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S.S. Juan Pablo II, Homilía del S.S. Juan Pablo II durante la Vigilia Pacual, pronunciada el Sábado, 29 de marzo de 1997.
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Homilía del Santo Padre en la Vigilia Pascual (1997)

1. "¬°Que exista la luz!" (Gn 1,3)

Durante la Vigilia pascual, la liturgia proclama estas palabras del Libro del Génesis, las cuales son un elocuente motivo central de esta admirable celebración. Al empezar se bendice el "fuego nuevo", y con él se enciende el cirio pascual, que es llevado en procesión hacia el altar. El cirio entra y avanza primero en la oscuridad, hasta el momento en que, después de cantar el tercer "Lumen Christi", se ilumina toda la Basílica.

De este modo est√°n unidos entre s√≠ los elementos de las tinieblas y de la luz, de la muerte y de la vida. Con este fondo resuena la narraci√≥n b√≠blica de la creaci√≥n. Dios dice: "Que exista la luz". Se trata, en cierto modo, del primer paso hacia la vida. En esta noche debe realizarse el singular paso de la muerte a la vida, y el rito de la luz, acompa√Īado por las palabras del G√©nesis, ofrece el primer anuncio.

2. En el Pr√≥logo de su Evangelio, san Juan dice que el Verbo se hizo carne: "En la Palabra hab√≠a vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1,4). Esta noche santa se convierte pues en una extraordinaria manifestaci√≥n de aquella vida que es la luz de los hombres. En esta manifestaci√≥n participa toda la Iglesia y, de modo especial, los catec√ļmenos, que durante esta Vigilia reciben el Bautismo.

La Bas√≠lica de san Pedro en esta solemne celebraci√≥n os acoge a vosotros, amad√≠simos hermanos y hermanas, que dentro de poco ser√©is bautizados en Cristo nuestra Pascua. Dos de vosotros provienen de Albania y dos del Zaire, Pa√≠ses que est√°n viviendo horas dram√°ticas de su historia. ¬°Que el Se√Īor se digne escuchar el grito de los pobres y guiarlos en el camino hacia la paz y la libertad! Otros proceden de Benin, Cabo Verde, China y Taiwan. Ruego por cada uno de vosotros y de vosotras que, en esta asamblea represent√°is las primicias de la nueva humanidad redimida por Cristo, para que se√°is siempre fieles testigos de su Evangelio.

Las lecturas lit√ļrgicas de la Vigilia pascual unen entre s√≠ los dos elementos del fuego y del agua. El elemento fuego, que da la luz, y el elemento agua, que es la materia del sacramento del renacer, es decir, del santo Bautismo. "El que no nazca de agua y de Esp√≠ritu, no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,5). El paso de los Israelitas a trav√©s del Mar Rojo, es decir, la liberaci√≥n de la esclavitud de Egipto, es figura y casi anticipaci√≥n del Bautismo que libera de la esclavitud del pecado.

3. Los m√ļltiples motivos que en esta liturgia de la Vigilia de Pascua encuentran su expresi√≥n en las Lecturas b√≠blicas, convergen y se interrelacionan as√≠ en una imagen unitaria. Del modo m√°s completo es el ap√≥stol Pablo quien presenta esta verdad en la Carta a los Romanos, proclamada hace poco: "Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con √©l en la muerte, para que, as√≠ como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, as√≠ tambi√©n nosotros andemos en una vida nueva" (Rm 6,3-4).

Estas palabras nos llevan al centro mismo de la verdad cristiana. La muerte de Cristo, la muerte redentora, es el comienzo del paso a la vida, manifestado en la resurrección. "Si hemos muerto con Cristo - prosigue san Pablo -, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él" (Rm 6,8-9).

4. Al llevar en las manos la antorcha de la Palabra de Dios, la Iglesia que celebra la Vigilia pascual se detiene como ante un √ļltimo umbral. Se detiene en gran espera, durante toda esta noche. Junto al sepulcro esperamos el acontecimiento sucedido hace dos mil a√Īos. Primeros testigos de este suceso extraordinario fueron las mujeres de Jerusal√©n. Ellas llegaron al lugar donde Jes√ļs hab√≠a sido depositado el Viernes Santo y encontraron la tumba vac√≠a. Una voz les sorprendi√≥: "¬ŅBusc√°is a Jes√ļs el Nazareno, el crucificado? No est√° aqu√≠. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. ahora id a decir a sus disc√≠pulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea. All√≠ lo ver√©is, como os dijo" (Mc 16,6-7).

Nadie vio con sus propios ojos la resurrección de Cristo. Las mujeres, llegadas a la tumba, fueron las primeras en constatar el acontecimiento ya sucedido.

La Iglesia, congregada por la Vigilia pascual, escucha nuevamente, en silenciosa espera, este testimonio y manifiesta después su gran alegría. La hemos escuchado anunciar hace poco por el diácono. "Annuntio vobis gaudium magnum...", "Os anuncio una gran alegría, ¡Aleluya!".

Acojamos con corazón abierto este anuncio y participemos juntos en la gran alegría de la Iglesia.

¬°Cristo ha resucitado verdaderamente! ¬°Aleluya!

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