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S.S. Juan Pablo II, Mensaje de S.S. Juan Pablo II para la Jornada Mundial de Oraci贸n por las Vocaciones del 2002
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Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la XXXIX Jornada Mundial de Oraci贸n por las Vocaciones

21 de abril de 2002.- IV Domingo de Pascua

Tema: "La vocaci贸n a la santidad"

Venerables Hermanos en el Episcopado,
queridos Hermanos y Hermanas:

l. A todos vosotros 鈥� los queridos por Dios y santos por vocaci贸n, la gracia y la paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Se艅or Jesucristo鈥� (Rom.1,7). Estas palabras del ap贸stol Pablo a los cristianos de Roma nos introducen en el tema de la pr贸xima Jornada Mundial de Oraci贸n por las Vocaciones: 鈥� La vocaci贸n a la santidad鈥�. 藝La santidad! He aqu铆 la gracia y la meta de todo creyente, conforme nos recuerda el Libro del Lev铆tico: 鈥淪ed santos, porque yo, el Se艅or, Dios vuestro, soy santo鈥� ( 19,2).

En la Carta apost贸lica Novo millennio ineunte he invitado a poner 鈥渓a programaci贸n pastoral en el signo de la santidad鈥�, para 鈥渆xpresar la convicci贸n de que si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserci贸n en Cristo y la inhabitaci贸n de su Esp铆ritu, ser铆a un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida seg煤n una 茅tica minimalista y una religiosidad superficial鈥s el momento de proponer de nuevo a todos con convicci贸n este 鈥渁lto grado鈥� de la vida cristiana ordinaria: la vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta direcci贸n鈥� (n掳 31).

Tarea primaria de la Iglesia es acompa艅ar a los cristianos por el camino de la santidad, con el fin de que iluminados por la inteligencia de la fe, aprendan a conocer y a contemplar el rostro de Cristo y a redescubrir en 脡l la aut茅ntica identidad y la misi贸n que el Se艅or conf铆a a cada uno. De tal modo que lleguen a estar 鈥渆dificados sobre el fundamento de los ap贸stoles y de los profetas, teniendo como piedra angular al mismo Jesucristo. En 脡l cada construcci贸n crece bien ordenada para ser templo santo en el Se艅or鈥� (Ef. 2. 20-21).

La Iglesia re煤ne en s铆 todas las vocaciones que Dios suscita entre sus hijos y se configura a s铆 misma como reflejo luminoso del misterio de la Sant铆sima Trinidad. Como 鈥減ueblo congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp铆ritu Santo鈥�, lleva en s铆 el misterio del Padre que llama a todos a santificar su nombre y a cumplir su voluntad; custodia el misterio del Hijo que, mandado por el Padre a anunciar el reino de Dios, invita a todos a seguirle; es depositaria del misterio del Esp铆ritu Santo que consagra para la misi贸n que el Padre ha elegido mediante su Hijo Jesucristo.

Porque la Comunidad eclesial es el lugar donde se expresan las diversas vocaciones suscitadas por el Se艅or, en el contexto de la Jornada Mundial, que tendr谩 lugar el pr贸ximo 21 de abril, IV Domingo de Pascua, se desarrollar谩 el tercer Congreso Continental por las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada en Norteam茅rica. Me alegro de dirigir a los promotores y a los participantes mis benevolentes saludos y de expresar viva complacencia por una iniciativa que afronta uno de los problemas cruciales de la Iglesia que existe en Am茅rica y por la Nueva Evangelizaci贸n del Continente. Invito a todos, para que encuentro tan importante pueda suscitar un renovado empe艅o en el servicio de las vocaciones y un entusiasmo m谩s generoso entre los cristianos del 鈥淣uevo Mundo鈥�.

2. La Iglesia es 鈥渃asa de la santidad鈥� y la caridad de Cristo, difundida por el Esp铆ritu Santo, constituye su alma. Por ella todos los cristianos deben ayudarse rec铆procamente en descubrir y realizar su vocaci贸n a la escucha de la Palabra de Dios, en la oraci贸n, en la asidua participaci贸n a los Sacramentos y en la b煤squeda constante del rostro de Cristo en cada hermano. De tal modo cada uno, seg煤n sus dones, avanza en el camino de la fe, tiene pronta la esperanza y obra mediante la caridad (Cf. Lumen gentium, 4.1) mientras la Iglesia 鈥渞evela y revive la infinita riqueza del misterio de Jesucristo (Christifideles laici, 55) y consigue que la santidad de Dios entre en cada estado y situaci贸n de vida, para que todos los cristianos lleguen a ser operarios de la vi艅a del Se艅or y edifiquen el Cuerpo de Cristo.

