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S.S. Juan Pablo II, Discurso del d铆a Domingo 24 de junio de 2001. Encuentro con los obispos cat贸licos de Ucrania
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Discurso del Santo Padre Juan Pablo II

Encuentro con los obispos cat贸licos de Ucrania

Venerados hermanos en el episcopado:

1. Os saludo y abrazo a todos en el Se帽or. Es para m铆 motivo de gran alegr铆a encontrarme con vosotros en vuestra amada tierra, escucharos y reflexionar con vosotros sobre el camino de comuni贸n y sobre el prometedor esfuerzo de evangelizaci贸n que se est谩 realizando en vuestras comunidades eclesiales. Desde hace diez a帽os, es decir, desde que vuestro pa铆s recuper贸 su independencia despu茅s del final de la dictadura comunista, vuestras comunidades se han vuelto a organizar con vistas a una acci贸n pastoral m谩s eficaz y contemplan con esperanza el futuro. Para ellas pido una renovada efusi贸n de gracias de parte de Aquel que, seg煤n una eficaz expresi贸n del siervo de Dios Papa Pablo VI, es "animador y santificador de la Iglesia, su aliento divino, el viento de sus velas, su principio unificador, su fuente interior de luz y de energ铆a, su apoyo y su consolador, su manatial de carismas y de cantos, su paz y su gozo, su prenda y preludio de vida bienaventurada y eterna" (Pablo VI, Catequesis en la audiencia general del mi茅rcoles 29 de noviembre de 1972: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 3 de diciembre de 1972, p. 3).

2. La alegr铆a de este encuentro se intensificar谩 en los pr贸ximos d铆as, cuando participemos juntos en la solemne beatificaci贸n de algunos hermanos vuestros, que desempe帽aron el ministerio episcopal en condiciones de suma precariedad. Les rendiremos el homenaje de nuestra gratitud por haber conservado intacto con su sacrificio el patrimonio de la fe cristiana entre los fieles de sus Iglesias. Al elevarlos al honor de los altares, quisiera extender nuestro recuerdo agradecido a otros pastores que tambi茅n pagaron un precio muy elevado por su fidelidad a Cristo y su decisi贸n de permanecer unidos al Sucesor de Pedro.

隆C贸mo no recordar, entre ellos, al siervo de Dios metropolita Andrey Septyckyj! Mi venerado predecesor el Papa P铆o XII dijo que su noble vida se quebr贸 "no tanto por su avanzada edad, cuanto por los sufrimientos de su alma de pastor, herido juntamente con su grey" (AAS 44 [1955] 877). Recuerdo asimismo al cardenal Josyf Slipyj, primer rector de la Academia teol贸gica greco-cat贸lica de Lvov, felizmente reabierta recientemente. Este heroico confesor de la fe sufri贸 el rigor de la c谩rcel durante dieciocho a帽os.

Est谩n a煤n entre nosotros sacerdotes y obispos que soportaron la c谩rcel y la persecuci贸n. Mientras os abrazo conmovido, amad铆simos hermanos, doy gloria a Dios por vuestro testimonio fiel, que me alienta a desempe帽ar con una entrega cada vez m谩s valiente mi servicio a la Iglesia universal. Hago m铆as las palabras que sol茅is repetir en la liturgia de san Juan Cris贸stomo: "Entregu茅monos nosotros mismos, uno al otro, y nuestra existencia entera a Cristo, nuestro Dios". Esta es la lecci贸n de los m谩rtires y los confesores de la fe. Esta es la lecci贸n que debemos aprender y vivir tambi茅n nosotros, pastores de la grey que Dios nos ha confiado.

3. Es verdad que conservar y transmitir el patrimonio de la fe es compromiso de toda la Iglesia. Sin embargo, compete a los pastores la ardua tarea de ser gu铆as seguros, maestros clarividentes y testigos ejemplares para el pueblo cristiano. A esta responsabilidad espec铆fica nuestra se refiere el tema que el S铆nodo de los obispos de la Iglesia greco-cat贸lica ucraniana afrontar谩 este a帽o: "La persona y la responsabilidad del obispo". Permitidme que, al respecto, os ofrezca con esp铆ritu de servicio fraterno algunas reflexiones personales a lo largo de este encuentro, en el que est谩is reunidos tanto obispos orientales como latinos.

