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S.S. Juan Pablo II, Carta Apost贸lica por el XVII Centenario del Bautismo del pueblo Armenio
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Carta Apost贸lica del Santo Padre en el XVII Centenario del Bautismo del Pueblo Armenio

1. "Dios, admirable y siempre providente, seg煤n tu presciencia, has dado inicio a la salvaci贸n de los armenios".

El antiguo himno lit煤rgico, que canta la iniciativa de Dios en la evangelizaci贸n de vuestro noble pueblo, amad铆simos hermanos y hermanas, brota de mi coraz贸n colmado de gratitud en este feliz aniversario, en el que celebr谩is el XVII centenario del encuentro de vuestros antepasados con el cristianismo. La Iglesia cat贸lica entera se alegra al recordar el providencial ba帽o bautismal, gracias al cual vuestra noble y querida naci贸n comenz贸 definitivamente a formar parte del grupo de pueblos que han acogido la vida nueva en Cristo.

"Todos los bautizados en Cristo os hab茅is revestido de Cristo" (Ga 3, 27). Estas palabras del ap贸stol san Pablo revelan la singular novedad que da al cristiano el hecho de haber recibido el bautismo. En efecto, en este sacramento el hombre es incorporado a Cristo, de forma que puede afirmar con confianza: "Ya no soy yo quien vivo, sino que es Cristo quien vive en m铆" (Ga 2, 20).

Este encuentro personal e irrepetible regenera, santifica y transforma al ser humano, haci茅ndolo un perfecto adorador de Dios y templo vivo del Esp铆ritu Santo. El bautismo, injertando al disc铆pulo en la verdadera vid que es Cristo, lo convierte en un sarmiento capaz de producir fruto. Hecho hijo en el Hijo, llega a ser heredero de la felicidad eterna preparada desde el origen del mundo.

Por consiguiente, todo bautismo es un acontecimiento marcado por el encuentro de amor entre Cristo Se帽or y la persona humana, en el misterio de la libertad y de la verdad. Es un acontecimiento que entra帽a una dimensi贸n eclesial, como sucede en todos los sacramentos: la incorporaci贸n a Cristo conlleva tambi茅n la incorporaci贸n a la Iglesia, Esposa del Verbo, Madre inmaculada y afectuosa. Al respecto afirma el ap贸stol san Pablo: "En un solo Esp铆ritu hemos sido todos bautizados, para no formar m谩s que un cuerpo" (1 Co 12, 13).

Esta incorporaci贸n a la Iglesia resulta especialmente evidente en la historia de algunos pueblos, para los que la conversi贸n ha sido un hecho comunitario, vinculado a acontecimientos o circunstancias particulares. Cuando sucede eso, se habla de "bautismo de un pueblo".

2. Hace diecisiete siglos, amad铆simos hermanos y hermanas del pueblo armenio, tuvo lugar para vosotros esta conversi贸n com煤n a Cristo. Ese evento marc贸 profundamente vuestra identidad; no s贸lo la identidad personal, sino tambi茅n la comunitaria, pues con raz贸n se puede hablar de "bautismo" de vuestra naci贸n, aunque en realidad la penetraci贸n del cristianismo en vuestra tierra hab铆a comenzado mucho tiempo antes. La tradici贸n atribuye sus inicios a la predicaci贸n y a la labor de los mismos ap贸stoles san Tadeo y san Bartolom茅.

Con el "bautismo" de la comunidad armenia, comenzando por sus autoridades civiles y militares, naci贸 una identidad nueva del pueblo, que llegar铆a a ser parte constitutiva e inseparable del mismo ser armenio. Desde entonces ya no ser谩 posible pensar que, entre los componentes de esa identidad, no figure la fe en Cristo, como constitutivo esencial. M谩s a煤n, la misma cultura armenia recibir谩 del anuncio del Evangelio un impulso de extraordinario vigor: la "armenidad" dar谩 una connotaci贸n profundamente caracter铆stica a ese anuncio y, al mismo tiempo, este anuncio ser谩 una fuerza propulsora para un desarrollo sin precedentes de la misma cultura nacional. Tambi茅n la invenci贸n del alfabeto armenio, hecho determinante para la estabilidad y definitividad de la identidad cultural del pueblo, estar谩 铆ntimamente vinculada al "bautismo" de Armenia y, antes que como un instrumento de comunicaci贸n de conceptos y noticias, ser谩 querida y concebida como un aut茅ntico medio de evangelizaci贸n. El nuevo alfabeto, obra de san Mesrop-Masthoc", en colaboraci贸n con el santo Catholic贸s Sahak, permiti贸 a los armenios aprovechar las mejores l铆neas de la espiritualidad, de la teolog铆a y de la cultura de los sirios y los griegos, y fundir todo ello de modo original con la aportaci贸n de la especificidad de su genio.

