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S.S. Juan Pablo II, Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante la Ceremonia de Despedida en el Aeropuerto de Lvov
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Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante la Ceremonia de Despedida en el Aeropuerto de Lvov

Le doy sinceramente las gracias, se√Īor Leonid Danilovic Kuchma, por la valiente invitaci√≥n a visitar Ucrania. Gracias tambi√©n a todos los que han contribuido a mi encuentro pastoral con los fieles de la Iglesia cat√≥lica ucraniana y con la gente de vuestro noble pa√≠s. Que Dios bendiga su servicio, se√Īor presidente, para el bien del pueblo ucraniano.

Se√Īor presidente de la Rep√ļblica ucraniana;

se√Īores cardenales;

venerados hermanos en el episcopado;

ilustres se√Īores; amad√≠simos ucranios:

1. Ha llegado el momento de la despedida. Con emoción me despido de vosotros, aquí presentes y por medio de vosotros me despido del pueblo de Ucrania, que durante estos días he podido conocer mejor. De modo particular, me despido de los habitantes de las ciudades de Kiev y Lvov, que me han acogido, y de cuantos han venido de otras ciudades y países para encontrarse conmigo.

Al llegar me sent√≠ rodeado del afecto de la ciudad de Kiev, con sus c√ļpulas de oro y sus jardines. Despu√©s he gozado de la tradicional hospitalidad de Lvov, ciudad de insignes monumentos, con tantos recuerdos cristianos.

Con gran nostalgia me voy ahora de esta tierra, encrucijada de pueblos y culturas, desde la cual hace m√°s de mil a√Īos el Evangelio comenz√≥ a difundirse y a echar ra√≠ces en el entramado hist√≥rico y cultural de las poblaciones de Europa del Este. A todos y a cada uno de vosotros quisiera repetir: ¬°gracias!

2. Gracias a ti, Ucrania, que defendiste a Europa con tu incansable y heroica lucha contra los invasores.

Gracias a vosotras, autoridades civiles y militares, por cuanto hac√©is, en vuestros respectivos campos, al servicio del progreso ordenado del pueblo ucraniano, y gracias por el generoso empe√Īo con que hab√©is asegurado el √©xito de mi viaje apost√≥lico.

Gracias a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que formáis parte de esta comunidad cristiana, "fiel hasta la muerte" (Ap 2, 10). Desde hace tiempo deseaba manifestaros mi admiración y mi aprecio por el heroico testimonio que disteis durante el largo invierno de la persecución del siglo pasado.

Gracias por las oraciones y por la larga preparación espiritual con que habéis querido encontraros con el Sucesor de Pedro, para que os confirmara en la fe y os ayudara a vivir el amor fraterno que "todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Co 13, 7).

En el momento de dejar el suelo ucraniano, deseo enviar un saludo respetuoso y cordial a los hermanos y hermanas de esta venerable Iglesia ortodoxa y a sus pastores.

Os acompa√Īo a todos con mi oraci√≥n y a todos os formulo el deseo que, con palabras de bendici√≥n, el ap√≥stol san Pablo expres√≥ a los cristianos de Tesal√≥nica: "El Se√Īor de la paz os conceda la paz siempre y en todos los √≥rdenes" (2 Ts 3, 16).

3. El Se√Īor te conceda la paz a ti, pueblo ucraniano, que, una vez recuperada finalmente la libertad, con empe√Īo tenaz y concorde has comenzado una obra de redescubrimiento de tus ra√≠ces m√°s aut√©nticas y est√°s recorriendo un laborioso camino de reformas, para dar a todos la posibilidad de vivir y expresar su fe, su cultura y sus convicciones en un marco de libertad y justicia.

Aunque sean a√ļn dolorosas las cicatrices de las enormes heridas sufridas en los interminables a√Īos de opresi√≥n, dictadura y totalitarismo, durante los cuales se negaron y pisotearon los derechos del pueblo, mira con confianza al futuro. Este es el tiempo propicio. Este es el tiempo de la esperanza y la audacia.

Mi deseo es que Ucrania se inserte plenamente en una Europa que abarque todo el continente, desde el Atl√°ntico hasta los Urales. Como dije a fines de 1989, a√Īo tan importante para la historia reciente del continente, no podr√° existir "una Europa pac√≠fica e irradiadora de civilizaci√≥n sin esta √≥smosis y esta participaci√≥n de valores diferentes pero complementarios" (Discurso a la Curia romana, 22 de diciembre de 1989, n. 3: L'Osservatore Romano, edici√≥n en lengua espa√Īola, 7 de enero de 1990, p. 6), que son t√≠picos de los pueblos del Este y del Oeste.

4. En este importante cambio de √©poca, la Iglesia, consciente de su misi√≥n, seguir√° exhortando a sus fieles a cooperar activamente con el Estado en la promoci√≥n del bien com√ļn. En efecto, existe una caridad social que se traduce en "servicio a la cultura, a la pol√≠tica, a la econom√≠a y a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales de los que depende el destino del ser humano y el futuro de la civilizaci√≥n" (Novo millennio ineunte, 51).

Por lo dem√°s, los cristianos saben que con pleno derecho forman parte integrante de la naci√≥n ucraniana. Lo son en virtud de una historia milenaria, que comenz√≥ con el bautismo de Vladimiro y de la Rus' de Kiev, el a√Īo 988, en las aguas de r√≠o Dni√©per; pero lo son, sobre todo hoy, en virtud del bautismo de sangre que recibieron durante las tremendas persecuciones del siglo XX: en aquellos a√Īos terribles, fueron numeros√≠simos los testigos de la fe, no s√≥lo cat√≥licos sino tambi√©n ortodoxos y reformados, que por amor a Cristo afrontaron todo tipo de privaciones, llegando en muchos casos hasta el sacrificio de la vida.

5. La unidad y la concordia constituyen el secreto de la paz y la condición de un progreso social verdadero y estable. Gracias a esta sinergia de intenciones y acciones, Ucrania, patria de fe y de diálogo, podrá ver reconocida su dignidad en el concierto de la naciones.

Me vuelve a la memoria la advertencia solemne de vuestro gran poeta Taras Shevchenko: "Solamente en tu casa encontrar√°s la verdad, la fuerza y la libertad". Ucranios, en la tierra fecunda de vuestras tradiciones est√°n las ra√≠ces de vuestro futuro. Juntos pod√©is construirlo; juntos pod√©is afrontar los desaf√≠os del momento actual, animados por los ideales comunes que constituyen el patrimonio imborrable de vuestra historia pasada y reciente. La misi√≥n es com√ļn; por eso, tambi√©n ha de ser com√ļn el compromiso asumido por todo el pueblo ucraniano.

Te renuevo, tierra de Ucrania, mi deseo de prosperidad y de paz. Dejas en mi corazón recuerdos inolvidables. Hasta la vista, pueblo amigo, que estrecho en un abrazo de aprecio y afecto. Gracias por la cordial acogida y hospitalidad, que jamás podré olvidar.

Hasta la vista, Ucrania. Hago mías las palabras de tu mayor poeta e imploro de "Dios fuerte y justo" toda bendición para los hijos de tu tierra, "cien veces ensangrentada, un tiempo tierra gloriosa". Amadísimos hermanos y hermanas, también yo digo, con vuestro poeta y con vosotros: Dios te proteja siempre, "oh santa, santa patria mía".

Pido a Dios omnipotente que te bendiga, pueblo ucraniano, y que sane todas tus heridas. Que su gran amor colme tu corazón y te guíe en el tercer milenio cristiano hacia un nuevo futuro de esperanza. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

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