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S.S. Juan Pablo II, Inauguraci贸n del a帽o acad茅mico en las universidades pontificias
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Inauguraci贸n del a帽o acad茅mico en las universidades pontificias

Homil铆a del Santo Padre Juan Pablo II

1. "Crey贸 Abraham en Dios y le fue reputado como justicia" (Rm 4, 3). Las palabras del ap贸stol san Pablo, que acaban de resonar en esta bas铆lica, nos introducen en el centro de la liturgia de hoy, con la que inauguramos el a帽o acad茅mico 1999-2000.

Con gran afecto saludo al se帽or cardenal Pio Laghi, prefecto de la Congregaci贸n para la educaci贸n cat贸lica. Os saludo a vosotros, queridos rectores, profesores y alumnos, que hab茅is querido participar en esta solemne celebraci贸n eucar铆stica. A todos os deseo un provechoso a帽o acad茅mico. 脡ste ser谩 un a帽o particular, puesto que coincide con el gran jubileo del a帽o 2000. Quiera Dios que este tiempo de alegr铆a sea para vosotros una ocasi贸n propicia no s贸lo para profundizar el conocimiento teol贸gico, sino sobre todo para crecer en la fe en Jesucristo.

2. El Ap贸stol habla de esta fe, presentando el ejemplo de Abraham, padre de los creyentes. Ilustra un punto fundamental de su predicaci贸n apost贸lica: la fe como fundamento de la justificaci贸n. El hombre es justificado ante Dios mediante la fe. La justicia que salva al hombre no deriva de las obras de la ley, sino de la fe, es decir, de su actitud de apertura total y acogida plena de la gracia de Dios, que transforma al ser humano y lo convierte en una nueva criatura.

El acto de fe no consiste simplemente en la adhesi贸n del intelecto a las verdades reveladas por Dios; y tampoco en una actitud de entrega confiando en la acci贸n de Dios. Es, m谩s bien, la s铆ntesis de ambos elementos, porque implica tanto la esfera intelectual como la afectiva, al ser un acto integral de la persona humana.

Estas reflexiones sobre la naturaleza de la fe tienen consecuencias inmediatas para el modo de elaborar, ense帽ar y aprender la teolog铆a. En efecto, si el acto de fe que lleva a la justificaci贸n del hombre implica a la persona en su totalidad, tambi茅n la reflexi贸n teol贸gica sobre la revelaci贸n divina y sobre la respuesta humana ha de tener debidamente en cuenta los m煤ltiples aspectos -intelectual, afectivo, moral y espiritual-, que intervienen en la relaci贸n de comuni贸n entre Dios y el creyente.

3. "Dije: "confesar茅 al Se帽or mi pecado"" (Sal 32, 5). El Salmo responsorial que hemos repetido juntos subraya la conciencia tanto de la imposibilidad de llegar a Dios 煤nicamente con nuestras fuerzas como de nuestra condici贸n de pecadores. La persona humana, partiendo de la toma de conciencia de que est谩 alejada de Dios, busca el encuentro con 茅l y se abre a la acci贸n de la gracia.

Mediante la fe, el hombre acoge la salvaci贸n que le ofrece el Padre en Jesucristo. Es verdaderamente dichoso el hombre a quien el Se帽or da la salvaci贸n (cf. estribillo del Salmo responsorial); el coraz贸n de quien est谩 en paz con Dios rebosa alegr铆a: "Alegraos, justos, y gozad con el Se帽or; aclamadlo todos los de recto coraz贸n" (Sal 32, 11).

La primera parte del pasaje evang茅lico de hoy se refiere a esta sincera confesi贸n de los propios pecados y a la necesidad de abrirse a la acci贸n de Dios. Jes煤s define "levadura de los fariseos" la dureza del coraz贸n que no quiere reconocer las propias culpas y la incapacidad para acoger el don de Dios: "Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocres铆a" (Lc 12, 1). Con estas palabras, Jes煤s no s贸lo condena la actitud de falsedad y el af谩n de hacerse notar, sino tambi茅n la presunci贸n de creerse justos, que excluye toda posibilidad de aut茅ntica conversi贸n y de fe en Dios.