3. La conversi贸n de Armenia, que tuvo lugar en los albores del siglo IV y que tradicionalmente se sit煤a en el a帽o 301, dio a vuestros antepasados la conciencia de ser el primer pueblo oficialmente cristiano, mucho antes de que el cristianismo fuera reconocido como religi贸n propia del imperio romano.

Fue sobre todo el historiador Agat谩ngelo quien, en un relato lleno de simbolismo, narra detalladamente los hechos que la tradici贸n coloca en el origen de esa conversi贸n de todo vuestro pueblo. El relato comienza con el encuentro providencial y dram谩tico de dos h茅roes que est谩n en la ra铆z de los acontecimientos: Gregorio, hijo del parto Anak, criado en Cesarea de Capadocia, y el rey armenio Tir铆dates III. En realidad, al inicio se trat贸 de un enfrentamiento: Gregorio, a quien el rey orden贸 ofrecer un sacrificio a la diosa Anahit, se neg贸 radicalmente, explicando al soberano que uno solo es el creador del cielo y de la tierra, el Padre de nuestro Se帽or Jesucristo. Gregorio, sometido por ello a crueles tormentos y asistido por la fuerza de Dios, no se dobleg贸. El rey, al ver su inquebrantable constancia en la confesi贸n cristiana, mand贸 que lo arrojaran a un pozo profundo, un lugar estrecho y oscuro, infestado de serpientes, donde antes nadie hab铆a sobrevivido. Pero Gregorio, alimentado por la Providencia a trav茅s de la mano piadosa de una viuda, permaneci贸 muchos a帽os en ese pozo sin morir.

El relato prosigue refiriendo los intentos que mientras tanto realizaba el emperador romano Diocleciano para seducir a la santa virgen Hrip'sime, la cual, para evitar el peligro, huy贸 de Roma con un grupo de compa帽eras, buscando refugio en Armenia. La belleza de la joven atrajo la atenci贸n del rey Tir铆dates, que se enamor贸 de ella y quiso hacerla suya. Frente al obstinado rechazo de Hrip'sime, el rey se enfureci贸 y mand贸 que la mataran a ella y a sus compa帽eras con crueles suplicios. Seg煤n la tradici贸n, como castigo por ese horrendo delito, Tir铆dates se transform贸 en un jabal铆 salvaje, y ya no pudo recuperar su figura humana, salvo cuando, obedeciendo a una indicaci贸n del cielo, liber贸 a Gregorio del pozo en el que hab铆a permanecido durante trece a帽os.

Obtenido el prodigio de volver a tener figura humana por la oraci贸n del santo, Tir铆dates comprendi贸 que el Dios de Gregorio era el verdadero y decidi贸 convertirse, juntamente con su familia y el ej茅rcito, y promover la evangelizaci贸n del pa铆s entero. As铆 los armenios fueron bautizados y el cristianismo se impuso como religi贸n oficial de la naci贸n. Gregorio, que mientras tanto hab铆a recibido en Cesarea la ordenaci贸n episcopal, y Tir铆dates recorrieron el pa铆s, destruyendo los lugares de culto de los 铆dolos y construyendo templos cristianos.

A ra铆z de una visi贸n del Hijo unig茅nito de Dios encarnado, se construy贸 luego una iglesia en Vagharshapat, que, por ese prodigioso evento, tom贸 el nombre de Echmiadzin, es decir, lugar donde "el Unig茅nito descendi贸". Los sacerdotes paganos fueron instruidos en la nueva religi贸n y se convirtieron en ministros del nuevo culto, mientras que sus hijos constituyeron el n煤cleo del clero y del sucesivo monacato.

