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S.S. Juan Pablo II, Discurso del Santo Padre durante el Encuentro con los jóvenes en la Universidad Eurasia
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Discurso del Santo Padre durante el encuentro con los jóvenes en la Universidad Eurasia (Astana)

Visita Pastoral a Kazajst√°n

Amadísimos jóvenes:

1. Con gran alegr√≠a me encuentro con vosotros y os agradezco la cordial acogida. Saludo en particular al se√Īor rector y a las autoridades acad√©micas de esta reciente y ya prestigiosa universidad. Su nombre mismo, Eurasia, indica su peculiar misi√≥n, que es la misma de vuestro gran pa√≠s, situado como encrucijada entre Europa y Asia: misi√≥n de puente entre dos continentes, entre sus respectivas culturas y tradiciones, entre los diversos grupos √©tnicos que os hab√©is encontrado aqu√≠ a lo largo de los siglos.

En realidad, la convivencia y la armon√≠a entre pueblos diferentes que existe en vuestro pa√≠s puede se√Īalarse al mundo como signo elocuente de la llamada de todos los hombres a vivir juntos en paz, esforz√°ndose por conocerse y acogerse rec√≠procamente, descubriendo progresivamente y valorando las tradiciones propias de cada uno. Kazajst√°n es tierra de encuentro, de intercambio y de novedad; tierra que estimula en cada uno el inter√©s por nuevos descubrimientos e impulsa a vivir la diversidad no como amenaza sino como enriquecimiento.

Con esta convicción, queridos jóvenes, os saludo a cada uno. A todos digo con corazón de amigo: ¡la paz esté con vosotros!, ¡la paz colme vuestro corazón! Sentíos llamados a ser artífices de un mundo mejor. Sed constructores de paz, porque una sociedad sólidamente fundada en la paz tiene un gran porvenir.

2. Al preparar este viaje, me pregunt√© qu√© querr√≠an escuchar del Papa los j√≥venes de Kazajst√°n, qu√© querr√≠an preguntarle. Conozco a los j√≥venes y s√© que se interesan por las cuestiones fundamentales. Probablemente la primera pregunta que desear√≠ais hacerme es esta: "¬ŅQui√©n soy yo, seg√ļn tu opini√≥n, Papa Juan Pablo II, seg√ļn el Evangelio que anuncias? ¬ŅCu√°l es el sentido de mi vida? ¬ŅCu√°l es mi destino?". Mi respuesta, queridos j√≥venes, es sencilla, pero de enorme alcance: Mira, t√ļ eres un pensamiento de Dios, t√ļ eres un latido del coraz√≥n de Dios. Afirmar esto es como decir que t√ļ tienes un valor, en cierto sentido, infinito, que cuentas para Dios en tu irrepetible individualidad.

As√≠ pod√©is comprender, queridos j√≥venes, por qu√© me presento a vosotros, esta tarde, con respeto y emoci√≥n, y os miro con gran afecto y confianza. Me alegra encontrarme con vosotros, descendientes del noble pueblo kazajo, orgullosos de vuestro indomable anhelo de libertad, tan vasto como la estepa en la que hab√©is nacido. Hab√©is pasado vicisitudes diversas, marcadas por el sufrimiento. Ahora est√°is aqu√≠ sentados, uno al lado de otro, y os sent√≠s amigos, no porque hay√°is olvidado el mal que ha habido en vuestra historia, sino porque con raz√≥n os interesa m√°s el bien que pod√©is construir juntos. En efecto, no existe aut√©ntica reconciliaci√≥n que no desemboque generosamente en un compromiso com√ļn.

Sed conscientes del valor √ļnico que cada uno de vosotros posee y sabed aceptaros en vuestras respectivas convicciones, pero buscando juntos la verdad plena. Vuestro pa√≠s ha sufrido la violencia mortificante de la ideolog√≠a. Ahora, no os dej√©is arrastrar por la violencia, no menos destructora que la "nada". Si en la vida no se busca algo que valga la pena, si no se cree en nada, se produce un vac√≠o asfixiante. La nada es la negaci√≥n del infinito, que vuestra vasta estepa evoca con fuerza, de aquel Infinito al que aspira de modo irresistible el coraz√≥n del hombre.

3. Me han dicho que en vuestra hermos√≠sima lengua, el kazajo, "te amo" se dice: "mien sien√© jaks√® korejmen", expresi√≥n que se puede traducir: "yo te miro bien, tengo puesta sobre ti una mirada buena". El amor del hombre, pero antes a√ļn el amor mismo de Dios al hombre y a la creaci√≥n nace de una mirada buena, una mirada que hace ver el bien e impulsa a hacer el bien: "Vio Dios cuanto hab√≠a hecho, y todo estaba muy bien", dice la Biblia (Gn 1, 31). Esa mirada permite captar todo lo que hay de positivo en la realidad y lleva a considerar, m√°s all√° de un enfoque superficial, la belleza y el valor de todo ser humano que nos sale al encuentro.

