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S.S. Juan Pablo II, Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante el Encuentro Ecum茅nico en la Catedral Greco-Ortodoxa
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Discurso del Santo Padre durante el Encuentro Ecum茅nico en la Catedral Greco-Ortodoxa

Beatitud Ignace;
Sant铆simo Padre Zakka;
Beatitud Gr茅goire III;
queridos obispos y dignatarios de las Iglesias y de las comunidades eclesiales;
de Siria y de otros pa铆ses, os agradezco vuestra presencia;
y os acojo en esta asamblea como hermanos, peregrinos unidos.

1. "Cuando lleg贸 y vio la gracia de Dios se alegr贸 y exhortaba a todos a permanecer, con coraz贸n firme, unidos al Se帽or" (Hch 11, 23). As铆 fue la admiraci贸n y el gozo del Ap贸stol en Antioqu铆a, adonde hab铆a sido enviado por la Iglesia de Jerusal茅n. Y as铆 tambi茅n es hoy mi alegr铆a y mi mensaje. En efecto, esta visita a Siria me trae a la memoria la aurora de la Iglesia, el tiempo de los Ap贸stoles y de las primeras comunidades cristianas. Completa las peregrinaciones a la tierra b铆blica que pude realizar al principio del a帽o 2000, y me brinda tambi茅n la feliz ocasi贸n de reunirme con vosotros en Siria y devolveros las visitas que hab茅is hecho a la Iglesia y al Obispo de Roma.

En esta catedral, dedicada a la Dormici贸n de la Virgen Mar铆a, quisiera saludar muy particularmente al patriarca Ignace IV Hazim. Beatitud, le agradezco de todo coraz贸n la acogida fraterna que me dispensa hoy y esta liturgia de la Palabra que tenemos la alegr铆a de celebrar juntos. Todos conocen el inter茅s y la actividad que Su Beatitud lleva a cabo, desde hace muchos a帽os, por la causa de la unidad del pueblo de Dios. Los aprecio profundamente, y doy gracias a Dios por ello. Querido hermano, imploro la bendici贸n del Se帽or sobre su ministerio, as铆 como sobre la Iglesia de la que es pastor.

2. La Iglesia en Siria, construida sobre el fundamento de los ap贸stoles san Pedro y san Pablo, no tard贸 en manifestar un extraordinario florecimiento de vida cristiana. Con raz贸n el concilio de Nicea reconoci贸 el primado de Antioqu铆a sobre las Iglesias metropolitanas de la regi贸n. Al mencionar aqu铆 en particular a Ignacio de Antioqu铆a, Juan Damasceno y Sime贸n, no podemos por menos de recordar al gran n煤mero de confesores y m谩rtires que, con su fidelidad a la gracia hasta el derramamiento de la sangre, hicieron resplandecer en esta regi贸n los comienzos de la Iglesia.

隆Cu谩ntos monjes y monjas se retiraron a la soledad, sembrando de eremitorios y monasterios los desiertos y las monta帽as de Siria, para vivir en ellos una vida de oraci贸n y sacrificio, en alabanza a Dios, y "alcanzar -como dec铆a Teodoro de Edesa- el estado de belleza"! (Discurso sobre la contemplaci贸n). 隆Cu谩ntos te贸logos sirios contribuyeron al desarrollo de las escuelas teol贸gicas de Antioqu铆a y Edesa! 隆Cu谩ntos misioneros partieron de Siria para dirigirse a Oriente, prosiguiendo as铆 el gran movimiento de evangelizaci贸n que comenz贸 en Mesopotamia y se extendi贸 incluso hasta Kerala, en la India! La Iglesia de Occidente tiene una gran deuda con la multitud de pastores de origen sirio, que desempe帽aron el ministerio episcopal, incluso el ministerio de Obispo de Roma. 隆Alabado sea el Se帽or por el testimonio y la influencia del antiguo patriarcado de Antioqu铆a!

Por desgracia, el ilustre patriarcado de Antioqu铆a perdi贸 a lo largo de los siglos su unidad, y es de esperar que los diferentes patriarcados que existen actualmente encuentren los caminos m谩s adecuados para llegar a la comuni贸n plena.