Gregorio se retir贸 pronto al desierto para llevar vida erem铆tica, y el hijo m谩s joven Aristakes fue ordenado obispo y constituido cabeza de la Iglesia armenia. En calidad de tal, particip贸 en el concilio de Nicea. El historiador armenio conocido con el nombre de Mois茅s de Corene define a Gregorio "nuestro progenitor y padre seg煤n el Evangelio"1 y, para mostrar la continuidad entre la evangelizaci贸n apost贸lica y la del Iluminador, refiere la tradici贸n seg煤n la cual Gregorio habr铆a tenido el privilegio de ser concebido cerca de la sagrada memoria del ap贸stol Tadeo.

Los antiguos calendarios de la Iglesia a煤n indivisa lo celebran, tanto en Oriente como en Occidente, el mismo d铆a como ap贸stol incansable de verdad y santidad. San Gregorio, padre en la fe de todo el pueblo armenio, tambi茅n hoy intercede desde el cielo para que todos los hijos de vuestra gran naci贸n puedan reunirse finalmente en torno a la 煤nica mesa preparada por Cristo, divino Pastor de la 煤nica grey.

4. Esta narraci贸n tradicional, junto con aspectos legendarios, incluye elementos de gran significado espiritual y moral. La predicaci贸n de la buena nueva y la conversi贸n de Armenia se fundan, ante todo, en la sangre de los testigos de la fe. Los sufrimientos de Gregorio y el martirio de Hrip'sime y de sus compa帽eras atestiguan que el primer bautismo de Armenia fue precisamente un bautismo de sangre.

El martirio constituye un elemento constante en la historia de vuestro pueblo. Su fe permanece indisolublemente unida al testimonio de la sangre derramada por Cristo y por el Evangelio. Toda la cultura e incluso la espiritualidad de los armenios est谩n impregnadas de un sano orgullo por el signo supremo del don de la vida en el martirio. Se escuchan los ecos de los gemidos por el sufrimiento padecido en comuni贸n con el Cordero inmolado por la salvaci贸n del mundo. Su emblema es el sacrificio de Vardan Mamikonian y de sus compa帽eros que, en la batalla de Avarayr (a帽o 451) contra el sas谩nida Iazdegerd II, que quer铆a imponer al pueblo la religi贸n mazdea, dieron la vida a fin de permanecer fieles a Cristo y defender la fe de la naci贸n. Como narra el historiador Eliseo, en v铆speras del enfrentamiento, a los soldados los exhortaron a defender la fe con estas palabras: "Quienes cre铆an que el cristianismo era para nosotros como un vestido, ahora sabr谩n que no podr谩n arrebat谩rnoslo, como no nos pueden quitar el color de la piel"2. Se trata de un testimonio elocuente del valor de esos creyentes: morir por Cristo significaba para ellos participar en su pasi贸n, afirmando los derechos de la conciencia. No pod铆a permitirse renegar de la fe cristiana, que el pueblo consideraba como el bien supremo.

Desde entonces episodios an谩logos se han repetido muchas veces, hasta las matanzas sufridas por los armenios en los 煤ltimos a帽os del siglo XIX y primeros del siglo XX, que culminaron en los tr谩gicos acontecimientos de 1915, cuando el pueblo armenio sufri贸 violencias inauditas, cuyas dolorosas consecuencias son a煤n visibles en la di谩spora a la que se han visto obligados muchos de sus hijos. Es un recuerdo que no puede perderse. En diversas ocasiones, durante el siglo que acaba de concluir, mis predecesores quisieron rendir homenaje a los cristianos de Armenia, que perdieron la vida de forma violenta3. Yo mismo he querido recordar los sufrimientos padecidos por vuestro pueblo: son los sufrimientos de los miembros del Cuerpo m铆stico de Cristo4.

