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S.S. Juan Pablo II, Conmemoraci贸n de Abraham, "Padre de todos los creyentes"
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Conmemoraci贸n de Abraham, 芦Padre de todos los creyentes禄

1."Yo soy el Se帽or que te saqu茅 de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad. (...) Aquel d铆a firm贸 el Se帽or una alianza con Abram, diciendo: "A tu descendencia he dado esta tierra, desde el r铆o de Egipto hasta el gran r铆o, el r铆o 脡ufrates" (Gn 15, 7. 18).

Antes de que Mois茅s oyera en el monte Sina铆 las conocidas palabras de Yahveh: "Yo soy el Se帽or, tu Dios, que te he sacado del pa铆s de Egipto, de la situaci贸n de esclavitud" (Ex 20, 2), el patriarca Abraham ya hab铆a escuchado estas otras palabras: "Yo soy el Se帽or que te saqu茅 de Ur de los caldeos". Por consiguiente, debemos dirigirnos con el pensamiento hacia ese lugar tan importante en la historia del pueblo de Dios, para buscar en 茅l los inicios de la alianza de Dios con el hombre. Precisamente por ello, en este a帽o del gran jubileo, mientras con el coraz贸n nos remontamos hasta los or铆genes de la alianza de Dios con la humanidad, nuestra mirada se vuelve hacia Abraham, hacia el lugar donde escuch贸 la llamada de Dios y respondi贸 a ella con la obediencia de la fe. Juntamente con nosotros, tambi茅n los jud铆os y los musulmanes contemplan la figura de Abraham como un modelo de sumisi贸n incondicional a la voluntad de Dios (cf. Nostra aetate, 3).

El autor de la carta a los Hebreos escribe: "Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeci贸 y sali贸 para el lugar que hab铆a de recibir en herencia, y sali贸 sin saber a d贸nde iba" (Hb 11, 8). Abraham, a quien el Ap贸stol llama "nuestro Padre en la fe" (cf. Rm 4, 11-16), crey贸 en Dios, se fio de 茅l, que lo llamaba. Crey贸 en la promesa. Dios dijo a Abraham: "Sal de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostrar茅. De ti har茅 una naci贸n grande y te bendecir茅. Engrandecer茅 tu nombre; y ser谩s t煤 una bendici贸n. (...) Por ti ser谩n bendecidos todos los linajes de la tierra" (Gn 12, 1-3). 驴Estamos, acaso, hablando de la ruta de una de las m煤ltiples emigraciones t铆picas de una 茅poca en la que la ganader铆a era una forma fundamental de vida econ贸mica? Es probable. Pero, con toda seguridad, no s贸lo se trat贸 de esto. En la historia de Abraham, con el que comenz贸 la historia de la salvaci贸n, ya podemos percibir otro significado de la llamada y de la promesa. La tierra hacia la que se encamina el hombre guiado por la voz de Dios no pertenece exclusivamente a la geograf铆a de este mundo. Abraham, el creyente que acoge la invitaci贸n de Dios, es el que se pone en camino hacia una tierra prometida que no es de aqu铆 abajo.

2. En la carta a los Hebreos leemos: "Por la fe, Abraham, sometido a la prueba, present贸 a Isaac como ofrenda, y el que hab铆a recibido las promesas, ofrec铆a a su unig茅nito, respecto del cual se le hab铆a dicho: Por Isaac tendr谩s descendencia" (Hb 11, 17-18). He aqu铆 el culmen de la fe de Abraham. Fue puesto a prueba por el Dios en quien hab铆a depositado su confianza, por el Dios del que hab铆a recibido la promesa relativa al futuro lejano: "Por Isaac tendr谩s descendencia" (Hb 11, 18). Pero es invitado a ofrecer en sacrifico a Dios precisamente a ese Isaac, su 煤nico hijo, a quien estaba vinculada toda su esperanza, de acuerdo con la promesa divina. 驴C贸mo podr谩 cumplirse la promesa que Dios le hizo de una descendencia numerosa si Isaac, su 煤nico hijo, debe ser ofrecido en sacrificio?

Por la fe, Abraham sale victorioso de esta prueba, una prueba dram谩tica, que compromet铆a directamente su fe. En efecto, como escribe el autor de la carta a los Hebreos, "pensaba que Dios era poderoso aun para resucitarlo de entre los muertos" (Hb 11, 19). Incluso en el instante, humanamente tr谩gico, en que estaba a punto de infligir el golpe mortal a su hijo, Abraham no dej贸 de creer. M谩s a煤n, su fe en la promesa alcanz贸 entonces su culmen. Pensaba: "Dios es poderoso aun para resucitarlo de entre los muertos". Eso pensaba este padre probado, humanamente hablando, por encima de toda medida. Y su fe, su abandono total en Dios, no lo defraud贸. Est谩 escrito: "Por eso lo recobr贸" (Hb 11, 19). Recobr贸 a Isaac, puesto que crey贸 en Dios plenamente y de forma incondicional.