El acto de fe considerado en su integridad debe traducirse necesariamente en actitudes y decisiones concretas. De este modo, es posible superar la aparente contraposici贸n entre la fe y las obras. Una fe entendida en sentido pleno no es un elemento abstracto, separado de la vida diaria; al contrario, abarca todas las dimensiones de la persona, incluidos sus 谩mbitos existenciales y sus experiencias vitales.

Un ejemplo elocuente de esta s铆ntesis entre fe y obras, contemplaci贸n y acci贸n, es la santa carmelita Teresa de 脕vila, doctora de la Iglesia, cuya fiesta celebramos precisamente hoy. Alcanz贸 la cumbre de la intimidad con Dios y, al mismo tiempo, fue siempre muy activa desde el punto de vista apost贸lico y muy concreta en su acci贸n. Su experiencia m铆stica, como la de todos los santos, demuestra claramente que en quien busca a Dios todo converge hacia un 煤nico centro: la respuesta total a Dios que se comunica. Tambi茅n la teolog铆a, fiel a su 铆ndole de reflexi贸n sapiencial sobre la fe, desemboca por su misma naturaleza en los campos de la moral y la espiritualidad.

4. En el texto de san Lucas que acabamos de proclamar, leemos: "Nada hay oculto que no haya de descubrirse" (Lc 12, 2). Esta expresi贸n no indica simplemente el hecho de que Dios escruta el coraz贸n de todo hombre. Lo que est谩 oculto y ha de ser revelado reviste un significado mucho m谩s amplio y tiene alcance universal: se trata del anuncio evang茅lico sembrado en lo m谩s 铆ntimo de las conciencias, que hay que proclamar hasta los confines de la tierra.

Estas palabras de Jes煤s a帽aden un elemento importante a la reflexi贸n sobre el acto de fe: el paso de la esfera personal y, por decirlo as铆, de la intimidad del hombre, a la esfera comunitaria y misionera. La fe, para que sea plena y madura, tiene que ser comunicada, prolongando en cierto sentido el movimiento que parte del amor trinitario y tiende a abrazar a la humanidad y a la creaci贸n entera.

5. El anuncio evang茅lico no carece de riesgos. La historia de la Iglesia est谩 llena de ejemplos de fidelidad heroica al Evangelio. Tambi茅n durante nuestro siglo, incluso en nuestros d铆as, numerosos hermanos y hermanas en la fe han sellado con el supremo sacrificio de la vida su adhesi贸n plena a Cristo y su servicio al reino de Dios.

Ante la perspectiva de la renuncia y del sacrificio, que en algunos casos puede llevar hasta el martirio, nos sostienen las palabras consoladoras de Jes煤s: "No tem谩is a los que matan el cuerpo, y despu茅s de esto no pueden hacer m谩s" (Lc 12, 4). Las fuerzas del mal intentan entorpecer el progreso del Evangelio, tratan de anular la obra de la salvaci贸n y matar a los testigos de Cristo; pero precisamente el sacrificio de estos valientes obreros de la vi帽a del Se帽or constituye la prueba elocuente del poder de Dios. 隆Cu谩ntos momentos de prueba ha superado la Iglesia con la fuerza del Esp铆ritu Santo! 隆Cu谩ntos m谩rtires de nuestro siglo han entregado su vida por la causa de Cristo! De su sacrificio han brotado abundantes frutos para la Iglesia y para el reino de Dios. Por eso, al comienzo de este nuevo a帽o acad茅mico nos consuelan y animan las palabras de Jes煤s: "No tem谩is" (Lc 12, 7). Queridos hermanos, no tengamos miedo de abrir las puertas de nuestro coraz贸n a la fe, de convertirla en experiencia viva en nuestra existencia y de anunciarla continuamente a nuestros hermanos.

La sant铆sima Virgen, modelo de fe y sede de la Sabidur铆a divina, nos haga disc铆pulos fieles de su Hijo Jes煤s y heraldos generosos de su Palabra.

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