Los acontecimientos sangrientos, adem谩s de marcar profundamente el alma de vuestro pueblo, han modificado muchas veces incluso la geograf铆a humana, oblig谩ndolo a continuas migraciones en todo el mundo. Es digno de admiraci贸n el hecho de que, dondequiera que se han establecido los armenios, han llevado la riqueza de sus valores morales y de sus estructuras culturales, indisolublemente unidas a las eclesiales. Los cristianos armenios, guiados por la certeza de la ayuda divina, han sabido repetir constantemente la oraci贸n de san Gregorio de Narek: "Si mis ojos contemplan el espect谩culo del doble riesgo en el d铆a de la miseria, 隆que vea tu salvaci贸n, oh pr贸vida Esperanza! Si dirijo mi mirada a las alturas, hacia el sendero terrible que lo abarca todo, 隆que me salga al encuentro con dulzura tu 谩ngel de paz!"5. De hecho, la fe cristiana, incluso en los momentos m谩s tr谩gicos de la historia armenia, ha sido el est铆mulo que ha marcado el inicio del renacimiento del pueblo probado.

As铆 la Iglesia, siguiendo a sus hijos peregrinos por el mundo en busca de paz y serenidad, ha constituido para ellos la verdadera fuerza moral, llegando a ser, en muchos casos, la 煤nica instituci贸n a la que pod铆an hacer referencia, el 煤nico centro autorizado que sostuvo sus esfuerzos e inspir贸 sus pensamientos.

5. Un segundo elemento de gran valor en vuestra atormentada historia, queridos hermanos y hermanas armenios, es la relaci贸n entre evangelizaci贸n y cultura. El apelativo "Iluminador", con que se designa a san Gregorio, pone muy bien de relieve su doble funci贸n en la historia de la conversi贸n de vuestro pueblo. En efecto, en el lenguaje cristiano, "iluminaci贸n" es el t茅rmino tradicional para indicar que, mediante el bautismo, el disc铆pulo, llamado por Dios de las tinieblas a su luz admirable (cf. 1 P 2, 9), est谩 inundado por el esplendor de Cristo, "luz del mundo" (Jn 8, 12). En 茅l el cristiano encuentra el 铆ntimo significado de su vocaci贸n y de su misi贸n en el mundo.

Pero el t茅rmino "iluminaci贸n", en la acepci贸n armenia, se enriquece con un ulterior significado, pues indica tambi茅n la difusi贸n de la cultura a trav茅s de la ense帽anza, encomendada en particular a los monjes-maestros, continuadores de la predicaci贸n evang茅lica de san Gregorio. Como subraya el historiador Koriun, la evangelizaci贸n de Armenia entra帽贸 la victoria sobre la ignorancia6. Con la difusi贸n de la alfabetizaci贸n y del conocimiento de las normas y de los mandatos de la sagrada Escritura, por fin el pueblo pudo construir una sociedad gobernada de modo sabio y prudente. Tambi茅n Agat谩ngelo destaca que la conversi贸n de Armenia implic贸 la emancipaci贸n de los cultos paganos, que no s贸lo ocultaban al pueblo las verdades de la fe, sino que adem谩s lo manten铆an en una situaci贸n de ignorancia7.

Por esta raz贸n, la Iglesia armenia siempre ha considerado parte integrante de su misi贸n la promoci贸n de la cultura y de la conciencia nacional y se ha esforzado para que esa s铆ntesis permanezca viva y fecunda.

6. La narraci贸n tradicional de los hechos vinculados a la conversi贸n de los armenios nos ofrece un motivo m谩s de reflexi贸n. En san Gregorio el Iluminador y en las santas v铆rgenes resplandece la gran fuerza de la fe, que impulsa a no ceder ante las tentaciones del poder y del mundo, y capacita para resistir a los sufrimientos m谩s atroces as铆 como a las lisonjas m谩s seductoras. En el rey Tir铆dates se pueden ver las consecuencias que provoca el alejamiento de Dios: el hombre pierde su dignidad, embruteci茅ndose, de forma que queda prisionero de sus propios instintos. De todo el relato se desprende una verdad importante: no existe una sacralidad absoluta del poder, y de ninguna manera se puede admitir que quede justificado todo lo que hace. Al contrario, se debe reconocer la responsabilidad personal de las propias opciones: si estas son equivocadas, permanecen tales, aunque sea un rey quien las realice. La humanidad se reconstituye en su integridad cuando la fe desenmascara el pecado y el inicuo se convierte y vuelve a encontrar a Dios y su justicia.

