in misericordia, 1.

16

Ver Gaudium et spes, 22.
Consultas

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