Ante todo quisiera dar gracias a Dios, juntamente con vosotros, primeros responsables de vuestras Iglesias, por el testimonio que dan los cat贸licos en esta tierra, donde la Iglesia presenta su realidad divina y humana, enriquecida por el genio de la cultura ucraniana. Aqu铆 la Iglesia respira con sus dos pulmones: la tradici贸n oriental y la occidental. Aqu铆 se encuentran en di谩logo fraterno tanto los que acuden a las fuentes de la espiritualidad bizantina como los que se alimentan de la espiritualidad latina. Aqu铆 se confrontan y se enriquecen mutuamente el sentido profundo del misterio, que domina la sagrada liturgia de las Iglesias de Oriente, y la m铆stica esencialidad del rito latino.

Vivir la pertenencia a la 煤nica Iglesia, respetando las diversas tradiciones rituales, os brinda la gran oportunidad de hacer realidad un significativo "laboratorio eclesial" en el que es posible construir la unidad en la diversidad. Este es el camino m谩s adecuado para responder a los numerosos y complejos desaf铆os pastorales del momento presente. Tanto a vosotros, miembros del S铆nodo de los obispos de la Iglesia greco-cat贸lica ucraniana, como a vosotros, obispos de la Conferencia episcopal ucraniana, os invito a dar vuestra contribuci贸n a esa investigaci贸n, en 铆ntima y activa cooperaci贸n. Anunciad con coraz贸n un谩nime el Evangelio de Cristo, superando cualquier tentaci贸n de divisi贸n y enfrentamiento. La 煤nica "competici贸n" que ha de existir entre vosotros, queridos hermanos en el episcopado, ha de ser la de estimaros mutuamente cada vez m谩s (cf. Rm 12, 10) y tender a la santidad.

Cuidad la comuni贸n entre vosotros y con los presb铆teros en un clima de afecto, de atenci贸n y de di谩logo respetuoso y fraterno. De la calidad de estas relaciones depende en gran parte la eficacia de la obra de evangelizaci贸n.

4. En estos diez a帽os, vuestras Iglesias han gozado de un extraordinario florecimiento de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. Eso plantea la exigencia de una solicitud particular por la formaci贸n espiritual, intelectual y pastoral de los que han sido llamados al sacerdocio y a la vida consagrada. En primer lugar, es preciso garantizar a los futuros presb铆teros una profunda espiritualidad, una rigurosa preparaci贸n filos贸fica y teol贸gica, y una s贸lida capacitaci贸n para la vida pastoral, fundada en los valores perennes de la tradici贸n cat贸lica, pero atenta a los signos de los tiempos. Una condici贸n necesaria para lograr esos objetivos es la presencia, en los seminarios y en los institutos de formaci贸n, de educadores valientes y profesores especializados, que garanticen una s贸lida formaci贸n intelectual y espiritual en los sacerdotes del ma帽ana. An谩loga solicitud se ha de mostrar por la formaci贸n de los miembros de los institutos de vida consagrada, especialmente los femeninos.

Otro objetivo fundamental que han de tener vuestras Iglesias es una catequesis capilar, competente y actualizada, dirigida a los adultos y a las nuevas generaciones. A este respecto, servir谩 de gran ayuda el Catecismo de la Iglesia cat贸lica, que constituye un instrumento providencial para la presentaci贸n org谩nica y sistem谩tica de la fe cat贸lica tanto a los que est谩n cerca como a los que est谩n alejados. Sin embargo, conviene recordar que la instrucci贸n catequ铆stica es solamente uno de los elementos del itinerario m谩s vasto de la iniciaci贸n cristiana, que prev茅, juntamente con el anuncio de las verdades de fe, la educaci贸n en la oraci贸n personal y lit煤rgica, la experiencia de la comuni贸n fraterna y la formaci贸n en el servicio eclesial. S贸lo una formaci贸n cristiana integral puede llevar a la consecuci贸n del fin espec铆fico de la catequesis, que "consiste 煤nicamente en desarrollar, con la ayuda de Dios, una fe a煤n inicial, en promover en plenitud y alimentar diariamente la vida cristiana de los fieles de todas las edades", para que el disc铆pulo del Se帽or pueda aprender "a pensar mejor como 茅l, a juzgar como 茅l, a actuar de acuerdo con sus mandamientos y a esperar como 茅l nos invita a ello" (Catechesi tradendae, 20).

5. En estos 煤ltimos a帽os, caracterizados tambi茅n en Ucrania por r谩pidos y profundos cambios sociales, la familia est谩 viviendo una fuerte crisis, como lo demuestran los numerosos divorcios y la difundida pr谩ctica del aborto. Por tanto, la familia ha de ser una de vuestras prioridades pastorales. En particular, preocupaos por educar a las familias cristianas en una fuerte experiencia de Dios y en la plena conciencia del proyecto del Creador sobre el matrimonio, para que, renovando el tejido espiritual de su convivencia, puedan contribuir a aumentar la calidad de toda la sociedad civil.