3. Ya est谩 en marcha un proceso de acercamiento ecum茅nico entre el patriarcado greco-ortodoxo y el patriarcado greco-cat贸lico de Antioqu铆a, por el que doy gracias al Se帽or de todo coraz贸n.

Nace, a la vez, del deseo del pueblo cristiano y del di谩logo entre los te贸logos, as铆 como de la colaboraci贸n fraterna entre los obispos y los pastores de los dos patriarcados. Exhorto a todas las personas implicadas a proseguir esta b煤squeda de la unidad, con valent铆a y prudencia, con respeto pero sin confusi贸n, sacando de la divina liturgia la fuerza sacramental y el est铆mulo teol贸gico necesarios para este camino. Evidentemente, la b煤squeda de la unidad entre el patriarcado greco-ortodoxo y el patriarcado greco-cat贸lico de Antioqu铆a se sit煤a en el marco m谩s amplio del proceso de uni贸n entre la Iglesia cat贸lica y las Iglesias ortodoxas. Por eso, quiero expresar una vez m谩s mi deseo sincero de que la Comisi贸n mixta internacional para el di谩logo teol贸gico entre la Iglesia cat贸lica y las Iglesias ortodoxas reanude pronto sus actividades del modo m谩s apropiado. Cuanto m谩s afronte este di谩logo las cuestiones centrales, tanto m谩s laborioso ser谩. No tenemos por qu茅 sorprendernos, y mucho menos desalentarnos. 驴Qui茅n podr铆a impedirnos poner nuestra esperanza en el Esp铆ritu de Dios, que no cesa de suscitar la santidad entre los disc铆pulos de la Iglesia de Cristo? Deseo agradecer sinceramente al patriarca Ignace IV la contribuci贸n positiva y eficaz que el patriarcado de Antioqu铆a y sus representantes han dado siempre al progreso de este di谩logo teol贸gico. Asimismo, agradezco al patriarca Gr茅goire III y a su predecesor, el patriarca M谩ximos V Hakim, su contribuci贸n constante al clima de fraternidad y comprensi贸n, necesario para el buen desarrollo de este di谩logo.

4. Quisiera mencionar con igual gratitud y esperanza la profundizaci贸n de las relaciones fraternas entre el patriarcado siro-ortodoxo y el patriarcado siro-cat贸lico. Saludo en particular al patriarca Zakka I, en quien la Iglesia cat贸lica, despu茅s del concilio Vaticano II, al que asisti贸 como observador, ha encontrado siempre un promotor fiel de la unidad de los cristianos. Santidad, durante su visita a Roma en 1984 tuvimos la alegr铆a de realizar un progreso real en el camino de la unidad, confesando juntos a Jesucristo como nuestro Se帽or, que es verdadero Dios y verdadero hombre. En esa ocasi贸n tambi茅n autorizamos un proyecto de colaboraci贸n pastoral, relacionado sobre todo con la vida sacramental, cuando los fieles no pueden acudir a un sacerdote de su propia Iglesia. La Iglesia cat贸lica tambi茅n mantiene buenas relaciones con la Iglesia siro-malankar en la India, que depende de su autoridad patriarcal. Suplico al Se帽or que llegue cuanto antes el d铆a en que desaparezcan los 煤ltimos obst谩culos que impiden a煤n la comuni贸n plena entre la Iglesia cat贸lica y la Iglesia siro-ortodoxa.

5. En el curso de la historia, y sobre todo a comienzos del siglo XX, algunas comunidades armenias, caldeas y asirias, obligadas a dejar sus ciudades y aldeas de origen debido a la violencia y a la persecuci贸n, llegaron a los barrios cristianos de Damasco, Alepo, Homs y otras localidades de esta regi贸n. En Siria encontraron un refugio, un lugar tranquilo y seguro. Doy gracias a Dios nuestro Se帽or por la hospitalidad que la poblaci贸n siria ofreci贸, en diversas ocasiones, a los cristianos perseguidos de esta regi贸n. Superando cualquier divisi贸n eclesial, esa hospitalidad era la prenda de un acercamiento ecum茅nico. En el hermano perseguido se reconoc铆a y se quer铆a acoger al Cristo del Viernes santo.