Surge espont√°neamente la pregunta: "¬ŅQu√© es lo que hace bello y grande al ser humano?". He aqu√≠ la respuesta que os propongo: lo que hace grande al ser humano es la huella de Dios que lleva en s√≠ mismo. Seg√ļn las palabras de la Biblia, ha sido creado "a imagen y semejanza de Dios" (Gn 1, 26). Precisamente por esto, el coraz√≥n del hombre nunca est√° satisfecho: quiere algo mejor, quiere m√°s, lo quiere todo. Ninguna realidad finita lo colma y lo deja tranquilo. Dec√≠a san Agust√≠n de Hipona, el antiguo Padre de la Iglesia: "Nos hiciste, Se√Īor, para ti, y nuestro coraz√≥n est√° inquieto hasta que descanse en ti" (Confesiones, I, 1). De esta misma intuici√≥n brota la pregunta que vuestro gran pensador y poeta Ahmed Jassavi repite con frecuencia en sus versos: "¬ŅPara qu√© sirve la vida, si no es para ser donada, para ser donada al Alt√≠simo?".

4. Queridos amigos, estas palabras de Ahmed Jassavi entra√Īan un gran mensaje. Recuerdan lo que la tradici√≥n religiosa define como "vocaci√≥n". Al dar la vida al hombre, Dios le encomienda una tarea y espera de √©l una respuesta. Afirmar que la vida del hombre, con sus vicisitudes, alegr√≠as y dolores, tiene como fin "ser donada al Alt√≠simo" no constituye una disminuci√≥n o una renuncia. M√°s bien, es la confirmaci√≥n de la alt√≠sima dignidad del ser humano: creado a imagen y semejanza de Dios, est√° llamado a convertirse en su colaborador para transmitir la vida y someter la creaci√≥n (cf. Gn 1, 26-28).

El Papa ha venido para deciros precisamente esto: hay un Dios que os ha pensado y os ha dado la vida. Os ama personalmente y os encomienda el mundo. Es √©l quien suscita en vosotros la sed de libertad y el deseo de conocer. Permitidme profesar ante vosotros, con humildad y orgullo, la fe de los cristianos: Jes√ļs de Nazaret, Hijo de Dios hecho hombre hace dos mil a√Īos, vino a revelarnos esta verdad con su persona y su doctrina. S√≥lo en el encuentro con √©l, Verbo encarnado, el hombre halla plenitud de autorrealizaci√≥n y felicidad. La religi√≥n misma, sin una experiencia de descubrimiento con asombro y de comuni√≥n con el Hijo de Dios, que se hizo nuestro hermano, se reduce a una suma de principios cada vez m√°s dif√≠ciles de entender y de reglas cada vez m√°s duras de soportar.

5. Queridos amigos, intuís que ninguna realidad terrena os podrá satisfacer plenamente. Sois conscientes de que la apertura al mundo no basta para colmar vuestra sed de vida y que la libertad y la paz sólo pueden venir de Otro, infinitamente más grande que vosotros, pero familiarmente cercano a vosotros.

Reconoced que no sois los due√Īos de vosotros mismos, y abr√≠os a Aquel que os ha creado por amor y quiere hacer de vosotros personas dignas, libres y hermosas. Yo os aliento a tomar esta actitud de apertura confiada: aprended a escuchar en el silencio la voz de Dios, que habla en lo m√°s √≠ntimo de cada uno; poned bases s√≥lidas y seguras en la construcci√≥n del edificio de vuestra vida; no teng√°is miedo al compromiso y al sacrificio, que exigen hoy empe√Īar todas las fuerzas, pero que son garant√≠a de √©xito en el futuro. As√≠ descubrir√©is la verdad sobre vosotros mismos y se abrir√°n incesantemente ante vosotros nuevos horizontes.

Queridos j√≥venes, tal vez estas palabras os parezcan anticuadas. Pero yo creo que son muy actuales y esenciales para el hombre moderno, que a veces concibe la idea ilusoria de que es todopoderoso porque ha realizado grandes progresos cient√≠ficos y ha logrado controlar, de alg√ļn modo, el complejo mundo tecnol√≥gico. Pero el hombre tiene un coraz√≥n: si la inteligencia dirige las m√°quinas, el coraz√≥n late por la vida. Dad a vuestro coraz√≥n recursos vitales, permitid a Dios entrar en vuestra existencia y quedar√° iluminada por su luz divina.

6. He venido a vosotros para animaros. Estamos en el alba de un nuevo milenio: es una época importante para el mundo, porque cada vez se está difundiendo más entre la gente la convicción de que no podemos seguir viviendo tan divididos. Por desgracia, aunque las comunicaciones resulten cada día más fáciles, a menudo las diferencias se sienten de modo incluso dramático. Os exhorto a trabajar por un mundo más unido, y a hacerlo en la vida ordinaria, dando la contribución creativa de un corazón renovado.

Vuestro pa√≠s cuenta con vosotros y espera mucho de vosotros con vistas al futuro: vuestra naci√≥n seguir√° la ruta que le imprim√°is con vuestras opciones. ¬°El Kazajst√°n de ma√Īana tendr√° vuestro rostro! Sed valientes e intr√©pidos, y no quedar√©is defraudados.

Os acompa√Īen la protecci√≥n y la bendici√≥n del Alt√≠simo, que invoco sobre cada uno de vosotros, sobre vuestros seres queridos y sobre toda vuestra vida.

* * *

Al final del encuentro, el Papa pronunció en italiano estas palabras:

Quiero expresar mi profundo agradecimiento por este encuentro con la universidad. La universidad ha estado muy cercana a mí. Y me alegra mucho encontrarme con ella aquí, porque es el fundamento de la cultura nacional y del desarrollo nacional. La cultura es el fundamento de la identidad de un pueblo. Muchas gracias.

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