A la evangelizaci贸n de la familia va unida la pastoral juvenil. Los modelos de vida hedonistas y materialistas presentados por muchos medios de comunicaci贸n social, la crisis de valores que afecta a la familia, el espejismo de una vida f谩cil que excluye el sacrificio, los problemas del desempleo y la inseguridad del futuro a menudo engendran en los j贸venes una gran desorientaci贸n, haci茅ndolos disponibles a propuestas de vida ef铆meras y sin valores, o a preocupantes formas de evasi贸n. Es necesario invertir energ铆as y medios en su formaci贸n humana y cristiana.

En la perspectiva de una eficaz obra de formaci贸n de las nuevas generaciones, me alegra saber que ten茅is intenci贸n de crear un "Instituto de ciencias sociales", en el que se brinde un profundo conocimiento de la doctrina social de la Iglesia. La iniciativa es muy oportuna. Por eso, de buen grado la apoyo y la bendigo.

6. Venerados hermanos, ante vosotros se abre un per铆odo importante, del que depender谩 la "calidad" de la presencia de la Iglesia en tierra ucraniana en el pr贸ximo milenio. Durante la persecuci贸n comunista la Iglesia greco-cat贸lica y la latino-cat贸lica mantuvieron relaciones ejemplares, que constituyeron la s贸lida premisa del sucesivo florecimiento eclesial. Aprovechando esa experiencia, hoy es necesario colaborar m谩s y mejor para realizar la exigente tarea de la nueva evangelizaci贸n. Vuestras Iglesias, como ya sucedi贸 felizmente en diversas situaciones pastorales, deben encontrar formas articuladas de entendimiento y ayuda rec铆proca en el campo de la catequesis, de los centros de educaci贸n cat贸lica, de la presencia en los medios de comunicaci贸n social, as铆 como en el vasto y complejo campo de la promoci贸n humana. Por doquier los cat贸licos han de presentarse concordes, dispuestos al di谩logo y al servicio mutuo.

El S铆nodo de la Iglesia greco-cat贸lica ucraniana abarca a muchos fieles que est谩n en la di谩spora y esto plantea nuevos desaf铆os pastorales. Para afrontarlos, es necesario, una vez m谩s, estar unidos. Una unidad operante, en primer lugar, entre los obispos y los sacerdotes, a la luz de la ense帽anza del concilio Vaticano II, que invita a los obispos a considerar a los sacerdotes como "hermanos y amigos" (Presbyterorum ordinis, 7). Esa unidad deber谩 implicar luego a las personas de vida consagrada y a los laicos comprometidos, para el bien espiritual de todo el Cuerpo m铆stico de Cristo.

7. Esta fuerte experiencia de comuni贸n dentro de la Iglesia cat贸lica estimular谩, ciertamente, formas adecuadas de colaboraci贸n fraterna con los hermanos ortodoxos, para responder juntos a la b煤squeda de verdad y de felicidad del hombre contempor谩neo, que s贸lo Jesucristo puede satisfacer plenamente. Por tanto, el di谩logo ecum茅nico no puede por menos de constituir para los creyentes y las Iglesias que est谩n en Ucrania una prioridad ineludible. La divisi贸n de los cristianos en diferentes confesiones representa uno de los mayores desaf铆os de nuestros d铆as. Es largo el camino que hemos de recorrer para llegar a la plena reconciliaci贸n y a la comuni贸n tambi茅n visible entre los disc铆pulos de Cristo, pero la experiencia del pasado ayuda a mirar al futuro con confianza.

La sed de unidad se ha intensificado despu茅s del concilio Vaticano II, y hoy crece en todos los cristianos la conciencia de la necesidad de un entendimiento valiente y una colaboraci贸n m谩s estrecha. Yo, Sucesor de Pedro, os aliento hoy y os exhorto, amad铆simos hermanos en el episcopado, a proseguir por este camino y aseguro el apoyo de la Sede apost贸lica a vuestros esfuerzos generosos. El Papa est谩 con vosotros en vuestro compromiso diario al servicio de los fieles y os acompa帽a con su oraci贸n. Con estos sentimientos en el coraz贸n, encomiendo vuestras personas, vuestras Iglesias, los proyectos y las esperanzas del pueblo de Dios que est谩 en Ucrania a la celestial Madre de Dios, y de coraz贸n os bendigo.

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