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S.S. Juan Pablo II, Homilía del Santo Padre durante la Vigilia Pascual
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Homilía del Santo Padre en la Vigilia Pascual

1. "¬ŅPor qu√© busc√°is entre los muertos al que est√° vivo? No est√° aqu√≠, ha resucitado" (Lc 24,5-6).

Estas palabras de dos hombres "con vestidos resplandecientes" refuerzan la confianza en las mujeres que acudieron al sepulcro, muy de ma√Īana. Hab√≠an vivido los acontecimientos tr√°gicos culminados con la crucifixi√≥n de Cristo en el Calvario; hab√≠an experimentado la tristeza y el extrav√≠o. No hab√≠an abandonado, en cambio, en la hora de la prueba, a su Se√Īor.

Van a escondidas al lugar donde Jes√ļs hab√≠a sido enterrado para volverlo a ver todav√≠a y abrazarlo por √ļltima vez. Las empuja el amor; aquel mismo amor que las llev√≥ a seguirlo por las calles de Galilea y Judea hasta al Calvario.

¬°Mujeres dichosas! No sab√≠an todav√≠a que aquella era el alba del d√≠a m√°s importante de la historia. No pod√≠an saber que ellas, justo ellas, hab√≠an sido los primeros testigos de la resurrecci√≥n de Jes√ļs.

2. "Encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro". (Lc 24, 2)

As√≠ lo narra el evangelista Lucas, y a√Īade que, "entraron, pero no hallaron el cuerpo del Se√Īor Jes√ļs" (24, 3). En un instante todo cambia. Jes√ļs "no est√° aqu√≠, ha resucitado." Este anuncio que cambi√≥ la tristeza de estas piadosas mujeres en alegr√≠a, resuena con inalterada elocuencia en la Iglesia, en el curso de esta Vigilia pascual.

Extraordinaria Vigilia de una noche extraordinaria. Vigilia, madre de todas las Vigilias, durante la que la Iglesia entera permanece en espera junto a la tumba del Mesías, sacrificado en la Cruz. La Iglesia espera y reza, escuchando las Escrituras que recorren de nuevo toda historia de la salvación.

Pero en esta noche no son las tinieblas las que dominan, sino el fulgor de una luz repentina, que irrumpe con el anuncio sobrecogedor de la resurrecci√≥n del Se√Īor. La espera y la oraci√≥n se convierten entonces en un canto de alegr√≠a: "Exultet iam angelica turba caelorum... Exulte el coro de los √Āngeles"!.

Se cambia totalmente la perspectiva de la historia: la muerte da paso a la vida. Vida que no muere más. Enseguida cantaremos en el Prefacio que Cristo "muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida." He aquí la verdad que nosotros proclamamos con palabras, pero sobre todo con nuestra existencia. Aquel que las mujeres creían muerto está vivo. Su experiencia se convierte en la nuestra.

3. ¡Oh Vigilia penetrada de esperanza, que expresas en plenitud el sentido del misterio! ¡Oh Vigilia rica en símbolos, que manifiestas el corazón mismo de nuestra existencia cristiana! Esta noche todo se resume prodigiosamente en un nombre, el nombre de Cristo resucitado.

Oh Cristo, ¬Ņc√≥mo no darte las gracias por el don inefable que nos regalas esta noche? El misterio de tu muerte y tu resurrecci√≥n se infunde en el agua bautismal que acoge al hombre antiguo y carnal y lo hace puro con la misma juventud divina.

En tu misterio de muerte y resurrecci√≥n nos sumergiremos enseguida, renovando las promesas bautismales; en √©l se sumergir√°n especialmente los seis catec√ļmenos, que recibir√°n el Bautismo, la Confirmaci√≥n y la Eucarist√≠a.

4. Queridos Hermanos y Hermanas catec√ļmenos, os saludo con gran cordialidad, y en nombre de la Comunidad eclesial os acojo con fraterno afecto. Vosotros proven√≠s de diversas naciones: del Jap√≥n, de Italia, de China, de Albania, de los Estados Unidos de Am√©rica y del Per√ļ.

Vuestra presencia en esta Plaza de San Pedro expresa la multiplicidad de las culturas y los pueblos que han abierto su corazón al Evangelio. También para vosotros, como para cada bautizado, en esta noche la muerte cede el paso a la vida. El pecado es borrado y se inicia una existencia totalmente nueva. Perseverad hasta el final en la fidelidad y en el amor. Y no temáis ante las pruebas, porque "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene poder sobre él" (Rm 6,9).

5. S√≠, queridos Hermanos y Hermanas, Jes√ļs est√° vivo y nosotros vivimos en √Čl. Para siempre. He aqu√≠ el regalo de esta noche, que ha revelado definitivamente al mundo el poder de Cristo, Hijo de la Virgen Mar√≠a, que nos fue dada como Madre a los pies de la Cruz.

Esta Vigilia nos introduce en un día que no conoce el ocaso. Día de la Pascua de Cristo, que inaugura para la humanidad una renovada primavera de esperanza.

"Haec dies quam fecit Dominus: exsultemus et laetamur en ea - √Čste es el d√≠a que ha hecho el Se√Īor: regocij√©monos y exultemos de alegr√≠a." ¬°Alleluya!

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