Desde entonces, tanto por convicci贸n como por necesidad, los cristianos de Siria han aprendido el arte de la comuni贸n, la convivencia y la amistad. El acercamiento ecum茅nico de las familias, los ni帽os, los j贸venes y los responsables sociales es prometedor para el futuro del anuncio del Evangelio en este pa铆s. A vosotros, obispos y pastores, os corresponde acompa帽ar con prudencia y valent铆a esta feliz din谩mica de acercamiento y comuni贸n. La cooperaci贸n de todos los cristianos, en la vida social y cultural, en la promoci贸n del bien de la paz o en la educaci贸n de los j贸venes, manifiesta claramente el grado de comuni贸n que ya existe entre ellos (cf. Ut unum sint, 75).

En virtud de la sucesi贸n apost贸lica, el sacerdocio y la Eucarist铆a unen de hecho mediante v铆nculos muy estrechos a nuestras Iglesias particulares, que se llaman, y desean llamarse, Iglesias hermanas (cf. Unitatis redintegratio, 14). "Esta vida de Iglesias hermanas la vivimos durante siglos, celebrando juntos los concilios ecum茅nicos, que defendieron el dep贸sito de la fe de toda alteraci贸n. Ahora, despu茅s de un largo per铆odo de divisi贸n e incomprensi贸n rec铆proca, el Se帽or nos concede redescubrirnos como Iglesias hermanas, a pesar de los obst谩culos que en el pasado se interpusieron entre nosotros. Si hoy, a las puertas del tercer milenio, buscamos el restablecimiento de la plena comuni贸n, debemos tender a la realizaci贸n de este objetivo y debemos hacer referencia al mismo" (Ut unum sint, 57).

6. Hace s贸lo algunas semanas tuvimos la gran alegr铆a de celebrar en el mismo d铆a la fiesta de Pascua. Viv铆 esa feliz coincidencia del a帽o 2001 como una invitaci贸n apremiante de la Providencia, dirigida a todas las Iglesias y comunidades eclesiales, para que restablezcan cuanto antes la celebraci贸n com煤n de la fiesta pascual, la fiesta de las fiestas, el misterio central de nuestra fe. Nuestros fieles insisten, con raz贸n, en que la celebraci贸n de la Pascua ya no sea un factor de divisi贸n. Despu茅s del concilio Vaticano II, la Iglesia cat贸lica se ha declarado favorable a cualquier esfuerzo por restablecer la celebraci贸n com煤n de la fiesta pascual. Sin embargo, este proceso resulta m谩s laborioso de lo previsto. 驴Acaso es necesario afrontar etapas intermedias o diferenciadas, a fin de preparar las mentes y los corazones a la aplicaci贸n de un c贸mputo aceptable para todos los cristianos de Oriente y Occidente? Incumbe a los patriarcas y a los obispos de Oriente Pr贸ximo asumir juntos esta responsabilidad con respecto a sus comunidades, en los diferentes pa铆ses de esta regi贸n. A este prop贸sito, podr铆an nacer y difundirse en Oriente Pr贸ximo un nuevo impulso y una nueva inspiraci贸n.

7. Dentro de algunas semanas vamos a celebrar juntos la fiesta de Pentecost茅s. Oremos para que el Esp铆ritu Santo "suscite en todos los disc铆pulos de Cristo el deseo de trabajar para que todos se unan en paz, de la manera querida por Cristo, en un solo reba帽o bajo un solo pastor" (Lumen gentium, 15). Imploremos al Esp铆ritu que nos haga crecer en santidad, puesto que no existe unidad duradera que no se construya sobre la humildad, la conversi贸n, el perd贸n y, por tanto, el sacrificio.

Cuando el Esp铆ritu de Pentecost茅s descendi贸 sobre los Ap贸stoles, la Virgen Mar铆a se encontraba en medio de ellos. Que su ejemplo y su protecci贸n nos ayuden a escuchar juntos lo que, tambi茅n hoy, el Esp铆ritu dice a las Iglesias, y a acoger sus palabras con alegr铆a y confianza.

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