Si cada vocaci贸n en la Iglesia est谩 al servicio de la santidad, algunas, sobre todo, como la vocaci贸n al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada lo son de modo especial铆simo. Es a estas vocaciones a las que invito a mirar hoy con particular atenci贸n, intesificando su oraci贸n por ellas.

La vocaci贸n al ministerio sacerdotal 鈥渆s esencialmente una llamada a la santidad, en la forma que brota del sacramento del Orden. La santidad es intimidad con Dios, es imitaci贸n de Cristo pobre, casto, y humilde; es amor sin reserva a las almas y donaci贸n al verdadero bien; es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos, porque tal es la misi贸n que Cristo le ha confiado鈥� (Pastores dabo vobis, 33). Jes煤s llama a los Ap贸stoles 鈥� para que est茅n con 脡l鈥�.(Mc 3,14) en una intimidad privilegiada (cfr Lc 8, 1- 2; 22, 28). No s贸lo los hace part铆cipes de los misterios del Reino de los cielos (Cfr Mt.13,16-18) sino que espera de ellos una fidelidad m谩s alta y acorde con el ministerio apost贸lico al que les llama. Les exige una pobreza m谩s rigurosa (Cfr. Mt 19, 22-23), la humildad del siervo que se hace el 煤ltimo de todos (cfr. Mt. 20, 25-27).

Les pide la fe en los poderes recibidos (Cfr. Mt.17,19-21, la oraci贸n y el ayuno como instrumentos eficaces de apostolado (cfr. Mc 9, 29) y el desinter茅s: 鈥淕ratuitamente hab茅is recibido, dad gratuitamente 鈥�. (Mt. 10, 8). De ellos espera la prudencia unida a la simplicidad y a la rectitud moral (cfr. Mt. 10, 26-28) y el abandono a la Providencia (Cfr. Lc 9, 1-3); 19, 22-23). No debe faltarles la conciencia de la responsabilidad asumida, en cuanto administradores de los sacramentos institu铆dos por el Maestro y operarios de su vi艅a (cfr. Lc 12, 43-48).

La vida consagrada revela la 铆ntima naturaleza de cada vocaci贸n cristiana a la santidad y la tensi贸n de toda la Iglesia-Esposa hacia Cristo, 鈥渟u 煤nico Esposo鈥�. 鈥淟a profesi贸n de los consejos evang茅licos est谩 intimamente conectada con el misterio de Cristo, teniendo el deber de hacerlos presentes en la forma de vida que ellos elijan, a艅adi茅ndolo como valor absoluto y escatol贸gico (Vita consecrata, 29). Las vocaciones a estos estados de vida son dones preciosos y necesarios, que atestiguan tambi茅n hoy el seguimiento de Cristo casto, pobre y obediente, el testimonio del primado absoluto de Dios y el servicio a la humanidad en el estilo del Redentor representan caminos privilegiados hacia una plenitud de vida espiritual.

La escasez de candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, que se registra en algunos contextos de hoy, lejos de conducirnos a exigir menos y a contentarse con una formaci贸n y una espiritualidad mediocres, debe impulsarnos sobre todo a una mayor atenci贸n en la selecci贸n y en la formaci贸n de cuantos, una vez constitu铆dos ministros y testigos de Cristo, est茅n llamados a confirmar con la santidad de vida lo que anuncian y celebran.

3. Es necesario poner en evidencia todos los medios para que las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, esenciales para la vida y la santidad del Pueblo de Dios, est茅n continuamente en el centro de la espiritualidad de la acci贸n pastoral y de la oraci贸n de los fieles.

Los Obispos y presb铆teros sean, primeramente los testigos de la santidad del ministerio recibido como don. Con la vida y la ense艅anza muestren el gozo de seguir a Jes煤s, Buen Pastor y la eficacia renovadora del misterio de su Pascua de redenci贸n. Hagan visible con su ejemplo, de modo particular a las j贸venes generaciones, la entusiasmante aventura reservada a quien, sobre las huellas del Divino Maestro, elige pertenecer completamente a Dios y se ofrezce a s铆 mismo para que cada hombre pueda tener vida en abundancia. (Cfr. Jn 10, 10).

