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S.S. Juan Pablo II, Santa Misa - Palacio de deportes del Centro Ol铆mpico de Atenas
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Homil铆a del Santo Padre durante la Santa Misa en el Palacio de deportes del Centro Ol铆mpico de Atenas

Queridos hermanos y hermanas:

1. "Lo que ador谩is sin conocer, eso os vengo yo a anunciar" (Hch 17, 23).

Estas palabras que san Pablo pronunci贸 en el Are贸pago de Atenas y que se hallan recogidas en los Hechos de los Ap贸stoles, constituyen uno de los primeros anuncios de la fe cristiana en Europa. "Teniendo en cuenta el papel de Grecia en la formaci贸n de la cultura antigua, se comprende por qu茅 aquel discurso puede ser considerado en cierto modo como el s铆mbolo mismo del encuentro del Evangelio con la cultura humana" (Carta sobre la peregrinaci贸n a los lugares vinculados a la historia de la salvaci贸n, 9).

"A los santificados en Cristo Jes煤s, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Se帽or nuestro, (...) gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Se帽or Jesucristo" (1 Co 1, 2-3). Con estas palabras del Ap贸stol a la comunidad de Corinto, os saludo con afecto a todos vosotros, obispos, sacerdotes y laicos cat贸licos que viv铆s en Grecia.

Agradezco ante todo a monse帽or F贸scolos, arzobispo de los cat贸licos de Atenas y presidente de la Conferencia episcopal de Grecia, su acogida y sus palabras cordiales. Saludo tambi茅n a todos los cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas presentes en esta celebraci贸n. Reunidos esta ma帽ana para la celebraci贸n eucar铆stica, pediremos al ap贸stol san Pablo que nos conceda su celo en la fe y en el anuncio del Evangelio a todas las naciones, as铆 como su solicitud por la unidad de la Iglesia. Me alegra la presencia en esta divina liturgia de fieles de otras confesiones cristianas, que testimonian as铆 su atenci贸n a la vida de la comunidad cat贸lica y su fraternidad com煤n en Cristo.

2. San Pablo recuerda claramente que no podemos encerrar a Dios en nuestros modos de ver y actuar totalmente humanos. Si queremos acoger al Se帽or, estamos llamados a la conversi贸n. Este es el camino que se nos propone, un camino que nos hace seguir a Cristo para vivir como 茅l, hijos en el Hijo. Podemos considerar nuestra experiencia personal y la de la Iglesia como una experiencia pascual; debemos purificarnos para cumplir plenamente la voluntad divina, aceptando que Dios, con su gracia, transforme nuestro ser y nuestra existencia, como aconteci贸 con san Pablo que, de perseguidor, se hizo misionero (cf. Ga 1, 11-24). As铆 pasamos por la prueba del Viernes santo, con sus sufrimientos, con las noches de la fe, con las incomprensiones mutuas. Pero vivimos tambi茅n momentos de luz, como el alba de Pascua, en los que el Resucitado nos comunica su alegr铆a y nos lleva a la verdad completa. Considerando de este modo nuestra historia personal y la historia de la Iglesia, no podemos por menos de perseverar en la esperanza, con la seguridad de que el Se帽or de la historia nos conduce por sendas que s贸lo 茅l conoce. Pidamos al Esp铆ritu Santo que nos impulse a ser, con nuestras palabras y nuestras obras, testigos de la buena nueva y de la caridad de Dios. Dado que el Esp铆ritu suscita el celo misionero en su Iglesia, es 茅l quien llama y env铆a, y el verdadero ap贸stol es ante todo un hombre "que escucha", un servidor abierto a la acci贸n de Dios.

3. Evocar en Atenas la vida y la actividad de san Pablo significa ser invitados a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra, proponiendo a nuestros contempor谩neos la salvaci贸n realizada por Cristo y mostr谩ndoles los caminos de santidad y de vida moral recta que constituyen las respuestas a la llamada del Se帽or. El Evangelio es una buena nueva universal, que todos los pueblos pueden comprender.

San Pablo, al dirigirse a los atenienses, no quiere esconder nada de la fe que hab铆a recibido. Como todo ap贸stol, debe custodiar fielmente el dep贸sito (cf. 2 Tm 1, 14). Si toma como punto de partida las referencias habituales de sus oyentes y sus modos de pensar, es para ayudarles a comprender mejor el Evangelio que va a anunciarles. San Pablo se apoya en el conocimiento natural de Dios y en el profundo deseo espiritual que sus interlocutores pueden tener para prepararlos a acoger la revelaci贸n del Dios 煤nico y verdadero.

Si pudo citar ante los atenienses a autores de la antig眉edad cl谩sica es porque, en cierto sentido, su cultura personal se hab铆a forjado en el helenismo. As铆, se sirvi贸 de ella para anunciar el Evangelio con palabras que pudieran impresionar a sus interlocutores (cf. Hch 17, 17). 隆Qu茅 lecci贸n! Para anunciar la buena nueva a los hombres de este tiempo, la Iglesia debe estar atenta a los diversos aspectos de sus culturas y a sus medios de comunicaci贸n, sin que ello la lleve a alterar su mensaje o a reducir su sentido y su alcance. "El cristianismo del tercer milenio debe responder cada vez mejor a esta exigencia de inculturaci贸n" (Novo millennio ineunte, 40). El discurso magistral de san Pablo invita a los disc铆pulos de Cristo a entablar un di谩logo realmente misionero con sus contempor谩neos, respetando lo que son, pero tambi茅n present谩ndoles de forma clara y fuerte el Evangelio, as铆 como sus implicaciones y sus exigencias en la vida de las personas.