En los edificios cristianos, construidos en el lugar donde se rend铆a culto a los 铆dolos, se refleja la verdadera identidad del cristianismo: recoge lo que hay de naturalmente v谩lido en el sentido religioso de la humanidad y, al mismo tiempo, sabe proponer la novedad de una fe que no admite componendas. De ese modo, edificando el pueblo santo de Dios, contribuye tambi茅n a suscitar una nueva civilizaci贸n en la que se subliman los valores m谩s aut茅nticos del hombre.

7. Mientras tienen lugar las celebraciones del XVII centenario de la conversi贸n de Armenia, mi pensamiento se eleva al Se帽or del cielo y de la tierra, al que deseo expresar la gratitud de toda la Iglesia por haber suscitado en el pueblo armenio una fe tan s贸lida y valiente, y por haber sostenido siempre su testimonio.

De buen grado me uno a esta feliz conmemoraci贸n, para contemplar juntamente con vosotros, amad铆simos hermanos y hermanas, el innumerable ej茅rcito de santos que ha surgido en esa tierra bendita y ahora resplandece en la gloria del Padre. Se trata de figuras que constituyen un rico tesoro para la Iglesia: son m谩rtires, confesores de la fe, monjes y monjas, hijos e hijas renacidos de la fecundidad de la palabra de Dios. Entre esas figuras ilustres, quiero recordar aqu铆 a san Gregorio de Narek, que sonde贸 las profundidades tenebrosas de la desesperaci贸n humana y vislumbr贸 la luz fulgurante de la gracia, que tambi茅n en ella resplandece para el creyente, y a san Nerses Shnorhali, el Catholic贸s que conjug贸 un extraordinario amor a su pueblo y a su tradici贸n con una clarividente apertura a las dem谩s Iglesias, en un esfuerzo ejemplar de b煤squeda de la comuni贸n en la plena unidad.

Al pueblo armenio quiero manifestar ante todo mi gratitud por su larga historia de fidelidad a Cristo, fidelidad que ha conocido la persecuci贸n y el martirio. Los hijos de la Armenia cristiana han derramado su sangre por el Se帽or, pero toda la Iglesia ha crecido y se ha robustecido en virtud de su sacrificio. Si hoy Occidente puede profesar libremente su fe, se debe en parte a los que se inmolaron, haciendo de su cuerpo una defensa para el mundo cristiano, hasta sus 煤ltimos confines. Su muerte fue el precio de nuestra seguridad: ahora resplandecen vestidos con vestiduras blancas y cantan al Cordero el himno de alabanza en la felicidad del cielo (cf. Ap 7, 9-12).

El patrimonio de fe y de cultura del pueblo armenio ha enriquecido a la humanidad con tesoros de arte e ingenio, que ahora se hallan esparcidos por todo el mundo. Mil setecientos a帽os de evangelizaci贸n hacen de esa tierra una de las cunas de la civilizaci贸n cristiana hacia la que se dirige, con gran admiraci贸n, la veneraci贸n de todos los disc铆pulos del Maestro divino.

Los armenios, embajadores de paz y laboriosidad, han recorrido el mundo y, con el duro trabajo de sus manos, han dado una valiosa contribuci贸n para transformarlo y hacerlo m谩s cercano al proyecto de amor del Padre. El pueblo cristiano se alegra de su presencia generosa y fiel, y les desea que encuentren siempre simpat铆a y comprensi贸n en todo el mundo.

8. Un pensamiento particular quiero dedicar, tambi茅n, a cuantos est谩n comprometidos para que Armenia resurja del sufrimiento de tantos a帽os de r茅gimen totalitario. El pueblo espera signos concretos de esperanza y solidaridad, y estoy seguro de que el recuerdo agradecido de sus or铆genes cristianos es para todo armenio motivo de consuelo y de est铆mulo. Ojal谩 que la memoria viva de los prodigios realizados por Dios entre vosotros, amad铆simos fieles armenios, os ayude a redescubrir en plenitud la dignidad del hombre, de todo hombre, de cualquier condici贸n, y os impulse a apoyar en bases espirituales y morales la reconstrucci贸n del pa铆s.

Formulo fervientes votos para que los fieles prosigan con valent铆a su compromiso y sus ya notables esfuerzos, de forma que en la Armenia del futuro vuelvan a florecer los valores humanos y cristianos de la justicia, la solidaridad, la igualdad, el respeto, la honradez, la hospitalidad, que est谩n en la base de la convivencia humana. Si eso sucede, el jubileo del pueblo armenio habr谩 producido plenamente su fruto.