El autor de la carta a los Hebreos parece expresar aqu铆 algo m谩s: toda la experiencia de Abraham le resulta una analog铆a del evento salv铆fico de la muerte y la resurrecci贸n de Cristo. Este hombre, que est谩 en el origen de nuestra fe, forma parte del eterno designio divino. Seg煤n una tradici贸n, el lugar donde Abraham estuvo a punto de sacrificar a su propio hijo es el mismo sobre el que otro padre, el Padre eterno, aceptar铆a la ofrenda de su Hijo unig茅nito, Jesucristo. As铆, el sacrificio de Abraham se presenta como anuncio prof茅tico del sacrificio de Cristo. "Porque tanto am贸 Dios al mundo -escribe san Juan- que le dio a su Hijo unig茅nito" (Jn 3, 16). En cierto sentido, el patriarca Abraham, nuestro padre en la fe, sin saberlo, introduce a todos los creyentes en el plan eterno de Dios, en el que se realiza la redenci贸n del mundo.

3. Un d铆a Cristo afirm贸: "En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy" (Jn 8, 58) y estas palabras despertaron el asombro de los oyentes, que objetaron: "驴A煤n no tienes cincuenta a帽os y has visto a Abraham?" (Jn 8, 57). Los que reaccionaban as铆 razonaban de modo puramente humano, y por eso no aceptaron lo que Cristo les dec铆a. "驴Eres t煤 acaso m谩s grande que nuestro padre Abraham, que muri贸? Tambi茅n los profetas murieron. 驴Por qui茅n te tienes a ti mismo?" (Jn 8, 53). Jes煤s les replic贸: "Vuestro padre Abraham se regocij贸 pensando en ver mi d铆a; lo vio y se alegr贸" (Jn 8, 56). La vocaci贸n de Abraham se presenta completamente orientada hacia el d铆a del que habla Cristo. Aqu铆 no valen los c谩lculos humanos; es preciso aplicar el metro de Dios. S贸lo entonces podemos comprender el significado exacto de la obediencia de Abraham, que "crey贸, esperando contra toda esperanza" (Rm 4, 18). Esper贸 que se iba a convertir en padre de numerosas naciones, y hoy seguramente se alegra con nosotros porque la promesa de Dios se cumple a lo largo de los siglos, de generaci贸n en generaci贸n.

El hecho de haber cre铆do, esperando contra toda esperanza, "le fue reputado como justicia" (Rm 4, 22), no s贸lo en consideraci贸n a 茅l, sino tambi茅n a todos nosotros, sus descendientes en la fe. Nosotros "creemos en aquel que resucit贸 de entre los muertos a Jes煤s, Se帽or nuestro" (Rm 4, 24), que muri贸 por nuestros pecados y resucit贸 para nuestra justificaci贸n (cf. Rm 4, 25). Esto no lo sab铆a Abraham; sin embargo, por la obediencia de la fe, se dirig铆a hacia el cumplimiento de todas las promesas divinas, impulsado por la esperanza de que se realizar铆an. Y 驴existe promesa m谩s grande que la que se cumpli贸 en el misterio pascual de Cristo? Realmente, en la fe de Abraham Dios todopoderoso sell贸 una alianza eterna con el g茅nero humano, y Jesucristo es el cumplimiento definitivo de esa alianza. El Hijo unig茅nito del Padre, de su misma naturaleza, se hizo hombre para introducirnos, mediante la humillaci贸n de la cruz y la gloria de la resurrecci贸n, en la tierra de salvaci贸n que Dios, rico en misericordia, prometi贸 a la humanidad desde el inicio.

4. El modelo insuperable del pueblo redimido, en camino hacia el cumplimiento de esta promesa universal, es Mar铆a, "la que crey贸 que se cumplir铆an las cosas que le fueron dichas de parte del Se帽or" (Lc 1, 45).

Mar铆a, hija de Abraham por la fe, adem谩s de serlo por la carne, comparti贸 personalmente su experiencia. Tambi茅n ella, como Abraham, acept贸 la inmolaci贸n de su Hijo, pero mientras que a Abraham no se le pidi贸 el sacrificio efectivo de Isaac, Cristo bebi贸 el c谩liz del sufrimiento hasta la 煤ltima gota. Y Mar铆a particip贸 personalmente en la prueba de su Hijo, creyendo y esperando de pie junto a la cruz (cf. Jn 19, 25).

Era el ep铆logo de una larga espera. Mar铆a, formada en la meditaci贸n de las p谩ginas prof茅ticas, presagiaba lo que le esperaba y, al alabar la misericordia de Dios, fiel a su pueblo de generaci贸n en generaci贸n, expres贸 su adhesi贸n personal al plan divino de salvaci贸n; y, en particular, dio su "s铆" al acontecimiento central de aquel plan, el sacrificio del Ni帽o que llevaba en su seno. Como Abraham, acept贸 el sacrificio de su Hijo.

Hoy nosotros unimos nuestra voz a la suya, y con ella, la Virgen Hija de Sion, proclamamos que Dios se acord贸 de su misericordia, "como lo hab铆a prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre" (Lc 1, 55).

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