4. Hermanos y hermanas, vuestro pa铆s cuenta con una larga tradici贸n de sabidur铆a y humanismo. Desde los or铆genes del cristianismo, los fil贸sofos se dedicaron a "mostrar el v铆nculo entre la raz贸n y la religi贸n. (...) Se inici贸 as铆 un camino que, abandonando las tradiciones antiguas particulares, se abr铆a a un proceso m谩s conforme a las exigencias de la raz贸n universal" (Fides et ratio, 36). Esta labor de los fil贸sofos y de los primeros apologistas cristianos permite entablar, siguiendo el modelo de san Pablo y de su discurso de Atenas, un di谩logo fecundo entre la fe cristiana y la filosof铆a.

A ejemplo de san Pablo y de las primeras comunidades, urge aprovechar las ocasiones de di谩logo con nuestros contempor谩neos, sobre todo en los lugares donde est谩 en juego el futuro del hombre y de la humanidad, para que las decisiones que se tomen no se gu铆en 煤nicamente por intereses pol铆ticos y econ贸micos que no tienen en cuenta la dignidad de las personas y las exigencias que de ella derivan, sino para que haya aquel suplemento de alma que recuerda el lugar insigne y la dignidad del hombre. Los are贸pagos donde los cristianos de hoy deben dar testimonio son numerosos (cf. Redemptoris missio, 37). Os exhorto a estar presentes en el mundo; como el profeta Isa铆as, los cristianos est谩n puestos como centinelas encima de la muralla (cf. Is 21, 11-12), para discernir los desaf铆os humanos de las situaciones presentes, para percibir en la sociedad los g茅rmenes de esperanza y para mostrar al mundo la luz de la Pascua, que ilumina con un nuevo d铆a todas las realidades humanas.

San Cirilo y san Metodio, los dos hermanos de Sal贸nica, escucharon la llamada del Resucitado: "Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creaci贸n" (Mc 16, 15). Fueron al encuentro de los pueblos eslavos y les anunciaron el Evangelio en su propia lengua. "No s贸lo desarrollaron su misi贸n respetando plenamente la cultura existente entre los pueblos eslavos, sino que, junto con la religi贸n, la promovieron y acrecentaron de forma eminente e incesante" (Slavorum apostoli, 26). Que su ejemplo y su oraci贸n nos ayuden a responder cada vez mejor a la exigencia de inculturaci贸n y a alegrarnos de la belleza de este rostro multiforme de la Iglesia de Cristo.

5. San Pablo, en su experiencia personal de creyente y en su ministerio de ap贸stol, comprendi贸 que el 煤nico camino de salvaci贸n es Cristo, el cual, por gracia, reconcilia a los hombres entre s铆 y con Dios. "Porque 茅l es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad" (Ef 2, 14). El Ap贸stol se hizo luego defensor de la unidad, en el seno de las comunidades y tambi茅n entre ellas, pues ard铆a en 茅l "la solicitud por todas las Iglesias" (2 Co 11, 28).

El celo por la unidad de la Iglesia debe arder tambi茅n en todos los disc铆pulos de Cristo. Por desgracia, "la triste herencia del pasado nos afecta todav铆a al cruzar el umbral del nuevo milenio. (...) Queda a煤n mucho camino por recorrer" (Novo millennio ineunte, 48). Sin embargo, eso no debe desalentarnos. Nuestro amor al Se帽or nos impulsa a comprometernos cada vez m谩s en favor de la unidad. Para dar nuevos pasos en ese sentido es importante "recomenzar desde Cristo" (ib., 29).

"La confianza de poder alcanzar, incluso en la historia, la comuni贸n plena y visible de todos los cristianos se apoya en la oraci贸n de Jes煤s, no en nuestras capacidades. (...) El recuerdo del tiempo en que la Iglesia respiraba con "dos pulmones" ha de impulsar a los cristianos de Oriente y Occidente a caminar juntos, en la unidad de la fe y en el respeto de las leg铆timas diferencias, acogi茅ndose y apoy谩ndose mutuamente como miembros del 煤nico Cuerpo de Cristo" (ib., 48).

La Virgen Mar铆a acompa帽贸 con su oraci贸n y su presencia materna la vida y la misi贸n de la primera comunidad cristiana, en torno a los Ap贸stoles (cf. Hch 1, 14). Recibi贸 con ellos al Esp铆ritu de Pentecost茅s. Que ella vele sobre el camino que debemos recorrer ahora, para avanzar hacia la unidad plena con nuestros hermanos de Oriente y para cumplir todos, con disponibilidad y entusiasmo, la misi贸n que Cristo Jes煤s encomend贸 a su Iglesia. Que la Virgen Mar铆a, tan venerada en vuestro pa铆s y especialmente en los santuarios de las islas, como Virgen de la Anunciaci贸n en la isla de Tinos, y con la advocaci贸n de Nuestra Se帽ora de la Misericordia en Faneromeni, en la isla de Syros, nos lleve siempre a su Hijo Jes煤s (cf. Jn 2, 5). 脡l es el Cristo, el Hijo de Dios, "la luz verdadera que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo" (Jn 1, 9).

Con la fuerza de la esperanza que nos infunde Cristo y sostenidos por la oraci贸n fraterna de todos los que nos han precedido en la fe, continuemos nuestra peregrinaci贸n terrena como verdaderos mensajeros de la buena nueva, con la alegr铆a de la alabanza pascual que habita en nuestro coraz贸n y deseosos de compartirla con todos:

"Alabad al Se帽or todas las naciones; aclamadlo, todos los pueblos: firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre" (Sal 116). Am茅n.

La paz sea con vosotros. 隆Dios bendiga a Grecia!

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