Estoy seguro de que la celebraci贸n del XVII centenario del bautismo de vuestra amada naci贸n ser谩 un momento significativo y singular para continuar con empe帽o el camino del di谩logo ecum茅nico.

Las ya cordiales relaciones entre la Iglesia apost贸lica armenia y la Iglesia cat贸lica han recibido, en los 煤ltimos decenios, un decisivo impulso tambi茅n gracias a los encuentros de las m谩s altas autoridades de esa Iglesia con el Papa. No podemos olvidar, en este contexto, las memorables visitas al Obispo y a la comunidad cristiana de Roma que realiz贸 Su Santidad Vazken I en 1970, el inolvidable Karekin I en 1996 y 1999, y la reciente de Karekin II. Adem谩s, la entrega a Su Santidad Karekin II, en presencia del patriarca armenio-cat贸lico, de la reliquia del padre de la Armenia cristiana, que yo mismo tuve la alegr铆a de realizar recientemente para la nueva catedral de Erevan, constituye una confirmaci贸n ulterior del profundo v铆nculo que une a la Iglesia de Roma con todos los hijos de san Gregorio el Iluminador.

Es un camino que debe continuar con confianza y valent铆a, para que todos seamos cada vez m谩s fieles al mandato de Cristo: ut unum sint! Desde esta perspectiva, la Iglesia armenio-cat贸lica debe dar su decisiva contribuci贸n "con la oraci贸n, con el ejemplo de vida, con la escrupulosa fidelidad a las tradiciones orientales, con un mejor conocimiento mutuo, con la colaboraci贸n y estima fraterna de las cosas y de los esp铆ritus"8.

Con los armenios y para los armenios presidir茅 dentro de pocos d铆as una solemne eucarist铆a de alabanza para dar gracias a Dios por el don de la fe que han recibido, orando para que el Se帽or "congregue en la unidad a todos los pueblos en su santa Iglesia, construida sobre el cimiento de los Ap贸stoles y de los Profetas, y la conserve inmaculada hasta el d铆a de su regreso"9. En esa celebraci贸n estar谩n presentes en la 煤nica mesa del Pan de vida los hermanos y hermanas que ya viven en comuni贸n plena con la Sede de Pedro y de ese modo enriquecen a la Iglesia cat贸lica con su aportaci贸n insustituible. Pero tengo un vivo deseo de que ese sagrado rito de acci贸n de gracias abrace idealmente a todos los armenios, dondequiera que se encuentren, para expresar con una 煤nica voz la gratitud de cada uno a Dios por el don de la fe, en el beso santo de la paz.

9. Mi pensamiento se dirige a la "Madre de la Luz, Mar铆a, la Virgen sant铆sima, que engendr贸 seg煤n la carne a la Luz que procede del Padre, y se convirti贸 en la aurora del Sol de justicia"10. Venerada con profundo afecto con el t铆tulo de Astvazazin (Madre de Dios), se encuentra presente en todos los momentos de la atormentada historia de ese pueblo. Sobre todo los textos lit煤rgicos y homil茅ticos abren de par en par los tesoros de la devoci贸n mariana que, a lo largo de los siglos, ha marcado la devoci贸n filial de los armenios a la Esclava del gran misterio de la salvaci贸n. Adem谩s de hacer memoria diariamente en la divina liturgia y en todas las horas del Oficio divino, la oraci贸n de la Iglesia prev茅 fiestas a lo largo del a帽o que recuerdan su vida y sus principales misterios. A ella los fieles se dirigen con confianza, para pedirle que interceda ante su Hijo: "Templo de la Luz sin sombras, t谩lamo inefable del Verbo, t煤, que destruiste la triste maldici贸n de la madre Eva, implora a tu Hijo unig茅nito, que nos ha reconciliado con el Padre, que aparte de nosotros cualquier turbaci贸n y conceda la paz a nuestras almas"11. Mar铆a, Virgen del Perpetuo Socorro, es venerada como la Reina de Armenia.