Consagrados y consagradas, que viven 鈥渆n el mismo coraz贸n de la Iglesia como elemento decisivo para su misi贸n鈥� (Vita consecrata, 3), muestren que su existencia est谩 s贸lidamente radicada en Cristo, que la vida religiosa es 鈥渃asa y escuela de comuni贸n鈥� (Novo millennio ineunte, 43), que en su humilde y fiel servicio al hombre aliente aquella 鈥渇antas铆a de la caridad鈥� (ibid., 50) que el Esp铆ritu Santo mantiene siempre viva en la Iglesia. 藝No olviden que en el amor a la contemplaci贸n, en el gozo de servir a los hermanos, en la castidad vivida por el Reino de los Cielos, en la generosa dedicaci贸n a su ministerio reside la fuerza de cada propuesta vocacional!

Las familias est谩n llamadas a jugar un papel decisivo para el futuro de las vocaciones en la Iglesia. La santidad del amor esponsal, la armon铆a de la vida familiar, el esp铆ritu de fe con el que se afrontan los problemas diarios de la vida, la apertura a los otros, sobre todo a los m谩s pobres, la participaci贸n en la vida de la comunidad cristiana constituyen el ambiente adecuado para la escucha de la llamada divina y para una generosa respuesta de parte de los hijos.

4. 鈥淩ogad pues, al due艅o de la mies para que en铆e operarios a su mies鈥� ( Mt. 9,38; Lc 10, 2) En obediencia al mandato de Cristo, cada Jornada Mundial se caracteriza como momento de oraci贸n intensa, que compromete a la Comunidad cristiana entera en una incesante y fervorosa invocaci贸n a Dios por las vocaciones. 藝Qu茅 importante es que las comunidades cristianas lleguen a ser verdaderas escuelas de oraci贸n (Cfr. Novo millennio ineunte, 33), capaces de educar en el di谩logo con Dios y formar a los fieles en abrirse siempre m谩s al amor con que el Padre 鈥渉a amado tanto al mundo hasta mandar a su Hijo unig茅nito鈥� (Jn 3, 16)! La oraci贸n cultivada y vivida ayudar谩 a dejarse guiar por el Esp铆ritu de Cristo para colaborar en la edificaci贸n de la Iglesia en la caridad. En tal ambiente, el disc铆pulo crece en el deseo ardiente que cada hombre encuentra en Cristo y alcanza la verdadera libertad de los hijos de Dios. Tal deseo conducir谩 al creyente, bajo el ejemplo de Mar铆a, a estar disponible para pronunciar un 鈥渟铆鈥� lleno y generoso al Se艅or que le llama a ser ministro de la Palabra, de los Sacramentos y de la Caridad, o pueda ser signo viviente de la vida casta, pobre y obediente de Cristo entre los hombres de nuestro tiempo.

El Due艅o de la mies haga que no falten en su Iglesia numerosas y santas vocacions sacerdotales y religiosas!

Padre Santo: mira nuestra humanidad,
que da los primeros pasos en el camino del tercer milenio.

Su vida sigue marcada fuertemente todav铆a
por el odio, la violencia, la opresi贸n,
pero el hambre de justicia, de verdad y de gracia,
encuentra espacio en el coraz贸n de tantos,
que esperan la salvaci贸n,
llevada a cabo por Ti, por medio de tu Hijo Jes煤s.

Necesitamos mensajeros animosos del Evangelio,
siervos generosos de la humanidad sufriente.
Env铆a a tu Iglesia, te rogamos,
presb铆teros santos, que santifiquen a tu pueblo
con los instrumentos de tu gracia.

Env铆a numerosos consagrados
que muestren tu santidad en medio del mundo.

Env铆a a tu vi艅a, santos operarios
que trabajen con el ardor de la caridad
y, movidos por tu Esp铆ritu Santo,
lleven la salvaci贸n de Cristo
hasta los 煤ltimos confines de la tierra. Am茅n,

En Castel Gandolfo, 8 de septiembre del 2001

IOANNES PAULUS PP. II

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