F煤lgida gloria, en el ej茅rcito de los santos armenios que han cantado a la Madre de Dios, es sin duda san Gregorio de Narek, el gran Vardapet (doctor) mariano de la Iglesia armenia, al que yo quise recordar tambi茅n en la enc铆clica Redemptoris Mater12. Saluda a la sant铆sima Virgen como "Sede escogida de la voluntad de la Divinidad increada"13. Que, con sus palabras, se eleve la s煤plica de la Iglesia en fiesta, para que este jubileo del bautismo de Armenia sea motivo de renacimiento y de alegr铆a:

"Acoge el canto de bendici贸n de nuestros labios,
y d铆gnate conceder a esta Iglesia
los dones y las gracias de Sion y de Bel茅n,
para que seamos dignos de participar en la salvaci贸n,
en el d铆a de la gran manifestaci贸n
de la gloria indestructible
del inmortal Salvador e Hijo tuyo, el Unig茅nito"14.

Sobre todo el pueblo armenio y sobre sus pr贸ximas celebraciones invoco la plenitud de las bendiciones divinas, haciendo m铆a la expresi贸n del historiador Agat谩ngelo: 芦Que ellos, dirigiendo estas palabras al Creador, digan: "t煤 eres el Se帽or, Dios nuestro" y que 茅l les diga: "Vosotros sois mi pueblo"禄15, para gloria de la sant铆sima Trinidad, Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo. Am茅n.

Vaticano, 2 de febrero de 2001


1

Historia de Armenia, Venecia 1841, p. 265.

2

Historia de Vartan y de la guerra de los armenios contra los persas, cap. V, Venecia 1840, p. 121.

3

Cf. Benedicto XV, Discurso con ocasi贸n del sagrado Consistorio (6 de diciembre de 1915): AAS VII (1915) 510; Carta a los gobernantes de los pueblos beligerantes (1 de agosto de 1917): AAS IX (1917) 419; P铆o XI, Discurso en el Consistorio para la beatificaci贸n de los venerables Juan Bosco y Cosme de Carboniano (21 de abril de 1929): Discorsi II, 64; carta enc铆clica Quinquagesimo ante (23 de diciembre de 1929): AAS XXI (1929) 712; P铆o XII, Discurso a los fieles armenios (13 de marzo de 1946): Discorsi e messaggi VIII, 5-6.

4

Homil铆a durante la liturgia divina en rito armenio (21 de noviembre de 1987), n. 3: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 29 de noviembre de 1987, p. 2; Discurso en la inauguraci贸n de la exposici贸n Roma-Armenia (25 de marzo de 1999), n. 2: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 9 de abril de 1999, p. 5; Discurso con ocasi贸n de la visita de Su Santidad Karekin II (9 de noviembre de 2000): L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 17 de noviembre de 2000, p. 8.

5

El libro de la lamentaci贸n, Palabra II, b, ed. Studium 1999, pp. 164-165.

6

Cf. Historia de la vida de san Mesrob y del inicio de la literatura armenia, Venecia 1894, pp. 19-24.

7

Cf. Agat谩ngelo, Historia, 2, Venecia 1843, pp. 196-198.

8

Decreto Orientalium Ecclesiarum del concilio Vaticano II sobre las Iglesia orientales, 24.

9

Antiguo "C谩ntico para todas las fiestas de santa Mar铆a Virgen", en Laudes et hymni ad SS. Mariae Virginis honorem ex Armeniorum Breviaro excerpta, Venecia 1877, XVII, 118.

10

Catholic贸s Isaac III, Himno para la fiesta de la santa Cruz, en Laudes et hymni ad SS. Mariae Virginis honorem ex Armeniorum Breviaro excerpta, Venecia 1877, XIII, 88-89.

11

San Nerses Shnorhali, Himno en honor de santa Mar铆a Virgen, en tiempo de Cuaresma, en Laudes et hymni ad SS. Mariae Virginis honorem ex Armeniorum Breviaro excerpta, Venecia 1877, IX, 81.

12

Cf. Redemptoris Mater, 31: AAS 79 (1987) 404.

13

Discurso paneg铆rico a la Bienaventurada Virgen Mar铆a, Venecia 1904, pp. 16 y 24.

14

Ib.

15

Historia, 2, Venecia 1843, p. 200.
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